Unidad Tematica 2 Bio
Unidad Tematica 2 Bio
UNIDAD TEMÁTICA 2
La evolución como clave de la unidad y diversidad
Introducción
Pocas ideas han cambiado tan profundamente nuestra visión de la naturaleza como la misma
idea de cambio, o transformación, que implica la evolución de los seres vivos. Los organismos
se agrupan en unidades naturales de reproducción que denominamos especies. Pero que
exista el mencionado proceso de cambio, significa que unas especies proceden de otras, que
las especies evolucionan, y desde esta perspectiva, existe una filogenia, o historia de cada
linaje, de millones de años, y un parentesco, su resultado.
Como primer corolario, las especies que ahora pueblan la Tierra proceden de otras espe-
cies distintas que existieron en el pasado, a través de un proceso de descendencia con
modificación. Esto explica la diversidad de los seres vivos, o biodiversidad.
Como segundo corolario, todas las especies están emparentadas, o lo que es lo mismo,
dos organismos vivos cualesquiera, por diferentes que sean, comparten un antecesor
común en algún momento del pasado. Esto explica la unidad de los seres vivos.
En particular, la unidad de la vida se relaciona con la existencia del código genético casi univer-
sal, común a todos los organismos (del cual también participan los virus); la existencia de
cromosomas, o portadores de los genes, y de ribosomas, que permiten la síntesis de proteínas,
en todas las células; y la participación común en el flujo de energía y los ciclos de la materia en
los ecosistemas.
La evolución biológica es entonces el proceso histórico de transformación de unas especies en
otras descendientes, e incluye la adaptación de algunas especies, y su supervivencia, y la extin-
ción de la gran mayoría de las que alguna vez han existido, y que están documentadas en los
fósiles, o restos de organismos y su actividad conservados en las rocas. Así, una de las ideas
centrales en la evolución de la vida es que dos organismos vivos cualesquiera, por diferentes
que sean, comparten un antecesor común en algún momento del pasado. Por ejemplo, los
seres humanos, y cualquier chimpancé actual, compartimos un antepasado surgido hace 5 m.a.
También tenemos un antecesor común con cualquiera de las bacterias hoy existentes, aunque
el tiempo a este antecesor se remonte a más de 3.400 m.a. La evolución es el gran principio
unificador de la Biología, sin ella no es posible entender ni las propiedades distintivas de los
organismos, ni sus adaptaciones; ni las relaciones de mayor o menor proximidad que existen
entre las distintas especies.
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La teoría evolutiva se relaciona con el resto de la Biología de forma análoga a como el estudio
de la historia se relaciona con las ciencias sociales. La famosa frase del genetista Theodosius
Dobzhansky, acerca de “que no existe Biología sin la evolución”, no es más que una aplicación
particular del principio más general que afirma que nada puede entenderse sin una perspectiva
histórica¹.
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y los sumergió en agua hirviente durante una hora. Luego de unos días, al examinar las infusio-
nes, no observaba en ellas ningún “animálculo”, es decir, organismos microscópicos, por lo que
se declaró contrario a la doctrina de la generación espontánea, y consideró insostenible la exis-
tencia de la “fuerza vital”. Insistió en que el calor al que Needham había expuesto sus propios
recipientes no era suficiente, mientras argumentaba que los microorganismos que aparecían en
los caldos de cultivo eran descendientes de aquellos “gérmenes” que, transportados por el aire,
ingresaban a través de los tapones de corcho que cerraban los frascos, debido a su pequeño
tamaño. Pero la controversia continuó, y las pruebas aportadas por ambos no zanjaban la
discusión y mantenían las opiniones continuaron divididas, con diferentes nuevas pruebas apor-
tadas por diversos investigadores.
Finalmente, en 1858, Félix Arquímedes Pouchet presentó en la Academia de Ciencias de París
un trabajo sustentado en gran cantidad de datos experimentales en donde aparentemente con-
firmaba la generación espontánea. Con el propósito de esclarecer la confusión causada, el 30
de enero de 1860, la Academia de Ciencias de París instituyó un premio bajo el lema: “Para arro-
jar, mediante experimentos cuidadosamente dirigidos, nueva luz sobre la cuestión de la llamada
generación espontánea”. En este momento entró en escena el gran sabio francés Luis Pasteur,
quien si bien se hallaba efectuando otras investigaciones, decidió dar el paso decisivo para
esclarecer el asunto. Pasteur realizó una serie de experimentos, en los que utilizó diferentes
infusiones (por ejemplo caldo de carne, agua con levadura de cerveza) a las que siempre some-
tió a un tratamiento con temperaturas elevadas. Durante este procedimiento, los extremos de
los cuellos de algunos de los frascos estaban sellados y otros se mantenían abiertos. En los
frascos sellados, las infusiones permanecían inalterables es decir no se observaba la aparición
de microorganismos. En los recipientes que quedaron abiertos, las infusiones se enturbiaban y
se encontraban en ellas gran cantidad de microorganismos. Con estos experimentos logró
demostrar que la fuerza vital del aire no existía, ya que si bien éste podía entrar al interior del
frasco, el medio de cultivo no alcanzaba la putrefacción. Pouchet y sus colaboradores, al consi-
derar que el tribunal estaba en contra de sus ideas, no aceptaron participar del debate y se
retiraron del concurso. Sin embargo, a partir de entonces, casi nadie ya se atrevería a defender
la generación espontánea, aunque en el siglo XX surgirían nuevos jalones en la discusión al
explorar la biogénesis, es decir, el origen de la vida.
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Se sugiere consultar el texto acerca del impacto del idealismo en la concepción de la vida (Strick-
berger, 1993) en la sección final de la Unidad temática 2 del Seminario 1.
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Pero lo que Jenófanes y Steno desconocían es que los fósiles se formaron mediante complejos
procesos de fosilización, que transcurrieron durante miles y millones de años. Y tampoco logra-
ron comprender exactamente que existiera un parentesco con seres que vivían actualmente,
hazaña que recién fue lograda por Georges Léopold Cuvier, al estudiar los fósiles de la cuenca
de París en el cambio de los siglos XVIII y XIX.
¿Puede considerarse que un fósil es un ser vivo? Evidentemente no. Pero ciertamente surge
claramente una complejidad (una estructura dividida en múltiples partes interrelacionadas) y
organización (una relación determinada de sus partes, es decir, de acuerdo con un plan) y que
pueden intuirse aún en la piedra, en el resto de lo que, alguna vez, fue un ser vivo, es decir, carac-
terizado por todas sus propiedades vitales. Entonces, esta cualidad de los fósiles permite diluci-
dar dos características fundamentales que apuntan a la unidad de la vida.
Durante el siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, los geólogos ingleses, comenzando por James
Hutton (17261797), quien afirmó que los fenómenos geológicos no correspondían a catástro-
fes sino a cambios graduales en el ambiente. Defendía la acción continua y uniforme de las
fuerzas de la naturaleza, retomando las ideas de Steno. A su turno, William Smith (17691839) y
Adam Segdwick (17851873) combinaron las perspectivas de Steno con su observación de los
fósiles contenidos dentro de las rocas sedimentarias de diferentes localidades, y concluyeron
que era factible comparar los estratos (correlación estratigráfica) afirmando que:
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El efecto de las mutaciones puntuales a genómicas en los organismos puede ir desde negligible
a muy grave, o incluso conducir a la formación de una especie diferente. Pero los efectos deleté-
reos de las mutaciones dependen en gran medida de las condiciones ambientales. Por otra
parte, el efecto de la mutación puede depender igualmente del ambiente genotípico en el que se
producen dichas mutaciones4.
Además de las mutaciones, existen otras causas de variabilidad. Deben recordar que los orga-
nismos pueden ser haploides (con un solo tipo de cromosomas) o diploides (con dos cromoso-
mas, que provienen de dos individuos por fecundación, uno materno y otro paterno), y eventual-
mente, poliploides (cuando se multiplica el número de cromosomas). En los organismos euca-
riotas, con dos o más cromosomas diferentes, y que son típicamente diploides, a la variabilidad
por mutaciones se suma la recombinación, o cambio del material genético por cruzamiento
entre cromosomas. Esta recombinación implica la existencia de sexualidad, es decir, dos sexos
diferentes que pueden estar en el mismo (monoicos) o en diferentes individuos (dioicos). Se
habla de recombinación gamética, cuando se produce la fecundación entre dos gametos o
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En otras palabras, la aptitud de un fenotipo está determinada por las tasas promedio de supervi-
vencia y por la reproducción diferencial de los individuos con tales fenotipos. Se habla entonces,
de reproducción diferencial, o éxito reproductivo, cuando sólo determinados individuos de la
población, caracterizados por determinados genotipos (y fenotipos) pueden reproducirse, o si
se reproducen tienen descendencia viable. En este marco, Charles R. Darwin usa la expresión de
lucha por la existencia, afirmando que: “debido a esa lucha, las variaciones, por ligeras que sean
y cualquiera que sea la casa de que procesan, sin son en algún grado provechosas a los indivi-
duos de una especie en sus relaciones infinitamente complejas con otros seres orgánicos y con
sus condiciones físicas de vida, tenderán a la conservación de estos individuos y serán, en gene-
ral, heredadas por la descendencia. La descendencia también tendrá así mayor probabilidad de
sobrevivir”7.
Esta reproducción diferencial depende de los siguientes factores:
a) A nivel gamético:
• Ventaja en la segregación. Un alelo se segrega en más de la mitad de los gametos producidos
en la meiosis.
• Viabilidad gamética. Dependencia de la viabilidad de un gameto por un alelo determinado que
porta.
• Éxito en la fertilización. Un alelo afecta la capacidad de fertilización de la célula huevo.
b) A nivel cigótico (del cigoto o célula huevo fecundada):
• Viabilidad cigótica. La probabilidad de supervivencia de un determinado genotipo (y fenotipo)
a través de las diferentes edades en que puede ocurrir durante la edad reproductiva.
• Éxito de apareamiento. Es el número de apareamientos producidas por un individuo en toda su
vida, y es, principalmente, un componente de la selección sexual.
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Cada gen tiene una tasa de mutación diferencial, que puede permanecer o estable o variar hacia
un mínimo o un máximo. En las especies diploides y con reproducción sexual, las recombinacio-
nes pueden fijar las mutaciones particularmente beneficiosas para la población. Por otra parte,
la deriva genética puede producir una fijación muy rápidamente, en una población pequeña, y la
selección natural puede acelerar la expansión de una preadaptación ya existente, pero que
estaba en el alelo recesivo.
Pero determinadas mutaciones pueden ser acumulativas, o incluso considerarse macromuta-
ciones, por los efectos que producen a corto plazo.
En particular, interesan las mutaciones que afectan un tipo de genes fundamentales para com-
prender la evolución del desarrollo y las adaptaciones de los diferentes organismos, las de los
genes reguladores, como los HOX de los animales, que justamente actúan en el funcionamien-
to y expresión de los genes estructurales. Por lo tanto, estos genes son fundamentales para la
morfogénesis, el origen de la forma de los organismos, y la interacción de determinadas células
y tejidos del cuerpo entre sí, así como para el establecimiento de los planes de organización, la
posición que ocupa cada estructura, u órgano en el cuerpo.
Gen. Secuencia del ADN (ácido desoxirribonucleico) de un cromosoma que determina o regula
una característica cualquiera.
Alelo. Una forma particular de un gen. En todas las poblaciones naturales, hay dos o más alelos
para cada gen. Cada alelo determina un rasgo o manifestación diferente. Un alelo puede ser
dominante (cuando se manifiesta) o recesivo (cuando no se manifiesta).
También se llama al dominante, salvaje, y al recesivo, mutante. Una frecuencia alélica se calcula
utilizando la siguiente fórmula:
P = número de copias del alelo en la población
suma de los alelos en la población
Locus. Sitio físico en que se localiza el gen (alelo) en un cromosoma.
Genotipo. Combinación de alelos de un gen en especies diploides (provenientes de los cromo-
somas homólogos, es decir, el paterno y el materno). Los alelos pueden ser iguales (el genotipo
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Se han observado claramente en los estudios de sus poblaciones todos los postulados necesa-
rios para que actúe la selección natural: la variabilidad de las poblaciones; la heredabilidad de
la variación; el éxito reproductivo de las especies con características favorables (la mencionada
eficacia biológica) y la influencia del ambiente (que en este caso corresponde al mejor forrajeo
de semillas según el tamaño del pico).
Para comprender más claramente el mecanismo de la selección natural hay que tener en cuenta
sus principales características:
1. La selección natural actúa sobre los individuos, pero sus consecuencias son poblacionales.
En una población, algunos individuos son afectados y otros favorecidos por un cambio ambien-
tal. Esto produce supervivencia y éxito reproductivo diferencial. Como resultado cambia la
eficacia de sus portadores y aumentan su descendencia.
2. La selección natural actúa sobre las frecuencias de los fenotipos, aunque los cambios evo-
lutivos se relacionan con las frecuencias de los alelos. El cambio de la frecuencia de los fenoti-
pos debido a una modificación del ambiente que favorece a unos individuos y afecta a otros,
puede revertirse en la próxima generación. Sólo puede mantenerse, si previamente han cambia-
do las frecuencias alélicas, por mutación.
3. La selección natural se observa por comparación con la generación anterior, no la posterior.
Cada generación es el producto de la selección por los factores o componentes ambientales.
Un organismo no se puede adaptar a condiciones futuras, ni la selección “mira hacia adelante”
o se anticipa, ya que la evolución se da siempre una generación después de cualquier cambio
ambiental.
4. La selección natural produce nuevos caracteres, aún cuando actúa sobre los ya existentes.
La selección natural actúa sobre la variabilidad que ya existe en la población. Sin embargo, con
el tiempo, puede dar lugar a caracteres nuevos. Esto es posible porque, en cada generación, las
mutaciones dan lugar a nuevas variantes (alélicas) y por ello, se observa una nueva serie de
caracteres sobre los que puede actuar la selección. Pero también los caracteres previos pueden
utilizarse de un modo novedoso, y esto se conoce como preadaptación.
5. La selección natural genera adaptación, no perfección. A pesar de actuar la selección natu-
ral continuamente mejorando la adaptación al ambiente, no optimiza todos los caracteres impli-
cados de la misma manera, y algunos cambios pueden resultar perjudiciales. Es decir, la selec-
ción natural da lugar a la adaptación pero no a la perfección.
6. La selección natural no es aleatoria. Al aumentar la adaptación al ambiente, la selección
natural no puede ser aleatoria, sino que responde a la influencia ambiental, está dirigida por ella.
7. La selección natural no es progresiva. Como no se traduce en la perfección, la selección tam-
poco es progresiva, ya que no conduce a algún objetivo predeterminado ni hace a los organis-
mos “mejores”.
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La relación entre los fenotipos y la eficacia se traduce en tres formas básicas de selección natu-
ral. Para comprenderlas, conviene tener en cuenta un ejemplo famoso, el de la polilla Biston
betularia en los bosques de abedules de Manchester, en Inglaterra. Estas polillas salen de las
crisálidas y permanecen sobre los troncos de los abedules, que suelen estar cubiertos de líque-
nes de color blanco o gris. A comienzos del siglo XIX, estas poblaciones presentaban mayor
abundancia del fenotipo claro, cuyo genotipo podría ser considerado AA o Aa (es decir, homoci-
gota dominante, o heterocigota, respectivamente, teniendo en cuenta la combinación de los
alelos A o salvaje, que regula el color claro, y a o mutante, que lo hace con el color oscuro). En
cambio, eran muy escasas las polillas con fenotipo oscuro (aa, u homocigota recesivo). Esto era
así debido a la predación diferencial de los tordos, que consumían especialmente a las polillas
oscuras.
Pero al acumularse el hollín de la Revolución Industrial a fines del siglo XIX, los troncos de los
árboles perdieron sus líquenes, se ennegrecieron y las mariposas claras que eran dominantes,
desaparecieron. Así fue aumentando la presencia del fenotipo oscuro y el genotipo aa (homoci-
gota recesivo). Este cambio de las frecuencias alélicas (y fenotípicas) demostró la realidad de
la evolución. Por otra parte, en algunos sectores de bosques se formaron parches contamina-
dos y otros limpios, y se obtuvo un mosaico de población, con polillas claras abundantes en
algunos sectores, y oscuras en otros.
En estos tres ejemplos se visualizan los tres tipos de selección: selección estabilizadora, selec-
ción direccional y selección disruptiva o disociadora:
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bros de la población con el fenotipo mejor adaptado a las nuevas condiciones, se incre-
mentará sobre los individuos que se hallaban adaptados mejor a las condiciones anti-
guas.
Selección disruptiva, o disociadora. Cuando el ambiente es heterogéneo, la población se
enfrenta a distintos tipos recursos, o de situaciones ambientales. En este caso, la selec-
ción favorece la reproducción de los individuos que están en ambos extremos de una
variación fenotípica. La selección actúa en contra de los valores promedios. Como resul-
tado, se generan dos o más genotipos adaptados a los diferentes subambientes del terri-
torio ocupado.
6. La deriva genética
Más allá del mecanismo de la selección natural, existe otro adicional que se relaciona con las
poblaciones pequeñas o en estrés, la deriva genética, que se define como la pérdida de alelos
de una población debido a cambios completamente aleatorios. Este efecto puede ocurrir gene-
ración tras generación, lo que acentúa las diferencias con la frecuencia original; inclusive uno de
los alelos puede desaparecer. De esta manera, la deriva genética reduce la variabilidad de los
genes dentro de la población. Pero este efecto, que toma una dirección en una población, puede
tener otro totalmente diferente en una población diferente. Por lo tanto, la deriva genética
promueve la diferenciación progresiva entre las poblaciones.
La deriva genética promueve la diferenciación progresiva de las poblaciones, pero a diferencia
de la selección natural, es un mecanismo aleatorio. Pero en ausencia de otros mecanismos evo-
lutivos, el efecto de la deriva genética es mayor en las poblaciones pequeñas y menor en las
poblaciones con gran número de individuos. En estas últimas, los cambios aleatorios se minimi-
zan por la cantidad de individuos.
Los sucesos fortuitos pueden reducir el tamaño de la población original y sólo algunos alelos
pasarán a las siguientes generaciones. Cuando un reducido grupo de individuos se desvincula
de la población original y se establece en una nueva área, ocurre una situación especial del
cuello de botella que se denomina efecto fundador. El acervo genético de los fundadores o colo-
nizadores difícilmente sea el mismo que el de la población original. En la nueva colonia, el
acervo genético puede ser sólo una fracción del que posee la población inicial. Esto determina
que los descendientes de los colonizadores pueden tener otro curso evolutivo respecto de la
población original.
Otro caso particular de deriva genética es el efecto cuello de botella, que se presenta cuando el
tamaño de la población decrece hasta un número pequeño de individuos. En esta situación, sólo
los alelos presentes en los organismos supervivientes pasarán a las generaciones siguientes.
Por lo tanto, algunos alelos del acervo genético pueden perderse y, si la población se recupera,
la variabilidad genética de la población quedará reducida.
Un ejemplo clásico es el de los gallos de la pradera de América del Norte. Millones de gallos de
las praderas vivían cuando llegaron los europeos por primera vez. Como resultado tanto de la
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caza y la destrucción del hábitat, las poblaciones pasaron de 100 millones en 1.900 a menos de
50 individuos en la década de 1990. Al estudiar el ADN de las aves recolectadas en 1900 y com-
pararla con las de 1990 se mostró que los gallos de las praderas habían perdido su diversidad
genética. La población que quedaba estaba experimentando un bajo éxito reproductivo.
La deriva genética tiene un efecto importante para la población, la coalescencia, es decir, la
probabilidad de que un alelo se fije en la población y el otro de pierda, y que se explica de la
siguiente manera:
• Las frecuencias de los alelos fluctúan aleatoriamente, pero eventualmente uno u otro
alelo permanecerán fijos sino media otro mecanismo evolutivo.
• Esto significa para la población original la pérdida de la variabilidad, es decir, de la varia-
ción alélica.
• Como consecuencia, poblaciones inicialmente similares pueden divergir en sus
frecuencias alélicas y pueden estar caracterizadas por alelos fijos diferentes.
• La probabilidad de que un alelo se fije equivale a la frecuencia alélica en determinado
momento.
• La tasa de ocurrencia de la coalescencia es mayor en poblaciones pequeñas.
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Richard Dawkins, su formulación puede ampliarse de la siguiente manera: "La vida es un siste-
ma químico autosustentable, capaz de duplicarse autonómicamente y de experimentar evolu-
ción por selección natural".
No obstante, tal definición no es aceptada por algunos biólogos que se oponen a la inclusión de
los organismos precelulares dentro del grupo de los seres vivos, teniendo en cuenta, además,
que en el futuro se podría introducir en esta definición desde los cyborgs e inteligencias artifi-
ciales hasta los virus informáticos polimórficos que pudieran experimentar rutinariamente algo
similar a la evolución por selección. Por supuesto nadie diría que tal programa de ordenador es
un sistema vivo. Por otra parte, no caben dudas del parentesco indubitable entre células y virus
de ADN, y otros biólogos y muchos químicos aceptan la naturaleza viva de los restantes orga-
nismos precelulares.
Tras el estudio biológico, se hace evidente que toda estructura homeostática que desarrolle la
función metabólica y reacciones químicas que permitan mantener la vida, se puede definir
como materia viva orgánica u organismo, compartiendo algunas características comunes que
son el producto de la selección natural:
1. Un organismo requiere aporte externo de energía para poder sostener su ciclo metabólico.
Dada la tendencia constante a degradar la energía usada, se establece una resistencia que
ofrece toda materia viva a ser animada. Este hecho se hace evidente al observarse la tendencia
a degradar la materia inerte. Es decir, los seres vivos se alimentan para no morir.
2. Un organismo usa todos los recursos disponibles y compatibles con su estructura para per-
petuar su esquema molecular (ADN), desechando lo inservible y desarrollando lo útil. En las
estructuras vitales más complejas, esto se observa por el hecho de que crecen y se desarrollan.
3. Un organismo es receptivo a los estímulos del medio ambiente, siendo éste el único medio
por el cual poder reponer los recursos perdidos. Si deja de responder, dejará de ser materia
viva.
4. Un organismo responde a un medio favorable activando los procesos que le permitirán
duplicar su esquema molecular y transferir sus funciones de manera que fomente ese esque-
ma al máximo de sus facultades vitales. En función de los recursos disponibles del medio, esas
facultades serán más o menos intensas.
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Entonces, estas extremas condiciones de la Tierra primitiva, resultaron esenciales para que
tuviera lugar la evolución prebiótica, química o prebiológica (antes de la formación de las célu-
las). Por otra parte, como esto implica la transición entre moléculas y células, sería una “suerte”
de generación espontánea.
La evolución química conduciría a que los elementos simples que formaban moléculas simples
(hidrógeno, nitrógeno, oxígeno, además de azufre y fósforo elementales) se combinaran para
formar moléculas organógenas: metano, monóxido de carbono, amoníaco, dióxido y trióxido de
azufre, dióxido de carbono, vapor de agua, cianuro de hidrógeno (ácido cianhídrico).
En 1924, el bioquímico ruso Alexandr Ivanovich Oparín (18941940) expuso en su libro El origen
de la vida una novedosa teoría acerca de la aparición de los organismos primitivos (protocélu-
las) a partir de la combinación de compuestos inorgánicos simples, como los gases que
habrían formado la atmósfera primitiva. En esencia, Oparin postuló que, si la atmósfera primiti-
va carecía de oxígeno, las reacciones químicas podían sintetizar espontáneamente los constitu-
yentes orgánicos o biomoléculas de las primeras células, que funcionarían como unos organis-
mos heterótrofos simples que se nutren en el caldo primordial del cual emergieron. Esta teoría,
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conocida como hipótesis del caldo o sopa primordial, suponía que el ensamblado de moléculas
se produjo en un medio acuoso caliente y ácido (como el de la Tierra primitiva) y sujeto a conti-
nua evaporación, que permitió la acumulación de aminoácidos, ácidos grasos, monosacáridos
y nucléotidos.
Diez años más tarde, el biólogo inglés John Burdon Sanderson Haldane llegó a ideas similares
a las de Oparin aunque sin tener conocimiento de sus escritos, que recién se tradujeron al inglés
en 1938. No obstante, en la hipótesis original de Haldane se otorgó mayor importancia al
ambiente volcánico y al papel de la radiación ultravioleta. La ventaja del ambiente propuesto por
Oparin, sin embargo, resultaba en la mayor facilidad para lograr y mantener una concentración
adecuada de moléculas por la evaporación continua producida por el calentamiento (en estos
ambientes se forma un tipo de rocas sedimentarias especiales, las evaporitas). En la elabora-
ción de sus ideas, Oparin retomaba ideas anteriores expuestas ante la Sociedad Botánica Rusa
en 1922 y basadas en las ideas darwinianas transmitidas por su ilustre maestro, el botánico
Kliment Timiryazev (18431920) quien sí había conocido a Charles Robert Darwin.
En su famosa obra El Origen de las especies por selección natural, Darwin todavía postulaba la
existencia de organismos iniciales sencillos formados por el Creador que luego comenzaron a
evolucionar en formas más complejas. Sin embargo, en su correspondencia privada a geólogos
y naturalistas de la época, Darwin adhería a un origen prebiológico (antes de la vida) y abiótico
(a partir de sustancias químicas sencillas).
Obviamente, los bioquímicos de comienzos de siglo rechazaron las teorías de Oparin y Haldane
por un hecho fundamental: retrocedían a la época en que se consideraba la realidad de la gene-
ración espontánea. El dogma de la generación espontánea, según el cual los seres vivos podían
surgir de la materia inanimada, había prevalecido hasta el siglo XIX, cuando Louis Pasteur fue el
encargado de desechar la aparición de formas de vida espontáneas con sus investigaciones
experimentales y planteó la existencia independiente de las diferentes formas de vida. Sin
embargo, lo que no comprendieron los detractores de Oparin y Haldane, era que los mecanis-
mos del origen espontáneo de la vida se relacionaban con las condiciones que prevalecían en
el planeta hace más de 4.000 m.a., muy diferentes de las ensayadas por Louis Pasteur en su
laboratorio.
Las teorías de Oparin y Haldane parten de una atmósfera reductora rica en metano, amoníaco,
agua y descargas eléctricas para llegar a la síntesis de los monómeros. Esta es la base de las
pruebas de laboratorio que siguieron al planteo teórico y demostraron la veracidad del plateno.
En 1953, Harol C. Urey y Stanley L. Miller se reunieron para probar esta teoría. Utilizaron un
frasco de cristal con una mezcla invisible de gases (sin oxígeno). Agregaron un sistema comple-
jo de circulación continua, con matraces, condensadores y colectores, y simularon una atmósfe-
ra de metano, amoníaco, vapor de agua e hidrógeno. En presencia de descargas eléctricas que
imitaban la acción de los relámpagos obtuvieron, se formaron compuestos intermedios clave,
como el formaldehído y el cianuro de hidrógeno. Las principales reacciones químicas que se
investigaron fueron las siguientes:
HCHO+NH3+HCH ==> NH2CH2CN (aminonitrilo) + H20
NH2CH2CN + 2H2O => NH2CH2COOH (glicina) + NH3
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En el matraz superior, Urey y Miller recogieron, a través de la llave para toma de muestras, los
gases necesarios de la atmósfera primitiva circulante, los que sometieron a descargas eléctri-
cas continuas o relampagueos (provocados por la interacción atómica entre dos electrodos), y
a medida que se producían las reacciones químicas en el medio de solución, las sustancias
solubles formadas eran recogidas en un condensador. Los gases se disolvían cuando el caldo
resultante se enfriaba y las gotitas de agua caían en un colector y llegaban al matraz inferior que
se calentaba con un mechero Bunsen. Esto simulaba una lluvia primordial sobre el protocéano,
lago o charco caliente inicial.
Es importantes destacar que, en todas las muestras de laboratorio en las que se obtuvieron ami-
noácidos, las proporciones de la forma levógira y la dextrógira (los dos estereoisómeros), por
ejemplo, L y D-glicinas, eran idénticas, mientras que en todos los seres vivos actuales, salvo cier-
tas proteínas de las arqueas, sólo se presentan L-aminoácidos y D-azúcares. Para explicar esta
diferencia de concentración se postuló una superficie cristalina asimétrica en el ambiente de
formación de los aminoácidos.
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La publicación de estos hallazgos unos meses más tarde causó gran revuelo en la opinión públi-
ca, si bien en una encuesta realizada por la famosa agencia de encuestas Gallup, el 78% de la
gente consideró que el resultado del experimento era imposible. Sin embargo, pronto más inves-
tigadores confirmaron y complementaron estos descubrimientos con nuevas mezclas.
En 1961, el español Juan Oró mezcló cianuro de hidrógeno con amoníaco en solución acuosa
sin introducir formaldehído (que se había agregado al experimento de Urey) y encontró que de
todas maneras se formaban los aminoácidos y, también, inesperadamente, la adenina, una
purina compleja. Otros experimentos posteriores permitieron obtener las restantes bases: la
purina guanina, y las pirimidinas citosina y timina, a partir de compuestos intermedios como el
cinanógeno (C2N2) y el cianoacetileno (HC3N). De esta manera, quedaba planteada entonces la
formación de aminoácidos y bases (pirimidinas y purinas), los constituyentes respectivos de las
proteínas y los ácidos nucleicos, en una atmósfera reductora, condición imperante en la Tierra
primitiva.
Más allá de los aminoácidos y las bases, la formación de los azúcares, como la tetrosa (por
ejemplo eritrosa) es posible a partir de dos moléculas de formaldehído, lo que se ha logrado con
temperaturas cercanas a los 100 °C.
Se sugiere consultar el texto acerca del libro de la vida y la escritura de los orígenes en cada gene-
ración (Gould, 1993) en la sección final de la Unidad temática 2 del Seminario 1.
SINTESIS
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AUTOEVALUACIÓN
En las siguientes selecciones múltiples podrán revisar el conocimiento adquirido en las lecturas
de la unidad temática:
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7. El fenotipo corresponde a:
a. El tipo de espécimen de su especie en un museo.
b. La constitución genética, que gobierna sus rasgos.
c. La expresión cronológica de sus genes.
d. La expresión física de su genotipo, o suma de rasgos.
e. La forma que toma como adulto en los procesos ontogenéticos
8. ¿Cuál de las siguientes no es una razón por la que los intercambios restringen la evolución?
a. Todas las adaptaciones imponen tanto los costos como los beneficios de la aptitud.
b. La selección sexual para grandes tamaños y armamento acorta la expectativa de vida de sus
poseedores.
c. Cambios en la frecuencia de alelos pueden estar influenciados por eventos muy poco
frecuentes.
d. La habilidad para consumir presas tóxicas puede reducir la movilidad.
e. Las adaptaciones pueden evolucionar solo si los beneficios de las aptitudes que ellos confie-
ren excede los costos que imponen.
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Unidad y diversidad de la vida | Seminario 1
a. ¿Qué razones puede haber para que el número de extinciones en las islas sea mayor que en
los medios continentales?
b. ¿Qué grupos de organismos resultan ser los más vulnerables?
c. Elabore un pequeño informe que sintetice cómo aplicaría la relación entre causas, mecanis-
mos y consecuencias de la evolución para explicar los hechos ilustrados.
CITAS TEXTUALES
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vaba el débil calor solar. Ningún organismo moderno multicelular (aunque sí las bacterias)
podrían sobrevivir en ese mundo venenoso”9.
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