El Amparo Constitucional
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1. Concepto
El amparo puede definirse como aquel procedimiento de carácter
jurisdiccional, extraordinario y de gran flexibilidad formal para la protección de
los derechos consagrados constitucionalmente, tendente a lograr el
restablecimiento de los mismos de una manera efectiva e inmediata.
Establece el artículo 27 de la Constitución:
Artículo 27. Toda persona tiene derecho a ser amparada por los
tribunales en el goce y ejercicio de los derechos y garantías
constitucionales, aun de aquellos inherentes a la persona que no
figuren expresamente en esta Constitución o en los instrumentos
internacionales sobre derechos humanos. (…)
La acción de amparo constitucional es un mecanismo extraordinario
destinado a restablecer los derechos y garantías de rango constitucional
vulnerados o amenazados, constituyendo una vía sumaria, breve y eficaz, cuyo
empleo no está permitido si el quejoso dispone de otros medios ordinarios
idóneos para proteger sus derechos.
En este orden de ideas, los autores de la obra “La acción de amparo
Constitucional y sus modalidades judiciales”, Humberto Enrique Tercero Bello
Tabares y Dorgi Doralys Jiménez Ramos, (p. 41), en cuanto a la definición de
amparo, comentan: “…Resumiendo y ofreciendo una definición del amparo
constitucional, podemos decir que se trata de una acción de carácter
extraordinario, cuya procedencia se limita a la violación o amenaza de violación
del solicitante, de manera inmediata, flagrante, de derechos constitucionales,
derechos subjetivos de rango constitucional o previstos en instrumentos
internacionales sobre derechos humanos, para cuyo restablecimiento existen
vías ordinarias, eficaces, idóneas y operantes”.
De esta definición se pueden destacar la siguiente característica: 1. Se trata
de una acción que tiende a tutelar derechos constitucionales vulnerados o
amenazados de vulneración, lo que se traduce en que no se trata ni de un
recurso ni un derecho, estando más dentro del mundo de garantías. …”.
(Sentencia de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, N° 18,de
fecha 24 de enero de 2001, con ponencia del Magistrado Iván Rincón
Urdaneta)
Según criterio de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia el
amparo constitucional es un mecanismo jurisdiccional “destinado a la
protección exclusiva de los derechos y garantías constitucionales, cuya
finalidad es restituir al ciudadano en el disfrute de sus derechos fundamentales
o evitar o prevenir una amenaza contra los mismos, por lo que ante la
existencia de una situación jurídica infringida, los efectos del amparo
constitucional no pueden ser constitutivos,sino solamente restitutorios o
restablecedores de esa situación que fue infringida en forma idéntica o en
aquella que más se asemeje”.
2. Naturaleza Jurídica
Señala el autor Fajardo (2007), que el Amparo es una garantía de los
derechos, pero que siendo el amparo una garantía de los derechos, podría
decirse que es un derecho de garantía.
A juicio de Hildegard Rondón de Sansó, la acción estudiada -en el vigente texto
constitucional que mantiene los principios de la derogada-“no se ubica como un
derecho, sino como una garantía” y cubre la totalidad de “los derechos
inherentes a la persona humana, aun cuando no figuren en ella o en los
instrumentos internacionales sobre la materia”.
3. Procedimiento
Según el primera parte del artículo 27 de la Carta Magna, el procedimiento
de la acción de amparo constitucional será oral, público, breve, gratuito y no
sujeto a formalidad, y la autoridad judicial competente tendrá potestad para
restablecer inmediatamente la situación jurídica infringida o la situación que
más se asemeje a ella. Todo tiempo será hábil y el tribunal lo tramitará con
preferencia a cualquier otro asunto.
4. Requisitos de Procedencia
La Acción de Amparo la gobiernan varios requisitos a saber:
a) De Admisibilidad; b) De Procedencia; c) Requeridos por la Jurisprudencia;
d) Requeridos en el Código de Procedimiento Civil.
Los requisitos de Admisibilidad, son aquellos que debe observar el juzgador
ab initio, para determinar si la acción de Amparo debe tramitarse o no para la
definitiva declarar si procede o no. Asimismo, los requisitos de procedencia,
son aquellos que debe revisar el juzgador en el mérito de la causa, es decir,
luego de haber establecido los requisitos que hacen admisible la acción de
Amparo.
A. El hecho lesivo
a. Actualidad de la lesión constitucional
b. La lesión constitucional debe ser reparable
B. La lesión de un derecho o garantía constitucional
La Constitución anterior consagró dos acciones o recursos para asegurar la
efectividad de los derechos y garantías constitucionales: Amparo y habeas
corpus. El primero estaba destinado a proteger los derechos enumerados en
los artículos 58 y siguientes, con excepción de la libertad física, sobre la cual
existía una legislación transitoria en la propia Constitución mientras se dictaba
la correspondiente ley ordinaria (recurso de habeas corpus). Sobre el amparo,
la Constitución no contenía, como en el caso del habeas corpus, ningún
dispositivo reglamentario por lo que su correcto ejercicio estaba condicionado a
las previsiones de una ley que fue aprobada por el Congreso Nacional el 22-01-
88. Esa Ley precisa cuales son los tribunales con competencia para conocer y
decidir el amparo solicitado, así como el respectivo procedimiento el cual debe
ser breve y sumario para que pueda cumplir el objetivo inmediato de
restablecer la situación infringida.
La Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales,
dictada en ejecución del artículo 49 de la Constitución del 61, en opinión de
algunos, fue la ley más importante promulgada en el país durante los últimos
veinte años, por cuanto reguló y protegió el ejercicio y goce de los derechos y
garantías que la Constitución establecía.
En cuanto a la efectiva garantía de la libertad personal y física del hombre,
existe una vía o procedimiento especial tradicionalmente conocido con el
nombre de recurso de habeas corpus. Se trata de una de las instituciones más
antiguas y es una verdadera reliquia del derecho público.
Una breve exposición histórica permite afirmar que el habeas corpus como
derecho sustantivo, es decir, como garantía de que nadie puede ser preso o
detenido sin orden escrita y motivada de autoridad competente, existe en
nuestra legislación constitucional desde la Carta de 1811 hasta la de 1961.
Incluso en alguna de nuestras Constituciones anteriores, como la de 1830, se
repetía de acuerdo con el texto primitivo, que sin la orden mencionada ningún
carcelero podía recibir en arresto a una persona. Pero si la libertad personal se
hallaba teóricamente garantizada en las previsiones señaladas, nunca se
completaron ni en el texto de las Constituciones ni en las leyes especiales con
las disposiciones que permitieran un juicio breve y sumario para juzgar sobre la
legalidad o ilegalidad de las detenciones decretadas, incluso mediante orden
escrita y motivada.
El habeas corpus sólo protege, pues, la libertad y la seguridad personales
contra arrestos o detenciones arbitrarias, decretados por autoridades políticas y
administrativas, incluso para obligar a estas autoridades a dar efectivo
cumplimiento a sentencia de los tribunales. Frecuentes fueron los casos y aún
es posible que ocurran de que absuelta una persona, sobreseída la causa,
destruidos, en suma, los motivos que dieron lugar a la detención, las
autoridades administrativas o ejecutivas no cumplían de inmediato las
decisiones judiciales. Si el supuesto llegare a ocurrir, es claro que procede el
recurso de habeas corpus contra detenciones o arrestos arbitrariamente
prolongados por autoridades del poder ejecutivo, ya que de acuerdo con otra
disposición claramente conectada al habeas corpus, nadie puede permanecer
en detención, si mediante decisión judicial firme han quedado destruidos los
fundamentos que la motivaron.
En Venezuela el amparo a la libertad personal como garantía judicial, se
establece por primera vez en la Constitución de 1947, (Art. 32). Sin embargo, el
desconocimiento de este texto constitucional “a partir del 24 de noviembre de
1948, conllevó a la derogatoria indirecta del derecho de habeas corpus en
nuestro ordenamiento jurídico general, hasta la promulgación de la Constitución
de 1961, que estableció en su Disposición Transitoria Quinta la regulación del
amparo de la libertad personal en forma inmediata, mediante un procedimiento
breve y sumario, vigente hasta el 26 de septiembre de 1988, cuando se aprobó
la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, que
dedicó un Título a la regulación del amparo de la libertad y seguridad
personales.
La Constitución vigente también consagra dos acciones o recursos para
asegurar la efectividad de los derechos y garantías constitucionales. El primero
está destinado a proteger por los tribunales el goce y ejercicio de los derechos
y garantías constitucionales, y además de aquellos inherentes a la persona que
no figuren expresamente en la Constitución o en los instrumentos
internacionales sobre derechos humanos.
En cuanto a la libertad o seguridad, la acción de amparo puede ser
interpuesta por cualquier persona, y el detenido será puesto bajo la custodia
del tribunal en forma inmediata, sin dilación de ninguna clase. El ejercicio de
esta acción no será afectada en modo alguno por la declaratoria del estado de
excepción o de la restricción de las garantías constitucionales. (Art. 27)
Resumen.
-
El amparo constitucional es un medio procesal que tiene por objeto
asegurar el goce y ejercicio de los derechos y garantías constitucionales
de los particulares establecidas en la Constitución, leyes y tratados
internacionales, condenando acciones de los agresores, bien sean
ciudadanos, organizaciones públicas o privadas; tendente únicamente
a la constatación de la violación o amenaza de violación del derecho o
garantía constitucional, a objeto de que se le restablezca al solicitante el
pleno goce y ejercicio de tales derechos sin prejuzgar sobre ninguna otra
materia, quedando abiertas a las partes las vías ordinarias para reclamar las
indemnizaciones o restituciones a que haya lugar en derecho.
Palabras clave.
-
amparo, constitución, recurso, derechos fundamentales
EN Q NORMA SE ESTABLECE
Procedimiento de Juicio de amparo constitucional según sentencias vinculantes ... La sentencia
de amparo se ubica más bien en la categoría de las sentencias ... sobre el contenido o alcance
de las normas y principios constitucionales son ... conmina a la Sala a adaptar el procedimiento
de amparo establecido en la Ley…..
está establecido en el artículo 1 de la Ley Orgánica de Amparo sobre. Derechos y ... Para la
protección de los derechos y garantías constitucionales se ha ideado .... de amparo
constitucional para permitir la posibilidad de obviar las normas.
rocedimiento de Amparo Constitucional
1. Naturaleza jurídica del amparo constitucional
2. Efectos del amparo
3. Procedimiento de Juicio de amparo constitucional según sentencias vinculantes de la
Sala Constitucional
4. El debido proceso en el procedimiento de amparo
5. Carácter vinculante del fallo
6. Valoración de pruebas
7. Trámite de admisión del amparo
8. Desarrollo de la audiencia constitucional
9. Razones que justifican la instauración del nuevo régimen procedimental del amparo
sobrevenido
10. Naturaleza de la tutela judicial efectiva
11. Infracción de la tutela judicial efectiva
12.
Naturaleza jurídica del amparo constitucional
Los autores no se han puesto de acuerdo acerca de la naturaleza jurídica del amparo
constitucional. Algunos consideran que el amparo es un recurso; otros por el contrario,
estiman que es un juicio. La Ley Orgánica de Amparo señala que el amparo es una
acción o solicitud, y su tramitación la califica de un procedimiento que termina en una
sentencia.
El amparo no es un recurso, pues éste, por su esencia, supone la existencia de un acto o
sentencia que es objeto de impugnación para su revisión y modificación. En materia
administrativa, los recursos se proponen directamente al órgano autor de la decisión
(recurso de revisión) o al superior (recurso jerárquico), a objeto de que revisen el acto
administrativo y procedan a su anulación o modificación. En materia judicial, los
recursos ordinarios (apelación, consulta, invalidación y de casación), persiguen que el
Juez anule, revoque o modifique la sentencia, providencia, orden o resolución dictada
por otro órgano judicial. El amparo no persigue la revisión de un acto, sino la inmediata
restitución de los derechos y garantías constitucionales violados o amenazados de
violación por el acto, hecho u omisión proveniente de un órgano del Estado o de un
particular. La sentencia de amparo no es declarativa, pues la sentencia de este tipo se
agota con la sola declaración de la existencia o inexistencia del derecho, teniendo una
retroactividad total (ex tunc); tampoco es una sentencia en sentido positivo un dar o un
hacer, ya sentido negativo, un no hacer o abstención, y sus efectos se retrotraen hasta el
día de la demanda; tampoco es una sentencia constitutiva, ya sea modificando, ya sea
sustituyendo por otro, careciendo de efecto retroactivo, proyectándose éstos siempre
hacia el futuro (ex nunc). La sentencia de amparo se ubica más bien en la categoría de
las sentencias cautelares, en la medida en que no prejuzgan sobre la juridicidad del acto
causante del agravio ni se pronuncian en torno a la validez o nulidad, sino únicamente
en cuanto a que el hecho, acto u omisión configuran la violación o amenaza de violación
de los derechos y garantías constitucionales del solicitante del amparo. De allí que la
desestimación del amparo no afecte la responsabilidad civil o penal en que hubiese
podido incurrir el autor del agravio, ni prejuzga sobre ninguna otra materia.
Efectos del amparo
Los derechos y garantías constitucionales no involucran directamente nulidades, ni
indemnizaciones, sino que otorgan situaciones jurídicas esenciales al ser humano:
individual o como ente social, por lo que no resulta vinculante para el Juez
Constitucional lo que pide el quejoso en la solicitud, sino la situación fáctica ocurrida en
contravención a los derechos y garantías constitucionales y los efectos que ella produce,
que el actor trata de que cesen y dejen de perjudicarlo.
Consecuencia de esta situación, es que lo que se pide como efecto de un amparo puede
no ser vinculante para el tribunal que conoce de la acción, ya que el proceso de amparo
no se rige netamente por el principio dispositivo, porque si bien es cierto que el Juez
Constitucional no puede comenzar de oficio un proceso de amparo ni puede modificar
el tema decidendum, no es menos cierto que como protector de la Constitución y de su
aplicación en todos los ámbitos de la vida del país, tal como se desprende de los
artículos 3 y 334 de la Constitución, existe el interés constitucional de que quienes
pidan la intervención del poder judicial en el orden constitucional reciban efectivamente
los beneficios constitucionales, sin desviaciones o minimizaciones causadas por
carencias o errores en el objeto de las peticiones, como tampoco sin extralimitaciones
provenientes del objeto de sus pretensiones, ya que de ser así el Juez Constitucional
estaría obrando contra el Estado de Derecho y Justicia que establece el Artículo 2 de la
Constitución vigente. (Sala Constitucional, sentencia N° 7 de 01/02/2000).
"Artículo 2 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Venezuela se
constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna
como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la
libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y
en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político."
Procedimiento de Juicio de amparo constitucional según sentencias vinculantes de
la Sala Constitucional
Antes de abordar el desarrollo del procedimiento en el juicio de amparo constitucional,
nos parece pertinente transcribir los párrafos más resaltantes de la sentencia vinculante
de la Sala Constitucional del 01 de febrero de 2000, bajo ponencia del Magistrado Dr.
Jesús Eduardo Cabrera Romero, que deslinda los parámetros bajo los cuales debe
desarrollarse el nuevo procedimiento de amparo constitucional con la entrada en
vigencia de la Constitución de 1999. Dado el carácter vinculante de esta sentencia, los
Tribunales de la República, incluidas las Salas del Tribunal Supremo de Justicia, están
obligados a acatarla, de conformidad con el artículo 335 constitucional. De igual
manera, se incluye el tema del procedimiento del amparo sobrevenido y de la facultad
revisora de la Sala Constitucional, que resulta de la sentencia N° del 20/01/2000 (caso
Emery Mata Millán).
Artículo 335 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. El Tribunal
Supremo de Justicia garantizará la supremacía y efectividad de las normas y principios
constitucionales; será el máximo y último intérprete de la Constitución y velará por su
uniforme interpretación y aplicación. Las interpretaciones que establezca la Sala
Constitucional sobre el contenido o alcance de las normas y principios constitucionales
son vinculante para las otras Salas del Tribunal Supremo de Justicia y demás tribunales
de la República.
dice así el texto de la primera de dichas sentencias:
Caracteres generales del nuevo procedimiento de amparo
Por mandato del artículo 27 de la Constitución de la República, el procedimiento de la
acción de amparo Constitucional será oral, público, breve, gratuito y no sujeto a
formalidades. Son las características de oralidad y ausencia de formalidades que rigen
estos procedimientos, las que permiten que la autoridad judicial restablezca, a la mayor
brevedad, la situación jurídica infringida o la situación que más se asemeje a ella.
Artículo 27 ejusdem. Toda persona tiene derecho a ser amparada por los tribunales en el
goce y ejercicio de los derechos y garantía constitucionales, aún de aquellos inherentes a
la persona que no figuren expresamente en esta Constitución o en los instrumentos
internacionales sobre derechos humanos.
El procedimiento de la acción de amparo constitucional será oral, público, breve,
gratuito y no sujeto a formalidad, y la autoridad judicial competente tendrá potestad
para restablecer inmediatamente la situación jurídica infringida o la situación que más
se asemeje a ella. Todo tiempo será hábil y el tribunal lo tramitará con preferencia a
cualquier otro asunto.
La acción de amparo a la libertad o seguridad podrá ser impuesta por cualquier persona,
y el detenido o detenida será puesta bajo la custodia del tribunal de manera inmediata,
sin dilación alguna.
El ejercicio de este derecho no puede ser afectado, en modo alguno por la declaración
del estado de excepción o de la restricción de garantías constitucionales.
La aplicación inmediata del artículo 27 de la Constitución, conmina a la Sala a adaptar
el procedimiento de amparo establecido en la Ley Orgánica de Amparo a las
prescripciones del Constitucional 27.
El debido proceso en el procedimiento de amparo
Por otra parte, todo proceso jurisdiccional contencioso debe ceñirse al artículo 49 de la
Constitución, que impone el debido proceso, el cual; como lo señala dicho artículo, se
aplicará sin discriminación a todas las actuaciones judiciales por lo que los elementos
que conforman dicho proceso deben estar presentes en el procedimiento de amparo, y,
por lo tanto; las normas procesales contenidas en la Ley Orgánica de Amparo deben
igualmente adecuarse a las prescripciones del citado artículo 49.
Artículo 49 ejusdem. El debido proceso se aplicará a todas las actuaciones judiciales y
administrativas y, en consecuencia:
1. La defensa y la asistencia jurídica son derechos inviolables en todo estado y grado de
la investigación y del proceso. Toda persona tiene derecho a ser notificada de los cargos
por los cuales se le investiga, de acceder a las pruebas y de disponer el tiempo y de los
medios adecuados para ejercer su defensa. Serán nulas las pruebas obtenidas mediante
violación del debido proceso. Toda persona declarada culpable tiene derecho a recurrir
del fallo, con las excepciones establecidas en esta Constitución y la ley.
2. Toda persona se presume inocente mientras no se pruebe lo contrario.
3. Toda persona tiene derecho a ser oída en cualquier caso de proceso, con las debidas
garantías y dentro del plazo razonable determinado legalmente, por un tribunal
competente, independiente e imparcial establecido con anterioridad. Quien no hable
castellano o no pueda comunicarse de manera verbal, tiene derecho a un intérprete.
4. Toda persona tiene derecho a ser juzgada por sus jueces naturales en las
jurisdicciones ordinarias, o especiales, con las garantías establecidas en esta
Constitución y en la ley. Ninguna persona podrá ser sometida a juicio sin conocer la
identidad de quien lo juzga, ni podrá ser procesada por tribunales de excepción o por
comisiones creadas para tal efecto.
5. Ninguna persona podrá ser obligada a confesarse culpable o declarar contra sí misma,
su cónyuge, concubino o concubina, o pariente dentro del cuarto grado de
consanguinidad y segundo de afinidad.
La confesión solamente será válida si fuere hecha sin coacción de ninguna naturaleza.
6. Ninguna persona podrá ser sancionada por actos u omisiones que no fueren previstos
como delitos, faltas o infracciones en leyes preexistentes.
7. Ninguna persona podrá ser sometida a juicio por los mismos hechos en virtud de los
cuales hubiese sido juzgada anteriormente.
8. Toda persona podrá solicitar del Estado el restablecimiento o reparación de la
situación jurídica lesionada por error judicial, retardo u omisión injustificados. Queda a
salvo el derecho del o de la particular de exigir la responsabilidad personal del
magistrado o magistrada, juez o jueza y del Estado, y actuar contra éstos o éstas.
En consecuencia, el agraviante, tiene derecho a que se le oiga a fin de defenderse, lo que
involucra que se le notifique efectivamente de la solicitud de amparo; de disponer del
tiempo, así sea breve; para preparar su defensa; de la posibilidad, que tienen todas las
partes, de contradecir y controlar los medios de prueba ofrecidos por el promovente, y
por esto, el procedimiento de las acciones de amparo deberá contener los elementos que
conforman el debido proceso.
Carácter vinculante del fallo
Ante esas realidades que emanan de la Constitución, la Sala Constitucional, obrando
dentro de la facultad que le otorga el artículo 335 ejusdem, de establecer
interpretaciones sobre el contenido y alcance de las normas y principios
constitucionales, las cuales serán, en materia de amparo previsto en la Ley Orgánica de
Amparo, distinguiendo si se trata de amparos contra sentencias o de los otros amparos,
excepto el cautelar, de la siguiente forma:
A. Procedimiento en todo tipo de amparo, excepto contra sentencias
La solicitud debe ir acompañada de la oferta probatoria y de la producción de la prueba
escrita con que se cuenta para el momento de incoar la acción.
Con relación a los amparos que no se interpongan contra sentencias, tal como lo
expresan los artículos 16 y 18 de la Ley Orgánica de Amparo, el proceso se iniciará por
escrito o en forma oral conforme a lo señalado en dichos artículos; pero el accionante,
además de los elementos descritos en el citado artículo 18, deberá señalar también en su
solicitud, las pruebas que desea promover, siendo una carga cuya omisión produce la
preclusión de la oportunidad, no solo la de la oferta de las pruebas omitidas, sino la de
la producción de todos los instrumentos escritos, audiovisuales o gráficos, con que
cuenta para el momento de incoar la acción y que no promoviere y presentare con su
escrito o interposición oral; prefiriéndose entre otros instrumentos a producir, aquellos
que sean auténticos.
Artículo 16 de la ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías
Constitucionales: La acción de amparo es gratuita por excelencia. Para su tramitación
no se empleará papel sellado ni estampillas y en caso de urgencia podrá interponerse por
vía telegráfica. De ser así, deberá ser ratificada personalmente o mediante apoderado
dentro de los tres (3) días siguientes. También procede su ejercicio en forma verbal y,
en tal caso, el Juez deberá recogerla en un acta.
Artículo 18 de la ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías
Constitucionales: En la solicitud de amparo se deberá expresar:
1) Los datos concernientes a la identificación de la persona agraviada y de la persona
que actúe en su nombre, y en este caso con la suficiente identificación del poder
conferido;
2) Residencia, lugar y domicilio, tanto del agraviado como del agraviante;
3) Suficiente señalamiento e identificación del agraviante, si fuere posible, e indicación
de la circunstancia de localización;
4) Señalamiento del derecho o de la garantía constitucionales violados o amenazados de
violación;
5) Descripción narrativa del hecho, acto, omisión y demás circunstancias que motiven la
solicitud de amparo;
6) Y, cualquiera explicación complementaria relacionada con la situación jurídica
infringida, a fin de ilustrar el criterio jurisdiccional.
En caso de instancia verbal, se exigirán, en lo posible, los mismos requisitos.
Valoración de pruebas
El principio de libertad de medios regirá estos procedimientos, valorándose las pruebas
por la sana crítica, excepto la prueba instrumental, que tendrá los valores establecidos
en los artículos 1359 y 1360 del Código Civil para los documentos públicos, y en el
artículo 1363, para los documentos privados auténticos y otros que merezcan
autenticidad, entre ellos los documentos públicos administrativos.
Artículo 1.359 del Código Civil de Venezuela.- El instrumento público hace plena fe,
así entre las partes como respecto de terceros, mientras no sea declarado falso: 1º, de los
hechos jurídicos que el funcionario público declara haber efectuado, si tenía facultad
para efectuarlos; 2º, de los hechos jurídicos que el funcionario público declara haber
visto u oído, siempre que este facultado para hacerlos constar.
Artículo 1.360 ejusdem.- El instrumento público hace plena fe, así entre las partes
como respecto de terceros, de la verdad de las declaraciones formuladas por los
otorgantes acerca de la realización del hecho jurídico a que el instrumento se contrae,
salvo que en los casos y con los medios permitidos por la ley se demuestre la
simulación.
2º. De los Instrumentos Privados
Artículo 1.363 ejusdem.- El instrumento privado reconocido o tenido legalmente por
reconocido, tiene entre las partes y respecto de terceros, la misma fuerza probatoria que
el instrumento público en lo que se refiere al hecho material de las declaraciones; hace
fe, hasta prueba en contrario, de la verdad de esas declaraciones.
Trámite de admisión del amparo
Los Tribunales o la Sala Constitucional que conozcan de la solicitud de amparo por
aplicación de los artículos de la Ley Orgánica de Amparo, admitirán o no el amparo,
ordenarán que se amplíen los hechos y las pruebas, o se corrijan los defectos u
omisiones de la solicitud, para lo cual se señalará un lapso, también preclusivo. Todo
ello conforme a los artículos 17 y 19 de la Ley Orgánica de Amparo.
ARTICULO 17 de la ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías
Constitucionales: El Juez que conozca de la acción de amparo podrá ordenar, siempre
que no signifique perjuicio irreparable para el actor, la evacuación de las pruebas que
juzgue necesarias para el esclarecimiento de los hechos que aparezcan dudosos u
oscuros.
Se entenderá que hay perjuicio irreparable cuando exista otro medio de comprobación
más acorde con la brevedad del procedimiento o cuando la prueba sea de difícil o
improbable evacuación.
ARTICULO 19 ejusdem: Si la solicitud fuere oscura o no llenare los requisitos
exigidos anteriormente especificados, se notificará al solicitante del amparo para que
corrija el defecto u omisión dentro del lapso de cuarenta y ocho horas siguientes a la
correspondiente notificación. Si no lo hiciere, la acción de amparo será declarada
inadmisible.
Citación del presunto agraviante, modos de practicarla, formalidades y lapso de
comparecencia
Admitida al acción, se ordenará la citación del presunto agraviante y la notificación del
Ministerio Público para que concurran al tribunal a conocer el día en que se celebrará la
audiencia oral, la cual tendrá lugar, dentro de las noventa y seis (96) horas siguientes
contadas a partir de la última notificación efectuada. Para dar cumplimiento a la
brevedad y falta de formalidad, la notificación podrá ser practicada mediante boleta, o
comunicación telefónica, fax, telegrama, correo electrónico, o cualquier medio de
comunicación interpersonal, bien por el órgano jurisdiccional o bien por el Alguacil del
mismo, indicándose en la notificación la fecha de comparecencia del presunto
agraviante y dejando el Secretario del órgano jurisdiccional en autos, constancia
detallada de haberse efectuado la citación o notificación y de sus consecuencias.
Desarrollo de la audiencia constitucional
En la fecha de la comparecencia a la audiencia oral y pública, las partes propondrán sus
alegatos y defensas ante la Sala Constitucional o el tribunal que conozcan de la causa en
primer instancia, y ésta o éste decidirán si hay lugar a pruebas, caso en el cual el
presunto agraviante podrá ofrecer las que considere legales y pertinentes, ya que éste es
el criterio que rige la admisibilidad de las pruebas. Los hechos esenciales para la
defensa del agraviante, así como los medios ofrecidos por él, se recogerán en un acta, al
igual que las circunstancias del proceso.
Consecuencias de la Falta de Comparecencia de las Partes
La falta de comparecencia del presunto agraviante a la audiencia oral, producirá los
efectos previstos en el artículo 23 de la Ley Orgánica de Amparo.
Artículo 23 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales: Si el Juez no optare por restablecer inmediatamente la situación
jurídica infringida, conforme al artículo anterior, ordenará a la autoridad, entidad,
organización social o a los particulares imputados de violar o amenazar el derecho o la
garantía constitucionales, que en el término de cuarenta y ocho (48) horas, contadas a
partir de la respectiva notificación, informe sobre la pretendida violación o amenaza que
hubiere motivado la solicitud de amparo.
La falta de informe correspondiente se entenderá como aceptación de los hechos
incriminados.
La falta de comparecencia del presunto agraviado dará por terminado el procedimiento,
a menos que el tribunal considere que los hechos alegados afecten el orden público,
caso en que podrá inquirir sobre los hechos alegados, en un lapso breve, ya que
conforme el principio general contenido del artículo 11 del Código de Procedimiento
Civil y el artículo 14 de la Ley Orgánica de Amparo, la materia de amparo es de orden
público y el juez podrá tomar de oficio las providencias que creyeren necesarias.
Artículo 11 del Código de Procedimiento Civil.- En materia civil el Juez no puede
iniciar el proceso sino previa demanda de parte, pero puede proceder de oficio cuando la
ley lo autorice, o cuando en resguardo del orden público o de las buenas costumbres, sea
necesario dictar alguna providencia legal aunque no la soliciten las partes.
En los asuntos no contenciosos, en los cuales se pida alguna resolución, los jueces
obrarán con conocimiento de causa, y, al efecto, podrán exigir que se amplíe la prueba
sobre los puntos en que la encontraren deficiente, y aún requerir otras pruebas que
juzgaren indispensables; todo sin necesidad de las formalidades del juicio. La resolución
que dictaren dejará siempre a salvo los derechos de terceros y se mantendrá en vigencia
mientras no cambien las circunstancias y no sea solicitada su modificación o revocatoria
por el interesado, caso en el cual, el Juez obrará también con conocimiento de causa.
ARTICULO 14 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales: La acción de amparo, tanto en lo principal como en lo incidental y en
todo lo que de ella derive, hasta la ejecución de la providencia respectiva, es de
eminente orden público.
Las atribuciones inherentes al Ministerio Público no menoscaban los derechos y
acciones de los particulares. La no-intervención del Ministerio Público en la acción de
amparo no es causal de reposición ni de acción de nulidad.
Litis consorcio
En caso de litis consorcios necesarios activos o pasivos, cualquiera de los litis consortes
que concurran a los actos, representará al consorcio. (Principio de la Representación
Recíproca).
Admisión y Evacuación de Pruebas
En la misma audiencia, el órgano jurisdiccional decretará cuáles son las pruebas
admisibles y necesarias, y ordenará, de ser admisibles - también en la misma audiencia-
su evacuación, que se realizará en ese mismo día, con inmediación del órgano
jurisdiccional, en cumplimiento del requisito de la oralidad pudiendo el Juez diferir para
el día siguiente la evacuación de las pruebas.
Elaboración de las actas del debate oral y de las pruebas
En las audiencias orales, se grabarán o registraran las actuaciones cumplidas en el
procedimiento, las cuales se verterán en actas que permitan al Juez de la Alzada conocer
el devenir probatorio, a cuyo efecto se levantará acta de lo actuado, que firmarán el
Juez, el Secretario y todos los intervinientes.
Los Jueces Constitucionales están facultados para interrogar a las partes y a los
comparecientes.
Oralidad
Debido al mandato constitucional de que el procedimiento de amparo no debe estar
sujeto a formalidades, los trámites bajo los cuales se desarrollarán las audiencias y la
evacuación de las pruebas, si fueran necesarias, las dictará el tribunal que conozca del
amparo, siempre manteniendo la igualdad entre las partes y el derecho de defensa.
Todas las actuaciones serán públicas, a menos que por protección a derechos civiles de
rango constitucional, como el comprendido en el artículo 60 de la Constitución, se
decida que los actos orales sean a puerta cerrada, pero siempre como inmediación del
tribunal.
Artículo 60 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Toda
persona tiene derecho a la protección de su honor, vida privada, intimidad, propia
imagen, confidencialidad y reputación.
La ley limitará el uso de la informática para garantizar el honor y la intimidad personal
y familiar de los ciudadanos y ciudadanas y el pleno ejercicio de sus derechos.
Relación de la causa
Una vez concluido el debate oral o las pruebas, el Juez o el Tribunal en el mismo día,
estudiará individualmente el expediente o deliberará (en los casos de los Tribunales
colegiados) y podrá:
Plazo para dictar la decisión
A. Decidir inmediatamente; en cuyo caso dispondrá de forma oral los términos del
dispositivo del fallo; el cual deberá ser publicado íntegramente dentro de los cinco días
siguientes a la audiencia en la cual se dictó la decisión correspondiente. El fallo lo
comunicará el juez o el presidente del Tribunal Colegiado pero la sentencia escrita la
redactará el ponente o quien el Presidente del Tribunal Colegiado decida.
B. Diferir la audiencia por un lapso que en ningún momento será mayor de 48 horas,
por estimar que es necesaria la presentación o evacuación de alguna prueba que sea
fundamental para decidir el caso, o a petición de alguna de las partes o del Ministerio
Público.
Efectos del fallo
El dispositivo del fallo surtirá los efectos previstos en el artículo 29 de la Ley Orgánica
de Amparo, mientras que la sentencia se redactará de acuerdo a lo previsto en el artículo
32 ejusdem.
ARTICULO 29 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales: El Juez que acuerde el restablecimiento de la situación jurídica
infringida ordenará, en el dispositivo de la sentencia, que el mandamiento sea acatado
por todas las autoridades de la República, so pena de incurrir en desobediencia a la
autoridad.
ARTICULO 32 ejusdem: La sentencia que acuerde el amparo constitucional deberá
cumplir las siguientes exigencias formales:
A) Mención concreta de la autoridad, del ente privado o de la persona contra cuya
resolución o acto u omisión se conceda el amparo;
B) Determinación precisa de la orden a cumplirse, con las especificaciones necesarias
para su ejecución;
C) Plazo para cumplir lo resuelto.
Recursos contra la decisión
Contra la decisión dictada en primer instancia, podrá apelarse dentro de los tres días
siguientes a la publicación del fallo. La apelación se ubica en un solo efecto, a menos
que se trate del fallo dictado en un proceso que, por excepción, tenga una sola instancia.
De no apelarse, pero ser el fallo susceptible de consulta, deberá seguirse el
procedimiento establecido en el artículo 35 de la Ley Orgánica de Amparo; esto es, que
la sentencia sea consultada con el Tribunal Superior respectivo, al cual se le remitirá
inmediatamente el expediente, dejando copia de la decisión para la ejecución inmediata,
por el juzgado a quo. El juzgado superior decidirá en un lapso no mayor de treinta días.
La falta de decisión equivaldrá a una denegación de justicia, a menos que por el
volumen de consultas a decidir se haga necesario prorrogar las decisiones conforme al
orden de entrada de las consultas al Tribunal de la segunda instancia.
ARTICULO 35 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales: Contra la decisión dictada en primera instancia sobre la solicitud de
amparo se oirá apelación en un solo efecto. Si transcurridos tres (3) días de dictado el
fallo, las partes, el Ministerio Público o los procuradores no interpusieren apelación, el
fallo será consultado con el Tribunal Superior respectivo, al cual se le remitirá
inmediatamente copia certificada de lo conducente. Este Tribunal decidirá dentro de un
lapso no mayor de treinta (30) días.
Procedimiento de la segunda instancia
A los efectos de facilitar la labor revisora a cargo de los jueces superiores, debe darse
cumplimiento a lo establecido en el artículo 189 del Código de Procedimiento Civil,
ajustándolo, desde luego; a la especial naturaleza del procedimiento de amparo. En este
sentido, las intervenciones y las declaraciones de las partes, las declaraciones de testigos
y cualquiera otra diligencia del Tribunal que deban hacerse constar en el acta, podrán
ser tomadas mediante el uso de algún medio técnico de reproducción o grabación del
acto, por disposición del Tribunal o a solicitud de alguna de las partes. A tal efecto, la
grabación se hará bajo la supervisión del Juez, quien ordenará realizar la versión escrita
de su contenido, la cual será incorporada a las actas del expediente en el mismo día,
previa su lectura y aprobación por las partes y terceros que hayan participado en los
actos el acta será firmada además por el Juez y el Secretario.
El fallo vinculante del Tribunal Supremo objeto de estos comentarios dice textualmente
"que el artículo 189 del Código de Procedimiento Civil regirá la confección de las actas,
a menos que las partes soliciten que los soportes de las actas se envíen al Tribunal
Superior".
Artículo 189 del Código de Procedimiento Civil.- El acta deberá contener la
indicación de las personas que han intervenido y de las circunstancias de lugar y de
tiempo en que se han cumplido las diligencias de que hace fe; debe además contener la
descripción de las actividades cumplidas y de los reconocimientos efectuados. El acto
deberá ser suscrito por el Juez y por el Secretario.
Si han intervenido otras personas, el Secretario, después de dar lectura al acta, les
exigirá que firmen. Si alguna de ellas no pudiere o no quisiere firmar, se pondrá
constancia de ese hecho.
Las declaraciones de las partes, las posiciones juradas, las declaraciones de testigos y
cualesquiera otras diligencias del Tribunal que deban hacerse constar en acta, podrán ser
tomadas mediante el uso de algún medio técnico de reproducción o grabación del acto,
por disposición del Tribunal o por solicitud de alguna de las partes. En estos casos, la
grabación se mantendrá bajo la custodia del Juez, el cual ordenará realizar la versión
escrita de su contenido por el Secretario o algún amanuense bajo la dirección de aquél, o
por alguna otra persona natural o jurídica, bajo juramento de cumplir fielmente su
cometido. En todo caso el Secretario, dentro de un plazo de cinco días agregará al
expediente la versión escrita del contenido de la grabación, firmada por el Juez y por el
Secretario. Si ninguna de las partes hiciere objeción al acta, señalando expresamente
alguna inexactitud, la misma se considerará admitida, pasados que sean cuatro días de
su consignación en los autos. En caso de objeciones, el Juez fijará día y hora para la
revisión del acta con los interesados, oyendo nuevamente la grabación. De lo resuelto
por el Juez en ese acto, no habrá recurso alguno.
El costo de la grabación estará a cargo del solicitante, y en caso de disponerla de oficio
el Tribunal, será de cargo de ambas partes.
B. Procedimiento del amparo contra sentencias
Con el fin de mantener el orden sistemático, a continuación haremos una ligera glosa
del fallo vinculante del Tribunal Supremo del 01/02/2000.
En los amparos contra sentencias, las formalidades se simplificarán aún más.
Inmediatamente que sea presentada la solicitud se le admitirá y se ordenará la
notificación del juez o encargado del Tribunal, así como las partes en su domicilio
procesal, de la oportunidad en que habrá de realizarse la audiencia oral. En esa
oportunidad el Juez señalado como causante del agravio y las partes manifestarán sus
razones y argumentos respecto a la acción.
Solicitud
Los amparos contra sentencias se intentarán con copia certificada del fallo objeto de la
acción, a menos que por la urgencia no pueda obtenerse a tiempo la copia certificada,
caso en el cual se admitirán las copias previstas en el artículo 429 del Código de
Procedimiento Civil, no obstante en la audiencia oral deberá presentarse copia auténtica
de la sentencia.
Actuación de las partes y terceros
Las partes del juicio donde se dictó el fallo impugnado podrán hacerse parte en el
proceso de amparo, antes y aún dentro de la audiencia pública, mas no después, sin
necesidad de probar su interés. Los terceros coadyuvantes deberán demostrar su interés
legítimo y directo para intervenir en los procesos de amparo de cualquier clase antes de
la audiencia pública.
Consecuencias de la falta de comparecencia del Juez autor del fallo impugnado a la
audiencia oral
La falta de comparecencia del juez que dicte el fallo impugnado o de quien este a cargo
el Tribunal, no significará aceptación de los hechos, y el órgano que conoce del amparo,
examinará la decisión impugnada.
C. Recurso de Revisión
Ejercido por la Sala Constitucional
La labor revisora de las sentencias de amparo que atribuye el numeral 10 del artículo
336 de la Constitución a la Sala, será realizada en forma selectiva, sin atender a recurso
específico y sin quedar vinculada la Sala por peticiones de las partes. Se trata de una vía
excepcional que ejerce la Sala discrecionalmente, siempre que se trate de una sentencia
definitivamente firme dictada en amparo constitucional, como lo exige el numeral 10
del artículo 336 de la Constitución. Por sentencia firme se entiende un fallo contra cual
se hayan hecho valer los recursos ordinarios de impugnación establecidos en las leyes,
razón por la cual el fallo objeto del recurso de revisión exige que la sentencia haya sido
dictada por un Tribunal que haya conocido del asunto en segunda instancia, bien sea
con motivo de la apelación intentada por la parte perdidosa o con motivo de la consulta
legal que exige el procedimiento de amparo. Ese poder se extiende también al desacato
por parte de las demás Salas de ese Tribunal Supremo de Justicia, a los fallos
vinculantes dictados por la Sala Constitucional de conformidad con lo establecido en la
disposición constitucional anteriormente citada.
Artículo 336 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. "Son
atribuciones de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia:..."
"...10. Revisar las sentencias de amparo constitucional y de control de
constitucionalidad de leyes o normas jurídicas dictadas por los tribunales de la
República, en los términos establecidos por la ley orgánica respectiva..."
Es oportuno acotar que la Sala no queda circunscrita en su poder de revisión a los
señalamientos concretamente formulados por la parte afectada por el fallo impugnado,
pudiendo la Sala declarar de oficio su nulidad si considera que los hechos probados
tipifican otra infracción constitucional.
Ejercido por los demás jueces
Todos los jueces de la República, en el ámbito de sus competencias y conforme a lo
previsto en la Constitución y en la ley; están en la obligación de asegurar la integridad
de la Constitución mediante el ejercicio del control difuso, a cuyo efecto; en caso de
incompatibilidad entre la Constitución y una ley u otra norma jurídica, aplicarán
preferentemente las disposiciones constitucionales con lo cual coadyuvan con el
Tribunal Supremo en la delicada tarea de garantizar la supremacía de la Constitución.
D. Procedimiento del amparo sobrevenido
Nuevo criterio
El tratamiento de la figura del amparo sobrevenido ha sufrido una importante
modificación en el fallo vinculante de la Sala Constitucional objeto de estos
comentarios, en el sentido de que no se intentará en adelante ante el mismo Tribunal
autor del agravio, sino ante el Tribunal Superior que conozca de la apelación.
Órganos competentes
Dice al efecto el fallo en cuestión: "las violaciones a la Constitución que cometan los
jueces serán conocidas por los jueces de la apelación, a menos que sea necesario
restablecer inmediatamente la situación jurídica infringida, caso en que el amparo lo
conocerá otro juez competente superior a quién cometió la falta, diferente a quien
sentenció u ordenó el acto que contiene la violación o infracción constitucional, en estos
casos, los que apliquen los artículos 23, 24 y 25 de la Ley Orgánica de Amparo."
Procedimiento cuando las violaciones no surgen de una decisión judicial
Cuando las violaciones a derechos y garantías constitucionales surgen en el curso de un
proceso, debido a actuaciones de las partes, de terceros, de auxiliares de justicia o de
funcionarios judiciales diferentes a los jueces, el amparo podrá interponerse ante el juez
que esté conociendo la causa, quien los sustanciará y decidirá en cuaderno separado.
Razones que justifican la instauración del nuevo régimen procedimental del
amparo sobrevenido
Con esta posibilidad, se hace evidente la necesidad de mantener esta importante
manifestación del amparo constitucional, debido a la ventaja de ser dictada dentro el
mismo proceso del cual se produce la lesión o amenaza de lesión de derechos
constitucionales, manteniéndose así el principio de la unidad del proceso, a no tener que
abrirse causas procesales distintas -con los retardos naturales que se producirían- para
verificar si efectivamente se ha producido la violación denunciada. Igualmente, se
lograría la inmediación del juez con la causa que se le somete al conocimiento, la cual
no sólo incidiría positivamente en la decisión del amparo interpuesto, sino que también
pudiera aportar elementos de juicio necesarios para tomar medidas, bien sean cautelares
o definitivas, en la causa principal y en el propio amparo.
Naturaleza de la tutela judicial efectiva
Un aspecto a considerar en el procedimiento de amparo es la aplicación de la tutela
judicial efectiva, ese nuevo concepto que sea de paso en nuestro Derecho como garantía
del derecho del ciudadano a tener acceso a la justicia en forma expedita, sin dilaciones
indebidas y sin formalismos o reposiciones inútiles. Se ha dicho que el derecho a la
tutela judicial efectiva, es de amplísimo contenido, comprende el derecho a ser oído por
los órganos de administración de justicia establecidos por el Estado, es decir, no sólo el
derecho de acceso sino también el derecho a que, cumplidos los requisitos establecidos
en las leyes adjetivas, los órganos judiciales conozcan el fondo de las pretensiones de
los particulares y, mediante una decisión dictada en derecho, determinen el contenido y
la extensión del derecho deducido. De allí que la Constitución señala que no se
sacrificará la justicia por la omisión de formalidades no esenciales y que el proceso
constituye un instrumento fundamental para la realización de la justicia (artículo 257).
Artículo 257 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. El proceso
constituye un instrumento fundamental para la realización de la justicia. Las leyes
procesales establecerán la simplificación, uniformidad y eficacia de los trámites y
adoptarán un procedimiento breve, oral y público. No se sacrificará la justicia por la
omisión de formalidades no esenciales.
En un Estado social del derecho y de justicia (artículo No. 2 de la Constitución
Nacional), que garantiza una justicia expedita, sin dilaciones indebidas y sin
formalismos o reposiciones inútiles (artículo 26 ejusdem), la interpretación de las
instituciones procesales debe ser amplia, tratando de que si bien el proceso sea una
garantía para que las partes puedan ejercer su derecho de defensa, no por ello se
convierta en una traba que impida lograr las garantías que el Constitucional 26 instaura.
(Sala Constitucional, sentencia N° 708 de 10/05/2001).
Artículo 26 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Toda
persona tiene derecho de acceso a los órganos de administración de justicia para hacer
valer sus derechos e intereses, incluso los colectivos o difusos, a la tutela efectiva de los
mismos y a obtener con prontitud la decisión correspondiente.
El Estado garantizará una justicia gratuita, accesible, imparcial, idónea, transparente,
autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, sin dilaciones indebidas,
sin formalismos o reposiciones inútiles.
Infracción de la tutela judicial efectiva
Este criterio de la tutela judicial efectiva ha llevado a la Sala Constitucional a considerar
que la decisión de un Tribunal de última instancia mediante la cual se declare
inadmisible una acción, basada en un criterio erróneo del juzgador, concretaría una
infracción en la situación jurídica de quien interpone la acción y del derecho a la tutela
judicial efectiva, lo cual puede ser analizado de oficio por el juez constitucional aunque
no haya sido alegado por los accionantes. (Sala Constitucional, sentencia N° 708 de
10/05/2001).
La tutela judicial efectiva conlleva también a que las personas llamadas a un proceso, o
que de alguna manera intervengan en el mismo en condición de partes, gocen
ampliamente del derecho y garantía constitucional a la tutela jurisdiccional efectiva, en
el sentido de tener igual acceso a la jurisdicción para su defensa; a que se respete el
debido proceso; a que la controversia sea resuelta en un plazo razonable; y, a que, una
vez dictada sentencia motivada, ésta se ejecute, a los fines que se verifique cabalmente
la efectividad de sus pronunciamientos (Sala Constitucional, sentencia N° 72 de
26/01/2001).
Conclusión
Consideramos que el amparo es equiparable a un proceso cautelar y restitutorio,
tendente únicamente a la constatación de la violación o amenaza de violación del
derecho o garantía constitucional, a objeto de que se le restablezca al solicitante el pleno
goce y ejercicio de tales derechos sin prejuzgar sobre ninguna otra materia, quedando
abiertas a las partes las vías ordinarias para reclamar las indemnizaciones o restituciones
a que haya lugar en derecho.
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LA ACCIÓN
DE AMPARO CONSTITUCIONAL
CARACAS, 28 DE MAYO DE 2011
ÍNDICE
I.- INTRODUCCIÓN
II.- LA ACCIÓN DE AMPARO CONSTITUCIONAL
III.- LA REVISIÓN CONSTITUCIONAL
IV. - CONTROL DIFUSO DE LA CONSTITUCIONALIDAD
V.- BIBLIOGRAFÍA
1.- INTRODUCCIÓN
El tema de la unidad curricular ha sido titulado “La Acción de Amparo Constitucional”,
precisamente porque dedicaremos las sesiones dispuestas por la “Aldea Andrés Bello”,
al estudio de la Constitución de 1999 en el sentido general, y específicamente a la Sala
Constitucional que, como órgano del Poder Judicial en ejercicio de la jurisdicción
constitucional, es la máxima y última intérprete de la Constitución y debe velar por su
uniforme interpretación y aplicación, conforme lo dispone el artículo 335 del Texto
Fundamental, así como ejercer la competencia que constitucionalmente y legalmente
tiene atribuida.
Las interpretaciones que establece la Sala Constitucional sobre el contenido o alcance
de las normas y principios constitucionales revisten importancia porque las mismas son
vinculantes para las otras Salas del Tribunal Supremo de Justicia y demás tribunales de
la República, de allí que como miembros del Poder Judicial debemos conocerlas,
analizarlas y aplicarlas, en la oportunidad que nos corresponda administrar justicia.
Estas sesiones de estudio se iniciarán con el tema referido a la Acción de Amparo
Constitucional como medio judicial para el restablecimiento de los derechos y garantías
constitucionales, la revisión constitucional de sentencias como potestad discrecional y
extraordinaria de la Sala Constitucional, y el control difuso de la constitucionalidad, con
referencia a los avances de la jurisprudencia, pero tomando en cuenta lo dispuesto en la
Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, y la Ley
Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia.
Esta unidad curricular sobre la cual nos ha tocado reflexionar, esto es, “La Acción de
Amparo Constitucional” cobra importancia en un Estado Social, de Derecho y de
Justicia como el nuestro, conforme lo establece nuestro Texto Fundamental, y sobre
todo lo concerniente a la Sala Constitucional por ostentar características muy
particulares que las distinguen de las demás Salas del Tribunal Supremo de Justicia,
como lo apunta el Profesor Laguna en su trabajo, en lo que respecta al número de sus
miembros, a la determinación de sus competencias, su facultad revisora y el carácter
vinculante de sus decisiones.
II.- LA ACCIÓN DE AMPARO CONSTITUCIONAL
El artículo 27 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece
que: “(toda persona tiene derecho a ser amparada por los tribunales en el goce y
ejercicio de los derechos y garantías constitucionales, aun de aquellos inherentes a la
persona que no figuren expresamente en esta Constitución o en los instrumentos
internacionales sobre derechos humanos. (...)”.
De lo dispuesto en la norma antes transcrita, de lo establecido en la Ley que regula la
materia, y del análisis que sobre la Acción de Amparo Constitucional y sus caracteres
ha hecho la Sala Constitucional, podemos señalar lo siguiente:
A) Tipo de acción. Es una acción protectora de los derechos y garantías
constitucionales y, por tanto, restablecedora de la situación jurídica infringida, que se
tramita por un procedimiento oral, público, breve, gratuito y no sujeto a formalidad,
conforme lo dispone el segundo párrafo del artículo 27 citado.
B) Competencia. Para la determinación de la competencia para conocer y decidir la
acción de amparo constitucional no puede confundirse la competencia específica que
tiene atribuida cada uno de los juzgados especiales creados por Ley, de la competencia
constitucional que, conforme al artículo 27 de la Constitución tienen todos los
Tribunales de la República para amparar a las personas en el goce y ejercicio de los
derechos y garantías constitucionales, aun de aquellos inherentes a la persona que no
figuren expresamente en la Constitución o en los instrumentos internacionales sobre
derechos humanos.
En virtud de ello, deben tomarse en cuenta en primer lugar las disposiciones que
establecen lo relativo a la competencia en la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y
Garantías Constitucionales (artículos 3, 4, 5, 7, 8, 9, 35 y 40), respecto a las cuales la
Sala Constitucional se ha pronunciado con la entrada en vigencia de la Constitución de
1999, en la siguiente decisión:
En la sentencia N° 1 del 20 de enero de 2000, emanada de la Sala Constitucional del
Tribunal Supremo de Justicia, bajo la ponencia del Magistrado Dr. Jesús E. Cabrera
Romero, Caso Emery Mata Millan contra el Ministro del Interior y Justicia, Ignacio
Luis Arcaya, Vice-Ministro del Interior de Justicia, Alexis Aponte, y otra, en la cual se
estableció, lo siguiente:
“...Omissis… 1.- Corresponde a la Sala Constitucional, por su esencia, al ser la
máxima protectora de la Constitución y además ser el garante de la supremacía y
efectividad de las normas y principios constitucionales, de acuerdo con el artículo 335
de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el conocimiento directo,
en única instancia, de las acciones de amparo a que se refiere el artículo 8 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, incoadas contra los
altos funcionarios a que se refiere dicho artículo, así como contra los funcionarios que
actúen por delegación de las atribuciones de los anteriores. Igualmente, corresponde a
esta Sala Constitucional, por los motivos antes expuestos, la competencia para conocer
de las acciones de amparo que se intenten contra las decisiones de última instancia
emanadas de los Tribunales o Juzgados Superiores de la República, la Corte Primera
de lo Contencioso Administrativo y las Cortes de Apelaciones en lo Penal que infrinjan
directa e inmediatamente normas constitucionales.
2.- Asimismo, corresponde a esta Sala conocer las apelaciones y consultas sobre las
sentencias de los Juzgados o Tribunales Superiores aquí señalados, de la Corte
Primera de lo Contencioso Administrativo y las Cortes de Apelaciones en lo Penal,
cuando ellos conozcan la acción de amparo en Primera Instancia.
3.- Corresponde a los Tribunales de Primera Instancia de la materia relacionada o afín
con el amparo, el conocimiento de los amparos que se interpongan, distintos a los
expresados en los números anteriores, siendo los Superiores de dichos Tribunales
quienes conocerán las apelaciones y consultas que emanen de los mismos, de cuyas
decisiones no habrá apelación ni consulta.
4.- En materia penal, cuando la acción de amparo tenga por objeto la libertad y
seguridad personales, será conocida por el Juez de Control, a tenor del artículo 60 del
Código Orgánico Procesal Penal, mientras que los Tribunales de Juicio Unipersonal
serán los competentes para conocer los otros amparos de acuerdo a la naturaleza del
derecho o garantía constitucional violado o amenazado de violación que sea afín con
su competencia natural. Las Cortes de Apelaciones conocerán de las apelaciones y
consultas de las decisiones que se dicten en esos amparos.
5.- La labor revisora de las sentencias de amparo que atribuye el numeral 10 del
artículo 336 de la vigente Constitución a esta Sala y que será desarrollada por la ley
orgánica respectiva, la entiende esta Sala en el sentido de que en los actuales
momentos una forma de ejercerla es mediante la institución de la consulta, prevista en
el artículo 35 de la Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, pero como la institución de la revisión a la luz de la doctrina
constitucional es otra, y las instituciones constitucionales deben entrar en vigor de
inmediato, cuando fuera posible, sin esperar desarrollos legislativos ulteriores,
considera esta Sala que en forma selectiva, sin atender a recurso específico y sin
quedar vinculado por peticiones en este sentido, la Sala por vía excepcional puede
revisar discrecionalmente las sentencias de amparo que, de acuerdo a la competencia
tratada en este fallo, sean de la exclusiva competencia de los Tribunales de Segunda
Instancia, quienes conozcan la causa por apelación y que por lo tanto no susceptibles
de consulta, así como cualquier otro fallo que desacate la doctrina vinculante de esta
Sala, dictada en materia constitucional, ello conforme a lo dispuesto en el numeral 10
del artículo 336 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela...”.
Atendiendo a dichas normas y al criterio antes transcrito, tenemos lo siguiente:
B.1) Amparo contra Norma: El artículo 3 de la Ley regula el llamado amparo contra
norma, respecto al cual la Sala Constitucional ha señalado (en sentencia N° 864 del 28
de julio de 2000, que el mismo no se ejerce contra el acto de carácter normativo que se
considere contrario a la Carta Magna sino contra el acto que lo aplica incide en la
situación jurídica concreta del actor, por cuanto no es este medio judicial el apropiado
para controlar la constitucionalidad de un acto normativo que tiene la acción objetiva de
nulidad por inconstitucionalidad. De allí que compete conocer de este amparo, a los
jueces de primera instancia, de acuerdo con la afinidad con las materias que le han sido
asignadas (sentencia N° 121 del 6 de febrero de 2001).
La Sala Constitucional ha sostenido que en este tipo de acciones para conformar el
contradictorio, sea o no solicitado por la parte presuntamente agraviada, debe ser
llamado a la causa, el órgano del cual emanó la norma delatada como violatoria, o aquél
al que corresponda imponer su aplicación, a los fines de que sean aportados los
elementos de juicio necesarios, para conformar el criterio del juzgador sobre las razones
de aplicación de la norma.
Como ejemplo en sentencia N° 2178 del 15 de septiembre de 2004, la Sala admitió una
acción de amparo constitucional, con fundamento en lo dispuesto en el artículo 3 de la
Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, contra “la
aplicación, por parte del Contralor General de la República del artículo 112 de la Ley
Orgánica de la Contraloría General de la República y del Sistema Nacional de Control
Fiscal…”, fundamentada en la violación, entre otros, de la garantía de inembargabilidad
de las prestaciones sociales.
B.2) Amparo contra Decisiones Judiciales: De conformidad con lo dispuesto en el
artículo 4 de la Ley que rige la materia, la acción de amparo que se ejerce contra una
sentencia, la conoce el tribunal de alzada del cual emanó la decisión impugnada.
De allí que la Sala Constitucional sea la competente para conocer de las acciones
autónomas de amparo constitucional contra las sentencias en última instancia dictadas
por los Tribunales Contencioso Administrativos, cuando su conocimiento no estuviere
atribuido a otro tribunal; de acuerdo al numeral 20 del artículo 5 de la Ley Orgánica del
Tribunal Supremo de Justicia, que es el caso de las sentencias dictadas por las Cortes
Primera y Segunda de lo Contencioso Administrativo, que ponen fin a un juicio
contencioso administrativo, y que por considerar el justiciable que afecta sus derechos o
garantías constitucionales, la impugna por vía de amparo constitucional ante la Sala
Constitucional. Y contra las decisiones de los Tribunales o Juzgados Superiores de la
República (sean civiles, mercantiles, de Protección del Niño y del Adolescentes) y las
Cortes de Apelaciones en lo Penal que infrinjan directa e inmediatamente normas
constitucionales.
Para la procedencia de esta acción de amparo es necesario demostrar que el juez de la
recurrida actuó fuera del ámbito de su competencia, y con ello violó derechos o
garantías constitucionales de quien acciona como supuesto agraviado. Y respecto a lo
que debe entenderse como “actuando fuera de su competencia”, la Sala Constitucional
en sentencia N° 1 del 24 de enero de 2001 ha reiterado lo sostenido por la Corte
Suprema de Justicia en su momento, relativo a que dicha expresión no tiene el sentido
procesal referido a la incompetencia por la materia, cuantía o territorio, sino que se
corresponde a los conceptos de abuso de poder o extralimitación de atribuciones.
Ejemplo de procedencia de un amparo contra sentencia, fue el decidido en fallo N° 2821
del 28 de octubre de 2003, en el cual la Sala Constitucional declaró con lugar la acción
de amparo constitucional interpuesta por el Síndico Procurador Municipal del
Municipio Carrizal del Estado Miranda; en consecuencia, se anuló la sentencia dictada
por la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo, el 6 de marzo de 2003 y todo lo
actuado con posterioridad a ella y se le ordenó conocer de la apelación conforme a la
doctrina establecida en ese fallo. Y se dejó sin efecto la medida cautelar dictada por la
Sala en sentencia del 10 de julio de 2003, al momento de admitir dicha acción. En la
motiva de dicho fallo, resalta lo siguiente:
“…Ahora bien, en el presente caso, la Sala observa que el proceso por nulidad de
actos administrativos, impone una carga al accionante de retirar y publicar los
carteles dentro del plazo establecido en el artículo 125 de la Ley Orgánica de la Corte
Suprema de Justicia. El incumplimiento de tal carga acarrea el desistimiento del
procedimiento; y ello obliga al accionante a una conducta diligente al máximo en lo
que a confección y retiro del cartel se refiere. Esa conducta debe ser vigilante en
relación con todos los pasos del proceso, y en el caso de autos, el fallo impugnado
relevó de dicha carga al accionante en nulidad, ya que debido a un “desorden
procesal”, dicho accionante no tuvo certeza de cuando se libró el cartel, falta de
certeza que no podía perjudicarlo, por lo que debía emitirse de nuevo el cartel previsto
en el artículo 125 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia.
Motiva el fallo impugnado la existencia de un “desorden procesal”, figura no prevista
en las leyes, pero que puede existir y resultar nociva para las partes y hasta para la
administración de justicia.
En sentido estricto el desorden procesal, consiste en la subversión de los actos
procesales, lo que produce la nulidad de las actuaciones, al desestabilizar el proceso, y
que en sentido amplio es un tipo de anarquía procesal, que se subsume en la teoría de
las nulidades procesales.
Stricto sensu, uno de los tipos de desorden procesal no se refiere a una subversión de
actos procesales, sino a la forma como ellos se documenten. Los actos no son nulos,
cumplen todas las exigencias de ley, pero su documentación en el expediente o su
interconexión con la infraestructura del proceso, es contradictoria, ambigua, inexacta
cronológicamente, lo que atenta contra la transparencia que debe regir la
administración de justicia, y perjudica el derecho de defensa de las partes, al permitir
que al menos a uno de ellos se le sorprenda (artículos 26 y 49 constitucionales).
En otras palabras, la confianza legítima que genere la documentación del proceso y la
publicidad que ofrece la organización tribunalicia, queda menoscabada en detrimento
del Estado Social de derecho y de justicia.
Ejemplos del “desorden”, sin agotar con ello los casos, pueden ser: la mala
compaginación en el expediente de la celebración de los actos, trastocando el orden
cronológico de los mismos; la falta o errónea identificación de las piezas del expediente
o del expediente mismo; la contradicción entre los asientos en el libro diario del
Tribunal y lo intercalado en el expediente; la contradicción entre los días laborales del
almanaque tribunalicio y los actos efectuados en días que no aparecen como de
despacho en dicho almanaque; la dispersión de varias piezas de un proceso, en
diferentes tribunales; la ausencia en el archivo del Tribunal de piezas del expediente,
en determinados juicios; el cambio de las horas o días de despacho, sin los avisos
previos previstos en el Código de Procedimiento Civil (artículo 192); la consignación
en el cuaderno separado de actuaciones del cuaderno principal, y viceversa; la
actividad en la audiencia que impide su correcto desarrollo (manifestaciones,
anarquía, huega, etc.)
Se trata de situaciones casuísticas donde el juez, conforme a lo probado en autos,
pondera su peso sobre la transparencia que debe imperar siempre en la administración
de justicia y sobre la disminución del derecho de defensa de los litigantes y hasta de los
terceros interesados, y corrige la situación en base a esos valores, saneando en lo
posible las situaciones, anulando lo perjudicial, si ello fuere lo correcto.
Otro tipo de desorden procesal, ocurre cuando sobre un mismo tema decidendum,
existen varios procesos inacumulables, sustanciándose por separado varias causas
conexas que en cierta forma incide la una sobre la otra, instruidas por procedimientos
distintos, que puedan provenir de acciones diversas (ordinarias, especiales, amparos,
etc.).
Esta profusión de causas, con sentencias contradictorias, y por ello inejecutables
provenientes de los diversos juicios, conlleva a la justicia ineficaz; y ante tal situación -
igualmente casuística- un Tribunal Superior capaz de resolver un conflicto de
competencia entre los jueces involucrados que conocen los distintos procesos, debe
ordenar y establecer los procesos, señalando un orden de prelación de las causas en
cuanto a su decisión y efectos, pudiendo decretar la suspensión de alguna de ellas, así
como la liberación de bienes objeto de varias medidas preventivas surgidas dentro de
las diversas causas. Se trata de una orden judicial saneadora, que atiende al
mantenimiento del orden público constitucional, ya que la situación narrada atenta
contra la finalidad del proceso y la eficacia de la justicia.
Dentro de esta categoría de desorden procesal, puede incluirse el caso en que las
apelaciones sobre varias decisiones que se dictan en un proceso y que tienen entre sí
relación, al ser oídas se envíen a diferentes jueces de alzada, surgiendo la posibilidad
de fallos contradictorios, o de lapsos que pueden correr ante tribunales distintos,
haciendo que coincidan en el mismo día y hora, actos a realizarse en la alzada.
Los dos tipos reseñados requieren que el proceso sea ordenado, sea saneado en sus
vicios constitucionales que conducen a la justicia ineficaz, opaca y perjudicial al
derecho de defensa.
Ahora bien, los correctivos del desorden procesal, solo pueden utilizarse -tanto de
oficio como a petición de parte, ya que el desorden también perjudica al sentenciador-
cuando objetivamente conste en autos o en la audiencia tal situación, hasta el punto
que ella puede fijarse válidamente como fundamento de la nulidad o de la orden
saneadora.
Expuesto lo anterior, pasa la Sala a examinar si realmente existió un desorden
procesal que produjo los efectos que señaló el fallo impugnado.
Constata la Sala que para el 6 de junio de 2002 constaban en autos todas las
notificaciones a las partes y quedaba por cumplirse la referente al cartel del artículo
125 citado.
Lo anterior significa que el accionante en nulidad tenía la carga de impulsar el
libramiento del cartel y retirarlo a los fines de su publicación en la prensa. Dentro de
los quince (15) días consecutivos siguientes a la fecha en que se libró el cartel el
accionante en nulidad debería retirar el mismo y publicarlo; caso de no hacerlo en
dicho término el recurso se entenderá desistido.
El día 10 de julio de 2002 la Secretaría del Juzgado Superior Tercero en lo Civil y
Contencioso Administrativo de la Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de
Caracas, dejó constancia de que se libró el cartel, en nota que corre al folio ciento
diecisiete (117) del expediente de nulidad. Posteriormente a dicho libramiento, el cual
no ha sido impugnado, se agregó a los autos el Expediente Administrativo, y para el 25
de julio de 2002, el cartel debía haber sido publicado. No consta en autos que ello se
hizo, y consta que el accionante de la nulidad, diligenció el 21 de agosto de 2002 sin
mencionar, que había retirado, o que lo hacía en ese acto, el cartel librado.
Al proceder así, incumplió el accionante en nulidad, lo dispuesto en el artículo 125 de
la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, y la Primera Instancia declaró -a
juicio de esta Sala- correctamente el desistimiento.
El fallo impugnado en base a un supuesto desorden procesal, revocó la sentencia de
la Primera Instancia.
No consta a la Sala objetivamente tal desorden, pero de existir, él no desmerita el
incumplimiento por parte del accionante en nulidad, de la carga del artículo 125
citado, y que comenzó cuando a partir del 10 de julio de 2002, según nota que no ha
sido impugnada como falsa, la Secretaría del Tribunal de la Primera Instancia, dejó
constancia del libramiento del cartel, lo que exigía del accionante la diligencia
necesaria para retirarlos de la Secretaría. No se trataba de una actuación oculta ni
disimulada, a pesar que constaba al reverso de un folio, ya que la constancia del
libramiento del cartel podía ser conocida por los demandantes de la nulidad.
Considera la Sala, que tal desconocimiento por el fallo impugnado, del texto del
artículo 125 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia y sus consecuencias,
constituye una injuria constitucional no juzgada con anterioridad en el proceso de
nulidad y una extralimitación en su competencia, entendida en el sentido amplio
como lo ha sostenido esta Sala. Una cosa es el juicio e interpretación de la ley, que
practica el juez y que corresponde a su juzgamiento, y otra es la inaplicación de una
norma por motivos objetivamente inexistentes, como ocurre en este caso. Tal
desaplicación excede del juzgamiento y puede convertirse, como en efecto resultó, en
una injuria constitucional a una de las partes, como lo es la violación del debido
proceso en detrimento del accionante en este amparo” (resaltado de este trabajo).
B.3) Amparo contra Acto Administrativo, Actuaciones Materiales, Vías de Hecho,
Abstenciones u Omisiones: De acuerdo con lo establecido en el artículo 5 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, en esos casos
procede el amparo, fundado en la violación o amenaza de violación de un derecho o una
garantía constitucionales, cuando no exista un medio procesal breve, sumario y eficaz
acorde con la protección constitucional.
Dispone también ese artículo, que cuando la acción de amparo se ejerza contra actos
administrativos de efectos particulares o contra abstenciones o negativas de la
Administración, podrá formularse el amparo ante el Juez Contencioso-Administrativo
competente, si lo hubiere en la localidad, conjuntamente con el recurso contencioso
administrativo de anulación de actos administrativos o contra las conductas omisivas,
respectivamente, que se ejerza.
Ahora bien, esta norma si bien tiene vigencia ha sido objeto de análisis por la Sala
Constitucional, en lo que se refiere a la posibilidad de protección del juez contencioso
administrativo frente al juez constitucional, por la competencia atribuida
constitucionalmente al primero en el artículo 259, referida al restablecimiento de la
situación jurídica infringida.
Ello, por cuanto existiendo hoy en día una acción de reclamo contra las vías de hecho, la
Sala Constitucional ha sostenido que el amparo es inadmisible al existir una vía idónea
para enervar la lesión que dicha actuación material pueda causar al justiciable, tal y
como veremos más adelante. Igual, lo ha señalado la Sala en los casos de amparo contra
actos administrativos, donde el fondo debativo deviene en la ilegalidad del acto, toda
vez que el juez contencioso administrativo cuenta también con un poder cautelar, para
hacer efectivo el fallo que pronuncie sobre el mérito de la causa, de allí que se considere
que el recurso contencioso administrativo de anulación sea el medio eficaz e idóneo
para enervar dicho acto.
Cuando la acción de amparo va dirigida contra los hechos, actos y omisiones emanados
del Presidente de la República, de los Ministros, del Consejo Supremo Electoral y
demás organismos electorales del país, del Fiscal General de la República, del
Procurador General de la República o del Contralor General de la República, de
conformidad con lo dispuesto en el artículo 8 de la Ley Orgánica de Amparo sobre
Derechos y Garantías Constitucionales, la competente en única instancia al “Tribunal
Supremo de Justicia”, y en específico a la Sala Constitucional, conforme al numeral 18
del artículo 5 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, que reza: “…18.
Conocer en primera y última instancia las acciones de amparo constitucional
interpuestas contra los altos funcionarios públicos nacionales…”; disposición más
amplia acorde con la interpretación efectuada por la jurisprudencia respecto a la
enumeración del artículo 8 antes nombrado.
En este punto nos resulta importante destacar la sentencia N° 2212 del 17 de septiembre
de 2002, toda vez que en ella la Sala Constitucional, ante una acción de amparo ejercida
por una empresa con fundamento en la violación de los derechos a la defensa, debido
proceso y petición y oportuna respuesta, contra una Resolución emanada del Ministerio
de Finanzas que revocaba (fundada en el derecho de autotutela del Estado sobre sus
propios actos) una Resolución anterior que había creado derechos subjetivos a favor de
la parte actora, se planteó dilucidar si en casos como éste, procedía a restablecer
mediante el amparo el derecho de defensa infringido, o si lo correcto era que el
lesionado acudiera a la vía ordinaria, esto es al contencioso administrativo de nulidad
del acto lesivo. Concluyendo una vez oídas las partes en la audiencia constitucional que
por mandato del artículo 49 Constitucional, el Ministerio de Finanzas antes de proceder
a la revocatoria tenía que haber citado o notificado a los administrados, a quienes la
primera resolución les otorgaba derechos subjetivos, a fin de oírlos y permitirles ejercer
su derecho de defensa.
Por otra parte, la Sala Constitucional en sentencia reciente ha ratificado el criterio de
competencia respecto al juez competente para conocer de las acciones de amparo contra
los desacatos de las providencias de las inspectorías del trabajo, señalando que son los
juzgados superiores contencioso administrativos del lugar donde se produjo esa lesión
(V. sentencia N° 2466 del 18 de diciembre de 2006).
B.4) Amparo en Primera Instancia: es la acción que se interpone ante el tribunal
competente por la materia, o bien aquél que la tenga por vía excepcional, atendiendo al
territorio donde se produjeron las lesiones a los derechos constitucionales del actor. En
estos casos, es preciso para el juez constitucional tomar en cuenta lo dispuesto en los
artículos 7 y 9 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales (referidos a la competencia material y territorial), los cuales rezan:
“…Artículo 7.- Son competentes para conocer de la acción de amparo, los Tribunales
de Primera Instancia que lo sean en la materia afín con la naturaleza del derecho o de
la garantía constitucionales violados o amenazados de violación, en la jurisdicción
correspondiente al lugar donde ocurrieren el hecho, acto u omisión que motivaren la
solicitud de amparo. En caso de duda, se observarán, en lo pertinente, las normas
sobre competencia en razón de la materia. Si un Juez se considerare incompetente,
remitirá las actuaciones inmediatamente al que tenga competencia. Del amparo de la
libertad y seguridad personales conocerán los Tribunales de Primera Instancia en lo
Penal, conforme al procedimiento establecido en esta Ley”.
“Artículo 9.- Cuando los hechos, actos u omisiones constitutivos de la violación o
amenaza de violación del derecho o de la garantía constitucionales se produzcan en
lugar donde no funcionen Tribunales de Primera Instancia, se interpondrá la acción de
amparo ante cualquier Juez de la localidad quien decidirá conforme a lo establecido en
esta Ley. Dentro de las veinticuatro (24) horas siguientes a la adopción de la decisión,
el Juez la enviará en consulta al Tribunal de Primera Instancia competente…”.
En la sentencia N° 1555 del 8 de diciembre de 2000, emanada de la Sala Constitucional
del Tribunal Supremo de Justicia, bajo la ponencia del Magistrado Dr. Jesús E. Cabrera
Romero, Caso YOSLENA CHANCHAMIRE BASTARDO, en la cual se estableció con
precisión lo siguiente:
“…Los criterios para determinar la competencia que establece el artículo 7 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, son los del grado
o la materia y el territorio, ya que por la naturaleza del amparo, al éste no perseguir
ningún tipo de satisfacción económica, dicho artículo abolió criterios para
determinar la competencia por la cuantía, y señaló a los Tribunales de Primera
Instancia (con mayúsculas para identificarlos por su denominación) como los
competentes para conocer la primera instancia del proceso de amparo (criterio que se
mantiene en el artículo 9 eiusdem).
Como el derecho infringido o amenazado de infracción es un derecho constitucional,
cualquier juez, en su condición de garante de la supremacía constitucional (artículo
334 de la vigente Constitución), podría en principio conocer las violaciones de dichos
derechos o garantías constitucionales, pero la frase del artículo 7 señalado, de que los
tribunales competentes para conocer la acción de amparo lo serán los de “la materia
afín con la naturaleza del derecho o la garantía constitucional violado o amenazados
de violación”, limita entre los de Primera Instancia la competencia por la materia.
Teniendo en cuenta que los derechos y garantías constitucionales serán siempre los
infringidos, y que la jurisdicción constitucional protege siempre esos derechos y
garantías, lo que viene a determinar la competencia ratione materiae es la materia afín
con el derecho transgredido, por lo que hay que concluir que el artículo 7 al remitirse a
la afinidad se refiere a la naturaleza de la situación jurídica que se dice lesionada o
amenazada, como atributiva de la competencia material.
La situación jurídica consiste en un estado fáctico que se corresponde con un derecho
subjetivo, y es en ese estado fáctico en que se encuentra una persona natural o jurídica,
donde puede exigir al o a los obligados una prestación, o cosas o bienes, por lo que es
tal estado fáctico que surge del derecho subjetivo, el que se verá desmejorado por la
transgresión constitucional de los derechos y garantías de quien en él se encuentra.
Es el estado de hecho existente para el momento de la solicitud de amparo y su nexo
de derecho que califica a la situación como jurídica, el dato importante para atribuir
la competencia por la materia, siendo el derecho, que da juridicidad a la situación, el
determinante de la competencia material. Es dicho derecho el que conduce a que sea
un Tribunal de Primera Instancia en lo Civil, el que conozca de una situación jurídica
de derecho civil, diferente -por ejemplo- de una fundada en derecho laboral, que
generaría la intervención de órganos jurisdiccionales de Primera Instancia con
competencia en lo laboral.
…Omissis…
En vista de que hay tribunales con competencia territorial y material nacional, así
como lugares donde no hay Tribunales de Primera Instancia con competencia en la
materia conexa con la situación jurídica del accionante, el artículo 9 previno, que si en
el lugar de la transgresión no funcionaren tribunales de Primera Instancia (“en el
lugar donde no funcionen Tribunales de Primera Instancia”), se interpondrá la
acción de amparo ante cualquier juez de la localidad, que decidirá con carácter
provisional, conforme a lo establecido (el procedimiento) en la ley especial que rige el
amparo constitucional.
Es tarea de esta Sala, dilucidar qué se entiende por localidad, ya que los Tribunales de
Primera Instancia tienen asignadas competencias territoriales que engloban varios
municipios, lo que podría hacer pensar que los municipios adscritos territorialmente a
esos tribunales conforman la localidad del mismo, así existan dentro de ellos
poblaciones separadas por muchos kilómetros de la sede del Tribunal de Primera
Instancia.
Lo anterior no ha podido ser la intención del Legislador, ya que no hubiera utilizado en
la norma comentada la frase: “lugar donde no funcionen tribunales de Primera
Instancia”, por lo que hay que interpretar que se trata de tribunales cuya sede se
encuentra en ciudades o pueblos distantes de la sede del tribunal de primera instancia
competente por la materia; es decir, que se encuentren en municipios diferentes de
aquél donde tiene su sede el Tribunal de Primera Instancia competente por la
materia.
En el caso excepcional del artículo 9 eiusdem, el trámite de la primera instancia del
amparo hasta su sentencia, se adelantará ante un tribunal del lugar. Pero, ¿cuál será
ese tribunal? El legislador previno que en dicha localidad podía existir algún juzgado,
por lo que en el citado artículo 9 señaló “cualquier juez de la localidad”.
Es criterio de esta Sala, que ese cualquier juez no puede ser uno de primera instancia
con competencia por la materia distinta a la que rige la situación jurídica; ya que la
lectura de la norma conduce a interpretar, que se trata de una localidad donde no hay
ningún juez de primera instancia, donde no funcionan tribunales de primera instancia
(en plural, la redacción del artículo 9), es decir donde no hay ninguno. Es en una
localidad o municipio de este tipo, que es de suponer apartada de la sede del tribunal
de primera instancia competente por la materia, donde se da el supuesto del artículo 9
de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales. Aunque
resulte absurdo que en una localidad no exista juez de primera instancia para conocer
la materia del amparo, y sí otros de primera instancia con otras competencias y que
ante éstos, no se pueda interponer la acción, podría pensarse para no incurrir en el
absurdo, que en estos casos ellos serían los excepcionales para conocer la acción cuya
decisión iría en consulta al juez de primera instancia competente, al igual que sucede
con los amparos conocidos por los otros tribunales a que se refiere el artículo 9
comentado.
Pero tal solución en apariencia lógica, choca con el artículo 35 de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, ya que la consulta y la
apelación son siempre ante un superior, lo que elimina del artículo 9 a tribunales de
igual entidad, debiendo pensarse que el que conoce en el supuesto del artículo 9 es un
tribunal inferior al de Primera Instancia.
El “cualquier juez de la localidad”, tal como aparece en el artículo 9, no necesita tener
competencia material sobre la situación jurídica que se trata de proteger, con lo que
también choca dicha norma con el artículo 7 eiusdem y su criterio de la materia afín,
sino que bastaría que fuese inferior al tribunal de primera instancia competente, que
tiene su sede en otra localidad, a quien le enviará en consulta su decisión, dentro de las
24 horas siguientes a su publicación.
No contempla el artículo 9 la institución de la apelación, la cual, como principio
general, puede ser interpuesta dentro de tres días de la fecha en que se dictó el fallo,
conforme al artículo 35 eiusdem, y ello obliga a examinar el artículo 9 desde otro
ángulo, ya que no puede negársele la apelación a las partes, dentro de un sistema que
garantiza la doble instancia, y mal puede existir una apelación a interponerse dentro de
tres días de publicado el fallo, cuando dentro de las 24 horas de la publicación de la
decisión (artículo 9 citado) se envía en consulta al “tribunal de primera instancia
competente” (subrayado de la Sala).
Ante esta incompetencia por la materia, reconocida por la propia norma, del tribunal
que debido a la necesidad de acceso a la justicia y a la celeridad sentenció el amparo,
esta Sala no puede sino interpretar que el trámite ante dicho tribunal, más la consulta
prevenida, conforman una sola instancia (la primera), y por ello no consideró el
legislador la apelación de dicho fallo; siendo posible la apelación contra el fallo del
Tribunal de Primera Instancia que lo dicta motivado por la consulta obligatoria
prevista en el artículo 9 eiusdem, agotándose así la primera instancia, y siendo dicha
sentencia, a la vez, consultable con el superior, a tenor del artículo 35 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, ya que dicho
superior -claramente separado del tribunal de primera instancia a que se refiere el
artículo 9 comentado- es el que conocerá la causa en segunda instancia.
…Omissis…
Siendo la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales de
fecha posterior a la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia (la primera es del 27
de septiembre de 1988 y la segunda del 27 de julio de 1976), ha existido una subversión
total de las normas sobre competencia en materia de amparo, cuando se han
considerado competentes a tribunales diferentes a los de Primera Instancia del lugar
donde ocurrieron los hechos, y ello ha redundado en contra de caracteres de la acción
de amparo, contemplados en los artículos 13, 15 y 16 de la ley especial que la rige,
dirigidos al restablecimiento inmediato de la situación infringida, ya que los actores a
veces han tenido que trasladarse a grandes distancias del lugar de los hechos, lo que
atenta no solo contra la rapidez en la reparación de la infracción, sino en el aspecto
económico del querellante. Tal situación, necesariamente debe corregirse.
El acceso a la justicia a que tiene derecho toda persona (artículo 26 de la
Constitución vigente), para lograr una tutela efectiva y obtener con prontitud la
decisión, se ve enervado en muchos casos al “obligar” a la persona a trasladarse a un
lugar distinto a aquél donde ocurrieron los hechos.
Ante esta realidad, esta Sala considera que en los lugares donde existen tribunales de
Primera Instancia, ellos conocerán de los amparos, siempre que sean competentes
por la materia afín con la naturaleza de la situación jurídica que se denuncia como
infringida; es decir, que sí se trata de tribunales especializados, ellos conocerán de los
amparos afines con la especialización, pero si esa afinidad no existe en los tribunales
especiales, los de Primera Instancia en lo Civil, por ser los tribunales de Derecho
Común, serán los competentes para conocer de las acciones de amparo nacidas de
infracciones constitucionales ocurridas en el territorio del Municipio donde tienen su
sede (donde se encuentran instalados). Sin embargo, dada la atribución que la Ley
Orgánica de la Corte Suprema de Justicia otorgó en materia administrativa a los
Tribunales Superiores de lo Contencioso Administrativo y a la Corte Primera de lo
Contencioso Administrativo, esta Sala considera que dichos tribunales seguirán
conociendo amparos en primera instancia, cuando el nexo de derecho que califica a
la situación jurídica, es de naturaleza administrativa, salvo las excepciones que
adelante se señalan.
Desde esta visión, tendiente a evitar en lo posible que se siga violando la Ley Orgánica
de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, en detrimento del justiciable,
esta Sala como complemento de su fallo del 20 de enero de 2000 (caso Emery Mata
Millán), donde se reguló la competencia, establece:
A) Excepto lo dispuesto en el literal D) de este fallo (infra), los amparos, conforme al
artículo 7 eiusdem, se incoarán ante el juez de Primera Instancia con competencia
sobre los derechos subjetivos a que se refiere la situación jurídica infringida, en el
lugar donde ocurrieron los hechos. Este puede ser un Tribunal de Primera Instancia, si
fuere el caso, de una jurisdicción especial, contemplada en la Ley Orgánica del Poder
Judicial o en otras leyes, o que se creare en el futuro, pero si la situación jurídica
infringida no es afín con la especialidad de dicho juez de Primera Instancia, o su
naturaleza es de derecho común, conocerá en primera instancia constitucional el Juez
de Primera Instancia en lo Civil, siempre que no se trate del supuesto planteado en el
literal D) del presente fallo.
B) Con relación al literal anterior, en las localidades que carezcan de jueces de
Primera Instancia competentes, se aplicará el artículo 9 de la Ley Orgánica de Amparo
sobre Derechos y Garantías Constitucionales, en la forma expresada en este fallo, y la
consulta obligatoria prevista en dicho artículo se remitirá al Juez de Primera Instancia
competente, conforme al literal anterior (juez especial o común).
En todo caso, el accionante podrá escoger entre el Tribunal prevenido en el artículo 9
eiusdem, o el de Primera Instancia competente, quien actuará como tal.
C) Las apelaciones y consultas de las decisiones de la primera instancia de los juicios
de amparo, serán conocidas por los Tribunales Superiores con competencia en la
materia específica que rija la situación jurídica denunciada como infringida, conforme
a las competencias territoriales en que se ha dividido la República. En consecuencia,
cuando un Tribunal de Primera Instancia en lo Civil, conoce -por ejemplo- de un
asunto agrario, por no existir en la localidad un juzgado agrario, el Superior que
conoce de la apelación o de la alzada según el artículo 35 de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, será el Superior Agrario con
competencia territorial en la región donde opera el Tribunal de Primera Instancia en lo
Civil.
D) La Sala está consciente de que los órganos de la administración central o
descentralizada, al dictar actos administrativos, o realizar uno de los supuestos del
artículo 5 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales,
pueden lesionar derechos y garantías constitucionales de personas tanto en el Área
Metropolitana de Caracas, como en diversas partes del país.
En estos casos la infracción constitucional se reputa que ocurre en el lugar donde se
desmejora o lesiona la situación jurídica; es decir, en el lugar donde se concreta el
efecto del acto, y conforme a lo explicado en este fallo, lo natural será acudir en
amparo ante los Tribunales de Primera Instancia de dicho lugar, o los excepcionales
del artículo 9 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales.
Sin embargo, mientras no se dicten las leyes que regulen la jurisdicción constitucional
o la contencioso-administrativa, y a pesar de la letra del artículo 7 de la Ley Orgánica
de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, el conocimiento de los
amparos autónomos afines con la materia administrativa, corresponderá en primera
instancia a los Tribunales Superiores con competencia en lo Contencioso
Administrativo, que tengan competencia territorial en el lugar donde ocurrieron las
infracciones constitucionales, a pesar de que no se trate de jueces de primera instancia.
Esta determinación de competencia se hace en aras al acceso a la justicia y a la
celeridad de la misma, evitando así, que las personas lesionadas deban trasladarse a
grandes distancias del sitio donde se concretó el hecho lesivo, a fin de obtener la tutela
constitucional. En beneficio del justiciable, si en la localidad en que ocurrieron estas
transgresiones, no existe Juez Superior en lo Contencioso Administrativo, pero sí un
Juez de Primera Instancia en lo Civil, éste podrá conocer del amparo de acuerdo al
procedimiento del artículo 9 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y
Garantías Constitucionales. Ahora bien, si en la localidad en que ocurrieran las
transgresiones constitucionales, tampoco existe Juez de Primera Instancia en lo Civil,
conocerá de manera excepcional de la acción de amparo, el juez de la localidad, y éste,
de conformidad con el artículo 9 antes citado, lo enviará inmediatamente en consulta
obligatoria al Juez Superior en lo Contencioso Administrativo, para que se configure la
primera instancia.
De las decisiones que dictaren los Tribunales, a que se refiere este literal, basados en el
artículo 9 citado, y en las situaciones allí tratadas, corresponderá conocer en consulta
a los Tribunales Superiores en lo Contencioso Administrativo, y de las decisiones que
éstos dicten en primera instancia, corresponderá conocer en apelación o consulta a la
Corte Primera de lo Contencioso Administrativo.
E) La Sala decide que la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo continuará
conociendo en primera instancia de los amparos autónomos contra los actos
administrativos, omisiones o vías de hecho de los organismos del poder público que ha
venido hasta ahora conociendo en esa instancia, dejando a salvo la actuación de los
jueces de primera instancia y de municipio en los supuestos consagrados en el literal
D) de este fallo.
La segunda instancia de las decisiones sobre los amparos autónomos que conozca la
Corte Primera de lo Contencioso Administrativo corresponderá a esta Sala.
De las acciones de amparo relativas a las expropiaciones por causa de utilidad pública
e interés social, conocidas en primera instancia por los Tribunales Civiles, conocerán
en segunda instancia los Tribunales Superiores en lo Civil; y de las conocidas en
primera instancia por otros Tribunales, el respectivo Superior de ellos actuará como
alzada.
F) Con relación a los amparos que se incoen de conformidad con el artículo 4 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, como ellos deberán
ser conocidos por los jueces superiores a los que cometen la infracción constitucional,
de acuerdo al derecho material que gobierna la situación jurídica lesionada, dichos
jueces superiores conocerán en primera instancia de esos amparos, mientras que los
superiores jerárquicos conocerán la alzada y la consulta legal.
En particular, de los amparos contra las actuaciones de la Corte Primera de lo
Contencioso Administrativo, conocerá esta Sala Constitucional, e igualmente conocerá
de los fallos que en los juicios de amparo dicte dicha Corte como juez de primera
instancia.
G) Lo señalado en este fallo no se aplica a los amparos que se intentan conjuntamente
con las acciones de nulidad prevenidas en los artículos 3 y 5 de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales.
H) Con relación a los tribunales de primera instancia con competencia territorial
nacional en materias específicas (bancaria, carrera administrativa, y otros), los
amparos con afinidad con esas materias, seguirán siendo conocidos por ellos, sin
perjuicio de lo previsto en el artículo 9 eiusdem y en el literal D) antes citado.
I) Corresponderá a la Sala Electoral el conocimiento de las acciones de amparo
autónomo que se interpongan contra actos, actuaciones u omisiones sustancialmente
electorales de los titulares de los órganos administrativos, distintos a los enumerados
en el artículo 8 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, o de los órganos constitucionales equivalentes a los mismos.
J) Para regular la situación creada con anterioridad a esta interpretación, la cual
tiene carácter vinculante, esta Sala irá resolviendo los conflictos de competencia
tomando en cuenta la situación real en que se encontraban las causas de amparo para
el momento en que se incoaron, así como los principios aquí expuestos…”.
En fecha reciente, la Sala Constitucional dictó sentencia N° 1700 del 7 de agosto de
2007, en la que modificó el criterio de competencia contenido en la letra E) de la
sentencia antes transcrita, en cuanto a los amparos ejercidos contra actos o actuaciones
de autoridades que conforme a la competencia residual le ha atribuido la jurisprudencia
a las Cortes de lo Contencioso Administrativo, con posterioridad a la derogatoria de la
Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia. En esta sentencia se sostuvo
expresamente lo siguiente:
“…considera esta Sala que mantener el criterio residual para el amparo partiendo de
lo que establecía el artículo 185 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia,
no resulta idóneo frente al principio de acceso a la justicia, siendo necesario aproximar
la competencia en aquellos tribunales contenciosos más próximos para el justiciable,
ello, por considerarse que de esta manera en lo referente a la protección constitucional
se estaría dando cumplimiento a la parte final del artículo 259 de la Constitución
cuando dispone que el deber para el Estado de “disponer lo necesario para el
restablecimiento de las situaciones jurídicas subjetivas lesionadas por la actividad
administrativa”. Lo expuesto ya ha sido advertido por este Alto Tribunal, al establecer
que la distribución competencial en amparo constitucional debe realizarse atendiendo
no sólo a la naturaleza de los derechos lesionados, conforme lo indica el artículo 7 de
la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, sino además
salvaguardando el derecho a la tutela judicial efectiva de la parte accionante,
señalándose como competente al Tribunal de mayor proximidad para el justiciable.
Verbigracia, ha sido el criterio que imperó en la sentencia de esta Sala N° 1333/2002;
así también la sentencia de la Sala Plena N° 9/2005 que citó a la primera. Inclusive,
respecto a la distribución competencial para conocer de los recursos de nulidad
interpuestos contra los actos administrativos dictados por las Inspectorías del Trabajo,
esta Sala, en la sentencia N° 3517/2005, indicó que el conocimiento de tales recursos
“corresponde en primer grado de jurisdicción a los Juzgados Superiores Contencioso
Administrativos Regionales, y en apelación a las Cortes de lo Contencioso
Administrativo, todo ello en pro de los derechos de acceso a la justicia de los
particulares, a la tutela judicial efectiva, a la celeridad procesal y el principio pro
actione, en concatenación con lo previsto en el artículo 257 de la Carta Magna,
relativo al proceso como instrumento fundamental para la realización de la justicia…”
(resaltado del texto citado), extracto que resume la clara intención del Máximo
Tribunal de darle mayor amplitud al derecho al acceso a la justicia que estatuye el
artículo 26 de la Constitución. Por ende, esta Sala determina que el criterio residual no
regirá en materia de amparo, por lo que en aquellos supuestos donde el contencioso
administrativo general le asigne la competencia a las Cortes para el control de los
actos, ese criterio no será aplicable para las acciones de amparo autónomo,
aplicándose, en razón del acceso a la justicia, la competencia de los Juzgados
Superiores en lo Civil y Contencioso Administrativo con competencia territorial donde
se ubique el ente descentralizado funcionalmente ([Link]. Universidades Nacionales) o se
encuentre la dependencia desconcentrada de la Administración Central, que, por su
jerarquía, no conozca esta Sala Constitucional. En igual sentido, y para armonizar
criterio, lo mismo ocurrirá si el amparo autónomo se interpone contra un ente u órgano
de estas características que, con su actividad o inactividad, haya generado una lesión
que haya acontecido en la ciudad de Caracas: en este caso la competencia recaerá en
los Juzgados Superiores en lo Civil y Contencioso Administrativo de la Región Capital.
Por último, en caso de apelación, la competencia en este supuesto sí corresponderá a
las Cortes, quienes decidirán en segunda y última instancia en materia de amparo.
Establecido el anterior criterio de manera vinculante, esta Sala Constitucional ordena
la publicación en Gaceta Oficial del presente fallo, y hacer mención del mismo en el
portal de la Página Web de este Supremo Tribunal. Asimismo, se ordena remitir copia
certificada de la presente decisión a las Cortes de lo Contencioso Administrativo y a los
Juzgados Superiores en lo Civil y Contencioso Administrativo de las distintas regiones.
Así se decide…”.
De esta manera vemos como las disposiciones antes referidas de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales junto a los criterios parcialmente
transcritos, son los que deben considerarse para determinar el órgano jurisdiccional
competente para conocer del amparo constitucional, y ello, por cuanto como lo ha
establecido la Sala Constitucional “no puede atenderse simplemente a la competencia
específica que, en las materias propias, tienen los tribunales especiales, ya que ello daría
lugar, por ejemplo, a que tribunales con competencia en menores conozcan por el
simple hecho de que habite un menor en el lugar (casa o apartamento arrendado) sujeto
a desocupación, de un amparo constitucional originado con ocasión a un desalojo
inquilinario, dejando a un lado toda la normativa especial inquilinaria; lo que podría
traer como consecuencia caos y fraudes procesales, como lo sería la utilización de un
menor para trasladar la competencia de un tribunal con competencia contencioso
administrativa a un tribunal de menores (hoy Tribunales de Protección del Niño y del
Adolescente)”.
B.5) Amparo en Segunda Instancia: como ya hemos visto, es el que conoce un
determinado tribunal, por ser alzada del tribunal emisor del fallo objeto del recurso de
apelación, previsto en el artículo 35, que dispone:
“Contra la decisión dictada en primera instancia sobre la solicitud de amparo se oirá
apelación en un solo efecto. Si transcurridos tres (3) días de dictado el fallo, las partes,
el Ministerio Público o los procuradores no interpusieren apelación, el fallo será
consultado con el Tribunal Superior respectivo, al cual se le remitirá inmediatamente
copia certificada de lo conducente. Este Tribunal decidirá dentro de un lapso no mayor
de treinta (30) días”.
Existen muchas sentencias dictadas por la Sala Constitucional, actuando como alzada,
por ejemplo en sentencia N° 3638 del 19 de diciembre de 2003, la Sala Constitucional,
declaró con lugar un recurso de apelación interpuesto contra decisión de la Corte
Primera de lo Contencioso Administrativo, que conociendo en primera instancia, de una
solicitud de amparo constitucional, la declaró con lugar, cuando era evidente su
inadmisibilidad, con fundamento en el artículo 6.5 de la Ley que rige la materia,
fundamentándose la Sala en que:
“…el amparo no es el único instrumento previsto en el ordenamiento jurídico destinado
a tutelar los derechos y garantías constitucionales de los administrados frente a las
actuaciones de la Administración, ya que, los recursos contencioso administrativos
resultan también medios idóneos para resguardar los derechos constitucionales, al
igual que los recursos que se ejercen en sede administrativa, debido a que éstos están
concebidos como medios garantizadores de la esfera jurídica de los particulares, entre
ellos, de sus derechos y garantías constitucionales, y no sólo como una carga del
administrado para acceder a la vía jurisdiccional.”
C) Interposición de la Acción de Amparo: Tal y como lo dispone el artículo 16 de la
Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, la acción de
amparo es gratuita por excelencia, y para su tramitación no se empleará papel sellado ni
estampillas, siendo que en caso de urgencia podrá interponerse por vía telegráfica,
debiendo ser ratificada personalmente o mediante apoderado dentro de los tres (3) días
siguientes. También procede su ejercicio en forma verbal y, en tal caso, el Juez deberá
recogerla en un acta.
La solicitud de amparo debe reunir unos requisitos que están expresamente indicados en
el artículo 18 de dicha Ley, que son los siguientes:
1) Los datos concernientes a la identificación de la persona agraviada y de la persona
que actúe en su nombre, y en este caso con la suficiente identificación del poder
conferido;
2) Residencia, lugar y domicilio, tanto del agraviado como del agraviante;
3) Suficiente señalamiento e identificación del agraviante, si fuere posible, e indicación
de la circunstancia de localización;
4) Señalamiento del derecho o de la garantía constitucionales violados o amenazados de
violación;
5) Descripción narrativa del hecho, acto, omisión y demás circunstancias que motiven la
solicitud de amparo;
6) Y, cualquiera explicación complementaria relacionada con la situación jurídica
infringida, a fin de ilustrar el criterio jurisdiccional.
En caso de instancia verbal, se exigirán, en lo posible, los mismos requisitos.
Ahora bien, si la solicitud fue formulada en forma oscura o no llena los requisitos antes
especificados, el Juez debe dictar una decisión motivada (v. sentencia N° 267 del 2 de
marzo de 2005), conforme lo dispone el artículo 19 de la misma Ley, en la cual le
indique al actor las partes de su solicitud que fueren oscuras o cuales requisitos no han
sido satisfechos. Esta decisión se notifica al actor para que, según la norma “…corrija el
defecto u omisión dentro del lapso de cuarenta y ocho horas siguientes a la
correspondiente notificación. Si no lo hiciere, la acción de amparo será declarada
inadmisible”.
Este lapso dispuesto por el artículo 19 de la Ley que rige al amparo fue objeto de
análisis por parte de la Sala Constitucional, que a favor del justiciable sostuvo en
reciente sentencia N° 930 del 18 de mayo de 2007, lo siguiente:
“…En este sentido, la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, dotó al procedimiento de amparo de plazos breves que atienden al
principio de celeridad, en atención al carácter urgente que reviste a la acción de
amparo constitucional. Dichos plazos breves fueron concebidos en beneficio del
justiciable, para que obtuviera una pronta respuesta ante la amenaza -o violación- de
los derechos que le otorga el texto constitucional; y no para constituirse como un
obstáculo en la realización de la justicia. Ante esta situación, es necesario mencionar
que los lapsos procesales no pueden ser ni tan extensos que constituyan un retardo en
el proceso, ni tan breves que no permitan al justiciable realizar una correcta defensa de
sus intereses. Así para la determinación de lo que constituye un lapso procesal
razonable hay que observar su compatibilidad con criterios de proporcionalidad,
pertinencia y oportunidad. A la luz de los criterios anteriores, el plazo de cuarenta y
ocho (48) horas otorgado por el artículo 19 de la Ley Orgánica de Amparo sobre
Derechos y Garantías Constitucionales, para que la parte accionante corrija los
defectos de que adolece el escrito de amparo o, como ocurrió en el caso de autos, para
que consigne copia certificada de aquellos documentos que el Tribunal considera
necesarios para pronunciarse sobre la admisión de la acción; resulta excesivamente
corto para tal fin, por lo que no puede interpretarse de modo tan estricto, pues ello
impide al justiciable cumplir con la orden del Tribunal y, en consecuencia, acarrea
una inadmisibilidad injusta de su pretensión. En este sentido, establece la Sala que a
partir de la publicación del presente fallo, el plazo de cuarenta y ocho (48) horas
contemplado en el señalado artículo 19 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos
y Garantías Constitucionales, para subsanar o corregir la acción de amparo
constitucional que incumpla con los requisitos establecidos en el artículo 18 eiusdem,
deberá interpretarse en beneficio del justiciable como de dos (2) días. Es decir, que el
plazo para corregir, no vencerá a las cuarenta y ocho (48) horas exactas contadas
desde la hora en que la parte actora fue notificada de la decisión que ordena la
corrección, sino que vencerá al finalizar el segundo día siguiente a la fecha de dicha
notificación. Así se declara…”.
D) Causales de Inadmisibilidad: Son las previstas en el artículo 6 de la Ley Orgánica
de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, y que a continuación veremos:
D.1) Cuando hayan cesado la violación o amenaza de algún derecho o garantía
constitucionales, que hubiesen podido causarla; ejemplo de ello, es el caso de alguien
que ha solicitado amparo contra la omisión de un juzgado en decidir en el tiempo
legalmente establecido, y en el transcurso del procedimiento el juez decide la causa que
dio origen al amparo solicitado (v. sentencia N° 3020 del 2 de diciembre de 2002).
D.2) Cuando la amenaza contra el derecho o la garantía constitucionales, no sea
inmediata, posible y realizable por el imputado; este es el supuesto, en el cual el actor le
imputa la lesión a determinada persona o ente que no tiene posibilidad de efectuar la
actuación que se alegó como violatoria. Así lo ha declarado la Sala Constitucional, entre
otras, en sentencia N° 1511 del 6 de diciembre de 2000, en la que sostuvo:
“Observa la Sala que el artículo 87 de la Constitución consagra el derecho de todo
ciudadano a -en sentido amplio- trabajar, esto es, a desarrollar sus aptitudes útiles o
productivas a cambio de un salario. Por ello, una violación de este derecho se
configura mediante hechos, actos u omisiones que de una manera directa y concluyente
impidan arbitrariamente a los ciudadanos laborar. En tal sentido, mal podría la
impugnada sentencia de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo, la cual
declaró sin lugar la apelación interpuesta contra una sentencia que puso fin a una
querella funcionarial, violentar el derecho aludido. En consecuencia, dado lo dispuesto
en el numeral 2 del artículo 6 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y
Garantías Constitucionales, la presente acción debe ser declarada inadmisible”.
D.3) Cuando la violación del derecho o la garantía constitucionales, constituya una
evidente situación irreparable, no siendo posible el restablecimiento de la situación
jurídica infringida. Se entenderá que son irreparables los actos que, mediante el amparo,
no puedan volver las cosas al estado que tenían antes de la violación; por ejemplo, el
caso decidido en sentencia N° 1443 del 24 de noviembre de 2000, en la cual la Sala
Constitucional sostuvo que en el caso del actor ya existe una sentencia condenatoria
dictada por el tribunal de la causa penal, y la declaratoria con lugar de la presente acción
de amparo, no le concedería nuevamente el beneficio de sometimiento a juicio del que
gozaba, que es lo que el accionante pretende obtener con la interposición del amparo.
D.4) Cuando la acción u omisión, el acto o la resolución que violen el derecho o la
garantía constitucionales hayan sido consentidos expresa o tácitamente, por el
agraviado, a menos que se trate de violaciones que infrinjan el orden público o las
buenas costumbres. Se entenderá que hay consentimiento expreso, cuando hubieren
transcurrido los lapsos de prescripción establecidos en leyes especiales o en su defecto
seis (6) meses después de la violación o la amenaza al derecho protegido. El
consentimiento tácito es aquel que entraña signos inequívocos de aceptación.
Por ejemplo, el caso del accionante que en la propia solicitud expresa que conoció que
la decisión judicial accionada, que denuncia como lesiva, porque decomisó los bienes
que alegó ser de su propiedad y, sin embargo, se mantuvo inactivo por un período de
seis (6) meses desde la fecha en que dicho fallo fue dictado y notificado (v. sentencia N°
711 del 13 de julio de 2000.
D.5) Cuando el agraviado haya optado por recurrir a las vías judiciales ordinarias o
hecho uso de los medios judiciales preexistentes. En tal caso, al alegarse la violación o
amenaza de violación de un derecho o garantía constitucionales, el Juez deberá acogerse
al procedimiento y a los lapsos establecidos en los artículos 23, 24 y 26 de la presente
Ley, a fin de ordenar la suspensión provisional de los efectos del acto cuestionado; este
es el supuesto del que ante hablamos cuando el actor cuenta con medios judiciales
restablecedores que son idóneos, conforme a la pretensión, como es el caso del
contencioso de nulidad cuando el acto impugnado es un acto administrativo, o la
reclamación contra las vías de hecho cuando el hecho denunciado como lesivo es una
actuación material (v. sentencia N° 925 del 5 de mayo de 2006).
D.6) Cuando se trate de decisiones emanadas de la Corte Suprema de Justicia; este es el
caso de amparos ejercidos contra sentencias dictadas por las distintas Salas del tribunal
Supremo de Justicia. A título ilustrativo, ver sentencia N° 3204 del 15 de diciembre de
2004.
D.7) En caso de suspensión de derechos y garantías constitucionales conforme al
artículo 241 de la Constitución, salvo que el acto que se impugne no tenga relación con
la especificación del decreto de suspensión de los mismos;
D.8) Cuando esté pendiente de decisión una acción de amparo ejercida ante un Tribunal
en relación con los mismos hechos en que se hubiese fundamentado la acción propuesta.
Es el caso de en que el accionante pretende obtener de la Sala una revisión anticipada de
la sentencia, antes de que haya llegado en apelación.
De conformidad con el artículo 48 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y
Garantías Constitucionales, serán supletorias las normas procesales en vigor, por lo que
se aplican las causales de inadmisibilidad previstas en el artículo 19 de la Ley Orgánica
del Tribunal Supremo de Justicia, como por ejemplo la inepta acumulación cuando se
ejerce un amparo con revisión constitucional, o bien cuando se interpone la acción por
el particular agraviado sin abogado, pero en audiencia no viene representado ni asistido
por profesional del Derecho, por falta de legitimación, toda vez que en principio, es
“toda persona” de acuerdo al artículo 27 de la Constitución, pero la Ley que rige la
materia, señala al solicitante del amparo, como a la persona natural que habita en la
República, así como a la persona jurídica domiciliada en ésta, que hubiese sido
lesionada o amenazada de lesión, la cual para actuar en juicio requiere estar asistido o
representado de abogado, mas no para incoar la acción.
E) Lapso para su ejercicio. Es de seis meses contados a partir del hecho o acto que se
considera perturbador, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 4, salvo los casos en que
se considere involucrado el orden público o las buenas costumbres. Hay que tener
presente que el amparo se incoa porque la violación o amenaza debe ser inminente, de
allí que el Texto Fundamental disponga que “(t)odo tiempo será hábil y el tribunal lo
tramitará con preferencia a cualquier otro asunto”. De esta manera, si el afectado deja
pasar el lapso establecido para su ejercicio, se considera que ha consentido en el hecho o
acto denunciado como lesivo a sus derechos constitucionales, y en el caso de interponer
la acción de manera oportuna, pero una vez ejercida deja transcurrir los seis meses antes
señalados sin instar al órgano judicial para que tramite y decida la acción, se declara el
abandono del trámite por el solicitante del amparo (sentencia de 6-06-01, caso: José
Vicente Arenas), el cual tiene por excepción que una de las partes haya actuado (como
se sostuvo en la sentencia N° 1489 del 31 de julio de 2006, caso: ANTONIO JOSÉ
BRICEÑO SÁNCHEZ). Igualmente, para el caso de que admitida la acción de amparo,
el accionante no se presente al acto para la celebración de la audiencia constitucional, se
entiende -igualmente- que abandonó el trámite y por ende no hay un pronunciamiento
del órgano judicial sobre el restablecimiento de la situación jurídica que le haya sido
solicitada.
F) Procedimiento de la Acción de Amparo Constitucional: En sentencia N° 7 del 1
de febrero de 2000, emanada de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de
Justicia, bajo la ponencia del Magistrado Dr. Jesús E. Cabrera Romero, Caso José
Amado Mejía Betancourt y otros contra "los actos lesivos contenidos en: Primero: El
acto dictado por el Fiscal Trigésimo Séptimo del 3/12/99. Segundo: el acto dictado por
el titular del Juzgado de Control Vigésimo Sexto de Primera Instancia del Circuito
Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas el 12/01/00, adaptó el procedimiento
establecido en la Ley de Amparo al postulado constitucional contenido en el artículo 27
de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que dispone que dicho
procedimiento será oral, público, breve, gratuito y no sujeto a formalidades.
De esta manera, en dicho fallo se sostuvo que “…El Juez del amparo por aplicación del
principio iura novit curia puede cambiar la calificación jurídica de los hechos que hizo
el accionante, y restaurar la situación jurídica que se alega fue lesionada partiendo de
premisas jurídicas diferentes a las señaladas en el amparo. Esto significa que ante
peticiones de nulidades, el Juez del amparo, que es un Juez que produce cosas juzgadas
formales, puede acudir a otra figura jurídica para restaurar la situación violada”.
F.1).- Con relación a los amparos que no se interpongan contra sentencias, tal como lo
expresan los artículos 16 y 18 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y
Garantías Constitucionales, el proceso se iniciará por escrito o en forma oral conforme a
lo señalado en dichos artículos; pero el accionante además de los elementos prescritos
en el citado artículo 18 deberá también señalar en su solicitud, oral o escrita, las pruebas
que desea promover, siendo esta una carga cuya omisión produce la preclusión de la
oportunidad, no solo la de la oferta de las pruebas omitidas, sino la de la producción de
todos los instrumentos escritos, audiovisuales o gráficos, con que cuenta para el
momento de incoar la acción y que no promoviere y presentare con su escrito o
interposición oral; prefiriéndose entre los instrumentos a producir los auténticos.
El principio de libertad de medios regirá estos procedimientos, valorándose las pruebas
por la sana crítica, excepto la prueba instrumental que tendrá los valores establecidos
en los artículos 1359 y1360 del Código Civil para los documentos públicos y en el
artículo 1363 del mismo Código para los documentos privados auténticos y otros que
merezcan autenticidad, entre ellos los documentos públicos administrativos.
Los Tribunales o la Sala Constitucional que conozcan de la solicitud de amparo,
admitirán o no el amparo, ordenarán que se amplíen los hechos y las pruebas, o se
corrijan los defectos u omisiones de la solicitud, para lo cual se señalará un lapso,
también preclusivo. Todo ello conforme a los artículos 17 y 19 de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales.
Admitida la Acción, se ordenará la citación del presunto agraviante y la notificación del
Ministerio Público, para que concurran al tribunal a conocer el día en que se celebrará la
audiencia oral, la cual tendrá lugar, tanto en su fijación como para su práctica, dentro de
las noventa y seis (96) horas a partir de la última notificación efectuada. La notificación
podrá ser practicada mediante boleta, o comunicación telefónica, fax, telegrama, correo
electrónico, o cualquier medio de comunicación interpersonal, bien por el órgano
jurisdiccional o bien por el Alguacil del mismo, indicándose en la notificación la fecha
de comparecencia del presunto agraviante y dejando el Secretario del órgano
jurisdiccional, en autos, constancia detallada de haberse efectuado la citación o
notificación y de sus consecuencias.
En la fecha de la comparecencia que constituirá una audiencia oral y pública, las partes,
oralmente, propondrán sus alegatos y defensas ante la Sala Constitucional o el tribunal
que conozca de la causa en primera instancia, y esta o este decidirá si hay lugar a
pruebas, caso en que el presunto agraviante podrá ofrecer las que considere legales y
pertinentes. Los hechos esenciales para la defensa del agraviante, así como los medios
ofrecidos por él se recogerán en un acta, al igual que las circunstancias del proceso.
La falta de comparecencia del presunto agraviante a la audiencia oral aquí señalada
producirá los efectos previstos en el artículo 23 de la Ley Orgánica de Amparo Sobre
Derechos y Garantías Constitucionales (aceptación de los hechos).
La falta de comparencia del presunto agraviado dará por terminado el procedimiento, a
menos que el Tribunal considere que los hechos alegados afectan el orden público, caso
en que podrá inquirir sobre los hechos alegados, en un lapso breve, ya que conforme al
principio general contenido en el artículo 11 del Código de Procedimiento Civil y el
artículo 14 de la Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, en materia de orden público el juez podrá tomar de oficio las
providencias que creyere necesarias.
En caso de litis consorcios necesarios activos o pasivos, cualquiera de los litis consortes
que concurran a los actos, representará al consorcio.
El órgano jurisdiccional, en la misma audiencia, decretará cuáles son las pruebas
admisibles y necesarias, y ordenará, de ser admisibles, también en la misma audiencia,
su evacuación, que se realizará en ese mismo día, con inmediación del órgano en
cumplimiento del requisito de la oralidad o podrá diferir para el día inmediato posterior
la evacuación de las pruebas.
Debido al mandato constitucional de que el procedimiento de amparo no estará sujeto a
formalidades, los trámites como se desarrollarán las audiencias y la evacuación de las
pruebas, si fueran necesarias, las dictará en las audiencias el tribunal que conozca del
amparo, siempre manteniendo la igualdad entre las partes y el derecho de defensa.
Todas las actuaciones serán públicas, a menos que por protección a derechos civiles de
rango constitucional, como el comprendido en el artículo 60 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, se decida que los actos orales sean a puerta
cerrada, pero siempre con inmediación del tribunal.
Una vez concluido el debate oral o las pruebas, el juez o el Tribunal en el mismo día
estudiará individualmente el expediente o deliberará (en los caso de los Tribunales
colegiados) y podrá:
a) decidir inmediatamente; en cuyo caso expondrá de forma oral los términos del
dispositivo del fallo; el cual deberá ser publicado íntegramente dentro de los cinco (5)
días siguientes a la audiencia en la cual se dictó la decisión correspondiente. El fallo lo
comunicará el juez o el presidente del Tribunal colegiado, pero la sentencia escrita la
redactará el ponente o quien el Presidente del Tribunal Colegiado decida.
El dispositivo del fallo surtirá los efectos previstos en el artículo 29 de la Ley Orgánica
de Amparo Sobre Derechos y Garantías Constitucionales, mientras que la sentencia se
adaptará a lo previsto en el artículo 32 eiusdem.
b) Diferir la audiencia por un lapso que en ningún momento será mayor de cuarenta y
ocho (48) horas, por estimar que es necesaria la presentación o evacuación de alguna
prueba que sea fundamental para decidir el caso, o a petición de alguna de las partes o
del Ministerio Público.
Contra la decisión dictada en primera instancia, podrá apelarse dentro de los tres (3)
días siguientes a la publicación del fallo, la cual se oirá en un sólo efecto a menos que se
trate del fallo dictado en un proceso que, por excepción, tenga una sola instancia. De no
apelarse, pero ser el fallo susceptible de consulta, deberá seguirse el procedimiento
seguido en el artículo 35 de la Ley Orgánica de Amparo Sobre Derechos y Garantías
Constitucionales, esto es, que la sentencia será consultada con el Tribunal Superior
respectivo, al cual se le remitirá inmediatamente el expediente, dejando copia de la
decisión para la ejecución inmediata. Este Tribunal decidirá en un lapso no mayor de
treinta (30) días. La falta de decisión equivaldrá a una denegación de justicia, a menos
que por el volumen de consultas a decidir se haga necesario prorrogar las decisiones
conforma al orden de entrada de las consultas al Tribunal de la segunda instancia.
Cuando se trate de causas que cursen ante tribunales cuyas decisiones serán conocidas
por otros jueces o por esta Sala, por la vía de la apelación o consulta, en cuanto a las
pruebas que se evacuen en las audiencias orales, se grabarán o registrarán las
actuaciones, las cuales se verterán en actas que permitan al juez de la Alzada conocer el
devenir probatorio. Además, en la audiencia ante el Tribunal que conozca en primera
instancia en que se evacuen estas pruebas de lo actuado, se levantará un acta que
firmarán los intervinientes. El artículo 189 del Código Procedimiento Civil regirá la
confección de las actas, a menos que las partes soliciten que los soportes de los actas se
envíen al Tribunal Superior.
Los Jueces Constitucionales siempre podrán interrogar a las partes y a los
comparecientes.
F.2.- Cuando el amparo sea contra sentencias, se admite si cumple con los requisitos, se
notifica al juez o encargado del Tribunal, así como a las partes en su domicilio procesal,
de la oportunidad en que habrá de realizarse la audiencia oral, en la que ellos
manifestarán sus razones y argumentos respecto a la acción.
Los amparos contra sentencias se intentarán con copia certificada del fallo objeto de la
acción, a menos que por la urgencia no pueda obtenerse a tiempo la copia certificada,
caso en el cual se admitirán las copias previstas en el artículo 429 del Código
Procedimiento Civil, no obstante en la audiencia oral deberá presentarse copia auténtica
de la sentencia.
Las partes del juicio donde se dictó el fallo impugnado podrán hacerse partes, en el
proceso de amparo, antes y aún dentro de la audiencia pública, mas no después, sin
necesidad de probar su interés. Los terceros coadyuvantes deberán demostrar su interés
legítimo y directo para intervenir en los procesos de amparo de cualquier clase antes de
la audiencia pública.
La falta de comparecencia del Juez que dicte el fallo impugnado o de quien esté a cargo
del Tribunal, no significará aceptación de los hechos, y el órgano que conoce del
amparo, examinará la decisión impugnada.
G) Lapso para su decisión. La Acción de Amparo Constitucional debe ser decidida,
una vez finalizada la audiencia constitucional, en los casos de primera instancia,
decisión que se recogerá en el acta que se levante al efecto; sin embargo, el fallo por
escrito deberá extenderse a los cinco días de despacho siguientes a dicho acto. Y en los
casos de apelación será de treinta (30) días conforme al artículo 35 de la Ley de Amparo
sobre Derechos y Garantías Constitucionales, tomando en cuenta que a raíz de la
sentencia del 22 de junio de 2005, caso: Ana Mercedes Bermúdez, la consulta
obligatoria que preveía dicho artículo quedó eliminada.
H) Idoneidad de la Acción. Si lo que se pretende es enervar una lesión que proviene de
violaciones a derechos y garantías constitucionales, la vía procedente es la acción de
amparo para restablecer una situación jurídica ante esas infracciones. Teniendo el
amparo un carácter restitutorio y no constitutivo ni indemnizatorio, mal podría
pretenderse la cancelación de una suma de dinero a través de una vía prevista para la
sola protección de los derechos y garantías constitucionales.
I) Medida Cautelar. La Sala Constitucional en sentencia dictada el 24 de marzo de
2000 (caso: Corporación L' Hotels C.A.) estableció -en atención a la vigente
Constitución- la posibilidad de solicitar medida cautelar durante el proceso de amparo,
sosteniendo -entre otras cosas- respecto de las exigencias para su adopción, lo siguiente:
“...De allí, que el juez del amparo, para decretar una medida preventiva, no necesita
que el peticionante de la misma le pruebe los dos extremos señalados con antelación en
este fallo, ni el temor fundado de que una de las partes pueda causar a la otra lesiones
graves o de difícil reparación al derecho de la otra, ya que ese temor o el daño ya
causado a la situación jurídica del accionante es la causa del amparo, por lo que el
requisito concurrente que pide el artículo 588 del Código de Procedimiento Civil, para
que procedan las medidas innominadas, tampoco es necesario que se justifique;
quedando a criterio del juez del amparo, utilizando para ello las reglas de lógica y las
máximas de experiencia, si la medida solicitada es o no procedente.
Viene a ser la posible tardanza de la resolución del proceso de amparo, así él sea
breve, el elemento principal a tomar en cuenta por el juez que ha admitido el amparo, a
los fines del decreto de medidas preventivas, y ello queda a su total criterio. El juez que
admite un amparo, no lo hace con el mismo criterio que el juez civil que admite la
demanda a ventilarse por el juicio ordinario, ya que lo que se pondera en este proceso
es distinto. En el amparo lo que analiza el juez es la posibilidad de que se esté
lesionando al accionante en un derecho constitucional, motivo por el cual la sentencia
de amparo no es ni de condena, ni mero declarativa, ni constitutiva; y si por la
verosímil lesión se da curso al amparo se está aceptando la posibilidad de un buen
derecho por parte del accionante, que no necesita prueba específica, bastándose el fallo
impugnado para crear la verosimilitud, lo que motiva la admisión de la acción y la
apertura del juicio de amparo.
...omissis...
Lo importante de la medida que se solicita con el amparo, es la protección
constitucional que se pretenda y, al igual que en los artículos 3 y 5 de la Ley Orgánica
de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, la protección constitucional
se concreta suspendiendo efectos lesivos o amenazantes, y es éste el tipo básico de
medidas que puede pedir el accionante, y cuyo decreto queda a criterio del juez de
amparo si lo estima o considera procedente para la protección constitucional sobre la
cual gravita la inmediatez del daño. Es más, no permitiendo la estructura del proceso
de amparo una específica oposición a la medida que se pide con la solicitud de amparo,
el juez debe analizar muy bien los efectos que puede causar la medida que decrete,
teniendo en cuenta la actuación de los afectados y el carácter reversible de lo que
decrete, en el sentido de que si el accionante no tuviese razón, la medida no perjudica
al accionado. Esto sin perjuicio de la responsabilidad proveniente del error judicial”.
En aplicación a este criterio, la Sala Constitucional ha acordado -en su mayoría-
medidas cautelares conservativas, esto es, de efectos negativos pues con ellas impide
que -mientras se tramita y decide el amparo- se modifique la situación existente (como,
la suspensión de la ejecución del fallo o bien del acto accionado, o bien la orden que
dicta al ente accionado para que se abstenga de realizar una determinada actuación).
En materia de servicios públicos, se ha sostenido que para declarar procedente una
medida cautelar de reinstalación, por ejemplo, del servicio de luz eléctrica el solicitante
debe demostrar estar solvente en el pago del servicio.
Al respecto, la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo ha considerado que es
un hecho notorio que la falta de pago oportuno ocasiona la suspensión del servicio de
luz eléctrica y que no puede verificarse el requisito de fumus boni iuris si el solicitante
no cumple con su carga de demostrar que el motivo del corte del servicio corresponde a
uno distinto que el de su insolvencia.
J) Efectos de la sentencia. De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 32 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, la sentencia en la
cual se acuerde el amparo solicitado debe cumplir las siguientes exigencias:
- Mención concreta de la autoridad, del ente privado o de la persona contra cuya
resolución o acto u omisión se conceda el amparo.
- Determinación precisa de la orden a cumplirse, con las especificaciones necesarias
para su ejecución, así si “la acción de amparo se ejerciere con fundamento en violación
de un derecho constitucional, por acto o conducta omisiva, o por falta de cumplimiento
de la autoridad respectiva, la sentencia ordenará la ejecución inmediata e incondicional
del acto impugnado”.
-Plazo para cumplir lo resuelto, de allí que el dispositivo de la sentencia dispondrá “que
el mandamiento sea acatado por todas las autoridades de la República, so pena de
incurrir en desobediencia a la autoridad”, y se prevea un castigo a quien incumpla con el
mandamiento.
La sentencia surte efectos en el solicitante del amparo; no obstante, en el dispositivo del
fallo se puede extender los efectos del mandamiento a personas distintas al accionante.
En este sentido, la Sala Constitucional, al resolver un amparo relacionado con los
enfermos del VIH/SIDA inscritos en el Instituto Venezolano de los Seguros Sociales,
dispuso que:
“...(Q)ue en los casos en los cuales la acción de amparo es interpuesta con base en un
derecho o interés colectivo o difuso, el mandamiento a acordarse favorecerá bien a un
conjunto de personas claramente identificables como miembros de un sector de la
sociedad, en el primer caso; bien a un grupo relevante de sujetos indeterminados
apriorísticamente, pero perfectamente delimitable con base a la particular situación
jurídica que ostentan y que les ha sido vulnerada de forma específica, en el segundo
supuesto. Así, no resulta cierto que el amparo destinado a proteger tales situaciones
jurídicas de múltiples sujetos, posea efectos erga omnes, tal como lo señalara el a quo,
pues, como se ha visto, sus beneficiarios son susceptibles de una perfecta determinación
y la tutela a ellos brindada es siempre concreta, mas nunca de modo genérico”.
K) Otros aspectos relacionados con la Acción de Amparo Constitucional:
- La posibilidad de desistir de la acción de amparo está prevista en el artículo 25 de la
Ley Orgánica que rige la materia, en los siguientes términos:
“Artículo 25.- Quedan excluidas del procedimiento constitucional del amparo todas las
formas de arreglo entre las partes, sin perjuicio de que el agraviado pueda, en
cualquier estado y grado de la causa, desistir de la acción interpuesta, salvo que se
trate de un derecho de eminente orden público o que pueda afectar las buenas
costumbres. El desistimiento malicioso o el abandono del trámite por el agraviado será
sancionado por el Juez de la causa o por el Superior, según el caso, con multa de Dos
Mil Bolívares (Bs. 2.000,oo) a Cinco Mil Bolívares (Bs. 5.000,oo)”.
- Respecto al ejercicio de una acción temeraria, la Ley dispone en el artículo 28 que el
Tribunal se pronunciará sobre la temeridad y podrá imponer sanción hasta de diez (10)
días de arresto al quejoso cuando aquella fuese manifiesta, y la Sala Constitucional ha
sostenido que calificar a una acción como temeraria o a un determinado desistimiento
como malicioso es una potestad discrecional del juez constitucional, sujeta únicamente a
su sano criterio (v. sentencia N° 831 del 27 de julio de 2000).
- La posibilidad del juez constitucional de dictar autos para mejor proveer en los cuales
solicite alguna prueba, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 17 de la Ley
especial (v. sentencia del 8 de junio de 2000, caso Rafael Marante).
L) DIFERENCIA CON LA ACCIÓN POR INTERESES DIFUSOS Y
COLECTIVOS
En la sentencia del 30 de junio de 2000, recaída en el caso Dilia Parra GUILLÉN, la
Sala dispuso -entre otras cosas- que:
“... (e)l Estado así concebido, tiene que dotar a todos los habitantes de mecanismos de
control para permitir que ellos mismos tutelen la calidad de vida que desean, como
parte de la interacción o desarrollo compartido Estado-Sociedad, por lo que puede
afirmarse que estos derechos de control son derechos cívicos, que son parte de la
realización de una democracia participativa, tal como lo reconoce el Preámbulo de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”.
En dicho fallo se establecieron como caracteres resaltantes de los derechos cívicos, los
siguientes:
a) El hecho de que cualquier miembro de la sociedad, con capacidad para obrar en
juicio, puede -en principio- actuar en protección de los mismos, al precaver dichos
derechos el bien común.
b) Que actúan como elementos de control de la calidad de la vida comunal, por lo que
no pueden confundirse con los derechos subjetivos individuales que buscan la
satisfacción personal, ya que su razón de existencia es el beneficio del común, y lo que
se persigue con ellos es lograr que la calidad de la vida sea óptima. Esto no quiere decir
que en un momento determinado un derecho subjetivo personal no pueda, a su vez,
coincidir con un derecho destinado al beneficio común.
c) El contenido de estos derechos gira alrededor de prestaciones, exigibles bien al
Estado o a los particulares, que deben favorecer a toda la sociedad, sin distingos de
edad, sexo, raza, religión, o discriminación alguna.
Entre estos derechos cívicos, ha apuntado la Sala Constitucional se encuentran los
derechos e intereses difusos o colectivos a que se refiere el artículo 26 de la vigente
Constitución, y respecto a los cuales en distintas oportunidades (ver, entre otras,
sentencias Nros. 483 del 29 de mayo de 2000, caso: Cofavic y Queremos Elegir, 656 del
30 de junio de 2000, caso: Dilia Parra, 770 del 17 de mayo de 2001, caso: Defensoría
del Pueblo, 1321 del 19 de junio de 2002, caso: Máximo Fébres y Nelson Chitty La
Roche, 1594 del 9 de julio de 2002, caso: Alfredo García Deffendini y otros, 1595 del 9
de julio de 2002, caso: Colegio de Médicos del Distrito Metropolitano de Caracas, 1571
del 22 de agosto de 2001, caso: Deudores Hipotecarios, del 3 de octubre de 2002, caso:
Carlos Humberto Tablante Hidalgo, 2347 del octubre de 2002, caso: Henrique Capriles
Radonski, 2634 del 23 de octubre de 2002, caso: Defensoría del Pueblo, y 3342 del 19
de diciembre de 2002 caso: Felíx Rodríguez), se ha pronunciado sobre distintos
aspectos de los mismos, entre otros, su conceptualización, legitimación para incoar las
acciones en su protección, efectos del fallo que se dicta respecto a los mismos; que
pueden resumirse de la siguiente manera:
- DERECHOS O INTERESES DIFUSOS: se refieren a un bien que atañe a todo el
mundo (pluralidad de sujetos), esto es, a personas que -en principio- no conforman un
sector poblacional identificable e individualizado, y que sin vínculo jurídico entre ellos,
se ven lesionados o amenazados de lesión.
Los derechos o intereses difusos se fundan en hechos genéricos, contingentes,
accidentales o mutantes que afectan a un número indeterminado de personas y que
emanan de sujetos que deben una prestación genérica o indeterminada, en cuanto a los
posibles beneficiarios de la actividad de la cual deriva tal asistencia, como ocurre en el
caso de los derechos positivos como el derecho a la salud, a la educación o a la
obtención de una vivienda digna, protegidos por la Constitución y por el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
- DERECHOS O INTERESES COLECTIVOS: están referidos a un sector poblacional
determinado (aunque no cuantificado) e identificable, aunque individualmente, de modo
que dentro del conjunto de personas existe o puede existir un vínculo jurídico que los
une entre ellos. Su lesión se localiza concretamente en un grupo, determinable como tal,
como serían a grupos profesionales, a grupos de vecinos, a los gremios, a los habitantes
de un área determinada, etc.
Los derechos colectivos deben distinguirse de los derechos de las personas colectivas,
ya que estos últimos son análogos a los derechos individuales, pues no se refieren a una
agrupación de individuos sino a la persona jurídica o moral a quien se atribuyan los
derechos. Mientras las personas jurídicas actúan por organicidad, las agrupaciones de
individuos que tienen un interés colectivo obran por representación, aun en el caso de
que ésta sea ejercida por un grupo de personas, pues el carácter colectivo de los
derechos cuya tutela se invoca siempre excede al interés de aquél.
L.1) Tipo de Acción. Las acciones provenientes de derechos e intereses difusos y
colectivos, son siempre acciones de condena, o restablecedoras de situaciones, y nunca
mero declarativas o constitutivas. La posibilidad de una indemnización a favor de las
víctimas (en principio no individualizadas) como parte de la pretensión fundada en estos
derechos e intereses, la contempla el numeral 2 del artículo 281 de la vigente
Constitución; pero ello no excluye que puedan existir demandas que no pretendan
indemnización alguna, sino el cese de una actividad, la supresión de un producto o de
una publicidad, la demolición de una construcción, etc.
L.2) Competencia. De las acciones que se ejerzan con ocasión de los derechos e
intereses difusos o colectivos, será competente la Sala Constitucional para conocer de
ellas hasta tanto no se haya dictado una ley procesal especial que regule estas acciones,
o exista un señalamiento concreto en la ley sobre cual es el Tribunal competente. Así, lo
dispuso dicha Sala en la sentencia del 30 de junio de 2000 (caso: Defensoría del Pueblo
vs. Comisión Legislativa Nacional), al sostener que la:
“[...] declaración [de los derechos e intereses colectivos y difusos] por los órganos
jurisdiccionales es una forma inmediata y directa de aplicación de la Constitución y del
derecho positivo, y siendo la interpretación del contenido y alcance de estos principios
rectores de la Constitución, la base de la expansión de estos derechos cívicos, que
permiten el desarrollo directo de los derechos establecidos en la carta fundamental
(derechos fundamentales), debe corresponder a la Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia, el conocimiento de las acciones que ventilen esos derechos,
mientras la ley no lo atribuya a otro tribunal [...] debido a que a ella corresponde con
carácter vinculante la interpretación de la Constitución (artículo 335 eiusdem), y por
tratarse del logro inmediato de los fines constitucionales, a la que por esa naturaleza le
compete conocer de las acciones para la declaración de esos derechos cívicos emanados
inmediatamente de la Carta Fundamental [...]” (corchetes de la Sala) .
Esta competencia ha sido determinada por la Sala Constitucional, en ejercicio de la
llamada jurisdicción normativa (v. Sentencia del 22 de agosto de 2001, caso:
Asodeviprilara), fundada en los artículos 259 y 335 constitucionales, para que los
principios, derechos, garantías y deberes constitucionales tengan aplicación inmediata,
estableciendo interpretaciones vinculantes (implantado a procesos ya existentes como el
de amparo, los requisitos de oralidad, gratuidad, celeridad, ausencia de dilaciones
indebidas y formalismos inútiles no esenciales, que informan a nivel constitucional la
administración de justicia) para llenar los vacíos provenientes de la falta de desarrollo
legislativo de las normas constitucionales, o de la existencia de una situación de
desarrollo atrofiado de las mismas, producto de la ley.
L.3) Lapso para su ejercicio. Los derechos e intereses colectivos y difusos, son de
eminente orden público, por ello a las acciones incoadas para su protección no les es
aplicable el lapso de caducidad prevenido para el amparo, razón por la cual no corre el
transcurso de seis meses desde que surge la violación a la calidad de vida; y de
invocarse, tampoco es aplicable el criterio de que la inactividad procesal del actor por
seis meses, conllevará la declaratoria de abandono del trámite, como en materia de
amparo constitucional lo ha declarado la Sala Constitucional, a partir de la sentencia
dictada el 6 de junio de 2001 (caso: José Vicente Arenas Cáceres) y publicada en la
Gaceta Oficial Nº 37.252 del 2 de agosto de 2001, salvo lo concerniente a la perención
prevista en el Código de Procedimiento Civil.
L.4) Lapso para su decisión. Por ser una acción cuyo trámite está revestido de
inmediación, principio éste desarrollado brillantemente por el Magistrado Jesús Eduardo
Cabrera , la Sala Constitucional ha sostenido (v. entre otras, las sentencias del 22 de
agosto de 2001 y 3 de octubre de 2002, casos: Asodeviprilara y Carlos Tablante
Hidalgo, respectivamente) que al admitir una acción de esta naturaleza y una vez que se
haya emplazado a la parte accionada, a partir de la contestación, el tribunal aplicará para
la sustanciación de la causa, lo dispuesto en los artículos del 868 al 877 del Código de
Procedimiento Civil.
L.5) Legitimación para incoar una acción por intereses difusos. No se requiere que
se tenga un vínculo establecido previamente con el ofensor, pero sí que se actúe como
miembro de la sociedad, o de sus categorías generales (consumidores, usuarios, etc.) y
que invoque su derecho o interés compartido con la ciudadanía, porque participa con
ella de la situación fáctica lesionada por el incumplimiento o desmejora de los Derechos
Fundamentales que atañen a todos, y que genera un derecho subjetivo comunal, que a
pesar de ser indivisible, es accionable por cualquiera que se encuentre dentro de la
situación infringida. La acción (sea de amparo o específica) para la protección de estos
intereses la tiene tanto la Defensoría del Pueblo (siendo este organismo el que podría
solicitar una indemnización de ser procedente) dentro de sus atribuciones, como toda
persona domiciliada en el país, salvo las excepciones legales.
L.6) Legitimación para incoar una acción por intereses y derechos colectivos.
Quien incoa la demanda con base a derechos o intereses colectivos, debe hacerlo en su
condición de miembro o vinculado al grupo o sector lesionado, y que por ello sufre la
lesión conjuntamente con los demás, por lo que por esta vía asume un interés que le es
propio y le da derecho de reclamar el cese de la lesión para sí y para los demás, con
quienes comparte el derecho o el interés. La acción en protección de los intereses
colectivos, además de la Defensoría del Pueblo, la tiene cualquier miembro del grupo o
sector que se identifique como componente de esa colectividad específica y actúa en
defensa del colectivo, de manera que los derechos colectivos implican, obviamente, la
existencia de sujetos colectivos, como las naciones, los pueblos, las sociedades
anónimas, los partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones, los gremios, pero
también minorías étnicas, religiosas o de género que, pese a tener una específica
estructura organizacional, social o cultural, pueden no ser personas jurídicas o morales
en el sentido reconocido por el derecho positivo, e inclusive simples individuos
organizados en procura de preservar el bien común de quienes se encuentran en idéntica
situación derivado del disfrute de tales derechos colectivos.
Ahora bien, en materia de indemnizaciones por intereses colectivos, ellas sólo pueden
ser pedidas por las personas jurídicas para sus miembros constituidos conforme a
derecho, y los particulares para ellos mismos, al patentizar su derecho subjetivo, sin que
otras personas puedan beneficiarse de ellas; pero en lo referente a la condena sin
indemnización, al restablecimiento de una situación común lesionada, los otros
miembros del colectivo pueden aprovecharse de lo judicialmente declarado, si así lo
manifestaren.
En ambos casos (derechos o intereses difusos y derechos o intereses colectivos) el
número de personas reclamantes no es importante, sino la existencia del derecho o
interés invocado.
En este mismo orden de ideas, la Sala Constitucional en sentencia del 31 de agosto de
2000 (Caso: William Ojeda Orozco), resumió los requisitos para accionar en protección
a los derechos e intereses difusos y colectivos, de la siguiente manera:
“Para hacer valer derechos e intereses difusos y colectivos, es necesario que se
conjuguen varios factores:
1. Que el que acciona lo haga en base no sólo a su derecho o interés individual, sino en
función del derecho o interés común o de incidencia colectiva.
2. Que la razón de la demanda (o del amparo interpuesto) sea la lesión general a la
calidad de vida de todos los habitantes del país o de sectores de él, ya que la situación
jurídica de todos los componentes de la sociedad o de sus grupos o sectores, ha quedado
lesionada al desmejorarse su calidad de vida.
3. Que los bienes lesionados no sean susceptibles de apropiación exclusiva por un sujeto
(como lo sería el accionante).
4. Que se trate de un derecho o interés indivisible que comprenda a toda la población
del país o a un sector o grupo de ella.
5. Que exista un vínculo, así no sea jurídico, entre quien demanda en interés general de
la sociedad o de un sector de ella (interés social común), nacido del daño o peligro en
que se encuentra la colectividad (como tal). Daño o amenaza que conoce el Juez por
máximas de experiencia, así como su posibilidad de acaecimiento.
6. Que exista una necesidad de satisfacer intereses sociales o colectivos, antepuestos a
los individuales.
7. Que el obligado, deba una prestación indeterminada, cuya exigencia es general”.
Respecto a la legitimación que tiene una autoridad pública para incoar un acción en
resguardo de intereses difusos, la Sala Constitucional en sentencia dictada el 9 de
febrero de 2001 (caso: Enrique Mendoza D'Ascoli), lo siguiente:
“...considerando que la ley no ha atribuido a los Estados como entes político-
territoriales la facultad de intentar acciones en protección de los derechos e
intereses colectivos y difusos de las comunidades locales, debe esta desestimar la
legitimidad del accionante para interponer -en su condición de Gobernador del
Estado Miranda la presente acción de amparo constitucional. Así se declara. No
obstante lo anterior, debe analizarse la legitimidad del accionante como ciudadano
habitante del Estado Miranda, y a tal efecto se observa que el artículo 26 de la
Constitución vigente consagra el derecho a la tutela judicial efectiva, conforme al cual
toda persona tiene la facultad de acudir ante el órgano jurisdiccional competente para
hacer valer sus derechos e intereses -incluso los colectivos y difusos- frente a
intromisiones lesivas, generadas por la conducta positiva o negativa de un determinado
agente de cualquier entidad. Por su parte, los artículos 102 y 103 de la Carta Magna,
definen a la educación como un derecho humano y un deber fundamental (de promoción
y protección), caracterizado por los principios de calidad, permanencia y no-
discriminación; así como un servicio público indeclinable que goza del máximo interés
de Estado (y sus instituciones). Asimismo, la norma constitucional comentada obliga a
las familias y a la sociedad en general, a promover el proceso de educación ciudadana.
En este orden de ideas, el artículo 3 eiusdem señala que la educación y el trabajo son los
procesos fundamentales para la materialización de los fines esenciales del Estado, como
son la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio
democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa, la promoción
de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los
principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en la Constitución. Aunado a
ello, el artículo 132 constitucional estatuye el deber fundamental de toda persona de
proteger y promover los derechos humanos como fundamento de la convivencia
democrática y la paz social, y debe colegirse que las acciones en protección de los
derechos e intereses colectivos y difusos, constituyen mecanismos de preservación de la
calidad de vida de las comunidades o de amplios sectores de ella que se puedan ver
afectados por una determinada actuación u omisión, más aun en el presente caso en el
que han sido denunciadas infracciones al derecho fundamental a la educación. En estos
términos, visto que el ordenamiento constitucional vigente otorga estricto carácter
de orden público a la educación como derecho fundamental, como mecanismo para
la satisfacción de los fines esenciales del Estado y como servicio público; y
considerando que el accionante -como ciudadano habitante del Estado Miranda-
pertenece a la comunidad presuntamente lesionada por la acción sindical de la cual
versan estos autos, y que pudiera generar repercusiones negativas en la calidad de
vida de todos sus habitantes, pero particularmente de aquellos que cursen estudios
ante planteles educativos adscritos a la Gobernación del mencionado Estado,
sumados al paro laboral convocado por los ut supra señalados sindicatos;
considera esta Sala que el accionante -como ciudadano habitante del Estado
Miranda posee un interés difuso en que se restablezca la situación que denuncia
como infringida; en virtud de lo cual, reafirmando el contenido del fallo parcialmente
transcrito, y en reconocimiento del derecho a la tutela judicial efectiva del actor, esta
Sala considera suficiente la legitimidad del actor para incoar la presente acción. Así se
declara” (resaltado de este trabajo).
L.7) Idoneidad de la Acción. Si lo que se pretende es exigir resarcimientos a los
lesionados, solicitar el cumplimiento de obligaciones, prohibir una actividad o un
proceder específico del demandado, o la destrucción o limitación de bienes nocivos,
restableciendo una situación que se había convertido en dañina para la calidad común de
vida o que sea amenazante para esa misma calidad de vida, lo procedente es incoar una
acción de protección de derechos cívicos (colectivos o bien sea difusos), que como
expusimos anteriormente será conocida por la Sala Constitucional (por una
determinación de la competencia provisional), ya que las indemnizaciones que pueden
ordenarse en el fallo que se dicte con ocasión a esta acción, así como la condena al
demandado a realizar determinadas obligaciones de hacer o no hacer, y hasta
indemnizar a la colectividad, o a grupos dentro de ella, compete a los órganos de la
jurisdicción contencioso-administrativa, por disposición expresa del artículo 259
constitucional.
La acción en protección de los intereses y derechos colectivos o difusos no puede ser
utilizada para la reafirmación de atribuciones y obligaciones que el Texto Fundamental
en forma clara, expresa y precisa ha dispuesto -entre otros- a los funcionarios públicos.
L.8) Efectos de la sentencia. Produce efectos erga omnes, ya que beneficia o perjudica
a la colectividad en general o a sectores de ella, y produce cosa juzgada al respecto.
Dado a que lo que está en juego es la calidad de la vida, si los hechos que originaron las
causas ya sentenciadas se modifican o sufren cambios, a pesar de que la demanda
hubiere sido declarada sin lugar, si nuevos hechos demuestran que existe la amenaza o
la lesión, una nueva acción podrá ser incoada, ya que no existe identidad de causas.
Viceversa si estas modificaciones o cambios sobrevenidos favorecen al condenado, él
podrá acudir ante la administración, en base a nuevas condiciones en que funda su
petición.
M) Diferencias del Amparo Constitucional con el Amparo Tributario
El amparo tributario no tiene que ver con el amparo constitucional, pero pudiera llegar a
generar confusión, como la que llevo a la Sala Constitucional a resolver sus diferencias
como acciones con fines diferentes, en la sentencia dictada el 30 de junio de 2000, en el
caso: José Rafael Belisario.
El texto de dicha sentencia deja claramente definidas las características de una y otra
acción, de modo que nos limitaremos a reproducir a continuación, parte de su contenido,
el que consideramos ilustrativo, a los fines de hacer la distinción que dichas acciones
merecen.
Así, señaló la Sala Constitucional, lo siguiente:
Vistos los textos normativos que consagran el amparo tributario y el amparo
constitucional, y hechas las anteriores reflexiones, surgen para esta Sala claras
diferencias entre ambas vías judiciales, por lo cual vale destacar las siguientes:
1.- En el amparo tributario, el sujeto activo de acuerdo al artículo 216 del Código
Orgánico Tributario es “...cualquier persona afectada...”, entendiendo que debe estar
afectada por la demora en la resolución de la petición que ha formulado; solicitud que
debe estar circunscrita al vínculo jurídico que la une con la Administración Tributaria
sea éste en calidad de contribuyente, de responsable o de tercero con un interés
legítimo de acreditar una obligación tributaria; y el sujeto pasivo únicamente puede ser
la Administración Tributaria que es la obligada por ley a resolver en el lapso
establecido las peticiones o solicitudes de los contribuyentes o responsables, mientras
que en el amparo constitucional el sujeto activo es según la Constitución vigente “toda
persona” sin ningún tipo de distinción, y como agraviante no sólo puede ser señalada
la Administración Tributaria, sino la Administración Pública en general, tal y como
está previsto en el artículo 2 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y
Garantías Constitucionales.
2.- El amparo tributario se ejerce a través de una demanda en cuyo escrito el
solicitante debe especificar las gestiones realizadas y el perjuicio que ocasiona la
demora, acompañando los escritos por medio de los cuales ha urgido el trámite; por su
parte el amparo constitucional se interpone mediante un escrito o en forma oral,
teniendo la carga el accionante de cumplir con los requisitos que señala el artículo 18
de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales y de
demostrar que su acción no encuadra en ninguna de las circunstancias previstas en el
artículo 6 eiusdem, que pudieran impedir su admisión.
3.- El procedimiento del amparo tributario se circunscribe al requerimiento que hace el
Tribunal a la Administración, en el cual le otorga un término breve y perentorio para
que le informe por escrito sobre la causa de la demora, y vencido el plazo dicta dentro
de los cinco días hábiles la decisión correspondiente, la cual puede ser apelada dentro
de los diez días continuos (artículo 217 del Código Orgánico Tributario). El
procedimiento para tramitar el amparo está regulado en la ley que lo rige; sin
embargo, el mismo ha sido ajustado a los principios de oralidad, publicidad, brevedad,
gratuidad e informalidad que lo inspiran de acuerdo a la vigente Constitución, por esta
Sala Constitucional mediante una interpretación vinculante que se hiciera en la
sentencia de fecha 01-02-2000, recaída en el caso José Amado Mejía. Del texto de la
Ley así como del contenido de dicha sentencia se puede colegir las discrepancias entre
ambos procedimientos, por sólo mencionar una, la verificación de una audiencia oral
como acto de inmediación del proceso de amparo constitucional.
4.- El supuesto de procedencia en el amparo tributario es la constatación de una
demora excesiva de la Administración Tributaria en resolver peticiones de los
interesados, cuando ella cause un perjuicio no reparable por los medios procesales
establecidos en el Código Orgánico Tributario o en leyes especiales, siendo el del
amparo constitucional la demostración de que existe la violación o amenaza de
violación de derechos y garantías constitucionales.
5.- La decisión del amparo tributario está delimitada por el Código Orgánico
Tributario y específicamente debe contener una orden para que la Administración
Tributaria cumpla en un término señalado con el trámite o diligencia solicitada, no
siendo así en el amparo constitucional en cuya decisión el juez cuenta con plenos
efectos restablecedores (artículo 27 de la Constitución y 1º de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales), tanto es así que en virtud de lo
dispuesto en el artículo 29 de la ley que rige la materia, debe ordenar que el
mandamiento dictado sea acatado por todas las autoridades de la República, so pena
de incurrir en desobediencia a la autoridad.
6.- La apelación que se ejerza contra la decisión dictada en primera instancia sobre un
amparo constitucional sólo se oirá en un solo efecto por disposición expresa de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales (artículo 35),
mientras que la decisión que se dicta en primera instancia de un amparo tributario
tiene apelación de acuerdo al artículo 217 del Código Orgánico Tributario, pero esta
disposición no fija de manera expresa los efectos en que la misma será oída, en virtud
de lo cual debe el juzgador aplicar supletoriamente -según se lo ordena el artículo 223
de dicho Código- las reglas contenidas en el Código de Procedimiento Civil,
específicamente el artículo 290 que reza “La apelación de la sentencia definitiva se
oirá en ambos efectos, salvo disposición especial en contrario”.
7.- De acuerdo a su naturaleza, el amparo tributario es una acción de cumplimiento,
pues su finalidad es que la Administración Tributaria cumpla con una obligación que la
Ley le ha impuesto, y a través de esta acción se crea en el solicitante una situación
jurídica que antes no tenía; mientras que el amparo constitucional es una acción
restablecedora, en virtud de que su objetivo es proteger los derechos y garantías
constitucionales, de manera que cuando éstos son violados o amenazados de violación
dicha acción funciona para impedir un daño o restablecer la situación jurídica
infringida, o una similar a ésta. De esta manera es claro que a través del amparo
constitucional no se reclama el incumplimiento de alguna obligación, sino la amenaza
de lesión o la violación de derechos o garantías constitucionales.
Esta naturaleza tan especial del amparo tributario, hace evidente la distinción de dicha
figura con el amparo constitucional, pues no tiene como fin la protección de derechos y
garantías constitucionales, y aun cuando pudiera pensarse que está destinado a
proteger el derecho constitucional de petición y oportuna respuesta, ello no es así, por
cuanto no toda omisión conlleva la violación de un derecho constitucional, siendo así
que el amparo tributario ha sido previsto como un procedimiento contencioso para
garantizar la legalidad de la actuación de la Administración Tributaria dentro de una
relación especial como es la que nace con ocasión al ejercicio de la Potestad
Tributaria.
Lo antes expresado, conduce forzosamente a que esta Sala se refiera a una disposición
estrechamente ligada al derecho constitucional de petición y oportuna respuesta, como
lo es el artículo 4 de la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos, que es del
tenor siguiente:
“Artículo 4: En los casos en que un órgano de la Administración Pública no resolviere
un asunto o recurso dentro de los correspondientes lapsos, se considerará que ha
resuelto negativamente y el interesado podrá intentar el recurso inmediatamente
siguiente, salvo disposición expresa en contrario. Esta disposición no releva a los
órganos administrativos, ni a sus personeros, de las responsabilidades que le sean
imputables por la omisión o demora”.
La disposición antes transcrita consagra el llamado silencio administrativo negativo,
que opera como garantía legal para evitar que, una vez vencidos los lapsos
establecidos en la Ley para que la Administración se pronuncie o actúe de una
determinada forma, el administrado se quede indefinidamente esperando la respuesta,
actuación o pronunciamiento, y en consecuencia pueda agotar los recursos o acciones
que el Ordenamiento Jurídico Venezolano le establece para impugnar bien sea la
actuación o la omisión del órgano administrativo.
Así pues, cuando el administrado ha ejercido el recurso administrativo de
reconsideración y ha vencido el lapso que tiene el órgano administrativo que dictó el
acto impugnado, sin que dicho órgano se hubiese pronunciado nuevamente, se entiende
que lo ha negado y por tanto ha confirmado el acto recurrido, pudiendo así el afectado
interponer -en aplicación de lo dispuesto en la norma antes transcrita- el
correspondiente recurso administrativo, como lo sería el jerárquico. También puede
darse el supuesto del silencio respecto al recurso jerárquico ejercido, y en este caso, la
denegación entendida por el plazo del lapso legal para decidir dicho recurso cobra
mayor importancia, al abrirle al afectado el acceso a la vía contencioso-administrativa
para que los órganos jurisdiccionales competentes se pronuncie sobre el asunto.
Ahora bien, ese silencio negativo que opera como garantía para el administrado frente
al actuar de la Administración, no puede conducir a afirmar que los recursos a que
puede optar el administrado y que han sido previstos por el legislador en desarrollo de
normas fundamentales, se constituyan en la conocida acción de amparo constitucional,
ni que contra las omisiones de la Administración tenga siempre que ejercerse el
amparo constitucional, pues de ser así el amparo sustituiría a casi todas las vías
procesales establecidas en el Ordenamiento Jurídico Venezolano, por no ser tan breves,
eficaces y sumarias como ella, y ello no ha sido la intención del legislador, toda vez que
en la propia Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales se
ha establecido que no se admitirá la acción de amparo “Cuando el agraviado haya
optado por recurrir a las vías judiciales ordinarias o hecho uso de los medios judiciales
preexistentes...” (artículo 6, numeral 5), y se ha limitado su procedencia al disponerse
en el artículo 5 eiusdem que “La acción de amparo procede contra todo acto
administrativo: actuaciones materiales, vías de hecho, abstenciones u omisiones que
violen o amenacen violar un derecho o una garantía constitucionales, cuando no exista
un medio procesal breve, sumario y eficaz acorde con la protección constitucional”.
(Resaltado de esta Sala).
Lo anterior, conlleva a esta Sala a sostener que cuando la Administración ha incurrido
en las llamadas demoras excesivas, es decir, no haya resuelto una petición o solicitud
dentro de los lapsos que el Código Orgánico Tributario o las leyes financieras le
establecen, el administrado debe considerar que ha sido resuelta negativamente
conforme lo dispone el artículo 4 de la Ley Orgánica de Procedimientos
Administrativos, pudiendo entonces “...intentar el recurso inmediato siguiente...”, que
en la materia tributaria, no es otro que el amparo tributario, mecanismo legal que ha
sido previsto para lograr en vía jurisdiccional que la Administración Tributaria cumpla
con las obligaciones específicas surgidas con ocasión a la relación jurídico-tributaria.
8.- Las abstenciones u omisiones de los órganos del Poder Público que violen o
amenacen violar derechos o garantías constitucionales, específicamente el derecho de
petición y oportuna respuesta pueden ser atacadas por medio de la acción de amparo
constitucional, tal y como se desprende de los artículos 2 y 5 de la Ley Orgánica de
Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales. Ahora bien, partiendo del hecho
de que no toda omisión genera una lesión constitucional, debe esta Sala señalar que
cuando el legislador previó en el Código Orgánico Tributario el llamado amparo
tributario dentro de los llamados procedimientos contenciosos como lo son el recurso
contencioso tributario y el juicio ejecutivo para demandar los créditos a favor del Fisco
Nacional por concepto de tributos, lo hizo con la intención de controlar que la
Administración Tributaria cumpla con las obligaciones que dicho Código y las leyes
fiscales le han impuesto, como lo sería por ejemplo, la de compensar, de oficio o a
solicitud del administrado, los créditos reconocidos con deudas tributarias ya
determinadas, como lo ordena el artículo 181 del Código Orgánico Tributario en
concordancia con el artículo 46 eiusdem; actuación ésta cuya satisfacción no trae la
restitución de una situación jurídica sino más bien una modificación favorable al
administrado, pues extinguiría su obligación tributaria al pasar a un estado de
solvencia frente a la Administración Tributaria.
Es evidente el carácter pecuniario que tiene la obligación tributaria, de modo que
cuando se prevé el amparo tributario se intenta equilibrar el poder que en la relación
jurídico-tributaria ejerce la Administración sobre el particular, cuando exige el pago
de los tributos legalmente establecidos.
9.- La referida naturaleza del amparo tributario pudiera conllevar a asimilarlo con el
recurso por abstención o carencia previsto en el artículo 42, numeral 23 de la Ley
Orgánica de la Corte Suprema de Justicia y en el artículo 182, numeral 1 eiusdem, en
la medida en que con su ejercicio se pretende que el órgano jurisdiccional ordene a la
Administración (al funcionario competente) cumplir determinado acto previsto de
manera concreta y precisa en la Ley.
Sin embargo, es necesario resaltar una vez más, que a través del procedimiento sencillo
y eficaz consagrado en el Código Orgánico Tributario para la tramitación del llamado
“amparo tributario”, únicamente se busca lograr que la Administración cumpla con su
obligación cuando ha incurrido en “demoras excesivas”, esto es, en retraso o retardo
intolerable, cuya justificación el juez va a requerir al órgano tributario conforme al
artículo 217 del Código Orgánico Tributario. Mientras que con el recurso por
abstención o carencia, el recurrente no sólo puede pretender que el juez ordene a la
Administración ejecutar determinado acto, sino que conforme al segundo párrafo del
artículo 5 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales,
dicho recurso puede ser ejercido conjuntamente con acción de amparo constitucional
cuando el recurrente considere que la abstención o negativa de actuar le viole algún
derecho o garantía constitucional, mas aun puede acompañarse este recurso
contencioso administrativo a una pretensión de condena para reclamar a la
Administración los daños y perjuicios ocasionados por su abstención o negativa, como
se desprende del contenido de los artículos 206 de la Constitución de 1961 y 259 de la
Constitución de 1999.
Este recurso por abstención o carencia no tiene a diferencia del amparo tributario un
procedimiento específico para su tramitación; no obstante, se ha aplicado -en atención
a lo dispuesto en el artículo 102 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia- el
procedimiento consagrado en dicha Ley para los juicios de nulidad de los actos
administrativos de efectos particulares, por tratarse de acciones mediante las cuales se
controla la legalidad de la actividad o bien de la inactividad de la Administración, en
virtud de que el juez contencioso administrativo que conozca de dicho recurso debe
determinar previamente a su decisión, la existencia de la obligación por parte de la
Administración de cumplir determinado acto o actuación material, y si en efecto existe
una “abstención o negativa”, esto es, una pasividad de la Administración recurrida a
cumplir determinados actos.
Igualmente, difiere el amparo tributario de la acción por carencia o abstención, en lo
que respecta al lapso para su ejercicio, pues siendo la última un medio de control de la
legalidad se le aplica el lapso de caducidad de seis meses que prevé el artículo 134 de
la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia, mientras que la interposición del
amparo tributario no tiene un límite de tiempo establecido expresamente en la
normativa que lo consagra, de modo que el mismo puede interponerse siempre y
cuando se esté en presencia del supuesto de hecho previsto en el artículo 215 del
Código Orgánico Tributario, tomando en consideración los lapsos de prescripción de
la obligación tributaria establecidos en el artículo 51 eiusdem.
Destacando estas diferencias ha apuntado el doctor Gabriel Ruan Santos “...(S)i bien
es cierto que ambas acciones son medios genéricos para hacer valer el derecho de
defensa, o mejor dicho, para asegurar el ejercicio del derecho de defensa frente a la
arbitrariedad del Poder Público, ambas difieren en que la hipótesis del amparo
Tributario este es un medio de carácter legal frente a los retardos injustificados de la
Administración Tributaria en satisfacer alguna gestión o en tomar determinada
decisión solicitada por el contribuyente, mientras que en la hipótesis del amparo
constitucional, es un medio judicial de rango constitucional, una verdadera garantía
constitucional para defender los derechos y garantías que ese mismo texto confiere al
contribuyente; o sea, las fuentes son distintas y el objeto también es distinto”.
Dicho lo anterior debe concluir esta Sala, como en una oportunidad lo hizo la Sala
Político-Administrativa de la entonces Corte Suprema de Justicia, en sentencia dictada
el 29 de enero de 1997, caso empresa Plan Alimenticio Nueva Esparta, bajo la
ponencia de la doctora Hildegard Rondón de Sansó, que el amparo tributario no es un
amparo constitucional ni tampoco una categoría de éste, “...toda vez que difiere
sustancialmente de éste en cuanto a su fundamento, objeto y procedimiento y naturaleza
de sus decisiones...”.
Siendo ello así, no puede esta Sala considerar como erróneamente lo hizo la Sala
Político-Administrativa de este Tribunal Supremo, que en el presente caso se trata de
una apelación ejercida conforme al artículo 35 de la Ley Orgánica de Amparo sobre
Derechos y Garantías Constitucionales y cuya competencia correspondería a esta Sala
en virtud del criterio que en materia de amparo constitucional ha fijado en la sentencia
de fecha 20-01-2000 (caso Emery Mata Millán), puesto que estamos ante un amparo
tributario solicitado por los ciudadanos NORA EDUVIGIS GRATEROL DE PAYARES,
CARLOS GERARDO DOMÍNGUEZ GRATEROL, JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
GRATEROL y MARÍA EUGENIA DOMÍNGUEZ GRATEROL en virtud del retardo de
la Administración Tributaria de expedir el correspondiente certificado de solvencia
respecto al pago de un impuesto sucesoral; decisión que fue apelada por el Fisco
Nacional, atendiendo a lo dispuesto en el artículo 217 del Código Orgánico Tributario.
De manera que para determinar la competencia en materia de amparo tributario debe
necesariamente esta Sala atender a lo dispuesto en el artículo 220 del Código Orgánico
Tributario, que es del tenor siguiente:
“Artículo 220: Son competentes para conocer en Primera Instancia de los
procedimientos establecidos en este Código, los Tribunales Superiores de lo
Contencioso Tributario, los cuales los sustanciarán y decidirán con arreglo a las
normas de este Código inclusive los que en materia tributaria se originen en reparos de
la Contraloría General de la República.
De las decisiones dictadas por dichos Tribunales podrá apelarse dentro de los términos
previstos en este Código. Para ante la Corte Suprema de Justicia”.
En la disposición antes transcrita aparece claramente cuáles tribunales son
competentes para conocer y decidir en primera instancia el amparo tributario, mas no
así la Sala de la entonces Corte Suprema de Justicia competente para conocer en
alzada de dicho amparo.
Bajo la vigencia de la Constitución de 1961 debía entenderse que esta competencia en
segunda instancia correspondía a la Sala Político-Administrativa de la Corte Suprema
de Justicia, atendiendo a lo dispuesto en el artículo 206 de dicho Texto Fundamental en
concordancia con el artículo 42, numeral 18 de la Ley Orgánica de la Corte Suprema
de Justicia, por tratarse del control contencioso sobre la la omisión de actuación de la
Administración (Tributaria) que afecta la esfera jurídica de un particular y que se
verifica en el campo del Derecho Público; control éste que se ejerce en sus
determinadas instancias únicamente por la jurisdicción contencioso-administrativa.
Hoy en día, si atendemos al contenido expreso del artículo 336 de la Constitución
promulgada en 1999 que prevé las atribuciones de la Sala Constitucional, y
específicamente a la interpretación que esta Sala ha efectuado del numeral 10 de dicha
disposición, debemos concluir que a esta Sala no le ha sido atribuido el conocimiento
de las apelaciones que se ejerzan contra las decisiones dictadas por los Tribunales
Superiores Contencioso Tributario en los amparos tributarios ejercidos conforme a los
artículos 215 y siguientes del Código Orgánico Tributario.
En virtud de lo anterior y vista la competencia que corresponde a la jurisdicción
contencioso-administrativa conforme al artículo 259 del vigente Texto Fundamental,
estima esta Sala que la competencia para conocer en alzada de los amparos tributarios
en virtud de la materia debatida, corresponde a la Sala Político-Administrativa, como
la máxima instancia dentro de la jurisdicción contencioso-administrativa, y así se
decide”.
De la sentencia parcialmente transcrita, emergen con determinación las diferencias
existentes entre la acción de amparo constitucional y el amparo tributario, de modo que
los jueces de la jurisdicción contencioso administrativa, y por supuesto los de la
contencioso tributaria como parte de la primera, deben atender a estas diferencias en la
oportunidad en que deban decidir respecto a su competencia para conocer de la
pretensión que le es solicitada, para no incurrir en el absurdo de considerar un amparo
tributario como uno constitucional y, por ende, desviar la competencia del juez natural,
que garantiza el numeral 4 del artículo 49 constitucional.