0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 203 vistas19 páginasHistoria Del Mundo en 12 Mapas
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido,
reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
Introducci6n
Srppar (Tett ABU HABBAH, ACTUAL TRAK), SIGLO Vi A.C.
En 1881, el arquedlogo de origen iraqui Hormuzd Rassam descubrié
un pequeiio fragmento de una tablilla de arcilla cuneiforme de 2.500
afios de antigiiedad en las ruinas de la que fuera la ciudad babilonia de
Sippar, hoy conocida como Tell Abu Habbah, en la periferia suroriental
de la actual Bagdad. La tablilla era solo una mis de entre las casi 70.000
excavadas por Rassam durante un periodo de dieciocho meses y envia~
das al British Museum de Londres. La misién de Rassam, inspirada por
un grupo de asiridlogos ingleses que luchaban por desciftar la escritura
cuneiforme, consistia en descubrir alguna tablilla que proporcionara
—o eso se esperaba— una descripcién histérica del diluvio biblico.' Al
principio, esta tablilla en concreto fue ignorada en favor de otros ejem=
plos mds impresionantes y completos. Ello se debi en parte a que Ras-
sam, que no sabia leer la escritura cuneiforme, no fue consciente de su
importancia, que solo se Hegaria a apreciar a finales del siglo x1x, cuan-
do se consiguié traducir satisfactoriamente dicha escritura. Hoy, la tabli-
Ila se exhibe al pablico en el British Museum, rotulada como «El mapa
del mundo babilonio». Es el primer mapa del mundo del que se tiene
noticia.
La tablilla descubierta por Rassam es el objeto més antiguo conser-
vado que representa el mundo entero en un plano a vista de pajaro,
mirando la Tierra desde arriba. El mapa se compone de dos anillos con-
céntricos, dentro de cada uno de los cuales hay una serie de circulos,
rectingulos y curvas aparentemente arbitrarios, y todos ellos estan cen-
trados en torno a un agujero al parecer realizado con un temprano
compas. Distribuidos uniformemente alrededor del circulo exterior
21INTRODUCCION
aparecen ocho tringulos, de los que solo cinco siguen siendo legibles.
Unicamente cuando se de
fra el texto cuneiforme la tablilla empieza
a tener sentido como mapa.
El circulo exterior aparece rotulado como marratu, 0 «mar salado»,
y representa un océano que rodea el mundo habitado. Dentro del anillo
interior, el mas prominente de los recténgulos de esquinas redondeadas,
que atraviesa el agujero central, representa al rio Eufrates, el cual fluye
desde un semicirculo en el norte rotulado como «montafia» hasta el
rectingulo horizontal que aparece al sur rotulado como «anal» y «ié-
naga». Otro rectingulo, que divide en dos al Eufrates, aparece rotulado
como «Babilonia», y esta rodeado por un arco de cfrculos que represen
tan ciudades y regiones, entre ellas Susa (en el sur de Irak), Bit Yakin
(una comarca de Caldea, cerca de donde nacié el propio Rassam), Hab-
ban (hogar de a antigua tribu casita), Urartu (en Armenia), Der y Asi-
ria. Los triangulos que salen hacia fuera desde el circulo exterior del
mar se hallan rotulados como nag, que puede traducirse por «region» o
«provincia». Junto a ellos aparecen cripticas leyendas que describen di
tancias (tales como «seis ligas entre el lugar donde no se ve el Sob),
ademas de animales exdticos: camaleones, ibices, cebties, monos, aves~
truces, leones y lobos. Son espacios inexplorados, los miticos y remotos
lugares situados mas alli de los limites circulares del mundo conocido
por los babilonios.
El texto cuneiforme que aparece en la parte superior y al dorso de
la tablilla revela que este es algo mas que un mero mapa de la superficie
s un diagrama exhaustivo de la cosmologia babilonia, con el
mundo habitado como su manifestacién. Esos seductores fragmentos
hablan de un mito de la creaci6n, el de la batalla entre los dioses babi-
lonios Marduk y Tiamat. En la mitologia babilonia, la victoria de Mar-
duk sobre lo que la tablilla denomina los «dioses arruinados» Ievé a la
fundacién del cielo y la tierra, la humanidad y el lenguaje, todo ello
centrado en Babilonia, creada «sobre el mar agitado». La tablilla, hecha
de la arcilla de Ja tierra, es una expresi6n fisica de las miticas hazafias de
Marduk, la creacién de la Tierra y los posteriores logros de la civiliza-
cién humana, modelada a partir del acudtico caos primordial.
Las circunstancias de la creacién de la tablilla todavia resultan oscu-
ras. El texto que aparece al dorso de esta identifica a su escriba como
descendiente de alguien llamado «Ea-bél-ili>, de la antigua ciudad de
terrestre:
22INTRODUCCION
Borsippa (Birs Nimrud), al sur de Sippar; pero sigue siendo un misterio
por qué y para quién se hizo. No obstante, se puede afirmar que cons-
tituye un temprano ejemplo de uno de los objetivos més basicos del
conocimiento humano: imponer alguna clase de orden y estructura en
el vasto y aparentemente ilimitado espacio del mundo conocido. Jun-
to con su descripcién simbélica y mitica de los origenes del mundo,
el mapa de la tablilla presenta una abstraccién de la realidad terrestre.
Abarca la Tierra clasificindola en circulos, triingulos, rectingulos y
puntos, unificando escritura e imagen en un retrato del mundo en cuyo
centro se halla Babilonia. Mas de ocho milenios antes de que el suefio
de observar la Tierra desde el espacio profundo se hiciera realidad, el
priate miata reer nieneslloteontentalamitacebiliddedeiven ces
el mundo desde arriba y de adoptar una perspectiva divina de la crea-
cién_terrenal.
‘iquiera el _viajero més entusiasta puede esperar experi-
mentar mas que una fraccién de la superficie total de la Tierra, de mis
de 510 millones de kilémetros cuadrados. En el mundo antiguo, incluso
los viajes a corta distancia representaban una actividad r:
y dificil, que
y era temida por quienes la
generalmente se er dia con renuencia
realizaban.* «Ver» las dimensiones del mundo reproducidas en una tabli-
lla de arcilla de solo 12 por 8 centimetros debia de resultar algo impo-
sta magico. Esto es el mundo —dice la tablilla—, y el mundo
es Babilonia. Para quienes se vefan a si mismos como parte de Babilo-
nia, aquel era un mensaje tranquilizador. Para quienes la contemplaban
y no lo eran, la descripcién del poder y el dominio babilonios que hace
la tablilla era inequivoca. No resulta sorprendente que, desde tiempos
antiguos, la clase de informacién geografica transmitida por objetos
como la tablilla babilonia fuera coto
ivo de la élite mistica o diri-
gente. Como veremos a lo largo de este libro, para los chamanes, sabios,
gobernantes y lideres religiosos, los mapas del mundo conferian una
autoridad magica y arcana a sus artifices y propietarios. Si aquellas per-
sonas entendian los secretos de la creacién y la extensién de la humani-
dad, entonces sin duda debian de saber c6mo dominar el mundo terres-
tre en toda su terrible e imprevisible diversidad.
Aunque el mapa babilonio representa la primera tentativa cono-
cida de cartografiar todo el mundo conocido, de hecho constituye un
ejemplo relativamente tardio de cartografia humana. Los ejemplos mas
23INTRODUCCION
antiguos conocidos de arte prehistérico que representa el paisaje en un
plano se hallan inscritos en roca o arcilla y preceden al mapa del mun-
do babilonio en mas de 25.000 afios, remontandose al periodo del
Paleolitico Superior, hacia 30000 a.C. Estas primeras inscripciones,
objeto de un amplio debate entre los arquedlogos con respecto a su
fecha y significado, parecen representar chozas con figuras humanas,
cercados de ganado, divisiones entre viviendas basicas, representaciones
de terrenos de caza, y hasta rios y montafias. La mayoria de ellas son
tan simples que facilmente podrian confundirse con intentos abstrac-
tos, geométricos, de representar la distribucién espacial de objetos o
acontecimientos cuando en realidad son probablemente senales mis
simbélicas, vinculadas a indescifrables referencias miticas, sagradas y
cosmolégicas cuyo sentido se nos ha escapado para siempre. Hoy, los
arquedlogos se muestran mds cautos que sus predecesores decimond-
nicos a la hora de adjudicar el término «mapa» a estos antiguos ejem-
plos de arte rupestre: establecer una fecha clara para la aparicién del
arte rupestre prehist6rico parece ser algo tan faitil como definir cuan-
do un bebé aprende a diferenciarse espacialmente de su entorno in-
mediato.*
2Es acaso el impulso cartografico un instinto humano bisico y per-
sistente?? :Dénde estarfamos sin los mapas? La respuesta obvia es, desde
luego, «perdidos»; pero los mapas proporcionan respuestas a muchas més
preguntas que simplemente la de cémo desplazarse de un lugar a otro.
En la primera infancia adquirimos la percepcién de nosotros mismos en
relacién con el mundo fisico, més amplio, procesando espacialmente
informacién. Los psicélogos d vidad_«artografia
s individuos adquieren,
ordenan y recuerda: sobre su entorno espacial, y, al hacer-
lo, se distinguen y definen espacialmente en relacién_con el mundo
vasto, terrible e incogn ognoscible de «ahi fuera».° Esta clase de cartografia
nan a_esta_acti
cognitivay, el dispositivo mental por el que Ic
no es un rasgo tnico de los humanos. Los animales también utilizan
s,tales con in territorio por
procedimientos cartografi
el olor que realizan los pe s lobos, o la localizacién del néctar de
una colmena definida por el «baile» de la abeja melifera.’ Pero solo los
humanos han dado el salto crucial de la cartografia cognitiva a la carto-
grafia fisica propiamente dicha.* Con la aparicién de métodos grificos
de comunicacién permanente, hace mas de 40.000 aiios, los humanos
a marca
24INTRODUCCION
56"
see
rollaron la capacidad de traducir la efimera informacién espacial
forma permanente y reproducible.
Entonces, qué es un mapa? Las diversas variantes del término «mapa»
y sus derivados) se utilizan en varias lenguas europeas modernas, como
inglés, el espafiol, el portugués o el polaco, y provienen de la palabra
tina mappa, que significa «mantel» o «servilleta». En cambio, el termino
ancés equivalente —carte— tiene su origen en una palabra latina dis-
nta, carta, que también proporciona la raiz del término «mapa» en ita-
iano y en ruso (carta y karta, respectivamente) y hace referencia a un
documento formal; a su vez, esta se deriva de la palabra griega para de-
“gnar el papiro. En cambio, el término que en griego antiguo designa
un mapa —pinax— sugiere una clase de objeto diferente. Un pinax es
una tablilla hecha de madera, metal o piedra, en la que se dibujaban o
ababan palabras o imagenes. El 4rabe toma el término en un sentido
s visual: utiliza dos palabras, surah, traducido como «figura», y nagshah,
» «pintura»; mientras que el chino adopta una palabra similar, tu, que
significa «dibujo 0 «diagrama».’ En el caso del inglés, la palabra map (0
nappe) solo entré en el vocabulario en el siglo xv1, y entre esa época y
la década de 1990 se propusieron mds de 300 definiciones distintas del
término."”
Hoy, los eruditos anglosajones generalmente aceptan la definicién
proporcionada por la actual History of Cartography, una obra en varios
voliimenes publicada desde 1987 bajo la coordinacién general de J.B.
Harley y David Woodward. En su prefacio al primer volumen, Harley
y Woodward proponian una nueva definicién del término en inglés.
‘Los mapas —decian— son representaciones graficas que facilitan una
comprensién espacial de cosas, conceptos, condiciones, procesos 0
acontecimientos del mundo humano.»'™ Esta definicién (que sera la
que adopte a lo largo de este libro) «se extiende naturalmente a la car-
tografia celeste y a los mapas de cosmografias imaginarias», liberandolas
* En espafiol, y a diferencia de las definiciones algo mas restringidas que propor-
cionan el diccionario de la RAE 0 el Maria Moliner, probablemente la que mas se
aproxime sea la que da el diccionario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Fisi-
cas y Naturales: «Representacin grifica convencional, generalmente plana, de datos
coneretos 0 abstractos, localizados en el espacio, conservando sus posiciones relativas»
(N.delT)
i
aINTRODUCCION
de las definiciones geométricas més restringidas del término. Al incluir
la cosmografia —que describe el universo analizando la Tierra y el fir~
mamento—, la definicién de los mapas de Harley y Woodward nos
permite ver objetos arcaicos como el mapa babilonio a la vez como un
diagrama césmico y como un mapa del mundo.
La concepcién consciente de los mapas, y la
iencia de su creacién,
son invenciones relativamente recientes. Durante milenios, lo que las
diversas culturas denominaban «mapas» fueron realizados por personas
que no pensaban en ellos como en algo adscrito a una categoria inde-
pendiente de la escritura de documentos formales, de la pintura, el di-
bujo o la inscripcién de diagramas en una serie de medios distintos,
desde la piedra hasta el papel. La relaci6n entre los mapas y lo que Ia-
mamos geografia resulta atin mas sutil. Desde los griegos, la geografia se
ha definido como el estudio grafico (graphein) de la tierra (ge), del que
la cartografia representa una parte vital. Pero, en cuanto disciplina inte-
lectual, en Occidente la geografia no se formaliz6 apropiadamente
como profesién 0 como objeto de estudio académico hasta el siglo x1x.
Es en esta variopinta diversidad de mapas —en forma de patios.
tablillas, dibujos o copi
traordinario poder y su persistente fascinacién. Un_mapa es tanto un
objeto fisico « extual y visual:
no se puede entender un mapa sin el texto, pero un mapa sin un cle-
mento visual es simplemente una coleccién de topénimos. Un mapa se
basa en métodos artisticos de ejecucién para crear una representacién
en Giltima instancia imaginativa de un objeto incognoscible (el mundo);
pero est también conformado por principios cientificos, y realiza una
impresas— donde reside gran parte de su ex-
mo un documento grafico, y es a la ve:
abstraccin de la Tierra segtin una serie de Iineas y formas geométricas.
Un mapa tiene que ver con el espacio como su objetivo tiltimo, segéin
la definicion de Harley y Woorward. Ofrece una comprensién espa-
cial de acontecimientos del mundo humano; pero, como veremos en
este libro, a menudo tiene que ver también con el tiempo, en cuanto
que requiere del espectador que observe como dichos acontecimien-
tos se desarrollan uno tras otro. Por supuesto, observamos los mapas
visualmente, pero también podemos leerlos como una serie de historias
distintas.
26INTRODUCCION
Todas estas facctas se atinan en el tipo de mapas que constituyen el ob-
jeto de este libro: los mapas del mundo. Pero al igual que el término
mapa» posee sus propias cualidades esquivas y cambiantes, lo mismo
»curre con el concepto de «el mundo». La de «mundo» es una idea ar-
ficial, social. Alude al espacio fisico completo del planeta, pero tam-
bién puede referirse a la serie de ideas y creencias que constituyen una
visién del mundo» cultural o individual. Para muchas culturas, a lo
argo de toda la historia, el mapa ha sido el vehiculo perfecto para ex-
presar ambos conceptos de «mundo». Los centros, las fronteras y toda la
parafernalia incluida en cualquier mapa del mundo se e definen por esas
visiones del mundo» tanto como por la observacién fisica de la Tierra
por parte del cartégrafo, que, de todos modos, nunca se realiza desde
una perspectiva cultural neutra. Los doce mapas de este libro presentan
todos ellos visiones del espacio fisico del mundo entero que son resul-
tado de las ideas y creencias que los informan. Una determinada visién.
del mundo da Jugar a un mapa del mundo; pero el mapa del mundo, 4
su vez, define la visién del mundo propia de su cultura
acto excepcional de alquimia simbidtica.”
Los mapas del mundo plantean al cartégrafo desafios y oportunida-
des distintos de los relacionados con la cartografia de areas locales. Para
empezar, su escala implica que nunca se van a utilizar como mecanis-
mos de biisqueda de rutas que permitan a sus usuarios desplazarse de
una posicién en la superficie de la tierra a otra. Pero la distincion mas
significativa entre la cartografia local y la mundial es una distincién de
Se trata de un
percepcién, y plantea un serio problema a la hora de claborar cualquier
mapa del mundo. A diferencia de un area local, el mundo nunca puede
ser aprehendido en una sola mirada sinéptica por el ojo del cartégrafo.
Incluso en tiempos antiguos, era posible localizar accidentes naturales 0
artificiales desde los que observar una zona pequeia con un dngulo
oblicuo (una perspectiva «a vista de pijaro») y divisar sus elementos ba-
sicos. En cambio, hasta el advenimiento de la fotografia desde el espacio
tal perspectiva nunca estuvo disponible a la hora de apreciar la Tierra
entera,
Antes de esa innovacién trascendental, el cartégrafo que creaba un
mapa del mundo utilizaba dos recursos en particular, ninguno de los
cuales era fisicamente parte de la tierra: el cielo por encima de su ca-
beza, y su propia imaginacién. La astronomia le permitia observar el
27INTRODUCCION
movimiento del Sol y las estrellas, y estimar el tamaito y la forma de la
‘Tierra. Unidos a tales observaciones estaban los presupuestos, mas ima-
ginativos, basados en prejuicios personales y en mitos y creencias popu-
lares, que de hecho, y como veremos, todavia siguen ejerciendo su po-
der en cualquier mapa del mundo. El uso de imagenes fotograficas de
satélite es un fendmeno relativamente reciente que permite a la gente
creer que ve la Tierra flotando en el espacio; pero durante tres milenios
antes de eso, tal perspectiva requirié siempre un acto imaginativo (aun
asi, una fotografia desde el espacio no es un mapa, y es también obje-
to de convenciones y manipulaciones, como sefialo en el tiltimo capitu-
lo de este libro, sobre la cartografia online y su uso de las imagenes de
satélite).
Hay otros desafios y oportunidades, mas alld de los que percibi-
mos de manera inmediata, que afectan a todos los mapas del mundo,
incluidos los que he escogido en este libro, y se puede ver el embridn
de cada uno de ellos contemplando de nuevo el mapa babilonio. Uno de
los principales desafios es el de la abstraccién. Cualquier mapa es un
sustituto del espacio fisico que pretende mostrar, construyendo lo que
representa, y organizando la infinita y sensual variedad de la superfi-
cie terrestre segiin una serie de marcas abstractas, los principios de li-
mites y fronteras, centros y margenes. Tales marcadores pueden verse
en las rudimentarias Iineas del arte topografico rupestre, o en las cada
vez mas regulares formas geométricas del tipo de las de la tablilla ba-
bilonia. Cuando esas lineas se aplican a la ‘Tierra entera, un mapa no
solo representa el mundo, sino que imaginativamente To produce. Du-
rante siglos, el tinico modo de aprehender el mundo fue por medio
de la imaginacién, y los mapas del mundo mostraban, imaginativa-
mente, qué aspecto podria tener ese mundo fisicamente incognosci-
ble. Los cartégrafos no solo reproducen el mundo, sino que lo cons-
truyen.'
Una consecuencia légica de que la cartografia sea un potente acto
imaginativo es que, en la frase acufiada por el filésofo polaco-estadouni-
dense Alfred Korzybski en la década de 1940, «el mapa no es el territo-
ro». De manera similar a la relacién entre el enguaje y los objetos
que denota, el mapa nunca puede consistir en el territorio que preten-
de representar. «Lo que esti en el mapa de papel —sostenia el antropé-
logo inglés Gregory Bateson— es una representacién de lo que estaba
28INTRODUCCION,
= la representacién retiniana del hombre que hizo el mapa; y cuando
lias atin més la cuestién, lo que obtienes es una regresién infinita,
serie infinita de mapas. El territorio no aparece nunca en absolu-
* Un mapa siempre maneja la realidad que trata de mostrar. Funcio-
nte un simbolo concreto que apenas guarda semejanza con el camino
si, pero los observadores llegan a aceptar que el simbolo se parece a
do, los mapas desarrollan signos cc
vencionales que legamos a_aceptar que representan algo que nun
podran mostrar realmente. El tinico mapa que podria representar com-
etamente el territorio que describe seria uno que tuviera la escala, en
2 practica redundante, de 1:1. De hecho, la seleccién de la escala, un
método proporcional de determinar una relacién coherente entre el
samafio del mapa y el espacio que representa, se halla estrechamente
relacionada con el problema de la abstraccién, y ha sido una rica fuente
e placer y de humor para muchos escritores. En Silvia y Bruno: conclu-
ién (1893), de Lewis Carroll, el personaje de otro mundo Mein Herr_
anuncia que «en realidad hemos hecho un mapa del pais, ja una esc:
la de una milla por milla!» Cu:
Cuando le preguntan si ese mapa se ha uti-
lizado mucho, Mein Herr admite que «Nunca se ha desplegado», y que
ranjeros se opusi i ) y taparia
hho luz del Sol! De modo que ahora usamos el mismo pais como su pro-
pio mapa, y te aseguro que funciona casi igual de bien».'* Esa presun-
tuosidad se Ileva atin mis lejos en un texto de Jorge Luis Borges, quien,
en su relato breve de un solo parrafo «Del rigor en la ciencia» (1946),
reformula el relato de Carroll en una clave mas sombria. Borges descri-
be un mitico imperio donde el arte de la cartografia habia alcanzado tal
nivel de detalle que
lo:
* los Colegios de Cartégrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenia el
Tamaiio del Imperio y coincidia puntualmente con él. Menos Adictas al
Estudio de la Cartografia, las Generaciones Siguientes entendieron que
ese dilatado Mapa era Inttil y no sin Impiedad lo entregaron a las Incle-
mencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran
despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos;
en todo el Pais no hay otra reliquia de las Disciplinas Geogrificas.”
S
: : oe
=: por medio de la analogia: en un mapa, un camino se representa me~ 37°Borges entendié tanto el eterno dilema como la potencial arrogancia
del cartégrafo: en el intento de producir un mapa exhaustivo de su mun-
do, debe realizar un proceso de reduccidn y seleccion, Pero si su mapa a
escala 1:1 es un suefio imposible, qué escala deberia escoger un carto-
grafo para asegurarse de que su mapa del mundo no sufre el destino
que describia Borges? Muchos de los mapas del mundo que aparecen
en este libro ofrecen una respuesta, pero ninguna de las escalas en ellos
escogidas (0, de hecho, nada de lo relacionado con ellos) ha sido nunca
universalmente aceptado como definitivo.
Otro problema que se presenta es el de la perspectiva. gEn qué
posicién imaginaria debe situarse el cartégrafo antes de empezar a
cartografiar el mundo? La respuesta, como ya hemos visto, depende
invariablemente de la visién del mundo predominante del cartégrafo
En el caso del mapa del mundo babilonio, Babilonia se halla en el cen-
{10 del universo, o en lo que el historiador Mircea Eliade ha denomi-
nado el axis mundi.'* Segtn Eliade, todas las sociedades arcaicas utilizan
ritos y mitos para crear lo que él describe como una «situacién fronte-
riza», en cuyo punto «el_hombre se descubr
conciencia de su lugar en el
a_si_ mismo tomando
oy. Este descubrimiento crea una
distincién absoluta entre un reino sagrado, minuciosamente delimita-
do, de existencia ordenada, y un reino profano que es desconocido,
informe y, por ende, peligroso. En el mapa del mundo babilonio, tal
espacio sagrado, circunscrito a su anillo interior, se contrasta con el
espacio profano definido por los tridngulos exteriores, que representan
lugares ca6ticos e indiferenciados, antitéticos al centro sagrado. La
orientacion y construccidn del espacio desde esta perspectiva repite el
acto divino de la creacién, dando forma a partir del caos, y situando al
cartégrafo (y a su patrén) en pie de igualdad con los dioses. Eliade
sostiene que tales imagenes implican la creacién de un centro que es-
tablece un conducto vertical entre los mundos terrestre y divino, y que
estructura las creencias y acciones humanas. Quizé el agujero que apa-
rece en el centro del mapa del mundo babilonio, generalmente consi-
derado el resultado del uso de un compés para marcar los parametros
circulares del mapa, sea més bien un canal de comunicacién entre este
mundo y el otro.
La clase de perspectiva adoptada por el mapa del mundo babilonio
también podria denominarse cartografia egocéntrica. A lo largo de la
30INTRODUCCION
mayor parte de la historia escrita, la abrumadora mayoria de los mapas
saan la cultura que los ha producido en su centro, como ocurre con
uchos de los mapas del mundo que se tratan en este libro. Hasta la
sctual cartografia online se ve impulsada en parte por el deseo del
suario de, ante todo, localizarse a si mismo en el mapa digital, teclean-
fo la direccién de su casa antes que ninguna otra cosa y a continuacion
atilizando el zoom para ver de cerca ese emplazamiento. Es este un
empiterno acto de reafirmaci6n personal, situandonos a nosotros mis-
208 como individuos en relacién con un mundo més grande del que
sospechamos una suprema indiferencia hacia nuestra existencia. Pero si
esta perspectiv
omo dioses, invitandolos a alzar el vuelo y ver la tierra desde arriba,
sde una éptica divina, examinando el mundo entero en una mirada,
on un sereno distanciamiento, y contemplando aquello que los vulga-
res mortales solo pueden imaginar.” La disimulada genialidad del mapa
consiste en hacer creer al observador, aunque solo sea por un momen-
. que tal perspectiva es real, que no sigue todavia atado a la tierra,
miirando un mapa. Y ahi reside una de las caracterfsticas mas importan-
centra literalmente a los individuos, también los eleva
ces del mapa: el observador se ve situado a la vez dentro y fuera de él.
el acto de localizarse en él, el observador se encuentra a la vez ele-
indose imaginativamente por encima (y fuera) de él en un momento
ic contemplacién trascendente, més alla del tiempo y del espacio, vién-
Zolo todo desde ninguna parte. Si el mapa ofrece al observador una
respuesta a la persistente pregunta existencial de «;Dénde estoy?», lo
nace a través de un desdoblamiento magico que le sittia en dos lugares
la vez.”
Esta cuestion de definir donde se sitta el observador en relacién con un
mapa del mundo es un problema con el que los geégrafos han luchado
durante siglos. Para los geégrafos renacenti solucién fue com=
parar al observador de un mapa con un espectador teatral. En 1570, el.
enco Abraham Ortelio (0 Abraham Ortelius) publicéun-
ro con mapas del mundo y sus regiones titulado Theatrum orbis terra
Ortelio utiliz6 la definicién griega de «teatro» —theatron— como
un lugar donde ver un espectaculo». Al igual que en un teatro, los ma-
Pas que se extienden ante nuestros ojos presentan una versién creativa
31INTRODUCCION
de una realidad que pensamos que conocemos, pero al mismo tiempo la
transforman en algo muy distinto. Para Ortelio, como para muchos
otros cartégrafos renacentistas, la geografia es «el ojo de la historian, un
teatro de la memoria, puesto que, en sus propias palabras, «teniendo las
cartas delante, como si presentes estuviésemos vemos las hazaiias, o si-
quiera los lugares en que fueron hechas». El mapa actiia como un «espe-
Jo», porque «teniendo delante de los ojos estas cartas como unos espejos
de las cosas, queda més impreso en la memoria; y asi sucede que a lo
menos entonces entendemos con algtin fruto las cosas que leemos».
Pero como los mejores dramaturgos, Ortelio reconoce que sus «espejos»
constituyen un proceso de negociacién creativa, porque en ciertos ma-
pas «algunas veces segtin nuestro parecer hemos mudado, y algunas quita-
do, y otra veces, cuando asi lo requerfa el negocio, hemos afiadido» 2!
Ortelio describe la posicién desde la que un observador contem-
pla un mapa del mundo, que se halla estrechamente relacionada con la
orientaci6n, la ubicacién que utilizamos como punto de referencia. En
sentido estricto, la orientacién suele referirse a la posicién o direccién
relativa; en la época moderna el término se ha consolidado como la fi-
jacién de la ubicacién en relacién con los puntos marcados en una
briijula magnética. Pero mucho antes de la invenci6n de la brojula en
China en el siglo 11 d.C.,los mapas del mundo ya se orientaban en fun-
cién de uno de los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste. La
decision de orientar los mapas segiin una direccién primaria varia de
una cultura a otra (como se verd en los doce mapas de los que se trata
en este libro), pero no hay ninguna razén puramente geogrifica por la
que una direccién sea mejor que cualquier otra, o que respalde el he-
cho de que los mapas occidentales modernos hayan adoptado el su-
puesto de que el norte deberia estar en la parte superior de todos los
mapas del mundo.
Por qué el norte triunfé en tltima instancia como direccién pri-
maria en la tradicién geografica occidental, especialmente considerando
sus connotaciones inicialmente negativas para el cristianismo (de las
que trataré en el capitulo 2), es algo que nunca ha sido explicado plena-
mente. Los mapas griegos tardios y las primeras cartas de navegacién,
medievales, 0 portulanos, se dibujaron utilizando britjulas magnéticas,
que probablemente establecieron la superioridad de cara a Ja navega~
cién del eje norte-sur sobre el eje este-oeste; pero aun asi, hay pocas
32,INTRODUCCION
sazones por las que no podria haberse adoptado, en cambio, el sur como
el punto cardinal de orientacién mis sencillo, y de hecho los cartégra-
*os musulmanes siguieron dibujando mapas con el sur en la parte supe-
rior hasta mucho después de la adopcién de la bréjjula, Fueran cuales
fuesen las razones del establecimiento definitivo del norte como direc-
ci6n primaria en los mapas del mundo, resulta bastante claro que, como
se mostrara en los siguientes capitulos, no hay razones convincentes
para escoger una direccién en lugar de otra.
Quizi el problema més complejo de todos los que afronta el car
grafo sea el de la proyeccién. Para los cartégrafos modernos, el tér-
mino «proyeccién» alude a la representacién bidimensional en una
superficie plana de un objeto tridimensional —a saber, el globo terra
queo— utilizando un sistema de _principios matemiticos. Pero esto
solo se formulé conscientemente como método en el siglo 1 d.C., por
parte del geégrafo griego Ptolomeo, que empleé una cuadricula de
lineas geométricas de latitud y longitud (0 reticula de coordenadas
gcogrificas) para proyectar la Tierra en una superficie plana. Antes de
esto, os mapas como el del ejemplo babilonio no proporcionaban nin-
guna proyeccién (0 escala) evidente para estructurar su representacién
del mundo (aunque, obviamente, no por ello dejaran de proyectar una
imagen geométrica del mundo basada en sus presupuestos culturales
sobre la forma y el tamafio de este). A lo largo de los siglos se han uti-
lizado circulos, cuadradas, rectinguilos, évalos, corazones, y hasta trape-
zoides y toda una serie de formas distintas para proyectar el globo en
un plano, cada una de ellas basada en_un_conjunto de creencias cultu-
rales concretas. Algunas de ellas presuponian una Tierra esférica; otras
no: en el mapa babilonio, el mundo se representa como un disco plano,
con sus dimensiones habitadas rodeadas por mar, mas alla del cual estan
sus bordes literalmente informes. También los primeros mapas chinos
parecen aceptar la creencia en una Tierra plana, aunque, como vere-
mos, ello se basa en parte en su peculiar fascinacién por el cuadrado
como un principio cosmolégico definitive. Como minimo en el si-
glo 1v a.C. los griegos habian mostrado ya que la Tierra era una esfera
y producido una serie de mapas circulares proyectados en una superfi-
cie plana.
Todas estas proyecciones intentaban resolver un persistente rompe-
cabezas geografico y matematico: :c6mo se reduce la Tierra entera a una
33INTRODUCCION
sola imagen plana? Una vez que se demostré cientificamente la esferi-
cidad de la Tierra, el problema se complicé atin mis: zc6mo se podia
proyectar la esfera en una superficie plana de una manera exacta?” La
respuesta, como demostré de manera concluyente el matemitico ale-
man Carl Friedrich Gauss con su trabajo sobre proyecciones en Ia dé
cada de 1820, era que no se podia. Gauss mostré que una esfera curva y
un plano no eran isométricos; en otras palabras, el globo terraqueo
nunca se podria cartografiar en la superficie plana de un mapa utilizan-
do una escala fija sin que hubiera alguna forma de distorsién de forma
© angularidad; a lo largo de este libro veremos algunas de las numerosas
distorsiones que se han adoptado.” Pese a los argumentos de Gauss, la
busqueda de proyecciones «mejores», mas exactas, no hizo sino intensi-
ficarse (hasta el propio Gauss offeci6 su propio método de proyeccién).
Aun hoy, el problema permanece oculto a simple vista, invariablemente
reconocido en los mapas y atlas del mundo, pero enterrado en los deta~
Iles técnicos de su elaboracién
Una de las muchas paradojas de los mapas es que, por més que los
cartégrafos leven miles de afios confeccionindolos, nuestro estudio y
comprensi6n de ellos sigue estando todavia relativamente en su infan-
cia. La geografia no surgié en Europa com
ta el siglo x1x, coincidiendo con la profi acion
de mapas, ya que fue ento. cuando se empezé a designar a estos
con el titulo, més cientifico, de cartégrafos. Debido a ello, solo en fe-
‘cha reciente la geograffa ha iniciado una tentativa sistemdtica de en-
tender la historia de los mapas y su papel en las distintas sociedades,
En 1935, Leo Bagrow (1881-1957), un oficial de la marina rusa con
formacién arqueolégica, fund6 Imago Mundi, la primera revista dedi-
cada al estudio de la historia de la artografia, a la que seguiria en
1944 la conclusion de su Die Geschichte der Kartographie, el primer es-
tudio exhaustivo sobre la materia.?! Desde entonces solo se ha publi-
cado un puitado de libros populares sobre el tema escritos por exper
tos en este campo, y no se espera que la ya mencionada History of
Cartography en varios volimenes editada por Harley y Woodward se
actualice durante los préximos aiios, dada la tragica muerte de ambos
tras iniciarse el proyecto. La cartografia sigue siendo una materia ne-
cesitada de una disciplina propia; normalmente quienes emprenden su
estudio son eruditos (como yo mismo) formados en toda una serie de
34campos distintos, y su futuro resulta atin mds incierto que los mapas
que trata de interpretar.
¢ libro narra una historia que muestra que, pese a los tenaces esfuer-
zos de varias generaciones de cartégrafos, las pretensiones tiltimas de la
cartografia cientifica todavia no se han materializado. El primer gran
estudio topografico nacional de todo un pais basado en los principios
cientificos ilustrados, la Carte de Cas:
‘0 9), nunca fue realmente completado, y su equivalente global, el Mapa
Internacional del Mundo, concebido a finales del siglo x1x, y cuya his-
toria se narra en Ja «Conclusién» de este volumen, se abandoné hacia
finales del xx. El erratico desarrollo de la geografia como disciplina
académica y profesional durante los dos tltimos siglos ha hecho que
esta se haya mostrado relativamente lenta a la hora de cuestionar sus
presupuestos intelectuales. En los afios més recientes, los geégrafos han
pasado a mostrar serias reservas en torno a su implicacién en la parti-
cién politica de la Tierra. La creencia en la objetividad de los mapas se
ha visto sometida a una profunda revisién, y hoy se reconoce que estos
se hallan intimamente unidos a los sistemas de poder y autoridad pre-
ini (de la que trataré en el capitu-
dominantes. Su creacién no es una ci
ncia objetiva, sino una empresa
realista, y aspira a una manera concreta de representar la realidad. El
actamente igual
que el naturalismo, el clasicismo 0 el romanticismo, y no es casuali-
dad que las pretensiones de objetividad de la cartografia alcanzaran su
apogeo coincidiendo con el auge de Ja novela realista en Europa, en el
siglo x1x. Lejos de argumentar que la elaboracién de mapas sigue un
progreso inexorable hacia la exactitud y la objetividad cientificas, en
este libro sostendré que se trata mas bien de una «cartografia sin progre-
so», que proporciona a las diferentes culturas visiones concretas del
mundo en momentos concretos del tiempo.*
En este libro tomaré doce mapas del mundo de culturas y momen-
tos diversos de la historia universal, y examinaré los procesos creativos a
través de los que trataron de resolver los problemas que afrontaban sus
artifices, desde la percepcién y la abstraccién hasta la escala, pasando por
la perspectiva, la orientacién y la proyeccién. Los problemas son cons-
tantes, pero las. respuestas son especificas de la cultura concreta de’cada
35INTRODUCCION
cartégrafo, y descubriremos que lo que impulsé a estos fue de indole
personal, emocional, religiosa, politica y financiera tanto como geogré-
fica, técnica y matematica. Cada mapa, o bien configuré las actitudes de
la gente ante el mundo en que vivia, o bien cristalizé una determinada
vision del mundo en momentos concretos de la historia global, aunque
a menudo hizo ambas cosas. Estos doce mapas se crearon en momentos
particularmente cruciales, en que sus artifices tomaron decisiones auda-
ces acerca de qué representa y cémo representarlo. ¥ de paso crearon
nuevas visiones del mundo que aspiraban no solo a explicar a sus desti-
natarios que ese era el aspecto que tenia el mundo, sino también a con-
vencerlos de por qué existia, y a mostrarles su propio lugar en él. Cada
mapa resume asimismo una idea o cuestin concreta que a la vez moti-
V6 su creacién y capté la comprensidn que sus contempordneos tenian
del mundo, desde la ciencia, la politica, la religi6n y el imperio hasta el
nacionalismo, el comercio y la globalizaci6n. Pero los mapas no siempre
estan configurados solo por la ideologia, consciente o inconsciente-
mente. Diversas fuerzas emocionales implicitas también han desempe-
ado un papel en su elaboracion. Los ejemplos de ello van aqui desde la
busqueda del intercambio intelectual en un mapa islamico del siglo x11
hasta los conceptos globales de tolerancia e igualdad en el controvertido
planisferio de Arno Peters, publicado en 1973.
Aunque este libro no tiene la pretensién de proporcionar nada pa-
recido a una vision exhaustiva de la historia de la cartografia, si cuestio-
na en varios aspectos los supuestos predominantes sobre la materia. El
primero es que, interpretemos como interpretemos la historia de los
mapas, esta no es una actividad exclusivamente occidental. L;
investi-
gaciones actuales estan revelando exactamente hasta qué punto las cul-
turas premodernas no occidentales forman parte de la historia, desde el
mapa del mundo babilonio hasta las contribuciones indias, chinas y
musulmanas. El segundo es que no existe una agenda oculta de evolu-
cién © progreso en la cartografia hist6rica del mundo. Los mapas exa-
minados son la creacién de culturas que perciben el espacio fisico, te
rrestre, de formas distintas, y esa
estas confeccionan. Ello nos lleva al tercer argumento: que cada mapa
resulta tan comprensible y légico para sus usuarios como todos los de-
mids, ya se trate del mapamundi medieval de Hereford o de las aplica~
ciones geoespaciales de Google. La historia que se narra aqui es, pues,
percepciones informan los mapas que
36
eeINTRODUCCION
caracter discontinuo, marcada por interrupciones y cambios repenti-
sos, antes que una implacable acumulacién de datos geograficos cada
=z mas exactos.
El mapa, cualquiera que sea su medio o su mensaje, es siempre una
rpretacién creativa del espacio que pretende representar. La «de-
sonstrucci6n» critica de los mapas como representaciones objetivas de
realidad por parte de autores como Korzybski, Bateson y otros ha
secho que estos acabaran por parecer malévolos instrumentos ideolégi-
s, responsables de tejer una red conspiratoria de engafio y disimulo
donde se encuentren. Lejos de ello, los mapas de este libro se inter-
pretan mas bien como una serie de argumentos ingeniosos, proposicio-
es creativas, guias extremadamente selectivas de los mundos que han
creado. Los mapas nos permiten sofiar y fantasear sobre lugares que
mca veremos, sea en este mundo o en otro, en cuanto mundos todavia
desconocidos. Quizé la mejor descripcién metaférica de los mapas fue-
un graffiti que alguien escribié con letras de 45 centimetros en una
cared junto a la via férrea que llega a la estacion de Paddington, en
Londres, y que rezaba: «Lo lejano esté al alcance de la mano en las ima=_
zenes de otras partes». Una metdfora, como un mapa, implica llevar algo
de un sitio a otro. Los mapas son siempre imagenes de otras partes, que
cransportan imaginativamente a sus observadores a sitios lejanos, desco-
nocidos, recreando la distancia en la palma de su mano. Consultar un
napa del mundo asegura que lo lejano esté siempre al alcance de la
ano.
«{Qué valioso resulta un mapa —escribia el pintor del siglo xvi
Samuel van Hoogstraten en una linea parecida—, donde se ve el mun-
do como si fuera desde otro mundo!» Oscar Wilde desarrollaba ese
sentimiento trascendente de Hoogstraten cuando sefialaba, en una céle-
bre frase, que «un mapa del mundo que no incluya Utopia ni siquiera
erece mirarse, porque excluye el tinico pais en el que la Humanidad
desembarca constantemente. Y cuando la Humanidad desembarca alli,
observa, y, viendo un pais mejor, se hace a la mary.” Los mapas siempre
entr:
el momento en que se-toman-tales.decisiones cuando Wilde suefia con_
la posibilidad de crear un mundo distinto,.o incluso nuevos mundos
mis alli de nuestro conocimiento (lo cual es una de las razones de que
los escritores de ciencia ficcién se hayan sentido tan irresistiblemente
SG
fian decisiones sobre lo que incluyen y lo que omiten, pero es enINTRODUCCION
atraidos por los mapas). Como admitia Ortelio, todo mapa muestra una
cosa, pero, en consecuencia, no otra, y representa el mundo de una ma-
nera, y, por lo tanto, no de otra.** Puede que tales decisiones a menudo
sean politicas, pero son siempre creativas. La capacidad expresada por
todos los cartégrafos de este libro para elevarse sobre la Tierra y mirarla
desde arriba, desde una perspectiva divina, representa un salto idealista
de fe imaginativa en la humanidad; pero tan poderosa resulta esta vision
que varias ideologias politicas han tratado de apropidrsela para sus pro-
pios fines.
Este legado trae el debate hasta la época actual, y la vigente contro-
versia que rodea el creciente dominio de las aplicaciones de cartografia
digital online, ejemplificadas en el que sera el tema de mi Ultimo capi-
tulo: Google Earth. Después de casi dos milenios elaborandolos con
piedra, pieles de animales y papel, hoy los mapas estan cambiando de
formas desconocidas desde la invencién de la imprenta en el siglo xv, y
afrontan una inminente obsolescencia en la medida en que el mundo
y sus mapas estén pasando a ser digitalizados y virtuales. Quiza esas nue-
vas aplicaciones crearan una democratizaci6n sin precedentes de los
mapas, permitiendo un gran incremento del acceso publico a ellos,
incluso dando a la gente la capacidad de construir sus propios mapas.
Pero parece mas probable que los intereses corporativos de las empresas
multinacionales traigan un nuevo mundo de mapas online cuyo acceso
vendra prescrito por imperativos financieros, estara sometido a censura
politica y sera indiferente a la privacidad personal. Uno de los argu-
mentos de este libro es que cualquiera que quiera entender las conse-
cuencias de la cartografia online, y por qué el mapa del mundo virtual
tiene el aspecto que hoy tiene, necesita adoptar una perspectiva mAs
amplia, una que se remonte hasta los primeros intentos griegos de car-
tografiar el mundo conocido y atin mis alld.
El mundo cambia constantemente, y los mapas también. Pero este
libro no trata de mapas que hayan cambiado el mundo. Desde los grie-
gos hasta Google Earth, no esta en la naturaleza de los mapas cambiar
nada dé manera significativa. En lugar de ello, los mapas ofrecen argu-
mentos y propuestas; definen, recrean, configuran y median. Invariable-
mente, también fracasan a la hora de lograr sus objetivos. Muchos de los
mapas que se han elegido aqui fueron objeto de fuertes criticas en el
momento de su conclusién, o bien se vieron rapidamente superados.
38,INTRODUCCION
Orros fueron ignorados entonces, o descartados mas tarde como anti-
cuados © «inexactos», sumiéndose en el olvido. Pero todos ellos dan fe
se que una forma de tratar de entender las historias de nuestro mundo
consiste en explorar cémo se cartografian los espacios que hay en él. El
=spacio tiene una historia, y espero que este libro ayude un poco a na~
srar dicha historia a través de los mapas.
También podría gustarte
Compañerismo
Aún no hay calificaciones
Compañerismo
1 página
4 Grecia
Aún no hay calificaciones
4 Grecia
17 páginas
Trabajo
Aún no hay calificaciones
Trabajo
9 páginas
Cuadro Mapas
Aún no hay calificaciones
Cuadro Mapas
3 páginas