Fundamentos de Lingüística y Sociolingüística
Fundamentos de Lingüística y Sociolingüística
TEMA:
PRESENTADO POR:
DOCENTE:
PUNO – PERÚ
2022
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DEDICATORIA
metas propuestas.
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ÍNDICE
Pág.
DEDICATORIA...............................................................................................................................1
INDICE ............................................................................................................................................2
RESUMEN.......................................................................................................................................3
OBJETIVO ……………………………………………………………………………………………………………………………………. 4
RESUMEN
idiomas originarios. Es por ello, que los distintos cambios que vive un estado,
actitud de las personas, entre otros, generan cambios en la actitud hacia las lenguas,
la lingüística estudia los signos del lenguaje humano articulado y este rasgo es
justamente lo que los distingue ya que ésta se encarga del análisis de las lenguas en
permitido conocer que las variables sociales que influyen sobre la variación
lengua,
pueblos indígenas, sus culturas y sus lenguas y como resultado esta situación se ve
lenguas que gozan de mayor prestigio son las extranjeras, como el inglés. Los
para que la sociedad pueda salvar, mantener las lenguas debemos continuar
promoviendo programas que han tenido éxito. Debemos dejar de estar eternamente
en lugar de ello, debemos ahora lidiar con estos temas, aprendiendo de los
esfuerzos que han tenido éxito en preservar idiomas. Si los programas de lengua de
OBJETIVO
lenguas nativas ya que las lenguas son generalmente poco investigadas y requieren
biodiversidad en el mundo
e intercultural.
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CAPÍTULO I
1.2. LA LINGÜÍSTICA
1.2.1. Definición de la lingüística
Slas, (2018). La lingüística es la ciencia que se encarga del estudio de las
lenguas, tanto vivas como muertas. Su interés radica en sus estructuras, los procesos
cognitivos del ser humano para comunicarse y sus usos. Sin embargo, su campo de
estudio es muy amplio; es por ello que se divide en diversas ramas o áreas, mismas que
pueden apoyarse de otras disciplinas, como la sociología, historia, antropología,
arqueología, matemáticas, fisiología, etcétera.
La lingüística puede ser vista desde distintas perspectivas, involucrada en
cualquier manifestación del lenguaje.
Según Saussure (1945), no importa la época, si se presenta alguna expresión del
lenguaje, ya sea de forma oral, escrita o corporal, ésta se ve evidenciada. Lo anterior se
puede ejemplificar de la siguiente manera: La lingüística se presenta en diferentes
contextos, desde un clan o tribu indígena hasta una comunidad urbana. Se observa un
avance progresivo en el concepto de lingüística al considerarla como una ciencia, y no
como el conocimiento práctico de un idioma.
positivismo) y que pudo concebir al lenguaje mismo como una sustancia digna de
estudio sistémico, objetivo.
[Link]. Fonética
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[Link]. La fonología
El sistema fonológico de una lengua está formado por un inventario de fonemas y un conjunto
de reglas de aplicación automática que da la pronunciación de cada cadena admisible de
fonemas, lo que ha dado lugar al Alfabeto fonético internacional.
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Pero no siempre fue así. A principios del siglo XIX se estudió en general la morfología, la
sintaxis se desarrolló más tarde. Entonces la morfología estudiaba solamente las formas,
mientras que la sintaxis se dedicaba al estudio del significado de esas formas y la oración en
general. Así, los tiempos gramaticales, porejemplo, se estudiaban en distintas partes de la
gramática: sus formas en la morfología y sus significados en la sintaxis.
La morfología estudia las palabras y sus formas, la sintaxis las relaciones entre estas
palabras. Pero aquí hay muchas exclusiones. Por ejemplo, la declinación del sustantivo ruso
expresa las relaciones entre las palabras pero se estudia en la morfología. Al mismo tiempo,
algunas formas temporales (voy a leer) se estudian en la morfología aunque se trata también de
las relaciones entre las palabras. Así se considera que en la morfología se analizan todos los
tipos de las formas de las palabras y hasta las formas que están ligadas a la expresión de las
relaciones entre las palabras. La morfología extrae las palabras de su contexto para clasificarlas
en diferentes grupos según las funciones de que son capaces.
El elemento básico del nivel morfológico del idioma se considera el morfema: la más
pequeña sucesión de fonemas dotada de significación, la parte mínima significante de la
palabra. No es lo mismo que una sílaba, la cual se basa en la respiración y es el objeto de la
fonología. Por ejemplo, la palabra altura tiene 3 sílabas (al-tu-ra) pero dos morfemas (alt-ura).
El morfema puede coincidir en muchos casos con una palabra: sol, mar, luz. Hablamos en
este caso de palabras radicales. El rasgo relevante de la palabra es la independencia y
separabilidad es decir, la posibilidad de aislarse unas de otros dentro del cuerpo del discurso
mediante una pausa. En la escritura tradicional estas pausas se corresponden con los espacios
que aíslan gráficamente las palabras. El morfema es parte de una palabra, Pero hay casos que
nos ponen en duda o vacilación. En cuanto a artículos, verbos auxiliares, partículas, palabras de
relación sintáctica, pronombres inacentuados, etc. ¿Son morfemas o palabras independientes?
El problema de la distinción entre la palabra autónoma y el morfema como su parte todavía
provoca numerosas discusiones en la lingüística contemporánea. Al estudio de los morfemas,
sus clases y su organización en el cuerpo de las palabras atiende la morfología.
1. Morfemas léxicos.
2. Morfemas gramaticales.
Se llaman morfemas flexivos o flexiones y se añaden a los morfemas léxicos sin cambiar el
significado de éstos. Son morfemas que constituyen el paradigma verbal (morfemas de número»
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persona, tiempo, modo), morfemas de número y género del nombre: cant-a-mos, dec-ía-n, baj-
o, roj-a, iibr-os, etc.
Los morfemas derivativos se llaman afijos y tienen un carácter predominante léxico, pues
forman palabras nuevas.
Interfijos son afijos que unen dos raíces en las palabras compuestas. Esta estructura recibe
el nombre de composición. Las palabras compuestas pertenecen a casi todas las categorías
léxico-gramaticales: diec-i-seis, col-i-flor, verd-i-negro, carn-i-ficar.
Infijos se encuentran en la mitad de la raíz. Son afijos que en una ocasión aparecen, en otra
desaparecen: romper - roto, elegir - electo, difundir - difuso.
La primera disciplina de este par, que suelen estudiarse en conjunto, se centra en el significado
de las palabras y en los modos en que éstas pueden asociarse, compartir sentidos y formar un
sistema léxico, o sea, un enjambre dinámico, vivo, de sentidos; mientras que la segunda, la
pragmática, se interesa más bien por los elementos extralingüísticos (no verbales) que tienen un
rol sobre los significados, o sea, sobre los contextos en que se dice lo que se dice, y que pueden
resultar tanto o más significativos que lo dicho.
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Pinker (2007) y Bosque y Gutiérrez Rexach (2009), uno de los fenómenos fundamentales de la
sintaxis: la organización de las frases en función de los verbos. Uno de los modos más sencillos
de ilustrarlo es tomar en cuenta la diferencia que existe entre verbos transitivos, intransitivos, o
verbos con preposición, diferencia de la que hablan todas las gramáticas, con mayor o menor
detalle. Es claro, por ejemplo, que los componentes imprescindibles para construir una oración
gramatical no son idénticos en el caso del verbo caminar y del verbo leer. En tanto que el
primero exige solamente quién ejecuta la acción, el segundo, como todos los verbos transitivos,
requiere además la especificación del objeto que se lee, aunque en este caso el objeto puede
considerarse incorporado al verbo, por eso es tan gramatical la frase Leí la novela toda la
tarde como Leí toda la tarde. El significado del verbo determina, en cierto modo, la
construcción en la que puede aparecer. Por eso, una acción como caminar sólo pide un agente
que la realice, en tanto que leer solicita un agente y aquello sobre lo que el agente actúa.
Por otra parte, el verbo contiene información que no sólo organiza la frase, sino que también
ayuda a determinar su significado. Así, dos verbos pueden seleccionar la misma clase de
componentes, pero el significado de la construcción puede variar radicalmente según el
significado del verbo, como es el caso de el perro teme al niño o el perro atemoriza al niño,
enunciados en los que el niño y el perro participan de los hechos de manera totalmente distinta.
El léxico, en general, y no sólo el verbo, realiza una selección no sólo categorial, como hemos
mostrado con los verbos transitivos e intransitivos, sino también una selección semántica. La
preposición durante, por ejemplo, selecciona una unidad temporal, del mismo modo que el
verbo comer selecciona un alimento sólido, a diferencia de beber o tomar en su acepción
latinoamericana, que requieren de un líquido. El léxico, entonces, impone restricciones
semánticas en su combinatoria y, de ese modo, condiciona la posibilidad de obtener ciertas
estructuras.
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Desde esta posición, se sostiene, entonces, que la sintaxis está estrechamente vinculada al
léxico, tan estrechamente que algunas escuelas gramaticales han postulado que la sintaxis debe
acudir a un conjunto de entradas léxicas que contengan especificaciones gramaticales y otras,
que un léxico suficientemente rico en especificaciones gramaticales puede sustituir a la
gramática. De cualquier forma, queda claro que no existe la gramática sin el análisis de los
significados de las palabras: la sintaxis necesita tal información porque ya forma parte
constitutiva de sí misma.
Ahora bien, las teorías que establecen esta clase de vínculo entre léxico y sintaxis suelen
declarar siempre su validez psicológica, en el sentido en que adjudican estatus de realidad a las
descripciones y explicaciones: los modos de operar del lenguaje tendrían correspondencia con
modos de operación de la mente humana. De esta forma, es posible pensar que la mente
efectivamente opera con los rasgos que constituyen la estructura de significado de las palabras,
rasgos que resultan relevantes desde el punto de vista sintáctico y que forman parte de todas las
lenguas. En esta línea, Steven Pinker defiende la teoría que denomina semántica conceptual, la
cual postula que en la mente hay un lenguaje cuyos conceptos básicos —suceso, estado,
espacio, tiempo, causalidad, propiedad y metas forman parte de todas las lenguas, aunque
difiera el modo en que se manifiestan en la gramática. Es necesario aceptar así que existe una
diferencia entre pensamiento y lenguaje natural, pero al mismo tiempo, un vínculo que permite
que las categorías del pensamiento se expresen siempre, aunque de modo variable, en las
diversas lenguas.
Por otra parte, esta teoría supone que existen aspectos de la realidad física que tienen la
suficiente relevancia perceptiva como para que la mente de los hablantes interprete los sucesos
de un modo determinado y no de otro y este hecho tiene un impacto sobre las posibilidades de
construcción gramatical. Por ejemplo, Pinker sostiene que hay verbos que permiten una
alternancia locativa, es decir, permiten decir untar grasa en el eje o untar el eje con grasa, pero
hay verbos que la rechazan, como verter. Se puede decir verter agua en el vaso, pero no verter
el vaso en el agua. La diferencia radica, según Pinker, en que en el primer caso "el agente aplica
una fuerza a la sustancia y a la superficie de forma simultánea, empujando la una contra la
otra", por tanto se puede expresar tanto que el agente actúa sobre el contenido como que lo hace
sobre el continente. En el segundo caso, es la gravedad quien realiza el trabajo, de modo que no
se puede interpretar que el agente actúe sobre el continente, y por esa razón, se anula la
posibilidad de la alternancia. En este punto estamos admitiendo, entonces, que la realidad
amarra a la lengua de modo tal que vuelve imposibles determinadas construcciones. El
razonamiento de Pinker actualiza, de algún modo, un supuesto que se manifestaba en la
distinción entre agramaticalidad y anomalía semántica, en los inicios del generativismo.
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Cuando Noam Chomsky, en los años sesenta, estableció la diferencia entre agramaticalidad y
anomalía semántica y pragmática a partir de la oración Incoloras ideas verdes duermen
furiosamente, hacía explícito que era el conocimiento sobre las entidades del mundo el que
permitía discriminar qué rasgos semánticos de las piezas léxicas las volvían compatibles o no
con otras piezas léxicas. El ejemplo procuraba demostrar que la oración era gramatical, a pesar
de que, desde el punto de vista semántico, es imposible que una entidad abstracta, como idea,
tuviese la posibilidad concreta de no tener color, pero fuese simultáneamente de color verde, o
que la misma entidad abstracta realizara una acción como dormir, que requiere una calma
incompatible con el adverbio de modo furiosamente.
En aquel momento, el ejemplo sirvió para demostrar que la gramaticalidad no estaba vinculada
con la secuencialidad que postulaba el conductismo para la producción de lenguaje, en la que
cada unidad elicita la siguiente, ni con los modelos de producción de lenguaje en cadena de la
primera formulación psicolingüística (Osgood, 1965) basados en la probabilidad estadística que
permite anticipar la unidad que se va a utilizar a partir de la que se acaba de usar. En efecto, no
hay probabilidad alguna de transición desde el punto de vista semántico en la frase mencionada.
Pero el ejemplo también puso en discusión qué es lo "normal" desde el punto de vista semántico
y qué es lo "anómalo", al postular no sólo que la incompatibilidad entre los rasgos semánticos
de los componentes léxicos produce anomalía, sino que la anomalía está vinculada con un
supuesto vacío de sentido, que no es otra cosa que la imposibilidad de designar, en el sentido en
que la frase no refiere a un estado de cosas extralingüístico (Coseriu, 1981). De hecho,
Chomsky sostenía que la distinción entre la violación de reglas puramente sintácticas y las
incongruencias semánticas (o "pragmáticas") podía estar basada en "absolutos semánticos
independientes de la lengua" (Chomsky, 1970: 75).
Como se puede advertir, la posibilidad de concebir el impacto de los rasgos del léxico sobre la
combinatoria sintáctica depende tanto de una concepción acerca de la relación entre lenguaje y
pensamiento como de una concepción acerca de la clase de relación entre lenguaje y realidad.
Respecto de la relación entre lenguaje y pensamiento, se plantea la factibilidad de una
semántica conceptual que admite que el lenguaje del pensamiento cuenta con conceptos básicos
que son representaciones de los significados de las palabras que se expresan con recursos
distintos en la gramática de las distintas lenguas (Pinker, 2007) y, en cuanto a la relación entre
lenguaje y realidad, se privilegia la función representativa del lenguaje, que sostiene que el
lenguaje remite al mundo, da cuenta del estado de cosas del mundo.
Ahora bien, la posibilidad de que sea el orden de la designación, el orden de las entidades de la
realidad, el que determine los límites de la combinatoria de las unidades lingüísticas, es
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Para Ferdinand de Saussure, neogramático, la autonomía de la lengua del orden de los hechos
concretos es el requisito de posibilidad de que ésta se constituya de modo indefinido y continuo
a través de desplazamientos en el plano del significante o del significado; cambios que, sin
embargo, no alteran su naturaleza de sistema conformado por oposiciones negativas. Es sabido
que su concepción de signo anula la tradición anterior en tanto, como luego acentuará Louis
Hjelmslev, el signo ya no es signo de algo que está fuera del lenguaje. El hecho de que una
palabra determinada entre en una cantidad de combinaciones, como en el caso de los ejemplos
ofrecidos por de Saussure con el vocablo luna en "la luna se levanta, la luna crece, decrece, la
luna se renueva, sembraremos en luna nueva, pasarán muchas lunas antes de que eso ocurra", o
el hecho de que esa misma palabra se diga en otros idiomas con otros términos que
probablemente organicen el orden del significado de modo diferente, prueban que la palabra
sólo tiene valor por su relación con otras, cada una de estas palabras sigue sin tener valor más
que por la posición negativa que ocupa en relación con otras: en ningún momento es una idea
positiva, correcta o errónea, de lo que es la luna de modo que no hay nunca nada más en esa
palabra que lo que previamente no existía fuera de ella; y esa palabra puede contener y encierra
en germen todo lo que no está fuera de ella la diferencia de términos que constituye el sistema
de una lengua no corresponde de modo alguno, aunque se trate de la lengua más perfecta, a las
relaciones auténticas entre las cosas (Saussure, 2004 ). No hay posibilidad de pensar el
significado fuera de la articulación que realizan las distintas lenguas del plano del contenido,
como sostiene Hjelmslev, puesto que el sentido, lo común a todas las lenguas permanece en el
orden de lo no formulado ni formulable. Igualmente, no existe significante sin la organización
que imponen las lenguas naturales al plano de la expresión. Las lenguas naturales, entonces,
organizan lo pensable: articulan y dan forma a un contenido que es, en principio, amorfo.
Según Rastier, habilitan la existencia de una semántica autónoma, pues rompen tanto la
separación entre el pensamiento y el lenguaje como el sustancialismo ontológico aristotélico.
De ese modo, el significado queda sólo en las lenguas e incluso se anula la relación entre el
significante y el significado.
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Además de la relación de representación del concepto con respecto al objeto, aquélla que
relacionaba el signo y el concepto se vuelve inconcebible: en efecto, el significante no
representa al significado más de lo que el significado representa al objeto (Rastier, 2007).
formales privilegian la significación de palabras y oraciones, en tanto que las teorías europeas
trabajan sobre el sentido de un texto, tal como lo plantea Rastier (1996).
Continuando con esta segunda línea de trabajo, desde el punto de vista de una semántica
autónoma, lo absurdo de la frase de Chomsky Incoloras ideas verdes duermen
furiosamente radica en la imposibilidad de que un género discursivo le otorgue interpretabilidad
(Rastier, 2005). Si bien el enunciado está sintácticamente bien formado —gramatical, según
Chomsky; aceptable en lo que concierne a la forma del contenido, según Rastier—, su absurdo
deviene de la ausencia de isotopía genérica —anómalo semánticamente, según Chomsky;
inaceptable, inadmisible en lo que concierne a la sustancia de su contenido, según Rastier.
Las diferencias en el análisis de este enunciado muestran dos modos de pensar la relación entre
semántica y sintaxis que tienen que ver con dos tradiciones teóricas: de un lado, una tradición
lógico–gramatical y del otro, una tradición retórico–hermenéutica, tal como denomina Rastier
(1996) a estas dos concepciones del lenguaje.
Ahora bien, volver a pensar a uno de los teóricos que habló tempranamente de géneros
discursivos, Mijail Bajtin, permite reubicar el problema de la interfaz semántica–sintaxis,
agregando un nuevo término: semántica–sintaxis–discurso. Según este teórico, todo discurso
como esfera de uso del lenguaje condiciona lo decible:
los enunciados reflejan las condiciones específicas y el objeto de cada una de estas esferas no
sólo por su contenido temático y por su estilo verbal, o sea por la selección de los recursos
léxicos, fraseológicos y gramaticales de la lengua, sino, ante todo, por su composición o
estructuración (1982: 248).
En efecto, el orden discursivo no sólo regula tema y organización sino que está en todos y cada
uno de los elementos del lenguaje que conforman lo dicho. Como sostenía Bajtin, el léxico es
uno de esos elementos. Podríamos intentar precisar su aserción sosteniendo que el léxico
contiene información semántica y morfológica que conlleva instrucciones sintácticas, pero la
combinatoria final sólo se estabiliza en el orden discursivo.
En este artículo sostendré que, a medida que los discursos son más estables, más repetitivos,
más reglados, incluso institucionalmente, el espacio en el que se vinculan semántica,
morfología y sintaxis conforma estructuras tan estables que constriñen al máximo el uso. Tal
estabilidad se debe, probablemente, a la fuerza que ejercen las normas, término acuñado por
Coseriu (1973). Aceptar esta hipótesis supondría también aceptar que, muchas veces, lo que
aparece como orden gramatical interno, en realidad está ligado a factores tan aparentemente
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[Link] LINGÜÍSTICAS
Una variación lingüística se define como el uso de un elemento lingüístico en lugar de otro sin
que esto implique ningún cambio de significado. El elemento que posee diversas expresiones es
una variable lingüística, y cada una de las expresiones de una variable se denomina variante
lingüística.
obtención de ejemplos del uso de una y otra variante, convierten a la sintáctica en más difícil de
medir o cuantificar. En la variación sintáctica los contextos de ocurrencia son más difíciles de
identificar o definir. Las posibles diferencias de significado entre variantes son un problema en
la variación sintáctica. La variación sintáctica normalmente no está estratificada estilística o
socialmente, ésta viene determinada por factores completamente lingüísticos.
Hay varios tipos de variables que también se incluyen en este grupo: - De tipo morfológico:
aquellas que afectan a la morfología, sobre todo la gramatical, cuya variación no suele implicar
a los niveles pragmático y sintáctico. De tipo categoríal, se trata de las que afectan algunas
veces a elementos morfológicos y, casi siempre, a sintácticos, cuya variación suele implicar a
los niveles semántico y pragmático. De tipo funcional, se trata de las que influyen en la sintaxis
y, parcialmente, en la morfología. Éstas no suelen estar relacionadas con otros factores
semánticos, suelen estar determinadas por factores geográficos, sociolingüísticos, históricos y
estilísticos. De tipo posicional, la entonación suele estar envuelta en todas ellas, y aquí reside su
importancia.
Variación léxica: Su estudio se enfrenta a iguales problemas que la sintáctica. Entre ellos
destaca el establecimiento de equivalencias entre variantes, que nos lleva a la antigua discusión
sobre la existencia o no de la sinonimia. Las unidades léxicas pueden verse semánticamente
neutralizadas, pero es muy complicado demostrar que dos o más variantes son equivalentes.
Esto se complica más cuando el uso de cierta forma está influido por connotaciones,
impresiones propias, usos comunicativos, es decir, cuando el emisor aplica a su selección léxica
criterios que pueden pasar desapercibidos para los oyentes. El estudio de la variación léxica
busca explicar la alternancia en el uso de las formas léxicas en unas determinadas condiciones
lingüísticas y extralingüísticas.
1.3. LA SOCIOLINGÜISTICA
lingüísticas caracterizan los distintos grupos sociales. En sociolingüística, la lengua tiene, por
tanto, un correlato social del que carece en lingüística. Este rasgo es justamente lo que distingue
la sociolingüística de la lingüística (interna), ya que ésta se encarga del análisis de las lenguas
en cuanto sistemas, independientemente de los usuarios y de las comunidades de habla que
estos conforman.
En otro nivel de análisis, la sociología del lenguaje se interesa por fenómenos sociológicos
como el bilingüismo, la diglosia, la elección, sustitución y mantenimiento de lenguas y el
contacto entre distintos idiomas. La sociología de la lengua se centra en el efecto del uso del
lenguaje en las sociedades, mientras que la sociolingüística estudia el efecto de la estructura y la
organización social en el uso del lenguaje.
Un sociólogo del lenguaje estudia en qué manera la dinámica social es alterada o afectada por el
uso individual o colectivo de la lengua. Este estudio buscaría averiguar quien está "autorizado"
a usar qué lengua, con quién y bajo qué condiciones. Igualmente la sociología del lenguaje
examinaría cómo la lengua afecta a la identidad individual y de grupo, y cómo se establece esta
identidad
racional basada en las normas y valores del sistema cultural. La sociolingüística crítica, en
cambio, considera que las producciones discursivas son el proceso mismo de la
estructuración de la sociedad —no establece, pues, una diferencia entre los aspectos
lingüísticos y los aspectos sociales— y adopta la idea del lenguaje de la lucha social en la
que los individuos actúan para legitimar sus ideologías o bien para acceder a los recursos
(Bourdieu, 1982). Es por eso que el campo de estudio de la sociolingüística crítica se
interesa especialmente por aquellos temas que tienen que ver con las desigualdades
sociales de cualquier tipo —lengua y etnicidad, interseccionalidad y feminismo, ideologías
lingüísticas y globalización, etc.— o bien con las pugnas ideológicas entre los diferentes
grupos de una misma sociedad.
Del lado del norte de América y a partir de la década de los sesenta, el "punto de vista social"
acerca del lenguaje también fue introducido por estudiosos opuestos al mentalismo y el
psicologismo presentes en los postulados generativistas chomskianos. William Labov y Dell
Hymes se interesan por la variación lingüística y los dialectos en cuanto a clase y status social
en las áreas urbanas de importantes ciudades de los Estados Unidos. De esta manera se
consolidaba la profunda división dentro de los mismos cimientos de la disciplina lingüística,
cisma correspondiente a la oposición filosófica tradicional entre el idealismo y el materialismo,
mentalismo contra empirismo, donde el enfoque idealista era ejmplificado por el programa
generativo chomskiano y sus tratamientos relacionados, como la gramática de estructura de
frases y la gramática léxico-funcional, entre otras, mientras que la posición materialista era
ejemplificada por la práctica acostumbrada dentro de la fonética, la lingüística histórica, la
dialectología y la sociolingüística, disciplina que solía centrarse en los Estados Unidos casi
exclusivamente en el estudio cuantitativo de la variación lingüística (Labov, 1987).
Con la publicación en 1964 del libro "Language in Culture and Society", el antropólogo y
lingüista Dell Hymes da su contribución a lo que denominó una ciencia lingüística a favor de
"los impedidos del lenguaje", con utilidad práctica y centrada en el uso, proponiendo un nuevo
programa de investigación al que denomina "etnografía de la comunicación" (Hymes, 1964).
Dicho de otra manera, se trata de no sólo aplicar correctamente las reglas gramaticales de una
lengua y formar oraciones gramaticalmente correctas, sino también de "saber cuándo, dónde y a
quién pueden decirse". La competencia comunicativa incluye a su vez la competencia
discursiva, la cual describe la habilidad para producir discurso oral o escrito unificado que
muestre coherencia y cohesión, que se ajuste a las normas de los diferentes géneros textuales de
la comunicación (una carta comercial, una receta, un ensayo científico), relacionados según las
normas del discurso (Richards, Platt y Platt, 1997; Serrano, 1992).
Por otro lado, un hecho de suma importancia lo fue también la publicación del libro The Social
Stratification of English in New York City (Labov, 1966) a partir del cual se impulsaron
investigaciones acerca de la estructura sociolingüística de las comunidades urbanas, aportando
progresos en los análisis de la variación sociolingüística, métodos de análisis cuantitativos y el
acuñamiento posterior del concepto de "patrón sociolingüístico". Tales esfuerzos fundacionales
condujeron a la larga a producir un cuerpo de trabajos significativo, a ambos lados del
Atlántico, que fueron cruciales para el desarrollo de lo que en general pasaría a llamarse "una
teoría sociolingüística", teoría que intenta adelantar planteamientos coherentes acerca de la
relación entre el uso lingüístico y patrones o estructuras sociales de los más variados tipos
(Romaine, 1982) . Estos desarrollos, inicialmente casi exclusivamente referidos al idioma inglés
hablado, mayormente de Norteamérica y luego de Inglaterra, sólo en años más recientes
sirvieron de base a estudios con la lengua escrita, con otros idiomas, y con enfoques menos
cuantitativistas.
De otra parte, y llevándose a efecto en un ambiente hasta entonces inexplorado como lo era el
de las escuelas de los Estados Unidos, se comenzó a realizar y a difundir el trabajo de Courtney
Cazden (Cazden, 1997; 1988; 1972), el cual hizo patente el papel que podían jugar no sólo los
lingüistas sino otros profesionales en el estudio de la lengua en la educación. De lado del que tal
vez sea el concepto de mayor interés e importancia dentro de la educación, como lo es el de
aprendizaje, se perseguía realizar microanálisis de géneros discursivos altamente valorizados
por grupos culturales, así como establecer partes o segmentos de la lengua regidos por reglas, y
que anteriormente no habían sido percibidos, mucho menos sistematizados. Para esa época, se
publicaba el trabajo clásico que recogía un año de observaciones de interacción oral entre
docente y alumnos, trabajo a partir del cual se acuñó el término "lenguaje de docente" o
"teacher talk", observación que más tarde dejaría establecido el hecho de que el patrón de
interacción verbal del salón de clase promedio era el de "introducción-respuesta-evaluación" o
I-R-E, por sus siglas en Inglés. De determinar qué sucedía con la lengua oral en los salones de
clase, se pasó a los libros de textos y luego a otros géneros académicos escritos tan propios de la
educación (Heath, 2000).
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CONCLUSIÓNES
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS