TRABAJO PRÁCTICO
TRABAJO Y CIUDADANIA. 6TO COMUNICACIÓN
FECHA DE ENTREGA: 16/05
Definiciones del concepto de trabajo
Las que siguen son dos definiciones clásicas del concepto de trabajo:
● Trabajo es toda forma de actividad que permite transformar la naturaleza en bienes y servicios útiles y crear
relaciones interpersonales y sociales más ricas.
● Trabajo es la actividad social mediante la cual el hombre (fuerza de trabajo), con ayuda de las herramientas y
condiciones materiales indispensables (medios de trabajo), transforma los objetos de trabajo (materia prima o
bruta) con el fin de satisfacer sus necesidades de conservación y reproducción.
Ninguna de estas dos definiciones parece ser lo suficientemente adecuada para comprender la dimensión laboral
de las sociedades modernas, en las cuales el trabajo se ha constituido en un medio de integración social. Limitar la
noción de trabajo a la posibilidad de subsistencia presupone reducir a los hombres a una primaria condición de
ser natural, y a sus capacidades a un factor de producción. El concepto de trabajo debe incluir la consideración de
los hombres como sujetos y todas sus necesidades posibles de ser satisfechas teniendo en cuenta las condiciones
económicas y culturales del momento: la mera sobrevivencia no da cuenta de una vida verdaderamente humana.
Por otra parte, aproximarse desde esta mirada a las condiciones actuales del trabajo permite comprender
relaciones de poder y situaciones de injusticia, marginación y pobreza.
Finocchio, Silvia y Gojman, Silvia. “El trabajo entre sueños, incertidumbres y realidades”. En: Aisenberg, Beatriz y
Alderoqui, Silvia. “Didáctica de las Ciencias Sociales II. Teorías con prácticas”. Buenos Aires, Paidós, 1998.
1) Analicen el texto y respondan estas preguntas:
a) ¿Qué relaciones pueden establecer entre las ideas sobre el trabajo que surgieron del torbellino de ideas y las
definiciones del texto?
b) ¿Por qué, según las autoras, las dos definiciones clásicas de trabajo no son adecuadas (o resultan limitadas)
para explicar qué es el trabajo en las sociedades modernas?
c) ¿Cuáles son los aspectos o dimensiones del trabajo que las definiciones clásicas no contemplan?
El trabajo y su contexto social
“Ahora bien, ¿en qué consiste la alienación del trabajo? Ante todo, en el hecho de que el trabajo es exterior al
obrero, es decir, que no pertenece a su ser; que, en consecuencia, el obrero no se afirma en su trabajo, sino que
se niega; no se siente cómodo, sino desventurado; no despliega una libre actividad física e intelectual, sino que
martiriza su cuerpo y arruina su espíritu. En consecuencia, el obrero solo tiene la sensación de estar consigo
mismo cuando está fuera del trabajo, y, cuando está en su trabajo se siente fuera de sí. Está como en su casa
cuando no trabaja; cuando trabaja no se siente en su casa. Su trabajo no es, pues, voluntario, sino impuesto; es
trabajo forzado. No es pues, la satisfacción de una necesidad, sino solo un medio de satisfacer algunas
necesidades al margen del trabajo. El carácter extraño del trabajo aparece con claridad en el hecho de que apenas
deja de haber obligación física o de otro tipo, el trabajo es rehuido como si fuera una peste. El trabajo exterior, el
trabajo en el que el hombre se aliena, es un trabajo de sacrificio de si, de mortificación. Por último, el carácter
exterior del trabajo con respecto al obrero aparece en el hecho de que no es un bien propio de éste, sino un bien
de otro; que no pertenece al obrero; que en el trabajo el obrero no se pertenece a si mismo, sino que pertenece a
otro. Así como en la religión la actividad propia de la imaginación humana –del cerebro humano y del corazón
humano- actúa sobre el individuo independientemente de él, así también la actividad del obrero no es su propia
actividad. Pertenece a otro; es la pérdida de si mismo. Llegamos, pues, al resultado de que el hombre solo se
siente ya libremente activo en sus funciones animales: comer, beber y procrear, y, cuando mucho, en su cuarto,
en su arreglo personal, etc., y que en sus funciones de hombre sólo se siente ya animal. Lo bestial se convierte en
lo humano y lo humano se convierte en lo bestial. Comer, beber, procrear, etc., son también, por cierto, funciones
auténticamente humanas. Pero separadas en forma abstracta del resto del campo de actividades humanas y
convertidas, así, en el único y último fin, son bestiales”.
Marx, Karl, Manuscritos de 1844. Economía, Política y Filosofía. Buenos Aires, Arandu, 1968.
2) Analicen el texto y respondan las siguientes preguntas:
a) ¿Qué es la alienación para Marx?
b) Da ejemplos de situaciones laborales actuales que crees que produzcan alienación en las personas.
c) Expliquen con sus palabras lo que significa la siguiente cita: “Llegamos, pues, al resultado de que el
hombre solo se siente ya libremente activo en sus funciones animales: comer, beber y procrear, y,
cuando mucho, en su cuarto, en su arreglo personal, etc., y que en sus funciones de hombre sólo se
siente ya animal. Lo bestial se convierte en lo humano y lo humano se convierte en lo bestial. Comer,
beber, procrear, etc., son también, por cierto, funciones auténticamente humanas. Pero separadas en
forma abstracta del resto del campo de actividades humanas y convertidas, así, en el único y último fin,
son bestiales”.
REGRESO A LA DIGNIDAD DEL TRABAJO
[Asistimos] a una extraordinaria sobrevaloración del trabajo fomentada por una ideología liberal agresiva que
encuentra traducción política directa en las orientaciones de la actual mayoría, con el presidente de la República a
la cabeza. Todo el mundo recuerda los eslóganes que incitaban al trabajo y prometían que trabajar más era el
medio de mejorar el poder adquisitivo y a la vez de cumplir con el deber de ciudadano. Esto, obviamente, en lo
que hace a todos aquellos que consienten en trabajar y tienen el valor de hacerlo, ya que esta celebración del
trabajo va acompañada de la estigmatización de todos los que no trabajan. La sospecha que pesa sobre los
desocupado y los que reciben ayudas sociales es la de ser “desempleados por gusto” y sobre ellos se multiplicarán
los controles y las presiones para que acepten cualquier trabajo. Estas posturas, en el fondo populares, podrían
parecer, si no aberrantes, al menos paradójicas, puesto que una de las características de la situación actual es
precisamente que falta el trabajo y que el pleno empleo no está asegurado desde hace treinta años. Sin embargo,
es en este contexto, donde la incitación incondicional al trabajo adquiere todo su sentido. En efecto, estos tres
componentes de la situación deben pensarse juntos: primero, hay un “no empleo”, es decir, una escasez de
puestos disponibles en el mercado del trabajo susceptibles de asegurar el pleno empleo; segundo, hay una
sobrevaloración del trabajo que hace de él un imperativo categórico, una exigencia absoluta de trabajar para ser
socialmente respetable; tercero, hay una estigmatización del “no trabajo”, asimilada a la ociosidad culpable, a la
figura tradicional del “pobre malo” que vive a expensas de los que trabajan. Estas tres dimensiones funcionan de
manera complementaria para impulsar una política que puede conducir a la plena actividad sin que esto
signifique el retorno al pleno empleo. Todo el mundo debe y podría trabajar si se baja el umbral de exigencia que
regula el acceso al trabajo. Por lo tanto, hay que trabajar aun cuando el trabajo no asegure las condiciones
mínimas de cierta independencia económica. De este modo, uno se convierte en un trabajador pobre, figura que
se está instalando en nuestro paisaje social. No es gratificante desde ningún punto de vista ser un trabajador
pobre. Sin embargo, es mejor que ser un pobre malo, un miserable parásito que vive de la ayuda social. Se perfila
así una estrategia que, llevada al extremo, podría reabsorber el desempleo reduciéndolo progresivamente por
medio de la multiplicación de maneras degradadas de trabajar. De este modo, se podría restaurar una sociedad
de plena actividad sin que se pueda hablar de sociedad de pleno empleo, si se entiende por empleo un trabajo
relativamente seguro en cuanto a su duración, firmemente encuadrado por el derecho del trabajo y cubierto por
la seguridad social. Se implementan una amplia gama de actividades que institucionalizan la precariedad como
régimen normal en el mundo del trabajo. Ha reaparecido la inseguridad social, y un número creciente de
trabajadores viven nuevamente “al día”, como se decía en otra época. Es necesario seguir defendiendo el valor
trabajo, no se ha encontrado aún una alternativa sólida para asegurar la independencia económica y el
reconocimiento social en la sociedad moderna. El trabajo es esencial en tanto sostén de la identidad de la persona
mediante los recursos económicos y los derechos sociales a los que da acceso. Por el contrario, la institución de
formas degradadas de empleo, invocando la exigencia de trabajar a cualquier precio, lleva también a la
degradación de la situación del trabajador y, por último, de la calidadde ciudadano. No basta con “rehabilitar el
trabajo”: hay que respetar la dignidad de los trabajadores.
Robert Castel, Regreso a la dignidad del trabajo,
Clarín y Le Monde, 2008.
PROBLEMAS, PREJUICIOS Y ALTERNATIVAS
Los tiempos actuales ya no son aquellos reconocibles en la sociedad salarial.1 Sin embargo, el trabajo sigue
siendo el eje estructurante de nuestra vida social. La idea de mundo del trabajo nos permite reconocer este
planteo. El trabajo nos arma el mundo, estructura nuestras vidas, nuestros tiempos, nuestras relaciones sociales.
El trabajo es nuestro mundo y quedarnos sin trabajo, sabiendo la imposibilidad de poder obtener otro, se nos
presenta como la pérdida de todo. […] Actualmente, el desempleo es un fenómeno a nivel mundial que aparece
como problemática de manera global. Dominique Méda (1998) plantea que el ordenamiento social se ha visto
profundamente transformado, en un contexto donde ya no hay posibilidades de garantizar el empleo; y sin
embargo, nuestras sociedades, siguen organizadas en base al trabajo remunerado. La inclusión está garantizada
solo a partir de un salario. […] Esta es la paradoja de nuestras sociedades: nos educan y nos forman para
conseguir empleos, pero esos empleos brillan por su ausencia. […] Es posible registrar aquí los efectos del
desempleo en las personas empleadas. La amenaza, presente a nivel social, de perder el trabajo, obliga a los que
están empleados a aceptar cualquier tarea remunerada sin considerar las condiciones. […] En este sentido, las
consecuencias de las transformaciones en el mundo laboral, no son solo visibles en el desempleo creciente.
También son reconocibles en el aumento de la precarización. Los trabajos precarios son aquellas tareas mal
remuneradas y que no garantizan los derechos sociales y laborales presentes en todo empleo formal. El
desempleo ha devenido un fantasma que recorre todo el mercado laboral, obligando a los trabajadores a aceptar
cualquier tipo de trabajo a cualquier precio. Es necesario aquí volver nuevamente sobre la dignidad. Una persona
sin empleo pero que trabaja para su comunidad, en un proyecto de gestión colectiva para poder sobrevivir, no
tiene por qué ser considerada indigna. Aquí, volvemos también a la ecuación trabajo igual a empleo. En tiempos
contemporáneos, grandes sectores de la población se ven imposibilitados de obtener empleos; pero eso no
quiere decir que no trabajen. Muchos ejemplos nos muestran que a pesar de estar desempleadas, las personas se
encuentran ocupadas. El desempleo no es sinónimo de falta de actividad. Una investigación reciente en el
conurbano bonaerense ha registrado cómo los jóvenes desempleados participan activamente en el desarrollo de
sus comunidades, gestionando radios locales, participando en la construcción de las viviendas, trabajando en las
huertas comunitarias. En este sentido, es importante no reducir el trabajo al empleo, sobre todo a la hora de
formar a nuestros jóvenes. Como hemos señalado, es un anacronismo formar para la obtención de un empleo en
tiempos actuales, cuando la problemática es precisamente el desempleo. En lugar de aquello, la formación puede
apuntar hacia la creación de trabajo, asumiendo que los desafíos actuales exigen que seamos capaces de
inventarnos y de gestionar colectivamente estrategias para poder trabajar.
Verónica Millenaar, El tiempo del desempleo. Transformaciones en el mundo del trabajo y sus efectos en la
subjetividad (ponencia), Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, 2006.
3) Analicen los dos textos y respondan las siguientes consignas:
a) Ambos autores afirman que el trabajo continúa siendo el eje estructurante de la vida social.
¿Por qué es tan importante el trabajo? ¿Qué implicancias múltiples tiene en la vida de las
personas?
b) ¿Qué consecuencias tiene en la actualidad quedarse sin trabajo?
c) ¿Cuáles son los sectores político-económicos que, en la sociedad francesa, fomentan, según
Robert Castel, la sobrevaloración del trabajo, la exigencia absoluta de trabajar para ser
socialmente respetado y la estigmatización del no trabajo, asimilado a la ociosidad culpable?
d) ¿Qué efectos tienen estas ideas sobre el resto de la sociedad?
e) Escriba sus reflexiones sobre las siguientes afirmaciones:
• “No basta con ‘rehabilitar el trabajo’: hay que respetar la dignidad de los trabajadores.”
(Robert Castel)
• “… en un contexto donde ya no hay posibilidades de garantizar el empleo […], nuestras
sociedades siguen organizadas en base al trabajo remunerado. La inclusión está garantizada
solo a partir de un salario. […] El desempleo ha devenido un fantasma que recorre todo el
mercado laboral, obligando a los trabajadores a aceptar cualquier tipo de trabajo a cualquier
precio. Es necesario aquí volver nuevamente sobre la dignidad. Una persona sin empleo pero
que trabaja para su comunidad, en un proyecto de gestión colectiva para poder sobrevivir, no
tiene por qué ser considerada indigna.” (Verónica Millenaar)
f) ¿Qué alternativas propone Verónica Millenaar frente a lo que algunos cientistas sociales
denominan el capitalismo del desempleo?
g) ¿Cuál es el desafío que plantea para la formación en la actualidad?
h) ¿Qué piensan usted y sus colegas sobre estas propuestas?