Filosofía Científica
En primera instancia, sería un oxímoron, una Contradictio in adjecto (sustantivo y adjetivo dentro
de un sintagma están en contradicción, contradicción por adición de contrarios).
La misma entendida, desde la propuesta de Bertrand Russell (1952), “Una filosofía perfectible,
dinámica, que por extensión cambia progresivamente; es contrastable en sentido diferencial a la
constratabilidad científica; y, clara como exacta en sus formulaciones”.
Busca articular la visión general del mundo, que surge de los conocimientos específicos de las
ciencias particulares.
Problemas filosóficos legítimos
¿Qué es el significado?; ¿Qué es la verdad?; ¿Qué es una proposición?; ¿Qué es la materia?; ¿Qué
es una ley de la naturaleza?; ¿Qué es el azar?; ¿Qué es la causalidad?; ¿Qué es la información?;
¿Qué son el espacio y el tiempo?; ¿Qué es el conocimiento?; ¿Qué es una teoría?; ¿Qué es un
modelo?; ¿Qué son el bien y el mal?; ¿Existe el libre albedrio?
Precedentes filosóficos
Karl Eugen Dühring (1833-1921): Postulaba un filosofía materialista, realista e informada
por la ciencia; diseñando un sistema que intentaba fusionar el positivismo de Comte con el
materialismo ateo de Feuerbach. En él se afianza la bondad natural del hombre como lo
hizo Fourier, lo que en última instancia debería suponer la superación de la contradicción
entre individuo y sociedad.
Charles Sanders Peirce (1839-1914): La clave de la filosofía de la ciencia de Peirce es el
falibilismo, esto es, el reconocimiento de que una característica irreductible del
conocimiento humano es la falibilidad: Errare hominum est.
Ludwig Eduard Boltzmann (1844 - 1906).
Hans Reichenbach (1891- 1953): Representante del positivismo lógico, llevo a cabo
contribuciones a la teoría de la probabilidad y a las interpretaciones filosóficas de la
relatividad, de la mecánica cuántica y de la termodinámica. La esencia del conocimiento
según Reichenbach es la generalización. El conocimiento se deriva de la generalización de
experiencias particulares. Se separa los factores pertinentes de la experiencia de los que
no son pertinentes, así posibilitando una generalización que constituye el principio del
conocimiento y el origen de la ciencia. La generalización es la naturaleza misma de la
explicación. Cuando observamos un hecho, tratamos de derivar la ley general que se
incorpora en este hecho.
1. AUTOPSIA PREMATURA DE LA FILOSOFÍA por Mario Bunge
Creo que la filosofía no está muerta sino enferma. Si esto es verdad, y si queremos que la
filosofía se recupere, debemos empezar por formular un diagnóstico correcto: debemos
identificar los males que aquejan a la filosofía. Mi diagnóstico es que la filosofía de nuestro
tiempo sufre de los siguientes males:
1). PROFESIONALIZACIÓN EXCESIVA. Antes el filosofar era cosa de aficionados, de
amantes de la sabiduría. Desde hace un par de siglos la filosofía es una profesión como
cualquier otra. [...] Además, hoy hay tantos puestos de profesor de filosofía que,
inevitablemente, muchos de ellos son ocupados por personas sin vocación. Para peor,
están obligados a publicar para poder conseguir empleo o ascenso. Con la comunidad
científica ocurre otro tanto: está llena de funcionarios que, en otros tiempos, hubieran
sido competentes artesanos, escribientes o abogados. El resultado inevitable de la
profesionalización de la filosofía y de la ciencia es la pérdida de calidad.
2). CONFUSIÓN ENTRE HACER FILOSOFÍA Y CONTAR SU HISTORIA. No hay duda de que el
conocimiento del pasado de su disciplina es más importante para el filósofo que para el
químico o el biólogo, porque muchos problemas filosóficos tienen raíces antiguas y siguen
abiertos. Es decir, la historia de la filosofía es una herramienta para filosofar. Pero ocurre
demasiado a menudo que el medio se toma por fin. La consecuencia es que marchamos
mirando para atrás. Esta es una aberración. Al fin y al cabo, los historiadores de la filosofía
se ocupan de filósofos originales, no de historiadores de la filosofía.
3). CONFUSIÓN ENTRE PROFUNDIDAD Y OSCURIDAD. Es verdad que es difícil entender un
pensamiento profundo. Pero también es verdad que es fácil hacer pasar una perogrullada,
o incluso un absurdo, por un pensamiento profundo. Para esto basta utilizar expresiones
confusas o retorcidas. Por ejemplo, al escribir que "el mundo mundea", que "el tiempo es
originariamente la maduración de la temporalidad", y disparates similares, Heidegger se
hizo pasar por un pensador profundo. De no ser catedrático alemán, la gente lo habría
tomado por loco, cuando no fue sino un charlatán.
4). OBSESIÓN POR EL LENGUAJE, que aqueja tanto a los filósofos analíticos como a los
existencialistas. Por supuesto que el filósofo debe cuidar el lenguaje, pero en esto no se
distingue del matemático, el geólogo, el escritor o el periodista. Además, una cosa es
escribir correctamente y con claridad, y otra tomar el lenguaje como tema central de la
reflexión filosófica y, para peor, sin hacer caso de los trabajos de los expertos en la
materia, o sea, los lingüistas. Al filósofo no le interesa saber cómo se usa esta o aquella
palabra en tal o cual comunidad lingüística. Sin duda, puede interesarle la idea general de
lenguaje, pero solo como una de tantas ideas generales. Si se limita al lenguaje irrita al
lingüista y aburre a todos. El resultado es que no enriquece la lingüística ni la filosofía.
5). SUBJETIVISMO. Este es el conjunto de doctrinas filosóficas que niegan la realidad
objetiva del mundo y la posibilidad de alcanzar verdades objetivas. Ejemplos modernos de
subjetivismo son la fenomenología o egología (teoría del yo) de Husserl, la tesis positivista
según la cual no hay hechos físicos sino tan solo observaciones, y la tesis relativista
conforme a la cual cada grupo social construye sus propias verdades, sin que haya modo
racional de zanjar entre ellas. El subjetivismo es comodísimo. En efecto, si el mundo es lo
que yo imagino, no tengo por qué tomarme el trabajo de estudiarlo. Y si no hay verdades
objetivas, no tenemos por qué esforzarnos por encontrarlas. El resultado neto es la
devaluación de la investigación científica.
6). ATENCIÓN EXAGERADA QUE PRESTA A PROBLEMAS ÍNFIMOS Y A JUEGOS
ACADÉMICOS, tales como las especulaciones sobre mundos posibles. Esta preferencia por
lo menudo justifica el viejo dicho cínico: "La filosofía es aquello con lo cual, y sin lo cual, el
mundo queda tal y cual".
7). ABUSO DE FORMALISMO SIN SUSTANCIA, Y SU COMPLEMENTO, EL ABUSO DE LO
SUSTANCIOSO INFORME. Quienes cometen el primer pecado suelen ser lógicos que creen
que la lógica formal no solo es necesaria sino que basta para filosofar. En el segundo
pecado caen quienes no advierten que el tratamiento preciso de problemas profundos
exige el uso de algunas herramientas formales lógicas o incluso matemáticas. (Ejemplos: la
dilucidación y sistematización de los conceptos de significado y de verdad, de sistema y de
emergencia de la novedad, de mente y de reducción).
8). DESDÉN POR LA CONSTRUCCIÓN DE SISTEMAS FILOSÓFICOS, so pretexto de que todos
los sistemas anteriores, tales como los de Leibniz y Hegel, han fracasado. Esto es como
renegar de la física porque cada una de las teorías físicas ha resultado defectuosa. Lo malo
no es el esfuerzo de sistematización en sí sino tal o cual resultado del mismo. Necesitamos
sistematizar nuestras ideas. porque las ideas aisladas son apenas inteligibles, y porque el
propio mundo es un sistema antes que un agregado de objetos desconectados. Una idea
cualquiera "arrastra" o "atrae" a otras ideas, así como todo cuerpo atrae a otros cuerpos.
Por ejemplo, la idea de negación es incomprensible sin las ideas de proposición y de
afirmación. Y, a partir de Einstein, la idea de tiempo es incomprensible sin relación con las
ideas de acontecimiento, materia y espacio. Por estos motivos necesitamos sistemas
conceptuales, o sea, teorías, y debemos construir puentes entre éstas. La filosofía no
escapa a la necesidad de sistematizar.
9). DESINTERÉS POR LA CIENCIA Y LA TÉCNICA. Este desinterés lleva a formular
especulaciones escandalosamente anacrónicas. Ejemplos: la filosofía de la mente que
ignora los hallazgos de la psicología y la neurociencia; la filosofía de la historia que no se
da por enterada de las contribuciones de la escuela historiográfica francesa de los Annales,
y la filosofía de la acción que no toma nota de los hallazgos de la politología ni de la
técnica de la administración de empresas. Este desinterés hace que la filosofía actual sea
rara vez de utilidad para la ciencia o la técnica.
10). LA MAYORÍA DE LOS FILÓSOFOS VIVE EN LA TORRE DE MARFIL, sin interesarse por
los problemas sociales. Por ejemplo, la mayoría de los éticos se desinteresa de los
problemas morales que a todos nos plantean la tiranía y la guerra, la pobreza y el
deterioro ambiental. Por consiguiente sus análisis son de interés puramente académico.
En resolución, creo que la filosofía de nuestro tiempo está aquejada de diez males.
Cualquiera de ellos hubiera bastado por sí solo para postrarla. Los diez morbos juntos la
han puesto gravemente enferma. Pero enfermedad no es lo mismo que muerte. Más aún,
el diagnóstico acertado de una enfermedad precede al tratamiento eficaz y por ello puede
ser la primera fase de la recuperación. La filosofía no morirá mientras queden personas
curiosas por problemas generales cuya solución no tenga otra utilidad que la de ayudarnos
a comprender la realidad, en particular al ser humano. El que no todos estos individuos
sean catedráticos de filosofía, poco importará a la larga. Tampoco Descartes fue
catedrático y, sin embargo, fue el padre de la filosofía moderna.
Lo que realmente importa para la salud de la filosofía es mantener viva la curiosidad por
las ideas generales. Como reza el dicho popular, no está muerto quien pelea.
- BUNGE, M. (1998). Elogio de la curiosidad. Editorial Sudamericana, pp.212-217.
2. La 'filosofía científica' no es una rama de la filosofía sino una postura filosófica; y por lo
general no muy bien definida. (A mí en particular me parece lógico que esté mal definida
dado que la expresión es un oxímoron, la filosofía no puede ser científica dado que no es
una disciplina empírica). Autores que recuerdo que usaron esa expresión fueron: Russell
(que en realidad NO hablaba de filosofía científica sino de filosofía informada por la
ciencia, que derivó en lo que hoy llamamos filosofía analítica), Husserl (que pensaba que la
fenomenología era ciencia, lo cual es falso), Quine (que en realidad defendía una filosofía
naturalista, afirmando que la epistemología era un 'capítulo de la psicología' y que por lo
general caía en una falacia naturalista), y dos autores que intentaron dar una definición
más seria fueron Bunge y Gustavo Esteban Romero. Sobre todo, el último tiene textos más
interesantes al respecto, pero ninguno de ellos (por lo que sé) hacen historia de la
filosofía, y mucho menos historia de la 'filosofía científica'.
Depende de qué entendamos por 'científico'. Yo creo que a lo científico en último término
no le cabe sino rendirse ante el Tribunal de la experiencia. O sea, para mí es un pleonasmo
hablar de 'ciencia empírica'. Pues creo que toda ciencia no puede ser sino empírica. Dado
ese contexto, no se puede hacer ni filosofía científica, ni ética científica, ni matemática
científica, ni astrología científica. Por razones muy distintas. (La astrología no puede ser
ciencia porque es pseudociencia, las matemáticas no pueden ser ciencia porque son un
supuesto a priori de toda formalización de la ciencia, la filosofía no puede ser ciencia
porque es un supuesto epistemológico de la ciencia, y la ética apela a valores en un lugar
donde la ciencia debería ser valorativamente neutral al apelar a la empiria).
Claro que la ciencia tiene este pequeño bucle: su contenido en tanto empírico es de facto
(o debería serlo para ser verdadero), pero su forma (su firma de justificar que eso que dice
es verdadero) es de iure. No se puede hacer ciencia sin epistemología. Pero son dos
discusiones distintas establecer la verdad de una proposición que la justificación a la hora
de establecer la verdad de una proposición. La verdad depende de la naturaleza (es un
tema científico), mientras que la justificación depende de la racionalidad (es un tema
epistemológico). Estoy de acuerdo con vos en que esos dos temas se mezclan: pero por el
bien del análisis debemos dividir esos dos problemas.
Ahora, "Ciencia" puede ser entendida, en un sentido amplio, como investigación que
produce conocimiento sistemático, ordenado, verificable, etc. sobre un determinado
dominio; y el objeto de ese conocimiento puede ser la realidad material o los sistemas
formales. Si se trata de conocer hechos materiales, sobre cosas concretas, como por
ejemplo la composición del agua, o la explicación de las conductas de los individuos, pues
ahí tenemos "ciencias fácticas" (o ciencias a secas) como son la química o la psicología...;
mientras que si de lo que se trata es de conocer cómo funcionan abstracciones del tipo de
las raíces cuadradas o los grupos abelianos, entonces tenemos a las Matemáticas, que, al
igual que la Lógica, muy bien puede catralogarse como "ciencia formal". Por descontado
que, habida cuenta de sus diferentes clases de objetos de conocimiento, las ciencias
fácticas se rinden a la evidencia empírica, y no así las formales. Pero esa distinción esencial
entre unas y otras no significa que no tenga sentido considerarlas a ambas como ciencias
en un sentido amplio -aunque, por supuesto, es legítima la opción de entender ciencia en
un sentido más estrecho y reservar ese término exclusivamente para las ciencias fácticas.
Por otra parte, y dado que en el post se preguntaba específicamente por la llamada
"filosofía científica", me parece relevante traer aquí a colación la famosa decatupla del
arriba mencionado Bunge, según la cual tendríamos, entre las características que hacen
que consideremos (o no) a un campo de investigación como científico, la forma en que ese
campo utiliza (o no) herramientas lógicas y matemáticas -el fondo formal-, y también la
medida en que aquel se nutre (o no) de conocimientos empíricos bien asentados en otros
campos de investigación -el fondo específico. Pienso que, en ese marco conceptual, tiene
perfecto sentido el proyecto de "filosofía científica" que promovía el mencionado Bunge y
seguidores del mismo como el también mencionado Gustavo Esteban Romero. Lejos de
ser un oxímoron (que sugiere el absurdo de una filosofía reducida a disciplina científica),
creo que la expresión se estaría refiriendo, sobre todo, a la aspiración de que la filosofía,
aun no siendo una ciencia, sea capaz de dotarse de rigor y sistematicidad en la mayor
medida de lo posible, a base de incorporar en su manera de investigar esas características
de fondo formal y fondo específico que denotan el quehacer científico.