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5 Madrigal

El primer poema describe unos ojos claros y serenos que miran con ira al hablante, pidiéndoles que no lo miren así para que sigan pareciendo hermosos. El segundo poema describe las características físicas y la belleza de una mujer que parecen pedir un hombre. El tercer poema habla de unos ojos verdes que podrían causar la perdición o salvación del hablante.

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El primer poema describe unos ojos claros y serenos que miran con ira al hablante, pidiéndoles que no lo miren así para que sigan pareciendo hermosos. El segundo poema describe las características físicas y la belleza de una mujer que parecen pedir un hombre. El tercer poema habla de unos ojos verdes que podrían causar la perdición o salvación del hablante.

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MADRIGAL

MADRIGAL 

Ojos claros, serenos, 


si de un dulce mirar sois alabados, 
¿por qué, si me miráis, miráis airados? 
Si cuanto más piadosos, 
más bellos parecéis a aquel que os mira, 
no me miréis con ira, 
porque no parezcáis menos hermosos. 
¡Ay tormentos rabiosos! 
Ojos claros, serenos, 
ya que así me miráis, miradme al menos. 

Gutiérrez de Cetina 

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MADRIGAL 

Tu tez rosada y pura; tus formas gráciles 


de estatua de Tanagra; tu olor de lilas; 
el carmín de tu boca de labios tersos; 
las miradas ardientes de tus pupilas; 
el ritmo de tu paso; tu voz velada; 
tus cabellos que suelen, si los despeina 
tu mano blanca y fina, toda hoyuelada, 
cubrirte con un rico manto de reina; 
tu voz, tus ademanes, tú... no te asombre: 
todo eso está, ya a gritos, pidiendo un hombre. 
José Asunción Silva 
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MADRIGAL
MADRIGAL 

Por tus ojos verdes yo me perdería, 


sirena de aquellas que Ulises, sagaz, 
amaba y temía. 
Por tus ojos verdes yo me perdería. 

Por tus ojos verdes en lo que, fugaz, 


brillar suele, a veces, la melancolía; 
por tus ojos verdes tan llenos de paz, 
misteriosos como la esperanza mía; 
por tus ojos verdes, conjuro eficaz, 
yo me salvaría. 

Amado Nervo 
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A UN BOSTEZO DE FLORIS. MADRIGAL 

Bostezó Floris, y su mano hermosa, 


MADRIGAL
Cortésmente tirana y religiosa, 
Tres cruces de sus dedos celestiales 
Engastó en perlas y cerró en corales, 
Crucificando en labios carmesíes, 
O en puertas de rubíes, 
Sus dedos de jazmín y casta rosa. 

Yo, que alumbradas de sus vivas luces 


Sobre claveles rojos vi tres Cruces, 
Hurtar quise el engaste de una de ellas, 
Por ver si mi delito o mi fortuna, 
Por mal o buen Ladrón, me diera una; 
Y fuera buen Ladrón, robando Estrellas. 

Mas no pudiendo hurtarlas, 


Y mereciendo apenas adorarlas, 
Divino Humilladero 
De toda libertad, dije, «Yo muero, 
Si no en Cruces, por ellas, donde veo 
Morir virgen y mártir mi deseo». 

Francisco de Quevedo y Villegas 


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MADRIGAL AL BILLETE DE
TRANVÍA 

Adonde el viento, impávido, subleva 


torres de luz contra la sangre mía, 
MADRIGAL
tú, billete, flor nueva, 
cortada en los balcones del tranvía. 

Huyes, directa, rectamente liso, 


en tu pétalo un nombre y un encuentro 
latentes, a ese centro 
cerrado y por cortar del compromiso. 

Y no arde en ti la rosa, ni en ti priva 


el finado clavel, si la violeta 
contemporánea, viva, 
del libro que viaja en la chaqueta. 

Rafael Alberti 
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