La hora de la lectura – 4ta parte
Estudiante: Casahuillca Untiveros Adriana Avril N° de orden: 6
Elaboramos un cuento teniendo como base las historias familiares, tradiciones de nuestros
antepasados historias de nuestros abuelos (as), etc.
El condenado nocturno
Una tarde nublada indicaba una tormenta próxima, así que con mi mamá alistamos nuestras
cosas luego de haber terminado de hacer algunas compras en el pueblo vecino. Era hora de
que volvamos a casa si queríamos llegar a salvo y con la luz del día aun alumbrando, al fin y al
cabo, estábamos muy lejos de casa. Entonces nos alistamos, guardamos todo en las bolsas
preparamos los caballos para montar.
No estábamos corriendo, debíamos tener cuidado con las compras, pero tratábamos de
acelerar el paso. Sin embargo, cada vez oscurecía más, después unos minutos ya no había
luz que nos iluminara y fue entonces que la lluvia empezó a caer y golpearnos como si nos
arrojaran pequeños granos de arroz por todo el cuerpo sin mencionar que el agua empezaba
a empapar todo. Le sugerí a mama que lo mejor seria seguir el camino hasta llegar a casa de
la abuela, no estaba muy lejos y era mucho más seguro a diferencia de este silenciosos prado
mas no me hizo caso.
Ella sugirió que aguardáramos a que la lluvia calmara en una gran cueva, no me quedaba más
opción que aceptar de todas formas no iba cambiar de opinión por mas razones que le digiera.
A pesar de ello todavía yo seguía teniendo un mal presentimiento, mientras mi madre
acomodaba a su caballo y se adentraba en la cueva yo no me atrevía a soltarlo, me quede
parada junto al mío casi sin entrar a la gran caverna y fue entonces que lo escuche… inicio
como pequeños gruñidos, mi corazón empezaba a latir muy rápido, cada vez incrementaban el
volumen y se percibían más cerca. Tenia mucho miedo y lo único que paso por mi mente en ese
momento fue gritarle a mama
- ¡Vámonos¡- le dije lo mas fuerte que pude, esperando alguna reacción suya pues
también se había quedado petrificada.
Ella solo acertó en decirme - ¡Corre Luci, corre!
Como tenía mi caballo a lado, lo monte rápidamente e indique que corriera lo mas rápido que
pudiese, no haya tiempo de pensar, me encontraba a una gran distancia como de 12 metros
cuando voltee la cabeza no pude ver a mi madre. En defecto pude confirmar mis sospechas,
se trata de un condenado, alcance a ver la silueta de una criatura extraña con la forma mutada
de lo que parecía una llama; comparada con la altura de la cueva, que de por si era como de 2
metros, estaba mucho mas grande. Mi miedo solo se incrementó.
Por tal motivo solo repare en seguir corriendo mientras escuchaba sus gruñidos, no podía
hacer otra cosa, mi única opción era llegar a la casa de mi abuela. Tenia la esperanza de que
la estrepitosa lluvia lo ahuyentaría y al parecer así fue…
Al llegar a mi destino solo guarde al caballo en el establo, entre en la casa, tranque la puerta
y rece a Dios por que mi madre estuviese a salvo de la criatura. Me metí a dormir después de
todo ya se había hecho muy tarde y después de toda esta travesía mis energías habían sido
completamente agotadas.
A la mañana siguiente, cuando me levanté la vi, la mujer que más quería en este mundo estaba
sentada en la mesa tomando un desayuno de chapo de machica con pan, mi única reacción fue
correr a abrazarla y ella me correspondió. Después de servirme el mismo desayuno que el
suyo me comento que ella pudo salir de aquella intrincada situación corriendo hacia el follaje
de las plantas, escondiéndose detrás de un pequeño campo de espinas largas y aguardando
ahí muchas horas. También menciono que no vio al condenado regresar a su guarida por eso
tenía un gran temor de que algo pudiese haberme sucedido.
Cuando vio algunos rayos de sol alumbrar, fue en busca de su caballo había visto la dirección
en la que corrió, para su buena fortuna no se encontraba muy lejos y solo estaba pastando, lo
tomo y montón hasta llegar a donde me encontraba yo. Sintió mucho alivio al verme dormir
en la cama de mi abuela, descansó unas horas y luego preparo nuestro desayuno.
Al finalizar su anécdota, me molesto por no trancar bien la puerta porque se le había sido
muy fácil entrar y que debería tener mas cuidado. El resto del día solo volvimos a casa con
las compras que pude conservar.
-Fin-