Texto Encriptado y Codificado
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Puestos a desarrollar, en primer trmino, el tema de los derechos del hombre, observamos que ste tiene un derecho a la existencia, a la integridad corporal, a los medios necesarios para un decoroso nivel de vida, cuales son, principalmente, el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia mdica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee tambin el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por ltimo, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento[8]. Derecho a la buena fama, a la verdad y a la cultura 12. El hombre exige, adems,, por derecho natural el debido respeto a su persona, la buena reputacin social, la posibilidad de buscar la verdad libremente y, dentro de los lmites del orden moral y del bien comn, manifestar y difundir sus opiniones y ejercer una profesin cualquiera, y, finalmente, disponer de una informacin objetiva de los sucesos pblicos. 13. Tambin es un derecho natural del hombre el acceso a los bienes de la cultura. Por ello, es igualmente necesario que reciba una instruccin fundamental comn y una formacin tcnica o profesional de acuerdo con el progreso de la cultura en su propio pas. Con este fin hay que esforzarse para que los ciudadanos puedan subir, s su capacidad intelectual lo permite, a los ms altos grados de los estudios, de tal forma que, dentro de lo posible, alcancen en la sociedad los cargos y responsabilidades adecuados a su talento y a la experiencia que hayan adquirido[9]. Derecho al culto divino 14. Entre los derechos del hombre d bese enumerar tambin el de poder venerar a Dios, segn la recta norma de su conciencia, y profesar la religin en privado y en pblico. Porque, como bien ensea Lactancio, para esto nacemos, para ofrecer a Dios, que nos crea, el justo y debido homenaje; para buscarle a El solo, para seguirle. Este es el vnculo de piedad que a El nos somete y nos liga, y del cual deriva el nombre mismo de religin[10]. A propsito de este punto, nuestro predecesor, de inmortal memoria, Len XIII afirma: Esta libertad, la libertad verdadera, digna de los hijos de Dios, que protege tan gloriosamente la dignidad de la persona humana, est por encima de toda violencia y de toda opresin y ha sido siempre el objeto de los deseos y del amor de la Iglesia. Esta es la libertad que reivindicaron constantemente para s los apstoles, la que confirmaron
con sus escritos los apologistas, la que consagraron con su sangre los innumerables mrtires cristianos [11]. Derechos familiares 15. Adems tienen los hombres pleno derecho a elegir el estado de vida que prefieran, y, por consiguiente, a fundar una familia, en cuya creacin el varn y la mujer tengan iguales derechos y deberes, o seguir la vocacin del sacerdocio o de la vida religiosa[12]. 16. Por lo que toca a la familia, la cual se funda en el matrimonio libremente contrado, uno e indisoluble, es necesario considerarla como la semilla primera y natural dela sociedad humana. De lo cual nace el deber de atenderla con suma diligencia tanto en el aspecto econmico y social como en la esfera cultural y tica; todas estas m+ Medidas tienen como fin consolidar la familia y ayudarla a cumplir su misin. 17. A los padres, sin embargo, corresponde antes que a nadie el derecho de mantener y educar a los hijos[13]. Derechos econmicos 18. En lo relativo al campo de la economa, es evidente que el hombre tiene derecho natural a que se le facilite la posibilidad de trabajar y a la libre iniciativa en el desempeo del trabajo[14]. 19. Pero con estos derechos econmicos est ciertamente unido el de exigir tales condiciones de trabajo que no debiliten las energas del cuerpo, ni comprometan la integridad moral, ni daen el normal desarrollo de la juventud. Por lo que se refiere a la mujer, hay quedarle la posibilidad de trabajar en condiciones adecuadas a las exigencias y los deberes de esposa y de madre[15]. 20. De la dignidad de la persona humana nace tambin el derecho a ejercer las actividades econmicas, salvando el sentido de la responsabilidad[16]. Por tanto, no debe silenciarse que ha de retribuirse al trabajador con un salario establecido conforme a las normas de la justicia, y que, por lo mismo, segn las posibilidades de la empresa, le permita, tanto a l como a su familia, mantener un gnero de vida adecuado a la dignidad del hombre. Sobre este punto, nuestro predecesor, de feliz memoria, Po XII afirma: Al deber de trabajar, impuesto al hombre por la naturaleza, corresponde asimismo un derecho natural en virtud del cual puede pedir, a cambio de su trabajo, lo necesario para la vida propia y de sus hijos. Tan profundamente est mandada por la naturaleza la conservacin del hombre[17].
Derecho a la propiedad privada 21. Tambin surge de la naturaleza humana el derecho a la propiedad privada de los bienes, incluidos los de produccin, derecho que, como en otra ocasin hemos enseado,constituye un medio eficiente para garantizar la dignidad de la persona humana y el ejercicio libre de la propia misin en todos los campos de la actividad econmica, y es, finalmente, un elemento de tranquilidad y de consolidacin para la vida familiar, con el consiguiente aumento de paz y prosperidad en el Estado[18]. 22. Por ltimo, y es sta una advertencia necesaria, el derecho de propiedad privada entraa una funcin social[19]. Derecho de reunin y asociacin 23. De la sociabilidad natural de los hombres se deriva el derecho de reunin y de asociacin; el de dar a las asociaciones que creen la forma ms idnea para obtener los fines propuestos; el de actuar dentro de ellas libremente y con propia responsabilidad, y el de conducirlas a los resultados previstos [20]. 24. Como ya advertimos con gran insistencia en la encclica Mater et magistra, es absolutamente preciso que se funden muchas asociaciones u organismos intermedios, capaces de alcanzar los fines que os particulares por s solos no pueden obtener eficazmente. Tales asociaciones y organismos deben considerarse como instrumentos indispensables en grado sumo para defender la dignidad y libertad de la persona humana, dejando a salvo el sentido de la responsabilidad[21]. Derecho de residencia y emigracin 25. Ha de respetarse ntegramente tambin el derecho de cada hombre a conservar o cambiar su residencia dentro de los lmites geogrficos del pas; ms an, es necesario que le sea lcito, cuando lo aconsejen justos motivos, emigrar a otros pases y fijar all su domicilio[22]. El hecho de pertenecer como ciudadano a una determinada comunidad poltica no impide en modo alguno ser miembro de la familia humana y ciudadano de la sociedad y convivencia universal, comn a todos los hombres. Derecho a intervenir en la vida pblica 26. Adese a lo dicho que con la dignidad de la persona humana concuerda el derecho a tomar parte activa en la vida pblica y contribuir al bien comn. Pues, como dice nuestro predecesor, de feliz memoria, Po XII, el hombre como tal, lejos de ser objeto y elemento puramente pasivo de la vida social, es, por el contrario, y debe ser y permanecer su sujeto, fundamento y fin[23].
Derecho a la seguridad jurdica 27. A la persona humana corresponde tambin la defensa legtima de sus propios derechos; defensa eficaz, igual para todos y regida por las normas objetivas de la justicia, como advierte nuestro predecesor, de feliz memoria, Po XII con estas palabras: Del ordenamiento jurdico querido por Dios deriva el inalienable derecho del hombre a la seguridad jurdica y, con ello, a una esfera concreta de derecho, protegida contra todo ataque arbitrario([24]. Los deberes del hombre Conexin necesaria entre derechos y deberes 28. Los derechos naturales que hasta aqu hemos recordado estn unidos en el hombre que los posee con otros tantos deberes, y unos y otros tienen en la ley natural, que los confiere o los impone, su origen, mantenimiento y vigor indestructible. 29. Por ello, para poner algn ejemplo, al derecho del hombre a la existencia corresponde el deber de conservarla; al derecho a un decoroso nivel de vida, el deber de vivir con decoro; al derecho de buscar libremente la verdad, el deber de buscarla cada da con mayor profundidad y amplitud. El deber de respetar los derechos ajenos 30. Es asimismo consecuencia de lo dicho que, en la sociedad humana, a un determinado derecho natural de cada hombre corresponda en los dems el deber de reconocerlo y respetarlo. Porque cualquier derecho fundamental del hombre deriva su fuerza moral obligatoria de la ley natural, que lo confiere e impone el correlativo deber. Por tanto, quienes, al reivindicar sus derechos, olvidan por completo sus deberes o no les dan la importancia debida, se asemejan a los que derriban con una mano lo que con la otra construyen. El deber de colaborar con los dems 31. Al ser los hombres por naturaleza sociables, deben convivir unos con otros y procurar cada uno el bien de los dems. Por esto, una convivencia humana rectamente ordenada exige que se reconozcan y se respeten mutuamente los derechos y los deberes. De aqu se sigue tambin el que cada uno deba aportar su colaboracin generosa para procurar una convivencia civil en la que se respeten los derechos y los deberes con diligencia y eficacia crecientes. 32. No basta, por ejemplo, reconocer al hombre el derecho a las cosas necesarias para la vida si no se procura, en la medida posible, que el hombre posea con suficiente abundancia cuanto toca a su sustento.
33. A esto se aade que la sociedad, adems de tener un orden jurdico, ha de proporcionar al hombre muchas utilidades. Lo cual exige que todos reconozcan y cumplan mutuamente sus derechos y deberes e intervengan unidos en las mltiples empresas que la civilizacin actual permita, aconseje o reclame. El deber de actuar con sentido de responsabilidad 34. La dignidad de la persona humana requiere, adems, que el hombre, en sus actividades, proceda por propia iniciativa y libremente. Por lo cual, tratndose de la convivencia civil, debe respetar los derechos, cumplir las obligaciones y prestar su colaboracin a los dems en una multitud de obras, principalmente en virtud de determinaciones personales. De esta manera, cada cual ha de actuar por su propia decisin, convencimiento y responsabilidad, y no movido por la coaccin o por presiones que la mayora de las veces provienen de fuera. Porque una sociedad que se apoye slo en la razn de la fuerza ha de calificarse de inhumana. En ella, efectivamente, los hombres se ven privados de su libertad, en vez de sentirse estimulados, por el contrario, al progreso de la vida y al propio perfeccionamiento. OCTOGESIMA ADVENIENS I. Nuevos Problemas Sociales La urbanizacin 8. Un fenmeno de gran importancia atrae nuestra atencin, tanto en los pases industrializados como en las naciones en vas de desarrollo: la urbanizacin. Tras un largo perodo de siglos, la civilizacin agraria se esta debilitando. Por otra parte, se presta suficiente atencin al acondicionamiento y mejora de la vida de la gente rural, cuya condicin econmica inferior, y hasta miserable a veces, provoca el xodo hacia los tristes amontonamientos de los suburbios, donde no les espera ni empleo ni alojamiento? Este xodo rural permanente, el crecimiento industrial, el aumento demogrfico continuo, el atractivo de los centros urbanos, provocan concentraciones de poblacin cuya amplitud apenas se puede imaginar, puesto que ya se habla de megpolis que agrupan varias decenas de millones de habitantes. Ciertamente, existen ciudades cuya dimensin asegura un mejor equilibrio de la poblacin. Susceptibles de ofrecer un empleo a aquellos a quienes el progreso de la agricultura habr dejado disponibles, permiten un acondicionamiento del ambiente humano capaz de evitar la proliferacin del proletariado y el amontonamiento de las grandes aglomeraciones. 9. El crecimiento desmedido de estas ciudades acompaa a la expansin industrial, pero sin confundirse con ella. Basada en la investigacin tecnolgica y en la transformacin de la naturaleza, la industrializacin prosigue sin cesar su camino, dando prueba de una incesante creatividad. Mientras unas empresas se
desarrollan y se concentran, otras mueren o se trasladan, creando nuevos problemas sociales: paro profesional o regional, cambios de empleo y movilidad de personas, adaptacin permanente de los trabajadores, disparidad de condiciones en los diversos ramos industriales. Una competencia desmedida, utilizando los medios modernos de la publicidad, lanza continuamente nuevos productos y trata de atraer al consumidor, mientras las viejas instalaciones industriales todava en funcionamiento van hacindose intiles. Mientras amplsimos estratos de la poblacin no pueden satisfacer sus necesidades primarias, se intenta crear necesidades de lo superfluo. Se puede uno preguntar, por tanto, con todo derecho, si, a pesar de todas sus conquistas, el ser humano no est volviendo contra s mismo los frutos de su actividad. Despus de haberse asegurado un dominio necesario sobre la naturaleza (7), no se est convirtiendo ahora en esclavo de los objetos que fabrica? Los cristianos en la ciudad
10. El surgir de la civilizacin urbana que acompaa al incremento de la civilizacin industrial, no es, en realidad, un verdadero desafo lanzado a la sabidura de la persona, a su capacidad de organizacin, a su imaginacin prospectiva? En el seno de la sociedad industrial, la urbanizacin trastorna los modos de vida y las estructuras habituales de la existencia: la familiar la vecindad, el marco mismo de la comunidad cristiana. La humanidad experimenta una nueva soledad, no ya de cara a una naturaleza hostil que le ha costado siglos dominar, sino en medio de una muchedumbre annima que le rodea y dentro de la cual se siente como extraa. Etapa sin duda irreversible en el desarrollo de las sociedades humanas, la urbanizacin plantea a hombres y mujeres difciles problemas: cmo frenar su crecimiento, regular su organizacin, suscitar el entusiasmo ciudadano por el bien de todos? En este crecimiento desordenado nacen nuevos proletariados. Se instalan en el centro de las ciudades que los ricos a veces abandonan; acampan en los suburbios, cinturn de miseria que llega a asediar, mediante una protesta silenciosa, todo el lujo demasiado estridente de las ciudades del consumo y del despilfarro. En lugar de favorecer el encuentro fraternal y la ayuda mutua, la ciudad desarrolla las discriminaciones y tambin las indiferencias; se presta a nuevas formas de explotacin y de dominio, de las que algunos, especulando con las necesidades de los dems, sacan ganancias inadmisibles. Detrs de las fachadas se esconden muchas miserias, ignoradas an por los vecinos ms cercanos; otras aparecen all donde la dignidad de la persona humana zozobra: delincuencia, criminalidad, droga, erotismo. 11. Son, en efecto, los ms dbiles las vctimas de las condiciones de vida inhumana, degradantes para las conciencias y daosas para la institucin familiar: la promiscuidad de las viviendas populares hace imposible un mnimo de intimidad; los matrimonios jvenes, en la vana espera de una vivienda decente y a un precio asequible, se desmoralizan y hasta su misma unidad puede quedar comprometida; los jvenes abandonan un hogar demasiado reducido y buscan en la calle compensaciones y compaas incontrolables. Es un deber grave de los responsables tratar de dominar y orientar este proceso.
Urge reconstruir, a escala de calle, de barrio o de gran conjunto, el tejido social, dentro del cual hombres y mujeres puedan dar satisfaccin a las exigencias justas de su personalidad. Hay que crear o fomentar centros de inters y de cultura a nivel de comunidades y de parroquias, en sus diversas formas de asociacin, crculos recreativos, lugares de reunin, encuentros espirituales, comunitarios, donde, escapando al aislamiento de las multitudes modernas cada uno podr crearse nuevamente relaciones fraternales. 12. Construir la ciudad lugar de existencia de las personas y de sus extensas comunidades, crear nuevos modos de proximidad y de relaciones, percibir una aplicacin original de la justicia social, tomar a cargo este futuro colectivo que se anuncia difcil, es una tarea en la cual deben participar los cristianos. A estos seres humanos amontonados en una promiscuidad urbana que se hace intolerable, hay que darles un mensaje de esperanza por medio de la fraternidad vivida y de la justicia concreta. Los cristianos, conscientes de esta responsabilidad nueva, no deben perder el nimo en la inmensidad amorfa de la ciudad, sino que deben acordarse de Jons, quien por mucho tiempo recorre Nnive, la gran ciudad, anunciar en ella la Buena Nueva de la misericordia divina, sostenido en su debilidad por la sola fuerza de la palabra de Dios todopoderoso. En la Biblia, la ciudad es frecuentemente, en efecto, el lugar del pecado y del orgullo; orgullo del ser humano que se siente suficientemente seguro para construir su vida sin Dios y tambin para afirmar su poder contra Dios. Pero existe tambin Jerusaln, la ciudad santa, el lugar de encuentro con Dios, la promesa de la ciudad que viene de lo alto (8). Los jvenes 13. La transformacin de la vida urbana provocada por la industrializacin pone al descubierto, por otra parte, problemas hasta ahora poco conocidos. Qu puesto corresponder, por ejemplo, a los jvenes y a la mujer en la sociedad que est surgiendo? Por todas partes se presenta difcil el dilogo entre una juventud portadora de aspiraciones, de renovacin y tambin de inseguridad ante el futuro, y las generaciones adultas. Quin no ve que hay una fuente de graves conflictos, de rupturas y de abandonos, incluso en el seno de la familia, y un problema planteado sobre las formas de autoridad, la educacin de la libertad, la transmisin de los valores y de las creencias, que toca a las races ms profundas de la sociedad? El puesto de la mujer Asimismo, en muchos pases, una legislacin sobre la mujer que haga cesar esa discriminacin efectiva y establezca relaciones de igualdad de derechos y de respeto a su dignidad, es objeto de investigaciones y a veces de vivas reivindicaciones. Nos no hablamos de esa falsa igualdad que negara las distinciones establecidas por el mismo Creador, y que estara en contradiccin con la funcin especfica, tan capital, de la mujer en el corazn del hogar y en el seno
de la sociedad. La evolucin de las legislaciones debe, por el contrario, orientarse en el sentido de proteger la vocacin propia de la mujer, y al mismo tiempo reconocer su independencia en cuanto persona y la igualdad de sus derechos a participar en la vida econmica, social, cultural y poltica. Los trabajadores 14. La Iglesia lo ha vuelto a afirmar solemnemente en el ltimo Concilio: La persona humana es y debe ser el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones (9). Toda persona tiene derecho al trabajo, a la posibilidad de desarrollar sus cualidades y su personalidad en el ejercicio de su profesin, a una remuneracin equitativa que le permita a esta persona y a su familia llevar una vida digna en el plano material, cultural y espiritual (10), a la asistencia en caso de necesidad por razn de enfermedad o de edad. Si para la defensa de estos derechos las sociedades democrticas aceptan el principio de la organizacin sindical, sin embargo, no se hallan siempre dispuestas a su ejercicio. Se debe admitir la funcin importante de los sindicatos: tienen por objeto la representacin de las diversas categoras de trabajadores, su legtima colaboracin en el progreso econmico de la sociedad, el desarrollo del sentido de sus responsabilidades para la realizacin del bien comn. Su accin no est, con todo, exenta de dificultades; puede sobrevenir, aqu o all, la tentacin de aprovechar una posicin de fuerza para imponer, sobre todo por la huelga cuyo derecho como medio ltimo de defensa queda ciertamente reconocido , condiciones demasiado gravosas para el conjunto de la economa o del cuerpo social, o para tratar de obtener reivindicaciones de orden directamente poltico. Cuando se trata en particular de los servicios pblicos, necesarios a la vida diaria de toda una comunidad, se deber saber medir los lmites, ms all de los cuales los perjuicios causados son absolutamente reprobables. Las victimas de los cambios 15. En resumen, se han hecho ya algunos progresos para introducir, en el seno de las relaciones humanas, ms justicia y mayor participacin en las responsabilidades. Pero en este inmenso campo queda todava mucho por hacer. Es necesario, por ello, proseguir la reflexin, la bsqueda y la experimentacin, para que no se retrasen las soluciones referentes a las legtimas aspiraciones de los trabajadores, aspiraciones que se van afirmando a medida que se desarrollan su formacin, la conciencia de su dignidad, el vigor de sus organizaciones. El egosmo y el afn de dominar al prjimo son tentaciones permanentes del ser humano. Se hace por ello necesario un discernimiento, cada vez ms afinado, de la realidad para poder conocer desde su mismo origen las situaciones de injusticia e instaurar progresivamente una justicia siempre menos imperfecta. En el cambio industrial, que reclama una rpida y constante adaptacin, los que se van a ver
ms daados sern los ms numerosos y los menos favorecidos para hacer or su voz. La atencin de la Iglesia se dirige hacia estos nuevos pobres los minusvlidos, los inadaptados, los ancianos, los marginados de diverso origen , para conocerlos, ayudarlos, defender su puesto y su dignidad en una sociedad endurecida por la competencia y el aliciente del xito. Las discriminaciones 16. Entre el nmero de las vctimas de situaciones de injusticia aunque el fenmeno no sea por desgracia nuevo hay que contar a aquellos que son objeto de discriminaciones, de derecho o de hecho, por razn de su raza, su origen, su color, su cultura, su sexo o su religin. La discriminacin racial reviste en estos momentos un carcter de mayor actualidad por las tensiones que crea tanto en el interior de algunos pases como en el plano internacional. Con razn, las personas consideran injustificable y rechazan como inadmisible la tendencia a mantener o introducir una legislacin o prcticas inspiradas sistemticamente por prejuicios racistas; los miembros de la humanidad participan de la misma naturaleza, y, por consiguiente, de la misma dignidad, con los mismos derechos y los mismos deberes fundamentales, as como del mismo destino sobrenatural. En el seno de una patria comn, todos deben ser iguales ante la ley, tener guales posibilidades en la vida econmica, cultural, cvica o social y beneficiarse de una equitativa distribucin de la riqueza nacional. Derecho a la emigracin 17. Nos pensamos tambin en la precaria situacin de un gran nmero de trabajadores emigrados, cuya condicin de extranjeros hace tanto ms difcil, por su parte, toda reivindicacin social, no obstante su real participacin en el esfuerzo econmico del pas que los recibe. Es urgente que se sepa superar, con relacin a ellos, una actitud estrictamente nacionalista, con el fin de crear en su favor una legislacin que reconozca el derecho a la emigracin, favorezca su integracin, facilite su promocin profesional y les permita el acceso a un alojamiento decente, adonde pueda venir, si es posible, su familia (11). Tienen relacin con esta categora las poblaciones que, por encontrar un trabajo, librarse de un catstrofe o de un clima hostil, abandonan sus regiones y se encuentran desarraigadas entre las dems. Es deber de todos y especialmente de los cristianos (12) trabajar con energa para instaurar la fraternidad universal, base indispensable de una justicia autntica y condicin de una paz duradera: No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relacin del hombre para con Dios Padre y la relacin del
hombre para con los hombres sus hermanos estn de tal forma unidas, que, como dice la Escritura, el que no ama, no conoce a Dios (1 Jn 4,8) (13). Crear puestos de trabajo 18. Con el crecimiento demogrfico, sobre todo en las naciones jvenes, el nmero quienes no llegan a encontrar trabajo y se ven reducidos a la miseria o al parasitismo ir aumentando en los prximos aos, a no ser que un estremecimiento de la conciencia humana provoque un movimiento general de solidaridad por una poltica eficaz de inversiones, de organizacin de la produccin y de los mercados, as como de la formacin adecuada. Conocemos la atencin que se est dando a estos problemas dentro de los organismos internacionales, y Nos deseamos vivamente que sus miembros no tarden en hacer corresponder sus actos a sus declaraciones. Es inquietante comprobar en este campo una especie de fatalismo que se apodera incluso de los responsables. Este sentimiento conduce a veces a las soluciones maltusianas aguijoneadas por la propaganda activa en favor de la anticoncepcin y del aborto. En esta situacin crtica hay que afirmar, por el contrario, que la familia, sin la cual ninguna sociedad puede subsistir, tiene derecho a la asistencia que le asegure las condiciones de una sana expansin. Es cierto, decamos en nuestra encclicaPopulorum progressio, que los poderes pblicos pueden intervenir dentro de los lmites de su competencia, desarrollando una informacin apropiada y tomando medidas adecuadas, con tal que sean conformes a las exigencias de la ley moral y respeten la justa libertad de la pareja humana. Sin el derecho inalienable al matrimonio y a la procreacin, no existe ya dignidad humana (14). 19. Jams en cualquier otra poca haba sido tan explcito el llamamiento a la imaginacin social. Es necesario consagrar a ella esfuerzos de invencin y de capitales tan importantes como los invertidos en armamentos o para las conquistas tecnolgicas. Si la humanidad se deja desbordar y no prev a tiempo la emergencia de los nuevos problemas sociales, stos se harn demasiado graves como para que se pueda esperar una solucin pacfica. Los medios de comunicacin social 20. Entre los cambios ms importantes de nuestro tiempo debemos subrayar la funcin creciente que van asumiendo los medios de comunicacin social y su influencia en la transformacin de las mentalidades, de los conocimientos, de las organizaciones y de la misma sociedad. Ciertamente, tienen muchos aspectos positivos; gracias a ellos, las informaciones del mundo entero nos llegan casi instantneamente, creando un contacto, por encima de las distancias, y elementos de unidad, entre todos los pueblos y personas; con lo cual se hace posible una difusin ms amplia de la informacin y de la cultura. Sin embargo, estos medios de comunicacin social, debido a su misma eficacia llegan a representar como un nuevo poder. Cmo no plantearse, por tanto, la pregunta sobre los detentadores
reales de este poder, sobre los fines que persiguen y los medios que ponen en prctica, sobre la repercusin de su accin en cuanto al ejercicio de las libertades individuales, tanto en los campos poltico e ideolgico como en la vida social, econmica y cultural? Los hombres en cuyas manos est este poder tienen una grave responsabilidad moral en relacin con la verdad de las informaciones que deben difundir, en relacin a las necesidades y con las reacciones que hacen nacer, en relacin con los valores que proponen. Ms an, con la televisin, es un modo original de conocimiento y una nueva civilizacin los que estn naciendo: los de la imagen. Naturalmente, los poderes pblicos no pueden ignorar la creciente potencia e influjo de los medios de comunicacin social, as como las ventajas o riesgos que su uso lleva consigo para la comunidad civil y para su desarrollo y perfeccionamiento real. Ellos, por tanto, estn llamados a ejercer su propia funcin positiva para el bien comn, alentando toda expresin constructiva, apoyando a cada ciudadano o ciudadana y a los grupos en la defensa de los valores fundamentales de la persona y de la convivencia humana; actuando tambin de manera que eviten oportunamente la difusin de cuanto menoscabe el patrimonio comn de valores, sobre el cual se funda el ordenado progreso civil (15). El medio ambiente 21. Mientras el horizonte de hombres y mujeres se va as modificando, partiendo de las imgenes que para ellos se seleccionan, se hace sentir otra transformacin, consecuencia tan dramtica como inesperada de la actividad humana. Bruscamente, la persona adquiere conciencia de ella; debido a una explotacin inconsiderada de la naturaleza, corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez vctima de esta degradacin. No slo el ambiente fsico constituye una amenaza permanente: contaminaciones y desechos, nuevas enfermedades, poder destructor absoluto; es el propio consorcio humano el que la persona no domina ya, creando de esta manera para el maana un ambiente que podra resultarle intolerable. Problema social de envergadura que incumbe a la familia humana toda entera. Hacia otros aspectos nuevos es hacia donde tiene que volverse el hombre o la mujer cristiana para hacerse responsable, en unin con las dems personas, de un destino en realidad ya comn. LABOREM EXERCENS Importancia de los sindicatos Sobre la base de todos estos derechos, junto con la necesidad de asegurarlos por parte de los mismos trabajadores, brota an otro derecho, es decir, el derecho a asociarse; esto es, a formar asociaciones o uniones que tengan como finalidad la defensa de los intereses vitales de los hombres empleados en las diversas
profesiones. Estas uniones llevan el nombre de sindicatos. Los intereses vitales de los hombres del trabajo son hasta un cierto punto comunes a todos; pero al mismo tiempo, todo tipo de trabajo, toda profesin posee un carcter especfico que en estas organizaciones debera encontrar su propio reflejo particular. Los sindicatos tienen su origen, de algn modo, en las corporaciones artesanas medievales, en cuanto que estas organizaciones unan entre s a hombres pertenecientes a la misma profesin y por consiguiente en base al trabajo que realizaban. Pero al mismo tiempo, los sindicatos se diferencian de las corporaciones en este punto esencial: los sindicatos modernos han crecido sobre la base de la lucha de los trabajadores, del mundo del trabajo y ante todo de los trabajadores industriales para la tutela de sus justos derechos frente a los empresarios y a los propietarios de los medios de produccin. La defensa de los intereses existenciales de los trabajadores en todos los sectores, en que entran en juego sus derechos, constituye el cometido de los sindicatos. La experiencia histrica ensea que las organizaciones de este tipo son un elemento indispensable de la vida social, especialmente en las sociedades modernas industrializadas. Esto evidentemente no significa que solamente los trabajadores de la industria puedan instituir asociaciones de este tipo. Los representantes de cada profesin pueden servirse de ellas para asegurar sus respectivos derechos. Existen pues los sindicatos de los agricultores y de los trabajadores del sector intelectual, existen adems las uniones de empresarios. Todos, como ya se ha dicho, se dividen en sucesivos grupos o subgrupos, segn las particulares especializaciones profesionales. La doctrina social catlica no considera que los sindicatos constituyan nicamente el reflejo de la estructura de clase de la sociedad y que sean el exponente de la lucha de clase que gobierna inevitablemente la vida social. S, son un exponente de la lucha por la justicia social, por los justos derechos de los hombres del trabajo segn las distintas profesiones. Sin embargo, esta lucha debe ser vista como una dedicacin normal en favor del justo bien: en este caso, por el bien que corresponde a las necesidades y a los mritos de los hombres del trabajo asociados por profesiones; pero no es una lucha contra los dems. Si en las cuestiones controvertidas asume tambin un carcter de oposicin a los dems, esto sucede en consideracin del bien de la justicia social; y no por la lucha o por eliminar al adversario. El trabajo tiene como caracterstica propia que, antes que nada, une a los hombres y en esto consiste su fuerza social: la fuerza de construir una comunidad. En definitiva, en esta comunidad deben unirse de algn modo tanto los que trabajan como los que disponen de los medios de produccin o son sus propietarios. A la luz de esta fundamental estructura de todo trabajo a la luz del hecho de que en definitiva en todo sistema social el trabajo y el capital son los componentes indispensables del proceso de produccin la unin de los hombres para
asegurarse los derechos que les corresponden, nacida de la necesidad del trabajo, sigue siendo un factor constructivo de orden social y de solidaridad, del que no es posible prescindir. Los justos esfuerzos por asegurar los derechos de los trabajadores, unidos por la misma profesin, deben tener siempre en cuenta las limitaciones que impone la situacin econmica general del pas. Las exigencias sindicales no pueden transformarse en una especie de egosmo de grupo o de clase, por ms que puedan y deban tender tambin a corregir con miras al bien comn de toda la sociedad incluso todo lo que es defectuoso en el sistema de propiedad de los medios de produccin o en el modo de administrarlos o de disponer de ellos. La vida social y econmico-social es ciertamente como un sistema de vasos comunicantes, y a este sistema debe tambin adaptarse toda actividad social que tenga como finalidad salvaguardar los derechos de los grupos particulares. En este sentido la actividad de los sindicatos entra indudablemente en el campo de lapoltica, entendida sta como una prudente solicitud por el bien comn. Pero al mismo tiempo, el cometido de los sindicatos no es hacer poltica en el sentido que se da hoy comnmente a esta expresin. Los sindicatos no tienen carcter de partidos polticos que luchan por el poder y no deberan ni siquiera ser sometidos a las decisiones de los partidos polticos o tener vnculos demasiado estrechos con ellos. En efecto, en tal situacin ellos pierden fcilmente el contacto con lo que es su cometido especfico, que es el de asegurar los justos derechos de los hombres del trabajo en el marco del bien comn de la sociedad entera y se convierten en cambio en un instrumento para otras finalidades. Hablando de la tutela de los justos derechos de los hombres del trabajo, segn sus profesiones, es necesario naturalmente tener siempre presente lo que decide acerca del carcter subjetivo del trabajo en toda profesin, pero al mismo tiempo, o antes que nada, lo que condiciona la dignidad propia del sujeto del trabajo. Se abren aqu mltiples posibilidades en la actuacin de las organizaciones sindicales y esto incluso en su empeo de carcter instructivo, educativo y de promocin de la autoeducacin. Es benemrita la labor de las escuelas, de las llamadas universidades laborales o populares, de los programas y cursos de formacin, que han desarrollado y siguen desarrollando precisamente este campo de actividad. Se debe siempre desear que, gracias a la obra de sus sindicatos, el trabajador pueda no solo tener ms, sino ante todo ser ms: es decir pueda realizar ms plenamente su humanidad en todos los aspectos. Actuando en favor de los justos derechos de sus miembros, los sindicatos se sirventambin del mtodo de la huelga, es decir, del bloqueo del trabajo, como de
una especie de ultimtum dirigido a los rganos competentes y sobre todo a los empresarios. Este es un mtodo reconocido por la doctrina social catlica como legtimo en las debidas condiciones y en los justos lmites. En relacin con esto los trabajadores deberan tener asegurado el derecho a la huelga, sin sufrir sanciones penales personales por participar en ella. Admitiendo que es un medio legtimo, se debe subrayar al mismo tiempo que la huelga sigue siendo, en cierto sentido, un medio extremo. No se puede abusar de l; no se puede abusar de l especialmente en funcin de los juegos polticos. Por lo dems, no se puede jams olvidar que cuando se trata de servicios esenciales para la convivencia civil, stos han de asegurarse en todo caso mediante medidas legales apropiadas, si es necesario. El abuso de la huelga puede conducir a la paralizacin de toda la vida socio-econmica, y esto es contrario a las exigencias del bien comn de la sociedad, que corresponde tambin a la naturaleza bien entendida del trabajo mismo. El trabajo en sentido objetivo: la tcnica Esta universalidad y a la vez esta multiplicidad del proceso de someter la tierra iluminan el trabajo del hombre, ya que el dominio del hombre sobre la tierra se realiza en el trabajo y mediante el trabajo. Emerge as el significado del trabajo en sentido objetivo, el cual halla su expresin en las varias pocas de la cultura y de la civilizacin. El hombre domina ya la tierra por el hecho de que domestica los animales, los cra y de ellos saca el alimento y vestido necesarios, y por el hecho de que puede extraer de la tierra y de los mares diversos recursos naturales. Pero mucho ms somete la tierra, cuando el hombre empieza a cultivarla y posteriormente elabora sus productos, adaptndolos a sus necesidades. La agricultura constituye as un campo primario de la actividad econmica y un factor indispensable de la produccin por medio del trabajo humano. La industria, a su vez, consistir siempre en conjugar las riquezas de la tierra los recursos vivos de la naturaleza, los productos de la agricultura, los recursos minerales o qumicos y el trabajo del hombre, tanto el trabajo fsico como el intelectual. Lo cual puede aplicarse tambin en cierto sentido al campo de la llamada industria de los servicios y al de la investigacin, pura o aplicada. Hoy, en la industria y en la agricultura la actividad del hombre ha dejado de ser, en muchos casos, un trabajo prevalentemente manual, ya que la fatiga de las manos y de los msculos es ayudada por mquinas y mecanismos cada vez ms perfeccionados. No solamente en la industria, sino tambin en la agricultura, somos testigos de las transformaciones llevadas a cabo por el gradual y continuo desarrollo de la ciencia y de la tcnica. Lo cual, en su conjunto, se ha convertido histricamente en una causa de profundas transformaciones de la civilizacin, desde el origen de la era industrial hasta las sucesivas fases de desarrollo gracias a las nuevas tcnicas, como las de la electrnica o de los microprocesadores de los ltimos aos. Aunque pueda parecer que en el proceso industrial trabaja la mquina mientras el hombre solamente la vigila, haciendo posible y guiando de diversas maneras su
funcionamiento, es verdad tambin que precisamente por ello el desarrollo industrial pone la base para plantear de manera nueva el problema del trabajo humano. Tanto la primera industrializacin, que cre la llamada cuestin obrera, como los sucesivos cambios industriales y postindustriales, demuestran de manera elocuente que, tambin en la poca del trabajo cada vez ms mecanizado, el sujeto propio del trabajo sigue siendo el hombre. El desarrollo de la industria y de los diversos sectores relacionados con ella hasta las ms modernas tecnologas de la electrnica, especialmente en el terreno de la miniaturizacin, de la informtica, de la telemtica y otros indica el papel de primersima importancia que adquiere, en la interaccin entre el sujeto y objeto del trabajo (en el sentido ms amplio de esta palabra), precisamente esa aliada del trabajo, creada por el cerebro humano, que es la tcnica. Entendida aqu no como capacidad o aptitud para el trabajo, sino comoun conjunto de instrumentos de los que el hombre se vale en su trabajo, la tcnica es indudablemente una aliada del hombre. Ella le facilita el trabajo, lo perfecciona, lo acelera y lo multiplica. Ella fomenta el aumento de la cantidad de productos del trabajo y perfecciona incluso la calidad de muchos de ellos. Es un hecho, por otra parte, que a veces, la tcnica puede transformarse de aliada en adversaria del hombre, como cuando la mecanizacin del trabajo suplanta al hombre, quitndole toda satisfaccin personal y el estmulo a la creatividad y responsabilidad; cuando quita el puesto de trabajo a muchos trabajadores antes ocupados, o cuando mediante la exaltacin de la mquina reduce al hombre a ser su esclavo. Si las palabras bblicas someted la tierra, dichas al hombre desde el principio, son entendidas en el contexto de toda la poca moderna, industrial y postindustrial, indudablemente encierran ya en s una relacin con la tcnica, con el mundo de mecanismos y mquinas que es el fruto del trabajo del cerebro humano y la confirmacin histrica del dominio del hombre sobre la naturaleza. La poca reciente de la historia de la humanidad, especialmente la de algunas sociedades, conlleva una justa afirmacin de la tcnica como un coeficiente fundamental del progreso econmico; pero al mismo tiempo, con esta afirmacin han surgido y continan surgiendo los interrogantes esenciales que se refieren al trabajo humano en relacin con el sujeto, que es precisamente el hombre. Estos interrogantes encierran una carga particular de contenidos y tensiones de carcter tico y tico-social.Por ello constituyen un desafo continuo para mltiples instituciones, para los Estados y para los gobiernos, para los sistemas y las organizaciones internacionales; constituyen tambin un desafo para la Iglesia.
6. El trabajo en sentido subjetivo: el hombre, sujeto del trabajo Para continuar nuestro anlisis del trabajo en relacin con la palabras de la Biblia, en virtud de las cuales el hombre ha de someter la tierra, hemos de concentrar nuestra atencin sobre el trabajo en sentido subjetivo, mucho ms de cuanto lo hemos hecho hablando acerca del significado objetivo del trabajo, tocando apenas esa vasta
problemtica que conocen perfecta y detalladamente los hombres de estudio en los diversos campos y tambin los hombres mismos del trabajo segn sus especializaciones. Si las palabras del libro del Gnesis, a las que nos referimos en este anlisis, hablan indirectamente del trabajo en sentido objetivo, a la vez hablan tambin del sujeto del trabajo; y lo que dicen es muy elocuente y est lleno de un gran significado. El hombre debe someter la tierra, debe dominarla, porque como imagen de Dios es una persona, es decir, un ser subjetivo capaz de obrar de manera programada y racional, capaz de decidir acerca de s y que tiende a realizarse a s mismo. Como persona, el hombre es pues sujeto del trabajo. Como persona l trabaja, realiza varias acciones pertenecientes al proceso del trabajo; stas, independientemente de su contenido objetivo, han de servir todas ellas a la realizacin de su humanidad, al perfeccionamiento de esa vocacin de persona, que tiene en virtud de su misma humanidad. Las principales verdades sobre este tema han sido ltimamente recordadas por el Concilio Vaticano II en la Constitucin Gaudium et Spes, sobre todo en el captulo I, dedicado a la vocacin del hombre. As ese dominio del que habla el texto bblico que estamos analizando, se refiere no slo a la dimensin objetiva del trabajo, sino que nos introduce contemporneamente en la comprensin de su dimensin subjetiva. El trabajo entendido como proceso mediante el cual el hombre y el gnero humano someten la tierra, corresponde a este concepto fundamental de la Biblia slo cuando al mismo tiempo, en todo este proceso, el hombre se manifiesta y confirma como el que domina. Ese dominio se refiere en cierto sentido a la dimensin subjetiva ms que a la objetiva: esta dimensin condiciona la misma esencia tica del trabajo. En efecto no hay duda de que el trabajo humano tiene un valor tico, el cual est vinculado completa y directamente al hecho de que quien lo lleva a cabo es una persona, un sujeto consciente y libre, es decir, un sujeto que decide de s mismo. Esta verdad, que constituye en cierto sentido el meollo fundamental y perenne de la doctrina cristiana sobre el trabajo humano, ha tenido y sigue teniendo un significado primordial en la formulacin de los importantes problemas sociales que han interesado pocas enteras. La edad antigua introdujo entre los hombres una propia y tpica diferenciacin en gremios, segn el tipo de trabajo que realizaban. El trabajo que exiga de parte del trabajador el uso de sus fuerzas fsicas, el trabajo de los msculos y manos, era considerado indigno de hombres libres y por ello era ejecutado por los esclavos. El cristianismo, ampliando algunos aspectos ya contenidos en el Antiguo Testamento, ha llevado a cabo una fundamental transformacin de conceptos, partiendo de todo el contenido del mensaje evanglico y sobre todo del hecho de que Aquel, que siendo Diosse hizo semejante a nosotros en todo,11 dedic la mayor parte de los aos de su vida terrena al trabajo manual junto al banco del carpintero. Esta circunstancia constituye por s sola el ms elocuente Evangelio del trabajo, que manifiesta cmo el fundamento para determinar el valor del trabajo humano no es en primer lugar el tipo de trabajo que se realiza, sino el hecho de que quien lo ejecuta es
una persona. Las fuentes de la dignidad del trabajo deben buscarse principalmente no en su dimensin objetiva, sino en su dimensin subjetiva. En esta concepcin desaparece casi el fundamento mismo de la antigua divisin de los hombres en clases sociales, segn el tipo de trabajo que realizasen. Esto no quiere decir que el trabajo humano, desde el punto de vista objetivo, no pueda o no deba ser de algn modo valorizado y cualificado. Quiere decir solamente que el primer fundamento del valor del trabajo es el hombre mismo, su sujeto. A esto va unida inmediatamente una consecuencia muy importante de naturaleza tica: es cierto que el hombre est destinado y llamado al trabajo; pero, ante todo, el trabajo est en funcin del hombre y no el hombre en funcin del trabajo. Con esta conclusin se llega justamente a reconocer la preeminencia del significado subjetivo del trabajo sobre el significado objetivo. Dado este modo de entender, y suponiendo que algunos trabajos realizados por los hombres puedan tener un valor objetivo ms o menos grande, sin embargo queremos poner en evidencia que cada uno de ellos se mide sobre todo con el metro de la dignidad del sujeto mismo del trabajo, o sea de la persona, del hombre que lo realiza. A su vez, independientemente del trabajo que cada hombre realiza, y suponiendo que ello constituya una finalidad a veces muy exigente de su obrar, esta finalidad no posee un significado definitivo por s mismo. De hecho, en fin de cuentas, la finalidad del trabajo, de cualquier trabajo realizado por el hombre aunque fuera el trabajo ms corriente, ms montono en la escala del modo comn de valorar, e incluso el que ms margina permanece siempre el hombre mismo ELEMENTOS PARA UNA ESPIRITUALIDAD DEL TRABAJO 24. Particular cometido de la Iglesia Conviene dedicar la ltima parte de las presentes reflexiones sobre el tema del trabajo humano, con ocasin del 90 aniversario de la Encclica Rerum Novarum, a la espiritualidad del trabajo en el sentido cristiano de la expresin. Dado que el trabajo en su aspecto subjetivo es siempre una accin personal, actus personae, se sigue necesariamente que en l participa el hombre completo, su cuerpo y su espritu,independientemente del hecho de que sea un trabajo manual o intelectual. Al hombre entero se dirige tambin la Palabra del Dios vivo, el mensaje evanglico de la salvacin, en el que encontramos muchos contenidos como luces particulares dedicados al trabajo humano. Ahora bien, es necesaria una adecuada asimilacin de estos contenidos; hace falta el esfuerzo interior del espritu humano, guiado por la fe, la esperanza y la caridad, con el fin de dar al trabajo del hombre concreto, con la ayuda de estos contenidos, aquel significado que el trabajo tiene ante los ojos de Dios, y mediante el cual entra en la obra de la salvacin al igual que sus tramas y componentes ordinarios, que son al mismo tiempo particularmente importantes. Si la Iglesia considera como deber suyo pronunciarse sobre el trabajo bajo el punto de vista de su valor humano y del orden moral, en el cual se encuadra, reconociendo en esto una tarea especfica importante en el servicio que hace al mensaje
evanglico completo, contemporneamente ella ve un deber suyo particular en la formacin de unaespiritualidad del trabajo, que ayude a todos los hombres a acercarse a travs de l a Dios, Creador y Redentor, a participar en sus planes salvficos respecto al hombre y al mundo, y a profundizar en sus vidas la amistad con Cristo, asumiendo mediante la fe una viva participacin en su triple misin de Sacerdote, Profeta y Rey, tal como lo ensea con expresiones admirables el Concilio Vaticano II.
El trabajo como participacin en la obra del Creador Como dice el Concilio Vaticano II: Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en s mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibi el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo a s la tierra y cuanto en ella se contiene y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo.27 En la palabra de la divina Revelacin est inscrita muy profundamente esta verdad fundamental, que el hombre, creado a imagen de Dios, mediante su trabajo participa en la obra del Creador, y segn la medida de sus propias posibilidades, en cierto sentido, contina desarrollndola y la completa, avanzando cada vez ms en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado. Encontramos esta verdad ya al comienzo mismo de la Sagrada Escritura, en el libro del Gnesis, donde la misma obra de la creacin est presentada bajo la forma de un trabajo realizado por Dios durante los seis das,28 para descansar el sptimo.29 Por otra parte, el ltimo libro de la Sagrada Escritura resuena an con el mismo tono de respeto para la obra que Dios ha realizado a travs de su trabajo creativo, cuando proclama: Grandes y estupendas son tus obras, Seor, Dios todopoderoso,30 anlogamente al libro del Gnesis, que finaliza la descripcin de cada da de la creacin con la afirmacin: Y vio Dios ser bueno.31 Esta descripcin de la creacin, que encontramos ya en el primer captulo del libro delGnesis es, a su vez, en cierto sentido el primer evangelio del trabajo. Ella demuestra, en efecto, en qu consiste su dignidad; ensea que el hombre, trabajando, debe imitar a Dios, su Creador, porque lleva consigo l solo el elemento singular de la semejanza con l. El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del reposo. Esta obra de Dios en el mundo contina sin cesar, tal como atestiguan las palabras de Cristo: Mi Padre sigue obrando todava ...;32 obra con la fuerza creadora, sosteniendo en la existencia al mundo que ha llamado de la nada al ser, y obra con la fuerza salvfica en los corazones de los hombres, a quienes ha destinado desde el principio al descanso33 en unin consigo mismo, en la casa del Padre.34 Por lo tanto, el
trabajo humano no slo exige el descanso cada siete das,35sino que adems no puede consistir en el mero ejercicio de las fuerzas humanas en una accin exterior; debe dejar un espacio interior, donde el hombre, convirtindose cada vez ms en lo que por voluntad divina tiene que ser, se va preparando a aquel descanso que el Seor reserva a sus siervos y amigos.36 La conciencia de que el trabajo humano es una participacin en la obra de Dios, debe llegar como ensea el Concilio incluso a los quehaceres ms ordinarios. Porque los hombres y mujeres que, mientras procuran el sustento para s y su familia, realizan su trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad, con razn pueden pensar que con su trabajo desarrollan la obra del Creador, sirven al bien de sus hermanos y contribuyen de modo personal a que se cumplan los designios de Dios en la historia.37 Hace falta, por lo tanto, que esta espiritualidad cristiana del trabajo llegue a ser patrimonio comn de todos. Hace falta que, de modo especial en la poca actual, laespiritualidad del trabajo demuestre aquella madurez, que requieren las tensiones y las inquietudes de la mente y del corazn: Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, estn, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto ms se acrecienta el poder del hombre, ms amplia es su responsabilidad individual y colectiva ... El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificacin del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo.38 La conciencia de que a travs del trabajo el hombre participa en la obra de la creacin, constituye el mvil ms profundo para emprenderlo en varios sectores: Deben, pues, los fieles leemos en la Constitucin Lumen Gentium conocer la naturaleza ntima de todas las criaturas, su valor y su ordenacin a la gloria de Dios y, adems, deben ayudarse entre s, tambin mediante las actividades seculares, para lograr una vida ms santa, de suerte que el mundo se impregne del espritu de Cristo y alcance ms eficazmente su fin en la justicia, la caridad y la paz ... Procuren, pues, seriamente, que por su competencia en los asuntos profanos y por su actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, los bienes creados se desarrollen... segn el plan del Creador y la iluminacin de su Verbo, mediante el trabajo humano, la tcnica y la cultura civil.39
26. Cristo, el hombre del trabajo Esta verdad, segn la cual a travs del trabajo el hombre participa en la obra de Dios mismo, su Creador, ha sido particularmente puesta de relieve por Jesucristo, aquel Jess ante el que muchos de sus primeros oyentes en Nazaret permanecan estupefactos y decan: De dnde le viene a ste tales cosas, y qu sabidura es sta que le ha sido dada? ... No es acaso el carpintero?40 En efecto, Jess no solamente lo anunciaba, sino que ante todo, cumpla con el trabajo el evangelio
confiado a l, la palabra de la Sabidura eterna. Por consiguiente, esto era tambin el evangelio del trabajo, pues el que lo proclamaba, l mismo era hombre del trabajo, del trabajo artesano al igual que Jos de Nazaret.41 Aunque en sus palabras no encontremos un preciso mandato de trabajar ms bien, una vez, la prohibicin de una excesiva preocupacin por el trabajo y la existencia42 no obstante, al mismo tiempo, la elocuencia de la vida de Cristo es inequvoca: pertenece al mundo del trabajo, tiene reconocimiento y respeto por el trabajo humano; se puede decir incluso ms: l mira con amor el trabajo, sus diversas manifestaciones, viendo en cada una de ellas un aspecto particular de la semejanza del hombre con Dios, Creador y Padre. No es l quien dijo mi Padre es el viador ...,43 transfiriendo de varias maneras a su enseanza aquella verdad fundamental sobre el trabajo, que se expresa ya en toda la tradicin del Antiguo Testamento, comenzando por el libro del Gnesis? En los libros del Antiguo Testamento no faltan mltiples referencias al trabajo humano, a las diversas profesiones ejercidas por el hombre. Baste citar por ejemplo la de mdico,44 farmacutico,45 artesano-artista,46 herrero47 se podran referir estas palabras al trabajo del siderrgico de nuestros das, la de alfarero,48 agricultor,49estudioso,50 navegante,51 albail,52 msico,53 pastor,54 y pescador.55 Son conocidas las hermosas palabras dedicadas al trabajo de las mujeres.56 Jesucristo en sus parbolas sobre el Reino de Dios se refiere constantemente al trabajo humano: al trabajo del pastor,57 del labrador,58 del mdico,59 del sembrador,60 del dueo de casa,61 del siervo,62 del administrador,63 del pescador,64 del mercader,65 del obrero.66 Habla adems de los distintos trabajos de las mujeres.67 Presenta el apostolado a semejanza del trabajo manual de los segadores68 o de los pescadores.69 Adems se refiere al trabajo de los estudiosos.70 Esta enseanza de Cristo acerca del trabajo, basada en el ejemplo de su propia vida durante los aos de Nazaret, encuentra un eco particularmente vivo en las enseanzas del Apstol Pablo. Este se gloriaba de trabajar en su oficio (probablemente fabricaba tiendas),71 y gracias a esto poda tambin, como apstol, ganarse por s mismo el pan.72Con afn y con fatiga trabajamos da y noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros.73 De aqu derivan sus instrucciones sobre el tema del trabajo, que tienencarcter de exhortacin y mandato: A stos ... recomendamos y exhortamos en el Seor Jesucristo que, trabajando sosegadamente, coman su pan, as escribe a los Tesalonicenses.74 En efecto, constatando que algunos viven entre vosotros desordenadamente, sin hacer nada,75 el Apstol tambin en el mismo contexto no vacilar en decir: El que no quiere trabajar no coma,76 En otro pasaje por el contrario anima a que: Todo lo que hagis, hacedlo de corazn como obedeciendo al Seor y no a los hombres, teniendo en cuenta que del Seor recibiris por recompensa la herencia.77Las enseanzas del Apstol de las Gentes tienen, como se ve, una importancia capital para la moral y la espiritualidad del trabajo humano. Son un importante complemento a este grande, aunque discreto, evangelio del trabajo, que encontramos en la vida de Cristo y en sus parbolas, en lo que Jess hizo y ense.78
En base a estas luces emanantes de la Fuente misma, la Iglesia siempre ha proclamado esto, cuya expresin contempornea encontramos en la enseanza del Vaticano II: La actividad humana, as como procede del hombre, as tambin se ordena al hombre. Pues ste, con su accin, no slo transforma las cosas y la sociedad, sino que se perfecciona a s mismo. Aprende mucho, cultiva sus facultades, se supera y se trasciende. Tal superacin, rectamente entendida, es ms importante que las riquezas exteriores que puedan acumularse... Por tanto, sta es la norma de la actividad humana que, de acuerdo con los designios y voluntad divinos, sea conforme al autntico bien del gnero humano y permita al hombre, como individuo y miembro de la sociedad, cultivar y realizar ntegramente su plena vocacin.79 En el contexto de tal visin de los valores del trabajo humano, o sea de una concreta espiritualidad del trabajo, se explica plenamente lo que en el mismo nmero de la Constitucin pastoral del Concilio leemos sobre el tema del justo significado del progreso: El hombre vale ms por lo que es que por lo que tiene. Asimismo, cuanto llevan a cabo los hombres para lograr ms justicia, mayor fraternidad y un ms humano planteamiento en los problemas sociales, vale ms que los progresos tcnicos. Pues dichos progresos pueden ofrecer, como si dijramos, el material para la promocin humana, pero por s solo no pueden llevarla a cabo.80 Esta doctrina sobre el problema del progreso y del desarrollo tema dominante en la mentalidad moderna puede ser entendida nicamente como fruto de una comprobada espiritualidad del trabajo humano, y slo en base a tal espiritualidad ella puede realizarse y ser puesta en prctica. Esta es la doctrina, y a la vez el programa, que ahonda sus races en el evangelio del trabajo.
27. El trabajo humano a la luz de la cruz y resurreccin de Cristo Existe todava otro aspecto del trabajo humano, una dimensin suya esencial, en la que la espiritualidad fundada sobre el Evangelio penetra profundamente. Todo trabajo tanto manual como intelectual est unido inevitablemente a la fatiga. El libro delGnesis lo expresa de manera verdaderamente penetrante, contraponiendo a aquella originariabendicin del trabajo, contenida en el misterio mismo de la creacin, y unida a la elevacin del hombre como imagen de Dios, la maldicin, que el pecado ha llevado consigo: Por ti ser maldita la tierra. Con trabajo comers de ella todo el tiempo de tu vida,81 Este dolor unido al trabajo seala el camino de la vida humana sobre la tierra y constituye el anuncio de la muerte: Con el sudor de tu rostro comers el pan hasta que vuelvas a la tierra; pues de ella has sido tomado,82 Casi como un eco de estas palabras, se expresa el autor de uno de los libros sapienciales: Entonces mir todo cuanto haban hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve.83 No existe un hombre en la tierra que no pueda hacer suyas estas palabras.
El Evangelio pronuncia, en cierto modo, su ltima palabra, tambin al respecto, en el misterio pascual de Jesucristo. Y aqu tambin es necesario buscar la respuesta a estos problemas tan importantes para la espiritualidad del trabajo humano. En el misterio pascual est contenida la cruz de Cristo, su obediencia hasta la muerte, que el Apstol contrapone a aquella desobediencia, que ha pesado desde el comienzo a lo largo de la historia del hombre en la tierra.84 Est contenida en l tambin la elevacin de Cristo, el cual mediante la muerte de cruz vuelve a sus discpulos con la fuerza del Espritu Santoen la resurreccin. El sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condicin actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra que Cristo ha venido a realizar.85 Esta obra de salvacin se ha realizado a travs del sufrimiento y de la muerte de cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unin con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redencin de la humanidad. Se muestra verdadero discpulo de Jess llevando a su vez la cruz de cada da86 en la actividad que ha sido llamado a realizar. Cristo sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos ensea con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros de los que buscan la paz y la justicia; pero, al mismo tiempo, constituido Seor por su resurreccin, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Espritu en el corazn del hombre... purificando y robusteciendo tambin, con ese deseo, aquellos generosos propsitos con los que la familia humana intenta hacer ms llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin.87 En el trabajo humano el cristiano descubre una pequea parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo espritu de redencin, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros. En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurreccin de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva, delnuevo bien, casi como un anuncio de los nuevos cielos y otra tierra nueva,88 los cuales precisamente mediante la fatiga del trabajo son participados por el hombre y por el mundo. A travs del cansancio y jams sin l. Esto confirma, por una parte, lo indispensable de la cruz en la espiritualidad del trabajo humano; pero, por otra parte, se descubre en esta cruz y fatiga, un bien nuevo que comienza con el mismo trabajo: con el trabajo entendido en profundidad y bajo todos sus aspectos, y jams sin l. No es ya este nuevo bien fruto del trabajo humano una pequea parte de aquella tierra nueva, en la que mora la justicia?89 En qu relacin est ese nuevo bien con laresurreccin de Cristo, si es verdad que la mltiple fatiga del trabajo del hombre es una pequea parte de la cruz de Cristo? Tambin a esta pregunta intenta responder el Concilio, tomando la luz de las mismas fuentes de la Palabra revelada: Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a s mismo (cfr. Lc 9, 25). No obstante la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino ms bien avivar, la preocupacin de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera
anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.90 Hemos intentado, en estas reflexiones dedicadas al trabajo humano, resaltar todo lo que pareca indispensable, dado que a travs de l deben multiplicarse sobre la tierra no slo los frutos de nuestro esfuerzo, sino adems la dignidad humana, la unin fraterna, y la libertad.91 El cristiano que est en actitud de escucha de la palabra del Dios vivo, uniendo el trabajo a la oracin, sepa qu puesto ocupa su trabajo no slo en el progreso terreno, sino tambin en el desarrollo del Reino de Dios, al que todos somos llamados con la fuerza del Espritu Santo y con la palabra del Evangelio. CENTESIMU ANNUS La propiedad del conocimiento, la tcnica y el saber 32. Existe otra forma de propiedad, concretamente en nuestro tiempo, que tiene una importancia no inferior a la de la tierra: es la propiedad del conocimiento, de la tcnica y del saber. En este tipo de propiedad, mucho ms que en los recursos naturales, se funda la riqueza de las naciones industrializadas. Se ha aludido al hecho de que el hombre trabaja con los otros hombres,tomando parte en un trabajo social que abarca crculos progresivamente ms amplios. Quien produce una cosa lo hace generalmente aparte del uso personal que de ella pueda hacer para que otros puedan disfrutar de la misma, despus de haber pagado el justo precio, establecido de comn acuerdo mediante una libre negociacin. Precisamente la capacidad de conocer oportunamente las necesidades de los dems hombres y el conjunto de los factores productivos ms apropiados para satisfacerlas es otra fuente importante de riqueza en una sociedad moderna. Por lo dems, muchos bienes no pueden ser producidos de manera adecuada por un solo individuo, sino que exigen la colaboracin de muchos. Organizar ese esfuerzo productivo, programar su duracin en el tiempo, procurar que corresponda de manera positiva a las necesidades que debe satisfacer, asumiendo los riesgos necesarios: todo esto es tambin una fuente de riqueza en la sociedad actual. As se hace cada vez ms evidente y determinante el papel del trabajo humano, disciplinado y creativo, y el de las capacidades de iniciativa y de espritu emprendedor, como parte esencial del mismo trabajo 70. Dicho proceso, que pone concretamente de manifiesto una verdad sobre la persona, afirmada sin cesar por el cristianismo, debe ser mirado con atencin y positivamente. En efecto, el principal recurso del hombre es, junto con la tierra, el hombre mismo. Es su inteligencia la que descubre las potencialidades productivas de la tierra y las mltiples modalidades con que se pueden satisfacer las necesidades humanas. Es su trabajo disciplinado, en solidaria colaboracin, el que permite la creacin de comunidades de trabajo cada vez ms amplias y seguras para llevar a cabo la transformacin del ambiente natural y la del mismo ambiente humano. En este
proceso estn comprometidas importantes virtudes, como son la diligencia, la laboriosidad, la prudencia en asumir los riesgos razonables, la fiabilidad y la lealtad en las relaciones interpersonales, la resolucin de nimo en la ejecucin de decisiones difciles y dolorosas, pero necesarias para el trabajo comn de la empresa y para hacer frente a los eventuales reveses de fortuna. La moderna economa de empresa comporta aspectos positivos, cuya raz es la libertad de la persona, que se expresa en el campo econmico y en otros campos. En efecto, la economa es un sector de la mltiple actividad humana y en ella, como en todos los dems campos, es tan vlido el derecho a la libertad como el deber de hacer uso responsable del mismo. Hay, adems, diferencias especficas entre estas tendencias de la sociedad moderna y las del pasado incluso reciente. Si en otros tiempos el factor decisivo de la produccin era la tierra y luego lo fueel capital, entendido como conjunto masivo de maquinaria y de bienes instrumentales, hoy da el factor decisivo es cada vez ms el hombre mismo, es decir, su capacidad de conocimiento, que se pone de manifiesto mediante el saber cientfico, y su capacidad de organizacin solidaria, as como la de intuir y satisfacer las necesidades de los dems.