0% encontró este documento útil (0 votos)
59 vistas2 páginas

El Comebarbas

Este documento narra la historia de un niño y su hermano que se adentraron en un bosque cercano a su casa y se encontraron con una criatura aterradora conocida como el "Comebarbas". Al explorar el bosque escucharon gemidos que parecían ser de alguien siendo atacado, y cuando voltearon vieron a la criatura desgarrar la mandíbula y arrancar el brazo de su víctima. Los niños salieron corriendo del bosque aterrorizados y le contaron a un pescador sobre su encuentro con
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
59 vistas2 páginas

El Comebarbas

Este documento narra la historia de un niño y su hermano que se adentraron en un bosque cercano a su casa y se encontraron con una criatura aterradora conocida como el "Comebarbas". Al explorar el bosque escucharon gemidos que parecían ser de alguien siendo atacado, y cuando voltearon vieron a la criatura desgarrar la mandíbula y arrancar el brazo de su víctima. Los niños salieron corriendo del bosque aterrorizados y le contaron a un pescador sobre su encuentro con
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

EL COMEBARBAS

Suele decirse que muchas veces la realidad supera la fantasía, y ésta no es la excepción.
Tratamos de encontrar un sentido racional a todos los sucesos que nos quitaban el sueño, y
terminamos refiriéndonos a aquello como una ruptura de la realidad que permitía al infinito de lo
ficticio colarse entre nosotros para mostrarnos una de sus miles de temidas caras.
Todo comenzó en el verano del 93. Mi hermano y yo estudiábamos en el pequeño colegio de
nuestro pueblo. Los días pasaban lentos mientras el sol secaba los matorrales y empapaba de
sudor cada rostro de cada persona que por las carreteras anduviera. Esperábamos sentados
fuera del colegio la llegada de nuestro padre, pero como siempre solía demorar 30 minutos
después de nuestra salida. Solo podíamos distraernos contándonos todo lo sucedido en el
transcurso del día de clases, y de vez en cuando recordando anécdotas de nuestra niñez que
nos hacían reír a carcajadas por un momento para luego quedar callados por un momento más
largo que el de la risa. Esa tarde no habíamos tenido mucho de que hablar, me sentía un poco
agotado por la clase de educación física y solo deseaba que papá llegara temprano para poder
descansar en casa. Recuerdo que el portero del colegio nos vigilaba desde la entrada, era la
primera vez que lo hacía, y eso me puso nervioso. Después de unos minutos, aunque en esa
tarde parecían horas, llegó papá con su sonrisa siempre explendida y levantando su mano para
saludarnos; mi hermano fue el primero en correr hacia él, yo me levanté lentamente de la
banquita y caminé en dirección a la puerta trasera del auto, para mí era suficiente con decirle
”hola papá”. Abrí la puerta del pequeño escarabajo que aunque viejo estaba perfectamente
conservado; papá amaba ese auto, quizá un poco más que a nosotros, había sido un regalo de
su padre en su día de graduación, un precioso wolks wagen negro con partes cromadas y
cojineria en cuero marrón. Sabía que algún día aquel auto llegaría a mis manos, pero no
inspiraba el menor interés en mi, al final terminaría abandonado y empolvado en el garaje de mi
casa. Mientras conducía, papá preguntaba cómo había ido el día en el colegio a mi hermano,
yo solo observaba los grandes bosques de pinos plantados al borde de la carretera, creí
observar una pequeña silueta humanoide en las profundidades del bosque pero no le presté
mucha atención.
Al llegar a casa pasé la tarde en mi habitación realizando los deberes del colegio. La noche fue
un poco lluviosa, y las gotas que daban pequeños golpes en el tejado relajaban mis sentidos
hasta el punto de estar a punto de dormirme, pero una imagen se clavó en mi pensamiento de
un solo martillazo, era aquella silueta humanoide que había percibido en el bosque. A pesar de
mi inquietud, el sueño me consumió lentamente y quedé dormido profundamente hasta el otro
día.
Sábado en la mañana, un día de descanso, no solo de la escuela, también de la compañía
irritable de mis padres. Papá iba al trabajo, mamá a la casa de abuela. Mi hermano y yo no
gustavamos ir de visitas a casa de la abuela, a diferencia de muchas la nuestra era amargada y
poco afectuosa, no sé cómo mamá la aguantaba, tal vez presentía que le quedaba poco tiempo
y debía brindarle compañía como parte de pago por la crianza que le dió.
Teníamos medio día de libertad, hasta que mamá llegará. En la mañana tomamos nuestro
desayuno, cereales con yogurt, mi hermano llenó su tazón con cereales y continuó llenándolo
con yogurt hasta el filo de la taza, era increíble creer que un niño de 7 años pudiera con
semejante tazón, pero su estómago era tan grande como su alegría.
La parte trasera de nuestra casa quedaba situada al frente de un gran lago de pesca deportiva,
el murmullo de muchas personas llegaba arrastrado por el viento, y gritos de felicidad
intermitentes se escuchaban de aquellos que lograban dar cacería a los peces con sus
anzuelos. Entusiasmado tomé a mí hermano de la mano y nos dirigimos hacia el gran lago. No
crean que estaba haciendo algo irresponsable, a mis 16 años de edad era lo suficientemente
grande para poder cuidar a cabalidad a mí hermanito, además, era un excelente nadador.
Cerca del lago observamos una pequeña ardilla que saltaba de rama en rama, perplejos con la
facilidad con la que lo hacía seguimos caminando tras ella y adentrándonos en el gran bosque
de pinos. El murmullo de los pescadores había quedado atrás, solo se escuchaba una suave
brisa que movía lentamente las ramas de los pinos y que a uno que otro hacia rechinar.
Fijamos la mirada en la ardilla que trepaba rápidamente por el tronco de un inmenso árbol, y en
un cerrar de ojos desapareció en la espesura de sus ramas. Observamos con inquietud por
unos minutos, pero la habíamos perdido. Tomé la mano de mi hermano y me dispuse a volver,
pronto llegaría mamá, y lo mejor sería que nos encontrara en casa. Dimos unos cuantos pasos
y un gemido se escuchó a nuestro alrededor, el lugar era inexacto, pero se escuchó fuerte y
claro. Mi corazón se aceleró y empezaron a sudar me las manos. Hay que irnos- le dije a mi
hermano, ante lo cual asintió con la cabeza. Los siguientes pasos fueron pesados, casi
obligados. Mientras solo pensaba en salir del bosque otro gemido casi asfixiado se dejó oír,
esta vez llegó directamente a mi oreja derecha, y por inercia nuestras cabezas giraron y
posaron la mirada en aquella cosa. Su boca estaba aferrada al mentón de aquel individuo,
quien sólo nos observó con unos ojos aterrados y a punto de salirse de sus cuencas, estiró su
brazo como si quisiera alcanzarnos hasta que toda su mandíbula fue desgarrada de un
mordisco y su brazo cayó. Aterrados salimos corriendo de aquella terrorífica escena, mi
hermano trastabillaba pero a punto de mis jalones se conservaba en pie hasta lograr salir del
bosque. Al llegar a la orilla del lago una persona caminaba con su caña de pescar y un balde
con unos cuantos pescados aun se resistían a su muerte dando pequeños saltos. Al mirarnos
salir corriendo del bosque y con la cara de terror que traíamos preguntó - ¿Que pasó?- ante lo
cual con una voz forzada y casi inentendible mi hermano respondió -el como barbas-.

También podría gustarte