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Transforma tu Corazón con Fe

Este documento habla sobre dos tipos de corazones que Dios quiere que cambiemos: corazones endurecidos, que no dejan que Dios los toque, y corazones incrédulos, que pierden la fe y confianza en Dios ante las dificultades. Exhorta a no tener un corazón duro, sino a permitir que Dios lo cambie a uno nuevo y sensible, para así poder avanzar en la fe y heredar las promesas de Dios.
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Transforma tu Corazón con Fe

Este documento habla sobre dos tipos de corazones que Dios quiere que cambiemos: corazones endurecidos, que no dejan que Dios los toque, y corazones incrédulos, que pierden la fe y confianza en Dios ante las dificultades. Exhorta a no tener un corazón duro, sino a permitir que Dios lo cambie a uno nuevo y sensible, para así poder avanzar en la fe y heredar las promesas de Dios.
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Proverbios 23:26

“Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos.”

Proverbios 4:20-21

“Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos;
Guárdalas en medio de tu corazón”

El corazón es una de las partes más sensibles, pero de las más importantes de nuestro cuerpo,
la palabra de Dios nos hace mucho énfasis en guardar nuestro corazón como un tesoro, no
anidar en él sentimientos de rencor, odio o resentimiento. ¨Sobre toda cosa guardada, guarda
tu corazón; Porque de él mana la vida.¨ Proverbios 4:23 (RVR 1960).

En el día de hoy quiero hablarte específicamente de dos tipos de corazones que el Señor quiere
que cambiemos. En primer lugar están los corazones endurecidos: son los que no dejan que
Dios los toque, aquellos que presentan apatías por las cosas del señor, y por lo tanto no los
dejan avanzar, confiar ni escuchar la voz de Dios. Además de esto nos hacen dar mil vueltas en
el mismo lugar, en medio del desierto, ejemplo claro, el pueblo de Israel dio vueltas y vueltas
por 40 años por la dureza de su corazón. ¨Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis
hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la
tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis
obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, Y dije: Siempre
andan vagando en su corazón, Y no han conocido mis caminos.¨ Hebreos 3: 7-10 (RVR 1960).

No hagas que el Espíritu santo se disguste contigo por la dureza de tu corazón, dale la
oportunidad que te quite ese corazón de piedra y lo convierta en uno de carne, así como Él lo
prometió. ¨Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de
vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.¨ Ezequiel 36:26 (RVR
1960). No seas duro para perdonar, para amar, no te resistas a la presencia ni a los planes de
Dios.

Por otra parte encontramos los corazones incrédulos: ¨Mirad, hermanos, que no haya en
ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes
exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de
vosotros se endurezca por el engaño del pecado.¨ Hebreos 3: 12-13 (RVR 1960).
Las situaciones difíciles, los desiertos, pueden hacer que nuestra fe y nuestra confianza en Dios
desaparezca, pero también nuestros errores y pecados nos conllevan a tener un corazón
incrédulo, pues creemos y aceptamos las derrotas de este mundo, que provienen del enemigo,
engañándonos para alejarnos de Dios, y nosotros por no creer en su palabra, de que somos
libres, y que Jesús ya pago y perdonó nuestros pecados, caemos y nos dejamos engañar.

Dios estuvo disgustado con el pueblo de Israel por 40 años, pero aun así tuvo misericordia de
algunos y los dejo ver la tierra prometida, fueron los que creyeron, los valientes y obedientes. ¨
¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos
cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a
aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.¨
Hebreos 3: 17-19 (RVR 1960).

Quizás llevas todo tu vida caminado en el mismo desierto, y tal vez sean más de 40 años, y ves
que la solución no es el dinero, ni las cosas materiales, la solución está en dejar que Dios toque
tu corazón, el cual puede estar duro, insensible, incrédulo, lleno de dolor y sentimientos
negativos, y mientras eso este ahí, Dios no podrá depositar grandes cosas en ti.

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