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Fase 3°

Este relato cuenta la historia de Lucas, un niño que se muda con su padre a una nueva casa sobre la que circulan rumores de estar embrujada. Lucas conoce a María, la supuesta empleada doméstica, pero resulta que el padre no había contratado a nadie. Esto deja en evidencia que María podría ser un fantasma.

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Fase 3°

Este relato cuenta la historia de Lucas, un niño que se muda con su padre a una nueva casa sobre la que circulan rumores de estar embrujada. Lucas conoce a María, la supuesta empleada doméstica, pero resulta que el padre no había contratado a nadie. Esto deja en evidencia que María podría ser un fantasma.

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CUENTOS DE TERROR

LA CASA A OSCURAS

1
DEDICADO A MARIA CRUZ
Lucas entró a su nueva casa después del
colegio, descargó el morral y se dirigió a la
cocina. Allí se encontró con una joven.
—Hola, debes ser Lucas, me llamo María.
Entonces, María se dirigió a la nevera y le
preguntó si deseaba algo de beber. Lucas
asintió con la cabeza y se sentó a la mesa
con un libro ya que debía presentar un
informe para la clase de lectura. María se
acercó a él extendiéndole un vaso de agua:
—¿Qué lees? —preguntó.
—“La casa a oscuras”—respondió Lucas, sin interés de continuar la conversación con la nueva empleada
doméstica. Había algo en ella que lo hacía sentir muy incómodo.
—También tuve que leer ese libro en el colegio—respondió María—, pero no me agradan las historias de
fantasmas. Espero que tú tampoco creas en ellos. Me imagino que ya conoces todos los rumores acerca de esta
casa.
—Sí, conozco los rumores de que esta casa está habitada por fantasmas. Pero a diferencia de mi papá, a mí me
tienen sin cuidado. No creo en lo sobrenatural —contestó Lucas de manera tajante, haciendo aún más evidente
su desinterés por continuar la conversación y añadió—: Este lugar está hecho un desastre, ¿puedes por favor
guardar las cosas de los antiguos dueños y desempacar nuestras cajas?
Entonces, María se dirigió hacia la sala y comenzó a desempacar. Lucas continuó leyendo, terminó el informe y
se marchó a su habitación a tomar la siesta. Entre dormido, escuchó a María despedirse desde la puerta.
Acercándose la noche, el padre de Lucas llegó a casa después del trabajo. Ambos comenzaron a conversar.
—Hijo, creo que nunca voy a acostumbrarme a este lugar. Los rumores de que aquí habitan fantasmas me tienen
muy preocupado —dijo el padre.
—¡Nada de eso! Papá, eres el único en esta casa que cree en esas cosas. Yo no creo en fantasmas y hasta María,
la nueva empleada doméstica, tampoco cree en ellos.
El padre se llevó la mano a la boca y dijo consternado:
—Hijo, empaca tus cosas de inmediato, ¡debemos irnos!
—Pero ¿por qué papá? —preguntó Lucas sorprendido por la extraña reacción de su padre.
—Porque no contraté a ninguna empleada doméstica.

LA ESTATUA DEL PAYASO


DEDICADO A LADY DAVILA
María Luisa llegó a la casa del doctor Reyes y su esposa a eso de las 7 de la noche. Había sido contratada para
cuidar los dos hijos de la pareja mientras ellos cenaban en un lujoso restaurante de la ciudad.
El doctor Reyes abrió la puerta y le dejó saber que los niños se encontraban dormidos. Igualmente, la señora
Reyes le pidió permanecer en la sala de estar, cerca de la habitación de los niños, en caso de que alguno de ellos
se despertara.

2
La pareja se despidió y María Luisa se dirigió a la sala y se sentó a jugar en su celular. Al cabo de un rato, se
aburrió y llamó a los padres para saber si era posible ver televisión:
—Por supuesto —respondió el doctor Reyes.
Sin embargo, María Luisa tenía una solicitud final; les preguntó si podía cubrir con una manta la estatua del
payaso que permanecía en una esquina de la sala, porque cada vez que miraba la enorme estatua de ojos
espeluznantes, tenía la sensación de que la estatua se estaba moviendo lentamente.
Por unos cuantos segundos hubo un silencio incómodo. Con voz de terror, el doctor Reyes dijo:
—¡Despierta a los niños y salgan inmediatamente de la casa! NO TENEMOS NINGUNA ESTATUA DE UN
PAYASO.

EL HOLANDES ERRANTE
DEDICADO A RONY CUEVA
Hace algo más de 500 años, existió un hombre devoto del mar llamado Hendrik Van der Decken. A este hombre
se le encomendó la tarea de comandar un buque conocido como El Holandés Errante. Cuando el capitán y su
tripulación se dirigían a las Indias Orientales desde Ámsterdam, con el propósito de hacer fortuna, se vieron
atrapados en medio de un desmedido temporal, que dañó seriamente la embarcación, haciendo añicos el timón y
rasgando las velas.
A eso de la medianoche, cerca al cabo de Buena Esperanza, cuando parecía que había llegado la calma; el canto
del viento se convirtió en un grito furioso que golpeó los mástiles y sacudió el buque con tal violencia que la
tripulación comenzó a gritarle al capitán:

3
—¡Debemos regresar, el buque ha recibido mucho daño y nuestras vidas peligran!
Pero el capitán Van der Decken era muy codicioso y no lo afectaba poner en peligro su vida ni la de los demás,
así que respondió de manera desafiante:
—¡El viaje continúa, aunque tenga que surcar los mares hasta el fin de los tiempos!
Después de la inesperada respuesta, los mismos marineros se rebelaron contra él, pero el capitán rayando la
locura, amenazó con tirar por la borda a quien contradijera sus palabras. Alarmados, los hombres se arrodillaron
y comenzaron a rezar; la embarcación estaba a punto de zozobrar.
De repente, el firmamento se partió en dos y surgió una luz divina que iluminó el mar. De la luz descendió una
figura celestial que se enfrentó al capitán, diciéndole:
—Tú que pones la ambición al sufrimiento ajeno, de ahora en adelante serás condenado a recorrer el océano
eternamente entre tormentas y tempestades. Desde hoy, solo podrás comer hierro al rojo vivo y beber hiel. Acto
seguido, la figura celestial desapareció llevándose con ella toda la tripulación.
Y fue así como el capitán Hendrik Van der Decken y el buque conocido como El Holandés Errante, fueron
convertidos en fantasmas y condenados a vagar sin rumbo por los mares, hasta el fin de los tiempos.

LA CABAÑA
DEDICADO A PAULETH TORRES

Esta es la historia jamás contada de un cazador, que un día fue al bosque a hacer precisamente eso, cazar. En su
travesía, decidió cambiar de rumbo para dar diversidad a su oficio, así que giró su camioneta y la estacionó
frente a un bosque desconocido que tenía la fama de ser abundante en presas grandes. Fue con su escopeta
afianzada a sus manos, en espera de algún animal descuidado, pero no pudo ver más allá de su nariz, ya que de
repente, una abundante niebla se apoderó del panorama. Esta resultaba tan espesa y profusa, que el cazador no
pudo dar con su rumbo de origen y se adentró en el bosque más de lo que había planeado. Caminó y caminó
frotando sus manos en sus antebrazos, pues la niebla trajo consigo un frío atroz que le caló hasta los tuétanos al
pobre cazador, mientras un marcado humo blanco salía de su boca con cada respiración.

4
A su vez, temblando como una hoja, el cazador comenzó a dar gritos desgarradores por la desesperación, ya que
sintió que dos días enteros habían pasado. Sentía hambre, sed, frío y angustia. Hasta que, a lo lejos, de repente
divisó una pequeña cabaña de madera.  Fue corriendo hasta la cabaña, y debido a su desesperación, entró sin
siquiera tocar. Todo estaba oscuro, así que como pudo, encontró un pequeño interruptor, pero cuando se iluminó
la única habitación, el horror pasó por sus ojos al ver un conjunto de cuadros con retratos de personas mirándolo
fijamente, unos tenían el rostro completo, pero otros, no exactamente. A unos les faltaban los ojos, a otros los
dientes, y a otros todo el rostro.

Sin embargo, cansado, confuso, aterrorizado y a su vez, aliviado por haber encontrado un refugio, sin importar
su apariencia, decidió que cualquier agujero sería mejor que aquella tortura despistante, por lo cual, sacó una
manta y prácticamente, se desmayó debido al hambre, sed, y la angustia. Sin embargo, pasado el tiempo, el
hombre se despertó de repente debido a una luz agobiante pegándole en el rostro, y en ese momento, al ver la
manta que había usado frente a él, se dio cuenta de que aquellos cuadros no eran retratos… eran ventanas.

LA RISA DEL TERROR

DEDICADO A SANTIAGO PEREZ


Es la historia de terror de una niña
llamada Sofía, quien despertó muy
feliz por ser el día de su cumpleaños.
La madre de la niña la levantó con
cariño y la preparó su desayuno
favorito. Se fue a su escuela y allí sus
compañeras de clase la felicitaron y le
dieron regalos y dulces. Sofía había
tenido un día fantástico. Cuando
regresó a casa, su abuela y su primo
Juan la esperaban para seguir
celebrando.

Después de un largo rato jugando con


su primo Juan, empezaron a llegar sus
amiguitas para cantar cumpleaños y
compartir el pastel. El papá de Sofía ya estaba llegando con una gran sorpresa que le había prometido. Cuando

5
sonó el timbre, corrió hacia la puerta y al abrir, se encontró con unos pequeños ojos azules y una sonrisa grande
de color rojo sobre una cara pálida. Bolas de color salían de su sombrero.

Se trataba de un payaso. Sofía los había observado en la televisión, pero cuando lo vio en persona sintió mucho
miedo. El payaso entró a la casa y comenzó a hacerles juegos a los niños, pero tenía una sonrisa y unos ojos que
en realidad transmitían terror. En un descanso del payaso, este se fue al cuarto de baño para cambiarse de ropa,
pero dejo la puerta medio abierta.

Sofía estaba observando al payaso y no podía creer lo que estaba viendo. El payaso se estaba cambiando de
zapatos y sus pies eran el doble de grandes que unos normales de adultos. A parte de eso, sacó un juguete de
niños que no entendía lo que era. El payaso le abrió la puerta y le dijo: Niña, no tenías que haber visto esto, te
comeré.

Fue allí cuando la pequeña Sofía salió corriendo, pero el payaso iba detrás de ella. Estaban en la planta alta de la
casa y los demás estaban abajo. Cuando Sofía estaba a punto de bajar las escaleras, el payaso la atrapó y se la
llevó. La niña, al ver que el payaso iba descalzo, le pegó un pisotón y éste comenzó a gritar, recogió sus cosas y
salió corriendo.

Llamaron a la policía y cuando llegaron a la casa se dieron cuenta que la bolsa llena de juguetes de niños que
había dejado el payaso en la casa pertenecían a juguetes de niños reportados como desaparecidos.

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