Rojas Rangel Liliana
El príncipe
Nicolás Maquiavelo
Capítulo 1. De las distintas clases de principados y de la forma en que se adquieren
Según Maquiavelo, todos los Estados de ahora y de antes que ejercen soberanía sobre los
hombres son principados o repúblicas. Los principados pueden ser o bien hereditarios o nuevos. Si
son principados nuevos, pueden ser de dos tipos: Nuevos del todo o agregados como miembros de
otro Estado hereditario cuyo príncipe ha adquirido con anterioridad. Tal adquisición del principado
agregado se puede producir de diversas formas: por las armas, por suerte o por virtud.
Capítulo 2. De los principados hereditarios
El autor comenta que es más fácil conservar un Estado hereditario que no uno nuevo, ya que el
pueblo ha estado acostumbrado a la misma dinastía y por lo tanto no hace falta alterar nada, solo
añadir pequeños cambios con el tiempo. El príncipe del Estado hereditario aunque no sea de gran
inteligencia, no será destituido del poder a no ser porque lo quite de ahí una gran fuerza. En tal
caso, el príncipe no debería sufrir, ya que lo podría reconquistar al primer error cometido por el
usurpador. Los príncipes naturales son “más aptos a conservar el poder” ya que son amados por
sus pueblos y únicamente odiados si cometen demasiadas barbaridades. Maquiavelo también
comenta que continuar una dinastía provoca más tiempo en el poder de ésta ya que tanto como
llegó al estado como los errores cometidos por los pertenecientes a la dinastía se olvidan con el
paso del tiempo.
Capítulo 3. De los principados mixtos
En los principados nuevos, sobre todo en aquellos que son miembros agregados a un conjunto
anterior (llamados también mixtos), hay dificultades causadas por factores como:
A los hombres les gustan diferentes señores según qué época, por lo que se levantan en armas
contra su actual señor creyendo que sus asuntos irán a mejor cuando lo más común es que vayan
a peor.
El príncipe dominador al realizar la conquista normalmente comete ofensas contra el pueblo
invadido. Entonces, tiene a este pueblo en su contra además de tener también en esta posición a
sus aliados que le han ayudado a la invasión, ya que el príncipe no los puede contentar como ellos
esperaban. En ese punto ya no puede usar las armas, ya que es necesario el contacto, ya perdido,
con los “provincianos” (población de la provincia ocupada que han sido aliados del invasor)
El pueblo no puede aguantar con resignación las nuevas imposiciones del nuevo príncipe.
Capítulo 5. De qué modo hay que gobernar las ciudades o principados que, antes de ser
ocupados, se regían por sus propias leyes
Destruirlo, radicarse en él (Arraigarse) o dejarlo que sigan con sus leyes pero pagando un tributo
además de establecer un gobierno formado por un pequeño grupo de nativos que controle la
zona. Este gobierno sabe que no es nada sin la amistad del príncipe, así que no deberían surgir
problemas.
Sin embargo, el método más seguro de dominar ese tipo de ciudades o principados es destruirlos,
ya que con el tiempo, si no se lleva a cabo esta acción, surgen rebeliones exigiendo la liberación.
En el caso de las repúblicas, al ocuparlas se las debe destruir o radicarse en ellas de inmediato,
porque de otro modo éstas se revelarán, ya que su amor por la libertad es mayor que muchos
otros ciudadanos.
Capítulo 6. De los principados nuevos que se adquieren con las armas propias y el talento
personal
Los príncipes deben tener un modelo anterior a seguir e intentar conseguir sus logros.
Conservar un Estado por parte de un príncipe nuevo será más fácil o difícil según la habilidad de
éste. Cabe comentar que para que una persona llegue a príncipe nuevo ha sido debido al azar o a
su talento, aunque por los ejemplos que la historia ha dado se puede determinar que el que
menos ha confiado en el azar más tiempo ha conservado su territorio, los más ilustres Moisés,
Ciro, Rómulo, Teseo y otros semejantes.
Este tipo de príncipes, adquieren el principado con dificultades pero no les cuesta mantenerlo. Las
dificultades que si nacen tienen que ver con la implantación de nuevas leyes; el que las trae se
convierte en enemigo de todo aquél que anteriormente se beneficiaba con las anteriores leyes y
solo consigue una leve amistad por aquellos que se benefician de las nuevas.
Respecto a los que instauran las nuevas leyes, hay de dos tipos: los que necesitan suplicar para
llevar a cabo la medida o los que pueden imponer por la fuerza. Los del primer grupo nunca
triunfan, al contrario de los segundos, que casi en todas las ocasiones cumplen sus propósitos.
También hay que tener en cuenta que a la gente es fácil convencerla de algo pero difícil que se
mantengan fieles a ello. Los revolucionarios también tienen dificultades y solo con valor pueden
vencerlos.
Capítulo 7. De los principados nuevos que se adquieren con armas y fortuna de otros
Aquellos príncipes que lo son por azar, poco esfuerzo necesitan para llegar a serlo, pero necesitan
muchísimo para mantenerse; es decir, aquellos que obtienen el Estado como regalo.
Aquellos hombres elevados por otros, mejor que no conozcan el arte del mando ya que como
vienen de ser meros ciudadanos no tienen suficiente valor para ejercerlo. Los Estados nuevos no
se defienden por si solos de las adversidades, sino que necesitan que el repentino príncipe sepa
preparase inmediatamente con el fin de conservarlo.
De los dos modos explicados de convertirse en príncipe, Maquiavelo explica un ejemplo de cada
tipo:
Por méritos: Francisco Sforza, que con los medios que tenía a mano y gran talento, pasó de la nada
a convertirse duque de Milán, además de conservarlo con maestría y sin trabajo apenas
Por suerte: César Borgia (el duque Valentino), que adquirió el Estado de la fortuna de su padre
(Alejandro VI) y de la misma manera lo perdió.
Capítulo 8. De los que llegaron al principado mediante crímenes
Hay otros dos modos de llegar a ser príncipe aun no explicados:
1 Ascender al principado mediante perversidades y delitos
2 Ser príncipe por el favor de los conciudadanos.
De la primera manera, Maquiavelo nos proporciona dos ejemplos:
El siciliano Agátocles, teniendo siempre una conducta reprochable pero ascendiendo en el ejército
gracias a su condición física y sus ánimos. Un buen día quiso ser príncipe y prefirió hacerlo por el
camino de la violencia. Entonces convocó al pueblo y a los ciudadanos y dada la orden, los
soldados asesinaros al Senado y a los ciudadanos más ricos. Posteriormente ocupó la posición de
príncipe.
Oliverotto da Fermo. Después de ser adiestrado por su tío Juan Fogliani y por Pablo Vitelli, pasó a
ser militar bajo el mando de su hermano Vitellozo. Gracias a méritos se convirtió en el primer
hombre del ejército, aunque no le gustó servir a los demás, por lo que decidió apoderarse de
Fermo con la ayuda de su hermano y de otros habitantes. Una vez vuelto a su patria, celebró un
banquete, durante el cual se retiró a una habitación junto su tío y los principales hombres de
Fermo, a los cuales asesinó junto a sus soldados escondidos. Entonces, se hizo nombrar jefe. Se
consolidó bien, haciéndose temer por los vecinos. Habría durado tiempo si no se hubiese fiado por
César Borgia, ya que en Sinigaglia, resultó estrangulado.
Este tipo de príncipes pudieron vivir durante mucho tiempo dependiendo de si hacían “buen uso”
de la crueldad: cuando se aplica de una sola vez por absoluta necesidad la crueldad, está bien
utilizada, mientras que si se usa poco al principio, luego ya no hay fin y la crueldad va creciendo de
grado. En esta segunda ocasión, el pueblo resulta enfadado, hecho que no deja descansar al
príncipe.
Capítulo 9. Del principado civil
el autor comenta la anterior forma de llegar a ser príncipe aun no explicada: Aquella en la que un
ciudadano gracias al favor de sus compatriotas, se convierte en príncipe (Estado el cual es llamado
Principado Civil). Éste gracias a la habilidad, los méritos y la suerte, ha necesitado el apoyo de los
nobles o del pueblo, dos fuerzas opuestas. Del choque de estas dos partes, puede surgir alguno de
estos efectos: o principado, o libertad, o licencia.
El Principado pueden implantarlo cualquier de los dos bandos; los nobles para resistir al pueblo
juntan todas sus fuerzas en uno solo que se convierte en príncipe, mientras que el pueblo para
superar a los nobles designa a uno príncipe para que los defienda. Cabe decir que el que llega al
poder con la ayuda de los nobles se mantiene con más dificultad que el que lo ha hecho mediante
el pueblo, ya que los nobles que lo rodean se creen igual de poderosos, cosa que hace más difícil el
mandamiento sobre ellos; en cambio, el otro príncipe es la única autoridad. Este último, no puede
satisfacer a los nobles pero si al pueblo, hecho más positivo ya que los fines del pueblo son más
honestos al buscar no ser oprimidos, mientras que los de los nobles están relacionados con lo
contrario, con oprimir. Maquiavelo comenta que un príncipe nunca podrá dominar a un pueblo si
se lo tiene como enemigo debido a su número elevado de integrantes, mientras que si son los
nobles los enemigos, como son pocos, pues su dominación será fácil. Los nobles intentarán
rebelarse, pero justo por esto el príncipe debe ir cambiando de círculo de nobles, además de irles
dando o quitando autoridad a su gusto. Si el príncipe ha subido al poder con el apoyo de los
príncipes, deberá ganarse al pueblo.
Estos principados peligran cuando quieren pasar de principado civil a principado absoluto, ya que
entontes los príncipes gobiernan por si mismos o mediante magistrados. Si es por magistrados, la
permanencia es menos segura ya que depende de la voluntad de los ciudadanos del magistrado,
que sobre todo en épocas adversas, pueden dejar de obedecer al príncipe y sublevar al pueblo.
Capítulo 10. Como deben medirse las fuerzas de todos los principados
Para empezar se debe clasificar a los príncipes en dos grupos:
Aquellos que pueden sostenerse por sí mismos (por abundancia de hombres o de dinero)
Aquellos que necesiten la ayuda de otros.
Al segundo caso, el autor les aconseja que no lleven a cabo ninguna campaña, que solo se queden
fortificados y abastecidos, ya que así no serán blancos de ningún enemigo al ser una presa difícil. Si
aun y así son sitiados, que no se preocupen ya que si el pueblo no odia al príncipe, el asedio se
alargará y estos no suelen durar más de un año. Como el enemigo habrá arrasado las tierras de
alrededor, los súbditos se enfurecerán con el enemigo y se unirán aún más a su príncipe.
Capítulo 11. De los principados eclesiásticos
El último tipo de principado que queda por explicar es el eclesiástico. Conseguirlos es muy difícil,
ya que solo se adquieren mediante suerte o virtud; pero después, mantenerlos es un trabajo muy
fácil ya que estas instituciones religiosas en las que se basa el príncipe son tan potentes que
mantienen al señor en el poder actúe éste como actúe.
Este tipo de Estado tiene la particularidad que son los únicos que no defienden sus Estados y no
son atacados y que no gobiernan a sus súbditos y éstos no se preocupan. Son por lo tanto
principados seguros y felices
Capítulo 12. De las distintas clases de milicias y de los soldados mercenarios
Para echar bien los cimientos a cualquier Estado, deben tenerse buenas leyes y tropas. Respecto a
las tropas, hay de tres naturalezas: Mercenarias, auxiliares o mixtas. Las dos primeras son
peligrosas además de inútiles. El príncipe que tenga un ejército únicamente de mercenarios, nunca
podrá vivir seguro ni tranquilo, ya que los mercenarios no son fieles, ambiciosos, parecen valientes
pero huyen ante el enemigo, no tienen disciplina… Es decir, durante la guerra son un fracaso y
durante tiempos de paz, saquean las arcas del Estado con sus sueldos. A Maquiavelo no le gustan
en absoluto este tipo de tropas, así que da más motivos de su posición. Los capitanes mercenarios
o son hombres de mérito o no lo son, pero no se puede confiar en ellos ya que siempre tratarán de
aumentar su grandeza, ya sea oprimiendo a algunos en contra de la voluntad del príncipe o bien
tratando de oprimir al propio príncipe. Por eso solo una república o principado armados con armas
propias podrán triunfar.
Capítulo 13. De los soldados auxiliares, mixtos y propios
Maquiavelo considera inútiles también a las tropas auxiliares. Este tipo de tropas son aquellas que
se piden a otro príncipe poderoso en caso de emergencia. Las tropas auxiliares son buenas para el
que las posee pero no para quien las pide, ya que con ello dicta su sentencia de muerte: si pierden,
el príncipe cae, y si ganan, se convierte en prisionero al entregarse por completo a la voluntad del
otro príncipe.
Ejemplos con consecuencias son:
Los florentinos llevaron 10000 franceses para dominar a Pisa y tal decisión les portó amarguras
El Emperador de Constantinopla para ayudar a sus vecinos, colocó en Grecia 10000 turcos, los
cuales una vez acabada la guerra se negaron a volver, así que empezó el reinado de los infieles en
Grecia.
Se concluye, en referencia a este tipo de tropas, que son mucho más peligrosas para el príncipe
que las mercenarias, debido al grado de unión superior que poseen.
Capítulo 14. De las obligaciones del príncipe en lo concerniente al arte de la guerra
El arte de la guerra es tan importante, que su conocimiento no solo mantiene príncipes a los que
lo son sino que eleva a tal posición a los hombres de condición modesta. La razón principal de la
pérdida de un Estado se halla en el olvido del príncipe hacia este arte. Un príncipe que entienda de
cosas de la guerra podrá confiar en sus soldados ya que éstos confiarán en él. Incluso en los
tiempos de paz el príncipe debe entrenarse en el arte de la guerra, y para ello hay dos modos
Acción: Tener bien organizadas las tropas pero principalmente dedicase a la cada, con tal de
acostumbrarse a la fatiga y conocer el terreno (que permitirá defenderse mejor y acelerar el
aprendizaje del territorio de otra zona en otro momento al existir similitudes).
Estudio: El príncipe debe estudiar historia, ver las acciones de grandes hombres ilustres para
intentar imitarlos, como han llevado las victorias y cuáles han sido sus errores.
Capítulo 15. De aquellas cosas por las cuales los hombres y especialmente los príncipes, son
alabados o censurados
Para no caer en el olvido, todo príncipe debe aprender a no ser bueno, y a practicarlo o no de
acuerdo con la necesidad.
Hay muchas cualidades por las cuales los príncipes son censurados o elogiados, y el príncipe debe
agrupar de aquellas que le hagan perder el Estado cuantas menos mejor. El autor hace especial
hincapié en el pródigo (que desperdicia y gasta sus bienes inútilmente irracionalmente) y el tacaño
(el que se abstiene demasiado de gastar lo suyo, que no es lo mismo que avaro que es el que se
enriquece mediante la rapiña).
Capítulo 16. De la prodigalidad y de la avaricia
Maquiavelo cree que estaría bien ser tenido por pródigo, pese a que practicar tal cualidad en
público, perjudica. Un príncipe que quiera ser conocido como pródigo, normalmente abusará de
lujos y acabará consumiendo todas sus riquezas y se verá obligado a subir los tributos y a buscar
maneras de conseguir dinero, hechos que lo convertirán en odioso para sus súbditos. Por lo tanto,
como no podrá practicar la prodigalidad en público, pues ser tacaño sin importarle si lo tildan por
tal característica, ya que con su avaricia tendrá para defenderse de sus atacantes e incluso
emprender campañas sin perjudicar al pueblo. Entonces, paradójicamente, será tenido como
pródigo, pues practica la generosidad con todos aquellos a los que no quita, que son la mayoría, y
la avaricia con aquellos a los que no da, que son pocos. En cambio, si se derrocha lo ajeno, es
decir lo de los botines y saqueo, está bien visto.
Capítulo 17. De la crueldad y la clemencia; y si es mejor ser amado que temido, o ser temido que
amado
Respecto a otras cualidades, el autor cree que es mejor ser tenido por clemente que por cruel,
pero utilizando de una manera eficiente la clemencia. Aun y así un príncipe no debe preocuparse
de ser tildado de cruel ya que a veces la crueldad es la mejor solución para mantener al pueblo
unido y fiel, y no utilizar una clemencia ligera que multiplique los conflictos.
Maquiavelo piensa que lo mejor es ser amado y ser temido, a la vez, pero como no es posible, se
decanta a ser temido. Esto se debe a que cuando se es amado los hombres de tu alrededor se te
mantendrán fieles en la paz pero cuando surge la necesidad se rebelan. También porque a los
hombres les cuesta menos ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer ya que el
miedo al castigo no desaparece nunca, al contrario que al amor. Además hay que intentar ser
temido pero no odiado y para ello solo hace falta que el príncipe no se apodere de los bienes o de
las mujeres de sus súbditos.
Capítulo 18. De qué modo los príncipes deben cumplir sus promesas
Cumplir la palabra dada es digno de alabanza, pero son aquellos astutos cual zorro que menos han
hecho caso de la fe jurada que más grandes empresas han realizado.
Hay dos formas de combatir: o con las leyes, o con la fuerza. La primera es cualidad del hombre
mientras que la segunda es de la bestia. Normalmente la primera no es suficiente por lo que se
recurre a la segunda. Por lo tanto, un príncipe debe aprender a comportarse como bestia y como
hombre. Siendo el príncipe una bestia, debe comportarse como zorro y león: lo primero para
protegerse de las trampas y lo segundo para protegerse de los lobos. Con esto el autor quiere
decir que la palabra jurada solo la debe cumplir si no afecta a sus intereses.
Por lo tanto, un príncipe debe usar el bien mientras pueda, pero en cuanto se deba utilizar el mal,
que no dude en hacerlo.
Mientras el príncipe conserve el Estado, el pueblo engañado por las apariencias y el éxito, será
feliz y honrará a su líder.
Capítulo 19. De qué modo debe evitarse ser despreciado y odiado
El príncipe debe evitar a toda costa huir de los motivos que lo conviertan en despreciable y odioso.
El ser odioso puede venir de que el príncipe expolie los bienes de sus súbditos como se ha
comentado anteriormente. Algunos defectos hacen ser despreciable, como voluble, afeminado,
frívolo, pusilánime o irresoluto; para acabar con ello, debe realizar actos a los que se les atribuya
grandeza, valentía, seriedad y fuerza. Contra aquel que es querido por los suyos pocas
conspiraciones hay.
Un príncipe debe temer dos cosas: que se le subleven los súbditos o que le ataquen las potencias
extranjeras. En el exterior las cosas irán bien cuando haya buenas alianzas y se disponga de armas,
y si en el exterior las cosas van bien, también lo irán dentro del Estado.
Para evitar conspiraciones, lo único que debe hacer el príncipe es evitar ser odiado o despreciado
teniendo satisfecho al pueblo. Esto es eficaz porque los conspiradores quieren llevar a cabo sus
acciones solo porque creen que el pueblo quedará contento con la muerte del príncipe, y si ve que
no surgirá tal consecuencia, no llevará a cabo sus actos ya que los peligros que lo envolverían
serían innumerables.
Capítulo 20. Si las fortalezas, y muchas otras cosas que los príncipes hacen con frecuencia, son
útiles o no
Los príncipes nuevos normalmente han armado a sus súbitos desarmados, para así convertir las
armas del pueblo en las del príncipe. Eso sí, es imposible armarlos a todos, así que los que resultan
armados, se distinguen de los demás, ya que se reconocen deudores al príncipe y se ven más
obligados a él; los demás ven bien que tengan esos privilegios al tener también más obligaciones.
El problema recae cuando alguno desarma a sus súbditos; el pueblo ofendido se cree que su
príncipe no tiene confianza en ellos. Además, como un príncipe no puede quedar desarmado,
recurre a milicias mercenarias, que por muy numerosas que sean, no pueden mantener a raya al
pueblo y a los enemigos extranjeros a la vez. Existe la excepción eso sí, que un príncipe desarme
un Estado que haya adquirido recientemente al que ya adquiría.
Los grandes príncipes surgen cuando utilizan sus habilidades para aprovechar las ocasiones y han
ganado fama.
Los príncipes, han encontrado más utilidad en aquellos miembros que al principio de su gobierno
les parecían que no les eran fieles, y esto se debe a que los hombres que al principio de un reinado
han sido enemigos, si después han necesitado apoyo ajeno, el príncipe los ha podido conquistar a
su causa y entonces lo servirán con mucha más fidelidad, ya que necesitarán hacer una muy buena
obra para borrar la imagen de haber desconfiado de él al principio. En cambio, puede ser que
aquellos que se habían mostrado fieles al principio, por demasiado fieles hayan olvidado sus
obligaciones.
Algunos príncipes han construido fortalezas con la esperanza de protegerse, pero el autor dice que
en sus tiempos se han destruido muchas, por lo que deduce que las fortalezas pueden ser útiles o
no según el caso: el príncipe que teme más al pueblo que a los extranjeros debe construir
fortalezas, mientras que el que teme más a los extranjeros que al pueblo no debe construirlas
Capítulo 21. Cómo debe comportarse un príncipe para ser estimado
La estima nace sobre todo de las grandes empresas y de la muestra de raras virtudes, como
Fernando de Aragón, que se ha convertido en rey de la cristiandad, tomó Granada y expulsó de su
reino a los infieles, invadió parte del Norte de África, llevó a cabo la campaña por Italia e incluso
atacó a Francia, consiguiendo hazañas extraordinarias y una gran estima de los hombres.
También beneficia al príncipe encontrar nuevas medidas en la administración, como hizo Bernabó
de Milán recompensando o castigando a los ciudadanos según sus actos en la vida civil, dando un
tema de conversación a la gente.
El que el príncipe se sepa posicionar en algunos bandos en guerras determinantes también será
honrado, ya que si no participa, el vencedor luego irá directo a por él al no querer aliados
sospechosos y el perdedor no lo ayudará en otra ocasión. En cambio, si se decide por una de las
partes, si ganan, quedarán unidos por un vínculo especial, mientras que si pierden, puede hacerse
compañero de una fortuna que pueda resurgir. Esto no quiere decir que un príncipe se alíe con
otros más poderosos para atacar a terceros, sino participar en las ocasiones que lo requieran.
Un príncipe será estimado si deja a su población ejercer de lo que desee, es más, recompensar por
ello.
Capítulo 22. De los secretarios del príncipe
La decisión de coger buenos o malos ministros dependerá de la virtud del príncipe: si uno está
rodeado por hombres capaces y fieles, el que los ha escogido será tenido por sabio.
Hay tres clases de cerebro: El que discierne por sí solo, el que no discierne pero entiende lo que los
otros disciernen y el que ni discierne ni entiende lo que los otros disciernen. Un príncipe con el
primer cerebro, podrá corregir a un ministro ya que entenderá sus actos y este último, al saber
que no podrá engañar a su superior, se mantendrá honesto y fiel.
Un ministro no será bueno cuando no piensa más que en él y sacar provecho, ya que los que
tienen en manos el Estado de otro jamás deben pensar en sí mismos. Entonces el príncipe debe
actuar, al mismo tiempo que debe felicitar a aquellos que sí hagan bien su labor.
Capítulo 23. Como huir de los aduladores
Los aduladores, presentes en todas zonas, deben evitarse, y para hacerlo, se necesita hacer
comprender a los hombres que no ofenden al decir la verdad, pero eso sí, sin que lo digan todos
ya que faltarían el respeto. Por ello el príncipe prudente debe rodearse de aquellos hombres de
buen juicio a los que le dé libertad para decir la verdad, aunque solo en las cosas en las que sean
interrogados y cuando decida. Fuera de ese círculo no debe hacer caso a nadie nunca.
Capítulo 24. Por qué los príncipes de Italia perdieron sus Estados
Los príncipes hallan mayor regocijo elevando un Estado nuevo, al mismo tiempo que sufren mayor
deshonra los que pierden el trono habiendo nacido príncipes.
Muchos príncipes de Estados perdieron sus Estados, como el rey de Nápoles, el duque de Milán,
etc. Un fallo muy común fue el de no haber tenido disponibles armas propias. Otros tuvieron al
pueblo como enemigo, hecho que impide seguir estando en el poder, y el que lo tuvo por amigo
no supo tener a raya a los nobles.
Por tanto, esos príncipes perdedores que no le echen la culpa a la suerte, sino a su ineptitud.
Como en la paz pensaron que nada malo no podría pasar no se prepararon para los tiempos
adversos, otro error garrafal.
Capítulo 25. Del poder de la fortuna de las cosas humanas y de los medios para oponérsele
La fortuna manda en la mitad de nuestras acciones, pero los hombres pueden gobernar su otra
mitad. La fortuna aparece allí donde no hay virtud preparada para resistirle, por esos muchos se
justifican de sus errores con la suerte, cuando podrían haber hecho más para evitarlo. Italia está
repleto de Estados que han dejado todo en manos del azar, así que las consecuencias pueden ser
fatales. El hombre debe adaptarse a todas las circunstancias que le vaya deparando la fortuna.
Capítulo 26. Exhortación a liberar a Italia de los bárbaros
Maquiavelo hace una última reflexión sobre si fuera posible en esos tiempos que surgiera un
nuevo príncipe que instaurase un gobierno que hiciese feliz a todo el pueblo italiano. Es más, lo
ruega. Dice que podría ser, ya que la situación es perfecta: era necesario que se encontrase esa
Italia oprimida, desorganizada, sin leyes ni jefes claves, que se viera castigada, despojada e
invadida para que alguien la liberara.
Solo hace falta alguien virtuoso que siguiese los pasos del autor, basándose en esos hombres
ejemplares (o evitando imitarlos).
Comenta que el pueblo y los soldados ya están preparados, necesitan un buen jefe, alguien que
sepa imponerse sobre los demás.
Recalca la necesidad de usar armas propias, con innovaciones tecnológicas mejor si es posible. i
i
MAQUIAVELO, NICOLAS. EL PRINCIPE. 3a. ed. BARCELONA: VOSGOS, 1975.