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George Berkeley

George Berkeley fue un filósofo irlandés del siglo XVIII que propuso una filosofía idealista conocida como "inmaterialismo". Según Berkeley, solo existen las ideas en la mente y las cosas percibidas son en realidad las propias ideas o sensaciones, no existe una "materia" separada. Berkeley argumentó que la teoría del conocimiento de Locke conducía al escepticismo y al ateísmo, y que el idealismo era la única forma coherente de empirismo.
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George Berkeley

George Berkeley fue un filósofo irlandés del siglo XVIII que propuso una filosofía idealista conocida como "inmaterialismo". Según Berkeley, solo existen las ideas en la mente y las cosas percibidas son en realidad las propias ideas o sensaciones, no existe una "materia" separada. Berkeley argumentó que la teoría del conocimiento de Locke conducía al escepticismo y al ateísmo, y que el idealismo era la única forma coherente de empirismo.
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George Berkeley

Nacimiento:12 marzo 1685en Kilkenny


(Irlanda)
Muerte:14 enero 1753en Oxford
Filósofo irlandés, uno de los
principales representantes del
empirismo británico. Nació en
Kilkenny, Irlanda; estudió en el Trinity
College, de Dublín, y se ordenó como
clérigo anglicano. Su primera obra
filosófica es un Ensayo sobre una
nueva teoría de la visión (1709) y, en
1710, a los veinticinco años de edad,
publicó su obra capital, Tratado sobre
los principios del conocimiento humano,en la que presenta su filosofía,
empirista e idealista a la vez, que él llama «inmaterialismo», y a la que
en aquel momento se prestó poca atención. En 1713 marcha a Londres,
donde escribe Tres diálogos entre Hylas y Philonus, e inicia una época
de viajes por el continente europeo. En esta gira europea conoce a
Malebranche, pierde los originales de la segunda parte de su Tratado,
que ya no completará, y escribe De motu, un libro en latín en el que
critica a Newton y a Leibniz. Concibe luego la idea de fundar en las
Bermudas un colegio de misiones; marcha a América en 1728 y,
mientras espera (en vano) la ayuda económica del gobierno, pasa dos
años viviendo primero en Rhode Island, donde escribe Alcifrón, su obra
más extensa, y luego en Newport, donde conoce al que sería el primer
presidente del King's College, de Nueva York -en la actualidad
universidad de Columbia-, Samuel Johnson, uno de los pocos que prestó
atención en su tiempo a la filosofía de Berkeley, de la que dijo que podía
refutarse dando un puntapié a una piedra. En memoria de Berkeley se le
puso este nombre a la que, con el tiempo, sería la universidad de
California. Vuelve a Londres y, en 1734, es nombrado obispo de Cloyne;
en 1752 renuncia al cargo y se retira a Oxford, donde muere al cabo de
un año. Pese a que su filosofía se ha considerado excéntrica y extraña,
pocos filósofos han despertado tanto interés como Berkeley en el mundo
anglosajón.(Berkel3.gif)
En consonancia con su profesión de clérigo, Berkeley se propone como
objetivo de su filosofía combatir tanto el ateísmo como el escepticismo.
El empirismo de Locke, según él, lleva precisamente a ambas cosas.
Toda teoría del conocimiento débil es causa de dudas (escepticismo) y
de ellas la peor es no poder tener certeza de la existencia de Dios
(agnosticismo); por otro lado, suponer distintas las ideas y las cosas y
tener que pasar de aquéllas a éstas es causa de escepticismo en
general. Berkeley sostiene que el idealismo es la única forma coherente
de ser empirista. Por idealismo, o más propiamente, «inmaterialismo»,
Berkeley entiende la afirmación de que sólo existen nuestras ideas;
existen también las cosas, pero éstas no son más que las mismas ideas
o sensaciones (ver texto). Lo que ciertamente no existe es aquello que
los filósofos llaman materia o «sustancia
corporal»; lo que sería como la causa de
nuestras ideas y sensaciones.
He ahí el error, dice Berkeley: tener que
distinguir entre lo que percibimos y la causa
de lo que percibimos, y pasar de una cosa a
otra mediante una inferencia. Decir, como
Locke, que nuestras ideas provienen de las
sustancias corporales como de su causa es
remitirse a una teoría de conocimiento
insegura y negar la evidencia de que
percibimos objetos sensibles y que no
tenemos necesidad alguna de hacer inferencias. Si, como decía el
mismo Locke, las cualidades secundarias son subjetivas, ¿por qué no
han de serlo igualmente las cualidades primarias? Así que percibimos
objetos sensibles, y lo que percibimos es la realidad (ver texto). No hay
los «objetos percibidos» y las «causas de los objetos percibidos», sino
sólo los «objetos percibidos» y la «mente que los percibe»: la mente y
las ideas de la mente, de modo que «ser» no consiste en otra cosa que
en «percibir» o «ser percibido». Es verdad que vemos un orden regular
en nuestras percepciones, hasta el punto de que podemos hablar de un
«orden de la naturaleza»; pero no existe una naturaleza distinta al
mundo de nuestra percepción, aunque existe la regularidad que una
mente divina impone a nuestras percepciones (ver texto).Berkele4.gif
Por esta razón, hay plena coincidencia entre lo que afirma esta filosofía
inmaterialista y las afirmaciones de las ciencias de la naturaleza: éstas
no estudian otra cosa que la regularidad entre ideas o sensaciones. Las
ciencias, y con ellas los términos teóricos, no se refieren a realidades
externas a la mente; son conceptos abstractos que se afirman de
regularidades de la conciencia. Las mismas hipótesis de Newton sobre la
gravitación universal no describen las propiedades de una fuerza oculta
de la naturaleza que sea la causa de la atracción entre masas; la
gravitación no es más que el comportamiento de las cosas -o de las
ideas-, las cuales son a su vez nuestras sensaciones; la teoría de la
gravitación es un cálculo matemático que explica correctamente las
regularidades entre ideas. A esta filosofía de la ciencia se le ha dado el
nombre de instrumentalismo.
Dios, en quien el mundo de nuestras sensaciones halla estabilidad y
orden, no es una idea nuestra; no llegamos conocerlo a través de las
sensaciones, porque un «espíritu» no es una «idea», sino que lo
conocemos por la conciencia de que la regularidad de nuestro mundo
percibido no puede tener origen en nosotros mismos. Dios produce
realmente las ideas en nuestra mente y la regularidad que les es propia
(ver texto). Pese a la aparente extravagancia que puede caracterizar a
todo idealismo, Berkeley siempre afirmó que en su sistema había tanto
rigor filosófico como sentido común: si el filósofo inmaterialista afirma
que las cosas son ideas, el hombre común cree que lo que percibimos es
la realidad.

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