0000253
DOSCIENTOS CINCUENTA Y TRES
2022
REPÚBLICA DE CHILE
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
____________
Sentencia
Rol 12.782-2022
[9 de agosto de 2022]
____________
REQUERIMIENTO DE INAPLICABILIDAD POR
INCONSTITUCIONALIDAD RESPECTO DE LOS ARTÍCULOS 4°,
INCISO PRIMERO, DE LA LEY N° 19.886, Y 495, INCISO FINAL,
CÓDIGO DEL TRABAJO
FINNING CHILE S.A.
EN EL PROCESO RIT S-38-2020, RUC 20-4- 0304860-8, SEGUIDO ANTE EL
JUZGADO DE LETRAS DEL TRABAJO DE ANTOFAGASTA
VISTOS:
Que, Finning Chile S.A. acciona de inaplicabilidad por inconstitucionalidad
respecto de los artículos 4°, inciso primero, segunda frase, de la Ley N° 19.886, de
Bases sobre Contratos Administrativos de Suministro y Prestación de Servicios; y 495,
inciso final, del Código del Trabajo, en el proceso RIT S-38-2020, RUC 20-4- 0304860-
8, seguido ante el Juzgado de Letras del Trabajo de Antofagasta.
Preceptos legales cuya aplicación se impugna
El texto de los preceptos impugnados dispone:
“Ley N° 19.866, de Bases sobre Contratos Administrativos de Suministro y
Prestación de Servicios
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DOSCIENTOS CINCUENTA Y CUATRO
(…)
Artículo 4°. - Podrán contratar con la Administración las personas naturales o
jurídicas, chilenas o extranjeras, que acrediten su situación financiera e idoneidad técnica
conforme lo disponga el reglamento, cumpliendo con los demás requisitos que éste señale y con
los que exige el derecho común. Quedarán excluidos quienes, dentro de los dos años anteriores
al momento de la presentación de la oferta, de la formulación de la propuesta o de la
suscripción de la convención, según se trate de licitaciones públicas, privadas o contratación
directa, hayan sido condenados por prácticas antisindicales o infracción a los derechos
fundamentales del trabajador, o por delitos concursales establecidos en el Código Penal.”
(…)
“Código del Trabajo
(…)
Artículo 495.- La sentencia deberá contener, en su parte resolutiva:
1. La declaración de existencia o no de la lesión de derechos fundamentales denunciada;
2. En caso afirmativo, deberá ordenar, de persistir el comportamiento antijurídico a la fecha
de dictación del fallo, su cese inmediato, bajo el apercibimiento señalado en el inciso primero
del artículo 492;
3. La indicación concreta de las medidas a que se encuentra obligado el infractor
dirigidas a obtener la reparación de las consecuencias derivadas de la vulneración de derechos
fundamentales, bajo el apercibimiento señalado en el inciso primero del artículo 492, incluidas
las indemnizaciones que procedan, y
4. La aplicación de las multas a que hubiere lugar, de conformidad a las normas de
este Código. En cualquier caso, el juez deberá velar para que la situación se retrotraiga al estado
inmediatamente anterior a producirse la vulneración denunciada y se abstendrá de autorizar
cualquier tipo de acuerdo que mantenga indemne la conducta lesiva de derechos fundamentales.
Copia de esta sentencia deberá remitirse a la Dirección del Trabajo para su registro.
(…)
Síntesis de la gestión pendiente y del conflicto constitucional sometido al
conocimiento y resolución del Tribunal
La actora acciona en el marco de un procedimiento iniciado por denuncia de
tutela laboral ante el Juzgado de Letras del Trabajo de Antofagasta con motivo de una
denuncia de práctica antisindical y desleal presentada por el Sindicato de Empresa
Finning Servicios Especializados S.A o Sindicato N° 5.
Especifica que la audiencia preparatoria se realizó el 1 de marzo de 2021, y que
se encuentra pendiente la audiencia de juicio oral.
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DOSCIENTOS CINCUENTA Y CINCO
Arguye las siguientes infracciones constitucionales:
i. Se vulnera la igualdad ante la ley (art. 19 N° 2 de la Constitución),
homologando arbitrariamente situaciones muy diferentes. Se aplica la misma sanción
a quién se aprovecha de sus trabajadores en forma severa, reiterada y/o con vistas a
obtener pequeñas ventajas competitivas, y a otros que se encuentran en una situación
muy diferente. Esta igualación carece de justificación suficiente, ya que no sirve, sino
que perjudica a la contratación administrativa. Ambos son fines que el legislador
expresamente declara como propósito de la ley administrativa.
Dicha sanción tampoco fomenta realmente la mejor competencia entre
proveedores. Y desde la perspectiva laboral, existen otras normales legales destinadas
al mismo objeto de protección, más efectivas y sustancialmente menos interferentes
con los derechos fundamentales.
ii. Se vulnera el debido proceso constitucional (art. 19 N°3 de la Constitución),
omitiéndose en forma absoluta toda clase de procedimiento previo que antecede a la
sanción que automáticamente imponen los preceptos impugnados sin intervención
alguna de un juez natural. Adicionalmente, se infringe el principio non bis in ídem, ya
que el precepto impugnado ha permitido que se aplique otra sanción, de naturaleza
completamente distinta (administrativa) la cual emana del mismo hecho que dio lugar
a la sanción laboral original. Así, el mismo hecho da lugar a dos sanciones
completamente distintas, en órdenes también diferentes (laboral y contratación
pública).
Se vulnera asimismo la proporcionalidad constitucional (art. 19 N°2 y 3 de la
Constitución), ya que se impone en la especie una sanción absolutamente rígida y
automática, que no vincula ni se gradúa de acuerdo a las circunstancias del caso en
cuestión.
iii. Se vulnera el art. 19 N° 24 de la Constitución.
En lo particular, la aplicación del inciso primero del artículo 4º de la Ley N°
19.886 y del artículo 495 del Código del Trabajo implicaría para Finning Chile S.A. ver
vedada su participación en licitaciones que llamen organismos del Estado. La
infracción de la Carta Fundamental se produce por cuanto la eventual aplicación de
las normas anteriormente nombradas implica la privación a la requirente de parte
importante de su patrimonio, en tanto las licitaciones, convenios y contratos que
celebra en su calidad de proveedor a organismos públicos representan una fuente de
ingresos constante.
iv. Se vulnera el art. 19 N° 26 de la Constitución.
De conformidad a las vulneraciones previamente referidas, entiende
igualmente vulnerada dicha disposición, en cuanto se ven afectados en su núcleo
esencial los derechos de igualdad, debido proceso y propiedad.
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DOSCIENTOS CINCUENTA Y SEIS
Tramitación
El requerimiento fue acogido a trámite por la Segunda Sala, con fecha 20 de
enero de 2022, a fojas 81. Fue declarado admisible por resolución de la misma Sala el
día 2 de marzo de 2022, a fojas 87, confiriéndose traslados de estilo. No hubo traslado
en el fondo.
Vista de la causa y acuerdo
En Sesión de Pleno de 8 de junio de 2022 se verificó la vista de la causa,
oyéndose la relación pública, y los alegatos por la requirente, del abogado Diego
Lizama Castro.
Se adoptó acuerdo en igual sesión, conforme fue certificado por el relator de la
causa.
Y CONSIDERANDO:
I. ACERCA DEL CONFLICTO CONSTITUCIONAL PLANTEADO
PRIMERO: La gestión judicial pendiente que da origen al requerimiento de
estos autos consiste en una demanda por práctica antisindical deducida en contra de
la requirente Finning Chile S.A, que se tramita ante el Juzgado de Letras del Trabajo
de Antofagasta, bajo el RIT S-38-2020, encontrándose dicha gestión pendiente en
etapa de audiencia de juicio.
SEGUNDO: En relación con tal gestión, la sociedad requirente Finning Chile
S.A dedujo ante esta Magistratura un requerimiento de inaplicabilidad respecto del
artículo 4°, inciso primero, segunda frase, de la Ley N° 19.886 y del artículo 495, inciso
final, del Código del Trabajo
TERCERO: La actora invoca que la aplicación de la norma impugnada, en
cuanto impide a la requirente contratar con el Estado o participar en licitaciones
públicas por dos años, resulta contraria a la Constitución por vulnerar el principio de
igualdad ante la ley, la garantía de un justo y racional procedimiento y el derecho de
propiedad.
CUARTO: En cuanto a la infracción al derecho a la igualdad ante la ley,
contemplada en el artículo 19, Nº 2, de la Constitución, señala que sin fundamento
plausible o sin la razonabilidad correspondiente se le podría condenar a una sanción
a todas luces desproporcionada.
Respecto a la garantía de un justo y racional procedimiento, la requirente
manifiesta que la Ley N° 19.866 no contempla una oportunidad procesal para discutir
la procedencia o duración de la inhabilidad impuesta por la norma, consagrándose así
una sanción que opera por el solo ministerio de la ley. Añade además que falta un
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DOSCIENTOS CINCUENTA Y SIETE
recurso impugnador puesto que el ordenamiento jurídico no establece la posibilidad
de recurrir ante un tribunal superior en contra de la pena impuesta.
Por último, alega que se infringe el artículo 19, N° 24, de la Constitución que
garantiza el derecho de propiedad, toda vez que se le priva de parte importante de su
patrimonio, en tanto las licitaciones, convenios y contratos que celebra en su calidad
de proveedor a organismos públicos representan una fuente de ingresos constante.
II. CONSIDERACIONES PREVIAS RESPECTO DEL CAMBIO DE
PRECEDENTES DE ESTE TRIBUNAL
QUINTO: Antes de abordar el conflicto que se ha presentado a la resolución
de esta Magistratura, resulta necesario tener presente que ésta ha examinado en
diversas oportunidades acciones de inaplicabilidad dirigidas en contra del inciso 1°
del artículo 4° de la ley N° 19.886 y de las reglas del Código del Trabajo que obligan
al juez a enviar copia de la sentencia condenatoria a la Dirección del Trabajo para su
registro ya sea por prácticas antisindicales o vulneración de derechos fundamentales
del trabajador (arts. 294 bis y 495, inciso final, respectivamente), existiendo una
jurisprudencia variada en relación con dichas normas, en la que priman sentencias
estimatorias de inaplicabilidad.
En efecto, la inaplicabilidad de los referidos preceptos legales únicamente fue
rechazada en las sentencias roles Nos. 1968, 2133, 2722, 2729; mientras que, desde
fuera acogido el primer requerimiento en la causa rol N° 3570, han declarado su
inaplicabilidad las sentencias roles Nos. 3702, 5267, 4836, 4722, 5180, 4800, 4078, 3978,
4843, 5484, 5360, 5695, 5912, 6085, 6073, 6513, 7259, 7516, 7626, 7635, 7785, 7777, 7584,
7778, 7753, 8002, 8294, 8624, 8620, 8559, 8703, 8820, 8760, 8803, 8930, 9007, 9008, 9047,
9179, 9412, 9742, 9840, 10018, 10028, 9895, 10065, 10066, 10186, 10690, 9876, 10814,
10820, 10481, 10613, 11081, 11251, 11272, 11547, 11782, 12003, 11300, 11920, 11915,
11916, 11924, 11929, 12031, 12051, 12.159, 12.192 y 12.585.
SEXTO: En esta oportunidad, tras cambios recientes de integración, esta
Magistratura modificará la línea jurisprudencial que, siempre en votación dividida,
fue determinada por mayoría del pleno desde junio de 2017 hasta inicios del presente
año, para rechazar la presente acción de acuerdo con los fundamentos que más
adelante esta sentencia desarrollará.
Pues bien, en aras de los principios de transparencia y de motivación de las
sentencias, resulta necesario dar razones para tal cambio jurisprudencial. Como las
necesidades de certeza jurídica y de igualdad ante la ley y ante la Constitución hacen
relevante que las líneas jurisprudenciales de este Tribunal gocen de un nivel de
homogeneidad y consolidación que las haga reconocibles, cuestión que empalma con
el derecho de todo justiciable a la igual protección por el sistema jurídico en el ejercicio
de sus derechos (artículo 19, numeral 3°, inciso primero, de la Constitución vigente),
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DOSCIENTOS CINCUENTA Y OCHO
no puede obviarse entonces que este órgano de justicia constitucional debe hacerse
cargo de lo que implica un cambio jurisprudencial.
SÉPTIMO: Sucede que, en materia de Derecho Procesal Constitucional, se ha
sostenido que “dentro de las distintas cualidades deseables de los sistemas jurídicos en los
Estados democráticos está la predicción y coherencia de las decisiones judiciales. Los
ciudadanos esperan que, en todo caso, ante la existencia de asuntos análogos en sus hechos
jurídicos relevantes, los jueces otorguen decisiones igualmente similares. No basta, por ende,
que se esté ante la estabilidad y coherencia de las reglas del derecho legislado, sino también
ante la ausencia de arbitrariedad en las decisiones judiciales” (Osvaldo Alfredo Gozaíni
(2014), Tratado de Derecho Procesal Constitucional Latinoamericano, Tomo III, Ed.
Thomson Reuters La Ley, Buenos Aires, p. 604). Es en ese orden de ideas que esta
sentencia anuncia expresamente un cambio de línea jurisprudencial respecto del
control de la preceptiva cuestionada, y no solamente una variación de criterio
respecto de la presente causa.
OCTAVO: Al respecto debemos destacar, en primer lugar, la importancia del
“principio de coherencia interna del ordenamiento”, el cual no sólo se refiere al
ordenamiento jurídico sino asimismo a las sentencias emanadas de los tribunales que
lo interpretan y aplican, como es el caso de aquellas emanadas de este Tribunal
Constitucional, como consecuencia de “la importancia de la jurisprudencia como
complemento del ordenamiento y como eficaz instrumento para mantener la coherencia del
mismo” (Francisco J., Ezquiaga Ganuzas (2013), La Argumentación en la Justicia
Constitucional, Ed. Jurídica Grijley, Lima, p. 337).
Asimismo, respecto del carácter lógico de los argumentos justificativos
utilizados en las sentencias, no puede obviarse asimismo “el argumento de autoridad o
ab exemplo”, que consiste “en utilizar la opinión de una persona en favor de una tesis propia,
pero al no proporcionar más que opiniones esta forma de argumentación obtiene una fuerza
mayor o menos en función del prestigio que se le reconoce a la autoridad invocada” (Francisco
J., Ezquiaga Ganuzas (2013), ob. cit., p. 402). No hay duda, por lo dicho, que la
jurisprudencia del Tribunal Constitucional constituye un argumento de autoridad y
por ello cobra relevancia si hay un cambio en su jurisprudencia cuando decide casos
posteriores similares.
NOVENO: Indudablemente en esta materia se presenta el problema de si el
Tribunal Constitucional está obligado o no a seguir la línea jurisprudencial que emana
de sus sentencias previas (el auto precedente o auto vinculación), la cual
generalmente es invocada por las partes que recurren a él, o si existe la posibilidad de
que efectúe un cambio jurisprudencial a pesar de la igualdad sustancial de los
supuestos del caso.
Entendemos que la dificultad se plantea especialmente cuando dicha
jurisprudencia constituye una doctrina reiterada que establece esta Magistratura al
decidir causas similares, doctrina que ha supuesto seleccionar un determinado
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DOSCIENTOS CINCUENTA Y NUEVE
significado atribuido a las normas que interpreta para descartar otros y que
constituye un “precedente” cuya existencia no puede obviarse.
La existencia de un precedente se da en algunas decisiones jurisdiccionales
que satisfacen ciertos requisitos. En particular, “ser precedente” es una característica que
consiste en que tal decisión emplea alguna norma general y abstracta cuya presencia es
considerada normativamente relevante para decisiones jurisdiccionales posteriores” (Álvaro
Núñez Vaquero y José Angel Fernández Cruz (2021), “Creación, derogación y
aplicabilidad de precedentes: a propósito de los precedentes constitucionales chilenos
sobre el nasciturus”, Derecho PUCP, N° 86, p. 296).
DÉCIMO: Respecto al precedente horizontal -es decir, a aquel que obliga a
que un caso judicial sea “resuelto conforme la regla explicitable de una sentencia anterior
recaída en un supuesto análogo, pronunciado por el mismo tribunal” (Garay, Alberto F.
(2013). La Doctrina del Precedente en la Corte Suprema. Buenos Aires, Ed.
AbeledoPerrot, p. 16)-, la Corte Suprema de Argentina, en el conocido caso Baretta,
formuló ciertas pautas para resolver cuándo podía apartarse de sus precedentes, al
señalar que, como excepción, cabía solo en “causas graves, es decir, cuando resultase
“de manera clara el error y la inconveniencia de las decisiones recaídas sobre la
cuestión legal objeto del pleito”. La Corte indicó, entonces, que el “error” y la
“inconveniencia” de los precedentes eran factores que la habilitaban a abandonarlos.
Pero ¿cuándo es “inconveniente” de mantener un criterio? ¿cuán grave debe ser el
error y cómo evitar que este se transforme en una habilitación a abandonar todo aquel
precedente que no le resulte simpático al juez? En 2006, dicha Corte precisó un poco
más –en la causa Barreto– qué factores dan lugar al cambio de jurisprudencia. Afirma
que deben existir: (i) causas suficientemente graves como para hacer ineludible tal
cambio de criterio; o (ii) “razones de justicia”. Entre estas últimas, enumera: “(a) el
reconocimiento del carácter erróneo de la decisión; (b) la apreciación de las lecciones
de la experiencia; (c) la existencia de cambiantes circunstancias históricas que
hubieran demostrado la conveniencia de abandonar el criterio establecido”.
Por su parte, la Corte Constitucional de Colombia, en sentencia de
Constitucionalidad Nº 111/19 de Corte Constitucional, 13 de Marzo de 2019, en un
modelo en el que sus precedentes son obligatorios de seguir, sostuvo: "30: No se
justifica que la Corte Constitucional cambie su precedente. Un interviniente sostuvo
que la Corte Constitucional debe cambiar su precedente debido a la sentencia
proferida por la Corte Interamericana en el caso López Mendoza vs. Venezuela . Esta
Corporación estima que no se cumple ninguno de los requisitos que permita hacer un
ajuste al precedente existente. Como lo ha señalado esta Corte, el cambio de
precedente es válido únicamente si se presenta uno de los siguientes tres casos: (i) que
la jurisprudencia vigente haya sido errónea porque fue “adecuada en una situación
social determinada, [que no responde] adecuadamente al cambio social posterior”;
(ii) que la jurisprudencia resulta errónea por ser contraria a los valores, objetivos,
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DOSCIENTOS SESENTA
principios y derechos en los que se fundamenta el ordenamiento jurídico , y (iii) si
hubo un cambio en el ordenamiento jurídico positivo ."
Cabe tener en cuenta, asimismo, lo que ha señalado el Tribunal Constitucional
de España, con base en el principio de igualdad: “(…) un órgano judicial no se encuentra
condicionado necesariamente por un pronunciamiento previo, sino que puede alterarlo,
siempre que justifique razonada y razonablemente el cambio de criterio (…)” (FJ. 4°,
Sentencia 80/2020). Por lo tanto, si bien la Magistratura puede modificar sus criterios
previos, ello la obliga a motivar adecuadamente ese cambio.
DÉCIMO PRIMERO: En el mismo sentido, no puede olvidarse que la
interpretación constitucional se hace con una finalidad: resolver conflictos jurídicos
teniendo como estándar el significado de la norma que recoge los valores y principios
fundamentales para estructurar en cohesión, unión y paz la convivencia de los
miembros de una sociedad diversa en un momento histórico determinado, por lo cual
la interpretación de la Constitución muchas veces evoluciona para adaptarse a los
paradigmas culturales, jurídicos y sociales actuales, pues se usa para resolver
conflictos hic et nunc, aquí y ahora. Por lo tanto, el recurso a la jurisprudencia como
referente y elemento de juicio no puede significar la petrificación del derecho a los
estándares de una época pretérita y superada, ni tampoco puede significar la negación
de la necesaria interpretación evolutiva de las normas constitucionales.
DÉCIMO SEGUNDO: En relación a la jurisprudencia de este Tribunal sobre
sus precedentes, algunas sentencias han explicitado que existe un precedente
vinculante; otras lo recuerdan y expresamente deciden afirmarlo; otras mencionan
que existe un precedente aplicable pero que debe ser reemplazado; hay sentencias en
que el voto de minoría cuestiona directa o indirectamente a la mayoría apartarse del
precedente que se estima vinculante; existen casos en que un precedente busca
actualizar uno anterior, pero sin modificarlo sustantivamente; y, por último, hay
algunas sentencias que buscan justificar razonadamente el cambio de doctrina (García
García, José Francisco (2018), “Precedente horizontal de facto en el Tribunal
Constitucional”, Revista de Derecho Público, Número Especial, pp. 247-262).
En relación a esta última hipótesis, este Tribunal ha sostenido, como criterio
general, que “para resolver acerca de la conveniencia de mantener la razón decisoria
contemplada en fallos anteriores del Tribunal Constitucional en relación a una
materia determinada, ello crea la certeza y seguridad jurídica necesarias para todos
aquellos a quienes pueda interesare y/o afectar lo que éste resuelva sobre el punto”,
por lo cual “los cambios de doctrina jurídica por lo general deben producirse siempre
que existan motivos o razones fundamentales que los justifiquen” (STC 171, c. 15°).
Es decir, es posible tal cambio en la medida que se advierta y se fundamente
claramente la decisión (STC 1572, c. 12°, 1598, c. 12°, 1808, c. 12°, 2301, c. 8°, entre
otras).
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DOSCIENTOS SESENTA Y UNO
DÉCIMO TERCERO: En cuanto a la sentencia de inaplicabilidad, si bien
“sólo produce efecto en el caso concreto en el que se dicta (artículo 92 de la ley
orgánica constitucional del TC N° 17.997), esta Magistratura ha sostenido que, “por
la certeza o seguridad jurídica, es conveniente mantener la razón decisoria mantenida
en fallo anteriores sobre la misma materia” (STC 2246, c. 7°), sin perjuicio de poder
cambiar la doctrina justificándolo razonadamente.
Entonces cabe afirmar, en primer lugar, que siendo la inaplicabilidad un
control de carácter concreto, no puede llevar a una repetición automática, mecánica y
ciega de sentencias por el solo hecho de plantearse una cuestión sobre las mismas
normas de manera reiterada; en segundo lugar, ni la ley orgánica de esta Magistratura
ni la Constitución vigente establecen ni regulan en ninguna parte un sistema de
precedentes jurisprudenciales ni de extensión de efectos de sentencias fuera del
proceso en el control de inaplicabilidad, que además tiene solo efectos particulares y
se refiere solo al caso concreto; y, en fin, en tercer lugar, despejado el carácter concreto
del control de inaplicabilidad, debe tenerse presente que lo que sí merece una lectura
posiblemente más allá del caso específico es el estándar de constitucionalidad que se
fije como parámetro de control y su razonabilidad, en la medida que ello se traduce
en determinar el sentido, alcance y significado de normas constitucionales, cuya
eficacia, pese al efecto inter partes de la sentencia, es abstracta y erga omnes (STC Rol
12.271, cc. 11°, 12° y 13°, entre otras sentencias).
DÉCIMO CUARTO: Si la interpretación constitucional que corresponde
efectuar a este Tribunal cuando dicta una sentencia debe tener como parámetro
objetivo la lógica de lo razonable, deben buscarse, por lo tanto, argumentos para
resolver un conflicto entre las distintas razones que se presentan como la respuesta
adecuada para el caso. En efecto, si tal decisión “debe exponerse no como un acto
arbitrario, sino como el resultado de un razonamiento que puede ser racionalmente presentado
y, también, racionalmente controlado” (Jerzy Wróblewski (2001), Constitución y teoría de
la interpretación jurídica, 1° reimpresión, Cuadernos Civitas, Madrid, p. 62), la
razonabilidad de una sentencia que resuelve un conflicto constitucional exige
interpretar la ley a partir de los valores, principios, objetivos y derechos consagrados
en la Constitución.
DÉCIMO QUINTO: Pues bien, la doctrina que surge de las sentencias
estimatorias de inaplicabilidad recaídas en el art. 4° de Ley N° 19.886, sobre Compras
Públicas, que es impugnado en estos autos, sostiene que la aplicación de tal precepto
contraviene al menos las siguientes disposiciones de la Constitución:
a) artículo 19 N° 2, sobre igualdad ante la ley y prohibición de
discriminaciones arbitrarias, debido a que no tiene justificación y fundamento excluir
en forma absoluta de la posibilidad de contratar con el Estado a quien ha sido objeto
de una determinada condena judicial, en forma anticipada y sin considerar siquiera
las circunstancias de la condena que le pueda ser impuesta, la gravedad de la
conducta reprochada o si estas última se relacionan efectivamente con los
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DOSCIENTOS SESENTA Y DOS
presupuestos exigibles a todo oferente (STC 12.031, c. 10°); porque la norma “obsta
participar a todos los empleadores condenados por igual, con independencia de su
comportamiento individual y sin atender a que puedan haber cumplido el respectivo
fallo condenatorio, en su oportunidad” (STC 10018-20 c. 17°, entre otras), por cuanto
“cualquiera sea la naturaleza o entidad de la falta cometida, con prescindencia
absoluta de su extensión o gravedad, siempre e ineluctablemente la disposición legal
objetada da lugar a esa sanción única de obstrucción contractual durante el lapso
inamovible e invariable de dos años” (STC 3750- 17, c. 9°, entre otras).
b) artículo 19 N° 3, en relación al derecho a la existencia de un procedimiento
legal racional y justo, por cuanto basta haber obtenido una sentencia condenatoria en
materia laboral por infracción a derechos fundamentales del trabajador o práctica
antisindical, para quedar excluido de inmediato del registro respectivo, sin que se
“contemple una oportunidad en que el afectado pueda discutir, ante los tribunales
laborales, la procedencia o bien la duración de la pena de inhabilitación que se le
impone coartando en definitiva toda posible intervención suya, en defensa de sus
intereses, lo que equivale lisa y llanamente a negarle toda posibilidad de defensa”
(STC 9840-20 c. 19°, entre otras).
DÉCIMO SEXTO: Pues bien, al modificar la jurisprudencia previa y sostener
la constitucionalidad de las normas impugnadas en relación al caso concreto, los
ministros que suscriben esta sentencia consideran que, al abordar los reproches de
constitucionalidad que formula la requirente, debe tenerse presente lo expresado en
la sentencia de este órgano, de 23 de junio de 2002 (Rol N°325), en cuanto señala que:
“Los principios hermenéuticos aplicables para interpretar la Constitución son más
amplios que los que rigen para las leyes. La Constitución, a diferencia de las leyes
ordinarias, “es una super-ley, es una ley fundamental; de aquí la necesidad de
establecer con exquisito rigor, su preciso sentido, ya que las exigencias de certeza y
seguridad jurídicas son mucho más exigibles en la interpretación del estatuto jurídico
de la convivencia política, que establece no sólo quienes son los órganos legisladores
y los procedimientos seguidos para producir las leyes, sino el conjunto de
afirmaciones sociales que hacen posible la inserción del individuo en el Estado. En
este sentido, la Constitución es la expresión jurídica fundamental del Estado de
Derecho.” (c. 13°).
Complementado lo anterior, la hermenéutica ha considerado el principio de
“presunción de legitimidad” o “interpretación de conformidad a la Constitución” que
el Tribunal ha aplicado de manera reiterada. De sus fallos se infiere que los preceptos
que le corresponde controlar deben estimarse, en principio, constitucionales, válidos
o legitimados y que sólo deben declararse inconstitucionales, una vez que el análisis
depurado de ellos lleve a los sentenciadores a la íntima convicción, más allá de toda
duda razonable, de que no es posible armonizarlo con la preceptiva de la Carta
Fundamental (Valenzuela Somarriva, Eugenio, Criterios de Hermenéutica
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DOSCIENTOS SESENTA Y TRES
Constitucional Aplicados por el Tribunal Constitucional, Cuaderno N° 31, Tribunal
Constitucional de Chile, 2006, p. 35).
De este modo esta Magistratura ha utilizado el criterio de la razonabilidad,
como método resolutivo sobre la constitucionalidad de una o más normas, de forma
que la fundamentación de la convicción de los magistrados sobre la legitimidad o
invalidez de un determinado precepto jurídico dentro de nuestro ordenamiento
constitucional, hace palpable que la llamada “razonabilidad técnica” configure una
especie de principio general, situación que en el caso que nos ocupa se traduce en una
apropiada adecuación entre los valores, principios, fines y derechos consagrados en
la Constitución a los fines y los medios que utiliza Ley N° 19.886 para lograr
concretarlos. En otras palabras, la existencia de una correspondencia o vínculo entre
las obligaciones que la norma impone y los propósitos que la ley quiere alcanzar se
expresa en un método que requiere de una justa adecuación entre los fines
perseguidos por la norma superior y los medios empleados por la de inferior
jerarquía para lograrlos (STC 9853, 8887, 11526, 9266, entre otras), criterio que nos
servirá para resolver la causa sometida a nuestra decisión.
III. IMPLEMENTACION DE POLÍTICAS HORIZONTALES EN LA
CONTRATACIÓN PÚBLICA
DÉCIMO SÉPTIMO: Los contratos administrativos se mueven en el ámbito
de las relaciones de carácter patrimonial que mantiene el Estado con los particulares
y han sido definidos como “acuerdos de voluntades entre un organismo de la
Administración del Estado que actúa dentro de su giro y tráfico propio administrativo
y en ejercicio de sus competencias específicas y un particular u otro organismo público
que actúa como particular y no dentro de sus competencias específicas, que tiene por
objeto la satisfacción de necesidades públicas, produciendo entre ellas derechos y
obligaciones”(Bermúdez, Jorge (2014), ”Derecho Administrativo General” (Santiago,
Legal Publishing, p. 239). Mientras que Enrique Silva Cimma los define como un “acto
jurídico bilateral celebrado entre la Administración y un particular u otro órgano de
aquella, que persigue un fin público y que se somete a las reglas del derecho público”
(“Derecho Administrativo Chileno y Comparado”, Ed. Jurídica de Chile, 1995, p. 174).
Dichos contratos se caracterizan porque: a) una de las partes es un ente
integrante de la Administración del Estado; b) se rigen, en primer lugar, por las
normas del derecho público que regulan la actividad estatal, aplicándose las normas
del derecho privado sólo a falta de regulación expresa; c) pueden recaer sobre bienes
que no están dentro del comercio, como ocurre, por ejemplo, al entregar una concesión
sobre un bien nacional de uso público; d) en ellos opera el principio de preeminencia
de la Administración, en cuanto a que los contratos están estructurados bajo cláusulas
exorbitantes que no serían posibles de estipular en contratos del derecho común; e)
existe en ellos desigualdad entre las partes, como consecuencia de que el organismo
público que suscribe estos contratos persigue una finalidad pública, mientras que la
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DOSCIENTOS SESENTA Y CUATRO
contraparte un interés particular, convirtiéndose esta última más bien en un
colaborador del Estado; f) las licitaciones públicas deben propender a la eficiencia,
eficiencia y ahorro en sus contrataciones.
Además algunos de los principios que rigen a tales contratos son: 1) el de libre
concurrencia de los oferentes, por lo cual, potencialmente, cualquier persona puede
concurrir a una licitación y adjudicarse un contrato; 2) el de estricta sujeción a las bases
de licitación, porque ellas conforman el marco jurídico aplicable al contratante y a la
Administración; y, por último, 3) el principio de igualdad ante las bases, conforme al
cual el organismo debe tratar a todos los interesados del mismo modo, eligiendo la
propuesta que resulte objetivamente más conveniente.
DÉCIMO OCTAVO: Tradicionalmente, se adjudicaban estos contratos a
quienes ofrecían el menor precio posible y cumplían ciertos estándares de calidad
exigidos por el respectivo organismo. Sin embargo, en la última década se ha
puntualizado que esa eficiencia, eficacia y ahorro si bien implican buscar el mejor
“valor por el dinero” (value for money o best value), ello no lleva necesariamente a
adjudicar el contrato a quien efectué la oferta más baja, sino que deben considerarse
además una serie de otros factores para elegir aquella que cumpla de mejor forma con
los requerimientos del organismo y de los usuarios finales. De este modo para la
adjudicación deben sopesarse diversos factores: el precio, la calidad, el cumplimiento
de las normas, los riesgos asociados, el costo total de la vida del producto, el
presupuesto, la sustentabilidad y la competencia para lograr la consecución de ciertos
bienes de relevancia pública. (Deloite, (2015) “Economic benefits of better
procurement practices”. Disponible:
https://www2.deloitte.com/content/dam/Deloitte/au/Documents/Economics/deloitte-
au-the-procurement-balancing-act-170215.pdf)
DÉCIMO NOVENO: El empleo de la contratación pública como herramienta
para implementar políticas públicas resulta ser un fenómeno cada vez más común y
ampliamente estudiado (Arrowsmith, Sue (2010): «Horizontal policies in public
procurement: a taxonomy», en Journal of Public Procurement, Nottingham University,
Vol. 10, N° 2, pp. 149-186). A través de tal contratación “responsable”, “sostenible” o
“estratégica”, como también se le ha denominado, se busca que el Estado influya en
los mercados y en el comportamiento de las empresas con las cuales se relaciona para
lograr objetivos de interés público. De este modo, mediante las denominadas
“políticas horizontales”, “socioculturales” o “secundarias” el Estado busca asegurar
el cumplimiento de leyes generales o, incluso, establecer exigencias que van más allá
del marco legal, como pagar remuneraciones “justas”; asegurar la igualdad de género
en la contratación; luchar en contra de la corrupción; apoyar a las pymes; luchar
contra el desempleo; integrar personas con discapacidad; propiciar el comercio justo,
la eficiencia y ahorro energético; proteger el medio ambiente; impulsar el ahorro
energético, la innovación y el desarrollo tecnológico, etc.
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DOSCIENTOS SESENTA Y CINCO
Tales políticas horizontales pueden incidir en la decisión o no de contratar; en
establecer distintos criterios para evaluar con mejor puntaje a quien cumpla con ciertos
objetivos; en establecer ciertas condiciones de consumo de un producto o servicio; en
fijar medidas de producción, entrega y disposición para disminuir ciertos impactos
en la fabricación o entrega del producto o servicio; en limitar el acceso a algunos
contratos para incentivar a quienes observen la ley y castigar a quienes la vulneren sin
que estos últimos puedan acceder a los contratos públicos en aras de proteger ciertos
bienes jurídicos, etc.
VIGÉSIMO: En el contexto actual de globalización, por la internacionalización
de las cadenas logísticas y de producción, así como por la complejidad a que se
enfrentan los estados para hacer cumplir sus propias legislaciones respecto a las
actuaciones de empresas transnacionales, diversos organismos internacionales han
promovido el establecimiento de políticas horizontales en la regulación de los
contratos administrativos, por cuanto tienen la ventaja de influenciar directamente en
las dinámicas privadas -en vez de tratar de intervenir mediante mandatos generales,
como serían las leyes- y, por ende, también son capaces de contar con una esfera de
influencia que traspasa las fronteras entre países (Beckers, Anna (2016): “Using
contracts to further sustainability? A contract law perspective on sustainable public
procurement”, en SJÅFJELL, Beate y WIESBROCK, Anna (edit.): Sustainable public
procurement under EU law: new perspective on the state as a stakeholder, Cambridge,
Cambridge University Press, p. 206).
VIGÉSIMO PRIMERO: Desde ya algunos años que en Europa las políticas
horizontales en la contratación pública son un fenómeno que cada vez ha ido
adquiriendo una mayor extensión, lo cual ha sido aceptado en forma progresiva por
el Tribunal de Justicia de la Unión Europea al aceptar la inclusión en la contratación
pública de cláusulas sociales y ambientales.
El primer hito de esa evolución recae en la sentencia Beentjes, de 20 de
septiembre de 1988, en la que el Tribunal acepta establecer como cláusula la condición
de emplear trabajadores en paro prolongado “si no incide de forma discriminatoria
directa o indirectamente por lo que respecta a los licitadores de otros Estados
miembros de la Comunidad. Esta condición específica adicional debe
obligatoriamente ser mencionada en el anuncio del contrato”. En el año 2002,
mediante la sentencia Concordia Bus Finland, el Tribunal sentenció que es posible
incluir criterios ambientales a la hora de adjudicar un contrato pues “no cabe excluir
que factores que no son puramente económicos puedan afectar al valor de una oferta”.
Finalmente, otro de los casos más relevantes relativos a la materia es la sentencia
RegioPost, de 17 de noviembre de 2015, en la que se manifiesta que es compatible con
el derecho comunitario excluir de la participación de un procedimiento de
adjudicación de un contrato público a los licitadores que se nieguen a comprometerse
a pagar al personal, que llevará a cabo las prestaciones objeto del contrato, un salario
mínimo fijado por dicha normativa.
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DOSCIENTOS SESENTA Y SEIS
La jurisprudencia del TJUE fue recogida por la Directiva 2014/24/UE del
Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión Europea, norma comunitaria básica
del derecho sobre contratación pública en Europa y que sigue la línea de usar la
contratación pública como medio para contribuir con otros fines de ese carácter.
Específicamente el artículo 57 de la Directiva 2014/24 dispone que los poderes
adjudicadores deben excluir de la participación en los procedimientos de contratación
pública a los operadores económicos que hayan sido condenados mediante sentencia
firme o sanción administrativa por los diversos motivos que indica, tales como cuando
el operador ha incumplido sus obligaciones en lo referente al pago de impuestos o
cotizaciones a la seguridad social o cuando ha cometido una falta profesional grave
que pone en entredicho su integridad.
Para ajustar el ordenamiento jurídico español a la mencionada Directiva, se
dictó la Ley de Contratos del Sector Público, cuyo apartado V indica que “con el ánimo
de favorecer el respeto hacia los derechos humanos, y en especial hacia los derechos
laborales básicos de las personas trabajadoras y de los pequeños productores de países
en vías de desarrollo, se introduce la posibilidad de que tanto los criterios de
adjudicación como las condiciones especiales de ejecución incorporen aspectos
sociales del proceso de producción y comercialización referidos a las obras,
suministros o servicios que hayan de facilitarse con arreglo al contrato de que se trate,
y en especial podrá exigirse que dicho proceso cumpla los principios de comercio justo
que establece la Resolución del Parlamento Europeo sobre comercio justo y desarrollo
(2005/2245(INI)”.
Asimismo, el Comité de Derechos Humanos del Parlamento del Reino Unido,
en su Informe de derechos humanos y empresas de 2017, manifiesta que "las
empresas, de las que los tribunales o el Punto de Nacional de Contacto [de la OCDE]
hayan determinado que han cometido abusos, o un acuerdo extrajudicial indique que
han cometido abusos de derechos humanos, también deberían excluirse de los
contratos con el sector público por un periodo definido y significativo. (Tornos Mas,
J., 2020, “Contratación pública y derechos humanos”, Revista Digital de Derecho
Administrativo, N° 24, p. 24).
VIGÉSIMO SEGUNDO: En cuanto a las directrices que provengan de
organismos internacionales que vinculan a nuestro país, no puede obviarse que la
Asamblea General de ONU, de 25 de septiembre de 2015, aprobó la “Agenda 2030
para el Desarrollo Sostenible”. Se trata de un plan de acción conformado por 17
Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas para poner fin a la pobreza, proteger
el medioambiente y combatir el cambio climático, propender al progreso económico
y la paz, entre otras aspiraciones. Teniendo en cuenta las distintas realidades,
capacidades y nivel de desarrollo de cada país, dentro de los Objetivos de Desarrollo
Sustentable se encuentra el de “promover prácticas de adquisición pública que sean
sostenibles, de conformidad con las políticas y prioridades nacionales” (N° 12), lo cual
importa incluir criterios de sostenibilidad en sus legislaciones de compra pública, lo
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DOSCIENTOS SESENTA Y SIETE
que es un típico ejemplo de una política horizontal; y el N°8, sobre “trabajo decente y
crecimiento económico”, tiene entre sus metas “promover políticas orientadas al
desarrollo que apoyen las actividades productivas, la creación de puestos de trabajo
decentes, el emprendimiento, la creatividad y la innovación, y fomentar la
formalización y el crecimiento de las microempresas y las pequeñas y medianas
empresas, incluso mediante el acceso a servicios financieros”, políticas de fomento que
pueden ser impulsada a través de la contratación pública.
Por su parte, la OCDE, de la cual Chile forma parte, tiene dos guías
fundamentales respecto a políticas horizontales en la contratación pública, ambas de
2015. En la Recomendación del Consejo sobre Contratación Pública sugiere a los
Estados adherentes que: “reconozcan que todo uso del sistema de contratación pública
que pretenda conseguir objetivos secundarios de política deberá sopesar estas
finalidades frente al logro del objetivo principal de la contratación” (el valor por
dinero), lo que conlleva una estrategia adecuada para integrarlos, considerando una
evaluación de riesgos y la realidad de cada país, para emplear una metodología
adecuada de evaluación de impacto para cuantificar sus efectos. Además, se lanzó la
guía “Principios de compra pública sostenible”, señalando que “la buena contratación
pública es contratación pública sostenible”, lo que implica discernir acerca de lo que
se está comprando o contratando en todas sus etapas: desde la obtención de los
materiales hasta la disposición final del producto, y la posibilidad de abordar a todos
los actores de dicha cadena, incluyendo a las autoridades ambientales, el comprador,
proveedor, a los trabajadores, etc. Estas guías pretenden que los estados que son parte
de la OCDE vayan incorporando estos criterios dentro de sus ordenamientos,
entregando apoyo y haciendo un seguimiento de tales políticas para que se avance en
su implementación.
En fin, cabe recordar que el Convenio N° 94 OIT, aun cuando no ha sido
suscrito ni ratificado por Chile, busca asegurar que los salarios de los trabajadores no
sean un elemento de competitividad para contratar con el Estado, y por ello asegura
ciertos estándares de remuneración.
VIGÉSIMO TERCERO: Conforme a lo ya expuesto, cabe concluir que la
tendencia mundial es que la contratación pública “no puede concebirse exclusivamente
como una herramienta de aprovisionamiento de los poderes públicos, sino como un poderoso
instrumento para llevar a cabo políticas públicas tan diversas como la promoción de la
innovación, el fomento de las Pymes o la sostenibilidad social y ambiental” (Gallego Córcoles,
M. I., 2017, “La integración de cláusulas sociales, ambientales y de innovación en la
contratación pública”, Documentación Administrativa, (4), p. 93).
VIGÉSIMO CUARTO: De lo anterior resulta que, entre las diferentes políticas
horizontales que pueden adoptarse en la contratación pública, existen múltiples
razones para que el Estado exija contratar sólo con empresas que cumplan con las
leyes laborales -como exige el precepto legal impugnado en estos autos
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DOSCIENTOS SESENTA Y OCHO
constitucionales- de manera de evitar asociar al Estado con comportamientos ilícitos
que vulneren los derechos de los trabajadores. Ello puede lograrse proporcionando
incentivos adicionales al cumplimiento de la ley, para evitar así vulneraciones legales
en el cumplimiento del contrato y garantizar una competencia justa, entre otras
razones, (Arrowsmith, p. 154). En nuestro sistema jurídico la finalidad de la sanción
se puede sintetizar en las siguientes razones:
a.- Aseguramiento de libre competencia, cuestión que se tuvo a la vista y que
consta en la historia legislativa de este precepto, en la moción que dio origen a la Ley
N° 20.238, que incluyó este artículo a la Ley N° 19.886, se razonó que: “el óptimo
funcionamiento de estos mecanismos, además, precisa la libre competencia entre los
proveedores, la que se ve dificultada y entorpecida por actitudes desleales en algunos
oferentes que, mediante la violación de las leyes laborales, sociales y tributarias,
consiguen mejorar sus costos y tener así mayores posibilidades de éxito en las
licitaciones y convocatorias.” (Historia de la Ley, pp. 4-5).
b.- Reputación y buena fe en la contratación con el Estado: La provisión de bienes y
servicios del Estado tiene ciertas particularidades que hacen imprescindible que,
además del establecimiento de licitaciones públicas, igualitarias y transparentes, se
garantice que quienes contratan con el Estado cumplan la legislación y los contratos
plenamente y de buena fe.
En primer lugar, porque se paga con recursos públicos; en segundo lugar,
porque la mayoría de las veces la contratación está ligada con políticas públicas,
servicios públicos, y en general con asuntos de bien común que requieren de calidad
y continuidad. Las empresas que contratan con el Estado deben garantizar el
cumplimiento de la legislación y la buena fe en el cumplimiento de las cláusulas
contractuales. La condena por prácticas antisindicales es un indicio de que la empresa
en cuestión no sólo infringe las normas laborales, sino que además hace uso de
maniobras ilícitas y vulnera derechos fundamentales (incluyendo la libertad sindical).
Normas de este tipo se han incluido progresivamente en la legislación, y algunas de
ellas han sido revisadas por el Tribunal Constitucional, como ocurrió con el proyecto
que introdujo la televisión digital (STC 2645).
c.- Incentivo económico para el cumplimiento de legislación laboral: El
establecimiento de esta inhabilidad constituye un poderoso incentivo para que las
empresas cumplan la legislación laboral y, al mismo tiempo, es una medida altamente
eficiente, pues fomenta el cumplimiento de la ley y disminuye la presión en la
fiscalización de la misma, ya que las empresas estarán interesadas en no ser
condenadas por prácticas antisindicales o por vulnerar los derechos fundamentales
de sus trabajadores.
VIGÉSIMO QUINTO: El establecimiento de incentivos a través de la ley,
especialmente en el caso de la protección de los derechos de los trabajadores es
legítimo y coherente con el principio protector del trabajo, asegurado en la
Constitución y en toda la normativa laboral. Así esta Magistratura ha señalado que la
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DOSCIENTOS SESENTA Y NUEVE
protección constitucional del trabajo a que se refiere el artículo 19, Nº 16°, de nuestra
Carta Fundamental, “no se limita sólo a garantizar la libertad de elección y de
contratación laboral, sino que, al incluir la garantía constitucional el reconocimiento
expreso de la libertad de trabajo y su protección, la Constitución extiende la protección
al trabajo mismo, en atención al compromiso inseparable de respeto a la dignidad del
trabajador en la forma en que efectúa su labor y a la ineludible función social que
cumple el trabajo” (STC roles N°s 2086-12, 2110-12, 2114-12, 2182-12, 2197-12); […]
Que lo que la Constitución protege es “un trabajo de calidad, con condiciones justas y
favorables de trabajo o de la actividad lícita desempeñada” (Daniela Marzi Muñoz:
“Derecho al trabajo: Trabajo con contenido y fines”, en Derechos económicos, sociales
y culturales en el orden constitucional chileno. Editorial Librotecnia. Santiago, 2012,
p. 127).
Se ha agregado que el trabajo que debe protegerse es el “digno” y el “decente”.
El trabajo digno, según ha señalado el Comité de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales de Naciones Unidas, es aquel que respeta los derechos fundamentales de
la persona humana, así como los derechos de los trabajadores en lo relativo a sus
condiciones de seguridad laboral y remuneración. También lo es aquel que ofrece una
renta que permite a los trabajadores vivir y asegurar la vida de sus familias. Estos
derechos fundamentales también incluyen el respeto a la integridad física y mental
del trabajador en el ejercicio de su empleo. Por su parte, el trabajo decente es aquel
trabajo productivo para hombres y mujeres en condiciones de libertad, equidad,
seguridad y dignidad humana (Daniela Marzi Muñoz: “Derecho al trabajo: Trabajo
con contenido y fines”, en Derechos económicos, sociales y culturales en el orden
constitucional chileno. Editorial Librotecnia. Santiago, 2012, p. 131);” (Prevención de
STC 2470, c. 9° y 12°).
IV. LA INHABILIDAD ESTABLECIDA POR EL ART. 4° INCISO 1° DE LA
LEY 19.886 NO CONFIGURA UNA DIFERENCIA ARBITRARIA NI VULNERA EL
DEBIDO PROCESO
VIGÉSIMO SEXTO: En relación con el precepto legal impugnado de la ley
19.886, este Tribunal ha considerado que: “a) Se trata de una inhabilidad congruente con
los objetivos perseguidos, desde un comienzo, por la legislación que reguló la contratación con
la Administración del Estado. b) La inhabilidad en cuestión es el efecto o consecuencia de una
sentencia judicial ejecutoriada, esto es, de un proceso judicial en que quien resulta imputado
de haber lesionado derechos fundamentales de sus trabajadores ha podido defenderse
formulando sus descargos. (…). No se trata, por ende, de una apreciación o juicio formulado
por la Dirección del Trabajo o por la Dirección de Compras y Contratación Pública, (…). En
consecuencia, existe una gran diferencia entre la suspensión o eliminación del Registro de
Proveedores que puede efectuar la Dirección de Compras y Contratación Pública en virtud del
N° 6) del artículo 92 del Decreto Supremo N° 250, del Ministerio de Hacienda, de 2004, y la
condena por infracción a los derechos fundamentales del trabajador de la misma norma), que
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DOSCIENTOS SETENTA
opera con el solo mérito de la sentencia judicial ejecutoriada que la pronuncia. c) La inhabilidad
de que se trata persigue evitar la repetición de conductas lesivas a los derechos de los
trabajadores, pero no impedir del todo el desarrollo de la actividad económica del empleador,
que podrá seguir contratando con entes o personas que no pertenezcan a la Administración del
Estado. Ésa es la razón de que la inhabilidad sólo dure dos años.” (STC 1968 c. 32°).
VIGÉSIMO SÉPTIMO: Asimismo, esta Magistratura ha puesto énfasis en el
modo concreto en que se han ejercitado los derechos procesales de las partes acorde a
un estándar de racionalidad y justicia del debido proceso. Es por eso que, en la causa
Rol 2133, se sostuvo “[q]ue, en el proceso laboral aludido precedentemente, la parte
demandada y actual requirente de inaplicabilidad tuvo amplias posibilidades de defenderse,
según dan cuenta diversos considerandos de la sentencia que se ha venido citando. (….). Así,
y teniendo a la vista todos los antecedentes (…), esta Magistratura no comparte el argumento
conforme al cual la inhabilidad consecuencial que lo afecta impidiéndole contratar con la
Administración, por haber sido excluido del Registro Oficial de Contratistas, no se haya
fundado en una sentencia pronunciada por un juez de la República, fruto de un proceso
legalmente tramitado y en que la defensa del banco demandado no haya podido ejercitarse.”
VIGÉSIMO OCTAVO: Se agregó que “[p]or lo demás, la afectación al principio
de que no puede presumirse de derecho la responsabilidad penal, tampoco ha podido producirse,
toda vez que esa prohibición, contenida en el inciso séptimo del artículo 19 N° 3° de la Carta
Fundamental, sólo resulta aplicable en materia penal, y no en causas en que se ha hecho efectiva
la responsabilidad civil, mediante la imposición de la respectiva indemnización de perjuicios –
y la inhabilidad consiguiente-, como ocurre en la especie.” (STC 2133 c. 22°).
VIGÉSIMO NOVENO: De lo anterior resulta que la inhabilidad de que se
trata no resulta desproporcionada ni injusta, toda vez que constituye una exigencia de
cumplimiento de la ley. No se trata de requerimientos que excedan el marco legal y,
de hecho, no se exige que los proveedores cumplan todas las reglas laborales; sólo se
trata de que no incurran en conductas especialmente graves; en segundo lugar, de
acuerdo a las finalidades que persigue la ley y que fueron expuestas, la aplicación de
esta inhabilidad es fundamental para proteger al Estado de futuras responsabilidades
y para incentivar una justa y sana competencia; en tercer lugar, nos encontramos aquí
con una inhabilidad temporal y no definitiva, pues exige que los proveedores no
hayan sido sancionados sólo durante los dos años previos; la determinación del
proveedor que ha incurrido en algunas de estas conductas no la realiza la
Administración, sino que los Juzgados de Letras del Trabajo competentes, pudiendo
la requirente ejercer todos sus derechos en el proceso respectivo (STC Rol N° 1968, c.
32).
V. APLICACIÓN DE LOS CRITERIOS ANTES EXPUESTOS EN
RELACIÓN CON EL FONDO DE LOS CUESTIONAMIENTOS.
a) Igualdad ante la ley
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DOSCIENTOS SETENTA Y UNO
TRIGÉSIMO: La requirente esgrime, en primer lugar, que la aplicación de los
preceptos impugnados vulnera la igualdad ante la ley.
Este derecho consiste en que las normas jurídicas deben ser iguales para todas
las personas que se encuentren en las mismas circunstancias y, consecuencialmente,
diversas para aquellas que se encuentren en situaciones diferentes. No se trata de una
igualdad de carácter absoluto, sino que ha de aplicarse la ley en cada caso conforme a
las diferencias constitutivas del mismo. La igualdad supone, por lo tanto, la distinción
razonable entre quienes no se encuentren en la misma condición (STC N° 784, c. 19°)
(En el mismo sentido STC 2664, c. 22°, STC 2841, c. 6° y STC 2895, c. 8°).
TRIGÉSIMO PRIMERO: Por otra parte, las garantías son funcionales a los
derechos que tutelan y no pueden quedar indexadas a una rigidez normativa que si
se justifica en mayor grado para las normas que los reconocen y configuran. De tal
modo, el derecho a la igualdad ante la ley se focaliza en la protección o distribución
de otros bienes, en especial de derechos fundamentales. Lo que hace la norma es
proveer criterios para evaluar si un determinado trato debe considerarse como igual
o desigual.
TRIGÉSIMO SEGUNDO: Desde otra perspectiva, la igualdad ante la ley
prohíbe toda discriminación arbitraria. Sin embargo, esto último no importa la
exigencia de un trato legal específico frente a toda diferencia, pues ello imposibilitaría
la existencia de reglas generales. “Lo que la Constitución prohíbe no es hacer
diferencias, sino que diferencias arbitrarias. No se prohíbe dar trato igual a situaciones
diferentes, sino hacerlo arbitrariamente; esto es, sin un fin lícito que lo justifique; lo
prohibido es hacerlo sin razonable justificación” (STC Rol N° 807, c. 22°).
TRIGÉSIMO TERCERO: Lo objetado por la requirente es una presunta
contradicción entre la sanción de inhabilidad temporal para contratar con el Estado
que se encuentra establecida en la norma del artículo 4° de la ley N° 19.886 y el
principio de igualdad ante la ley consagrado en la Carta Fundamental, por cuanto la
inhabilidad infringiría el principio de proporcionalidad al aplicarse de forma
automática sin atender las principales características de la compañía.
TRIGÉSIMO CUARTO: Sin embargo, la aplicación del artículo 4° de la ley N°
19.886 -que corresponde a una medida accesoria destinada a perseguir un fin legítimo
establecido por el legislador, cual es evitar la afectación de garantías constitucionales
de los trabajadores en el contexto de su relación laboral o con ocasión del término de
la misma o la ocurrencia de prácticas antisindicales- no atenta en el caso particular en
contra del derecho a la igualdad ante la ley ni constituye una discriminación arbitraria
con respecto a la requirente, por las siguientes razones: i) su aplicación es
consecuencia del cumplimiento del requisito que exige la ley para que opere la
inhabilidad: condena en sentencia judicial precedida de un procedimiento en que el
demandado pudo defenderse, como ocurrió en la especie; ii) la diferencia que
establece la norma es entre una misma categoría de personas: quienes desean
contratar con la Administración, diferenciación que resulta necesaria e idónea para
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0000272
DOSCIENTOS SETENTA Y DOS
cumplir con las finalidades perseguidas por el legislador, esto es, la protección más
eficaz de los derechos fundamentales de los trabajadores y de sus sindicatos. Cuestión
que también se ha plasmado en la incorporación de los procedimientos de tutela
laboral y otras modificaciones al Código del Trabajo, acorde al deber que impone el
artículo 5°, inciso segundo, de la Constitución; iii) el artículo 4° de la Ley de Compras
Públicas es una regla de Orden Público Económico, que refleja los valores de la
libertad de contratar y, a su vez, limita el ejercicio de determinados derechos, como el
que se desprende del artículo 19 N° 21 de la Constitución. No nos encontramos aquí,
en efecto, con una medida irracional y de una desproporción tal que impida al
requirente seguir ejerciendo su actividad propia. Se trata de aquí de “evitar la
repetición de conductas lesivas a los derechos de los trabajadores, pero no impedir del
todo el desarrollo de la actividad económica del empleador, que podrá seguir
contratando con entes o personas que no pertenezcan a la Administración del Estado”
y por ello la inhabilidad sólo dura dos años (STC Roles N°s 1968, c.37). Lo mismo
ocurre con la aplicación del artículo 495 del Código del Trabajo impugnado, cuyo
único objeto es mandatar al tribunal de fondo a que remita copia de la sentencia a la
Dirección del Trabajo para su registro.
b) Debido Proceso
TRIGÉSIMO QUINTO: En segundo lugar, la empresa requirente alega que
no existe una sola oportunidad procesal donde se pueda discutir la procedencia o
duración de la inhabilitación impuesta, de modo que opera por el solo ministerio de
la ley. Como consecuencia de lo anterior, señala la actora constitucional, la sanción
contenida en el artículo 4° de la Ley N° 19.886 no puede ser objeto de recurso alguno,
vulnerándose el derecho a recurrir.
TRIGÉSIMO SEXTO: Pero, como ya se afirmó, la inhabilidad de que se trata
es el efecto o consecuencia de una sentencia judicial ejecutoriada, esto es, del resultado
de un proceso judicial en que quien resulta imputado de haber lesionado derechos
fundamentales de sus trabajadores pudo defenderse formulando sus descargos, por
lo que la inhabilidad constituye sólo una medida accesoria que resulta de la sentencia
condenatoria.
TRIGÉSIMO SÉPTIMO: Por lo demás, los efectos que produzca tal sentencia
sólo comenzarán con la incorporación del requirente en el registro de proveedores que
no pueden contratar con el Estado. Desde entonces el afectado podrá reclamar contra
tal acto administrativo impugnándolo por la vía de reposición o jerárquica y, estando
a firme el acto administrativo si no le es favorable, puede interponer las acciones
jurisdiccionales que correspondan, como son la que establece la propia Ley de
Contratación Pública o el recurso de protección, por lo cual no se aprecia que se
vulneren las garantías del debido proceso por la aplicación en el caso de los preceptos
impugnados.
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DOSCIENTOS SETENTA Y TRES
c) Derecho de propiedad
TRIGÉSIMO OCTAVO: Finalmente, la requirente señala que la inhabilidad
contenida en el precepto impugnado vulnera el derecho de propiedad de la requirente
por cuanto implica la privación de parte importante de su patrimonio, en tanto las
licitaciones, convenios y contratos que celebra en su calidad de proveedor a
organismos públicos representa una fuente de ingresos constante.
TRIGÉSIMO NOVENO: Sin embargo, tal como se ha señalado por esta
Magistratura en reiteradas ocasiones, “el derecho de propiedad sólo puede infringirse
cuando alguien es titular del mismo.” (Roles N° 1266, c. 30°, 2683, c. 22, y otras). En
ese sentido, la norma impugnada no afecta el derecho de propiedad de la requirente
en cuanto la normativa solo tiene por objeto que quede inhabilitado para contratar con
el Estado para el futuro, por dos años, sin afectar los bienes que ya ingresaron a su
patrimonio ni la validez de los actos que ya ha celebrado.
De tal modo, se trata de un evento futuro que puede o no ocurrir y que, por
tanto, no se encuentran dentro del ámbito que el artículo 19, N° 24, de la Constitución
garantiza.
VI. DEFECTOS FORMALES DE QUE ADOLECE EL REQUERIMIENTO.
CUADRAGÉSIMO: A mayor abundamiento, y sin perjuicio de los
argumentos que se han dado a conocer en los considerandos anteriores relacionados
con la fundamentación de los preceptos legales impugnados, necesariamente el
requerimiento debe ser rechazado porque éste adolece de una serie de defectos de
carácter formal que nos llevan a considerar que nos encontramos frente a un conflicto
en el que la declaración de la inaplicabilidad por inconstitucionalidad no producirá
efectos útiles ven él.
Al respecto cabe recordar que esta judicatura constitucional ha razonado con
anterioridad que, si bien una de sus salas puede dar por cumplido el requisito de
admisibilidad, el pleno de este Tribunal puede formular un rechazo formal acerca de
la procedencia de un requerimiento como resultado del examen que le compete
realizar (STC Roles 2.693, 2.881, 3.146, 5192, entre otras).
CUADRAGÉSIMO PRIMERO: Ha de tenerse presente que la gestión
pendiente corresponde a una demanda por práctica antisindical y que se encuentra en
etapa de juicio y que los hechos a probar fijados en la audiencia preparatoria recaen
en “1° Hechos y circunstancias que permitan determinar que la denunciada incurrió
en las practicas antisindicales y/o desleales indicadas en la denuncia, al tenor de las
alegaciones efectuadas en la misma. 2° Procedencia de los montos cobrados a título de
medida de reparación y de los montos reclamados a título de restitución de dineros
informados”.
CUADRAGÉSIMO SEGUNDO: De acuerdo con el art. 93 Nº 6 de la
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DOSCIENTOS SETENTA Y CUATRO
Constitución, la atribución del Tribunal Constitucional es resolver la inaplicabilidad
de un precepto legal “cuya aplicación en cualquier gestión que se siga ante un tribunal
ordinario o especial, resulte contraria a la Constitución”, exigiendo el inciso 11° del
mismo art. 93 que “la aplicación del precepto legal impugnado pueda resultar decisivo
en la resolución del asunto”.
Si conforme al art. 93 Nº 6 de la Constitución la atribución del Tribunal
Constitucional es resolver la inaplicabilidad de un precepto legal “cuya aplicación en
cualquier gestión que se siga ante un tribunal ordinario o especial, resulte contraria a
la Constitución”, queda de manifiesto que no es la aplicación de los preceptos
impugnados en esta gestión pendiente la que produciría efectos en ella.
CUADRAGÉSIMO TERCERO: En efecto, la inaplicabilidad, que surte efectos
en un caso concreto, en una gestión y ante un tribunal determinados, no sirve para
producir el resultado esperado por la requirente.
No es la aplicación de los preceptos impugnados en esta gestión pendiente la
que produciría los efectos inconstitucionales que reclama el requirente, sino que una
aplicación futura e indeterminada de éstos -en especial del artículo 4° de la ley 19.886-
dentro de un proceso de contratación pública, en la cual una posible declaración de
inaplicabilidad no tiene efecto alguno.
CUADRAGÉSIMO CUARTO: Considerando lo anterior, y en relación al
momento en que se presenta el requerimiento de inaplicabilidad, esta Magistratura
señaló que “no resulta, siempre y a todo evento, inocuo el momento en que esa gestión se
encuentre para acudir ante esta Magistratura, ya que, en todos los casos, tienen que
considerarse sus particularidades, desde que no cabe realizar, en esta sede, un juicio en
abstracto de constitucionalidad del precepto legal (c. 9°, Rol N° 4.696), sino que debe analizarse
su aplicación en el contexto de la causa judicial que se encuentra en curso al momento de ser
deducida la acción y su devenir ordinario, en la eventualidad de que ésta no haya sido del todo
suspendida por este Tribunal, ya que necesariamente la inaplicabilidad debe ser resuelta
teniendo en cuenta los antecedentes que obran en el expediente constitucional, puesto que ha
sido la propia parte requirente la que ha decidido la instancia procesal de la gestión pendiente
para accionar en esta sede, o lo ha hecho el juez, de acuerdo a la atribución que le confiere la
Carta Fundamental” (STC Rol N° 5419 c. 30°)
Se agregó a lo anterior que “para examinar las inconstitucionalidades a que da lugar
la aplicación del precepto legal impugnado puede resultar relevante el momento que se elija
para accionar, pues, si ello se realiza en etapas muy preliminares de la gestión pendiente, es
probable que esta Magistratura deba emitir un pronunciamiento sobre bases más o menos
probables, tanto en relación con la determinación de los hechos, como respecto de la aplicación
del Derecho.” (c. 31°)
Teniendo presente lo anterior y considerando que la gestión pendiente se
encuentra recién en etapa de audiencia de juicio, sin que aún exista una sentencia
condenatoria, no cabe sino concluir el requerimiento es abstracto y basado en un
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DOSCIENTOS SETENTA Y CINCO
“escenario hipotético que, atendido el devenir de la gestión pendiente al momento de ser
presentado el libelo, no permite, sin más, concluir que el resultado gravoso se producirá sin que
puedan descartarse que las etapas recursivas ordinarias, eventualmente, puedan remediar su
alegación de su parte. De no mediar remedio a través de dichos medios de impugnación es que
surge la clara competencia de este Tribunal” (Rol N° 7703 c. 8°)
CUADRAGÉSIMO QUINTO: En definitiva, la afectación a los derechos del
requirente sólo podría plantearse cuando la referida denuncia se resuelva y
únicamente en la etapa de ejecución del fallo, lo cual supone que exista una sentencia
ya ejecutoriada. Por lo tanto, el problema que plantea el requirente no tiene efecto
alguno en el inter de la relación laboral, sino que se vincula con el derecho
administrativo, cual es la incorporación en el registro de proveedores del requirente
en su calidad de condenado por prácticas antisindicales. Solo entonces el acto
administrativo que inhabilite a la requirente para contratar con entidades públicas por
dos años, como ya se expresó, podrá impugnarse por las vías administrativas o
judiciales que correspondan.
CUADRAGÉSIMO SEXTO: De todo lo anterior resulta que los
cuestionamientos que se formulan a los preceptos impugnados son del todo
abstractos, sin que corresponda en sede de inaplicabilidad a esta Magistratura
pronunciarse sobre tales reproches.
CUADRAGÉSIMO SÉPTIMO: Por último, y a mayor abundamiento, la
requirente no impugna el artículo 294 bis, que dispone: “La Dirección del
Trabajo deberá llevar un registro de las sentencias condenatorias por prácticas
antisindicales o desleales, debiendo publicar semestralmente la nómina de empresas
y organizaciones sindicales infractoras. Para este efecto, el tribunal enviará a la
Dirección del Trabajo copia de los fallos respectivos”. De este modo la recién transcrita
norma es la que podría tener aplicación en la gestión pendiente de dictarse una
sentencia condenatoria, ya que, en esa eventualidad, en virtud de tal precepto el juez
deberá remitir a la Dirección del Trabajo una copia de ésta para que tal organismo
comunique esa circunstancia a la Dirección de Compras Públicas, sin que el artículo
495, inciso final, del Código del Trabajo impugnado en estos autos tenga efecto
decisivo alguno.
CUADRAGÉSIMO OCTAVO: Por todo lo expuesto, se rechaza el
requerimiento de autos.
Y TENIENDO PRESENTE lo preceptuado en el artículo 93, incisos primero,
N° 6°, y decimoprimero, y en las demás disposiciones citadas y pertinentes de la
Constitución Política de la República y de la Ley N° 17.997, Orgánica Constitucional
del Tribunal Constitucional,
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DOSCIENTOS SETENTA Y SEIS
SE RESUELVE:
I. QUE SE RECHAZA EL REQUERIMIENTO DEDUCIDO. OFÍCIESE.
II. ÁLCESE LA SUSPENSIÓN DEL PROCEDIMIENTO DECRETADA
EN AUTOS. OFÍCIESE.
III. QUE NO SE CONDENA EN COSTAS A LA PARTE REQUIRENTE
POR ESTIMARSE QUE TUVO MOTIVO PLAUSIBLE PARA
LITIGAR.
DISIDENCIA
Acordada con el voto en contra de los Ministros señores CRISTIÁN LETELIER
AGUILAR, JOSÉ IGNACIO VÁSQUEZ MÁRQUEZ, y MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ
GONZÁLEZ, quienes estuvieron por acoger el requerimiento, por las siguientes
razones:
1º. Que el presente requerimiento de inaplicabilidad por inconstitucionalidad
es interpuesto por la empresa Finning Chile S.A., en el contexto judicial que se ha
descrito en los vistos de esta sentencia.
2º. Que en ese contexto judicial, la empresa Finning Chile S.A., plantea como
vulneraciones constitucionales, las siguientes: al principio de igualdad ante la ley,
toda vez que, sin fundamento plausible o sin la razonabilidad o motivación
correspondiente, se podría condenar a una sanción a todas luces desproporcionada
(artículo 19 numeral 2º de la Constitución Política); el principio de igual protección de
la ley en el ejercicio de los derechos, toda vez que, la aplicación de las normas cuya
inaplicabilidad pretende el presente requerimiento, tiene por consecuencia que se
aplique una sanción sin un procedimiento previo legalmente tramitado (artículo 19
numeral 3 de la Constitución Política); el derecho de propiedad, toda vez que, la
aplicación de las normas cuya inaplicabilidad pretende el presente requerimiento,
tendrían como consecuencia una privación infundada del derecho de propiedad de la
empresa (artículo 19 numeral 24 de la Constitución Política); y se desconoce el
contenido esencial de garantías y derechos de los numerales 2º, 3º y 24° de la Carta
Fundamental afectando con ello la seguridad jurídica (artículo 19 numeral 26 de la
Constitución Política).
3º. Que de este modo el cuestionamiento planteado por la empresa requirente
guarda relación con una consecuencia diversa a la eventual condena de que puede ser
objeto en el proceso judicial laboral de la especie, sino que alude a una sanción anexa
a dicha respuesta punitiva del orden jurídico laboral, la que se produce por la
aplicación de ambos preceptos legales cuestionados en este requerimiento, que a su
vez son el resultado automático e ineludible del solo hecho de haber sido condenado,
sin importar la entidad de la pena impuesta o la gravedad de la conducta imputada.
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DOSCIENTOS SETENTA Y SIETE
4º. Que en efecto, sin perjuicio de la consideración a las circunstancias
específicas del caso concreto, los preceptos legales cuya inaplicabilidad se solicita,
imponen como efecto forzoso de la condena en sede laboral, la prohibición o
imposibilidad de contratar con la Administración del Estado, específicamente a
quienes dentro de los dos años anteriores al momento de la presentación de la oferta,
de la formulación de la propuesta o de la suscripción de la convención -según
corresponda-, hayan sido condenados por prácticas antisindicales o infracción a los
derechos fundamentales del trabajador (artículo 4 de la Ley Nº 19.886), mientras que
el artículo 495 del Código Laboral en su inciso final, impone el deber de enviar una
copia de la sentencia dictada en un proceso de tutela laboral a la Dirección del Trabajo,
para su registro, el cual tiene directa relación con la inhabilitación para contratar a que
hemos hecho mención.
5º. Que el conflicto constitucional se origina a consecuencia de la eventual
imposición de una medida legal de prohibición de ingentes consecuencias. En efecto,
establecida una conducta atentatoria al ordenamiento jurídico laboral e impuesta la
condena correspondiente por la jurisdicción competente, por el solo ministerio de la
ley se impone automáticamente otra sanción consistente en la inhabilidad para
contratar con el Estado como reproche a una conducta que ya ha sido debidamente
castigada.
6º. Que sobre esta problemática este Tribunal Constitucional ha tenido la
posibilidad de pronunciarse en numerosas oportunidades, existiendo criterios
asentados en nuestra jurisprudencia, los que necesariamente debieran ser
considerados en la resolución del presente requerimiento de inaplicabilidad por
inconstitucionalidad. Por lo pronto y tal como ha señalado la jurisprudencia
constitucional sobre la materia, “la exclusión a priori instituida por el inciso primero del
artículo 4° impugnado, no puede reconducirse a algún requisito de aptitud o idoneidad exigible
a quienes contratan con el Estado, atinente a que las empresas infractoras de los derechos
laborales -por ello- se granjearían ahorros y distorsionarían sus costos reales, lo que les
permitiría postular con ventajas en los procesos de contratación pública regidos por la Ley N°
19.886. En efecto, el texto original de la Ley N° 19.886 (30.7.2003), siendo ya plenamente
eficaz en la consecución de los objetivos públicos llamada a cautelar, no contempló la norma
objetada. Sin que en el intertanto se conozcan casos en que la supuesta falta de idoneidad de los
proveedores -por este concepto- haya afectado el buen funcionamiento del sistema de compras
del Estado, dicho inciso primero del artículo 4° fue introducido varios años después, por la Ley
N° 20.238 (19.1.2008), cuyo título declara un objetivo diverso a aquél, cual es asegurar ahora
“la protección de los trabajadores y la libre competencia en la provisión de bienes y servicios a
la administración del Estado” (STC 3570-17 c. tercero)
7º. Que, en efecto, tratándose de un cuerpo legal -el de la Ley Nº 19.886- cuya
regulación se vincula con el establecimiento de un estándar de requisitos objetivos de
índole técnico, económico y de probidad que deben estar presente en todos quienes
pretendan contratar con la Administración del Estado, de modo de asegurar un
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DOSCIENTOS SETENTA Y OCHO
tratamiento igualitario de acceso a todos los potenciales oferentes, no se advierte la
justificación y fundamento de una norma de efectos absolutos en la exclusión de
contratantes, a partir de haber sido objeto de una determinada condena, con
prescindencia de considerar la entidad de la sanción impuesta, el cumplimiento de la
misma o las características particulares del reproche efectuado, cuestión que
necesariamente genera además un cuestionamiento desde la proporcionalidad y la
racionalidad de la sanción prohibitiva. En este caso basta haber sido objeto de una
sentencia condenatoria en materia laboral por infracción a derechos fundamentales
del trabajador o práctica antisindical, sin consideración alguna a su entidad para
quedar excluido de inmediato, ipso facto -y sin que se pueda revisar, impugnar o
siquiera ponderar la extensión- de la posibilidad de contratar con el Estado.
8º. Que siendo de este modo, no se logra advertir el fundamento -desde la
lógica de la contratación pública- que haga merecedor a un potencial oferente de una
sanción o medida prohibitiva tan gravosa como es la imposibilidad siquiera de optar
a contratar con la Administración del Estado por el solo hecho de haber sido
condenado en sede laboral, en los términos descritos. Y no se entiende la justificación
racional ni la razonabilidad o la proporcionalidad de una medida como la descrita
cuando, tal como ha señalado la jurisprudencia constitucional “el propósito de asegurar
que el Estado no contrate con aquellos oferentes que falsean sus costos por mantener deudas
laborales o previsionales actualmente impagas, afectando con ello la competencia legítima, se
encuentra cautelado en el inciso segundo del artículo 4° de la Ley N° 19.886” (STC 3570-17
c. cuarto)
9º. Que, para comprobar la razonabilidad de un acto o decisión autoritativa,
sea administrativa, jurisdiccional o legislativa (como el mandato legal impugnado en
autos), es preciso verificar que aquel tenga validez, para cuyo efecto deben observarse
determinados procedimientos y reglas propias de un Estado constitucional de
derecho, consagrados en los artículos 6º (supremacía constitucional), 7º (juridicidad)
y 8º (probidad y publicidad) de la Constitución Política de la República, así como
también, los límites contemplados en el artículo 1º y 5º, respecto de la consecución del
bien común y al ejercicio de la soberanía (pleno respeto de los derechos y garantías
constituciones y de los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana,
respectivamente).
10º. Que, asimismo, cabe tener especialmente presente que la exigencia de
razonabilidad tiene un reconocimiento constitucional en forma de límite, dispuesto en
el inciso final artículo 19 Nº 2, el cual dispone la prohibición a la ley y a toda autoridad
para establecer discriminaciones arbitrarias, debiendo advertirse que el principio de
razonabilidad, aun cuando se relaciona con la garantía de la igualdad ante la ley -
como se comprueba de su ubicación en el mismo precepto constitucional citado-, sin
embargo, guardan diferencias. La igualdad ante la ley exige para verificar su
vulneración o no en el ejercicio de un derecho, la existencia de situaciones que sean
comparables entre sí, o como señala el Tribunal Constitucional español “…para que su
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0000279
DOSCIENTOS SETENTA Y NUEVE
examen pueda ser realizado, [necesita] de un tertium comparationis, frente al que la
desigualación se produzca…(STCE rol 209/1985). En cambio, el principio o juicio de
razonabilidad no requiere esa comparación, sino, más bien, corresponde a un
parámetro de control jurisdiccional de la regulación legal o administrativa de los
derechos, que normalmente se utiliza para analizar desde el caso concreto y, en forma
de testeo, la idoneidad, necesidad y ponderación de aquélla y, en consecuencia, la
justicia o no de su aplicación particular, esto es, el equilibrio entre los intereses
contrapuestos.
11º. Que de este modo, para verificar que una regulación legal que discrimina
en el ejercicio de un derecho fundamental, no exceda los límites constitucionales de la
discrecionalidad otorgada al legislador o no vulnere la prohibición de arbitrariedad a
la que está obligado constitucionalmente aquél, será necesario examinar si tal
regulación está debidamente motivada, justificada y fundada, de manera que resulte
idónea y necesaria para el fin perseguido por el legislador, línea argumental que viene
suficientemente desarrollada por la doctrina constitucional alemana, Así lo formula
el ex ministro del Tribunal Constitucional alemán, Gerhard Leibholz, como el jurista
Heinrich Triepel (véase en Juan Carlos Gavara de Cara, Derechos Fundamentales y
Desarrollo Legislativo, Centro de Estudios Constitucionales, 1994, pp. 318-319).
12º. Que, además de lo precedentemente expresado, cabe consignar que en el
derecho comparado, tanto en Estados Unidos y Europa así como en Iberoamérica, la
jurisprudencia ha considerado a la razonabilidad como límite a las restricciones que
se impongan a los derechos fundamentales y como un principio inherente al Estado
de Derecho, vinculado tanto a la garantía de la igualdad ante la ley como al derecho a
la tutela judicial efectiva, en cuanto este último permita la revisión judicial de los actos
y resoluciones públicos de naturaleza autoritativa, ya sean de carácter general o
particular.
13º. Que ahondando en el análisis de la razonabilidad de la medida legal
prohibitiva que se impugna, importa advertir que no se advierte la naturaleza de la
prohibición dispuesta en el artículo 4º, resultando anómala e indeterminada, pues, en
estricto rigor no se está frente a lo que la doctrina nacional ha entendido como sanción
administrativa, esto es, “[…] un acto decisorio desfavorable, que se emita por un sujeto
dotado de potestades públicas administrativas, que la medida esté antecedida de un
procedimiento previo, y que su finalidad sea la represión de una contravención normativa”
(Enteiche, Nicolás, Las Sanciones Administrativas: el problema de la
proporcionalidad, Tirant Lo Blanch, 2017, ). De acuerdo a lo anterior y siguiendo al
mismo autor, la sanción, medida o castigo que no es impuesto por acto alguno, ni por
órgano de la Administración, que emana del mismo precepto legal impugnado y que
se impone ipso facto -salvo el mero registro por la Dirección del Trabajo-, sin que se
contemple un procedimiento de impugnación que permita, al menos, revisar la
entidad de la infracción laboral y, en consecuencia, graduar el tiempo de prohibición
para contratar con el Estado, no es más que una “autotutela ejecutiva”. y agrega a
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0000280
DOSCIENTOS OCHENTA
continuación “Sabemos que el Tribunal Constitucional chileno ha establecido que un castigo
administrativo debe someterse al debido proceso, ínsito en el artículo 19 N° 3 de la Constitución
Política, en cuanto a la formulación legal de una atribución castigadora. El elemento del debido
proceso que radica como esencial respecto de las sanciones administrativas es aquel que obliga
a que el castigo esté precedido de un procedimiento administrativo y judicial, previo a su
aplicación práctica. De omitirse un debido procedimiento, la norma que establezca la sanción
será únicamente una manifestación de la excepcional autotutela ejecutiva de la
Administración” (Enteiche, “Acerca de las sanciones administrativas”, en Actualidad
Jurídica Nº 29, 2014, p.234-235).
14º. Que, de acuerdo a lo anterior, de entenderse que no se trata de una sanción
impuesta por la Administración, sino de una medida legal prohibitiva y, por tanto, de
castigo, que no observa las garantías constitucionales de un justo y racional
procedimiento, judicial o incluso administrativo, se llegará a la misma conclusión de
lo expuesto precedentemente, en cuanto a calificarla como una excepcional y anómala
“autotutela legal” y cuyo efecto es la vulneración del principio de razonabilidad, es
decir, de la prohibición de arbitrariedad y del criterio de proporcionalidad, en relación
a la pretensión del legislador de proteger los derechos de los trabajadores o la libertad
sindical.
15º. Que, en efecto, desde la perspectiva judicial en general y de justicia
constitucional en el presente caso, en el cual la jurisdicción laboral resuelve de acuerdo
a su propia regulación las infracciones propias del ramo, ya sea aplicando multas o
condenando al pago de las indemnizaciones que correspondan y, en todo caso,
observando las reglas de un debido proceso laboral, no se logra justificar la
razonabilidad ni la proporcionalidad de la medida prohibitiva del artículo 4º de la Ley
19.886 sobre contratación pública. Porque, sin perjuicio de que pueda ser pertinente la
procedencia de una regulación laboral específica que promueva la observancia de los
derechos de los trabajadores, ella debe encontrarse en la propia normativa laboral y
no en la legislación administrativa, por imperativos derivados tanto de la certeza
jurídica, así como de la garantía de un justo y racional procedimiento. Más aún, el
establecimiento de la medida legal prohibitiva en cuestión, que opera como un
mecanismo de castigo, una vez que se ha condenado judicialmente al infractor, resulta
inadecuada, innecesaria y, principalmente, desproporcionada, pues, el equilibrio
jurídico entre los intereses en el conflicto correspondientes a las partes empleadora y
trabajadora, que puede reestablecerse a través de la respectiva condena en sede
laboral, resulta alterado y roto por la imposición al empleador de la prohibición de
contratar con el Estado, generándole una evidente conculcación de derechos
fundamentales, es decir, la ley excede todos sus límites constitucionales ya señalados
anteriormente.
16º. Que, en efecto, la aplicación de la medida prohibitiva o de castigo, al no
encontrar una justificación en los fundamentos que sustentan la regulación contenida
en dicho cuerpo legal, aparece como contraria a la garantía de igualdad ante la ley y
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DOSCIENTOS OCHENTA Y UNO
de prohibición de toda arbitrariedad por parte de la ley y las autoridades, según se
dispone en el artículo 19 Nº 2 de la Constitución. Ello, por cuanto como ha señalado
esta Magistratura “La igualdad ante la ley consiste en que las normas jurídicas deben ser
iguales para todas las personas que se encuentren en las mismas circunstancias y,
consecuencialmente, diversas para aquellas que se encuentren en situaciones diferentes. No se
trata, por consiguiente, de una igualdad absoluta sino que ha de aplicarse la ley en cada caso
conforme a las diferencias constitutivas del mismo. La igualdad supone, por lo tanto, la
distinción razonable entre quienes no se encuentren en la misma condición.” (STC 784 c. 19).
Entendiendo la garantía de igualdad ante la ley en los términos descritos, se debe tener
especial consideración a que la Carta Fundamental se proyecta en el artículo 9° de la
Ley N° 18.575, orgánica constitucional sobre Bases Generales de la Administración del
Estado, al señalar que, en lo administrativo contractual, “El procedimiento concursal se
regirá por los principios de libre concurrencia de los oferentes al llamado administrativo y de
igualdad ante las bases que rigen el contrato” (inciso segundo). Tal disposición, concreta los
principios por los cuales debe regirse la Administración del Estado, según el artículo 38, inciso
primero, constitucional, además de abrevar del derecho de igualdad ante la ley que asegura la
misma Carta Fundamental, en su artículo 19, N° 2º”. (STC 3570-17 c. octavo)
17º. Que, por ende, una diferenciación y discriminación arbitraria, como la que
realiza el precepto legal contenido en el artículo 4º de la Ley Nº 19.886 respecto de un
potencial condenado en sede laboral, como ocurre con la requirente, excluyéndola de
toda posibilidad de contratar con el Estado, en forma anticipada y sin considerar
siquiera las circunstancias de la condena que le pueda ser impuesta, la gravedad de la
conducta reprochada o si estas últimas se relacionan efectivamente con los
presupuestos exigibles a todo oferente que desee contratar con la Administración del
Estado, al amparo de la Ley de Bases sobre contratos administrativos de suministro y
prestación de servicios, constituye una afectación a la garantía contenida en el artículo
19 Nº 2 constitucional.
18º. Que por lo demás, y tal como lo ha señalado anteriormente este Tribunal
Constitucional “[l]a inconstitucionalidad del precepto contenido en el inciso 1° del artículo
4° de la Ley N° 19.886 se manifiesta, fundamentalmente, en tanto aquel obsta participar a
todos los empleadores condenados por igual, con independencia de su comportamiento
individual y sin atender a que puedan haber cumplido el respectivo fallo condenatorio, en su
oportunidad. La disposición, entonces, opera con desaprensión a las particulares
circunstancias, que pueden constituir como diverso un caso respecto de otro, imponiendo un
tratamiento idéntico en todo evento. Pese a que pueden cometerse infracciones no iguales –
desiguales - la respuesta del legislador, materializada en la norma impugnada, es y será siempre
la misma”. (STC 10018-20 c. décimo séptimo)
A mayor abundamiento, esta Magistratura ha entendido que “la disposición
cuestionada desborda los límites que debe respetar el Legislador a la hora de perseguir y castigar
a quienes cometen ilícitos, conforme a la Carta Fundamental. Por cuanto, cualquiera sea la
naturaleza o entidad de la falta cometida, con prescindencia absoluta de su extensión o
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DOSCIENTOS OCHENTA Y DOS
gravedad, siempre e ineluctablemente la disposición legal objetada da lugar a esa sanción única
de obstrucción contractual durante el lapso inamovible e invariable de dos años” (STC 3750-
17, c. noveno).
19º. Que, la falta de razonabilidad del precepto legal en cuestión deriva no sólo
del hecho de la aplicación de una suerte de segunda de sanción legal mediante la
prohibición de contratar, que, en todo caso, bien puede ser considerada una especie
de vulneración del principio del non bis in idem, sino, además, y de manera aún más
flagrante, de la forma en que ella se ejecuta y que el propio requirente lo describe como
fundamento de su acción. Porque en la imposición de penas y sanciones emanadas
del ius puniendi estatal, como este Tribunal y la propia jurisprudencia emanada de los
tribunales ordinarios de justicia lo reconocen, deben respetarse las garantías del
debido proceso, como lo exige la Constitución en el artículo 19 Nº 3 inciso sexto.
20º. Que además la requirente plantea una infracción al artículo 19 Nº 3 de la
Constitución en lo referido a la igual protección de la ley en el ejercicio de los derechos
y en forma particular en lo referente a la garantía de un debido proceso. Sobre este
punto, cabe indicar que tal como ha señalado esta Magistratura, “[l]a infracción a la
garantía constitucional del artículo 19, número 3, inciso 6°, que conlleva la aplicación de la
norma impugnada, se produce en tanto la Ley N° 19.886 no contempla una oportunidad en
que el afectado pueda discutir, ante los tribunales laborales, la procedencia o bien la duración
de la pena de inhabilitación que se le impone en virtud del inciso primero de su artículo 4°. De
esta suerte, el afectado no tiene una posibilidad de discutir la procedencia o extensión de la
sanción que en virtud de la norma reprochada se le impone, coartando en definitiva toda posible
intervención suya, en defensa de sus intereses, al no arbitrar el legislador oportunidad alguna
que resulte idónea al efecto, lo que equivale lisa y llanamente a negarle toda posibilidad de
defensa” (STC 9840-20 c. decimonoveno).
21º. Que los términos en que se encuentran establecidos los preceptos legales
impugnados determinan la imposición de una verdadera sanción de plano, con grave
trasgresión al mandato que le impone la Constitución al legislador, de establecer
siempre las garantías de un justo y racional procedimiento (19 Nº 3 inciso sexto), lo
que importa la existencia de un debido proceso que requiere toda respuesta punitiva
estatal. Tal restricción se refleja en la imposición de la medida misma de exclusión, la
que no puede ser discutida en su procedencia, así como tampoco puede ser objeto de
ponderación en su extensión. Ello en contrapartida a la condena que en sede laboral
se puede llegar a imponer por el ilícito reprochado, la cual si deberá observar dicho
estándar constitucional. De este modo, la imposición por el legislador de una medida
en los términos descritos -auténtica sanción prohibitiva-, no resulta conciliable con la
exigencia constitucional de un debido proceso.
22º. Que la conclusión anterior ha sido ya recogida en nuestra jurisprudencia
constitucional que expresamente ha señalado que “la Ley N° 19.886 no contempla la
oportunidad para discutir ante los tribunales laborales la procedencia o duración de esta pena
de inhabilitación impuesta en virtud del inciso primero de su artículo 4°. De modo que si el
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DOSCIENTOS OCHENTA Y TRES
afectado nunca tiene una posibilidad para discutir la procedencia o extensión de esta verdadera
pena de bloqueo contractual, inexorable e indivisible, que impone directamente dicho precepto
legal, entonces se consagra una sanción de interdicción con ejecución directa e inmediata, esto
es que opera por el solo ministerio de la ley y sin más trámite, habida cuenta de que se valida y
surte efectos con su sola comunicación, independientemente de la conducta del afectado. En
circunstancias que, con arreglo al derecho escrito y natural, no hay sanción válida sin
juzgamiento previo. A partir del artículo 19, N° 3°, inciso sexto, constitucional, la cuantiosa
jurisprudencia que avala este aserto es demasiado conocida para que sea necesaria otra cosa que
reiterarla nuevamente, ante una ley que hace de la aplicación de cierta sanción un hecho
puramente maquinal”. (STC 3570-17 c. decimocuarto).
23º. Que, por ende, resulta incuestionable que la imposibilidad de contratar
con la Administración del Estado, durante el plazo de dos años, por aplicación de los
preceptos impugnados, genera una afectación patrimonial ingente. Al respecto y tal
como ha señalado esta Magistratura, no es la entidad de la pérdida económica la que
justifica la declaración de inaplicabilidad por inconstitucionalidad, sino que es la
infracción a la garantía constitucional derivada de la aplicación de un precepto legal,
siendo ello lo que ocurre en la especie a propósito de la imposibilidad de contratar
que deriva de la aplicación de los preceptos legales.
24º. Que el requerimiento también cuestiona la expresión “Copia de esta
sentencia deberá remitirse a la Dirección del Trabajo para su registro”, contenida en el
artículo 495 del Código del Trabajo. Sobre el particular, baste con indicar -siguiendo
la jurisprudencia de esta Magistratura- que “[e]sta norma del orden laboral constituye
complemento indispensable para la aplicación de la inhabilidad de contratar, pues se relaciona
con la materialización de la misma, por parte de la Administración del Estado. Motivo por el
cual también se declarará inaplicable, por cuanto el vicio de inconstitucionalidad que posee
aquel artículo 4°, inciso primero, se comunica igualmente a esta” (STC 10018-20 c. vigésimo
primero)
25º. Que si bien es cierto, en la especie esta sentencia condenatoria aún no se
ha concretado y es parte de la cuestión que se debatirá ante la judicatura de la instancia
al resolver la nulidad pendiente, no es menos efectivo que, de dictarse dicho veredicto
en contra de la demandada, indefectiblemente se producirá el efecto ya explicado por
aplicación de las normas impugnadas en virtud de la acción constitucional de autos.
Redactó la sentencia la Ministra señora MARÍA PÍA SILVA GALLINATO y la
disidencia el Ministro señor JOSÉ IGNACIO VÁSQUEZ MÁRQUEZ.
Comuníquese, notifíquese, regístrese y archívese.
Rol N° 12.782-22-INA
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DOSCIENTOS OCHENTA Y CUATRO
Pronunciada por el Excmo. Tribunal Constitucional, integrado por su
Presidenta NANCY YÁÑEZ FUENZALIDA, Ministros señores CRISTIÁN LETELIER
AGUILAR, NELSON POZO SILVA, JOSÉ IGNACIO VÁSQUEZ MÁRQUEZ, señora MARÍA PÍA
SILVA GALLINATO, MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ GONZÁLEZ, RODRIGO PICA FLORES y
señora DANIELA MARZI MUÑOZ.
Firma la señora Presidenta del Tribunal, y se certifica que los demás señora y
señores Ministros concurren al acuerdo y fallo, pero no firman por no encontrarse en
dependencias físicas de esta Magistratura, en cumplimiento de las medidas dispuestas
ante la alerta sanitaria existente en el país.
Autoriza la Secretaria del Tribunal Constitucional, señora María Angélica
Barriga Meza.
Nancy Adriana Yáñez Fuenzalida María Angélica Barriga Meza
Tribunal Constitucional Tribunal Constitucional
Fecha: 10-08-2022 Fecha: 11-08-2022
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