DESARROLLO
La crianza ha sido entendida habitualmente como la transferencia de los contenidos culturales
a un continente vacío: el niño. Hay suficientes argumentos para considerar que esa afirmación
no es universal, que la relación entre los adultos y los niños podría ser una relación de poder, la
que, como todas las relaciones de poder, implica también una relación de resistencia. Uno de
los aspectos centrales en las prácticas de crianza en la cultura andina es la atención y el
cuidado que se da a los niños en los primeros meses y años de vida.
1. ¿QUÉ SIGNIFICA SER NIÑA/ NIÑO EN LA CULTURA QUECHUA?
En la cultura quechua ser niña y niño significa pertenecer a una cultura rica en tradiciones y
costumbres en la que está presente diversas prácticas de crianza que fueron utilizadas y
practicadas desde hace cientos de años; los niños y niñas pertenecientes a esta cultura crecen
de una manera adecuada por los cuidados que les brindan sus progenitores en cuanto a la
alimentación, su educación, el aprendizaje del trabajo, en este sentido se describe y analiza las
pautas de crianza y los procesos de socialización de la comunidades quechuas.
Durante los primeros años, el niño entra en contacto con el mundo que lo rodea. Las pautas de
crianza identificadas en esta etapa de la vida son sin duda diferentes en cada una de las
sociedades. Uno de los elementos que determina la inclusión a un grupo es la presencia
constante de familiares y personas de la comunidad que entran en contacto con los padres.
Cuando el hombre y la mujer realizan sus actividades económicas, el niño recién nacido
acompaña a la mujer a todas partes, observando los procesos productivos y sociales. Aunque
no existen estudios que prueben el grado de integración social, es posible probar que a la edad
de 2 a 3 años los niños buscan independencia, lo que hace que acepten la compañía de otras
personas fuera de sus padres.
2. LAS PRACTICAS DE CRIANZA DE LA CULTURA QUECHUA QUE AYUDA A
FORTALECER LAS CAPACIDADES DE LOS NIÑOS Y NIÑAS
Las pautas de crianza y desarrollo de niños y niñas de 0 a 6 años, fue importante tener una
aproximación a la filosofía de vida usos y costumbres para conocer su percepción y prácticas
en torno a la crianza y desarrollo de niños y niñas en las comunidades Plano y Ulmácea, del
municipio de Traque del departamento de Cochabamba (quechua).
Uno de los aspectos centrales en las prácticas de crianza en la cultura andina es la atención y
el cuidado que se da a los niños en los primeros meses y años de vida. La principal
responsable de la atención de los niños, desde su nacimiento hasta los primeros años, e
inclusive la adolescencia, es la madre.
Las madres quechuas saben que cuentan con la importante colaboración de la familia más
cercana. Las más comprometidas en esta labor son las abuelas (madres de las mamás o,
algunas veces, las suegras) y las tías, ya sean las hermanas de la madre o del padre. En
situaciones de necesidad, las madres recién se animan a dejarlos con miembros de la familia
cercana cuando los niños están más crecidos, es decir, a partir de los tres o cuatro años de
edad. De modo que las madres son las principales y casi las únicas encargadas de cuidar de
manera exclusiva a los hijos más pequeños.
En el mundo andino existe cierta división del trabajo. Comúnmente, los niños están con la
mamá hasta el primer año de vida, siempre cargados en su espalda. Después de esa etapa,
cuando ya empiezan a caminar y a dejar de ser amamantados, comienzan a quedarse al
cuidado de los hermanos o del papá, siempre que éste disponga de tiempo para coordinar sus
actividades con las de la madre.
El padre cuida sólo ocasionalmente a los niños, pero tiene la responsabilidad de realizar
básicamente los trabajos fuera de la casa, ya sea en las labores agrícolas u otras actividades
(aunque la mujer también participa en esas actividades, según el ciclo agrícola), mientras que
la mujer está a cargo de todos los quehaceres relacionados con el hogar (comida, limpieza,
vestimenta y todo lo referido a los hijos).
Una de las tareas más delicadas que se asigna a los hijos de más de seis años es la de
colaborar en el cuidado de los hermanos menores. En situaciones extremas, las madres se ven
obligadas a dejar por largas horas a sus hijos pequeños al cuidado de los mayorcitos.
En las ciudades, y con mayor frecuencia en cualquier comunidad rural, es usual ver a una
madre quechua cargando en la espalda a los niños menores de un año (en un aguayo o en una
manta). Esto es todavía más extendido en el ámbito del hogar, pues esta modalidad de cargar
al bebé resulta muy funcional a las mujeres campesinas, ya que les permite realizar casi todas
tareas domésticas diarias relacionadas con la alimentación, limpieza de la casa, lavado de ropa
y cuidado de los otros hijos sin tener que separarse de aquel. Si bien es una práctica
eminentemente rural, hay que tener en cuenta que el contacto físico de la madre con el bebé es
médicamente recomendado en los primeros meses, ya que este contacto y el calor, además de
servir de arrullo cuando los niños lloran, favorece su desarrollo emocional y psicoactivo.
De modo que, más allá de las redes de apoyo (familiares o de amas- tardes cercanas) con las
que pueden contar las madres del área rural andina para la crianza de los niños, vemos que
entre ellas hay una clara preferencia por estar cerca o junto a sus bebés ya sea llevándolos
consigo en la espalda o teniéndolos cerca (generalmente en el suelo) cuando deben realizar
otras actividades fuera de la casa, laborales (venta en las ferias o en el puesto de venta,
trabajos agrícolas en el campo o en la chacra) o diligénciales (reuniones, cursos o asambleas).
No existen etapas delimitadas con precisión en el desarrollo infantil. Los seis años no son
necesariamente un momento crucial en la vida de los niños, salvo por el ingreso a la escuela,
que los enfrenta a formas de pensar distintas. El “camino de la niñez” andino incluye algunos
momentos importantes que siempre están en función del equilibrio cósmico: la separación de
las sangres del bebé y la madre, gatear, hablar, perder los dientes de leche o de sangre (para
volverse “triturador de carne”), la acumulación de deseo y conciencia. En el mundo quechua se
podría establecer tres etapas: desde el nacimiento hasta el inicio de la alimentación
complementaria, la posibilidad de sentarse sin apoyo y el gateo; de ese momento hasta el
dominio del lenguaje y la relación con el mundo de los objetos; desde entonces hasta la
adquisición de responsabilidades domésticas.
En cuanto a la alimentación se observa que las madres quechuas preparan alimentos en base
al tarwi, a la quinua, la papa, trigo, entre otros; siempre observando que los niños estén bien
alimentados así también en el consumo de lácteos, frutas y verduras que los niños y niñas
necesitan para su correcto desarrollo.
En la cultura quechua existen tradiciones como:
La disposición de enterrar la placenta luego del nacimiento Los significados que se
resaltan en el ritual van desde las aspiraciones paternas sobre el futuro del niño hasta
las peticiones de un nuevo bebé con un sexo determinado.
Otro elemento común es la relación animista con los seres naturales; en ambas
regiones se habla con las plantas y animales y se interactúa con ellos en un plano
horizontal.
También es similar la ya mencionada valoración de la iniciativa de los niños.
3. ¿CÓMO APRENDIAN LAS NIÑAS Y NIÑOS EN LA CULTURA QUECHUA?
La primera infancia es una fase decisiva en el ciclo de la vida del ser humano y su atención
integral permite enfrentar los retos de la pobreza, la equidad y la exclusión social. existen
diferentes modalidades de atención en el área rural, y que los procesos de socialización en
la cultura quechua reproducen complejos sistemas de transmisión de la cultura que definen
las relaciones sociales y económicas. Permiten visibilizar un modelo educativo basado en
las siguientes premisas:
Persuasión y enseñanza verbal para la enseñanza de los comportamientos
socio-éticos de obediencia y respeto. Las amenazas y los castigos físicos suelen ser
el medio de reforzamiento de estos aprendizajes. La obediencia y el respeto implican
la aceptación del orden de jerarquías según edades y rangos sociales vigentes.
Demostración y ejemplo para la enseñanza de los comportamientos
laborales y los roles de género, que supone la imitación y la observación directa por
parte de los niños. En principio, la madre enseñará todas las tareas domésticas y el
padre las de la agricultura. Indudablemente, en este proceso suelen ocurrir
situaciones muy diversas en las que los hermanos mayores u otros parientes son los
referentes de la imitación laboral de los niños.
El aprendizaje de los comportamientos laborales y de género es
reforzado también mediante los juegos pre laborales, dirigidos desde la familia y la
cultura por el tipo de juguetes que son facilitados a los niños de ambos sexos.
Experimentación supervisada, por ensayo y error, para comportamientos
laborales como el laboreo de la tierra, el tejido o la construcción.
Observación directa por parte de los niños de todos los acontecimientos
familiares que implican la recreación del mundo de los símbolos y el orden social,
como el nacimiento de los hermanos, el matrimonio o la muerte de padres u otros
familiares, los ritos en que es sujeto activo o mero observador, y de cuanta situación
presencie e internalice.
Transmisión oral de la tradición y los valores fundamentales de la cultura
mediante la narración de cuentos y leyendas,
Los niños experimentan el crecimiento emocional y físico, son objeto de actos de cuidado y
atención de parte de los padres. En sus inicios estos cuidados sólo son actos de
alimentación, pero a medida que el niño crece, los padres empiezan a educar sus hijos, es
decir a trasmitir ciertos conocimientos y valores o a hacer cumplir ciertas acciones que
posibiliten el desarrollo de algunas funciones básicas que ayuden a lograr la autonomía del
niño y su integración al contexto familiar y comunal. La ampliación de actividades del niño
del ámbito familiar al ámbito comunitario permite que empiece a comprender lo que hacen
los otros. La comunicación y la observación aparecen como herramientas que posibilitan el
aprendizaje y la integración en el ámbito social o cultural. En este proceso de transmisión
cultural y de construcción de la identidad del niño, el rol educativo de la familia y la
comunidad es fundamental (Yapu, 2010).
El rol educativo de los adultos es muy importante; el esfuerzo de integrar a los niños a la
actividad laboral y el interés de los padres en que sus niños sean respetuosos y honestos, y
sean capaces de aprender, permite visibilizar un modelo educativo basado en la trasmisión
oral de los conocimientos y en la especialización de los roles laborales de las personas.
Entre los quechuas los niños aprenden un sinfín de actividades a través de la observación y
experiencia de la vida diaria. Sin embargo, muchas veces esto no es suficiente, por lo que
los adultos deben recurrir a ciertos mecanismos educacionales intencionales que se
manifiestan a través de actos de enseñanza directa. Margaret Mead nos habla del maestro
que intenta alterar la estructura de hábitos de otra persona del padre-maestro, “aunque los
padres desempeñan frecuentemente el papel de maestros con sus hijos, la relación maestro
alumno no se limita exclusivamente a ellos, madres, hermanos, tíos paternos, tías y otros
familiares asumen también a menudo el papel de maestros”.
En muchas sociedades tradicionales se usan métodos disciplinarios que se caracterizan por
utilizar diversos medios en la formación de la conducta, como los premios o castigos. En
general, las sociedades tradicionales usan como mecanismos educativos o formativos el
castigo, el canto, la música, la represión, la amenaza, la advertencia, el estímulo, las
orientaciones, la dirección, la instrucción, la demostración, las recompensas, las donaciones,
los premios, la ayuda o los elogios. Una demostración en la que el niño experimenta un
aprendizaje mediante el juego puede ser objeto de orgullo de parte del padre. Las
sociedades tradicionales han desarrollado medios educativos basados en la oralidad, donde
la formación del individuo depende de los procesos de socialización que se dan en la familia
y la comunidad. El aprendizaje es en gran medida empírico, ya que el niño aprende hábitos
o patrones culturales por participación más que por obligación. Es el caso de niños
quechuas que se inician a temprana edad en la actividad del pastoreo. En este proceso
desarrollan una serie de juegos en que se hacen simulacros de estar tocando, produciendo
la tierra o tejiendo. Si bien la observación e imitación es parte de los procesos de
aprendizaje individual, a medida que las personas crecen, los padres y la sociedad en su
conjunto empiezan a transferir conocimientos, normas y principios de cosmovisión y a
promover el desarrollo de habilidades prácticas. En el sistema comunitario los agentes
transmisores o facilitadores de procesos de construcción de conocimientos son todas las
personas de la comunidad. En este proceso de socialización o aprendizaje social las
personas asumen además una serie de actitudes, valores y principios que van a definir los
comportamientos futuros de los niños y niñas.
espacios productivos. A diferencia de las sociedades occidentales, donde el niño se enfrenta
a un mundo letrado, en las comunidades indígenas de Bolivia la cultura se reproduce a
través de medios orales. En todo este proceso, la observación y la imitación a través del
juego son poderosos medios que se reproducen y que posibilitan que el niño se vaya
insertando en la trama social y productiva de manera gradual. La relación permanente con
personas de otras edades en sus contextos laborales y productivos y su participación en
actos festivos y rituales en los primeros años es clave para comprender el proceso de
formación de la identidad social y la identidad individual. La combinación de los deberes
laborales (trabajo en el campo, cuidado del ganado, quehaceres domésticos, etc.), los
juegos, la transmisión de cuentos, leyendas, mitos y moralejas y el aprendizaje musical se
convierten en la base de la educación comunitaria. Durante toda su vida las personas
experimentan procesos de aprendizaje activos y significativos que son parte del aprender
haciendo. En los primeros años de vida el niño explora el mundo externo, al que considera
animado. En este caminar aprende permanentemente, observando, imitando, escuchando a
los mayores y haciendo, por lo que el aprendizaje es activo, ya que los niños ponen en juego
sus habilidades manuales, sus conocimientos previos y sus emociones. Los ambientes de
aprendizaje son el hogar, lo sembradíos y los cerros. En estos espacios las niñas componen
y cantan a la naturaleza, recordando las canciones escuchadas de sus padres o los ritos de
agradecimiento presenciados en los tiempos de carnaval. Al respecto, Villena señala que:
los comportamientos que se transmiten mediante el proceso de socialización y crianza de
los niños en la cultura andina son pues funcionales a las particulares condiciones
socioeconómicas en las que se desenvuelven; se valoran y exigen socialmente el respeto y
la obediencia, el trabajo, la responsabilidad en el cumplimiento individual, la defensa del
grupo familiar primero y colectivo luego y los logros en el aprendizaje escolar.
Bibliografía
Maygua, G. (Agosto de 2020). IMBABURA. Obtenido de https://youtu.be/gfpKKaW5PnU
Yapu, M. (2010). Primera infancia: experiencias y políticas públicas en Bolivia. La Paz.