P .
MARINO PURROY
V ID A Y M E N S A JE
DE
SOR TERESA DE LO S ANDES
MADRES CARMELITAS DESCALZAS
LOS ANDES (Chile)
SOR TERESA DE LOS ANDES
Juanita Fernández Solar
1900 1920
¿TIENE MENSAJE PARA HOY?
Al hombre moderno, ¿tiene algo que decirle un santo?
Parece inútil la pregunta. Porque todo lo que suene a santidad asusta y
retrae al hombre de hoy, por la idea que tiene de que el santo le hablará sólo
de valores muy sublimes, pero poco asequibles al común de las gentes.
En nuestro caso, nos encontramos frente a una joven como cualquiera otra
de nuestro tiempo. Teresa de Los Andes nos trae un mensaje profundamente
humano y religioso a la vez. Al leer sus apuntes y sus cartas — no escribió otra
cosa— nos convenceremos de que tiene mucho que decirnos.
Ante todo disipará nuestros prejuicios. Nos persuadirá de que ser santo no
es sino ser sincero, auténtico. Tratar de vivir el compromiso cristiano de bau
tizado con generosidad, no a medias. Como ella lo hizo. Y si se está bien dotado,
explotando al máximo el caudal de talentos y dotes personales.
De no haber aprovechado debidamente la riqueza de sus grandes valores
humanos, Sor Teresa no hubiera sido auténtica. Pues la meta del cristiano es
realizarse plenamente como hombre que se siente hijo de Dios, configurándose,
identificándose con el más perfecto de los hombres, Jesucristo.
Al final escucharemos el mensaje que a la juventud de hoy y a todos nos
trae Sor Teresa. Ahora conozcamos su vida y su espíritu.
¿JUANITA O SOR TERESA?
JUANITA FERNANDEZ SOLAR es la misma que SOR TERESA DE LOS
ANDES.
Nacida en Santiago de Chile el 13 de julio de 1900, fue bautizada a los dos
dias con el nombre de JUANA. Sus padres — Miguel y Lucía— y los demás fa
miliares y amistades la llamaban cariñosamente JUANITA. Desde que entró en
el convento, siguiendo la costumbre tradicional de cambiar el nombre, la cono
cieron por Sor TERESA DE JESUS. A raíz de su muerte, cuando comenzó a
extenderse su fama de valiosa intercesora ante el Señor, para distinguirla de
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Sta. Teresa de Avila y de Sta. Teresita de Lisieux, se dio en llamarla “ la
Teresita chilena” . Finalmente se ha impuesto y se ha generalizado el nombre
de SOR TERESA DE LOS ANDES.
¿Cuándo podremos por fin sustituir ese humilde SOR por el título redondo
y llenador de SANTA?
PRIMERA COMUNION
Cuando tenía 7 años ingresó Juanita al colegio del Sgdo. Corazón de San
tiago. En él hizo sus estudios. Como externa hasta los 15 años. Desde sep
tiembre de 1915 hasta agosto de 1918, en el internado.
A los seis años comienza a acompañar habitualmente a su mamá y a una
tía a la santa misa. Y desde entonces viene pidiéndoles insistentemente le dejen
hacer la primera comunión. Se lo conceden para 1910. Y el 11 de septiembre
la recibe solemnemente después de haberse preparado muy a conciencia. Desde
muchos meses antes ha comenzado a tomar muy en serio sus obligaciones de
bautizada, tratando de dominarse más, de dejar de ser rabiosa y peleadora
y de ser cada día más obediente y responsable.
Su preparación para acto tan trascendental la dejó impactada para siempre.
Fue el punto de partida para llegar a la amistad más íntima con Jesús. Fue
la semilla que fructificó en una vida plena de amor y de entrega a Dios y a
la humanidad.
SE EXIGE UN METODO
Epoca muy valiosa y decisiva para el futuro humano y espiritual de Jua
nita es la que corre de 1915 a 1919. En ella planifica su vida exigiéndose un
método, en el que ocupa lugar preferente la oración, la misa diaria y el sa
crificio, el esfuerzo constante por superarse, por eliminar cuanto le impide
realizarse como persona y como cristiana.
Juanita que gusta de repetir que si se es monja no hay que serlo a medias,
no quiere ser cristiana de sólo nombre. Y fiel a su compromiso con Cristo,
cumple con tenacidad el programa de vida que se ha trazado. De ahí su em
peño en superarse en el cumplimiento concienzudo del deber y en la serena
aceptación de las pruebas que le van llegando, que fueron incontables en su
vida. Porque sabía muy bien, que en ello consiste el sacrificio mas aceptó a
Dios y la cruz más santificadora, porque al no elegirla nosotros, la llevamos
sólo por amor, sin peligro de buscar nuestra satisfacción.
Sobre todo es fiel a su resolución de recogerse a solas con Jesús para in
timar con El. Por eso madruga buscando el silencio y la soledad. Y hace lo
imposible por comulgar a diario. Está “ chiflada” por Jesús-Hostia. Tiene verda
dero hambre de El. Ha comprobado que le da ánimos, que lo necesita. Que
Jesús es su Vida y que sin El desfallece y muere. Así trata de alcanzar la
meta que se ha propuesto: vivir identificándose con Cristo, para que cuando
el Padre la contemple reconozca en ella una buena copia de su Hijo.
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___________________ ESCRIBE SOR TERESA: _____________________
— En 1906 fue cuando Jesús principió a tomar mi corazón para Sí.
— A mí desde chica me decían que era la más bonita de mis hermanos.
— La Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección. Yó
modifiqué mi carácter por completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de
verme prepararme tan bien a mi primera comunión.
— Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos
los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Pero mi devoción
especial era la Virgen. Le contaba todo. Sentía su voz dentro de mí misma.
— En 1913 tuve una fiebre espantosa. N. Señor me llamaba para Sí. A los
14 años me envió apendicitis, lo que me hizo oir su voz querida, que me
llamaba para hacerme esposa más tarde en el Carmelo.
— Se resolvió hacerme operación. Antes de ponerme coloroformo, yo tomé
mi Virgen, me abracé a mi Crucifijo, los besé y les dije: “ Luego os
contemplaré cara a cara. Adiós” .
ES TAN RICO DAR
El trato familiar con Cristo — “ el Hombre para los demás” — le ha hecho
comprender que el cristiano no puede ser individualista. De ahí su constante
empeño por matar su egoísmo para vivir abierta a las necesidades de los de
más, y desvivirse por remediarlas en cuanto puede.
Una de sus resoluciones es sacrificarse por los demás para hacerlos felices.
Y trata de llevarla a la práctica con naturalidad, sin que sospechen que le
cuesta sacrificio complacerles, dar gusto a todos.
No se contenta con gozar ella sola de la felicidad de servir a Dios. Lleva
el alma desgarrada porque sabe que hay muchísimos alejados de El. Vive
ofreciendo su vida y mil sacrificios para que le conozcan y le amen. Y no
descansa hasta entrar en el convento para convertirse en hostia que se inmole
escondidamente toda la vida para que la humanidad mejore.
No está hecha para gozar sola. Aún durante sus vacaciones — tiempo de pa
seos y sanas distracciones— vive disponible, en actitud de servicio. Sus prefe
ridos son los pobres, sobre todo los niños. Es tan rico dar, dice. Y ella da y
se da. Reparte sus ahorros para aliviarlos. Cose ropas para los necesitados.
En una ocasión rifó su reloj para obtener fondos con qué comprar zapatos a
un niño a quien protege habitualmente. Visita las casas de los inquilinos, quie
nes le confían sus problemas: y ella les ayuda en sus necesidades espirituales
y materiales. Reúne a los niños para enseñarles catecismo. Y cuando se da
cuenta de que la instrucción que reciben en la escuela es nula o deficiente, les
da clases diariamente. Excelente catequista, colabora con entusiasmo en las
misiones con los sacerdotes. Las empleadas de su casa reciben de ella en todo
momento ayuda, estímulo, atenciones y muestras de cariño y afecto.
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________________ AÑO 1915. ESCRIBE SOR TERESA: _______________ -
— Nos dijeron que entraríamos de internas. Yo creo que jamás me acos
tumbraré a vivir lejos de mi familia: mi padre, mi madre, esos seres
que quiero tanto. ¡Ah, si supieran cuánto sufro se compadecerían! Sin
embargo, me debo consolar.
— Salimos temprano a caballo con mis primos. Nos divertimos mucho. Des
pués, a las dos, encumbramos volantines, juego que me gusta mucho.
— Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella,
y así me pareceré a Jesús.
>— ¡Oh, soy feliz! Pues puedo decir con verdad que el único amor de mi
corazón ha sido El.
ALEGRE Y BROMISTA
Juanita lleva una vida interior rica y profunda. Trata con Jesús de cora
zón a corazón. Se ha entregado a El sin reservas. Pero su equilibrio sicológico
le hace llevar una vida normal, como la de cualquier joven de su tiempo.
Todo lo que sea distinguirse le repugna. Evita cuidadosamente merecer el
titulo de beata. Se gloría de que es feliz y lo pasa bien allí donde le toca
vivir. De que no es como otras chiquillas que en todas partes se latean. Le
gusta querer de verdad. Por eso tiene tantas y tan buenas amigas. Y sus
educadoras la admiran y aprecian sinceramente. En todas partes la quieren.
Es alegre, comunicativa, bromista. Contagia a todos su sana alegría. Es
maestra en el manejo de la broma y de la ironía. En sus cartas abundan episo
dios divertidísimos de ataques de risa. La sencillez, familiaridad y alegría de
las carmelitas le encantó, influyendo poderosamente en su resolución de ingresar
en el Carmelo.
En la intimidad de su familia es amable, dulce, cariñosa. La “ joya de la
casa” , como dirá su hermano Luis.
_______________ AÑO 1916. ESCRIBE SOR TERESA: ___ ,____________
— ¡Quí feliz soy! He sido cautivada en las redes del Divino Pescador. Soy
su prometida y muy luego celebraremos nuestros desposorios en el Carmen.
Voy a ser carmelita.
— Me he entregado a El. El 8 de diciembre me comprometí. Mi pensamiento
no se ocupa sino de El. Es mi ideal, es un ideal infinito.
— No temas, hermanita querida. No existirá jamás separación entre nuestras
almas. Yo viviré en El. Busca a Jesús y en El me encontrarás, y allí los
tres seguiremos los coloquios íntimos que hemos de continuar allá en la
eternidad.
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LE ENCANTA EL DEPORTE
Todo lo que sea deporte le fascina. Es estupenda equitadora. Desde niñita,
su abuelo le había enseñado a montar a caballo. Y no hay nada que le guste
más que cabalgar. Le divierten los largos paseos a caballo por los cerros y
quebradas. Se lanza decidida por cualquier parte desafiando peligros. Envidia a
los jóvenes que van por varios días a la Cordillera. También le encanta el
tenis y manejar la “ cabrita” . Pero descuella sobre todo como nadadora. Como
es alta y bien proporcionada, tiene excelentes cualidades para la natación.
Bate el récord de rapidez y resistencia entre sus familiares, resultando indis
cutiblemente vencedora en cuantas competencias organizan con sus amistades.
Se extasía a la vista de' los paisajes pintorescos, que retrata después con
precisión y colorido en sus cartas. El mar y las bellezas de la naturaleza le
hacen sentir sed de lo infinito.
Estudia música y toca el piano. Y las veces que asiste a un teatro, a al
guna ópera, sabe apreciar la voz y el desempeño de los actores.
DIVINA Y HUMANA
Lo más sorprendente es la naturalidad con que armoniza el trato con Dios
con el de los hombres. Se abisma y queda absorta en la contemplación de las
perfecciones de Dios y de las finezas de su amor, sin dejar de mostrarse des
pués alegre, amable y comunicativa con sus semejantes.
Cada día siente necesidad más apremiante de orar. Y aún cuando las
ocupaciones o la atención a los demás le impiden recogerse a dialogar con
Jesús, sabe y dice que toda su vida es una oración continuada, una alabanza
ininterrumpida a Dios, porque todo lo hace por su amor y sin salirse un punto
de su divina voluntad. En los lugares de esparcimiento goza con la idea de
que, allí donde tantos lo olvidan, al menos ella lo adora y ama. ¡Qué páginas
tan deliciosas escribió sobre su intimidad con Dios!
Su oración es sencilla, sin complicaciones. Una íntima -y familiar conversa
ción con Jesús. Se figura que está a sus pies escuchándolo. Y trata con El so
bre lo que debe hacer o evitar para serle más agradable.
Verdaderamente pasma su equilibrio, la armoniosa síntesis que ha logrado,
integrando lo divino y lo humano tan perfectamente. Sorprende verla tan nor
mal, tan complaciente, alegre y bromista, incluso en los meses en que su
cuerpo está aquejado por fatigas y molestias, y su espíritu viene sufriendo la
purificación más angustiosa —dudas, sequedades, abandono y agonía interior—
con que el amor acrisoló su alma los dos últimos años de su vida.
AMOR SIN CARICIAS
Juanita es profundamente afectiva. Llora a mares cada vez que se despide
de los suyos para ir al internado. Es de temperamento tan afectuoso y regalón
que, de jovencita se pregunta cómo las monjas pueden ser felices sin recibir
muestras externas de cariño, y cree imposible enamorarse de un Dios a quien
no se ve ni se puede acariciar. Pero se ha entregado al amor. Y ha compro
bado que Dios resarce plenamente, que da muestras palpables — aunque invi
sibles— de su amor infinito.
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Examina, pues, su corazón y se convence de que sus aspiraciones de amor
son tales, que ningún ser humano podrá colmarlas enteramente porque será
necesariamente limitado, interesado, sujeto a flaquezas. Que únicamente Jesús
es capaz no sólo de perfeccionarla, sino de divinizarla. Y que, por lo tanto, sólo
El podrá enamorarla. Y opta por El. Y decididamente. Y escoge el convento
de las Carmelitas de Los Andes para realizar su ideal de ser toda de Jesús.
Está convencida de que encontrará muchos obstáculos para lograr su intento.
Pero confía en que, con Jesús, atravesará el fuego si es preciso para conseguirlo.
No es que Juanita no aprecie el matrimonio. Sabe que la vida del hogar
es muy sacrificada y fecunda. Que hacen falta cristianos que la vivan gene
rosamente para colaborar en la transformación del mundo. Pero ella no se
siente llamada sino para fundirse con Jesús en el amor como prisionera vo
luntaria suya en una clausura.
No es una ilusa. Sabe que el amor es exigente. Que si va al Carmen es
para inmolarse con Cristo por la humanidad. Que en su pieza tendrá una cruz
de madera sin Cristo. Que es esa la cruz donde ella debe morir a su egoís
mo, a todo lo que le impida repetir: “ Yo no soy la que vivo, sino Jesús” .
Pero el sufrimiento no le es desconocido. ¿Qué importa sufrir cuando se
ama?, dice. El amor es cielo. Y ella, perdidamente enamorada de Cristo, cifra
su ideal en sufrir, amar y orar por la Iglesia y por la humanidad pecadora.
_______________ AÑO 1917. ESCRIBE SOR TERESA: _______________
— Tengo pena. Me sangra el corazón. Mil vidas si yo pudiera ofrecería
por él. Todos los sufrimientos, Dios mío, enviadme, y dadme gracias para
soportarlos, con tal que él se convirtiera.
— Todos los días hago mi meditación, y veo cuán gran ayuda es para san
tificarse. Es el espejo del alma. ¡Cuánto se conoce en ella a sí misma!
— María, eres la Madre del universo entero. ¿Quién no se anima, al verte
tan tierna, tan compasiva, a descubrir sus íntimos tormentos? Si es pe
cador, tus caricias lo enternecen. Si es tu fiel devoto, tu presencia so
lamente enciende la llama viva del amor divino.
— Debo esforzarme por ser más amable. Soportaré con paciencia el ca
rácter de las personas cuyo trato me fastidie. Me esmeraré en labrar la
felicidad de los demás. Procuraré hacer amable la virtud a los demás.
— ¿Encontrará el Padre la figura de Cristo en mí? ¡Cuánto me falta para
parecerme a El!
— Los corazones de los hombres aman un día y al otro son indiferentes.
Sólo Dios no cambia.
— Haré un día de retiro. Lo necesito tanto. Todavía soy muy orgullosa.
Me propondré abatir hasta los últimos gérmenes del amor propio.
— Me confesé de los pecados de toda mi vida. ¡Qué confusión de verme tan
pecadora! Casi creí que iba a morirme de dolor. Y cuál sería mi alegría
al oir que el Padre me decía: “ Usted, por la gracia de Dios, no ha te
nido la desgracia de cometer ningún pecado mortal” .
— El que ama no tiene otra voluntad sino la del amado. Luego yo quiero
hacer la voluntad de Jesús. El que ama se sacrifica. Yo quiero sacri
ficarme en todo.
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EL COLMO DE LA DICHA Y DEL DOLOR
El 7 de mayo de 1919 ingresó Juanita en las Carmelitas Descalzas de Los
Andes, separándose para siempre de los suyos. Así consumó el gran sacrificio
que la trajo desgarrada los últimos meses, y que sólo por amor a Cristo pudo
consumar. Un mes antes escribía: “ Estoy en el colmo de la dicha y del dolor” .
Contrastes y paradojas que sólo el locamente enamorado puede entender.
Dolor intensísimo por dejar a los suyos a quienes idolatra y que nunca
hubiera abandonado por un hombre. Lucha contra su propia naturaleza, sobre
todo desde que solicita el permiso paterno, y que se convierte en agonía, en
martirio cruel según va acercándose el día de subir definitivamente al Cal
vario de la terrible despedida.
Y por otra parte dicha y felicidad, por ver realizado el ideal de su vida;
por dejar todo lo que tiene a cambio de Nuestro Señor. Dicha inefable, porque
el amante goza en demostrar el amor en lances difíciles y comprometedores.
Y porque como Jesús no se deja ganar en generosidad, cuando Juanita se
arrancó de los brazos de su madre, le abrió los suyos dulcemente, confortán
dola y fortaleciéndola con su gracia.
-------------------------- AÑO 1917: ESCRIBE SOR TERESA: -------------------------- .
— Junté 30 pesos para mi día. Voy a comprarle zapatos a Juanito, y los
demás para dárselos a los pobres. Es tan rico dar.
— Sé que si voy al Carmen será para sufrir. Mas el sufrimiento no me es
desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra a
Jesús, y El es el Amor. Y ¿qué importa sufrir cuando se ama?
— Saqué como resolución la de vivir muy alegre exteriormente.
— Véngase luego, papacito, para pasar siquiera dos días con Ud., ya que
nosotras lo aprovechamos tan poco cuando Ud. viene, por estar internas.
, — No hemos hecho ningún paseo grande, pues los chiquillos se van a la
cordillera por seis días. Te aseguro que los envidio con toda el alma.
— Jesús me pide que sea santa. Que haga con perfección mi deber. Que
el deber es la cruz.
— Estoy enferma, sola. No comulgo, pero estoy en la cruz, y en ella está
Jesús. Vivo, pues, en permanente comunión.
— Jesús querido, cada vez que me siento mal, siento nostalgia de Ti, de
ese cielo donde no te ofenderé más, donde me embriagaré de tu amor,
donde seré una contigo.
— He visto que la felicidad en el mundo no existe. Siempre su trato me
deja un vacío que lo llena por completo N. Señor.
ORANDO, TRABAJANDO Y RIENDONOS
Las religiosas quedan prendadas de su nueva hermana y de sus sobresa
lientes cualidades. Y el 14 de octubre la visten con el hábito de la Orden, im
poniéndole su nuevo nombre: Teresa óe Jesús.
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En el convento, fiel a su consigna de sacrificarse por los demás, continúa
buscando para sí lo más trabajoso y molesto para aliviar a sus hermanas. Las
ama de corazón. Ahora es ella la que con su trato fino y exquisito contribuye
a que sigan reinando en la comunidad la alegría, hermandad y sencillez, que
antes de entrar le habían seducido. Se siente cada día más feliz. En la ante
sala del cielo. En el mismo cielo. Porque pasa horas a los pies del sagrario y
en su celda con Jesús, que es su gozo infinito. Con Dios, que es alegría in
finita. Y luego, en los recreos, se ríe y embroma todo el tiempo, sin que falten
los cantos con guitarras y bandurrias en los días señalados. Así pasamos la
vida — escribió— : orando, trabajando y riéndonos.
Enamorada de Cristo, de la Eucaristía, de la Virgen y de la oración, des
pliega un apostolado intensísimo con sus cartas. Sus destinatarios van conta
giándose de esos amores de Sor Teresa.
Así vive la prisionera voluntaria de Jesús. Siente ansias de martirio. Le
fascinaría dar su vida por El. Pero pisa tierra y sabe que su martirio está
en donde vive, en eliminar su egoísmo a cada instante, en aceptar los sufri
mientos interiores que la purifican. En cumplir con alegría el fin de la car
melita: rogar, vivir inmolándose, ocultándose por los pecadores, por la santi
ficación de los sacerdotes y por la Iglesia.
_______________ AÑO 1918. ESCRIBE SOR TERESA: ________________
— Paseamos en la playa o en caminatas. Hemos hecho varios paseos a
caballo. También salimos a andar a pie haciendo excursiones por los cerros
y quebradas. ¡Qué paisajes más encantadores los que vemos a cada paso!
— Nos ha bajado furor por el tenis. Estoy aprendiendo. Me encanta.
— El viaje resultó divertidísimo. Gozamos, pues embromamos desde que sa
limos. También nos acordamos de Uds., pero nada más que para “ pe
larlas” .
— Si quiero ser crucificada a su semejanza, es necesario vivir en cada ins
tante cumpliendo su divina voluntad, aunque ella me traiga sacrificio e
inmolación.
— Tendré carácter. Jamás me dejaré llevar por el sentimiento y por el
corazón, sino por la razón y mi conciencia.
— He pasado días de cielo. A cada paseo me iba a estar con E l en la capi-
llita, junto a El. Hemos hablado tan to.. .
— Ayer salí para siempre del colegio. Desde ahora, papacito, quiero que Ud.
cuente para todo conmigo. No tengo otro deseo que darle gusto en todo,
acompañarlo y consolarlo. Pienso correr con la casa, tratando de hacerlo
lo mejor posible.
— Cuando pienso en El, quedo sumida en el amor. Veo su grandeza infinita
y mi extremada miseria y veo lo que es el pecado y el gran amor de Dios.
— Ocupémonos del prójimo, de servirle aunque nos cueste repugnancia ha
cerlo. De esta manera conseguiremos que el trono de nuestro corazón
sea ocupado por su Dueño, por Dios.
AL ABRAZO DEL PADRE
Todavía no hace el año que Jesús la ha “ robado” , y ya su alma, acriso
lada y purificada al máximo por el amor, está madura. Ella escribió por en
tonces: “ Soy la persona más dichosa. No deseo nada, porque mi ser entero
está saciado en Dios-Amor” .
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Durante la cuaresma de 1920 Sor Teresa debió sentirse muy enferma; pero
no dio -importancia a su mal. Llegó así hasta el viernes santo, en que su
maestra la notó afiebrada. Era tarde. E l mal —un violento tifus— había minado
ya su frágil organismo. Durante su enfermedad se pudo comprobar su aquila
tada virtud. Jamás molestó por nada. Siempre estaba bien. Sólo se sabía de
sus dolores y malestar cuando era interrogada por los médicos. La comunidad
hizo lo humanamente posible por devolverle la salud. Pero inútilmente. El fruto
—ella misma lo dijo— estaba ya maduro.
El 12 de abril de 1920, a las 7,15 p.m., fue a gozar sin velos, plenamente,
de Dios la que ya en vida había experimentado que fuera de El no hay feli
cidad posible, que sólo El basta. Contaba 19 años y 9 meses de edad y 11 de
carmelita.
_______________ AÑO 1918: ESCRIBE SOR TERESA _______________
— Comprendí que el mundo era demasiado pequeño para mi alma inmortal.
Que sólo con lo infinito podría saciarme porque el mundo y todo cuanto
él encierra es limitado, mientras que siendo para Dios mi alma, no se
cansaría de amarlo y contemplarlo porque en El los horizontes son in
finitos.
— Todas las tardes rezamos el mes de María. La Eli reza el mes y yo el
rosario y toco el armonio. Fíjese que ayer estábamos cantando un Ave
María y la Herminia nos tienta de la risa. En vez de canto, nos salían
carcajadas. No pudimos seguir.
— El alma unida a Dios se diviniza de tal manera que llega a pensar, a
desear y obrar conforme a Jesucristo. ¿Hay algo más grande que Dios?
¿Hay algo más grande que un alma divinizada? ¿No es ésta la mayor
grandeza a que puede aspirar el hombre?
— Me siento llena de Dios. No hay separación entre nosotros. Donde yo
vaya, El está conmigo, dentro de mi. Vivo con El. Y a pesar de estar en
los paseos, ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda
interrumpirnos.
PRONTO OBRARA MILAGROS
La comunidad de Los Andes y los familiares de Sor Teresa recibieron
muchas cartas, no de pésame, sino de felicitación por tener una santa en el
cielo. Los periódicos de Santiago —cosa insólita para una carmelita de clau
sura— publicaron su muerte, exaltando la heroicidad de sus virtudes.
Pronto los fieles comenzaron a ponerla por intercesora ante el Señor. Y
en los 56 años que nos separan de su muerte el Señor ha dado pruebas de su
deseo de glorificar a su sierva, otorgando por sus ruegos infinidad de gracias,
sobre todo espirituales: conversiones, vuelta al camino del b ien . . . Por eso
son incontables los fieles de toda capa social que, dé todas las regiones del
país, acuden cada día a la tumba de Sor Teresa a dar gracias a Dios por los
beneficios obtenidos, y a pedir por su mediación nuevos favores. Su causa
de beatificación se viene adelantando con muy buenas esperanzas.
A los pocos días de su muerte, el P. Julián Cea, que la había conocido en
febrero de 1919 en unas misiones, escribió:
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“ Su santidad tenia la propiedad de ser atrayente, amable, comunicativa. No
sé qué respeto y veneración infundía su persona. Y al mismo tiempo se sentía
por ella un santo cariño, como el que creo se tendría a un ángel si lo viéramos
con los ojos del cuerpo. ¡Qué sonrisa angelical acompañaba siempre su conver
sación! No era esquiva, sino confiada. Y su alma, inocente y pura como un niño.
¡Con qué pasión amaba a Jesús! Pocos días tuve la dicha de tratarla,
pero la impresión que me causó su santidad no se borrará jamás. Le rezo
todos los días como a una santa que está en el cielo. Yo confío en que pronto
comenzará a obrar milagros, y su conducta angelical influirá no poco en la
conducta de muchas jóvenes” .
_______________ AÑO 19X9: ESCRIBE SOR TERESA _______________
— La voluntad de Dios es un alimento espiritual que fortifica el alma que
se entrega a El gustosa.
— ¡Qué impresión me produjo cuando vi mi conventito! Su pobreza habla
muy bien a su favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo.
— El fin de la carmelita me entusiasma: santificarse a sí misma para que
la savia divina se comunique, por la unión que existe entre los fieles, a
todos los miembros de la Iglesia. Ella se inmola sobre la cruz, y su
sangre cae sobre los pecadores pidiendo misericordia y arrepentimiento.
Cae sobre los sacerdotes, santificándolos. Y todo en silencio, sin que
nadie lo sepa. Cuántos hay que tachan su vida de inútil. Sin embargo
ella es como el Cordero de Dios que lleva los pecados del mundo. Se
sacrifica para volver al redil las ovejas extraviadas. Pero así como a
Cristo no lo conoció el mundo, a ella tamopoco la conoce. Esta abnegación
completa me encanta. No hay cabida al amor propio. No ve ni siquiera
el fruto de su oración. Sólo en el cielo lo verá.
— Ayer subíamos una pendiente que Eduardo creía no podría subir. Me
pesqué de las crines del caballo y empecé a subir tranquilamente, y
abajo corría el río.
MENSAJE A LA JUVENTUD
Evidentemente se ha quedado corto el P. Cea. Porque no son sólo las
jóvenes las que pueden aprender de Sor Teresa. Tiene mucho que decirnos
a todos. Su mensaje a la juventud es de innegable actualidad.
MUY SUPERFICIALES. De los jóvenes que la trataron y rondaron, no le con
venció ninguno. Son muy superficiales, dijo.
Hoy buena parte de la juventud es sana, consciente, responsable. Sabe
a dónde va, y está bien enrutada. Pero hay otros muchos que hablan estupen
damente. Da gusto escucharles. ¡Qué ilusión la suya por ser auténticos, por
realizarse plenamente, por cultivar sus valores humanos y por construir un
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mundo nuevo más humano y más unido! Señalan muy bien la meta. Dicen
querer alcanzarla. Pero no les gusta el camino que conduce a ella. Y muchos
se apartan de él. Y ésta es la misión de Sor Teresa: señalar la ruta a la ju
ventud de hoy; recordarle que el único camino que conduce a la plena reali
zación humana es el esfuerzo, la autodisciplina, el control de sí mismo.
_______________ AÑO 1919: ESCRIBE SOR TERESA _______________
— Nosotras hacíamos catecismo. Se juntaban más de 50 chiquillos. Y des
pués de las misiones hemos seguido haciéndoles clase todos los días, pues
parece que poco o nada les enseñan en la escuela fiscal.
— Sólo me restan 20 días. Y después.. . el Calvario, el Cielo. Y a estoy
subiendo su cima. El dolor de la separación es tan intenso, que no hay
palabras para expresarlo. Sin embargo, Dios me sostiene.
Mensaje de innegable actualidad cuando tanta juventud se muestra alérgica
a toda norma, aceptando como única regla válida su propio capricho, su ta
lante, el me gusta, no me gusta, me nace, no me nace. No hay pedagogo ni
formador serio que apruebe tal norma. Al contrario, todos ellos, a cuantos
aspiran a forjar su carácter y personalidad, les exigen borrar de su vocabu
lario esas palabras —me gusta, no me gusta— , sustituyéndolas por debo o no
debo. Y actuar en consecuencia. Y la experiencia les da la razón. No hay hom
bre sin autodisciplina, sin control de sí mismo.
“ Jamás me dejaré llevar por el sentimiento y por el corazón, sino por la razón
y mi conciencia” .
Aquí está el remedio. Mal le hubiera ido a Sor Teresa de no haber puesto
en práctica esta resolución, dado su gran fondo de orgullo y su tendencia a
obrar independientemente y con altivez. Ella nos habla de las “ rabietas fero
ces’’ que le daban de pequeña. De sus “ rezongos” . De su repugnancia a obe
decer. De que, en ocasiones, “ siente sublevarse todo su ser” . De que, todavía
a sus 17 años, en el colegio, llegó a botar con rabia un dulce que le dieron
por creerlo muy chico. Pero, al menos desde los 9 años, se propuso muy en
serio controlarse. Y humillándose cada vez que quebrantaba su propósito, y
dominando sus impulsos las más de las veces, logró alcanzar la ecuanimidad,
dulzura y apacibilidad que admiraron todos en ella.
“ Me esmeraré por labrar la felicidad de los demás” . “ Mi resolución: sa
crificarme por todos” .
Son también propósitos de Juanita. Cuantos jóvenes aspiren a la madurez
humana deben indispensablemente hacerlos suyos. Porque es principio archisa-
bido y archirrepetido que únicamente abriéndose a los demás, dándose, saliendo
del propio egoísmo en busca del bienestar de los otros, es como se realiza y
madura la persona humana. Por eso lo exigió Cristo terminantemente a sus
seguidores. Y quienes no se esfuercen por vivirlo, ni llegarán a ser hombres
nuevos, ni serán capaces de construir el mundo nuevo más humano y unido
que tanto anhelan.
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HACIA LA PLENITUD HUMANA
Apremiante invitación a unificar la vida para lograr la plenitud humana.
Tal es el mensaje de Sor Teresa para los cristianos del siglo XX.
Juanita — ya queda dicho— ha conseguido armonizar lo divino y lo humano
integrándolo en su vida en admirable síntesis. Para ella no hay dos vidas su
perpuestas: una natural, profana y la otra sobrenatural, espiritual. No hay
sino una única vida humana plenificada por el amor divino, divinizada. Vivien
do abierta a la voluntad de Dios y no apartándose ni un punto de ella, conjuga
con naturalidad encantadora el trato con Dios y con los hombres, como queda
ponderado. Convertida en Sor Teresa, más endiosada todavía por haber rendido
incondicionalmente su querer al divino, continúa amable y comunicativa y ale
grando y embromando a las religiosas. Y a los destinatarios de sus cartas.
Desde su recoleta celda conventual escribió estas líneas rebosantes de
exquisita ironía: “ Acerca de lo que me dices del paseo de la Alameda, no he
podido menos que reírme. Pues ya te veo a ti, con misión de pescar, pasar
en medio de los galanes con actitud virgen; con los ojos bajos; con el sombrero
a media cabeza y con tu peinado de postulante, y con el paso bien apresurado” .
La destinataria, amiga de Sor Teresa, había optado por consagrarse al
apostolado de la caridad, renunciando al matrimonio. Estaba en su derecho.
Pero como sus padres le obligaban a pasear en la Alameda, debía hacerlo con
gracia y naturalidad por complacerles. Y caso de que llegara el galán, aunque
sus padres quisieran imponerse, lo correcto era defender con firmeza y respeto
su derecho. Eso le vino a decir Sor Teresa, porque era lo elegante, lo humano,
lo cristiano. Precisamente porque era lo divino. En este caso, no por malicia,
sino por timidez — al obedecer a medias a sus padres— se apartaba esa joven
del querer divino. Y hacía el ridículo. La obediencia a Dios le hubiera salvado
de su extravagancia. Y la obediencia a Dios salvaría al vicioso de la degra
dación que le trae destruido, que lo animaliza. ¡Qué verdad es que el hombre
sin Dios se deshumaniza! En cambio, en diálogo con Dios, abierto y disponible
a su querer, entrando en comunión con el Infinito, alcanza el nombre su plena
dignidad. Su naturaleza, lejos de quedar destruida, queda así enriquecida, per
feccionada, divinizada.
A esta meta ha llegado Sor Teresa. Por eso, rebosante de satisfacción, ne
cesita proclamar en todos los tonos — como lo hace en su correspondencia— que
está gustando anticipadamente la felicidad del cielo.
Sabe muy bien que, sumergida como está en esa atmósfera divina, su vida
entera — sin excluir ninguna de sus acciones— es una alabanza de' gloria a la
Sma. Trinidad. Y eso mismo nos pide a todos: que convirtamos toda nuestra
vida en culto, en ofrenda, en “ melodía continua de amor” para Dios.
Muchos lo habían olvidado y venían separando lamentablemente su vida
religiosa de su vida profana. Y el cristianismo quedaba desprestigiado con pro
cederes y conductas en franca oposición con las creencias. Por eso llegó la
severa advertencia del Concilio Vaticano H contra los que incurrían en tal in
coherencia.
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_____________ EN EL CARMEN: ESCRIBE SOR TERESA------------------------
— Jesucristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca. Es martirio el que pa
dezco al ver que corazones nobles y bien intencionados, corazones capaces
para amar el bien, no amen al Bien infinito e inmutable; que corazones
agradecidos a las criaturas no lo sean con aquel que los sustenta, que
les da la vida y los sostiene, que les da y les ha dado todo, hasta darse
El mismo.
— ¡Si supieras la felicidad que inunda mi alma en cada instante de mi vida
escondida en Dios! Me parece que principié a vivir sólo el 7 de mayo.
Te aseguro que todos los sacrificios hechos me parecen nada. Eso que
no han dejado de dolerme hasta lo íntimo del alma. Vivimos riéndonos
y amando. No te imaginas la alegría, la confianza y la sencillez que
reina. Me encuentro en mi centro.
— Todo es alegría y sencillez en el Carmen. Y cada una se esmera en poner
de su parte cuanto pueda para alegrar a sus hermanas.
— Mi celda es bien pobrecita, pero en ella paso con Nuestro Señor en íntima
conversación de corazón a corazón.
— Por Jesús he preferido ser pobre y trabajar; ya que El por mi amor se
hizo pobre, yo por amor a El quiero serlo.
— Dios es Amor y Alegría y El nos la comunica. Sólo Dios basta. Fuera
de El no hay felicidad posible.
— En cuanto a Dios, no me lo represento de ninguna forma, para ir a El
por fe.
— Después que comulgo me siento en el cielo, y dominada por el amor
infinito de mi Dios. A veces mi solo consuelo en este destierro es la
comunión, donde me uno íntimamente con El.
— Seamos una melodía continua de amor para nuestro buen Jesús.
— Para una carmelita la muerte no tiene nada de espantable. Va a vivir la
vida verdadera. Va a caer en brazos del que amó aquí en la tierra sobre
todas las cosas. Se va a sumergir eternamente en el amor.
Sor Teresa, que tan estupendamente captó y asimiló esa exigencia del Evan
gelio, puede con todo derecho recordárnosla a los cristianos de su siglo, hacién
dola mensaje propio. Y repetimos: Que no debe haber para nosotros sino una
única vida humana. Toda ella cristiana, espiritual, es decir, de acuerdo al
espíritu de Cristo. Que estamos obligados a dar culto a Dios no únicamente
la hora de la misa dominical y los minutos diarios dedicados al rezo, sino todos
los minutos del día y todas las horas de la semana. Cuando nuestra oración
sea — como la de Sor Teresa— una conversación íntima con Cristo, en la que
tratemos familiarmente con El, saliendo de ella dispuestos a sacrificar de
nuestra vida personal y social lo que le desagrada, toda nuestra vida, unificada,
será auténticamente cristiana. Sí; también la de los negocios, la profesional, la
del hogar. Y entonces todo nuestro día — incluso las diversiones— serán culto,
liturgia, melodía continua, glorificación de Dios.
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Registro Inscripción N? 45.142
fecha 22 de Marzo de 1976
CON LAS DEBIDAS LICENCIAS
Para notificación de gracias recibidas, dirigirse a:
MM. Carmelitas
Av. Sarmiento, 389
Casilla 201 - LOS ANDES.