LA SAL COMÚN
La sal común o sal de mesa, conocida popularmente como sal, es un tipo
de sal denominada cloruro sódico (o cloruro de sodio), cuya fórmula química es NaCl.
Existen tres tipos de sal común, según su procedencia: la sal marina y la de manantial,
que se obtienen por evaporación; la sal gema, que procede de la extracción minera de
una roca mineral denominada halita, y la sal vegetal, que se obtiene por
concentración, al hervir una planta gramínea (método también utilizado para la
obtención de azúcar a partir de otra planta gramínea) que crece en el desierto
de Kalahari.
La sal proporciona a los alimentos uno de los sabores básicos, el salado, que es
posible percibir debido a que la lengua tiene receptores específicos para su detección.
El consumo de la sal modifica el comportamiento frente a los alimentos, ya que es
un generador del apetito y estimula su [Link] emplea fundamentalmente en dos
áreas: como condimento de algunos platos y como conservante en
los salazones de carnes y pescado (incluso de algunas verduras), así como en la
elaboración de ciertos [Link] el siglo XIX, el uso industrial de la sal se ha
diversificado e interviene en multitud de procesos, como por ejemplo en la industria del
papel (hidróxido de sodio -NaOH-), la elaboración de cosméticos, la industria química,
etcétera. En el siglo XXI, la producción mundial de sal total destinada a consumo
humano no alcanza el 25 por ciento de la producción total.
La sal es la única roca que es comestible para el ser humano, y es posiblemente el
condimento más antiguo. Su importancia para la vida es tal que ha marcado el
desarrollo de la historia en muchas ocasiones, y sigue moviendo las economías y es
objeto de impuestos, monopolios, guerras, etcétera. Fue incluso un tipo de moneda. El
valor que tuvo en la antigüedad se redujo desde que comenzó a disminuir su demanda
mundial para el consumo humano, debido en parte a la mejora en su producción y a la
conciencia mundial que ha generado la posible relación que posee con la aparición de
la hipertensión. En el siglo XXI, las dietas procuran incluir menos sal en sus
composiciones, y los nuevos sistemas de conservación
(pasteurizados, refrigerados y congelados, alimentos envasados al vacío, etcétera)
permiten evitar por completo el empleo de la salazón sobre los alimentos.
La sal es un condimento barato y que puede conseguirse fácilmente en cualquier
tienda o supermercado. El consumidor la encuentra en tres formatos: fina, gorda o en
forma de copos (esta última suele utilizarse en la alta cocina). Se comercializa también
de dos tipos: como sal refinada, la más habitual, en forma de cristales homogéneos y
blancos, y como sal sin refinar, cuyos cristales pueden ser más irregulares y menos
blancos.
Un número cada vez mayor de países la comercializan como un alimento funcional al
que se le añade yodo para prevenir enfermedades locales, como el bocio, o flúor para
prevenir la caries.