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Cuerpos No Monógamos y Resistencia

Este documento presenta una investigación sobre las relaciones no monógamas desde una perspectiva feminista. En primer lugar, analiza los orígenes de la monogamia y el amor romántico en el capitalismo, y cómo el feminismo histórico ha criticado este modelo. Luego, utiliza relatos personales y una revisión teórica para explorar formas alternativas de relacionarse afectiva y sexualmente fuera de la monogamia normativa. Finalmente, propone estrategias de resistencia feminista y reflexiona sobre los desafíos y posibilidades de

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Cuerpos No Monógamos y Resistencia

Este documento presenta una investigación sobre las relaciones no monógamas desde una perspectiva feminista. En primer lugar, analiza los orígenes de la monogamia y el amor romántico en el capitalismo, y cómo el feminismo histórico ha criticado este modelo. Luego, utiliza relatos personales y una revisión teórica para explorar formas alternativas de relacionarse afectiva y sexualmente fuera de la monogamia normativa. Finalmente, propone estrategias de resistencia feminista y reflexiona sobre los desafíos y posibilidades de

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IKASKETA FEMINISTAK ETA GENEROKOAK MASTERRA

MASTER EN ESTUDIOS FEMINISTAS Y DE GÉNERO

Curso académico 2017 - 2018 Ikasturtea

Cuerpos no monógamos
Género, agencia y prácticas de resistencia
feminista

Egilea / Autora:
Anna Berbel Ortega

Tutorea / Tutora:
Mari Luz Esteban Galarza

Septiembre 2018ko Iraila


“Querían enseñarme a amar a su manera
que atara el porvenir, que no le permitiera
trepar la enredadera de otros cuerpos,
colgarse de otras risas,
colarse en la boca de otras fieras.
Me habían preparado la cartilla sencilla,
decían que no dijera la verdad,
si no me apetecía que me hicieran las cosquillas hoy a mí;
hoy aquí, hoy ahora.”

Pedro Pastor – Amar

2
Agradecimientos

Este trabajo es el resultado de mucho esfuerzo tanto académico como personal; de

muchas horas, muchas lecturas, muchos trayectos en coche, muchas conversaciones

entre cervezas, muchas noches y de muchas preguntas. Han sido muchas las personas

que, de manera más o menos consciente, le han dado forma y sentido a estas líneas;

y, es difícil en poco espacio conseguir darles las gracias a todas ellas.

Sin olvidarme de ello, igualmente quiero dar las gracias especialmente a Mari Luz

Esteban, por haber inspirado este trabajo y haberlo guiado de principio a fin. Por su

paciencia y sus minuciosas correcciones. Por supuesto también a las protagonistas, por

su predisposición, por abrirse, por compartir, por las ganas de seguir avanzando y de

hacerlo conjuntamente. A mi tribu feminista de Bilbao, con quien más allá de compartir

aula y largos trayectos en coche, me he acuerpado y me he sentido libre y liberada. Y

especialmente a Andrea, porque habitar los límites a tu lado ha supuesto mi

supervivencia. Sin duda, también a mi red afectiva, porque incluso antes de que

empezara a escribir ya querían leer el trabajo, y la distancia no ha impedido que me

llegaran vuestros ánimos y vuestro apoyo. También a mis padres, que, a pesar de no

entenderlo, están ahí de manera incondicional. A mi hermano, por haberme leído, por

creer en mí y hacerme ir siempre un paso más allá. Y a Duna, por estar, por

acompañarme mañanas, tardes y noches sin tener que pedírselo. Y por último, muy

especialmente a Luis y a Ana, por creer en esto y no haberme soltado la mano en

ningún moment

3
Índice

Introducción y justificación (situada)


1. Pregunta de investigación, objetivos e hipótesis ................................. 8
1.1. Pregunta de investigación ..................................................................... 8
1.2. Objetivos .............................................................................................. 8
1.2.1. General ............................................................................................................... 8
1.2.2. Específicos .......................................................................................................... 8

1.3. Hipótesis .............................................................................................. 8

2. Repensando el amor y la monogamia .................................................10


2.1. La importancia de estudiar el amor ......................................................10
2.2. Familia, amor, monogamia y capitalismo ..............................................16
2.2.1. Cómo el amor conquistó el matrimonio ............................................................ 18
2.2.2. Amor romántico posmoderno: amor, consumo y exclusividad........................... 22

2.3. Feminismo y no monogamia(s): de Mary Wollstonecraft a Brigitte


Vasallo…... .....................................................................................................27
2.3.1. Amor libre feminista desde el siglo XVIII ........................................................... 27
2.3.2. Ensayando no monogamia(s) críticas e inclusivas............................................... 30

3. Enfoque teórico – metodológico ........................................................44


3.1 Otras maneras de (re)conocer ..............................................................44
3.1.1. Cuerpo (agente) ................................................................................................ 46
3.1.2. Agencia............................................................................................................. 49

3.2. Producciones Narrativas, practicando la escritura compartida ..............53


4. Relatos cotidianos imperfectos: ensayando nuevas formas de estar,
querer y desear .........................................................................................58
4.1. Sua ......................................................................................................59
4.2. Alex .....................................................................................................60
4.3. Sam .....................................................................................................61
4.4. Girasol .................................................................................................62
4.5. Carla ....................................................................................................63
5. Tejiendo un análisis sobre el amor ......................................................65
5.1. Crítica al modelo de amor romántico ...................................................65
5.2. Ensayando la contra-hegemonía afectivo-sexual: de la teoría a la
práctica. .........................................................................................................69
5.2.1. El papel del género y la preferencia sexual ....................................................... 79
5.2.2. El papel del sexo y de lo afectivo ...................................................................... 80
5.2.3. El lenguaje construye relaciones y jerarquías..................................................... 84

4
5.3. Estrategias de resistencia feminista para sobrevivir en un mundo
monógamo .....................................................................................................85
5.3.1. Poner los cuidados en el centro ........................................................................ 88
5.3.2. Problematizar los celos, la exclusividad y las rivalidades.................................... 93
5.3.3. Otras maneras de estar, desear, querer y nombrarse ........................................ 96

5.4. La importancia del feminismo en la revolución de los cuerpos, los deseos


y los afectos…. ............................................................................................. 100
5.5. Hacia dónde queremos ir ................................................................... 103
5.5.1. (Con)vivir en colectivo ..................................................................................... 105

5.6. Reflexiones en torno a los privilegios y los derechos legales de las no


monogamias….………………………………………………………………….………108
6. Algunas conclusiones ........................................................................112
7. Bibliografía .......................................................................................118
8. ANEXOS ...........................................................................................127
Anexo I - Guía Narrativas ........................................................................128
Anexo II – Narrativas ...............................................................................132

5
Introducción y justificación (situada)

Mujer, blanca, feminista, disidente afectivo-sexual, (de)formación psicóloga social

crítica y de Barcelona; entre otras cosas. Sin tener muy claro en qué orden o si

necesariamente tienen un orden, todo ello intersecciona en mí, encarnándose en mi

cuerpo y condicionando mi manera de habitar el mundo en general y mis relaciones

sexo-afectivas en concreto.

La presente investigación responde a mis preocupaciones y reflexiones sobre las

implicaciones individuales, sociales y políticas que suponen las diversas formas de

relacionarnos sexo-afectivamente fuera de los marcos de la monogamia. Reflexiones

que responden a las vivencias que han ido dándome forma; a los conocimientos que

he ido adquiriendo en los últimos años en la academia y fuera de ella, así como de las

personas con las que he tenido el placer de acuerparme, reflexionar, debatir y disfrutar.

He cerrado puertas, problematizado otras y dejado fascinar por otras más. Lugares y

lecturas feministas que me han permitido reconocerme, ser, estar y dar espacio a mis

miedos y a mis contradicciones. Parándome a ratos, unas veces por sentirme perdida

y otras para darme cuenta de mis pasos, de qué lugar ocupo, de mis límites y de mis

privilegios, y también para pensar dónde estoy y hacia dónde quiero ir. Es desde esa

autoreflexividad desde donde me asumo como plural, cambiante y situada, y por lo

tanto asumo mis pasos y mis prácticas como tal. Lo leído, aprendido y vivido, y sobre

todo mis ganas de seguir reflexionando de manera teórica y práctica sobre las

posibilidades y las consecuencias de construir relaciones afectivo-sexuales más libres e

igualitarias me han traído a Euskal Herria y a la antropología feminista.

Situándome desde este punto de partida y asumiendo consciente y explícitamente que

toda la investigación estará impregnada de los goces, tensiones y contradicciones que

se desprenden de mi opción de subvertir -o al menos intentarlo- la monogamia;

pretendo seguir haciendo camino, planteando cuestiones que nos permitan seguir

repensando como queremos y podemos relacionarnos de manera más libre.

Para ello la primera parte de la investigación está planteada como un espacio de

reflexión teórica en el que se aborda en primer lugar la importancia de estudiar el amor,

6
entendido como un fenómeno social y cultural situado, así como profundamente

político. En segundo lugar, se pone el foco en cómo se ha ido articulando la idea de la

familia, el amor, la monogamia y el capitalismo; desde una perspectiva socio-histórica.

Y, por último, se pone el foco en los modelos relacionales no monógamos emergentes

en los últimos años en Occidente, problematizando los que suponen una alianza con el

sistema capitalista patriarcal y focalizando en los que emergen como apuesta política

feminista.

Con la intención de seguir sumándome a la producción de narrativas disidentes en la

línea que están trabajando las compañeras feministas lesbianas no monógamas de

Abya Yala1, la segunda parte de la investigación gira alrededor de las narrativas de Sua,

Alex, Sam, Girasol y Carla. Cinco relatos que corporeizan experiencias de no

monogamia vividas desde una lógica feminista. Cinco experiencias singulares, vividas,

contradictorias e inacabadas. Cinco experiencias con puntos en común, que dejan

entrever cuáles son los límites y las potencialidades de habitar el mundo desde una

lógica no monógama feminista. Cinco narrativas centrales, que dan forma a la

investigación al ponerse en diálogo con las aportaciones de diferentes autoras y con

mi ‘yo investigadora’. Por cuestiones de extensión, las narrativas están incluidas en el

Anexo II, pero lejos de que se asuman como una cuestión accesoria, se recomienda

hacer su lectura tras la presentación de las mismas, tal y como se indica más adelante.

En esta segunda parte, se lleva a cabo un análisis de las mismas, centrado en los

procesos de agencia que estos cuerpos no monógamos llevan a cabo para domesticar

sus afectos y sobrevivir en un contexto pensado para ser habitado desde la

monogamia. Y, por último, se recogen algunas conclusiones y principalmente se

formulan nuevas preguntas para seguir repensando colectivamente como nos

queremos relacionar, querer y desear.

1
Abya Yala en la lengua del pueblo kuna (Panamá) significa ‘tierra madura’, ‘tierra viva’ o ‘tierra que
florece’ y es el término con el que muchos de los y las actuales indígenas recuperan, para autodesignarse,
en oposición al nombre colonialista de ‘América’.

7
1. Pregunta de investigación, objetivos e hipótesis

1.1.Pregunta de investigación

¿Cuándo y de qué manera los cuerpos no monógamos críticos, es decir, las personas

que, apoyándose en la revisión feminista del amor, han decidido tener relaciones

afectivo-sexuales no monógamas con el fin de poner en cuestión el modelo de amor

romántico hegemónico, son resistencias políticas?

1.2.Objetivos

General

Analizar los discursos y las vivencias de personas que viven la no monogamia como

una apuesta política feminista.

Específicos

- Analizar cómo el feminismo ha influido en la construcción de las relaciones sexo-

afectivas no monógamas de las participantes.

- Analizar los goces, las tensiones y las contradicciones que viven las personas

que optan por relaciones no monógamas críticas, tanto en relación con su

medio más cercano como en la sociedad en general.

- Analizar la agencia de los cuerpos no monógamos críticos: cuáles son las

estrategias de resistencia que desarrollan en contra del mandato de la

monogamia.

1.3.Hipótesis

- Los cuerpos no monógamos críticos resignifican los espacios que ocupan y la

forma de entender y estar en el mundo, dando lugar a maneras de resistir y

modificar la realidad.

8
- Las diversas formas de relacionarse sexo-afectivamente desde los cuerpos no

monógamos críticos tienden a ser más horizontales e igualitarias si se conciben

como apuesta política feminista.

9
2. Repensando el amor y la monogamia

2.1. La importancia de estudiar el amor

El amor ha tenido diferentes lecturas a lo largo de la historia, significando diferentes

experiencias personales, colectivas y sociales tanto de contenido afectivo, como

intelectual y erótico; en función de la cultura y de la época (Lagarde, 2001:343). En los

últimos dos siglos, especialmente en el siglo XX, en Occidente el amor adquirió un gran

valor simbólico y cultural; convirtiéndose en uno de los motores principales de la acción

individual y colectiva (Evans, 2003), y a su vez también ha sido – y es – vehículo

privilegiado para el control del orden social (Coria, Freixas y Covas, 2005), ya que está

in-corporado en los procesos de socialización generizados que organizan la

cotidianeidad (Esteban, 2011).

La dimensión transhistórica del amor, así como el sinfín de experiencias diversas que

se le asocian y el imaginario de que es algo intangible y etéreo, dificultan su definición.

Es por ello que lejos de que exista – o pueda existir – una definición universal del

mismo, conviven una multiplicidad de aproximaciones. Aun así, una de las conclusiones

que extrae Esteban en su revisión sobre la crítica feminista del amor, es que a pesar de

que ha habido una preocupación latente respecto a los efectos negativos de las

convenciones amorosas, la producción social y política es mucho menor en

comparación con otros temas como la sexualidad, la violencia o el trabajo (2011:149).

Esta falta de corpus teórico2 puede responder, como apuntan algunas autoras, al hecho

de que en las sociedades heteropatriarcales capitalistas occidentales se nos hace creer

que todo lo relacionado con el amor forma parte de la naturaleza humana,

especialmente de la de las mujeres, y que se trata de una cuestión universal y

existencial (Esteban, 2011; Latorre, 2018), siendo “el amor el motor de la vida y el

sentido de la existencia” (Lagarde, 2001:343-348). Esta máxima nos acompaña durante

toda la vida, pues vivimos continuamente bombardeadas por una producción cultural

2
Aún así, cabe destacar que en las últimas décadas están empezando a surgir bastantes teorizaciones
sobre el amor.

10
romántica que nos lleva a naturalizar el amor y la centralidad del amor de pareja,

dificultando así, que nos planteemos la necesidad de reflexionar y discutir sobre ello

(Lagarde, 2001; Esteban, 2011).

La antropóloga Marcela Lagarde expone que las mujeres no nacemos amando, sino

que aprendemos a amar (2001:348), y no nos han enseñado de igual forma -que a los

hombres- lo qué significa amar y ser amadas (Latorre, 2018). En esta línea, es muy

interesante e ilustrativa la crítica que recoge Lagarde (2001) que Simone de Beauvoir

le hace a su compañero Jean Paul Sartre, en el momento en el que la pareja está

planteando una nueva ética amorosa. Sartre alude en todo momento a la libertad

universal, a lo que Beauvoir le contesta que no se puede plantear la universalidad de

una experiencia -en este caso del amor- cuando la condición social, sexual y de género

es desigual.

Es por ello que se hace imprescindible desentrañar el significado del amor en nuestra

sociedad con el objetivo de dejar al descubierto los cimientos de nuestra cultura, y al

mismo tiempo, evidenciar nuestras propias contradicciones y excesos (Esteban, 2008:

159). En esta labor son claves las voces y experiencias feministas que pongan en

evidencia

el amor como algo que no es irremediable ni funciona como una avalancha que

te arrastra y te arrasa la vida. Por primera vez aparece el amor como una

experiencia en la que se puede intervenir, decidir, elegir y optar; características

todas que tienen que ver con la libertad. Cuando es así, el amor se convierte en

una experiencia en la que se puede negociar (Lagarde, 2001:381-382).

Es por ello que las necesarias teorizaciones feministas, críticas con el planteamiento

esencialista y patriarcal del amor, pueden generar reticencias, pues, como apunta

Shulamit Firestone, es necesario tener en cuenta “el pánico que sentimos cada vez que

algo amenaza al amor, [lo que] es una buena pista para comprender su importancia

política” (1976:159).

11
Llegadas a este punto, partiendo de que el amor se inscribe de manera distinta en los

cuerpos socializados como hombres y en los socializados como mujeres, creo que

deberíamos preguntarnos cómo podemos re-formular una propuesta amorosa que

supere este binarismo y que por lo tanto posibilite la no producción de mujeres y

hombres sin quererlo3. Y si “puede ser el amor una herramienta para la subversión (…)

un instrumento para el cambio social, en este contexto de crisis global” (Esteban,

2011:179).

Mi investigación, situada, subjetiva, parcial e incompleta (Haraway, 1995), no pretende

ser una aproximación (más) para intentar definir el amor en general, y la no monogamia

en particular, sino un ejercicio de reflexión que se aproxime tímidamente a contribuir

a la propuesta de Esteban de elaborar una teoría radical del amor4. Una aproximación

enfocada a poner en evidencia, desde una perspectiva feminista, los peligros de ciertas

ficciones amorosas, problematizando su potencialidad para generar dinámicas de

desigualdad y poder así transformarlas en otras más igualitarias, más justas y más

vivibles, y que, como dice ella, sin ser por ello necesariamente menos pasionales.

Así, la presente investigación pone el foco en la problematización de la monogamia,

centrándose en las alternativas que están emergiendo como resistencias a la misma.

Un objeto de estudio que no ha sido especialmente abordado por la academia,

tampoco desde el movimiento feminista. Considero que, a pesar de la fuerte

problematización que se le ha hecho al ideal de amor romántico hegemónico y las

múltiples reivindicaciones por la autonomía y la autodeterminación del propio cuerpo,

el pensamiento monógamo no se ha puesto en cuestión lo suficiente.

Aun así, cabe destacar que recientemente está surgiendo un interés mayor sobre las

fórmulas no monógamas de relación. Un interés que va más allá de los contextos

feminista; prueba de ello es que cada vez más personas están familiarizadas con el

3
Esteban aborda esta cuestión planteando la necesidad de “negar el amor” para ser personas. Negar, en
el sentido de tomar distancia, descentrarlo, desencarnarlo y reencarnarlo. Negar el amor, inspirándonos
en Judith Butler, debería tener como resultado no devenir mujeres (2011:164).

4
Esteban plantea una teoría radical del amor inspirada en el planteamiento de Gayle Rubin en torno a la
sexualidad (1989:130).

12
término poliamor (estén a no de acuerdo con el mismo) e, incluso, me atrevo a intuir

por lo que observo a mi alrededor, que es una cuestión que cada vez está más presente

en las negociaciones de pareja, independientemente de que luego se pongan en

práctica o no. Es un hecho que las formas relacionales fuera de la monogamia ganan

cada vez más terreno en las redes, así como en la producción cultural romántica actual.

Popularmente se usa el término poliamor como concepto paraguas para referirse a la

variedad de prácticas no monógamas, pero, de hecho, es precisamente a la inversa. El

poliamor constituye una de las posibles maneras de vivir la no monogamia y no al revés.

Giazú Enciso, basándose en la literatura -principalmente anglosajona - de los estudios

del poliamor define el mismo “como una relación comprometida de amor y honestidad

entre más de dos personas al mismo tiempo, donde todas las involucradas saben la

existencia y tipo de relación de todas. Generalmente se piensa a largo plazo y no

necesariamente implica relaciones sexuales” (Haritaworn, Lin & Klesse, 2001; Barker &

Langdridge, 2010b en Enciso, 2015: 2).

En la presente investigación no voy a usar el término ‘poliamor’ (a no ser que me refiera

específicamente a este tipo de prácticas o que la autora que vaya a citar enmarque sus

argumentaciones desde ahí), por dos motivos: por un lado, porque la palabra poliamor

remite por su etimología a considerar a varias personas involucradas, y desde mi punto

de vista, no es necesario ni siquiera tener pareja para vivir la disidencia amorosa; y, por

otro lado, porque el concepto de poliamor hace referencia directa y exclusiva al vínculo

amoroso, y para mí ese vínculo puede ser también erótico y/o sexual sin ser,

necesariamente, amoroso. Por lo contrario, voy a hacer referencia a la no monogamia,

asumiéndola plural, pues existen diversas formas de entenderla y de optar (o al menos

intentarlo) por relacionarse fuera del marco de la monogamia. Más concretamente en

la presente investigación el foco está puesto en las personas que optan por

relacionarse de manera no monógama de forma crítica y feminista.

Desde este punto de partida, se pretende reflexionar sobre todas estas cuestiones a

partir de un análisis de diferentes subjetividades y experiencias de personas de las

cuales describiré sus casos concretos, singulares e individuales, aunque asumiendo que

13
pertenecen, eso sí, a colectivos y marcos sociales, culturales e históricos concretos. Me

fijaré en las interrelaciones, las comparaciones y los conflictos entre unas y otras

(Esteban, 2008).

Para ello, ha sido clave el trabajo de la antropóloga feminista Mari Luz Esteban,

especialmente, sus libros Crítica del pensamiento amoroso (2011) y Antropología del

cuerpo (2013), y las aportaciones y reflexionas de la activista y escritora Brigitte

Vasallo5. La influencia de Esteban y Vasallo puede verse de manera transversal en toda

la investigación, cobrando especialmente sentido cuando se entrelazan con las voces y

las teorizaciones de muchas otras autoras. No es casual que las autoras tomadas como

referencia sean mujeres; mujeres con diferentes lugares de enunciación, tanto dentro

como fuera de la academia. Todas ellas han sido, sin duda, una fuente de inspiración y

de referencia para aterrizar inquietudes, encontrar respuestas, pero sobretodo para

seguir formulándome preguntas.

Antes de entrar a conceptualizar la no monogamia, dado que existen múltiples maneras

de entender el amor, las emociones, los cuerpos y el género, me parece imprescindible

evidenciar en qué términos entiendo estas categorías. Todas ellas enmarcadas dentro

de una antropología del cuerpo y de las emociones, muy atenta también a las

condiciones materiales y económicas de la existencia.

En primer lugar, cuando hable del amor, lo haré tomando como referencia la apuesta

de Dorothy Tennov (1979), quién entiende el amor siempre como un complejo modelo

de pensamiento, emoción y acción. Igualmente, me acojo a la propuesta de Mari Luz

Esteban, Rosa Medina y Ana Távora, quienes entienden el amor como ideología

cultural y a su vez como configurador de las prácticas sociales e individuales que dan

lugar a los procesos de construcción de las relaciones de género (2005:2). En esta

misma línea, las emociones se abordan desde una dimensión política y social que deja

atrás los reduccionismos biologicistas, concibiéndolas, como “articulaciones cognitivas,

morales e ideológicas: pensamientos, formas de valoración encarnadas,

5Los trabajos que yo he tomado como referencia se han publicado mayoritariamente en blogs y en
diarios digitales. Y, mientras escribo estas líneas ella está acabando de escribir las de su libro Pensamiento
monógamos, terror poliamoros, que no dudo que será un/el/mi libro de referencia sobre el tema en cuestión.

14
representaciones y prácticas que involucran al cuerpo y se producen siempre en

interacción o remiten a ella” (Esteban 2011:156).

Por lo que refiere al cuerpo, éste es entendido cómo “un agente encarnado, como un

nudo de estructura y acción; el lugar de la vivencia, el deseo, la reflexión, la resistencia,

la contestación y el cambio social, en diferentes encrucijadas económicas, políticas,

sexuales, estéticas e intelectuales“ (Esteban, 2004; en Esteban, 2009:35). Por último,

entiendo el género desde una visión dinámica y relacional con el contexto. Siguiendo

a Judith Butler (1993; 1999), quien entiende el género como un conjunto de actos

discursivos y corporales que se repiten continuamente pero son al mismos tiempo

transformados, y a Stolcke (2003), que entiende “el género no como lo que “somos” –

identidades fijadas culturalmente, masculinas o femeninas–, sino fundamentalmente

“como lo que hacemos” (en Esteban 2009:34). Partiendo de este planteamiento, “el

género, por tanto, es el cuerpo, ya que un determinado sistema de género produce

unos determinados cuerpos” (Esteban, 2011: 166).

Desde este esquema relacional pero también corporal, ser o sentirse hombre o

mujer, o como quiera que se viva el género, así como tener relaciones

heterosexuales, lesbianas o del tipo que sea - monógamas o no monógamas -

serían procesos totalmente dinámicos, prácticas que irían constituyéndose y

modificándose, consciente o inconscientemente, dentro de marcos contextuales

plurales, pero al hilo también de sensaciones físicas y emocionales que están en

permanente discusión con las coordenadas históricas y sociales que las hacen

posibles (Esteban, 2011: 167).

Siguiendo la lógica de Esteban para la comprensión del género y del cuerpo, añado

que las maneras que ciertos cuerpos sienten, se expresan, se relacionan, se comunican,

se cuidan, se atraen, se muestran afecto y deseo, fuera de los marcos de la monogamia,

produce unos determinados cuerpos, los cuales propongo llamar cuerpos no

monógamos.

15
2.2. Familia, amor, monogamia y capitalismo

Pero, ¿no es toda política -de izquierda a derecha- siempre una política del
cuerpo, la sexualidad, el género y la familia?
(Illouz, 2016:15)

Para entender a qué lógicas responden las relaciones afectivo-sexuales en las

sociedades occidentales posmodernas y en qué marco surgen otras maneras

alternativas de vincularse y organizarse, se hace imprescindible una mirada socio-

histórica. Parafraseando al sociólogo Norbert Elias (2006), lo que está ocurriendo hoy,

muy a menudo ya no es comprensible si no se sabe lo que pasó ayer. Aun así, este

apartado no pretende ser un análisis exhaustivo socio-histórico y transcultural6, sino

que voy a centrarme en el marco occidental tomando como punto de partida el siglo

XVIII. Un siglo que supuso un punto de inflexión socio-político con consecuencias en la

mirada y la gestión de la sexualidad, el amor, la pareja y el matrimonio7, entre otras

cuestiones8. Tomarlo como punto de partida nos da claves para entender las

propuestas no monógamas de las sociedades posmodernas, tal y cómo se recoge en

los siguientes apartados.

Para el presente trabajo me fijaré concretamente en cómo se conjugan todos estos

elementos, ya que, como afirma Illouz, son los ladrillos de la sociedad, sobre los que

se asienta el edificio de la política y la economía, erigiéndose desde ahí la realidad de

los acuerdos políticos y económicos (2016:15). Aún así, antes de adentrarnos en ello,

me parece clave apuntar dos aspectos que propone Gayle Rubin. Por un lado, el tener

6
Aun así, sería interesante en futuras investigaciones llevar a cabo una revisión que tenga en cuenta cómo
se conjuga el género, la sexualidad, los vínculos sexo-afectivos y el parentesco, tanto en diferentes
momentos históricos como en diferentes culturas, para complejizar y enriquecer el análisis.

7
Cómo dice Stephanie Coontz en su trabajo Historia del matrimonio: cómo el amor conquistó el
matrimonio, “cuanto más aprendía acerca de la historia antigua del matrimonio, más me daba cuenta de
las dimensiones gigantescas de la revolución matrimonial que se produjo en la parte occidental de Europa
y en Norteamérica durante la Ilustración” (2006:16).

8
Por ejemplo, coincide con la introducción en el imaginario social del dimorfismo sexual y la construcción
patologizadora de las sexualidades disidentes (Laqueur, 1994).

16
en cuenta que “el sexo es siempre político, pero hay periodos en los que la sexualidad

es más intensamente contestada y más abiertamente politizada; y es en tales periodos

que el dominio de la vida erótica es, de hecho, renegociada” (1989:114); cómo lo fue

en su momento el siglo XVIII y cómo lo está siendo la actual era posmoderna9. Por otro

lado, tener presente en todo momento que el género es una división socialmente

impuesta, producto de las relaciones sociales y de la concepción de la sexualidad. Una

división que se ve reflejada en cómo “los sistemas de parentesco basados en el

matrimonio; transforman machos y hembras en ‘hombres’ y ‘mujeres’, cada uno una

mitad incompleta que solo puede sentirse entera cuando se une con la otra” (Rubin,

1975:114). Por consiguiente, el amor, el sexo y las familias son instituciones centrales

para organizar y naturalizar las divisiones de género, razón por la que la ley analiza y

regula con tanto detalle la política de la carne, siendo siempre objeto de control por

los Estados (Illouz, 2016: 16).

Es por todo ello que me parece pertinente poner el foco en estos elementos para

reflexionar acerca de las diferentes maneras de relacionarnos y vincularnos sexo-

afectivamente y de construir proyectos de vida individuales y colectivos alternativos a

los monógamos hegemónicos. En este sentido, y a pesar de que no voy a ocuparme

de ello en el presente trabajo, creo que sería muy interesante y que puede aportar

claves para el análisis, recuperar otras realidades que no ponen la pareja en el centro,

como por ejemplo la experiencia de las monjas en nuestra sociedad, o la de las

guerrilleras del Kurdistán, a pesar de que sus motivos para ello sean distintos a los de

las personas que se relacionan de manera no monógama cómo una apuesta política10.

9
“Revisando las tendencias históricas (…) comencé a descubrir que en todas partes el matrimonio se ha
vuelto más optativo y más frágil. En todas partes el vínculo entre matrimonio y crianza de los hijos, que
antes era predecible, se está disgregando. Y en todas partes las relaciones entre hombres y mujeres están
sufriendo una transformación rápida y a veces traumática” (Coontz, 2006:15)
10
En el caso de las monjas, el hecho de que muchas chicas jóvenes entraran al convento (o entren hoy día
en algunos países latinoamericanos), respondía muchas veces a una estrategia económica por parte de las
familias. Y en el caso de las mujeres guerrilleras del Kurdistán, que deciden alistarte en el combate, por
afinidad ideológica y política a las Unidades de Protección Femeninas, su rechazo de las relaciones
afectivo-sexuales (que se haya documentado, al menos con varones) tiene que ver con el interés de
centrarse en las en la resistencia contra el ISIS.

17
Cómo el amor conquistó el matrimonio11

Hasta el siglo XVIII, en Occidente, la forma de vida predominante era la convivencia

familiar extensa como comunidad económica, la cual jugaba un papel clave para

asegurar la existencia y la sucesión de las generaciones (Beck y Beck Gernsheim, 1998).

El matrimonio cumplía muchas de las funciones que hoy desempeñan los mercados y

los gobiernos. Organizaba la producción y distribución de los bienes y las personas,

suponía alianzas políticas, económicas y militares, y coordinaba la división del trabajo

por género y por edad. El matrimonio determinaba los derechos y obligaciones

personales de las personas en las más diversas esferas, desde las relaciones sexuales a

los derechos sucesorios de la propiedad (Coontz, 2006:20)12.

Teniendo en cuenta la importancia social de estos matrimonios, la conformación del

mismo no recaía en la pareja en cuestión, sino que, como apunta Stephanie Coontz,

eran habitualmente los parientes, los vecinos y otras personas ajenas a la familia, como

jueces, sacerdotes y funcionarios del gobierno, quienes participaban en las

negociaciones (2006:18). Este sistema de emparejamiento dejaba fuera los criterios de

preferencia o sentimiento entre las uniones matrimoniales, pero proporcionaba a la

pareja familiaridad, protección y estabilidad (Beck y Beck Gernsheim, 1998).

El siglo XVIII supuso un punto de inflexión, pues la gente comenzó a adoptar la nueva

y radical idea de que el amor debía ser la razón de mayor peso para unirse en

matrimonio y que debían ser los y las jóvenes quienes debían elegir a su compañero o

compañera (Coontz 2006:15). Ulrich Beck y Elisabeth Beck Gernsheim hacen especial

énfasis en las rupturas con las vinculaciones tradicionales que suponen estas nuevas

concepciones del matrimonio, que conllevan para el individuo la liberación de

11
Este título es tomado del libro de Stephanie Coontz “Historia del matrimonio: cómo el amor conquistó
el matrimonio.

12
Voy a enmarcar este apartado en Occidente, siguiendo a Coontz (2006) que geolocaliza su investigación
en la sociedad norteamericana. Aun así, cabe decir que historiadoras de la familia han visto diferencias
entre zonas; por ejemplo, parece que en algunos lugares, como Inglaterra y el Norte de Europa, la familia
nuclear es más antigua que en el resto de zonas, lo que dificulta hablar de Occidente como un todo
homogéneo.

18
anteriores controles y obligaciones, pero que a la vez anulan también aquellas

condiciones que dieron amparo y seguridad en la sociedad premoderna (1998:74).

Basándome en las autoras que estoy teniendo en cuenta, este cambio de registro

supone que en el siglo XIX se rompa con la familia extensa para pasar a la familia

nuclear – centrada en la pareja conyugal –construida a partir de la elección personal y

desde el ideal de amor romántico (Beck y Beck Gernsheim, 1998; Coontz, 2006; Illouz,

2009). En este sentido, y parafraseando al investigador cultural Jaron Rowan (2013),

amar pasa a significar producir subjetividad, es decir, amar supone hacerse sujeto. Un

sujeto autónomo que pone el deseo en el centro de la producción de la vida en común

con otra persona. Un poner en común que, por un lado, supone recuperar la protección

y la estabilidad que había desparecido al romper las convenciones y los vínculos

tradicionales, pero, por otro lado, constituye a ambos sujetos como dependientes, el

uno del otro.

A pesar de que uno de los aspectos más revolucionarios del amor romántico fue su

capacidad para poner en crisis el poder de las comunidades tradicionales y ofrecer

nuevas formas de ser y estar en el mundo, Coontz apunta que el matrimonio basado

en el amor era sostenido económicamente por el hombre y estaba inspirado en el ideal

de monogamia e intimidad para toda la vida (2006:20). El núcleo familiar monógamo

patriarcal definió rigurosamente y de manera diferenciada el papel que debía ejercer

el hombre y la mujer, siendo el hombre quien debía estar en la esfera de poder

(Chiappini, 2009) y la mujer, relegada a la esfera privada, quien debía encargarse de

los cuidados. En este nuevo escenario, ¿dónde quedaban las mujeres? Se da un

traspaso de poderes, de la comunidad al marido, el cual gana autonomía e

independencia; pero ¿dónde quedan la autonomía y la independencia de las mujeres

en este cambio? ¿En poder elegir (unas más que otras) de quién iban a depender tras

consumar el matrimonio?

Nadia Rosso, entre otras, afirma que el matrimonio por amor es una invención moderna

(2016:67), muy bien articulada con el pensamiento amoroso, monógamo y

19
heterosexual13. Su conjugación con la satisfacción emocional de las personas

involucradas ayudó a perpetuar la institución del matrimonio cómo deseable y

necesaria.

Que haya ciertos aspectos que no se problematicen no es casual, pues, como apuntaba

Michel Foucault (2012), existe una proliferación de discursos articulados y controlados

desde las instituciones (el Estado y la Iglesia principalmente) que emergen en la

revolución liberal, construyendo una sexualidad limitada a la pareja conyugal,

monógama y heterosexual, de esencia reproductora. Estas producciones discursivas

inmersas en la sociedad, penetran en los cuerpos de la ciudadanía condicionando su

cotidianidad, asumiendo ciertas practicas, ideales e imaginarios como naturales. Como

añade el filosofo francés, “entre el Estado y el individuo, el sexo se ha convertido en

una apuesta pública, investida por toda una trama de discursos, análisis y

conminaciones" (Foucault, 2012:29), que llevan a que “el Estado sepa lo que sucede

con el sexo de los y las ciudadanas y el uso de le dan, pero que cada cual sea también

capaz de controlar su función” (ibídem), actuando de manera coercitiva o directamente

prohibitiva con respecto a ciertas formas de expresión (afectivo)sexual que considera

potencialmente peligrosas y desestabilizadoras del orden social, como la no

monógama.

La modernidad occidental supuso también el surgimiento de la vinculación entre amor

y matrimonio, aunque esto no signifique que en otras sociedades y culturas no se

conozca la experiencia del enamoramiento y la pasión (Jankowiak 1995; Bestard 1998,

en Esteban, Medina y Távora 2005). La familia, centrada en la pareja conyugal, se

constituye en un espacio cargado de sentimientos al romperse los antiguos lazos

comunitarios. Asimismo, habría que tener muy presente que esta idealización del amor

y los sentimientos familiares producida en los últimos siglos conduce a las mujeres a

ser las guardianas, las responsables de los sentimientos, lo que al mismo tiempo sirve

para justificar su subordinación (Esteban, 2011:73).

13
A pesar de qué no voy a profundizar en la heteronorma, sin duda las aportaciones de autoras como
Monique Wittig en Pensamiento heterosexual y otros ensayos (1992) son imprescindibles.

20
Es asumiendo esa subordinación de las mujeres, que cobra pleno sentido la pasión

amorosa en el seno de la familia como centro de la reproducción del sistema social, lo

que conllevó una cierta domesticación de la sexualidad (Engels 1981, en Esteban,

Medina y Távora, 2005). Esta domesticación de la sexualidad y del afecto – que voy a

profundizar más adelante – se materializa, entre otros aspectos, bajo los parámetros

de la monogamia, definida por Enciso como “un ‘orden’ específico de elementos

materiales (vivienda, economía, etc.) y semióticos (significados asociados con las

relaciones, expectativas, etc.) que constituyen una red con propiedades ‘emergentes’.

(estados subjetivos, afectivos y emocionales)” (2015:116).

Así, el matrimonio basado en el modelo de amor romántico, fundamentado a su vez

en el supuesto de la complementariedad, la pareja ideal14, el matrimonio para toda la

vida y el mandato de la fidelidad (Mogrovejo, 2016:15), opera como dispositivo

emocional que asegura las prácticas monógamas modulando los afectos y la atracción

interpersonal mediante su constreñimiento en un único objeto de deseo exclusivo y

limitado (Montegamia, Balover, Callthefuture, 2013:85). A lo que Lidia Aguado añade

que el matrimonio se convierte así en una herramienta de exclusivización y posesividad

que tiene el Estado-sistema para crear interdependencias de los cuerpos (2016:96).

Nos relacionamos con las personas a través de una estructura, de un

pensamiento, de unas ideas y unas normas que nos dicen cómo nos tenemos

que relacionar. Estas normas sociales privilegian una forma concreta de

relacionarse y generan cierto tipo de jerarquías y violencias, entre muchas otras

cosas. A este sistema relacional lo podríamos llamar monogamia (Wuwei,

2018a).

14
El concepto de pareja remite al par, a dos, sinónimo de exclusividad, complementariedad (construida
desde la carencia), jerarquía, dominación y sumisión (Mogrovejo, 2016:15).

21
Amor romántico posmoderno: amor, consumo y exclusividad

A principios del siglo XX, en Occidente, tal y como expone Illouz (2009), los

empresarios de la cultura y las industrias tradicionales empiezan a impulsar ciertas

definiciones del romance centradas en la noción de mercancía para promover sus

propios intereses económicos. Desde entonces, la fusión entre el consumo y las

emociones románticas ha ido afianzándose cada vez más.

Las sociedades de consumo actuales, regidas por la cultura de la inmediatez, en la que

los productos están listos para su uso inmediato – y su consecuente remplazo

inmediato también – de soluciones rápidas, de satisfacciones instantáneas, del mínimo

esfuerzo, de los seguros a todo riesgo y de las garantías de devolución del dinero; y

nuestras relaciones interpersonales responden a la misma lógica. El capitalismo,

siguiendo a Marx, ha invadido de manera implacable los rincones más íntimos de

nuestra vida personal y de nuestros vínculos. Illouz considera que el discurso romántico

moderno no se ubica por encima, ni por fuera, ni por delante de la esfera capitalista y

de producción, sino que se ve impregnado del individualismo, la autosuficiencia y el

utilitarismo de dicha esfera (2009: 260).

El sistema capitalista articula la sociedad a partir del deseo y del consumo, siendo el

mercado el que controla casi todo el espectro de las relaciones románticas, ya que,

como apunta la misma autora, la mayoría de prácticas amorosas depende, directa o

indirectamente, del consumo y de las actividades consumistas que han penetrado a

fondo en el imaginario romántico (2009: 204). Así, nuestra experiencia cultural y

nuestras relaciones sociales se han ido entrelazando cada vez más con los productos y

los sentidos de la esfera de consumo, y la mercantilización del romance, que, analizada

desde una perspectiva histórica, ha sufrido una importante profundización, pues ya no

se limita a la esfera pública del consumo, sino que se ha extendido a la esfera privada

del hogar (ibídem). Pensar en los planes que solemos hacer en pareja que suponen

consumir productos o servicios, y las cantidades desmesuradas que los grandes

almacenes llegan a facturar para San Valentín, son ejemplos de ello.

22
La mecánica del capitalismo sobre el amor, el cuidado y el deseo es tan fuerte que es

difícil rescatar el amor del discurso del neoliberalismo que se practica actualmente. El

amor se ha convertido en la piedra angular de la máquina capitalista y neoliberal (Illouz,

2016: 18). En este sentido, la antropóloga Ana Dolores Verdú (2014) expone que en

las relaciones personales posmodernas imperan las leyes económicas basadas en el

racionalismo consumista articulado en la tríada deseo-posesión-consumo, quedando

materializado en el carácter compulsivo que adquieren las relaciones amorosas en la

actualidad. Recordando también lo que apunta el filósofo polaco Zygmunt Bauman

(2003), cuando señala que el amor en las sociedades de consumo no solo pretende

consumir, sino que tiende a la acumulación.

Así pues, el capitalismo produce máquinas de desear y acumular, que se ven

interpeladas ya que “cuanto más se liberaliza el mercado afectivo, más sujetos aparecen

a los que desear” (Rowan, 2013). Esta idea, aunque a priori pueda sonar atractiva,

teniendo en cuenta que en épocas anteriores ni siquiera estaba permitida la elección

de la pareja, tiene implicaciones perversas. Aquí nos surgen algunas preguntas: ¿Cómo

se materializa el hecho de poner el deseo en el centro de la vida? ¿Qué supone en

nuestras vidas entrar en la dinámica de desear, consumir y acumular relaciones? ¿Puede

todo el mundo permitirse desear? ¿Todas las personas somos deseantes y deseables

por igual? ¿Qué desigualdades y violencias se generan por ello? Y, como añade Rowan

(2013), ¿tenemos todas el tiempo y el dinero que requieren los deseos?

Él mismo plantea también que existe un espejismo respecto a la autonomía, pues es

una autonomía que requiere poder ser financiada y no en todos los casos puede serlo.

Esto no deja de ser un ejemplo más de que, a pesar de que el sistema articule un sinfín

de discursos y prácticas para hacernos creer que el amor todo lo puede, la realidad es

que el entramado de categorías que conforman nuestras subjetividades (como el

género, la preferencia sexual, la clase, y el origen, entre otras), nos posicionan en

lugares más o menos privilegiados del sistema que nos llevan a vivir diferentes

experiencias amorosas. Más aun cuando el libre mercado afectivo entra en la ecuación,

pues las alteridades y las distancias entre unas y otras se hacen aún más evidentes, y

23
vivir fuera de la hegemonía y de las posiciones privilegiadas resulta a menudo muy

difícil.

En este nuevo contexto, Verdú (2014) afirma que, ‘el para siempre’ ha quedado atrás

ya que se ha dado una redefinición radical de las estructuras de parentesco que le

daban sentido, pero que, aun así, la idea de emparejarse sigue vigente. El sistema nos

lleva a tener relaciones sucesivas, igualmente monógamas que responden al ideal de

amor romántico. Una monogamia serial o un "emparejamiento compulsivo basado

igualmente en la idea de que las personas estamos incompletas" (Rosso, 2016: 73), que

nos lleva a enlazar una relación detrás de otra, pues se nos convence que ‘un clavo saca

otro clavo’ y que es el amor de pareja (monógama) el que nos lleva a alcanzar la

felicidad. Del mismo modo, Vasallo (2017) también asume que lo de estar con una sola

persona ha acabado y que “en cuestión de compromiso las cosas también han

cambiado, y necesitamos parar y repensar qué implicaciones tienen estos cambios,

pues, como dice Marina Garcés ‘vamos hacia el abismo, porque asumimos una idea de

hiperconsumo: entras y sales de la vida de los otros como si estuvieses en un

supermercado’.”

En este sentido, el conjunto de experiencias definidas como amor se ven ampliadas

enormemente (Verdú, 2014: 4) y, cuánto más grande es el mercado de lo amoroso,

más difícil es comprometerse y más complicado es seleccionar un solo sujeto al que

desear y con el que tener una relación única (Rowan, 2013). Así pues, el neoliberalismo,

atento a los cambios sociales, ha absorbido estas nuevas concepciones del amor, lo ha

reinventado y ha diseñado las estrategias para beneficiarse del mismo. Bauman (2003)

argumenta que, en este nuevo escenario, las relaciones interpersonales han pasado a

ser líquidas por su falta de solidez, de calidez, y por su tendencia cada vez mayor a ser

fugaces, superficiales, etéreas y con menos compromiso. Igualmente, Ariel Russell

(2008) presenta a los sujetos de las sociedades posmodernas como sujetos que ponen

en el centro el individualismo, la autonomía y la autosuficiencia para construir sus

relaciones. Desde la misma perspectiva, Guy Bajoit (2003) apunta que el individuo se

está convirtiendo en el nuevo Dios, el nuevo personaje mayúsculo y, para ello, todos

los aparatos de socialización invitan a los individuos a ser ellos mismos, a realizarse, a

24
singularizase hasta el punto que el lema “be yourself” se ha convertido en el imperativo

categórico de la actualidad.

En este sentido, Miguel Vagalume (2015) reflexiona sobre cómo el hecho de poner el

yo en el centro ha ampliado el abanico de posibilidades y ha reforzado y legitimado el

carácter transitorio y renovable de las relaciones: “Me cuido, me quiero, me comparto

con quien quiero en cada momento. Estar contigo ahora no significa que lo vaya a estar

mañana, o esta tarde.”

La idea de que nuestras posibilidades son infinitas y, por tanto, siempre tenemos

que estar preparados por si aparece una cosa mejor. Una persona mejor. La

sensación es que hasta ahora alguien, por las razones que fuese, te parecía bien

y establecías un compromiso de vida que pasaría por muchas etapas. Ahora

estamos en un punto en que buscamos escoger lo mejor, pero sabiendo que

hay tantas posibilidades, que saldrá de forma constante alguien mejor. Es

claramente un qué-marca-compro (Vasallo en Iborra 2017).15

Este individualismo lleva a debilitar la idea de que lo que nos pasa es algo colectivo,

estructural, haciéndonos creer que todo lo que hacemos (o dejamos de hacer) depende

de nosotras mismas. Más aún tratándose de las relaciones sexoafectivas, pues éstas se

consideran un tema privado y por ello se asume que los problemas personales

derivados de la gestión de las relaciones, especialmente de las que ensayan subvertir

la hegemonía monógama, suelen “alegarse a una falta de madurez emocional o que no

se ha encontrado la persona idónea para construir una relación de pareja sólida” (Nai

Pai, 2013: 24). A su vez, Latorre (2018) pone de manifiesto que

para el patriarcado capitalista el individualismo más descarnado es un gran

aliado (…) Nos han hecho pensar que cada persona puede hacerse a sí misma,

que la identidad es un logro individual y que el ideal de autorrealización

personal pasa por quererse a una misma y ser libre.” Y añade que “se nos ha

hecho pensar que el sentirse libre tiene que ver exclusivamente con una misma,

15
En la enrevista: Iborras, Yeray S. (2017) “El amor líquido nos lleva a un qué-marca-compro” Somatents.
[En línea] http://somatents.com/es/magazine-es/entrevista-con-brigitte-vasallo/ [Consultado 13/05/18]

25
con hacer lo que quieres y cumplir tus deseos. Como si la libertad no tuviera

que ver con la interacción, sino que fuera una propiedad privada. O como si

todo el mundo entendiéramos la libertad de la misma forma o quisiéramos ser

libres de la misma manera. Hasta nos olvidamos del pequeño detalle de que

hombres y mujeres no tenemos la misma legitimidad social para ejercer esta

libertad individualista. (...) Reflexionar sobre los mitos que atraviesan nuestras

relaciones, ya que, en muchas ocasiones y en determinados contextos, -

especialmente en los feministas - pareciera que ya nos hemos librado de algunas

creencias del amor romántico, como el mito de la media naranja o el amor

eterno, pero no somos conscientes de cómo están calando algunas nuevas

creencias que siguen beneficiando al capitalismo más voraz.

En este punto, Montegamia, Balover, Callthefuture se preguntan ¿cómo puede ser que

a pesar de que las prácticas no monógamas provengan de la unidad económica

orientada a la reproducción social que suponía a la unión matrimonial, perduren hasta

la actualidad y en múltiples formas de relación16? (2013:82). En la misma línea, me

parece muy interesante las preguntas que se hace Rosso:

¿Si no soy católica, por qué vivo el amor monógamo cómo dicta la iglesia

católica? ¿Si no soy capitalista, por qué vivo el amor monógamo como

microsistema económico, sustento del macro sistema capitalista? ¿Si no soy

heterosexual por qué vivo el amor monógamo como dicta el sistema

heteropatriarcal? ¿Si soy feminista, por qué vivo el amor monógamo asfixiante y

opresor de las mujeres? ¿Por qué, si soy disidente política, social y sexual, no

puede ser disidente amorosa? (2016: 77)

Cómo se ha visto a lo largo de este apartado, la familia - consecuentemente la pareja

también - son la piedra angular de todo el sistema, de su productividad y de su

mantenimiento. Es por ello, que el sistema las regula y, como apunta Clarisse Chiappini,

se ha encargado minuciosamente de mantener la ideología de ‘familia monógama feliz’

16
En las últimas décadas se han dado fuertes transformaciones en el modelo de familia tradicional, hemos
asistido a la expansión de la práctica de la monogamia hacia forma de relación que pueden estar (o no)
dentro del contrato jurídico matrimonial (Montegamia, Balover, Callthefuture, 2013:81).

26
como la única forma posible de felicidad y bienestar (2009: 55). Igualmente, el propio

sistema pone un sinfín de trabas para que no sean viables alternativas a la monogamia,

pues podrían estar poniendo al sistema – y al régimen de privilegios - en riesgo.

Así, el sistema se encarga de dificultar la proliferación de las alternativas críticas a la

monogamia, y, no solo eso, sino que va más allá desarrollando mecanismos para

absorber estas nuevas fórmulas de vincularse y de convivir, para luego vaciarlas de

contenido político y modelarlas a partir de la lógica capitalista, pasando así de ser un

riesgo para el sistema a una vía más para sostenerlo.

2.3. Feminismo y no monogamia(s): de Mary Wollstonecraft a Brigitte

Vasallo

Amor libre feminista desde el siglo XVIII

¿Amor libre? ¡Cómo si el amor no pudiera ser libre!

(Emma Goldman, 2010:99)

Los análisis feministas muestran que, ya desde el siglo XVIII, algunas feministas

rechazaron la visión del amor romántico como vehículo de libertad y satisfacción,

mostraron preocupación por las contradicciones y consecuencias del amor en la vida

de las mujeres, y lo retrataron más bien como el camino hacia la servidumbre.

Asumiendo la relación entre el amor y el poder, algunas feministas se aventuraron a

teorizar y a dar testimonio de sus propias experiencias bajo planteamientos amorosos

libres (Langford, 1999; Lagarde, 2001; Esteban, 2011).

Este apartado es un breve repaso de las mujeres feministas que abrieron camino para

pensar el amor más allá del pensamiento amoroso hegemónico, más allá del modelo

hegemónico monógamo heteorpatriarcal. Como expone Lagarde,

reflexionar sobre la negociación en el amor nos permite desvelar el lado oculto

del amor y algunos misterios amorosos, así como los descubrimientos, las

osadías y las invenciones de las mujeres en búsqueda de experiencias amorosas

27
ricas, renovadoras y libertarias, que son parte invaluable de nuestra tradición

feminista (2011: 345).

A finales del siglo XVIII, la escritora británica Mary Wollstonecraft conocida y

reconocida por las feministas por escribir Vindicación por los derechos de la mujer

(1792), fue una de las primeras mujeres que reivindicó y vivó el amor libre, defendiendo

que éste debe darse en condiciones de igualdad y basarse en la amistad. Sus obras

son un reflejo de sus planteamientos, en los que critica el sistema matrimonial, debido

a las desigualdades que suponía para las mujeres (Lagarde, 2001; Esteban, 2011).

En el siglo XIX, destaca la teórica política y revolucionaria comunista rusa Aleksandra

Kollontai. A partir de su obra La mujer nueva, la moral sexual y otros escritos (1976), se

convierte, entre otras cosas, en una de las grandes precursoras del amor libre. Entiende

el amor libre no solo como el hecho de poder elegir pareja, sino como la posibilidad

poder amar libremente y tener libertad sexual. Criticó la pareja tradicional matrimonial

por ser un invento burgués que potenciaba las dinámicas de exclusividad y de

propiedad, y planteó la camaradería como nueva forma de organización basadas en el

amor entre iguales y una vida en colectividad.

A principios del silgo XX, la antropóloga Margaret Mead (junto con Bronislaw

Malinowski) fue la primera en considerar la sexualidad como un hecho sociocultural. En

su libro Adolescencia, sexo y cultura en Samoa (1928), en el que criticaba el ideal de

amor romántico occidental ligado al cuarteto monogamia, exclusividad, celos y

fidelidad. Por otro lado, otra de las grandes referencias del feminismo del siglo XX fue

Simone de Beauvoir y su conocida e inspiradora obra El segundo sexo (1998). Gracias

a las cartas publicadas de Beauvoir a Sartre, podemos conocer su relación transparente

y abierta, y las reflexiones que ambos tenían sobre el amor sirvieron de reflexión e

inspiración para las siguientes generaciones. Decía, por ejemplo, Beauvoir: “Un amor

auténtico debería asumir la contingencia del otro, es decir, sus carencias, sus límites y

su gratitud originaria; así no pretendería ser una salvación sino una relación entre seres

humanos” (De Beauvoir,1998: 464 en Esteban 2011).

28
Desde la corriente anarquista, Emma Goldman, nacida a finales del siglo XIX en Rusia

y posteriormente emigrada a Estados Unidos, fue considerada una de las mujeres más

peligrosas del mundo por sus ideas feministas y libertarias. Defendió abiertamente una

propuesta de amor plural. Creía en las relaciones sin ataduras ni posesiones, también

en la causa de la liberación sexual. Una de las frases que mejor lo ilustra, en referencia

a su relación con el alemán Johann Most, es: “¿Cómo se atrevía Most a decir que me

quería solo para él? ¿Era yo un objeto para ser tomada y poseída? ¿Qué clase de

anarquismo era ése?” (en Sueiro, 2011:19). En esta línea, es interesante destacar el

discurso de la anarquista española Amparo Poch y Gascón, quien en sus textos

abogaba por acabar con la monogamia, pues entendía que estaba explícitamente

vinculada con el capitalismo y la propiedad privada. Al igual que Goldman, era

partidaria del amor libre, sincero, espontaneo y múltiple, considerando que las normas

de comportamiento sexual son convencionales y socialmente construidas (Granel,

2008:47).

Otra autora de cita obligada tratándose de una genealogía sobre feminismo y amor

libre es la escritora británica Virginia Woolf, una de las mentes más lúcidas contra la

encorsetada herencia victoriana de principios del siglo XX. Junto a su marido y su grupo

de amistades -artistas y escritoras-, dinamitaron la idea de amor impuesta y vivieron y

defendieron el amor libre y la libertad sexual.17 Es la primera vez que se plantea que el

amor no es natural, sino que lo desarrollamos, que no hay amores perversos, sino que

únicamente son perversos los amores que niegan la libertad (Lagarde 2001: 416).

Igualmente, se hace indispensable mencionar al popularmente llamado ‘movimiento

hippie’, surgido en los años 60 del siglo pasado en EEUU. Este movimiento

contracultural libertario y pacifista tuvo su máxima expresión en el conocido verano de

mayo del 68 en Estados Unidos, abanderando una revolución sexual basada en el amor

libre y el hedonismo al ritmo del mantra ‘Haz el amor y no la guerra’. Como apunta

Coral Herrera (2010: 189), los hippies rechazaban el poder, las jerarquías, la dominación

y la autoridad, proponiendo relaciones igualitarias, libres y armoniosa entre los seres

17
Es interesante y un claro ejemplo del amor libre que defendía Virginia Woolf, la novela A Virginia le
gustaba Vita, de Pilar Bellver (2017)

29
humanos. Pero, como apunta Srecko Horvart, en la medida en la que el sexo fue

percibido como un medio (placentero) en sí mismo y no como un arma de lucha para

la transformación social, dejó de ser una cuestión revolucionaria (2016:132). Pues, no

se puede pretender cambiar la sociedad sin asumir que vivimos atravesadas por

relaciones de poder, por las lógicas de la propiedad privada, el egoísmo y la

competitividad, que a su vez están entrelazadas con lógicas discriminatorias xenófobas,

misoginias, homófobas, transfóbicas, capacitistas y un largo etcétera de

discriminaciones que se encarnan en nuestros cuerpos y nuestras cotidianidades. Por

ello para transformar las relaciones y el mundo se necesita algo más que gritar ‘peace

and love, llevar flores en la cabeza y follar libremente’.

Ensayando no monogamia(s) críticas e inclusivas

“Es como escribir en un cuaderno con rayas. De pronto llega un día en el que

te das cuenta que los renglones te molestan, te aprietan, te ordenen y que no

siempre el tamaño de tu letra se adapta al espacio que dejó la empresa

papelera, o que, para un borrador, no te hace falta dejar sangría. Y ahí decidís

partir para el cuaderno liso, para la hoja en blanco, ignorando los espacios de

la sociedad que (mal)educa.“

(Pessah, 2006: 22)

En este último apartado se pone el foco en las propuestas relacionales no monógamas

emergentes en los últimos años. En las últimas décadas están proliferando diferentes

propuestas bajo el marco de las no monogamias, más en el plano de lo teórico que en

lo práctico. Existe un interés en estos nuevos modelos relacionales; ejemplo de ello es

la cantidad de contenido que se ha creado y que actualmente circula por la red

respecto al tema. Así mismo, a pesar de que es un tema que está cada vez más a la

orden del día, no se ha teorizado mucho desde la academia e incluso, en mi opinión,

no se problematiza lo suficiente en los espacios feministas.

Las formas de relación que se enmarcan bajo el paraguas de las no monogamias son

una pluralidad de prácticas construidas desde lugares y con objetivos muy distintos (a

veces incluso opuestos). Por ello, no existe un discurso único ni una manera de sentirse

30
ni vivirse no monógama. Este trabajo se centra en el abanico de relaciones sexo-

afectivas no monógamas críticas, caracterizadas por su dimensión política feminista, en

tanto que pretenden dinamitar el amor romántico monógamo heteropatriarcal.

Así pues, en este capítulo se analiza desde qué lugar se construyen las no monogamias

críticas, cuáles son los aspectos que problematiza, y cuáles son las tensiones y los retos

a los que estas nuevas formas de relacionarse se enfrentan a la hora de in-corporarse

en lo cotidiano de una sociedad occidental posmoderna. Para ello, las principales

referencias (e inspiraciones) que he tomado han sido, por un lado, los textos de la

activista y escritora Brigitte Vasallo, y, por otro lado, los de las compañeras feministas

lesbianas no monógamas de Abya Yala, que, desde un empirismo cotidiano -como ellas

mismas expresan- hacen de lo personal una cuestión política.

La necesidad de emerger

Estos modelos relacionales surgen de las preocupaciones e inquietudes en torno al

carácter ético-político de nuestros vínculos personales; de la necesidad de ir más allá

de las críticas feministas sobre el ideal de amor romántico, puesto que, a pesar de que

la monogamia es una de los pilares del amor romántico, como se ha recogido en los

apartados anteriores, no se problematiza lo suficiente. Reflexionando sobre las

maneras que tenemos de relacionarnos, de entender el amor y de construir vínculos

sexo-afectivos, surgen preguntas cómo la que se hace Kitzia Montiel sobre ¿qué

pasaría si en vez de construirnos desde una teoría de la carencia, nos enfocáramos en

el compartir desde la libertad de querer, no desde el miedo de perder? (2016: 121)

Así pues, reflexionar sobre cómo nos relacionamos, tanto afectiva, como sexualmente,

supone una lucha más radical, capaz de poner en cuestión el sistema patriarcal y

capitalista (Pessah, 2016). Es desde ahí que se pretende desarticular el paradigma

hegemónico de amor romántico, único, complementario, eterno, monógamo y

heterosexual; así como problematizar las instituciones que se derivan de este

paradigma, como la pareja, el matrimonio o la familia nuclear, entre otras. Cómo se

apuntaba en el apartado anterior, la monogamia actúa como un dispositivo de

constreñimiento del deseo, “un ejercicio de forzamiento del deseo para canalizarlo

31
unidireccionalmente, totalizándolo, asfixiando la multiplicidad y eliminando así, el

mismo deseo de desear” (Montegamia, Balover, Callthefuture, 2013:85). En este

sentido, las no monogamias constituyen prácticas afectivo-sexuales que asumen el

carácter múltiple del deseo y que subvierten los principios de la matriz heteronormativa

patriarcal hegemónica.

En este sentido, Diana Marina Neri (2016) expone que las no monogamias críticas

apuestan por desenmascarar las estructuras culturales e ideológicas que están

intrínsecas en la concepción ideológica del amor occidental; es decir, pretenden

desnaturalizar el amor y a su vez reflexionar sobre otros posibles modelos de relación.

Ejercemos un proyecto de vida que, fundamentalmente, objeta la existencia de

un solo modo de sentir, de percibir, de pensar y de vivir los afectos, la sexualidad

y las relaciones amorosas (Manifiesta poliamoroso México, 2016).

Una reivindicación que supone

una venganza gozosa ante el dogma heteropatriarcal para el control de nuestros

cuerpos y de nuestra capacidad y modo de querer, amar y compartirnos

(Aguado, 2016: 89).

Aspectos a (de)construir

Todos y todas somos una mezcla de opresiones y privilegios (…) si nos

nombramos políticas, tenemos que ponernos las pilas, remangarnos y cavar

hasta encontrar las raíces múltiples del sistema. Tenemos que atrevernos a

mover cosas que nos afecten, a reconocer errores, a escuchar puntos de vista y

necesidades que ni hubiésemos imaginado. A no ofendernos cuando el

problema nos apunta directamente: como decía Italo Calvino, el infierno lo

formamos estando juntos y juntas, no lo hacen solo los demás (Vasallo,

2015a:14).

Una de las claves de las aproximaciones no monógamas críticas -compartida por las

autoras citadas- es entender la monogamia como estructura y no como práctica. Por lo

32
general suele asociarse la monogamia a la exclusividad sexual, lo que supone quedarse

en un análisis superficial de la cuestión y reproducir las mismas lógicas monógamas en

el intento de construir un paradigma nuevo.

Para entender la dimensión estructural de la monogamia, me resulta muy interesante

la propuesta de Vasallo (2017c), quien entiende la monogamia como un sistema

relacional que jerarquiza los afectos, priorizando el núcleo reproductor/productor. Este

núcleo se convierte en identitario, comúnmente considerado como ‘la pareja’ (que

puede ser de 2 o más personas), y caracterizado por ser jerárquico (el más importante),

exclusivo y excluyente (supone un nosotros y un ellos). Teniendo esto en cuenta, la

exclusividad sexual es la consecuencia de esta jerarquización, pero no el centro de la

cuestión (Vasallo, 2016).

Desde este punto de partida, compartido mayoritariamente por el conjunto de

discursos críticos en este ámbito, se pretende no asumir la monogamia como una

cuestión de cantidades sino de dinámicas relacionales. Cómo comenta Vasallo en una

entrevista, “puedes estar sola y desmontar la monogamia, o tener 70 amantes y generar

monogamia con todas ellas18”. Y añade que el hecho de que asociemos las cuestiones

de la monogamia (y la no monogamia) con la cantidad, tiene que ver con una visión

eurocéntrica y androcéntrica de la antropología que la definió en esos parámetros

simplistas, que nos llevan a pensar que monogamia son dos personas y no monogamia

más de dos. Por ello añade que

en esta obcecación por la cantidad perdemos de vista que la monogamia no es

una práctica sino un marco de referencia, el marco monógamo, y una forma de

pensamiento: el pensamiento monógamo que opera, además, en la esfera

privada y en la construcción grupal. Un pensamiento monógamo que rige los

amores y que rige las fronteras (2016).

En la misma línea, igualmente alejándose de las cantidades, Wuwei (2018a) pone el

acento en el entramado de relaciones de poderes estructurales que nos atraviesan, y a

18
Iborras, Yeray S. (2017) “El amor líquido nos lleva a un qué-marca-compro” Somatents. [En línea]
http://somatents.com/es/magazine-es/entrevista-con-brigitte-vasallo/ [Consultado 13/05/18]

33
las cuales insta a prestar atención de una manera holística. La misma sostiene que, para

llevar a cabo un análisis de las maneras de relacionarnos, querernos y desearnos, no

podemos hacerlo de manera desvinculada a las estructuras de poder, pues es a partir

de ellas que nos conformamos y que se generan vivencias y posiciones diferenciales

dentro del entramado social.

La monogamia es una estructura de poder, un pensamiento, que nos dice cómo

nos tenemos que relacionar con las personas, según los diferentes estatus

relacionales (pareja, amistad, familiar, etc.) y que coloca cada una de estas según

unas jerarquías concretas, sumándose o mezclándose, además, con las demás

jerarquías que ya existen de otras estructuras (machismo, heterosexismo,

racismo, clasismo, capacitismo, etc.). Y no solamente es una suma de éstas, sino

que también está relacionada con ellas y se alimenta de ellas, como ellas se

alimentan de la monogamia (como pasa siempre con las estructuras de poder)

(Wuwei, 2018a).

Vasallo manifiesta que, si queremos desmontar la estructura, debemos tener en cuenta

la experiencia concreta, cada lugar de enunciación, porque, por ejemplo, “no todos los

cuerpos han sido obligados a reproducirse. Hay cuerpos a los que se les ha negado la

capacidad reproductora"19; entonces, para estos cuerpos, conseguir jerarquizar sus

relaciones reproductivas es una subversión del sistema monógamo en sí mismo.

Si tratamos de construir una forma de estar en el mundo no monógama, sin

atender al alcance de la propia norma monógama, y a partir del pensamiento

monógamo (…) eso no cambia nada, si acaso cambia las formas, pero el sistema

en tanto que sistema, tiene formas de autorregularse, de solucionar los

problemas que le estamos causando (Vasallo, 2017c).

Además, pareciera que las personas que optan por la no monogamia obtuvieran

privilegios por ello, ya que se presupone que esta elección te lleva a relacionarte sexo-

afectivamente con más personas, expone Wuwei (2018a). Esto responde a la

19
Por ejemplo, las esterilizaciones forzadas a personas con discapacidad intelectual o personas trans*.

34
comprensión de las relaciones desde una lógica capitalista de acumulación y consumo

de bienes. Es “una lectura totalmente monógama, donde se ve toda relación romántica

y/o sexual como una relación de propiedad o de consumo, y por tanto desde esta

visión, la no monogamia solo consistiría en una multiplicación de esto en el número de

relaciones románticas y/o sexuales que tengamos” (Ibídem).

Este último ejemplo es un claro ejemplo de cómo el sistema se reapropia de las

iniciativas que pretenden subvertirlo y las articula en beneficio propio. En este sentido,

Latorre (2018) considera fundamental hacer un análisis que tenga en cuenta el contexto

neoliberal en el que vivimos las sociedades occidentales posmodernas, pues cree que

éste está influyendo en la manera en la que estamos construyendo algunos de ‘los

nuevos modelos del amor llamados libres’. Señala que muchas veces no se están

problematizando los discursos patriarcales ni capitalistas que nos atraviesan y por ello

se acaba reproduciendo lo que algunas autoras críticas llaman poliamor neoliberal. Un

poliamor caracterizado, entre otras cuestiones, por el capitalismo emocional que acuña

Vasallo (2015) y por la tiranía del deseo que propone Latorre (2018):

“Eres mío”, “yo soy tuya”, “te lo he dado todo”, “te debo la vida”, “me robaste

el corazón”, “voy a conquistarla” “Me las pagarás”.

Vasallo (2015) recoge las anteriores expresiones para poner en evidencia que nuestras

prácticas relacionales están estrictamente atravesadas por una lógica capitalista,

emocional. Un lenguaje que lejos de ser inocente y casual, construye nuestras

realidades. Realidades situadas en contextos neoliberales que nos instan a seguir

nuestro deseo, por encima de todo. Perseguir los deseos a costa de no tener en cuenta

los cuidados (Latorre, 2018).

Asumiendo la lógica capitalista de deseo y posesión, Vasallo va más allá y señala las

lógicas cosificadoras del ‘usar y tirar’, declarando que el sistema pone a “las personas

y los cuerpos como puros objeto de consumo, como entes substituibles” (2015b:23).

Esto supone, que las propuestas que asumen la no monogamia como una cuestión de

cantidad y de liberación sexual, en tanto que rompen con la exclusividad sexual

35
impuesta, recojan estas lógicas y perpetúen de manera más o menos consciente los

intereses del capital.

Las prácticas no monógamas construidas desde lógicas capitalistas, “son también el

refugio y la excusa perfecta para el individualismo emocional, para esconder bajo una

pose moderna la incapacidad para el compromiso con la vida misma. Amar a mucha

gente para, en el fondo, no tener que amar a nadie” (Vasallo, 2015b:23), como también

concluye Bauman (2003) en su análisis de las sociedades líquidas posmodernas.

La autora reflexiona sobre cómo podemos escapar de las garras del sistema en nuestras

nuevas construcciones, pues teme que al intentar vivir al margen del mismo estemos

deconstruyendo además del amor romántico también nuestros vínculos de apoyo. Una

deconstrucción que una vez más beneficia al sistema, pues supone “quedarnos solas y

aisladas para hacerle frente al capitalismo y a otras violencias” (2017a). Igualmente,

propone revisar continuamente desde dónde se construyen estas relaciones y a

quiénes interpelan (Vasallo, 2015), pues, más allá de que estas lógicas capitalistas estén

inscritas en las relaciones, también se encarnan en los cuerpos; cuerpos que ocupan

diferentes lugares en la sociedad en función de las categorías que constituyen sus

subjetividades. Dado que, como apunta Norma Mogrovejo (2016), no todos los

cuerpos importan por igual, ni valen lo mismo, ni gozan de los mismos privilegios, ni

tienen la misma legitimidad social; se hace imprescindible reflexionar, por un lado, si

todos los cuerpos tienen el mismo acceso a las disidencias relacionales no monógamas,

y, por otro lado, si todos pueden permitírselo.

Igualmente, me parecen muy interesantes y pertinentes las reflexiones de las

integrantes del Colectiva Cuarto Violeta20, pues declaran que en sus encuentros queda

patente que “detrás del argumento de la libre elección21 y el derecho a las preferencias,

como una de las grandes libertades, puede encontrarse la discriminación disfrazada”

20
La Colectiva Cuarto Violeta es definido por sus integrantes como “un espacio físico, ciertamente también
ideológico y político, de estado de ánimo para compartir y disfrutar del erotismo entre las diversas mujeres
que sentimos atracción por otras mujeres, de manera libre, consciente, responsable y gozosa” (2016:127),
situado en México.
21
Idea que también teoriza la filosofa feminista Ana de Miguel en Neoliberalismo sexual: el mito de la
libre elección, (2015).

36
(2015:132). La preferencia (y el rechazo) por ciertas corporalidades, apariencias, formas

de actuar y de relacionarse, no son ajenas la influencia de los estereotipos y los

prejuicios culturales, incluso en espacios feministas: “Siendo, por ejemplo, la belleza,

el peso y la talla, la funcionalidad corporal, la edad, la salud física y mental, a veces con

mucha fuerza y otras de manera velada, motivos que se tienen en cuenta al hacer las

elecciones y a la hora de aceptarlas o rechazarlas” (Cuarto Violeta, 2016: 133).

Vasallo añade otro aspecto a tener en cuenta, la invisibilización de las cuestiones

biopolíticas latentes en nuestras sexualidades y en nuestros amores, cuando se hacen

afirmaciones como ‘en las no monogamias estamos todos por igual’. Así, aunque en

grupos poliamorosos se diga que tanto hombres como mujeres estén por igual, “a la

hora de la verdad la penalización de la sexualidad de las mujeres y de las identidades

no binarias, así como la exclusión de sexualidades disidentes hacen que sean los

hombres cisgénero los mayores beneficiarios de esta nueva revolución, en detrimento

de otras; de las de siempre” (Vasallo, 2017d). Al final, los cuerpos más beneficiados en

los modelos de relación no monógama, vuelven a ser una vez más, aquellos que

responden a los intereses y las necesidades del sistema, los cuerpos de hombres cis,

heterosexuales, blancos, que se ajusten a los cánones de belleza hegemónicos, de

clase media alta, de mediana edad, urbanos y funcionales.

Por último, creo que desde las propuestas no monógamas críticas es necesario revisar

los privilegios que nos permiten poder reivindicar abiertamente un proyecto

visiblemente no monógamo, pues debemos, al menos, tener presentes que hay

realidades que no permiten in-corporar la no monogamia a su vida, pues están

expuestas a contextos hostiles que podría suponerles exponerse a violencias o a

situaciones de riesgo; “como si no hubiese mujeres que necesitan la monogamia para

asegurarse la crianza compartida de sus hijos e hijas“, ejemplifica Vasallo (2015:13).

En este sentido, me parece imprescindible que cuándo pensemos en articular una

propuesta no monógama crítica tengamos en cuenta que existe una pluralidad de

realidad constituidas por más o menos privilegios y opresiones, que se traducen en

37
desigualdades. Si no las pensamos desde ahí, las propuestas perderían su sentido, pues

acabarían reproduciendo lógicas excluyentes en vez de inclusivas (Aguado, 2016).

Desde ahí, Vasallo propone una ruptura de la no monogamia que vaya más allá, que

“rompa las servidumbres de esos contratos que en algún momento hemos firmado sin

saber que los firmábamos. Y con eso y con las dinámicas del género y del sistema racista

dinamitados, entonces sí, multipliquemos amores, afectos y amantes.” (2017b).

Desde dónde empezar a (re)construir

Nuestras nuevas maneras de amar quieren ser una batalla micropolítica

orientada a descolonizar nuestros vínculos de toda economía erótica que piense

a lxs amantxs en términos de propiedad, así como de lógica binaria y

jerarquizada por géneros. (…) Desestabilizar la mutilante maquinara productora

de géneros y los sexos, así como la “privatización” de los vínculos que sostienen

la lógica di-mórfica y complementaria de las relaciones afectivas (Trebisacce y

Cano, 2016: 29).

Partiendo del contexto capitalista en el que nos ha tocado sobrevivir, el cual

incorporamos –más o menos conscientemente - en nuestros cuerpos, nuestra forma de

comunicarnos, expresarnos, relacionarnos, querernos, desearnos, cuidarnos, follarnos

y vincularnos, como se ha recogido en el apartado anterior, me parece necesario

marcar una hoja de ruta hacia dónde queremos ir y apuntar diferentes cuestiones que

nos sirvan como punto de partida para seguir (co)construyendo entre todas nuevas

formas de relacionarnos más libres y que se ajusten más a nuestras necesidades y

nuestros deseos. Pues como dice Laia Estrada, “es importante, que además de iniciar

procesos para eliminar el absurdo ideario de amor romántico, [podamos] identificar las

condiciones materiales que posibilitarían llevar a cabo modelos de relaciones sexo-

afectivas no dependientes ni exclusivas” (2013:101)

Para ello, me parece primordial empezar apostando por la descolonización de nuestros

cuerpos y nuestros vínculos. Mogrovejo (2016) señala que descolonizar los vínculos y

los cuerpos, especialmente de las mujeres, nos permite pensar las relaciones fuera de

38
los términos de la propiedad y con ello, además de cuestionar el sistema, nos permite

tejer relaciones que nos hagan más libres. En este sentido, me parece especialmente

inspiradora la propuesta de las compañeras feministas lesbianas no monógamas de

Abya Yala (2009:2016), las cuales apuestan por una reapropiación de la cuerpa22 como

territorio liberado (2016:26), a partir de articular sus voces y sus experiencias en una

geopolítica del placer que huye de la privatización del cuerpo, el deseo y la sexualidad

de la(s) otra(s) (Mogrovejo, 2016:15).

La apuesta es cambiar de raíz la lógica colonial, impositiva, jerárquica y de

subordinación que han encadenado las relaciones amorosas a la moral religiosa y las

dependencias emocionales y económicas (Mogrovejo, 2016:15), sin pretender fundar

una verdad del amor, ni sostener la obligatoriedad del deber, sino asentarse en el flujo

cambiante (e incluso contradictorio) de los deseos, las pasiones, las razones, los

cuerpos y los (des)encuentros (Trebisacce y Cano, 2016: 30).

Partiendo de este punto, deberíamos pensar cómo traducir todas estas pretensiones

teóricas a nuestras prácticas, a nuestra cotidianidad; ¿cómo construimos el deseo, el

placer y los afectos fuera de los modelos heterosexuales, monógamos, racistas,

misóginos, capacitistas y que solo tienen en cuentas las corporalidades normativas?

Sin duda, para dar respuesta a ello, me parece necesario e indispensable hacer el

ejercicio de, como propone Vasallo,

acercarnos a las tradiciones que durante siglos han propuesto relaciones

múltiples, para aprender de sus estrategias, así como de las luchas de resistencia

contra la poligamia obligatoria. El trabajo de las feministas islámicas contra los

abusos del patriarcado musulmán en temas de poligamia es un trabajo cercano

al de las feministas poliamorosas hartas del machismo no monógamo” (Vasallo,

2017d).

22
Cuerpas entendida como la deconstrucción, reconstrucción y resignificación (desde una visión crítica y
autocrítica del mandato heteropatriarcal, machista, misógino, cissexista y binarista) de la corporalidad,
vinculada a los deseos, las identidades y las prácticas sexuales (Cuarto Violeta 2016:127).

39
En este sentido, seria interesante analizar cómo las no monogamias críticas surgidas en

Occidente dialogan con otras propuestas no monógamas, como la poligamia o la

poliandria, y qué puntos en común encuentran en las contestaciones de las mismas. Sin

duda, ese análisis puede darnos claves para seguir (re)construyendo el paradigma

relacional no monógamo.

Normalmente, desde el posicionamiento etnocéntrico occidental, nos aproximamos a

estas otras formas de relación desde la superioridad moral. Como expone Vasallo,

desde Occidente existe un discurso muy marcado con un afán claramente diferenciador

entre el nosotros y el otros; “un nosotros grupal que funciona de forma jerárquica,

exclusiva, excluyente y confrontacional” (2017d). Un nosotros poliamorosos frente a un

‘otros’ polígamos, claro, mucho peor que ‘nosotros’, y por supuesto mucho más

incivilizados y misóginos (Ibídem). Esta forma de nombrarnos (a nosotros y a los otros)

así como de situarnos, es un claro ejemplo del rechazo y el pánico que genera la

alteridad. Una cuestión, que es compartida entre el pensamiento monógamo y la

xenofobia. Pues es posible el paralelismo en términos del ‘nosotros’ acotado a la pareja

y un ‘otros’ asociado a las posibles amantes; quedando en evidencia que en ambas

ocasiones aplica el hecho de que “vivimos en un sistema que nos dice que la llegada

de ‘la otra’ nunca es una buena noticia, que la otra no tiene derecho a estar” (Vasallo,

2016).

Para ello, una de las cuestiones en las que el discurso no monógamo normativo se

recrea para potenciar esta diferencia es en la ética:

Así, la opinión pública general, incluso poliamorosa, ve completamente

aceptable que las familias migrantes polígamas sean divididas en las fronteras,

que solo a una esposa se le conceda el estatuto de esposa legítima, que el resto

de vínculos de esa unidad no sean reconocidos por la legislación europea, y que

esa familia quede dividida, hijos e hijas incluidas. También aparece como

aceptable que una parte de la familia obtenga permisos de residencia y otra

quede indocumentada, porque nos consideramos con total legitimidad para

decidir qué es amor y qué no, qué es una familia y qué no, qué es una relación

40
ética y qué no, directamente y sobre el papel, sin acercarnos siquiera a esa

relación (Vasallo, 2017d).

Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de ética? Hablar de ética en un mundo

donde fácilmente se confunde con la moralidad, es arriesgado. Puesto que, además,

solemos asumir una ética universal, sin reparar en la dimensión cultural que la llena de

contenido en función del momento socio-histórico. Igualmente, no se repara en tener

en cuenta las particularidades de cada situación y en cuáles son las consecuencias para

las personas a las que juzgamos a partir de nuestra posición etnocentrista. Además,

“estas acusaciones indiscriminadas contribuyen también a lavarle la cara al poliamor

normativo, que reafirma sus bondades estereotipadas frente a las maldades de una

polígama cliché” (Vasallo, 2017d), suponiendo así, que en muchas ocasiones se

invisibilizen las violencias que se dan en las relaciones poliamorosas supuestamente

éticas e igualitarias occidentales.

Otra cuestión que, a mi parecer, es esencial para darles forma y cotidianidad a estas

propuestas relacionales críticas, es la centralidad que debe tomar la dimensión

colectiva. Para ello, me parece interesante retomar brevemente la visión socio-histórica

del apartado anterior, ya que, mientras en las sociedades premodernas y modernas,

las relaciones afectivo-sexuales se construían a partir de la dependencia - primero de

la familia extensa y posteriormente de las parejas sumidas al ideal de amor romántico

- suponiendo una dependencia mayor para las mujeres; actualmente, en las sociedades

contemporáneas posmodernas neoliberales, las relaciones han pasado a construirse a

partir de la independencia y de una individualidad cada vez más feroz, que nos lleva al

aislamiento.

Frente a este contexto me parece interesante la propuesta feminista de apostar por

pensarnos en colectivo. Marina Garcés (2013), nos invita a abandonar la fantasía de la

individualidad, asumiendo que no podemos ser solas -y tampoco queremos serlo-. Y,

siguiendo a Garcés, la activista Maka Makarrita escribe:

Vivimos, queramos o no, en un mundo en común, aunque pataleemos

exhibiendo nuestros actos de autosuficiencia, vivimos comprometidas: por lo

41
que hacen, comen, respiran, deshacen o roban los demás. Vivimos en manos de

otros. Y aunque la lectura negativa nos lleve al ‘no hay nada que hacer’,

deberíamos centrarnos en que en la resistencia somos mucho más potentes,

porque somos eslabones unidos de una cadena y nodos interconectados de

múltiples redes (2016).

Frente a esta situación, me resulta interesante recoger las argumentaciones de Butler

(2017), en las que expone que las situaciones de precariedad23 son las que generan

condiciones de posibilidad para establecer alianzas entre grupos, lo cual puede llegar

a ser transformador, pues “tenemos que ser capaces de encontrar y forjar una serie de

vínculos y alianzas, de conectar la interdependencia con el principio de la igualdad, y

habrá que hacerlo de una forma que resulte perturbadora para los propios poderes que

distribuyen el reconocimiento de manera diferenciada o que altere su propia

intervención” (2017: 49).

En esta línea, la propuesta de interdependencia articulada por el movimiento feminista

en los últimos años me parece clave para seguir repensando desde qué lugar y hacia

dónde queremos construir el modelo relacional no monógamo crítico. Pues como

señala Yayo Herrero: “Si queremos vidas que puedan ser habitadas debemos asumirnos

como vulnerables y poner en el centro la necesidad que tenemos de que nos sostengan

y de ser cuidados, de cuidar y de sostener” (2014:57).

Asumiéndonos desde la vulnerabilidad y interdependencia, Vasallo (2015b) toma la

noción de redes para articular la propuesta de tejer las relaciones amorosas, afectivas

y/o sexuales. Apostando por:

Un amor que ni empiece ni acabe obligatoriamente en el dúo, sino que pueda

tener otras formas; crear, en lugar de estructuras cerradas, ‘polículas’, ‘núcleos

afectivos’, como propone la (h)artivista Marian Pessah, que se puedan relacionar

entre ellos, que se alimenten, que compartan espacios físicos y/o emocionales.

23Para Butler, el término precariedad “designa una condición impuesta políticamente merced a la cual
ciertos grupos de la población sufren la quiebra de las redes sociales y económicas de apoyo mucho más
que otros, y en consecuencia están más expuestos a los daños, la violencia y la muerte” (2017: 40).

42
Crear rizomas, campos de patatas interconectadas entre sí, con lugares de unión

y zonas de tránsito, con núcleos acentrados y solidarios. (…) Un sistema de

alimentaciones multidireccionales y constantes, de cuidados compartidos, una

red o, como apunta el activista David M., un sistema de amores de código

abierto, como Linux: sin propiedad, sin forma final y preestablecida, sino en

constante transformación gracias a las aportaciones de la comunidad que lo

compone (2015b:21).

Esta propuesta nos sirve para reflexionar sobre cómo podemos relacionarnos de una

manera más libre, justa y horizontal. Una propuesta que requiere estar atentas a

nuestras propias necesidades y a la de las demás, cuestionando con ello la

competitividad, la propiedad privada y el consumo desenfrenado de bienes y cuerpos

al que nos lleva el sistema capitalista. Supone ir a contracorriente -con las dificultades

que ello supone – y, sobre todo, requiere compromiso:

Comprometerse es, en el fondo, dejarse comprometer, dejarse poner en un

compromiso. Eso quiere decir romper barreras de inmunidad, renunciar a la

libertad clientelista de entrar y salir con indiferencia del mundo como si fuese un

supermercado o una página web. Quiere decir dejarse afectar, dejarse tocar,

dejarse interpelar, y saberse requerido (Garcés, 2013 en Vasallo 2015b:24).

43
3. Enfoque teórico – metodológico
Para quienes nos movemos en los márgenes de la investigación feminista, quienes

transitamos diversos parajes metodológicos para reapropiárnoslos, o nos los in-

ventamos para así contribuir a crear mundos futuros más habitables.

(García y Montenegro, 2014: 64)

3.1 Otras maneras de (re)conocer24

Este apartado responde al lugar desde dónde voy a analizar mi objeto de estudio y

cómo voy a hacerlo. Para ello, han sido claves las aportaciones del SIMReF25 y el

Instituto Hegoa26 acerca de los principios epistemológicos que guían los procesos

metodológicos de corte feminista y las forma de aterrizarlos en la práctica cotidiana de

la investigación crítica feminista. Especialmente, la vivencia y los aprendizajes en la

participación en las IV jornadas (2018) organizadas en Bilbao por ambas entidades, han

servido para darle forma y coherencia al presente ensayo. Igualmente, las aportaciones

de Bárbara Biglia (2009:2014), Mari Luz Esteban (2011:2013) y, Nagore García y

Marisela Montenegro (2014), que, como dice la primera, "han abierto la cocina" de sus

investigaciones y me han inspirado y guiado a lo largo de toda la investigación.

24
Es el título de la publicación derivada de las II Jornadas de Metodología de Investigación Feminista:
herramientas y aplicaciones para los derechos humanos, organizadas por el Instituto HEGOA y el SIMReF
el 19 y 20 de junio de 2014 en Donostia.

25
SIMReF. "Espacio consolidado de debate, formación y promoción de la epistemología y la metodología
de investigación feminista a nivel estatal. Se trata de una experiencia con un doble objetivo: el debate y
discusión sobre las potencialidades y los límites de las investigaciones feministas para configurarse como
un nuevo paradigma de análisis de la realidad en las diferentes disciplinas, y la formalización de un espacio
formativo sobre metodologías feministas que recoja los debates internacionales y ayude a la mejora de la
investigación" (Azkue, Luxán, Legarreta, Guzmán, Zirion, Azpiazu Carballo, 2015:7).

26
Hegoa. "Instituto mixto de la UPV/EHU que lleva más de 25 años dedicado a los estudios sobre
desarrollo y cooperación internacional, promoviendo actividades de formación (másteres, programa de
doctorado y cursos especializados), de investigación en líneas de trabajo diversas, de educación para el
desarrollo y de asesoría a distintas instituciones en materia de políticas públicas de cooperación" (Azkue,
Luxán, Legarreta, Guzmán, Zirion, Azpiazu Carballo, 2015:7).

44
Así, la presente investigación pretende ser una contribución a este campo, que,

entendida como una propuesta de intervención y transformación social (Biglia,

2014:21), tiene el objetivo de corporeizar y aterrizar las reflexiones teóricas feminista

sobre el amor, específicamente sobre los discursos y las experiencias no monógamas.

Parto de una epistemología feminista situada, subjetiva, parcial e incompleta, tal y

cómo propone Donna Haraway (1995). Un planteamiento que me lleva a explicitar la

perspectiva desde la cual observo y las repercusiones que ello tiene en la investigación.

Un posicionamiento que pasa necesariamente por un proceso de reflexión emocional

y cognitivo acerca de mi propia identidad de género, clase y etnia, y mi manera de

relacionarme sexo-afectivamente, entre otras categorías que conforman mi

subjetividad como investigadora. Tal y como expone Margaret Bullen, “la toma de

consciencia de la identidad permite leer la interpretación desde la mirada desde la cual

fue recogida y analizada” (2017: 58). Pero, aun así, interrogarse a una misma es más

que examinar la posición social de una y sus efectos en el campo; es un proceso

reflexivo que implica negociar las posiciones que vamos ocupando y reconocer la

naturaleza cambiante de las relaciones de poder (Hesse-Biber y Piatelli, 2012 en

Gandarias, 2014:239). Por ello apuesto por un conocimiento situado que esté

incorporado durante toda la investigación, siguiendo a Biglia, pues éste debe ir más

allá de autonombrarse, analizando también como los posicionamientos influyen en la

producción de los saberes (2015: 31).

En este sentido, tomando como referencia a García y Montenegro (2014) inspiradas a

su vez por las preguntas que Wanda S. Pillow (2003) se hace para llevar a cabo un

proceso de reflexividad feminista de manera transversal durante la investigación:

¿Cómo podemos investigar sin reproducir relaciones coloniales con nuestras

participantes? ¿Cómo producir investigaciones que sean emancipadoras? ¿De qué

manera podemos vincular la investigación con la acción política? Esto me lleva, entre

otras cosas, a estar atenta a las posibles relaciones de poder que, desde mi posición

de investigadora, pueda estar perpetuando.

45
Un quehacer investigador que pasa por dejar entrever a lo largo de todo el trabajo mi

postura, desde la elección de las autoras en las que se sustenta teóricamente la

investigación, hasta la propia estructura de la investigación o el modo de analizar,

reflexionar, concluir y lanzar propuestas de futuro. Y a la vez, asumir la responsabilidad

ética y política que la investigación supone en sí misma, un compromiso que pasa por

asumir la reflexividad como piedra angular del proceso. Asumiéndola como

una herramienta metodológica que permite deconstruir el poder y co-crear

conocimiento dando cuenta de cómo opera el poder durante todo el proceso

de investigación; cuestionando la autoridad del conocimiento y posibilitando la

introducción de narrativas contra-hegemónicas que obligan a las investigadoras

a ser responsables con quienes investigan (Collins, 2000; Harding, 1991; Smith,

1987 en Gandarias, 2014: 291).

Cuerpo (agente)

En cualquier cultura el cuerpo está íntimamente ligado a lo social, ya que toda

práctica social es, de una manera u otra, una experiencia corporal.

(Esteban, 2013:71)

Hablar del cuerpo con el cuerpo y desde el cuerpo. Cómo apuntaba en la introducción,

la investigación se enmarca en una antropología del cuerpo y de las emociones; una

antropología feminista que pone el cuerpo en el centro y tiene en cuentas los contextos

y las encrucijadas sociales y políticas en los que se enmarca.

Tomando como referencia los planteamientos epistemológicos surgidos en los años 90

del siglo pasado con el surgimiento de la teoría social del cuerpo, entiendo el cuerpo

como un sujeto en sí mismo, dejando atrás la visión de objeto – receptáculo.

Especialmente, tomo como referencia el concepto de embodiment de Thomas Csordas

(1990) y el de cuerpo agente de Esteban (2013), ya que ambos apuestan por superar

la idea de que lo social se inscribe en el cuerpo, y entienden lo corporal como auténtico

campo de la cultura a través de un proceso material de interacción social (2013:25).

46
Igualmente, me parecen claves los planteamientos de Robert Connell (1995) y Miguel

Ferreira (2004) sobre la relevancia de la reflexividad. Autores a partir de los que se

erige la aportación teórico-metodológica de la antropología del cuerpo de Esteban

(2013), de la que yo tomaré gran parte de mis referencias. El primero pone el foco en

la interacción y la reflexividad, afirmando que “la experiencia corporal es a menudo

central en los recuerdos de nuestras propias vidas y, por lo tanto, en nuestra

comprensión de quiénes y qué somos” (Connell, 1995:53).

Connell (1995) subraya una y otra vez que hay una dimensión corporal

irreductible en la experiencia y en la práctica, que no puede ser excluida del

análisis, y propone su concepto de que las prácticas corporales no son internas

o individuales, sino interactivas y reflexivas, en la medida que conllevan

relaciones y simbolismos sociales” (en Esteban, 2013:66).

A su vez, este autor entiende que las prácticas reflexivo-corporales que responden a

las condiciones materiales que nos conforman (el género, la clase social, la preferencia

sexual, la edad, etc.) conforman el mundo social. A lo que Ferreira (2004) añade que lo

que nos permite avanzar en un análisis social es precisamente darle un espacio central

a la reflexividad como condición de la práctica. Permitiéndonos así reformular las

definiciones sociales y autodefiniciones sobre el género (Esteban, 2016: 142), así como

la preferencia sexual o la manera de vincularse sexo-afectivamente, entre otras.

Asumiendo la experiencia corporal reflexiva como uno de los puntos de partida y una

cuestión transversal a su trabajo, Esteban entiende “lo corporal/emocional como

lenguaje de lo social, lo individual como representante de lo colectivo, y lo híbrido

como una condición de un mundo que puede ser des-generizado y transformado”

(2008:28).

Cómo he definido en la introducción, voy a entender y atender el género y la

sexualidad como una forma de estar en el mundo, “no como una identidad fija y

estable, ni siquiera solo como una opción, sino como una manera de estar” (Esteban,

2009:34). En este sentido, entiendo de la misma manera que la forma de relacionarse

sexo-afectivamente –dentro del espectro de la monogamia / no monogamia- también

47
es una manera de habitar el mundo. En este desplazamiento epistemológico el cuerpo

juega un papel clave ya supone entender el género, la sexualidad y las relaciones

afectivo-sexuales, como procesos totalmente dinámicos, prácticas que se constituyen

y se modifican, consciente o inconscientemente, dentro de marcos contextuales

plurales, pero al hilo de sensaciones físicas y emocionales que están en permanente

discusión con la coordenadas históricas y sociales que las hacen posibles (Ferreira,

2004; Esteban 2013:58). Por tanto, los debates, los desafíos y las luchas feministas, son

consideradas como desafíos y encrucijadas encarnadas (Esteban 2013).

Siguiendo con Esteban, en la presente investigación, se llevará a cabo un análisis que

entienda los cuerpos como agentes encarnados con sensaciones, emociones,

malestares, sufrimientos, vibraciones y placeres concretos, que los llevan a reflexionar

e interrogarse sobre lo que son y su ubicación en sus respectivos contextos; y a poder

experimentar también tensiones y cambios (2009:35). Cambios que pasan por

entender el cuerpo como lugar de implementación de la hegemonía, la desigualdad y

el control social pero también como espacio de conciencia crítica, de contestación y

resistencia a estos discursos y prácticas, contribuyendo así a la transformación social

(Ferrándiz: 2004; Esteban, 2013:46).

Esta materialidad corporal es lo que somos, el cuerpo que tenemos y puede ser

(y de hecho lo está siendo) un agente perfecto en la confrontación, en la

contestación, en la resistencia y en la reformulación de nuevas relaciones de

género, no somos yoes femeninos, masculinos, feministas, libres en cuerpos

limitados y manipulados socialmente, y percibirlo así nos puede ayudar mucho

a analizar las cosas de una forma alternativa y avanzar en nuestras teorizaciones

políticas, en definitiva, a encontrar claves alternativas para la transformación

social (Esteban, 2013:46).

En estos procesos la narratividad y la corporalidad interactuarían mutuamente, a través

de actos corporales en interacción continua con los otros, actos que van modificándose

en el tiempo y el espacio (Esteban, 2013).

48
Es a partir de estas premisas que la presente investigación se asume como una

etnografía feminista que, poniendo el foco en los modos de relacionarse sexo-

afectivamente no monógamos, privilegia el análisis de las acciones (corporales),

entendidas como "actos que van modificándose en el tiempo y que están constituidos

por experiencias sensitivas, motoras, emocionales, dentro de unas coordenadas

históricas y culturales que las hacen posibles: maneras de sentir, andar, expresarse,

moverse, vestirse, adornarse, tocar-se, emocionar-se, atraer o ser atraída, gozar, sufrir...

en continua interacción con los otros" (Esteban, 2013 en Esteban, 2016:140), y que

contribuyen en sí mismas a la transformación social.

Agencia

Las relaciones amorosas implican un intrincado enredo donde la agencia, la

resistencia, el deseo y la intimidad interactúan.

(García, 2017: 160)

En respuesta al objetivo general de la investigación de analizar lo discursos y las

vivencias de personas que viven la no monogamia como una apuesta política feminista,

los procesos de agencia toman especial relevancia y son centrales en el análisis de la

presente investigación.

El amor, especialmente para las mujeres, es como una espada de doble filo que implica

sentimientos encontrados, [siendo por un lado] una fuente de alegría y excitación y al

mismo tiempo un campo de batalla en el que tiene lugar la dominación (García, 2017:

163) y el mantenimiento y perpetuación de la subordinación social de las mujeres

(Esteban, Medina y Távora; 2005). A pesar de ello, algunas académicas feministas

defienden que, incluso dentro de la ideología amorosa hegemónica, las mujeres tienen

agencia (Meyers, 2004), ya que son agentes activos, consciente de los límites

impuestos, e incluso hasta en las situaciones más vulnerables tienen agencia (Juliano,

1992).

49
Hay contextos sociales, culturales y políticos, como el feminismo, más proclives

que otros a la reflexión crítica sobre los efectos negativos del amor romántico, y

eso influye obligatoriamente en la aparición de contradicciones y conflictos en

los sujetos, que no pueden escapar del todo a su propia cultura, pero que se

pueden permitir explorar y experimentar al mismo tiempo nuevas iniciativas.

(Esteban y Távora, 2008:72)

Tomando lo anterior como punto de partida, la presente investigación pone el foco en

el análisis de las alternativas feministas que pasan por reformular la manera de entender

el amor y consecuentemente la manera de relacionarnos, vincularnos, querernos y

desearnos. Recogiendo la afirmación del filósofo Michel Foucault “donde hay poder,

existe resistencia” (2012:91), el análisis de estas propuestas se articula a partir de los

procesos de agencia y de las prácticas (corporales) de resistencia que llevan a cabo las

participantes en su cotidianidad con la intención de desmontando el pensamiento

amoroso hegemónico monógamo.

Si bien la agencia en sentido abstracto aparece como una propiedad de los

sujetos (empoderados de manera diferencial), es mejor verla no tanto como una

facultad o capacidad psicológica en sí misma, sino más bien como una

disposición a la realización de “proyectos”. Desde la perspectiva del sujeto esta

disposición se percibe como la creación del propio deseo (Ortner, 2016:175).

En este sentido, me parecen interesante la visión de Ortner en tanto que incide en que

el análisis de la agencia no solo lo podemos ver cuando los sujetos sociales son actores

con poder, sino que va más allá y muestra cuáles son sus bases ideológicas y cómo sus

acciones y prácticas puedes reproducir o transformar las bases.

Otra propuesta teórico-metodológica que me parece interesante y a tener en cuenta

es la que hace Nagore García en su tesis Difracciones amorosas: deseo, poder y

resistencia en las narrativas de mujeres feministas (2017). La autora pone en el centro

de la reflexión la noción de autonomía como concepto clave para entender y analizar

los procesos de agencia en las narrativas de sus participantes, siendo consciente en

todo momento de los riesgos que supone enfatizar en la autonomía en la sociedad

50
neoliberal occidental contemporánea. García (2017) recoge y comparte las críticas

feministas a la dimensión individualista y liberal, como la de Silvia Gil (2011), que

advierte que la definición de autonomía entendida como ideal de independencia y

desvinculación de los demás nos lleva a la progresiva individualidad y a la devaluación

de las relaciones. Sin embargo, García indica que la individualidad está incluida en una

Narrativa feminista más amplia, en la que la autonomía se ve como algo que aún se

gana, como algo que falta en lugar de algo que ya se ha logrado, y afirma: "Teniendo

en cuenta cómo son las sociedades modernas centradas en la pareja, sostengo que la

insistencia en tener una fuerte autonomía con un compañero es una forma de resistir

las relaciones normativas de género" (2017:165).

Apuesta por prestar atención a la articulación y a las posibilidades y dificultades que

puede conllevar para la política feminista transformadora el hecho de hablar de

autonomía, y a su vez incorpora una concepción relacional de la autonomía ligada a los

discursos feministas actuales sobre interdependencia y cuidado, asumiéndola, así como

formas de resistir tanto al orden patriarcal como al neoliberalismo (García, 2017).

Igualmente, en este punto me parece pertinente poner sobre la mesa las críticas que

autoras decoloniales como Saba Mahmood (2008) hacen del concepto de agencia

pensado en términos de deseo y autonomía. Sin restarle importancia y peso a la

transformación que ese discurso ha tenido en la emancipación de las mujeres en

algunos lugares del mundo, Mahmood llama la atención sobre la naturalización y

universalidad que se ha hecho del deseo y de la autonomía para hablar de la agencia27,

incluso en los estudios de género. Lo que viene a decir es que

si la capacidad para efectuar cambios en el mundo y en uno mismo es histórica

y culturalmente específica, entonces su significado y sentido no puede ser fijado

a priori, sino que tiene que emerger del análisis de las redes particulares de

conceptos que habilitan modos específicos de ser, de responsabilidad y eficacia.

27
“En la década de los 70, en contraste con las demandas feministas blancas de clase media que pedían
el desmantelamiento de la institución de la familia nuclear por ser un elemento clave en la opresión en la
mujer, las feministas indígenas y afro-americanas argumentaban que para ellas la libertad consistía en
formar una familia, puesto que la larga historia de esclavitud, genocidio y racismo había operado
precisamente rompiendo sus comunidades y familias “(Mahmood 2008: 175-176).

51
Visto de esta forma lo que aparentemente podría ser un caso de pasividad y

docilidad deplorables, desde un punto de vista progresista, pueden ser una

forma de agencia social, que debe ser entendida en el contexto de los discursos

y las estructuras de subordinación que crean las condiciones de su

representación. En este sentido, la capacidad de agencia social está implicada

no solo en aquellos actos que producen cambios (progresistas) sino también en

aquellos cuyo objetivo es la continuidad, la estasis y la estabilidad (2008: 183-

184).

Por ello, Mahmood (2008) incide en la importancia de prestar atención a las

consecuencias que tiene pensar en términos binarios de resistencia y subordinación, ya

que llevan a la invisibilidad en muchas ocasiones de la agencia de personas que no

responden a los deseos, motivaciones y objetivos liberales occidentales. En este

sentido, me parece interesante recoger su propuesta e ir más allá de la concepción

occidental de agencia como resistencia -al ponernos a analizar -, para dar cabida a una

diversidad de modalidades de agencia.

Por otro lado, me parece igualmente acertada la reflexión de Lila Abu-Lughod (1990),

quien señala que hay que tener cuidado con la romantización del estudio de las

resistencias, y que, éstas deben ser utilizadas como diagnóstico del poder en un

sistema político y económico en continuo cambio.

El problema es que las personas que hemos sentido que hay algo admirable en

la resistencia, hemos tendido a esperar de ella una confirmación esperanzadora

del fracaso – o fracaso parcial – de los sistemas de opresión. Sin embargo, a mí

me parece que respetamos la resistencia cotidiana no solo al defender la

dignidad o el heroísmo de las personas que resisten, sino al permitir que sus

prácticas nos enseñen acerca de las complejas interacciones de las estructuras

del poder que van cambiando a través de la historia (Abu-Lughod 1990:53 en

Esteban 2008:121).

Al mismo tiempo, asumiendo las prácticas sociales (de resistencia) como corporales y

resultado de un proceso material de interacción social, como ha quedado expuesto,

52
“la dimensión interactiva de la agencia adquiere un significado más amplio cuando el

actor social es entendido como un agente encarnado” (Lyon y Barbalet, 1994 en

Esteban 2016: 137).

3.2.Producciones Narrativas: practicando la escritura compartida

Para recoger los discursos y las experiencias de las participantes, me he inspirado

especialmente en la tesis de Nagore García (2017), quien presenta y desarrolla la

metodología de las Producciones Narrativas (PN) con el objetivo de producir narrativas

que ilustren diferentes comprensiones y perspectivas de mujeres feministas sobre el

amor.

La metodología de producción narrativa es una metodología crítica que surge de la

necesidad de cuestionar los métodos cualitativos tradicionales28 tomando como

referencia la propuesta del conocimiento situado de Haraway (1995) (Balasch y

Montenegro, 2003). Éstas tienen como objetivo producir relatos modulados, en los que

las narraciones de las personas entrevistadas respondan a los objetivos de la

investigación, y con ello, emerjan formas de conocimiento que, en lugar de representar

la realidad, produzcan nueva teoría y aporten una diversidad de miradas sobre el

fenómeno investigado (Biglia y Bonet, 2009). El carácter potencialmente político de las

mismas reside, precisamente, en el reconocimiento de su parcialidad y su

temporalidad, abierta a ser modificada con el pasar del tiempo (ibídem).

En relación al fenómeno que nos ocupa, cómo apuntan García y Montenegro, "narrar

el amor es una práctica muy extendida" (2014:69), ya que las narrativas personales de

amor inundan la cultura popular y juegan un rol importante en la creación de

significados de nuestras experiencias cotidianas (ibídem). Asumiendo este punto de

partida, me parece muy interesante la lectura que hacen del concepto de ‘las narrativas

dentro de las narrativas’ de Kenneth y Mary Gergen (1983), quienes apuntan cómo en

28
Sus inicios se localizan en el seno del grupo de investigación Fractalidades en Investigación Crítica (FIC)
de la Universidad Autónoma de Barcelona a finales de los 90s.

53
los procesos de construcción de subjetividades, las experiencias personales se articulan

con diversas narrativas en el entramado social (García y Montenegro 2014:69)29.

Estas autoras asumen que las narrativas propias se tornan una negociación constante

con las Narrativas (del imaginario social), asumiendo que somos sujetos con agencia

que no solo reproducimos las grandes Narrativas, sino que tenemos -más o menos-

capacidad de decisión, ya sea tanto para seguir reproduciéndolas o bien para

rechazarlas y subvertirlas (García y Montenegro, 2014). Una negociación y elaboración

que no puede pensarse sin su dimensión relacional y contextual, que supone estar en

contacto con un amplio espectro de narrativas más allá de la hegemónica (ibídem).

Igualmente, Bárbara Biglia y Jordi Bonet argumentan que "la creación-definición de

narrativas es una toma de agencia, especialmente en el momento en el que éstas se

autoconstituyen como alternativas a las (meta)narrativas dominantes" (2009:14).

Uno de los riesgos de las producciones Narrativas es la posibilidad de no atender a los

contextos por centrar demasiado la atención en el discurso. Por ello, a pesar de que

cada texto o narración incluido en esta investigación cuenta una historia sobre la visión

de una participante respecto a la no monogamia y la manera de relacionarse afectivo-

sexualmente, "las narraciones no se leen como representaciones de la subjetividad de

los participantes, sino como productos culturales donde se articulan diferentes voces

del campo social" (García, 2017: 197). Además, permiten evidenciar "la tensión entre

narrativas dominantes —que pueden servir para silenciar o invisibilizar historias que no

encajan o salen de la norma— y narrativas contrahegemónicas en las que se ponga en

juego la visibilización y la creación de imaginarios y prácticas liberadoras" (García y

Montenegro, 2014:70).

29
Esta articulación se da a través de la relación que se establece entre Narrativas (grandes narrativas
amorosas) y narrativas (biografías amorosas). Las Narrativas —con N mayúscula— encajan con lo que otras
autoras han conceptualizado como meta-narrativas, narrativas culturales que sirven como referentes en la
producción de significado y como mecanismos de limitación en la construcción identitaria y autonarrativa
(McNay, 2000). Por otro lado, las narrativas —con n minúscula— hacen referencia a la elaboración “propia”
de las narrativas. (en García y Montenegro, 2014:70).

54
La agencia de las participantes tiene un papel relevante en el relato final, pues las

participantes han tenido la posibilidad de agregar correcciones y modificaciones al

mismo en función de sus intereses. Por ello, como apuntan Biglia y Bonet (2009), "los

relatos en lugar de representar la forma en que las participantes comprenden el

fenómeno, suponen la producción de un texto híbrido en el que se expresa una cierta

manera de entender el fenómeno" (2009: 14). Se trata sin duda de una aproximación

para romper con el dualismo epistemológico sujeto-objeto, y con la intención de

coproducir conocimiento desde la horizontalidad.

Por otro lado, la propuesta de Biglia de tomar las metodologías de investigación como

"posible punto de partida o tránsito que deben ser adaptados a las características de

cada investigación, así como a las peculiaridades de las subjetividades que las habitan"

(2007:415); me llevó a preguntarme cómo podía a partir de la metodología contribuir

a ceder el protagonismo a las participantes y no acabar superponiendo mi voz en sus

relatos. Pues, cómo expresan García y Montenegro, el momento de "la textualización

podría entenderse como un ejercicio de poder, en el sentido que la investigadora

puede generar sus formas de escribir sobre aquello que se ha hablado" (2014:80).

¿Y si en vez de escribir yo el relato, lo hacían ellas mismas? Optar por una escritura

creativa de las participantes, asumiendo mi implicación como investigadora,

proponiendo unos temas específicos de reflexión y acompañando el proceso en todo

momento. Pues, la práctica de narrar se erige como una manera de comprender el

significado que otorgamos a nuestra forma de percibir el mundo (Denzin, 2013 en

Villalba, 2015), suponiendo así, que cada relato sea único y siendo un reflejo de la

persona que lo escribe.

El relato como práctica de investigación y creación narrativa toma un papel

ilustrador y reflexivo al permitir vincular desde lo artístico y lo narrativo la

experiencia, es decir, la posibilidad de poetizar y crear imágenes de la

experiencia y permitir la reflexión tras el proceso de evocación para revelar

saberes y significados de lo vivido (Villalba, 2015: 229) Además, en la

55
investigación narrativa el relato [se entiende] como acto [que] crea voz: la voz de

los sujetos y el fenómeno de estudio (ibídem).

Me parecía un planteamiento interesante, en tanto que el foco estaba puesto en dar

protagonismo y espacio a las participantes y, además, huía de la centralidad de la

palabra oral, pues creo que en ocasiones lleva a excluir otros posibles canales de

expresión y producción de saberes. En relación a esto último, supongo que estaba

asumiendo mis malestares y batallas con la expresión oral y mis esfuerzos por

reivindicar otras formas de hacer y deshacer. Además, soy consciente de que

efectivamente podía introducir este giro en la propuesta metodológica, porque todas

las participantes poseen un alto nivel de formación y están acostumbradas a escribir en

su día a día (de manera más o menos autoreflexiva).

Aun así, y recogiendo los consejos de las personas que me han acompañado a lo largo

de este proceso, opté por darle una vuelta más, que sin duda sumaba agencia y

coherencia a mi propuesta metodológica, y, finalmente decidí plantearles ambas

opciones y que fueran las mismas participantes quienes decidieran. Les pedí que,

independientemente de lo que decidieran, escribieran por qué lo habían elegido y que

hicieran una primera escritura a ciegas sobre lo no monogamia.

Sin excepción todas decidieron escribir ellas mismas su propia narración. En los escritos

de justificación de la metodología surgían dos cuestiones en común: por un lado, se

mencionaba la comodidad y la tranquilidad de poder pensar bien las respuestas e

incluso poder modificarlas. Y, por otro lado, había respuestas en la línea de lo que

expuso Carla: “Pensé también que podía ser interesante dar lugar a un momento

introspectivo de sincerarme y pensar reflexivamente sobre la manera en la que practico

mis relaciones afectivas o/y sexuales”. E igualmente Alex relataba que escribir ella

misma la narración suponía para ella: “Estar en mi espacio conmigo misma escribiendo

sobre algo que me atraviesa. Es como una carta al vacío donde puedo sincerarme. Con

la otra opción, en mi opinión esos detalles desaparecen, y con ellos también acabo

desapareciendo yo”.

56
Previo al proceso de escritura, quedé (físicamente, vía Skype o telefónica, en función

de las posibilidades) con cada una de ellas, para conversar sobre el guion que yo misma

había elaborado para la posterior producción de las narrativas. Un guion (ver Anexo I),

que pretendía dar respuesta a los objetivos de investigación y que estaba compuesto

por cuatro grandes bloques: (1) comprensión general de las relaciones afectivo-

sexuales, la monogamia y la no monogamia, (2) prácticas y experiencias afectivo-

sexuales concretas, (3) el papel del feminismo en las vivencias no monógamas, y, por

último, (4) una mirada al futuro. Aun así, pese a ser una propuesta guiada, o

precisamente por serlo, no se planteó en ningún momento como una batería de

preguntas y respuestas, sino que se trataba de unas preguntas guía que daban margen

para que cada una hiciera suyo el relato y se sintiera con total libertad para introducir

cuestiones relevantes y de interés para ella; siempre en relación a sus experiencias no

monógamas.

Ha sido un proceso de ida y vuelta, específico con cada una de ellas, marcado por los

tiempos y las distancias (físicas y relacionales). Un proceso que en todo momento ha

puesto el foco en las participantes, en sus experiencias y sus reflexiones. Por ello,

finalmente las narrativas incluidas en la investigación son singulares, y tienen un color

y un tono diferente, reflejo de cada participante.

Para darle forma al análisis, he partido de éstas, poniendo en diálogo las aportaciones

de cada una, sus puntos en común y sus diferencias. Y, ha sido a partir del diálogo

entre las experiencias de Sua, Alex, Sam, Girasol y Carla, el marco teórico y la

propuesta teórico-metodológica, que ha surgido un análisis a partir de cinco grandes

bloques: (5.1) crítica al amor romántico como punto de partida para pensar y construir

otras formas de relación, (5.2) las dificultades con las que se encuentran las personas

no monógamas cuando ensayan otras formas de estar, (5.3) las estrategias de

resistencia llevadas a cabo para superar esas dificultades, (5.4) el papel del feminismo

en el devenir no monógamo, y por último se recoge (5.5) una mirada hacia el futuro,

hacia donde queremos ir y de qué manera.

57
4. Relatos cotidianos imperfectos: ensayando nuevas
formas de estar, querer y desear

No tenemos respuestas. Tampoco las queremos.

Pero sí que tenemos mucho que contar,

que relatar, que pensar, que disfrutar.

Buscamos un mundo contra hegemónico.

(Chiappini, 2016:7)

En este apartado, presento las narrativas de las 5 personas que han participado en el

estudio, 4 mujeres y 1 hombre: Sua, Carla, Alex, Girasol y Sam. Todas ellas son jóvenes

(entre 19 y 28 años) que han optado por vivir sus relaciones dese una lógica no

monógama feminista. Sus edades suponen un corto recorrido en la no monogamia, por

lo que en sus narrativas más que recoger un gran recorrido experiencial, se presenta

un conjunto de planteamientos sobre las mismas.

Podemos considerar estas narrativas como relatos críticos respecto a los discursos del

amor romántico monógamo y aportaciones hacia otros modelos de relación más libres

y feministas. Sus experiencias permiten acceder de manera privilegiada a las

contradicciones, tensiones y conflictos que suponen haber optado por relacionarse de

manera no monógama habiendo sido socializadas y conviviendo con el modelo

hegemónico de amor romántico. Pues, a pesar de que estas formas de relación no son

‘nuevas’ (sino que han estado presentes con más o menos visibilidad a lo largo de la

historia, como exponía en el marco teórico) estos relatos ponen encima de la mesa

posibilidades y límites de habitar la no monógamas en nuestra sociedad Occidental

posmoderna actual.

Ellas proceden de Barcelona, Mallorca, Albacete y Benidorm, pero tienen en común, -

más allá de autodefinirse como feministas y no monógamas- que han vivido (al menos)

este último año en Euskal Herria. No todas se conocen entre sí, pero yo he tenido el

placer de conocerlas personalmente y compartir -más o menos- experiencias con cada

58
una de ellas. Y él, de Barcelona afincado en Andorra, forma parte de la investigación

por relacionarse sexo-afectivamente en términos no monógamos y feministas con dos

de ellas en este momento. Su relato, posibilita el acercamiento, aunque sea de manera

muy limitada, al conocimiento y la experiencia de un hombre que mantiene una relación

no monógama con dos mujeres feministas y, al mismo tiempo, permite profundizar un

poco más en una experiencia no monógama a tres.

Tal y como apuntaba en la introducción, por cuestiones de extensión del TFM, las

narrativas han sido incluidas en el Anexo II. Pero, hacer su lectura antes de adentrarse

en el análisis, supone, por un lado, una mayor comprensión del mismo, y a la vez asumir

las voces de las participantes como una cuestión central y no accesoria de la

investigación. Pues en todo momento la investigación ha sido un proceso relacional

encarnado entre las participantes y yo -como investigadora-. Por ello, apuesto por un

relato final que ponga en el centro las voces de Sua, Alex, Sam, Girasol y Carla; y que

asuma la investigación como un proceso participativo y horizontal.

A continuación, a modo de contextualización, haré una breve presentación de cada

una de ellas.

4.1.Sua

Sua tiene 26 años. Es de Barcelona (bueno, de Barberà del Vallès, un pueblo de la

periferia), pero ahora vive en Bilbao. Se asume feminista, plural y en continuo

movimiento. Se formó como psicóloga social, pero cree en la formación continuada y

por eso, entre otras cosas, está cursando actualmente su segundo máster. Le gusta

relacionarse. Se considera no monógama por convencimiento. Actualmente tiene una

relación sexo-afectiva con Sam y con Alex, que también participan en esta

investigación. Con Sam se relaciona desde hace 6 años y aunque su relación se ha ido

transformando con el paso de los años y de las experiencias vividas, el planteamiento

ha sido no monógamo desde el inicio. Con Alex convive desde hace 9 meses y desde

el principio comparte deseos y lucha.

59
Una adolescencia marcada por el amor romántico. Pero con una sexualidad jugada y

disfrutada, aunque a la espera de la llegada el prometido príncipe azul. Sin entender

muy bien por qué tenía que elegir a alguien si le gustaban varias personas y cada una

le aportaba algo diferente, jugó a relacionarse a muchas bandas, a sabiendas del juicio

negativo que a veces le suponía. Su primera relación lésbica, el feminismo y las

reflexiones de Brigitte Vasallo le dieron las razones para dejar de esperar al príncipe

azul y reapropiarse de "ser una fresca", como algunos le decían.

Sintiéndose cada vez más libre y liberada, se niega a asumir que el amor es excluyente.

Con Sam, la no monogamia llega oficialmente a su vida y a sus relaciones. Una

propuesta prácticamente teórica que poco a poco ha ido cogiendo cuerpo a partir del

ensayo-error, de hacer y deshacer, de compartir malestares y de una red afectiva

feminista que la ha sostenido a la vez que le ha dado claves para seguir politizando el

amor y las relaciones.

Abierta a lo que tenga que venir, siempre desde la crítica y los cuidados. Asumiéndose

vulnerable y contradictoria, tiene ganas de más. Sin tener muy claro qué vendrá, quiere

que sea en colectivo. Cree que apostar por las no monogamias es una manera de abrir

una fisura en el sistema y de construir un mundo desde otro lugar, más justo y más

vivible.

4.2. Alex

Alex tiene 19 años. Hasta que se fue a estudiar bellas artes a Bilbao, vivía en Benidorm

con sus padres, su manada de gatos y su perra Luna. Es creativa, caótica y combativa.

Vive pegada a su cámara y a sus auriculares, a través de los que ve y siente el mundo.

Se define y es leída como bollera (política). Tiene una relación con Sua y con Sam. Con

la primera comparte piso, cama y lucha; y con el segundo, la visión decadente y

existencial del mundo y su fascinación por captarlo a través de la cámara.

Está convencida de que las nuevas generaciones tienen mucho más normalizadas las

relaciones no monógamas, aunque es crítica con ese auge, porque considera que se

60
plantea desde una lógica neoliberal de consumo de cuerpos y relaciones. Cuenta que

el amor llegó tarde a su vida y que vino de la mano del feminismo. No ha vivido ninguna

relación cerrada al uso, pero sí reconoce haber tenido amistades con las que se han

dado las dinámicas de relación de pareja monógama. Con Sam ha conseguido

deconstuir la competición y las rivalidades que habían surgido en otras relaciones que

ha tenido y qué fueron uno de los motivos de peso para que esas relaciones terminaran.

Cree que el esfuerzo y la energía que requiere construir una relación desde la no

monogamia es mucho mayor que hacerlo desde el marco monógamo, pero le

compensa. Reconoce que no había mirado mucho hacia el futuro hasta que Sua le

planteó un posible futuro en colectivo. Le gusta la idea, pero sabe que para ello

primero tiene que haber mucho trabajo a nivel individual y colectivo. Es crítica con la

criminalización del sexo, pero a la vez es lo que más malestares le genera; una

contradicción (más) que considera suya y de la sociedad en la que le ha tocado vivir.

Usa las redes sociales para expresarse y reivindicarse a sí misma, entre otras cosas,

como no monógama. Le enfada que la gente se tome la libertad de decirle lo que es

o deja de ser, así que conscientemente explicita que Sua es su novia y Sam su novio,

para descolocar y hacer pensar a todos aquellos que dudan de lo que es o lo qué

debería ser.

4.3. Sam

Sam tiene 29 años y, hasta hace unos meses, vivía en Cerdanyola, un pueblo del área

metropolitana de Barcelona. Es abogado, bueno, jurista, y ahora vive en Andorra, pues

se mudó allí por trabajo. Se reconoce no monógamo, pero asumiendo que es más que

eso. Mantiene una relación con Sua, desde hace 6 años, la cual ha cambiado mucho

con el tiempo, igual que lo han hecho ellos. Especialmente ha cambiado con la entrada

de Alex en sus vidas, quien le ha sacudido, le ha hecho enamorarse, dándose cuenta

así de que uno puede querer a dos personas a la vez. Darse cuenta que ni el sexo ni la

61
preferencia sexual son elementos definitorios de una pareja, le han hecho replantearse

muchas cosas y asumir que queda aún mucho camino por recorrer.

Cree que el amor es parte fundamental en la sociedad que vivimos. Un amor pensado

para que sea de pareja, heterosexual y monógamo. No tiene claro si cada vez la no

monogamia está más presente en la sociedad o si es cuestión de que sus intereses

están focalizados en ello. No entiende muy bien el revuelo social que suponen las

infidelidades, las sexuales, y, por lo contrario, como todo lo que tiene que ver con

sentir, querer y compartir emocionalmente está relegado a un segundo plano. A pesar

de definirse como una persona escéptica, reconoce que el papel del feminismo es clave

para sus relaciones y para las relaciones a nivel general. Asume estar en una continua

revisión y deconstrucción. Reconoce que los celos aún le acechan pero que lo hacen

en menor medida que hace seis años, y que para ello trabajarse en términos de

comunicación y compromiso han sido claves. Admite sentirse inevitablemente más

retado cuando es otro hombre el que entra en la ecuación.

Aunque no suele hablar mucho sobre el tema en público, cuando lo hace suele usar la

palabra ‘poliamor’, pues cree que es la más extendida y la que tiene un tono más

conciliador. Cree que a pesar de que poco a poco sus círculos más cercanos lo

normalizan más, la sociedad va a otro ritmo y estamos lejos de poder vivir en libertad

la no monogamia sin tener que pasar por la justificación y el juicio. Apuesta por la

legalización de estas nuevas formas de relación, para que la normalización sea más

rápida.

4.4.Girasol

Girasol tiene 19 años. Es de un pueblo, que, como ella misma dice, es de la Mallorca

profunda y eso se palpa en su acento y en su forma de leer y habitar el mundo. Está

abierta a lo que tenga que venir, le gusta improvisar y fluir. Es la tranquilidad y la buena

vibra en persona. Está politizada, pues ha militado desde adolescente en la izquierda

62
independentista. Actualmente estudia bellas artes y vive en Bilbao, lugar que le hace

sentirse acogida por la historia socio-política compartida con su lugar de origen.

Define su maleta de relaciones afectivo-sexuales como desastrosas, aunque reconoce

que, a pesar de haberse socializado con el amor romántico en cada esquina, en su casa

le han inculcado otros valores mucho más libres y experimentales. No ha creído nunca

en el amor infinito, incondicional y exclusivo. Sus prácticas han sido mayoritariamente

heterosexuales, pero problematiza la heteronorma como imposición. Sus experiencias,

especialmente su relación con Lluna, con quien convive en Bilbao, le han llevado a

replantearse los límites entre el amor y la amistad. Cree que el sistema se empeña en

definir y etiquetar a las personas y las relaciones sin tener en cuenta que cada persona

es distinta y que cada una te aporta cosas distintas.

Este último año ha vivido una experiencia poliamorosa y que le ha hecho reflexionar

sobre la importancia de los cuidados, el papel de los privilegios y de las rivalidades que

están en juego cuando uno está en una relación en la que hay más de dos personas.

Incluso se ha inventado nuevos términos para nombrar las relaciones que se construyen

fuera de los estándares monógamos. Se ha refugiado en el feminismo y en sus amigas

para encontrar respuestas, preguntas y sostener los malestares y las contradicciones

vividas.

Su ideal sería una sociedad popular, colectiva y sin preocupaciones materiales; como

ella misma apunta: sin propiedad privada, ergo sin monogamia tampoco. Está

convencida de la que revolución será feminista o no será, y que el modelo relacional

que tiene más coherencia con ello es la no monogamia.

4.5.Carla

Carla tiene 25 años. Nació en algún lugar de la Mancha, pero actualmente vive en

Donosti, en un camión. Es libertaria y feminista, educadora social renegada de su

gremio y universitaria por suerte, tal y como dice ella. Enmarca su manera de entender

63
las relaciones y de relacionarse en el marco no monógamo; concretamente se siente

bastante identificada con la propuesta del anarquismo relacional.

Es muy crítica con la jerarquización de los afectos impuesta por el pensamiento

amoroso y legitimada socialmente. Huye de la palabra ‘pareja’ o ‘novio’, incluso del

apelativo ‘compañera’, común en los ambientes libertarios. Considera y nombra a sus

vínculos como ‘amigas’ o ‘colegas’, a quienes no jerarquiza entre ellas, pero sí que

prioriza relaciones, en tanto que a veces pasa una temporada con algunas de ellas y no

con otras. Descubrió hace unos 8 años esta forma de relacionarse en el mundo

libertario, cuando aún no había tantos materiales ni charlas sobre el tema. El feminismo

le ha aportado herramientas personalmente y cree en su importancia para la gestión

colectiva del amor y las relaciones.

Tiene claro que no va a volver a relacionarse de forma monógama, pues hacerlo desde

la no monogamia le permite sentirse libre, querida y a gusto. Igualmente, no niega las

dificultades, las contradicciones o la pereza que a veces le da habitar el mundo en estos

términos. Por otro lado, pone en evidencia la dimensión estructural de la monogamia

y denuncia la normalización de los celos y otras actitudes machistas que hay en los

productos culturales. Aun así, considera que cada una es libre de elegir su manera de

vivir las relaciones.

Asegura que la comunicación debe ser central. Estar atentas en todo momento a cómo

se sienten las personas con las que nos estamos relacionando, para poder hablar y

trabajar cualquier cuestión que suponga malestar, le parece fundamental. Y cuando

mira al futuro se piensa viviendo bajo esas premisas y en comunidad; con otras

compañeras con las que tenga relaciones afectivas, sexuales o afectivo-sexuales.

64
5. Tejiendo un análisis sobre el amor
“Para que nuestros amores personales sean políticos,

hay que hacer política de nuestra experiencia”

(Vasallo,2017d)

El presente análisis pretende ser un diálogo en el que las voces y las experiencias de

las protagonistas sean centrales. Para ello, he entretejido los relatos de las

participantes, mis comentarios y la bibliografía relacionada con los distintos aspectos

tratados.

5.1.Crítica al modelo de amor romántico

Me habían vendido que el amor era sacrificio, era dar un beso aunque yo no

quisiera. Era ser la novia de y dejar de ser Alex. Para los otros niños era como si yo

estuviera bajo su protección. Era exclusividad. Más tarde entendí que esa

exclusividad era posesión. El amor era como la película de ‘A tres metros sobre el

cielo’, tíos pasotas con motos y tías locas por ellos. Era amar hasta morir y matar por

amor. Era romanticismo, era tener a una persona que te hiciera feliz y nadie más

(Alex).

En esta cita Alex resume a la perfección el modelo de amor romántico. Un modelo de

amor que todas las participantes reconocen fácilmente, pues ha sido para ellas el punto

de partida de sus trayectoria afectivo-sexual. El hecho de haberse socializado entre los

mitos del amor romántico les supuso in-corporar una idea de amor específica, que

determinaba su forma de entenderse a ellas mismas, sus relaciones y en definitiva el

mundo. Un ideal que, como explica Sua, suponía mantenerse a la espera del famoso

“príncipe azul que nos habían vendido en las películas de Disney y las que no eran de

Disney más tarde”, y sus consecuentes sufrimientos y frustraciones.

Los productos audiovisuales y musicales que nos acompañan en nuestro cotidiano,

están “plagados de dependencia, posesión, relaciones súper idealizadas, justificación

de celos, hasta de deseos de matar a la persona que se ama por que se ha ido de tu

65
lado al estilo Loquillo”, argumenta Carla. La cultura mediática y popular responde a un

modelo político-sensorial que sustenta la ideología de pareja, la norma heterosexual y

las posiciones desiguales para mujeres y hombres (Esteban, 2011:92).

Sam afirma que “el amor es parte fundamental de la sociedad en la que vivimos” y no

solo eso, sino que, como expone Andrea Momoitio (2017), “el amor sigue siendo la

meta a la que aspiramos todas". Por lo que no es casual que, “cuando pensamos en

‘amor’ todas entendemos que nos referimos al amor de pareja, pero no siempre lo

hacemos evidente”(Ibídem). Esa pareja que, cómo añade Carla, es imprescindible que

encontremos porque “va a satisfacer todas tus necesidades, tanto emocionales como

económicas”.

A pesar de haber crecido con el ideal el amor romántico en cada esquina y en cada

canción, las trayectorias recogidas, antes o después, han cuestionado ese ideal. En las

narrativas se muestran cómo, cada una a su manera, problematiza ese ideal a partir de

sus prácticas (corporales) ya desde sus primeras experiencias afectivo-sexuales. Por

ejemplo, cuando Sua explica que, a pesar de considerarse una romántica, ya de

adolecente rompía con lo que se esperaba de ella como chica, siendo pícara y

descarada, aparentemente segura de su palabrería y sus miradas en los juegos de

seducción a diferentes bandas. Como ella misma explica, le aburría tener que esperar

a que fueran los chicos los que dieran el primer paso. O, por ejemplo, Girasol cuenta

que el hecho de que sus padres no se entrometieran en sus relaciones le permitía

experimentar fuera de los códigos de amor incondicional y exclusivos.

Las primeras experiencias tanteando de manera más o menos consciente los límites de

la monogamia, supusieron puntos de inflexión en la vida de las participantes. Sam

expresa que no cree en el amor romántico, ni en las medias naranjas, ni en el 'juntos

para siempre'. Explica en su narrativa que "todo eso me genera una pereza y rechazo

enorme. Lógicamente, no siempre fue así. En una de mis primeras relaciones tuve un

momento de crisis debidamente por ello. Juntos para siempre. Tal y como era de

esperar, no fue así. Éramos jóvenes y alocados. No, simplemente creo que era lo que

nos habían vendido que teníamos que pensar. Pse, todo cambia”.

66
Por otro lado, Carla nos narra cómo ‘le puso los cuernos’ a su novio con uno de sus

mejores amigos, en secreto, porque era consciente “del significado que tanto mi novio

como el resto del mundo le iba a dar a lo que yo estaba haciendo”. Significados que

responden, como señala Foucault (2012), a discursos legitimados y naturalizados con

la intención de evitar que el orden monógamo se desestabilice. Nos interpelan y actúan

en nuestros cuerpos de manera coercitiva, por parte de los demás y por la nuestra

propia. La experiencia que recoge Carla en su narrativa lo ilustra perfectamente, pues

después de ello, creía que “lo había hecho fatal, que había sido muy egoísta y que

todos estos pensamientos solo me habían servido para hacer las cosas mal (...) me decía

a mi misma que me lo había buscado y que me lo merecía por puta.” Producciones

discursivas inmersas en la sociedad que penetran en los cuerpos de la ciudadanía, con

la intención de condicionar y coartar su sexualidad y su cotidianidad.

Aquella experiencia sirvió para que Carla experimentara los límites de lo socialmente

deseable, pero a la vez fue un punto de inflexión pues “fue ahí cuando me di cuenta

que podía querer a dos personas a la vez”. Los cimientos de la monogamia también se

ponen en duda cuando Sua “no acababa de entender qué pasaba cuando elegías a

alguien, pero te seguías sintiendo atraída por otros”. Sam por su lado entraba tarde al

campo afectivo-sexual, para lo que socialmente se presuponía que debía hacerlo un

chico de su edad, y su entorno se encargó de mostrarle su falta de aprobación por

hacerlo sin ser estrictamente monógamo. Sam reconoce que “casi todas las relaciones

que puedo ver a mi alrededor son de este tipo, la regla general, lo que siempre hemos

visto”. Pero se pregunta que es realmente la monogamia, “¿estar con una persona, sin

tener más ‘relaciones’ con otras personas?” y eso le lleva a preguntarse “¿qué

entendemos por otras relaciones? ¿Puedes tener amistades? ¿Puedes besarte con otras

personas? ¿Follar con otras personas? ¿Enamorarte de otras personas?”. En este

sentido, Wuwei (2017b) reflexiona sobre lo sintomático que es decir ‘no tengo ninguna

relación’, cuando no tenemos pareja, cómo si no nos estuviéramos relacionando

continuamente de una manera u de otra. Pone en evidencia que es un planteamiento

hecho desde un marco monógamo, en el que ‘solamente existe una relación

reconocida como ‘válida’: la pareja (Wuwei, 2018b).

67
Carla define la no monogamia como “un modelo de relación afectivo sexual de dos

personas, con exclusividad sexual y emocional, aunque esta última algo menos limitada

que la sexual. En realidad, es más bien todo un sistema de relaciones que dicta a quien

puedes amar en tu vida y en qué grado, a quién no debes amar en absoluto, y establece

cual será la única persona en tu vida con quién puedes tener relación sexual.” A lo que

Sua añade que “aquello que llamaban monogamia hacía aguas. Los secretos, las

mentiras, ‘los cuernos’, la posesión y la exclusividad estaban a la orden del día en mi

entorno y en la sociedad en general, y lleva a relaciones tóxicas y rupturas peores, y yo

no quería seguir pasando por ahí”.

Sua además, cuestiona las relaciones tal y como nos las han impuesto y jerarquizado, y

Alex, que está de acuerdo con ello, apunta también que la monogamia “no está

problematizada lo suficiente socialmente y esto provoca que los modelos alternativos

de relación estén vacíos de contenido político”. Afirma que cuando se concibe, muchas

veces “se propone como una etapa”, y Girasol lo confirma cuando relata que al

compartirle a su madre sus planteamientos no monógamos, no le genera resistencias,

pero si la invita a tener cuenta que “eso a largo plazo no va bien”.

Aún así, todas creen que la no monogamia, como modelo alternativo al hegemónico,

se está introduciendo cada vez más dentro de las Narrativas sociales; Alex habla de los

debates por Twitter sobre el amor libre, Carla indica que cada vez proliferan más los

fanzines y los espacios de debates en contextos libertarios para hablar del tema, y Sam

a pesar de que coincide con la percepción del auge, recalca que “no sé si es que se

habla más o que mis intereses me hacen ver cosas que antes pasaba por alto”. Aun

así, les ha costado localizar ejemplos de relaciones no monógamas en la cultura

mediática y popular. Y no solo eso, sino que con los pocos ejemplos que conocen, se

muestran críticas con su forma, creyendo que “está absorbida por el neoliberalismo,

por la falta de cuidados, por la falta de gestión y el consumo de cuerpo”, argumenta

Alex; a lo que Carla añade que estos “discursos evitan la reflexión profunda”.

Lejos de la representación que la cultura está introduciendo en le imaginario colectivo

sobre la no monogamia, Sua, Alex, Girasol, Sam y Carla apuestan por una no

68
monogamia crítica que rechaza la idea de amor excluyente, porque como relata Carla,

“no creo que querer a una persona implique querer menos a otra” pues “a cada una

de ellas las quiero por unas razones concretas y diferentes, y nadie puede sustituir a

ninguna”. Para Alex, la no monogamia deber ser consciente y enfocada a “construir

redes sostenibles, sanas, donde nos sentimos y nos conocemos a nosotras mismas y

también a personas nuevas”. Igualmente, Sua subraya que se “negaba (y me niego) a

asumir que el amor es excluyente, al igual que me niego a no priorizar el derecho a

disfrutar de mi propio cuerpo y a seguir experimentando con mi sexualidad”. Sam

comparte la idea de poder hacer y sentir con otras personas, y añade un detalle muy

interesante concibiendo que “la no monogamia es, también, no hacer nada de todo lo

anterior, pero saber que puedes hacerlo”.

Están de acuerdo en que a pesar de que se empiece a hablar más sobre ello, aún está

lejos de estar presente en la práctica; ejemplo de ello son los pocos referentes que

tienen o las pocas personas conocidas en su entorno que vivan las relaciones desde

este modelo. “Recuerdo sentirme todavía más equivocada de lo que ya me sentía, pues

buscada consuelo y comprensión en la literatura libertaria y puedo asegurar que no lo

encontré”, confiesa Carla al recordar su experiencia de hace unos años cuando buscó

información por internet sobre el tema.

Aún así, haber optado por habitar el mundo construyendo relaciones desde la no

monogamia crítica les parece la manera más liberadora y más coherente con su forma

de entender las relaciones y el mundo.

5.2.Ensayando la contra-hegemonía afectivo-sexual: de la teoría a la práctica

“La teoría es relativamente fácil de aprender y es muy sencillo soltar el discurso

feminista no monógamo, pero llevarlo a la práctica es mucho más complicado.

Te equivocas constantemente contigo misma y te encuentras llena de

contradicciones, te saltan mil alarmas internas que te dicen ‘hey, esto te lo vas a

tener que trabajar’ y te tienes que dedicar espacio y tiempo a ti misma para

mirarte con un pequeño espejo qué es lo que se te está removiendo por ahí

dentro.” (Alex)

69
Las protagonistas de las narrativas, sin excepción, hacen explícito el reto que supone

optar por relacionarse fuera del modelo de amor dominante. Nos cuentan que apostar

por otra manera de ser, estar, sentir y desear supone vivir en un constante ensayo-

error. En este sentido, Garcés (2013) apunta que debemos tener en cuenta que estas

nuevas fórmulas están sujetas a posibles imprevistos y a resultados que quizás, ni

siquiera imaginamos. Que supone exponernos a situaciones y preguntas nuevas de las

cuales tengamos que inventarnos las respuestas. “La necesidad de plantear la(s)

relación(es) de manera experimental y en permanente laboratorio, plantea muchos

desafíos y a la vez cuestiona la validez de las recetas, las normas o las fórmulas

universales (Mogrovejo, 2016:14).

Hasta ahora me mantengo en esta etapa de experimentación a base de ensayo-

error donde de momento me siento libre, querida y a gusto, donde siento que

si alguien está compartiendo su tiempo conmigo es porque le apetece, y no

porque le obligue o le haga chantaje emocional para que lo haga (Carla).

“Todo aquello me hacía dudar de mí misma y también de mi manera de querer”,

comparte Sua. “No lo sé, es complicado. Soy consciente de que he escrito unas cien

veces ‘no lo sé’. Realmente todo esto me genera dudas y cosas a las que no puedo

responder. ¿Lo estamos haciendo bien? ¿Realmente merece la pena? Dudas, dudas y

dudas”, escribe Sam en su narrativa.

Las dudas, de manera más o menos explícita, se leen y perciben en los relatos de Sua,

Sam, Alex, Girasol y Carla. Dudas que suponen malestares y sentimientos de

culpabilidad, como veíamos en el apartado anterior con el ejemplo de Carla. El sistema

tiene los mecanismos para absorber toda alternativa que pretenda subvertirlo, para

vaciarla de contenido y así beneficiarse de ella. Ejemplo de ello es la máxima neoliberal

de ‘cuando una quiere, una puede’; pues, recogiendo lo expuesto en la primera parte

de la investigación, si optamos por despatriarcalizarnos y evitar la monogamia, pero no

somos capaces de hacerlo, la responsabilidad - especialmente de las mujeres - es

únicamente nuestra (Herrera, 2015). Igualmente, ocultar la dimensión colectiva y

estructural de la cuestión para asegurar así que la culpabilidad se perciba como una

70
cuestión personal, es un clásico del sistema capitalista. Por ello, Pessah nos recuerda

que no debemos olvidar que “fuimos criadas en una sociedad heterosexual,

monógama, capitalista, que frente a nuestra rebeldía hará de todo para que nos

cansemos y nos asimilemos a lxs que siguen la norma” (2016: 60).

En relación al devenir monógamo - como una forma de estar - me parece interesante

tomar la propuesta de Enciso (2015), la cual, a partir del concepto de liminalidad de

Turner (1969), propone la transición de la monogamia al poliamor como un proceso

afectivo liminal. La autora reflexiona sobre el proceso de ‘hacerse poliamoroso’ en

tanto que “el poliamor no se presenta como una solución inmediata sino como una

posibilidad de anhelo (…) una transición problemática y, al mismo tiempo, un proceso

de devenir” (2015:120). Pues, como apunta Sam, “nuestra sociedad, gira alrededor de

la familia como ente formado por dos personas (no nos engañemos, principalmente

heterosexuales), por lo que un cambio de tal magnitud supondría un cambio de

paradigma que alteraría toda la estructura social con la que hemos sido configurados

desde hace siglos.”

Es un cambio que discute con un imaginario y un discurso que tenemos interiorizado

hasta la raíz, por lo que el proceso de transición tiene que ir necesariamente

acompañado de un proceso personal, colectivo y social. Un proceso lento, que como

ya se ha apuntado anteriormente, requiere de consciencia crítica y compromiso. Una

consciencia crítica no solo hacia fuera sino hacia dentro, que asuma la capacidad que

tenemos todas de afectar y de ser afectada y, que asuma el contexto y el momento

socio-histórico como piezas claves de la ecuación.

Romper con la monogamia supone ir contracorriente, pero no solo a nivel

político y social: también es ir a contracorriente de todas las emociones y

sentimientos que heredamos y que son nuestras, habitan dentro de nosotras,

nos influyen, nos limitan, nos condicionan (Neri, 2009:15).

Enciso (2015) enfatiza en señalar que no se trata de una transición entre dos estructuras

perfectamente delimitadas, sino que sus límites son imprecisos y están conformadas

71
por una amalgama de matices. Además, indica que el poliamor, a diferencia de la

monogamia, constituye una

‘liminalidad de marginalidad’, donde los individuos están ‘fuera de los esquemas

estructurales de un sistema social dado’ (...) apartándose voluntariamente del

comportamiento de los miembros de ese sistema que ocupan el lugar y

desempeñan un papel" (Turner, 1977: 233; en Enciso, 2015: 122). Por ello,

expone que “desde una perspectiva política, ‘convertirse en poliamoroso’

podría leerse como una transición desde fracturas, fracasos, intentos de

conformarse con las expectativas monógamas, a una forma más sincera de

conducir relaciones múltiples, permitiendo que éstas sean discutidas

abiertamente” (2015:122).

Las informantes, a pesar de apostar por la no monogamia, coinciden en que no es una

verdad absoluta, mágica, ni cerrada. Más bien comparten la idea de Alex asumiendo

que “la no monogamia es todo un camino de rosas”, entendiéndola como “un

replanteamiento y un modo radical de destrucción y construcción de los paradigmas

sociales, aterrizando nuestras propias propuestas directamente en nuestros sentidos,

ideas y proyectos que nos descentra en las normalidades, que se cuestiona las

dicotomías, la visión de género y que abraza linderos contra-sexuales (Neri, 2016:85).

Las narrativas están llenas de agencia, de prácticas empíricas cotidianas, que ponen el

foco en hacer una revolución desde las experiencias, desde los cuerpos; “ir

descubriendo a base de ensayo-error cómo conseguir estar bien teniendo relaciones

sexo-afectivas con varias personas sin que ninguna se sienta dañada y asumir bien todas

las gestiones emocionales con las que no estamos acostumbradas a lidiar, en primer

lugar, porque son muchos años de educación turbia en nuestra contra”, como explica

Carla.

Cuestionar y/o transgredir la monogamia implica exponerse a sanciones afectivas,

sociales y hasta económicas, “especialmente para las mujeres, para quienes la norma

heterosexual ha tendido a procesos de diferenciación entre “el urgente” deseo

masculino y la pasividad sexual femenina”. El carácter coercitivo de los deseos en

72
dirección a la norma monógama lleva a que las opciones alternativas a la misma “no

sean tan sencillas de llevar a cabo en términos de felicidad aceptables” (Montegamia,

Balover, Callthefuture, 2013:80-87).

En este punto, me parece muy interesante recuperar el paralelismo que las mismas

autoras hacen con las luchas por la transformación de las identidades de género

impuestas, las opciones sexuales o las prácticas sexuales no reproductivas. Igualmente,

me parece pertinente rescatar la crítica de Monique Wittig a la tendencia a la

universalidad del pensamiento heterosexual que cree que “nos lleva a la incapacidad

de concebir una cultura, una sociedad, en la que la heterosexualidad no ordene todas

las relaciones humanas” (2006:52). En la misma línea, Sara Ahmed apunta que “la

heteronormatividad funciona como una especie de confort público al permitir que los

cuerpos ocupen espacios que ya tienen una forma concreta (...) La heteronormatividad

también se convierte en una especie de consuelo, [pues] uno se siente mejor al calor

de enfrentarse a un mundo que ya ha asimilado (Ahmed, 2004:148 en Esteban

2011:169). Ambas ideas son perfectamente extrapolarse a la monogamia y por ello no

es casual que todas las protagonistas hayan recibido, entre otros comentarios, el de

“¡qué bien! ¡qué guay! Pero yo no podría…”.

Situarse fuera de la norma monógama supone exponerse a interpelaciones, a juicios y

prejuicios, a convertirse en “una especie de rata de laboratorio” como dice Alex. O,

como relata Carla, a recibir miradas y comentarios que asumen que por haber optado

por la no monogamia “estoy loca o que lo que me pasa es que no amo de verdad”.

Sua, Alex, y en menor medida Sam, usan sus redes sociales para visibilizar su forma de

relacionarse y en definitiva su relación. Sobre ello Alex explica que utiliza Instagram

para hablar de estos temas y expresarse, contar sus experiencias y reivindicarse a sí

misma. Igualmente, Sua se queda sorprendida de la cantidad de gente que al saber

que se relaciona de manera no monógama -en gran parte por sus contenidos en redes

sociales- le pregunta por su experiencia o incluso le pide lecturas para saber más sobre

el tema. “Con ello contribuyo a romper esquemas y a que sigamos entre todas

repensando las relaciones. Hacer de lo personal algo político. Conversaciones llenas de

73
preguntas que yo lanzo, pero también se me hacen a mí y que me sirven para seguir

deconstruyendo y construyendo”; expone convencida. En este ejemplo, se ve

claramente como los cuerpos no monógamos resignifican los espacios que ocupan y la

forma de tender el mundo, generando debates a partir de ellos mismos.

Pues, como apunta Mogrovejo, estos atrevimientos están abriendo camino para

replantear los pactos sobre los que se asienta la organización social: las relaciones

afectivas y amorosas que se traducen en la organización familiar (2016:71). “La misma

existencia de las cuerpas contra-amorosas, confronta al orden establecido y resquebraja

el sistema y construyen amoras, infinitas, gozosas y libres” (Rosso, 2016:78).

Para Carla es un reto hacerle entender a su entorno próximo su manera de concebir el

amor y las relaciones. Girasol no tiene especialmente problemas para hablar de ello,

pero reconoce que a veces le de pereza porque ya sabe cómo acaban esas

conversaciones. Sua se lo toma como una apuesta política, aunque “reservándome el

derecho a exponerme hasta dónde quiera, cuándo quiera y con quien quiera. Pues la

gente, con mejor o menor intención se siente con la libertad de preguntar, opinar y/o

criticar, sin pensar en el impacto que tiene eso en las demás”, y, al igual de Girasol a

veces no tiene ni las ganas ni la energía para ello.

“La gente tiene preguntas, la inmensa mayoría sobre cuánto debemos follar entonces.

Es agotador”, reconoce Sam. “Vaya tríos os tenéis que montar, me dicen”, expone

Alex.

El sexo no es el centro de todo y esto es algo que mucha gente no comprende.

Por otra parte, esas personas que te dicen que te tienes que tirar todo el día

follando no saben que, en realidad, cuando intentas relacionarte y dices que

tienes más parejas, la persona que estás conociendo tiende a alejarse y a no

querer saber nada más de ti.

Alex hace referencia en esta última cita a dos cuestiones claves. Por un lado, la

hipersexualización, el morbo y la objetivación hacia las personas no monógamas; y, por

otro lado, a las dificultades a las que se enfrentan estas personas para relacionarse.

74
En relación al sexo, ¿cómo podemos conseguir descentralizarlo sin que suponga

criminalizarlo? Hay una tendencia por parte de las personas no monógamas a presentar

este modelo de relación cómo “no tener predisposición a follar con otras personas. La

no monogamia es poder hacer y sentir con personas y sentimientos. La no monogamia

es conocer y ver cosas distintas”, como lo reivindica Sam. Por otro lado, Alex no

pretende desvincularse del sexo, y cuando la interpelan en ese sentido suele contestar

que “nos encanta el sexo, pero eso no significa que por ser pareja los tres tengamos

que tener relaciones sexuales.”

En este sentido recojo las reflexiones de Vasallo (2017c), respecto el argumento ‘no es

una cuestión de sexo, que esto va de amor’. Vasallo denuncia que este tipo de

discursos están totalmente anclados en el pensamiento monógamo, pues la obsesión

por desexualizar, por un lado, genera el discurso de las buenas personas poliamorosas,

las que aman y cuidan ‘a pesar de ser un poco más promiscuas que la media aceptable’,

y, por otro lado, supone una criminalización de las sexualidades -especialmente de

algunas en concreto - criminalizando la intimidad y la cercanía múltiple, en tanto que

algo dañino, sucio y claramente peligroso.

Y es, entre otras cosas, ese imaginario criminalizador el que dificulta que las personas

que optamos por relacionarnos de manera no monógama, nos relacionemos con otras

personas (las cuales son mayoritariamente monógamas) y construíamos un vinculo

afectivo-sexual (o del tipo que sea). Ya que, como explica Sam:

Lamentablemente, la inmensa mayoría de veces, informar de ello tiene

consecuencias rápidas y directas. Ejemplo práctico: Tinder (me gusta Tinder, es

divertido, aunque me suele dar pereza). Hola, hola, qué tal, todo bien. Esa persona

es maja, me gusta. Hablamos. Sí, oh, qué gracioso eres. Hasta que: “ah, por cierto,

pues que tengo pareja”. Y ahí ya suele saltar todo. Que qué interesante. Que qué

curioso. Pero: (a) Yo no podría (b) Yo no es lo que busco (c) Yo quiero ser exclusivx.

Carla y Sua hacen referencia al reto que supone explicarle a alguien que siempre se ha

relacionado de manera monógama, “que yo ya tenía pareja pero que estaba todo bien,

que era algo acordado entre ambos, y que a priori no tenia ninguna intención de

75
dejarla”. Pues todas coinciden en la importancia de “dejar claro cuál es mi situación

antes de iniciar una nueva relación, vínculo o lo que sea. Para mi es importante y creo

que es lo justo”, tal y como lo explica Sam.

Me equivoqué dando por hecho las cosas y por eso ahora mismo intento

introducirlo de forma normal en las conversaciones si estoy conociendo a

alguien, aunque no es ni fácil ni sencillo. Para mí es muy importante que esa

persona sea consciente de mis vínculos y saber que no va a intentar alejarme de

ellos. Declara Alex.

Las narrativas muestran cómo muchas de las situaciones en las que las participantes se

han querido relacionar sexo y/o afectivamente con otras personas, acaban en

incomprensión o no aceptación. Y por ello, en algunos casos, tal y como expone Carla,

“la solución ha sido tomar distancia”. Igualmente, Sua explica que “ha habido gente

que de manera más o menos elegante me ha expulsado de su vida por ello; o bien en

el momento de enterarse que tenía pareja o bien al no saber gestionar la situación al

tiempo de relacionarnos.” En este sentido, “a veces se producen situaciones realmente

incomodas”, declara Carla; “porque claro, una es monógama hasta que se demuestre

lo contrario” añade Sua. También se repite en las narrativas la sensación de esfuerzo,

energía y tiempo que requiere optar por relacionarse de manera no monógama. “Me

ha quitado mucha energía tener que empezar prácticamente de cero cada vez”, resalta

la misma, quien también plantea el siguiente paralelismo para explicar cómo se siente

ante estas situaciones:

Si yo me compro un móvil nuevo con un sistema operativo diferente al de la

mayoría de gente, no compatible con ellas, ¿de qué me sirve tener ese móvil si

la mayoría de funciones del móvil sirven para comunicarse con el resto?

Igualmente son interesantes también las situaciones que, aunque supongan un

malestar en el momento, luego suponen un aprendizaje, un paso hacia delante. Carla

aporta una vivencia que tuvo con ‘un colega’ , a quien “le tuve que explicar que el

venía a verme a mí y que yo iba a estar con más gente y que no quería que se sintiera

desplazado si no le daba todo el tiempo o atención que quería” y, aunque “en el

76
momento le dolió un poco, un año después me dijo que había agradecido mucho esas

conversaciones, pues dentro de lo que cabe le hice sentir que me importaba como se

sintiera, y por tanto se sintió cuidado y querido.” Además, este ejemplo muestra la

importancia de la comunicación y los cuidados, que retomaré más adelante.

Existen diferentes posturas en cuanto a mantener relaciones con personas

monógamas. Alex, por ejemplo, considera que no puede mantener una relación sana

con una persona monógama. Sua intenta tener presente que ella también ha

necesitado su tiempo para trabajárselo y no le parece justo pretender que las demás

estén en ese punto sin darles margen para ello, así que se da un tiempo antes de darlo

por perdido. Aún así, reconoce que, por ejemplo, el hecho de que Miel, uno de sus

vínculos más importantes, se considere monógama y tenga una relación construida

desde esos parámetros “tiene un impacto entre nosotras, que yo a veces no sé

gestiona” confiesa. De hecho, tanto Carla como Alex, Girasol y Sua, explicitan una

sensación de no retorno (a la monogamia) por lo que creen que no podrían ya volver a

tener una relación en esos parámetros.

Y, es precisamente cuando se está en relación con otras personas, cuando surgen las

dificultades de gestión, los malestares y las contradicciones. En todas las narrativas se

puede ver esa distancia entre los planteamientos teóricos no monógamos feministas y

las dudas, las inseguridades y contradicciones que se generan a la hora de llevarlos a

las prácticas. Y en este sentido, junto con Herrera (2015) apunto que la cuestión es que

“nuestros sentimientos no evolucionan tan rápidamente como nuestras teorías, y la

sociedad tampoco evoluciona al mismo ritmo que nuestros sueños húmedos y

utópicos”. Igualmente, Ahmed añade (2017) “que pensamos que la teoría feminista

crea mundos ‘que están por venir’, mientras que nuestras prácticas tienen lugar en

mundos patriarcales” (en García, 2017: 214).

Y es que todo lo que suponga problematizar la norma genera resistencias y miedos;

por parte de lo que la defienden y de los que la pretenden subvertir. Repensar el amor

y experimentar con nuevas formas de relacionarse, genera inseguridades y

contradicciones, especialmente si se hace desde una consciencia feminista; pues el

77
peso de la socialización no puede negarse. En este sentido, recojo la lectura que extrae

García de la distancia que también se da entre la teoría y la práctica en las narrativas

de mujeres feministas de su tesis, entendiéndola como “el campo de batalla donde se

libran las luchas de sentido, entre Narrativas y narrativas, donde negociamos,

subvertimos, nos reapropiamos y reinventamos en base a distintos géneros de habla”

(2017:214).

Por ejemplo, Sua se pregunta qué hacer con es sensación de querer ser especial y única

para las personas con las que se relaciona, “aunque no suela admitirla en público”.

Girasol, a pesar de que se dice a ella misma que no pasa nada por ver cómo el chico

con el que mantiene una relación se besa con otra chica en una fiesta delante suyo, se

siente removida. Y, por otro lado, Sam confiesa:

A veces siento celos de Sua. Y de Alex. A veces me pongo celoso de cómo son

ellas dos juntas. Son como dos cascadas de amor y afecto. En serio. Es algo

bestial. Es una luz especial. No nos confundamos: soy su puto mayor fan. Las

adoro. Las quiero. Estoy enamorado de ellas. Como entes individuales, como

entes conmigo y como pareja lésbica. Son un amor. Me encanta ver cómo se

quieren, cómo se miran. Pero a veces siento celos de ellas.

En este entramado, “los celos emergen para salvaguardan y custodiar las practicas

monógamas mediante el dolor, la frustración, la ira o la rabia irracional“ (Montegamia,

Balover, Callthefuture, 2013:85), y como se apuntaba anteriormente, son utilizados

como “dispositivos de control para la privatización de los cuerpos y de la sexualidad”

(Mogrovejo, 2016: 16). Nos han vendido los celos cómo sinónimo de amor: ‘eso es que

te quiere’, ‘si no le importaras no se pondría así’ y, “la represión sexual que comporta

la exclusividad sexual propia de la cultura de la monogamia no solo se legitima, sino

que se valora positivamente como indicador de fidelidad” (Nai Pai, 2013:26), necesario

para el éxito y el reconocimiento social de la relación en cuestión.

Pero las informantes, quienes han desmontado teóricamente estos argumentos tan

perversos, se descubren celosas y competitivas por momentos: “Me daba cuenta que

aquello que yo pensaba y había empezado a defender fervientemente a veces se

78
escapaba de mi alcance. (...) Vale, relaciónate con otras personas siempre que yo tenga

un lugar privilegiado, sintiendo que yo soy más importante y más especial para ti que

las demás, que te aporto algo distinto que nadie más puede aportarte”. Pues cuando

eso se pone en duda, todo empieza a tambalearse, cuenta Sua, siendo honesta consigo

misma. Pues darse cuenta - de manera más o menos consciente- de estar siendo

contradictoria y competitiva, le pesa, a la vez que le hace sentir rabia y tristeza.

Alex explica cómo sin siquiera conocer a la chica (con quien se relacionaba su pareja),

sentía que existía una competición entre ambas y hace énfasis en el momento en “que

sentí una patada en mi escalón de privilegios y sentía como mientras yo aún caía ella se

subía a él.” Pues, sin duda, la exclusividad es una de las piedras angulares del

entramado monógamo. “El sistema está ahí, y lo llevamos incorporado en todas las

parcelas de nuestra vida. Desde lo privado a lo grupal. Es un sistema que nos dice que

la llegada de ‘la otra’ nunca es una buena noticia, un sistema que nos dice que la otra

no tiene derecho a estar “(Vasallo, 2016). Esa ‘otra’ “a quien muchas veces se objetiviza

y con quien se nos insta a competir” (Wuwei, 2017a).

Pero, los celos, la exclusividad y la competición no se activan siempre ni de la misma

manera. Las experiencias narradas por las protagonistas, tal y como se recoge en el

próximo apartado, nos dan algunas claves para entender cómo pueden estar

funcionando estos mecanismos.

El papel del género y la preferencia sexual

Puede que, si Alex fuese un hombre hetero, nunca hubiese hablado de ella. Nunca

estaría escribiendo estas líneas. Puede que, si Alex fuese un hombre gay, todo fuese

distinto y tampoco escribiese esto. O puede que sí. Puede que Alex sea Alex porque

es Alex. Y ya está. No lo sé. No, si fuese un hombre hetero, la cosa no habría

acabado así (y tenemos unos buenos antecedentes históricos). (Sam)

El género y la preferencia sexual son dos elementos claves, que, cómo se muestra en

las narrativas, y concretamente en la última cita, suponen dificultades o facilidades en

la gestión de las relaciones. Pues, a pesar de la existencia de una conciencia crítica

79
feminista (más o menos incorporada) en la que se discute la heteronorma, la realidad

es que el género y la preferencia sexual de las otras personas nos hacen sentirnos más

o menos retadas. “Con hombres, en cambio, es otra historia. No sé. Puede que exista

una parte de mí que sigue viendo a las otras relaciones de Sua con hombres como

sujetos con los que competir. Como si fuesen un riesgo a verme sustituido”, confiesa

Sam. Y, en la misma línea Alex declara:

Si Sam hubiera sido una mujer mi relación con él supongo que habría sido bastante

diferente. Con los hombres tengo una barrera sexual que no me apetece atravesar

y que no me genera curiosidad. Entre mujeres me siento más cómoda, aunque se

me habrían removido otras cosas y quizás no habríamos llegado a conectar tanto

como lo he hecho con él.

Cuando Girasol piensa en una de sus experiencias centrales no monógamas en

términos de género y preferencia sexual se da cuenta, mientras lo va relatando, que el

género marca claramente la manera de percibir a la persona en cuestión y, su manera

de percibir a ‘la otra’, y de sentirse y pensarse a ella misma en la situación. Cuando se

siente interpelada por los pasillos de la facultad por las miradas de Gris,

automáticamente piensa que es porque ella la consideraba culpable, alegando a la

socialización diferenciada, es “un sentimiento de enemistad y celos que muchas veces

nos inculcan a las mujeres.”

Aun así, reconoce también que, en el momento en el que Gris se le acercó para rebajar

el sentimiento de enemistad, “tuve una sensación de comprensión, de compartir

sentimientos y de ayuda”, que cree que tiene que ver con el hecho de que fuera una

mujer, pues es mucho más relevante y significativo que se dé ese gesto, precisamente

por la enemistad que se presupone.

El papel del sexo y de lo afectivo

El sexo vuelve a ser un elemento central; por un lado, por ser un elemento clave con

su ausencia o su presencia, define socialmente el tipo de relación en cuestión, y, por

80
otro lado, por ser uno de los factores vividos con mayor malestar por parte de las

participantes.

“En muchos casos una pareja que se quiere mucho pero no tiene relaciones sexuales,

solo son amigos, o solo pueden ser amigos”, señala Girasol. Alex y Sam problematizan

la relación directa e incuestionable del sexo y la definición de pareja, autodefiniéndose

como pareja sin tener relaciones sexuales. Cuestión que retomaré más adelante junto

con la problematización de la jerarquización de afectos.

Cuando los límites se encuentran en lo afectivo, en el tonteo, en los mensajes

de WhatsApp, se sostiene mucho mejor que cuando salen a escena los besos,

el contacto corporal o el sexo. La criminalización del sexo la tenemos

interiorizada hasta la raíz. Saltan todas las alarmas cuando se cruzan las líneas

rojas del cuerpo. ¡Qué pereza!; expresa Sua.

Las infidelidades son un claro ejemplo para entender el peso del sexo en estos

contextos. Las parejas monógamas están constantemente en alerta por las temidas y

muy conocidas infidelidades. Infidelidades, que, como expone Sua en la última cita, se

suelen medir en función del acercamiento corporal que existe entre las personas que

están siendo infieles. En este sentido, me parece muy interesante una de las reflexiones

que Carla hace respecto a las infidelidades, cuando dice: “No es que el acto en sí

rompa la relación, ni es cuestión de cómo yo reparto mi tiempo entre las personas, es

el significado que tanto mi novio como el resto del mundo le iba a dar a lo que yo

estaba haciendo.”

Igualmente, las personas que han optado por relacionarse de manera no monógama,

aunque problematicen el concepto de infidelidad, no están exentas de sentirse

inseguras y amenazadas cuando las personas con las que están vinculadas se relacionan

con otras personas. Pues, una vez más, deshacerse de la socialización en el modelo de

amor romántico no es tarea fácil ni inmediata.

Tenía miedos e inseguridades por todas partes, pero la mayoría desembocaban

en el tema del sexo. Tenía muchas barreras corporales que me dolían, como el

81
imaginarme a ellos dos teniendo relaciones sexuales mientras yo estaba ahí.

Explica Alex.

Sua, por otro lado, honestamente escribe en su narrativa que el hecho de que Alex y

Sam no mantengan relaciones sexuales en cierto modo cree que la tranquiliza y le da

seguridad, y “cuando me descubro sintiendo y pensando así, me digo a mí misma ‘Ay

Sua, cuanto te queda aun por deconstuir.’” Una deconstrucción lenta y sentida, que

responde al proceso liminal que propone Enciso (2015), como he recogido

anteriormente.

En cambio, la esfera afectiva no genera tanto malestares, de hecho, suele legitimarse

y verse como una cuestión positiva. El ‘somos amigos’ nos tranquiliza. Ahora bien,

cuando en la ecuación de la amistad entran los sentimientos, es cuando todo se

tambalea. “De verdad, estamos obsesionados con follar como la cúspide de la

problemática; bueno, y si eso ya deriva en enamoramiento ya es un cisma”, expone

Sam. Pero ¿cómo no nos va a asustar que la persona a la que queremos empiece a

querer a otra persona, si nos han vendido (sí, vendido) que el amor es excluyente y que

solo podemos querer a una sola persona? Es decir, lo afectivo sí, pero con límites. Pero,

¿qué supone ‘empezar a tener sentimientos por alguien’? ¿Nos preocupa el amor?

¿Acaso a los amigos no los queremos? Y, una vez más, si analizamos cómo nos

sentimos, cuándo, con quién y por qué, queda al descubierto el entramado de

relaciones y jerarquizaciones que sustentan el sistema, nuestras relaciones y nuestras

vidas. Y es desde ahí desde dónde podemos o seguir, o bien, reproduciéndolas, o bien,

intentar subvertirlas como hacen las protagonistas de las narrativas.

Se romantiza, se clasifica y se jerarquiza el amor. En el centro estaría, como ya

se ha dicho, el amor romántico, de pareja o sexual, como pedestal de toda la

organización social, enraizado en una ideología, en una determinada manera de

entender e institucionalizar el matrimonio y la familia (indemnes a pesar de los

cambios) y una estructuración de la convivencia, donde el lugar central (real o

simbólico) de la pareja es incuestionable (Esteban, 2011:58).

82
Sam señala que, “la sociedad no está pensada para que funciones conforme a la no

monogamia. Somos una sociedad monógama, diantres. Todo esto está pensado para

que nos centremos en una persona, y arreando.” Una persona con la que mantienes el

cotidiano, con quien compartes casa, te divides el dinero, las cuentas y – en el mejor

de los casos - los quehaceres domésticos; una persona que estará ahí para cuidarte

cuando te pongas enferma, que te asegura la compañía, estabilidad emocional y

cuidados (Pessah, 2016; Momoitio, 2017). Asumiendo que la pareja cubre (o al menos

eso dice el amor romántico y el capitalismo) todos esos aspectos, no es tan extraño

que exista, se legitime y se naturalice una jerarquía entre la pareja y el resto de

relaciones. Esta jerarquización responde, entre otras cosas, al miedo a la soledad

derivado del ideal de amor romántico. Un miedo que la sociedad hetero-patriarcal

capitalista monógama infunde especialmente a las mujeres (Pessah, 2016). Un miedo

que, como enfatiza Esteban, “se alimenta de una ficción romántica (cine, televisión,

publicidad, literatura, música) absolutamente hipertrofiada, que no solo enaltece las

supuestas virtudes de la vida en pareja, sino que intenta minusvalorar, subordinar

cualquier otra alternativa” (2011:40).

La fuerza del sistema es tanta, que incluso en contexto feministas en los que “sabemos

que no tener pareja no significa que estés carente de amor o que tenerla no significa

que disfrutes del amor, tener pareja sigue siendo sinónimo de éxito social y, lo que es

más desolador, se ha convertido en un configurador de autoestima“, señala Latorre

(2018). De hecho, en las narrativas se pude ver cómo a pesar de qué las participantes

discuten (más o menos) la institución de la pareja, por su centralidad y su significación

romántica asignada, se definen a partir de la misma. Pues es muy difícil no pensarse en

términos de pareja, cuándo todo está articulado para que lo hagamos desde ahí.

A pesar de ello, y teniendo en cuenta lo planteado anteriormente, debemos tener en

cuenta el refugio que supone la pareja en el contexto en el que vivimos. Un refugio

tanto económico, que nos salvaguarde del capitalismo salvaje, como un refugio

emocional “frente al inmenso supermercado de afectos en el que vivimos”, y como un

refugio sexual “frente a la hipersexualización instrumental de los cuerpos de usar y tirar

y, paralela y paradójicamente, frente a la penalización de la sexualidad”(Vasallo, 2016).

83
Es decir, debemos tener en cuenta cuando nos planteamos deconstruir la pareja y todo

lo que la rodea, cuáles son los efectos para las personas en cuestión, pues podría

acabar siendo peor el remedio que la enfermedad. Por ello, Estrada (2013) plantea

asegurarnos de tener las condiciones materiales que posibiliten nuevos modelos de

relación más libres e inclusivos, antes de empezar a deconstuir conceptos como el de

pareja.

Más allá de la jerarquización entre la relación de pareja (monógama) y las relaciones de

amistad, me parecen muy inspiradoras las reflexiones de Wuwei (2018) respecto a la

gestión de la jerarquización de los afectos en las no monogamias. Dado que las no

monogamias engloban un amplio abanico de prácticas (las narrativas dan cuenta de

ello), y que la intención no es evaluar cada una sino repensar desde qué lugares las

estamos construyendo, la activista se pregunta “¿qué condiciones materiales

desiguales estamos generando con ello? ¿dónde quedan los cuidados hacia estas otras

relaciones?”. Pues, si no llegamos a problematizar de raíz la centralidad de la pareja y

la consecuente jerarquización de los afectos que la acompaña, “¿estamos con ello

perdiendo la ocasión de llevar a cabo una verdadera revolución que constituya un

cambio real, significativo profundo y perdurable en nuestra forma de amarnos, follarnos

y vincularnos?” (Vasallo, 2014).

El lenguaje construye relaciones y jerarquías

Otro de los apuntes que hace Vasallo (2016) y que me parecen claves para reflexionar

sobre el concepto de pareja y de las relaciones en general, es el lenguaje que usamos

para nombrarnos. Somos pareja, no estamos en. El lenguaje, lejos de ser neutral, “se

acompaña de una perspectiva, una idiosincrasia, una visión del mundo.” (Aguado,

2016:94), y configura nuestra manera de estar en el mundo, de construir las relaciones

y de jerarquizarlas, respondiendo así a los intereses del sistema. Sin in más lejos, el

concepto ‘pareja’ viene de par, de una formación de dos, de donde se desprenden los

sistemas binarios; la posibilidad de la existencia nada más de dos personas, dos

opciones (Ibídem).

84
Montiel (2016) usa la metáfora de los letreros para explicar cómo vamos nombrando a

las personas a las que queremos (mejor amiga, hermana, novia, esposa, compañera,

amor de mi vida, ex novia, etc..) y como estos letreros nos acaban coartando y

limitando.

Por supuesto, cada uno de estos letreritos tienen pesos sociales diferentes,

porque es obvio que ‘el amor de tu vida’ jamás pesará igual que el de tu ‘mejor

amiga’: nos esmeramos categorizando nuestros discursos amorosos, y claro que

el amor no es romántico, el amor no sexuado tiene todas las de perder, puesto

que jamás podría tener el mismo valor con quién te relacionas sexualmente de

con quién no, ya que con quién generamos un vínculo sexual podría finalizar en

contratos, como el matrimonio, que afianza una vez más el sistema capitalista y

de opresión en el que vivimos. (206:119)

Aún así, creo que independientemente de la estrategia que finalmente decidamos usar

a nivel lingüístico, me parecen muy evocadoras las reflexiones de Lidia, una de las

participantes de la tesis de García, quien señala que el lenguaje amoroso homogeniza

la experiencia amorosa: “Si dices que tienes pareja, se da por hecho que es un hombre,

a no ser que lo especifiques. Si dices que estás enamorada, todo el mundo ve el mismo

amor. Se hace una lectura de eso que es muy unívoca, aunque haya mil formas

diferentes de estar enamorada” (2017: 216).

5.3.Estrategias de resistencia feminista para sobrevivir en un mundo

monógamo

“¿Cómo resignificamos y desafiamos, en nuestras prácticas cotidianas, el malestar, o

el sufrimiento ocasionado por las prácticas no monógamas?”

(Montegamia, Balover y Callthefuture, 2013: 86)

85
Ante este panorama, Alex, Carla, Sua, Sam y Girasol recogen en sus relatos algunas de

las estrategias feministas que llevan a cabo en su cotidianidad para desmontar el

pensamiento amoroso hegemónico (monógamo). Una agencia encarnada en cuerpos

no monógamos, desde dónde se discute, se contesta y se resiste el modelo monógamo

hegemónico de relación. Una disposición a la realización de proyectos, como apunta

Ortner (2016), que pretende cambios en la forma que cada una tiene de estar en el

mundo y de relacionarse; y que, a su vez, contribuye a la transformación social del amor

y las relaciones.

Me parece muy inspiradora y sugerente la propuesta de la domesticación del afecto

que Enciso (2015) desarrolla en su tesis sobre poliamor. Una domesticación del afecto

entendida como "una apuesta que empieza por una decisión política, que afecta al

cuerpo, a las decisiones y la forma de experimentar los afectos y las emociones" (Enciso,

2015:128).

Desde un inicio se trató de domesticar, de aprender a sentir diferente y re-

educarnos a nivel ideológico y sensorial. De entrenar las formas en que nuestro

cuerpo experimenta su propia corporalidad y pasar a una nueva forma de

corporeizar los afectos. Del sentir monógamo al sentir poliamoroso. De

consolidar el proyecto político-afectivo a través de la instalación de una nueva

información a nivel carnal/corporal/material. La Domesticación del afecto se

plantea porque hay una decisión de sostener relaciones de manera diferente, lo

que implica lograr que el cuerpo sienta, controle, se mueva a ritmos diferentes

para que finalmente el cuerpo lo aprenda y aprehenda. Se grabe, cual software

con nueva información en el sistema que cambiará por completo la capacidad

de sentir (Enciso, 2015:134).

Optar por vivir la no monogamia (o al menos intentarlo) como una apuesta política

feminista, supone, además de “una cadena de desmontaje del patriarcado, un

cuestionamiento a los privilegios”, tal y como expone Enciso (2015:140). Procesos

corporales y políticos que pasan por una domesticación del afecto día tras día. Se trata

de procesos largos y lentos pues, entre otras cosas, “vivimos en un mundo donde

86
nuestra cultura emocional nos dice lo emocional es incontrolable y está asociado a lo

femenino” (García, 2017: 216).

Para ello, las informantes mencionan una serie de cuestiones a tener en cuenta como

puntos de partida. Primero, señalan como imprescindible, tener predisposición al

cambio, a habitar las relaciones (y el mundo) desde otro lugar. En las narrativas se hace

explícito que todas ‘han optado por’ relacionarse así, que ha sido una decisión

consciente; "al final esto es lo que he decido ser y por lo que he preferido apostar",

expresa Sam. A Girasol le parece clave “ser consciente de lo que piensas y trabajarse

las emociones contradictoras de una misma e intentar revertir-las, deconstruirlas para

construir un nuevo marco lleno de posibilidades”. Ya que, como apunta Sam, “al final

esto va de hablar, de exponerse, de comprometerse a dejarse comprometer (esta frase

no es mía), de construir y deconstruir. De transparencia, pero medida a las necesidades.

De libertad, pero sin olvidar los cuidados (ajenos y propios).”

“Estábamos lejos de lo que pretendíamos, pero jugaba a nuestro favor la

predisposición por seguir intentándolo.” Comparte Sua. Igualmente, es importante ser

consciente de los límites tanto personales como contextuales; los límites de cada una

y de las personas con las que nos relacionamos. No podemos obviar de dónde venimos,

el peso de la socialización, del amor romántico que llevamos in-corporado hasta la raíz.

Aun así, debemos tener siempre presente que los contextos que habitamos son

diversos y no siempre - por mucha predisposición que se tenga - es asumible vivir desde

una lógica no monógama.

Como señala Aguado (2016), estamos construyendo prácticamente desde cero una

nueva manera de relacionarnos, con todo el sistema – heteropatriarcal – en contra. Así

que debemos darnos margen para el error, para no tener las cosas claras y para las

inseguridades, pues es parte de la construcción. Y, a todo ello debemos sumarle el

hecho de que las relaciones cambian, se adaptan a su entorno y a su contexto. Y que,

por lo tanto, “sabernos flexibles y con capacidad para el cambio nos asegura no

rompernos, nos asegura movernos a la par del fluir, y así nos proporcionamos terrenos

para la deconstrucción” (Montiel, 2016:125). Alex añade que, “si no aceptamos ese

87
cambio y ese fluir y acabamos intentando convertir algo líquido en algo duro, es como

meter agua en una botella de cristal en el congelador: las paredes de la botella acaban

explotando.”

En este sentido, Enciso (2015) pone el foco en la continua transformación de la

propuesta poliamorosa, pues a pesar de que asegura que cualquier relación está

siempre en continua transformación, se hace más evidente cuando no hay referentes

ni premisas claras a seguir (2015:117). Sam, en este sentido, afronta sus relaciones

entendiendo que, “con el paso del tiempo las cosas cambian, las necesidades se

agravan, y las prioridades se transforman.” Por ello, las estrategias de resistencia

deben ser múltiples y temporales (Vasallo, 2017c).

Poner los cuidados en el centro

Poner el foco en los cuidados en un mundo que nos quiere competitivas e

individualistas, es en sí mismo es una estrategia de resistencia feminista; como

apuntaban Garcés (2013) y Herrero (2014) en el capitulo anterior, con sus propuestas

en colectivo y desde lógicas de interdependencia. Poner el foco en los cuidados, es un

aspecto clave que diferencia a las no monogamias neoliberales (centradas en consumir

y acumular cuerpos y deseos a nivel individual) de las críticamente feministas, que

apuestan por la libertad de querer y desear a partir de lógicas inclusivas en la que se

nos interpele a todas.

Ahora bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de los cuidados? Pareciera que ahora

todo son cuidados e incluso que a veces se acaban perpetuando violencias en nombre

de los mismos.

En mi experiencia, para relacionarse de esta manera es clave la empatía y los

cuidados, son las únicas armas que tenemos para protegernos de las potenciales

relaciones de poder que se pueden dar pues, aparte de las machistas que son

susceptibles de aparecer en cualquier relación en la que haya hombres de por

medio, si una o varias de las personas no tienen en cuenta cómo se sienten las

demás con su actitud es probable que se desarrollen roles dañinos, o que alguna

88
de las personas acepte relacionarse así y luego no sepa/pueda trabajarse sus

inseguridades y sus miedos. Para mí, estrategias fundamentales a la hora de

relacionarme de esta manera son sobre todo la comunicación y estar muy atenta

a lo que sienten las personas con las que me relaciono, para poder hablar y

trabajar cualquier aspecto que les haga sentir mal. (Carla)

La comunicación es uno de los aspectos en los que más énfasis se hace en las narrativas.

Por ejemplo, Sam toma como principio que la base de una relación no monógama es

la comunicación (no siendo una cuestión exclusiva de las relaciones no monógamas).

Girasol comparte que uno de sus grandes aprendizajes ha sido encararse al miedo que

nos generan algunas situaciones, preguntando, hablando, conociendo y

comprendiendo.

Aguado, cree que, si en este nuevo camino que estamos construyendo entre todas,

tomamos decisiones erróneas, hacemos las cosas mal y no sabemos cómo continuar,

“primero que nada hay que hacerlo consciente y expresarlo” (2016:92). Pues como ella

misma apunta, hablarlo y politizarlo con otras personas es sano y reconfortante. “De

ahí la importancia de generar espacios colectivos de intercambio, retroalimentación y

resignificación” (Mogrovejo, 2016:14), como retomaré más adelante.

Otra de las estrategias es, precisamente, propiciar espacios de seguridad en los que

poder expresarnos, compartir malestares y estrategias, y sentirnos apoyadas y

sostenidas. Pues, como apunta Carla en la anterior cita, una de las claves para sobrevivir

en el camino es estar atentas a cómo nos estamos sintiendo y cómo se están sintiendo

las otras, y, poder compartírnoslo.

Siempre que ha habido otras personas lo hemos compartido. Un compartir que

también nos dimos cuenta que necesitaba de límites o pactos. Me parecen

claves esos pactos o esa negociación continua en la relación, y el hecho de

asumir que esas negociaciones seguramente vayan transformándose con el

tiempo. Cuenta Sua. A lo que Sam añade que, a pesar de que “somos

conscientes de que esas otras relaciones nos hacen felices, también hay muchas

cosas que están integradas en nosotros y que no podemos obviar: celos,

89
jerarquía, relaciones de poder y exclusividad. Hay que tener en cuenta todo eso.

Hay que cuidarse mutuamente. Y construir desde ahí.”

Un construir que lleva consigo muchos malestares, que requieren de un ensayo-error,

y que “necesita de autocuidado y del cuidado de las otras colocando límites donde

nosotras queramos y no donde nos obligaron a trazarlos” (Montiel, 2016:125). Unos

límites que pasen necesariamente por las necesidades de las personas que están

involucradas. Acuerdos y límites cambiantes sujetos a las diferentes realidades que se

van viviendo.

Me parece especialmente necesario el toque de atención que Wuwei (2018) hace sobre

la importancia del cuidado hacia las demás personas con las que estamos en relación,

no solo con aquellas con las que tenemos relaciones más cercanas, íntimas o

consolidadas, (que son las únicas que solemos tener en cuenta)

Muchas veces en nuestros propios discursos críticos (sobre el pensamiento

monógamo y feministas) nos olvidamos de incluir a este tipo de relaciones, ya

que, aunque intentemos romper con muchas de las partes del pensamiento

monógamo, hay algunas cosas que aún restan invisibles. Hemos basado la

mayor parte de nuestra lucha en combatir la violencia en la pareja (muy necesaria

lucha, evidentemente) y en la liberación sexual, pero nos hemos olvidado del

que recibía precisamente una violencia de borrado, reproduciendo el mismo

borrado. Y un ejemplo de esto se ve en el discurso que hacemos de los

cuidados.

La misma autora insta a ir a la raíz de la cuestión, a las jerarquías. Pues cuando

jerarquizamos y no tenemos en cuenta a esas otras relaciones que están fuera de ‘la

relación principal’, las estamos objetificando. Relegarlas a un segundo lugar, no darles

espacio y voz, nos lleva a invisibilizar sus cuidados y generar así violencias (muchas

veces sin ser conscientes de ello). Es por ello que problematizar las jerarquías y las

consecuencias que suponen es clave para seguir avanzando. En este sentido, Enciso

propone poner en el centro el cuidado mutuo, que considere a todas las implicadas,

“tanto tus compañeras directas como sus otras compañeras. Esto me lleva a pensar otra

90
dimensión del amor, la amorosidad, entendida como una atención que considera a las

otras, a todas; las personas con las que se relaciona mi pareja también (2015:89).

Girasol, cuando relata su relación con Gespa (y con Gris), muestra ese interés por saber

más de Gris, por incluirla. Porque, “sabiendo que estamos en una relación poliamorosa

querría saber cómo era su relación [la de Gespa y Gris]. No sé, qué hacían, si salían, si

iban de excursión, si había alguna cosa que hubieran hablado que les preocupaba sobre

esto... Sabía que era una persona importante para él y simplemente me preocupaba

por las personas a quien él también quiere.” En esta misma línea, Aguado teorizando

a partir de su propia experiencia expone: “Yo me comunico con sus otras compañeras,

no tan a menudo como con ella, pero busco esa comunicación. Para mí hay un cierto

compromiso que quiero mantener vivo, también con mucha libertad y cuidando sus

autonomías. (…) Me ocupo en incluirlas “(2016:95).

Girasol, aunque asegura que no suele pensar en sus relaciones afectivo-sexuales

futuras, está convencida de que “intentaré que sean lo más sanas posibles, dentro de

un marco no monógamo, teniendo claros los cuidados que conllevan e intentando no

hacer daño a las personas que me rodean, en todos los sentidos, tanto las de amistad

como las amorosas”. Incluyendo en su mirada de futuro, una perspectiva que supera

las posturas que limitan el amor a las relaciones (de pareja).

Igualmente, no debemos perder de vista la distancia que en ocasiones se da entre los

planeamientos teóricos, el lugar que queremos alcanzar, la práctica y nuestros puntos

de partida. Pues a veces tener en cuenta a las demás, paradójicamente nos duele. Nos

duele cuándo supone bajarse del privilegio y dejar de, entre otras cosas, sentirse

exclusiva. Pues, como relata Carla en su narrativa, “son muchos años de educación

turbia en nuestra contra; por ejemplo, estamos acostumbradas a ser el centro de la vida

de una persona, de tu pareja, y asumir que somos una más entre tantas amadas o entre

tantas deseadas no siempre es fácil, hay que lidiar con frustraciones y rabietas a las que

estamos acostumbradas a dar vía libre”.

Tomar conciencia de las emociones que estamos sintiendo y darnos el espacio para

preguntarnos qué es lo que nos molesta, nos da muchas pistas para seguir

91
deconstruyéndonos. Pues, como indica Alex, “te tienes que dedicar espacio y tiempo

a ti misma para mirarte con un pequeño espejo qué es lo que se te está removiendo

por ahí dentro.” En este sentido me parece muy ilustrativo el siguiente fragmento, pues

recoge perfectamente cómo las tensiones y las contradicciones, que relatan las

protagonistas en sus narrativas, pasan por el cuerpo:

Un aluvión de sensaciones contradictorias me invadió por completo y enmudecí

de golpe. No sabía qué decirle, ni qué quería. No sabía si estaba enojada, triste,

frustrada; si me daba lo mismo, si me alegraba el hecho de que me lo estuviera

contando, de que me fuera sincera y de que, por ende, estuviera siendo tan fiel

con sus propios deseos como conmigo. (Fulco, 2009:76)

Por último, algunas experiencias recogidas en las narrativas apuntan, que debemos

estar atentas a los cuidados, pues pareciera que veces el reclamo de los mismos

enmascara, de manera más o menos consciente, celos o dinámicas tóxicas excluyentes.

“Me pedía estar pendiente del móvil ya que era lo único que nos mantenía en contacto.

(...) Yo no había dejado de estar pendiente del móvil, pero no podía estar todo el día

hablando con ella”, relata Alex. Ella misma indica: “Me di cuenta de la importancia de

los espacios y la gestión del tiempo, pero también que los cuidados a veces se

convierten en exigencias tóxicas.” Por ello debemos estar constantemente atentas y

revisarnos de manera autocrítica para identificar, por un lado, cuáles son las cosas que

podríamos estar gestionando mejor, y, por otro lado, estar abiertas a recibir cómo

estamos haciendo sentir a las demás con nuestra forma de hacer y de estar. Aun así,

teniendo en cuenta la complejidad de articular los compromisos, los cuidados y la

gestión de los celos y la exclusividad, debemos intentar encontrar el equilibrio entre

cuidar a las demás y cuidarse a una misma.

En este sentido, y para intentar encontrar ese equilibrio, propiciar espacios para poder

compartir malestares y pensar conjuntamente y trabajarse individual y colectivamente,

es imprescindible, explica Sua. Pues en su caso “fue prácticamente un mano a mano

entre Sam y yo, de ensayo y error, de muchos malestares y de trabajarnos la empatía y

la comunicación”, que han sido claves para seguir hacia delante.

92
A veces, con las mejores intenciones, y con el discurso de los cuidados por delante, se

dan situaciones en las que por cuidar una relación desvalorizamos otra. “Creo que a

veces se intenta minimizar las otras relaciones para no herir al otro”, explica Girasol.

Aun así, ella apuesta porque “todas las partes tienen que saber cuánto de importante

es la otra persona para ellas, porque si mi pareja quiere a otra persona, la valora y se

preocupa por ella, me gustaría saberlo. Tanto si es otra pareja, como su hermana, su

abuela o una amiga.” En este sentido, Girasol vuelve a recuperar el marco

interpretativo del amor y de los cuidados planteándolo más allá de la pareja. Un marco

interpretativo que, como se puede ver en las narrativas, aun no está suficientemente

in-corporado, pues hay una tendencia general a pensar las situaciones poniendo en el

centro la pareja/s (principal/es).

Problematizar los celos, la exclusividad y las rivalidades

En relación a lo anteriormente planteado, se hace evidente que, si queremos

relacionarnos desde un lugar donde se de una consideración mutua por todas las

partes, debemos problematizar la exclusividad, las rivalidades y los celos que la

estructura monógama se ha encargado de imprimir en nuestros cuerpos.

Y, sin embargo, a fuerza de vivir buscando cobijo, hemos perdido de vista cuál

era el peligro del que estábamos huyendo. Si era la soledad, las relaciones

exclusivas no nos protegen, pues esa misma exclusividad impone un régimen

jerárquico sobre todas las demás posibilidades de relación que quedan

minorizadas en un segundo término en el mejor de los casos. Si es la

desvinculación, no es la exclusividad la que garantiza el vínculo o su

permanencia, sino el compromiso mismo, que puede ser tan inclusivo de otros

afectos como lo es la amistad o la crianza. El miedo a la pérdida no se resuelve

cerrando las fronteras para evitar la llegada de esa alteridad amenazante,

porque las fronteras son apenas un cortafuegos que jamás se sostiene por

mucho tiempo. El miedo a la pérdida se resuelve apagando el fuego.

Desactivando la amenaza. Desactivando la idea de alteridad como amenaza

(Vasallo, 2016)

93
Sam y Alex son un claro ejemplo de ello.

Un día Sua me dijo que Sam estaba muy en la mierda y que estaban discutiendo

un montón por todo esto y decidí hablarle por mensaje directo. ‘Fue un joder,

no quiero tener rivalidad contigo ni que nos odiemos.’ Decidimos empezar a

hablar de las cosas que nos hacían sentirnos inseguros y a compartírnoslas, y nos

dimos cuenta de que tampoco nos diferenciábamos tanto”, explica Alex. “La

comunicación entre nosotros dos era diaria y eso nos facilitó a ambos la gestión

de las inseguridades que nos atacaban cuando estábamos mal emocionalmente.

Era una forma de convertir lo que estábamos viviendo en algo más sostenible y

sano.”

Girasol también relata una experiencia parecida, en la que Gris tomó la iniciativa de

acercarse a ella para decirle “no quiero que se cree ningún malentendido entre

nosotras porque creo que eres una buena tía”. Girasol recuerda aquel acercamiento

como un momento bonito y de complicidad, que ayudó a tejer su relación con Gris,

dejando fuera la competición entre ambas (o al menos consiguió rebajar la que había

hasta el momento).

Tanto Carla como Girasol hacen referencia a que no deberíamos poner en

comparación las relaciones, pues “nunca es la misma forma de querer a una y a otra.

Una te aporta una cosa y la otra, otra, y tu igual a ellas, y no por eso tiene que haber

una balanza para medir el amor ‘a bien quien quiere más’”, dice Girasol. Por su lado

Carla expresa: “No jerarquizo porque considero cada relación de amistad única e

insustituible, tenga o no el componente sexual”. Sua le da vueltas a las diferentes

maneras que tiene de querer, de sentir, de desear y de exteriorizarlo. Comparte con

Girasol que, con cada persona es distinta, pero, “al estar allí, poniendo nuestros

cuerpos a dialogar en el mismo tiempo y espacio, las cosas cambiaron.” Se le hacía

complicado no caer en la comparativa, pues las diferencias se hacían evidentes, y la

socialización y el imaginario asumiendo que el afecto corporal significa sentir y querer

más, se hacía tangible y generaban malestares. “Todo aquello me hacía dudar de mi

misma y también de mi manera de querer. Quería recoger el malestar de Sam e intentar

94
hacer lo posible para que dejara de sentirlo, pero a la vez no quería perderme en esa

comparativa ni tampoco quería asumir que expresarme e interactuar de manera distinta

implicaba quererlas más o menos, sino diferente.”

Y en relación al plus de malestar que generan las prácticas corporales-sexuales, como

se mencionaba anteriormente, me parece muy explícita la manera que Carla tiene de

domesticarse el afecto, haciéndose una revisión autocritica de ella misma:

“A veces pienso, y si esta persona tiene un accidente y muere mañana, ¿de

verdad he sido yo la que le ha privado de pasar un rato de puta madre con X

que se que le apetecía un montón? ¿De verdad me cambia tanto a mí que esté

en la cama con X en vez de echando una cerveza con Y?”

Muchos de estos malestares y contradicciones surgen por uno de los grandes

problemas señalados por las participantes, la gestión de tiempo y espacios. Sam está

convencido de que “el tiempo es una de las cosas más complicadas de gestionar de

toda esta historia.” Primeramente, porque si estamos apostando por las relaciones, por

cuidarlas, por tejer “una red de vínculos emocionales, ya no solo sexuales, hay que

dedicarles tiempo y energía”, hace explícito Alex.

Y es estresante porque no quieres que tu “pareja principal”, vínculo central, (...)

se sienta alejada. Pero también quieres alimentar otros vínculos. Pero también

quieres tener tiempo para ti. Pero también tienes que asumir la realidad de que

eres pobre y tienes que dedicar un tercio de tu día a día a trabajar. Fenomenal.

Pone encima de la mesa Sam.

Aunque no hay espacio en la presente investigación sería interesante ver cómo la

articulación de las variables tiempo, espacio, distancia y convivencia, juegan un papel

clave en cada relación. Cada situación es un mundo, pues parten de situaciones

distintas, contextos distintitos, acuerdos distintos y demandas y/o necesidades

distintas.

95
Otras maneras de estar, desear, querer y nombrarse

Sua expresa que, sin intención de criminalizar el sexo, le parece muy interesante la

relación “¿de pareja? así lo están planteando ellos mismos; [Alex y Sam] pues no ponen

el sexo en el centro, contra todo pronostico o tópico del trío, "por el que todo el

mundo nos pregunta.” Alex describe esta relación como “una relación de darnos amor

y cariño infinito cuando nos vemos en persona y ser terriblemente tiernos, pero sin

necesidad de sexualizar nada. No ponemos el sexo en el centro porque no nos apetece

y porque lo hemos decidido así.”

El hecho de entender y vivir las relaciones desde una lógica no monógama y una

consciencia feminista, lleva a las participantes a ir más allá y discutir los límites de las

mismas. Una problematización de los significados naturalizados que “abre líneas de

fuga en el dispositivo amoroso, poniendo en tela de juicio el Pensamiento Amoroso

que se imprime en cuerpos, relaciones y comprensiones” (García, 2017:217).

Mi visión sobre las parejas y de lo que considero mi pareja, mi novio/a, a

diferencia de mi amigo o mi amiga, a diferencia del amor entre hermanos/as o

otros tipos de amor, ha cambiado bastante. No sé muy bien cómo explicarlo,

pero ya no sé diferenciar mucho entre un amigo/a y una pareja, para mí son

maneras de querer diferentes. Es como el sistema educativo, que intenta calificar

con el mismo instrumento el nivel de conocimiento o inteligencia que tienen los

niños y las niñas cuando no son para nada iguales y todos ellos tienen cualidades

y habilidades diferentes; expone Girasol.

En este sentido, Rosso también discute la división que se hace entre las relaciones de

pareja, amigos/as y familia. Pues con "la infinidad de personas, diferencias, de

circunstancias y de dinámicas ¿cómo sería posible que todas las relaciones que tenemos

a lo largo de nuestra vida puedan entrar solo en estas tres definiciones? Además, ¿quién

propuesto esas definiciones?" (2016:77). Así mismo, Enciso (2015) señala que

precisamente debilitar la distinción entre amor y amistad es el tipo de transformaciones

normativas íntimas que poco a poco van dando forma a las propuestas contra-

hegemónicas de relación.

96
En relación a esto, es interesante poner el foco en las vivencias que Sua y Girasol relatan

sobre sus relaciones con Haizea, Miel y Lluna, respectivamente. Pues, como dice Sua,

su relación con Haizea le “ha hecho darle una vuelta más al concepto amor, de pareja

y de amistad”, y, como explica Girasol, “quizás la gente lo definiría [su relación con

Lluna] como amistad, pero es que realmente, sí, amiga, obviamente, pero siento que a

esa palabra le falta algún sentimiento que se está quedado fuera.” Porque “es que

realmente éramos pareja, o no sé, yo la quería mucho, no sé si como pareja o como

amiga o qué. Se aproximaba al sentimiento que tengo hacia mi hermana.” Sua expresa,

por un lado, que, cuando intenta definir la relación que tiene con Miel, tiene las mismas

dudas que Girasol: “No entendíamos muy bien qué éramos, pero parecíamos más

novias que amigas. Así que medio en broma medio en serio nos empezamos a llamar

novias“. Y, más tarde en su relación con Haizea, expone que al haberse dejado fluir

“nos ha llevado a construir algo que no encaja en las etiquetas que conocemos, y, no

sabemos muy bien qué es, pero tampoco nos preocupa no saberlo.” Igualmente, creo

que hay que estar atentas cuando nos planteamos ‘el fluir’, pues

fluir no fluimos en el vacío, fluimos en un mar, un río, o cualquier tipo de fluido

donde hay corrientes concretas. Nosotres fluimos en un sistema, un mar hecho

de estructuras de poder, y las corrientes suelen ir a favor de las personas con

más privilegios. Otras, con menos privilegios nos vemos muchas veces

arrastradas y llevadas allí donde va normalmente a parar toda la mierda (Wuwei,

2017b).

Sobre las relaciones que no encajan en los conceptos socialmente preestablecidos,

Carla se pregunta si necesitamos nuevos términos o “quizás lo que hay que romper es

esa diferencia entre lo que consideramos novia y lo que consideramos amiga en

términos de compromisos y libertades.” Quizás eso también nos podría llevar a

descentralizar el amor de pareja que tan legitimado socialmente tenemos en le centro,

y “nos permite vivir sin la presión de tener pareja, pero al mismo tiempo teniendo

relaciones que nos sostengan, que nos aporten”, reflexiona Girasol.

97
En relación a esto, uno de los aspectos positivos que remarca Carla, de su manera de

relacionarse no jerárquica y sin distinciones entre amigos y parejas - que autodenomina

anarquía relacional -, es que

“desde que me relaciono de esta manera no tengo ‘rupturas’ de relación, de las

que lo dejas y ya no te hablas con esa persona, o la aborreces. Ahora los amigos

que tengo se acercan y se alejan como cualquier otra amiga con la que no tengo

relación sexual, pero follamos cuando nos vemos. Ahora hacemos esto juntas, ahora

seguimos nuestros rumbos separadas pero nos visitamos, pasamos X tiempo juntas,

luego seguimos nuestros respectivos caminos, convivimos unas semanas, si se

discute demasiado cada pues una ‘pa su casa y ya nos veremos…’ así, pero sin

perder la relación ni el contacto. En fin, como haría con cualquier amiga con la que

no tengo relaciones sexuales, con quien me puedo picar, enfadar, alejar o acercar

sin vivirlo como una ‘ruptura’ o sin ‘romper la relación’.

Aún así, hay otros posicionamientos como el de Latorre (2018) que indica que poner

palabras a lo que está sucediendo en nuestras relaciones, transparentando nuestros

deseos, dolores, miedos y contradicciones, nos puede ayudar a salir de la lógica del

asfixiante discurso del ‘deber ser’. Igualmente, Philips apunta que “quienes tratan de

cambiar al mundo siempre necesitarán conceptos que les ofrezcan una distancia crítica

de las relaciones en que viven” (2002: 32 en Aguirre, 2012:19).

La cuestión de cómo nombrarnos va acompañada de debate y propuestas por parte

de las participantes. Girasol cree que realmente el objetivo de definir y nombrar estas

relaciones es hacerlas más comprensibles para nuestro entorno, aunque también

reconoce que este ejercicio de reflexión nos puede ayudar a redefinir las relaciones y

a quitarles el peso que se les presupone. Por otro lado, Alex también pone el foco en

el entorno, ya que cree que, a pesar del carácter líquido de la no monogamia, estamos

rodeados de conceptos sólidos y definidos heredados del pensamiento monógamo.

Aguado coindice y señala que es complicado nombrar un acto de disidencia erótica

usando un lenguaje que está tan permeado por significados, conceptos e imaginarios

sistémicos. (Aguado, 2016:94)

98
Alex, está de acuerdo con la metáfora de los letreros de Montiel (2016), explicada

anteriormente, pues cree que “los propios nombres o etiquetas con los que nos

organizamos van atados a un reconocimiento social u otro.” Y, tanto Carla como Alex

problematizan la connotación de posesividad que tienen las palabras que usamos para

referirnos a nuestras relaciones; ese capitalismo emocional del que habla Vasallo

(2015). Pues ambas exponen que, tanto ‘mi novia’, ‘mi pareja’ o incluso ‘mi compañera’;

aunque las dos últimas extraigan el género, están implícitamente significadas igual, en

la exclusividad sexual y emocional. En este sentido, Girasol propone rechazar el

posesivo ‘mi’, para eliminar la noción de que la persona con la que me relaciono es de

mi propiedad.

Aun así, y mientras no haya otros términos, es muy interesante el uso que Alex hace de

esos términos en función del contexto en le que se encuentre:

Por ejemplo, en mi caso, sé que socialmente soy considerada lesbiana y que yo

diga mi novio en vez de mi pareja rompe con muchos esquemas de muchas

personas. En el caso de Sua, también suelo decir mi novia en lugar de pareja

porque creo que es visibilizar mi preferencia sexual y normalizarlo en espacios

públicos. Por otro lado, digo pareja cuando siento que no es un espacio seguro

y en el que me pueda sentir incómoda por definirme. Defenderse de esos

espacios también es decisión política y cada una encuentra las maneras de

protegerse. (Alex)

Carla finalmente ha decido no usar la palabra pareja o novio y llama a sus relaciones

‘amigas’ o ‘colegas’, “y más tipos, cada relación con sus respectivos acuerdos”. Explica

que el hecho de rechazar el concepto de pareja le ayuda a gestionar mejor sus

relaciones, “pues un amigo siempre entiende mejor que una pareja, que no le des todo

tu tiempo.” Sin embargo, Sam comenta que “lo que sí digo seguro es que son parejas,

no novias. Nunca me ha gustado la palabra novia.” Por otro lado, Girasol propone

llamar a las parejas de su pareja ‘co-novixs’, y en la misma línea Aguado (2016)

comparte que una de las compañeras de su compañera, dice que está en una relación

de ‘anti-pareja’ y de ‘no-novia’.

99
Por último, en medio de toda esta lluvia de ideas de nombres y relaciones, Sua se

pregunta si en ese nombrarnos estamos teniendo en cuenta todas las vidas y todos los

cuerpos, pues “si nos ponemos a ello, debemos ser críticas y tener en cuenta para quién

estamos luchando”. ¿Desde dónde estamos construyendo? ¿A quién interpela? ¿De

quién hablamos cuando nos referimos al ‘nosotras’? ¿Todo el mundo tiene acceso a

estas formas contra-hegemónicas de relación? ¿Todas nos sentimos interpeladas

simplemente cambiando la manera de nombrarnos?

5.4.La importancia del feminismo en la revolución de los cuerpos, los deseos

y los afectos

El cuerpo de las narrativas está atravesado por el feminismo. Todas las participantes

consideran su forma de vivir su opción no monógama como una opción feminista. Pues

ha sido el feminismo el marco que les ha permitido pensar el amor y las relaciones

desde otro lugar.

Carla, Sua, Alex y Girasol se consideraban feministas antes de empezar a relacionarse

de manera no monógama y lo incorporan en sus relatos de manera transversal.

Sobre el feminismo podría decir que ha sido una influencia trasversal, desde

antes de empezar mis preocupaciones por las relaciones afectivo-sexuales yo ya

me consideraba feminista y tenía cierta información sobre el tema, por lo que

mi análisis de las dependencias, la exclusividad sexual o el romanticismo se ha

visto influido por mis ideas a cerca de mi liberación como mujer y el rechazo a

los roles tradicionales. Explica Carla.

Conocer e incorporar el feminismo a sus vidas, cambió su forma de ver el mundo y de

posicionarse en el mismo. Para Girasol, más allá de que “ha tenido y tiene un papel

fundamental en el tema de las relaciones”, destaca la cantidad de conceptos que el

feminismo aporta “para la teoría y la voluntad de construir una nueva sociedad.”

Todas han mencionado el amor romántico en sus relatos y la importancia del feminismo

para poder ir decontruyéndolo, entre otras cosas. En general, hay una sensación de

deuda y agradecimiento al feminismo. Sua directamente escribe en dos ocasiones lo

100
largo del relato “gracias feminismo”; ya que asegura que le ha aportado muchas

herramientas para afrontar diferentes situaciones identitarias y relacionales. Alex dice

que, en su caso, “el feminismo y esta manera de relacionarse [no monógama] van de la

mano.” Hace especial énfasis en que, gracias al feminismo, pudo deconstruir lo que

había conocido como amor y entender por qué ella no encaja en esa idea. Carla,

además añade que el hecho de que el feminismo fomente la sororidad entre mujeres,

facilita la gestión de las relaciones no monógamas.

Por otro lado, Sam a pesar de vivir también su relación no monógama desde el

feminismo, le ha venido un poco dado así, principalmente por influencia de sus parejas,

Sua y Alex.

Además, la aparición de Sua, y posteriormente Alex, son vitales para que yo

haya visto cosas que ya hacía bien, pero también cosas que hacía mal. Después

de 6 años algo he aprendido. Palabras como deconstruirse, revisarse y

trabajarse, llevan integradas en mi día a día desde entonces. (...) Mi manera de

relacionarme actual no tendría sentido sin el feminismo, pues es inherentemente

feminista. Seamos claros. Una relación con Sua y Alex es feminista, te pongas

como te pongas. Y a mí me gusta mi manera de relacionarnos, creo que, con

salvedades, es correcta y nos hace felices a los tres.

Y, a pesar de que cree que “el feminismo puede ayudar a que se acepten/construyan/

extiendan los nuevos modelos de relacionarse”, no hace una reivindicación explícita

como si que lo hacen las otras participantes.

El feminismo les ha aportado un marco interpretativo para darle sentido político a sus

experiencias afectivo-sexuales, y, muchas otras cuestiones. García (2017) reflexiona

sobre qué significa realmente ‘politizar el romance’, y concluye que la politización del

deseo se da cuándo el amor se convierte en un poder de transformación que atraviesa

la acción política colectiva, haciendo que se de un replanteamiento de los guiones

románticos, un desplazamiento del objeto del amor y de la propia noción de amor.

Politizar el romance implica abrir el amor a diferentes narrativas vívidas y complejas.

Aún así, Carla, sin restarle relevancia al feminismo, insiste en que “es el movimiento

101
libertario quien está tomando la iniciativa a la hora de reflexionar o desarrollar estos

nuevos modelos de relaciones”, y que a su vez fue dónde ella escuchó “hablar de

relaciones diferentes” por primera vez.

Sua y Girasol mencionan sus contextos feministas, que también son claves para su

experiencia no monógama. Sua se refiere a las seis mujeres feministas con las que ha

compartido aula, lucha y cotidianidad durante este año y que, a pesar de considerarse

monógamas han sido claves por sus cuidados y sus debates. “Me he sentido sostenida

y cuidada por ellas. Muchas preguntas, pero nunca desde el cuestionamiento o la

deslegitimación, como sí lo he podido sentir con otras personas o en otros espacios. Y

sin duda, estoy convencida que el hecho de compartir una conciencia feminista tiene

mucho que ver.” Girasol en la misma línea se refiere a las amigas feministas con las que

convive como “quienes dan importancia a los cuidados, se preocupan por los demás y

están dispuestas a escuchar tu voz”; y por ello han sido cruciales vitales para sostener

sus experiencias.

Por otro lado, Girasol no cree que todas las relaciones no monógamas sean per se

feministas. Según ella, lo que las convierte en feministas es la predisposición a combatir

y trabajarse las tensiones que surgen por temas de celos, contradicciones, relaciones

de poder y miedos. Por ello Alex cree que construir una relación no monógama desde

una perspectiva feminista es más sostenible: “Es una decisión política, una red que

tejemos lentamente y que no podemos hacer sin comunicación, sin cuidados, sin

revisarnos los privilegios que tenemos y sin escucharnos a nosotras mismas.”

‘La revolución será feminista o no será’, proclama Girasol, y añade que el modelo de

relación más coherente con el discurso feminista es el no monógamo. Sua añade que

aún estamos lejos de que la no monogamia esté a la orden del día, pero que para que

eso ocurra el feminismo tiene un papel clave. Aun así, es también crítica con el

feminismo pues, cree que “a pesar de que se está haciendo mucho trabajo para

deconstruir el modelo de amor romántico, nos estamos quedando en una crítica que

no va a la raíz.” Sua considera que, a pesar de que hay planteamientos que cuestionan

la pareja, no sé está cuestionando lo suficiente. En este sentido Vasallo(2017c) apunta

102
que, si nos centramos en reformular cuestiones superficiales, el sistema fácilmente

acogerá esa reforma y la reformulará para que responda sus intereses.

5.5.Hacia dónde queremos ir

Como se recoge al principio del análisis, las no monogamias, están empezando a entrar

en la esfera mediática y en el imaginario colectivo. Esto supone, por un lado, una

oportunidad para que cada vez más gente opte por ellas como manera de habitar el

mundo; pero, por otro lado, existe el riesgo de que el sistema las absorba y que las

impregne de su lógica neoliberal de “falta de cuidados, falta de gestión y el consumo

de cuerpos”, como ya está pasando, manifiesta Alex.

Por ello, necesitamos ir más allá y proponer una alternativa no monógama feminista,

real y sostenible, capaz de desarticular el pensamiento y la estructura monógama. Para

ello, Vasallo (2017c) inspirada en Audre Lorde30, señala que el pensamiento monógamo

no desmontará nunca la monogamia.

Puede que sea una victoria pasajera, que tengamos un subidón hedonista

poliamoros (“qué bien funciona y qué bien lo estoy haciendo”), pero ojo, porque

en ese subidón se perpetúan muchas violencias si no se hace observando

constantemente qué significa el pensamiento monógamo y qué consecuencias

tiene, añade Vasallo.

Falta mucho trabajo por hacer a nivel individual, colectivo y por supuesto, social.

“Queda muchísimo por hacer. Mucho por aprender. E, inevitablemente, mucho por

cagarla”, comenta Sam. Por ello, una de las propuestas que se recoge en las narrativas

es la importancia de impulsar espacios colectivos en los que “se fomenten los debates

y espacios de reflexión sobre este tipo de relaciones”, declara Carla.

30
“Las herramientas del amor, nunca desmontaron la casa del amo quizás nos permitan obtener una
victoria pasajera siguiendo sus reglas del juego, pero nunca nos valdrán para efectuar un auténtico cambio”
en Lorde, Audre (2003). La hermana, la extranjera. Madrid: Horas y Horas.

103
En este sentido, Mogrovejo apuesta por espacios en los que “se den discusiones donde

lo personal e íntimo, generen dimensiones de lo político, conocimiento situado,

compromiso, y en consecuencia acción y transformación” (2016:17). Espacios que

asuman como punto de partida que vivimos atravesadas por “el individualismo, la

propiedad privada, las jerarquías, las luchas de poder, las prohibiciones y los tabúes (..)

el machismo, la doble moral [y] la explotación económica de unos pocos sobre la gran

mayoría” (Herrera, 2015); asumiendo que todo ello nos conforma y nos limita.

Por ello, como indica Pessah, es importante que estos espacios sean zonas de

seguridad, dónde la reflexión y los cuidados estén en el centro y se tenga claro que “lo

que queremos es romper, desarmar el sistema sin rompernos a nosotras mismas.”

Romper con la monogamia como pensamiento y estructura tiene un gran

potencial para ayudar a romper también otras estructuras de poder (patriarcales,

capitalistas, entre otras) porque nos da la oportunidad de poder construir nuevas

formas de relacionarnos mucho más solidarias, menos jerárquicas, más

conscientes, más comprometidas, más cooperativas, y más sensibles a la

situación estructural de cada una (a las opresiones y los privilegios que nos

atraviesan) (Wuwei, 2018).

Para ello, es importante “generar nuestros propios códigos” que permitan expresarnos

y estar comunicadas (2016:60), y nuestras propias herramientas y estrategias de

resistencias que no estén pensadas desde el pensamiento monógamo (Vasallo, 2017c).

En este sentido, las compañeras de Abya Yala (2009:2016) abogan por la construcción

de marcos referenciales y epistemológicos propios, basados en un ‘empirismo

cotidiano’, que se construya a partir de nuestras propias experiencias cotidianas.

Igualmente, García incide en que

politizar el amor no se limita a la creación de colectivos centrados en reflexionar

y generar discursos sobre el tema, pasa también por generar prácticas diversas:

por reconocer, visibilizar y reorganizar las redes de apoyo mutuo, por generar

104
nuevos imaginarios que resignifiquen viejos conceptos para dar cuenta de lo

que nos pasa, lo que nos mueve (2017: 223).

En este sentido, en las narrativas se hace especial énfasis en la necesidad de generar

referentes, pues, como expone Carla, “[otro de los] retos lo ocuparía la falta de

referentes, ya que no tenemos demasiados ejemplos ni personas que nos aconsejen en

este sentido en base a su experiencia.” Igualmente, Girasol cree que debería

incorporarse en las agendas de los colectivos anticapitalistas ya que la mayoría “dejan

totalmente aparte las relaciones interpersonales, cuando son lo que fundamenta toda

la sociedad.”

En esta línea, tejer alianzas con otras luchas, puede ser un clave para conseguir

desarticular el sistema y construir entre todas una sociedad más justa, libre y vivible.

(Con)vivir en colectivo

Trasladar los anteriores planteamientos teóricos a nuestras vivencias, pasa

necesariamente por repensar cómo y con quién nos relacionamos. Pues, siguiendo a

Wuwei (2017), “romper con la monogamia nos permite tejer redes de apoyo y

establecer vínculos más solidarios que no tengan que pasar por la jerarquía de pareja

(y otras jerarquías) para poder sobrevivir (especialmente cuando tienes menos

privilegios).”

En este sentido, todas las participantes, aunque no de manera muy definida y cada una

con sus especificidades, piensan sus futuros en colectivo: “Me lo imagino en colectivo.

No sé muy bien cómo, pero en un piso con una habitación de matrimonio y una (o dos

con suerte) individuales, no.”, expone Sua. En esta misma línea, Pessah (2009) se

pregunta “¿cómo puede (y debe) ser substituida la familia por núcleos afectivos?” Ante

la necesidad de pensar formas de resolver la normalización de la intimidad, el deseo y

la sexualidad, de una forma que no ponga el amor en el centro, se propone crear

comunidad (García, 2017).

En relación a esta cuestión, me parece muy inspiradora la reflexión de Momoitio (2017),

para seguir dándole vueltas a cómo articular nuestros cuerpos, nuestras relaciones y en

105
definitiva nuestra vida siendo coherentes con los planteamientos teóricos no

monógamos feministas.

Si tuviéramos redes de apoyo y de cuidados fuertes, con las que podemos

contar tanto para echar unas cañas como para ir al médico; si pudiéramos ir con

las amigas y los amigos a visitar a la familia o a hacer esos recados tediosos del

día a día; si hablásemos con nuestras amigas de todas las miserias que nos

acontecen y nos permitiéramos ser con ellas ariscas y desagradables, ¿qué

necesitaríamos entonces del amor de pareja? ¿Cómo serían entonces esas

relaciones?

El ideal de Girasol sería una sociedad popular, colectiva y sin preocupaciones

materiales. Propone romper la noción de propiedad privada desde lo más íntimo,

apostando por el sentido común de la comunidad, donde el lugar donde vivir no sea

una propiedad exclusiva de la pareja. Carla se imagina “viviendo en comunidad, con

otras compañeras con las que tenga relaciones afectivas, sexuales, o afectivo-sexuales.

(...) tratar a todas como se trata a las amigas, que vienen, se van, andan con unas, con

otras, pero tú las quieres igual y siempre es una alegría recibirlas.”

Sam, Sua y Alex, a pesar de que se piensan fuera de los estándares, creen que hay

mucho por hacer en relación a ellos y a una futura convivencia: “Aún hay muchos

aspectos que debemos seguir trabajando: espacios, tiempo, atenciones, sexo.”,

reflexiona Sam. A lo que Alex añade: “Sabemos que ahora mismo no seríamos capaces

de vivir en un piso sin paredes, (...) [además] la forma distinta que tenemos los tres de

relacionarnos nos genera malestares a veces.” Sam añade que “pensándolo fríamente,

creo que podría ser posible seguir así. Creo que ello nos llevaría a nuevos retos, a

construir nuevos espacios. Al final, expresiones como ‘crianza compartida’ forman parte

de nuestras previsiones a futuro, y eso ya implica un cambio substancial del modelo de

familia al que estamos acostumbrados.” Frente a ello, Alex explica que “era algo de lo

que no tenía ni idea, pero me pareció súper buena idea crear un entorno en el que el

concepto de familia ya no sea tan definido. Me lo imaginé como una especie de comuna

feminista en la que los roles domésticos se reparten y en el que la no monogamia y el

106
feminismo se incorpora desde las raíces.” Por su lado Sua, a pesar de sentirse

afortunada y agradecida de formar parte de su familia, también se plantea un proyecto

de futuro a medio/largo plazo “con otra forma, otros ritmos e incluyendo otras

personas.”

Por último, creo especialmente pertinente recoger las reflexiones de Esteban sobre las

alternativas al modelo hegemónico de amor que no pasan por la hegemonía de la

cultura emocional actual. Ella apuesta por

Consolidar y/o inventar formas y redes alternativas de solidaridad y convivencia,

más o menos formalizadas, reconocer y visibilizar las que ya existen, aunque

estén ocultas por la fuerza de esa ideología familista y romántica, nos obliga a

superar las fronteras entre lo privado y lo público, a abrir el espacio privado, a

acercarlos, a desarrollar argumentos y disposiciones morales directamente en

contra de la ética de la intimidad (amorosa). A reafirmar la idea de que lo

personal es público, es político y desafiar al mercado (2011:183).

Y pone le foco en las ‘comunidades o redes de apoyo mutuo’, en tanto que supone

una práctica cotidiana que desplaza la centralidad de la pareja en relación a los

cuidados. En la línea de Momoitio, supone que prácticas del cotidiano como “la

protección mutua, el apoyo económico material, psicológico y moral, las actividades de

mantenimiento de la vida cotidiana, los cuidados relativos a la salud o a la crianza, o

actividades de entretenimiento, sociales y políticas…” (2018:376) dejen de ser una

cuestión estrictamente de pareja y para diversificarse a los grupos de amistades. Sin

duda, un conjunto de prácticas y resistencias, que pasan prácticamente inadvertidas,

pero que tienen un enorme potencial para cuestionar los fundamentos del sistema.

107
5.6.Reflexiones en torno a los privilegios y los derechos legales de las no

monogamias

“La legislación da buena cuenta de la dimensión estructural de la monogamia”

(Vasallo 2017d).

El sistema premia con privilegios sociales materiales y simbólicos a la monogamia, a las

relaciones de pareja (sobre todo heterosexuales). Enciso (2015) expone que las familias

poliamorosas o los núcleos afectivos que se articulan fuera de los estándares, a veces

ni son reconocidas socialmente, por lo que menos legalmente. A lo que Vasallo añade

que, efectivamente, las relaciones que encajan en el marco monógamo disfrutan de

multitud de privilegios empezando por los estrictamente económicos.

Éstos incluyen, por ejemplo, la posibilidad de hacer la declaración conjunta de

la renta, la seguridad que proveen los regímenes económicos matrimoniales, la

regulación de las pensiones alimenticias en casos de separación o divorcio, el

acceso a pensiones de viudedad o la protección de los derechos de herencia en

ausencia de testamento, que por cierto incluye exenciones fiscales en el caso de

los matrimonios, por citar solo algunos de los más evidentes (2017d).

Asumiendo el contexto en el que vivimos, ¿es realista, sostenible y vivible una relación

fuera del marco de la monogamia? ¿qué supone vivir fuera del amparo del Estado? ¿Y

con su amparo? Esteban (2018) reflexionando sobre las comunidades o redes de apoyo

muto y se pregunta sobre si estas formaciones familiares o de amistades alternativas

deberían ser reconocidas y legitimadas por el Estado o no. Sus reflexiones son

inspiradoras y extrapolables a los casos de no monogamias. Como la autora apunta,

esta discusión ya se planteó en el Estado español con motivo de la legalización de los

matrimonios homosexuales y el reconocimiento de la homoparentalidad. Para ello,

Esteban recoge las reflexiones de la filósofa Elvira Burgos (2009) al respecto, que,

basándose a su vez en Butler (2002), reclama:

Un camino de reconocimiento, inteligibilidad y autointeligibilidad al margen de

las leyes del Estado. El dilema es que, por un lado, la vida – en sus dimensiones

108
culturales, materiales y psíquicas – no se hace sostenible en ausencia de algunas

legitimaciones proporcionada por las normas; pero, por otro lado, la

legitimación reclamada al Estado tiene como consecuencias la imposición de un

sistema de jerarquías sociales excluyentes, y además, es una vía para extender

el poder del Estado y para ocultar otras fórmulas de reconocimiento surgidas de

la sociedad civil. El Estado no debe establecerse como lugar donde

presumiblemente hallemos la coherencia de lo humano. Por esta razón, es

fundamental la búsqueda de esos otros, no estatales, vehículos de legitimación,

más acorde con la idea de una democracia real radical (Burgos, 2009:71; en

Esteban, 2018:281).

En general, a pesar de que todas las participantes hacen referencia a la legalidad en

algún momento u otro de la narrativa, se hace o bien en abstracto o bien desde una

posición de desconocimiento y duda. Sua explicita que siente el tema lejano y que no

se siente interpelada directamente: “Desconozco exactamente los términos y trabas

legales para constituirse fuera de los estándares de pareja y de familia. ¿Necesitamos

la cobertura legal? ¿Cómo queremos plantearla? ¿Qué ganamos y qué perdemos con

ella?”

Sam expone que “el caso no es solo el mero hecho de casarnos, que hasta donde sé

sería imposible legalmente, sino el hecho de tener hijos y le gestión de la patria

potestad”. Por otro lado, Carla opina que ”no tiene sentido que tengas que elegir una

de las personas con quien te relacionas para poder pedir una baja en el trabajo si tienes

cuidarla si está enferma en el hospital, por ejemplo.”

Actualmente, como recoge Pablo Pérez (2017), en países como Brasil, “se han

formalizado ya algunas ‘relaciones poliafectivas’ a través de diferentes fórmulas

jurídicas. Entre otras cosas porque el escenario de la crisis, especialmente en los países

del sur de Europa, es un importante motor para la búsqueda de cualesquiera

protecciones estatales”. Por otro lado, Coontz recoge que en Francia y Canadá una

persona puede establecer una relación de cuidado mutuo y coparticipación de recursos

legalmente reconocida con cualquier otra y recibir muchos beneficios legales y

109
financieros que antes estaban reservados a las parejas casadas. Esta situación legal

hace que “dos compañeros sexuales pueden aprovechar las ventajas de este tipo de

común acuerdo, como también pueden hacerlo dos hermanas, dos compañeros del

ejército o un cura con su ama de llaves” (2006: 369).

Sam insiste en que sería más sencillo si fuese legal: “De verdad. Si hubiese una

oficialidad que respaldase estos modelos de relacionarse, alejándolos de expresiones

como adulterio y poligamia (las cuales, al menos en nuestra sociedad, son consideradas

inherentemente negativas, ¿no?), y haciéndolos completamente legales, ayudaría a su

normalización.” Carla, desde un posicionamiento diferente, también cree que la

legalidad es un paso hacia delante, pero, sin embargo, también considera que el hecho

de que una manera de relacionarse sea más o menos vivible y/o viable depende de

nosotras, pues “nosotras las hacemos posibles saliéndonos del camino que nos habían

preparado.” Y en esta línea, Alex que no se muestra muy optimista con la legalización

de estas formas alternativas de relación, expresa que “buscaremos otras opciones para

convertir nuestra forma de relacionarnos en algo sostenible y estable en el tiempo. Lo

haremos sin ningún reconocimiento legal y con todo en nuestra contra, pero sabremos

que los tres queremos construir esto y que queremos hacerlo juntos. “

Igualmente, me parece interesante tener presente las reflexiones que surgieron en uno

de los encuentros de feministas lesbianas no monógamas de Abya Yala, en los que,

por un lado, se puso en evidencia, una vez más, la lógica capitalista y neoliberal del

Estado, poniendo de manifiesto que “en algún momento se va a dar cuenta de que es

mejor regular estas relaciones que no regularlas, y va a aceptar el matrimonio para tres,

o para cuatro, o para cinco (…) regulando ideológicamente, económicamente, social y

políticamente” (2016:110), en beneficio propio. Y, por otro lado, se evidencia que si

surgen estas preocupaciones es “porque no tenemos una concepción colectiva del

derecho (…) Acudimos al estado porque no hemos sido capaces de generar opciones

colectivas y de quedarnos siempre como en la opción individual, de yo, mi patrimonio

y mi herencia” (2016.110).

110
Llegadas a este punto, mi apuesta, más allá de querer dar respuesta al debate de si se

deben legalizarse o no las formas de relación no monógama, se focaliza en las personas

que han optado por estas nuevas fórmulas de convivir y de habitar en el mundo. Pues

sin duda creo que deben ser éstas las que decidan - o al menos lo intenten – si quieren

vivir bajo el amparo o no del Estado y en qué términos. Por ello, una vez más me parece

imprescindible hacer de lo personal algo político, articularnos y debatir colectivamente,

y a su vez tejer alianzas con otros movimientos sociales, para que sean nuestros

cuerpos, nuestras voces y nuestras experiencias quienes decidíamos sobre nosotras

mismas, antes de que lo hagan las estructuras por nosotras (sin nosotras).

111
6. Algunas conclusiones

Este último apartado lejos de ser un cierre, pretende ser un conjunto de reflexiones

que sirvan como lanzadera para futuras investigaciones. Reflexiones que emergen, por

un lado, de poner en discusión los objetivos y las hipótesis de la investigación con los

principales resultados que se extraen del proceso de análisis, y, por otro lado, de mi

posición y mis implicaciones en la investigación.

El análisis de los discursos y las vivencias de Sua, Alex, Sam, Girasol y Carla, quienes -

como exponen en sus narrativas- viven la no monogamia desde un marco feminista, ha

permitido identificar alguna de las dificultades a las que se enfrentan en su día a día

por el hecho de haber optado por una forma de estar en el mundo y de relacionarse

contra-hegemónica, en un sistema monógamo y capitalista.

En todos los relatos se comparte una crítica al amor romántico, heterosexual y

monógamo. Un modelo de amor hegemónico que reconocen fácilmente en sus

contextos y con el que discuten con sus prácticas cotidianas relacionales. Una

negociación continua a partir de una posición feminista, que pretende la

descolonización de los cuerpos, los afectos y los deseos. Pero, en ese estar habitando

el mundo desde una lógica no monógama, afloran inseguridades y contradicciones.

Pues el devenir no monógamo es, tal y como queda de manifiesto en este trabajo, un

proceso lento, de ensayo-error, de ‘domesticación del afecto’ (Enciso, 2015).

Las estrategias de resistencia que relatan las participantes suponen una nueva forma

de corporeizar los afectos, los deseos y los malestares. Estrategias que se repiten, con

matices, en las diferentes narrativas. Por un lado, se hace alusión a poner los cuidados

en el centro, entendiendo éstos como estar atentas a cómo nos sentimos y a cómo se

sienten las demás personas con quienes nos relacionamos; asumiéndonos vulnerables

y a partir de ahí fomentar lógicas de interdependencia. Por otro lado, problematizar

los celos, la exclusividad y las rivalidades; discutiendo la idea de que ‘la otra’ es una

amenaza, y tendiendo puentes entre las personas que se presuponen rivales. Y, por

último, problematizar la categorización y la jerarquización de los afectos, a partir de

112
discutir la división que se hace entre las relaciones de pareja, amigos/as y familia, así

como la centralidad y la obligatoriedad de la pareja. Si en lugar de construir las

relaciones a partir de hacerlas encajar en alguna de esas categorías, con una

significación preestablecida, lo hiciéramos al revés, estaríamos abriendo la posibilidad

de pensarnos y de construimos desde lugares más fluidos y flexibles. Lugares que,

seguramente, nos permitirían habitar formas de querernos, desearnos, vincularnos,

follarnos y cuidarnos lejos de lógicas exclusivas, excluyentes y desiguales.

Todas estas estrategias suponen un proceso político y corporal que pasa por

problematizar cuestiones legitimadas y naturalizadas socialmente, como la concepción

del amor como algo incontrolable. Asumir el amor y el deseo como algo construido y

negociable abre nuevas posibilidades para pensarnos a nosotras mismas, nuestras

relaciones y el mundo en general. Y, es en este sentido, en el que el amor puede

suponer un espacio para la liberación, la emancipación y el cambio social.

La investigación se planteó desde una antropología encarnada y situada, con la

intención de hacer consciente y explícita la relación entre la experiencia corporal propia

durante la investigación y la propia investigación (Esteban, 2004). Por ello, ‘lo auto’ ha

sido transversal y clave en la investigación desde el inicio, pues llevé a cabo una

escritura a ciegas y situada que me permitió reconocer mis propias motivaciones e

intereses personales y académicos que precedían la elección del objeto de estudio y

los objetivos de la investigación (Hernández,1999).

El primer paso fue un ejercicio de reflexión autoetnográfica, a partir del cual se abrió

la posibilidad de in-corporarme en la investigación, hablar de y desde mí misma.

Asumiendo ‘lo auto’ como una herramienta metodológica que me permitiera reflejar

mis propias vivencias respecto la no monogamia, asumiendo mi propia experiencia

como fuente de conocimiento, en tanto que la habito. Igualmente suponía una

estrategia privilegiada para acercarme al objeto de estudio, a contenidos e

interpretaciones de la experiencia, las cuales sería imposible acceder de otro modo;

enriqueciendo y complejizando así la investigación (Esteban 2004). Además, podía

resultar interesante poner mi voz y mi experiencia a dialogar, con las voces de las

113
personas con las que comparto relaciones sexo-afectivas, Sam y Alex. Por todo ello,

finalmente mis experiencias no monógamas se han encarnado en la narrativa de Sua.

Junto con ello, he llevado a cabo un ejercicio reflexivo y de autoobservación continuo,

evidenciando mi posicionamiento, mis propias contradicciones, conflictos y deseos y

también mi modo de habitar la investigación a lo largo de la misma, asumiendo que

formo parte de ella. Inspirándome en Behar (1996), Esteban (2004) y Guilló (2013), he

llevado a cabo una escritura conscientemente vulnerable con "una dosis importante de

pasión, de rebeldía y de resentimiento" (Esteban, 2004: 17). He incorporado mis

emociones a la etnografía procurando no despojarme de mi propio cuerpo, ni

censurarlo. Y es que, llevar a cabo un ejercicio autoreflexivo ha sido una herramienta

clave para prestar atención al impacto que yo como investigadora tengo en la realidad

social estudiada. Igualmente, me ha permitido darme cuenta de que, más allá de que

yo afecte, la investigación también me afecta y tiene efectos en mí. El hecho de estar

vinculada sexo-afectivamente con otras dos participantes, ha supuesto un trabajo

personal más allá de lo académico, que sin duda ha tenido un impacto en mí y en

nuestra relación. Además, me ha llevado a estar aún más atenta a las posibles

relaciones de poder que podían surgir por mi posición de investigadora. Por otro lado,

a veces me he perdido en los límites entre lo personal y lo académico, y ello ha

supuesto un gran coste emocional. Aun así, nos ha permitido dedicarnos espacios de

reflexión personales y colectivos que nos han llevado, por un lado, a tomar conciencia

de nuestros límites y de nuestros malestares, y, por otro lado, nos ha ayudado a poner

en valor los logros conseguidos y darle sentido al esfuerzo que nos supone sobrevivir

en un mundo monógamo.

Por último, me gustaría acabar apuntando algunas cuestiones que, por las

características de las participantes o por las limitaciones de la propia investigación, no

se han podido recoger y sería interesante plantear en futuras investigaciones. En primer

lugar, el hecho de que todas las narrativas pertenezcan a personas jóvenes es uno de

los límites de la presente investigación. Pues, por un lado, puede fomentar el

imaginario de que este tipo de prácticas están circunscritas a un momento vital de

experimentación y exploración, y, por otro lado, este hecho no ha permitido analizar

114
cuestiones que necesitarían ser observadas en personas con un poco más de recorrido

amoroso compartido, como la concepción y articulación de la convivencia o la crianza.

En este sentido, sería interesante poder analizar las vivencias y las experiencias de las

participantes en un futuro y construir un ‘itinerario corporal conjunto', al estilo

propuesto por Maria Livia Alga (2018)'31, que nos aporte mucha más información de lo

que supone el devenir no monógamo. En esta misma línea, sería interesante proponer

futuras investigaciones en la que las participantes sean personas de 40-50 años con

proyectos no monógamas, para ver cómo gestionan los tiempos y los espacios tanto

referentes a sus proyectos personales, como a los colectivos, a la (posible) crianza y al

cuidado de personas mayores o dependientes, entre otras cuestiones. Sería interesante

también analizar cómo son vividos por ellas los conceptos de pareja, amistad y familia.

Por otro lado, también sería interesante ampliar la muestra para ver si el género y la

preferencia sexual tiene un impacto a la hora de construir las relaciones desde un marco

no monógamo. Pues, por ejemplo, si entendemos este nuevo paradigma relacional

desde una lógica feminista que pasa por comprometernos y poner los cuidados en el

centro, ¿la gestión, las lógicas y las vivencias son iguales para las personas socializadas

como hombres que las socializadas como mujeres? ¿Puede ser que incluso se puedan

potenciar algunas relaciones de poder? ¿Pensarnos en colectivo supone

inherentemente discutir los puntos de partida desiguales y los privilegios que nos

conforman? ¿Per se estas formas son más horizontales e igualitarias?

En todas las narrativas recogidas se apunta a un futuro en colectivo, en comunidad.

Pero, dado que en todos los casos se trata de planteamientos y proyecciones de futuro,

sería interesante poder acercarnos a realidades que tengan ya un recorrido establecido

desde ahí, para ver sus límites y sus potencialidades (reales). En este sentido, tal y como

se apuntaba al principio de la investigación, sería interesante aproximarse a otras

formas de organización no monógama como la poligamia o la poliandria, y analizar en

profundidad experiencias de otras culturas, pues sin duda pueden darnos claves para

31
Maria Livia Alga (2018) se inspira en la técnica de los itinerarios corporales utilizada por Esteban (2004)
y la amplía, llevando a cabo un itinerario corporal colectivo con un grupo de mujeres que participa en su
investigación sobre las alianzas entre los movimientos antihomofobia y antirracista en Italia.

115
seguir repensando y resistiendo al pensamiento y a la estructura monógama. También

nos puede dar claves investigar otras realidades que no ponen la pareja en el centro

de sus vidas -como también se apuntaba- como puede ser el caso de las monjas en

nuestra sociedad, o el de las guerrilleras del Kurdistán, por citar dos casos muy

distintos, o incluso, la experiencia de las personas que deciden optar por vivir desde la

soltería de manera consciente.

Por otro lado, teniendo presente el contexto cis-hetero-patriarcal racista, capacitista y

capitalista en el que nos ha tocado (sobre)vivir, ¿son sostenibles y vivibles estas

propuestas? Asumiendo la tendencia individualista y los ritmos frenéticos que el

sistema nos impone, ¿es realista (plantearnos) vivir estos nuevos modelos relacionales

sin tejer alianzas con otras luchas? Y en ese caso, ¿de qué manera debemos tejer esas

alianzas? En este sentido, me pregunto ¿qué planteamiento deberíamos tener de la

monogamia desde la no monogamia? Pues existen diferentes posiciones respecto a

ello entre las participantes. ¿Debemos luchar para deconstuir la monogamia o

debemos asumirla como una opción más? Pero, si consideramos que relacionarse de

manera no monógama es una cuestión política, entonces, ¿asumir que la monogamia

debe ser planteada como una opción más no resulta contradictorio?

En este sentido, sería interesante más allá de seguir tomando como referencia a las

autoras y activistas no monógamas, indagar como se están articulando los diferentes

colectivos que han emergido en los últimos años para repensar el amor y las relaciones

en general. Ya que, recogiendo la propuesta de las compañeras de Abya Yala, es desde

ahí, desde donde podemos articularnos de manera colectiva para crear entre todas un

marco referencial y epistemológico para seguir politizando nuestros cuerpos, nuestros

deseos, nuestros afectos y nuestras relaciones, y poder así, habitar en mundo cada vez

más disfrutable y más vivible.

Por último, siendo consciente de todo el camino y el trabajo que queda aún por

recorrer, creo que también debemos reconocernos y celebrar los logros conseguidos

al habitar las fisuras que nosotras mismas le hacemos al sistema al resignificar nuestros

cuerpos, nuestros deseos y nuestros vínculos. Por ello me gustaría terminar apostando

116
por seguir haciendo de lo personal una cuestión política, por seguir pensándonos

desde otros lugares, por seguir disfrutándonos y sosteniéndonos, por seguir

construyendo un mundo más vivible, y por seguir haciéndolo “desde la alegría y desde

el coraje, poniendo la propia vida en juego, escribiéndola en las pancartas, ensenándola

a nuestras hijas e hijos, defendiéndola a cara descubierta, convencidas de que cada vez

que le abrimos la puerta a nuestro amor para que vaya a encontrar otro amante estamos

construyendo un mundo nuevo” (Vasallo, 2015:24-25).

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126
8. ANEXOS

127
Anexo I - Guía Narrativas

128
Guías narrativas
Objetivo general investigación

Analizar los discursos y las vivencias de personas que viven la no monogamia como

una apuesta política feminista.

Metodología

Para ello, he propuesto las siguientes preguntas agrupadas en cuatro grandes bloques:

(1) Comprensión general sobre las relaciones afectivo-sexuales, en términos de

monogamia y no monogamia (2) prácticas y experiencias afectivo-sexuales no

monógamas concretas (3) el papel del feminismo en las vivencias no monógamas y (4)

el ideal sobre como deberían ser las relaciones afectivo-sexuales.

Son preguntas más o menos abiertas que pretenden ser una guía, no una plantilla de

pregunta y respuesta. La idea es que las respuestas no sean en abstracto, sino que

contestéis en base a vuestras experiencias, anécdotas y situaciones concretas.

Es un relato anónimo así que deberás elegir tu misma un pseudónomio para ti y para

los personajes que salgan a lo largo del texto.

1. Comprensión general sobre las relaciones afectivo-sexuales, la


monogamia y la no monogamia.

- ¿Cuál es la idea de amor que se presenta en la cultura mediática/popular (cine,

música…)? ¿Te viene a la cabeza algún ejemplo concreto?

- ¿Crees que la no monogamia está más presente en la sociedad? ¿Crees que forma

parte del cotidiano? ¿Crees que se habla sobre ella (en las series, películas, en las

redes sociales, colectivos/movimientos sociales, etc.)? ¿qué visión crees que se dan

de éstas? Si consideras que se habla sobre ella, ¿crees que se practica por igual?

- ¿Cómo le explicarías a alguien qué es la monogamia? ¿Y la no monogamia?

- ¿Cuáles crees que son los retos a los que se enfrentan las personas que optan por

este modelo de relación?

129
- ¿Qué diferencias ves entre tu vivencia de las relaciones afectivo-sexuales y la forma

en que se presenta en la cultura mediática/popular? Y, ¿qué diferencias ves entre

tus relaciones y las que tienes alrededor? ¿Hasta que punto y por qué son

diferentes?

2. Tus prácticas y experiencias afectivo-sexuales concretas: ¿Cómo ha sido


tu devenir no monógamo?

- ¿Cuáles han sido los momentos clave - puntos de inflexión en tu vida, en relación a

la monogamia - no monogamia?

- ¿Qué te llevó a replantearte tu manera de relacionarte?

- ¿Tienes referentes no monógamos? ¿Cuáles?

- Tus experiencias no monógamas, ¿han sido pactadas por las personas

involucradas?

- A la hora de relacionarte con otras personas, ¿cómo y cuando dices que te

relacionas de forma no monógama? ¿Qué consecuencias tiene? ¿Te relacionas

sexo-afectivamente solo con personas no monógamas? ¿Qué dificultades y que

facilidades supone relacionarte con personas monógamos? ¿y con personas no

monógamas?

- ¿Cómo nombras esta forma alternativa de relación? ¿Poliamor, no monogamia,

contra-amor…? ¿Por qué? ¿cómo os auto nombráis: novios/novias, parejas? ¿Os lo

habéis planteado? ¿Crees necesario plantearse e incorporar nuevas formas de

nombrarse?

- ¿Cómo es la gestión de tiempo/espacios en relaciones no monógamas? ¿Que

tensiones se pueden generar? ¿Te han supuesto alguna contradicción?

- ¿Crees que el género y la preferencia sexual (hetero/homo/bi…) de las personas

involucradas en la relación juega un papel en la gestión de la misma?

- ¿Qué relaciones de poder se dan o pueden ser potenciales de darse en las

relaciones no monogamia? (jerarquización de relaciones, rivalidades, celos…)

130
- ¿Cuales son las estrategias que llevas a cabo en tu día a día para construir tus

relaciones desde un marco no-monógamo (comunicación, cuidados…)? ¿Con que

dificultades te has encontrado durante el proceso? ¿Cuáles han sido las facilidades?

- ¿Visibilizas tu forma de relacionarte? ¿En todos los espacios por igual (físicos y

virtuales)? ¿Por qué?

- ¿Cuál es el impacto que tiene en tu entorno que te relaciones en términos no

monógamos? (Familia, amigxs, universidad, contexto laboral, etc) ¿Cómo te afecta

a ti?

3. El papel del feminismo en las vivencias no monógamas.

- ¿Cuál crees que es el papel que está jugando el feminismo en la construcción de

estos modelos alternativos de relación?

- ¿Crees que todas las relaciones no monógamas son per se feministas? ¿Qué las

hace feministas?

- ¿Cuál ha sido el papel del feminismo en tu experiencia concreta?

- ¿Qué lugar piensas que tiene / debería tener el modelo de relación no monógamo

dentro del pensamiento y la acción feminista?

4. Mirando al futuro

- ¿Cómo te visualizas sexo-afectivamente en el futuro? ¿Cuál sería tu ideal?

- ¿Ves viable alcanzar ese ideal? ¿Cuáles son los aspectos sobre los que deberías

seguir trabajando para alcanzarlo? ¿Crees que para ello debería cambiar algo

socialmente? Y en ese caso, ¿cómo crees que puede cambiar?

- ¿Crees que la legalización de estas formas alternativas de relación ayudaría a que

fueran alternativas viables y vivibles?

131
Anexo II – Narrativas

132
Sua
Sua, 26 años. Salvaje y plural. Feminista. En continuo movimiento, en continua
deconstrucción; siempre con ganas de más. Soy una intensa de la vida, de los pies a la
cabeza. Soy no monógama por convencimiento. Soy un huracán, pero últimamente me
estoy reconciliando con mi parte más tierna. De Barcelona, siempre dispuesta a hacer
la maleta. Me gusta relacionarme, no puedo dejar de hacerlo. Me encanta arreglar el
mundo entre cervezas y debates colectivos. Mis rizos al viento me definen y me
acompañan desde pequeña, conducir me libera y el petardeo me hace feliz.

3 de abril del 2018. La Tameza, Asturias. Un refugio de montaña rodeado de naturaleza,


a 6 km del pueblo más cercano; y allí estábamos las tres, Sam, Alex y yo. Nuestras
miradas se entrecruzaban llenas de ilusión, miedos, inseguridades y de ganas de vivir
esa experiencia.

Sam. 28 años. Barcelona le vio nacer y crecer, pero desde hace 8 meses vive en Andorra.
Estudió derecho, digital. Siempre me corrige cuando le presento como abogado, pues
realmente su formación le da el estatus de jurista. Suele enfadarse conmigo porque no
entiendo nada de derecho, bueno, se enfada porque cree que ni siquiera presto
atención cuando me habla del mundo de la abogacía. Y supongo que tiene razón.
Solemos discutir sobre si es más transversal el derecho o el género, pero aún no hemos
conseguido llegar a buen puerto. Solemos debatir en general. No suele darme la razón
de buenas a primeras, aunque crea que la tengo. Siempre haciendo de abogado (del
diablo). Me fascina su mente. Es un pozo sin fondo a todos los niveles. De todo sabe, y
si no lo sabe se lo inventa con una credibilidad incuestionable. Sam es las luces y las
sombras de la ilustración. Estoy fascinada por su ácido y pedante quehacer, su brillante
memoria y su capacidad resolutiva. Su perfecta barba y su boina le dan forma. Se
esconde en su propio personaje serio y arrogante bajo el que se protege y en el que
se siente menos vulnerable. Sus pocas intenciones por poner las emociones y el cuerpo
en el centro me desesperan. Pero sus incansables idioteces y su estar incondicional
animándome a comerme el mundo, me hacen feliz. Nos relacionamos desde que nos
conocimos hace seis años. Seis años en los que hemos crecido por separado y juntos.
Seis años en los que nuestra relación se ha ido transformando, así como nuestra manera
de entendernos y de querernos.

133
Alex. Alex sorprendentemente tiene 19 años. Y digo sorprendentemente porque aún
después de 9 meses sigo sin dar crédito de ello. Dejando de lado su alimentación a
base de espaguetis, pan bimbo y kétchup, tiene un habitar su vida y el mundo digno
de alguien muy vivido. Es de Benidorm, sí, por increíble que parezca hay gente que es
de allí. Pero, desde hace dos años vive en Bilbao, conmigo. Es artista. Decidida e
impulsiva. Caótica. Crítica y combativa. De ideas claras y mirada intensa. Suele decir
que su cámara es una de sus mejores armas. Yo siempre le pregunto de dónde ha
salido. Alex es como un choque de galaxias. Vive entre todas ellas, por ello su mirada
es capaz de ver cosas que las demás no alcanzamos ver. Ella siente, sin fin. Sentimos,
nos sentimos. Creo que pasar horas arreglando el mundo y sintiendo(nos) es lo que
mejor se nos da y lo que nos hace ser nosotras. Siempre se acuerda de lo que sueña, y
sea la hora que sea de la noche me despierta para contarme cada sueño. Me exprime
la creatividad. Es dulzura. Vive pegada a sus auriculares. No entiende la vida sin música.
Escucha de todo, pero el trap (feminista) le pierde. Le gusta mucho bailar, aunque le
dé vergüenza y no baile mucho delante mío. Escribe en libretas que tiene repartidas
por toda la casa. Es pura introspección. Le gusta escucharse, descubrirse, sentir cómo
poco a poco avanza, y cómo va cambiando al mismo tiempo que cambia su vida. Alex
es subversión. Me miro y veo en mí a Alex. Me atraviesa y deja su rastro en mí. Pasan
los días y no dejo de enamorarme de ella.

Días antes del viaje, me surgieron mil dudas: ¿Irá bien? ¿Estamos preparadas para
afrontar esta situación? ¿Lo estarán haciendo por mí? Y si es así, ¿cuánta
responsabilidad supone y en qué lugar me sitúa? ¿Y si no sale bien? ¿qué pasará con
todo esto? ¿voy a saber sostenerlo? ¿nos hemos precipitado? Me siento con más
responsabilidad que ellas, porque yo soy el nexo entre ambas, entre las tres. ¿Voy a
saber cómo hacerlas sentir cómodas? ¿voy a estar cómoda yo? ¿cómo vamos a
interactuar entre las tres? ¿las muestras de cariño pueden suponer falta de cuidados?
¿se van a dar silencios incómodos? ¿estaremos todo el rato las tres juntas? ¿habrá
momentos en los que pueda estar a solas con Sam y a solas con Alex? ¿cómo vamos a
dormir? ¿y el sexo? No, no creo que sea un lugar en el que darle espacio al sexo; no, a
no ser que fluya.

Todo esto es nuevo para las tres. Sam y Alex no se conocen en persona, pero llevan un
tiempo hablando por WhatsApp y por teléfono. Se llevan bien, incluso me atrevería a
decir que están construyendo un vínculo afectivo (cada vez más fuerte). Aun así, no creo
que su relación se esté construyendo con proyección afectivo-sexual. De hecho, Alex

134
hasta el momento, a pesar de que no se cierra a ello, no muestra especial interés por
experimentar su sexualidad con hombres. ¿Eso me tranquiliza? ¿Me da seguridad?
Quizás. Cuando me descubro sintiendo y pensando así, me digo a mí misma Ay Sua,
cuanto te queda aun por deconstuir. Aun así, me parece súper interesante que estén
construyendo su relación (¿de pareja? así lo están planteando ellos mismos) sin poner
el sexo en el centro, contra todo pronostico o tópico del trío por el que todo el mundo
nos pregunta. Igualmente, me parece fascinante su capacidad por haber deconstruido
conscientemente la rivalidad que se supone que debería de haber entre ellos.

Que aquella experiencia no nos iba a dejar indiferentes, lo sabíamos las tres. Cada una
a su manera, íbamos a experimentar sensaciones nuevas, y se nos iban a remover
muchas otras. Por ejemplo, a Sam (así me lo contó más tarde) se le removieron mil cosas
al verme interactuar con Alex. La relación entre Sam y yo no ha sido muy afectuosa ni
corporal, y nos parecía bien (o hasta el momento así lo había percibido yo). Pero al estar
allí, poniendo nuestros cuerpos a dialogar en el mismo tiempo y espacio, las cosas
cambiaron. Sam me pidió -en más de una ocasión- que él también necesitaba recibir
muestras de afecto. Podía habérmelo esperado, pero no fue así. Me quedé
sorprendida, especialmente la primera vez que me lo pidió. Su tono preocupado, triste,
un poco enfadado y supongo que un poco celoso, me producía una sensación extraña.
Por un lado, no había sido más cariñosa con él durante los 6 años de relación de lo que
lo estaba siendo en ese momento, y no me salía serlo más. Por otro lado, me salía
consciente o inconscientemente generar resistencia hacia ese tipo de demandas. Pero
claro, también entraban en juego los cuidados. ¿Debía mostrar más afecto con Sam
para que no se sintiera mal? ¿Si no lo hacía no le estaba cuidando lo suficiente?

Todo aquello me hacía dudar de mi misma y también de mi manera de querer. Quería


recoger el malestar de Sam e intentar hacer lo posible para que dejara de sentirlo, pero
a la vez no quería perderme en esa comparativa ni tampoco quería asumir que
expresarme e interactuar de manera distinta implicaba quererlas más o menos, sino
diferente. No sabía cómo gestionarlo, cómo habitar aquel espacio y aquellos
sentimientos y malestares sin acabar estando distante con ambos.

Los privilegios, la exclusividad y los cuidados siempre en el ojo del huracán. A pesar de
que creo que estamos intentado construir una relación en otros términos, me doy
cuenta de mi clara posición de privilegio, ¿que implicaciones tiene? ¿qué puedo hacer
para no reproducir relaciones de poder desde mi posición? ¿qué hago con esa
sensación, aunque no suela admitirla en público, de querer ser especial y única para las

135
personas con las que me relaciono? ¿dónde queda problematizar la jerarquización de
las relaciones y de los afectos? Fácil el asunto, no es. Entre otras cosas porque la Sua
adolescente, a pesar de disfrutar más de su sexualidad de lo que pareciera estar
permitido (y recibir el castigo social pertinente por ello), creía en todos y cada uno de
los mitos del amor romántico.

Era una romántica sin fin. Pero a la vez, quizás sin ser muy consciente de ello, hacía de
las mías. Porque yo también esperaba encontrar ese príncipe azul que nos habían
vendido en las películas de Disney y las que no eran de Disney más tarde. Pero a
diferencia de esas princesas o esas mujeres pasivas que la cultura popular nos ha
vendido como ideal, yo me lo guisaba y me lo comía. Pícara y descarada,
aparentemente segura de mi palabrería y mis miradas en los juegos de seducción. Lo
de esperar a que sean ellos los que den el primer paso me aburría. Yo sabía que me la
jugaba, pero supongo que vivirlo así me hacía descargar adrenalina y sentirme viva.
Además, recuerdo que no acababa de entender qué pasaba cuando elegías a alguien
pero te seguías sintiendo atraída por otros. No es el definitivo entonces, me decía, me
decían.

Y mientras no llegaba el príncipe azul ni el feminismo, yo me relacionaba a muchas


bandas. Me lo pasaba bien, me gustaba gustar, aunque a veces me sintiera mala
persona o una guarra, como algunos me decían. Yo era una fresca y ellos unos
machotes. Me enfadaba. No soportaba que nadie pudiera pensar que era una chica
fácil, parecía que serlo era lo peor que podías ser, pero a la vez no quería dejar de
relacionarme como lo hacía. Era un mar de contradicciones. Gocé y sufrí la adolescencia
a parte iguales. Y más tarde la entrada a la universidad fue un punto de inflexión en mi
vida. Conocí a Mar, la psicología social y el feminismo, entre muchas otras cosas. Y las
tres cosas son claves para entender quién es Sua. La psicología social y el feminismo
me abrieron la mente y me mostraron un mundo lleno de posibilidades, me aportaban
respuestas y a la vez me permitían reapropiarme de aquellos insultos y ser un poco más
quien quería ser. Mar me sacudió como nada lo había hecho antes. Materializamos en
nuestros cuerpos las lecturas feministas que habíamos empezado a hacer. Aunque
acabó "como el rosario de la Aurora", aquel fue el inicio de una nueva manera de
habitar el mundo que, aunque en aquel momento me asustaba un poco, ahora lo vivo
desde el orgullo. Gracias feminismo. Sentía que estaba jodidamente enamorada de Mar
y sin embargo no desaparecían esas ganas de seguir relacionándome con otras
personas. Cómo aquello fue algo nuevo para las dos, íbamos haciendo según la marcha.

136
No habíamos hablado sobre la monogamia, pero a ambas nos gustaba el juego con
otras personas, así que nos lo permitimos sin hacerlo explícito.

La no monogamia como tal llegó con Sam. Los dos habíamos terminado, no muy bien,
con nuestras anteriores relaciones, y nos sosteníamos. Estábamos construyendo algo
juntos y yo quería que fuera desde otro lugar. Le expliqué a Sam mi forma de entender
las relaciones, por aquel entonces era prácticamente un planteamiento teórico pues no
tenía la experiencia que lo legitimara y tampoco conocía a nadie personalmente que se
relacionara así. Pero tenía claro que aquello que llamaban monogamia hacia aguas. Los
secretos, las mentiras, los cuernos, la posesión y la exclusividad estaban a la orden del
día en mi entorno y en la sociedad en general, y llevaba a relaciones toxicas y rupturas
peores, y yo no quería seguir pasando por ahí.

Desde aquella explicación ha llovido mucho, pero la idea de fondo siempre ha sido la
misma: cuestionar las relaciones tal y cómo nos las habían impuesto. A mí siempre me
ha gustado mucho relacionarme, vincularme y conectar de maneras muy diversas con
otras personas. En aquel entonces la revista Pikara y especialmente los artículos de
Brigitte Vasallo me abrieron muchas puertas, y me hicieron entender que no era una
cuestión solo mía, sino que el asunto tenía una dimensión estructural que hasta el
momento desconocía. Me permitieron ser un poco más quien quería ser y me ayudaron
a entenderme y hacerme entender con las demás, sobre todo con Sam. Quería estar
con él, me encantaba compartir con él tiempo y espacio, pero no quería que eso
significara dejar de vincularme con otras personas. Me negaba (y me niego) a asumir
que el amor es excluyente, al igual que me niego a no priorizar el derecho a disfrutar
de mi propio cuerpo y a seguir experimentando con mi sexualidad.

Pero, aun así, me daba cuenta que aquello que yo pensaba y había empezado a
defender fervientemente a veces se escapaba de mi alcance. En mi entorno había quien
entendía y respetaba más y quien menos mi forma de relacionarme, pero fuera como
fuese, compartir mis malestares era jodido porque me costaba encontrar empatía y
apoyo. Y fue prácticamente un mano a mano entre Sam y yo, de ensayo y error, de
muchos malestares y de trabajarnos la empatía y la comunicación. Reconozco mi
insistencia en seguir adelante con esto cuando las cosas no eran tan bonitas como las
propuestas teóricas planteaban. Estábamos lejos de lo que pretendíamos, pero jugaba
a nuestro favor la predisposición por seguir intentándolo (especialmente por mi parte)
y las horas y horas que dedicábamos a hablar sobre ello, a compartirnos malestares y
estrategias para relacionarnos con otras personas. Cabe decir que cuando Tom, mi

137
hermano, empezó su actual relación con Ginger y nos hicieron saber que la habían
planteado desde la no monogamia, fue una bocanada de aire fresco. Ambos son claves,
pues haber podido compartir las experiencias con alguien que también está apostando
por la no monogamia, ha sido para mi un regalo y un empujón imprescindible para
seguir hacia delante en los momentos de estar en la cuerda floja.

Además, el hecho de que Tom y yo vayamos a la par, ayuda a que se hable el tema en
casa, y ante la (dura) no comprensión de mis padres, nos sostengamos mutuamente.
Porque sí, la gestión de estos temas en casa no está siendo fácil. Soy consciente de que
mis padres y Tom son mis fortalezas y mis debilidades. Somos familiares, entendiendo
la familia como nosotros cuatro y nuestra bola de pelo blanco. Somos la viva imagen
de la happy familiy, de los que van una vez al mes juntos al teatro, comen juntos los
domingos y siguen haciendo un viaje juntos cada verano. Y eh, yo me siento afortunada
por ello y les estaré eternamente agradecida por todo lo que han hecho, hacen y sé
que seguirán haciendo por nosotros; pero yo, proyecto mi futuro a medio/largo plazo
con otra forma, otros ritmos e incluyendo otras personas. Un futuro que mucho tiene
que ver con mi forma de entender los vínculos sexo y/o afectivos, y que genera
resistencias y malestares en casa.

En los últimos 6 años tanto Sam como yo (aunque debo decir que yo exponencialmente
más que Sam), hemos construido vínculos más o menos afectivos y/o sexuales con otras
personas. Vínculos más o menos efímeros, que han convivido con nuestra relación, pero
que para ambos ocupaban un segundo lugar. Por decirlo de alguna manera, nuestra
relación era la central, la principal, y el resto eran satélites. Siempre que ha habido otras
personas lo hemos compartido. Un compartir que también nos dimos cuenta que
necesitaba de límites o pactos. Me parecen claves esos pactos o esa negociación
continua en la relación, y el hecho de asumir que esas negociaciones seguramente
vayan transformándose con el tiempo. Creo que es muy difícil saber donde están esos
límites, y creo que pensar en ello nos da muchas pistas de cuáles son los mecanismos
monógamos. Pues si le doy vueltas, lo que tiene que ver con la esfera más íntima, ya
sea a nivel de contarse cosas personales o de disfrutar de las distancias cortas, es lo
que más malestar me provoca. La exclusividad. El sentirse única y especial para otra
persona. Vale, relaciónate con otras personas siempre que yo tenga un lugar
privilegiado, sintiendo que yo soy más importante y más especial para ti que las demás,
que te aporto algo distinto que nadie más puede aportarte. Cuando eso se pone en
duda, todo empieza a tambalearse. En este sentido recuerdo cuando Sam me propuso

138
que hacer planes de pareja al uso, tipo pasar un fin de semana con esa persona, o
dormir juntas, estaba fuera del acuerdo. Lo suyo costó salir de ahí.

Por otro lado, explicarles a las personas con las que me empezaba a relacionar que yo
ya tenía pareja pero que estaba todo bien, que era algo acordado entre ambas, y que
a priori no tenia ninguna intención de dejarla, en general no me ha sido fácil. Y la
cuestión ya no era solo cómo plantearlo, sino cuándo. En relación a esto, me parece
interesante recoger varias cuestiones; la primera que todas las personas con las que me
he relacionado sexo-afectivamente en estos últimos años, más allá de Sam, se
autodefinían como monógamas, al menos hasta entonces (a excepción de Alex). La
mayoría en ese momento no tenían pareja, pero también se han dado casos que he
sabido más tarde que existía una pareja, a quien se le estaba ocultando todo esto. Y
eh, gestiónalo. ¿Cuál tiene que ser mi papel? ¿Qué responsabilidad tengo yo en esa
situación? Por momentos agotador y a veces sintiendo que no íbamos a llegar a ningún
lado. Ha supuesto explicar, bueno, justificarme en la mayoría de casos, una vez tras otra
para hacer entender por qué la no monogamia es para mí una opción (política), legítima.

Y todo esto, estando pendiente de cuándo es el mejor momento para decirlo, pues a
veces decirlo antes de tiempo (antes de que sea muy explícito que existe una intención
por parte de las dos personas de que pase algo entre nosotras) puede generar
resistencias, pero a la vez si se hace demasiado tarde (después del primer beso o una
vez se ha hecho palpable las ganas y el deseo por ir más allá), es fácil que puedan
echarte en cara por qué no lo has dicho antes. Porque claro, una es monógama hasta
que se demuestre lo contrario. Y sí, ha habido gente que de manera más o menos
elegante me ha expulsado de su vida por ello; o bien en el momento de enterarse que
tenía pareja o bien al no saber gestionar la situación al tiempo de relacionarnos. Me he
sentido señalada y responsabilizada si las cosas no salían bien. Me ha quitado mucha
energía tener que empezar prácticamente de cero cada vez. A pesar de que asumía
que yo también he necesitado mi tiempo y vivir ciertas experiencias para estar en el
punto en el que estoy, he tenido momentos de desesperarme y de no verle el sentido
a relacionarme así. Me sirve el siguiente paralelismo: si yo me compro un móvil nuevo
con un sistema operativo diferente al de la mayoría de gente, no compatible con ellas,
¿de qué me sirve tener ese móvil si la mayoría de funciones del móvil sirven para
comunicarse con el resto? Además, pareciera que, como yo estoy más trabajada en
este tema y que soy yo la que lo planteo, pues no me afectan tanto las cosas. Si no
salen bien, o si la otra persona por falta de experiencia o de intención, no tiene en

139
cuenta los cuidados hacia mí y/o reproduce dinámicas monógamas (dañinas), todo
queda en saco roto. Es difícil evitar los malestares, pues hay muchas cosas encima de
la mesa, mías, de Sam, de Alex y de las personas que entran en la ecuación.

Cabe decir que, con el paso del tiempo, siento que tengo más herramientas para
afrontar estas situaciones. Gracias feminismo otra vez. Tanto para comunicar mi opción
no monógama como la de asumir posibles huidas. Aún así, no siempre tengo la energía
ni las ganas de lidiar con estas situaciones. Cuando los límites se encuentran en lo
afectivo, en el tonteo, en los mensajes de WhatsApp se sostiene mucho mejor que
cuando salen a escena los besos, el contacto corporal o el sexo. La criminalización del
sexo la tenemos interiorizada hasta la raíz. Saltan todas las alarmas cuando se cruzan las
líneas rojas del cuerpo. Qué pereza. En este sentido, cada relación ha sido distinta y
han tenido impactos distintos en mi y en mi relación con Sam (y posteriormente con
Alex también). Seguro que si las analizo una a una puedo encontrar patrones que se
repiten. Pues es diferentes si solo mantengo un vinculo sexual con alguien, o si me veo
a menudo con esa persona, o si esa persona vive en la misma ciudad que yo, o si es un
affaire en un viaje, o si siento que empiezo a tener sentimientos por esa persona, o si
se trata de un hombre o una mujer. A grandes rasgos diría que las alarmas han saltado
en primera instancia cuando ha entrado el sexo en juego, y, por otro lado, las cosas se
complican mucho más cuando la relación va más allá de quedadas esporádicas y hay
cotidianidad y sentimientos in crescendo. Todo ello acentuado cuando ha sido en
relación a hombres, más que con mujeres.

Con Miel fue diferente desde el principio. La conocí en tercero de carrera y pronto pasó
a ser un pilar fundamental para mí. Nuestro viaje a la India marcó un antes y un después
entre nosotras. Éramos algo más que amigas, se palpaba en nuestra complicidad. Nos
deseábamos, nos lo hicimos saber la una a la otra. No entendíamos muy bien qué
éramos, pero parecíamos más novias que amigas. Así que medio en broma medio en
serio nos empezamos a llamar novias. Creo que mi relación con Miel no hizo saltar
alarmas a Sam principalmente porque era una mujer y no se sentía amenazado, o al
menos no en exceso. Mi relación con Miel daría para escribir una novela entera, pero
en titulares diría que en estos 6 años ha habido mucho amor entre nosotras, pero
también muchas inseguridades, muchos tabús y miedos a darle forma, lugar y nombre
a lo nuestro. Miel se define monógama y tiene una relación heterosexual construida
desde ahí, y eso tiene un impacto en nosotras, que yo a veces no sé cómo gestionar.
Soy consciente de que el hecho de que seamos mujeres nos permite tener una relación

140
en los términos que la tenemos. Me va bien a veces y a veces me aprovecho de ello,
pues no se nos cuestiona o supone una amenaza que compartamos tiempos, espacios
e intimidad, pero a la vez me enfada saber que es una trampa más del patriarcado.

Cada vez más, mi vida se sustenta en lugares, lecturas y personas feministas. Y sin duda
es clave para mí y mi manera de entender y estar en el mundo. Vincularme al colectivo
feminista de mi pueblo, descubrir espacios feministas de Barcelona, ir a charlas, talleres
y manifestaciones; así como incorporarme a trabajar en una cooperativa en Barcelona
para trabajar estos temas desde la educación con la intención de seguir haciendo
camino, me han acabado trayendo a Euskal Herria. Aquí no solo me estoy empapando
de contenido académico, sino que aquí convivo con ellas. Seis mujeres feministas,
libres, salvajes, políticas y diversas con las que comparto aula y lucha. Encontrarlas y
acuerparme con ellas ha supuesto y supone in-corporar lo aprendido, ser más
coherente conmigo misma y, a fin de cuentas, ser más feliz. Ninguna de ellas se
considera no monógama (aunque alguna durante este tiempo ha tanteado el terreno),
pero aun así han sido claves para ayudarme a sostener y politizar, entre otras cosas, mi
relación con Alex y Sam. Largas charlas en el coche Bilbao-Donosti ida y vuelta, en las
que me he sentido sostenida y cuidada por ellas. Muchas preguntas, pero nunca desde
el cuestionamiento o la deslegitimación, cómo si lo he podido sentir con otras personas
o en otros espacios. Y sin duda, estoy convencida que el hecho de compartir una
consciencia feminista tiene mucho que ver.

Entre ellas está Haizea, con quien conecté desde el principio. Hemos construido algo
muy especial. Me fascina su mente brillante y crítica, también su dulzura. Me siento bien
con ella, me gusta. A veces tengo ganas de besarla, a veces nos hemos besado, y, me
cuesta explicarlo pero son besos desde otro lugar. No es deseo y atracción al uso. Me
ha hecho darle una vuelta más al concepto amor, de pareja y de amistad. Nos hemos
empapado la una de la otra, nos hemos dejado llevar y eso nos ha llevado a construir
algo que no encaja en las etiquetas que conocemos, y, no sabemos muy bien qué es,
pero tampoco nos preocupa no saberlo. Y claro, me resuenan muchas cosas de mi
relación con Miel.

Hablando de los límites y los paralelismos entere amistad y pareja, creo que hay
amistades en las que se dan dinámicas de pareja (monógama). Exclusividad, posesión
y celos. En mi caso lo identifico más claramente en la niñez y la adolescencia, con esa
figura del mejor amigo o amiga, pero a día de hoy estoy trabajándome eso con una de
mis amigas de Barcelona. No tengo espacio para entrar en eso, pero me parece que si

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se le da vueltas se pueden encontrar muchas claves para teorizar sobre las relaciones,
el patriarcado y el capitalismo.

Mi relación con Alex y Sam también me da muchas pistas sobre ello. Por ejemplo, en
nuestras formas diferentes de visibilizar nuestra relación o nuestro posicionamiento
político con la no monogamia. Las tres usamos las redes sociales, y más o menos
ponemos fotos nuestras, haciéndolo más o menos explícito. Y las reacciones están ahí
(y de las que no soy consciente). La gente no entiende, pregunta, se descoloca. “Que
guay, pero yo no podría”, es la frase estrella. Por la parte que me toca, no tengo ningún
problema en hacer bandera de la no monogamia, de hecho, me lo tomo como una
apuesta política, aunque reservándome el derecho a exponerme hasta dónde quiera,
cuándo quiera y con quien quiera. Pues la gente, con mejor o menor intención se siente
con la libertad de preguntar, opinar y/o criticar, sin pensar en el impacto que tiene eso
en las demás, y a veces no tengo ni las ganas ni la energía para estar en esa tesitura.
Creo que con ello contribuyo a romper esquemas y a que sigamos entre todas
repensando las relaciones. Hacer de lo personal algo político. Conversaciones llenas de
preguntas que yo lanzo, pero también se me hacen a mí y que me sirven para seguir
construyendo y deconstruyendo.

Me sorprende la de gente que al saber que me relaciono de manera no monógama me


ha preguntado por mi experiencia o me ha pedido lecturas para leer sobre ello.
Además, sumado al hecho de haber estudiado psicología, a veces se me hacen
consultas como si yo tuviera soluciones a sus situaciones personales. En esas situaciones
no sé dónde meterme, primero porque realmente no tengo ni idea de qué contestarles
la mayoría de veces, pues cómo yo les digo, yo les puedo explicar mi situación, pero
cómo leí de la escritora feminista Laura Latorre: “Nadie puede hacerse experta en el
amor, es un logro colectivo.” En este sentido, mi intención, aunque parta de mi propia
experiencia, se aleja de lo individual, queriendo problematizar las relaciones a nivel
estructural para repensar colectivamente como podemos construirlas de manera más
libres y vivibles.

Partiendo de esa última premisa, si miro hacia el futuro, me lo imagino en colectivo. No


sé muy bien cómo, pero en un piso con una habitación de matrimonio y una (o dos con
suerte) individuales, no. Me preocupa y desconozco exactamente los términos y trabas
legales para constituirse fuera de los estándares de pareja y de familia. ¿Necesitamos
la cobertura legal? ¿Cómo queremos plantearla? ¿Qué ganamos y qué perdemos con
ella? Supongo que cómo aún lo veo un poco lejos, al igual que la crianza (aunque tengo

142
un poco más claro que apuesto por un modelo de crianza compartida), no tengo
conocimiento de ello y no sé cuáles son las necesidades que surgen cundo una se lo
plantea. Me encantaría conocer a personas más mayores que han optado por
relacionarse fuera de la monogamia y hacerles muchas preguntas, entre otras en
relación a esto, cuáles han sido sus dificultades y cuáles son sus necesidades.

Creo que aun estamos lejos de que la no monogamia esté a la orden de día, y creo que
el feminismo tiene un papel vital para que eso llegue a ser así. Creo que, a pesar de
que desde le feminismo se está haciendo mucho trabajo para deconstruir el modelo de
amor romántico, nos estamos quedando en una crítica que no va a la raíz. Señalamos
sin problema las relaciones de poder que se dan en las parejas, pero no ponemos en
duda en concepto de la pareja en sí. Poner en jaque la institución de la pareja supone
poner en jaque el sistema y no es tarea sencilla pues el sistema se encarga de tener
estrategias para que eso no ocurra. Por último, creo que si nos ponemos a ello,
debemos ser críticas y tener en cuenta para quien estamos luchando, preguntarnos en
todo momento si estamos teniendo en cuenta todas las vidas y todos los cuerpos.

143
Alex
Soy Alex, estudio Bellas Artes aunque mi padre aún se piense que estudio medicina.
Soy de Benidorm (sí, hay muchos abuelos y guiris borrachos, y no, no soy choni). Tengo
19 años, aunque Sam y Sua no paren de decirme que en realidad tengo 81 y que soy
un alma vieja. En realidad creo que mi cuerpo y mi edad van a diferente tempo. Cuando
era pequeña era la sombra de mi madre, estaba siempre en silencio. A veces se daba
la vuelta asustada por la calle pensando que me había perdido pero en realidad seguía
ahí. Siempre he sido más de observar que de hablar.

Ahora mismo la Alex que os escribe se definiría como bollera (política), feminista, artista
neoqueer, performativa, marimacho y felina. Soy acantilado del norte, luz azul, aire y
mar. Con una cámara en la mano y con un piti en la otra. Con la tristeza cogida por
banda para motivarme a crear. Con unos auriculares puestos, quedándome sorda. Con
ojeras y despeinada. Con el pelo blanco tirando a rubio pollo. Con miedo a la muerte,
pero sin dejar de fumar.

Para entender cómo vivo actualmente mis relaciones afectivo-sexuales, me remonto a


mis 11 año. Estaba en el centro comercial. Había quedado con Iván, mi primer novio.
Llevábamos una semana. A mí no me gustaba dar besos, ni abrazarle, ni tener contacto
físico con él. A veces le evitaba y no porque fuera un mal tío. Estaba terriblemente
incómoda con que fuera mi novio, y en general, con mostrar afecto a alguien. Pero yo
siempre había visto que las chicas tenían que estar con los chicos. Era lo normal.
Estábamos juntos y él me dijo vamos a darnos besos. Mi cabeza explotó. Yo para mis
adentros me preguntaba mil y una cosas pero aún me acuerdo de esta: Las parejas se
dan besos, por eso son parejas, ¿no?

Le acabé dando un beso, le dejé a los dos días. Los dos dimos por hecho que nos
teníamos que llevar mal. Le había dejado yo, así que el orgullo de Iván se vio
profundamente dañado. No entendíamos el juego pero sin saberlo estábamos dentro
de él. Yo no entendí la idea de amor que me habían vendido. Me habían vendido que
el amor era sacrificio, era dar un beso aunque yo no quisiera. Era ser la novia de y dejar
de ser Alex. Para los otros niños era como si yo estuviera bajo su protección. Era
exclusividad. Más tarde entendí que esa exclusividad era posesión. El amor era como
la película de A tres metros sobre el cielo, tíos pasotas con motos y tías locas por ellos.

144
Era amar hasta morir y matar por amor. Era romanticismo, era tener a una persona que
te hiciera feliz y nadie más. Yo lo vi todo desde fuera y quizás por eso me di cuenta.
Mientras mis amigas tenían novio yo estaba sola y la verdad es que el amor no existía
en mi escala de valores.

Ahora lo pienso y me parece muy fuerte esto último que he dicho. Mi profesora de
filosofía se quedó muy rayada cuando me tocó salir a la pizarra y a escribir los valores
que yo creía que basaban mi vida. Se me olvidó poner el amor en algún sitio. Hasta los
16 años pasé completamente de relacionarme afectivo-sexualmente hasta que
encontré un modelo de relación alternativo. Me di cuenta de que me gustaban las
chicas y muchos esquemas en mi cabeza se rompieron. Había crecido en una familia en
la que no me dejaron apuntarme a fútbol cuando era pequeña porque el fútbol es para
bolleras, palabras textuales de mi padre. Sí, hasta entonces mi forma de pensar era
homófoba porque era lo que me habían metido en la cabeza desde muy pequeña. Y
muchos años después aquí estoy, intentando ser más bollera cada día.

Desde mi experiencia, la no monogamia cada vez está más presente entre la gente de
mi edad e incluso más pequeños. Pero claro, tendríamos que hablar de qué tipo de no
monogamia. Está claro que la forma que yo tenía de relacionarme a los 16 no es la
misma que ahora, aunque yo hace tres años pensaba que esa forma de querer era
revolucionaria. Lo llamaba poliamor, y por primera vez rompí muchas barreras que
llevaba arrastrando durante toda mi vida. El feminismo y esta manera de relacionarme
iban de la mano. Empecé a problematizar cosas, a destruir todo lo que había conocido
del amor y a entender por qué yo no encajaba en esa idea. Ahora bien, hablemos de
ese poliamor que yo vivía. Por ese entonces yo no sabía de la existencia de la palabra
cuidados. A pesar de eso, todo era consensuado y hablado, nos contábamos las cosas
o si habíamos estado con alguien y eso nos hacía confiar la una en la otra. Poníamos el
amor en lo alto de la cima y lo diferenciábamos del placer ocasional. De alguna manera
nos auto limitábamos a no enamorarnos de más personas, pensábamos que nuestro
vínculo era más importante y lo jerarquizábamos conscientemente frente a otras
relaciones. Estábamos en el privilegio y las otras personas eran efímeras. Solo
disfrutábamos y fluíamos. Nos lo pasábamos bien y nos gustaba.

En mis círculos había más gente de mi edad como yo. La mayoría mujeres, politizadas
y feministas. En Twitter los debates ardían con este tema. Se empezaba a visibilizar más
lo del amor libre, y como todo tema de debate había gente que se subía al carro
básicamente porque le interesaba, ¿casualidad que fueran la mayoría hombres? No lo

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creo. Ahora mismo lo veo desde otra posición y lo que yo consideraba revolucionario y
que creía que gran parte de mis círculos también compartía, ahora lo considero
poliamor mainstream.

Esa no monogamia que creo que está presente en la sociedad está absorbida por el
neoliberalismo, por la falta de cuidados, por la falta de gestión y el consumo de
cuerpos. Creo que está más presente, pero de una forma no politizada y
completamente vacía de contenido. No comparto la no monogamia sin el feminismo y
creo que ese poliamor mainstream da una visión vacía de la revolución relacional.

La no monogamia en mi opinión debe de ser consciente. Es una lucha contra una


imposición hegemónica de un modo de vida que nos enseñan desde pequeñas. Vivir
encadenadas a una relación y sentirnos mal por querer disfrutar de nuestro cuerpo con
otras personas. Ponernos límites a nuestra forma de relacionarnos basados en la
exclusividad. Una imposición casualmente (nótese mi ironía) heteronormativa en la que
se nos dice que tenemos que encontrar a nuestra media naranja o nuestro príncipe azul.
Ahora mismo, para la Alex de 19 años, la no monogamia política es construir redes
sostenibles, sanas, donde nos sentimos y nos conocemos a nosotras mismas y también
a personas nuevas. Romper con las barreras socio-culturales que se imponen sobre
nuestros cuerpos, sobre nuestra forma de sentir, de disfrutar y de querer. Una red de
vínculos emocionales, ya no solo sexuales, a la que hay que dedicar tiempo y energía.

Pienso que por esto último el modelo monógamo es más fácil que apostar por una
manera de relacionarte no monógama. No voy a vender que la no monogamia es todo
un camino de rosas. Es destruir una estructura interna a la que has estado sometida
desde pequeña y lentamente volver a crear. La monogamia requiere mucha menos
energía, y aparte, te ahorras el tener que explicarle a toda la gente que te rodea (y
discutir) sobre por qué tienes varias parejas, o por qué te relacionas con más personas
a la vez. Te conviertes en una especie de rata de laboratorio y todas las conversaciones
acaban cuestionando por qué te relacionas así, en vez de cuestionarse a ellos mismos.
Se sienten agredidos con tu forma de relacionarte y te dicen que no lo entienden, que
cómo no voy a tener celos de que mi novia tenga relaciones sexo-afectivas con otras
personas. Tus padres no entienden por qué te vas de vacaciones con dos personas y
tampoco entienden por qué os llamáis tanto por teléfono. El típico familiar que te sigue
por Instagram te pregunta que por qué subes fotos tan mimosa con otra persona que
no es mi pareja, y bueno, un largo etcétera.

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La primera relación sexo-afectiva que tuve fue una relación abierta, pero he tenido otro
tipo de relaciones solamente afectivas que se han parecido mucho a la monogamia.
Cuando era adolescente tenía un grupo de amigas por el que me desvivía
completamente y del cual mi estabilidad emocional dependía, por diversas
circunstancias. Había una amiga especialmente con la que construí un vínculo de
dependencia tóxica muy bestia. Ahora lo pienso y me doy cuenta de que era como una
relación de pareja básicamente. Vamos a llamarle Eva. Las dos jugábamos en el mismo
equipo de baloncesto, así que nos veíamos muy a menudo. Eva me mostraba mucho
cariño, cosa que a mí me ha costado desde siempre. Me gustaba que me tratara así,
me hacía sentir especial. Nos escribíamos cartas diciéndonos lo mucho que nos
queríamos y que no podíamos vivir la una sin la otra. Era amor romántico de los pies a
la cabeza y me encantaba. Me encantaba que me diera abrazos y tenerla cerca, sentía
que alguien me valoraba y que pasara lo que pasara ella le partiría la cara a alguien por
mí. Eso me hacía sentir segura y feliz. Ambas nos generábamos malestares sin sentido
como enfadarnos de repente, nos entraban unos celos locos si mostrábamos afecto a
otras personas y jugábamos con eso. Recuerdo un día que me fui a mi pueblo y ella me
dio una carta diciéndome cosas como eres única o no quiero a nadie más que a ti.
Luego vi por una red social que le había escrito una dedicatoria a otra amiga en la que
le decía las mismas cosas y a mí se me rompieron muchas cosas por dentro. Pensé en
que todo lo que me había dicho durante tanto tiempo era falso y que no era posible
querer a más de una persona a la vez de la misma manera. No sabía cómo gestionar
que Eva quisiese tanto a alguien a parte de a mí.

En el fondo no me equivocaba del todo, aún sigo pensando que no se puede querer
de la misma forma a dos personas. No se puede comparar a dos personas porque
construyes los vínculos desde diferentes puntos y con diferentes cimientos. Esto era
algo que ya tenía claro cuando empecé mi primera relación abierta y de la que he
comenzado hablando.

- La rivalidad.

Uno de los puntos de inflexión en mi primera relación fue cuando ya estaba en Bilbao
mi primer año. Manteníamos la relación a distancia y era bastante complicado gestionar
tres meses sin vernos. Estábamos más alejadas pero aun manteníamos el contacto y
hablábamos todos los días. Unas semanas antes de Navidad me enteré de que mi
pareja, vamos a llamarla Laura, tenía una relación cerrada con otra chica. Me enteré por
las redes sociales. Por una foto, siendo más concretas. Algo me explotó por dentro que

147
sentí que la confianza que tenía con ella se acababa de esfumar. Me sentí traicionada,
y no porque estuviera con otra persona porque yo también estaba con otras. Fue
porque no confió en decírmelo ni contarme nada después de lo que habíamos pasado.
Hablamos y me dijo que esta chica le estaba obligando a elegir entre yo o ella. Le había
dicho que no podía soportar que volviese en Navidad y que Laura y yo estuviéramos
juntas de nuevo. Me hizo tenerle odio a esa persona y me generó mucha rivalidad.
Laura estaba enamorada de ella también y yo pasé a un segundo plano por la distancia,
entre otros muchos factores.

Yo en realidad no conocía a esa chica, pero en un momento sentí una patada en mi


escalón del privilegio y sentía como mientras yo aún caía ella se subía a él. Yo estaba a
800km y la distancia entre nuestros cuerpos era muy grande. Tenía celos de no poder
estar con ella, de no estar ahí.

- Mirar hacia otro lado.

Al verano siguiente empecé una relación no monógama con María. Ella tenía una
relación sexo-afectiva con otra chica que había sido su novia en algún momento.
Cuando yo me introduje en la vida de María y empezamos una relación no monógama
esta chica lo pasó muy mal. Quiso desaparecer de la vida de María porque no paraba
de compararse conmigo y de sentirse mal. Yo sentía que había una rivalidad indirecta
entre nosotras pero yo no quería tener ningún conflicto con ella así que directamente
no me metí. No sabía si quería acercarme a esa chica porque sentía que iba a ser muy
incómodo, así que ambas decidimos mirar hacia otro lado y ocultarlo aunque la
rivalidad siguiese ahí.

- La fina línea entre los cuidados y las exigencias.

Volví a Bilbao y volvieron los 800km de distancia. María y yo empezamos a gestionar la


distancia bien, yo volvía a Valencia una vez al mes como mínimo. Un poco más tarde
empecé una relación con mi compañera de piso, Sua. María y yo hablamos y me dijo
que lo único que me pedía era estar pendiente del móvil ya que era lo único que nos
mantenía en contacto. Es difícil mantener una relación a través de whatsapp, la verdad.
Yo compartía más espacios con Sua y dejé de estar tan pendiente del móvil.
Acabábamos de comenzar algo y nos gustaba tirarnos en el sofá debatiendo cosas
sobre su máster y sobre la vida, en general. María me empezó a decir que me notaba
diferente y que ya no era la misma con ella. Yo en realidad no sabía cómo gestionar el
tiempo y el espacio de una manera mejor y más sana. Entendía su posición pero

148
empecé a ser consciente de que gestionábamos las cosas de diferente manera. Yo no
tenía energía vital para dar los cuidados que ella me pedía y eso le sentó mal. Yo le
seguía queriendo, estaba enamorada de ella, pero ella no paraba de repetirme que le
había dejado de querer de un día para otro porque no le mostraba lo que ella me pedía.
Yo no había dejado de estar pendiente del móvil, pero no podía estar todo el día
hablando con ella, cosa que antes a lo mejor podía hacer. En este momento me di
cuenta de la importancia de los espacios y la gestión del tiempo, pero también que los
cuidados a veces se convierten en exigencias tóxicas. Mi relación con María cambió
cuando empecé una relación con mi compañera de piso, claro que cambió. Las
relaciones cambian, se adaptan a su entorno y a su contexto. Si no aceptamos ese
cambio y ese fluir y acabamos intentando convertir algo líquido en algo duro, es como
meter agua en una botella de cristal en el congelador: las paredes de la botella acaban
explotando.

- Romper con la rivalidad.

Sua tenía otra pareja, Sam. Ella y Sam llevan 6 años juntos. Sua le contó que nos
habíamos liado y sé que él se alegró. Él en realidad ya sabía que nos acabaríamos
liando. Sam vive en Andorra por tema de trabajo pero es de Barcelona. Mi relación con
Sua acabó creciendo hasta límites insospechados y sé que a Sam se le removieron
muchas cosas. Yo ya había pasado por la posición en la que él estaba. En realidad Sua
no paraba de hablarme de él. Me caía bien y no le conocía. No sé si estaba preparada
para conocerle. Un día Sam le preguntó a Sua si me podía seguir en Instagram. A mí
me dio un susto por todo el cuerpo, no sé muy bien por qué. Yo subía a mi perfil fotos
con Sua y no sabía cómo le podía sentar a él. Un día Sua me dijo que Sam estaba muy
en la mierda y que estaban discutiendo un montón por todo esto y decidí hablarle por
mensaje directo. Fue un joder, no quiero tener rivalidad contigo ni que nos odiemos.
Decidimos empezar a hablar de las cosas que nos hacían sentirnos inseguros y a
compartírnoslas, y nos dimos cuenta de que tampoco nos diferenciábamos tanto. Los
tres nos compartíamos las cosas y empecé a tener una relación con Sam de llamarnos
estando ciegos y reírnos mucho. Ahora mismo Sam es mi novio también. Sí, soy lesbiana
y tengo novio. Estoy enamorada de Sam y de Sua, eso es así. Él y yo tenemos una
relación de darnos amor y cariño infinito cuando nos vemos en persona y ser
terriblemente tiernos, pero sin necesidad de sexualizar nada. No ponemos el sexo en
el centro porque no nos apetece y porque lo hemos decidido así.

149
La mayoría de personas a las que les explico que tengo dos parejas me responden con
un vaya tríos os tenéis que montar o un te tienes que tirar todo el día follando. Es en
ese punto cuando me quedo con cara de apática pasivo-agresiva, me voy a una esquina
a respirar en una bolsa de papel-cartón e intentar calmarme y no cometer ningún
crimen. Sí, nos encanta el sexo. Pero eso no significa que por ser pareja los tres
tengamos que tener relaciones sexuales. El sexo no es el centro de todo y esto es algo
que mucha gente no comprende. Por otra parte, esas personas que te dicen que te
tienes que tirar todo el día follando no saben que, en realidad, cuando intentas
relacionarte y dices que tienes más parejas, la persona que estás conociendo tiende a
alejarse y a no querer saber nada más de ti.

Una de las peores experiencias que tuve fue en una rave. Fue una chica que ya conocía
de antes y que nos seguíamos por Instagram. Utilizo mucho esta red social para hablar
de estos temas y expresarme, intentar contar mis experiencias y reivindicarme a mí
misma. En este momento solo estaba con Sua, y mostraba públicamente que estaba
con ella sin problema. La chica de la rave, a la que vamos a llamar Aitana, sabía que yo
tenía novia. Íbamos juntas a la universidad y me llevaba muy bien con ella, pensaba
éramos afines en nuestro pensamiento ya que coincidíamos en el colectivo feminista de
la universidad. En la fiesta empezamos a bailar, nos liamos y todo fue bien hasta que le
dije que tenía novia, seguido me dijo un vale, no te quiero volver a ver nunca más, se
dio la vuelta y desapareció. Yo había dado por hecho que ella estaba entendiendo las
cosas pero en ese momento me di cuenta de que no estaba siendo así. Volvió para
decirme que me fuera a dormir con ella a su casa, y tras decirle que no ella se enfadó
aún más. Se tomó mi rechazo como una especie de ataque hacia su ego y eso le sintió
aun peor. Aitana se creía que yo tenía una relación cerrada y que yo le quería poner los
cuernos con ella. Me dijo medio gritando que ya había vivido esto y que no quería
volver a pasar por ahí. Quería que dejara a mi pareja y que me fuera con ella, y esto
obviamente generó malestar y rivalidad entre mi pareja y Aitana. También me generó
mucho malestar a mí, ya que no sienta nada bien que te cuestionen y juzguen tu manera
de relacionarte sin tener ni idea.

Me equivoqué dando por hecho las cosas y por eso ahora mismo intento introducirlo
de forma normal en las conversaciones si estoy conociendo a alguien, aunque no es ni
fácil ni sencillo. Para mí es muy importante que esa persona sea consciente de mis
vínculos y saber que no va a intentar alejarme de ellos. No considero que pueda
mantener una relación sana con una persona monógama porque ya lo he vivido. He

150
vivido el quiero que seas libre pero que sepas que si te lías con otras personas me va a
hacer daño y he pasado por ese aro. He pasado por las relaciones abiertas
condicionadas que esconden las mismas exigencias tóxicas y monógamas de siempre.
También he vivido y me he considerado poliamorosa, pero me parece que, como el
propio nombre indica, solo se incluya el amor y no el deseo ocasional y efímero. Creo
que sigue idealizando el amor y se sigue mostrando un concepto del amor romántico.
El poner las relaciones amorosas en el centro e invisibilizar otras solamente sexuales,
por ejemplo. No intento atacar a ninguna persona que esté viviendo estas formas
alternativas, creo que al final intentamos hacer de nuestra vida una vida vivible y cada
una vive en un contexto y entorno diferente. Yo, desde mi experiencia y de haber
pasado por estas formas de relacionarme, me considero conscientemente como no
monógama ya que engloba todos estos modelos alternativos de vivir. Un término más
amplio y abstracto en el que fluyo y me siento.

A pesar del carácter líquido de la no monogamia estamos rodeados de conceptos


sólidos y definidos heredados de la monogamia. Los propios nombres o etiquetas con
los que nos organizamos van atados a un reconocimiento social u otro. Decir mi novia
establece una relación de posesividad entre esa persona y yo. Decir mi pareja extrae el
género pero mantiene esa posesividad de la que hablaba. Por ejemplo, en mi caso, sé
que socialmente soy considerada lesbiana y que yo diga mi novio en vez de mi pareja
rompe con muchos esquemas de muchas personas. En el caso de Sua, también suelo
decir mi novia en lugar de pareja porque creo que es visibilizar mi preferencia sexual y
normalizarlo en espacios públicos. Por otro lado, digo pareja cuando siento que no es
un espacio seguro y en el que me pueda sentir incómoda por definirme. Defenderse
de esos espacios también es decisión política y cada una encuentra las maneras de
protegerse. Cuando estamos los tres no solemos pensar en un término con el que
definirnos, simplemente somos Alex, Sam y Sua. De puertas para fuera si alguien nos
preguntara responderíamos con un sí, somos novios los tres porque es más sencillo y
requiere menos energía. Aun así, creo que le podemos dar una vuelta y sugerir un
término que no sea posesivo y que se aleje de la concepción de que en una relación
solo pueden haber dos personas (par-eja).

Ser lesbiana y tener novio a muchas personas les parece una contradicción. Me
responden con un entonces no eres lesbiana, eres bisexual, como si ellos pudieran
decidir por mí lo que soy o dejo de ser. La relación que hemos construido ha sido
condicionada por el factor de que Sua estaba ahí, seguramente si ella no hubiese

151
estado no nos habríamos conocido. No queríamos tener rivalidad y creíamos que
acercándonos nos podríamos trabajar los miedos e inseguridades mejor. Nos
conocimos físicamente cuando hicimos una escapada los tres a una casa en mitad del
monte en Asturias. Entramos a una cabaña de piedra rústica con una chimenea y con
un piso superior en el que había tres colchones unidos tirados en el suelo. No me
preocupaba la cabaña, me preocupaba el vamos a dormir los tres juntos. Habíamos
venido por decisión propia los tres, queríamos conocernos y convivir. Hasta este punto
no había vivido nunca esta experiencia y sabía que las inseguridades iban a estar ahí, y
eso también lo sabíamos los tres antes de entrar por la puerta. Realmente estoy muy
poco acostumbrada a relacionarme con hombres heterosexuales, sus dinámicas y sus
masculinidades me generan malestares y no me siento cómoda. Mi casa es un claro
ejemplo de ese tipo de masculinidad hegemónica y mi predisposición a soportar ese
tipo de energía es muy baja por no decir nula.

La teoría es relativamente fácil de aprender y es muy sencillo soltar el discurso feminista


no monógamo, pero llevarlo a la práctica es mucho más complicado. Te equivocas
constantemente contigo misma y te encuentras llena de contradicciones, te saltan mil
alarmas internas que te dicen hey, esto te lo vas a tener que trabajar y te tienes que
dedicar espacio y tiempo a ti misma para mirarte con un pequeño espejo qué es lo que
se te está removiendo por ahí dentro.

Tenía miedos e inseguridades por todas partes pero la mayoría desembocaban en el


tema del sexo. Tenía muchas barreras corporales que me dolían, como el imaginarme
a ellos dos teniendo relaciones sexuales mientras yo estaba ahí. Luego me preguntaba
por qué me dolía tanto y pensaba en que están en su derecho de hacer lo que quieran.
Cuando no ves lo que pasa es más fácil gestionarlo todo, eso es verdad, pero viendo
cómo Sua y Sam se relacionaban entendí mucho más a ambos. Entendí de donde venía
ella y cómo era él, la persona de la que había escuchado durante mucho tiempo y con
la que había estado hablando por una pantalla. Si Sam hubiera sido una mujer mi
relación con él supongo que habría sido bastante diferente. Con los hombres tengo
una barrera sexual que no me apetece atravesar y que no me genera curiosidad. Entre
mujeres me siento más cómoda, aunque se me habrían removido otras cosas y quizás
no habríamos llegado a conectar tanto como lo he hecho con él.

La relación sexo-afectiva que tenemos Sua y yo no tiene por núcleo el sexo, sino ese
acuerparnos que tanto nos gusta y que nos permite ser tiernas y frágiles y al mismo
tiempo combativas y bravas. El haber estado conviviendo nueve meses compartiendo

152
los mismos espacios nos situaba en una posición de privilegio frente a Sam, a pesar de
que él y ella llevaran seis años de relación. Por otra parte, yo ya había conocido lo que
era mantener una relación a distancia y sentía a Sam y sus malestares. La comunicación
entre nosotros dos era diaria y eso nos facilitó a ambos la gestión de las inseguridades
que nos atacaban cuando estábamos mal emocionalmente. Nos sentíamos cerca y nos
gustábamos más allá de nuestras preferencias sexuales. Nos gustaba compartir
espacios y hablar, quizás porque nos parecemos en esa actitud depresiva o porque
pensábamos en cosas que la gente normal no piensa. Nos gustaba sentir que podíamos
ser tiernos y frágiles y mostrarnos de una manera que en la vida real no podemos (y no
queremos tampoco). Todo esto al final eran nuestras estrategias, formas de convertir lo
que estábamos viviendo en algo más sostenible y sano.

Gracias al feminismo entendí que hay más modelos alternativos de relación y desde mi
experiencia, construir una relación no monógama desde una perspectiva feminista es
más sostenible. Es una decisión política, una red que tejemos lentamente y que no
podemos hacer sin comunicación, sin cuidados, sin revisarnos los privilegios que
tenemos y sin escucharnos a nosotras mismas.

Socialmente la monogamia hegemónica no está problematizada lo suficiente y esto


provoca que los modelos alternativos de relación estén vacíos de contenido político.
Está claro que si no sabes que existen otras formas de relacionarte es muy complicado
que seas consciente de que te puedes relacionar de otra manera. Creo que ahora el
feminismo está en la calle y hay que aprovecharlo para visibilizar que ese amor que nos
venden no es para nosotras. Creo que, a pesar de ello, no se visibiliza la no monogamia
como una opción sostenible a largo plazo en el futuro como modelo de vida. Se
propone como una etapa y no como una lucha, cuando en realidad la forma de
relacionarnos en la forma que tiene el sistema de organizarnos y controlarnos. No se
problematiza la jerarquización entre pareja y amigos, ni se problematiza la centralidad
del amor.

Hasta hace relativamente poco no me había planteado cómo me visualizaba a mí misma


en el futuro respecto a este tema. Hasta hace poco mi forma de pensar respecto a mi
futuro era muy diferente. Cuando conocí a Sua me di cuenta de que, a diferencia de
mí, ella tenía una visión mucho más estable de su futuro sexo-afectivo. Cuando aún nos
estábamos conociendo ella me hablaba de algo llamado crianza compartida y tenía
claro que lo quería hacer con Sam, Ginger y Tom, la pareja de su hermano y su hermano.
Era algo de lo que no tenía ni idea, pero me pareció súper buena idea crear un entorno

153
en el que el concepto de familia ya no sea tan definido. Me lo imaginé como una
especie de comuna feminista en el que los roles domésticos se reparten y en el que la
no monogamia y el feminismo se incorpora desde las raíces.

Las decisiones tienen sus consecuencias y querer convivir con tus dos parejas significa
muchas cosas. Creo que hay que tener en cuenta la gestión de los espacios y de nuestra
propia intimidad. Sabemos que ahora mismo no seríamos capaces de vivir en un piso
sin paredes, por ejemplo. Sabemos que cuando estamos los tres actuamos de maneras
diferentes para no dañarnos, pero dónde queda el espacio en el que Sua y yo podemos
ser nosotras y en el que Sam y ella también pueden ser ellos. Aunque Sam y yo no
tengamos una relación sexual, también necesitamos ese hueco donde tener intimidad
y poder fumarnos lo que queramos sin molestar a nadie. La forma distinta que tenemos
los tres de relacionarnos nos genera malestares a veces. La relación que tengo con Sua
es mucho más corporal por parte de ambas, en cambio Sam y Sua no son así. Esto ha
generado muchas veces comparaciones entre nosotros y malestares porque Sua me
muestra más cariño a mí que a él. Socialmente esos mimos son sinónimo de amor y
cuanto más cariño muestras hacia alguien significa que estás más enamorada de esa
persona. Ellos han construido su relación desde otro punto, menos corporal pero fuerte
y sostenible. Son amigos y tienen esa relación de vacile tan característica de Sua. Los
dos son muy cabezones (los tres, en realidad) pero están enamorados, y que no se
demuestren cariño físico no significa nada. Aun así, cuando estamos los tres, salen estas
cosas a gestionar, comparaciones de afectos de por qué a mí sí y a él no. Es la
exclusividad, son los celos, el querer estar ahí y otras muchas causas egoístas. Tenemos
que centrarnos en por qué al final damos tanto valor al cuerpo de la otra persona, a las
caricias y a las muestras de afecto. Al final es esa barrera corporal de la que más
tenemos miedo.

Realmente los tres hacemos un buen equipo intentando destruir nuestras barreras,
aunque sea un proceso lento, y también las murallas legales que condicionan ese futuro.
Estábamos los tres dentro de un grand taxi en Marruecos la última vez que hablamos
de esto. Un trayecto de unas seis horas a través de una carretera mal asfaltada por la
que el conductor iba como a unos 200km/h. A esas alturas del viaje ya nos habíamos
acostumbrado (más o menos) a que podíamos morir en cualquier momento así que lo
mejor era relajarse. Fue un trayecto lleno de posibles futuros en los que
contemplábamos el matrimonio entre Sua y Sam como una opción o el matrimonio de
hecho. La pregunta era cómo podíamos aparecer o constar los tres en ese registro civil.

154
De repente ese grand taxi se pareció a una escena de película en la que los ladrones
preparan una estrategia para robar en un famoso banco nacional. Los tres hicimos un
fuerte brainstorming para buscar una solución. Sam aportó todo su conocimiento sobre
derecho y legislación que no es poco, Sua lanzaba propuestas respecto a la maternidad,
la reproducción asistida y la maternidad subrogada, y sus consecuentes dilemas
morales, y yo me dedicaba a preguntar qué significaba matrimonio de hecho y diversos
conceptos que no había escuchado en mi vida.

Fue un trayecto largo en el que yo jugaba de abogada del diablo. Ponía situaciones
complicadas, desde el embarazo hasta la crianza compartida. Hablamos sobre la
adopción, de la fecundación in vitro o de utilizar mi óvulo con el esperma de Sam y el
vientre de Sua (cosa que no sé si es ni legal). Respecto a tema de crianza compartida y
los procesos de educación, qué sería yo para esa persona, ¿simplemente la novia de
sus padres? Respecto a temas legales, ¿qué pasa si nos queremos casar los tres? ¿Me
quedo yo fuera de los beneficios económicos? ¿Cómo puedo aparecer dentro de la
ecuación? Si Sam se casaba conmigo, se divorciaba y posteriormente se casaba con
Sua los tres apareceríamos en el registro. Todo estaba sonando muy extraño y si el
conductor nos hubiese entendido creo que nos habría echado del coche. Teníamos
muchas preguntas y pocas respuestas, pero la verdad es que es complicado imaginarse
todo esto. ¿Tendría que ser la exmujer de Sam o Sua para querer aparecer en esa
ecuación? ¿Y cómo se lo explicaría a mis padres? Tendría que sentarme a hablar con mi
madre seriamente de muchas cosas que seguramente no le sentarían muy bien y me
harían distanciarme de ella.

Es casi una utopía conseguir hacer esto, básicamente porque no hay ninguna opción
legal que contemple la no monogamia. La legalización de estas formas alternativas es
complicada en una sociedad capitalista, ya que la monogamia y este sistema van de la
mano. Así que si no obtenemos ningún cambio buscaremos otras opciones para
convertir nuestra forma de relacionarnos en algo sostenible y estable en el tiempo. Lo
haremos sin ningún reconocimiento legal y con todo en nuestra contra, pero sabremos
que los tres queremos construir esto y que queremos hacerlo juntos.

155
Sam
Soy Sam, tengo más 30 que 20, me dedico a algo que no me gusta (pero tolero) y
siempre he querido mandar a la mierda mi vida para empezar de nuevo. Mantengo una
relación no monógama desde hace 6 años y, admitámoslo, ni la relación es igual que
hace 6 años ni yo soy igual que entonces. Y fácil, lo que se dice fácil, no ha sido (es).
Encantado.

Es complicado recordar la primera vez que te encuentras con el amor en tu vida. No el


amor de tu vida, ni el amor por la vida. El amor como tal. Imagino que, como a todes,
esto nos viene dado por las escenas que presenciamos en nuestro día a día. No
obstante, pensándolo fríamente, imagino que la primera escena directamente
romántica la debí ver en televisión.

Siempre me ha gustado la televisión. Así, como concepto. Me gustaba (y me gusta)


sentarme a ver qué están emitiendo. Sin más.

El amor es parte fundamental de la sociedad en la que vivimos. Al final, creo que es


algo que nos afecta a la inmensa mayoría, ¿no? Imagino que no todos los amores son
iguales, ni que todo el mundo siente amor por las mismas cosas. Ya no solo personas,
sino cosas más grandes, abstractas y primarias. No sé, el amor por la naturaleza. Existe.

No obstante, el amor más generalizado es aquel con el que llevamos conviviendo toda
la vida. “Oh, mi media naranja”, “Oh, estaremos juntos toda la vida”, “Oh, el amor
verdadero” (me gusta usar “Oh” al principio de las frases dramáticas). Y todo ello sin
entrar en temas alejados de la televisión. Quiero decir, podría buscar mil ejemplos de
amor romántico (no sé si debemos llamarlo así) dentro de diferentes manifestaciones
culturales y/o artísticas. Me centro en el cine/televisión dado que es lo que más domino.

Añadido a lo anterior, existe el tema de los celos. No exclusividad, celos. Sí, asumo que
una cosa está ligada, o más bien dicho deriva, de la otra. Pero me da la sensación que
se da más importancia a los celos. Aunque podríamos hablar también de la infidelidad.
No, creo que la infidelidad es la punta de la pirámide. Infidelidad. De eso también
tenemos buenas dosis en nuestra cultura popular. Creo que se presume que las

156
infidelidades y los celos (en menor medida éstos últimos) se ven desde una óptica
negativa. Es decir: celos e infidelidad = malos.

No obstante, en relación a la exclusividad, esto se ve como algo positivo, inherente a


la relación. “Si esa persona está conmigo me está priorizando sobre el resto del
mundo”. Algo así como que eliges estar solo con una persona y que esa persona lo sea
todo. Manera de ver las relaciones que no comparto, vamos.

Es decir: amor eterno y verdadero + fidelidad = bueno. Creo que éste es un buen punto
de inicio.

Si optamos por definir todo lo anterior como monogamia, se podría afirmar que vivimos
en una sociedad generalmente monógama. Quiero decir, casi todas las relaciones que
puedo ver a mi alrededor son de este tipo, la regla general, lo que siempre hemos visto.
Seamos sinceros, incluso a día de hoy me genera curiosidad algo tan simple como esto:
mis padres no están casados. Nunca se casaron.

Hasta tal punto tengo asumido que las familias se forman por gente casada, que me
resulta curioso que haya gente que no lo esté. Puedo entender perfectamente que no
lo estén, pero me sigue generando sorpresa (y no es, para nada, a causa de que me
considere un defensor del matrimonio como figura. Ni mucho menos).

Así pues, asumida la monogamia como algo extendido a nivel general, entremos a
relacionar dicha sociedad con la no monogamia. Mi visión sobre este tema, creo, que
está adulterada. Quiero decir, contextualicemos. Siempre he tenido una relación rara
con las infidelidades. Las he vivido, las he visto. Pero siempre me pareció absurda la
importancia que se le da a la fidelidad. Es decir, puedo entender (y entiendo) la
problemática derivada del hecho de que una persona en la que confías te engañe. No
a nivel físico, sino a un nivel más primario. El engaño como tal. Entiendo lo molesto que
es, de verdad. Lo que no entiendo, sin embargo, es el hecho de focalizar un engaño
como antesala (o efecto posterior) de una manifestación física. Quiero decir, aceptando
como válida esta premisa, está mal que una persona con la que se mantiene una
relación mantenga un vínculo físico con otra persona. No obstante, no “pasa nada” si
solo son amigos. Por favor. En serio, entiendo que haya gente que no pueda con una
“infidelidad”, pero de verdad que centrarla en algo meramente físico es algo que
escapa a mi comprensión. Probablemente esté siendo muy simplista sobre este tema.
Puede que lo retome luego.

157
¿Que si actualmente creo que la monogamia está más extendida en nuestra sociedad?
¿Qué si se habla más de ella? Ciertamente, se habla más de esa manera de relacionarse
que hace 10 años. Pero, no sé si es que se habla más o que mis intereses me hacen ver
cosas que antes pasaba por alto. Creo que haber adoptado la no monogamia como
manera de relacionarme me permite observar que existe más gente que ha optado por
esta minoría. Quizás yo, bueno, nosoTRES (me ha hecho gracia esto); Alex, Sua y yo,
seamos la prueba de que la sociedad está más abierta a ello. No lo sé. Si me preguntas
directamente, me atrevo a decir que sí, que las no monogamias empiezan a brotar.
Pese a que sigo creyendo que es una minoría muy minoritaria.

Volvamos a la televisión (“Madre, maestra, amante secreta” Especial de Hallowen,


temporada 6, The Simpsons), ¿aparecen éstas nuevas formas de relacionarse? Me
atrevería a decir que sí, pero me cuesta encontrar ejemplos como tal. Sí que existen
series en las que las personas se relacionan con pluralidad de personas, pero no creo
que pueda verse como una forma de no monogamia, pues aparecen los mismos
problemas/tópicos de siempre: celos, posesión, exclusividad, (in)fidelidad, etc. Así que
no me sirven. Existe esa serie, Tu, yo y ella (de Netflix) que va sobre una relación de tres
personas, pero creo que no profundiza en el tema de la no monogamia. O sí. En
realidad vi tres capítulos solo. Me pareció un peñazo.

¿Cómo explicarle a alguien de qué va todo esto? Un reto, sin duda. Ya he medio
formulado mi definición de monogamia, creo. Retomémosla:

Amor eterno y verdadero + fidelidad = bueno

Demasiado simplista, vale. No, de verdad. Monogamia sería estar con una persona, sin
tener más “relaciones” con otras personas, ¿no? Pero, ¿qué entendemos por otras
relaciones? ¿Puedes tener amistades? ¿Puedes besarte con otras personas? ¿Follar con
otras personas? ¿Enamorarte de otras personas? ¿Deberíamos configurar una escala en
la que se graduasen otras relaciones para así poder encajarlas como más o menos
favorables a la monogamia?

Mi primera discrepancia empieza ahí: no todas las relaciones son iguales. A su vez, no
considero las relaciones en términos absolutos. Y eso es aplicable a la monogamia / no
monogamia (para mí, ¿eh?, para mí).

Aquí el problema está en que la gente monógama pueda considerar que la no


monogamia implica que vayas/tengas que follar con otras personas. ¡Y eso es lo que

158
más preocupa a la gente! De verdad, estamos obsesionados con follar como la cúspide
de la problemática (bueno, y si eso ya deriva en enamoramiento ya es un cisma).
Imagina que tuvieses una relación con una persona a la que quieres, te entiendes y eres
feliz. Hasta ahí todo bien, ¿no? Ahora imagina que aparece otra persona, que te gusta,
te atrae, te hace reír o simplemente te hace sentir bien. Imagina poder conocer a esa
persona, aprender de ella, sentir de ella. Imagina descubrir cosas que no sabías de ella
y que no habrías sabido de no haber profundizado en tu vínculo con ella. Y no estoy
hablando de follar. Hablo simplemente de ver y sentir.

La no monogamia no es tener predisposición a follar con otras personas. La no


monogamia es poder hacer y sentir con personas y sentimientos. La no monogamia es
conocer y ver cosas distintas. La no monogamia es, también, no hacer nada de todo lo
anterior pero saber que puedes hacerlo. Y todo ello sin dejar de querer a nadie, sin
dejar de entender a nadie. ¿Existe un límite de sentimientos que podemos
generar/procesar? Buena pregunta.

Pero eh, no nos confundamos, es complicado.

La sociedad no está pensada para que funciones conforme a la no monogamia. Somos


una sociedad monógama, diantres. Todo esto está pensado para que nos centremos
en una persona, y arreando. Así que, como buenos humanos, estamos configurados
para ser monógamos. Así que por mucho que decidas adoptar la no monogamia vas a
tener que enfrentarte a problemas: celos, inseguridades, exclusividad y posesión. Todo
eso está ahí, y convives con ello en tu día a día. Puede que esté más abierto (y por ello
tenga más facilidad) para gestionar todos esos sentimientos que van en contra de lo
que hago, pero no por ello dejo de sentirlos. 6 años después, sigo peleándome con
todo eso. Y, lamentablemente, creo que lo haré toda la vida.

¿Y de qué va esto? Esa también es una buena pregunta.

Instituto de nombre irrelevante, año 2006. Yo, en bachillerato, conocí a Mallas, una
chica muy distinta a todo con lo que me había relacionado. Merece la pena decir que
mi experiencia en relaciones en ese momento se limitaba a una relación de tres meses
y poco más. Todo eso de novias y besos en el colegio y en el instituto, escapó de mi
alcance. No era especialmente popular en esa época. Fue una mierda de época. Pero
bah.

159
Mallas había estudiado en otro instituto hasta bachillerato, y era muy distinta a la gente
de mi instituto. Recuerdo su manera de vestir, con ropa ancha. Su manera de patinar y
lo mucho que le gustaba las bicicletas bmx. Ahora que lo pienso, Mallas encajaba
bastante en las mujeres que me atraen a día de hoy. Era un poco, como decirlo,
masculina (por dios, no me matéis). Bollera diría Alex. Sí, me gustan las mujeres bolleras.
Ese es otro problema.

El caso es que Mallas se relacionaba con otras personas a la vez que conmigo. Ella y yo
no nos llamábamos novios ni nada parecido, pero teníamos una relación singular. No
follábamos prácticamente, pero nos gustaba besarnos y estar abrazados. Y me gustaba
su mente. Era tan distinta a todo lo que había visto. Mallas fue y es importante. Durante
un tiempo pasé a relacionarme solamente con ella, lo cual mucha gente del instituto no
entendió. Que les jodan.

El caso es que una vez otra gran amiga me preguntó si no me molestaba que Mallas se
diese besos con otras personas. Y la verdad es que le dije que no. Que me gustaba
estar con Mallas y disfrutar el tiempo que pasaba con ella. La persona que me preguntó
no se quedó convencida, pero da igual.

A día de hoy, Mallas es monógama y no concibe ser no monógama (lo hemos hablado).
Como la mayoría de gente, la no monogamia le parece genial, pero no para ella.

Mi siguiente relación fue 100% monógama, acabó mal. Muy mal. Fatal. He aprendido
a ver que ambos hicimos cosas mal, la verdad. Llevé mal que no me contase la verdad.
Quizás estaba en su derecho he llegado a pensar. Pero no. Aquello fue una mierda.

Con Sua la cosa fue sincera desde un comienzo. Sua me dejó claro que aquello
(llamarlo no monogamia por aquel entonces me habría parecido exagerado) era
lo que ella quería. Pero una cosa siempre me la dejó clara: me quería. Y eso me
costó de asimilar. El hecho de querer y enamorarse de dos personas a la vez me
parecía imposible. Quizás no, y simplemente eran celos. He tardado 6 años en
darme cuenta de eso.

Pese a lo anterior, uno de los momentos clave fue el día que entendí que la no
monogamia, para mí, implicaba ya no el hecho de poder tener otras relaciones,
sino que implicaba poder no tenerlas. Alex es otro momento clave, el último

160
punto de inflexión. La prueba, para mí que no lo creía, que puedes enamorarte
de dos personas a la vez, sin que eso implique que una sustituya a la otra.

Creo que siempre he visto esta manera de relacionarme como una esfera
personal, propia. Sí que he leído algunas cosas, pero no me he interesado en
exceso en saber qué hacían los demás sobre esto. Y, más importante aún,
siempre he huido de la gente que, al saber de esto, ha querido conocer mi
experiencia. No soy referente de nada ni sé si me gustaría serlo. Pese a ello, sí
que tengo clara una cosa: esto debe ser aceptado por las partes involucradas.
Es muy común que algunos de mis amigos me digan que les gustaría vivir una
vida más acercada a la no monogamia, pero que no les gustaría que lo hiciesen
sus parejas. Emm… error. Y ya de fondo y forma y todo. Pero creo que éste es
otro tema. Lo retomaré luego.

Volviendo al tema de la aceptación de la no monogamia, reitero que siempre


dejo claro cuál es la situación antes de iniciar una nueva relación/vínculo/lo que
sea. Para mí es importante. Y creo que es lo justo. No digo que sea algo que
diga nada más presentarme (“Hola soy Sam, no monógamo”), pero no me gusta
demorarlo. Creo que es algo que forma parte de mí, mis relaciones. Joder, no
voy a esconder a nadie mis relaciones con Sua y Alex (que vienen a ser las
principales). Sí, con que sepan que tengo pareja(s) es suficiente.

Lamentablemente, la inmensa mayoría de veces, informar de ello tiene


consecuencias rápidas y directas. Ejemplo práctico: Tinder (me gusta Tinder, es
divertido, aunque me suele dar pereza). Hola, hola, qué tal, todo bien. Esa
persona es maja, me gusta. Hablamos. Sí, oh, qué gracioso eres. Hasta que: “ah,
por cierto, pues que tengo pareja”. Y ahí ya suele saltar todo. Que qué
interesante. Que qué curioso. Pero:

a) Yo no podría.

b) Yo no es lo que busco.

c) Yo quiero ser exclusivx.

161
Y así, la mayoría de veces. Es el clásico, “no tengo nada en contra de les
homosexuales, pero prefiero que no”, pero aplicado a esto. ¿Qué a veces
aparece alguien que está abierto a este tipo de relaciones? Sí, pero la norma es
lo anterior, la gente suele cerrarse rápido.

Puede que tampoco lo venda de la forma más efectiva, no lo sé. Suelo decir que
tengo pareja(s), y luego utilizo alguno de los nombres: poliamor, no monogamia,
etc. Creo que suelo utilizar poliamor, me parece el más conciliador. No
monogamia me parece agresivo, ligeramente. NO. No lo sé, es como una
confrontación directa con monogamia. Además, poliamor creo que es el termino
más extendido y generalizado, hecho que puede permitir que la gente lo
entienda más fácilmente.

Lo que sí digo seguro es que son parejas, no novias. Nunca me ha gustado la


palabra novia. Pese a que, leyéndolo ahora tampoco me termina de gustar
pareja por su significado. Cosas del directo.

Pero es que volvamos a lo mismo: ésto no es fácil. De verdad que no, que es
complicarse la vida hasta el extremo. Sigo sin saber cómo lo hace Sua. Ya no a
un nivel de relaciones que pudiesen enmarcarse en un marco de no monogamia,
sino en general. Su don para mantener vínculos y seguir creándolos y
adquiriendo nuevos, es asombroso. Incluso excesivo en algunas ocasiones (tal y
como yo le he dicho). El tiempo es una de las cosas más complicadas de
gestionar de toda esta historia. A mí, a veces, ya me cuesta encontrar tiempo
suficiente de calidad para pasar con Sua, como para tener tiempo para mucha
más gente. De ahí creo que deriva mi principal punto de pereza en Tinder, la
verdad. Y, de igual modo, necesito tiempo para mí. Y no cuento con Alex, ahora
mismo, dado que vive a 6 horas de distancia. Viéndolo así es ligeramente
estresante.

Y es estresante porque no quieres que tu “pareja principal”, vínculo central,


como se le quiera llamar (soy consciente que la manera de llamarle es más
importante de lo que quiero aceptar) se sienta alejada. Pero también quieres
alimentar otros vínculos. Pero también quieres tener tiempo para ti. Pero

162
también tienes que asumir la realidad de que eres pobre y tienes que dedicar
un tercio de tu día a día a trabajar. Fenomenal.

Y ya no solo tiempo, sino también espacios. Con Sua y Alex tenemos una
relación los tres. En realidad son como tres relaciones. Yo mantengo una relación
con Sua, una relación con Alex, y una relación los tres juntos. Y cada relación es
distinta, y aporta cosas y quita otras. Y es difícil. Realmente estoy enamorado de
Sua y Alex. Las quiero. Muchísimo. Pero hay veces que estar los tres es difícil.
Porque me gustaría que solo estuviese Sua. O solo estuviese Alex. O que no
estuviese nadie, y me dejasen en paz. Y hay veces que no quiero estar yo (la
mayoría de veces). Es un poco tedioso a veces.

No lo sé. Tengo claro que, si no fuese por Alex, esta relación entre tres no
existiría. Alex es muy especial, y para mí es importante que sea Alex. Alex me
gusta, la quiero. Es lesbiana, pero la quiero igual. No se siente atraída por mí (y
yo por ella tampoco especialmente), pero estoy enamorada de ella. Alex y yo
no follamos. Pero nos gusta acariciarnos, abrazarnos. Nos gusta frotar nuestras
cabezas. Me encanta el pelo de Alex. Ese pelo corto y rubio. Me gusta cuando
nos besamos. En realidad, hacemos de todo, excepto follar.

Puede que, si Alex fuese un hombre hetero, nunca hubiese hablado de ella.
Nunca estaría escribiendo estas líneas. Puede que, si Alex fuese un hombre gay,
todo fuese distinto y tampoco escribiese esto. O puede que sí. Puede que Alex
sea Alex porque es Alex. Y ya está. No lo sé. No, si fuese un hombre hetero, la
cosa no habría acabado así (y tenemos unos buenos antecedentes históricos).

¿Sería más complicado esto si Alex y yo follásemos? Pues mira, no sabría que
decirte. Puede que sí. O quizás no. Quizás entonces podríamos follar los tres
juntos (oh, el mito del trío. Todo el mundo cree que es lo que hacemos) y todo
sería más simple. O lo complicaría más. Realmente es difícil teorizar sobre todo
esto.

No lo sé, es complicado. Soy consciente de que he escrito unas cien veces “no
lo sé”. Realmente todo esto me genera dudas y cosas a las que no puedo
responder. ¿Lo estamos haciendo bien? ¿Realmente merece la pena? Dudas,

163
dudas y dudas. ¿Realmente es lógico hablar de no monogamia pero tener claro
que para mí están Sua y Alex y luego el resto del mundo? Porque es así.
Aunque… antes solo estaba Sua. Y ahora también está Alex. Ummm. Curioso.
No lo había visto así.

A veces siento celos de Sua. Y de Alex. A veces me pongo celoso de como son
ellas dos juntas. Son como dos cascadas de amor y afecto. En serio. Es algo
bestial. Es una luz especial. No nos confundamos: soy su puto mayor fan. Las
adoro. Las quiero. Estoy enamorado de ellas. Como entes individuales, como
entes conmigo y como pareja lésbica. Son un amor. Me encanta ver como se
quieren, como se miran. Pero a veces siento celos de ellas. Y pienso que a mí
también me gustaría tener un vínculo así. Cosas de lesbianas, ya ya. Yo que sé.
No sé, no me apetece competir. Ni siquiera sé si está bien que me plantee esa
palabra. Aunque a veces lo haga. Imagino que al final esto es lo que he decido
ser y por lo que he preferido apostar. E intento que sea así en mi día a día. En
realidad, dejando de lado a Sua y Alex, no tengo muchas más relaciones.
Realmente me cuesta construir nuevos vínculos. Me da pereza. De verdad,
necesito tiempo para mí.

A veces aparece gente única, como Coco. Coco me gusta, me hace reír, pese a
que a veces me asusta. Coco por eso ha entrado en mi vida y salido en un tiempo
récord. Sigue ahí, pero creo que por poco tiempo. En realidad ha sido todo por
casualidades. Éramos compañeros de trabajo, pero nos descubrimos pocas
semanas antes de que ella cambiase de empresa (y de país). También es
lesbiana, so no sex. Sí, tengo un problema. Coco siempre me dice que mi
problema es que me gustan las lesbianas. Puede que tenga razón. La verdad es
que, siendo sincero, me resulta más fácil relacionarme cuando quito de la
ecuación el componente sexo. Todo es más fluido, más divertido. Puedo ser
más yo. A mi manera quiero a Coco. Pero bueno, Coco es otra excepción.
Cuando le conté lo de Sua y Alex le pareció increíble y su respuesta fue:
“tenemos que tomar una cerveza y me cuentas”. Echo de menos a Coco.

La mayoría de gente suelta el clásico “anda, que bien, yo no podría”. Y adiós.


Joder, qué taxativa es la gente a veces. Pese a esto, no tengo problemas para

164
hablar de la no monogamia. De Sua. De Alex. Incluso de Coco. Suelo hacerlo
en círculos de gente de confianza. Amigos, principalmente. De mi familia, a
excepción de mi hermano y una sobrina (sí, es sobrina, familia rara), nadie sabe
nada. Y mira que no tengo problemas en subir fotos a Instagram de Sua y Alex.
Pero nada, tú.

No suelo hablar de ello en internet. No suelo hablar de mi vida en internet. Estoy


ligeramente obsesionado con la privacidad. No con ser una sombra, sino con
decidir qué comparto y con quién. Y esto no es algo que me apetezca compartir
con el mundo. Al menos no así, no ahora.

Mis amigos aceptaron esto bien. Sorprendentemente bien. Bueno, ¿qué iban a
hacer? La gente tiene preguntas. La inmensa mayoría son sobre cuánto follamos
los tres juntos. Ah… agotador. En realidad Alex es bisexual, pero opté por
decirle a la gente que era lesbiana. Me sabe mal por Alex, no lo merece. Pero
es que esto es agotador. Mis padres no saben nada. Imagino que, en un
escenario positivo, en un futuro lo sabrán. Da un poco de vértigo. Lo gracioso
es que ya conocen a Alex. Les parece una buena persona. Eso que nos
ahorramos para el futuro. Realmente, no me importa que me vean como no
monógamo. Tampoco intento cambiar a nadie. Acepto que mis amigos son
como son y que tienen sus relaciones como ellos quieren tener. Esto forma parte
de mi vida y me atraviesa como tal, pero soy más que esto.

Soy un escéptico, la verdad. O nihilista. Creer, lo que es creer, creo en poco. No me


siento parte de prácticamente nada y nunca he participado en ningún movimiento
social o político. Más bien escéptico, creo. No obstante, creo en la importancia que el
feminismo tiene y tendrá. Al fin y al cabo, Sua y Alex forman parte de mi vida. Todo
esto, que para mí es desconocimiento y respeto, para Sua es transversal en su vida.
Vive y respira para ello. Y es importante para ella, vital. En el fondo, es más respetable
que todo lo que yo hago, pero eso es otro tema. Escéptico, eso es así.

No creo en el amor romántico. Ni en las medias naranjas. Ni en el juntos para siempre.


Todo eso me genera una pereza (/rechazo) enorme. Lógicamente, no siempre fue así.
En una de mis primeras relaciones tuve un momento de crisis debidamente por ello.
Juntos para siempre. Tal y como era de esperar, no fue así. Éramos jóvenes y alocados.

165
No, simplemente creo que era lo que nos habían vendido que teníamos que pensar.
Pse, todo cambia. Pse, todo puede cambiar.

El feminismo rompe con esa estructura (que podemos tildar como clásica), puede
ayudar a que se extiendan/acepten/construyan los nuevos modelos de relacionarse.
Creo que eso es bien. Además, la aparición de Sua, y posteriormente Alex, son vitales
para que yo haya visto cosas que ya hacía bien, pero también cosas que hacía mal.
Después de 6 años algo he aprendido. Palabras como deconstruirse, revisarse y
trabajarse, y llevan integradas en mi día a día desde entonces.

Tomo como principio que la base de una relación no monógama es la comunicación (al
menos para mí). Porque al final esto va de hablar, de exponerse, de comprometerse a
dejarse comprometer (esta frase no es mía), de construir y deconstruir. De
transparencia, pero medida a las necesidades. De libertad, pero sin olvidar los cuidados
(ajenos y propios). Sí, todo esto se lo debo a Sua, la cual es maja y la quiero, pero
insistente. Muy insistente.

Seamos francos: aquí hay un problema de lenguaje. Es decir, tú dices no monogamia,


poliamor, relación abierta, y la gente se tira del pelo. No sé como podéis, yo no podría.
Eso sí, pero que las infidelidades se siguen produciendo. Y la gente sigue teniendo
apetencias y ganas de hacer cosas. Con suerte lo harán y lo mantendrán en secreto. Sin
suerte, lo contarán y abrirán la caja de Pandora. Joder, pues habladlo, hostia. Que no
pasa nada.

Es que si realmente me quiere conmigo debería tener suficiente. Ay mira, basta.

Mi manera de relacionarme actual no tendría sentido sin el feminismo, pues es


inherentemente feminista. Seamos claros. Una relación con Sua y Alex es feminista, te
pongas como te pongas. Y a mí me gusta mi manera de relacionarnos, creo que, con
salvedades, es correcta y nos hace felices a los tres.

Nosotros también tenemos relaciones fuera de nuestra relación de tres, pero somos
conscientes de ellos. Somos conscientes de que esas relaciones nos hacen felices, pero
también de que hay muchas cosas que están integradas en nosotros y que no podemos
obviar. Celos, jerarquía, relaciones de poder, exclusividad. Hay que tener en cuenta
todo eso. Hay que cuidarse mutuamente. Y construir desde ahí. Solamente asumiendo
que estás en la mierda puedes salir de la mierda. Una frase un tanto explícita.

166
La no monogamia debería ser la forma de relacionarse generalizada. No creo que esto
trate de si tienes un vínculo o cien. Ni que esto deba medirse en números ni nada
parecido. Ni que deba llamarse no monogamia. Creo que deberíamos ser libres de
elegir qué vínculos queremos mantener y con quién. Libertad. Si quieres tener seis
relaciones, está bien. Si quieres tener 294 está bien. Si quieres tener una, está bien. Si
quieres tener una relación con tres personas, está bien. Y si no quieres tener ninguna
relación, también está bien. Estoy cansado de que nos digan qué podemos y qué no
podemos hacer.

Me resulta complejo visualizar el futuro de mi vida sexo-afectiva. Ciertamente, en sus


inicios, me pareció imposible poder mantener esta manera de relacionarse durante
mucho tiempo (algo que el propio tiempo ha terminado por demostrarme mi error).
Siendo optimistas, y así haré para que ello ocurra, me gustaría poder seguir
manteniendo este tipo de relaciones en un futuro. Entiendo que con el paso del tiempo
las cosas cambian, las necesidades se agravan, y las prioridades se transforman. No
obstante, me gustaría poder mantener la esencia (pese a que, probablemente, los
vínculos sean distintos). Mantener esta predisposición a la libertad, a conocer nuevas
personas, a dejarse sentir y avanzar sin miedo, me conformo.

Pensándolo fríamente, creo que podría ser posible seguir así. Creo que ello nos llevaría
a nuevos retos, a construir nuevos espacios. Al final, expresiones como “crianza
compartida” forman parte de nuestras previsiones a futuro, y eso ya implica un cambio
substancial del modelo de familia al que estamos acostumbrados. Bueno, espera,
porqué estoy pasando por alto el hecho de que Sua, Alex y yo mantenemos una
relación los tres juntos. Si ya hemos podido romper barreras respecto a esto (no todas
las que querríamos, pero paso a paso), tal vez si podamos avanzar lo suficiente como
para hacer de esta manera de relacionarnos nuestra manera de vivir. Al final la cosa va
de esto, ¿no? De vivir conforme a tu propio camino y avanzar por dónde, cómo y cuánto
se quiera.

Pero sí, vamos, queda muchísimo por hacer. Mucho por aprender. E, inevitablemente,
mucho por cagarla. Si me centro en nuestra propia relación de tres, hay muchos
aspectos que debemos seguir trabajando: espacios, tiempo, atenciones, sexo. Visto así
queda mucho por hacer.

En conceptos generales, es difícil saber el punto en el que me encuentro. La llegada de


Alex ha cambiado muchas cosas, pero hay cosas que más que cambiar creo que ha

167
ocultado. No respecto a ella, sino a mí mismo. Quiero decir: que celos sigue habiendo.
No tanto respecto a Alex, sino a otras personas con las que Sua ha estado con
posterioridad. Debo decir que los celos son ínfimos comparados con los de hace 6
años, ¿no? Pero siguen existiendo. Quizás eso sea una buena señal para saber que,
quizás en 6 años más, los celos sean inexistentes. No me lo había planteado así.

Es curioso el tema celos. Sua despierta en mí muchos más celos de los que despierta
Alex. Creo que es debido a que Alex se relaciona de manera afectivo-sexual con
mujeres. Cuando Sua tiene relaciones de dicho tipo con mujeres, los celos suelen ser
mucho menos importantes. Con hombres, en cambio, es otra historia. No sé. Puede
que exista una parte de mí que sigue viendo a las otras relaciones de Sua con hombres
como sujetos con los que competir. Como si fuesen un riesgo a verme sustituido. Debo
añadir que, con otras cosas, ese sentimiento ha ido decreciendo con el paso del tiempo,
pero es curioso. Es como si temiera a verme sustituido por un hombre, algo que no me
preocupa en el caso de una mujer. Sé que esto no está bien, soy consciente.

En fin, imaginando que soy capaz de seguir avanzando, con las personas adecuadas, y
una dieta sana en vegetales, el problema no seremos nosotros. Será el mundo. Seamos
claros. La sociedad está montada para que las parejas sean de dos personas. Y es muy
evidente. Hace poco lo hablábamos en un taxi entre Marrakech y el desierto (sí).
Hablábamos con Sua y Alex sobre el hecho de que nos quisiésemos casar y tener hijos
(todo teórico). El caso es que ya no solo el mero hecho de casarnos, que hasta donde
sé sería imposible legalmente, sino el hecho de tener hijos y le gestión de la patria
potestad. Hola, soy abogado y se ligeramente de lo qué hablo.

Pero seamos más simples: relaciones, familia y trabajo. ¿Cómo nos miraría la gente si
nos presentamos los tres? ¿Cómo nos miraría la gente si decimos que cada uno tiene
sus vínculos y su propia red sexo-afectiva? Las miradas, en la mayoría de círculos creo
que no serían muy positivas. Tal vez, en un futuro, cuando las nuevas generaciones
dominemos el planeta, la gente esté dispuesta a asumir su verdad como una verdad
más, y no absoluta. Dicha la anterior frase épica, añado que no tengo especial fe en
ello. Creo que al final nuestros círculos cercanos entenderán nuestra manera de ser,
pero que, de cara a una sociedad más generalizada, será una constante justificación.
Qué pereza.

Sería más sencillo si fuese legal. De verdad. Si hubiese una oficialidad que respaldase
estos modelos de relacionarse, alejándolos de expresiones como adulterio y poligamia

168
(las cuales, al menos en nuestra sociedad, son consideradas inherentemente negativas,
¿no?), y haciéndolos completamente legales y ayudando a su normalización.
Lógicamente, habría muchas voces contradictorias en un principio, pero, en fin, no
olvidemos que hace 13 años el matrimonio homosexual no existía en nuestro país (y
prácticamente en ningún país). ¡13 años! Ha pasado poco tiempo, pero creo que ha
permitido a su “normalización”. Y lo digo con comillas porque aun queda mucho por
hacer. Pero poco a poco.

Eso sí, entiendo que deberíamos centrarnos en matrimonios de 3, 4 o los que sean.
Hasta donde yo sé, el ordenamiento jurídico español no prohíbe las no monogamias.
Ah, ¿hablamos de estar casadx con varias personas? Es decir, ¿uno o dos o los que sean
matrimonios? Eso ya es más complicado.

Nuestra sociedad, como ya he dicho, gira alrededor de la familia como ente formado
por dos personas (no nos engañemos, principalmente heterosexuales), por lo que un
cambio de tal magnitud supondría un cambio de paradigma que alteraría toda la
estructura social con la que hemos sido configurados desde hace siglos. No se trata de
eliminar la monogamia. Solamente se trata de permitir que se construya un modelo que
permita que todo el mundo pueda elegir sus relaciones y ser feliz conforme a ellas. Ya
sean 4, 6, 1 o ninguna.

Es un reto digno de plantearse.

169
Girasol
Soy Girasol, una chica de 19 años, mallorquina de las de pueblo profundo, aunque
nunca me he estancado en él, todo lo contrario. A medida que ves que mirando a tu
alrededor no te sientes totalmente cómoda, por como eres, por la manera de vestirte
y de comportarte, buscas nuevos espacios. Eso es lo que me pasó cuando cambié de
instituto para empezar el bachillerato artístico. Ah sí, me considero una estudiante de
técnicas y expresiones artísticas plásticas, que es como más cómoda me siento en la
larga lista de formas de expresión. Intentando descubrir cada vez más cosas y abrirme
hacia nuevas imágenes, texturas, colores, formas… que se puedan construir y crear para
transmitir y hacer sentir alguna cosa.

Me defino también como una persona tranquila, sin que las cosas me preocupen en
exceso. ‘Todo lo haremos’ ha sido la frase del año, y realmente, en términos más
personales, creo que todo lo haremos. Me gusta improvisar, haciendo ver que lo tengo
todo controlado, pero en realidad las cosas fluyen. Cuando ves que un cuadrado no
deja el vacío correspondiente para que todo quepa en otro, sabes que tienes que
modificarlo o empezar de nuevo. Empezar de nuevo, realmente es una cosa que a la
mayoría de gente le da bastante pereza, pero a mi me gusta destruir para volver a
hacerlo mejor (estoy hablando de temas artísticos, pero también creo que se puede
aplicar a cualquier ámbito de mi vida).

Cuando terminé el bachillerato me fui de mi casa, por fin, hacia tierras vascas. Nación
de tierra y lengua oprimida igual que la mía, dónde me entienden cuando les digo que
no sé hablar muy bien castellano. Así que, comienzo una nueva etapa de mi vida en un
sitio nuevo, donde nadie (o casi nadie) te conoce y tú te presentas con tu cuerpo y tu
maleta llena de recuerdos, ideales y formas de ser en unas tierras desconocidas, lejanas,
con mil escaleras de tonos diferentes de verdes y grises, y con una larga historia por
delante y por detrás.

Mi compañera de piso Lluna y yo nos quedamos solas después de que ella cortase con
su pareja, que desde un principio vivía con nosotras. Eso derivó en una amistad, un
amor y una compenetración entre nosotras muy fuerte, ya que nos permitió conocernos
poco a poco, y de una manera especial. Lluna realmente ha sido una persona muy

170
importante para mi. Gracias a ella me he dejado llevar más por las ideas y los
sentimientos, y me ha ayudado a expresarlos sin hacerlos tan complejos.

A pesar de llegar a una cultura diferente, con un clima diferente y gente diferente, mi
adaptación creo que no fue mala. La lengua al principio era complicada, pero me hice
entender. Conocí a Pluja, quien me aporta muchas cosas (muy diferentes). Por un lado,
cultura, tradición y conocimientos de la vida en las vascongadas, y, por otro lado,
reflexiones, conocimientos, conversaciones interesantes y fiestas. En definitiva,
momentos que no olvidas y todo eso se convierte en relaciones que siempre perduran.

En medio de todo esto, Gespa se fue expandiendo por mi zona, llegó acariciándome
el pie con dulzura, susurrando flojito, sin hacer ruido, pero subiendo en un in crescendo
progresivo. Fui haciendo la mía sin limitarme a nada. Las primeras quedadas fueron
dulces, interesantes. Los primeros besos húmedos y con el tacto totalmente receptivo,
pero tranquilo. Y después, no quiero decir que empezara a ser un poco extraño, pero
se puede decir que inesperado.

Estábamos en una fiesta de la facultad, Lluna, Pluja y yo, cada una con sus historias.

Bien, antes de explicar lo que pasó en la fiesta, quiero hablar de mi maleta de relaciones
afectivo-sexuales, que han sido bastante desastrosas. Nunca he creído en estar con una
persona durante mucho tiempo, ni en quererla de manera incondicional y exclusiva. No
sé. Creo que es una cosa que me viene de mi familia, por los valores que nos han
enseñado. Nunca se han metido con las relaciones que he tenido y me han dejado
experimentar. Obviamente, cuando tienes entre 10 y 14 años estás inmersa en la
burbuja del amor romántico que invade las películas, las series, los libros (películas
como “A 3 metros sobre el cielo” o series como “Tiempo entre guerras”). La bomba
de los celos y la moral está ahí, solo poder querer a una persona y estar solo con ella.
Y si no, es un acto de infidelidad hacia la otra persona, una herejía de la confianza y una
justificación de rabia y violencia, tanto verbal como física.

Pues muy bien, no lo sé exactamente, pero mi primera relación sexual fue a los 16, con
un chico que me gustaba y que hacía un mes, más o menos, nos habíamos besado por
primera vez. En aquellas épocas normalmente las ‘parejas’ estaban como cuatro o cinco
meses antes de pasar a acciones más ‘íntima’, así que no se lo conté casi a nadie,
aunque vivíamos en un pueblo, y todo se sabe. La relación con este chico era extraña.
No nos considerábamos ni pareja ni nada, pero había como esas ganas (o a veces
obligación) de quedar los fines de semana, siempre en sitios donde no hubiese gente

171
normalmente, y estar juntos un rato. Tampoco era la típica historia en la que hablase
todo el tiempo con él por mensaje, ni la de decir claramente lo qué sentíamos, sino más
bien un ‘vamos haciendo y ya veremos’. Éramos dos personas que nos gustábamos, sin
compromisos de tener una relación cerrada, pues los dos sabíamos que nos gustaba
más gente y que nos liábamos con otros. Pero, al fin y al cabo, nunca nos rendíamos
cuentas y la cosa iba pasando.

Podría decirse que mi forma de relacionarme ya no era la mas ‘convencional’ del


mundo, íbamos fluyendo y no lo pensábamos mucho. Ahora bien, puedo decir que dos
libros me hicieron cambiar mucho la percepción de los celos y del amor hacia más de
una persona: Memorias de Idhún, de la escritora Laura Gallego y L’amor lliure, Eros i
l’anarquía de Osalvo Baigorria. A partir de esas lecturas, mis perspectivas sobre los
típicos conflictos en las relaciones monógamas cambiaron. Me hicieron repensar el
‘pasa de mi’, ‘es que liga con otras’, el autocontrol sobre la atracción por otra persona,
la rabia interna (e irracional) hacia todo el mundo que se acerca a tu pareja, el miedo
de perderla (porqué se vaya con otra persona), la creencia del amor para siempre, la
sensación de que tu pareja tiene que ser aquella persona con quien puedas compartir
y hacer todo (salir de fiesta, contárselo todo, hacer tonterías, aportarle y que te aporte
todo siempre).

En aquel momento, cuando hablaba con mis amigas ya reafirmaba mi postura. Quizás
no la etiquetaba como amor libre o poliamor o no monogamia, pero tenía claro que no
aceptaba el tipo de relaciones que muchas de ellas tenían. Aun así, nunca me he sentido
mal o cohibida de pensar de esta manera, simplemente a veces me daba mucha pereza
hablar con alguien de estos temas, porque sabía como acabaría la conversación.
Argumentos a favor y otros en contra, rematados con la frase “lo respeto, pero yo no”.

Y, volviendo al día de la fiesta de la facultad, estando con Lluna y Pluja, vi como Gespa
se besaba con Gris. ¿Mi reacción? Nada, no pasa nada. Gespa y yo nos habíamos visto
unas cuantas veces, me gustaba, pero el hecho de que estuviese con otra chica no
generaba absolutamente nada en mi o obviamente sabía que ese era el discurso que
me tenía que decir a mi misma, pero obviamente me jodió bastante. No sé explicarlo
exactamente, no era un sentimiento de ‘qué cabrón que juega a dos bandas’, sino más
bien el hecho de, “no sé, hace dos segundos estábamos tu y yo aquí y ahora tu estás
allí con ella”. Gris era de la facultad y la tenía vista y parecía que se conocían de antes
y sí, en realidad todo aquello fue como un cortocircuito mental.

172
Al final de la fiesta me despedí de él y le insinué si venía a dormir a casa. Rechazó mi
propuesta (aunque parecía que le hacía ilusión) porque había planeado al día siguiente
un viaje con sus amigos a Madrid. El punto importante fue que vi como se iba con Gris.
En ese momento, me dije a mi misma lo que me había dicho durante toda la noche:
‘Girasol, no pasa nada. Está todo bien. Parece que le gustas, sí. Acabas de ver que se
estaba liando con otra y que huye con ella, pero no pasa nada. Tu malestar no está
justificado’. Aunque al mismo tiempo también pensé que Gespa podría haber ido con
un poco más de cuidado, que sí, que quizás nos hemos visto tres o cuatro veces solo,
pero joder, un poco de cuidado.

El caso es que seguimos quedando de manera continuada, y no le pregunté nada de


aquella chica; no quería que me preocupase mucho, así que lo dejé pasar. Hasta que,
en otra fiesta, volví a ver a Gespa y a Gris besándose. Esa vez no sentí mucha cosa, fue
como un ‘vale, muy bien’, y ya está. La fiesta era genial, así que no iba a ponerme
dramática por una tontería. Eso mismo día, de madrugada, Gris, que se acercó muy
simpática y me dijo: “Hey! Oye, que Gespa iba muy bebido y fumado, y lo he tenido
que acompañar a casa, ¡una aventura!”. En ese momento me supo mal por ella, porque
era verdad que llevar a Gespa, con la altura que tenía y lo que pesaba, llevarlo hasta su
casa, no era fácil. Al rato, volvió a venir y me dijo: “Oye Girasol, Gespa y yo tenemos
también una relación y él me ha hablado muy bien de ti. Y nada, quería decirte que
tenemos una relación poliamorosa, y que yo lo llevo bien, pero tu no lo sé. Y no querría
que se crease ningún malentendido entre nosotras, porque creo que eres muy buena
tía” (literalmente).

Recuerdo la escena como muy bonita, la verdad. Realmente no me lo esperaba, y, el


hecho de que me lo dijese así, tan claramente, fue como un ‘gracias por aclararme las
cosas’. La complicidad que compartimos en aquel momento entre las dos fue especial.
Le dije que los había visto a veces, y que no entendía qué había de por medio, pero
que tampoco me quería meter. Ella me contó que también me había mirado mal alguna
vez, porque Gespa no le cogía el teléfono cuando estaba conmigo. Pero compartir la
que pensábamos y nuestras maneras de sentirnos, fue muy gratificante.

Al día siguiente, yo volvía a casa, a Mallorca, a pasar una semana y media. Tuve un
sentimiento bastante raro de desorientación por el cuerpo, “¿qué pasó ayer
exactamente?” me preguntaba. Realmente no es que me hubiese sorprendido
tampoco, pero el hecho de que fuese Gris quien me viniese de aquella manera tan
directa y no Gespa se me hizo extraño. Llamé a Pluja, con la que tenía la mayor parte

173
de las conversaciones más políticamente interesantes del nuevo mundo y, básicamente,
me dijo lo que he terminado sintetizando de aquel fin de semana: “habla, comprende,
conoce y el miedo desaparece”.

Ese mismo día quedé con Gespa después de saber que había sobrevivido a la resaca.
Caminando me sacó el tema de Gris y, sin muchos miramientos, le dije que, si él lo
sabía gestionar, creía que para mi era una oportunidad muy buena para seguir con la
deconstrucción del amor. Aquella fue la primera vez que hablábamos claramente de
una relación no monógama consensuada.

La verdad es que no me he parado a pensar nunca como nombro a estas formas de


relación alternativas. Tampoco me lo había planteado nunca como una cuestión
importante, dentro de mis ámbitos personales. Me iba reivindicando con la propia
forma de relacionarme, pero no le había puesto nombre. Pero bueno, si que era
consciente de que la monogamia era un sistema reproductor de la propiedad privada.
Aun así, este concepto ha cambiado bastante desde entonces hasta ahora, no sé si por
mi experiencia o por el conocimiento de otras relaciones. Pero lo que si sé es que todas
las relaciones son distintas y los sentimientos que te generan. Una te aportará alguna
cosa y la otra te aportará otra; y tu igual a ellas. Y no por eso debe haber una báscula
para medir el amor de “a ver a quién quiero más”.

Durante todo el tiempo que fueron pasando aquellas cosas, y sobre todo después de
la fiesta principal de la facultad, se puede decir que también nació una relación más
fuerte entre Lluna y yo. Un sentimiento de interconexión entre las dos. Al principio nos
comenzamos a llamar novias, pero ahora el sentimiento ha acabado más bien en una
fraternidad de hermana a hermana.

En este sentido, también mi visión sobre las parejas, (sobre lo que considero mi pareja,
mi novio/a), a diferencia de mi amigo o mi amiga, o a diferencia del amor entre
hermanos, u otros tipos de relaciones, ha cambiado bastante. No sé muy bien como
explicarlo, pero ya no sé diferenciar mucho lo que es un amigo o una pareja. Como he
dicho antes, son maneras de querer diferentes. Es como el sistema educativo, que
intenta calificar el nivel de conocimientos o inteligencia que tienen los niños cuando
éstos no son para nada iguales, y todos ellos tienen cualidades y habilidades diferentes.

Quizás sí que deberíamos introducir términos nuevos, de hecho, yo me inventé uno


para Gris, era mi ‘co-novia’, que no sé si era muy acertado, pero al menos yo lo entendía
cuando explicaba y la gente más o menos también. Realmente yo creo que la

174
autodefinición de las relaciones debería servir más para presentárselas a la gente de
nuestro alrededor y para poder desde ahí redefinirlas, que para que nos limite y tenga
el peso que han supuesto siempre. Darles otro nombre sería un punto de partida para
formar un nuevo concepto de relación dentro de nuestras mentes. Entiendo que
también el hecho de considerar a una persona X y no Y también nos ayuda a entender
mejor la relación que podamos tener, aunque la verdad es que personalmente, a mi me
da bastante… pánico. Bueno, no se si pánico, pero me pone nerviosa el hecho de
definir si aquel o aquella es mi novio/a o que es.

En este tema de definición de las relaciones he notado que el sexo juega un papel
importante. En muchos casos, una pareja que se quiere mucho pero no tienen
relaciones sexuales, tan solo son amigos, o solo pueden ser amigos. El hecho de que
para identificarse como algo más que amigos tenga que haber relaciones sexuales o
caricias y besos, a mi me tiene bastante perdida por el camino. Por ejemplo, entre Lluna
y yo hay un sentimiento enorme, y quisimos probarnos y ver como se compenetraban
nuestros cuerpos, pero la conclusión fue que bastante mal. Y en ese sentido no cambio
nada de lo que ya teníamos. Quizás si que entre la gente la defino como amiga, y, es
que realmente amiga es, obviamente, pero siento que esa palabra se queda corta, le
faltan sentimientos. La quiero mucho, no sé si como a pareja, sí como amiga o como a
una hermana.

En este tema, el planteamiento de Pluja sobre el papel del sexo en las relaciones
también ha sido una gran influencia. Él tenía muy claro que no le interesaba ni buscaba
tener relaciones sexuales, sino que simplemente gozaba con otras cosas de la vida y no
tenía la necesidad de follar, sino que tiene relaciones muy fuertes de amistad con
muchísima gente. De él he aprendido que lo importante en una relación (la que sea) es
comprender y preocuparse por los otros, dejándoles sus espacios, interesarse por lo
que les gusta, comunicarse con palabras sinceras y no obsesionarse con detalles que
no tengan nada que ver.

Siguiendo con la relación de Gespa y Gris, después del episodio de la noche anterior
narrado, y la conversación con Gespa, noté que Gris no estaba muy presente dentro de
nuestra relación, y no era que quisiese que estuviese muy presente, pero sabiéndonos
como poliamorosos, quería saber como era la relación entre ellos dos: qué hacían, si
salían, si iban de excursión, si habían hablado de alguna cosa y si a Gris le preocupaba
alguna cosa. Sabía que era una persona importante para él y simplemente me
preocupaba o me interesaba por las personas a quién él también quería. Pero cada vez

175
que le preguntaba me daba respuestas ambiguas, irrelevantes, como “Gris es una
persona complicada” o “hace tiempo que no estamos así, como tu y yo”. Y claro, estas
respuestas no me resolvían muchas cuestiones. En este sentido, creo que, a veces, se
intenta, de algún modo, minimizar las otras relaciones para no herir a otras. Yo también
he suavizado alguna vez una historia, o he evitado contarlo todo, no solo con parejas
sino también con amistades. Creo que todas las partes han de saber cuanto de
importante es la otra persona para ellas, ya que como ya he dicho anteriormente, si a
mi pareja hay alguien que la quiera, valore, y se preocupe por ella, me gustaría saberlo;
tanto si es otra pareja, como si es su hermana, abuela, o una amistad. Saber que no
eres el centro de su mundo y ella/él del tuyo.

Durante un mes y medio no los vi juntos en ninguna fiesta y, no sé si eran imaginaciones


mías, pero las pocas veces que vi a Gris por los pasillos de la facultad creo que me
miraba bastante mal, y su mirada profunda me daba bastante miedo. Tuve la impresión
de que Gespa y ella ya no estaban juntos o que había pasado alguna cosa entre ellos y
que para Gris yo era la culpable. Y por ello me miraba mal (todo lo anterior,
suposiciones de Lluna y mías). Si pienso en el papel del género o la preferencia sexual,
creo que no han tenido mucho peso en mis experiencias no monógamas. Aun así, en
este ejemplo que acabo de explicar, imagino que, si hubiese sido un chico, los
razonamientos habrían sido diferentes. Es cierto que las chicas, muchas veces, cuando
nos sentimos amenazadas por otras en ámbitos amorosos, nuestra violencia pasa por la
expresión corporal, de miradas y de vacíos; siendo mucho más dura que la de los chicos,
acostumbrados a expresarla de forma más directa.

Así que sí, podríamos decir que el género y la preferencia sexual influye en la gestión
de la relación, en la confianza o la inseguridad que nos transmitimos las diferentes
personas en las relaciones. Cuando Gris vino a hablarme el primer día, el hecho de que
fuese una mujer ahora que lo pienso mejor, si que influyó, pues tuve una sensación de
comprensión, de compartir un sentimiento y de ayuda. De enterrar el sentimiento de
enemistad y celos que muchas veces nos inculcan entre las chicas. Fue muy bonito, en
el momento. Aunque bueno, después desapareció un poco.

El curso había acabado y tocaba volver a casa. Más allá de que la despedida con Gespa
no fue como me hubiera gustado, me hacia gracia volver y explicar mis experiencias a
mis amigas. En este sentido, como ya he dicho antes, no me he sentido nunca cohibida,
ya que mis amigas del pueblo ya saben como soy. Y para la otra gente, soy ‘la hippie’,
así que no intento encajar en ningún momento en “lo normal” del pueblo. Y, por otro

176
lado, con las amigas de Palma y de la militancia independentista -algunas muy formadas
en términos feministas- manteníamos conversaciones más interesantes sobre la
monogamia y como nos afectaba a nosotras y a nuestro alrededor. También se lo conté
a mi madre, y ella me decía “tu disfruta y haz lo que quieras”, pero a la vez me decía
“pero esto, a largo plazo, no va bien” o “no encaja”, o “Girasol no se lo cuentes a la
abuela, que es moderna pero no tanto”.

Cuando alguna amiga mía me contaba sus dilemas internos sobre la relación con su
pareja, había veces que tenía que controlarme un poco para no comenzar a soltar el
discurso de “es que en las relaciones cerradas…” e intentar entenderla sin criticar el
sistema de relaciones afectivo-amorosas imperante. Aun así, creo que nunca podré
estar en una relación cerrada, como dice la gente normalmente, porque todo lo que sé
que comporta. No me sentiría cómoda dentro de ella. Este verano he conocido gente
y es verdad que quizás no han sido relaciones súper amorosas, pero desde el principio
ya hablábamos de la no monogamia y dejaba bastante clara mi postura y explicaba mis
experiencias. Y a partir de ahí, ya pasaba lo que tuviera que pasar.

¿Mis relaciones afectivo-sexuales futuras? No suelo pensar en lo que vendrá, pero sí sé


que intentaré que sean lo más sanas posibles, dentro de un marco no monógamo,
teniendo claras los cuidados que comportan e intentando no hacer daño a las personas
que me rodean, en todos los sentidos, tanto las amistades como las más amorosas.

Mi ideal sería una sociedad popular, colectiva y sin preocupaciones materiales. En cierto
sentido tiene lógica pensarla desde la no monogamia, pues la monogamia se creó para
la continuidad y la herencia de la propiedad privada. Y, en temas amorosos, que el ‘mío’
revierta su definición hacia un sentido más colectivo, más de comunidad. Que una casa
no sea solo mía y que mi pareja no suponga propiedad exclusiva.

Personalmente, creo que se debería visibilizar este tipo de relaciones de amor, de


maneras de vivir sabiendo estar solas, sin la presión de tener pareja, pero, al mismo
tiempo me parece importante tener relaciones con personas que te sustenten, te
aporten y con quien te construyes de manera compartida.

Por ejemplo, creo que sobre todo se debería incorporar estos temas en los colectivos
anticapitalistas, porque muchos de ellos dejan a parte totalmente las relaciones
interpersonales, cuando realmente son fundamento de toda sociedad. Creo que
debemos intentar ser coherentes con nosotras mismas y trabajarnos las emociones

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contradictorias para intentar revertirlas. Deconstruirse para construirse en un nuevo
marco lleno de posibilidades, que organizadas podría llegar a ese ideal.

Y en cuanto al papel del feminismo en el planteamiento no monógamo, decir que ‘La


revolución será feminista o no será’. Sinceramente, no se puede decir que haya leído
mil libros de feminismo y esté al corriente de todo lo que ha pasado y como ha pasado
durante las diferentes olas que ha habido. Pero lo que si sé es que el feminismo ha
introducido todo un seguido de conceptos que eran muy necesarios dentro de la teoría
y la voluntad de construir a una nueva sociedad. Conceptos como las relaciones
humanas, la igualdad de todas, tanto a nivel de género, orientación sexual,
procedencia, etc. Términos revolucionarios como el urbanismo feminista, la
coeducación, la economía feminista y muchos más. El feminismo toca todos los ámbitos
de la sociedad. Y en el tema de las relaciones personales, para mí ha tenido un papel
fundamental.

El feminismo está poniendo sobre la mesa todas las violencias del amor romántico de
la monogamia y de los peligros del patriarcado. Está evidenciando como todas estas
creencias tan inculcadas en la sociedad nos hieren y nos maltratan, y no nos dejan
construirnos como personas enteras, desarrollando nuestras mejores habilidades y
dejándonos ser como queramos ser. Los últimos años, al menos desde mi punto de
vista, el feminismo ha pisado fuerte a nuestro alrededor y ha llegado a todos los
discursos, desde las chicas más jóvenes, evidenciando los acosos micro-machistas (y no
tan micros), como a los abuelos y abuelas. Se ha dado la razón a las reivindicaciones de
los colectivos feministas y en muchas instituciones se está intentando incorporar la
propuesta hacia la igualdad de género total (aunque aún esté muy lejos de conseguir).

En mi caso, esta lectura feminista me la han aportado las personas que me rodean,
como Lluna y Pluja, y a otras personas, empoderadas y sin miedo a callarse. Me han
transmitido la importancia de los cuidados, de preocuparse por los otros, pero de
escuchar también tu propia voz. Más que leído, lo he aprendido en la calle.

No creo que todas las relaciones no monógamas sean feministas. Muchas de ellas
tienen muchos problemas tóxicos muy parecidos a los de las relaciones monógamas. Y
si las miras a distancia, no son tan diferentes. Discusiones por celos, mentira y
contradicciones constantes. Relaciones de poder y miedos. Bueno, ahora que escribo
esto, puede ser que todo esto esté en muchas relaciones no monógamas y feministas,
pero que la diferencia es que lo intentan combatir. Intentar relacionarse con conciencia

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de que vamos por la vía “difícil” para llegar a un punto en el que todo sea más fácil, y
que aun queda mucho camino. No podemos acomodarnos porque para hacer cambios
debemos estar atentas y ser fuertes.

Por último, decir que apostar por un modelo de relación no monógamo es una cuestión
de coherencia con el discurso que se reivindica desde el pensamiento y acción
feminista.

‘Som la flama de tot un poble en moviment.’

179
Carla
Hola, me llamo Carla, tengo 25 años y vengo de algún lugar de La Mancha, escribo
esto, no desde allí sino desde Donosti, porque hace algunos años que me relaciono de
manera no monógama y me parece bonito que alguien quiera reflejar esta ruptura con
los modelos amorosos tradicionales y dejar constancia de ello en la academia. Sobre
mí puedo decir que me considero libertaria y feminista, educadora social renegada de
mi gremio y universitaria por suerte. Vengo de una familia con no demasiadas
comodidades, pero en la que puedo agradecer que no falta de nada. Aunque he
crecido con una educación bastante normativa, desde la adolescencia comencé a
posicionarme de forma crítica con el modelo de vida que se me presentaba como único.

El amor es la piedra angular sobre la que se sustenta la base de todo nuestro sistema
social, la familia. Si pienso en la idea del amor que se presenta como ideal en nuestra
cultura, está limitada a la idea de pareja, en todo caso extensible a madre, padre, hijas
o hermanos, pero ante todo el amor enfocado a una pareja que va a satisfacer todas
tus necesidades tanto emocionales como económicas. Se entiende por amor
exclusividad sexual, posesión del tiempo y hasta de la voluntad de la otra persona (por
amor de pareja, porque no es así con el amor referido a madres, hermanos…). Se
idealiza una relación consistiendo en estar juntas y bajo estas condiciones hasta la
muerte, como juran muchas al casarse. En términos generales, yo la definiría la
monogamia como un modelo de relación afectivo sexual de dos personas, con
exclusividad sexual y emocional, aunque esta última algo menos limitada que la sexual.
En realidad, es más bien todo un sistema de relaciones que dicta a quien puedes amar
en tu vida y en que grado, a quien no debes amar en absoluto, y establece cual será la
única persona en tu vida con quién puedes tener relación sexual.

Y si pienso en los medios peor aún, en la televisión o se idealiza al máximo esta idea
normativa en nuestra cultura o se satiriza todo tipo de actitudes de mierda, desde celos
a todo tipo de actitudes machistas, que en mi opinión no sirven más que para normalizar
situaciones de violencia. Pero si hablamos de música es ya lo peor, quizás porque el
mensaje es más explícito que en los medios audiovisuales donde el mensaje es más
simbólico, en la música puedes escuchar burradas de todo tipo, están plagadas de

180
dependencia, posesión, relaciones súper idealizadas, justificación de celos, hasta de
deseos de matar a la persona que se ama por que se ha ido de tu lado al estilo Loquillo.

En mi opinión podría calificarla de una gran mentira idealizada que niega muchos
aspectos de nuestra naturaleza y personalidad. Me viene a la cabeza como ejemplo la
típica familia con sus roles claramente definidos y donde el más mínimo cambio
desestabiliza por completo la estabilidad familiar, donde ambas personas de la pareja
pueden estar manteniendo relaciones sexuales con otras personas en secreto, pero en
cuanto esto sale a la luz se desequilibra todo, mientras el día de anterior estaba todo
sucediendo en perfecto equilibrio.

Con respecto a la no monogamia, para mí es un concepto mucho más amplio,


simplemente engloba todos aquellos tipos de relaciones que no se ciñen a la anterior
definición, en cualquiera de sus formas. Hay parejas que consienten tener relaciones
con otras personas, las hay que tienen varias parejas...Yo huyo de la palabra pareja o
novio y las califico a todas “amigas” o “colegas”, puede ser que lo que necesitemos
sea nuevos términos, o quizás no, quizás lo que hay que romper es esa diferencia entre
lo que consideramos novia y lo que consideramos amiga en términos de compromisos
y libertades. Cada relación tiene sus respectivos acuerdos. Priorizo en función del
momento. A veces paso temporadas con algunos de ellos y no con otros, igual que
con mis amigas. Eso es priorizar. Pero lo cierto es que muchos de ellos no viven en las
mismas ciudades que yo por lo que tenemos relaciones de cuidado mutuo a distancia
sin que influya en la repartición de mi tiempo. No jerarquizo porque considero cada
relación de amistad única e insustituible, tenga o no el componente sexual. Cuando no
vives con ninguna de tus relaciones afectivo-sexuales se asemeja bastante a la manera
en la que repartes tu tiempo o priorizas el estar con ciertas amigas. Si tuviera que
ponerle algún nombre a la manera en la que me relaciono yo le llamaría anarquía
relacional, ya que para mí se unen dos conceptos, el anarquismo, que implica libertad,
consenso, respeto y cuidados; y relacional, que contextualiza a que tipo de libertades
y consensos nos referimos. No creo que esta manera de relacionarse forme parte del
cotidiano, pero sí creo que últimamente se están articulando discursos diferentes sobre
ello.

En mi experiencia las primeras veces que escuché hablar de relaciones “diferentes” fue
en contextos libertarios, y la verdad, sigue siendo donde más escucho o leo que se
cuestiona el modelo de relaciones monógamas es en este ambiente; últimamente
también quizás también en personas o colectivos feministas, pero menos. Si hago

181
memoria, yo diría que hace unos ocho años, cuando surgió mi preocupación por este
tema, no encontré lecturas que sirvieran para apaciguar mi curiosidad, y que durante
muchos años eran muy pocas las personas con las que más o menos coincidía en puntos
de vista sobre el tema. Creo que últimamente coincido con más gente que se relaciona
de maneras diversas (no monógamas) que hace unos años. Ahora hay fanzines,
colectivos que sirven como espacio de debate, o que escriben o traducen textos que
plantean y reflexionan acerca de relaciones no monógamas. Hay teoría porque hay
personas que se lo plantean. Estoy segura de que hace unos años, cerca del 2010, este
material en internet o estos colectivos no existían porque realmente me esforcé en
buscar lecturas e información relativas al tema y no las encontré. Además, recuerdo
sentirme todavía más equivocada de lo que ya me sentía con respecto al tema, pues
buscada consuelo y comprensión en la literatura libertaria, no la encontré. Así que me
parece importante que haya cada vez más teoría porqué sirve de referente para quienes
comienzan a plantearse modelos de relación nuevos.

En cuanto a los medios, en series o películas comerciales no recuerdo haber visto nunca
un tipo de relación diferente a la normativa que me sirviera de ejemplo o referente,
pero es cierto que no suelo ver mucho la tele ni soy muy de ver películas o series. En
cuanto a música a parte de alguna canción de punk/ska dentro del ámbito libertario, en
contextos comerciales no es nada habitual encontrar letras que hagan referencia a un
modelo diferente de relación. Aún así, me vienen a la cabeza dos temas comerciales
del año pasado, uno de Shakira diciéndole a un tipo que lo quiere mucho pero que no
es de ni de el ni de nadie; y otro, del machirulo de Maluma diciendo que si Ella se va
con otro, serán felices los cuatro (dando por hecho que serán cuatro para satisfacer su
ego de macho, y no 3 o las que sean), y que agrandarán el cuarto. Este tipo de discursos
evitan la reflexión profunda pero, parece que algo diferente quiere empezar a hacerse
hueco fuera del “gueto” anarquista o feminista. Como siempre, amenazando de que
sea un cambio turbio en lugar de positivo.

Y dentro de éste último tipo de relaciones, que es de la que nos interesa hablar ahora,
en mi experiencia el mayor reto ha sido ir descubriendo a base de ensayo-error cómo
conseguir estar bien teniendo relaciones sexo-afectivas con varias personas sin que
ninguna se sienta dañada y asumir bien todas las gestiones emocionales con las que no
estamos acostumbradas a lidiar. En primer lugar porque son muchos años de educación
turbia en nuestra contra; por ejemplo, estamos acostumbradas a ser el centro de la vida
de una persona -tu pareja-, y asumir que somos una más entre tantas amadas o entre

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tantas deseadas no siempre es fácil, hay que lidiar con frustraciones y rabietas a las que
estamos acostumbradas a dar vía libre. Es como si de pequeña no te enseñaran a no
montar un espectáculo de llantos cada vez que no te compran chucherías, y aún encima
solo recibieras mensajes de que la chuchería debe ser tuya, de que todas las niñas
tienen su chuchería y sobre lo rico que está el azúcar de la chuchería, es más, cuando
se lo comentas a tu madre/amiga/prima ésta te dice que es normal el pollo que acabas
de liar.

En fin, un segundo reto lo ocuparía la falta de referentes, ya que no tenemos


demasiados ejemplos ni personas que nos aconsejen en este sentido en base a su
experiencia o yo por lo menos no tengo demasiadas a mi alrededor. Otro gran reto
creo que es reunir la paciencia y las cualidades necesarias para hacérselo entender a la
familia, compañeras de clase o curro, vecinas… Porque yo no escondo para nada mi
manera de vivir el amor a mis amigos, mi madre y mi hermano, todos saben lo que
pienso al respecto, excepto mi abuela y quizás mi padre, con quien no lo he comentado
nunca. También paciencia para explicar a las propias personas con las que empiezas a
tener relaciones afectivo-sexuales y que nunca han tenido (o se han planteado
relaciones) este tipo de relaciones. A veces se producen situaciones realmente
incómodas.

La principal diferencia entre una persona que nunca se ha planteado este tipo de
relación o no está dispuesta a gestionarse las tensiones que provoca romper lo
normativo y yo, es que yo en mi manera de vivir el amor no creo que el querer a una
persona implique querer menos a otra. Para mí todo esto empezó cuando estaba a
punto de cumplir 18 años, yo tenía una relación monógama desde los 14 años con un
chico encantador al que quería muchísimo. La cosa fue que a los tres años y poco de
empezar la relación, yo le puse los cuernos con un amigo nuestro, uno de nuestros
mejores amigos. Yo mantuve el secreto mucho tiempo, además vivíamos en ciudades
diferentes por lo que me era relativamente fácil esconderlo. Aquello no cambiaba nada,
yo volvía todos los fines de semana a mi ciudad ya que verle era una de las grandes
prioridades de mi vida. Fue ahí cuando me di cuenta que podía querer a dos personas
a la vez, es más, que al amigo con el que estaba comenzando una relación sexo-afectiva
realmente ya lo quería de antes, y por eso era uno de mis mejores amigos. Ahí fue
cuando por primera vez vi lo absurdo que era la situación. Me di cuenta que no era el
acto en sí el que podía romper la relación, ni la cuestión de cómo yo repartía mi tiempo

183
entre las personas, era el significado que tanto mi novio como el resto del mundo le iba
a dar a lo que yo estaba haciendo.

Básicamente creo que la diferencia entre mis relaciones y las que me rodean es la
lección que aprendí ahí, que yo pienso que el amor no es excluyente, es decir, que por
enamorarte o mantener relaciones sexuales con otras personas no afecta en absoluto
al amor que yo sienta hacia mi hermano, mi madre, mis amigas o cualquiera de mis
relaciones sexo-afectivas. Yo las quiero a cada una de ellas por unas razones concretas
y diferentes, y nadie puede sustituirlas. También veo la diferencia de que yo doy esa
libertad de sentir y de repartir el tiempo de cada uno como quiera y a la vez exijo lo
mismo para mi. A veces pienso, y si esta persona tiene un accidente y muere mañana,
¿de verdad he sido yo la que le ha privado de pasar un rato de puta madre con X que
se que le apetecía un montón? ¿De verdad me cambia tanto a mí que esté en la cama
con X en vez de echando una cerveza con Y? Es cierto que es más fácil la gestión si las
relaciones sexo-afectivas no comparten los mismos espacios, porque hay menos cosas
que gestionar y no hay que lidiar con los egos.

Y bueno, a parte de eso, una razón importante por la que me gusta relacionarme así es
porque de esta manera consigo mantener mi independencia. Intento no dejar de hacer
las cosas que hacía antes de conocer a alguien de quien me he enamorado y con quien
estoy compartiendo mucho tiempo, cosa que normalmente no se hace e incluso se
exige a la otra persona que haga las cosas que te gustan contigo; y si luego se da una
ruptura tradicional, la gente no sabe que hacer con su vida, después de no sé cuantos
años haciendo solo cosas con su pareja. Esa es otra diferencia, desde que me relaciono
de esta manera no tengo “rupturas” de relación, de las que lo dejas y ya no te hablas
con esa persona, o la aborreces. Ahora los amigos que tengo se acercan y se alejan
como cualquier otra amiga con la que no tengo relaciones sexuales, pero follamos
cuando nos vemos. Ahora hacemos esto juntas, ahora seguimos nuestros rumbos
separadas pero nos visitamos, pasamos X tiempo juntas, luego seguimos nuestros
respectivos caminos, convivimos unas semanas, si se discute demasiado cada pues una
‘pa su casa y ya nos veremos…’ así, pero sin perder la relación ni el contacto. En fin,
como haría con cualquier amiga con la que no tengo relaciones sexuales, con quien me
puedo picar, enfadar, alejar o acercar sin vivirlo como una “ruptura” o sin “romper la
relación”.

Las primeras veces que me planteé esto fue mientras vivía la situación que he relatado
antes, pero aún así el desenlace fue fatal. Le confesé a mi novio que le ponía los cuernos

184
con nuestro amigo y lo dejamos. Estuve súper triste mucho tiempo y le eché de menos
un montón mientras comenzaba otra relación monógama con este amigo (que luego
resultó ser un machirulo que te cagas), además de haber hecho muchísimo daño al
chaval que era encantador. Mi conclusión fue que lo había hecho fatal, que había sido
muy egoísta y que todos estos pensamientos solo me habían servido para hacer las
cosas mal. Incluso más tarde, cuando identificaba el tufillo machista que desprendía mi
nuevo novio, me decía a mi misma que me lo había buscado y que me lo merecía por
puta (con perdón de mis compañeras, en esa época lo relaté así tal cual en una libretita
donde escribía mis cosas). Aún así, algo había cambiado en mi forma de pensar porque
a esta segunda relación no monógama, que duró desde los 18 a los 21 años, no le
llegué a llamar nunca novio, siempre lo presentaba como mi amigo o colega, a veces
como éramos estudiantes y vivíamos con otros colegas me refería a todos como
compañeros de piso.

Recuerdo también que renegaba del típico apelativo libertario de compañera o


compañero para referirse a la pareja, pues en el fondo veía esa misma exclusividad
sexual y emocional implícita en su significado. Y no sé porqué pero no fue hasta dejarlo
con este segundo chico que yo me planteé seriamente que no volvería a prometer mi
exclusividad sexual ni emocional a nadie. Quizás por la buena energía y la libertad que
experimenté tras esta segunda ruptura, que me hizo rechazar totalmente eso que me
habían vendido como idílico (pero que en ese momento identificaba más parecido a
una cárcel), lo que me hizo retomar mis reflexiones anteriores.

Si me pregunto cuáles han sido los puntos de inflexión en este devenir no monógamo,
identificaría claramente el momento en el que yo rompo la relación con mi primer novio
y comienzo a cuestionarme que la monogamia para mí no tiene sentido. Y, un segundo
momento sería cuando rompo con mi segunda pareja y decido no tener más relaciones
monógamas. Desde entonces hasta ahora me mantengo en esta etapa de
experimentación a base de ensayo-error donde de momento me siento libre, querida
y a gusto, donde siento que si alguien está compartiendo su tiempo conmigo es porque
le apetece, y no por que le obligue o le haga chantaje emocional para que lo haga.

Pero desde que decidí empezar a relacionarme de esta manera lo más difícil ha sido
explicar mi forma de relacionarme a personas con las que tenía relaciones afectivo-
sexuales y que nunca habían tenido relaciones no monógamas. Desde que tomé la
decisión de tener relaciones no monógamas he sido siempre clara con mi manera de
relacionarme; siempre han sido relaciones abiertas y pactadas. Aunque he de decir que

185
hay quien lo ha entendido y aceptado, pero también hay quienes no, por lo que la
solución ha sido tomar distancia, pues yo ya no acepto volver a relacionarme de manera
monógama. He de decir que esto ha sido lo más parecido a una ruptura que he tenido
desde entonces. También pienso que, si sus opciones son quererme para ellos solos o
no quererme, tanto no me querrán.

Al principio me costaba más encontrar el momento de explicarlo, ahora cada vez me


sale con más naturalidad. A veces cuando comienzo una relación sexo-afectiva con
alguien, voy haciendo comentarios para tantear el terreno... y lo que me pasa también
es que en cuanto veo ciertos gestos típicos -que ya conozco-, me empiezo a agobiar y
es que ya se lo que viene después… Pero normalmente no lo hablo hasta que no veo
que efectivamente vamos a establecer una relación en la que vamos a compartir
bastante tiempo, o depende de la situación, a veces siento la necesidad de dejarlo claro
desde el minuto uno. Depende de la persona y si creo que se ha trabajado el tema ya
de antemano. He tenido un par de experiencias negativas al intentar pactar el tipo de
relación. Un chaval que me decía que todo lo que le proponía le parecía muy bien, y
que el ya había tenido relaciones de este tipo aunque no le habían salido muy bien,
¡Normal! ¡Si luego se ponía celoso hasta de amigos con los que yo no tenia ni relaciones
sexuales! Este fue una ellas, y otra mala experiencia fue que al explicar yo mi posición
me dijo que él cuando quería a una persona la quería solo a ella y no tenía ojos para
nadie más. Le dije que a mí no me sucedía eso en absoluto y quiso dejar de verme para
poder “olvidarme” (absurda expresión romántica, nunca olvidas lo que has vivido, en
cualquier caso dejas de sufrir).

De esta manera hace ya años que solo me relaciono con personas que acceden a
relacionarse de una manera no monógama conmigo. Relacionarse así te da más libertad
y supone tener mejor rollo con el resto de tus relaciones. De hecho, hay gente que no
te lo esperas y te sorprende gratamente y en cambio otras personas que en principio
están más trabajadas y que tienen el discurso, son los que, a veces, peor lo llevan; como
el libertario que se sabe la teoría de memorieta se te pone celoso… hay que ver como
son las cosas. A mucha gente le sorprende hasta el punto de decirme que estoy loca o
de que lo que pasa es que no amo de verdad, pero se equivocan, lo que no tienen es
valor a probar y hablan de cosas que no han experimentado. Sin embargo, cuando son
amigos con los que ya tenía una estrecha relación antes de comenzar a acostarnos, se
me hace más cómodo y sencillo que me entiendan, pues ya sabían de antes la forma
en la que siento yo el amor y gestiono mis relaciones.

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Para mí rechazar el concepto de pareja me ayuda a gestionar mis relaciones, pues un
amigo siempre entiende mejor que no le des todo tu tiempo que una pareja. En este
sentido, la mayor contradicción que he tenido es estar viajando con un amigo y que
otro quisiera venir a visitarme justo cuando yo bajaba al cumpleaños de otra amiga. Le
tuve que explicar que el venía a verme a mi y que yo iba a estar con más gente y que
no quería que se sintiera desplazado si no le daba todo el tiempo o atención que quería.
En el momento le dolió un poco, pero un año después me dijo que había agradecido
mucho esas conversaciones, pues me dijo que dentro de lo que cabe le hice sentir que
me importaba como se sintiera, y por tanto cuidado y querido.

En mi experiencia, para relacionarse de esta manera es clave la empatía y los cuidados.


Son las únicas armas que tenemos para protegernos de las potenciales relaciones de
poder que se pueden dar. Aparte de las machistas que son susceptibles de aparecer
en cualquier relación en la que haya hombres de por medio, si una o varias de las
personas no tienen en cuenta cómo se sienten las demás con su actitud es probable
que se desarrollen roles dañinos, o que alguna de las personas acepte relacionarse así
y luego no sepa/pueda trabajarse sus inseguridades y sus miedos. Para mí, estrategias
fundamentales a la hora de relacionarme de esta manera son sobre todo la
comunicación y estar muy atenta a lo que sienten las personas con las que me relaciono,
para poder hablar y trabajar cualquier aspecto que les haga sentir mal.

Considero que el papel del feminismo en mis experiencias ha sido importante, pero
diría que más mi militancia o conciencia libertaria. Me he criado en una familia donde
mi padre se fue de casa y mi madre quedó destrozada al ver como sus sueños de familia
feliz se venían abajo. Podría decir que aquel acontecimiento me hizo pensar que yo no
podía depender de una sola persona para ser feliz, cosa que a las mujeres nos han
metido por vena desde que somos pequeñas. También me hizo comprender que esa
persona podía cambiar su rumbo, y que de hecho es libre y debe estar en su derecho
de hacerlo cuando quiera. Sobre el feminismo podría decir que ha sido una influencia
trasversal, desde antes de empezar mis preocupaciones por las relaciones afectivo-
sexuales yo ya me consideraba feminista y tenía cierta información sobre el tema, por
lo que mi análisis de las dependencias, la exclusividad sexual o el romanticismo se ha
visto influenciada por mis ideas a cerca de mi liberación como mujer y el rechazo a los
roles tradicionales.

El feminismo es uno de los movimientos que más está criticando uno de los aspectos
negativos de las relaciones normativas, las consecuencias de lo que últimamente se le

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llama amor romántico; ya sea por que reproduce cánones opresivos para las mujeres o
por cuestionar que el amor sea la aspiración de vida de toda mujer. Además, creo que
la sororidad entre mujeres hace más fácil el clima de relaciones no monógamas. Sin
embargo, pienso que es el movimiento libertario quien está tomando la iniciativa a la
hora de reflexionar o desarrollar estos nuevos modelos de relaciones y no solo en
términos de relaciones de género y poder (que también), sino en términos más amplios
de libertad; quiero decir, no solo porque nos perjudique a las mujeres, sino porque
coarta la libertad de una persona, sea o no la corporalmente privilegiada en otros
aspectos.

Una de las cosas en las que veo la influencia del pensamiento libertario es que ante
todo no me considero nadie para decirle a otras personas cómo se tienen que
relacionar. No considero que mi manera de relacionarme sea mejor que otra, pero me
parece interesante que se fomenten los debates y espacios de reflexión sobre este tipo
de relaciones; que a mí personalmente, me está ayudando a sentirme más libre y menos
dependiente emocionalmente de otras personas (lo que confluye en objetivos con el
feminismo).

En un futuro me imagino viviendo en comunidad, con otras compañeras con las que
tenga relaciones afectivas, sexuales, o afectivo-sexuales, mi ideal sería tratar a todas
como se trata a las amigas: que vienen, se van, andan con unas, con otras, pero tú las
quieres igual y siempre es una alegría recibirlas. El cambio necesario para poder llegar
a ello sería una expansión de modelos de relación no monógamos, pues cuanta más
gente abrace esta forma de relacionarse más probabilidad de vivir a gusto relaciones
de este tipo. La legalización sería un paso ya que lo que no tiene sentido es que
legalmente no puedas relacionarte de esta manera, que tengas que elegir una de las
personas con quien te relacionas para poder pedir una baja en el trabajo si tienes que
cuidarla si está enferma en el hospital, por ejemplo. Pero realmente no creo que sirva
para hacerlas más vivibles o viables, pienso que si son vivibles y viables es por que
nosotras las hacemos posibles saliéndonos del camino que nos habían preparado.

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