Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Escuela de Humanidades y Educación
Departamento de Estudios Humanísticos
ÉTICA, PERSONA
Y SOCIEDAD
Proyecto final:
El consumismo como forma de vida: los hábitos y virtudes de la época moderna.
Profesor: Lic. Gerardo Garza Ramírez
Alumna: Karen Carreon Quezada
Matrícula: A01733560
Hora: 2:00 p.m.-5:00 p.m.
Salón: CIAP-417
Monterrey, Nuevo León a 8 de mayo del 2019.
Una de las razones fundamentales del surgimiento o necesidad por las ciencias
económicas son los deseos ilimitados de las personas en un mundo de recursos
limitados. Con el objetivo de concientizar sobre el impacto que ha tenido el consumo
hasta el día de hoy, en el que el deseo de tener y gozar es la razón de vivir,
adoptándolo como una forma de vida. El ensayo de investigación tratará sobre e l
consumismo: fenómeno económico, social y político que se ha desarrollado a lo largo
del siglo XX como consecuencia de los diversos modelos de producción y consumo
implementado tras el capitalismo y reforzados por la publicidad. El consumismo tiene
como raíces internas la avaricia. La persona avara ama y goza los bienes
inmoderadamente; el corazón se le desordena y se le llena de vanagloria. El vano
quiere tener más y mejores bienes para presumir y causar admiración. Basándonos
para tener una mayor refutación del tema de los autores como: Zygmunt Bauman,
Gilles Lipovetsky, Edward Bernays, entre otros. Personas que han sabido comprender
la situación en la que vivimos y en su caso Edward Bernays ser el responsable de la
compra desmedida.
¿Alguna vez te has visto frente a la caja de una tienda de ropa introduciendo la clave
de tu tarjeta de crédito en el datáfono y preguntándote con culpa : "qué demonios
haces gastando el dinero que tanto esfuerzo te ha costado conseguir en algo que
realmente no necesitas"?, ¿alguna vez has reflexionado, con cierta tristeza, sobre por
qué te hace sentir emocionalmente más vivo y valioso el adquirir determinados
productos de consumo? Seguro que sí. Por ello en este caso el tema principal será
cómo la publicidad y la mercadotecnia han logrado provocar en el consumidor nuevas
necesidades de consumo que suponen el alcance de la felicidad o un mejor estatus,
influenciando a las personas a que adquieran infinidad de productos innecesarios
porque las técnicas de publicad las ofrecen como algo indispensable y que produce
satisfacción. Es decir, el consumismo incita a la adquisición de objetos o servicios con
el fin de encontrar la identidad personal, la felicidad o la satisfacción que las personas
no pueden obtener de otra manera. Cosa que todos hemos hecho la mayor parte de
nuestra vida, pero nunca hemos analizado las consecuencias que esto podría
ocasionar en el futuro, o incluso en el presente afectándonos de una manera
catastrófica, y sin importarnos seguimos consumiendo día con día, siendo víctimas de
los altos empresarios que crean nuevas necesidades a las masas para que no tengan
más remedio que adquirir los productos que ofrecen y con ello cubrir las carencias
recién establecidas.
El consumismo tal y como lo conocemos hoy día, surgió a finales de la Primera Guerra
Mundial, en esta época el mercado estadounidense sufrió una gran crisis económica, lo
que ocasionó altos niveles de desempleo y enfriamiento o estancamiento del mercado.
Si bien aumentó la producción, porque se sustituyó personal por avances tecnológicos,
la demanda de los productos se veía reducida, por lo que se debía motivar de alguna
manera.
La solución a este problema vino de la mano del sobrino de Sigmund Freud: Edward
Bernays. Este ciudadano estadounidense empleó los descubrimientos de su tío sobre
la mente de las personas para hacer negocio. A Bernays se le ocurrió relacionar estos
impulsos irracionales con el mundo de la publicidad comercial; y obtuvo excelentes
resultados. El primer experimento consistió en relacionar el consumo de cigarrillos de
tabaco con la idea de emancipación de la mujer. Los productores de cigarrillos se
habían percatado de que, al no fumar las mujeres, estaban perdiendo a la mitad del
mercado; y confiaron a Bernays la labor de convertir a las mujeres en fumadoras. De
este modo, Bernays contrató a un grupo de jóvenes damas para que realizaran un acto
de protesta a favor de la independencia de la mujer mientras fumaban cigarrillos en un
acto público. Tras ese acontecimiento de los hechos, el eco mediático no tardó en
recorrer medio país. El símbolo del cigarrillo apareció entonces unido al conocido como
sexo débil por primera vez en la historia. Todas las señoritas que compartían los
mismos principios no tardaron en unirse a la moda de fumar cigarrillos como distintivo
de autodeterminación. Fue cuestión de tiempo que el consumo de cigarrillos se
convirtiese en un reflejo imaginario de madurez, independencia y de autosuficiencia.
(Eduardo Garzón, 2011)
Y con ello el consumismo de masas comienza en 1945, y termina con la Segunda
guerra mundial. Surgen los grandes mercados nacionales posibilitados por las
infraestructuras modernas del transporte y las comunicaciones: ferrocarril, telégrafos y
teléfonos. Implementación de máquinas de fabricación continua que elevan la velocidad
y la cantidad de producción a menores costos, posibilitando las compras de masas.
Aparecen las grandes marcas y los productos envasados. Notable crecimiento
económico, aumento de la productividad, se le llamo: “sociedad de abundancia”.
Del año 1950 a 1980 se pusieron a disposición productos como: el coche, la televisión,
y los electrodomésticos. Se fabrican productos estandarizados en enormes cantidades,
gracias a la automatización de la producción y las cadenas de montajes. Se
difundieron: autoservicios, supermercados, y luego hipermercados. En 1963 el primer
hipermercado abre sus puertas con la insignia de Carrefour. Ya en 1972 existían 124
hipermercados y en 1980 426.
Para el Siglo XXI, mejor conocida como la era del hiperconsumismo, se pone en
vigencia otro modelo de organización económica del que estaba vigente en los años
anteriores. En los siglos anteriores los consumidores se desplazaban a los comercios,
en cambio en el siglo XXI es el comercio que va hacia los consumidores.
Del año 2000 a la actualidad los consumidores pueden comprar desde su casa por
internet o por teléfono con entregas a domicilio. Entre los principios de este nuevo
modelo esta la segmentación.
Las inversiones del consumo privado (las cantidades gastadas en bienes y servicios de
los hogares) superaron en el 2000 los 20 billones de US$, un aumento considerable
respecto a los 4,8 billones de US$ invertidos en 1960. Aunque este incremento, que
equivale a multiplicar por cuatro el consumo, se debe en gran parte al crecimiento de la
población, también es consecuencia del aumento de prosperidad en muchos lugares
del mundo. Por otra parte, las cifras globales enmascaran las enormes disparidades en
el consumo. El 12% de la población del mundo que vive en Norteamérica y en Europa
Occidental es responsable del 60% del gasto privado mundial, mientras que a la tercera
parte que vive en el sudeste asiático y en el África subsahariana le corresponde sólo el
3,2%. Unos 2,800 millones de personas (dos de cada cinco habitantes del planeta)
vivían en 1999 con menos de 2 US$ al día, que según las Naciones Unidas y el Banco
Mundial son los ingresos mínimos necesarios para satisfacer las necesidades básicas
de una persona. Aproximadamente 1,200 millones de personas vivían en condiciones
de «pobreza extrema», con ingresos diarios de menos de 1 US$. (G Gardner, 2007)
El consumo de productos, servicios y bienes es un hecho frecuente. Pero nuestra
sociedad está envuelta, más que en el consumo, en el “consumismo” o sobreconsumo
que nos incita a adquirir más y más cosas. Esta tendencia, de la que depende en gran
parte el actual sistema económico, tiene graves consecuencias para la salud del
planeta y la nuestra.
Cada vez son más notorios los impactos debido al cambio climático y la pérdida de
biodiversidad y el consumo aparece como un elemento recurrente en la crisis actual.
En ocasiones somos parte de la problemática originada por el consumismo, porque
carecemos de la información necesaria para ser capaces de admitir los impactos que
nuestro consumo tiene en el medioambiente. Plásticos, consumo de alimentos,
la ropa que vestimos, el uso de la tecnología o la forma como nos desplazamos. Todas
son piezas que suman a un consumismo que está degradando el medio natural.
El resultado está a la vista. En la UE y en España casi el 40% de los plásticos que se
producen son envases, en su mayoría de un solo uso: bolsas, botellas, envoltorios,
vasos…, de los que solo se recicla el 30%. El resultado es que a nivel global hasta 12
millones de toneladas de plástico llegan a los océanos, y ya se han observado más de
1,300 especies marinas afectadas.
El consumo de alimentos derivados de la agricultura y ganadería industrial también
tiene graves implicaciones. La ganadería es la responsable de la emisión del 14% de
los Gases de Efecto Invernadero. Además, el modelo de ganadería industrial se rige
por la elaboración de beneficios rápidos, que también significa talar bosques para
producir forrajes y pastos para engordar rápidamente al ganado. Se pronostica que el
consumo mundial de carne aumente en más de un 75% en 2050, unas cifras
insostenibles para el planeta. Al mismo tiempo, el consumo de pescado está creciendo
a un ritmo mayor que la tasa de población mundial. Los océanos continúan siendo
explotados de forma desenfrenada.
También tienen graves efectos sobre el planeta las prácticas llevadas a cabo por
la industria tecnológica que, promueve la sustitución frente a la reparación,
ocasionando el agotamiento de los recursos naturales y toneladas de residuos
peligrosos.
El impacto de la ropa con la que nos vestimos a diario es cada vez mayor en la salud
del planeta. Cada año se fabrican 100 mil millones de prendas de ropa. De media, cada
persona compra un 60% más de artículos de vestir que hace 15 años y los conserva la
mitad de tiempo. La moda rápida ha convertido la ropa en objetos de usar y tirar,
generando un grave problema de uso de materias primas y de generación de residuos.
(Greenpeace, 2017)
Gilles Lipovetsy (2019) menciona que: “Las marcas están obligadas a proponer otras
cosas que van más allá de lo útil para diferenciarse. Esa es la razón por la que el
marketing de experiencias está cada vez más en auge”. Es por ello que hoy en día se
compra de forma casi obsesiva con el fin de llenar el vació que sienten algunas
personas, ya no compramos los productos sino una experiencia o necesidad que se
adquiere instantáneamente.
También menciona que: “El consumo es un paliativo que nos permite reemplazar y
aliviar las insatisfacciones y los infortunios de la vida cotidiana. Antes la gente iba a
misa a rezar, ese era su consuelo. Hoy en día lo es cada vez más y más el
consumismo, que se ha convertido en una forma de terapia”. Esto es realmente cierto,
pues muchas veces el consumismo prepara el ambiente para que la persona caiga en
la indiferencia de la práctica religiosa, o incluso fomenta la hostilidad frente a la
religión. Esto constituye un muro infranqueable que provoca angustia, inquietud
profunda y búsqueda de nuevas sensaciones, en este caso como una terapia para
todos los malestares.
A esto se le suma que la manera como se percibe el tiempo ha variado desde la
entrada de la era consumista. Con el consumismo, llegó el tiempo puntillista, es decir,
no existe la continuidad ni sucesión de hechos, cada instante, cada momento, es todo
lo que existe. Por esto, el consumidor debe buscar la felicidad en ese instante. De esta
manera lo describe Zygmunt Bauman: “El valor característico de la sociedad de
consumidores, el valor supremo frente al cual todos los demás deben justificar su peso,
es una vida feliz. Y más, la sociedad de consumidores es quizás la única en la historia
humana que promete la felicidad en la vida terrenal, felicidad aquí y ahora y en todos
los ahoras siguientes, es decir, felicidad instantánea y perpetua”.
El consumismo desenfrenado, ha provocado dentro de la sociedad un cambio en el
pensamiento y en la forma de vivir y de convivir, empezando con lo que Bauman llama
una “cosificación” de las personas. Estas pasan de ser consumidoras a objeto
consumido, porque para poder transformarse en sujeto es necesario hacerse primero
producto. Ante este pensamiento, se puede negar la existencia del otro; cada cual es
“la persona” rodeada de muchos objetos vivos e inertes que están a su plena
disposición con el único propósito de complacer. Así lo afirma el papa Francisco (2017)
en su carta encíclica: “Cuando el ser humano se coloca a sí mismo en el centro,
termina dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales y todo lo demás
se vuelve relativo”. Dejando de lado las consecuencias que esa actitud podría traer
consigo, y poniéndose por sobre todas las cosas.
A lo largo de los años, no nos hemos percatado del gran impacto que el consumismo
ocasiona al planeta, no solo es el incremento de producción, sino que con ello las
fabricas contaminan aún más, los objetos que a nuestro parecer ya son obsoletos se
convierten en basura que al final también contribuirán en la contaminación del medio
ambiente pues son objetos que se quedan varados en un solo lugar y que tal vez nunca
se degraden.
Culpamos del cambio climático a los gobiernos y grandes compañías, pero en realidad
la mayoría del impacto en el medio ambiente viene del consumo de los hogares.
Año con año la cadena de supermercado Walmart realiza “el día más barato del año”
en Guatemala, donde tienen rebajas de hasta el 50% en sus productos, los cuales se
podrán adquirir durante tres días seguidos. Entre los productos que se pueden adquirir
con precios rebajados se encuentran pantallas de televisión, celulares, llantas,
electrodomésticos, camas, muebles y artículos de comedor, cocina y otros del hogar.
(Prensa Gráfica, 2018)
En este día los habitantes de este país compran insaciablemente todo lo que vean en
descuento y que no necesitan en realidad, pero lo ven como una oportunidad que no
pueden desaprovechar cayendo en las manos del marketing.
Para los estadounidenses y para gran parte del mundo existe el Black Friday o Viernes
Negro, que es una fecha clave de celebración. Se lleva a cabo un día después de
Acción de Gracias. Pero el Black Friday es más que eso. Este día es sinónimo de
compras.
Las tiendas físicas y sus portales de internet se llenan de ofertas y promociones
especiales para esta fecha y mucha gente aprovecha para hacer sus compras de cara
a la Navidad.
El Viernes Negro comenzó en la década de 1950 en Filadelfia. Hordas de compradores
de los suburbios llegaron a la ciudad durante los días posteriores al Día de Acción de
Gracias, según Bonnie Taylor-Blake, una investigadora de neurociencias de la
Universidad de Carolina del Norte. La ciudad promovió grandes ofertas y decoraciones,
antes del partido de fútbol entre el Ejército y la Marina, que tuvo lugar el sábado.
Los comerciantes de la ciudad también comenzaron a usar el término para describir las
largas filas y el caos de compras en sus tiendas. “Se convirtió en esta referencia
cómica al centro de Filadelfia después del Día de Acción de Gracias”.
En 1961, se planteó la idea de cambiar el nombre de las vacaciones al “Gran Viernes”
(Big Friday) para que uno de los días más grandes en las compras no tuviera una
connotación negativa. Pero eso no tuvo éxito.
Con el tiempo, los minoristas aprendieron a adoptar el nombre e incluso ampliaron el
evento de compras de un día.
Alrededor de 2003, los minoristas aumentaron las apuestas ajustando los horarios de
apertura de las tiendas. Ese año, Kmart, Walmart y Sears dieron descuentos antes del
amanecer a partir de las 5 a.m. o 6 a.m. Ese fue el mismo año en que el Black Friday
se convirtió en el día de compras más rentable del año, según datos del Consejo
Internacional de Centros Comerciales. Antes de 2003, los días de compras más
rentables en Estados Unidos eran a fines de diciembre.
Con el auge de internet, otro día de compras nació en 2005: Cyber Monday
(Ciberlunes). Fue un término de marketing acuñado por la Federación Nacional de
Minoristas, para minoristas en línea para reflejar la locura de compras que sienten las
tiendas físicas el viernes negro.
El lunes cibernético ha explotado en popularidad desde entonces. En el 2017, Adobe
reportó que acumuló 6.590 millones de dólares en ventas, lo que lo convierte en el día
de compras en línea más grande de Estados Unidos. (Jordan Valinsky,2018)
Y es así como se crea un día más para el consumismo, las compras desmedidas y
emocionantes que realizan las personas en estos días, ya todo es comprar por comprar
pues algunas cosas realmente ni las utilizan y solo las consumen porque están de
moda o porque la publicidad les ha hecho creer que no pueden estar sin ello.
Pero también no solo ha habido hechos de los días en que el consumismo ha estado
por los cielos como lo hacen en la actualidad con cada celebración que se presente
como: San Valentín, Halloween, entre otros. También existen días de suma relevancia
para el planeta tal como: El Overshoot Day o Día de la Deuda Ecológica que marca la
fecha en que hemos consumido todos los recursos que la Tierra puede regenerar en un
año. En 2018, es el 1 de agosto. Se ha adelantado 5 meses desde 1970, año en el que
el Día de la Deuda Ecológica cayó el 29 de diciembre. Cada año, la
organización Global Footprint Network prevé esta fecha y se encarga de elaborar
informes que evalúan nuestro impacto medioambiental en el planeta. Uno de los datos
más significativos que aportan es que ahora mismo se necesitarían 1,7 planetas para
producir todos los recursos que utiliza la población global. (Cristina Yusta, 2018)
Y todo ello gracias al sobreconsumo que existe en el planeta, a como explotamos los
ecosistemas sin medir las consecuencias que esto podría ocasionar.
Las compras impulsivas, los días creados para el consumo y como nos hemos agotado
en ocasiones los recursos que la Tierra genera, nos han llevado a la contaminación de
los ecosistemas, a la extinción de animales y la pobreza extrema en la mayor parte del
mundo. Todo esto porque no hemos sabido manejar la situación y seguimos viviendo
en la era del consumismo, no medimos nuestras consecuencias, destruimos los
ecosistemas con el fin de crear espacios de consumo, sobre explotamos la
biodiversidad que existe para satisfacer nuestras necesidades. Las garras del
consumismo atacan a todos los entornos, desde el papel a los cosméticos pasando por
la industria alimentaria, con graves consecuencias para los “pulmones” del planeta: las
selvas tropicales de Indonesia, la Amazonia o los bosques boreales que están siendo
arrasados para la producción papelera, de soja, aceite de palma, pañuelos o papel
higiénico.
Hoy en día, se extraen y emplean alrededor de un 50% más de recursos naturales que
hace 30 años. El consumismo hoy domina la mente y los corazones de millones de
personas, sustituyendo a la religión, a la familia y a la política. El consumo compulsivo
de bienes es la causa principal. El cambio tecnológico nos permite producir más de lo
que demandamos y ofertar más de lo que necesitamos.
Algunas de las consecuencias que podemos ver hoy en día son:
Tiene un impacto negativo en el ambiente, pues mientras más se produzca más
se afecta el ambiente, más recursos se utilizan y más contaminación ambiental
se genera.
Se contribuye a la mala distribución de la riqueza. El comprador gasta dinero
innecesario y el fabricante o vendedor continúa enriqueciéndose.
Se sobre utilizan servicios como el agua, energía eléctrica y combustible,
aumentado la tarifa de pago de estos y contribuyendo a que el sistema eléctrico
o la distribución de los servicios básicos se pueda ver afectado
Preferencia de lo procesado antes de lo natural. Muchos productos
industrializados han sustituido a los realizados en casa o los productos
naturales. En muchos países se consume por ejemplo sopa en lata, o se prefiere
comer hamburguesas procesadas que las hechas en casa.
El consumismo impone la cultura de otras regiones, donde se manejan otros
valores y otros niveles de consumo. Se promueve el deseo de consumir bienes
de manera ilimitada en todas las culturas menospreciando la cultura propia de
cada lugar.
Genera ansiedad en las personas. Cuando alguien quiere poseer un artículo y
claramente este se escapa de sus posibilidades económicas, se puede generar
ansiedad al no poseerlo o al tener que trabajar de más para poder comprarlo.
El consumismo no promueve el desarrollo sustentable lo cual trae
consecuencias para las generaciones futuras y no solo para la actual.
Si estas problemáticas continúan con el paso del tiempo, simplemente ya no habrá
recursos para abastecer a quienes habiten el planeta Tierra, ya que año con año la
demanda va aumentando, pronosticando que para el año 2050 se necesiten tres
planetas para poder lograr el abastecimiento con el ritmo actual de consumo. Ya no
habría sobre explotación en los ecosistemas pues ya no hay nada que explotar todo se
habrá agotado y deteriorado desenfrenadamente.
Con esto, ¿debemos seguir comprando impulsivamente como lo hemos hecho hasta el
día de hoy? ¿hasta cuándo nos daremos cuenta del daño que nos hacemos?
¿intentaremos hacer un cambio comenzando con nosotros mismos? ¿o esperaremos a
que no quede ningún recurso?
Por ello, hemos de cambiar nuestros patrones de consumo para revertir hábitos
inadecuados y poco sostenibles.
Además, hay que adquirir valores que nos vacunen contra el consumismo. Por ejemplo,
los valores éticos y morales, que iluminan la conciencia de las personas, y que, cuando
hay momentos de dificultad, te sostienen en la fe. No debemos buscar atajos o rebajas
a las exigencias morales. Para evitar caer en el consumismo, debemos favorecer
también un estilo de vida sobrio. La sencillez supone desprendimiento de lo que se
posee, y compartir lo que se tiene. Entre los remedios sociales para evitar caer en el
consumismo, están: brindar una mejor educación; esa educación la da sobre todo la
familia, fomentar la lectura, la cultura, la cultura de la vida, invertir bien el tiempo libre y
vivir la solidaridad. Luego, ejercitarse en el sacrificio y la renuncia, hasta alcanzar la
fortaleza interior.
Es muy importante recapacitar sobre las consecuencias a las que nos lleva la
publicidad, no nos percatamos de todo lo que una compra excesiva o estar a la moda
conlleva. Por ello debemos de actuar con nuestro consumo, ponernos a pensar si
realmente necesitamos lo que estamos a punto de adquirir y no solo comprar por
comprar. Pues además de que ayudaremos a nuestro bolsillo estaremos contribuyendo
en gran parte con el medio ambiente. Después de analizar la investigación llegué a la
conclusión de que no debemos manipularnos por el marketing, debemos tener un
criterio propio a la hora de realizar una compra y reflexionar en cuanto a nuestras
necesidades. También, no estaba consciente al 100% de todo lo que puede ocasionar
el consumismo gracias a muchos factores. De igual forma cómo el internet y los medios
de comunicación influyen demasiado con su marketing en nuestras mentes y cómo
convierten días que para nosotros son de celebración y festejo, en nada más y nada
menos que una estrategia para el consumo. Es demasiado relevante para mi el como
podemos llegar a acabar con todo lo que está a nuestro paso, contaminando,
extinguiendo especies, acabándonos con los pocos recursos que el planeta nos presta.
Y, sin embargo, presenciando catástrofes, como el deshielo de glaciares, las altas y
bajas temperaturas que se presentan alrededor de todo el mundo; seguimos sin hacer
absolutamente nada, más que publicarlo en redes sociales y no empezar con un
cambio que realmente sea notorio no solo para nuestro hogar, sino también para el
hogar de las personas que nos rodean.
Todos debemos ser agentes de cambio, los gobiernos deben apostar por lo sostenible
como futuro para los océanos, bosques, ríos, lagos y para el mundo entero. Las
empresas deben de estar conscientes del daño que ocasionan, evitando la generación
de residuos y contaminantes. Y nosotros debemos dejar de comprar compulsivamente
y dejar el modelo de usar y tirar.
Bibliografía consultada:
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Zygmunt Bauman (2007) Vida de Consumo. S.L. FONDO DE CULTURA
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Cristina Yusta (1 de agosto, 2018) 1 de agosto: El día en el que hemos
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