Rift Volcánico y Magmatismo
Rift Volcánico y Magmatismo
ALUMNOS:
I. INTRODUCCIÓN....................................................................................................................3
II. OBJETIVOS............................................................................................................................4
III. ORIGEN................................................................................................................................5
IV. MARCO TEORICO (ANTECEDENTES)...........................................................................12
V. TIPOS DE RIFT Y SU RELACION CON EL MAGMATISMO.........................................19
5.1 Rift en las dorsales oceánicas...............................................................................................19
5.2 Rift continentales..................................................................................................................29
5.3 Zonas de rift fallidas.............................................................................................................35
VI. EJEMPLOS DE RIFT..........................................................................................................35
VII. CONCLUSIONES..............................................................................................................39
VIII. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS...............................................................................40
I. INTRODUCCIÓN
El espectro composicional de los magmas erupcionados es más amplio que en los flujos
de basaltos continentales. En general los basaltos pueden variar, desde tipos
subalcalinos transicionales a basaltos alcalinos, basanitas subsaturadas en sílice,
nefelinitas y más raramente magmas ultrapotásicos como leucititas. En algunos rifts las
carbonatitas están presentes y se asocian con rocas subsaturadas en sílice. En general el
volcanismo es altamente explosivo y las rocas piroclásticas pueden dominar en las
secuencias volcánicas, lo que sugiere un enriquecimiento en volátiles en la región
fuente. En rifts antiguos erosionados (Gardar, Groenlandia; Oslo, Noruega) han
quedado expuestas las raíces, que están constituidas por rocas plutónicas como sienitas,
sienitas nefelínicas y granitos alcalinos que dieron lugar en superficie a estrato-volcanes
de traquita y fonolita.
II. OBJETIVOS
2.1 Esquematizar la tectónica global de los límites de placas y la traza de la dorsal oceánica.
2.2 Determinar los rift en dorsales oceánicas, continentales y su relación con el magmatismo.
III. ORIGEN
Las zonas del rift continental son áreas localizadas en extensiones litosféricas
caracterizadas por una depresión central, con flancos levantados y un adelgazamiento de
la línea inferior de la corteza como odemos ver en la figura 1.
Estas pueden llegar desde unas pocas decenas de kilómetros a pocos cientos de
kilómetros de largo. En casos extremos, la extensión y asociación del magmatismo
puede ser distribuido sobre extensas zonas de cientos de kilómetros en una misma
dirección, como se pueden ver en la cuenca y Provincia del Range al oeste de Estados
Unidos.
Figura 3.1: Esquema de evolución de un límite constructivo o zona de rift tipo Mar Rojo.
Tomado de http://geografia-09.blogspot.com/2010/09/la-estructura-interna-de-latierra.html
En el Mar Rojo y en el Golfo de Adén la separación continental que está ocurriendo está
formando una cuenca y un nuevo océano.
Los procesos de rifting continentales preceden la formación de nuevas cuencas
oceánicas, siendo estos de gran importancia para el entendimiento de cómo es la
transición de un rift continental a uno oceánico. El Mar Rojo provee un excelente
laboratorio natural en dónde podemos estudiar esta transición. Al sur de este sector la
nueva corteza oceánica está generada por procesos de expansión del suelo oceánico,
están relacionadas con una pluma lineal de un hot-spot astenoférico, espaciado
aproximadamente unos 50 km, súper impuesto sobre ensanchada convección en el manto
(Binatti, 1985).
Los procesos de rifting continentales preceden la formación de nuevas cuencas
oceánicas, siendo estos de gran importancia para el entendimiento de cómo es la
transición de un rift continental a uno oceánico. El Mar Rojo provee un excelente
laboratorio natural en dónde podemos estudiar esta transición. Al sur de este sector la
nueva corteza oceánica está generada por procesos de expansión del suelo oceánico,
están relacionadas con una pluma lineal de un hot-spot astenoférico, espaciado
aproximadamente unos 50 km, súper impuesto sobre ensanchada convección en el manto
(Binatti, 1985).
Figura 3.3: Mapa que muestra la terminación mas sur y del sistema del rift del Este de África y
su relación con el rift del Mar Rojo y el Golfo de Adén. Tomado de Wilson(2007).
Figura 3.4: Modelos de rifting activos y pasivos (Kent 1985, op cit.) Tomado de Wilson (2007).
Figura 3.5: Mapa africano de anomalías de Bouger (de Fairhead 1979) tomado de Wilson
(2007).
Además de esto, existe una asociación con amplias zonas de anomalías de gravedad
residual negativa (Fairhead 1979), la cual puede ser explicada en términos de las
corrientes ascendentes de baja densidad, posiblemente por una fusión parcial, material de
baja velocidad del manto astenosférico. El sistema de rift Afro-Árabe representa la
mayor zona activa de rompimiento (rifting) continental de La Tierra (Shudofsky 1985).
Este es un invaluable laboratorio natural para el estudio de rift continentales y de
procesos magmáticos debido a que todos los estados del rifting pueden ser reconocidos,
desde el rifting incipiente al sureste de África hasta el desarrollo de nueva corteza
oceánica en el Mar Rojo/Golfo de Adén. Todas estas zonas presentan diferentes
características, composición e intensidad (Williams 1982).
El sistema Afro-Árabe se ha desarrollado en tres pulsos mayores (Eoceno tardío [44 –38
Ma], Mioceno medio [16 – 11 Ma] y Plio-Pleistoceno [5 – 0 Ma]). El alzamiento ha
producido las mayores estructuras domales (Savage y Long 1985): el domo Afro-Árabe,
trisectado por el Mar Rojo, el Golfo de Adén y el rift de Etiopía, además del domo de
Kenia cuando es bisectado por el rift de Kenia o Gregory.
Los límites superiores de la extensión de la corteza son estimados en unos 30 km en
Etiopía, 10 km en Kenia y 2-3 km en Tanzania (Shudofsky 1985). Uno de los principales
problemas se presenta en los estudios petrogenéticos de las asociaciones (suites) de las
zonas del rift continental involucran el origen de los magmas ricos en sílice comparados
con los basaltos.
Un problema fundamental para entender el problema acerca del desarrollo de zonas de
rift continental, centrado en los mecanismos que inducen la migración de la
litósfera/flotabilidad de la astenosfera. Sengor y Burke 1978, han propuesto dos casos
“límite” de estudio, los cuales se muestran esquemáticamente en la figura 4 y se
desarrollan a continuación:
a. Rifting activo: las corrientes ascendentes de la astenosfera van adelgazando y
causando levantamiento de la litósfera y controla la formación del rift. Dichas
corrientes pueden ser del tipo bidimensional, asociadas con ridges midoceánicos o
una pluma mantelar simétrica a un eje. Aun ambientes volcánicos y dominantes
preceden el rifting.
b. Rifting pasivo: esto es causado por esfuerzos diferentes en la litósfera (Mc Kenzie
1978b). En este caso el rift se forma primero, un levantamiento de los flancos del rift
puede desarrollar unas celdas de convección a pequeña escala debajo de este. El
rifting pasivo puede ser considerado como un mecanismo para explicar el origen de
algunas cadenas de islas oceánicas lineales.
Figura 3.6: Modelos de desarrollo de rifts, pasivos y activos (Keen 1985).
Tanto los rifting pasivos como los activos producen levantamientos. En los modelos
pasivos están confinados al estiramiento y “rifted” de regiones cercanas a la superficie
(Keen 1985, Buck 1986). Los levantamientos en rifting activos pueden extenderse varios
cientos de kilómetros del rift. De igual manera, el adelgazamiento de la corteza está
lateralmente confinado a la zona del rift en rifting pasivos, en cambio en el caso activo la
zona de adelgazamiento es muchas veces más ancha en la zona del manto que tiene las
corrientes ascendentes. El adelgazamiento de la corteza no siempre es un buen indicador
para discriminar entre los modelos activos y pasivos. En los modelos activos parece que
la corteza pequeña adelgaza la base de la litósfera llegando a alcanzar el Moho. La forma
de escoger cuál es el modelo que adapta mejor, puede hacerse correlacionando la
extensión horizontal del levantamiento con la geología de superficie cercana.
IV. MARCO TEORICO (ANTECEDENTES)
La deriva continental describe una de las primeras formas en que los geólogos pensaron que los
continentes se movían con el tiempo. Este mapa muestra un "supercontinente" temprano, Gondwana,
que eventualmente se movió para formar los continentes que conocemos hoy. Los fósiles de
organismos similares en continentes muy dispares alentaron la teoría revolucionaria de la deriva
continental.
Hoy, la teoría de la deriva continental ha sido reemplazada por la ciencia de la tectónica de placas.
La teoría de la deriva continental está más asociada con el científico Alfred Wegener. A principios
del siglo XX, Wegener publicó un artículo en el que explicaba su teoría de que las masas
continentales estaban "a la deriva" por la Tierra, a veces atravesando océanos y chocando entre sí.
Llamó a este movimiento deriva continental. Pangea Wegener estaba convencido de que todos los
continentes de la Tierra alguna vez fueron parte de una enorme masa de tierra única llamada Pangea.
Wegener, formado como astrónomo, utilizó la biología, la botánica y la geología para describir
Pangea y la deriva continental. Por ejemplo, los fósiles del antiguo reptil mesosaurus solo se
encuentran en el sur de África y América del Sur. Mesosaurus, un reptil de agua dulce de solo un
metro (3,3 pies) de largo, no podría haber nadado en el Océano Atlántico. La presencia de
mesosaurus sugiere un solo hábitat con muchos lagos y ríos. Wegener también estudió fósiles de
plantas del gélido archipiélago ártico de Svalbard, Noruega. Estas plantas no eran los especímenes
resistentes adaptados para sobrevivir en el clima ártico. Estos fósiles eran de plantas tropicales, que
están adaptadas a un ambiente mucho más cálido y húmedo. La presencia de estos fósiles sugiere que
Svalbard alguna vez tuvo un clima tropical.
Finalmente, Wegener estudió la estratigrafía de diferentes rocas y cadenas montañosas. La costa este
de América del Sur y la costa oeste de África parecen encajar como piezas de un rompecabezas, y
Wegener descubrió que sus capas de rocas "encajan" con la misma claridad. América del Sur y
África no fueron los únicos continentes con una geología similar. Wegener descubrió que las
Montañas Apalaches del este de los Estados Unidos, por ejemplo, estaban relacionadas
geológicamente con las Montañas Caledonias de Escocia. Pangea existió hace unos 240 millones de
años. Hace unos 200 millones de años, este supercontinente comenzó a fragmentarse. Durante
millones de años, Pangea se separó en pedazos que se alejaron unos de otros. Estas piezas asumieron
lentamente sus posiciones como el continente que reconocemos hoy. Hoy en día, los científicos creen
que varios supercontinentes como Pangea se formaron y se desintegraron a lo largo de la vida de la
Tierra. Estos incluyen Pannotia, que se formó hace unos 600 millones de años, y Rodinia, que existió
hace más de mil millones de años. Actividad tectónica Los científicos no aceptaron la teoría de la
deriva continental de Wegener. Uno de los elementos que faltaba en la teoría era el mecanismo de
cómo funciona: ¿por qué se desplazaron los continentes y qué patrones siguieron? Wegener sugirió
que tal vez la rotación de la Tierra hizo que los continentes se acercaran y se separaran unos de otros.
(No lo hace.) Hoy en día, sabemos que los continentes descansan sobre enormes losas de roca
llamadas placas tectónicas.
Las placas siempre se están moviendo e interactuando en un proceso llamado tectónica de placas.
Los continentes todavía se están moviendo hoy. Algunos de los sitios más dinámicos de actividad
tectónica son las zonas de expansión del lecho marino y los gigantescos valles de grietas. En el
proceso de expansión del lecho marino, la roca fundida se eleva desde el interior de la Tierra y
agrega un nuevo lecho marino (corteza oceánica) a los bordes del antiguo. La expansión del fondo
marino es más dinámica a lo largo de cadenas montañosas submarinas gigantes conocidos como
dorsales oceánicas. A medida que el lecho marino se ensancha, los continentes en lados opuestos de
la dorsal se alejan unos de otros. Las placas tectónicas de América del Norte y Eurasia, por ejemplo,
están separadas por la Dorsal del Atlántico Medio. Los dos continentes se están alejando uno del otro
a un ritmo de unos 2,5 centímetros (1 pulgada) por año. Los valles del Rift son sitios donde una masa
de tierra continental se está desgarrando. África, por ejemplo, eventualmente se dividirá a lo largo
del sistema del Gran Valle del Rift. Lo que ahora es un solo continente surgirá como dos: uno en la
placa africana y el otro en la placa más pequeña de Somalia. El nuevo continente somalí será
mayormente oceánico, con el Cuerno de África y Madagascar como sus masas de tierra más grandes.
Los procesos de expansión del fondo marino, formación del valle del rift y subducción (donde las
placas tectónicas más pesadas se hunden debajo de las más ligeras) no estuvieron bien establecidos
hasta la década de 1960. Estos procesos fueron las principales fuerzas geológicas detrás de lo que
Wegener reconoció como deriva continental.
Figura 4.1: Distribución de los fósiles a través de los continentes del Sur de Pangea. Deriva
continental dio inicio a la tectónica de placas y a las bandas o bordes de placa, y posterior a las
dorsales oceánicas o rift continental
El estudio del fondo oceánico dio algunos de los datos que apoyan con más firmeza la teoría de la
Tectónica de Placas. La batimetría se encarga del mapeo de la profundidad del fondo oceánico, es
decir, la topografía submarina. Cuenta con barcos provistos de equipos de perforación donde se
obtienen muestras de la estructura del fondo marino en muchos puntos de la Tierra.
Durante los últimos años de la década de 1950 y los primeros de 1960, se encontró en el fondo
oceánico "bandas" de distinta polaridad llamadas bandas magnéticas, alineadas con las cordilleras
oceánicas y distribuidas simétricamente a ambos lados de éstas. Cada banda indica una edad
diferente de formación, lo que significa que cada pedazo de fondo oceánico lleva escrita su
historia. Identificando la banda magnética se llega a saber cuándo fue formado el fondo oceánico
y qué orientación tenía entonces con respecto al polo magnético; el ancho de la banda indica qué
tan rápida era entonces la extensión en el centro donde fue creado.
Figura 4.2: Edad del fondo oceánico. En rojo el más joven, junto a las dorsales, por ejemplo en la centro
atlántica. En azul el más antiguo, por ejemplo, junto a las costas norteafricana y norteamericana. La
diferente extensión de los fondos de cada edad da un claro indicio de la diferente velocidad de expansión
en cada punto, que originó las zonas de fractura (fallas transformantes) claramente visibles como
discontinuidades habitualmente perpendiculares a las dorsales.
Se dice que las placas son rígidas porque al moverse interaccionan entre sí sin deformarse
mayormente excepto en sus bordes, donde las deformaciones son importantes. Las placas
divergen (se separan), convergen (se juntan) o se deslizan lateralmente unas sobre otras dando
como resultado, sobre sus límites o bordes, la mayor parte de la actividad volcánica y sísmica de
la Tierra así como el origen de los sistemas montañosos.
Figura 4.4: Un modelo teórico de la formación de bandas magnéticas. La nueva corteza oceánica que se
forma continuamente en la cresta de la dorsal oceánica se enfría y envejece cada vez más a medida que se
aleja de la cresta de la dorsal con la expansión del fondo marino: a. la cresta de expansión hace unos 5
millones de años. b. Hace unos 2 o 3 millones de años. C. En la actualidad.
Los magmas se generan por la fusión de rocas preexistentes, con intervención de todas las fases
minerales presentes (fusión total) o de solo algunas fases (fusión parcial). La fusión en el manto
se puede producir por tres mecanismos: aumento de la temperatura, reducción de la presión y
modificación de su composición por la adición de volátiles (fundamentalmente H2O). Aunque el
aumento de temperatura puede parecer el mecanismo más obvio, los otros dos son mucho más
importantes. Esto es consecuencia de que el manto se encuentra a una temperatura relativamente
elevada y de que los procesos que pueden incrementar significativamente su temperatura, tales
como la desintegración radioactiva, el calor de fricción y los impactos meteoríticos, son
demasiado débiles en la Tierra actual para provocar fusión y generar una masa de magma
suficiente para migrar hacia la superficie y formar un volcán. Aunque estos mecanismos no son
actualmente importantes para impulsar la fusión, alguno de ellos como los impactos, fueron tan
frecuentes e intensos en las primeras etapas de formación de la Tierra, que provocaron la fusión
completa del manto y la generación de océanos de magma. El ascenso de una porción de manto,
en forma de pluma o como diapiro, provoca su fusión parcial por descompresión, si el ascenso es
suficientemente rápido. Cuando el material mantélico asciende, experimenta una disminución de
la presión confinante, por lo que tiene lugar una ligera expansión de su volumen. Como esta
expansión tiene lugar en condiciones casi adiabáticas (es decir, sin pérdida de calor), la
disminución de temperatura del manto ascendente es despreciable (~0.5-1.0°C/km). Ahora bien,
como el ascenso tiene lugar desde una zona más profunda y de más alta temperatura a otra más
superficial y de más baja temperatura, si el ascenso del material mantélico es suficientemente
rápido, la conducción de calor hacia el manto que atraviesa es mínima y la pérdida de temperatura
que tiene lugar está limitada a la relacionada con la expansión adiabática. En consecuencia,
cuando la temperatura del cuerpo mantélico ascendente alcance su temperatura solidus (esto es, la
temperatura a la que comienza la fusión de un sólido de una determinada composición a una
presión dada) se iniciará la fusión y la generación del magma. El subsiguiente ascenso y la
consiguiente reducción de la presión confinante aumentarán progresivamente el porcentaje de
fundido. Por el contrario, si el ascenso de la porción de manto es lento la pérdida de calor hacia el
material que atraviesa será importante, por lo que el manto ascendente perderá temperatura. Esto
provocará que no se pueda producir fusión o que el porcentaje de fundido sea muy reducido.
Como veremos más adelante, esto último es lo que sucede en las dorsales centro-oceánicas de
baja tasa de extensión (~10 mm/año), en las que el ascenso del manto desde la zona en la que se
inicia la fusión hasta la superficie de la dorsal requiere 10 Ma aproximadamente. Este tiempo es
lo suficientemente largo como para que el manto ascendente pierda una parte importante de su
calor y por consiguiente para que su tasa de fusión sea mucho más reducida que la que
experimenta el manto en las dorsales que tienen tasas de extensión de 100 mm/año, en las que el
ascenso del manto tiene lugar en ~1 Ma (Langmuir y Forsyth, 2007). Aunque resulta difícil de
obtener, la mayoría de los autores estima que el incremento del porcentaje de fusión por
reducción de la unidad de presión tiene un valor medio de 10%/GPa1 , si bien probablemente
existen variaciones comprendidas entre 2%/ GPa y 30%/GPa (Asimow, 2000). En lo que
concierne al tercer mecanismo anteriormente indicado, la adición de volátiles (fundamentalmente
H2O) al manto, producida por ejemplo por la deshidratación que tiene lugar en las zonas de
subducción, reduce la temperatura solidus del manto, favoreciendo por consiguiente su fusión. El
incremento de H2O produce también un aumento de la producción de fundido. Por lo que
respecta a la reducción del solidus, los primeros trabajos experimentales (p. ej. Kushiro et al.,
1968) pusieron de manifiesto que en condiciones hidratadas el solidus de las peridotitas es
~1000°C a 26 kbar y ~1150°C a 60 kbar; esto es, entre 400 y 700°C inferior al solidus en
condiciones anhidras. Trabajos más recientes (Grove et al., 2006; ver también Grove et al., 2012
para una discusión más extensa sobre estos aspectos) han establecido que el solidus de una
peridotita fértil en presencia de exceso de agua es ~200°C inferior (a 3 GPa/30 kbar) al reportado
en estudios experimentales previos. Esto implica que la fusión de la peridotita comienza entre
800-820°C, en presencia de agua y a la presión indicada. En lo que concierne al incremento de la
producción de fundido, según los resultados obtenidos por Gaetani y Grove (1998), la
incorporación de un 0.25% de H2O a una peridotita a 1200°C aumenta el porcentaje de fusión de
0.5 al 3%, y a 1350°C lo hace del 3 al 12%. La influencia del H2O afecta asimismo a la
composición de los fundidos. Así, los líquidos obtenidos en condiciones hidratadas de peridotitas
con espinela son más ricos en SiO2 y Al2O3 y tienen menos FeO y MgO que sus equivalentes
generados en condiciones anhidras. De forma similar, los fundidos ricos en H2O derivados de
peridotitas con granate a 5-11 kbar tienen muy bajo contenido en SiO2 y Al2O3 y se asemejan a
las kimberlitas (ver p. ej. Tenner et al., 2012).
Las dorsales centro-oceánicas (que no siempre se localizan en el centro del océano) representan
las cadenas montañosas más largas y continuas de la Tierra (~60000 km) y la más prominente
expresión en superficie de la tectónica de placas. Aunque sus erupciones pasan inadvertidas,
constituyen las zonas volcanológicamente más activas del planeta, ya que en ellas se genera un
volumen de magma de ~21 km3/año. Como el volumen total medio de magma originado en la
Tierra en los últimos 180 Ma está comprendido entre 26 y 34 km3/año, el magmatismo de las
dorsales representa el 75% del total (Crisp, 1984).
Como se puso de manifiesto desde los primeros trabajos de exploración llevados a cabo en las
dorsales, la morfología, estructura y tasa de magmatismo varían en función de la velocidad de
separación de las placas. Por esta razón, tradicionalmente se han distinguido tres tipos de
dorsales: de elevada, intermedia y baja velocidad de separación (Fig. 1). En las dorsales de
elevada velocidad de separación (>80 mm/año), como la del E del Pacífico, no existe un valle
central, sino que la mayor parte de la cresta axial presenta una estrecha depresión, de 5-40 m de
profundidad y 40-250 m de anchura, en la que se localiza la zona neovolcánica. Las dorsales de
baja
velocidad de separación (<55 mm/año), como la del Atlántico, tienen un valle axial, de 1-2 km de
profundidad y 8-20 km de anchura y la zona neovolcánica ocupa el fondo del valle. Por último,
las dorsales intermedias (55-80 mm/año), como la de Juan de Fuca y la del SE del Índico, tienen
características morfológicas transicionales entre las dos anteriores, y la zona neovolcánica se
localiza en el fondo del valle. A pesar de lo expuesto, en los tres tipos de dorsales el espesor de la
corteza oceánica basáltica es similar (6-7 km) y en todas ellas existen fallas transformantes
perpendiculares a la extensión. Posteriormente, Dick et al. (2003) describieron una cuarta clase,
las denominadas dorsales de ultra baja velocidad (<20mm/año) que se caracterizan por una
abrupta topografía, en la que alternan segmentos con y sin magmatismo, y en las que, a diferencia
de los tres tipos anteriormente descritos, no existen fallas transformantes. A esta categoría
pertenecen la dorsal SO del Índico (entre África y la Antártida) y la dorsal de Gakkel, que biseca
el Océano Ártico.
Cuando comienza la fusión del manto ascendente, el líquido se acumula alrededor de los bordes
de
grano de los minerales. Al aumentar la tasa de fusión, el magma se canaliza y migra a través del
manto a velocidades de ~100 m/año, concentrándose finalmente bajo el eje de la zona
neovolcánica de la dorsal, en un área muy reducida de 1-2 km de ancho, donde se genera la nueva
corteza basáltica (Gregg et al., 2012).
Figura 4.5: Las observaciones sísmicas y electromagnéticas llevadas a cabo en la dorsal pacífica pusieron
de manifiesto que en las dorsales de elevada velocidad de separación la zona del manto que funde
comienza hacia los 150 km de profundidad (si bien la zona de fusión principal, se localiza por encima de
los 100 km) y tiene centenares de kilómetros de anchura (MELT Seismic Team, 1998).
Figura 4.6: A diferencia de lo que ocurre en sistemas volcánicos más usuales, los estudios geofísicos
llevados a cabo en las dorsales centro-oceánicas tipo Pacífico han puesto de manifiesto que la cámara
magmática está constituida por una zona lenticular fundida de 1-2 km de anchura y unas pocas decenas de
metros de espesor que se localiza bajo el eje de la dorsal, una masa parcialmente solidificada (>25% de
cristalinidad) situada debajo y una zona de transición casi totalmente solidificada (>60-80% de
cristalinidad) que engloba a las dos anteriores. La zona lenticular fundida, en la que se acumulan y
diferencian los magmas, emite las lavas que forman la corteza basáltica (capa 2a). Los magmas que no
alcanzan el fondo oceánico se enfrían lentamente y forman diques en los niveles más superficiales (0.5-3
km) de la corteza (capa 2b) y gabros y acumulados ultramáficos en los niveles más inferiores (3-7 km) de
la corteza (capa 3).
La mayor parte del fondo oceánico (aprox. 360x10 6 Km2), bajo la capa de material sedimentario,
se encuentra constituida por rocas de naturaleza basáltica, cuyo espesor promedio es de 1 km,
recubriendo a otros niveles también de composición similar (niveles de diques, de gabros y de
gabros bandeados) que completan el conjunto de la corteza oceánica, en un espesor promedio en
torno a los 7 km. El origen de este material basáltico se encuentra en la zona axial de la dorsal
oceánica. Todos los materiales constituyentes de la corteza oceánica son relativamente jóvenes y
de hecho, las dataciones existentes indican que la corteza oceánica actual no tiene una edad
superior a los 200 M.a.
Figura 5.1:: Esquema tectónico global mostrando los límites de placas y la traza de la dorsal oceánica,
la longitud de las flechas indica la magnitud relativa de la tasa de acreción.
La dorsal oceánica mundial es la mayor cadena volcánica activa del planeta. Dividida en varios
segmentos, constituye una cadena activa con una longitud superior a 60.000 Km (Fig. 1). El
volumen de rocas ígneas generadas anualmente en las zonas de dorsal (aproximadamente 21 Km3
en total) supone el 75% de las rocas volcánicas y el 60% de las rocas plutónicas generados a
escala global en los diferentes ambientes geodinámicos (Tabla 5.1). Incluso sus dimensiones
físicas son destacables: la cresta de la dorsal puede alcanzar una altura de 2500 a 3000 m sobre el
fondo abisal y la anchura del relieve producido puede alcanzar de 1000 a 3000 Km.
Ambiente geodinámico R. volcánicas R. Plutónicas
Dorsal oceánica 3 18
Zonas de Subducción 0.4 – 0.6 2.5 - 8.0
Intraplaca continental 0.03 - 0.1 0.1 - 1.5
Intraplaca oceánica 0.3 - 0.4 1.5 - 2.0
Producción total 3.7 - 4.1 22.1 - 29.5
Tabla 5.1:. Estimación de la productividad de rocas ígneas (km3/año) en los principales ambientes
geodinámicos activos. Según Wilson, (1989).
La dorsal oceánica no se presenta como una estructura absolutamente continua, puesto que
muestra a escala del planeta la existencia de:
- Ramificaciones a partir de puntos triples: p.e. la dorsal de Chile, que presenta dos
ramificaciones que limitan las placas de Cocos y de Nazca
- Fallas transformantes
- Rifts de propagación
- Centros traslapantes
Un estudio detallado del eje de la dorsal oceánica muestra que, en realidad, se encuentra
dividido, a diversas escalas, en segmentos cuyo comportamiento puede ser distinto entre
si y cuyos elementos de relación con los segmentos adyacentes pueden ser (Fig. 2).
a. Las dorsales rápidas, cuya tasa de acreción es elevada, generando una expansión
del fondo oceánico de 9 a 18 cm/año, presentan una morfología axial en domo suave.
p.e. dorsal del pacífico este a 3º S.
b. Las dorsales intermedias, con una extensión de 5 a 9 cm/año, presentan una zona
axial relativamente plana. p.e. dorsal del pacífico este a 21º N.
c. Las dorsales lentas, con una extensión de 1 a 5 cm/año, presentan un valle axial
pronunciado, limitado por bloques sobreelevados. p.e. dorsal medio atlántica a 37º N.
Pese a que la composición de los basaltos emitidos por las dorsales oceánicas es
relativamente homogénea (este es el ambiente típico de generación y emisión de los
basaltos toleíticos MORB), los productos generados pueden ser variados, dependiendo de
numerosos factores.
Como primer parámetro que condiciona el tipo de actividad, podemos indicar la profundidad
a la cual se produce la actividad emisiva, puesto que la presión hidrostática condiciona la
posibilidad o no de erupciones explosivas.
Figura 5.4: Tipos de erupciones subacuáticas profundas y sus productos, en función de algunos
parámetros críticos del proceso. La posición de los triángulos indica el sentido en el que un
determinado parámetro aumenta o disminuye su valor.
c. Erupciones Reactivas.
Figura 5.5: Aspecto general (a) y vista en sección (b) de la formación y evolución de un lago de
lava. El drenaje de la lava hacia otras áreas produce el hundimiento de las cúpulas y quedan
únicamente los pilares con un conducto central, generados durante el escape del agua retenida
debajo del volumen de lava.
Los basaltos emitidos en las zonas de dorsal se incluyen, de modo general, bajo la
denominación de basaltos MORB (Mid-Ocean Ridge Basalts). Se trata de basaltos de
afinidad toleítica excepcionalmente se reconocen algunos basaltos transicionales o alcalinos,
que característicamente presentan cuarzo normativo. Petrográficamente presentan amplias
variaciones texturales, desde los tipos holovítreos a los hipocristalinos. Los fenocristales
suelen ser de olivino, plagioclasa, augita y espinela de Mg-Cr.
Desde el punto de vista de la geoquímica, se diferencian dos tipos principales de basaltos MORB,
denominados N-MORB (normales, empobrecidos o de tipo Atlántico) y E-MORB (también
denominados en ocasiones P-MORB, enriquecidos, de pluma o de tipo Pacífico); ambos tipos se
diferencian principal- mente en los contenidos en elementos traza (Tabla 5.2 y Figura 5.6), y
principalmente en los elementos incompatibles.
Elem. N-MORB E-MORB
SiO2 48.77 49.72
Al2O3 15.90 15.81
Figura 5.7: Esquema petrogenetico simplificado para los MORB. Modificado de Winter
(2001).
5.2 RIFT CONTINENTALES
Las zonas de rift continental son áreas de extensión litosférica localizadas y caracterizadas por
una depresión central, flancos levantados y adelgazamiento cortical. Con esta estructura
generalmente se asocia un alto flujo de calor, amplias zonas de levantamiento regional y
magmatismo. En general los rifts tienen pocas decenas de kilómetros de ancho y decenas a
centenares de kilómetros de largo y sus orígenes pueden deberse a distintos factores tales como
colisiones continente-continente (graben del Rhin), o cuencas de retro-arco relacionadas a
subducción (Río Columbia). Pero todas originan procesos de fusión en el manto subyacente en
respuesta a tectónica distensiva. En general la velocidad de distensión es de dos órdenes de
magnitud menor, que las zonas de distensión oceánicas, con valores de ~1 mm/año.
El contexto de los rift intracontinentales es el que presenta un desarrollo más característico del
volcanismo alcalino; no obstante, no es este el único tipo de afinidad geoquímica representado
en los rift continentales que, en ocasiones, pueden ser el ambiente de emplazamiento de rocas
toleíticas.
El volumen de magmas emitido en los rift intracontinentales supone solo un pequeño porcentaje
(alrededor del 3%; Coulon, 1993) del total del volcanismo activo de nuestro planeta, que se
concentra mayoritariamente en los ambientes geotectónicos de borde de placa (zonas de
subducción y dorsales oceánicas). No obstante su reducido volumen, el estudio de este
magmatismo es de gran interés, ya que:
29
5.2.1 Desarrollo de rifts intracontinentales: contexto geodinámico.
Según Olsen y Morgan (1995), un rift continental es una depresión tectónica alargada, asociada
a la cual, el conjunto de la litosfera ha sido modificada por extensión. La formación de un rift
continental supone, por tanto, el desarrollo de procesos de extensión de la litosfera, que llevan
asociados un ascenso de la astenosfera y un aumento del flujo térmico. Este proceso puede ser
explicado mediante dos mecanismos claramente diferentes (Segor y Burke, 1978; Keen, 1985):
a. Rifting Activo
El modelo de rifting activo está condicionado por un ascenso de la astenosfera,
relacionado con la presencia de una anomalía térmica en el manto y el desarrollo de
movimientos ascensionales del mismo, en forma de “pluma” (Fig. 5.8). Según White y
McKenzie (1989), estas plumas astenosféricas presentan una temperatura superior en
100-150º C a la del manto circundante, lo que condiciona su menor densidad y, en
consecuencia, el desarrollo de un movimiento ascensional de la astenosfera. En este
modelo de rifting, la elevación de la astenosfera provoca una elevación regional de la
corteza, formando un domo (con un radio de 200-800 km y una elevación 0,5 a 3 km)
que condiciona un estado de esfuerzos extensional radial, cuya evolución indicaremos
posteriormente en este tema.
Figura 5.8: Modelo de pluma astenosférica propuesta por White y McKenzie (1989) para el manto
subyacente a las islas de Cabo Verde. Las temperaturas se expresan en grados centígrados respecto a la
temperatura media del manto superior (1340 ºC).
b. Rifting Pasivo
Por el contrario, el modelo de rifting pasivo (Fig. 5.9) está condicionado por el
desarrollo de un estado de esfuerzos distensivo en la litosfera, que conduce a su
30
adelgazamiento y a la elevación posterior de la astenosfera. Esta elevación de la
astenosfera puede producir un ligero movimiento ascensional de la corteza, que genera
un abombamiento local (ligera elevación de los márgenes del rift).
Figura 5.9: Modelos de rifting activo y pasivo (según Keen, 1985 y Wilson, 1989)
La secuencia de eventos esperable según cada uno de estos modelos de rifting es netamente
distinta; así, un rifting activo presentaría:
a. Etapa pre-rift
La etapa pre-rift está caracterizada, desde un punto de vista tectónico, por el inicio de la
extensión de la corteza (en términos reales, del conjunto de la litosfera); dicha
extensión, en el caso de los rifts de tipo “activo”, está relacionada con el abombamiento
de la corteza, al que acompaña una fracturación difusa, de tipo radial y con cierta
frecuencia un volcanismo bimodal de tipo toleítico (flood basalts en los estadios
31
iniciales y riolitas e ignimbritas en las etapas finales), tal como han descrito Kampunzu
y Mohr (1991) en la rama este del rift africano. En otros casos, este abombamiento no
resulta acompañado por emisiones volcánicas (p.e. en el área del Lago Tanganika,
Dautria y Girod, 1987). En el caso de los rifts de tipo “pasivo”, esta etapa está
caracterizada por una fracturación difusa, frecuentemente con desarrollo de fallas de
bajo ángulo y no se presenta volcanismo asociado.
b. Etapa sin-rift
La evolución de los procesos extensivos conduce a una fracturación muy destacada de
la corteza, mediante fracturas lístricas que inicialmente suelen afectar a uno de los
bloques de corteza, con desarrollo de un semigraben, pero que posteriormente, afectan a
los bloques previos, configurando una depresión central con desarrollo en graben. La
fracturación radial que acompaña al desarrollo de un rift de tipo activo, suele tender a
concentrarse según las direcciones más favorables estructuralmente, dando origen a
puntos triples (Fig. 5.10).
En las cuencas sedimentarias formadas por mecanismos de rift, el registro sedimentario
muestra un aumento de la tasa de subsidencia durante esta etapa (McKenzie, 1978). La
etapa sin-rift presenta típicamente el desarrollo de volcanismo alcalino, que puede ir
precedido por una etapa de basaltos transicionales. En zonas concretas, en las que la
dinámica extensiva de la corteza es más importante, como por ejemplo en el norte del
rift Este africano (Etiopía), los basaltos transicionales pueden ser el tipo litológico
predominante de la etapa sin-rift (Wilson, 1989).
c. Etapa post-rift
La evolución de un rift, tras el desarrollo de la etapa sin-rift, puede conducir a dos tipos
de situaciones netamente distintas.
Continuación de la extensión y actividad magmática: esta situación se produce en
aquellas ramas de las uniones triples con una mayor actividad magmática, que va
asociada normalmente a un comportamiento más extensivo. Estas líneas pueden
continuar su evolución hacia estadios en los cuales se comienza a producir corteza
oceánica, pasando a convertirse por tanto en límites verdaderos de placa. En esta
evolución, los productos emitidos van haciéndose cada vez menos alcalinos y pasan a
tener características similares a las de los basaltos MORB.
Cese de la actividad magmática y periodo de reposo: las ramas de las uniones triples
con una menor actividad magmática y comportamiento menos extensivo, pueden quedar
abortadas, generando lo que tradicionalmente se ha denominado como aulacógeno
(Burke y Wilson, 1976). Esta situación es, por otra parte, la que se produce de modo
más común en los rift de tipo pasivo.
32
Figura 5.10: Las tres etapas clásicas en la evolución de un rift intracontinental (modificado de Burke y
Wilson, 1979).
El magmatismo en las zonas de rift continental presenta una elevada variedad de productos,
tanto intrusivos como volcánicos. Los primeros son raramente observables en las zonas de rift
activas y su estudio se puede abordar en los complejos alcalinos antiguos, expuestos por los
procesos erosivos (p.e. Oslo Graben- Noruega-, Gardar Province, -Groenlandia-, Complejo de
Abu Khruq –Egipto- ), donde se encuentran representados por afloramientos con composiciones
variadas: sienitas, sienitas feldespatoídicas (nefelínicas, sodalíticas, etc), granitos de feldespato
alcalino y una amplia variedad de foiditas (Sorensen, 1974; Faure, 2001).
33
Respecto a los productos volcánicos, cuatro líneas composicionales aparecen representadas en
las zonas de rift con actividad reciente:
Carbonatitas
Las carbonatitas son rocas carbonáticas que pueden ser divididas entre las compuestas
principalmente por calcita y aquellas compuestas principalmente por dolomita o ankerita. La
mayoría contienen óxidos como magnetita y hematita, como así también algunos minerales
silicáticos, como: monticellita, melilita, apatito y pirocloro, los cuales pueden estar en
concentraciones que pueden tener interés económico. La clasificación en carbonatitas debe
realizarse sólo cuando las rocas contienen más del 50% modal de carbonatos (Streckeisen 1979)
y pueden ser tanto plutónicas como volcánicas.
Hay tres caminos posibles para el origen de los magmas carbonatíticos: a) como producto inicial
de fusión parcial en el manto, con contenidos pequeños de minerales carbonáticos; b) como
producto final de diferenciación de fundidos silicáticos que contienen carbonatos disueltos, y c)
por inmiscibilidad líquida desde un fundido silicático homogéneo, que contiene carbonatos.
a. Los rift de baja a moderada productividad magmática (p.e. el rift del lago Baikal, el
del Rhinegraben o la rama occidental del rift este africano), caracterizados por un
volcanismo intermitente, de escaso volumen, en el que predominan las emisiones de
lavas básicas y con frecuencia, marcadamente alcalinas (nefelinitas, basanitas,
leucititas, etc). Este tipo de rifts está caracterizado por una baja tasa de extensión
litosférica.
b. Los rift de elevada productividad magmática (p.e. la rama oriental del rift este
africano), se caracterizan por un volcanismo relativamente constante en el tiempo, de
elevado volumen y alcalinidad moderada y que, como característica más significativa,
muestra una marcada bimodalidad con proporciones volumétricas similares de
composiciones ácidas y básicas (Fig. 5.11).
34
Figura 5.11: Comparación de los volúmenes relativos de rocas básicas, intermedias y ácidas emitidos en
los rift intracontinentales de baja (Rhinegraben, E.Africa(W)) y alta (E. África (W)) productividad
magmática. Modificado de Barberi et. al (1982).
Se conocen como zonas de rift fallidas a aquellas zonas de rift que no se sitúan entre dos placas
en separación. Se originan en zonas de rift entre tres placas tectónicas, dos de ellas acaban
formando un nuevo suelo oceánico en separación y la tercera termina formado la estructura
conocida en geología como aulacógeno, una fosa tectónica continental.
6.1. Introducción:
35
6.2. Geologia:
El continente africano está constituido
geológicamente por varios cratones de edad
Arcaica, separados por cinturones
orogénicos de edad Proterozoica.
El sistema de rifts desarrollado en su
extremo oriental aprovecha las zonas de
mayor debilidad de la corteza, relacionadas
con estos cinturones orogénicos (Nyblade
et al, 1996).
Desde el punto triple situado en la
conjunción del Triángulo del Afar con el
Mar Rojo y el Golfo de Adén, el rift se
continúa hacia el sur, con edades
progresivamente más modernas en igual
dirección. Cerca de la frontera sur de
Etiopía, el rift se divide en dos ramas que
bordean el Cratón Tanzano (Fig. 6.2)
I. La rama Este, que continúa hacia el
sur, terminando en una zona de
fracturación difusa; esta rama del
rift, con una amplitud de 40-80 km,
presenta una elevada productividad Figura 6.1: Mapa simplificado del rift Este
magmática y predominio de las africano. Según Kampunzu & Mohr (1991).
composiciones sódicas.
II. La rama oeste, con una menor amplitud, menor productividad y predominio de las
composiciones potásicas, se extiende más hacia el sur, dividiéndose de nuevo para
bordear el cratón de Zimbabwe.
Las rocas de la serie toleítica aparecen normalmente asociadas a rocas de tipo transicional,
respecto a las cuales son menos importantes en desarrollo volumétrico. Desde el punto de vista
de la evolución del sistema de rift, las rocas toleíticas (basaltos principalmente), aparecen en los
estadios iniciales del proceso (etapas pre-rift) o bien en etapas tardías (estadio de oceanización).
La composición de las rocas toleíticas pre-rift es similar a la de los basaltos de tipo CFB (flood
basalts) en tanto que los basaltos que aparecen en la etapa de oceanización presentan las
características propias de los basaltos MORB.
Las rocas de la serie alcalina presentan una enorme variedad litológica, que comprende desde
términos de basanitas y basaltos alcalinos con nefelina normativa (>5%) a tefritas, fonolitas y
traquitas, junto con una amplia variedad de foidolitas. De modo general son el tipo de afinidad
predominante en los productos emitidos durante la etapa sin-rift.
36
6.4. Tipos de rift intracontinentales según su tasa de emisión:
La actividad emisiva de los rift intracontinentales no es, en absoluto, homogénea, pudiendo
diferenciarse dos tipos principales (Fig. 6.3):
6.5. Composición química elemental de las rocas volcánicas del rift este africano:
La composición isotópica de Sr y Nd
de las rocas volcánicas básicas del rift
Este africano muestra una amplia
variación.
Esta distribución de los valores
isotópicos es muy similar a la
obtenida para las rocas alcalinas
intracontinentales en numerosas
regiones, de modo que podemos
considerar que las composiciones
isotópicas mostradas por las rocas
volcánicas del rift Este africano
pueden considerarse representativas
de las composiciones de este tipo de
actividad magmática.
Figura 6.4: Composición isotópica de Nd y Sr para
A modo de resumen, podemos indicar las lavas (tramas grises) y sus xenolitos (zonas
que los datos isotópicos disponibles para bordeadas por líneas de puntos) del rift Este
el rift Este africano, junto con otras zonas africano. Según Kampunzu y Mohr (1991).
de rift con actividad reciente, sugieren la
generación de los magmas alcalinos a partir de un manto heterogéneo en el que parecen estar
presentes componentes de los tipos:
38
VII. CONCLUSIONES
El fondo oceánico dio algunos de los datos que apoyan con más firmeza la teória de la
Tectónica de Placas con el soporte de la batimetría que se encargó del mapeo de la
profundidad del fondo oceánico (Topografía submarina). Asimismo, dio como resultado
a las bandas o bordes de placas para el estudio para las zonas de rift y dorsales
continentales.
39
VIII. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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