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ENSAYO

Las hormonas, como la adrenalina, el cortisol y la testosterona, influyen en el comportamiento humano, modulando la agresividad y la empatía, y su liberación puede ser promovida por diversas actividades y actitudes. El comportamiento humano es complejo y está determinado por la interacción de genes, hormonas, ambiente social y otros factores, lo que sugiere que el control sobre las hormonas es mayor de lo que se piensa. La investigación actual destaca la relación entre neurotransmisores como la serotonina y la dopamina con la agresividad, así como el papel crítico de la testosterona en la conducta agresiva, especialmente en varones.
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Las hormonas, como la adrenalina, el cortisol y la testosterona, influyen en el comportamiento humano, modulando la agresividad y la empatía, y su liberación puede ser promovida por diversas actividades y actitudes. El comportamiento humano es complejo y está determinado por la interacción de genes, hormonas, ambiente social y otros factores, lo que sugiere que el control sobre las hormonas es mayor de lo que se piensa. La investigación actual destaca la relación entre neurotransmisores como la serotonina y la dopamina con la agresividad, así como el papel crítico de la testosterona en la conducta agresiva, especialmente en varones.
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Las hormonas como la adrenalina, el cortisol o la testosterona modulan el


comportamiento e influyen en agresividad y la conducta empática, entre otras
cuestiones. Pero el margen de maniobra sobre ellas es bastante amplio: ciertas
actividades, alimentos y actitudes promueven la liberación de unas hormonas en
detrimento de otras.
El comportamiento humano es muy complejo; se construye con un conjunto de
elementos que interaccionan entre sí genes, hormonas, temperamento, ambiente
social y familiar, y el determinismo biológico ha sido descartado. Aun así, las
hormonas juegan un papel destacado que puede decantar la conducta en una
dirección o en otra. A veces son aliadas de aquello que se persigue, pero en otras
ocasiones pueden llevar a que una persona se comporte de una forma que no
entiende o cree que no puede controlar. En realidad, el margen de acción es
mayor de lo que muchas veces se piensa.
En concreto, en el equilibrio entre activación e inhibición de la agresión intervienen
distintas sustancias químicas, conocidas como neurorreguladores,
neurotransmisores y hormonas, con importantes implicaciones prácticas en el
diagnóstico y tratamiento de la violencia y de otros desordenes psíquicos. Hoy dia
se consideran los procesos fisiológicos no solo como posibles causas, sino
también como eventuales consecuencias de la conducta, en un perspectiva
multidireccional, según la cual toda pauta comportamental está modulada por más
de una sustancia química en compleja interacción mutua.
¿Conocemos ese sentimiento cuando estamos enojados, tristes, feliz o
simplemente siendo uno mismo? Es algo que todos experimentamos y para lo que
tenemos un nombre. La secreción hormonal es la forma en que el cerebro le dice
a nuestro cuerpo qué hacer con todas las hormonas que produce.
El cerebro humano es capaz de producir formas casi ilimitadas de impulsos
nerviosos. Estos impulsos nerviosos son conducidos por el SNC como actividad
eléctrica a través de un conjunto de nervios que van desde el cerebro, bajan por la
médula espinal y llegan a todas las demás partes del cuerpo.
Las hormonas tienen un profundo impacto en el cuerpo, afectando todo, desde el
estado de ánimo hasta el nivel de energía. Una nueva investigación apunta a la
influencia de las hormonas en las etapas embrionaria y postnatal de los seres
humanos. Las hormonas son muy importantes en el desarrollo de muchos
sistemas, órganos y funciones en el cuerpo. Son una clase de sustancias químicas
producidas por las glándulas endocrinas que afectan el crecimiento, el desarrollo y
la función de todas las demás células del cuerpo.
La agresión se ha relacionado con la presencia de distintos neurotransmisores,
especialmente con la Serotonina. Bajas concentraciones de este neurotransmisor
en el cerebro o una disminución de la actividad de las neuronas serotoninérgicas
parecen ser la base de los comportamientos agresivos de animales y humanos.
Recientemente se ha señalado la relación entre el incremento de la actividad del
sistema dopaminérgico y las conductas agresivas en humanos. Además de con la
Serotonina y la Dopamina, la agresividad se ha asociado al efecto de la
Adrenalina, que la mediatizaría, el GABA, que la inhibiría y de la Acetilcolina, que
parece incrementar tanto la agresión predatoria como la afectiva.
La agresión se ha relacionado con el efecto de las hormonas esteroideas,
especialmente la testosterona, la cual juega un papel crítico en la agresión
intraespecífica entre machos de diversas especies. Esto es debido a que esta
hormona está íntimamente relacionada con la reproducción y el apareamiento.
Diversos autores sostienen que, en humanos, el efecto de la testosterona sobre la
agresividad es menos clara. Sin embargo, los hallazgos que asocian la capacidad
de experimentar sentimientos agresivos con la actividad gonadal masculina
explicarían las mayores tasas de conductas agresivas y violentas en los varones.
Podemos concluir que las hormonas juega un papel fundamental en el ser humano
o cualquier otro ser viviente, y a la vez puede regular cada uno de las emociones.
Siempre tomando en cuenta el ambiente en que este se fue desenvolviendo el
sujeto, si este crece en un ambiente hostil es probable que este repita el mismo
patrón en su nuevo contorno familia.

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