Formación Profesional en Argentina: Innovación y Continuidad
Formación Profesional en Argentina: Innovación y Continuidad
Documento de trabajo
[Versión Preliminar]
Mayo, 2014
* Profesor, Cátedra Manuel Belgrano de Educación y Trabajo, Universidad Nacional de San Martín.
Versión preliminar
INDICE
Introducción……………………………………………………………………………………………………………………….. 3
1. Consideraciones iniciales………………………………………………………………………….……….......... 3
2. La formación profesional: un componente de las políticas laborales.…………………………. 6
3. La crisis 2001/2002 y el nuevo escenario de la formación profesional: ruptura y continuidad. 6
4. Innovaciones introducidas por el modelo actual.………………………………………………………… 7
a. Red de instituciones de formación continua ………………………………………………………… 7
b. Asistencia técnica…………………………………………………………………………………………………. 8
c. Gestión de calidad institucional…………………………………………………………………………….. 9
d. Formación y certificación de competencias………………………………………………………….. 9
e. La formación sectorial…………………….…………………………………………………………………….. 10
f. Plan Estratégico. Formación Continua: Innovación y Empleo Argentina 2020………. 11
5. Resultados alcanzados: 2003/2012……………………………………………………………………………… 12
6. Nuevos protagonistas participan en la formación profesional……………………………………. 13
a. Sindicatos y formación profesional….…………………………………………………………………… 14
b. Empresarios y formación profesional…………………………………………………………………… 15
c. Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI)……………………………………………..…. 16
d. Educación Agrotécnica en el medio rural………………………………………………………..…… 17
e. Las Agencias de Desarrollo Local……………………………………………………………………..….. 17
7. A modo de balance…………………………………………………………………………………………………….. 18
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Introducción
Si bien existen otros actores que desde el Estado argentino actúan en el campo de la
formación profesional, no cabe duda que el mayor protagonismo está centrado, en la
actualidad, en el MTEySS. Desde esa cartera se ha asumido, de manera explícita y operativa, el
papel de rectoría que se exige en la materia para poder abordar un asunto de esta
trascendencia y envergadura. Es así que desde ese espacio se promueven acciones
complementarias y convergentes con otros actores públicos (ministerios de industria,
agricultura, desarrollo social, educación –sobre todo a nivel de las provincias a donde se
transfirieron esas responsabilidades- ciencia y tecnología, etc.) en un abordaje de carácter
federal, territorial y sectorial (ramas de actividad económica) que, a su vez, alienta la
participación de organizaciones de trabajadores, empleadores y de las organizaciones sociales.
La revitalización de los sistemas de relaciones laborales y de los institutos del trabajo, junto
con el desarrollo de políticas activas de empleo, constituyen el marco en el que se
contextualizan las acciones de formación profesional en la Argentina. En este sentido, a lo
largo del período iniciado en 2003 se pueden reconocer dos etapas bien diferenciadas. Entre
2003 y 2007, el objetivo de las acciones en materia de formación profesional estuvo orientado
a mejorar las condiciones de inclusión social mediante políticas activas de empleo destinadas a
disminuir la desocupación y a mejorar las condiciones de empleabilidad de los trabajadores.
Desde entonces, si bien las políticas siguieron profundizando aquellas acciones, las labores
también se orientaron a generar las condiciones y capacidades institucionales para la creación
de un sistema nacional de formación profesional, teniendo en cuenta las experiencias
acumuladas en la etapa inicial: fortalecimiento y consolidación de la infraestructura
institucional; desarrollo de una infraestructura técnico-pedagógica acorde con las demandas
de los programas; la formación y el desarrollo de los equipos directivos, técnicos y docentes; la
asignación de equipamientos y promoción de mecanismos de diálogo social y la participación
de los actores del sector productivo y de las organizaciones sociales.
1. Consideraciones iniciales
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1.a. Miradas desde una óptica comparativa internacional, las tres innovaciones más
significativas que se han acuñado desde el MTEySS se relacionan con (i) el concepto que se
atribuye a la formación profesional, (ii) el papel de acompañamiento cumplido en cuanto al
desarrollo y fortalecimiento de la capacidad institucional de la oferta formativa existente y/o
de reciente creación y (iii) la concepción en el establecimiento de modalidades de actuación y
cooperación dentro del marco de otras políticas estratégicas nacionales.
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1.b.i Nuevamente ha sido el Estado argentino quien echó sobre sus hombros la
responsabilidad por conducir la formación profesional en el país. Esto significa que fue el
MTEySS quien volvió a asumir dicha responsabilidad por la materia, hasta ese momento
dispersa en multiplicidad de institucionalidades y actores. Además, se debe reconocer que el
MTEySS es el organismo que ha colocado a la formación profesional en la agenda de
prioridades estratégicas nacionales en esta etapa. Si bien es cierto que en todas las
circunstancias fueron convocados a participar todos los actores sociales involucrados en esta
empresa, no puede negarse que la iniciativa partió, una vez más, desde el Estado. En una
mirada retrospectiva, cabe recordar que así fue en 1944 cuando se creó la Comisión Nacional
de Aprendizaje y Orientación Profesional bajo la órbita de la recién creada Secretaría de
Trabajo y Previsión Social, o en 1959 cuando se puso en marcha el Consejo Nacional de
Educación Técnica en el ámbito del Ministerio de Educación y Cultura de ese entonces. O
mucho más atrás, cuando en 1899, a instancias del Poder Ejecutivo nacional, se fundó la
primera “Escuela Industrial de la Nación” especialmente destinada a formar los técnicos que se
pensaba iba a reclamar la incipiente industria manufacturera nacional.
[Link]. Cuando se considera a otros “institutos” de los sistemas de relaciones laborales, una vez
más la formación profesional se ha revelado como el espacio más innovador en cuanto a la
gestación de escenarios de diálogo social y participación de los actores. Pocos otros ámbitos
institucionalizados pueden mostrar tantas y tan diferentes modalidades perdurables donde se
establecen consensos y acuerdos entre las organizaciones de trabajadores y de empleadores;
ello si se compara con lo que acontece en estos temas entre las fórmulas consagradas en la
formación profesional con las vigentes en ámbitos como el empleo, la salud y seguridad, los
salarios, las condiciones y medio ambiente de trabajo, la productividad, la inspección del
trabajo, etc. Así a los “clásicos” ambientes de diálogo de la formación profesional y la
formación continua –nacional, provincial, territorial, sectorial- se suman en la actualidad las
nuevas fórmulas de participación que se ensayan y consagran en el campo de la evaluación y
certificación por competencias, en particular a nivel sectorial –por ramas de actividad
económica. En el marco de apoyo al diálogo social como base de las políticas de empleo y
formación continua, las políticas impulsadas por el MTEySS han permitido cubrir a cuarenta
sectores de actividad. Esas acciones se realizan al amparo de los “Consejos Sectoriales
Tripartitos de Formación Continua y Certificación de Competencias”; éstos constituyen un
buen ejemplo de diseño de nuevas institucionalidades de diálogo y construcción de consensos
entre los actores. Los Consejos son espacios interinstitucionales y sectoriales donde el Estado,
las organizaciones de trabajadores y de empleadores determinan los acuerdos y estrategias
que hacen posible la efectiva instrumentación de políticas activas de empleo, formación
continua, certificación de competencias laborales y respaldos a la inserción laboral. Desde
2008 se han constituido los siguientes consejos sectoriales tripartitos: construcción; metalurgia
y metalmecánica; software; frutícola, hortícola y olivícola; turismo y gastronomía; industria
alimenticia; panaderos, pasteleros; pizzeros; automotriz y mecánica del automotor; industria
azucarera; indumentaria y textil; plásticos; agua potable y saneamiento; apícola; cuero,
calzado y marroquinería; distribución de energía eléctrica; forestal y madera; industria
frigorífica; industria naval y servicios portuarios y marítimos; administración y comercio;
citrícola; industrias culturales; minas y canteras; servicios en casas particulares.
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Si bien es cierto que desde los años noventa la cartera educativa fue restando relevancia a su
intervención en el tema (transferencia de los centros de formación profesional a la órbita
provincial y/o local) y el ministerio de trabajo fue ocupando un lugar cada vez más destacado
(creación de la Subsecretaría de Formación Profesional), preciso es reconocer que los objetivos
esperados no se lograron concretar en esos años. Entre las principales razones que explican
esta circunstancia se encuentran los siguientes factores: (a) el proceso de desindustrialización
operado en el país no generó una demanda significativa de mano de obra calificada, por el
contrario, una parte importante de los mejores recursos humanos de las empresas (públicas y
privadas) quedaron desempleados; (b) no logró crearse una oferta capacitadora en donde
tuviese una alta incidencia el sector privado; (c) ese mercado de la capacitación fue ocupado
por empresas capacitadoras sui generis y no por la presencia de actores relevantes como son
las propias empresas del sector productivo o las cámaras que las nuclean; (d) la mayor parte
de los recursos financieros con que se contó (provenientes de la banca de desarrollo: Banco
Mundial y BID) fueron dirigidos a los programas destinados a la formación y empleo de jóvenes
y de reconversión laboral: en ambos casos los impactos alcanzados estuvieron lejos de
satisfacer las expectativas. Este conjunto de circunstancias apuntadas afectaron negativamente
la construcción de una organización de la formación profesional sobre las nuevas bases en las
que originalmente se inspiraron las autoridades laborales de esos años: una mayor vinculación
de la formación profesional con los requerimientos del mercado de trabajo.
De todas formas, algunos aportes merecen registrarse. Desde mediados de los años noventa, y
después de muchas décadas, comienza a concebirse a la formación profesional como un instituto
componente de los sistemas de relaciones laborales y, por lo tanto, se convierte en un tema de
política laboral que merece ser tratado en las diferentes instancias de negociación al amparo de
las incumbencias de la cartera respectiva. La formación profesional pasa a convertirse en uno de
los temas incluidos en la agenda de discusiones entre las organizaciones de trabajadores y
empleadores y en la mesa de negociación del salario mínimo; ello no obsta a que no se siga
reconociendo que la formación profesional contiene una impronta “educativa”, ya que los
propios programas están dirigidos a formar ciudadanos productivos.
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exigidos por el proceso de reconstrucción económica y para superar los alarmantes niveles de
exclusión social y pobreza obligaron a efectuar un rediseño del modelo y de la concepción de
la formación profesional.
Además, debe admitirse que también se asiste a una ruptura de las modalidades de actuación
que escoge la autoridad laboral para desarrollar sus nuevas estrategias en el campo de la
formación y el desarrollo de los recursos humanos del país. Tres de los elementos más
relevantes que lo singularizan serán analizados más adelante: (a) la creación de una red de
instituciones de formación continua, (b) la implementación de un mecanismo de asistencia
técnica encaminado al fortalecimiento institucional de las unidades encargadas de la ejecución
de los programas de formación profesional; y más recientemente, (c) la puesta en práctica del
primer intento habido en el país en cuanto a la sanción de un Plan Estratégico en la materia.
La Red es un conjunto de entidades que tienen como objetivo articular la demanda de los
sectores productivos con las necesidades de formación de los trabajadores, ocupados y
desocupados, teniendo en cuenta las perspectivas estratégicas de desarrollo local y/o
sectorial, optando por una estrategia de promoción y acompañamiento que posibilite
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La Red opera articulada con la Red de Oficinas de Empleo; de esa manera logran desarrollar un
trabajo conjunto que favorece los procesos de integración social de los grupos menos
favorecidos y el desarrollo de la competitividad de los sectores productivos a nivel del territorio.
La Red está integrada por más de 300 instituciones de gestión pública y privada. La
construcción de la Red es un avance relevante en materia de organización: si bien la mayoría
de esas instituciones dependen de otras autoridades, el MTEySS busca intervenir en la materia
de manera orgánica, sistemática y ordenada, de forma de generar una acumulación de
conocimientos y prácticas, difundir aprendizajes organizativos y pedagógicos, y sobre todo,
evitando superponer esfuerzos y duplicar inversiones. En última instancia, el compromiso tiene
que ver con la calidad y la pertinencia de los programas que se imparten.
b. Asistencia técnica
Varias de las labores llevadas a cabo en materia de formación profesional desde el MTEySS
muestran un auspicioso escenario donde se han experimentado, por primera vez en el país,
modalidades y concepciones de organización y gestión que las distingue, incluso, en el marco
del esfuerzo educativo nacional.
De esta forma se ratifica ese rol singular asumido por la cartera laboral: el MTEySS no opera
directamente programas de formación profesional; su actuación se dirige a promover el
desarrollo de las capacidades institucionales de centros existentes, o de aquellos cuya creación
impulsa junto con otros actores sociales (sindicatos, cámaras empresariales, organizaciones de
la sociedad civil). Y la operación tiene diversas aristas: asistencia técnica, monitoreo,
evaluación. Estas acciones están encaminadas a mejorar la calidad y la pertinencia de los
programas de formación profesional y empleo promovidos desde la propia cartera laboral.
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Desde hace más de siete años se vienen implementando acciones destinadas a lograr dos
objetivos: por un lado, instalar en la cultura institucional de las entidades y centros que
participan en la Red una actitud dirigida a asumir un compromiso con la importancia de la
gestión de la calidad; y por otro, adoptar los dispositivos, referenciales y normas de
desempeño que permitan acreditar la calidad de la gestión de esas entidades y centros. Para
contribuir a este objetivo, el MTEySS no solo brinda asistencia técnica (cursos y servicios
específicos a directivos), sino que también ha volcado aportes financieros para aquellas
entidades y centros que procuran mejorar la calidad de su gestión.
El MTEySS cuenta con el Referencial de calidad arriba aludido, donde se definen los requisitos
que deben cumplir las unidades dispuestas a someterse a este proceso. Se han establecido dos
niveles de cumplimiento; ambos fueron construidos teniendo en cuenta los ocho principios de
gestión de calidad que constituyen la base de las normas ISO 9000. Ya se encuentran
certificados casi sesenta centros e instituciones.
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La importancia de los Consejos sectoriales radica, al menos, en tres aspectos: (a) constituye un
avance en materia de institucionalización de la participación de los actores sociales –
trabajadores y empleadores- en la definición e implementación de estrategias de corto y
mediano plazo, con la asistencia del MTEySS; (b) ha servido para ordenar y articular de manera
orgánica y sistemática las tres principales líneas de intervención de la cartera laboral en la
materia: (i) Formación, mediante la definición por parte del sector económico específico de las
demandas de calificaciones de su fuerza laboral; (ii) Certificación, a través del reconocimiento
a la experiencia y capacidades de los trabajadores y las trabajadoras que lo acrediten mediante
las evaluaciones respectivas; y (iii) Fortalecimiento institucional vía la promoción del modelo
de gestión de la calidad en las instituciones capacitadora; y (c) echa las bases para conformar
las redes sectoriales de la oferta formativa en torno a ramas de actividad económica.
e. La formación sectorial
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Como se expresa más arriba, para la operación de los programas de formación profesional por
sectores económicos específicos, fueron creados los “Consejos Sectoriales de Certificación de
Competencias y Formación Profesional”; ellos se han constituido como espacios a través de los
cuales los actores representativos de un sector de actividad (trabajadores, empleadores,
MTEySS) buscan establecer consensos en torno a la certificación por competencias. En los
últimos años se han concretado un número significativo de reuniones sectoriales en ramas
como la alimentación, vitivinicultura, construcción, automotriz, software, metalmecánica,
turismo y gastronomía, forestal, indumentaria y textil, entre otros.
El Plan Estratégico constituye uno de los primeros intentos registrados en el país que busca
establecer una agenda explícita y ordenada de objetivos y metas en el campo de la formación
profesional. El mismo fue adoptado a finales de 2010; se lo entiende como un instrumento que
delimita la actuación de la formación profesional en Argentina; sus fundamentos contribuyen a
comprender los alcances conceptuales de la formación profesional asociados con las políticas
nacionales de crecimiento económico sostenido, así como con los procesos de desarrollo social
inclusivo experimentados durante la primer década del siglo XXI; se suma al compromiso
nacional de incorporar a la población económicamente activa a la sociedad del conocimiento y
a cerrar la brecha digital; el desarrollo tecnológico y el trabajo decente son las dos metas
estratégicas definidas por el MTEySS en el mencionado Plan.
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Un hecho que merece destacarse es que este Plan se vincula y articula con otros equivalentes
que se aprobaron por esa misma época; en otras palabras: no es un Plan aislado, sino
comprometido con las metas nacionales fijadas para los sectores productivos. Plan Estratégico
Industrial 2020; Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial 2010/2020; y Plan
Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación “Argentina Innovadora 2020”.
Entre mayo de 2003 y abril de 2014, las acciones de capacitación a trabajadoras y trabajadores
acumularon un total de 2.486.256, de los cuales, 1.369.463 (55%) intervinieron en cursos
de terminalidad educativa y 1.116.793 (45%) en programas de formación profesional.
En materia de formación profesional se verifica que poco menos de dos tercios del total de las
personas que participaron en dichos cursos lo hicieron en el marco de convenios sectoriales y
convenios provinciales y más del 12% mediante el Programa de Crédito Fiscal (participantes
actualmente empleados en unidades productivas). En 2013, un 20% participó en el Programa
de Jóvenes con Más y Mejor Trabajo; asimismo, un 35% de las acciones de formación continua
han operado a través de convenios sectoriales, principalmente con centros gestionados por
organizaciones sindicales y empresariales, y otro 36% mediante convenios con provincias y
municipalidades, lo que lleva implícito una fuerte apuesta por la descentralización geográfica y
el fortalecimiento de la capacidad institucional en los territorios.
La oferta de formación profesional por sectores confirma lo expuesto más arriba respecto al
decisivo papel que asumió el MTEySS en el marco de la reindustrialización del país luego de la
crisis 2001/2002. De hecho, un 41% de los programas se cumplieron en la industria
manufacturera (confección, textiles, curtiembre y artículos derivados del cuero, elaboración de
alimentos y bebidas, fabricación de metales comunes, etc.) y más del 18% se dirigió
a programas en la construcción.
En cuanto a la distribución por sexo y edad, dos son los hechos que merecen subrayarse:
en el período que se viene analizando, los hombres ocuparon un 54% de las matrículas y, por
su parte, un 40% de los participantes fueron personas de menos de 25 años (los comprendidos
entre 26 y 35 años alcanzaron un 30% adicional).
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Los datos presentados provienen del Informe Mensual. Acciones de Formación Continua (Abril, 2014) elaborado
en el marco del Plan Integral para la Promoción del Empleo por el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social,
Secretaría de Empleo, Dirección de Información Estratégica para el Empleo.
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En materia de mejora de la calidad institucional, durante los años 2005 - 2011, fueron
precalificadas bajo un referencial de calidad 897 instituciones; 139 de éstas ya han finalizado
su plan de mejora, mientras que 58 de esas entidades ya han sido certificadas por el IRAM.
Además, entre 2006 y 2014 se ha atendido la formación de casi 4000 docentes y directivos.
El país cuenta con una amplia, diversa y rica oferta de programas de formación profesional que
se impulsa desde diversos organismos del Estado argentino. Y por primera vez en su historia,
comienzan a advertirse avances importantes, aunque no plenos, de articulación y vinculación.
En ese sentido, el MTEySS ha generado encuentros, convenios y alianzas estratégicas
destinados a ir superando la dispersión de la oferta.
Otras iniciativas no menos importantes, innovadoras y de impacto, son aquellas animadas por
(a) los sindicatos, ya que éstos se han constituido en la más vasta red de centros de formación
profesional del sector industrial, manufacturero y de servicios con que se cuenta en el país; (b)
las empresas del sector automotriz y siderúrgico a través de la creación de centros
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de formación profesional y escuelas técnicas; (c) el papel que comenzó a jugar el INTI a partir
de la crisis de 2001/2002 fortaleciendo a ciertos sectores económicos (textil e indumentaria,
cuero, calzado y marroquinería, alimentación, etc.) y donde la formación profesional se
convirtió en un componente estratégico de los procesos de transferencia de tecnología a las
micro y pequeñas empresas; (d) la red de escuelas agrotécnicas de gestión pública y privada
que vienen acompañando la revolución científico tecnológica verificada en el campo argentino;
(e) las agencias de desarrollo local que han incorporado a la formación profesional como uno
de sus servicios convencionales de extensionismo industrial.
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Desde los años treinta y cuarenta del siglo veinte se verifica una preocupación de los
empresarios argentinos en materia de formación y desarrollo de los recursos humanos. La
creación de unidades de educación y capacitación en la empresa CATITA o SIAM son una
prueba de ello. A diferencia de lo que acontece con las organizaciones sindicales, son
empresas individuales las que por lo general asumen responsabilidades en la materia; pocas
cámaras cuentan con una infraestructura institucional para responder por la capacitación de su
personal y que aborde la cuestión de manera sectorial. Por citar a alguna de esas entidades
patronales cabe aludir a la Cámara Argentina de Comercio que cuenta con un área de
capacitación continua (formación profesional y capacitación) y la Federación Argentina de la
Industria Gráfica y Afines responsable por la Fundación Gutenberg donde se imparten cursos
de capacitación y carreras de nivel terciario en el campo de las artes gráficas.
Otro papel importante que juegan las empresas radica en el apoyo y sostenimiento de
escuelas técnicas y centros de formación profesional de carácter público de los polos
productivos y comunidades donde actúan; algunas cuentan con programas específicos
destinados al fortalecimiento de este tipo de establecimientos (dan apoyo financiero,
tecnológico, equipamientos, cursos de actualización para docentes y directivos).
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Además, prácticamente todas las grandes empresas, y muchas de las medianas, han
desarrollado programas de vinculación entre esas unidades productivas y escuelas técnicas y
centros de formación profesional promoviendo la realización de pasantías o adoptado
el sistema de formación dual.
A este novedoso abordaje deberían sumarse las prácticas definidas por el organismo. Por un lado,
interviene mediante una atención de carácter sectorial de sus programas de asistencia y de
formación profesional. A simple título ilustrativo pueden enumerarse los sectores del cuero,
textiles, madera y muebles, frutas y hortalizas. Por otro, la centralidad atribuida al territorio en
todas las labores generadas alrededor de las tecnologías de procesos productivos y de tecnologías
de gestión.
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Las escuelas agrotécnicas de gestión pública y privada que actúan en el medio rural han jugado
un papel clave en la formación de los trabajadores, técnicos y supervisores que ha requerido la
revolución científico-tecnológica llevada a cabo en el campo argentino. Independientemente
del juicio que pueda sostenerse acerca del modelo de producción adoptado en el país, es
preciso reconocer que las escuelas agrotécnicas han provisto de manera oportuna y eficaz los
recursos humanos requeridos por el profundo proceso de innovación y cambio tecnológico; y
ello lo efectuaron en plazos llamativamente cortos. En otras palabras, la falta de recursos
humanos calificados no se convirtió en un cuello de botella para llevar a cabo la “revolución
económica” experimentada en los últimos veinte años en la agricultura, la ganadería, la
industria y los servicios en las zonas rurales. Resulta difícil pensar en el impacto de la
biotecnología (desarrollo de semillas, por ejemplo) o la incorporación de las tecnologías de la
información (desde la trazabilidad hasta la maquinaria agrícola, pasando por la informatización
de todos los procesos productivos) sin la decisiva contribución a esos emprendimientos de las
unidades educativas que operan a lo largo y a lo ancho del país. Y preciso es subrayar que esas
Unidades educativas han actuado, las más de las veces, construyendo alianzas estratégicas con
las Estaciones Experimentales del INTA a nivel local, previendo en tiempo y forma las
demandas de empleo y las competencias laborales de la población económicamente activa,
tanto del sector agroindustrial como del agroalimentario, e incluso, de las economías
familiares. El papel innovador de sus enfoques se registra en dos dimensiones: la gestión
integral de las escuelas (la mayoría atiende los niveles de la formación profesional, la
educación media y superior no universitaria, a la vez que prestan servicios tecnológicos a las
unidades productivas) y las fórmulas de intervención técnico pedagógica adoptadas. Tres
razones explican el éxito de este decisivo aporte: (a) la vocación por la atención a las
demandas del sector productivo; (b) la participación institucionalizada y sostenida de los
actores sociales a nivel local y/o de las unidades educativas; y (c) por la incorporación de la
experimentación e innovación pedagógicas y didácticas como prácticas habituales en el
desarrollo de los procesos formativos.
Otro de los ejemplos que merecen ser evocados se relaciona con la resignificación del
concepto de formación en entornos “locales” de profunda transformación productiva,
especialmente en materia de innovación y cambio tecnológico y de provisión de servicios
tecnológicos y asistencia técnica. Así lo entiende el Ministerio de Industria que ha creado la
Red de Agencias de Desarrollo Productivo, que constituye una plataforma institucional de
gestión, información y soporte que contempla la visión local y promueve y facilita la
vinculación de las PyMES con las instituciones locales y regionales vinculadas con el sector.
Entre los servicios que se brindan desde la Red y las setenta agencias que lo integran, se
encuentra todo lo concerniente con la capacitación y la asistencia técnica.
Uno de los varios ejemplos que pueden aludirse al respecto es aquel relacionado con los
avances ocurridos en el marco del “Programa de Competitividad Territorial de la Región
Central de Santa Fe”. En este caso, se asiste a una novedosa concepción y práctica
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7. A modo de balance
Asimismo, cabe subrayar que existe una capacidad institucional amplia y variada en materia de
formación profesional a lo largo y a lo ancho de todo el país. La sistematización de procesos, la
consagración de modalidades de participación de los actores sociales, el fortalecimiento de
redes a nivel local, provincial, nacional y sectorial, la capacidad institucional instalada, los
cuadros formados, la disposición a la experimentación y la innovación, la apertura de miras
para actuar articulados con otros actores del Estado y de las organizaciones sociales, sindicales
y empresariales. En suma, se destaca la acumulación de prácticas y conocimientos que
constituyen bases sólidas para emprender una segunda etapa de transformación de la
formación profesional que lleve a alcanzar un objetivo estratégico nacional: la creación de un
sistema nacional de formación profesional. Por ello, se sugiere promover un debate amplio y
participativo en torno a una agenda que deberá incluir, entre otros tópicos, los siguientes:
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(c) La adopción de mecanismos que fortalezcan los niveles de participación de los actores
sociales a nivel nacional, sectorial, provincial y territorial;
(d) El fortalecimiento, consolidación e institucionalización de espacios de regulación en materia
de gestión de calidad, competencias, marcos nacionales de cualificación, entre otros;
(e) El fortalecimiento y desarrollo de ámbitos de apoyo institucional (asistencia técnica)
en la administración y la gestión de las entidades de capacitación del sistema,
en el establecimiento de sistemas de información, en análisis e investigación, en formación
de recursos humanos, etc;
(f) La creación de una Unidad de Prospección Tecnológica;
(g) La sanción de una Ley orgánica referida a la Formación Profesional.
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