CLAVES DEL LENGUAJE HUMANO
Capítulo 3: los sonidos de la lengua
Los sonidos constituyen primera y más evidente manifestación del lenguaje.
1. LOS SONIDOS DEL LENGUAJE
La Fonética estudia los sonidos del lenguaje en tanto que
elementos físicos, independientemente del papel que jueguen en una
lengua u otra. Utiliza métodos experimentales para describir su forma.
Por su parte, la Fonología establece las diferentes categorías en las
que esa realidad multiforme se estructura en cada sistema lingüístico: los
fonemas, unidades abstractas que pertenecen a la competencia
lingüística del sujeto y se almacenan en su mente junto con sus patrones
de funcionamiento. El español tiene 24 fonemas, mientras que el inglés tiene
45, y algunas lenguas africanas cuentan con más de 100.
2. LA FONÉTICA
La Fonética estudia los sonidos del lenguaje en tanto que
elementos físicos, independientemente del papel que jueguen en una
lengua u otra. Utiliza métodos experimentales para describir su forma. Se
puede enfocar desde tres perspectivas:
• La primera corresponde a la formación, a la génesis del sonido,
es la fase ARTICULATORIA.
• La segunda se ocupa de su transmisión, desde el momento en
que abandona los órganos articulatorios del emisor, hasta que
llega, en forma de onda sonora, al pabellón auditivo del receptor,
es la ACÚSTICA.
• La tercera, intenta descubrir qué ocurre desde que esa onda
sonora, primero en un movimiento mecánico de la cadena de
huesecillos del oído, luego en un movimiento ondulatorio en el
líquido del caracol, y llega al cerebro, es la fase PERCEPTIVA.
2.1. La Fonética Fonoarticulatoria
Esta perspectiva trata la génesis de los sonidos, donde se encuentran
los dos grandes procesos fisiológicos: la fonación y la articulación. La
primera explica cómo se produce la corriente de aire y se transforma en la
onda sonora del lenguaje. La segunda aborda las modificaciones que esa
onda sufre en su camino hacia el exterior.
2.1.1. Fonación
La Fonación explica cómo la corriente de aire procede de los pulmones,
atraviesa las cuerdas vocales y permite su vibración, generando lo que
conocemos como sonidos sonoros, frente a aquellos emitidos sin
vibración glotal, los sonidos sordos, que sólo presentan obstáculos al
aire fonador en la boca.
Las cuerdas vocales son dos pliegues mucosos, sujetos a tres cartílagos: por
delante, el tiroides, y por detrás, hacia la nuca, los dos aritenoides. En estado
de reposo están separados, dejando libre un espacio que nos permite
respirar, la glotis.
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La acción de los músculos ligados a los cartílagos produce el cierre de
las cuerdas. Pero la presión del aire procedente de los pulmones forzará
su apertura, con la consiguiente salida turbulenta del aire comprimido
tras ellas. Inmediatamente se genera un vacío en el lugar ocupado por
esas moléculas que acaban de ser liberadas, cuya consecuencia será un
nuevo cierre de las cuerdas, y así el ciclo comienza de nuevo. Todo ello
transcurre, en una voz normal masculina, unas 120 veces por segundo,
y por encima de 200 en las mujeres. Resultado es frecuencia
fundamental de la onda sonora del lenguaje.
La gran mayoría de los sonidos del lenguaje son pulmonares (utilizan la
corriente de aire procedente de los pulmones). Sin embargo, existe un
pequeño grupo no pulmonar: implosivas, eyectivas y clics o chasquidos, que
se producen creando un vacío con la lengua bastante tenso y duradero (en
muchas lenguas africanas aparecen como fonemas; en occidentales sólo
suelen ser elementos paralingüísticos con funciones expresivas, como calmar
a los bebés o llamar a los animales).
2.1.2. Articulación
Los dos resonadores fundamentales son la nariz y, sobre todo, la boca.
Ambas amplificarán ciertos componentes de la onda sonora glotal y
amortiguarán otros. Pero, además, la existencia de órganos móviles, como el
velo del paladar, la mandíbula inferior, los labios y, especialmente, la lengua,
permite cambiar las características del resonador bucal continuamente.
Los sonidos y fonemas se clasifican atendiendo tanto al lugar de la cavidad
bucal en que se articulan, como a forma en que esa articulación se produce:
Lugar de articulación: determina qué órganos se encuentran implicados en la
articulación de cada sonido.
-Bilabial: el labio superior y el inferior se acercan o unen (p, m).
-Labiodental: los incisivos superiores se apoyan en el labio inferior.
-Dental: el ápice (la punta) de la lengua aparece entre los incisivos
superiores y los inferiores (por ejemplo, en azuza).
-Alveolar: el ápice contra los alveolos, la zona de la encía donde se
implantan los dientes (n, s, l, r).
-Postalveolar: un poco más atrás, como en "show".
-Retrofleja: con el ápice a menudo ligeramente curvado hacia el paladar,
como en la "r" de algunos dialectos del inglés estadounidense.
-Palatal: con el dorso o zona media de la lengua aproximándose al
paladar duro (ñ).
-Velar: postdorso lingual hacia el paladar blando o velo del paladar (k, g).
-Uvular: en las que la parte móvil del velo y el postdorso de la lengua se
tocan (es el caso de la "r" francesa).
-Faríngeas y glotales (h): son aspiraciones que el árabe diferencia como
fonemas.
Vocales se dividen, según su lugar de articulación, en anteriores o
palatales, como i, e, centrales, como a, y posteriores o velares, o, u.
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[Link]. Modos de articulación
Describe qué tipo de movimiento se produce en los órganos articulatorios, y
cómo afecta a la corriente de aire:
-Oclusivas: cierre total, se impide por un momento la salida del aire (t).
-Nasales: aunque se cierre completamente la cavidad bucal, el aire
sigue saliendo por la nariz (n).
-Fricativas: aproximación de los articuladores, estrechamiento para la
salida del aire. La unión de una oclusión y una fricación da lugar a los
sonidos africados, como en hucha.
-Aproximantes: el cierre es menor que en las fricativas (como en haya).
-Vibrantes: contacto con cierre total pero muy breve, rapidísimo (hora).
-Laterales: el aire sale por los lados de la lengua, a pesar del contacto
en la zona central, como la l de ola.
El modo de articulación en las vocales se relaciona con su grado de
abertura: i, u, son cerradas, a abierta y entre ambas e, o.
2.2. La perspectiva acústica
2.2.1. La onda sonora del habla y su descomposición
Los sonidos del lenguaje pueden dividirse en periódicos, si se repite en el
tiempo una misma secuencia de movimientos (o de onda), o aperiódicos, si
no se aprecia esta estructura armónica. Las vocales son un ejemplo de
sonidos periódicos, mientras que la "s" puede ser muestra de aperiodicidad.
Para ir más allá en el estudio acústico, es conveniente descomponer la
onda sonora humana, que como todos los sonidos naturales es
compleja, en cada una de sus ondas simples. Para ello se empezó
utilizando una fórmula matemática, la "transformada de Fourier", que
hoy en día incorporan todos los programas de análisis y edición de voz.
En esta descomposición se observa que, en las vocales, aparecen zonas
oscuras, más intensas, estriadas, agrupadas en bandas. Son los formantes,
cuya frecuencia caracteriza el timbre vocálico. Las ondas sonoras se definen
a partir de tres parámetros:
-Amplitud: depende de cuánto se desplacen las moléculas de aire: página
93. Se mide en decibelios.
-Frecuencia: número de veces en que la onda efectúa un recorrido
completo (ciclo por unidad de tiempo). Se mide en Herzios o cliclos por
segundo. Los sonidos de menor frecuencia son los graves, los de frecuencia
mayor son los agudos.
-Duración: tiempo desde que comienza el sonido hasta que termina.
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Los sonidos que nos interesan son todos los generados por la voz humana,
son ondas compuestas. La representación más básica del sonido es la forma
de onda, podemos diferenciar entre:
-Sonidos periódicos: en los que se observa la repetición del tiempo de
una misma secuencia de movimientos.
-Los aperiódicos: que no presentan una estructura reconocible.
Las vocales son una muestra de los periódicos y las consonantes de
aperiódicos. Representación en un espectograma. (Páginas 94 y 95).
2.3. La perspectiva perceptiva
La percepción es la experiencia producida por la estimulación de
los sentidos. Cuando el sentido estimulado es el oído y el estímulo es el
habla, la experiencia producida se convierte en el objeto de estudio de la
fonética perceptiva o auditiva.
La descodificación del mensaje puede parecer una tarea sencilla, pero,
para llegar a ese punto, el oyente ha tenido que realizar las siguientes tareas:
• Segmentación: dividir el continuo fónico en unidades discretas,
desde fonemas a palabras, sintagmas, oraciones y textos.
• Normalización: eliminar las variables no relevantes de la
secuencia, como las asociadas a características individuales del
hablante, al estilo de habla, al dialecto, etc.
• Agrupación: establecer las relaciones de dependencia entre
elementos, tanto contiguos como distantes, reconstruir las
unidades léxicas y gramaticales y su jerarquía.
Dentro del nivel fónico, uno de los problemas para lograr una
interpretación correcta es la variabilidad de la señal acústica.
Los sonidos se influyen unos a otros en la secuencia fónica. Por
ejemplo, las diferencias son evidentes si el sonido es emitido por un niño o por
un anciano, o incluso si la situación de habla es cuidada y el ritmo lento o, por
el contrario, es coloquial y el ritmo rápido.
Ante esta diversidad, los hablantes cuentan con una enorme
capacidad para categorizar, para agrupar elementos en un conjunto
limitado de tipos a partir de uno o varios rasgos compartidos, ignorando
las propiedades diferentes.
Aunque la categorización es esencial, no se trata de la única capacidad
compleja que utilizamos en la descodificación. Nuestros conocimientos previos
intervienen continuamente en la interpretación de la señal de entrada al oído.
Es lo que se conoce como restauración de fonemas o suplencia mental.
Por último, el sistema lingüístico nos auxilia mediante un mecanismo de
resistencia frente a las adversidades que pueda sufrir la señal: la redundancia,
la inclusión de más señales de las estrictamente necesarias para descodificar
el mensaje.
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2.3.1. Las bases biológicas de la percepción auditiva
Se trata de determinar el proceso por el que una onda sonora se convierte en
una descarga eléctrica o química en nuestro cerebro. Así, lo que empieza
respondiendo a las leyes de la acústica, se transforma, en la cadena de
huesecillos del oído (martillo, yunque y estribo), en un movimiento mecánico,
pero en cuanto traspasa la puerta de entrada a la cóclea o caracol, se adapta
al medio líquido que puebla en su interior, volviéndose fenómeno hidráulico.
Por su parte, en la cóclea, la onda sonora es capaz de producir un chispazo
que recorrerá el nervio auditivo y las vías auditivas, para llegar a la corteza
cerebral, al área auditiva primaria, muy cercana al área de Wernicke, una
zona específica de procesamiento del lenguaje.
Con todo este mecanismo lo que se pretende es preservar y realzar las
características relevantes de la onda sonora inicial. Para conseguirlo, se irán
alternando dos funciones: la protección y la amplificación.
La oreja, pabellón auditivo o pinna, además de ayudar a la localización
de los sonidos, tiene una leve función amplificadora en frecuencias
medias y altas.
El conducto auditivo externo protege de intrusos el oído interno, gracias
a la cera, y amplifica las frecuencias centrales en unos 15dB.
El tímpano se tensa ante estímulos peligrosos, evitando riesgos a los
huesecillos, y vibra como un todo ante frecuencias graves, pero
parcialmente ante las agudas.
La cadena de huesecillos combina el efecto palanca y la diferencia de tamaño
entre el martillo y el estribo para multiplicar exponencialmente la potencia de
la señal; sin su intervención, sólo el 0,1% de la energía timpánica alcanzaría
el nervio auditivo. Cuando llega a ella un sonido grave muy intenso (85-90
dB), se desencadena reflejo acústico, que amortigua ese estímulo unos 20dB.
En la cóclea se produce un análisis de la señal: la selectividad
frecuencial. Cada zona de la cóclea responde a una determinada
frecuencia del estímulo, los sonidos agudos son procesados en la zona más
externa, y los más graves en el ápice o giro central.
A lo largo de las vías auditivas se mantiene la selectividad frecuencial, pero
además se mejora la respuesta hacia las partes dinámicas de la señal
(movimientos de los formantes, transición de unos sonidos a otros, etc.).
Por último, en el área auditiva de la corteza cerebral tienen lugar los
procesos más complejos de integración de la información y
comparación con patrones aprendidos.
Tenemos
dos orejas, dos oídos, dos conjuntos de vías auditivas y dos hemisferios
cerebrales. Mayor parte de conexiones son contralaterales, es decir, unen
oído izquierdo con hemisferio derecho, y viceversa.
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3. FONOLOGÍA
3.1. Unidades
La unidad básica de la Fonología es el fonema, también denominado
segmento, por oposición a las unidades fonológicas que caracterizan a más de
un fonema (tono, entonación y acento): los suprasegmentos.
El enorme cambio de significado que se produce ante un mínimo
cambio fónico (no es lo mismo "casa" que "masa"), nos demuestra que se
trata de fonemas de la lengua. Las palabras que se oponen en un único
fonema en una misma posición se llaman pares mínimos, y son muy
útiles en fonología.
Es importante evitar las interferencias de la escritura en el estudio de la
fonología de las lenguas. La correspondencia entre grafías y fonemas a
menudo no es biunívoca. Así, en español existe la grafía "v", pero es una
representación ortográfica del fonema "b": a un fonema le corresponden dos
grafías diferentes, b y v; otras, como "h", ningún correlato fonológico, etc.
Los fonemas son pues representaciones abstractas de los sonidos en
cada lengua. Tanto los sonidos como los fonemas pertenecen al nivel
segmental. Como unidades mayores del nivel fónico, que agrupan o
caracterizan a más de un fonema, tenemos la sílaba y los suprasegmentos
(tono, entonación, acento, ritmo, etc.). Existen también los rasgos distintivos.
(Leer página 102 y revisar cuadro completo).
3.2. Fonemas e inventarios fonológicos
Como ya se ha señalado, el fonema es la representación mental
abstracta del sonido. El fonema se diferencia del sonido en que permite
diferenciar el significado de una unidad, así, por ejemplo, /pasa/ basa/ masa/
tasa/, etc.
Existen además, variantes de los sonidos que son los denominados
alófonos. Por ejemplo, "p" y "b" son dos fonémas del español. No es lo
mismo "poca" que "boca". En cambio, el pronunciar "apto" y "absorto",
no hay diferencias entre estos fonemas. Ocurre que ambos fonemas se
neutralizan en determinada posición de la sílaba, dejan de oponerse.
Sin embargo, el proceso más afectado por el contexto es la asimilación,
en la cual un sonido adopta ciertas características de otros contiguos
(coarticulación). La asimilación puede ser progresiva, si el sonido precedente
modifica al siguiente, o regresiva, cuando sucede a la inversa. Un ejemplo claro
se encuentra en las consonantes nasales: si les sigue una consonante bilabial,
preferimos "m" ("kampo"), si es alveolar, aparecerá "n" ("kanso"), etc.
Todas estas realizaciones determinadas por el contexto y, por lo tanto,
predecibles, se denominan alófonos. Un fonema puede presentar un único
alófono, o varios ("p" española aparece como "p" en todos los contextos, tiene
sólo un alófono; "p" inglesa se realiza como "p" en sílabas átonas, como "ph"
en sílabas tónicas, etc.).
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3.3. Los procesos fonológicos
Fonología denomina procesos fonológicos a variaciones que
experimentan los segmentos cuando se realizan en habla. Occuren de
forma natural en lenguas y subyacen en muchos procesos de cambio
lingüístico. Los más frecuentes son:
• Neutralización: en determinadas posiciones silábicas varios
fonemas diferenciados funcionan de manera idéntica, así por
ejemplo: "apto y absorto" aunque son fonemas diferentes, en esta
posición sus diferencias se neutralizan. Si este fenómeno afecta a
todas posiciones silábicas, hablaríamos de "desfonologización",
es decir la pérdida total de la oposición fonológica.
• El proceso fonológico más afectado por el contexto es la
Asimilación, en la cual un sonido adopta ciertas características
de otros fonemas contiguos: (Kampo), es decir n>m.
• El fenómeno contrario es la Disimilación, un proceso por el cual
un sonido similar a otro cercano varía, se distancia o diferencia,
para aumentar las diferencias entre ambos, así, por ejemplo,
Anima>anma>alma.
4. LAS SÍLABAS
La sílaba presenta una estructura jerárquica, cuyo elemento
principal, o núcleo, es frecuentemente una vocal. Los elementos que
rodean al núcleo se conocen como márgenes silábicos (ataque u onset, y
final o coda). El conjunto de núcleo y coda se denomina rima.
Las lenguas varían mucho en cuanto al tipo de combinaciones silábicas
que admiten: en inglés podemos encontrar decenas de combinaciones; el
español admite hasta cinco sonidos en una sola sílaba (por ejemplo, "trans"),
pero tiende claramente a la estructura CV (consonante vocal), (56% de
frecuencia en lengua hablada).
También varían las lenguas en cuanto a la composición silábica de
su léxico (en español, predominan las palabras bisílabas, en inglés las
monosílabas), pero siempre sucede que las unidades más frecuentes
(artículos, pronombres, conjunciones, etc.), son las más cortas.
El orden en que aparecen las diferentes consonantes de una sílaba
compleja no es aleatorio, sino que obedece a reglas fonotácticas, de
combinación de sonidos, en función de posición en escala de sonoridad.
La sílaba tiene un papel importante en el ritmo. Según su ritmo, las
lenguas se suelen dividir entre las de ritmo silábico y las de ritmo acentual.
En las primeras (las lenguas romances, como el francés o el catalán),
las sílabas mantienen siempre la misma duración. La percepción del ritmo
vendrá determinada por este patrón. En cambio, en las lenguas de ritmo
acentual (las germánicas, pero también el ruso o el árabe), la sílaba sufre las
compresiones temporales necesarias para que sean los acentos los que se
encuentren siempre a la misma distancia (isocronía acentual).
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5. SUPRASEGMENTOS
Los suprasegmentos (entonación, acento) se denominan así porque
pueden caracterizar a más de un fonema, superponiéndose a sus rasgos
propios, y lo hacen de forma continua, no discreta.
El acento dota a ciertas sílabas de mayor intensidad, un tono más
elevado, más duración, o combinación de tres. También caracteriza a lenguas:
• Las de acento variable pueden presentar la sílaba tónica en
cualquier posición de la palabra; el acento tiene una función
distintiva, opone unidades como cántara. cantara o cantará, y las
clasifica en: agudas y oxítonas (acentuadas en la última sílaba),
graves o paroxítonas (acentuadas en la penúltima sílaba) y
esdrújulas o proparoxitonas (acentuadas en antepenúltima).
• Las de acento fijo lo presentan siempre en la misma: la primera
(checo, eslovaco, finés), la última (francés, farsi, turco), la
penúltima (polaco, galés). El acento ayuda a segmentar la cadena
fónica en unidades léxicas, tiene una función demarcativa, indica
los límites entre palabras.
Además, el acento tiene un papel muy importante de tipo expresivo, para
resaltar las partes del discurso que el hablante considera más relevantes (por
ejemplo, "ese no es un libro, es EL libro". Es la función focalizadora.
En cuanto a la entonación, es un fenómeno oracional. No existen
lenguas sin entonación. La entonación tiene tres funciones básicas en el
lenguaje: segmentar, resaltar y dar continuidad prosódica al discurso.
Las unidades de entonación más comúnmente reconocidas son el grupo
fónico (delimitado por dos pausas) y el grupo entonativo (delimitado por
inflexiones en frecuencia fundamental, o pausa por un lado e inflexión por otro).