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Victoria de San Jacinto: Héroes Nicaragüenses

La Batalla de San Jacinto ocurrió el 29 de agosto de 1856 cuando 160 patriotas nicaragüenses al mando del Coronel José Dolores Estrada defendieron con éxito la hacienda de San Jacinto de un ataque de los filibusteros estadounidenses liderados por William Walker. A pesar de varios asaltos, los patriotas rechazaron a los invasores, infligiendo numerosas bajas. Finalmente, una maniobra de flanqueo dirigida por el Capitán Cisne forzó a los filibusteros a ret

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Victoria de San Jacinto: Héroes Nicaragüenses

La Batalla de San Jacinto ocurrió el 29 de agosto de 1856 cuando 160 patriotas nicaragüenses al mando del Coronel José Dolores Estrada defendieron con éxito la hacienda de San Jacinto de un ataque de los filibusteros estadounidenses liderados por William Walker. A pesar de varios asaltos, los patriotas rechazaron a los invasores, infligiendo numerosas bajas. Finalmente, una maniobra de flanqueo dirigida por el Capitán Cisne forzó a los filibusteros a ret

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Batalla de San Jacinto

De las cuatro compañías de patriotas que se formaron en Somotillo para combatir a los filibusteros, la tercera, comandada por
el Coronel José Dolores Estrada y los Capitanes Carlos Alegría y Bartolo Sandoval, estaba destinada a encontrarse con las
primeras avanzadas de Walker. Llegó a San Jacinto el 29 de agosto de 1856, a las cinco de la tarde. Eran 160 hombres. La
casa de la hacienda era grande, de teja y con dos corredores, ubicada en el centro de un extensísimo llano.

El 11 llegó una división de 60 indios flecheros al mando del mayor Francisco Sacaza. El 13 Estrada recibió las municiones de
que disponía. La presencia de los patriotas en San Jacinto era un serio inconveniente para el abasto de víveres de los
filibusteros. El estado de los caminos hacia a éstos imposibles enviar artillería contra la casa-hacienda.

Durante dos horas los filibusteros trataron de asaltar los tres frentes siendo rechazados. Entonces los filibusteros
comprendieron que tanto los corrales de piedra como la casa hacienda eran inexpugnables de frente. Se retiraron
momentáneamente, concertaron el plan de ataque los oficiales y al grito de” ¡Hurra Walker!”, lanzaron todo el peso de las tres
columnas sobre el flanco izquierdo que era el más débil. La primera descarga patriótica los rechaza y caen muchos invasores
muertos. Pero cae también el Capitán Sacaza y el oficial Bolaños. Los nicaragüenses no tienen tiempo casi de cargar sus
lentos rifles de chispa y ven saltar sobre ellos, tiros incesantes de armas de repetición a los filibusteros.

Se lucha cuerpo a cuerpo: a bayoneta, a machete, hasta con piedras. Andrés Castro viendo un filibustero saltar una trinchera y
no teniendo cargado su rifle toma una piedra y lo mata de un certero golpe. Cae muerto el oficial Ignacio Jarquín y también el
Capitán Watkins. Retroceden los filibusteros y vuelven al instante al ataque. En la acometida Marshall, Milligan y Byron Cole
gana el corral y a gritos alientan a sus soldados para que tomen las trincheras.

El oficial Venancio Zaragoza con varios soldados, sintiéndose entre dos fuegos, salta el corral y huye. Parece ya perdido el
corral de madera y el flanco patriota izquierdo. Eran las 10 de la mañana. La derrota parecía amenazar a las tropas
nicaragüenses. Cortado en sus posiciones, se lucho cuerpo a cuerpo y los filibusteros presionando cada vez más sobre las
defensas del corral para ganar la casa. Las órdenes tenían que darse y contestarse a gritos desde la casa hasta los oficiales.
El Mayor O’neil ve que las defensas nicas están cediendo y ordena un cuarto asalto que toma el corral a costa de muchos
muertos.

Detrás de esos valientes oficiales los soldados parapetados en el corredor de la casa hacían fuego de fusilería. Entonces
agrega el General Estrada “dispuse que el Capitán Cisne, el Teniente Siero y el Oficial Fonseca saliesen a flanquear”. En
efecto salieron ocultamente por el costado sureste de la casa con tres guerrillas y entre el monte y la serranía aparecieron de
pronto a espaldas de los filibusteros que ya se creían victoriosos al grito de ¡Viva Martínez!.

Cayeron sobre los yanquis. Al interrumpir las guerrillas gritando y disparando, la yeguada y potros de la hacienda se espantó y
corrió en tropel al corral donde acostumbraba guardarse. Los filibusteros vieron caer sobre ellos a los valientes guerrilleros,
sufriendo el impacto de sus descargas y sobre eso oyeron entre el monte, el tropel de potros creyendo que a la infantería
venía agregada una furiosa tropa de caballería. Perdiendo la cabeza saltaron en retirada los corrales donde Cisne, Siero,
Fonseca y sus soldados cayeron sobre ellos a la bayoneta. De la casa se oyeron gritos de triunfo. Entonces… Los
nicaragüenses vieron que el sol iluminaba su resonante victoria sobre los invasores. Eran pasadas las 11 de la mañana. Los
ánimos enardecidos y la sangre de los caídos encendió la furia nativa. Saltaron en persecución de los filibusteros en huída,
con bayonetas y machetes, con revólveres y armas que recogían de los vencidos y con lazos los que pudieron montar a
caballo, organizaron la persecución a muerte. Al frente de los implacables perseguidores victoriosos iba el valiente y terrible
Bartolo Sandoval (alias El Loco) y el Teniente Miguel Vélez. Al filibustero que daban alcance o lo colgaban de un árbol o lo
decapitaban para economizar parque.

En San Jacinto “al invasor se le arrebató para siempre la fe en la victoria” y la estrella de Walker comenzó a declinar. El canto
patriótico de los clarines anunció la victoria, llenando de júbilo el corazón la victoria, llenando de júbilo el corazón de la patria.
San Jacinto fue el solio sobre el cual quedó asegurado el monumento de nuestra independiente.

El heroísmo nicaragüense, altivo e invencible, mantuvo a raya al invasor. La bandera de nuestra Patria nunca flameo más libre
y soberana sobre las dilatadas llanuras de San Jacinto. Estrada aumentó sus fuerzas hasta formar un batallón que llamó San
Jacinto y marchó a Masaya, a donde entró la tropa orgullosa, coronada las armas con ramas y flores, el día 6 de octubre.
Todas las fuerzas centroamericanas estacionadas en Masaya hicieron calle de honor y vitorearon con entusiasmo a sus
amigos vencedores.

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