Análisis de Hamlet: Venganza y Destrucción
Análisis de Hamlet: Venganza y Destrucción
HAMLET
PRÍNCIPE DE DINAMARCA
William Shakespeare
DRAMATIS PERSONAE
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HAMLET Literatura Universal y del Perú
ACTO PRIMERO
ESCENA PRIMERA
(Elsinor. Explanada delante del castillo)
(FRANCISCO, de centinela en su puesto. Entra BERNARDO, dirigiéndose a él)
MARCELO. ¡Oh, adiós, pundonoroso mili- BERNARDO. ¡Es la misma figura, seme-
tar! ¿Quién os ha relevado? jante al rey difunto!
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
1
Con marcial continente: con apariencia militar.
2
Calafates: carpinteros especializados en hacer herméticos los cascos de los barcos.
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HAMLET Literatura Universal y del Perú
HORACIO. ¡He aquí una pequeña mancha trompeta de la mañana, despierta al dios
para nublar los ojos del entendimiento! En del día con la alta y aguda voz de su gar-
la época más gloriosa y floreciente de ganta sonora y que a esta señal los espíri-
Roma, poco antes de sucumbir el podero- tus que vagan errantes, ya se encuentren
sísimo Julio, las tumbas quedaron vacías, en el agua o en el fuego, o en la tierra o en
y los difuntos, envueltos en sus mortajas, el aire, huyen a su región. Y de la verdad
vagaban por las calles de Roma dando ala- de esto es clara prueba lo que acabamos
ridos y confusas voces; viéronse también de ver.
raros prodigios en el cielo, como estrellas
MARCELO. ¡En efecto, desapareció al
de colas encendidas, lluvia de sangre y
cantar el gallo! Dicen que cada vez que se
maleficio en el sol; y el húmedo planeta, a
aproxima el tiempo en que se celebra el
cuya influencia está sujeto el imperio de
nacimiento de nuestro Salvador, el ave del
Neptuno, padeció eclipse, como si hubiera
alba pasa cantando la noche entera, y en-
llegado el día del Juicio final. Y estos mis-
tonces, según aseguran, ningún espíritu se
mos pronósticos de espantables sucesos,
atreve a salir de su morada. Las noches
a modo de nuncios, que preceden siempre
son saludables. Ningún planeta ejerce en-
a los hados y prólogo de calamidades in-
tonces maleficio, ni ningún hada ni hechi-
mediatas, son los que, cielo y tierra juntos,
cera tienen poder para encantar. ¡Tan
se han manifestado a nuestros climas y
sagrado y lleno de gracia es aquel tiempo!
compatriotas. (Vuelve a entrar la SOMBRA.)
Pero ¡silencio! ¡Mirad! ¡Ved dónde aparece HORACIO. Así lo tengo entendido, y en
de nuevo!... ¡He de salir al encuentro, aun- parte lo creo. Pero; ved cómo la aurora,
que me hechices! ¡Detente, fantasma! ¡Si envuelta en su manto pura, viene pisando
puedes emitir sonidos o usar de la voz, el rocío de aquella empinada colina que se
háblame! ¡Si hay alguna buena obra por ve hacia el Oriente! Rindamos nuestra
hacer, que te reporte a ti un alivio y a mí la guardia, y, siguiendo mi consejo, vayamos
gracia divina, háblame! ¡Si eres sabedor a comunicar al joven Hamlet lo que hemos
del destino que amenaza a tu país y que, visto esta noche, pues, por mi vida, ese
previéndolo, felizmente pueda evitarse, oh, espíritu, mudo para nosotros, pretende ha-
habla! O si en vida depositaste en las en- blarle. ¿Os parece bien que le informemos
trañas de la tierra tesoros mal adquiridos, de ello, como exige nuestro afecto, cum-
por cuya causa, según se dice, vosotros, pliendo nuestro deber?
los espíritus, con frecuencia vagáis erran-
MARCELO. Hagámoslo, os suplico; que yo
tes después de la muerte, ¡dímelo...! ¡De-
sé dónde podremos verle esta mañana con
tente y habla!… (Canta el gallo.) ¡Ciérrale
toda seguridad.
el paso, Marcelo!
(Salen.)
MARCELO. ¿Le doy con mi partesana?
HORACIO. ¡Dale, si no quiere detenerse!
BERNARDO. ¡Aquí está!
ESCENA II
HORACIO. ¡Aquí! (Sale la SOMBRA) SALÓN DEL TRONO
EN EL CASTILLO
MARCELO. ¡Se ha ido! ...¡Mal hemos he-
cho, con toda su majestuosidad, en ofre-
cerle demostraciones de violencia, porque (Trompetería. Entran el REY, la REINA,
es invulnerable como el aire y nuestros HAMLET, POLONIO, LAERTES, VOLTIMAND,
vanos golpes una burla cruel! CORNELIO, Señores y acompañamiento.)
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3
Endechas: canciones tristes o de lamento.
4
Himeneo: bodas.
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HAMLET. Sí, señora; es la suerte común. más inmediato a nuestro trono, y no menos
acendrado que el amor que el más tierno
REINA. Pues si lo es, ¿por qué parece que
padre siente por su hijo es el que yo os
te afecta de un modo tan particular?
profeso... En cuanto a vuestra intención de
HAMLET. ¡«Parece», señora! ¡No; es! ¡Yo volver a la Universidad de Wittenberg, nada
no sé parecer! ¡No es sólo mi negro manto, hay más opuesto a nuestros deseos, que
buena madre, ni el obligado traje de riguro- consintáis en permanecer y os suplicamos
so luto, ni los vaporosos suspiros de un aquí, bajo la alegría y deleite de nuestros
aliento ahogado, no; ni el raudal desbor- ojos, como el primero de nuestros cortesa-
dante de los ojos, ni la expresión abatida nos; sobrino e hijo nuestro.
del semblante, junto con todas las formas,
REINA. No sean vanos los ruegos de tu
modos y exteriorizaciones de dolor, lo que
madre, Hamlet. Te suplico permanezcas
pueda indicar mi estado de ánimo! ¡Todo
con nosotros; no vayas a Wittenberg.
esto es realmente apariencia, pues son
cosas que el hombre puede fingir; pero lo HAMLET. Haré cuanto esté de mi parte por
que dentro de mí siento sobrepuja a todas obedeceros, señora.
las exterioridades, que no vienen a ser sino
REY. ¡Bien, he ahí una respuesta amable y
atavíos y galas del dolor!
respetuosa! ¡Sed cual Nos mismo en Dina-
REY. Es una hermosa acción que enaltece marca! Señora, venid; esa noble y espon-
vuestros sentimientos, Hamlet, el rendir a tánea decisión de Hamlet se posa risueña
vuestro padre ese fúnebre tributo; mas no en mi corazón, en gracia de lo cual, ningún
debéis ignorar que vuestro padre perdió a alegre brindis habrá hoy en Dinamarca sin
su padre; que éste perdió también al suyo, que lo anuncie a las nubes el potente ca-
y que el superviviente queda comprometido ñón, y sin que a cada libación del rey re-
por cierto término a la obligación filial de tumben estrepitosamente los cielos, repi-
consagrarle el correspondiente dolor. Pero tiendo el trueno de la Tierra. ¡Vamos, allá!
perseverar en obstinado desconsuelo es (Trompetería. Salen todos, menos HA-
una conducta de impía terquedad; es un MLET.)
pesar indigno del hombre; muestra una
HAMLET. ¡Oh!…¡Que esta sólida, excesi-
voluntad rebelde al cielo, un corazón débil,
vamente sólida, carne pudiera derretirse,
un alma sin resignación, una inteligencia
deshacerse y disolverse en rocío! ...¡O que
limitada e inculta. Pues si sabemos que
no hubiese fijado el Eterno su ley contra el
esto ha de suceder necesariamente que es
suicidio! ...¡Oh Diosl ¡Dios! ... ¡Qué fastidio-
tan común como la cosa más vulgar de
sas, rancias, vanas e inútiles me parecen
cuantas se ofrecen a nuestros sentidos,
las prácticas todas de este mundo!... ¡Ver-
¿por qué con terca oposición hemos de
güenza de ello! ¡Ah! ¡Vergüenzal ¡Es un
tomarlo tan a pecho? Vaya, ése es un peca-
jardín de malas hierbas sin escardar, que
do contra el Cielo, una ofensa a los muer-
crece para semilla; productos de naturale-
tos, un delito contra la Naturaleza, el mayor
za grosera y amarga lo ocupan únicamen-
absurdo a la razón, cuyo tema común es la
te! ...¡Que se haya llegado a esto! ...¡Sólo
muerte de los padres, y que desde el primer
dos meses que murió! ...¡No, no tanto; ni
difunto hasta el que muere hoy no ha cesa-
dos! ¡Un rey tan excelente, que, compara-
do de exclamar: «¡Así ha de ser!» Os roga-
do con éste, era lo que Hiperión5 a un sáti-
mos, por tanto, que moderéis ese inútil
ro! ¡Tan afectuoso para con mi madre, que
desconsuelo y nos miréis como a un padre,
no hubiera permitido que las auras celes-
porque, sépalo todo el mundo, vos sois el
5
Hiperión: Personaje propio de la mitología griega. Es uno de los Titanes, hijo de Uranio y de Gea.
Casado con su hermana Tía, engendró al Sol. También se le suele denominar Hiperión, por
extensión, al mismo Sol. Etimológicamente significa “el que va por encima de la Tierra”.
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
tes rozaran con demasiada violencia su HAMLET. Por favor, no te burles de mí,
rostro! ¡Cielos y tierra! ¿Habrá que recor- condiscípulo. Yo creo que ha sido a las
darlo? ¡Cómo! ¡Ella, que se colgaba de él, bodas de mi madre.
como si su ansia de apetitos acrecentara lo
HORACIO. Verdaderamente, señor, que
que los nutría! Y, sin embargo, al cabo de
han venido poco tiempo después.
un mes... ¡no quiero pensar en ello! ¡Fragi-
lidad, tienes nombre de mujer! …¡Un mes HAMLET. ¡Economía, Horacio, economía!
apenas, antes de estropearse los zapatos Los manjares cocinados para el banquete
con que siguiera el cuerpo de mi pobre del funeral sirvieron de fiambres en la mesa
padre, como Níobe arrasada en lágrimas...; nupcial. ¡Quisiera haberme hallado en el
ella, sí, ella misma…! ¡Oh Dios, una bestia cielo con mi más entrañable enemigo an-
incapaz de raciocinio hubiera sentido un tes de haber presenciado semejante día,
dolor más duradero, casada con mi tío, con Horacio! ¡Mi padre...! ¡Me parece que veo
el hermano de mi padre, aunque no más a mi padre!...
parecido a mi padre que yo a Hércules! ...
HORACIO. ¡Oh! ¿Dónde, señor?
¡Al cabo de un mes! ...¡Aun antes que la sal
de sus pérfidas lágrimas abandonara el flu- HAMLET. ¡En los ojos de mi alma, Hora-
jo de sus irritados ojos, desposada! ¡Oh cio!
ligereza más que infame, correr con tal pre- HORACIO. Yo le vi una vez. ¡Era un gran
mura al tálamo incestuoso! ¡Esto no es rey!
bueno, ni puede acabar bien! Pero ¡rómpe-
te, corazón, pues debo refrenar la lengua! HAMLET. ¡Era un hombre, en todo y por
todo, como no espero hallar otro semejan-
(Entran HORACIO, MARCELO y BERNARDO) te!
HORACIO. ¡Salud a Vuestra Alteza! HORACIO. Señor, creo haberle visto ano-
HAMLET. Me alegro de hallaros bien... Sois che.
Horacio... o me he olvidado de mi propia HAMLET. ¿Visto? ¿A quién?
persona.
HORACIO. Al rey, vuestro padre, señor.
HORACIO. El mismo, señor y siempre
vuestro humilde criado. HAMLET. ¡Al rey, mi padre!
HAMLET. ¡Señor, mi buen amigo! Quiero HORACIO. Contened un instante vuestro
cambiar contigo este nombre. ¿Y qué te asombro y prestadme oído atento, mien-
trae de Wittenberg, –Horacio?... ¡Marcelo! tras, con el testimonio de estos caballeros,
os relato el prodigio.
MARCELO. ¡Mi querido señor!
HAMLET. ¡Por amor de Dios, que te oiga!
HAMLET. Me alegro mucho de veros. (A
BERNARDO.) ¡Buenas tardes, señor! Pero, HORACIO. Dos noches seguidas, hallán-
de verdad, Horacio, ¿qué te ha traído lejos dose de guardia estos caballeros, Marcelo
de Wittenberg? y Bernardo, en la quietud sepulcral de la
medianoche, tuvieron este encuentro. Una
HORACIO. La inclinación a la vagancia, figura idéntica a vuestro padre, perfecta-
querido señor. mente armada de punta en blanco, se les
HAMLET. No quisiera oír eso a un enemi- puso delante, y con andar solemne pasó
go tuyo, ni obligarás a mis oídos a que dis- con lentitud y majestuosidad por su lado.
culpen una confesión propia que te ofende. Tres veces le han visto desfilar ante sus
Sé que no eres dado a la vagancia. Con- ojos, atónitos y sobrecogidos de terror, a la
que, ¿cuál es tu objeto en Elsinor? ¡Te en- distancia del bastón de mando que empu-
señaremos a empinar el codo antes de que ñaba, mientras ellos, reducidos casi a ge-
partas! latina por la acción del miedo, permanecie-
ron mudos y no se atrevieron a hablarle.
HORACIO. Señor, he venido a asistir a los Esto es lo que con medroso misterio me
funerales de vuestro padre. comunicaron, y a la tercera noche hice con
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HAMLET Literatura Universal y del Perú
ellos la guardia; allí, justamente a la misma HORACIO. ¡Os habría pasmado de asom-
hora y en la misma forma que me lo indica- bro!
ron, presentóse la aparición, resultando
HAMLET. Muy probable, muy probable...
ciertas y exactas sus palabras. ¡Yo conocí
¿Permaneció mucho tiempo?
a vuestro padre! ¡No son más semejantes
estas manos! HORACIO. Mientras se cuenta sin gran
prisa hasta ciento.
HAMLET. Pero ¿en dónde fue eso?
MARCELO y BERNARDO. ¡Más, más!
MARCELO. Señor, en la explanada donde
hacíamos la guardia. HORACIO. No estuvo más cuando yo le vi.
HAMLET. ¿Y no le hablaste? HAMLET. Su barba era entrecana, ¿no?
HORACIO. Sí, señor; pero no me dio res- HORACIO. Sí, señor, como yo se la vi en
puesta alguna. Sin embargo, me pareció vida, de un gris plateado.
una vez que alzaba la cabeza y hacía un HAMLET. Haré guardia esta noche; quizá
ademán como si fuese a hablarme; pero se aparezca de nuevo.
en aquel preciso momento lanzó el gallo
matutino su voz aguda, y, a su canto, la HORACIO. De seguro.
sombra, estremecida, huyó precipitada- HAMLET. ¡Si adopta la figura de mi noble
mente y se desvaneció ante nuestra vista. padre, le hablaré, aunque el infierno abra
HAMLET. ¡Es muy extraño! rugiendo su boca y me mande callar! Os
ruego a todos que si hasta ahora habéis
HORACIO. ¡Tan cierto como vivo, mi hono- ocultado esta visión, sigáis teniéndola en el
rable señor, que ésta es la pura verdad, y mayor secreto, y cualquier cosa que esta
hemos creído de imprescindible deber el noche ocurra, lo confiéis al pensamiento,
instruirnos de ello! pero no a la lengua. Yo sabré corresponder
HAMLET. En verdad, en verdad, señores, a vuestro afecto. Conque adiós. Entre las
que esto me inquieta... ¿Estáis esta noche once y doce iré a veros a la explanada.
de guardia? TODOS. Nuestros respetos a Vuestra Alte-
MARCELO y BERNARDO. Estamos, se- za.
ñor. HAMLET. Vuestra amistad, como la mía a
HAMLET. ¿Que iba armado decís? vosotros. ¡Adiós! (Salen todos, menos
HAMLET.) ¡El espíritu de mi padre en ar-
MARCELO y BERNARDO. Armado, señor.
mas!... ¡Esto no va bien! ... ¡Sospecho al-
HAMLET. ¿De punta en blanco? guna mala pasada! …¡Quisiera que
hubiese llegado ya la noche!... ¡Hasta en-
MARCELO y BERNARDO. De pies a ca-
tonces, silencio, alma mía! ¡Los actos cri-
beza, señor.
minales surgirán a la vista de los hombres,
HAMLET. Luego no le veríais el rostro. aunque los sepulte toda la tierra! (Sale.)
HORACIO. ¡Oh, sí, señor! Traía alzada la
visera.
ESCENA III
HAMLET. Qué, ¿miraba ceñudamente?
SALA EN CASA DE POLONIO
HORACIO. Su aspecto era más bien de
tristeza que de enojo. (Entran LAERTES Y OFELIA)
HAMLET. ¿Pálido o encendido? LAERTES. Mi equipaje está ya a bordo.
Adiós, hermana, y siempre que el viento
HORACIO. No, sumamente pálido.
sea favorable y haya medio de comunica-
HAMLET. ¿Y clavó en ti los ojos? ción, no te duermas, sino hazme saber de
ti.
HORACIO. Con mucha insistencia.
OFELIA. ¿Lo dudas?
HAMLET. ¡Hubiera querido estar allí!
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
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HAMLET Literatura Universal y del Perú
OFELIA. Queda encerrado en mi memo- mía, como fuego esas ráfagas que dan
ria, tú mismo guardarás la llave. más luz que calor y que se extinguen por
completo en el instante mismo en que más
LAERTES. ¡Adiós! (Sale.)
prometen. De hoy en adelante procura ser
POLONIO. ¿Qué te decía, Ofelia? más avara de tu presencia virginal. Pon tu
coloquio a precio más alto que el que im-
OFELIA. Si gustáis saberlo, cosas referen-
plica una insinuación. En cuanto al prínci-
tes al príncipe Hamlet.
pe Hamlet, solamente creas de él que es
POLONIO. ¡Bien pensado, a fe! Me han joven y que tiene más rienda suelta para
dicho que muy a menudo y de poco tiempo andar que la que a ti te es concedida. En
a esta parte te ha dedicado algunos ratos una palabra: Ofelia, no des crédito alguno
privadamente, y que tú le has admitido con a sus juramentos, pues son mediadores,
mucha complacencia y liberalidad. Si esto no de aquel tinte que muestra su ropaje,
es así, como por vía de aviso me han ase- sino simples encubridores de galanteos
gurado, debo decirte que no tienes de ti un pecaminosos que afectan aires de piado-
concepto tan limpio como conviene a una sas beatas alcahuetas para embaucar
hija mía y a tu decoro. ¿Qué hay entre vo- mejor. Desde ahora y para siempre: no
sotros? quiero, hablando en términos claros, que
OFELIA. Desde hace algún tiempo, señor, derroches un solo momento de ocio ha-
me ha hecho mil protestas de su afección blando o conversando con el príncipe Ha-
por mí. mlet. Atiende a ello; te lo encargo. Anda a
tus ocupaciones.
POLONIO. ¡Afección! ¡Bah! Hablas como
una muchacha en ciernes, que no ha pasa- OFELIA. Os obedeceré, señor. (Salen.)
do por el tamiz de tan peligrosas circuns-
tancias. ¿Y crees tú en sus protestas, como
tú las llamas? ESCENA IV
OFELIA. No sé qué debo pensar, señor. LA EXPLANADA
POLONIO. ¡Pardiez! Pues voy a decírtelo. (Entran HAMLET Y MARCELO)
Pienso que eres una chiquilla que ha toma-
do esas «protestas» como verdadero sala- HAMLET. ¡El aire muerde furiosamente!
rio, que debió «protestarse». Hazte a ti ¡Hace mucho frío!
misma «protestas» de mayor estimación o, HORACIO. ¡Es un aire sutil y penetrante!
para no hacer estallar a la pobre frase aco-
sándola de tal modo, «protestaré de que HAMLET. ¿Qué hora es?
me tengas por un necio. HORACIO. Debe de faltar poco para las
OFELIA. Señor, me ha requerido de amo- doce.
res con aire afectuoso. MARCELO. No, las han dado ya.
POLONIO. ¡Sí, bien puedes llamarle aire a HORACIO. ¿De veras? No las he oído.
eso! ¡Quita, quita allá! Pues, entonces, se acerca el momento en
OFELIA. Y autorizó sus palabras, señor, que suele pasearse el fantasma. (Lejano
con los más sagrados juramentos del Cie- toque festivo de trompetas y una salva de
lo. artillería.) ¿Qué significa esto, señor?
POLONIO. ¡Sí, lazos para coger chochas6! HAMLET. El rey, que vela esta noche y,
Demasiado sé yo con qué prodigalidades llena su copa, celebra la orgía, y el fanfa-
presta el alma juramentos a la lengua rrón se tambalea en una danza salvaje; y
cuando hierve la sangre. No tomes, hija como apura sus tragos del Rin, el timbal y
6
Chochas: becadas, aves.
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la trompeta rebuznan el triunfo de sus brin- do de acero, vuelvas a visitar los pálidos
dis. fulgores de la luna, llenando la noche de
pavor? Y nosotros, pobres juguetes de la
HORACIO. ¿Es costumbre eso?
Naturaleza, ¿hemos de contemplar tan
HAMLET. Sí, a fe, se acostumbra. Pero, horriblemente agitado nuestro ser con pen-
aunque soy de aquí y estoy hecho a tales samientos más allá del alcance de nues-
usanzas, me parece que sería más deco- tras almas? Dime: ¿por qué todo esto? ¿A
roso quebrantar esa costumbre que seguir- qué obedece? ¿Qué debemos hacer? (La
la. Esas torpes bacanales son causa de SOMBRA hace señas a HAMLET.)
que, de Oriente hasta Occidente, nos deni-
HORACIO. ¡Os hace señas de que le
gren e insulten las naciones, nos traten de
acompañéis, como si deseara comunica-
beodos y manchen nuestra reputación con
ros algo a solas!
puercas frases. Y en verdad, esto quita de
nuestras hazañas, por brillantes que sean, MARCELO. ¡Ved con qué cortés ademán
la flor y nata de su gloria. Así suele aconte- os invita a un sitio más apartado! Pero, ¡no
cer a los individuos que tienen algún vicio- le sigáis!
so estigma natural, ya sea por nacimiento,
HORACIO. ¡No, de ninguna manera!
en lo que no son culpables, pues la Natura-
leza les impide escoger su origen, ya a HAMLET. ¡Me quiere hablar! ¡Debo, por
causa del predominio de algún instinto que tanto, acompañarle!
a menudo echa por tierra los parapetos y HORACIO. ¡No lo hagáis, señor!
valladares de la razón, o bien por un hábito
que recarga de levadura el molde de las HAMLET. Pues, ¿qué habré de temer? Yo
buenas costumbres, que estas personas, no aprecio mi vida en lo que vale un alfiler,
digo, llevando el sello de un solo defecto, y en cuanto a mi alma, ¿qué podrá hacerle,
ya sea debido a la librea de la Naturaleza, siendo, como él mismo, una cosa inmor-
o a la rueda de la Fortuna, todas sus virtu- tal?... ¡Otra vez me hace señas! ¡Le sigo!
des, aunque sean tan puras como la gracia HORACIO. Señor, ¿y si os atrae hacia las
de Dios y tan infinitas como pueda caber olas, o hacia la espantosa cumbre de esa
en el hombre, se verán menoscabadas en roca escarpada, que avanza mar adentro,
el común sentir por aquella falta particular. y asume allí alguna otra forma horrible, que
Un átomo de impureza corrompe la más pueda privaros del imperio de la razón y
noble sustancia, rebajándola al nivel de su arrastraros a la locura? ¡Pensadlo bien! ¡El
propia degradación. solo sitio, sin mediar ninguna otra causa,
(Entra la SOMBRA.) inspira ideas de desesperación al cerebro
de quien mire la enorme distancia de aque-
HORACIO. ¡Mirad, señor, ya se aparece! lla cumbre al mar y sienta bajo él su ronco
HAMLET. ¡Ángeles y ministros de piedad, bramido!
amparadnos! ¡Ya seas un espíritu bienhe- HAMLET. ¡Todavía me llama! …¡Vaya, te
chor o un genio maldito; ya te circunden sigo!
auras celestes o ráfagas infernales; sea tu
intención benéfica o malvada, te presentas MARCELO. ¡No iréis, señor!
en forma tan sugestiva, que quiero hablar- HAMLET. ¡Suelta esas manos!
te! ...¡Yo te invoco, Hamlet, rey, padre so-
berano de Dinamarca! ...¡Oh!… ¡Respon- HORACIO. ¡Sed cuerdo! ¡No vayáis!
dedme! ¡No me atormentes con la duda! HAMLET. ¡Mi destino me llama a voces y
…Antes, di: ¿por qué tus huesos benditos, vuelve la fibra más tierna de mi cuerpo, tan
sepultados en muerte, han rasgado su robusta como los nervios del león de Ne-
mortaja? ¿Por qué tu sepulcro, en el que te mea! ...¡Me llama todavía! ...¡Soltadme,
vimos quietamente depositado, ha abierto señores! ...¡Vive Dios que he de hacer otro
sus pesadas mandíbulas marmóreas para espíritu del que me detenga! ...¡Atrás, digo!
arrojarte otra vez? ¿Qué puede significar el ...Adelante! ¡Te acompaño! (Salen la SOM-
que tú cuerpo difunto, nuevamente revesti- BRA y HAMLET.)
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HAMLET Literatura Universal y del Perú
HORACIO. ¡Su imaginación le exalta! de tus cabellos como las púas del irritado
puerco espín. Pero estos misterios de la
MARCELO. ¡Sigámosle! ¡En esto no debe-
eternidad no son para oídos de carne y
mos obedecerle!
sangre…¡Atiende! ¡Atiende! ¡Oh, atiende!
HORACIO. ¡Vayamos tras él! ...¿En qué ¡Si tuviste alguna vez amor a tu querido
parará todo esto? padre…!
MARCELO. Algo hay torcido en el Estado HAMLET. ¡Oh Dios!
de Dinamarca.
SOMBRA. ¡Véngale de su infame y mons-
HORACIO. ¡Que el Cielo lo enderece! truoso asesinato!
MARCELO. ¡No, sigámosle! (Salen.) HAMLET. ¡Asesinato!
SOMBRA. ¡Asesinato infame, como es
siempre el asesinato; pero éste es el más
infame, horrendo y monstruoso!
ESCENA V HAMLET. ¡Que lo sepa enseguida, para
OTRA PARTE que, con alas tan veloces como la fantasía
o los pensamientos amorosos, vuele a la
DE LA EXPLANADA
venganza!
(Entran la SOMBRA y HAMLET.)
SOMBRA. ¡Ya veo que estás pronto, y se-
rías más insensible que la grosera hierba
que arraiga por sí sola tranquilamente a
HAMLET. ¿Adónde me llevas? ¡Habla! ¡No
orillas del Leteo, si no te conmovieras por
voy más lejos!
lo que voy a decirte! ¡Así, pues, oye, Ha-
SOMBRA. ¡Escúchame! mlet! Ha corrido la voz de que, estando en
HAMLET. ¡Te escucho! mi jardín dormido, me mordió una serpien-
te: de tal modo han sido burdamente enga-
SOMBRA. ¡Está próxima la hora en que ñados los oídos de Dinamarca con este
debo restituirme a las sulfúreas y torturan- fabuloso relato de mi fallecimiento. Pero
tes llamas! sabe tú, noble joven, que la serpiente que
HAMLET. ¡Ay pobre espectro! quitó a tu padre la vida ciñe hoy su corona.
SOMBRA. ¡No me compadezcas! Presta HAMLET. ¡Oh alma mía profética! …¡Mi tío!
sólo profunda atención a lo que voy a reve- SOMBRA. ¡Sí, ese incestuoso, esa adúlte-
larte. ra bestia, con el hechizo de su ingenio, con
HAMLET. Habla; estoy obligado a oírte. sus pérfidas mañas, ¡oh maldito ingenio y
mañas malditas, que tienen tal poder de
SOMBRA. Así lo estarás a vengarme, seducir!, rindió a su vergonzosa lascivia la
cuando sepas... voluntad de la que parecía mi muy casta
HAMLET. ¿Qué? reina! ...¡Oh Hamlet, qué caída la suya! ¡De
mí, cuyo amor fue aquella excelsitud que
SOMBRA. Yo soy el alma de tu padre, con- enlazara siempre las manos con los jura-
denada por cierto tiempo a andar errante mentos que hice en el desposorio! ¡Y reba-
de noche y a alimentar el fuego durante el jarse hasta un canalla, cuyas prendas
día, hasta que estén extinguidos y purga- naturales eran tan inferiores comparadas
dos los torpes crímenes que en vida come- con las mías! Pero así como la virtud será
tí. De no estarme prohibido descubrir los siempre incorruptible, aunque la tiente la
secretos de mi prisión, podría hacerte un lujuria bajo una forma celestial, así tam-
relato cuya más insignificante palabra ho- bién la incontinencia, aunque esté enlaza-
rrorizaría tu alma, helaría tu sangre joven, da a un radiante serafín, se hastiará en un
haría como estrellas saltar tus ojos de sus tálamo divino e irá a cebarse en la basu-
órbitas, y separaría tus compactos y enros- ra... Pero, ¡basta! Me parece sentir el aura
cados bucles, poniendo de punta cada uno matutina. Permíteme ser breve. Durmien-
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
do, pues, en mi jardín, según mi costum- que puede uno sonreír y sonreír, y ser un
bre, después del mediodía, en esta hora de bellaco! A lo menos, estoy orgulloso de que
quietud, entró tu tío furtivamente, con un ello puede suceder en Dinamarca... (Escri-
pomo de maldito zumo de beleño y en el biendo.) ¡Conque, tío, ya estás aquí! Aho-
hueco de mi oído, vertió la leprífica destila- ra, a mi consigna, que es: «¡Adiós, adiós,
ción, cuyo efecto es tan contrario a la san- acuérdate de mí!» ¡Lo he jurado!
gre humana, que, rápido como el azogue,
HORACIO y MARCELO. (Dentro.) ¡Señor,
corre por las vías naturales y conductos del
señor!
cuerpo, y con repentino vigor cuaja y corta,
como gotas ácidas vertidas en la leche, la (Entran HORACIO y MARCELO.)
sangre sana y fluida. Tal aconteció con la
MARCELO. ¡Príncipe Hamlet!
mía, y he aquí que, de improviso, una lepra
vil invadía mi carne delicada, cubriéndola HORACIO. ¡Los cielos le asistan!
por completo de una infecta costra. Así fue MARCELO. ¡Así sea!
como, estando durmiendo, perdí a la vez, a
manos de mi hermano, mi vida, mi esposa HORACIO. ¡Ahó, ohé, ohé, señor!
y mi corona; segado en plena flor de mis HAMLET. ¡Húchoho, ohé, ohé, chiquirritín!
pecados, sin viático, óleos ni preparación, ¡Ven, pajarito, ven!
mis cuentas por hacer y enviado a juicio
con todas mis imperfecciones sobre mi MARCELO. ¿Qué ha sucedido, noble se-
cabeza. ¡Oh, horrible! ¡Oh, horrible, dema- ñor?
siado horrible! ¡Si tienes corazón, no lo HORACIO. ¿Qué noticias nos dais, señor?
soportes! ¡No consientas que el tálamo real
de Dinamarca sea un lecho de lujuria y cri- HAMLET. ¡Oh, asombrosas!
minal incesto! Pero de cualquier modo que HORACIO. Decidlas, querido señor.
realices la empresa, no contamines tu es-
píritu ni dejes que tu alma intente daño al- HAMLET. ¡No, las revelaríais!
guno contra tu madre. Abandónala al Cielo HORACIO. ¡Jamás yo, señor! ¡Por el Cielol
y a aquellas espinas que anidan en su pe-
cho para herirla y punzarla. ¡Adiós de una MARCELO. ¡Ni yo, señor!
vez! Ya la luciérnaga anuncia la proximidad HAMLET. ¿Qué os parece?... ¿Hubiera
del alba y comienza a palidecer su indeciso cabido nunca en pecho humano? Pero
fulgor. ¡Adiós, adiós, adiós! ¡Acuérdate de ¿guardaréis el secreto?
mí! (Sale la SOMBRA.)
HORACIO Y MARCELO. ¡Sí, por el Cielo,
HAMLET. ¡Oh vosotras todas, legiones señor!
celestiales! ...¡Oh tierra! ¿Y qué más?,
HAMLET. ¡No habita en toda Dinamarca
¿añadiré infiernos... ¡Oh infamia! ¡Detente,
un infame... que no sea un bribón remata-
detente, corazón mío! ¡y vosotros, nervios,
do!
no caduquéis de pronto y mantenedme
enhiesto! ...¡Que me acuerde de ti!… ¡Sí, HORACIO. Para decir eso, no hace falta,
Sombra desventurada, mientras la memo- señor, que espectro alguno salga de su
ria tenga asiento en este desquiciado glo- tumba.
bo! ...¡Que me acuerde de ti! ¡Sí, borraré
HAMLET. Sí, cierto…; estás en lo cierto...
de las tabletas de mi memoria todo recuer-
Y, por tanto, sin más ceremonias, creo con-
do trivial y vano, todas las sentencias de
veniente que nos demos la mano y nos
los libros, todas las ideas, todas las impre-
marchemos; vosotros, a donde os llamen
siones pasadas, que copiaron allí la juven-
vuestros asuntos e inclinaciones… pues
tud y la observación! Y sólo tu mandato
todo el mundo tiene asuntos e inclinacio-
vivirá en el libro y volumen de mi cerebro,
nes..., sean cuales fueren; y yo, pobre de
sin mezcla de materia vil. ¡Sí, por los cie-
mí, miradlo, a rezar.
los! …¡Oh la más inicua de las mujeres!
¡Oh infame, infame; risueño y maldito infa- HORACIO. Esas no son más que unas
me!… ¡Mis tablillas! ...¡Bueno será apuntar palabras absurdas y sin sentido, señor.
91
HAMLET Literatura Universal y del Perú
HAMLET. Siento cordialmente que os ofen- HORACIO. ¡Oh luz y tinieblas!… Pero ¡esto
dan. Sí, a fe, cordialmente. es prodigiosamente extraño!
HORACIO. No hay ofensa alguna, señor. HAMLET. ¡Pues dale, por lo mismo, como
a un extraño, buen recibimiento! ¡Hay algo
HAMLET. ¡Sí, por San Patricio; la hay, Ho-
más en el cielo y en la tierra, Horacio, de lo
racio, y demasiado grande!… Respecto a
que ha soñado tu filosofía! Pero venid, ju-
esa aparición, es un espíritu vulnerable,
rad, como antes, y así el cielo os ayude,
permitid que os lo diga. En cuanto a vues-
que por muy rara y extravagante que sea
tro deseo por conocer lo que ha pasado
mi conducta, puesto que quizá en lo suce-
entre los dos, reprimidlo como podáis. Y
sivo afectar unas maneras estrafalarias,
ahora, buenos amigos, como amigos que
jurad, digo, que, al verme en semejantes
sois, condiscípulos y compañeros de ar-
casos nunca daréis a entender, cruzando
mas, hacedme un pequeño favor.
así los brazos, haciendo este movimiento
HORACIO. ¿Cuál es, señor? Lo haremos. con la cabeza o profiriendo alguna frase
HAMLET. No revelar nunca lo que habéis enigmática como: «Sí, sí, sabemos... Si
visto esta noche. quisiéramos, podríamos nosotros...», u
otras cualesquiera ambigüedades; nunca,
HORACIO y MARCELO. No lo revelare- pues, daréis a entender que sabéis algo de
mos, señor. mí. ¡Juradlo, y que la gracia y misericordia
HAMLET. Bien; pero juradlo. de Dios os asistan en vuestras tribulacio-
nes! ¡Jurad!
HORACIO. Por mi honor, señor, que nada
diré. SOMBRA. (Bajo tierra.) ¡Jurad!
92
Literatura Universal y del Perú HAMLET
REINALDO. Tal era mi intención, señor. infalible. Imputando esas leves manchas a
mi hijo, como si fuera un objeto ligeramen-
POLONIO. Bien dicho, ¡pardiez!, muy bien
te empañado por el uso, fijaos bien, si vues-
dicho. Atended, señor. Lo primero que ha-
tro interlocutor, a quien tratéis de sondear,
béis de averiguar es qué daneses hay en
está persuadido de que el joven a que alu-
París, quiénes son, cómo y dónde viven,
dís es culpable de los vicios mencionados,
con qué medios cuentan, con qué gente se
tened por seguro que convendrá con vos
tratan, qué gastos tienen; y descubriendo
en lo siguiente: «Señor mío», o cosa así; o
por tales rodeos y preguntas indirectas que
«amigo», o bien «caballero», según sea el
conocen a mi hijo, os acercáis a vuestro
estilo o tratamiento de la persona y del
objeto mucho más de lo que lograríais con
país...
vuestras investigaciones particulares. Pre-
sentaos como si le conocierais de vista, REINALDO. Perfectamente, señor.
diciendo, por ejemplo: «Conozco a su pa-
POLONIO. Y entonces, señor, si hace
dre y a unos amigos suyos, y un poco a él.»
eso… hace… ¿Qué es lo que iba a decir?
¿Lo habéis entendido, Reinaldo?
¡Por la misa! Alguna cosa iba a decir yo...
REINALDO. Sí, señor, perfectamente. ¿En qué punto quedé?
POLONIO. «Y, un poco a él, aunque, po- REINALDO. En «convendrá en lo siguien-
déis añadir, no del todo.» «Pero si es quien te»; y en «amigo mío» o «caballero», o
yo me figuro, es un gran tronera, y muy cosa así.
dado a esto o a aquello…»; y en este punto
POLONIO. En «convendrá en lo siguien-
le echáis encima cuantos infundios os plaz-
te»; sí, ¡pardiez!, convendrá con vos en
can... ¡Pardiez!, ¡nada tan ruin que pueda
esto; «conozco a ese caballero; le vi ayer o
deshonrarse! Cuidado con eso, y no paséis
el otro día, o en tal o cual ocasión, con
de aquellas locuras, calaveradas y desli-
fulano o con mengano, y, como decís, es-
ces comunes a todos, que se reconocen
taba allí jugando, allá le sorprendí en sus
como inseparables compañeros de la ju-
libaciones, acullá disputando en el tenis»;
ventud y de la libertad.
o tal vez: «le vi entrar en tal casa de trato,
REINALDO. Como el jugar, señor. un burdel, o así por el estilo.» Vedlo ahora:
con el anzuelo de vuestra mentira pescáis
POLONIO. Sí, o como el beber, batirse,
la carpa de la verdad. Y así es como noso-
jurar, pelearse, escandalizar; aquí podéis
tros, las personas de talento y alcance, con
alargaros.
rodeos y embistiendo de soslayo, por me-
REINALDO. Señor, eso podría infamarle. dios indirectos, hallamos la dirección. De
POLONIO. ¡Quia! De ningún modo, si sa- igual modo, vos, por mis prudentes conse-
béis razonar vuestras acusaciones. No va- jos e instrucciones, hallaréis la de mi hijo.
yáis a achacarle otra clase de defectos, Me habéis entendido, ¿no?
como el de que es dado a la disolución; no REINALDO. Quedo enterado, señor.
es eso lo que quiero decir, sino que tal arte
POLONIO. Pues id con Dios, y feliz viaje.
pongáis en indicar sus faltas, que no pa-
rezcan más que descarríos de la libertad, REINALDO. ¡Mi buen señor! ...
relámpagos y explosiones de un fogoso
POLONIO. Observad personalmente sus
espíritu, arrebatos de una sangre indómita,
inclinaciones.
que a todos acometen.
REINALDO. Así lo haré, señor.
REINALDO. Pero, mi buen señor...
POLONIO. Y que se expansione a sus
POLONIO. ¿Que por qué habéis de hacer
anchas.
esto?
REINALDO. Está bien, señor.
REINALDO. Sí, señor; desearía saberlo.
POLONIO. ¡Adiós! (Sale REINALDO. Entra
POLONIO. ¡Pardiez!, señor, pues ved mi
OFELIA.) ¿Qué es eso, Ofelia? ¿Qué suce-
plan, que, según creo, es una estratagema
de?
93
HAMLET Literatura Universal y del Perú
OFELIA. ¡Ay señor, señor! ¡Cuánto me he artificio para intentar perderte; pero ¡mal
asustado! hallan mis sospechas! Por el Cielo, que es
tan propio en nuestra edad excedernos en
POLONIO. ¿De qué? Habla, por Dios.
nuestros juicios como común en la juven-
OFELIA. Señor, estaba cosiendo en mi tud la falta de cordura. Ven, vamos a ver al
aposento, cuando el príncipe Hamlet se rey. Es preciso que lo sepa, pues ese amor
presenta ante mí con el jubón todo desce- puede acarrear más pesares ocultándolo
ñido, descubierta la cabeza, sucias las que rencores descubriéndolo. Vamos. (Sa-
medias, sin ligas y cayendo sobre el tobillo len.)
a modo de grilletes; pálido como su cami-
sa, chocando una con otra sus rodillas, y
con tal doliente expresión en el semblante ESCENA II
como si hubiera escapado del infierno para
contar horrores. UNA SALA DEL CASTILLO
POLONIO. ¿Estará loco de amor por ti? (Trompetería. Entran el REY, la REINA,
ROSENCRANTZ, GUILDENSTERN y acom-
OFELIA. Lo ignoro, señor; pero en verdad, pañamiento.)
le temo.
POLONIO. ¿Y qué te dijo?
REY. ¡Bienvenidos, amados Rosencrantz y
OFELIA. Me cogió de la muñeca, apretán- Guildenstern! Aparte lo mucho que ansiá-
dome fuertemente; apartóse después a la bamos veros, la necesidad que tenemos
distancia de un brazo; y con la otra mano de vuestros servicios nos ha impulsado a
puesta así sobre su frente, escudriñó con llamaros precipitadamente. Ya habréis oído
tanta atención mi rostro, como si quisiera algo de la transformación operada en Ham-
retratarlo. Permaneció así largo tiempo, let; la llamo así, toda vez que ni en lo exter-
hasta que, sacudiéndome suavemente el no ni en lo interno se parece al que antes
brazo y moviendo así tres veces, de arriba era. No imagino qué otra cosa puede ser
abajo, la cabeza, exhaló un suspiro tan pro- más que la muerte de su padre que le ha
fundo y doloroso, que parecía deshacérse- conturbado de tal modo su propio entendi-
le en pedazos todo su ser y haber llegado miento. Os ruego, pues, a ambos, ya que
al fin de su existencia. Hecho esto, me os habéis criado con él desde la más tierna
dejó; y con la cabeza vuelta atrás parecía edad, y tan afines le sois por vuestra juven-
hallar su camino sin valerse de los ojos, tud y vuestros gustos, que os dignéis per-
pues se alejó por la puerta sin servirse de manecer aquí, en la Corte, por breve
ellos, y hasta el último instante tuvo su lum- tiempo, a fin de inducirle con vuestra com-
bre fija en mí. pañía a los placeres y ver si, recogiendo
POLONIO. Vamos, ven conmigo; quiero todos los indicios que la ocasión os ofrez-
ver al rey. Esto es el verdadero delirio de ca, podéis esclarecer cuál es la causa para
amor, cuya propia violencia lo aniquila, que nosotros desconocida, que así le aflige, a
arrastra a la voluntad a empresas temera- fin de que, una vez descubierta, podamos
rias, tan a menudo como cualquiera otra remediarla.
pasión de cuantas debajo del cielo agobian REINA. Buenos caballeros, él ha hablado
a nuestra naturaleza. Lo siento. ¡Qué! ¿Le mucho de vosotros, y tengo la seguridad
has dirigido últimamente alguna palabra de que no existen dos hombres en el mun-
dura? do a quienes más estime. Si, dando prue-
OFELIA. No, mi buen señor; pero como bas de vuestra fineza y buena voluntad, os
me mandasteis, he rechazado sus cartas y fuera posible pasar algún tiempo con noso-
no le he permitido su acceso a mí. tros, para auxiliar y alentar nuestra espe-
ranza, vuestra atención recibirá la gratitud
POLONIO. Eso es lo que le ha vuelto loco.
que corresponde al reconocimiento de un
Me pesa no haberle observado con mayor
rey.
atención y sensatez. Temí fuera sólo un
94
Literatura Universal y del Perú HAMLET
ROSENCRANTZ. Vuestras Majestades tie- REINA. Temo que la principal no sea otra
nen soberana autoridad sobre nosotros que la muerte de su padre y nuestro preci-
para expresar sus respetables deseos más pitado enlace.
como mandato que como súplica.
REY. Bien; ya le sondearemos. (Vuelve a
GUILDENSTERN. Con todo, obedecere- entrar POLONIO, con VOLTIMAND Y COR-
mos ambos, y en este punto nos ofrecere- NELIO.) Bienvenidos seáis, mis buenos
mos hasta donde alcancen nuestras fuer- amigos. Dime, Voltimand: ¿qué nuevas
zas, poniendo incondicionalmente a vues- traes de nuestro hermano el rey noruego?
tros pies nuestros servicios para lo que
VOLTIMAND. Os devuelve cordialmente
gustéis mandarnos.
los más amables votos y saludos. Por pri-
REY. Gracias, Rosencrantz y noble Guil- mera providencia, dio orden de suspender
denstern. los armamentos de su sobrino, que juzga-
ba como preparativos contra los polacos;
REINA. Gracias, Guildenstern y noble Ro-
pero que tras maduro examen, echó de ver
sencrantz, y os suplico encarecidamente
que realmente iban dirigidos contra Vues-
visitéis a mi hijo, ya tan cambiado... Id algu-
tra Alteza, por lo que, indignado al ver que
nos de vosotros y acompañad a estos ca-
se abusaba así de sus achaques, de su
balleros a donde se halle Hamlet.
edad y su impotencia, manda arrestar a
GUILDENSTERN. ¡Hagan los cielos que Fortimbrás, quien se somete sin tardanza,
nuestra presencia y nuestros actos le sean recibe una reprimenda del noruego y pro-
gratos y provechosos! testa ante su tío de nunca más intentar
REINA. Sí; amén. hechos de armas contra Vuestra Majestad.
Con tal motivo, el viejo rey, poseído de jú-
(Salen ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN bilo, le ha hecho donación de tres mil coro-
con algunas personas del séquito. Entra nas de censo anual, confiriéndole amplias
POLONIO.) facultades para emplear contra los polacos
POLONIO. Mi querido señor, los embaja- las tropas que de tal manera había recluta-
dores de Noruega regresan muy complaci- do. Al mismo tiempo os hace la petición
dos. que aquí se especifica (entregándole un
pliego), de que para tal empresa tengáis a
REY. Siempre fuiste padre de faustas nue- bien concederle paso franco por vuestros
vas. dominios, bajo los requisitos de seguridad
POLONIO. ¿De veras, señor? Os aseguro, y garantía ahí mismo consignados.
mi buen soberano, que todos mis servicios, REY. Nos parece bien, y en hora más opor-
como mi alma, los consagro a Dios y a mi tuna lo leeremos, respondiendo según nos
amado rey, y, a menos que mi seso no aconseje el estudio del asunto. Entretanto,
acierte a seguir el rastro de una intriga con os damos gracias por vuestra bien desem-
la misma seguridad que de costumbre, peñada gestión. Idos a descansar; esta
creo haber descubierto la verdadera causa noche nos acompañaréis en el banquete.
de la locura de Hamlet. ¡Feliz regreso! (Salen VOLTIMAND Y COR-
REY. ¡Oh! Habla; estoy impaciente por oír- NELIO.)
la. POLONIO. Terminó satisfactoriamente el
POLONIO. Servíos antes dar audiencia a asunto, soberano mío, y vos, señora mía:
los embajadores; mis nuevas serán los discutir a fondo lo que debiera ser la Ma-
postres de este gran festín. jestad, lo que es la sumisión, por qué el día
es día, noche la noche y tiempo el tiempo,
REY. Hazles tú mismo los honores e intro- no sería más que perder la noche, el día y
dúcelos. (Sale POLONIO.) Me decía, dulce el tiempo. Así, pues, como quiera que la
soberana, que ha descubierto el origen y la brevedad es el alma del talento y la proliji-
causa de toda esa perturbación de vuestro dad sus miembros y atavíos exteriores, voy
hijo. a ser breve. Vuestro noble hijo está loco, y
95
HAMLET Literatura Universal y del Perú
le llamo loco porque, para definir la verda- REY. En el de un hombre leal y honrado.
dera locura, ¿qué otra cosa es ella sino
POLONIO. A probároslo aspiro. Mas ¿qué
estar uno sencillamente loco? Pero deje-
hubierais pensado de mí si, al ver tomar
mos eso.
vuelo este ardiente amor (como lo advertí,
REINA. Más sustancia y menos retórica. fuerza es que os lo diga, antes que mi hija
me hablara de ello); qué hubierais pensado
POLONIO. Os juro, señora, que no uso
de mí, vos, señor, o Vuestra Majestad, mi
retórica alguna. Que está loco, es cierto;
cara reina, aquí presente, si, limitándome
es cierto que es una lástima, y es una lás-
al papel de pupitre, o memorándum, o ce-
tima que sea cierto. He ahí una burda figu-
rrando, sordo y mudo, los ojos de mi cora-
ra, pero adiós con ella, porque no quiero
zón, hubiese hecho la vista gorda en
gastar retórica. Admitamos, pues, que está
semejante galanteo? No; yo fui en dere-
loco, y ahora queda por averiguar la causa
chura al asunto y amonesté así a la niña:
de ese efecto, o, mejor dicho, la causa de
«Su Alteza Hamlet es un príncipe, y está
este defecto, toda vez que este defectuoso
fuera de tu estrella; eso no puede ser»; y
efecto proviene de una causa. De modo
acto seguido le di orden terminante de que
que resta considerar lo restante. Fijaos
se negara a sus visitas, no admitiera men-
bien. Yo tengo una hija, y la tengo mientras
sajes ni aceptara presente alguno. Lo cual
fuere mía, la cual, cumpliendo con sus de-
ha cumplido, recogiendo así el fruto de mis
beres de obediencia, poned atención, me
consejos; y él, viéndose desdeñado, para
ha entregado esto. Tomad ahora nota y
abreviar la historia cayó en la melancolía,
recapacitad. (Lee.) «Al ídolo celestial de mi
luego en la inapetencia, de allí en el insom-
alma, a la archihermoseada Ofelia.» Ésta
nio, de éste en el abatimiento, más tarde
es una mala frase, una vil frase; «hermo-
en el delirio y, por esta fatal pendiente, en
seada» es una vil frase; pero vais a oír.
la locura, que ahora le hace desvariar y
Continúo. (Lee.) «En su excelso y níveo
que todos lamentamos.
seno, estas... », etcétera.
REY. ¿Pensáis que sea eso?
REINA. ¿Y recibió ella eso de Hamlet?
REINA. Puede ser, es muy probable.
POLONIO. Esperad un momento, buena
señora; leeré fielmente. (Lee.) POLONIO. ¿Ha sucedido alguna vez, me
gustaría saberlo, que yo haya dicho positi-
Duda que hay fuego en los astros;
vamente: «Esto es así», y que después
duda que se mueve el sol. resultara de otro modo?
Duda que lo falso es cierto;
REY. Nunca, que yo sepa.
mas no dudes de mi amor.
POLONIO. Pues si esto es de otro modo,
«¡Oh querida Ofelia! Mala maña me doy separad esto de esto. A poco que me ayu-
con estos versos; carezco de arte para den las circunstancias, descubriré la ver-
medir mis gemidos; pero te amo en extre- dad dondequiera que se oculte, así fuera
mo. ¡Oh, hasta el último extremo, créelo! en el centro del universo.
¡Adiós! Tuyo por siempre, dueño adorado,
en tanto esta máquina le pertenezca. Ham- REY. ¿Y cómo podríamos indagarlo a fon-
let.» do?
96
Literatura Universal y del Perú HAMLET
de que haya perdido el juicio, cese yo en HAMLET. ¡Calumnias, amigo mío! Porque
todo menester de gobierno y que me vaya el maldiciente satírico dice aquí que los vie-
a tirar del carro en una granja. jos tienen la barba gris, que sus rostros
están surcados de arrugas, sus ojos desti-
REY. Haremos la prueba.
lan espeso ámbar y goma de ciruelo y que
REINA. Pero ved al pobre infeliz aproxi- adolecen de una cuantiosa falta de juicio, a
marse, leyendo tristemente. la vez que de una gran flojera en las nal-
gas; todo lo cual, señor mío, aunque yo lo
POLONIO. Retiraos, por favor; retiraos los
crea a pie juntillas, no encuentro, sin em-
dos. Voy a abordarle ahora mismo. (Salen
bargo, decente que lo pongan así en estos
el REY y la REINA con el séquito. Entra
términos, porque vos mismo, amigo, se-
HAMLET, leyendo.) ¡Oh, perdonadme!
ríais tan viejo como yo si pudiese andar
¿Cómo está Vuestra Alteza?
hacia atrás como los cangrejos.
HAMLET. Bien, a Dios gracias.
POLONIO. (Aparte.) Aunque todo es puro
POLONIO. ¿Me conocéis, señor? delirio, no deja de haber cierta ilación en
HAMLET. Perfectamente bien. Sois un ello. ¿Queréis venir, señor, a donde no os
pescadero. dé el aire?
97
HAMLET Literatura Universal y del Perú
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
HAMLET. (Aparte.) ¡Hola! Entonces ¡no os pondiente tributo: el caballero andante luci-
quitaré ojo! (A ROSENCRANTZ y GUILDEN- rá su espada y su rodela; el galán no sus-
STERN.) Si me estimáis, no me ocultéis pirará en balde; el gracioso terminará en
nada. paz su papel; el payaso hará reír a aquellos
cuyos pulmones están que tiemblan en el
GUILDENSTERN. Señor, fuimos enviados.
disparador, y la dama nos dirá libremente
HAMLET. Voy a deciros por qué, y de este lo que piensa, o cojeará el verso blanco,
modo, anticipándome, evitaré vuestra con- por tal motivo. ¿Qué cómicos son ésos?
fesión, con lo cual no perderá ni una sola
ROSENCRANTZ. Los mismos que tanto
pluma el secreto que al rey y a la reina
solían complaceros, los trágicos de la ciu-
prometisteis. De poco tiempo a esta parte,
dad.
el porqué es lo que ignoro, he perdido com-
pletamente la alegría, he abandonado to- HAMLET. ¿Y por qué andan errantes? Más
das mis habituales ocupaciones, y, a la ventajoso les fuera, tanto para su reputa-
verdad, todo ello me pone de un humor tan ción como para su provecho, el tener resi-
sombrío, que esta admirable fábrica, la tie- dencia fija.
rra, me parece un estéril promontorio; ese
ROSENCRANTZ. Creo que encuentran
dosel magnífico de los cielos, la atmósfera,
trabas, a consecuencia de la reciente inno-
ese espléndido firmamento que allí veis
vación.
suspendido, esa majestuosa bóveda tacho-
nada de ascuas de oro, todo eso no me HAMLET. ¿Y gozan del mismo aprecio que
parece más que una hedionda y pestilente cuando yo estuve en la ciudad? ¿Son aún
aglomeración de vapores. ¡Qué obra maes- tan solicitados?
tra es el hombre! ¡Cuán noble por su ra- ROSENCRANTZ. No, verdaderamente, no
zón! ¡Cuán infinito en facultades! En su lo son.
forma y movimiento, ¡cuán expresivo y
maravilloso! En sus acciones, ¡qué pareci- HAMLET. ¿En qué consiste? ¿Se han
do a un ángel! En su inteligencia, ¡qué se- echado a perder?
mejante a un dios! ¡La maravilla del mundo! ROSENCRANTZ. No, señor; tratan de
¡El arquetipo de los seres! Y, sin embargo, agradar, como de costumbre; pero ha apa-
¿qué es para mí esa quintaesencia del recido una nidada de chiquillos, polluelos
polvo? No me deleita el hombre, no, ni la en cascarón, que se desgañitan a más no
mujer tampoco, aunque con vuestra sonri- poder, y son por ello rabiosamente aplaudi-
sa deis vos a entender que sí. dos. Ahora están de moda, y de tal suerte
ROSENCRANTZ. Señor, nada de eso te- vociferan contra los teatros vulgares, como
nía en el pensamiento. ellos los llaman, que mucha gente de es-
pada al cinto ha cobrado miedo a la crítica
HAMLET. Pues ¿de qué os reíais cuando de ciertas plumas de ganso y apenas se
he dicho «no me deleita el hombre»? atreve a poner allí los pies.
ROSENCRANTZ. De pensar, señor, que si HAMLET. ¡Cómo! ¿Son niños? ¿Y quién
no halláis deleite en el hombre, vais a dar a los mantiene? ¿Qué sueldos les dan? ¿Se-
los cómicos un recibimiento de Cuaresma7. guirán en el oficio tan sólo mientras con-
Los hemos apalabrado en el camino y se serven la voz? Y, andando el tiempo, si
dirigen aquí para ofrecernos sus servicios. llegan a ser comediantes ordinarios, como
HAMLET. El que haga de rey será bienve- es muy probable, si no mejoran de fortuna,
nido; su majestad recibirá de mí el corres- ¿no dirán que los que para ellos escriben
7
Dar a los cómicos un recibimiento de Cuaresma: en tiempo de Cuaresma estaban prohibidas las
representaciones teatrales y cualquier tipo de espectáculo, en Inglaterra, en España y en otros
paises, por ser tiempo de reflexión y de preparación para la Pascua.
99
HAMLET Literatura Universal y del Perú
les han hecho poco favor, impulsándolos a bién, un oyente a cada oreja, ese niño gran-
declamar contra su propio porvenir? dulón que veis ahí no ha salido aún de
mantillas.
ROSENCRANTZ. Lo cierto es que ha habi-
do ya muchos disgustos por ambas partes, ROSENCRANTZ. O acaso ha vuelto a
y el pueblo no ve pecado en azuzarlos a la ellas, porque, según se dice, el viejo es dos
pelea. Durante algún tiempo no se sacaba veces niño.
dinero de una pieza dramática, a no ser
que el poeta y el cómico anduvieran a pa- HAMLET. Os profetizo que viene a hablar-
los por la cuestión. me de los cómicos. Ahora veréis. (Hacien-
do una seña a sus compañeros y cambian-
HAMLET. ¿Es posible? do de tono.) Es verdad, amigo: fue el lunes
GUILDENSTERN. ¡Oh! Ya han salido mu- por la mañana; no hay duda.
chos con el cráneo roto. POLONIO. Señor, tengo noticias que anun-
HAMLET. ¿Y son los muchachos quienes ciaros.
llevan la mejor parte? HAMLET. (Imitando a POLONIO.) Señor,
ROSENCRANTZ. Sí que se la llevan, se- tengo noticias que anunciaros. (Declaman-
ñor; y a Hércules, con maza y todo. do.) Cuando Roscio era actor en Roma…
HAMLET. No es muy extraño; porque mi POLONIO. Han llegado los cómicos, se-
tío el rey de Dinamarca, y los que se hubie- ñor.
ran mofado de él mientras vivía mi padre HAMLET. ¡Bah! ¡Bah!
pagan veinte, cuarenta, cincuenta y hasta
POLONIO. Por mi honor…
cien ducados por un retrato suyo en minia-
tura. ¡Sangre de Dios! Algo se vería aquí HAMLET. (Siguiendo la declamación.) Ca-
que pasa de natural, si la filosofía se metie- da actor llegó entonces montado en su
ra a dilucidarlo. (Suenan trompetas den- borrico...
tro.)
POLONIO. Son los mejores cómicos del
GUILDENSTERN. ¡Ya están ahí los cómi- mundo, tanto en lo trágico como en lo có-
cos! mico; en lo histórico como en lo pastoral;
en lo pastoral-cómico como en lo histórico-
HAMLET. Caballeros, sed bien venidos a pastoral; en lo trágico-cómico-histórico-
Elsinor. Vengan, pues, esas manos. Com- pastoral, escena indivisible o poema limita-
pañeras de una buena acogida son la cor- do; para ellos, ni Séneca es demasiado
tesía y la etiqueta. Permitidme que cumpla profundo ni Plauto demasiado ligero. Sea
con vosotros de esta forma, no sea que para recitar ateniéndose a las reglas del
mis intenciones para con los cómicos, que, arte o para la libre improvisación, son los
como os he dicho, revestirán desusada únicos del mundo.
ostentación, parezcan sobrepujar a las que
a vosotros os dispenso. Sed, pues, bien HAMLET. (Declamando.) ¡Oh Jefté, juez de
venidos; pero mi tío-padre y mi tía-madre Israel, qué tesoro poseías!
se equivocan. POLONIO. ¿Qué tesoro poseía, señor?
GUILDENSTERN. ¿En qué, mi querido HAMLET. Pues tan sólo una bella hija, a
señor? quien amaba en extremo.
HAMLET. Yo sólo estoy loco con el Norno- POLONIO. (Aparte) ¡Siempre con mi hija!
reste; cuando el viento es del Mediodía, sé
discernir un halcón de una garza. HAMLET. ¿No tengo razón, viejo Jefté?
100
Literatura Universal y del Perú HAMLET
POLONIO. ¿Qué sigue entonces, señor? es la relación que hace Eneas a Dido, y
especialmente el pasaje en que aquél ha-
HAMLET. Pues
bla del asesinato de Príamo. Si está fresco
Que, como en mala hora, en tu memoria empieza por este verso.
Dios no ignora Espera, a ver; espera a ver:
Y luego, ya sabéis, El feroz Pirro, como la fiera Hircania...
Vino ello a suceder, No, no es así; empieza con «Pirro». «El
como era de temer… feroz Pirro, aquel cuyas sables armas, ne-
gras como su intento, semejaban la noche
La primera estrofa de esta piadosa canción
cuando yacía tendido en el fatal corcel,
os enseñará algo más, porque mirad, ahí
muestra ahora su horrenda y tenebrosa fi-
vienen los encargados de hacerme breve.
gura manchada de un blasón aún más fatí-
(Entran cuatro o cinco cómicos.) ¡Bien ve-
dico. De pies a cabeza, todo él es gules;
nidos, señores! ¡Bien venidos todos! (A uno
teñido horriblemente con sangre de padres,
de ellos.) Mucho me alegro de hallarte bien.
madres, hijas e hijos, tostada y endurecida
(A todos.) ¡Bien venidos, buenos amigos!
por las hogueras de las calles incendiadas,
(A otro.) ¡Oh mi antiguo camarada! Tu ros-
que difunden una saIvaje y diabólica luz a
tro se ha franjeado de pelo desde la última
la matanza de su señor. Ardiendo en cólera
vez que te vi. ¿Vienes a subírteme a las
y fuego y así embadurnado de sangre coa-
barbas en Dinamarca? (A otro.) ¡Hola, se-
gulada, con unos ojos como carbúnculos,
ñorita y dueño mío! Por María Santísima,
el infernal Pirro corre en busca del anciano
que vuesa merced está más cerca del cielo
Príamo.»
que cuando os vi últimamente por todo lo
alto del chapín. ¡Dios quiera que no vaya a Sigue ahora tú.
cascarse vuestra voz como una pieza de
POLONIO. ¡Voto a Dios, señor, bien decla-
oro fuera de curso por estar rajada hasta el
mado, con buen acento y excelente expre-
centro del anillo! ¡Maestros, sed todos bien
sión!
venidos! ¡Manos a la obra enseguida!
Como los halconeros franceses, ¡a volar CÓMICO 1º. «Al instante le encuentra
tras lo primero que se vea! ¡Venga al ins- asestando a los griegos muy débiles gol-
tante una tirada! Vaya, dadnos una mues- pes; su vieja espada, rebelde al brazo, que-
tra de vuestro arte, vamos, un trozo da inerte allí donde cae, desobediente al
apasionado. mandato. ¡En desigual contienda, arrójase
Pirro sobre Príamo; ciego de rabia, hiere
CÓMICO 1º. ¿Qué trozo queréis, señor?
inútilmente; pero al solo zumbido de su
HAMLET. Te oí recitar en cierta ocasión un cruel acero cae redondo por tierra el ener-
paso, que nunca ha sido puesto en esce- vado anciano! ¡Entonces, al insensible
na, o, si lo fue, no ha debido de pasar de Ilíón, como si le conmoviera ese golpe,
una vez, porque recuerdo que la pieza no dobla sobre sus llameantes almenas y te-
gustó a la multitud: era caviar para el vulgo; chumbres, y se desploma con tan horrible
pero en mi opinión, y en la de otros, cuyo estrépito, que embarga el oído de Pirro!
juicio en tales materias está muy por enci- Porque, ¡ved!, su espada, que ya caía so-
ma del mío, era una obra excelente, bien bre la láctea cabeza del venerable Príamo,
trazada en sus escenas y escrita con tanta parece estar clavada en el aire. Así, como
sobriedad como ingenio. Se me hace a la la imagen de un tirano, permanece Pirro, y
memoria que alguien dijo que no había en cual si se hallara indiferente a su intención
los versos la sal necesaria para sazonar el y a su tarea, se mantiene quieto. Pero de
asunto, ni enjundia en la frase que pudiera igual modo que vemos con frecuencia, an-
tildar de afectado al autor; pero reconocía tes de la tempestad que reina en el cielo,
hallarse compuesta siguiendo decoroso una calma silenciosa, las densas nubes
método, tan robusta como atildada, aun- permanecen inmóviles, los raudos aquilo-
que mucho más linda que brillante. Hay en nes sin voz, y abajo la tierra, muda como la
ella, un trozo que me gustó sobre manera; muerte cuando de pronto estalla el espan-
101
HAMLET Literatura Universal y del Perú
toso trueno rasgando la región del aire, así POLONIO. ¡Ved! ¿Pues no se ha demuda-
también, tras la pausa de Pirro, despierta do su color y no le apunta el llanto en los
en él de nuevo la venganza e impúlsale a la ojos? Por favor, basta ya.
acción. ¡Y jamás cayeron más despiada-
HAMLET. Está bien. Ya te haré recitar lue-
damente los martillos de los cíclopes sobre
go lo que resta. (A POLONIO.) Mi buen
la armadura de Marte, forjada a prueba
amigo, cuidaréis de que los cómicos estén
eterna, como la sangrienta espada de Pirro
bien atendidos. ¿Oís? Haced que los tra-
cae ahora sobre Príamo! ¡Aparta, aparta
ten con esmero, porque ellos son el com-
tú, Fortuna, meretriz! ¡Vosotros todos, dio-
pendio y breve crónica de los tiempos. Más
ses, en general cabildo congregados, arre-
os valdría un mal epitafio para después de
batadle su poder, romped todos los rayos y
muerto que sus maliciosos epítetos duran-
pinas de su rueda, y despeñad por la mon-
te vuestra vida.
taña del cielo el redondo cubo, para que
vaya a hundirse en el abismo con los de- POLONIO. Señor, los trataré conforme a
monios!» sus merecimientos.
POLONIO. Eso es demasiado largo. HAMLET. ¡Cuerpo de Dios! Mucho mejor,
hombre. Dado a cada uno el trato que se
HAMLET. Ya irá a la barbería con vuestras
merece, ¿y quien escapará de una paliza?
barbas. Prosigue, te ruego. A éste sólo le
Tratadlos según vuestro propio honor y dig-
gusta una giga8 o chascarrillo del lupanar;
nidad; y así, cuanto menos lo merezcan,
si no, se duerme. Continúa: vengamos a
tanto mayor mérito habrá en vuestra lar-
Hécuba.
gueza. Acompañadlos.
CÓMICO 1º. «Pero aquel que, ¡oh!, aquel
POLONIO. ¡Venid, señores!
que hubiera visto la reina arrebujada...»
HAMLET. Seguidle, amigos. ¡Mañana ten-
HAMLET. ¡La reina arrebujada!
dremos función! (Sale POLONIO con todos
POLONIO. Está bien: «Reina arrebujada»; los Cómicos, excepto el primero. Al CÓMI-
está bien. CO 1.º) Oye, viejo amigo: ¿no podríais re-
presentar El asesinato de Gonzago?
CÓMICO 1º. «... corre a pie descalzo de un
lado a otro, amenazando sofocar las lla- CÓMICO 1º. Sí, señor.
mas con su ciego llanto, cubierta con un
HAMLET. Pues se representará mañana
trapo la cabeza donde antes brillaba la dia-
por la noche. ¿Y podríais, si menester fue-
dema, y por todo vestido en torno de sus
ra, estudiar un parlamento dé unos doce o
flancos, lacios de tanta fecundidad, una
dieciséis versos que yo escribiría e interca-
manta arrebatada en el tumulto del terror:
laría en la pieza, no es verdad?
quien esto presenciara con la lengua em-
papada de veneno hubiera clamado trai- CÓMICO 1º. Sí, señor.
ción contra el poder de la Fortuna. Pero, de HAMLET. Muy bien. Vete con aquel señor,
haberla visto entonces los mismos núme- y cuidado con burlarte de él. (Sale el CÓMI-
nes, cuando ella contempló a Pirro gozán- CO 1º. A ROSENCRANTZ,Y GUILDENS-
dose cruelmente en triturar con su acero TERN.) Mis buenos amigos, voy a dejaros
los miembros de su esposo, la repentina hasta la noche. ¡Sed bienvenidos a Elsinor!
explosión de alaridos en que prorrumpió, a
menos que las cosas terrenales no les ROSENCRANTZ. (Haciendo una reveren-
afecten en absoluto, ¡hubiera enternecido cia.) ¡Mi buen señor!
a los dioses y arrancado lágrimas a los HAMLET. Está bien, sí; quedad con Dios.
ardientes ojos del cielo!» (Salen ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.)
8
Giga: baile popular de ritmo acelerado.
102
Literatura Universal y del Perú HAMLET
Ya estoy solo. ¡Oh, qué miserable soy, qué gua, puede hablar por los medios más pro-
parecido a un siervo de la plebe! ¿No es digiosos. Voy a hacer que esos cómicos
tremendo que ese cómico, no más que en representen delante de mi tío algo pareci-
ficción pura, en sueño de pasión, pueda do al asesinato de mi padre. Observaré su
subyugar así su alma a su propio antojo, semblante, le sondaré hasta la medula, y
hasta el punto de que por la acción de ella por poco que se altere, sé lo que me toca
palidezca su rostro, salten lágrimas de sus hacer. El espíritu que he visto bien podría
ojos, altere la angustia de su semblantes ser el diablo, pues que al diablo le es dado
se le corte la voz, y su naturaleza entera se presentarse en forma grata. ¡Sí!; ¿y quién
adapte en su exterior a su pensamiento?… sabe si, valiéndose de mi debilidad y mi
¡Y todo por nada! ¡Por Hécuba! ¿Y qué es melancolía, ya que él ejerce tanto poder
Hécuba para él, o él para Hécuba, que así sobre semejante estado de ánimo, me en-
tenga que llorar sus infortunios? ¿Qué ha- gaña para condenarme? Quiero tener prue-
ría él si tuviese los motivos e impulsos de bas más seguras. ¡El drama es el lazo en
dolor que yo tengo? Inundaría de lágrimas que cogeré la conciencia del rey! (Sale.)
el teatro, desgarrando los oídos del público
con horribles imprecaciones; volvería loco
al culpable y aterraría al inocente; confun- ACTO TERCERO
diría al ignorante y asombraría, sin duda,
las facultades mismas de nuestro ver y oír. ESCENA PRIMERA
Y, sin embargo, yo, insensible y torpe, ca-
SALA EN EL CASTILLO
nalla, me quedo hecho un Juan Lanas, in-
diferente a mi propia causa, y no sé qué (Entran el REY, la REINA, POLONIO,
decir, no, ni aun en favor de un rey sobre OFELIA, ROSENCRANTZ
cuyos bienes y vida apreciadísima cayó Y GUILDENSTERN.)
una destrucción criminal ¿Seré un cobar-
de? ¿No habrá quien me tache de villano,
rompa por medio mi cabeza, me arranque REY. (A ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.)
las barbas y me las sople al rostro, me a ¿Y no podéis mediante algún subterfugio,
arre por la nariz y me arroje el mentís por el arrancarle el motivo de ese trastorno, que
gaznate hasta los mismos pulmones? ¿No turba tan cruelmente la paz de su existen-
habrá quien lo haga? ¡Ah! ¡Vive Dios! ¡Ten- cia con esa alborotada y peligrosa locura?
dré que soportarlo, porque, a menos de ROSENCRANTZ. Él mismo confiesa que
tener el hígado de paloma, sin una gota de se siente turbado; pero de ningún modo
hiel que me amargue, tiempo ha que hu- quiere hablar sobre la causa de ello.
biera cebado todos los milanos del cielo
con entrañas de ese miserable! ¡Sanguina- GUILDENSTERN. Tampoco le hallamos
rio y lascivo granuja! ¡Inhumano, traidor, decidido a dejarse sondear, pues con hábi-
impúdico y desnaturalizado asesino! ¡Oh! les salidas de tono se nos escapa, no bien
¡Venganza! Pero, ¡qué bruto soy! He aquí pretendemos sacarle alguna confesión
lo más duro; que yo, hijo de un querido acerca de su verdadero estado.
padre asesinado, incitado por él y por la REINA. ¿Y os recibió amablemente?
tierra a su venganza, deba, como una pros-
tituta, desahogar con palabras mi corazón ROSENCRANTZ. Como cumplido caballe-
y desatarme en maldiciones como una mu- ro.
jerzuela, como una fregona. ¡Oh vergüen- GUILDENSTERN. Pero violentando mucho
za! ¡Puaf! ¡Arriba, cerebro!... ¡Hum!... He su ánimo.
oído contar que personas delincuentes,
asistiendo a un espectáculo teatral, se han ROSENCRANTZ. Avaro en preguntar, pero
sentido a veces tan profundamente impre- sumamente pródigo en responder a nues-
sionadas por el solo hechizo de la escena, tras preguntas.
que en el acto han revelado sus delitos; REINA. ¿Le tanteasteis invitándole a algu-
porque aunque el homicidio no tenga len- na diversión?
103
HAMLET Literatura Universal y del Perú
ROSENCRANTZ. Señora, quiso el azar REY. (Aparte.) ¡Oh, demasiado cierto! ¡Qué
que nos topáramos en el camino a ciertos duro latigazo dan a mi conciencia estas
comediantes; le hablamos de ellos, y al palabras! No es más repugnante el rostro
oírlo pareció sentir una especie de alegría. de una meretriz bajo el tinte seductor de
Están aquí en la Corte y, según creo, tie- los afeites que mi acción bajo mis pulcras
nen ya orden de representar esta noche frases. ¡Oh carga abrumadora!
ante el príncipe.
POLONIO. Oigo que viene. Retirémonos,
POLONIO. Efectivamente; y me ha pedido señor. (Salen el REY y POLONIO. Entra
que invitara a Vuestras Majestades a ver y HAMLET.)
a oír la pieza.
HAMLET. ¡Ser o no ser: he ahí la cuestión!
REY. Con toda mi alma, y celebro mucho ¿Oué es más elevado para el espíritu: su-
hallarle en tal disposición. Aguijoneadle de frir los golpes y dardos de la insultante
nuevo, amigos míos, e inclinad su ánimo a Fortuna, o tomar las armas contra un piéla-
semejantes deleites. go10 de calamidades y, haciéndoles frente,
acabar con ellas? ¡Morir....dormir; no más!
ROSENCRANTZ. Así lo haremos, señor.
¡Y pensar que con un sueño darnos fin al
(Salen ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.)
Pesar del corazón y a los mil naturales
REY. Retiraos también vos, mi amada Ger- conflictos- que constituyen la herencia de
trudis, por que hemos mandado llamar en la carne! ¡He aquí un término devotamente
secreto a Hamlet, a fin de que se encuen- apetecible! ¡Morir.... dormir! ¡Dormir! ... ¡Tal
tre aquí con Ofelia como por casualidad. vez soñar! ¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Por-
Su padre y yo, representando el papel de que es forzoso que nos detenga el consi-
leales espías, nos apostaremos de modo derar qué sueños pueden sobrevenir en
que, viendo sin ser vistos, podamos juzgar aquel sueño de la muerte, cuando nos ha-
libremente del encuentro, y colegir por su yamos librados del torbellino de la vida! ¡He
conducta si es o no el sufrimiento de su aquí la reflexión que da existencia tan larga
amor lo que le aflige. al infortunio! Porque ¿quién aguantaría los
REINA. Voy a obedeceros. (A OFELIA.) Y ultrajes y desdenes del mundo, la injuria
respecto a ti, Ofelia, celebro que tus en- del opresor, la afrenta del soberbio, las
cantos sean la causa feliz del trastorno de congojas del amor desairado, las tardan-
Hamlet, pues así podré esperar que tus zas de la justicia, las insolencias del poder
virtudes le conduzcan de nuevo a su habi- y las vejaciones que el paciente mérito re-
tual camino, en bien de tu honor y del suyo. cibe del hombre indigno, cuando uno mis-
mo podría procurar su reposo con un
OFELIA. Así sea, señora. (Sale la REINA.) simple estilete? ¿Quién querría llevar tan
POLONIO. Paséate por aquí, Ofelia. (Apar- duras cargas, gemir y sudar bajo el peso
te, al REY.) Si place a Vuestra Majestad, de una vida afanosa, si no fuera por el te-
apostémonos aquí. (A OFELIA, entregándo- mor de un algo, después de la muerte, esa
le un libro.) Haz como que lees en este ignorada región cuyos confines no vuelve a
libro para que la ocupación sirva de pretex- traspasar viajero alguno, temor que con-
to a tu soledad. (Aparte, al REY.) Materia es funde nuestra voluntad y nos impulsa a
ésta en que a menudo nos hacemos dig- soportar aquellos males que nos afligen,
nos de censura, y es cosa más que proba- antes que lanzarnos a otros que descono-
da que con el semblante de la devoción y la cemos? Así la conciencia hace de todos
apariencia piadosa llegamos a almibarar9 nosotros unos cobardes; y así los primiti-
al mismo diablo. vos matices de la resolución desmayan
9
Almibarar: literalmente, poner en almíbar, esto es, endulzar.
10
Piélago: mar.
104
Literatura Universal y del Perú HAMLET
bajo los pálidos toques del Pensamiento, y HAMLET. Pues no debieras haberme creí-
las empresas de mayores alientos e impor- do; porque la virtud no puede injertarse en
tancia, por esa consideración, tuercen su nuestro viejo tronco sin que nos quede de
curso y dejan de tener nombre de acción... él algún mal resabio. ¡Yo no te amaba!
Pero ¡silencio! …¡La hermosa Ofelia! Nin-
OFELIA. Tanto mayor ha sido mi decep-
fa, en tus plegarias acuérdate de mis peca-
ción.
dos.
HAMLET. ¡Vete a un convento! ¿Por qué
OFELIA. Querido señor, ¿cómo le va a
habías de ser madre de pecadores? Yo soy
Vuestra Alteza después de tantos días?
medianamente bueno, y, con todo, de tales
HAMLET. Mis más humildes gracias; bien, cosas podría acusarme, que más valiera
bien, bien. que mi madre no me hubiese echado al
mundo. Soy muy soberbio, ambicioso, ven-
OFELIA. Señor, conservo de vos algunos
gativo, con más pecados sobre mi cabeza
recuerdos, que tiempo ha deseaba resti-
que pensamientos para concebirlos, fanta-
tuirnos. Os ruego que los admitáis ahora.
sía para darles forma o tiempo para llevar-
HAMLET. No; yo no; nunca te he dado cosa los a ejecución. ¿Por qué han de existir
alguna. individuos como yo para arrastrarse entre
OFELIA. Mi respetable señor, sabéis muy los cielos y la tierra? Todos somos unos
bien que sí, y acompañando vuestras dádi- bribones rematados; no te fíes de ninguno
vas con frases de tan dulce aliento, que las de nosotros. ¡Vete, vete a un convento!
hacían mucho más preciosas. Perdido su ¿Dónde está tu padre?
perfume, tomadlas de nuevo: porque para OFELIA. En casa, señor.
un corazón noble los más ricos dones tór-
HAMLET. Pues que le cierren bien las
nanse mezquinos cuando ya el donador no
puertas, para que no haga en ninguna par-
muestra afecto. ¡Ahí los tenéis, señor!
te el bobo sino en su propia casa. ¡Adiós!
HAMLET. (Riendo.) ¡Ja, ja! ¿Eres hones- (Aléjase unos pasos, y vuelve luego hacia
ta? OFELIA.)
OFELIA. ¡Señor! OFELIA. ¡Oh, ayudadle, cielos piadosos!
HAMLET. ¿Eres hermosa? HAMLET. Si te casas, quiero darte por dote
OFELIA. ¿Qué quiere decir Vuestra Seño- este torcedor; así seas tan casta como el
ría? hielo y tan pura como la nieve, no te libra-
rás de la calumnia. ¡Vete a un convento,
HAMLET. Que si eres honesta y hermosa, vete! ¡Adiós! Y si es que te empeñas en
tu honestidad no debiera admitir trato con casarte, cásate con un tonto; porque los
tu hermosura. hombres avisados saben muy bien qué cla-
OFELIA. Señor, ¿podría tener la hermosu- se de monstruos hacéis de ellos. ¡A, un
ra mejor comercio que con la honestidad? convento, vete, y listo! ¡Adiós! (Aléjase y
vuelve, como antes.)
HAMLET. Evidentemente; porque el poder
de la hermosura convertirá a la honestidad OFELIA. ¡Oh poderes celestiales, restituid-
en una alcahueta mucho antes que la fuer- le la razón!
za de la honestidad transforme la hermo- HAMLET. También he oído hablar, y mu-
sura a su semejanza. En otro tiempo era cho, de vuestros afeites11. La Naturaleza
esto una paradoja; pero en la edad presen- os dio una cara, y vosotras os fabricáis otra
te es cosa probada. ¡Yo te amaba antes, distinta. Andáis dando saltitos, os conto-
Ofelia! neáis, habláis ceceando, y motejáis a todo
OFELIA. En verdad, señor, así me lo hicis- ser viviente, haciendo pasar vuestra livian-
teis creer. dad por candidez. ¡Vete, ya estoy harto de
11
Afeites: ungüentos que sirven para maquillarse.
105
HAMLET Literatura Universal y del Perú
12
Mosqueteros: parte del público de un teatro que acostumbraba a arrojar objetos, por ejemplo,
verduras, al escenario para mostrar su descontento con la obra o con su representación.
106
Literatura Universal y del Perú HAMLET
13
Vulcano: dios de la mitología romana. Es el dios del fuego, por lo que siempre se le representa
como un herrero gigante en su fragua.
107
HAMLET Literatura Universal y del Perú
108
Literatura Universal y del Perú HAMLET
con presentes; ella se resiste un poco y le ACTOR REINA. «Y otras tantas jornadas
rechaza; pero al fin acepta su amor. Salen. nos dejen contar el sol y la luna antes que
nuestro amor se extinga. Pero ¡ay de mí!
OFELIA. ¿Qué significa esto, señor?
De algún tiempo a esta parte tan doliente
HAMLET. ¡Bah! Una leve fechoría; lo que os veo, tan lejos de la alegría de vuestro
en términos vulgares se llama un crimen. antiguo estado, que siento gran zozobra
por vos. Mas, por grande que ésta sea, no
OFELIA. Quizá encierre la pantomima el
debe en modo alguno perturbar, pues sa-
argumento del drama.
béis, dueño mío, que en la mujer el recelo
(Entra el PRÓLOGO.) y el cariño corren entre sí parejas: o nulos
HAMLET. Lo sabremos por ese compañe- ambos, o ambos en extremo. Pues bien: lo
ro. Los cómicos no pueden guardar secre- que es mi amor las pruebas os lo han di-
tos. Todo lo han de decir. cho, y tan grande como mi amor es mi re-
celo. Donde es grande el amor, la más leve
OFELIA. ¿Y no dirán qué significa ese es- aprensión temor se vuelve; y donde crecen
pectáculo? los temores, allí vencen los amores.»
HAMLET. Sí, como cualquier otro que que- ACTOR REY. «En verdad, amor mío, he de
ráis exhibirle. Como vos no os avergoncéis dejarte, y he de dejarte en breve. Mis po-
de exhibir lo que es él no se avergonzará tencias activas dejan ya de ejercer sus fun-
de deciros lo que significa. ciones, y tú me sobrevivirás en este her-
OFELIA. ¡Qué malo sois, qué malos... De- moso mundo, respetada, querida, y acaso
jadme oír la obra. no faltará quien sea bastante tierno para
esposo, y tú...»
PRÓLOGO.
ACTOR15 REINA. «¡Calla, por Dios! Seme-
Os pedimos que, pacientes, jante amor sería en mi pecho traición pro-
escuchéis nuestra tragedia, bada. ¡En un segundo esposo sea yo
sometiéndonos humildes maldita! Nadie se casa con el segundo que
no haya muerto el primero.»
a vuestro fallo y clemencia.
(Sale.) HAMLET. (Aparte.) ¡Ajenjo, ajenjo!
HAMLET. ¿Esto es prólogo, o mote de sor- ACTOR REINA. «Los móviles que incitan a
tija14? un segundo matrimonio son viles razones
de lucro, jamás de amor. Por segunda vez
OFELIA. ¡Qué breve ha sido! mato a mi difunto, si el segundo esposo me
HAMLET. Como amor de mujer (Entran besa en el tálamo.»
dos Actores, que hacen del rey GONZAGO ACTOR REY. «Opino que pensáis tal cual
y de la reina BAUTISTA.) decís; pero quebrantamos a menudo nues-
ACTOR REY. «Treinta vueltas completas tras resoluciones. El propósito no es más
ha dado el carro de Apolo a las salobres que el esclavo de la memoria: muy brusco,
ondas de Neptuno a la región esférica de en su nacimiento, pero de escasa validez.
Tellus y treinta docenas de lunas, con ful- Ahora está adherido al árbol, como acerbo
gor prestado, dieron doce treintenas de fruto, mas cae por sí solo no bien se halla
veces la vuelta al mundo, desde que Amor en sazón. Es absolutamente inevitable que
e Himeneo, aquél los corazones y éste las olvidemos pagarnos lo que nos debemos a
manos, nos unieron mutuamente en lazos nosotros mismos. Lo que nos proponemos
sacratísimos.» en el calor de la pasión, calmada la pasión,
14
Mote de sortija: palabras que se graban en el lado interno de una sortija. Aquí Hamlet emplea
esta expresión señalando humorísticamente la brevedad del prólogo.
15
En el teatro inglés estaba prohibida la representación de las mujeres. Es por ello que el papel de
REINA tenga que ser ejecutado por un ACTOR.
109
HAMLET Literatura Universal y del Perú
110
Literatura Universal y del Perú HAMLET
HAMLET. (Mirando al REY con fijeza.) ¡Le HAMLET. ¡Ah, ja! ¡Venga un poco de músi-
envenena en el jardín para usurparle la cas ¡Vengan los caramillos!
corona! Y se llama Gonzago! ¡La historia
Que si al rey la comedia no le gusta...
es verdadera y corre escrita en selecto ita-
será, supongo yo, que le disgusta.
liano! ¡Ahora veréis cómo la esposa de
Gonzago se enamora del asesino! (El REY, ¡Vamos, un poco de música!
visiblemente turbado, se levanta, dispo-
(Entran ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.)
niéndose a salir del salón.)
GUILDENSTERN. Amable señor, ¿me per-
OFELIA. El rey se levanta. mitís que os diga una palabra?
HAMLET. ¡Qué! ¿Le asusta un fuego fa- HAMLET. Y toda una historia, caballero.
tuo?
GUILDENSTERN. El rey, señor…
REINA. (Al REY.) ¿Cómo os sentís, señor?
HAMLET. Muy bien; ¿qué le sucede?
POLONIO. (A los ACTORES.) ¡Suspended
la representación! GUILDENSTERN. Se ha retirado a su
aposento muy destemplado.
REY. ¡Traed luz! ¡Salgamos!
HAMLET. ¿Por la bebida?
TODOS. ¡Luces, luces, luces! (Salen todos,
menos HAMLET y HORACIO.) GUILDENSTERN. No, señor; por la cólera.
HAMLET. (Cantando.) HAMLET. Hubierais dado muestras de
Dejad que huya gimiendo el ciervo herido mayor sensatez yendo a contárselo a su
médico, pues si yo me encargara de su
y el corzo ileso siga retozando.
purga, pudiera acrecentársela la cólera.
Cuando uno vela, el otro está dormido,
y de este modo el mundo va marchando. GUILDENSTERN. Señor, dad a vuestro
discurso algún sentido, y no os desenten-
¿No te parece, amigo que con esto, un dáis tan bruscamente de la cuestión.
bosque de plumas y un par de rosas de
Provenza en mis zapatos acuchillados, si HAMLET. Vamos, ya estamos en sosiego.
en lo venidero la suerte me tratara a la Hablad, amigo.
baqueta, podría procurarme un puesto en GUILDENSTERN. La reina, vuestra madre,
una compañía de cómicos? sumida en la mayor aflicción de espíritu,
HORACIO. A media ración. me envía a buscaros.
HAMLET. ¡Qué! ¡A ración entera! HAMLET. Muy bienvenido.
Pues bien lo sabes tú, Damón querido; GUILDENSTERN. No, querido señor; esa
este reino que miras destruido cortesía no es sincera. Si tenéis a bien
tuvo por rey a Jove; mas discurro darme una contestación sensata, cumpliré
el mandato de vuestra madre; si no, con
que ahora gobierna aquí un solemne...
pediros perdón y volverme, terminada mi
pavo.
misión.
HORACIO. Podías haber rimado…
HAMLET. Pues, señor, no puedo…
HAMLET. ¡Ah mi buen Horacio! ¡Mil libras
apuesto ahora por la palabra del espectro! GUILDENSTERN. ¡Cómo!...
¿Advertiste?… HAMLET. …daros una contestación sen-
HORACIO. Perfectamente, señor. sata. Mi razón está enferma; pero, señor,
tal como pueda dárosla disponed de ella, o
HAMLET. ¿Al tratarse del envenenamien- más bien, según decís, mi madre. De con-
to? siguiente, basta de rodeos y vamos al gra-
HORACIO. Muy bien que lo noté. no. Mi madre, decís…
111
HAMLET Literatura Universal y del Perú
16
Inter nos: latinismo que significa ‘entre nosotros’.
112
Literatura Universal y del Perú HAMLET
113
HAMLET Literatura Universal y del Perú
HAMLET. ¡Ahora podría hacerlo, ahora que REINA. Os lo aseguro; no temáis por mí.
reza; y ahora lo haré! (Desenvaina la espa- Retiraos; oigo que viene.
da, avanza unos pasos y se detiene.) Pero, (Se sienta. POLONIO se oculta detrás de un
así va al cielo, y de tal modo quedo venga- tapiz. Entra HAMLET.)
do... Hay que reflexionar... Un infame ase-
HAMLET. ¡Hola, madre! ¿Qué hay?
sina a mi padre y yo, su hijo, aseguro al
malhechor la gloria. ¡Cómo! Eso fuera pre- REINA. Hamlet, tienes muy ofendido a tu
mio y remuneración, que no venganza. ¡Él padre.
sorprendió a mi padre en la grosera hartu-
HAMLET. Madre, tenéis muy ofendido a mi
ra de hinchado de pan: con todas sus cul-
padre.
pas en plena flor, tan lozanas como una
planta en mayo! ¿Y quién, salvo Dios, sabe REINA. Vaya, vaya, estás respondiendo
cómo saldó su cuenta? Aunque todos los con lengua insensata.
indicios me inclinan a pensar cuán dura es
HAMLET. Toma, toma, estás avisando con
su desgracia. ¿Y queda cumplida la ven-
lengua procaz.
ganza hiriendo al delincuente mientras pu-
rifica su espíritu, cuando se halla dispuesto REINA. ¡Cómo! ¿Qué es eso, Hamlet?
y preparado para fatal trance? ¡No, vuelve HAMLET. Pues ¿qué pasa?
a tu sitio, espada (Envaina.), y elige otra
ocasión más azarosa! Cuando duerma en REINA. ¿Has olvidado quién soy?
la embriaguez, o se halle encolerizado; en HAMLET. ¡No, por la cruz bendita!... Sois
el deleite incestuoso de su lecho; jugando, la reina, la esposa del hermano de vuestro
blasfemando, o en acto tal que no tenga
114
Literatura Universal y del Perú HAMLET
anterior marido, y (¡ojalá no fuera así!) sois HAMLET. Una acción que empaña la gra-
mi madre. cia y el sonrojo del pudor; tacha de hipócri-
ta a la virtud; arrebata su rosa a la tersa
REINA. (Levantándose.) Pues bien: voy a
frente del amor puro, dejando allí una infa-
mandarte algunos que sepan entenderse
me llaga; hace los votos conyugales tan
contigo.
falsos como juramentos de tahúr; ¡oh!, una
HAMLET. (Cogiendo a la REINA por el bra- acción tal, que del cuerpo del santo o vín-
zo y obligándola a sentarse.) ¡Vamos, va- culo arranca su mismo espíritu y convierte
mos! ¡Sentaos; no os moveréis de aquí, ni la dulce religión en loca algarabía. ¡Inflama
saldréis hasta que os haya puesto ante un el rostro de los cielos, sí, y hasta esta sóli-
espejo donde veáis lo más íntimo de vues- da y compacta masa del mundo, con do-
tro ser! liente aspecto, cual si se acercara el Juicio
final, se siente acongojada por tal acto!
REINA. ¿Qué intentas? ¿Quieres matar-
me? ¡Socorro, socorro! REINA. ¡Ay de mí! ¿Qué acción es ésa,
POLONIO. (Detrás del tapiz.) ¿Qué pasa? cuyo solo anuncio retumba con tan fuertes
¡Oh! ¡Socorro, socorro! rugidos?
HAMLET. (Desenvainando.) ¿Qué es eso? HAMLET. Mirad aquí este cuadro y este
¿Un ratón? (Tira una estocada a través del otro, representación en lienzo de dos her-
tapiz.) ¡Muerto! ¡Un ducado a que está manos. Ved cuánta gracia reside en este
muerto! rostro: los rizos de Apolo, la frente del mis-
mo Júpiter, los ojos como de Marte, por su
POLONIO. (Detrás del tapiz.) ¡Oh! ¡Me han imperio y su amenaza; un continente como
matado! el de Mercurio, el mensajero, cuando aca-
REINA. ¡Ay de mí! ¿Qué has hecho? ba de posarse en la cima de un monte que
besa el cielo; un conjunto de perfecciones
HAMLET. ¿Y qué sé yo? ¿Es el rey? ciertamente, donde no parece sino que to-
REINA. ¡Oh, qué acción más loca y crimi- dos los dioses quisieron poner su sello para
nal! ofrecer al mundo un prototipo de hombre.
Éste era vuestro esposo. Mirad ahora el
HAMLET. ¡Criminal! ¡Casi tan horrible, bue- que sigue. Ahí está vuestro marido, cual
na madre, como matar a un rey y casarse espiga atizonada, que agosta a su gallardo
luego con su hermano! hermano. ¿Tenéis ojos? ¿Pudisteis dejar
REINA. ¡Matar a un rey! de pacer en esta hermosa colina, para ba-
jar a cebaros en tan cenagoso pantano?
HAMLET. Sí, señora; ésas son mis pala- ¡Ah! ¿Tenéis ojos? No me digáis que eso
bras. (Levanta el tapiz y descubre el cadá- es amor, porque a vuestra edad aplaca la
ver de POLONIO.) Y tú, miserable, temera- sangre sus ardores, volviéndose sumisa a
rio, entremetido bobo, ¡adiós! Te había la prudencia. ¿Y qué prudencia y obedien-
tomado por alguien más elevado; sufre tu te descendería de éste a este otro? Algún
suerte. Ya ves cómo tiene sus riesgos el sentido tendréis, seguramente, pues de no
ser demasiado oficioso. (Deja caer el tapiz. ser así careceríais de afección; pero con
A la REINA.) ¡Cesad de retorcernos las seguridad que ese sentido está en vos pa-
manos! ¡Calma, calma! ¡Sentaos, y dejad ralizado, pues ni la misma locura padece-
que yo os retuerza el corazón! ¡Que eso es ría tal yerro, ni el buen sentido se esclavizó
lo que voy a hacer, si está hecho de sus- nunca al delirio hasta un extremo que no
tancia penetrable, si el hábito del mal no lo conservase suficiente discernimiento para
ha acorazado de tal modo que se halle a apreciar semejante distinción. ¿Qué demo-
prueba de sentimiento! nio fue, pues, el que os burló en este juego
REINA. Pero ¿qué he hecho yo para que de la gallina ciega? La vista sin tacto, el
así te atrevas a soltar la lengua y con tal tacto sin vista, el oído sin manos o sin ojos,
aspereza me insultes? el olfato puro y simple, la más insignifican-
te parte de un solo y sano sentido, hubiera
115
HAMLET Literatura Universal y del Perú
bastado a impedir la estupidez. ¡Oh ver- Pero observar cómo el espanto se apodera
güenza! ¿Dónde está tu rubor? Si tú, rebel- de tu madre. Interponte en la lucha que
de infierno, puedes amotinarte en los hue- sostiene con su alma que en los cuerpos
sos de una matrona, deja que para la más débiles la fantasía obra con más fuer-
ardiente juventud sea la castidad como la za. Háblale, Hamlet.
cera y se derrita en su propio fuego. No
HAMLET. (A la REINA.) ¿Cómo os sentís,
clames oprobio cuando el imperioso ardor
señora?
corre al asalto, puesto que el mismo hielo
se enardece tan vivamente y la razón trafi- REINA. ¡Ay! ¿Cómo te sientes tú, que fijas
ca con la carne. tus miradas en el vacío y mantienes con-
versación con el aire incorpóreo? ¡Por tus
REINA. ¡Oh Hamlet, no digas más! ¡Me
ojos asoman fieramente tus espíritus, y
haces volver los ojos alma adentro, y allí
como soldados sorprendidos en el sueño
distingo tan negras y profundas manchas,
por el toque de alarma, tus alisados cabe-
que nunca podrán borrarse!
llos, cual excrecencias vivas, se enderezan
HAMLET. ¡Y todo no más que para vivir y ponen de punta! ¡Oh hijo de mi vida! ¡Vier-
entre el hediondo sudor de un lecho infec- te un rocío de fría templanza en el ardiente
to, encenagado en la corrupción, prodigan- fuego de tu sobreexcitación! ¿Adónde mi-
do halagos y amorosos mimos en una ras?
inmunda sentina17!
HAMLET. (Señalando al Espectro.) ¡A él, a
REINA. ¡Oh! ¡Basta, basta! ¡Esas palabras él! ¡Ved cuán pálido deslumbra! ¡Su pre-
penetran como puñales en mis oídos! ¡No sencia y su causa unidas predicando a las
más, querido Hamlet! piedras, llegarían a ablandarlas! (Al Espec-
tro.) ¡No me miréis así; no sea que ese
HAMLET. ¡Un asesino y malvado, un mise-
ademán tan lastimero aplaque mis fieros
rable que no vale ni la centésima parte de
propósitos! ¡Porque entonces perdería su
vuestro primer esposo; un rey de farsa; un
verdadero matiz lo que debo realizar, co-
cortabolsas del reino y del poder, que hurtó
rriendo lágrimas en vez de sangre!
de un anaquel la preciosa diadema y se la
metió en el bolsillo!.. REINA. Pero ¿a quién dices eso?
REINA. ¡Basta! HAMLET. ¿No veis nada allí?
HAMLET. ¡Un rey de parches y remien- REINA. Nada absolutamente, y, sin embar-
dos ...! go, veo cuanto hay a mi alrededor.
(Entra la SOMBRA.) HAMLET. ¿No oísteis tampoco?
HAMLET. (Cayendo de rodillas.) ¡Oh! ¡Sal- REINA. No; vuestras voces tan sólo.
vadme y guarecedme con vuestras alas,
celestes guardianes! (Al Espectro.) ¿Qué HAMLET. ¡Cómo! ¡Mirad allí! ¡Ved cómo se
deseáis, sombra venerada? aleja a hurtadillas! ¡Mi padre, con el traje
que usaba en vida! ¡Vedle en ese momento
REINA. (Aparte.) ¡Ay, loco está! salir por el pórtico! (Sale la SOMBRA.)
HAMLET. ¿Venís acaso a reprender la ne- REINA. ¡Eso no es más que una invención
gligencia de vuestro hijo, que, tardo en la de tu cerebro! ¡El delirio es muy diestro en
oportunidad y vehemencia de la pasión, esas quiméricas creaciones!
olvida el ineludible cumplimiento de vues-
tros respetables mandatos? ¡Oh hablad! HAMLET. ¡El delirio! Mi pulso, como el
vuestro, late acompasadamente y con igual
SOMBRA. No lo olvides. Vengo a verte sólo saludable ritmo. No hay demencia en lo que
para aguzar tu casi embotada resolución. acabo de proferir; ponedme a prueba, y os
17
Sentina: lugar donde abundan o donde se propagan los vicios.
116
Literatura Universal y del Perú HAMLET
lo repetiré todo, palabra por palabra, de lo bado rey os atraiga nuevamente al lecho,
cual huiría a brincos la locura. Por la gracia os pellizque lascivo las mejillas, os llame
de Dios, madre, no vertáis sobre vuestra su pichona, y que con un par de inmundos
alma la unción halagadora de creer que no besos, o sobándoos la garganta con sus
es vuestro delito, sino mi locura, lo que os dedos malditos, os haga desembuchar
habla. Eso no haría más que cubrir y enca- todo este asunto, de que yo realmente no
necer la úlcera, mientras la hedionda gan- estoy loco, sino loco sólo por astucia. Bue-
grena, minando el interior, lo infectaría todo no fuera que se lo contarais. Porque
solapadamente. Confesaos al Cielo, arre- ¿quién, como no sea una reina hermosa,
pentíos de lo pasado, evitad lo venidero y modesta y prudente, podría ocultar a ese
no arrojéis estiércol a la cizaña para au- sapo, a ese murciélago, a ese viejo mo-
mentar su lozanía. Perdonad este desaho- rrongo, tan Preciosa confidencia? ¿Quién
go a mi virtud, porque en la grosera sen- sería capaz de ello? No; a despecho del
sualidad de nuestros tiempos, la virtud buen sentido y de la discreción, abrid la
misma ha de pedir perdón al vicio, y aún cesta en el tejado y dejad que los pájaros
debe a sus pies postrarse, implorando su echen a volar; y luego, como el mono del
gracia, para hacerle bien. cuento, colaos en la cesta para probar la
experiencia y rompeos la nuca al caer.
REINA. ¡Oh Hamlet, me has partido en dos
el corazón! REINA. Ten la seguridad de que, si las
palabras están hechas de aliento y el alien-
HAMLET. Pues arrojad de él la peor parte
to es vida, no tengo yo vida ni aliento para
y vivid más pura con la otra. ¡Buenas no-
contar a nadie lo que me has dicho.
ches! Pero no volváis al lecho de mi tío;
aparentad al menos cierta virtud, si es que HAMLET. Tengo que partir para Inglaterra.
no la tenéis. La costumbre, ese monstruo ¿Lo sabéis?
que devora todo sentimiento, a pesar de
REINA. ¡Ay de mí! Se me olvidaba; está
ser un demonio en materia de hábitos, es
resuelto.
un ángel, sin embargo, en cuanto que, para
ejecutar bellas y nobles acciones, también HAMLET. Hay pliegos sellados, y mis dos
nos proporciona un sayo o una librea de compañeros de estudios, de quienes me
fácil quita y pon. Refrenaos esta noche; eso fío como de áspides con aguijón, son por-
hará algo más fácil la próxima abstinencia, tadores de órdenes. Están encargados de
y aún más fácil la siguiente, puesto que la barrerme el camino y conducirme a la per-
costumbre puede casi cambiar el sello de dición. Pero dejadlos, que será muy diver-
la Naturaleza y es capaz de domeñar al tido hacer saltar al minador con su propio
diablo o de arrojarlo con fuerza prodigiosa. hornillo, y mal irán las cosas si yo no con-
¡Buenas noches!, repito, y cuando aspiréis sigo excavar el suelo unos palmos más
de veras a la gracia del Cielo, yo imploraré abajo de su mina y hacerlos volar hasta la
por vos la bendición. En cuanto a este se- luna. ¡Oh!, nada hay tan delicioso como ver
ñor (Señalando a POLONIO), me arrepien- en una misma línea chocar un ardid contra
to; pero a Dios le plugo, para castigarme a otro ardid. (Señalando el cadáver de PO-
mí con él y a él conmigo, que fuera yo el LONIO.) Este hombre me obligará a liar los
instrumento de su enojo. Voy a ocultarle bártulos a toda prisa. Voy a arrastrar sus
convenientemente, y ya responderé a sa- despojos hasta el cuarto vecino. (A la REI-
tisfacción de la muerte que le di. Conque NA.) ¡Buenas noches, madre! (Aparte.)
de nuevo, ¡buenas noches! Debo ser cruel, Verdaderamente, este consejero está aho-
pero no convertirme en desnaturalizado. Si ra muy quieto, muy callado y muy grave; él,
tan malo es el principio, peor será lo que que fue en vida un pícaro hablador impeni-
siga. Una palabra más, buena señora. tente. ¡Vamos, amigo, concluyamos con
vos! (A la REINA.) ¡Buenas noches, madre!
REINA. ¿Qué debo hacer?
(Salen en distintas direcciones, arrastran-
HAMLET. (Con ironía.) Nada, por supues-
do HAMLET el cadáver de POLONIO.)
to, de lo que os he dicho. Dejar que el ce-
117
HAMLET Literatura Universal y del Perú
118
Literatura Universal y del Perú HAMLET
ROSENCRANTZ. ¿Me tomáis por una es- ROSENCRANTZ. Señor, no hemos podido
ponja, príncipe? lograr que nos diga dónde ha depositado el
cadáver.
HAMLET. Sí, señor; que chupa los favores
del rey, sus recompensas, sus atribucio- REY. Pero ¿Y él? ¿Dónde está?
nes. Pero semejantes cortesanos es al fi-
ROSENCRANTZ. Ahí fuera, señor, custo-
nal cuando prestan su mejor servicio al
diado, en espera de vuestras órdenes.
príncipe. Éste los guarda, como el mono
las nueces, en un hueco de sus fauces; allí REY. Traedle a mi presencia.
se los introduce primero, para engullírselos ROSENCRANTZ. ¡Eh! Guildenstern, haced
más tarde, y cuando necesita lo que habéis entrar al príncipe.
cosechado, no tiene más que exprimimos,
y, como esponjas que sois, quedaréis enju- (Entran HAMLET y GUILDENSTERN.)
tos de nuevo. REY. A ver, Hamlet: ¿dónde está Polonio?
ROSENCRANTZ. No os entiendo, señor. HAMLET. De cena.
HAMLET. Me alegro; las razones agudas REY. ¡De cena! ¿Dónde?
no hacen mella en oídos tontos.
HAMLET. No donde come, sino donde es
ROSENCRANTZ. Señor, debéis decirnos comido. Cierta asamblea de gusanos polí-
dónde está el cuerpo, y venir con nosotros ticos está ahora con él. El gusano es el
ante el rey. único emperador de la dieta; nosotros ce-
HAMLET. El cuerpo está con el rey, pero el bamos a todos los demás animales para
rey no está con el cuerpo. El rey es una engordarnos, y nos engordamos a noso-
cosa… tros mismos para cebar a los gusanos. El
rey gordo y el escuálido mendigo no son
GUILDENSTERN. ¿Una cosa, señor? más que servicios distintos, dos platos,
HAMLET. Que no vale nada. Vamos a ver- pero de una misma mesa; he aquí el fin de
le. «Escóndete, zorro, y todos detrás.» (Sa- todo.
len.) REY. ¡Dios mío! ¡Dios mío!
HAMLET. Un hombre puede pescar con el
ESCENA III gusano que ha comido de un rey, y comer-
OTRA ESTANCIA se luego al pez que se nutrió con aquel
gusano.
DEL CASTILLO
REY. ¿Y qué quieres decir con eso?
(Entra el REY con acompañamiento.)
HAMLET. Nada, sino mostraros cómo un
rey puede hacer un viaje de gala por las
REY. Le he mandado llamar y enviado a tripas de un pordiosero.
buscar el cadáver. ¡Qué peligroso es que
ande este hombre suelto! Y, sin embargo, REY. ¿Dónde está Polonio?
no conviene que le apliquemos todo el rigor HAMLET. En el Cielo; enviad allá a verle; y
de la ley. Es muy querido de la multitud fa- si vuestro mensajero no lo encuentra, id
nática, que no opina con su juicio, sino con vos mismo a buscarle al otro reino. Pero, a
sus ojos; y cuando tal ocurre, se toma en decir verdad, si no dais con él en lo que
cuenta el castigo del ofensor, pero jamás la resta de mes, le oleréis al subir los escalo-
ofensa. Para conducirlo todo con tiento y nes de la galería.
suavidad, es preciso que esta repentina
REY. (A algunos del acompañamiento.) Id
marcha parezca obra de madura delibera-
allá a buscarle.
ción. Los males desesperados se alivian
con remedios desesperados, o no tienen HAMLET. ¡Ya esperará hasta que lleguéis!
alivio. (Entra ROSENCRANTZ. A ROSEN- (Salen los del acompañamiento.)
CRANTZ.) ¿Qué hay? ¿Qué ha pasado?
119
HAMLET Literatura Universal y del Perú
REY. Hamlet, este suceso exige, para tu con su venia, Fortimbrás solicita su autori-
seguridad personal, por la que me preocu- zación para el prometido paso por su reino.
po, así como lamento profundamente lo Ya sabéis el punto de la cita. Caso de que
que has cometido, que te alejes con febril Su Majestad desee comunicarme algo, iré
rapidez. Por tanto, prepárate. La nave está a ofrecerle personalmente mis respetos.
prevenida, el viento es favorable, tus com- Decídselo así.
pañeros te aguardan y todo se halla dis-
CAPITÁN. Lo haré, señor.
puesto para tu viaje a Inglaterra.
HAMLET. ¿A Inglaterra? FORTIMBRÁS. ¡Paso lento! (Salen FOR-
TIMBRÁS y los Soldados. Entran HAMLET,
REY. Sí, Hamlet. ROSENCRANTZ, GUILDENSTERN y otros.)
HAMLET. Bueno. HAMLET. Buen caballero, ¿de quién son
REY. Eso dirías si conocieras mis propósi- esas fuerzas?
tos.
CAPITÁN. De Noruega, señor.
HAMLET. ¡Yo veo un querubín que los ve!
HAMLET. ¿Tendríais a bien decirme adón-
Pero ¡adelante! ¡A Inglaterra! ¡Adiós, queri-
de se encaminan?
da madre!
REY. ¿Y tu amante padre, Hamlet? CAPITÁN. Contra cierta parte de Polonia.
HAMLET. ¡Madre mía! Padre y madre son HAMLET. ¿Quién las acaudilla?
marido y mujer; marido y mujer son una CAPITÁN. Fortimbrás, sobrino del viejo rey
misma carne. Así, pues, ¡madre mía! ¡Va- de Noruega.
mos! ¡A Inglaterra! (Sale.)
HAMLET. ¿Y van contra el corazón mismo
REY. Seguidle de cerca; instadle a embar- de Polonia, caballero, o sólo a alguna de
car pronto; no perdáis un momento; esta sus fronteras?
misma noche quiero tenerle lejos de aquí.
¡Partid! Todos los pliegos están sellados CAPITÁN. A deciros verdad, y sin la menor
ya, y queda terminado lo demás concer- exageración, vamos a conquistar una re-
niente al asunto. Daos prisa, por favor. (Sa- ducida porción de tierra que no ofrece en sí
len ROSENCRANTZ y GUILDENSTERN.) Y más ventajas que su nombre. Ni por el pre-
tú, Inglaterra, si en algo estimas mi amis- cio de cinco ducados, cinco no más, la to-
tad, ya que mi gran poderío puede darte a maría yo en arriendo, ni daría mayor bene-
entender lo que vale, pues roja y viva está ficio al rey de Noruega o al de Polonia si la
aún la cicatriz que te causó la espada da- vendieran en pleno dominio.
nesa, y nos rinde homenaje todavía su
HAMLET. Pero, entonces, no querrán de-
natural temor, no acojas fríamente nuestro
fenderla los polacos.
regio mandato, el cual implica de lleno, por
letras al afecto pertinentes, la inmediata CAPITÁN. Sí, ya está guarnecida.
muerte de Hamlet. ¡Hazlo, Inglaterra, pues
inflama mi sangre como fiebre devoradora, HAMLET. Dos mil almas y veinte mil duca-
y tú debes curarme! Hasta que sepa que dos no bastarán a resolver esta cuestión
está hecho, sea cual fuere mi suerte, los de pura bagatela. Esto es un tumor causa-
goces para mí no han principiado. (Sale.) do por el exceso de riqueza y de paz, que
revienta en lo interior, sin manifestar fuera
la causa de la muerte del paciente. Os doy
ESCENA IV rendidas gracias, caballero.
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
18
Quítame allá esas pajas: expresión coloquial que significa mantener una discusión importante
por un asunto sin importancia.
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HAMLET Literatura Universal y del Perú
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
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HAMLET Literatura Universal y del Perú
LAERTES. A nadie más que a sus enemi- LAERTES. Esa nonada dice más que mu-
gos. chos discursos.
REY. ¿Quieres conocerlos, pues? OFELIA. (A LAERTES.) He aquí romero que
es para la memoria; acuérdate, amor mío,
LAERTES. A sus verdaderos amigos les
te lo ruego; y aquí trinitarias, que son para
abriré yo así los brazos; y aun a riesgo de
los pensamientos.
mi vida, como el cariñoso pelícano, sabré
nutrirlos con mi propia sangre. LAERTES. Una lección en la locura; pen-
samientos y recuerdos, ¡todo bien acorde!
REY. ¡Perfectamente! Ahora hablas como
un buen hijo y un leal caballero. Que soy OFELIA. (Al REY.) Aquí os traigo hinojo y
inocente de la muerte de tu padre, y que aguileñas. (A la REINA.) Aquí, ruda para
por ello siento el más vivo pesar, todo esto vos. Y también algo de ella para mí; noso-
penetrará de un modo tan directo en tu jui- tros podemos llamarla hierba de gracia de
cio como en tus ojos la luz del día. los domingos. ¡Ah!, mas vos habéis de lle-
var vuestra ruda de un modo distinto. Ahí
PLEBEYOS. (Dentro.) ¡Dejad que entre!
va una margarita. (A HORACIO.) Bien qui-
LAERTES. ¿Qué sucede? ¿Qué estrépito siera ofreceros algunas violetas; pero se
es ése? (Vuelve a entrar OFELIA, como marchitaron todas cuando murió mi padre.
antes, pero fantásticamente adornada con Dicen que tuvo un buen fin. (Cantando.)
flores y hierbas silvestres.) ¡Oh fiebre, seca Porque mi buen Robin
mis sesos! ¡Lágrimas siete veces amargas, es toda mi alegría.
consumid la sensibilidad y potencia de mis
ojos! ¡Juro por el Cielo que tu locura se LAERTES. Reflexiones y congojas, delirios
pagará con creces, hasta que el castigo y el mismo infierno todo lo vuelve en gracia
tuerza el fiel de la balanza! ¡Oh rosa de y lindeza.
mayo, preciada niña, amorosa hermana, OFELIA. (Cantando.)
dulce Ofelia! ¡Oh cielos! ¿Es posible que el
juicio de una tierna doncella sea tan frágil ¿Y no volverá otra vez?
como la vida de un anciano? La Naturaleza ¿Y otra vez no volverá?
es sutil en achaques de amor, y, sutil como No, no, porque ya está muerto
es, plácele exhalar alguna preciosa prenda
en su sepulcro de piedra
en pos del ser amado.
y nunca más volverá.
OFELIA. (Cantando.)
Su barba era cual la nieve;
Lleváronle en su ataúd su cabello, como el lino.
con la cara descubierta. Se ha marchado, se ha marchado;
A la non, non, noninanón; son vanos nuestros suspiros.
a la non, non, noninanón. Dios se apiade de sus almas
Y llovieron muchas lágrimas ¡Y de todas las almas cristianas! Así lo pido
sobre su tumba entreabierta. a Dios. Sea Él con vosotros. (Sale.)
¡Adiós, palomito mío! LAERTES. ¿Veis esto, oh Dios?
LAERTES. ¡Si estuvieras en tu juicio y me REY. Laertes, déjame tomar parte en tu
inclinaras a la venganza, no me conmove- dolor, pues, si no, me niegas un derecho.
rías tanto como verte así! Óyeme aparte. Elige entre tus más pruden-
OFELIA. (Cantando.) tes amigos aquellos que te parezcan, y
ellos nos oirán y juzgarán a entrambos. Si
Cantad abajo, abajito,
de modo directo o indirecto me hallan com-
y Ilamadle, que está abajo. plicado, te abandonaré en justa satisfac-
¡Oh! ¡Qué bien va con el tono ese estribillo! ción mi reino, mi corona, mi vida y todo
Fue el infiel mayordomo, que robó la hija cuanto me pertenece. De lo contrario, haz-
de su señor. me gracia de un poco de paciencia, y yo te
124
Literatura Universal y del Perú HAMLET
prometo colaborar con tus anhelos para dar de los piratas. Me han tratado como ladro-
a tu alma la debida reparación. nes de buen corazón, aunque sabían bien
lo que se hacían, y tengo que pagarles un
LAERTES. Sea como decís. Las circuns-
buen servicio. Haz que lleguen a manos
tancias de su muerte, su oscuro entierro,
del rey los pliegos que le envío, y acude a
sin trofeos, armas ni escudos sobre sus
mi lado con tanta prisa como si huyeras de
restos, sin solemne ceremonia ni formal
la muerte. Tengo que decirte palabras al
ostentación, todo eso está clamando del
oído que te dejarán mudo de asombro, y
cielo a la tierra, exhortándome a un exa-
cuenta que serán demasiado insuficientes
men riguroso.
para el calibre del asunto. Estas buenas
REY. Lo obtendrás, y dondequiera esté la gentes te conducirán al sitio en que me
ofensa, allí caiga la terrible espada. Ven hallo. Rosencrantz y Guildenstern siguen
conmigo, te lo ruego. (Salen.) su travesía hacia Inglaterra; mucho tengo
acerca de ellos que contarte. ¡Adiós! Tuyo
siempre, afectísimo. –Hamlet.»
ESCENA VI Vamos. Yo os introduciré para que presen-
OTRA ESTANCIA téis esas cartas, y daos toda la prisa posi-
ble, a fin de que podáis luego conducirme a
EN EL CASTILLO aquel de cuya parte las habéis traído.
(Entran HORACIO y un CRIADO.) (Salen.)
125
HAMLET Literatura Universal y del Perú
lar al juicio público, es el grande amor que ... » Y aquí en una posdata, añade: «Solo.»
le profesa el pueblo, el cual, bañando to- ¿Puedes tú explicarme esto?
das las faltas del príncipe en el afecto que
LAERTES. Confuso estoy, señor. Mas de-
le tiene, a semejanza de aquella fuente que
jad que venga. Inflámase mi corazón des-
muda el leño en piedra, convertiría sus
fallecido al pensar que he de vivir para
cadenas en reliquias santas; de suerte que
decirle ante su cara: «Eso fue lo que hicis-
mis flechas, demasiado frágiles para tan
te.»
raudo viento, volverían a mi propio arco,
lejos de dar en el punto a que fuesen dirigi- REY. Si ello es así, Laertes, aunque ¿cómo
das. puede ser esto?, mas ¿cómo de otro
modo?, ¿quieres dejarte conducir por mí?
LAERTES. Pero, en tanto, yo he perdido
un noble padre y tengo una hermana en LAERTES. Ciertamente, señor, con tal que
situación desesperada; ella, cuyos méritos, vuestras órdenes no me obliguen a la paz.
si es que los elogios pueden aplicarse a lo REY. Es por tu propia paz. Si se halla aho-
que fue, levantábanla en la suprema emi- ra de vuelta, por haberse descarriado en
nencia de este siglo por sus extraordina- su viaje, y desiste de emprenderlo nueva-
rias perfecciones. Mas ya llegará mi ven- mente, le armaré una asechanza, madura
ganza. ya en mi pensamiento, a la cual no podrá
REY. No se turbe tu sueño por tal cosa. No menos de sucumbir. Por su muerte no so-
pienses que esté yo hecho de una materia plará el menor viento de censura, y ni aun
tan blanca y torpe que tolere se hagan tem- su propia madre sospechará el ardid, con-
blar mis barbas con peligro y lo tome a siderando la cosa como un simple acciden-
diversión. Pronto sabré cosas mayores. Yo te.
amaba a tu padre, y también nosotros mis- LAERTES. Mi señor, me pongo a vuestras
mos nos amamos; y esto, confío, te dará a órdenes, y con tanto mejor grado si combi-
entender… (Entra un MENSAJERO.) ¿Qué narais la trama de tal modo que fuera yo el
ocurre? ¿Qué nuevas hay? instrumento.
MENSAJERO. Señor, cartas de Hamlet; REY. Viene a propósito. Desde tu viaje se
ésta es para Vuestra Majestad y ésta para ha hablado mucho de ti, y delante de Ham-
la reina. let, por cierto, con motivo de una habilidad
REY. ¿De Hamlet? ¿Quién las ha traído? en la cual, según voz pública, descuellas.
Todas tus dotes reunidas no excitaron en
MENSAJERO. Señor, unos marineros, se-
él tanta envidia como aquella sola, que
gún dicen; yo no los he visto. A mí me las
ocupa, en mi opinión, el más digno lugar.
dio Claudio, el cual las recibió de quien las
trajo. LAERTES. ¿Qué dote es ésa, señor?
REY. Laertes, vas a oír lo que dicen. (Al REY. Un mero lazo del sombrero de la ju-
MENSAJERO.) Puedes retirarte. (Sale el ventud; pero, no obstante, necesario, pues-
MENSAJERO.) (Lee.) «Alto y poderoso se- to que no sientan menos bien a la mocedad
ñor: Sabréis que me han plantado desnudo las frívolas y ligeras galas que se viste, que
en vuestro reino. Mañana solicitaré permi- a la edad madura sus forros de pieles y sus
so para visitar a vuestra real persona, y oscuros ropajes, tan convenientes para la
entonces, previa vuestra licencia para ello, salud como para la gravedad. Hará unos
os relataré el motivo de mi tan súbito y aún dos meses estuvo aquí un caballero de
más extraño regreso. –Hamlet.» Normandía. Yo conozco muy bien a los
franceses; he militado contra ellos, y te
¿Qué significa esto? ¿Habrán vuelto tam-
aseguro que son hábiles jinetes; pero el
bién todos los demás, o es que todo ello es
galán de quien hablo era en esto un prodi-
una farsa y no hay nada de tal cosa?
gio; se aseguraba en la silla y hacía ejecu-
LAERTES. ¿Conocéis la letra? tar a su corcel tan portentosas habilidades,
como si realmente formara un solo cuerpo
REY. La letra es de Hamlet... «¡Desnudo!
con el bravo animal y participara a medias
126
Literatura Universal y del Perú HAMLET
de su naturaleza. Hasta tal punto excedió a cuantos son los labios, las manos y las cir-
mi pensamiento, que todo cuanto podía yo cunstancias por que atraviesa, y entonces
imaginar de evoluciones y artificio quedaba ese «deber» vuélvese una especie de sus-
por debajo de lo que él hacía. piro disipador, que hace daño al exhalarlo.
Pero a lo vivo de la llaga: Hamlet está de
LAERTES. Y era normando?
vuelta. ¿Qué estás dispuesto a hacer para
REY. Normando. mostrarte digno de tu padre, con actos más
que con palabras?
LAERTES. Por mi vida, Lamond.
REY. El mismo. LAERTES. ¡Cortarle el cuello dentro de la
iglesia!
LAERTES. Le conozco bien. Es verdade-
ramente la joya y la perla de toda su na- REY. Ningún lugar debiera ser, en verdad,
ción. bastante santo para ofrecer refugio al ase-
sino. La venganza no debía hallar obstácu-
REY. Habló muy claramente acerca de ti, los. Pero, querido Laertes, si estás dispues-
haciendo tal relación de tu consumada to a hacer lo que voy a decirte, permanece
maestría en el arte y ejercicio de la esgri- encerrado en tu habitación. Cuando llegue
ma y muy particularmente en el manejo del Hamlet, se enterará de tu regreso; yo le
florete, que llegó a exclamar que sería en mandaré quien le pondere tus excelencias
verdad un espectáculo si alguien pudiera y añada nuevo lustre a la gran fama que te
medirse contigo. Los más diestros de su dio el francés; os pondremos, por fin, fren-
país, juraba él, no tenían golpe, parada ni te a frente, y apostaremos por uno y otro.
ojo cuando tú les hacías frente. Amigo, esta Siendo él confiado, generoso en extremo y
relación atosigó de tal manera la envidia de ajeno a todo ardid, no examinará las hojas,
Hamlet, que no hacía más que pedir y sus- y así, con facilidad o con un poco de astu-
pirar por tu propio regreso para lidiar conti- cia, puedes elegir un arma sin botón, que
go. Pues bien: con esta oportunidad… se baste con un hábil golpe para tomar
LAERTES. ¿Qué oportunidad, señor? venganza por tu padre.
REY. Dime, Laertes: ¿querías a tu padre, o LAERTES. Así lo haré, y a ese fin envene-
eres como la imagen de un dolor, un rostro naré mi espada. Compré a cierto curande-
sin corazón? ro un ungüento tan mortífero, que, cuchillo
con él untado, adondequiera saque san-
LAERTES. ¿Por qué me lo preguntáis? gre, ningún emplasto, por raro que sea, ya
REY. No es que yo piense que no amabas esté compuesto por todas las hierbas que
a tu padre; pero si bien entiendo que el tienen virtud bajo la luna, puede salvar de
amor se sujeta al tiempo, veo que, al po- la muerte a quienquiera que por él sufre un
nerse a prueba, también modera el tiempo simple rasguño. Bañaré con este tóxico la
la chispa y el fuego de su ardor. En la mis- punta de mi acero, de suerte que con que
ma llama del amor vive una especie de levemente roce al príncipe, morirá.
mecha o chispa que acaba por debilitarla. REY. Reflexionemos un poco más sobre
Nada existe que se mantenga constante- esto, y consideremos qué coyunturas, así
mente en el mismo grado de bondad, pues de tiempo como de medios, pueden conve-
ésta, creciendo hasta la plétora19, muere nirnos para nuestro plan. Si éste fallara, y
en su propio exceso. Lo que quisiéramos por alguna torpeza en su ejecución se tras-
hacer, deberíamos hacerlo en el acto de lucieran nuestros designios, mejor fuera no
quererlo, porque ese «querer» cambia y haberlo intentado. Es preciso, pues, que
sufre tantas menguas y aplazamientos esta trama tenga otra de reserva que ase-
19
Plétora: exceso de sangre o de otros humores en cualquier parte del cuerpo que termina condu-
ciendo a la muerte.
127
HAMLET Literatura Universal y del Perú
20
Ranúnculos, ortigas y velloritas: el conjunto de las tres plantas tien como significado la muerte
porque las tres son malas hierbas, e incluso el ranúnculo tiene en sus tallos un jugo venenoso.
21
Se offendendo, érgolis: son en sí expresiones que imitan a la lengua latina. Por medio de la
deformació el clown pretende parodiar a los hombres de leyes que incluyen en sus planteamien-
tos latinismos.
128
Literatura Universal y del Perú HAMLET
CLOWN 2º. Pero oye, tú, compadre zapa- CLOWN 2º. El que hace las horcas, por-
dor… que tal artefacto sobrevive a mil de sus in-
quilinos.
CLOWN 1º. Permíteme. Aquí está el agua:
bien, y aquí está el hombre: bien. Si el hom- CLOWN 1º. Me gusta tu caletre22, a buena
bre va hacia esta agua y se ahoga, quieras fe. Ya van bien las horcas; pero ¿cómo van
que no, el caso es que va, fíjate en eso. bien? Van bien pira aquellos que van mal;
Pero si el agua viene hacia él y le ahoga, es así que tú vas mal diciendo que una
no se ahoga a sí mismo; érgolis aquel que horca está construida con más solidez que
no es culpable de su propia muerte, no una iglesia: érgolis, la horca te iría bien a ti.
acorta su propia vida. Venga otra vez, vamos.
CLOWN 2º. Pero ¿eso es ley? CLOWN 2º. ¿Quién es el que construye
más sólidamente que el albañil: el carpinte-
CLOWN 1º. ¡Vaya si lo es! Ley basada en
ro o el calafate?
el informe del comisario.
CLOWN 1º. Sí, dímelo y te desalbardas23.
CLOWN 2º. ¿Quieres que te diga la ver-
dad? Si la difunta no fuese una dama dis- CLOWN 2º. ¡Pardiez! Ahora mismo te lo
tinguida, no le hubieran dado sepultura digo.
cristiana.
CLOWN 1º. A ver.
CLOWN 1º. ¡Cabal! ¡Tú lo has dicho! Y lo
CLOWN 2º. ¡Por la misa! No sé qué te diga.
más triste del caso es que los poderosos
hayan de tener en este mundo más facul- (Entran HAMLET y HORACIO, manteniéndo-
tad que los demás cristianos para ahogar- se a distancia.)
se, o para ahorcarse a su capricho. Vamos CLOWN 1º. No atormentes más tu sesera
allá con el azadón. (Vuelven a cavar.) Lo por ello, pues tu asno remolón no cambiará
cierto es que no hay caballeros de más de paso a fuerza de palos. Pero si otra vez
antigua prosapia que los hortelanos, los te hacen esta pregunta, di «el sepulture-
cavadores y los sepultureros, que son los ro», porque las casas que él construye
que ejercen el oficio de Adán. duran hasta el día del Juicio... Anda, lléga-
CLOWN 2º. ¿Era Adán caballero? te a casa de Yaughan, y tráeme media
azumbre de licor. (Sale el CLOWN 2º. El
CLOWN 1º. Fue el primero que usó armas.
CLOWN 1º Se pone a cavar y canta:)
CLOWN 2º. ¿Qué estás diciendo, si nunca Cuando era joven y amaba, y amaba,
fue armado? muy dulce todo me parecía
CLOWN 1º. ¡Cómo que no! ¿Serás here- para matar el tiempo, ¡oh!, el tiempo
je? ¿Cómo entiendes tú la Sagrada Escri- que pasaba,
tura? La Sagrada Escritura dice: «Adán aunque con él, ¡oh!, nada bueno me
cavaba.» ¿Cómo podía cavar sin ir armado venía.
de brazos...? Voy a proponerte otro acerti-
jo, y si no me respondes, confiesa que eres HAMLET. ¿No tendrá ese hombre concien-
un… cia de su oficio, que canta mientras abre
una fosa?
CLOWN 2º. Venga, pues.
HORACIO. La costumbre le ha familiariza-
CLOWN 1º. ¿Quién es el que construye do con la tarea.
más sólidamente que el albañil: el calafate
o el carpintero? HAMLET. Así es, justamente; la mano que
menos trabaja es la que tiene el tacto más
suave.
22
Caletre: tino, capacidad. En sí es una deformación vulgar de la palabra “carácter”.
23
Desalbardar: significa literalmente ‘desparejar las bestias’. En el texto tendría pues un sentido
irónico: si fuera capaz de responder a la pregunta se separaría de las bestias y sería hombre.
129
HAMLET Literatura Universal y del Perú
CLOWN 1º. (Canta.) Pero la edad, con sus ancho de un par de escrituras? Los solos
arteros pasos, en su red me ha cogido, títulos de propiedad de sus tierras cabrían
hundiéndome en la tierra, cuando de tierra apenas en esta caja; y el heredero mismo
fabricado he sido. (Saca una calavera.) no debe tener más, ¿eh?
HAMLET. Esa calavera tenía lengua y po- HORACIO. Ni un ápice más, señor.
día en otro tiempo cantar. ¡Cómo la tira
HAMLET. ¿No se hace de piel de carnero
contra el suelo ese bribón, como si fuera la
el pergamino?
quijada con que Caín cometió el primer
asesinato! …Y la que está manoseando HORACIO. Ciertamente, señor; y también
ahora ese bruto acaso sea la cholla, de un de piel de ternero.
político de un intrigante que pretendía en- HAMLET. Pues solemnes carneros y ter-
gañar al mismo Dios. ¿No es posible? neros son los que fundan su felicidad en
HORACIO. Bien podría ser, señor. semejante cosa. Voy a hablar a ese indivi-
duo. (Al CLOWN.) ¿De quién es ese hoyo,
HAMLET. O tal vez la de un cortesano que
compadre?
sabía decir: «¡Felices días, amable señor!»
«¿Cómo estáis, mi querido señor?» Éste CLOWN 1º. Mía, señor. (Canta.)
podría ser el señor de Tal, que hacía elo- ¡Oh!, y un hoyo cavado en tierra
gios del caballo del señor de Cual, para a tal huésped bien le cuadra.
pedírselo prestado después. ¿No es ver-
dad? HAMLET. Sí; ya me figuro qué es tuya,
puesto que estás dentro de ella.
HORACIO. Sí, señor.
CLOWN 1º. Vos estáis fuera de ella, señor,
HAMLET. ¡Vaya si lo es! Y ahora está en
y, por consiguiente, no es vuestra. En cuan-
poder del señor Gusano, descarnada la
to a mí, no estoy tendido en ella, y, sin
boca y aporreados los cascos por el aza-
embargo, es mía.
dón de un sepulturero. ¡He aquí una linda
mudanza, si tuviéramos penetración bas- HAMLET. Mientes, por ello, al decir que
tante para verla! ¿Tan poco costó la forma- esa fosa es tuya por estar en ella. Es para
ción de esos huesos, que no sirven sino los muertos, no para los vivos; por tanto,
para jugar a los bolos? Los míos me due- mientes.
len de sólo pensarlo. CLOWN 1º. Como es mentira viviente, se-
CLOWN 1º. (Canta.) Un pico y un azadón, ñor, os la devuelvo.
un azadón y una sábana; ¡oh! Y un hoyo HAMLET. ¿Para qué hombre cavas esa
cavado en tierra a tal huésped bien le cua- fosa?
dra. (Saca otra calavera.)
CLOWN 1º. Para ningún hombre, señor.
HAMLET. He aquí otra. ¿Por qué no podría
ser la calavera de un abogado? ¿Dónde HAMLET. Bueno, ¿para qué mujer?
están ahora sus sutilezas y distingos, sus CLOWN 1º. Para ninguna, tampoco.
argucias, subterfugios y artimañas? Cómo
sufre ahora que ese grosero ganapán le dé HAMLET. ¿Pues quién ha de ser enterrado
con su pala inmunda en la mollera, sin atre- en ella?
verse a lanzar contra él una querella por CLOWN 1º. Una que fue mujer, señor; pero
lesiones? ¡Hum! Éste sería en su tiempo que en paz descanse, pues ya ha muerto.
un gran comprador de tierras, con sus hi-
potecas; sus resguardos, sus fines, sus HAMLET. (A HORACIO.) ¡Qué categórico
dobles garantías y sus cobranzas. ¿Será es el truhán! Hay que hablarle con la carta
acaso el fin de sus fines y el cobro de sus en la mano; de lo contrario, os aplasta con
cobranzas el tener su fino testuz relleno de un equívoco. ¡Por Dios! Horacio, de tres
lodo fino? ¿Por ventura todas sus garan- años acá lo he venido observando: nuestro
tías, por dobles que sean, le garantizarán siglo se refina de tal modo, que la punta del
de sus compras algo más que lo largo y lo pie del rústico llega tan cerca del talón del
130
Literatura Universal y del Perú HAMLET
131
HAMLET Literatura Universal y del Perú
verosimilitud en el proceso; es decir, de esa tes violetas! Y a ti, cura brutal, he de decir-
suerte: Alejandro murió, Alejandro fue se- te que mi hermana será un ángel mediador
pulturero. Alejandro se hizo polvo; el polvo en el Cielo mientras tú estés aullando en el
es tierra; de la tierra se hace el barro, ¿y abismo.
por qué con ese barro en que se convirtió
HAMLET. ¡Cómo! ¡La hermosa Ofelia!
no podría taparse un barril de cerveza? El
magno César, muerto y en barro converti- REINA. (Esparciendo flores sobre el cadá-
do, un agujero al viento taparle habrá podi- ver.) ¡Flores sobre la flor! ¡Adiós! Yo espe-
do. ¡Oh, que un barro que al orbe tuvo en raba que fueras la esposa de mi Hamlet;
temor eterno resguardará los muros del con esas flores pensaba, dulce doncella,
cierzo del invierno! Pero ¡silencio, silencio! cubrir tu lecho nupcial y no esparcirlas so-
Apartémonos; ahí llega el rey… (Entran en bre tu sepultura.
procesión sacerdotes, etc.,, precediendo al
LAERTES. ¡Oh! ¡Que un triple desastre
cadáver de OFELIA, y, siguiéndolos, LAER-
caiga diez veces triplicado sobre la maldita
TES y los del duelo, el REY y la REINA,
cabeza de aquel cuyo inicuo crimen te ena-
con sus respectivos séquitos. Continuando
jenó de tu privilegiado entendimiento! (A
mientras desfila la procesión.) …y la reina
los Clowns.) No echéis tierra todavía; es-
y la Corte. ¿A quién sigue ese duelo?, ¡y
perad que la estreche una vez más entre
con ceremonial tan deficiente! Esto es cla-
mis brazos. (Salta dentro de la fosa.)
ro indicio de que el difunto al cual siguen
Amontonad ahora vuestro polvo sobre el
puso fin a su vida con mano desesperada.
vivo y la muerta hasta convertir este llano
Y era persona de calidad. Agachémonos
en monte más alto que el Pelión o la celes-
un rato y observemos. (Retírase con HO-
te cumbre del Olimpo azul.
RACIO.)
HAMLET. (Adelantándose.) ¿Quién es ese,
LAERTES. (Al SACERDOTE 1.º.) ¿Qué otra cuyo dolor se exhala con tal énfasis y cu-
ceremonia falta? yos acentos de aflicción conjuran a los
HAMLET. (A HORACIO.) Aquél es Laertes, errantes astros, haciéndoles detener su
un joven nobilísimo. Observemos. curso, como oyentes heridos de estupor?
Aquí está Hamlet, el danés. (Salta dentro
LAERTES. ¿No hay otra ceremonia?
de la fosa.)
SACERDOTE 1.º. Sus exequias se han
LAERTES. ¡Que el demonio lleve tu alma!
celebrado con toda la amplitud que el caso
(Asiéndole y braceando con él.)
permitía. Su muerte fue sospechosa, y a
no ser por aquella orden superior que juz- HAMLET. Mal modo de rezar. Por favor,
ga toda regla, hubiera sido depositada en quita tus dedos de mi cuello, pues aunque
tierra profana hasta la trompeta del Juicio no soy irascible, ni violento, hay en mí algo
Final, y en vez de piadosas preces, tan sólo peligroso que tu prudencia debe temer.
escombros, piedras y guijarros se habrían Aparta esa mano.
arrojado sobre ella. No obstante, se le ha REY. Separadlos.
concedido un rocío de flores y sus coronas
virginales, y el ser conducida a la última REINA. ¡Hamlet! ¡Hamlet!
morada con servicio fúnebre y doble de TODOS. ¡Señores!
campanas. HORACIO. Sosegaos, querido príncipe.
LAERTES. ¿Nada más debe, pues, hacer- (Algunos del séquito los separan, y salen
se? fuera de la fosa.)
SACERDOTE l.º Nada más. Profanaría- HAMLET. ¡Cómo! Lucharé con él por esta
mos los ritos funerales si cantáramos para causa hasta que mis ojos cesen de parpa-
ella el descanso eterno, como se hace por dear.
las almas de los que mueren en el Señor. REINA. ¿Qué causa, hijo mío?
LAERTES. ¡Colocadla en tierra, y que de HAMLET. Yo amaba a Ofelia; cuarenta mil
su bella e inmaculada carne broten fragan- hermanos que tuviera no podrían, con todo
132
Literatura Universal y del Perú HAMLET
su amor junto, sobrepujar el mío. (A LAER- Ahora vas a ver lo otro. ¿Recuerdas todas
TES.) ¿Qué estás dispuesto a hacer por las circunstancias?
ella?
HORACIO. ¡Recordarlo, mi señor!
REY. ¡Oh! Está loco, Laertes.
HAMLET. Pues, amigo, habíase encendi-
REINA. ¡Por amor de Dios, dejadle! do en mi corazón una especie de lucha que
no me dejaba conciliar el sueño, y sentía-
HAMLET. ¡Vive Dios! Dime qué quieres
me peor que los amotinados cuando se les
hacer. ¿Quieres llorar?, ¿quieres luchar?,
encadena. En un arranque de audacia, y
¿quieres ayunar, ¿quieres desgarrarte?,
que por ello sea bendita la audacia, pues
¿quieres tragar vinagre o comerte un coco-
bueno es saber que nuestra indiscreción
drilo? Pues todo esto haré yo. ¿Vienes aquí
nos presta a veces buen servicio, mientras
para lloriquear, o para provocarme saltan-
fracasan nuestros proyectos más maduros,
do en la tumba de Ofelia? ¡Hazte sepultar
y esto debe enseñarnos que hay una divini-
vivo con ella, que esto quiero yo; y ya que
dad que labra nuestros designios, por muy
hablas de montañas, deja que sobre noso-
toscamente que los desbastemos…
tros echen fanegas a millones, hasta que
nuestro promontorio, chamuscándose la HORACIO. Nada más cierto.
cresta en la zona ardiente, deje el monte
HAMLET. …salí de mi camarote, y, mal
Osa como una verruga! Y si te empeñas en
arrebujado en mi tabardo24 marino, y an-
gritar, rugiré tanto como tú.
dando a tientas en la oscuridad hacia don-
REY. Esto es un puro delirio, y por cierto de estaban, logré mi deseo, eché mano a
tiempo obrará así en él; enseguida, manso su legajo, y por fin me retiré a mi cámara.
como una paloma cuando han nacido sus Me enardezco en la porfía, llegando con
dorados pichones, le veréis sumirse en el mis temores a olvidar todo escrúpulo, y
silencio. rompo el sello de su principal despacho.
Allí encuentro, Horacio amigo, ¡oh, regia
HAMLET. Oíd, caballeros: ¿por qué motivo
truhanería!, una orden terminante, sazona-
me tratáis así? Siempre os he querido; pero
da con muchas y diversas clases de razo-
no importa, pues por más que haga el mis-
nes, concernientes a la salud de Dinamar-
mo Hércules, el gato maullará y el perro
ca y también de Inglaterra, y, ¡oh, haciendo
ladrará, mal que le cuadre. (Sale.)
tales aspavientos y zozobras por mi vida
REY. Horacio amigo, te ruego le acompa- que a la simple lectura por primera provi-
ñes. (Sale HORACIO. A LAERTES.) Fortale- dencia y sin demora, sin entretenerse si-
ce tu paciencia con nuestra plática de la quiera en afilar el hacha, debían degollar-
pasada noche. Vamos ahora a dar la última me!
mano a nuestro asunto. Querida Gertrudis,
HORACIO. ¿Es posible?
haced que vigilen a vuestro hijo. Esa tum-
ba va a tener un monumento viviente. Pron- HAMLET. (Entregándole un pliego.) Aquí
to va a llegarnos la hora del sosiego. Hasta está el despacho; léelo con más detención.
entonces, que la paciencia gobierne nues- Pero ¿quieres oír cómo me las compuse?
tros actos.
HORACIO. Sí, os lo ruego.
HAMLET. Viéndome así por todas partes
ESCENA II acechado de perfidias, y habiendo dado
principio a la función antes de componer el
UNA SALA EN EL CASTILLO prólogo, me senté, inventé un nuevo man-
(Entran HAMLET y HORACIO.) dato, y lo escribí con toda pulcritud, y me
esforcé mucho por olvidar dicha destreza;
HAMLET. Basta ya de esto, amigo mío. pero, amigo mío, ¡qué excelente servicio
24
Tabardo: prenda de abrigo ancha y larga, de paño tosco.
133
HAMLET Literatura Universal y del Perú
me prestó en tal ocasión! ¿Quieres saber HORACIO. Pronto le harán saber de Ingla-
el tenor de lo que escribí? terra el éxito que ha corrido su empresa.
HORACIO. Sí, mi buen señor. HAMLET. Pronto será; pero el ínterin es
mío, y la vida de un hombre se apaga con
HAMLET. Una instancia apremiante del
un soplo. Mas siento en el alma, amigo
rey, en la cual decía que, como quiera que
Horacio, el haberme propasado con Laer-
Inglaterra es su fiel tributaria; comoquiera
tes, pues en la imagen de mi causa veo el
que el afecto entre ambas debe florecer
retrato de la suya. Quiero solicitar su afec-
cual las palmeras; como quiera que la paz
to, aunque, hablando con franqueza, las
ha de llevar siempre su guirnalda de espi-
alharacas de su pesar me enfurecieron de
gas y extenderse cual lazo de unión entre
un modo irresistible.
sus amistades, y no sé cuántos otros «co-
moquieras» de este peso, por si quiere HORACIO. ¡Silencio! ¿Quién viene aquí?
«comérselos», no bien estuviera instruido
(Entra OSRIC.) OSRIC. Sea felizmente bien
de este despacho, sin más deliberación,
venido vuestra señoría de retorno a Dina-
grande o pequeña, hiciese dar muerte a los
marca.
portadores, sin otorgarles tiempo ni para
confesarse. HAMLET. Os doy rendidas gracias, caba-
llero. (Aparte, a HORACIO.) ¿Conoces a
HORACIO. ¿Y cómo lo sellasteis?
este zángano?
HAMLET. Pues aun en este punto me fue
HORACIO. No, mi buen señor.
propicio el Cielo. Yo tenía en mi bolsa el
timbre de mi padre, que es una copia del HAMLET. Pues te hallas en estado de gra-
sello real de Dinamarca; doblé el pliego en cia, porque es pecado conocerle. Posee
igual forma que el otro, lo suscribí, lo sellé muchas y fértiles tierras. Como un animal
y lo volví a poner en su sitio, cuidando de sea señor de animales, tendrá un pesebre
que se viera la suplantación. Ahora bien: al en la mesa del rey. No es más que una
día siguiente ocurrió nuestro abordaje, y de cacatúa, pero, como te digo, cuantiosísimo
lo que luego sucedió ya estás enterado. en la posesión de estiércol.
HORACIO. ¿De modo que Guildenstern y OSRIC. Amabilísimo señor, si Vuestra Al-
Rosencrantz corren a su pérdida? teza tuviera un momento disponible, le co-
municaría una cosa de parte de Su
HAMLET. ¿Qué quieres, amigo mío? Ellos
Majestad.
mismos solicitaron este cargo amorosa-
mente. No pesan sobre mi conciencia; su HAMLET. Yo la acogeré, caballero, con
perdición es efecto natural de sus mismas toda la solicitud de mi alma. Mas aplicad
oficiosidades. Fuerte peligro es para un vuestro sombrero a su debido uso: es para
débil el introducirse entre las puntas de las la cabeza.
espadas de dos fieros y potentes adversa- OSRIC. Lo agradezco infinito a vuestra
rios. señoría; hace mucho calor.
HORACIO. ¡Señor, qué rey ese! HAMLET. No tal; creedme, hace mucho
HAMLET. ¿No te parece que ahora se me frío; el viento es del Norte.
impone, pues que es él quien asesinó a mi OSRIC. En efecto, señor; hace un frío algo
padre y prostituyó a mi madre; quien de regular.
golpe y porrazo se interpuso entre el voto
popular y mi esperanza, y quien le echó el HAMLET. Sin embargo, me parece que
anzuelo a mi propia vida, valiéndose de hace verdadero calor, y bochornoso, o será
tales infamias; no es un perfecto caso de tal vez mi complexión.
conciencia el darle su merecido con este OSRIC. Sofocante en extremo, señor; el
brazo? ¿Y no sería criminal dejar que ese tiempo es muy bochornoso cual si dijéra-
cáncer de nuestra naturaleza se cebe en mos…, no sé cómo expresarlo. Pero, se-
ella con nuevas maldades? ñor, Su Majestad me ha rogado significaros
134
Literatura Universal y del Perú HAMLET
que ha hecho una importante apuesta en haría eso gran mella en mi reputación.
favor vuestro. He aquí, señor, de qué se Conque, señor…
trata…
OSRIC. No ignoráis la excelencia de Laer-
HAMLET. (Instándole a cubrirse.) Os supli- tes…
co recordéis.
HAMLET. No me atrevo a confesar tal
OSRIC. ¡No, mi buen señor; es por como- cosa, por temor a compararme en excelen-
didad, a fe mía. Pues, señor, ahí está Laer- cia con él, pues conocer bien a un hombre
tes, recién llegado a la Corte; un cumplido sería conocerse a sí mismo.
caballero, podéis creerme, abundoso en las
más eximias distinciones, de amabilísimo OSRIC. Quiero decir, señor, su excelencia
trato y de magnífica presencia. En verdad, por lo que se refiere a las armas, pues,
hablando de él en términos adecuados, es según el buen nombre de que goza, no tie-
el dechado y almanaque de la galantería, ne rival en este mérito.
pues en él hallaréis el compendio de todas HAMLET. ¿Y qué arma es la suya?
las dotes que pueda desear un caballero.
OSRIC. Espada y daga.
HAMLET. Su definición, señor mío, no su-
fre menoscabo alguno en vuestros labios; HAMLET. Esas son dos armas; pero ade-
aunque, bien lo sé, el dividirle por puntos a lante.
guisa de inventario aturdiría la aritmética OSRIC. El rey, señor, ha apostado con él
de la memoria, que no haría sino dar bor- seis caballos berberiscos, contra los cua-
dadas, cediendo el paso a tal velera nave. les impone Laertes, según me dicen, seis
Mas, dentro de la verdad del encomio, le espadas y dagas francesas, con sus co-
considero un espíritu de grandes alcances, rrespondientes accesorios, como tahalíes,
y sus infusas dotes son para mí de tan colgantes y demás. Tres de los soportes
peregrina rareza, que, para hacer de él una son, en verdad, del gusto más exquisito, y
certera calificación, no tiene semejante armonizan divinamente con la empuñadu-
sino en su propio espejo, y quienquiera que ra; unos soportes primorosísimos y de una
pretenda imitarle será su sombra y nada fantasía portentosa.
más.
HAMLET. Pero ¿a qué llamáis soportes?
OSRIC. Vuestra señoría habla de él de la
manera más infalible. HORACIO. (Aparte, a HAMLET.) Bien sabía
yo que tendríais que consultar las notas del
HAMLET. Pero veamos la concernencia,
margen antes de acabar.
caballero. ¿A qué fin envolvemos a ese
hidalgo con nuestro más que rudo aliento? OSRIC. Los soportes, señor, son los col-
OSRIC. ¿Decíais, señor…? gantes.
135
HAMLET Literatura Universal y del Perú
diata si vuestra señoría tuviera a bien otor- Si Laertes está pronto, dispuesto estoy yo;
gar la respuesta. ahora mismo o cuando quiera, con tal que
me sienta tan apto como ahora.
HAMLET. ¿Y si respondo que no?
SEÑOR. El rey y la reina bajan con toda la
OSRIC. Me refiero, señor, a la presenta-
Corte.
ción de vuestra persona como combatiente
en la prueba. HAMLET. En hora feliz.
HAMLET. Señor mío, voy a pasearme por SEÑOR. La reina desea que dispenséis un
el salón; si a Su Majestad le place, ésta es afectuoso recibimiento a Laertes antes de
para mí una hora de asueto. Que traigan principiar el asalto.
los floretes, dado que el caballero consien- HAMLET. Me aconseja bien. (Sale el SE-
ta; y de persistir el rey en su propósito, yo ÑOR.)
le haré ganar la apuesta, si puedo; de lo
contrario, nada ganaré sino mi humillación HORACIO. Vais a perder la apuesta, se-
y los botonazos correspondientes. ñor.
OSRIC. ¿Es así como transmitiré vuestra HAMLET. No lo creo. Desde que partió él
respuesta? para Francia he estado continuamente
ejercitándome, y con la ventaja que se me
HAMLET. En este sentido, caballero; des- otorga, creo ganar. Mas no puedes figurar-
pués podéis adornarla con todos los flo- te qué angustia siento aquí en el corazón.
reos que gustéis. Pero no importa.
OSRIC. Recomiendo mis respetos a vues- HORACIO. En ese caso, mi señor…
tra señoría.
HAMLET. Nada, una tontería; pero es
HAMLET. Siempre vuestro, siempre vues- como un presentimiento fatal, que turbaría
tro. (Sale OSRIC.) Bien hace en recomen- tal vez a una mujer.
darme a sí mismo; no se hallaría otra
lengua que lo hiciera por él. HORACIO. Si vuestro espíritu siente algu-
na aprensión, obedecedle, diciéndoles que
HORACIO. Es una ave fría que echa a os halláis indispuesto.
volar del nido con la cabeza metida en el
cascarón. HAMLET. Nada de eso; no creo en presa-
gios; hasta en la caída de un gorrión inter-
HAMLET. Cumplimentaba ya a la teta an- viene una providencia especial. Si es ésta
tes de mamar. Como otros de la misma la hora, no está por venir; si no está por
pollada, por quienes, según veo, chochea venir, ésta es la hora; y si ésta es la hora,
este frívolo siglo, tan sólo ha logrado ad- vendrá de todos modos. No hay más que
quirir el tono de la época y las exteriorida- hallarse prevenido. Pues si nadie es dueño
des del buen trato; especie de agregados de lo que ha de abandonar un día, ¿qué
de espuma que fluctúan a merced de las importa abandonarlo tarde o temprano?
más caprichosas y zarandadas opiniones; Sea lo que fuere.
pero no bien se sopla en ellos para robar-
los, las burbujas se desvanecen al instan- (Entran el REY, la REINA, LAERTES, Seño-
te. res, OSRIC y séquito, con Pajes y Criados
llevando floretes y guantes de esgrima, una
(Entra un SEÑOR.) SEÑOR. Señor, Su Ma- mesa, jarros de vino, copas, etc.)
jestad os ha cumplimentado por conducto
del joven Osric, quien, de vuelta, le ha par- REY. Ven, Hamlet, ven y recibe esta mano
ticipado que le estáis esperando en el sa- que te presento. (Poniendo la mano de
lón. Ahora me envía a saber si seguís en LAERTES en la de HAMLET.)
vuestro deseo de lidiar con Laertes, o si HAMLET. (A LAERTES.) Concededme, se-
queréis tomaros más tiempo. ñor, vuestro perdón; os he agraviado, mas
HAMLET. Soy constante en mis propósi- perdonadme, a fuer de caballero. Bien sa-
tos, los cuales se amoldan al gusto del rey. ben los aquí presentes, y vos mismo lo
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
habréis oído, lo afligido que me hallo por LAERTES. (Examinando uno de los flore-
una cruel demencia. Todo cuanto hice que tes que le presentan.) Éste es muy pesado.
rudamente pudiera lastimar vuestro tem- A ver otro. (Coge uno.)
peramento, vuestra conciencia y vuestro
HAMLET. (Tomando un florete al azar.)
pundonor, aquí mismo declaro que fue acto
Éste me gusta. ¿Son del mismo largo esos
de locura. ¿Fue Hamlet quien ultrajó a
floretes?
Laertes? No, Hamlet, jamás. Pues que si
Hamlet está fuera de sí, y, no siendo él OSRIC. Sí, mi buen señor. (HAMLET y
mismo, ofende a Laertes, no es Hamlet LAERTES se disponen para el asalto.)
quien tal hace: Hamlet lo reprueba. ¿Quién
REY. (A los Pajes.) Poned los jarros de vino
lo hace, pues? Su demencia; y si ello es
sobre esta mesa. Si Hamlet da el primero o
así, Hamlet pertenece a la parte ofendida
segundo golpe, o se desquita devolviéndo-
siendo su locura el enemigo del pobre Ha-
lo en el tercer asalto, que todas las alme-
mlet. Señor, haced ante esta asamblea que
nas disparen sus cañones; el rey beberá
mi protesta de toda mala intención me ab-
por la salud de Hamlet, para mejor alentar-
suelva de tal modo en vuestro generosísi-
se, y echará en la copa, como prenda de
mo espíritu, cual si, disparando mi flecha
unión, una perla finísima y más preciosa
por encima de la casa, hubiera herido a mi
que la que cuatro reyes sucesivos han lle-
propio hermano.
vado en la corona de Dinamarca. Vengan
LAERTES. Me doy por satisfecho en mi las copas, y que el timbal anuncie el clarín,
corazón, cuyo impulso, en este caso, es lo el clarín al artillero lejano, el cañón a los
que más debiera excitarme a la venganza. cielos, y los cielos a la tierra: «Ahora brinda
Pero, en lo que a mi honor atañe, mantén- el rey a la salud de Hamlet.» (A HAMLET y
game en reserva, y no acepto reconcilia- a LAERTES.) Vamos, empezad. Y vosotros,
ción hasta que de jueces ancianos y jueces, observad atentos.
honorables obtenga un dictamen razonado
HAMLET. Vamos.
en favor de la paz, a fin de que mi nombre
quede sin mancilla. Mas, entretanto, acep- LAERTES. Vamos, señor. (Esgrimen.)
to como buena la amistad que me ofrecéis
HAMLET. ¡Una!
y no faltaré a ella.
LAERTES. No.
HAMLET. La admito de buen grado, y quie-
ro lidiar con leal franqueza en esta apuesta HAMLET. Que juzguen.
fraternal. Dadnos dos floretes. Vamos, OSRIC. Una estocada, una estocada bien
pues. patente.
LAERTES. Vamos; uno para mí. (Adelan-
LAERTES. Bien; otra vez.
tándose un PAJE con los floretes.)
HAMLET. Laertes, voy a ser tu blanco con REY. Esperad. (A los Pajes.) Traedme la
mi torpeza, o bien tu estuche donde cobra- bebida. Hamlet, esta perla es tuya. (Echán-
rá tu aliento nuevo brillo, como un astro dola en la copa.) ¡A tu salud! (Suenan cla-
centelleando en la noche oscura. rines; luego se oyen cañonazos a lo lejos.
A los Pajes.) Dadle la copa.
LAERTES. Os burláis de mí, señor.
HAMLET. Quiero antes terminar este asal-
HAMLET. No tal, por esta mano.
to. (A uno de los Pajes.) Dejadla ahí cerca
REY. Dadles los floretes, joven Osric. ¿Es- un momento. (A LAERTES.) Vamos. (Esgri-
táis ya enterado de la apuesta, deudo Ham- men.) ¡Otro golpe! ¿Qué decís?
let?
LAERTES. Tocado, tocado; lo confieso.
HAMLET. Perfectamente, señor. Vuestra
Gracia ha apostado por la parte más débil. REY. (A la REINA.) Nuestro hijo ganará.
REY. No temo por ello. Os he visto tirar a REINA. Está grueso y se fatiga demasia-
uno y otro. Mas por la ventaja que él te do. Ven, Hamlet, toma mi pañuelo y sécate
lleva, tenemos diferencia suficiente. la frente. La reina brinda por tu suerte,
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HAMLET Literatura Universal y del Perú
Hamlet. (Toma una de las copas que le REY. Se ha desmayado al veros verter san-
ofrece el Paje.) gre.
HAMLET. Buena señora… REINA. ¡No, no! ¡La bebida la bebida!
…¡Oh, mi querido Hamlet, la bebida, la
REY. ¡No bebas, Gertrudis!
bebida!... ¡Estoy envenenada! (Muere.)
REINA. Beberé, señor; perdonad, os lo rue-
HAMLET. ¡Oh infamia!... ¡Hola! ¡Que cie-
go. (Bebe.)
rren las puertas! ¡Traición! ¡A descubrirla!
REY. (Aparte.) ¡La copa envenenada! ¡De-
LAERTES. (Cayendo.) Hela aquí, Hamlet.
masiado tarde! (La REINA ofrece una de
Hamlet, has sido asesinado; no hay medi-
las copas a HAMLET.)
cina en el mundo que pueda salvarte; no
HAMLET. No me atrevo aún, señora; be- tienes ni media hora de vida. En tu mano
beré enseguida. está el arma traidora, sin botón y emponzo-
REINA. Ven, deja que te enjugue el rostro. ñada; la infame intriga se ha vuelto contra
mí. Mírame aquí caído, para nunca más
LAERTES. (Aparte, al REY.) Ahora voy a levantarme. Tu madre está envenenada...
darle, señor. No puedo más... ¡Al rey, al rey la culpa!
REY. (A LAERTES.) No lo creo. HAMLET. ¡La punta envenenada también!
LAERTES. (Aparte.) Y sin embargo, es ¡Entonces, veneno, a tu obra! (Hiere al
casi contra mi conciencia. REY.)
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Barbilindo: galancete, preciado de barba y bien parecido.
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Literatura Universal y del Perú HAMLET
dan todavía unas gotas de licor. (Cogiendo jada de Inglaterra. Insensibles hallamos los
la copa envenenada.) oídos que debían recibir nuestro mensaje
de que sus órdenes se han cumplido, y
HAMLET. ¡Si eres hombre, dame esa copa;
Rosencrantz y Guíldenstern han muerto.
suéltala, por Dios te lo pido! ¡Oh buen Ho-
¿De quién debemos recibir las gracias?
racio! ¡Qué nombre más execrable me so-
brevivirá, de quedar así las cosas ignora- HORACIO. No será de su boca, aunque
das! Si alguna vez me albergaste en tu gozara de vida para agradecéroslo, pues
corazón permanece ausente de esa bien- jamás dio orden alguna para tal muerte.
aventuranza, y alienta por cierto tiempo en Mas, pues que justamente en tan siniestra
la fatigosa vida de este mundo de dolor ocasión habéis llegado vos (A FORTIM-
para contar mi historia. (Marcha militar a BRÁS) de la guerra de Polonia, y vosotros
distancia; descargas y tumultos más cer- (A los Embajadores) de Inglaterra, ordenad
ca.) ¿Qué bélico ruido es ése? que estos cuerpos sean expuestos sobre
un túmulo a la vista del pueblo, y dejad que
OSRIC. El joven Fortimbrás, que llega vic-
yo relate al mundo, que aún lo ignora, de
torioso de Polonia, saluda con esta salva
qué modo han ocurrido esos sucesos. Así
marcial a los embajadores de Inglaterra.
conoceréis de actos impúdicos, sangrien-
HAMLET. ¡Oh! Me muero, Horacio. El acti- tos y monstruosos; de muertes producidas
vo veneno subyuga por completo mi espíri- por la astucia y la violencia, y, como rema-
tu. No puedo vivir lo bastante para saber te, de maquinaciones fallidas cayendo por
nuevas de Inglaterra, pero auguro que la descuido sobre la cabeza de sus invento-
elección recaerá en Fortimbrás; tiene a su res: he aquí lo que fielmente he de conta-
favor mi voz moribunda. Díselo así con to- ros.
dos los incidentes, grandes y pequeños,
FORTIMBRÁS. Apresurémonos a oírlo, y
que me han impulsado… ¡Lo demás es si-
convoquemos a los próceres a audiencia.
lencio! ¡Oh!, ¡oh!, ¡oh!, ¡oh!… (Muere.)
En cuanto a mí con dolor abrazo mi fortu-
HORACIO. ¡Ahora estalla un noble cora- na; tengo sobre este reino antiguos dere-
zón! ¡Feliz noche eterna, amado príncipe, y chos, que lo propicio de la ocasión me
coros de ángeles arrullen tu sueño! (Mar- incita a reclamar.
cha militar cercana.) ¿Por qué llegan hasta
HORACIO. También procuraré hablar de
aquí estos tambores?
esto en nombre de una voz que arrastrará
(Entran FORTIMBRÁS y los Embajadores otras muchas consigo. Pero procedamos
ingleses, con tambores, banderas y acom- sin perder un instante, aun cuando los áni-
pañamiento.) mos se encuentren perturbados, no sea
FORTIMBRÁS. ¿Dónde está ese espec- que, por error o por intrigas, sobrevengan
táculo? más desgracias.
HORACIO. ¿Qué deseáis ver? Si es algún FORTIMBRÁS. ¡Que cuatro capitanes le-
cuadro de pasmo y de horrores, no bus- vanten sobre el pavés26 a Hamlet, como
quéis más. guerrero, pues si hubiese reinado, no cabe
duda que hubiera sido un gran rey! ¡Que
FORTIMBRÁS. Ese montón de cadáveres por su muerte hablen alto la música mar-
grita matanza. ¡Oh!, muerte soberbia, ¿qué cial y las honras guerreras! ¡Llevaos los
festín se prepara en tu antro eternas para cadáveres, que el espectáculo es más pro-
que así, de un golpe hayas derribado tan pio de un campo de batalla! ¡Id y mandad a
ferozmente a tantos príncipes? los soldados que hagan fuego! (Marcha
EMBAJADOR 1.º Horrible es este cuadro fúnebre. Salen, llevándose los cadáveres.
y demasiado tarde traemos nuestra emba- Después se oye una descarga de artille-
ría.)
26
Levantar sobre el pavés: erigir en caudillo, encumbrarle, ensalzarle. El pavés era un gran escudo
sobre el cual iban los reyes y los caudillos militares.
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