SEMINARIO DE LA DIÓCESIS DE ATLACOMULCO.
“Llamados a Cristificarse en obediencia y comunión”
SECCIÓN DE FILOSOFÍA
ALUMNO: Luis Fernando Portocarrero Rivas
MATERIA:
Seminario de posmodernidad y problemas
filosóficos.
TEMA: LA LIBERTAD.
FACILITADOR: Pbro. Lic. Efraín Morales Angeles.
GRADO: Tercero.
CICLO ESCOLAR 2021-2022
FECHA: 9 DE NOVIEMBRE DEL 2021
CONSIDERACIONES PREVIAS A LA LIBERTAD.
En primer lugar, sin ánimo de dar una definición, es necesario que nos aproximemos a una
noción de lo que es la libertad. No se trata de una tercera facultad que se da en el hombre y
que viene a complementar las dos anteriores: la inteligencia y la voluntad, es decir, en el
hombre no encontramos inteligencia, voluntad y “libertad”, sino que la libertad es una
característica de ciertos actos de la voluntad.
La voluntad es la tendencia o inclinación hacia los bienes presentados por la inteligencia, es
decir que para que la voluntad se sienta atraída es necesario primero tener una mínima idea
del objeto, luego la inteligencia lo presenta como bien para ser amado, elegido o rechazado.
En sentido general la voluntad tiende naturalmente al bien perfecto, pero ésta debe realizarse
en lo concreto pues la inteligencia le presenta bienes particulares y finitos. Ahora bien, la
inteligencia es libre de elegir entre esos bienes, es decir que no se encuentra predeterminada
a elegir uno u otro, sino que puede autodeterminarse a sí misma. Al afirmar que la voluntad
es libre, entonces, estamos indicando que es la capacidad de autodeterminarse, pero ella sólo
elige entre bienes (aunque puede elegirse malamente).
A) El fenómeno de la libertad.
1. La Libertad como proceso de liberación social y personal: La libertad
frecuentemente aparece como el valor más estimado en el mundo contemporáneo y
tal vez en todos los tiempos: se promete, se proclama, se aspira a lograrla y también,
en ocasiones, se teme, se restringe o se aniquila. La libertad aparece pues como un
valor, como algo que hay que realizar, como un objetivo que puede ser alcanzado o
no. La libertad en este sentido no está tanto en el plano de lo dado, como en el de las
conquistas. La libertad, entonces, aparece como liberación, que es el proceso a través
del que se alcanza la libertad. Este proceso de liberación puede entenderse en dos
niveles: un primer nivel que pertenece al plano de las colectividades, por ejemplo, la
libertad que un pueblo se da a sí mismo en el orden social. Pero también aparece la
liberación como un valor a conseguir en el plano personal. La liberación individual
se presenta como aspiración cuando se desea “no ser un hombre masa”, “tener
personalidad propia”, “ser sí mismo”, es decir, actuar según el propio modo de ser, o
“tener que realizarse”. Desde este punto de vista la libertad aparece no tanto como un
valor social cuanto como un logro personal que puede alcanzarse o no.
2. La Libertad como propiedad de la voluntad: por otra parte, la libertad se presenta
también en la vida y el lenguaje ordinario, en otras ocasiones, no como un valor a
conseguir, sino como una propiedad que se posee, como algo que está dado, en el
mismo modo en que lo están la afectividad, el pensamiento o la voluntad. La libertad
se muestra aquí como una característica de la voluntad y como una propiedad de
determinados actos del hombre. A este respecto nos referíamos en las consideraciones
previas, y responde más bien a una mirada filosófica sobre la misma.
3. La Libertad y la vivencia de la libertad: la libertad y la vivencia de la libertad no
coinciden necesariamente. Puede haber una “sensación” muy grande de libertad y una
libertad real mínima. Hay quien se cree que es libre absolutamente porque está
desligado de todo compromiso, pero éste es un sentimiento engañoso. La sensación
de libertad que procede de una falta de motivación profunda denota en realidad falta
de libertad. Decir que se es libre porque se opera por impulsos y no por obligaciones,
es un modo de engañarse. La sensación de libertad aparece cuando se actúa sin ningún
compromiso porque no se sabe por qué se actúa de determinado modo, pero en tales
circunstancias es preciso sospechar que se actúa por algo distinto de la libertad.
Cuanto “más libre” es alguien, más predecible es su conducta. El hombre caprichoso
es el hombre falto de libertad, como es falto de libertad aquel hombre para el cual
“las situaciones y los impulsos instintivos provocados por éstas, tienen consecuencias
decisivas y unívocamente determinantes para sus acciones” (por ejemplo, así como
el perro cuando ve pasar una perra en celo impulsivamente e instintivamente busca
aparearse, quedando determinado a actuar de esa manera). Por eso, la conducta
auténticamente libre se comprende en base a motivos y razones, mientras que la
actuación caprichosa se explica en base a procesos causales de corte psicológico
(impulsos). Aquí adelantamos ya una conclusión: la libertad no es arbitrariedad o
indeterminación pura, sino más bien la capacidad de autodeterminarse hacia aquello
que se considera bueno.
B) Pruebas del libre albedrío.
En la última frase del párrafo anterior señalábamos que la libertad es la capacidad de
autodeterminarse frente a distintos bienes, es decir que el aspecto que se resalta aquí es que
la libertad es libre albedrío, o básicamente una capacidad de elección. Pero realmente
¿poseemos libre albedrío, somos realmente libres o estamos predeterminados a ejercer la
libertad siempre en un mismo sentido, es decir no somos libres? A continuación presentamos
una serie de argumentaciones o testimonios que dan cuenta de que es real el libre albedrío en
el hombre.
1. Testimonio de la conciencia psicológica: Este argumento invoca la conciencia, es
decir, la intuición de la libertad. […] El filósofo alemán Karl Jaspers (1883-1969)
argumentaba así: “La cuestión misma de la libertad implica hasta la evidencia la
existencia de esa libertad. En efecto, la cuestión de saber si soy libre tiene su primer
origen en mí mismo: quiero que exista la libertad. Así, sin más, queda establecida la
posibilidad de la libertad, porque sólo un ser libre o capaz de libertad puede
interrogarse sobre la libertad. De lo contrario, el mismo problema carecería de sentido
y la idea de libertad no correspondería a ninguna experiencia concebible. Mas si el
hombre plantea este problema, es porque lo lleva enraizado en lo más profundo de su
ser personal como una absoluta exigencia de su voluntad”. El argumento de Jaspers
asocia, con mucha razón, el punto de vista psicológico con el metafísico: una voluntad
sometida a la determinación (a actuar siempre de tal manera) y que se quisiera libre
es tan inconcebible como un círculo cuadrado o como un animal que reclamara la
razón.
2. Testimonios de la conciencia moral: Sin libertad el hombre no tendría ni deber u
obligación moral, porque no puede haber obligación moral sino en quien no está
sometido a ninguna coacción; tampoco tendría responsabilidad moral, porque nadie
responde de los actos de que no es autor; ni mérito ni demérito, ni sanción de ninguna
clase, porque estas cosas no son inteligibles sino en función de la libertad. La objeción
que se opone a este argumento es que el sentimiento de obligación podría provenir de
la coacción social, es decir por influencia de la sociedad. Pero contra esto se debe
afirmar que la persona responde de todo lo que ha hecho o querido, la misma persona
se atribuye a sí misma el valor de sus actos, tomando sobre sí una carga que ninguna
inclinación natural ni interés la determinan a llevar. Un ser que toma sobre sí y carga
con la responsabilidad de sus actos, es decir, que se conoce como principio y autor de
ellos, debe de una u otra manera ser capaz de esta conducta. Pues bien, la noción
exacta de esta capacidad no es otra cosa que la noción de libertad moral.
3. Testimonios de la conciencia social: Las leyes, los contratos, los consejos y las
exhortaciones, las promesas y las amenazas suponen la realidad del libre albedrío.
Estas cosas no tendrían sentido alguno si nosotros tuviéramos conciencia de estar
obligados por coacciones internas, es decir si supiéramos que no podríamos cumplir
pues necesariamente nos sentiríamos obligados por nuestra conciencia a obrar en tal
o cual sentido; en efecto, no nos comprometemos a una cosa por contrato si no
tenemos una voluntad que se cree libre.
4. Prueba metafísica: La voluntad permanece indeterminada (idealmente) mientras
tiene por objeto los bienes finitos y particulares que la inteligencia le presenta, pues
estos son incapaces de llenar la ilimitada capacidad de la voluntad e incapaces de
determinarla necesariamente. Ahora bien, sería distinto si la voluntad se enfrentara al
bien absoluto y universal, frente a este su elección sí estaría limitada pues no podría,
ni querría elegir otra cosa que ese bien mismo (nos referimos al caso de Dios, que si
pudiera ser visto con claridad la voluntad no querría otra cosa que a Dios mismo).
C) Tipos de Libertad.
Referido a los tipos de libertad, podemos mencionar que existe una caracterizada como
“exterior” y que se refiere a no estar obligado desde afuera a realizar un acto. Más
comúnmente es conocida como no estar coaccionado a obrar de un modo en particular ya sea
por la fuerza física, civil o política. Pero también la libertad puede ser considerada como
“interior”, esta es llamada libre arbitrio, y en este sentido significa estar exento de una
necesidad interior para realizar un acto.
A ello es lo que denominamos como “no estar determinado, con anterioridad, a actuar de un
modo específico”. Dentro de esta libertad interior, podemos establecer una subclasificación:
Por un lado la “libertad de ejercicio”, la cual trata de la capacidad para poder elegir entre
actuar o no. Por ejemplo: poder elegir si se quiere estudiar ahora o no. Por otro la “libertad
de especificación”, en la que su contenido versa sobre la posibilidad de poder hacer este acto
u otro en particular. En este caso podemos ejemplificar diciendo que tenemos la posibilidad
de estudiar “martillero y corredor público” o “ingeniería”.
Podríamos sintetizar los tipos de libertad de la siguiente manera:
D) La Libertad ¿es elección entre el bien y el mal?
Muchas veces se entiende que la libertad es la capacidad de elegir entre el bien y el mal. Esto
es un error muy típico. Basta pensarlo un poco: no hay nada malo en ser libre, nadie puede
negarlo, pero si la libertad consiste en elegir entre el bien y el mal, y cuando elijo algo malo
me condenan, se me estaría sancionando por usar mi libertad como corresponde… lo cual
sería absurdo. La facultad de elección para el mal, es decir, la posibilidad de la falta moral
lejos de ser un atributo de la libertad constituye una deficiencia de la libertad, que sólo puede
encontrarse en la creatura (no en el ser perfecto).
Entender la libertad del hombre como la posibilidad de elegir entre el bien y el mal ha llevado
a un callejón sin salida que distorsiona todo desarrollo teórico-práctico sobre la convivencia
social, los derechos subjetivos de la persona humana, la función del Estado, etc. La libertad
consiste en elegir el bien. Depende de la inteligencia descubrir lo que verdaderamente es
bueno y de la voluntad querer lo que la inteligencia le presenta como bueno. La voluntad
elige el bien que la inteligencia le presenta. Por ese motivo lo que libera es el conocimiento
del bien, es decir, la verdad. Cuanto mayor sea mi conocimiento de la verdad más libre seré,
y por supuesto más responsable de mis actos.
Por ejemplo, si alguien me pidiera ayuda para encontrar determinada dirección, sólo si sé
cómo localizarla puedo decidir si lo ayudo o no. En cambio, si no sé cómo ubicarla no tendré
la libertad de ayudar a esa persona dándole la dirección, a lo sumo tendré la libertad de ayudar
de otro modo. Santo Tomás afirma que “a la esencia de la libertad no pertenecen el que se
encuentre indeterminadamente para el bien o para le mal; porque la libertad de sí está
ordenada al bien, como que el bien es el objeto de la voluntad, ni tiende ella al mal sino por
un defecto; porque el mal es aprehendido como bien, ya que no hay voluntad o elección sino
del bien o de lo que aparece como bien; y por ende, donde la libertad es perfectísima allí no
puede tender al mal, porque no puede ser imperfecta. Pero es la esencia de la libertad el poder
hacer o no una acción, y esto conviene; porque puede no hacer los bienes que hace, pero no
puede hacer el mal”.
Lo que hace psicológicamente posible el pecado (la mala elección moral) es la limitación de
la inteligencia humana, ya que el hombre puede vivir en la insensatez de preferir un bien
caduco e inmediato a la posesión del Bien Infinito, o incluso puede incurrir en el gran error
de tergiversar o confundir el mal real como bien aparente, todo esto puede suceder cuando
se trata de “seguir la línea” de lo que es natural en el hombre, es decir, la inclinación a la
Verdad, al Bien y a la Belleza, lo que lo hace verdaderamente feliz. Por eso, es en verdad
violento aquello que es lo contrario a nuestra naturaleza. Sabemos que es imposible que la
voluntad humana elija un objeto sin que la inteligencia lo mostrase como un bien. Si se lo
presentara como un mal la voluntad lo rechazaría sin vacilar. Pero sucede que la inteligencia,
obnubilada por la ignorancia, por las pasiones desordenadas o por los malos hábitos, se
confunde y acepta aspectos que son tentadores.
Presentará así el objeto pecaminoso a la voluntad como un verdadero bien, siendo que esto
es tan sólo apariencia, y que ciertamente es en sí mismo un mal. Un verdadero peligro
agazapado detrás de un cartel publicitario sumamente atractivo. Si lleváramos la discusión a
otro plano y nos preguntáramos si es posible que siga habiendo mal moral una vez que el
hombre alcance a Dios pues bien, se podría explicar la impecabilidad de la que gozan los
santos del cielo, ya que al contemplar “cara a cara” la esencia divina (a Dios tal como es), no
tienen posibilidad de confundir con el entendimiento un bien aparente, porque conocen
perfectamente el Bien real y absoluto.
Y la voluntad queda sólo orientada hacia ese Bien Supremo, pero cuidado no deja de ser
libre, al contrario, la libertad alcanza su máxima expresión al elegir el bien superior. En estas
condiciones es imposible pecar, porque el pecado siempre supone algún grado de ignorancia.
Si alguien intentase tentar con algún bien menor a un santo en el cielo, por muy atractivo y
deseable que fuera el objeto que se le presente, el bienaventurado no le prestaría la más
mínima atención. Pues bien ¿con qué se podría tentar a quien posee para toda la eternidad el
Bien infinito que lo hace indeciblemente feliz?
CONCEPCIONES FILOSOFICAS DE LA LIBERTAD.
Libertad y Naturaleza Humana. Se suele cuestionar el concepto de naturaleza, ya que al
negar a Dios se termina negando la existencia de una verdad objetiva y por lo tanto, de una
naturaleza que especifique qué es el hombre. En función de esta negación se piensa que el
hombre puede ser lo que quiera (sin límite alguno) porque no posee una naturaleza dada sino
que es absolutamente libre. Esto carece de lógica. Cada hombre, sin duda, se hace a sí mismo
por su elección, pero no puede hacerse más que un hombre, éste o aquél, sí, pero hombre al
fin. No puede trascender su ser ni hacia arriba ni hacia abajo, hacerse Dios o caballo, ángel
o pez. El hombre elige los fines de su acción, pero no elige su fin último, que es para él una
necesidad que le impone su naturaleza. Y sobre esta ley natural se fundamenta toda la moral:
es buena moralmente la acción que está en la línea del fin último; y mala, la acción que está
libremente desviada de él.
Los determinismos. A lo largo de la historia han aparecido diversas teorías que intentan
explicar el fenómeno de la libertad, pero en muchos casos se ha caído en determinismos.
Denominaremos determinismos a todas aquellas doctrinas que en definitiva niegan la
libertad. Podemos encontrar distintos tipos de determinismos: científicos, teológicos y
filosóficos, aunque en última instancia, todos los determinismos son de corte filosófico, es
decir que están montados sobre una estructura más o menos racional sobre la cual intentan
dar explicación y sentido a sus afirmaciones. Es común encontrar determinismos que
tomando datos de la ciencia o de la teología luego realizan afirmaciones metafísicas que
generalmente son una extrapolación de conocimientos que no son filosóficos, es decir que
llevan verdades particulares de un campo a otro otorgándoles el mismo sentido de verdad.
Los determinismos filosóficos: Una metafísica como la del panteísmo (que identifica el ser
de Dios con el de todo lo que existe); o en la que se afirme la existencia de un destino
universal; o en la que se afirme que toda la realidad funciona por medio de determinadas
leyes que hacen que cada acontecimiento, hasta el más pequeño sea de una forma
determinada, niegan la libertad del hombre. Si se pudiera hacer un estudio de cada una de
estas posturas metafísicas, veríamos que tienen serios errores lógicos. La libertad es una
realidad y la filosofía debe iniciar su reflexión desde la misma realidad y comprobar sus
resultados también en ella.
Definición filosófica de la libertad: Capacidad de obrar sin impedimentos, de
autodeterminarse, lo que supone la posibilidad de elegir tanto los fines como los medios que
se consideren adecuados para alcanzar dichos fines.
En la medida en que podemos aplicar el término a distintas facetas de la realidad podemos
hablar de distintos tipos de libertad: moral, jurídica, política, religiosa, de pensamiento, etc...
La posibilidad de que el individuo pueda sustraerse o no a la cadena determinística de los
fenómenos naturales ha provocado no pocas discusiones en torno a la realidad de dicho
concepto y su significado, caso de aceptar su realidad, dando lugar a numerosas
concepciones, por lo general muy matizadas, de lo que sea la libertad.
Concepciones de la libertad alrededor de la historia:
La libertad es un concepto clave en la filosofía. Se define, negativamente, como la ausencia
de restricción; positivamente como el estado de quien hace lo que quiere.
La libertad es sorprendentemente un concepto bastante moderno, ya que los griegos hablaron
poco de ella, considerando que el hombre debería reflejar el cosmos en lugar de obedecer sus
propias aspiraciones. Kierkegaard, luego Heidegger y Sartre, han hecho de la libertad una
pieza clave de la metafísica, como lo demuestran las famosas citas sobre la libertad.
La pregunta principal es: ¿cuál es exactamente la libertad y para demostrar si somos o no,
tratando de justificar el "sentimiento fuerte e interno" (Descartes) que tenemos de ser libres
y que se encuentra en cada hombre.
Para definir la libertad, es suficiente dar una descripción adecuada:
A nivel biológico, la libertad se identifica con un cuerpo sano. El paciente, por el contrario,
se siente prisionero de su propio cuerpo.
En un nivel superior, la libertad se identifica con la espontaneidad de las tendencias. El
hombre es libre cuando puede cumplir sus deseos (Epicuro). Pero algunas tendencias son
dañinas y, naturalmente, estamos luchando contra ellas. La espontaneidad, por lo tanto, no
puede consistir en permitirse estar enamorado de las propias pasiones.
En el nivel de conciencia, la libertad se define por la posibilidad de elegir. Para que haya
elección, uno necesita varios motivos, varias posibilidades de acción. La elección puede ser
imposible cuando todas las razones valen la pena. En este caso, la acción es libertad de
indiferencia.
En el sentido más amplio, la libertad es una realización voluntaria, justificada por el mayor
número de motivos. Porque nuestra acción no es solo la expresión de una elección personal,
sino de una elección capaz de justificarse racionalmente a los ojos de todos. Después de
Platón y Spinoza, Kant ha dado pleno alcance al racionalismo de la libertad: la acción es
libre cuando la conciencia se determina "contra" los deseos sensibles, de acuerdo con un
principio racional.
Libertad: el poder de elegir
Epicteto: “Eres el dueño de mi cadáver; tómalo, no tienes poder sobre mí "
Descartes: "La libertad de nuestra voluntad se conoce a sí misma sin pruebas, por la única
experiencia que tenemos"
Paul Valéry: "La libertad es una de esas palabras de odio que valen más que el significado"
En Spinoza, no es imposible de adquirir. Para acceder a la libertad, el hombre debe
determinarse a sí mismo para actuar y pensar. Para hacer esto, debe aplicar su razón, decidir
qué es bueno y útil. Cuando su razón determina su acción, la sumisión a las pasiones se
reduce, disminuye.
Si la libertad no es evidente, el hecho es que el determinismo no es una fatalidad biológica
de la que no podemos escapar. Si no es original, es que la libertad es algo para adquirir, un
estado para ser realizado.
Rousseau: "Del contrato social"
“La libertad no consiste tanto en hacer la voluntad de uno como en no estar sujeto a la de los
demás; todavía consiste en no someter la voluntad de otros a la nuestra ".
Rousseau explica la transición de la libertad natural a la libertad civil.
Libertad natural: aquello que consiste en hacer todo lo que uno desea (sin leyes, sin
restricciones ...) es ilimitado: el hombre responde solo a sus instintos. Luego hablamos de un
estado de naturaleza. El estado de la naturaleza es una hipótesis de trabajo para pensar al
hombre debajo y antes de toda la vida en sociedad. En este estado de naturaleza, solo la fuerza
es el límite, solo el poder tiene autoridad. El deseo, el instinto, el apetito guían y empujan al
hombre a actuar de acuerdo con su instinto. Los hombres son por naturaleza esclavos de sus
pasiones. Intereses especiales los hacen en una lucha incesante. La única ley que reina: la ley
del más fuerte. Todo es violencia y caos.
Libertad civil: una libertad ordenada, legislada por leyes que hacen que la libertad natural
que es solo violencia sea reemplazada por una libertad en la que la paz es posible entre todos,
limitada por las leyes. Es la justicia, la ley y la legalidad las que definen lo que se puede hacer
y prohibir en la sociedad civil. El hombre ya no tiene instinto sino razón: el interés general
supera al interés particular.
Aristóteles: "Política"
El esclavo: "el esclavo mismo es una especie de propiedad animada y cualquier hombre al
servicio de los demás es, por lo tanto, un instrumento que actúa como un instrumento".
Por definición, el esclavo es aquel cuya voluntad está enajenada a voluntad de otro. Es una
cosa, no se considera un tema, como uno capaz de autodeterminación. Es solo un instrumento
cuya voluntad no tiene que manifestarse.
Sin embargo, Aristóteles también afirma lo siguiente: si la naturaleza ha producido esclavos
porque sus policías son robustos, ha producido hombres que son físicamente más débiles
pero intelectualmente capaces de realizar su espíritu como hombres libres: “Sin embargo,
con frecuencia sucede lo contrario; los esclavos tienen cuerpos de hombres libres, y hombres
libres con almas de esclavos ".
Arendt: "la crisis en la cultura"
Arendt explica que la libertad metafísica no es lo primero sino lo segundo. Sobre todo, la
libertad es política, como en la antigua Grecia, la libertad era política, se definía por la
ciudadanía. Sin libertad política, ninguna libertad puede manifestarse, no puede ser mundana,
es decir, afirmarse en el mundo, hacerse objetivo, ser objetivado.
La objetivación de la libertad, por lo tanto, parece necesaria porque ¿qué es una libertad que
no tiene lugar para decirse a sí misma, no hay lugar para realizar? ¿La libertad de desarrollo
no tiene que confrontar a los demás? En contacto con otros, las ideas chocan, se desarrollan.
Una libertad forzada a permanecer en silencio, una libertad que no puede actuar ¿termina
muriendo? La libertad para actuar implica efectivamente el significado mismo de la libertad:
la responsabilidad de que uno se enfrenta a la libertad de los demás, la libertad que es el otro.
Sartre y el existencialismo. Con el pensamiento y el existencialismo de Sartre, eliminamos
la idea de Dios y la del concepto para definir al hombre. Por lo tanto, hay 1) existencia, 2)
esencia: el hombre no está determinado originalmente, no hay inevitabilidad. Él existe y
existe significa que él es el creador de su existencia: el hombre es y se convierte en lo que
hace con él, es decir, se convierte en los actos que realiza y que ha elegido libremente ya que
no está determinado por ningún tipo. Él es absolutamente libre. Pero esta libertad implica el
siguiente fenómeno: dado que es libre, sus elecciones también lo son, por lo que es
responsable de lo que se enfrenta a sí mismo y a los demás.
El existencialismo significa que el hombre es el creador de su propia existencia. Pero esta
libertad tiene un precio: la responsabilidad: si el hombre es libre, él es responsable de sus
acciones, sus elecciones. Por lo tanto, esto impone la cuestión de la ética, del deber, del límite
que no se debe cruzar. Entonces, la libertad y la ética van juntas: ser libre es ser absolutamente
responsable de lo que somos de lo que hacemos.
Concepción moderna de la libertad. Debate actual.
¿Cuál es el concepto moderno de libertad? En principio, la modernidad ha insistido en
proponer la libertad como fin de sí misma. Un representante genuino de esto fue, sin duda,
J.P. Sartre. Haciéndose eco de la frase de Dostoievsky: “Si Dios no existe, todo está
permitido”, comenta Sartre: “En efecto, todo está permitido si Dios no existe, y en
consecuencia está el hombre abandonado, porque no encuentra en sí ni fuera de sí una
posibilidad de aferrarse... El hombre está condenado a ser libre” con una libertad que inventa
y crea los valores. Cuando elegimos un valor, lo creamos; nos damos cuenta de que vale
precisamente porque lo hemos elegido.
He aquí el hombre moderno, dotado de una concepción de la libertad absoluta porque no
acepta a Dios como fundamento último de los valores. Habrá limitaciones obvias (Sartre
también las admitía), porque convivimos con otros hombres, pero estas limitaciones no son
otras que las que se establecen por vía de consenso. En una palabra, surge así una concepción
de sociedad que no tiene otros dogmas que la tolerancia y la no violencia. Esto es lo mismo
que afirmar que toda elección da lo mismo, no hay una elección mejor que otra, entonces la
libertad incluso podría condenarse a sí misma y privarse a sí misma de su acto y ser esto un
noble acto de libertad. ¿Dónde está la raíz última de este concepto de libertad? La
encontramos en doctrinas como el liberalismo, vacías de metafísica, que nos conducen a la
incapacidad para fundamentar objetivamente los derechos que predican; y carentes también
de un proyecto trascendente para la persona humana.
El concepto que se nos propone es el de una “libertad fin de sí misma”. O lo que lo mismo
una libertad-de, una libertad que no tiene otro fin que el máximo “disfrute” de la vida
humana; es la libertad del narcisismo, la libertad del hedonismo. No es una libertad capaz de
pedir al hombre lo mejor de sí mismo por el bien y la verdad objetivas. Ahí estriba su fracaso.
La libertad no libera, libera la verdad. La libertad es un instrumento necesario e
imprescindible en toda acción humana, pero lo es sólo como instrumento en orden a seguir
las exigencias auténticas de la verdad. El hombre de hoy al poner la libertad como fin se
conforma con elegir, sin importarle lo que elija, se siente realizado al elegir, pero claro, no
se da cuenta que no da lo mismo cualquier decisión. Este fenómeno se pude evidenciar con
facilidad, por ejemplo, en nuestra realidad democrática, donde el hombre considera que el
poder de elegir es la máxima conquista a la que puede aspirar una sociedad, pero no se da
cuenta que la libertad es un medio, elegir es un medio no un fin, por tanto las conquistas
serán de la elección de aquellos bienes que realmente lo dignifiquen al hombre, mientras que
una mala elección lo llevará al fracaso, aunque puede aparentar ser una conquista.