Delitos contra el patrimonio de las personas:
hurto, robo y estafa
POR LEX 1 ABRIL, 2022
El Fondo Editorial PUCP liberó su colección «Lo esencial del derecho».
Ahí destaca el libro Derecho penal. Parte especial: los delitos (Lima, 2017),
escrito por el profesor Víctor Prado Saldarriaga. Compartimos este
fragmento del texto que explica, de manera ágil y sencilla, los delitos
contra el patrimonio de las personas: el hurto, el robo y la estafa. Así que
los animamos a leer el
libro.
1. Aspectos generales
Existe marcado consenso en reconocer que el patrimonio es un bien
jurídico de naturaleza económica. En ese sentido, existe coincidencia en
calificar al patrimonio como una universalidad jurídica que se representa
en la integralidad de los bienes muebles e inmuebles, o de las acciones y
valores que componen el activo o pasivo, el debe y el haber de toda
persona natural o jurídica; que no hay individuo que no sea titular de un
patrimonio aunque sus componentes sean siempre desiguales para unos
y para otros; asimismo, que el patrimonio debe visualizarse como un bien
jurídico flexible, medible, mutable y transferible. En ese contexto, los
actos que reducen, dañan o transfieren ilícitamente el patrimonio de una
persona dan lugar a hechos punibles y a la criminalización de delitos
patrimoniales.
Los delitos contra el patrimonio han ocupado históricamente uno de los
primeros lugares en las estadísticas nacionales de criminalidad. Ellos,
además, representan en los últimos años la imagen social más difundida
de la inseguridad ciudadana y del fracaso de las estrategias estatales
para el control de la criminalidad.
También es importante destacar que delitos violentos contra el
patrimonio (como el robo o la extorsión) han sido objeto de sucesivas
modificaciones legales que se han caracterizado por el aumento
continuo de la penalidad y por un incremento constante de
circunstancias agravantes específicas. Algo similar ha ocurrido con otros
delitos patrimoniales de singular significado para nuestra sociedad,
como el hurto, la estafa o la receptación. En efecto, con relación al
primero de ellos, ha sido frecuente la ampliación del objeto de acción del
delito. Es así que, con el decreto legislativo 1245, del 5 de noviembre de
2016, se ha considerado también como bien mueble susceptible de
sustracción y apoderamiento a «los hidrocarburos o sus productos
derivados». En cuanto a la estafa y la receptación, es de destacar que
para ambos delitos se han adicionado inéditos listados de agravantes
específicas con la ley 30076, del 19 de agosto de 2013, y con el decreto
legislativo 1215, del 14 de setiembre de 2015.
2. Los delitos contra el patrimonio en el Código Penal
Los delitos contra el patrimonio se encuentran regulados en el título V de
la parte especial del Código Penal. Este sistema de delitos es uno de los
más extensos y diversificados del Código Penal vigente. Es así que a su
interior se distingue, a lo largo de once capítulos (que abarcan
los artículos 185 al 208), un total de nueve modalidades delictivas
diferentes; pero, además, es uno de los pocos bloques delictivos que
incluyen en su articulado una excusa absolutoria que exime de pena a
quienes cometen determinados hechos punibles patrimoniales en
agravio de personas con las cuales mantienen un vínculo familiar
cercano (artículo 208).
Como su nombre lo indica, esta clase de delitos lesionan, comprometen o
depredan el patrimonio de una persona. Si bien en su configuración legal
concurren con frecuencia conceptos y categorías propias del derecho
civil o comercial, es pertinente aclarar que todos estos conceptos deben
adaptarse a las necesidades y mecanismos de protección que el derecho
penal construye para tutelar el patrimonio ajeno en cualquiera de sus
formas. Un ejemplo evidente de esta interdependencia funcional se
observa en el sentido extensivo que el derecho penal otorga al concepto
de «bien mueble»; el cual, a diferencia de lo que se regula expresamente
en los artículos 885 y 886 del Código Civil, debe flexibizarse para poder
comprender a toda clase de bienes que pueden ser objeto de movilidad,
desplazamiento, sustracción y apoderamiento como las aeronaves, las
naves, los hidrocarburos o la energía eléctrica.
Ahora bien, la pluralidad de modalidades delictivas contra el patrimonio
ha dado lugar a diferentes criterios de clasificación de estos ilícitos. Por
ejemplo, tradicionalmente se ha tomado en cuenta el objeto sobre el cual
recae la acción delictiva (delitos contra bienes muebles como el robo, o
contra bienes inmuebles como la usurpación, o contra el patrimonio en
sentido de universalidad jurídica de bienes como el fraude en la
administración de personas jurídicas); pero también ha servido para
alinearlos a la naturaleza del medio empleado para la ejecución del
delito (delitos mediante empleo de violencia como la extorsión, delitos
mediante el abuso de confianza como la apropiación ilícita, delitos
realizados mediante destreza y sustracción como el hurto y delitos con
aplicación de medios fraudulentos como la estafa). En otras
clasificaciones, se ha aludido a los efectos que el delito cometido
produce en el patrimonio del delincuente (delitos patrimoniales que
producen enriquecimiento como la apropiación ilícita y delitos
patrimoniales que no producen enriquecimiento como el de daños).
Entre otras características generales de los delitos patrimoniales,
destaca su configuración estrictamente dolosa. Además, que cada
infracción penal está siempre vinculada con el reconocimiento o el
ejercicio de determinados derechos reales como la propiedad, la
posesión, el uso o el usufructo legítimos de bienes muebles o inmuebles.
Asimismo, que son delitos de resultado, por lo que la tentativa es posible
y punible. Cabe señalar también que la realización de algunos delitos
patrimoniales, como el hurto y los daños, requieren superar un valor
económico determinado (una remuneración mínima vital), caso contrario
solo constituyen faltas contra el patrimonio (artículo 444).
Lea también: ¿Me robaron o me hurtaron el celular? La importancia de diferenciar
el delito de hurto y robo
El sistema de delitos contra el patrimonio que contiene la parte especial
es el siguiente:
Delitos de hurto (artículos 185 a 187).
Delitos de robo (artículos 188 y 189).
Delitos de abigeato (artículos 189A al 189C).
Delitos de apropiación ilícita (artículo 190 al 193).
Delitos de receptación (artículos 194 y 195).
Delitos de estafa y otras defraudaciones (artículos 196 y 197).
Delitos de fraude en la administración de personas jurídicas (artículos
198 y 199).
Delitos de extorsión (artículos 200 y 201).
Delitos de usurpación (artículos 202 al 204).
Delitos de daños y afines (artículos 205 al 207).
Excusa absolutoria (artículo 208).
Por su especial relevancia y frecuencia, solo nos ocuparemos de
los delitos de hurto, robo y estafa. Cabe anotar que los dos primeros
delitos afectan exclusivamente la propiedad y posesión de bienes
muebles. Además, son ellos los que más reformas e innovaciones han
tenido durante el periodo de vigencia del Código Penal y para los cuales
se han fijado penas muy severas que comprenden incluso a la cadena
perpetua.
2.1. El delito de hurto
Los delitos de hurto se encuentran comprendidos en el capítulo I del
título V. Su morfología interna permite distinguir la existencia de un tipo
penal que describe el delito en el artículo 185, de un catálogo de
circunstancias agravantes específicas contenido en el artículo 186 y de
un tipo penal que regula una modalidad delictiva especial a la que se
denomina «hurto de uso» en el artículo 188.
El hurto es un delito patrimonial que recae exclusivamente sobre bienes
muebles. Estos deben ser total o parcialmente ajenos para el autor del
delito. Esto significa que cabe la posibilidad de cometer el delito de hurto
apoderándose de bienes sobre los cuales el sujeto activo solo comparte
un condominio indiviso o una copropiedad compartida con terceros.
Cabe precisar que la legislación nacional ha considerado que también se
equipara a bienes muebles «la energía eléctrica, el gas, los hidrocarburos
o sus productos derivados, el agua y cualquier otra energía o elemento
que tenga valor económico, así como el espectro electromagnético y
también los recursos pesqueros objeto de un mecanismo de asignación
de límites máximos de captura por embarcación».
No obstante, cuando el hurto recae sobre bienes semovientes o ganado
de diferentes especies, la ley califica tales actos como un «delito de
abigeato» (artículo 189A). Asimismo, cuando el valor de los bienes
muebles no excede del equivalente a una remuneración mínima vital, los
actos ilícitos realizados solo constituyen una falta contra el
patrimonio (artículo 444), y si los bienes sustraídos son de propiedad del
agente, pero se encuentran en legítima posesión o custodia de terceros,
se excluye el hurto por no tratarse de bienes total o parcialmente ajenos,
pero se configura un delito diferente que se denomina «sustracción de
cosa propia» (artículo 191).
El medio empleado para cometer el hurto es la destreza o habilidad que
aplica el agente para poder sustraer el bien ajeno del ámbito de vigilancia
que sobre él ejerce su propietario y apoderarse del mismo incorporándole
ilícitamente a su esfera de dominio. Esto último equivale a adquirir un
poder factico con plena capacidad de disposición del bien ajeno y marca
el momento consumativo del delito, por lo que, de no ser posible ese
apoderamiento del bien sustraído, solo se producirá una tentativa de
hurto que será reprimida según los efectos punitivos que para ello
establece el artículo 16 del Código Penal.
Como lo han destacado los juristas nacionales, «hay que apoderarse,
para apoderarse hay que sustraer, y para sustraer es necesario sacar la
cosa mueble del ámbito de vigilancia ajeno donde se encontraba, para
luego colocarla ilegítimamente, con ánimo de obtener provecho para sí o
para otro, dentro de la propia esfera de disposición del agente» (Roy
Freyre, 1983, p. 42). La jurisprudencia también ha puesto de relieve el
mismo criterio (sentencia plenaria 1-2005/dj-301-a, fundamentos
jurídicos 7 al 10). De allí que en el artículo 187 se regule un delito especial
donde no hay apoderamiento pese a que hay sustracción y un
aprovechamiento momentáneo de la utilidad funcional del bien. Se trata,
por tanto, solamente de un hurto de uso donde el autor del delito entra en
posesión ilegal del bien para servirse de él, pero con una clara finalidad
de restituir posteriormente el bien sustraído sin hacerlo parte de su
patrimonio personal.
Lea también: Diferencias sustanciales entre delitos y faltas. Breve estudio del hurto
famélico
Ahora bien, toda forma de violencia o amenaza aplicada contra una
persona para la sustracción o apoderamiento de bienes muebles ajenos
excede la tipicidad del hurto y constituye un delito de robo (artículo 188).
En la tipicidad subjetiva, el hurto requiere dolo y una finalidad de eficacia
lucrativa, a la cual la ley identifica aludiendo a que el agente realiza la
sustracción y apoderamiento del bien «para obtener provecho»; es decir,
para incrementar ilícitamente su patrimonio. Por tanto, si el objetivo del
agente fuese otro (como el de destruir el bien), el hecho realizado no
constituye hurto, sino un «delito de daños» (artículo 205).
El artículo 208 del Código Penal admite la exclusión de la imposición de
una pena para el autor del delito de hurto cuando este último se
encuentra, respecto de la víctima, en alguno de los siguientes casos:
Es su cónyuge, concubino, ascendiente, descendiente o suegro.
Es el consorte viudo y el delito recae sobre los bienes de su difunto
cónyuge y siempre que aquellos no hayan pasado a poder de terceros.
Es su hermano o cuñado siempre que viviesen juntos.
Sin embargo, el decreto legislativo 1323 ha introducido una excepción a
los efectos de exclusión de pena que declara el artículo 208 cuando «el
delito se comete en contextos de violencia contra las mujeres o
integrantes del grupo familiar».
2.2. El delito de robo
La descripción normativa del delito de robo es en gran medida similar a la
utilizada en la tipificación del delito de hurto. De allí que las notas
distintivas del robo solo se refieren al medio empleado para alcanzar la
sustracción y el apoderamiento del bien mueble total o parcialmente
ajeno. En efecto, en el caso del robo, es la violencia física o las amenazas
los medios que aplica el agente para cometer este delito.
Cabe precisar que el valor económico, sea este mayor o menor a una
remuneración mínima vital, no afecta la calificación como delito de robo
del apoderamiento violento de bienes muebles. Sin embargo, si los
bienes objeto de esa clase de apoderamiento lo constituyen semovientes
o ganado de cualquier especie considerada en el artículo 189C, se
materializa una modalidad de abigeato.
El delito de robo, por tanto, se produce cuando el agente se apodera de
un bien mueble total o parcialmente ajeno luego de haberlo sustraído del
ámbito de vigilancia que sobre él ejerce su legítimo propietario o
copropietario, empleando violencia física contra las personas o
amenazándolas con un peligro grave e inminente para su vida o
integridad física.
Por «violencia física» se comprende toda forma de agresión contra
terceros dirigida a vencer o neutralizar la resistencia que puede oponerse
a la acción de la sustracción y apoderamiento de los bienes objeto del
delito. El empleo de armas no es indispensable, pero de ser utilizadas se
configura una circunstancia agravante específica.
En cuanto a las «amenazas», estas deben entenderse como el anuncio de
un mal futuro, inminente y grave que el agente formula contra una
persona y que está en su capacidad poder materializar. Por tanto, el
contenido de la amenaza debe ser potencialmente idóneo para impedir
toda posible reacción de la víctima o para determinarla a no oponerse a
la sustracción de los bienes. La ley enfatiza que las amenazas proferidas
por el autor del delito comprenden riesgos de muerte o de lesiones
graves.
A diferencia del delito de hurto, el robo entre personas con vínculos
familiares cercanos no excluye la sanción penal.
2.3. Circunstancias agravantes específicas
Una modalidad de sobrecriminalización aplicada reiteradamente en los
delitos de hurto y robo ha sido la inclusión sucesiva de circunstancias
agravantes específicas. En efecto, los listados originales de los artículos
186 y 189 se fueron ampliando considerablemente a lo largo del tiempo.
Es así que en la actualidad el primero regula un total de dieciséis
supuestos de agravación y el segundo registra trece casos. Ahora bien,
todas estas circunstancias agravantes han sido configuradas sobre la
base de diferentes condiciones o indicadores que circundan o concurren
a la realización del delito. Su eficacia común se manifiesta como un
mayor desvalor de la conducta ilícita realizada o como una mayor
intensidad de reproche hacia el delincuente, con lo cual se justifica el
incremento de la penalidad que corresponde aplicar al autor o partícipe
del hecho punible.
Cabe mencionar que las circunstancias agravantes específicas reguladas
para operar con los delitos de hurto o robo son de tres grados o niveles;
es decir, se agrupan también en función de tres diferentes estándares de
mayor penalidad conminada. Esto es, las del segundo y tercer nivel
merecen penas más graves que las consideradas para las agravantes de
primer nivel. Es así que, para las circunstancias agravantes específicas
de tercer nivel del delito de robo, se ha establecido como penalidad la
cadena perpetua.
Ahora bien, las circunstancias agravantes específicas que contemplan
los artículos 188 y 189 se refieren, entre otros, a los siguientes
indicadores: i) lugar de comisión (inmueble habitado, terminal
terrestre); ii) modo de ejecución (escalamiento, fingiendo ser
autoridad); iii) ocasión de comisión del delito (durante la noche, con
ocasión de un incendio); iv) pluralidad de agentes (concurso de dos o
más personas); v) utilización de medios específicos (empleo de
materiales explosivos, a mano armada); vi) características del sujeto
activo (integrante de una organización criminal); vii) características
personales de la víctima (menores de edad, personas con discapacidad);
y viii) producción de resultados graves (lesiones graves o muerte de la
víctima).
A continuación se consigna los listados de las circunstancias agravantes
específicas de cada delito:
a) Agravantes específicas del hurto (artículo 186 del CP):
o Primer nivel:
Durante la noche.
Mediante destreza, escalamiento, destrucción o
rotura de obstáculos.
Con ocasión de incendio, inundación, naufragio,
calamidad pública o desgracia particular del
agraviado.
Sobre los bienes muebles que forman el equipaje del
viajero.
Mediante el concurso de dos o más personas.
o Segundo nivel:
En inmueble habitado.
Por integración en organización criminal.
Sobre bienes de valor científico o que integren el
patrimonio cultural de la nación.
Mediante la utilización de transferencias electrónicas,
de la telemática en general o empleo de claves
secretas.
Colocando a la víctima o su familia en grave situación
económica.
Con empleo de materiales o artefactos explosivos
para la destrucción o rotura de obstáculos.
Utilizando el espectro radioeléctrico para la
transmisión de señales de telecomunicaciones
ilegales.
Sobre bien que constituye único medio de
subsistencia o herramienta de trabajo de la víctima.
Sobre vehículo automotor, sus autopartes o
accesorios.
Sobre bienes de la infraesctructura o instalaciones de
transporte público, sus equipos o elementos de
seguridad o de prestación de servicios públicos de
saneamiento, electricidad, gas o telecomunicaciones.
En agravio de menores de edad, personas con
discapacidad, mujeres en estado de gravidez o adulto
mayor.
Sobre bienes de la infraesctructura o instalaciones de
transporte público, sus equipos o elementos de
seguridad o de prestación de servicios públicos de
saneamiento, electricidad, gas o telecomunicaciones.
o Tercer nivel:
El agente es jefe, cabecilla o dirigente de una
organización criminal.
b) Agravantes específicas del robo (artículo 189 del CP):
o Primer nivel:
En inmueble habitado.
Durante la noche o en lugar desolado.
A mano armada.
Con el concurso de dos o más personas.
En medio de transporte público privado de pasajeros
o de carga, terminales terrestres, ferroviarios,
lacustres y fluviales, puertos, aeropuertos,
restaurantes y afines, establecimientos de hospedaje
y alojamiento, áreas naturales protegidas, fuentes de
agua minero-medicinales con fines turísticos, bienes
inmuebles del patrimonio cultural de la nación y
museos.
Fingiendo ser autoridad o servidor público o
trabajador del sector privado o mostrando
mandamiento falso de autoridad.
En agravio de menores de edad, personas con
discapacidad, mujeres en estado de gravidez o adulto
mayor.
Sobre vehículo automotor, sus autopartes o
accesorios.
o Segundo nivel:
Cuando se cause lesiones a la integridad física o
mental de la víctima.
Con abuso de la incapacidad física o mental de la
víctima o mediante el empleo de insumos químicos o
fármacos contra la víctima.
Colocando a la víctima o su familia en grave situación
económica.
Sobre bienes de valor científico o que integren el
patrimonio cultural de la nación.
o Tercer nivel:
El agente integra una organización criminal, o si,
como consecuencia del hecho, se produce la muerte
de la víctima o se le causa lesiones graves a su
integridad física o mental.
2.4. El delito de estafa
El delito de estafa está tipificado en el artículo 196 del Código Penal. A
diferencia del hurto y del robo que se ejecutan y materializan con la
sustracción y el apoderamiento de bienes muebles total o parcialmente
ajenos, mediante el empleo de la destreza o de medios violentos, el delito
de estafa tiene una estructura y una forma de realización muy distinta.
En la estafa, el autor del delito recurre a la utilización de cualquier medio
fraudulento; es decir, engaño, astucia, artificio y ardid. En ese sentido, el
agente del delito puede simular una negociación, atribuirse una calidad o
condición que no le corresponde, así como ofertar o transferir bienes en
cantidad y calidad distinta a la que realmente tienen. El artículo 244 del
Código Penal derogado de 1924 hacía un largo enunciado de las
múltiples modalidades fraudulentas que resultan idóneas para la
comisión de un delito de estafa y entre las que destacaban las siguientes:
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[RN 937-2021, Lima]
Empleo de nombres supuestos.
Ostentación de calidades simuladas.
Empleo de falsos títulos.
Uso de influencia mentida.
Abuso de confianza.
Aparentar bienes, crédito, comisión, empresa o negociación.
Valerse de artificios, astucia o engaño.
Así, es la habilidosa aplicación de tales modalidades de esconder o
falsear la realidad la que va a motivar, generar o consolidar en la víctima
una errónea apreciación y valoración sobre lo que en verdad se está
contratando o sobre el real estado y naturaleza cualitativa o cuantitativa
de lo que se está adquiriendo. Y será esa equivocada percepción la que
ha de determinar a aquella a ceder parte de su patrimonio en favor del
autor del delito o de un tercero. Al respecto, la descripción típica del
delito de estafa es muy precisa al señalar que comete este delito quien
induce o mantiene en error a otro y, de esa manera, se procura un
beneficio ilícito para sí o para otro que perjudica el patrimonio del
agraviado.
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Cabe destacar que, como los demás delitos patrimoniales analizados, la
estafa requiere dolo y una finalidad lucrativa. Asimismo, como en el caso
del robo y a diferencia del hurto, el valor económico de los bienes
involucrados en la realización del hecho punible carece de relevancia
para la tipicidad. Por tanto, sea cual fuere el monto de dinero o el costo
equivalente de los bienes muebles o inmuebles objeto del delito de
estafa, la conducta fraudulenta desplegada por el autor para
obtenerlos siempre será punible. La penalidad del delito de estafa solo
contempla penas privativas de libertad. La tentativa también será
sancionada según la escala punitiva disminuida que propone el artículo
16 del Código Penal. Sin embargo, este hecho punible es alcanzado por la
excusa absolutoria de que regula el artículo 208 siempre que medien los
vínculos entre autor o víctima que dicha norma precisa.
Lea también: Elementos típicos del delito de estelionato y sus diferencias con la
estafa [RN 1992-2019, Lima]
Con relación al delito de estafa, nuestra legislación ha regulado un breve
catálogo de circunstancias agravantes específicas y que no fueron
contempladas en el texto original del Código Penal de 1991. Tales
supuestos de agravación de la pena están reunidos en el artículo 198 y
son los siguientes:
Que la víctima sea un menor de edad, una persona con discapacidad, una
mujer embarazada o un adulto mayor.
Que el delito sea ejecutado conjuntamente en coautoría por una
pluralidad de agentes.
Que se afecte a una pluralidad de víctimas.
Que la estafa se realice en el contexto de una compra-venta de vehículos
motorizados o bienes inmuebles.
Que el delito se realice para sustraer o acceder a los datos de tarjetas de
ahorro o de crédito.
Que se cometa el delito aprovechando la condición de vulnerabilidad en
que se encuentra la víctima.
Para los casos agravados, la penalidad es conjunta y comprende la
imposición de penas privativas de libertad y de multa.
Ahora bien, la estafa es una especie sofisticada de defraudación. De allí
que también se describen y sancionan otras conductas fraudulentas en
el artículo 197 del Código Penal. Se trata igualmente de delitos dolosos y
la ley registra cuatro casos:
Fraude procesal (inciso 1).
Abuso de firma en blanco (inciso 2).
Fraude en cuentas y gastos (inciso 3).
Estelionato (inciso 4).
De todas estas modalidades de defraudación, la última se presenta con
relativa frecuencia en las estadísticas de criminalidad. Ella,
denominada «estelionato», consiste en la venta o gravamen que hace el
agente del delito de bienes que le son en realidad ajenos o que se
encuentran en una condición litigiosa, pero que aquel oferta, cede o
compromete ante la víctima como si fueren de su propiedad o tuvieran
una condición de libres o saneados.
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Para todas estas clases de defraudación, la ley ha considerado la
aplicación de penas conjuntas privativas de libertad y multa.