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Conversaciones con un árbol mágico

Este documento narra la experiencia de una mujer llamada Lía quien tiene varios encuentros extraños. Primero, un árbol le habla. Luego, en el bus ve pasajeros que nadie más ve. Más tarde, el mismo árbol le da una flor mágica. Finalmente, recibe un mensaje a través de una hoja de saúco que indica que su amado Andy está vivo en un bosque tropical y se reunirán pronto.

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Conversaciones con un árbol mágico

Este documento narra la experiencia de una mujer llamada Lía quien tiene varios encuentros extraños. Primero, un árbol le habla. Luego, en el bus ve pasajeros que nadie más ve. Más tarde, el mismo árbol le da una flor mágica. Finalmente, recibe un mensaje a través de una hoja de saúco que indica que su amado Andy está vivo en un bosque tropical y se reunirán pronto.

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SEGMENTO DE AMOR

La melodía de una gota en el grifo sin intermitencia, aquel 23 de octubre, hacían parte de
una composición musical que escuche por un buen rato, me levante, coloque el café,
cerré la llave, lave mis dientes y procedí a empezar la rutina del día, un día común y
corriente eso pensé, sin saber que desde ese día el rumbo de mi vida cambiaría,  si a eso
de las 05:30 am, me asomé a la ventana, un cielo azul, el cantar de los pájaros y la brisa
del viento en mis pómulos me animaron a hacer deporte, corrí e  hice algunas sentadillas
al terminarlas me senté a la sombra de un árbol a eso de las 6:17 am, con su sombra y su
aroma que me envolvía tras el rocío, pasó algo muy curioso y perplejo, algo que mi ser
necesitaba para conectarse con la naturaleza, un nexo tan especial que me llevó a un sin
fin de aventuras que ahora plasmo en unas cuantas letras con mi pluma de tinta azul, ese
miércoles se me ocurrió la idea de quedarme un poco más bajo este frondoso árbol
mientras el cantar de los pájaros me llevaban a imaginar unas cuantas historias llenas de
fantasía, ya llegaba la hora de volver a casa, así que abrace al árbol y le susurre: “Tu
aroma es agradable, la esencia que inspiras me llena de tranquilidad, gracias por esta
hermosa mañana”, cuando de repente este me responde: “Gracias pequeña”, mis ojos se
abrieron como los de un búho, y este me dice: “no te asustes, estoy hablando contigo,
espero verte de nuevo”, yo sin palabra alguna, afirme con mi cabeza y le solté lentamente,
de camino a casa le miraba de reojo, y en ese instante de mi vida seguía siendo increíble
la respuesta que recibí de un árbol, al cabo de diez minutos llegué a mi casa, tome algo
de café, abrace a mi gato con temor de que este también me hablara, pero aun así con
anhelo, planche el  vestido negro que estaba sobre la cama, me arregle, pinte mis labios
de rojo y salí a trabajar, ese día se tornaba loco pero en teoría normal, se pasó la jornada
laboral, charle un rato con unos amigos, nos tomamos unas cuantas cervezas en un café
bar, pero el acontecimiento  de esa mañana no se me borraba del pensamiento, quería
compartirlo,  pero por  temor a que se burlaran o que pensaran que me estaba
enloqueciendo, guarde silencio, mire el reloj de color marrón que cargaba sobre mi
muñeca, este marcaba las 10:03 pm, así que me despedí, eso sí llevaba unos cuantos
tragos demás en mi cabeza, la vista se me apagaba, frunciendo el ceño esforzaba mis
ojos para lograr ver el letrero de la buseta, al cabo de 30 minutos lo logré, subí al
transporte público, en el morral busque un libro, unos audífonos y con algo de música
instrumental leía sin parar letra tras letra, unos cuantos recuerdos inundaron mis
pensamientos, los nublaron a cabalidad que mi vista se perdió, no lograba ver nada así
me esforzara, mis manos sostenían un libro del  escritor Félix Rubén García, cuando mi
vista se esclareció de a poco, alcance a  leer el título, “Naturaleza muerta”, de repente
empiezo a ver que suben unos pasajeros algo extraños, primero, un par de niños con sus
pies descalzos, sus pequeñas manos maltratadas, estos se sientan en la parte delantera,
luego sube indígena, un hombre de estatura media, ojos claros, cabello largo, y un traje
peculiar,  lo miré, sonreí,  y baje la vista, la buseta se detiene nuevamente, en esta
ocasión se suben unos vendedores de rosas, sus manos sangraban, pensé “de pronto,
se  lastimaron con las púas”, aun así era rarísimo así que mire a la señora que estaba a 
mi lado y le pregunté:- ¿Qué piensas de las personas que han subido?-, la señora con
una expresión de estupor en su rostro, me responde: -”no ha subido nadie en este bus, 
vamos el conductor, usted y mi persona”, le mire y le dije:-”lo siento, ando algo agotada”,
al pasar la vista por la ventana, note que estaba cerca de mi destino, me levante,  timbre,
al cabo de 5 minutos, recorría la calle 23, ese tramo que pasaba para llegar a casa, allí de
repente, me desborde en un mar de sentimientos, recordaba a aquel ser que había
robado mi corazón, un corazón frío pero enamoradizo, ese ser que escribía poesía y con
cada letra lograba hacer latir mi corazón en la distancia, ese ser que al rozar mis labios
me daba más que vitalidad,  de mis ojos unas cuantas lágrimas acariciaban mis mejillas,
pero me dije: “Lía, Lía, te estás perturbando con lo que sucedió esta mañana, descansa y
mañana será un nuevo día, y tú amado mío sé que muy pronto estarás conmigo”, alce la
mirada, la luna compañera de insomnio, soledad, días buenos y tristes pero
especialmente de días llenos de recuerdos, me siguió  hasta que abrí la puerta, en casa,
lave los trastes, limpie el desorden y me recosté, había sido un día tan agotador que el
sueño me dominó y caí en coma, olvide apagar la luz,  a eso de las 2:45 am, me desperté
bañada en sudor con escalofríos, camine hacia la cocina,  preparé un té para dormir, 
cuando me tomaba este té, a mi mente retornaron unas imágenes que habían aparecido
en la pesadilla de la que acababa de despertar, las organice  en mis pensamientos y esto
fue lo que recordé: 

“Me encontraba en un bosque tropical, el rocío del amanecer,  una mañana muy
tranquila, al fondo se escuchaba una flauta, empezó con un ritmo suave pero a
medida que transcurría el tiempo, se hacía más fuerte, con distorsiones que
perturbaba mi escucha, cuando de repente se apareció un hombre con su cara
deforme,  un par de máquinas, motosierras, hachas, y me gritó: “Quítate del
camino o sino morirás con ellos”, yo no decía nada, solo le observaba, cuando de
repente los árboles en coro imploraban por mi ayuda - “Lía, Lía,  salvamos, no nos
dejes, protégenos, no queremos morir y menos de esta manera tan cruel”, yo corría, y los
árboles suplicaban con más fuerza, me caí, este hombre con hacha en mano se me
acercó y dijo:-”hoy harás parte de mi cena”, en ese instante me desperté, no conseguía
dormir así que mire qué libros tenía en la mesa de noche para distraerme un rato,  vi uno
de  Edgar Allan Poe, calenté un poco de café, y me senté a la orilla de la cama, leía en
voz alta, cuando la vista se cansaba le hablaba a mi gato, y seguía, pase aquella
madrugada en vela,  para despejar la mente pensé en hacer ejercicio, pero preciso llovió,
hice una pequeña rutina en mi habitación, prendí la computadora,  coloque unas cuantas
canciones, fui en busca de la escoba y el trapero, arregle la casa, saqué los papeles,
cartas y publicidad del buzón, dejé todo sobre el comedor y salí a cumplir con los deberes
del día, se pasó el jueves, llegó el viernes, lo curioso es que seguía viendo a los mismos
pasajeros, así subiera en otra buseta o cambiara de hora, no le preste mucha atención, el
sábado, eran días especiales para conectarme con la naturaleza, tras el amanecer, salí,
trote por dos horas, hice flexiones, sentadillas, lagartijas, y me apoyé sobre un árbol, mis
ojos naufragaron en sus hojas quienes llevaban un buen ritmo al danzar con el viento,
coincidencialmente, resultó ser el árbol que había abrazado el miércoles, este suspiro, y
dijo: -”Pequeña, dónde has estado?”, como si fuera un ser humano que conocía hacía
mucho tiempo le respondí, “Sabes, ha sido una semana larga, el clima no me ha ayudado
y la ansiedad me ha opacado”, sentía ver cada expresión en su tronco aunque no tenía
rostro alguno, él con desasosiego, responde: “No te preocupes, los mejores días están
por llegar”, de mi rostro se desplegaron unos cuantos pucheros al oírle la frase, esa frase
era la que me repetía Andy cuando notaba que la ansiedad me estaba sofocando, le mire,
y respondí: “tengo que volver a casa, pero gracias por lo de hoy”, el inclinó una de sus
ramas y de la nada floreció, esta flor era diferente a las que había visto, tenía forma de
rosa, pero su contextura, su aroma, su color, le hacían especial, y me dice: “es para ti”, la
tome, y con una de sus púas me pinche, unas gotas de sangre cayeron al suelo pero al
caer perecían, le sonreí, con la flor en mano, caminaba lentamente, al llegar a casa, deje
la flor en un tarro de cristal, prepare el almuerzo, llame a Daniel y le pregunte: “Daniel,
¿Quienes vienen?”, tras el teléfono, responde: “Lía, iremos Tania, Lucas y yo”, “me
parece perfecto” – respondí.

Llegaron a eso de las 1:35 pm, compartimos un rato, jugamos, se fueron uno a uno,
mientras terminaba de recoger los platos del comedor, Daniel, me dijo: “Lía, tengo que
hablar contigo”, le dije: “dime”, él con una expresión de preocupación me dijo: “Lía,
anoche hable con los padres de Andy, y dicen que se perdió en un bosque tropical, no
saben si esta con vida, o los animales salvajes ya se lo tragaron”, le mire fijamente, con
un nudo en la garganta, empecé a sollozar,  él procede a abrazarme y dice: “cuentas
conmigo, estaré contigo, apenas llegue a casa te marco y charlamos un rato”, asenté con
la cabeza y  le acompañe hasta la puerta, al cerrarla, sentí como si hubieran desgarrado
mi corazón, caí con el corazón en la mano y mi alma en el suelo, llore, llore, la aflicción
que sentía en mi pecho se hacía cada vez más fuerte que se me hacía difícil respirar,
pero a lo lejos, vi la flor con sus colores y su resplandor, me llenaba de esperanza, camine
hacía la mesa, observe unas cuantas hojas, publicidad, pero algo llamó mi atención, una
hoja de saúco, froté mis dedos y por mi cuerpo pasó un corrientazo que me sentó, el
palpitar de mi corazón cambió, detalle la nervadura de la hoja,  y contemple un escrito que
se formaba a medida que echaba un vistazo, este decía así: “Mi querida niña, recuerdo
aquel atardecer como si hubiere sido ayer, tú sonrisa encantadora y tus ojos llenos de
color, escucharas un par de noticias sin sentido sobre mí, la verdad es que si estoy en un
bosque tropical, ese bosque que sabe a tus besos, tal vez, cuando leas esta hoja, piensen
que estoy muerto, la realidad es otra, solo te diré una cosa, te extraño, pero muy pronto
nos veremos, quisiera hacerte un sin fin de preguntas, pero me limitaré a dos, ¿me
quieres?,¿cambiaron tus sentimientos este tiempo?, espero conocer tu respuesta, con
cariño Andy”, lo que leía en esa hoja de saúco me pareció sorprendente, no lo pensé dos
veces, tomé mi bolígrafo y escribí: “Querido Andy, ¿Estás loco?, ¿cómo se te ocurre
preguntar eso?, sabes que en mi corazón no existe espacio para nadie más, te extraño,
anhelo verte y abrazarte”, dejé la hoja al lado de la flor, cuando volví, esta había cambiado
de color, ahora tenía una combinación de azul profundo con celeste y una mezcla de
colores pasteles, mire nuevamente la hoja de saúco y ya tenía respuesta, decía: “Loco por
ti, por ti, mi niña, yo también cuento los segundos, para sentir el aroma de tu cabello,
besar tus labios, pero tengo que cumplir algo”, no dude y seguí respondiendo, “Andy,
¿qué tienes que cumplir?, ¿en dónde estás?”, miraba ansiosamente a ver si respondía,
ese día no ocurrió, me dirigí hacia la habitación, coloque “Sonata de invierno” de
Beethoven, cerraba mis ojos, pero la demora era cerrarlos que la pesadilla volvía a mí,
pero esta vez, el rostro deforme que ví, se me hacía familiar, era el de Daniel, para no
angustiarme, agarre el libro de poesía que leía con Andy  en la página 108 teníamos una
marquilla, leí ese poema, su título se me hacía conocido, pero no recordaba el porqué, a
eso de las 9:45 pm, revise el plato del gato, le cambie el agua, le serví su concentrado,
cerré la llave del gas y me recosté, dormí de una manera tan agradable que tras el alba,
abrí mis ojos, la flor se tornaba de un color diferente, miré y para mi sorpresa contaba con
la respuesta de Andy, “Mi niña,  no sé dónde estoy, sé que estoy muerto en vida, pero
solo te diré una cosa, aléjate de Daniel, él quiere hacerte daño, cerca de tu casa hay un
árbol, él cuidará de ti, no dejes que Daniel te vea hablando con él, no le comentes que tú
tienes conversaciones con la naturaleza”, estaba a medio despertar, así que, le escribí:
“Vida mía, ¿por qué lo dices?, ¿cómo sabes que hablo con un árbol?, está bien, de todas
maneras no le comente a nadie que conversaba con el árbol que está cerca a mi casa,
porque pensé que me iban a tildar de loca”, de inmediato respondió: “Lo sé, pero esa es
tu esencia, eso es lo que te hace especial, te quiero”, mire el reloj y era hora de mi rutina,
así que me vestí, lave mis dientes, corrí por un lapso de 30 minutos,  me acerqué al árbol
y le susurre: “Oye, Oye, me dirías tu nombre”, él me dice: “pequeña, no necesitas saberlo,
pero si quieres hablar conmigo, aquí estoy”, hice pucheros, continúe con unas sentadillas,
y le dije: “¿te puedo hacer una pregunta?, con una fragancia dulce que salía de su tronco,
respondió - “Claro, dime”, -”¿te molesta, si te abrazo?”-”No, pequeña yo encantado”, así
que procedí a abrazarlo, curiosamente reclinó sus ramas, sentí seguridad, paz en mi
interior, que incluso le di un pico, me despedí, al llegar a casa, sentado en el andén se
encontraba Daniel, la expresión en su rostro no era  para nada agradable, así que mire a
su alrededor y vi los pasajeros que había visto el miércoles de esa semana, de una
manera tranquila me acerqué y le pregunté: “Hola, Daniel ¿Qué haces tan temprano por
aquí?, no me avisaste que venias, para prepararte café”, él contestó: “Lía, me tenías
preocupado, no contestaste el teléfono, y quería saber si estabas bien, después de la
noticia que te di acerca de Andy”, asenté con mi cabeza, y le dije: “no te preocupes, te
dejaría entrar pero tengo desorden y tú sabes que así no me gusta que vean mi casa”,
Daniel con un tono de voz pesado me dice: “tranquila, relájate, me alegra que este bien,
nos vemos, está pendiente de tu teléfono”, cuando este se fue, los pasajeros
desaparecieron, eran seres efímeros, ingrese a casa, y la flor, tenía otro tono de color, así
que ese día descubrí, que cada vez que Andy respondía mis notas, su color cambiaba,
tome rápidamente la hoja de saúco en mi manos y las letras plasmadas eran las
siguientes: “tú aroma no cambia, tu dulzura es la misma, no creía en el amor, pero
llegaste tú y rompiste todas las barreras mi niña”, no encontré el bolígrafo, pero vi una
pluma sobre mi escritorio así que plasme lo siguiente: “te confesare algo, espero que no
te molestes, cuando estoy con el árbol del que me escribiste ayer, siento como si
estuviera contigo, su aroma, su voz…”, a los segundos respondió: “No me molestaría
contigo, no hay razón alguna, el puede estar cerca de ti, yo solo te escribo desde la
distancia, me dan algo de celos, pero estoy tranquilo, del que si no quiero que este cerca
tuyo es Daniel, por culpa de él estoy en donde estoy, aléjate lo que más puedas, pero de
una manera muy sutil, existen unos personajes que solo ves tú, él ni las personas que
estén contigo pueden verlos, ellos son seres que están conmigo, tú ves a humanos, ellos
realmente son animales, entre ellos, hay leones, nutrias y un elefante, los humanos que
ves son representaciones de cómo estos se sienten , de la melancolía que existe en su
ser, ellos son muy especiales, están al tanto de tí y requieren de tu ayuda, muchos
observan la naturaleza pero pocos la comprenden”, mi mente quedó atrofiada, algo
confundida, pero con seguridad le dije: “Andy, estaré pendiente de todos, y si es para
ayudar, cuenten conmigo, dile  eso a tus amigos, tengo curiosidad ¿puedo hablar con
ellos?, él responde “Mi niña, sí, pero cuídate”, deje la pluma y la hoja de saúco sobre mi
computadora, tome un cuaderno de notas, plasme lo que tenía que hacer para que no se
me olvidase, a eso de las 5 de la tarde, escuche un ruido extraño, corrí hacia la ventana,
quedé consternada al observar todo lo que vi en la pesadilla, lo más horroroso era ver a
Daniel con el hacha en mano, salí y le pregunté: -¿Qué haces Daniel?, no recibí
respuesta alguna, seguía cada uno de sus pasos, mire a mi costado izquierdo y allí se
encontraban los animales, sus semblantes irradian dolor, tristeza, furia, les hice una seña,
estos la comprendieron rápido, así que no estaba sola, las nutrias, los leones y el elefante
me acompañaban, me acerque lentamente a Daniel con algo de temor y  le pregunté:
Daniel, ¿qué piensas hacer?, el elefante tomó la vocería y dice: “Lía, el quiere acabar con
nosotros, quedamos unos cuantos en la manada, salimos en busca de ayuda y Andy nos
dijo que solo tú eras capaz de entendernos con tan solo ver el reflejo de nuestros ojos, así
que no lo dudamos y vinimos en tu búsqueda”, para que Daniel no descubriera que me
encontraba conversando con alguien hice ciertas muecas con mi rostro dándoles a
entender a los animales que contaban con mi apoyo, acechamos a Daniel, lentamente se
acercaba al árbol con el que conversaba, cuando vi en sus ojos que quería talarlo, no
aguante y precipitadamente me hice frente al árbol, este chico iba envenenado a hacerle
daño, sin comprender la razón, solo sentí un arañazo en mi cuerpo, la cantidad de sangre
roja que caía en el césped era impresionante, pero ese supuesto amigo, ese que no me
haría daño, se olvidó de sus palabras al estar encolerizado, cuando el césped que
rodeaba al árbol no era verde sino rojo por la cantidad de sangre , de la nada los animales
que venían conmigo dejaron de verse como esos pasajeros que observe en el bus, sino
eran los animales, el árbol resultó ser Andy, le mire, sonreí con ansias de probar sus
labios, pero mi cuerpo por la cantidad de sangre que había perdido se desgonzo, trataba
de hablar pero la voz no  salía, Andy con lágrimas en sus ojos dice: “Estarás bien, los
ayudaste, los leones se tragaron a Daniel, ya no te hará daño y las manadas de los
animales estarán a salvo, y ese bosque tropical en el que estaba no será talado, gracias
mi niña por tu ayuda”, mis labios pálidos solo emitían sonrisas, nuevamente el elefante
como vocero, procede a penetrar su mirada en mí y dice: “Gracias, todos los animales,
plantas y demás seres vivos te agradecemos, si no hubiera sido por tu interés, hoy más
que nunca seriamos, naturaleza muerta”, agonizando, y tras mi último suspiro le dije a
Andy: “Sé que no es posible que te vuelva a ver, pero gracias, fuiste ese pedacito de mi
vida, que le dio armonía a mi ser, gracias por existir, y por haberme mostrado que solo en
mis manos estaba ayudar a la naturaleza, por hacerlo, hoy tal vez muera, pero sé que
unos cuantos vienen detrás de mí con ganas de hacer lo mismo aunque sabemos que
nuestro final es trágico, estaremos dichosos de defender lo que realmente es nuestro, lo
que requerimos para estar vivos, gracias vida mía por ese segmento de amor lleno de
color y sabor, te quiero”,  Andy, inundado en un mar de lágrimas, gritaba “No, no, Lía no te
me mueras”, beso mis labios y se apagó mi alma.

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