Paul Cézanne, Monte Sainte-Victoire, 1904-1906. Óleo sobre lienzo, 73,6 x 92 cm.
Museo de
Arte de Filadelfia, Colección George W. Elkins.
Los motivos artísticos que aparecen en esta obra no son simplemente rocas y hierbas, sino las relaciones entre las
hierbas y las rocas, los árboles y las sombras, las hojas y las nubes, las cuales desarrollaban infinidad de pequeñas
pero igualmente valiosas e interesantes verdades cada vez que el viento movía su caballete o la cabeza. Ese proceso
de evaluación es lo que concretiza el peculiar estilo de Cézanne. Así sus obras incluyen el tema del proceso de la
percepción del motivo artístico. Nunca antes un pintor había sometido su capacidad de observación a ese proceso tan
francamente.
Pablo Picasso, Las señoritas de Aviñón, París, 1907. Óleo sobre lienzo, 243,8 x 233,6 cm. Museo
de Arte Moderno, Nueva York, adquirido como parte del Legado Lillie P. Bliss.
Para esta obra, Picasso volvió la mirada hacia fuentes sin explotar como las africanas, que para él estaba
inextricablemente unida a su aprente libertad de distorsión. Que las alteraciones del rostro y del cuerpo humano
representados por tales figuras no eran deformaciones expresionistas, sino formas convencionales.
Con sus contornos cortados a hachazos, mirándonos fijamente con ojos inquisitivos, y con esa generalizada sensación
de inestabilidad. Jamás se habia pintado un cuadro con un aspecto tan conculsivo, ni ninguno que señalara un cambio
más rápido en la historia del arte; Las tres figuras de la izquierda son un lejano pero inconfundible exo de auella
imagen favorita del Renacimiento tardío: las tres Gracias. El otro linaje de Picasso es la herencia española. Los
cuerpos de las dos mujeres desnudas que están de pie, y en menor grado su vecina de la derecha, se contorsionan
como figuras del Greco.
Eran prostitutas. No fue Picasso quien tituló el cuadro y nunca le gustó el título final. El quería llamarlo El burdel de
Aviñón por un prostíbulo de la calle Avinyó, en Barcelona. Originalmente el cuadro fue pensado como una alegoría
de las enfermedades venéreas.
Para omitir al cliente, Picasso se transforma de espectador a voyeur; las miradas fijas de las cinco chicas están
clavadas en quienquiera que esté mirando el cuadro. Y al poner al espectador en el sofá del cliente, Picasso transmite
con abrumadora fuerza, la ansiedad sexual que es el verdadero tema de Las señoritas de Aviñón. Nada en sus
expresiones puede interpretarse como una bienvenida. Así esta obra anuncia uno de los subtemas más recurrentes en
el arte de Picasso: un miedo, equivalente a un sagrado terror, a las mujeres. Nunca antes ningún pintor había
plasmado tan evidentemente su ansiedad por la impotencia y la castración, ni la había proyectado a través de la
dislocación tan violenta de las formas.
Robert Delaunay, Homenaje a Blériot, 1914. Óleo sobre lienzo, 194,3 x 128,3 cm.
Kunstmuseum, Basilea, Fundación Emanuel Hoffmann.
Es casi un cuadro relligioso, una concepción angelical del modernismo, con su cometa biplano dejando atrás la torre
Eiffel (la cual era para él la imagen dominante de la cultura) envuelto en una intensa mandorla de color y el modelo
más pequeño, el monoplano de Blériot, subiendo a encontrarse con el otro aeroplano.
Delaunay quería explotar sus características imágenes de luz, estructura y dinamismo como tema en sus obras.
Marcel Duchamp, Los solteros desnudando a la novia, Even (El gran espejo o El gran vidrio),
1915-1923. Óleo y alambre sobre vidrio, 277,5 x 175,3 cm. Museo de Arte de Filadelfia, Legado
de Katherine S. Dreier.
No hay nada espontáneo en esta obra. Todo lo que en ella aparece así lo quiso Duchamp.
Cuidadosamente pintado, relaizado en óleo y alambre de plomo con sus transparentes cristales, parece explícito.
Esta obra es una metamáquina; su propósito es llevarnos lejos del mundo real de las maquinarias para adentrarnos en
el universo paralelo de las alegorías. En la mitad superior, la desnuda novia se desviste; en la parte inferior, los
pobrecitos solteros, representados con chaquetas y uniformes vacíos, también funcionan con dificultad, trabajando
como esclavos, comunicándole por señas su frustación a la chica que está encima de ellos. Es una sarcástica parodia
del deseo eternamente obsesivo.
De hecho, es una alegoría del amor profano.
Los solteros son meros uniformes, como marionetas. De acuerdo con las notas de Duchamp, tratan de manifestarle su
deseo a la novia coordianndo sus esfuerzos y haciendo girar la batidora de chocolate, para que reproduzca la
mecánica y laboriosamente una imaginaria sustancia lechosa similar al semen. Esa sustancia sale a chorros a través de
las anillas, pero no puede llegar a la mitad del El Espejo donde está la novia por culpa de la barra que separa los
cristales.Así, la novia está condenada a tentar y a atormentarse eternamente, mientras que el destino de los solteros es
una interminable masturbación.
Puede considerse a esta obra como un símbolo de infierno modernista hecho de repeticion y soledad; O por el
contrario una declaración de libertad, si se recuerda el agobiador tabú contra la masturbación vigente cuando
Duchamp era joven.
Marcel Duchamp, L.H.O.O.Q., 1919. Reproducción de La Gioconda de Leonardo retocada a
lápiz, 19,7 x 12,1 cm. Colección particular.
Esta obra es una sátira bastante conocida; el bigote y la perilla añadidos al retaro de Mona Lisa, un gesto que ya es
sinónimo de traviesa irreverencia cultural. Como es habitual en los juegos de palabras de Duchamp, esa imagne
funciona en varios niveles a la vez. El grosero título: L.H.O.O.Q. que, pronunciado letra por letra en francés significa:
“Ella tiene el culo cachondo”, se combina con el colegial grafito del bigote y la perills: pero además, también revela
un nivel de ansiedad, ya que otorgarle atributos masculinos al retaro femenino más famoso y fetichado de la historia
entraña a su vez una broma sutil alusiva a la homosexualidad de Leonardo (o sea, un tema prohibido) sirviendo al
propio interés de Dchamp en la confusión de los papeles sexuales.
Marcel Duchamp, Fuente, 1917. Urinario de cerámica, 60 cm de altura. Museo de Arte de
Filadelfia, Colección Louise y Walter Arensgber.
Otro intento de desmitificar el arte (ready-mades): objetos de uso cotidiano los cuales exponía como objetos
desprovistos de valor estético pero clasificados como “arte”. El más agresivo fue esta obra, un urinario de porcelana.
Duchamp proclamaba que el mundo estaba ya tan lleno de “interesantes” objetos que el artista no necesitaba añadirles
nada.
Marcel Duchamp, Portabotellas (o Secador de botellas o Erizo) 1914. Ready-made, hierro
galvanizado. Museo de Arte de Filadelfia.
Raoul Hausmann, El espíritu de nuestro tiempo, 1921. Ensamblaje, 32,4 cm de alto. Museo
Nacional de Arte Moderno, París.
Vladimir Tatlin, Maqueta del monumento a la Tercera Internacional, 1919.
El Lissitzky, Proun-Espacio (o Sala Proun), Berlín, 1923.
El Lissitzky, Golpea a los blancos con la cuña roja, 1919. Cartel, 58,4 x 48,3 cm. Van
Abbemuseum, Eindhoven.
Pablo Picasso, Guernica, 1937. Óleo sobre lienzo, 348,5 x 777,2 cm. Museo Nacional Centro de
Arte Reina Sofía, Madrid.
Georges Seurat, Un domingo por la tarde en la isla de la Grande Jatte, 1884-1886. Óleo sobre
lienzo, 205,7 x 325,1 cm. Instituto de Arte de Chicago, Colección conmemorativa Helen Birch
Barlett.
Claude Monet, Nenúfares (o Ninfeas), Giverny, sin fecha, entre 1914 y 1926. Óleo sobre lienzo,
200,7 x 426,7 cm. National Gallery, Londres.
Henri Matisse, La danza, 1910. Óleo sobre lienzo, 259,3 x 318 cm. Museo del Ermitage, San
Petersburgo.
Henri Matisse, La música, 1910. Óleo sobre lienzo, 259,3 x 388,6 cm. Museo del Ermitage, San
Petersburgo.
Henri Matisse, El estudio rojo, Issy-les-Moulineaux, 1911. Óleo sobre lienzo, 180,6 x 218,7 cm.
Museo de Arte Moderno, Nueva York, Fondo Mrs. Simon Guggenheim.
Henri Matisse, La piscina, Niza, verano de 1952-principios de 1953. Nueve paneles murales en
dos partes, aguada sobre papeles recortados y pegados, montados en arpillera, a-e: 228,9 x
845,4 cm; f-i: 228,9 x 795 cm. Museo de Arte Moderno, Nueva York, Fondo Mrs. Bernard F.
Gimbel.
Piet Mondrian, Broadway Boogie Woogie, 1942-1943. Oleo sobre lienzo, 127 x 127 cm. Museo
de Arte Moderno, Nueva York, donación anónima.
Joan Miró, El carnaval de arlequín, 1924-1925. Óleo sobre lienzo, 66 x 91,9 cm. Galería
Albrigth-Knox, Buffalo.
Salvador Dalí, El gran masturbador, 1929. Óleo sobre lienzo, 110 x 150 cm. Museo Nacional
Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
Salvador Dalí, El juego lúgubre, 1929. Óleo y collage sobre lienzo, 41,1 x 25,6 cm. Colección
particular, París.
Meret Oppenheim, Objeto (Merienda con piel), 1936. Taza, plato y cuchara revestidos de piel;
taza: 10,5 cm de diámetro; plato: 23,2 cm de diámetro; cuchara: 20,3 cm de largo; altura total:
5,9 cm. Museo de Arte Moderno, Nueva York.
René Magritte, La traición de las imágenes, 1928-1929. Óleo sobre lienzo, 58,9 x 94 cm. Museo
de Arte del Condado de Los Ángeles.
Vincent van Gogh, Noche estrellada, 1889. Óleo sobre lienzo, 73,7 x 91,7 cm. Museo de Arte
Moderno, Nueva York, adquirido como parte del Legado Lillie P. Bliss.
Edvard Munch, El grito, 1893. Óleo sobre cartón, 91,4 x 73,7 cm. Nasjonalgalleriet, Oslo.
Francis Bacon, Estudio del retrato del papa Inocencio X según el estilo de Velázquez, 1953. Óleo
sobre lienzo, 152,6 x 117,3 cm. Cortesía de Marlborough Gallery, Londres.
Jackson Pollock, Neblina lavanda, número 1, 1950. Óleo, esmalte y pintura de aluminio sobre
lienzo, 218,9 x 302,3 cm. Galería Nacional de Arte, Washington D.C., Fondo Ailsa Mellon Bruce.
Mark Rothko, pinturas de la Capilla Rothko, 1963-1967. Tres trípticos y cinco cuadros
individuales, técnica mixta sobre lienzo. Capilla Rothko, Houston.
Robert Rauschemberg, Monograma, 1955-1959. Ensamblaje tridimensional, 106,7 x 162,6 x
163,1 cm. Moderna Museet, Estocolmo.
Andy Warhol, Marilyn Monroe, díptico, 1962. Acrílico y serigrafía sobre lienzo, 208,3 x 289,6
cm. Tate Modern, Londres.
Roy Lichtenstein, Chica ahogándose, 1963. Óleo y polímero sintético sobre lienzo, 170,8 x
168,4 cm. Museo de Arte Moderno, Nueva York, Fondo Philip Johnson y obsequio de Bagley
Wright.
Carl André, Equivalente VIII, 1978. Técnica mixta, 12,7 x 68,6 x 228,8 cm. Tate Modern,
Londres.
Robert Smithson, Malecón en espiral (o Spiral Jetty), Utah, 1970.
Walter de Maria, Campo de relámpagos, Nuevo México, 1971-1977. Escultura de tierra, con
cuatrocientas barras de acero inoxidable, 1,6 x 1 km. Dia Art Foundation.