CAPÍTULO SEXTO
EL TRABAJO HUMANO
I. ASPECTOS BÍBLICOS
a) La tarea de cultivar y custodiar la tierra
b) Jesús hombre del trabajo
c) El deber de trabajar
II. EL VALOR PROFÉTICO DE LA « RERUM NOVARUM »
III. LA DIGNIDAD DEL TRABAJO
a) La dimensión subjetiva y objetiva del trabajo
b) Las relaciones entre trabajo y capital
c) El trabajo, título de participación
d) Relación entre trabajo y propiedad privada
e) El descanso festivo
IV. EL DERECHO AL TRABAJO
a) El trabajo es necesario
b) La función del Estado y de la sociedad civil en la promoción del derecho al trabajo
c) La familia y el derecho al trabajo
d) Las mujeres y el derecho al trabajo
e) El trabajo infantil
f) La emigración y el trabajo
g) El mundo agrícola y el derecho al trabajo
V. DERECHOS DE LOS TRABAJADORES
a) Dignidad de los trabajadores y respeto de sus derechos
b) El derecho a la justa remuneración y distribución de la renta
c) El derecho de huelga
VI. SOLIDARIDAD ENTRE LOS TRABAJADORES
a) La importancia de los sindicatos
b) Nuevas formas de solidaridad
VII. LAS « RES NOVAE » DEL MUNDO DEL TRABAJO
a) Una fase de transición epocal
b) Doctrina social y « res novae »
CAPÍTULO SÉPTIMO
LA VIDA ECONÓMICA
I. ASPECTOS BÍBLICOS
a) El hombre, pobreza y riqueza
b) La riqueza existe para ser compartida
II. MORAL Y ECONOMÍA
III. INICIATIVA PRIVADA Y EMPRESA
a) La empresa y sus fines
b) El papel del empresario y del dirigente de empresa
IV. INSTITUCIONES ECONÓMICAS AL SERVICIO DEL HOMBRE
a) El papel del libre mercado
b) La acción del Estado
c) La función de los cuerpos intermedios
d) Ahorro y consumo
V. LAS « RES NOVAE » EN ECONOMÍA
a) La globalización: oportunidades y riesgos
b) El sistema financiero internacional
c) La función de la comunidad internacional en la época de la economía global
d) Un desarrollo integral y solidario
e) La necesidad de una gran obra educativa y cultural
CAPÍTULO OCTAVO
LA COMUNIDAD POLÍTICA
I. ASPECTOS BÍBLICOS
a) El señorío de Dios
b) Jesús y la autoridad política
c) Las primeras comunidades cristianas
II. EL FUNDAMENTO Y EL FIN DE LA COMUNIDAD POLÍTICA
a) Comunidad política, persona humana y pueblo
b) Tutelar y promover los derechos humanos
c) La convivencia basada en la amistad civil
III. LA AUTORIDAD POLÍTICA
a) El fundamento de la autoridad política
b) La autoridad como fuerza moral
c) El derecho a la objeción de conciencia
d) El derecho de resistencia
e) Infligir las penas
IV. EL SISTEMA DE LA DEMOCRACIA
a) Los valores y la democracia
b) Instituciones y democracia
c) La componente moral de la representación política
d) Instrumentos de participación política
e) Información y democracia
V. LA COMUNIDAD POLÍTICA AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD CIVIL
a) El valor de la sociedad civil
b) El primado de la sociedad civil
c) La aplicación del principio de subsidiaridad
VI. EL ESTADO Y LAS COMUNIDADES RELIGIOSAS
A. La libertad religiosa, un derecho humano fundamental
B. Iglesia Católica y comunidad política
a) Autonomía e independencia
b) Colaboración
CAPÍTULO NOVENO
LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
I. ASPECTOS BÍBLICOS
a) La unidad de la familia humana
b) Jesucristo prototipo y fundamento de la nueva humanidad
c) La vocación universal del cristianismo
II. LAS REGLAS FUNDAMENTALES DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
a) Comunidad Internacional y valores
b) Relaciones fundadas sobre la armonía entre el orden jurídico y el orden moral
III. LA ORGANIZACIÓN DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
a) El valor de las Organizaciones Internacionales
b) La personalidad jurídica de la Santa Sede
IV. LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA EL DESARROLLO
a) Colaboración para garantizar el derecho al desarrollo
b) Lucha contra la pobreza
c) La deuda externa
CAPÍTULO DÉCIMO
SALVAGUARDAR EL MEDIO AMBIENTE
I. ASPECTOS BÍBLICOS
II. EL HOMBRE Y EL UNIVERSO DE LAS COSAS
III. LA CRISIS EN LA RELACIÓN ENTRE EL HOMBRE
Y EL MEDIO AMBIENTE
IV. UNA RESPONSABILIDAD COMÚN
a) El ambiente, un bien colectivo
b) El uso de las biotecnologías
c) Medio ambiente y distribución de los bienes
d) Nuevos estilos de vida
CAPÍTULO UNDÉCIMO
LA PROMOCIÓN DE LA PAZ
I. ASPECTOS BÍBLICOS
II. LA PAZ: FRUTO DE LA JUSTICIA Y DE LA CARIDAD
III. EL FRACASO DE LA PAZ: LA GUERRA
a) La legítima defensa
b) Defender la paz
c) El deber de proteger a los inocentes
d) Medidas contra quien amenaza la paz
e) El desarme
f) La condena del terrorismo
IV. LA APORTACIÓN DE LA IGLESIA A LA PAZ
TERCERA PARTE
CAPÍTULO DUODÉCIMO
DOCTRINA SOCIAL Y ACCIÓN ECLESIAL
I. LA ACCIÓN PASTORAL EN EL ÁMBITO SOCIAL
a) Doctrina social e inculturación de la fe
b) Doctrina social y pastoral social
c) Doctrina social y formación
d) Promover el diálogo
e) Los sujetos de la pastoral social
II. DOCTRINA SOCIAL Y COMPROMISO DE LOS FIELES LAICOS
a) El fiel laico
b) La espiritualidad del fiel laico
c) Actuar con prudencia
d) Doctrina social y experiencia asociativa
e) El servicio en los diversos ámbitos de la vida social
1. El servicio a la persona humana
2. El servicio a la cultura
3. El servicio a la economía
4. El servicio a la política
CONCLUSIÓN
HACIA UNA CIVILIZACIÓN DEL AMOR
a) La ayuda de la Iglesia al hombre contemporáneo
b) Recomenzar desde la fe en Cristo
c) Una esperanza sólida
d) Construir la « civilización del amor »
Índice de las referencias
Índice analítico
SIGLAS
a. in articulo
AAS Acta Apostolicae Sedis
ad 1um in responsione ad 1 argumentum
ad 2um in responsione ad 2 argumentum et ita porro
c. capítulo o in corpore articuli
cap. capítulo
CIC Codex Iuris Canonici (Código de Derecho Canónico)
Cf. Confereratur (Compárese)
Const. dogm. Constitución dogmática
Const. past. Constitución pastoral
d. distinctio
Decr. Decreto
Decl. Declaración
DS H. Denzinger - A. Schönmetzer, Enchiridion Symbolorum definitionum et declarationum de
rebus fidei et morum
Ed. Leon. Sancti Thomae Aquinatis Doctoris Angelici Opera omnia iussu impensaque Leonis
XIII P.M. edita
Exh. ap. Exhortación apostólica
Ibid. Ibidem
Id. Idem
Instr. Instrucción
Carta ap. Carta apostólica
Carta enc. Carta encíclica
p. página
PG Patrologia graeca (J. P. Migné)
PL Patrologia latina (J. P. Migné)
q. quaestio
QQ. DD. Quaestiones disputatae
v. volumen
I Prima Pars Summae Theologiae
I-II Prima Secundae Partis Summae Theologiae
II-II Secunda Secundae Partis Summae Theologiae
III Tertia Pars Summae Theologiae
ABREVIATURAS BÍBLICAS
Ab Abdías
Ag Ageo
Am Amós
Ap Apocalipsis
Ba Baruc
1 Co 1 Corintios
2 Co 2 Corintios
Col Colosenses
1 Cro 1 Crónicas
2 Cro 2 Crónicas
Ct Cantar
Dn Daniel
Dt Deuteronomio
Ef Efesios
Esd Esdras
Est Ester
Ex Exodo
Ez Ezequiel
Flm Filemón
Flp Filipenses
Ga Gálatas
Gn Génesis
Ha Habacuc
Hb Hebreos
Hch Hechos
Is Isaías
Jb Job
Jc Jueces
Jdt Judit
Jl Joel
Jn Evang. de Juan
1 Jn 1 Juan
2 Jn 2 Juan
3 Jn 3 Juan
Jon Jonás
Jos Josué
Jr Jeremías
Judas Judas
Lc Evang. de Lucas
Lm Lamentaciones
Lv Levítico
1 M 1 Macabeos
2 M 2 Macabeos
Mc Evang. de Marcos
Mi Miqueas
Ml Malaquías
Mt Evang. de Mateo
Na Nahúm
Ne Nehemías
Nm Números
Os Oseas
1 P 1 Pedro
2 P 2 Pedro
Pr Proverbios
Qo Eclesiastés (Qohélet)
1 R 1 Reyes
2 R 2 Reyes
Rm Romanos
Rt Rut
1 S 1 Samuel
2 S 2 Samuel
Sal Salmos
Sb Sabiduría
Si Eclesiástico (Sirácida)
So Sofonías
St Santiago
Tb Tobías
1 Tm 1 Timoteo
2 Tm 2 Timoteo
1 Ts 1 Tesalonicenses
2 Ts 2 Tesalonicenses
Tt Tito
Za Zacarías
SECRETARÍA DE ESTADO
del Vaticano, 29 de junio de 2004
N. 559.332
A Su Eminencia Reverendísima
el Sr. Card. RENATO RAFFAELE MARTINO
Presidente del Pontificio Consejo « Justicia y Paz »
CIUDAD DEL VATICANO
Señor Cardenal:
En el transcurso de su historia, y en particular en los últimos cien años, la Iglesia nunca ha
renunciado —según la expresión del Papa León XIII— a decir la « palabra que le corresponde »
acerca de las cuestiones de la vida social. Continuando con la elaboración y la actualización de
la rica herencia de la Doctrina Social Católica, el Papa Juan Pablo II, por su parte, ha publicado
tres grandes encíclicas —Laborem exercens, Sollicitudo rei socialis y Centesimus annus—, que
constituyen etapas fundamentales del pensamiento católico sobre el argumento. Por su parte,
numerosos Obispos, en todas las partes del mundo, han contribuido en estos últimos años a
profundizar la doctrina social de la Iglesia. Lo mismo han hecho muchos estudiosos, en todos
los Continentes.
1. Era de esperarse, por tanto, que se proveyera a la redacción de un compendio de toda la
materia, presentando en modo sistemático los puntos esenciales de la doctrina social católica. El
Pontificio Consejo «Justicia y Paz», laudablemente se hizo cargo de ello, dedicando a la
iniciativa un intenso trabajo a lo largo de los últimos años.
Me complazco, por ello, de la publicación del volumen Compendio de la Doctrina social de la
Iglesia, compartiendo con Usted la alegría de ofrecerlo a los creyentes y a todos los hombres de
buena voluntad, como alimento para el crecimiento humano y espiritual, personal y
comunitario.
2. La obra muestra cómo la doctrina social católica tiene también el valor de instrumento de
evangelización (cf. Centesimus annus, 54), porque pone en relación la persona humana y la
sociedad con la luz del Evangelio. Los principios de la doctrina social de la Iglesia, que se
apoyan en la ley natural, resultan después confirmados y valorizados, en la fe de la Iglesia, por
el Evangelio de Jesucristo.
Con esta luz, se invita al hombre, ante todo, a descubrirse como ser trascendente, en todas las
dimensiones de su vida, incluida la que se refiere a los ámbitos sociales, económicos y políticos.
La fe lleva a su plenitud el significado de la familia que, fundada en el matrimonio entre un
hombre y una mujer, constituye la célula primera y vital de la sociedad; la fe ilumina además la
dignidad del trabajo que, en cuanto actividad del hombre destinada a su realización, tiene la
prioridad sobre el capital y constituye un título de participación en los frutos que produce.
3. El presente texto resalta además la importancia de los valores morales, fundados en la ley
natural escrita en la conciencia de cada ser humano, que por ello está obligado a reconocerla y
respetarla. La humanidad reclama actualmente una mayor justicia al afrontar el vasto fenómeno
de la globalización; siente viva la preocupación por la ecología y por una correcta gestión de las
funciones públicas; advierte la necesidad de salvaguardar la identidad nacional, sin perder de
vista el camino del derecho y la conciencia de la unidad de la familia humana. El mundo del
trabajo, profundamente modificado por las modernas conquistas tecnológicas, ha alcanzado
niveles extraordinarios de calidad, pero desafortunadamente registra también formas inéditas de
precariedad, de explotación e incluso de esclavitud, en las mismas sociedades "opulentas". En
diversas áreas del planeta, el nivel de bienestar sigue creciendo, pero también aumenta
peligrosamente el número de los nuevos pobres y se amplía, por diversas razones, la distancia
entre los países menos desarrollados y los países ricos. El libre mercado, que es un proceso
económico con aspectos positivos, manifiesta sin embargo sus limitaciones. Por otra parte, el
amor preferencial por los pobres representa una opción fundamental de la Iglesia, y Ella la
propone a todos los hombres de buena voluntad.
Se advierte así que la Iglesia debe hacer oír su voz sobre las res novae, típicas de la época
moderna, porque le corresponde invitar a todos a prodigarse para que se consolide cada vez con
mayor firmeza una auténtica civilización, orientada hacia la búsqueda de un desarrollo humano
integral y solidario.
4. Las actuales cuestiones culturales y sociales atañen sobre todo a los fieles laicos, llamados,
como recuerda el Concilio Ecuménico Vaticano II, a ocuparse de las realidades temporales
ordenándolas según Dios (cf. Lumen Gentium, 31). Se comprende así, la importancia
fundamental de la formación de los laicos, para que con la santidad de su vida y con la fuerza de
su testimonio, contribuyan al progreso de la humanidad. Este documento quiere ayudarles en su
misión cotidiana.
Además, es interesante hacer notar cómo muchos de los elementos aquí recogidos, son
compartidos por las demás Iglesias y Comunidades eclesiales, así como por otras Religiones. El
texto ha sido elaborado en modo que pueda ser aprovechado no sólo ad intra, es decir por los
católicos, sino también ad extra. En efecto, los hermanos con quienes estamos unidos por el
mismo Bautismo, los seguidores de otras Religiones y todos los hombres de buena voluntad,
pueden encontrar aquí inspiraciones para una reflexión fecunda y un impulso común para el
desarrollo integral de todos los hombres y de todo el hombre.
5. El Santo Padre confía que el presente documento ayude a la humanidad en la búsqueda
diligente del bien común, e invoca las bendiciones de Dios sobre cuantos se detendrán a
reflexionar en las enseñanzas de esta publicación. Al expresarle también mi personal deseo por
el éxito de esta obra, me congratulo con Vuestra Eminencia y con los Colaboradores del
Pontificio Consejo « Justicia y Paz » por el importante trabajo realizado, mientras que con
sentimientos de especial estima me es grato confirmarme
Devotísimo suyo en el Señor
Angelo Card. Sodano
Secretario de Estado
PRESENTACIÓN
Tengo el agrado de presentar el documento Compendio de la doctrina social de la Iglesia,
elaborado, según el encargo recibido del Santo Padre Juan Pablo II, para exponer de manera
sintética, pero exhaustiva, la enseñanza social de la Iglesia.
Transformar la realidad social con la fuerza del Evangelio, testimoniada por mujeres y hombres
fieles a Jesucristo, ha sido siempre un desafío y lo es aún, al inicio del tercer milenio de la era
cristiana. El anuncio de Jesucristo, « buena nueva » de salvación, de amor, de justicia y de paz,
no encuentra fácil acogida en el mundo de hoy, todavía devastado por guerras, miseria e
injusticias; es precisamente por esto que el hombre de nuestro tiempo tiene más que nunca
necesidad del Evangelio: de la fe que salva, de la esperanza que ilumina, de la caridad que ama.
La Iglesia, experta en humanidad, en una espera confiada y al mismo tiempo laboriosa, continúa
mirando hacia los « nuevos cielos » y la « nueva tierra » (2 P 3,13), e indicándoselos a cada
hombre, para ayudarle a vivir su vida en la dimensión del sentido auténtico. « Gloria Dei vivens
homo »: el hombre que vive en plenitud su dignidad da gloria a Dios, que se la ha donado.
La lectura de estas páginas se propone ante todo para sostener y animar la acción de los
cristianos en campo social, especialmente de los fieles laicos, de los cuales este ámbito es
propio; toda su vida debe calificarse como una obra fecunda de evangelización. Cada creyente
debe aprender ante todo a obedecer al Señor con la fortaleza de la fe, a ejemplo de San Pedro: «
Maestro hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra,
echaré las redes » (Lc 5,5). Todo lector de « buena voluntad » podrá conocer los motivos que
impulsan a la Iglesia a intervenir con una doctrina en campo social, a primera vista fuera de su
competencia, y las razones para un encuentro, un diálogo, una colaboración al servicio del bien
común.
Mi predecesor, el llorado y venerado Cardenal François-Xavier Nguyên Van Thuân, guió
sabiamente, con constancia y clarividencia, la compleja fase preparatoria de este documento; la
enfermedad le impidió concluirla con la publicación. Esta obra a mí confiada, y ahora ofrecida a
los lectores, lleva por tanto el sello de un gran testigo de la Cruz, fuerte en la fe durante los años
oscuros y terribles del Viêt Nam. Él sabrá acoger nuestra gratitud por todo su precioso trabajo,
realizado con amor y dedicación, y bendecir a todos aquellos que se detendrán a reflexionar
sobre estas páginas.
Invoco la intercesión de San José, Custodio del Redentor y Esposo de la Siempre Virgen María,
Patrono de la Iglesia Universal y del trabajo, para que este texto pueda dar frutos abundantes en
la vida social como instrumento de anuncio evangélico, de justicia y de paz.
Ciudad del Vaticano, 2 de abril de 2004, Memoria de San Francisco de Paula.
Renato Raffaele Card. Martino
Presidente
Giampaolo Crepaldi
Secretario
COMPENDIO
DE LA DOCTRINA SOCIAL
DE LA IGLESIA
INTRODUCCIÓN
UN HUMANISMO INTEGRAL Y SOLIDARIO
a) Al alba del tercer milenio
1 La Iglesia, pueblo peregrino, se adentra en el tercer milenio de la era cristiana guiada por
Cristo, el « gran Pastor » (Hb 13,20): Él es la Puerta Santa (cf. Jn 10,9) que hemos cruzado
durante el Gran Jubileo del año 2000.1 Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida
(cf. Jn 14,6): contemplando el Rostro del Señor, confirmamos nuestra fe y nuestra esperanza en
Él, único Salvador y fin de la historia.
La Iglesia sigue interpelando a todos los pueblos y a todas las Naciones, porque sólo en el
nombre de Cristo se da al hombre la salvación. La salvación que nos ha ganado el Señor Jesús,
y por la que ha pagado un alto precio (cf. 1 Co 6,20; 1 P 1,18-19), se realiza en la vida nueva
que los justos alcanzarán después de la muerte, pero atañe también a este mundo, en los ámbitos
de la economía y del trabajo, de la técnica y de la comunicación, de la sociedad y de la política,
de la comunidad internacional y de las relaciones entre las culturas y los pueblos: « Jesús vino a
traer la salvación integral, que abarca al hombre entero y a todos los hombres, abriéndoles a los
admirables horizontes de la filiación divina ». 2
2 En esta alba del tercer milenio, la Iglesia no se cansa de anunciar el Evangelio que dona
salvación y libertad auténtica también en las cosas temporales, recordando la solemne
recomendación dirigida por San Pablo a su discípulo Timoteo: « Proclama la Palabra, insiste a
tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá
un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus
propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán
sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas. Tú, en cambio, pórtate en todo con prudencia,
soporta los sufrimientos, realiza la función de evangelizador, desempeña a la perfección tu
ministerio » (2 Tm 4,2-5).
3 A los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sus compañeros de viaje, la Iglesia ofrece
también su doctrina social. En efecto, cuando la Iglesia « cumple su misión de anunciar el
Evangelio, enseña al hombre, en nombre de Cristo, su dignidad propia y su vocación a la
comunión de las personas; y le descubre las exigencias de la justicia y de la paz, conformes a la
sabiduría divina ».3 Esta doctrina tiene una profunda unidad, que brota de la Fe en una
salvación integral, de la Esperanza en una justicia plena, de la Caridad que hace
verdaderamente hermanos a todos los hombres en Cristo: es una expresión del amor de Dios
por el mundo, que Él ha amado tanto « que dio a su Hijo único » (Jn 3,16). La ley nueva del
amor abarca la humanidad entera y no conoce fronteras, porque el anuncio de la salvación en
Cristo se extiende «hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).
4 Descubriéndose amado por Dios, el hombre comprende la propia dignidad trascendente,
aprende a no contentarse consigo mismo y a salir al encuentro del otro en una red de
relaciones cada vez más auténticamente humanas. Los hombres renovados por el amor de Dios
son capaces de cambiar las reglas, la calidad de las relaciones y las estructuras sociales: son
personas capaces de llevar paz donde hay conflictos, de construir y cultivar relaciones fraternas
donde hay odio, de buscar la justicia donde domina la explotación del hombre por el hombre.
Sólo el amor es capaz de transformar de modo radical las relaciones que los seres humanos
tienen entre sí. Desde esta perspectiva, todo hombre de buena voluntad puede entrever los
vastos horizontes de la justicia y del desarrollo humano en la verdad y en el bien.
5 El amor tiene por delante un vasto trabajo al que la Iglesia quiere contribuir también con su
doctrina social, que concierne a todo el hombre y se dirige a todos los hombres. Existen
muchos hermanos necesitados que esperan ayuda, muchos oprimidos que esperan justicia,
muchos desocupados que esperan trabajo, muchos pueblos que esperan respeto: « ¿Cómo es
posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quién está condenado
al analfabetismo; quién carece de la asistencia médica más elemental; quién no tiene techo
donde cobijarse? El panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente, si a las antiguas
añadimos las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a ambientes y grupos no carentes de
recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la droga,
al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación
social... ¿Podemos quedar al margen ante las perspectivas de un desequilibrio ecológico, que
hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta? ¿O ante los problemas de la
paz, amenazada a menudo con la pesadilla de guerras catastróficas? ¿O frente al vilipendio de
los derechos humanos fundamentales de tantas personas, especialmente de los niños?». 4
6 El amor cristiano impulsa a la denuncia, a la propuesta y al compromiso con proyección
cultural y social, a una laboriosidad eficaz, que apremia a cuantos sienten en su corazón una
sincera preocupación por la suerte del hombre a ofrecer su propia contribución. La humanidad
comprende cada vez con mayor claridad que se halla ligada por un destino único que exige
asumir la responsabilidad en común, inspirada por un humanismo integral y solidario: ve que
esta unidad de destino con frecuencia está condicionada e incluso impuesta por la técnica o por
la economía y percibe la necesidad de una mayor conciencia moral que oriente el camino
común. Estupefactos ante las múltiples innovaciones tecnológicas, los hombres de nuestro
tiempo desean ardientemente que el progreso esté orientado al verdadero bien de la humanidad
de hoy y del mañana.
b) El significado del documento
7 El cristiano sabe que puede encontrar en la doctrina social de la Iglesia los principios de
reflexión, los criterios de juicio y las directrices de acción como base para promover un
humanismo integral y solidario. Difundir esta doctrina constituye, por tanto, una verdadera
prioridad pastoral, para que las personas, iluminadas por ella, sean capaces de interpretar la
realidad de hoy y de buscar caminos apropiados para la acción: « La enseñanza y la difusión de
esta doctrina social forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia ». 5
En esta perspectiva, se consideró muy útil la publicación de un documento que ilustrase las
líneas fundamentales de la doctrina social de la Iglesia y la relación existente entre esta
doctrina y la nueva evangelización.6 El Pontificio Consejo « Justicia y Paz », que lo ha
elaborado y del cual asume plenamente la responsabilidad, se ha servido para esta obra de una
amplia consulta, implicando a sus Miembros y Consultores, algunos Dicasterios de la Curia
Romana, las Conferencias Episcopales de varios países, Obispos y expertos en las cuestiones
tratadas.
8 Este documento pretende presentar, de manera completa y sistemática, aunque sintética, la
enseñanza social, que es fruto de la sabia reflexión magisterial y expresión del constante
compromiso de la Iglesia, fiel a la Gracia de la salvación de Cristo y a la amorosa solicitud por
la suerte de la humanidad. Los aspectos teológicos, filosóficos, morales, culturales y pastorales
más relevantes de esta enseñanza se presentan aquí orgánicamente en relación a las cuestiones
sociales. De este modo se atestigua la fecundidad del encuentro entre el Evangelio y los
problemas que el hombre afronta en su camino histórico.
En el estudio del Compendio convendrá tener presente que las citas de los textos del Magisterio
pertenecen a documentos de diversa autoridad. Junto a los documentos conciliares y a las
encíclicas, figuran también discursos de los Pontífices o documentos elaborados por los
Dicasterios de la Santa Sede. Como es sabido, pero parece oportuno subrayarlo, el lector debe
ser consciente que se trata de diferentes grados de enseñanza. El documento, que se limita a
ofrecer una exposición de las líneas fundamentales de la doctrina social, deja a las Conferencias
Episcopales la responsabilidad de hacer las oportunas aplicaciones requeridas por las diversas
situaciones locales.7
9 El documento presenta un cuadro de conjunto de las líneas fundamentales del « corpus »
doctrinal de la enseñanza social católica. Este cuadro permite afrontar adecuadamente las
cuestiones sociales de nuestro tiempo, que exigen ser tomadas en consideración con una visión
de conjunto, porque son cuestiones que están caracterizadas por una interconexión cada vez
mayor, que se condicionan mutuamente y que conciernen cada vez más a toda la familia
humana. La exposición de los principios de la doctrina social pretende sugerir un método
orgánico en la búsqueda de soluciones a los problemas, para que el discernimiento, el juicio y
las opciones respondan a la realidad y para que la solidaridad y la esperanza puedan incidir
eficazmente también en las complejas situaciones actuales. Los principios se exigen y se
iluminan mutuamente, ya que son una expresión de la antropología cristiana, 8 fruto de la
Revelación del amor que Dios tiene por la persona humana. Considérese debidamente, sin
embargo, que el transcurso del tiempo y el cambio de los contextos sociales requerirán una
reflexión constante y actualizada sobre los diversos temas aquí expuestos, para interpretar los
nuevos signos de los tiempos.
10 El documento se propone como un instrumento para el discernimiento moral y pastoral de
los complejos acontecimientos que caracterizan nuestro tiempo; como una guía para inspirar,
en el ámbito individual y colectivo, los comportamientos y opciones que permitan mirar al
futuro con confianza y esperanza; como un subsidio para los fieles sobre la enseñanza de la
moral social. De él podrá surgir un compromiso nuevo, capaz de responder a las exigencias de
nuestro tiempo, adaptado a las necesidades y los recursos del hombre; pero sobre todo, el anhelo
de valorar, en una nueva perspectiva, la vocación propia de los diversos carismas eclesiales con
vistas a la evangelización de lo social, porque « todos los miembros de la Iglesia son partícipes
de su dimensión secular ».9 El texto se propone, por último, como ocasión de diálogo con todos
aquellos que desean sinceramente el bien del hombre.
11 Los primeros destinatarios de este documento son los Obispos, que deben encontrar las
formas más apropiadas para su difusión y su correcta interpretación. Pertenece, en efecto, a
su « munus docendi » enseñar que « según el designio de Dios Creador, las mismas cosas
terrenas y las instituciones humanas se ordenan también a la salvación de los hombres, y, por
ende, pueden contribuir no poco a la edificación del Cuerpo de Cristo ». 10 Los sacerdotes, los
religiosos y las religiosas y, en general, los formadores encontrarán en él una guía para su
enseñanza y un instrumento de servicio pastoral. Los fieles laicos, que buscan el Reino de los
Cielos « gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios »,11 encontr