La Dama de las Camelias y La Traviata
La Dama de las Camelias y La Traviata
O sea, que en Venecia se reprodujo la hostilidad con la que cinco años antes, en 1847, fue acogida la
novela en la que se basaba, Ladame aux camélias de Alexandre Dumas hijo (1824-1895), dos años
después transformada en pieza teatral, pero cuyo estreno –a pesar de las influencias de Dumas padre–
se demoraría hasta 1852. Por problemas, cómo no, con la censura. No
hay que olvidar que Alexandre Dumas padre era mestizo (su madre era una negra haitiana), y la madre
de Alexandre hijo era una costurera. No sólo en esta obra, sino en buena parte de su producción, Dumas
hijo había fustigado los prejuicios y la hipocresía de la sociedad de su tiempo.
El personaje de Marguerite Gautier (el equivalente de la Violetta de Verdi y su libretista Francesco
Maria Piave) estaba inspirado en una mujer de carne y hueso, Marie (Alphonsine) Duplessis, a la que
Dumas hijo había conocido en París el verano de 1842. “Era alta, muy delgada, de cabellos oscuros y
una tez blanca y rosada. Su cabeza era pequeña, sus ojos largos y oblicuos, como los de las japonesas,
pero muy vivos. Sus labios tenían el color de las cerezas y exhibía los dientes más hermosos del
mundo”: así la describió el propio Dumas, y el escritor Téophile Gautier lo confirmó.
Ambos tenían dieciocho años, pero Dumas no se le declaró hasta dos años después. La generosidad del
joven, que se mostró muy preocupado por su salud, conmovió aAlphonsine, que lo aceptó de inmediato
como amante. Alexandre Dumas, hijo, autor de La dama de las camelias, obra sobre la que Francesco
Maria Piave escribió el libreto de La Traviata La relación amorosa que mantuvieron fue muy intensa,
pero Alexandre no podía costearlos caros gustos de Marie y hubo de compartirla con otros amantes, lo
que le provocaba unos celos terribles. Se escaparon juntos a una villa de Dumas padre en Saint-
Germain, pero ella volvió pronto a París. Alexandre le escribió una carta el 30 de agosto de 1845 en la
que lamentaba no ser lo bastante rico para mantenerla; la relación terminó para siempre. Por cierto que
la Duplessis tuvo a continuación un affaire –uno más– con Franz Liszt, antes de casarse en 1846 en
Londres con el Vizconde Édouard de Pérregaux. Un año más tarde moría en París de tuberculosis.
Téophile Gautier describió en estos términos el final de su agonía: “se levantó como en un intento de
escapar, lanzó tres gemidos y se desvaneció para siempre”. Aunque expertos en literatura afirman que
La dama de las cameliases superior en su redacción original como novela y que no es una pieza
de tanto calado artístico como su proyección popular (fue un auténtico best-seller en su tiempo), lo
cierto es que La Traviata es una de las primeras óperas de compositores italianos del XIX basadas en
una obra literaria de altura, y Verdi siempre procuró ser muy respetuoso con los escritores importantes
(“hay que mantenerse fiel a Byron, a Shakespeare,a Hugo...”, le escribía a Piave).El 2 de febrero de
1852 se estrenaba por fin, en el Théâtre du Vaudeville de París, La dame auxcamélias, con la actriz
Eugénie Doche en el papel protagonista. El éxito alcanzado desde la primera representación fue
mayúsculo. Verdi y Giuseppina, que frecuentaban las salas de teatro de la capital francesa, fueron a ver
una de esas funciones (también con la Doche como Marguerite Gautiery Charles
Fechter como Armand Duval) y se emocionaron vivamente con la historia. Según confesó el
compositor, que ya conocía la novela, de inmediato, mucho antes de contar con un libreto, comenzó
impulsivamente a esbozar música para su futura ópera.
COINCIDENCIAS Y DIFERENCIAS
Verdi y la soprano Giuseppina Strepponi (1815-1897) vivieron juntos desde 1847 pero no se casaron
hasta 1859 y cuando lo hicieron fue casi en secreto. Las constantes Cartel anunciador de La Traviata el
domingo 6 de marzo de 1853 en el Teatro La Fenice de Venecia. murmuraciones de los vecinos y de
algunos conocidos, por compartir el mismo techo sin estar casados, incomodaron sobremanera a la
pareja. Lo mismo que las maledicencias sobre la vida de la cantanteantes de haber conocido a Verdi,
pues teníad os hijos ilegítimos de breves y más o menos tormentosas relaciones con, entre otros, el
empresario de La Scala Bartolomeo Merelli y el tenor Napoleone Moriani. También la salud de la
Strepponi era delicada, lo que preocupaba muchísimo a Verdi, que se había quedado prematuramente
viudo de su primera esposa. Elementos autobiográficos varios, pues, que se colaron en La Traviata, sin
necesidad de que Violetta tuviese que ver en la ópera con la Strepponi, pues Verdi llamaba “puta” y
“mantenida” a aquélla, mientras que su amada había sido una cantante que había mantenido con sus
ingresos a toda su familia, no sólo a sus hijos. Tan fuerte fue la presión que tuvo que soportar Verdi que
un año después, para la reposición en el Teatro Gallo (antes llamado San Benedetto) de la misma
Venecia, se vio obligado a trasladar la acción de La Traviata al siglo XVIII. Y entonces, el 6 de mayo
de 1854, el éxito sí se produjo, de forma rotunda. Pero el cambio más sustancial operado no fue la
traslación temporal, sino ciertos retoques que Verdi introdujo en la partitura procurando que no
trascendiese: afectan, sobre todo, al gran dúo de Violetta y Giorgio Germont en el Acto II. Según Julian
Budden, son claramente para mejor, pues ahondan en los perfiles psicológicos de los personajes y
consiguen efectos más sutiles mediante ciertas modulaciones y combinaciones instrumentales, además
de rebajar algo la tesitura, antes en exceso aguda, del barítono. Pero el compositor procuró que estos
cambios pasasen inadvertidos (como si no quisiera que trascendiese que la redacción primitiva la
consideraba mejorable) y por ello ordenó destruir las copias de la versión primitiva. La adaptación de
Piave y Verdi concentra la acción en menos tiempo: mientras la pieza teatral transcurre en diecisiete
meses, la ópera en sólo seis: el Acto I en agosto, el II en enero y el III en febrero. Así parece más
lógico: si entre el momento en que Violetta abandona a Alfredo y la fiesta en casa de Flora pasase,
como en la obra teatral, un mes, es muy posible que Alfredo hubiese ido a buscar a su amada; en la
ópera, la fiesta tiene lugar esa misma noche y es más creíble que Violetta corriese a buscar refugio en el
Barón Douphol. Por otra parte, nada más separarse, en la ópera Violetta empeora rapidamente, lo que
sugiere que ella muere Frontispicio de la primera edición milanesa de la partitura para canto y piano de
La Traviata, donde se representa la última escena de esta obra. no sólo por la tisis, sino que el
insoportable dolor de la separación acelera su fin.
ARGUMENTO
La acción tiene lugar en Paris y sus alrededores a mediados del siglo XIX.
ACTO I
ACTO II
En casa de la cortesana Violetta Valery tiene lugar una espléndida fiesta, sus lujosos salones están
llenos de invitados entre los que se encuentran Flora Bervoix, su amiga más íntima y el barón Duphol,
su amante y protector. Llega el vizconde Gastón de Létorières acompañado de Alfredo Germont, un
joven de Provenza que declara estar enamorado de Violetta. Durante la cena, Alfredo ofrece un
apasionado brindis a la anfitriona, al acabar los invitados se trasladan al salón contiguo para bailar pero
la joven queda rezagada por un malestar pasajero; momento que aprovecha Alfredo para declararle su
amor. En un primer momento Violetta no le toma en serio, sin embargo, regala una flor al joven
diciéndole que podrá visitarla cuando esta se marchite. Concluida la fiesta, y ya a solas, Violetta
reflexiona sobre los sentimientos que Alfredo le ha revelado y la nueva vida que éste le propone, pero
enseguida trata de persuadirse a si misma de que aceptarlo sería una locura y decide olvidarlo todo
loando su vida entregada a los placeres.
Cuadro I
Una casa de campo en las afueras de Paris. Alfredo y Violetta lleva tres meses viviendo juntos y su
felicidad es completa. El joven sorprende a Annina, la doncella de Violetta, cuando esta regresa de
Paris, donde ha ido para preparar la venta de los bienes de la señora y así poder costear la idílica
existencia de la pareja. Alfredo, avergonzado por su inconsciencia y herido en su orgullo, decide partir
hacia la capital para impedirlo. Entre la correspondencia del día, Violetta recibe una carta de su amiga
Flora invitándola a una fiesta. Mientras la lee recibe la visita de Giorgio Germont, el padre de Alfredo,
quien la acusa de llevar a la ruina moral y económica a su hijo. Violetta le enseña unos documentos que
señalan lo contrario, dejando sorprendido al anciano que advierte la dignidad que demuestra la joven,
Germont se disculpa entonces y apela a su noble corazón para pedirle un enorme sacrificio:
renunciar definitivamente al amor de Alfredo para que su relación no empañe el honor de la familia y
prevenir el escándalo que arruinaría el compromiso matrimonial de su hija, hermana de Alfredo.
Aunque en principio se niega rotundamente, Violetta intuye que su defensa es una batalla perdida pues
sabe que Germont no dejará de recurrir a su pasado para comprometerla. Llena de tristeza, asiente
finalmente en abandonar a Alfredo escribiéndole una simple nota de despedida que le entregarán
cuando ella se haya marchado. Al poco tiempo de salir Germont regresa el joven que la sorprende
escribiendo, Violetta disimula a duras penas pero la emoción la embarga y le ruega que, pase lo que
pase, la ame siempre, y se despide. Alfredo, que atribuye la intensidad del momento al amor que
Violetta le profesa, entiende de repente la situación cuando recibe la nota, pensando que le ha
abandonado por Duphol. Al ver sobre la mesa la invitación de Flora cree confirmadas sus sospechas y,
pese a las conciliadoras palabras de su padre, decide presentarse en la fiesta para tomar venganza.
Cuadro II
Una fiesta de disfraces en la mansión de Flora en Paris. Grupos de gitanas e invitados vestidos de
toreros divierten a los presentes, al concluir el bullicio todos se reúnen alrededor de las mesas de juego.
Algunos amigos de Flora comentan que Alfredo y Violetta se han separado cuando el propio Alfredo
entra fingiendo indiferencia y se sienta a compartir el juego. Llega Violetta cogida del brazo del barón
Duphol, el joven, contrariado, dirige veladas acusaciones que provocan la indignación del barón, este
acepta el desafío de jugar con Alfredo quién gana todas las apuestas. La tensión va en aumento, cuando
un sirviente anuncian que la cena está preparada y el juego se interrumpe. Los invitados abandonan el
salón, Violetta se las arregla para quedarse a solas con Alfredo y pedirle que abandone el lugar pues le
amenaza un peligro. El joven acepta marcharse siempre y cuando ella le acompañe, pero Violetta se
niega y, para mantener su promesa, le miente diciéndole que ama a Duphol. Furioso, Alfredo llama a
los invitados y arroja con desprecio a los pies de Violetta el dinero que acaba de ganar en el juego,
dando a entender que con ello queda pagada su deuda. Los invitados, escandalizados, recriminan a
Alfredo su actitud. En ese momento llega Germont que reprende con dureza a su hijo despertando sus
remordimientos. El barón desafía a Alfredo en duelo.
ACTO III
Dormitorio de Violetta en su apartamento de Paris. Su salud está muy deteriorada, solo su fiel Annina
cuida de ella. Su amigo el doctor Grenvil, conocedor de su grave situación, la visita para darle ánimo
asegurándole que se recuperará pronto, pero en un aparte confía a la sirvienta que se halla en el umbral
de la muerte.
Cuando el médico se va Violetta pide a Annina que reparta a los pobres la mitad del poco dinero que le
queda. Al quedar sola, Violetta relee una carta de Germont en la que cuenta cómo Alfredo hirió a
Duphol en el duelo, y tuvo que huir del país por un tiempo. Asimismo, le informa que él mismo reveló
a su hijo el sacrificio que ella hizo por amor, y que éste, pronto regresará para pedirle perdón. Violetta
comprende con amargura que es demasiado tarde.
Annina vuelve apresuradamente para anunciar la inminente llegada de Alfredo. En ese momento entra
el joven y los enamorados se funden en un abrazo, la emoción deja paso a un optimismo pasajero
donde ambos hacen planes para comenzar una nueva vida juntos. Pero la salud de Violetta empeora y
Alfredo manda buscar al médico, que llega acompañado de Germont. El anciano abatido por los
remordimientos pide perdón a Violetta, mientras Alfredo, desesperado e indefenso, asiste al inexorable
final. Una repentina y milagrosa mejoría permite a Violetta levantarse llena de esperanza y morir en los
brazos de su amado.
LIBRETO
PERSONAJES
Violetta Valéry, una cortesanasoprano
Alfredo Germonttenor
Giorgio Germont, padre de Alfredobarítono
Flora Bervoix, amiga de Violettamezzosoprano
Annina, doncella de Violettasoprano
Gastone, vizconde de Létorièrestenor
El barón Douphol, protector de Violettabarítono
El marqués D’Obigny, amigo de Florabajo
El doctor Grenvilbajo
Giuseppe, sirviente de Violettatenor
Un mensajerobajo
Un sirviente de Florabarítono
Damas y caballeros, amigos de Violetta y Flora, toreros, picadores, gitanas, sirvientes de Violetta y
Flora, máscaras, etc.
La acción tiene lugar en Paris y sus alrededores a mediados del siglo XIX.
El primer acto acaece en agosto, el segundo en enero y el tercero en febrero.
Preludio
ACTO I Escena I
Salón en casa de Violeta. Al fondo hay una puerta que comunica con otra sala y dos más en los
laterales. A la izquierda un chimenea sobre la que hay un. En el centro una mesa lujosamente
preparada. Violeta, sentada en un diván, está conversando con el doctor y algunos amigos mientras
otros atienden a los invitados que van llegando, entre ellos están el barón y Flora, de brazo del
marqués.
INVITADOS I Se os ha pasado la hora de la invitación… Llegáis tarde...
INVITADOS II Nos entretuvimos jugando en casa de Flora. Con el juego el tiempo se pasa volando.
VIOLETA (yendo a su encuentro) Flora, amigos, alegremos con nuevas diversiones el resto de la
noche… La fiesta se disfruta mejor entre copas...
FLORA, EL MARQUÉS ¿Y podréis vos gozar de ella?
VIOLETA Así lo deseo; al placer me abandono, es el mejor remedio para aliviar mis penas.
TODOS Si, la alegría alarga la vida.
Escena II
GASTÓN (entrando con Alfredo) En Alfredo Germont, señora, tenéis a un gran admirador vuestro;
pocos amigos hay como él.
VIOLETA (ofrece la mano a Alfredo, que se la besa) Gracias, vizconde, por semejante regalo.
EL MARQUÉS ¡Querido Alfredo!
ALFREDO Marqués. (se estrechan la mano. Los criados, mientras tanto, acaban de preparar la mesa)
GASTÓN (a Alfredo) Ya te lo dije: aquí la amistad se confunde con el placer.
VIOLETA (a los sirvientes) ¿Está todo preparado? (un sirviente asiente con la cabeza) Queridos míos,
sentaos y abrid vuestros sentidos al convite.
TODOS Decís bien, en licor se ahogan siempre hasta las penas más hondas. (se sientan de tal manera
que Violeta queda entre Alfredo y Gastón; enfrente Flora entre el marqués y el barón, los demás se
sientan a su antojo) Abramos nuestros sentidos al convite.
GASTÓN (en voz baja a Violeta) Alfredo siempre está pensando en vos.
VIOLETA ¿Bromeáis?
GASTÓN Cuando estuvisteis enferma, se preocupó y vino cada día para preguntar por vos.
VIOLETA Conteneos. No significo nada para él.
GASTÓN No os engaño.
VIOLETA (a Alfredo) ¿Es cierto entonces? Pero, ¿por qué? No lo entiendo.
ALFREDO (suspirando) Sí, es verdad.
VIOLETA (a Alfredo) Os lo agradezco. Vos, barón, no hicisteis lo mismo...
EL BARÓN Sólo os conozco desde hace un año.
VIOLETA Y él hace apenas unos minutos.
FLORA (al barón en voz baja) Hubiera sido mejor que os callarais.
EL BARÓN (a Flora en voz baja) Me desagrada ese joven...
FLORA ¿Por qué? A mí en cambio me parece simpático.
Escena III
VIOLETA (se levanta y va a mirarse al espejo) ¡Oh, qué palidez! (se vuelve y ve a Alfredo) ¿Vos aquí?
ALFREDO ¿Se os ha pasado el malestar?
VIOLETA Estoy mejor.
ALFREDO Esta vida os va a matar… deberíais cuidaros más.
VIOLETA ¿Y cómo podría?
ALFREDO Si fueseis mía, velaría para que tuvieseis una vida apacible.
VIOLETA ¿Qué decís? ¿Acaso le importo a alguien?
ALFREDO (con ardor) Por que nadie en el mundo os ama.
VIOLETA ¿Nadie?
ALFREDO Salvo yo.
VIOLETA (riendo) ¡Eso es cierto! Había olvidado tan gran amor.
ALFREDO ¿Os reís? ¿Es que no tenéis corazón?
VIOLETA ¿Corazón? Sí... quizás. ¿Por qué lo preguntáis?
ALFREDO Si así fuese, no os burlaríais así.
VIOLETA ¿Habláis en serio?
ALFREDO No os engaño.
VIOLETA ¿Y hace mucho que me amáis?
ALFREDO Si, desde hace un año. Un día, feliz, delicada, me deslumbrasteis al pasar y desde aquel día
he vivido desazonado por ese amor secreto Ese amor es para mi el latir de todo el universo, misterioso,
altivo, tormento y delicia del corazón.
VIOLETA Ah, si eso es cierto, huid de mi.... solo puedo ofreceros mi amistad; no sé amar, ni puedo
soportar un amor tan heroico. Soy franca y sincera; a otra debéis buscar, no os será difícil encontrarla
y olvidaros de mi.
GASTÓN (aparece por la puerta del centro) ¿Y bien? ¿Qué diablos hacéis?
VIOLETA Bromeábamos...
GASTÓN ¡Bien, está bien! Seguid. (vuelve a entrar)
VIOLETA (a Alfredo) Nada de amor, entonces... ¿Le parece bien el trato?
ALFREDO Os obedezco... Me marcho. (hace ademán de irse)
VIOLETA ¿Eso habéis entendido? (saca una flor del pecho) Tomad esta flor.
ALFREDO ¿Para qué?
VIOLETA Para devolvérmela.
ALFREDO (volviendo) ¿Cuándo?
VIOLETA Cuando se marchite.
ALFREDO ¡Cielos! Mañana...
VIOLETA Bien... mañana.
ALFREDO (coge la flor embelesado) ¡Soy feliz!
VIOLETA ¿Aún decís que me amáis?
ALFREDO (haciendo ademán de irse) ¡Oh, cuánto os amo!
VIOLETA ¿Os vais?
ALFREDO (se vuelve y le besa la mano) Me voy.
VIOLETA Adiós.
ALFREDO No deseo nada más. (saliendo)
VIOLETA, ALFREDO Adiós.
Escena IV
(vuelven todos los demás acalorados por el baile)
TODOS Despunta ya la aurora, es hora de marcharse; gracias, encantadora señora, por tan espléndida
velada. La ciudad entera bulle en fiesta, vuelve el tiempo del placer; tras un reparador descanso
continuaremos disfrutando. (salen por la derecha) Escena V VIOLETA ¡Que extraño! ¡Que extraño!
¡Esas palabras han quedado marcadas en mi corazón! ¿Me haría desgraciada el amor verdadero? ¿Qué
decides, perturbada alma mía? Ningún hombre te había conmovido hasta ahora. ¡Oh, felicidad para mi
desconocida, amar y ser amada! ¿Y sería yo capaz de desdeñarla por las frívolas locuras de mi vida?
Ah, quizás sea aquel que mi alma, solitaria entre la multitud, solía pintar, complacida, con colores
difusos. Aquel que prudente y solicito se acercó hasta la enferma encendiendo nueva fiebre,
despertándome al amor. A ese amor que es el latido de todo el universo, misterioso, altivo, tormento y
delicia del corazón. Cuando era niña, un cándido y trepidante deseo diseñó la dulce imagen de mi
idílico prometido, cuando el resplandor de su belleza veía en el cielo, me sentía invadida por esa falacia
divina. ¡Sentía que el amor es el latido de todo el universo, misterioso, altivo, tormento y delicia del
corazón! (se queda pensativa. Alterándose) ¡Locuras! ¡Locuras! ¡Solo son vanos delirios! Pobre mujer,
sola abandonada en este populoso desierto que llaman París. ¿Qué más puedo esperar? ¿Qué debo
hacer? Disfrutar, abandonarme en el torbellino de la voluptuosidad. Debo ser siempre libre revolotear
de placer en placer, quiero que mi vida transcurra por los senderos del placer. Quiero estar alegre a
cualquier hora del día y que mis pensamientos vuelen constantemente entre placeres nuevos.
ALFREDO (bajo el balcón) El amor es el latir de todo el universo, misterioso, altivo, tormento y
delicia del corazón.
VIOLETA ¡Locuras! ¡Locuras! Debo ser siempre libre revolotear de placer en placer, quiero que mi
vida transcurra por los senderos del [Link] estar alegre a cualquier hora del día y que mis
pensamientos vuelen constantemente entre placeres nuevos.
ACTO II Cuadro I
Escena I
Una casa de campo cerca de París. Un salón en la planta baja. Al fondo, entre dos puertas acristaladas
cerradas que dan a un jardín, hay una chimenea y sobre ella un espejo y un reloj. En primer plano hay
otras dos puertas, una frente a otra. Sillas, mesitas, algunos libros y útiles para escribir.
ALFREDO (entra vestido en ropa de cacería) ¡Alejado de ella la felicidad para mí no existe! (deja el
fusil) Tres meses han pasado volando desde que mi Violeta, por mí, abandonó riquezas, amores y
suntuosas fiestas, donde, habituada a los halagos, todos caían rendidos de su belleza. Ahora, contenta
en este apacible lugar, ha olvidado todo por mi. Aquí, junto a ella, me siento renacer, recuperado por el
soplo del amor y su alegría me hace olvidar todo el pasado. ¡El juvenil ardor de mi espíritu apasionado
con la plácida sonrisa del amor ella ha atemperado! Desde el día en que me dijo: "quiero vivir siéndote
fiel", vivo casi en el cielo olvidando del universo.
Escena II
(Annina entra inquieta)
ALFREDO ¿De dónde vienes Annina?
ANNINA De París
ALFREDO ¿Quién te ha enviado?
ANNINA Fue mi señora.
ALFREDO ¿Para qué?
ANNINA Para vender caballos, coches y todo lo que aún posee.
ALFREDO ¡Qué oigo!
ANNINA Es costoso vivir aquí apartados.
ALFREDO ¿Porqué no me has dicho nada?
ANNINA Se me impuso silencio.
ALFREDO ¡Impuesto! ¿Cuánto necesita?
ANNINA Mil luises.
ALFREDO Retírate... iré yo a París. La señora no debe saber nada de esta charla. Aún puedo arreglarlo
todo.
(Annina se va)
Escena III
ALFREDO ¡Qué remordimiento! ¡Qué vergüenza! ¡He vivido tan equivocado! Pero la realidad ha
fulminado mi alocado sueño. Debo acallar de mi pecho la llamada del honor; que firmemente será
vengado reparando esta deshonra. (sale)
Escena IV
VIOLETA (entra con unos papeles y hablando con Annina) ¿Y Alfredo?
ANNINA Acaba de partir hacia París.
VIOLETA ¿Cuándo volverá?
ANNINA Antes de que anochezca… Me ordenó que os lo dijera.
VIOLETA ¡Qué extraño!
GIUSEPPE (entregandole una carta) Es para vos...
VIOLETA (sentándose) Está bien. En breve vendrá un hombre de negocios… que entre
inmediatamente.
(Annina y Giuseppe se van)
Escena V
VIOLETA (abre la carta) ¡Ah, Flora ha descubierto mi refugio y me invita al baile de esta noche! Me
esperará en vano… (deja la carta sobre la mesa)
GIUSEPPE Ha llegado un señor.
VIOLETA Debe ser el que espero. (indica a Giuseppe que lo haga pasar)
GERMONT ¿Señorita Valery?
VIOLETA Soy yo.
GERMONT ¡Tenéis ante vos al padre de Alfredo!
VIOLETA (sorprendida, lo invita a sentarse) ¿Vos?
GERMONT (sentándose) Sí, del incauto que va a la ruina, hechizado por vos.
VIOLETA (se levanta, ofendida ) Soy una dama, señor, y estoy en mi casa; permitid que me retire, más
por vos que por mi. (se dispone a salir)
GERMONT (¡Qué modales!) Sin embargo…
VIOLETA Habéis cometido un error. (vuelve a sentarse)
GERMONT Quiere donaros sus bienes...
VIOLETANo se ha atrevido hasta ahora... Los rechazaría.
GERMONT (mirando a su alrededor) Sin embargo, todo este lujo...
VIOLETA Es un secreto para todos… Que no lo sea para vos. (le entrega una carta)
GERMONT (ojea la carta) ¡Cielos, qué descubro! ¿Queréis desprenderos de todos vuestros bienes?
¿Por qué, porqué os acusa vuestro pasado?
VIOLETA (con entusiasmo) ¡Mi pasado ya no existe, ahora amo a Alfredo; Dios lo borró con mi
arrepentimiento!
GERMONT ¡Nobles sentimientos, en verdad!
VIOLETA¡Oh, qué dulces me suenan vuestras palabras!
GERMONT(levantándose) Y a tales sentimientos pido un sacrificio.
VIOLETA(levantándose) Ah no… callad… Seguro que me pediréis algo terrible… Lo presentía... os
esperaba.… era demasiado feliz…
GERMONT El padre de Alfredo os pide ahora por el destino, por el futuro de sus dos hijos.
VIOLETA ¡Sus dos hijos!
GERMONT Sí. Dios me dio una hija pura como un ángel; si Alfredo se negase volver al seno familiar,
el amado y enamorado joven que debería desposarla, rechazará esta unión que tan felices nos haría.
No transforméis en sufrimientos las rosas del amor. Que no se resista vuestro corazón a mis súplicas.
VIOLETA Ah, entiendo... debería alejarme de Alfredo durante algún tiempo… sería doloroso para mí...
sin embargo...
GERMONT No es eso lo que pido.
VIOLETA ¡Cielos! ¿Que más queréis?… ¡Bastante he ofrecido!
GERMONT Pero no basta.
VIOLETA ¿Queréis que renuncie a él para siempre?
GERMONT ¡Es preciso!
VIOLETA ¡Ah no, nunca! ¿Ignoráis el amor vivo, inmenso que arde en mi pecho? ¿Que ni amigos, ni
parientes tengo entre los vivos? ¿Y que Alfredo me ha jurado que todo lo encontraré en él? ¿Ignoráis
que mi vida está minada por la enfermedad? ¿Que ya veo cercano mi final? ¿Que me separe de
Alfredo? Ah, el suplicio es tan despiadado que preferiría morir.
GERMONT Es un grave sacrificio, pero escuchadme con calma. Sois joven y bella… con el tiempo...
VIOLETA Ah, no digáis más… os entiendo... me es imposible.… solo quiero amarle a él.
GERMONT Puede ser... pero el hombre es a menudo voluble...
VIOLETA (conmovida) ¡Dios mío!
GERMONT Un día, cuando el tiempo haya disipado los encantos, el tedio no tardará en aparecer.…
¿Qué pasará entonces...? Pensad… No os reconfortaran ni los sentimientos mas tiernos por que los
lazos que os unen no fueron bendecidos por el cielo.
VIOLETA ¡Es verdad!
GERMONT Que se desvanezca, entonces, este sueño de seducción.
VIOLETA ¡Es verdad!
GERMONT Sed el ángel consolador de mi familia. Violeta, pensadlo, aún estáis a tiempo. Hija mía, es
Dios quién inspira tales palabras a un padre.
VIOLETA (para sí, con extremo dolor) ¡Así pues, para la infeliz que un día cayó no existe esperanza de
regenerarse! Aunque Dios misericordioso la perdone el hombre será implacable con ella. (a Germont,
llorando) Decidle a esa joven, tan bella y pura, que existe una victima de la adversidad a quien sólo le
quedaba un rayo de felicidad… que por ella lo sacrifica y que morirá.
GERMONT Llora, llora desdichada. Veo que es supremo el sacrificio que ahora te pido. Siento en el
alma tu pena… Ten valor y tu noble corazón vencerá. (silencio)
VIOLETA Decidme que debo hacer.
GERMONT Decidle que no lo amáis.
VIOLETA No lo creerá.
GERMONT Marchaos…
VIOLETA Me seguiría.
GERMONT Entonces...
VIOLETA Abrazadme como a vuestra hija… así seré fuerte. (se abrazan) En breve volverá con vos,
pero tremendamente afligido. Corred entonces a consolarlo. (le señala el jardín, se sienta a escribir)
GERMONT ¿Qué habéis pensado?
VIOLETA Si lo supierais os opondríais.
GERMONT ¡Qué generosa! ¿Qué puedo hacer por vos?
VIOLETA (volviéndose hacia él) ¡Voy a morir! No consintáis que maldiga mi memoria, si alguien
llegara a revelarle mis horribles sufrimientos.
GERMONT No, generosa, debéis vivir y ser feliz. El cielo os recompensará algún día por estas
lágrimas.
VIOLETA Que conozca el sacrificio que hice por amor… que será suyo hasta el último suspiro de mi
corazón.
GERMONT Será premiado el sacrificio de vuestro amor; de una acción tan noble podéis estar
orgullosa.
VIOLETA Alguien llega.... ¡Marchaos!
GERMONT ¡Ah, mi corazón os está agradecido!
VIOLETA Tal vez no nos veamos más. (se abrazan)
VIOLETA, GERMONT Que seáis feliz... ¡Adiós!
VIOLETA (llorando) Que conozca el sacrificio que hice por amor… que será suyo hasta el último… (el
llanto interrumpe sus palabras) ¡Adiós!
VIOLETA, GERMONT
Que seáis feliz... ¡Adiós!
(Germont sale por la puerta del jardín)
Escena VI
VIOLETA ¡Dadme fuerza, oh cielos! (se sienta a escribir, luego toca la campanilla)
ANNINA ¿Me llamabais?
VIOLETA Sí, entrega tu misma este recado.
ANNINA (mira la dirección y se sorprende) ¡Oh!
VIOLETA Silencio... ve enseguida. (Annina se va) Y ahora a escribirle a él... ¿Qué le diré? ¿De donde
sacaré el valor? (escribe y luego sella la carta)
ALFREDO (entrando) ¿Qué haces?
VIOLETA (escondiendo la carta) Nada.
ALFREDO ¿Estabas escribiendo?
VIOLETA (confusa) Si... no...
ALFREDO ¡Qué turbación! ¿A quién escribías?
VIOLETA A ti.
ALFREDO Dame esa carta.
VIOLETA No, de momento.
ALFREDO Perdóname... estoy preocupado.
VIOLETA (levantándose) ¿Qué ocurre?
ALFREDO Ha llegado mi padre....
VIOLETA ¿Lo has visto?
ALFREDO No, me ha dejado una nota muy severa... pero le esperaré... te querrá en cuanto te vea.
VIOLETA (agitada) Que no me encuentre aquí... deja que me vaya... tranquilízalo tú... Me arrojaré a
sus pies... (sin apenas poder contener el llanto) no querrá que nos separemos, seremos felices porque tú
me amas, Alfredo, ¿no es cierto?
ALFREDO ¡Oh, y cuanto! ¿Por qué lloras?
VIOLETA Necesitaba llorar... ya estoy más tranquila... (esforzándose) ¿Ves? ya te sonrío. Estaré allí,
entre esas flores siempre cerca de ti. Ámame, Alfredo, tanto como yo te amo... Adiós. (corre hacia el
jardín)
Escena VII
ALFREDO ¡Ah, su corazón vive consagrado a mi amor! (se sienta, abre un libro, mira la hora) Es
tarde... y seguramente hoy ya no venga mi padre.
GIUSEPPE (entra presuroso) La señora se ha marchado... la esperaba una calesa, que va a toda prisa
camino de París... Annina también se fue antes que ella...
ALFREDO Lo sé, cálmate.
GIUSEPPE (para sí) ¿Qué quiere decir esto? (sale)
ALFREDO Seguramente va a acelerar la venta de todos sus bienes… pero Annina lo impedirá. (se ve a
su padre a lo lejos atravesando el jardín) Hay alguien en el jardín… (dispuesto a salir) ¿Quién anda ahí?
UN MENSAJERO (desde la puerta) ¿El señor Germont?
ALFREDO Yo soy.
MENSAJERO No lejos de aquí, una dama que iba en un carruaje, me ha dado esta carta para vos…
(entrega una carta a Alfredo, recibe una moneda y se va)
Escena VIII
ALFREDO ¡De Violeta!... ¿Por qué me siento tan alterado? Tal vez quiere que me reúna con ella..
¡Estoy temblando!... ¡Oh, cielos! ¡Valor! (abre la carta) "Alfredo, cuando recibas esta carta..." (grita)
¡Ah! (al volverse encuentra los brazos de su padre) ¡Padre mío!
GERMONT ¡Hijo mío! ¡Oh, cuanto sufres! Enjuga tus lágrimas y vuelve a ser el orgullo y la gloria de
tu padre. (Alfredo desesperado se sienta junto a la mesa con el rostro entre las manos) ¿Quién borró de
tu corazón el mar y la tierra de Provenza? ¿Qué impulso te alejó del reluciente sol que te vio nacer?
Recuerda ahora en tu dolor que allí te inundó la alegría y que sólo en aquella paz te podrá alumbrar de
nuevo. ¡Dios hasta aquí me ha guiado! ¡Ah! no sabes cuanto ha sufrido tu viejo padre. Estando tu tan
lejos, su cobijo se cubrió de tristeza. Pero si al fin te encuentro, si no desfalleció en mi la esperanza, si
la voz del honor no ha enmudecido del todo en ti. ¡Dios me ha escuchado! (abrazando a Alfredo) ¿No
respondes al cariño de un padre?
ALFREDO Mil serpientes devoran mi pecho... (apartando a su padre) Déjame.
GERMONT ¡Dejarte!
ALFREDO (resuelto) ¡Oh, venganza!
GERMONT No nos entretengamos, marchémonos.. deprisa...
ALFREDO (para sí) ¡Ah, ha sido Douphol!
GERMONT ¿Me escuchas?
ALFREDO ¡No!
GERMONT ¿Entonces, te habré encontrado en vano? No, no te reprocharé nada; olvidaremos el
pasado, el amor que me ha guiado, sabrá perdonarlo todo. Ven conmigo a reunirte felizmente con los
tuyos, no le niegues esa alegría a quien tanto ha sufrido. Acude a consolar a tu padre y a tu hermana.
ALFREDO (tomando conciencia, ve sobre la mesa la carta de Flora, la ojea y exclama) ¡Ah... ha ido a
la fiesta! Debo vengar esta ofensa. (sale precipitadamente seguido por su padre)
GERMONT ¿Qué dices? ¡Ah, detente!
Cuadro II
Escena IX
Una galería en el palacio de Flora lujosamente decorada e iluminada. Una puerta al fondo y otras dos
en los laterales. A la derecha, en primer término, una mesa con todo lo necesario para el juego. A la
izquierda, una mesita con flores y refrescos, varias sillas y un diván. Flora, el marqués, el doctor y otros
invitados entran por la izquierda conversando entre ellos. FLORA Tendremos un baile de máscaras esta
noche: de ello se encarga el vizconde... También he invitado a Violeta y a Alfredo.
EL MARQUÉS ¿Ignoráis la noticia? Violeta y Germont se han separado.
EL DOCTOR, FLORA ¿De verdad?
EL MARQUÉS Ella vendrá con el barón.
EL DOCTOR Los vi ayer mismo, parecían felices. (se oye un rumor por la derecha)
FLORA Silencio... ¿Oís?
TODOS(yendo hacia la derecha) Aquí llegan nuestros amigos.
Escena X
GITANAS(algunas llevan baquetas, otras un tamborcillo para marcar el compás) Somos gitanillas
venidas desde muy lejos; en la mano de quien quiera leemos el porvenir. Consultando las estrellas lo
descubrimos todo, y podemos predecir lo que en el futuro va a ocurrir.
GITANAS I ¡Veamos! Vos, señora, (observando la mano de Flora) tenéis unas cuantas rivales.
GITANAS II (observando la mano del marqués) Marqués, no sois un modelo de fidelidad.
FLORA (al marqués) ¿Todavía os hacéis el galán? Bien, me las pagaréis.
EL MARQUÉS (a Flora) ¿Qué diablos pensáis? La acusación es falsa.
FLORA La zorra muda el pelaje, pero no abandona el vicio. Querido marqués, tened juicio o haré que
os arrepintáis.
TODOS Vamos, corramos un velo sobre los hechos del pasado; lo hecho, hecho está, pensad/pensemos
en el porvenir. (Flora y el marqués se estrechan la mano) Escena XI (Gastón y otros disfrazados de
toreros y picadores entran bulliciosamente por la
derecha)
GASTÓN, LOS TOREROS Somos toreros de Madrid, somos los valientes de las plazas de toros,
recién llegados para disfrutar del bullicio del carnaval de París, si queréis escuchar nuestra historia
podréis enteraros que clase de amantes somos.
LOS DEMÁS Sí, sí, valientes: contadla, contadla, con gusto la escucharemos.
GASTÓN, LOS TOREROS Escuchad. Piquillo es un apuesto y gallardo torero vizcaíno: el brazo
fuerte, fiera la mirada, de la lidia es el señor. Se enamoró locamente de una jovencita andaluza, pero la
beldad esquiva le dijo esto al joven: “quiero ver como derribas cinco toros en un solo día, si sales
vencedor, cuando vuelvas te daré mi mano y mi corazón”. “Si”, le respondió el matador, y se enfrentó
al desafío: venciendo a cinco toros que abatidos dejó sobre la arena.
LOS DEMÁS ¡Bravo, bravo por el matador, qué gallardo se mostró probándole de esa manera su amor
a la joven!
GASTÓN, LOS TOREROS Después, entre aplausos, volvió en busca de su enamorada
para recibir su anhelado premio entre los brazos del amor
LOS DEMÁS Proezas como estas emplean los toreros para conquistar a las beldades.
GASTÓN, LOS TOREROS Pero aquí los corazones son más candorosos y nos basta con galantear.
(las gitanillas tocan el tamborcillo y los picadores baten sus picas contra el suelo)
TODOS Sí, alegres, tentemos ahora las veleidades de la suerte; ahora le toca el turno a los audaces
jugadores. (los hombres se quitan las máscaras, algunos pasean otros se enfrascan en el juego. Entra
Alfredo)
Escena XII
TODOS ¡Alfredo! ¡Vos!
ALFREDO Sí, amigos...
FLORA ¿Y Violeta?
ALFREDO(con sequedad) No lo sé.
TODOS ¡Que desparpajo! ¡Bravo! Vamos, ahora ya se puede jugar. (Gastón empieza a barajar. Alfredo
y los otros apuestan. Violeta entra del brazo del barón)
FLORA (sale a su encuentro) Estaba deseando que llegaras.
VIOLETA No podía rechazar tan cortés invitación.
FLORA Os agradezco, barón, que aceptarais vos también.
EL BARÓN (en voz baja a Violeta) ¡Germont está aquí! ¡Mirad!
VIOLETA (para sí) ¡Cielos, es verdad! (en voz baja al barón) Ya le veo.
EL BARÓN (sombrío) No le dirijáis ni una sola palabra a Alfredo.
VIOLETA (para sí) ¿Ah, por qué habré cometido la imprudencia de venir? !Apiádate de mí Díos mío!
FLORA (hace que Violeta se siente a su lado en el diván) Siéntate conmigo; cuéntame: ¿qué novedades
hay? (el doctor se acerca a ellas; el marqués conversa aparte con el barón; Gastón baraja las cartas,
Alfredo y otros apuestan mientras el resto pasea)
ALFREDO ¡Un cuatro!
GASTÓN Has vuelto a ganar.
ALFREDO Desgraciado en amores, afortunado en el juego... (apuesta y gana)
TODOS ¡Siempre gana!
ALFREDO Oh, ganaré esta noche y regresaré dichoso
al campo para disfrutar de mis ganancias.
FLORA ¿Solo?
ALFREDO No... no... con aquella que me fue fiel y luego me abandonó...
VIOLETA (para sí) ¡Dios mío!
GASTÓN (a Alfredo señalando a Violeta) ¡Te piedad de ella!
EL BARÓN (a Alfredo con ira mal disimulada) ¡Señor!
VIOLETA (en voz baja, al Barón) Conteneos o me voy.
ALFREDO (con descaro) ¿Me llamabais, barón?
EL BARÓN (con ironía) Tenéis tanta suerte que me habéis tentado a jugar...
ALFREDO (con ironía) ¿Sí? Acepto el desafío.
VIOLETA (para sí) ¿Qué pasará? ¡Me siento morir! ¡Ten piedad de mí Dios mío!
EL BARÓN (apostando) Cien luises a la derecha.
ALFREDO (apostando) Y cien a la izquierda.
GASTÓN (cortando la baraja) Un as... una sota… (a Alfredo) ¡habéis ganado!
EL BARÓN ¿El doble?
ALFREDO Que sea el doble.
GASTÓN (sirviendo) Un cuatro... un siete...
TODOS ¡Otra vez!
ALFREDO ¡Ciertamente, la victoria es mía!
TODOS ¡Bravo de veras, la suerte está con Alfredo!
FLORA Ya veo que será el barón quién pague
los gastos de la estancia en el campo.
ALFREDO (al barón) Sigamos.
UN SIRVIENTE La cena está servida.
FLORA Vamos.
TODOS Vamos.
VIOLETA (para sí) ¿Qué pasará? ¡Me siento morir!
¡Ten piedad de mí Dios mío! (todos sales, Alfredo y el barón se quedan)
ALFREDO (al barón) Si deseáis continuar…
EL BARÓN Ahora no es posible: tendremos la revancha después.
ALFREDO Al juego que vos queráis.
EL BARÓN Sigamos a nuestros amigos... luego...
ALFREDO Será como queráis. Vamos. (se alejan)
EL BARÓN (desde lejos) Vamos.
Escena XIII
VIOLETA (vuelve agitada; luego entra Alfredo) Le he pedido que me siga. ¿Vendrá? ¿Querrá
escucharme?. Vendrá, pues su odio atroz es más fuerte que mi voz...
ALFREDO ¿Me habéis llamado? ¿Qué queréis?
VIOLETA Abandonad este lugar; un peligro os acecha...
ALFREDO ¡Ah, ya comprendo! Basta, basta... ¿Tan cobarde me creéis?
VIOLETA Ah no, nunca...
ALFREDO ¿Qué teméis entonces?
VIOLETA Temo siempre al barón...
ALFREDO Entre nosotros hay una rivalidad mortal... Si mi mano lo abatiera de un solo golpe os
arrebataría al amante y al protector... ¿No os asusta tal desgracia?
VIOLETA ¿Y si fuera él quién os mata? ¡Esa es la única desgracia que yo temo, que sería fatal para mí!
ALFREDO ¡Mi muerte! ¿Y qué os importa?
VIOLETA Vamos, marchaos... ahora mismo.
ALFREDO Me marcharé, pero jura antes que seguirás mis pasos donde quiera que vaya...
VIOLETA Ah, no, nunca.
ALFREDO ¡No! ¡Nunca!
VIOLETA ¡Vete, infeliz! Olvida un nombre caído en la deshonra. Vete y déjame ya... he hecho un
juramento sagrado de apartarme de ti...
ALFREDO ¿A quién...? dilo… ¿Quién podría...?
VIOLETA Quién tenía pleno derecho.
ALFREDO ¿Fue Douphol?
VIOLETA (con un esfuerzo supremo) Sí.
ALFREDO ¿Le amas, pues?
VIOLETA Y bien... si le amo...
ALFREDO (corre furioso hacia la puerta y grita) Venid todos aquí.
Escena XIV
TODOS
(entrando atropelladamente) ¿Nos habéis llamado...? ¿Qué queréis...?
ALFREDO (señalando a Violeta, que, abatida, se apoya en la mesita) ¿Conocéis a esta mujer?.
TODOS ¿A quién? ¿A Violeta?
ALFREDO ¿Sabéis lo que ha hecho?.
VIOLETA (a Alfredo) ¡Ah! calla.
TODOS No.
ALFREDO Esta mujer malgastó todos sus bienes por mi amor... Y yo ciego, vil, miserable fui capaz de
aceptarlo. ¡Pero aún estoy a tiempo! Quiero limpiarme esa mancha... Sois todos testigos de que con
esto queda pagada. (tira con desprecio una bolsa a los pies de Violeta, que se echa en brazos de Flora)
Escena XV
TODOS ¡Oh, que terrible ignominia has cometido! ¡Así has destrozado a un corazón sensible! (en este
momento entra Germont) ¡Aléjate de aquí innoble difamador de mujeres, nos causas horror! ¡Vete,
vete, nos horrorizas!
GERMONT (furioso pero con dignidad) Se desprecia a si mismo aquel que en estado de ira ofende a
una mujer. ¿Dónde está mi hijo? Ya no lo veo; en ti no reconozco a Alfredo.
ALFREDO (para sí) Oh si ¿qué he hecho? Me da horror. Un arrebato de celos, el amor desengañado
me destrozan el alma... ya no razono. Ella nunca me perdonará. ¡Quería alejarme de ella... pero no he
podido... he venido aquí poseído por la ira! ¡Ahora, desahogado mi desprecio, me siento desgraciado y
con remordimientos!
TODOS (a Violeta) ¡Ah, cuánto sufres! Pero ten fuerzas... todos padecemos con tu dolor: aquí estás
entre amigos que te quieren, enjuga las lágrimas de tu llanto abrumador.
GERMONT (para sí) Solo yo sé cuánta virtud encierra en su seno esta desdichada...
¡Yo sé que le ama, que le es fiel y sin embargo, cruelmente, debo callar!
EL BARÓN (en voz baja a Alfredo) El atroz insulto proferido a esta mujer nos ha ofendido a todos,
pero tal ultraje no quedará impune... os demostraré como doblegar tanto orgullo.
VIOLETA (recuperándose) Alfredo, Alfredo, no puedes comprender todo el amor que hay en este
corazón... ignoras que tu desprecio ha sido el coste que he pagado por demostrártelo. Mas llegará el
tiempo en que lo sabrás… y reconocerás cuanto te he amado... Qué Dios te guarde entonces del
remordimiento... Ah, incluso muerta te seguiré amando. (Germont se lleva consigo a su hijo, el barón
los sigue. Flora y el doctor conducen a Violeta a otra habitación. Los demás se dispersan)
ACTO III
Escena I
Dormitorio de Violeta. Al fondo una cama con cortinas a medio recoger, junto a esta un taburete
con una botella de agua, un vaso de cristal y varios medicamentos; una ventana cerrada con postigos
interiores. En el centro del escenario un tocador y cerca un canapé; más alejado, otro mueble sobre el
que arde una lamparilla; varias sillas y otros muebles. La puerta está a la izquierda; enfrente una
chimenea encendida. Violeta duerme en su cama. Annina, sentada junto a la chimenea, dormita)
VIOLETA (despertándose) ¿Annina?
ANNINA (se despierta confusa) ¿Me llamabais?
VIOLETA ¿Dormías? ¡pobrecita!
ANNINA Sí, perdonadme.
VIOLETA Dame un sorbo de agua. (Annina obedece) Ve a mirar... ¿Es ya de día?
ANNINA Son las siete.
VIOLETA Deja entrar un poco de luz.
ANNINA (abre los postigos y mira hacia la calle) El señor de Grenvil...
VIOLETA ¡Oh, mi verdadero amigo! Voy a levantarme... ayúdame. (intenta levantarse pero cae de
nuevo; después, con la ayuda de Annina, va lentamente hacia el canapé. El doctor entra a tiempo para
sostenerla)
Escena II
VIOLETA ¡Cuanta bondad... pensar en mí tan temprano!
EL DOCTOR (tomándole el pulso) Sí... ¿Cómo os sentís?
VIOLETA Mi cuerpo sufre, pero mi alma está serena. Ayer tarde me confortó un piadoso sacerdote. La
religión es el consuelo de los que sufren.
EL DOCTOR ¿Y esta noche?.
VIOLETA He tenido un sueño tranquilo.
EL DOCTOR Ánimo entonces… la convalecencia no tardará...
VIOLETA Oh, a los médicos se les permite la mentira piadosa.
EL DOCTOR (estrechándole la mano) Adiós... hasta luego.
VIOLETA No me olvidéis.
ANNINA (en voz baja mientras acompaña al doctor) ¿Cómo está, señor?
EL DOCTOR (aparte, en voz baja) La tisis le concederá sólo unas horas. (sale)
Escena III
ANNINA Animaos ahora...
VIOLETA ¿Qué fiesta es hoy?
ANNINA Todo París enloquece... estamos en carnaval…
VIOLETA ¡Ah, en medio de tanta diversión, sólo Dios sabe cuantos infelices sufren! ¿Cuanto dinero
queda en la arquilla? (señalándola)
ANNINA (la abre y cuenta) Veinte luises.
VIOLETA Coge diez y dáselos tu misma a los pobres.
ANNINA Poco quedará entonces...
VIOLETA Oh, me bastará… Ve luego a buscar mi correspondencia.
ANNINA Pero ¿y vos?
VIOLETA No me ocurrirá nada... date prisa. (Annina sale)
Escena IV
VIOLETA (saca una carta de su pecho y lee) "Habéis mantenido vuestra promesa… El duelo ya tuvo
lugar… el barón resultó herido, pero mejora. Alfredo está en el extranjero. Yo mismo le he revelado
vuestro sacrificio. Volverá a vos para pediros perdón… también yo iré. Curaos… merecéis un futuro
mejor… Giorgio Germont". (desolada) ¡Es tarde! (se levanta)
¡Espero, espero pero nunca llegan...! (se mira en el espejo) ¡Oh, cómo he cambiado! ¡Pero el doctor me
anima a resistir! Con esta enfermedad toda esperanza es vana. Adiós, placenteros sueños del pasado,
mis sonrosadas mejillas ya han palidecido; hasta el amor de Alfredo me falta, consuelo y apoyo de mi
cansada alma… ¡Accede al deseo de esta extraviada, perdónala y acógela, oh, Dios! Todo ha terminado
ya. ¡Las alegrías y los dolores pronto habrán cesado; la tumba es el destino de todos los mortales!
¡Nadie llorará, ni habrá flores sobre mi sepultura, ninguna cruz con mi nombre cubrirá mis huesos!
¡Accede al deseo de esta extraviada, perdónala y acógela, oh, Dios! ¡Ah, todo ha terminado ya!
CORO DE MÁSCARAS (desde fuera) Paso al cuadrúpedo señor de la fiesta, flores y pámpanos ciñen
su cabeza… Paso al más dócil de todos los cornudos, con trompas y pífanos reciba el saludo. Parisinos,
abrid paso al triunfante Buey cebado. Ni en Asia ni en África se ha visto nada más bello, orgullo y
gloria de cualquier matadero. ¡Alegres máscaras, alocados muchachos, alabadlo todos con sones y
cantos! Parisinos, abrid paso al triunfante Buey cebado.
Escena V
ANNINA (regresa excitada) ¡Señora!
VIOLETA ¿Qué te ocurre?
ANNINA ¿No es cierto que hoy os encontráis mejor?
VIOLETA Sí, ¿por qué?.
ANNINA ¿Prometéis conservar la calma?
VIOLETA Sí, ¿qué quieres decirme?
ANNINA Quería avisaros... de una alegría inesperada.
VIOLETA ¿Una alegría, has dicho?
ANNINA(afirma con la cabeza) Oh, sí señora.
VIOLETA ¡Alfredo! ¡Ah! ¿Le has visto? ¡Viene! Date prisa... (Annina va a abrir la puerta)
Escena VI
VIOLETA (aparece Alfredo) ¡Alfredo! (se abraza a su cuello) ¡Mi amado Alfredo! ¡Qué alegría!
ALFREDO ¡Oh, mi Violeta! ¡Qué alegría! Soy culpable... lo sé todo, oh querida.
VIOLETA ¡Lo que sé es que por fin has vuelto a mí!
ALFREDO La emoción que siento expresa cuanto te amo, no podría vivir sin ti.
VIOLETA Si me encuentras aún con vida, puedes creer que el dolor no mata.
ALFREDO Olvida tu aflicción, mujer adorada, perdónanos a mi padre y a mi.
VIOLETA ¿Qué te perdone? La culpable soy yo: pero solo lo hice por amor...
ALFREDO / VIOLETA Ningún hombre o demonio, ángel mío, podrá nunca separarte de mi.
Abandonaremos París, oh querida/o, pasaremos la vida juntos... verás compensadas las penas que has
padecido, tu/mi salud volverá a florecer. Luz y aliento serás para mi,
el futuro nos sonreirá.
VIOLETA Ah, basta, vayamos...
a una iglesia, Alfredo, demos gracias por tu regreso... (se tambalea)
ALFREDO ¡Estás palideciendo...!
VIOLETA No es nada ¿sabes? La alegría repentina nunca entra en un corazón triste sin turbarlo... (se
deja caer, extenuada, sobre una silla)
ALFREDO (asustado, sosteniéndola) ¡Dios mío! ¡Violeta!
VIOLETA Es mi enfermedad... me he mareado un poco... ya estoy mejor... (con esfuerzo) ¿Ves como
sonrió?
ALFREDO (desolado, para si) ¡Ah, destino cruel!
VIOLETA No ha sido nada.... Annina ayúdame a vestirme.
ALFREDO ¿Ahora...? Espera...
VIOLETA (levantándose) ¡No...! Quiero salir. (Annina trae un vestido que Violeta intenta
ponerse pero impedida por su debilidad lo tira al suelo y exclama con desesperación) ¡Dios mío, no
puedo! (vuelve a dejarse caer sobre la silla)
ALFREDO ¡Cielos, qué veo! (a Annina) Ve a buscar al médico...
VIOLETA (a Annina) Dile que Alfredo ha vuelto, ha vuelto por mi amor... Dile que quiero seguir
viviendo. (Annina sale; a Alfredo) Pero si con tu regreso no me has salvado, nadie en el mundo lo
conseguirá. (se levanta con ímpetu) ¡Dios mío! ¡Morir tan joven, yo que he sufrido tanto! ¡Morir
cuando estoy a punto de enjugar tanto llanto! Ah, ha sido solo un delirio mi crédula esperanza. ¡En
vano se armó de constancia mi corazón!
ALFREDO ¡Oh mi querido halito, impulso de mi corazón! Quiero que se confundan mis lagrimas con
las tuyas, pero más que nunca, créelo, es necesaria la constancia... ¡Ah, no cierres ahora tu corazón a la
esperanza!
VIOLETA ¡Oh, Alfredo, qué cruel final... se ha reservado a nuestro amor!
ALFREDO ¡Oh! Violeta mía, cálmate, tu dolor me mata! (Violeta se deja caer sobre el canapé) Escena
Ultima
GERMONT (entrando con el doctor) ¡Ah, Violeta!
VIOLETA ¿Vos, señor?
ALFREDO ¡Padre mío!
VIOLETA ¡No me habéis olvidado!
GERMONT Cumplo mi promesa... vengo a estrecharos contra mi pecho como a una hija, oh, generosa.
VIOLETA ¡Ay de mí, tarde llegáis! (abrazandolo) Pero os estoy muy agradecida... ¿Veis, Grenvil?
Expiro entre los brazos de cuantos amo en este mundo...
GERMONT Pero, ¿que decís? (observando a Violeta, para sí) ¡Oh cielos... es cierto!
ALFREDO ¿La estáis viendo, padre mío?
GERMONT Deja de herirme, demasiados remordimientos devoran mi alma... Cada palabra suya me
fustiga como un rayo ¡Ah, anciano insensato! ¡Ahora veo todo el daño que he hecho...!
VIOLETA (abre un gaveta del tocador y saca un medallón) Acércate más a mi... escucha, querido
Alfredo. Toma... esta es la imagen de mis días pasados; que te sirva para recordar a aquella que tanto te
ha amado.
ALFREDO No, no vas a morir, no me lo digas... Debes vivir, amor mío Dios no me trajo hasta aquí
para tan horrible tormento.
GERMONT Querida, sublime víctima de un amor desesperado, perdóname el sufrimiento que causé a
tu noble corazón.
VIOLETA Si una púdica doncella, en la flor de la vida, te diese su corazón... sea tu esposa... así lo
quiero. Entrégale este retrato; dile que es un regalo
de quien en el cielo, entre ángeles, ruega por ella y por ti.
ALFREDO Ah no, la muerte no puede separarte tan pronto de mi. Ah, vive, o un único féretro nos
acogerá a los dos.
GERMONT, EL DOCTOR, ANNINA Mientras queden lágrimas en mis ojos lloraré por ti. Vuela hacia
los espíritus bienaventurados, Dios te llama a su presencia.
VIOLETA (incorporándose, reanimada) ¡Qué extraño!
TODOS ¿Qué?
VIOLETA ¡Han cesado los espasmos del dolor... renace... en mí... y me agita un insólito vigor! ¡Ah!
Vuelvo otra vez a la vida... ¡Oh, qué alegría! (vuelve a caer sobre el canapé)
TODOS ¡Cielos... se muere!
ALFREDO ¡Violeta!
ANNINA, GERMONT Oh Dios, socórrela…
EL DOCTOR (tras tomarle el pulso) ¡Ha expirado!
ALFREDO, ANNINA, GERMONT ¡Oh, dolor!
Fin de la ópera