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Alfonsín

Raúl Alfonsín asumió la presidencia de Argentina en 1983 enfrentando desafíos económicos y políticos, incluyendo consolidar la democracia y juzgar a los responsables de los crímenes de la dictadura militar. Se creó la CONADEP para investigar violaciones a los derechos humanos, lo que llevó al juicio de las Juntas Militares en 1985. Sin embargo, las presiones de los militares llevaron a Alfonsín a sancionar las leyes de Punto Final y Obediencia Debida

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Raúl Alfonsín asumió la presidencia de Argentina en 1983 enfrentando desafíos económicos y políticos, incluyendo consolidar la democracia y juzgar a los responsables de los crímenes de la dictadura militar. Se creó la CONADEP para investigar violaciones a los derechos humanos, lo que llevó al juicio de las Juntas Militares en 1985. Sin embargo, las presiones de los militares llevaron a Alfonsín a sancionar las leyes de Punto Final y Obediencia Debida

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5to 1ra ALFONSÍN Gaudio Antonella

Alfonsín: Objetivos y relación con los militares

1. ¿Cuándo asumió Alfonsín a la presidencia? ¿Cuáles fueron


los desafíos en economía y política que debió enfrentar?

2. Explique el juicio de los militares (juntas militares):


Autodepuración, organizaciones guerrilleras, CONADEP y
sentencias.

3. Explique la sanción de punto final y obediencia debida:


causas, carapintadas, la tablada y sus consecuencias.

1
1. El 10 de diciembre de 1983, miles de personas se reunieron en la
Plaza de Mayo para seguir de cerca la asunción de Raúl Alfonsín
a la presidencia. Muchos de ellos no pertenecían al partido
político del nuevo presidente, la UCR. Otros tampoco lo habían
votado en las elecciones. Lo que unía a esta multitud era el
deseo de festejar el retorno de la democracia y, con ello, el final
de la dictadura más feroz que había sufrido la sociedad
argentina.
En el plano económico, Alfonsín debía enfrentar una enorme
deuda externa, el crecimiento desenfrenado de la especulación
financiera, el cierre de las fábricas y la desocupación eran
algunas de las más pesadas cargas que había heredado de la
dictadura militar.
En el plano político, era importante consolidar el sistema
democrático, sobre todo porque los militares y los sectores
sociales que los habían apoyado habían abandonado el gobierno,
pero no necesariamente el poder. Esto daría lugar a muchas
presiones, fundamentalmente vinculadas con una de las
cuestiones más trascendentes que el gobierno democrático
debía resolver: la investigación, el juicio y el castigo de los
responsables del terrorismo de Estado.

2. El masivo apoyo en los comicios y la movilización popular exigía


investigación y justicia, condujo al presidente a colocar como
uno de los puntos fundamentales de su agenda política la
cuestión militar. Se intentó resolver dicha cuestión mediante una
estrategia basada en dos ejes: el tratamiento judicial limitado y
la autodepuración de las Fuerzas Armadas. El primero de estos
ejes significaba limitar el juicio y castigo por las violaciones de los
derechos humanos solo a las cúpulas militares. El segundo se
centraba en la esperanza de que los propios militares juzgaran y
sancionaran a quienes habían ejecutado las órdenes represivas.
Alfonsín sanciono dos decretos. En el primero de ellos se
ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones

2
guerrilleras “Montoneros” y “Ejército Revolucionario del
Pueblo”; por medio del segundo de determinaba el
procesamiento judicial de las tres Juntas Militares que habían
dirigido el país desde el 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de
Malvinas. El primero de estos decretos fue rechazado por los
sectores políticos más comprometidos con la defensa de los
derechos humanos.
Para investigar los crímenes cometidos por los militares se creó
la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas
(CONADEP). La misión de la CONADEP era revelar, documentar y
registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos. El
Informe de esta Comisión fue la base para fundar el juicio de las
Juntas Militares.
El juicio de las Juntas fue finalmente realizado por un tribunal
civil, la Cámara Federal y tuvo como fiscales a Strassera y
Ocampo. A partir de abril de 1985, cuando comenzó el juicio,
decenas de sobrevivientes de los centros de detención
clandestina testimoniaron ante los jueces y fiscales contando las
brutales torturas a las que los habían sometido. Como resultado
a fines de 1985 se dictó la sentencia que condenaba a Jorge
Videla y Eduardo Massera a reclusión perpetua, a Roberto Viola,
a Armando Lambruschini y a Orlando Agosti a 17,8 y 4 años de
prisión.

3. Durante el año 1986 las presentaciones para juzgar a los


militares comprometidos con la represión aumentaron, lo cual
profundizo el descontento entre los principales dirigentes de las
Fuerzas Armadas. Para aplacar ese malestar y evitar una
rebelión, Alfonsín envió un proyecto de la ley al Congreso de la
Nación mediante el cual se fijaba un plazo de sesenta días para
presentar nuevas acusaciones. Solo podían ser juzgados los
militares que hubieran huido del país o cometido hechos
criminales que afectaran a los niños, como el robo de bebes
nacidos durante el cautiverio de sus madres. Aunque el proyecto
fue cuestionado por militares de la propia UCR y de los otros

3
partidos políticos, fue sancionado por ambas Cámaras el 23 de
diciembre de 1986 y conocido como “Ley de Punto Final”
Luego de su sanción, los familiares de las victimas presentaron
más denuncias. Esto aumento el descontento entre las Fuerzas
Armadas que, además, veían que las acusaciones ya no iban
dirigidas contra las cúpulas sino también contra los oficiales
subalternos. Este grupo sostenía que solo debía castigarse a los
oficiales superiores ya que los subordinados solo habían
cumplido órdenes.
Los amotinados exigían un aumento del presupuesto para las
Fuerzas Armadas, la elección de un nuevo jefe de Estado Mayor
del Ejército de entre cinco postulantes que ellos propondrían y la
exculpación para todos aquellos que hubieran participado en el
motín. Mientras tanto, la gente se agolpo en las calles y las
plazas para expresar su apoyo al gobierno constitucional y su
repudio a los “carapintadas”. Alfonsín decidió negociar con los
insurrectos logro que estos depusieran su actitud, aunque para
ello debió aceptar la impunidad de los amotinados. El presidente
les prometió la sanción de una nueva ley que impediría juzgar a
aquellos militares que tuvieran un grado inferior al del coronel y
a los oficiales superiores que no fueran jefes de zona o de
subzona, con algunas excepciones como casos de violaciones o
sustracción y ocultación de menores. La ley conocida como “Ley
de Obediencia Debida”, fue aprobada por el Parlamento
nacional en junio de 1987.
Se calcula que gracias a estas leyes se frenaron 1.180 procesos
militares involucrados en delitos de lesa humanidad. Sin
embargo, esto tampoco conformo a algunos integrantes de las
Fuerzas Armadas, que volvieron a protagonizar dos nuevas
sublevaciones.
La primera fue en Monte Caseros y estuvo dirigida por Aldo Rico,
y la segunda se produjo en Villa Martelli y estuvo liderada por el
coronel Mohamed Seineldin. Ambas rebeliones reivindicaban el
terrorismo de Estado y exigían una amplia amnistía. No obstante,
ambas fueron sofocadas.

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