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Poder de Representacion

El documento habla sobre los conceptos de poder y representación en el derecho. Explica que el poder es la capacidad de hacer posible las cosas y que la representación es cuando una persona actúa en nombre de otra. Define la representación voluntaria directa como cuando el representante actúa en nombre del representado con un poder otorgado, y la representación voluntaria indirecta como cuando el representante actúa por cuenta del representado pero en su propio nombre. También cubre los tipos de representación legal como la patria potestad y tutela.

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Poder de Representacion

El documento habla sobre los conceptos de poder y representación en el derecho. Explica que el poder es la capacidad de hacer posible las cosas y que la representación es cuando una persona actúa en nombre de otra. Define la representación voluntaria directa como cuando el representante actúa en nombre del representado con un poder otorgado, y la representación voluntaria indirecta como cuando el representante actúa por cuenta del representado pero en su propio nombre. También cubre los tipos de representación legal como la patria potestad y tutela.

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Universidad Central del Este (UCE)

Introducción al estudio del Derecho II

Nombre: Franklin Junior Ramón Mateo Matrícula: 2018-3891

El poder como forma de representación

La palabra poder es un de las más empleadas en diferentes ámbitos de la sociedad y a menudo


con diferentes significados. Proviene del verbo latino potere, cuyo origen se encuentra en la
expresión pote est (“puede ser” o “es posible”), de donde viene nuestro verbo hispano poder, o
sea, ser capaz de algo. De modo que, en principio, el sustantivo poder es la capacidad de algo o
alguien de hacer otra cosa posible.

De este modo, tener poder, comúnmente, significa tener la capacidad de hacer que
determinadas cosas ocurran. Los poderosos (o sea, los que tienen poder) son quienes hacen
posibles las cosas, quienes determinan si algo ocurre o no. Ello implica tener las capacidades
necesarias para ello, sean del tipo que sean: sociales, legales, militares, económicas, etc.

Pero el poder también puede ser arrebatado por determinados sectores sociales, o puesto al
servicio de intereses egoístas. Quizá por eso el filósofo y jurista alemán Max Weber (1864-1920),
definió el poder como la “probabilidad de imponer la propia voluntad dentro de una relación
social, aun contra toda resistencia y cualquiera sea el fundamento de esa probabilidad”.

El poder de representación es la facultad otorgada al representante para que actúe en el área


jurídica del representado. Este, como otorgante de los también denominados poderes, es el
poderdante; el representante, como destinatario del poder concedido, es el apoderado. El
apoderamiento o acto de concesión del poder de representación, se instrumenta generalmente
en un documento notarial. El representante queda investido de la facultad suficiente para que
sus declaraciones de voluntad tengan el mismo efecto que las emitidas por el representado. El
poder de representación es el complemento adecuado del contrato de mandato; pero mientras
en éste hay una gestión encargada, en el poder hay simple facultad de representación.

En el derecho privado no se permite, como regla general, que una persona intervenga en los
negocios de otra, lo más que se regula es el contrato en favor de tercero, no a su cargo. Sin
embargo, en determinadas ocasiones, el interesado en una relación jurídica no puede o no sabe
cuidar de sus propios asuntos, y entonces es cuando aquél se vale de la representación para
emitir o recibir declaraciones jurídico-negociales en nombre ajeno.

En consecuencia, por representación se ha de entender el conferir a una persona (representante)


la facultad de actuar y decidir (dentro de ciertos límites) en interés y por cuenta de otra
(representado). De esta definición se pueden extraer los diferentes elementos de esta:

1. La actuación del representante en nombre y por cuenta del representado, lo que puede
derivarse de una forma expresa, o bien tácita, o bien derivarse de las circunstancias
concurrentes de las que se deriva que el representante actúa en nombre y por cuenta del
representado; aunque en la representación indirecta el representante actúa en nombre
propio a pesar de que lo haga por cuenta del representado.
2. La actuación del representante con poder de representación, que puede derivar de la Ley
(representación legal) o bien por poder otorgado por el representado (representación
voluntaria), aunque también puede darse cuando no concurre el poder, que se suple por
la ratificación.

Lo esencial de la representación es la eficacia del negocio jurídico (el denominado negocio


jurídico representativo) que el representante ha realizado y que recae sobre el representado. Los
efectos del negocio jurídico realizado por el representante son válidos y eficaces en favor del
representado.

La representación produce como efecto principal que el negocio jurídico concertado con el
representante repercute, de una u otra forma en el representado. En el derecho español es muy
amplio el ámbito de la representación, en consonancia con el ámbito del principio de autonomía
de la voluntad. Y no sólo alcanza a la realización de negocios jurídicos, sino también a meros actos
no negociales con exclusión de los personalísimos.
La representación implica la sustitución de la voluntad de una persona por otra en la constitución
o formación de un negocio jurídico, actuando el representante dentro de las facultades
conferidas. En consecuencia, se ha de dar el concurso de las siguientes condiciones:

1. Que el representante manifieste su propia voluntad.


2. El representante ha de actuar en nombre del representado.
3. El representante ha de hallarse facultado para declarar su propia voluntad en lugar de la
del interesado, es decir, ha de tener el denominado poder de representación, y en defecto
de este el negocio jurídico es ineficaz. Ahora bien, esta autorización puede ser anterior,
simultánea, o posterior a la formación del negocio jurídico.

Con base a estos requisitos el ámbito de la representación se apoya en dos ideas básicas, cabe
dentro de la autonomía de la voluntad (así en supuestos de patria potestad o tutela) y no cabe
con relación a los actos personalísimos (matrimonio, testamento, etc.).

En consecuencia, la representación alcanzará, en primer lugar, a los actos y negocios jurídicos


"inter vivos", y de igual manera para adquirir la posesión y para los contratos, también para
interrumpir la prescripción.

La diferencia más importante entre la representación legal y la voluntaria se encuentra en el


distinto origen de una y otra; sin embargo, cuando la representación ya sea legal o voluntaria ha
sido constituida, las actuaciones del representante legal o voluntario no son distintas, sino que
todo negocio jurídico representativo del representante legal o voluntario (si se trata de
representación voluntaria directa) repercute de manera directa en el representado.

Lo que las distingue es el fundamento de una y otra representación. Así en la representación


voluntaria el representante sustituye, en su obrar, al representado porque éste no quiere hacerlo
personalmente o porque no puede realizarlo físicamente; mientras que, en la representación
legal, el representante suple al representado porque éste no puede jurídicamente actuar por sí
mismo, por cuanto carece de capacidad de obrar.

Las modalidades que presenta la representación legal son las siguientes:


1. Patria potestad. Los titulares de la patria potestad tienen la representación legal de sus
hijos menores no emancipados.
2. Tutela y curatela. El tutor es el representante legal del menor salvo para aquellos actos
que pueda realizar por sí solo. El curador no es un representante de la persona con
discapacidad, sino que es una persona de apoyo, salvo excepciones.
3. Defensor judicial. Lo nombra el Letrado de la Administración de Justicia, generalmente,
en caso de conflicto entre los representantes legales de los menores o las personas con
discapacidad y los que les presten apoyo.
4. Ausencia. El llamado defensor que representa parcialmente al desaparecido y el
representante del ausente.

No se trata de representación legal, aunque a veces así se les denomine, los que actúan (como
órganos) en nombre de una persona jurídica, sin perjuicio de que éstas también puedan nombrar
representantes, pero en tan caso sería un supuesto de representación voluntaria.

Tampoco son supuestos de representación legal, aunque se les incluya por la doctrina, los
administradores concursales ni los de herencia.

¿Qué es la representación voluntaria?

Directa

Dentro de la representación voluntaria tiene un mayor interés la denominada representación


directa que puede ser definida como aquella institución en cuya virtud una persona,
debidamente autorizada o investida de poder, otorga un acto jurídico en nombre o por cuenta
de otra, recayendo sobre ésta los efectos normales del acto representativo.

El representado deberá de tener la capacidad de obrar necesaria para el acto o actos cuya
realización ha motivado el poder conferido al representante. Por el contrario, el representante
podrá actuar válidamente, aunque tenga limitada la capacidad de obrar o carezca de la capacidad
especial para la realización de los actos que va a realizar en nombre del representado.
El apoderamiento es el negocio jurídico unilateral, constituido por la declaración de voluntad
recepticia de la poderdante dirigida a autorizar la gestión a determinada persona. Aunque no se
precisa que sea de forma expresa, por lo que puede darse una aceptación tácita del apoderado.

El poder o apoderamiento se distingue, a su vez, de la relación jurídica básica y del negocio


jurídico de ejecución. Así, en cuanto a la primera se distingue del acto unilateral de dación poder,
del contrato bilateral de mandato, que requiere aceptación del mandatario.

El conferimiento del poder se rige por la regla general de libertad de forma, pudiendo ser verbal
o escrito, e incluso derivarse de actos concluyentes.

Indirecta

En la representación directa, el representante actúa en nombre y por cuenta del representado,


en virtud del poder de representación (representación voluntaria) otorgado en el negocio jurídico
de apoderamiento.

Sin embargo, en la representación indirecta, el representante actúa también por cuenta o


encargo del representado, pero no obra en nombre de este sino en el suyo propio, sin exteriorizar
ante los terceros su condición de representante, y respecto de él nacen derechos y obligaciones
respecto del tercero que con él contrata.

La representación indirecta o mandato sin representación se encuentra contemplada, respecto


del mandato, en virtud del cual cuando el mandatario (representante) obre en su propio nombre
(representación indirecta), el mandante (es decir, el representado) no tiene acción contra las
personas con quien el mandatario (representante) ha contratado, ni éstos tampoco contra el
mandante (representante).

En este caso de representación indirecta, el representante resulta obligado directamente en


favor de la persona con la que ha contratado, como si el asunto fuera personal suyo. Hay una
excepción a esta doctrina, en el supuesto de que se trate de cosas propias del mandante, lo que
quiere decir que cuando verse sobre cosas propias del representado, la representación indirecta
funcionará como representación directa y los derechos y obligaciones se producirán de manera
directa entre el tercero y el representado.
Pese a estos términos hay que estimar con la doctrina que esta norma no niega la eficacia interna
de la representación, sino que viene a señalar que, aunque de forma limitada, también la tiene
externa. Así se pone de relieve en la representación indirecta que en el ámbito comercial tiene
el factor mercantil, en cuanto que el tercero podrá dirigirse tanto contra el factor como contra el
principal.

¿Qué es la representación sin poder y la ratificación?

Es posible que una persona actúe como representante aparente de otra, en el sentido de carecer
de poder de representación o de no ser éste suficiente para el acto representativo realizado.
Ahora bien, el negocio jurídico que se ha concluido de tal forma, el derecho no lo considera como
nulo ni anulable, sino que se tratará de un negocio jurídico ineficaz, o, mejor dicho, con eficacia
suspendida, por cuanto se le atribuye al representado la facultad de ratificarlo.

Nos encontramos ante un negocio integrativo, en virtud del cual el interesado por sí hace eficaz
un acto que ha sido concluido en su nombre, o lo que es lo mismo, se apropia de los efectos del
acto.

La ratificación del representado sin poder puede ser expresa o tácita. Se entenderá que es tácita
cuando el representado se aprovecha de los actos realizados en su nombre por el representante
sin poder.

Con reiteración se ha declarado que la ratificación de lo realizado sin poder actúa como "conditio
iuris" y de no producirse faltará un elemento esencial para la existencia del contrato, cual es el
consentimiento. En consecuencia, el negocio jurídico realizado por una persona en favor de otra
sin poder de representación no es un acto inexistente, sino un negocio jurídico en estado de
suspensión, es decir, subordinado a que se produzca la ratificación por el representado.

La ratificación se ha de realizar por el interesado o su mandatario, de forma expresa o tácita, en


este caso mediante actos concluyentes de carácter inequívoco que reflejen su voluntad de
ratificar.
La ratificación convalida el negocio jurídico efectuado sin poder o representación, por lo que es
indiferente que quien actuó de forma indebida lo hiciera como mandatario sin poder o como
"nuntius".

La ratificación tiene efectos retroactivos, pero no podrá perjudicar los derechos que un tercero
haya adquirido antes de que la ratificación tenga lugar.

El derecho de ratificación es transmisible a los herederos, pero se extingue cuando los autores
del negocio jurídico lo revoquen antes de la ratificación y también cuando transcurra inútilmente
el término de caducidad concedido por el tercero al interesado para pronunciarse sobre la
ratificación.

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