EXP. N.
° 1546-2002-AA/TC
LIMA
LUIS CARLOS VICENTE PATRONI RODRÍGUEZ
SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
En Lima, a los 28 días del mes de enero del 2003, la Sala Segunda del
Tribunal Constitucional, con asistencia de los magistrados Rey Terry, Revoredo
Marsano y García Toma, pronuncia la siguiente sentencia
ASUNTO
Recurso extraordinario interpuesto por don Luis Carlos Vicente Patroni Rodríguez
contra la sentencia de la Sexta Sala Civil de la Corte Superior de Justicia de Lima, de fojas
144, su fecha 8 de abril de 2002, que declara improcedente la acción de amparo de autos.
ANTECEDENTES
Con fecha 22 de junio de 2001, el recurrente interpone acción de amparo
contra Centromin Perú S.A., alegando la vulneración de sus derechos
constitucionales, y solicita que la citada empresa cumpla con la ejecución
inmediata e incondicional de los actos que le corresponden en su calidad de
órgano de auxilio judicial; que cese la violación constitucional por medio de la
cual la demandada impide que se ejecute una sentencia que ha pasado en calidad
de cosa juzgada, y que se identifique plenamente a quienes han violado la
Constitución imponiéndoseles los apremios establecidos por la Ley de Acciones
de Garantía.
El demandante afirma que en el proceso sobre beneficios sociales (Exp.
N.° 4919-94) que interpuso contra la Empresa de Servicios de Protección de
Ejecutivos S.R.L. (EPROS S.R.L.) se decretó, mediante acta de embargo,
instituir a la empresa Centromín como órgano de auxilio judicial, para que se
constituyera en ente retenedor de los fondos que fueran de propiedad de la
referida demandada; y que tras haber culminado dicho proceso mediante
sentencia que le fue favorable se requirió a Centromín para que deposite los
importes que por mandato del Juzgado se le ordenó retener (en total $
35,995.33); sin embargo, dicha empresa, desde hace ya varios años y pese a los
reiterados mandatos judiciales en su contra, se viene resistiendo sistemáticamente
a cumplir con ellos, lo que supone un desacato y una violación de la cosa
juzgada.
Además, manifiesta que, no obstante que Centromín ha alegado ser
propietaria de los fondos que retuvo por mandato judicial, el mismo Poder
Judicial ha rechazado sus argumentos mediante resolución debidamente
motivada, lo que dio lugar a que apelara, habiéndose confirmado en la instancia
superior lo resuelto desde un inicio. Agrega que la citada empresa no conforme
con ello, interpuso recurso de casación, el que fue declarado inadmisible por la
instancia suprema, y que se mantiene renuente a acatar lo dispuesto por el Poder
Judicial, lo que incluso ha dado lugar a que se la haya multado e incluso
apercibido bajo apremio de denuncia penal, y que esta situación lo afecta en sus
derechos, pues no hay forma de que se le paguen los beneficios que por ley le
corresponden y que el Poder Judicial le reconoce.
Centromín Perú S.A., representada por don José Cancio Camarena
Delgado, contesta la demanda negándola y contradiciéndola, alegando que las
peticiones del demandante resultan absurdas, ya que lo que pretende es que
mediante el presente proceso se ejecute lo dispuesto en otro, pese a que la
Constitución declara que ninguna autoridad puede avocarse a causas pendientes
ante el órgano jurisdiccional.
Por otro lado, aduce que si el proceso al que se refiere el demandante, está
en ejecución de sentencia, lo que se debe hacer es aplicar las normas previstas en
el Título V (Procesos de Ejecución), Capítulo III (Proceso de Ejecución de
Resoluciones Judiciales) del Código Procesal Civil, y muy especialmente el
artículo 714°, agregando que si el Primer Juzgado Laboral de Lima dictó
sentencia amparando su demanda de beneficios sociales, el demandante debió
exigir que el juzgado ejecutase su propia sentencia, y que la petición de que se
identifique a los violadores de la Constitución es insostenible, pues en la etapa de
ejecución de sentencia que siguió a EPROS denunció a los funcionarios de
Centromín por el delito contra la libertad de trabajo, lo que fue desestimado por
el Ministerio Público.
El Primer Juzgado Especializado en Derecho Público de Lima, con fecha
24 de setiembre de 2001, declara fundada la demanda, por considerar que la
empresa demandada no ha dado cumplimiento a un acto obligatorio como es el
mandato del Primer Juzgado de Trabajo de Lima, para que ponga a su
disposición la suma retenida, a efectos de que sea entregada al actor por concepto
de beneficios sociales, a pesar de haberle requerido innumerablemente su
cumplimiento, impuesto una multa e incluso haberla apercibido con comunicar
dicha renuencia al Ministerio Público, por incurrir en el delito de resistencia a la
autoridad y contra la Administración pública, añadiendo que la omisión así
configurada vulnera el derecho constitucional a la tutela jurisdiccional.
La recurrida, revocando la apelada, declara improcedente la demanda, por
considerar que lo que se pretende es involucrarse en un proceso judicial que está
en curso y donde las partes tienen su derecho vigente y expedito para la ejecución
de resoluciones, y eventualmente para medidas legales de punición contra los
funcionarios que se resisten a darle el cumplimiento debido, no siendo pertinente
intervenir en causa pendiente, sino a través de medidas cautelares y en la forma
que la ley prevé.
FUNDAMENTOS
1. El objeto de la presente demanda es que la empresa Centromín Perú S.A.
cumpla con la ejecución inmediata e incondicional de los actos que le
corresponden en su calidad de órgano de auxilio judicial; que cese la
violación constitucional por medio de la cual la demandada impide que se
ejecute una sentencia que ha pasado en calidad de cosa juzgada, y que se
identifique plenamente a quienes han violado la Constitución,
imponiéndoseles los apremios establecidos por la Ley de Acciones de
Garantía.
2. Merituados los argumentos de las partes, así como las instrumentales
obrantes en el expediente, este Colegiado considera que la presente demanda
resulta plenamente legítima en términos constitucionales, por las siguientes
razones:
a) A consecuencia de la Resolución emitida con fecha 24 de Febrero de
1995, en el proceso sobre beneficios sociales seguido por don Luis Carlos
Vicente Patroni Rodríguez contra la Empresa de Servicios de Protección
de Ejecutivos S.R.L. (EPROS S.R.L.), el Primer Juzgado de Trabajo de
Lima decretó, mediante acta de embargo, instituir a la empresa
Centromín Perú S.A. como órgano de auxilio judicial, a fin de que se
constituyera en ente retenedor de los fondos que fueran de propiedad de la
referida demandada.
b) Tras haber culminado dicho proceso, mediante sentencia favorable a la
parte demandante, el Juzgado laboral ha venido requiriendo a la empresa
Centromín, para que deposite el importe de $ 35,995.33 que por mandato
del Juzgado se le ordenó retener.
c) La demandada, lejos de acatar el mandato judicial en los términos antes
señalados, ha venido incumpliendo con ello como lo demuestran las
resoluciones de requerimiento de fechas 10 de diciembre de 1996 (foja
03), 16 de enero de 1997 (foja 04), 17 de septiembre de 1997 (foja 05), 15
de septiembre de 1999 (fojas 09 y 09 vuelta), 7 de agosto del 2000 (foja
02) y 2 de abril de 2001 (fojas 13 y 14), en la que incluso y como resultado
de su ilegal actitud se le ha impuesto una multa de cinco (05) Unidades de
Referencia Procesal, sin que varíe su comportamiento.
d) Aunque la demandada ha pretendido sustentar su actitud en un presunto
derecho sobre los fondos depositados a consecuencia de haber interpuesto
un proceso no contencioso sobre derecho real de retención contra EPROS
S.R.L.(de fojas 57 a 68), dicho argumento ha quedado totalmente
desvirtuado con lo resuelto por el Primer Juzgado Transitorio Laboral de
Lima en la citada resolución del 2 de abril de 2001, en la que se ha
considerado que no existe ninguna afectación sobre los fondos de garantía
administrados por Centromín Perú, y menos aún adjudicación alguna a su
favor;
e) Ante la circunstancia evidentemente sui generis de que el demandante de
la presente causa tampoco haya podido hacer efectiva ninguna medida de
embargo contra Centromín, porque el Poder Judicial ha considerado que
dicha medida sólo cabe contra la parte demandada y no contra un órgano
de auxilio judicial (resolución de fojas 09, del 15 de septiembre de 1999),
su situación se torna claramente incierta y adquiere un sesgo controversial.
Por un lado, la judicatura le da la razón y apercibe a quien es depositario
del monto que le corresponde, mas no tiene forma de hacer cumplir lo que
ordena, como lo demuestran los sucesivos requerimientos judiciales y el
tiempo transcurrido hasta la fecha; por otro lado, le impide que pueda
utilizar una medida cautelar contra la entidad retenedora de tales fondos y
cuyo proceder resulta a todas luces ilegítimo.
Frente a una situación como la descrita y constreñido a la inercia de una
vía judicial que parece empeñada en sacrificar la Justicia como valor, solo
cabe una alternativa, y es la que proporciona la presente vía constitucional,
la que, por lo demás, no debe interpretarse como avocamiento o
interferencia en las responsabilidades propias del Poder Judicial, sino
como un instrumento legítimo de corrección efectiva frente a actos u
omisiones que, como en el caso de autos, resulten, indudablemente,
inconstitucionales.
f) Dentro del contexto señalado, queda claro para este Colegiado que lo
que se ha vulnerado en el presente caso es el derecho a la tutela judicial
efectiva, reconocido en el inciso 3 del artículo 139° de la Constitución,
pues conforme aparece de los actuados, es la conducta omisiva,
palmariamente maliciosa de quien se supone que debe colaborar con la
justicia, lo que viene impidiendo la ejecución efectiva de lo resuelto a
favor de una persona, luego de un proceso judicial presuntamente regular.
Jesús Gonzales Pérez (El derecho a la tutela jurisdiccional, Madrid, Civitas,
1989) expone que la tutela efectiva se resume en el derecho a que se "haga
justicia"; tal facultad se evidencia notoriamente en el presente caso.
Rafael Saraza Jimena (Doctrina constitucional aplicada en materia civil y
procesal civil, Madrid, Civitas, 1994) plantea que el derecho a la tutela
judicial efectiva despliega sus efectos en tres etapas, a saber: en el acceso al
proceso y a los recursos a lo largo del proceso en lo que la doctrina conoce
como derecho al debido proceso o litis con todas las garantías; en la instancia
de dictar una resolución invocando un fundamento jurídico y, finalmente, en
la etapa de ejecutar la sentencia.
En ese orden de ideas, la vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva
puede tener lugar, entre otras situaciones, cuando se produce el
rechazo liminar de una demanda invocándose una causal de improcedencia
impertinente; con la inadmisión de un recurso ordinario o extraordinario; con
la aplicación de la reformatio in peius; y con la ejecución de la sentencia
modificándose sus propios términos, o con su inejecutabilidad.
La tutela solo será realmente efectiva cuando se ejecute el mandato
judicial. Dicha ejecución es, por tanto, parte vital y esencial del derecho
consagrado en nuestro texto constitucional. Al respecto, en la sentencia del
Tribunal Constitucional Español N.° 102/84, de fecha 12 de noviembre de
1984, se declaró que "En cuanto al ámbito del derecho … comprende el
de acceso a la tutela judicial, el de conseguir una resolución fundada en
derecho y el de obtener la ejecución de la sentencia".
En ese sentido, el incumplimiento de lo establecido en una sentencia con
carácter de cosa juzgada implica la violación, lesión o disminución
antijurídica de un derecho fundamental, que este Colegiado tiene la
obligación de reparar con toda firmeza.
Es necesario subrayar que la violación de la tutela judicial efectiva no sólo
se produce por acción o inacción de un operador jurisdiccional, sino que
también se consuma por el hacer o no hacer de la parte vencida en un
proceso judicial, o por un tercero con interés respecto a lo resuelto en la
sentencia. Dicha situación ya ha sido contemplada por este Colegiado en
los exps. N.os 002-2001-CC/TC y 1696-2002-AA/TC.
La sentencia que adquiere calidad de cosa juzgada tiene dos atributos
esenciales: es coercible y es inmutable. La sentencia es coercible, ya que
puede ser ejecutada compulsivamente en caso de eventual resistencia del
obligado, como lo señala el artículo 715º del Código Procesal Civil, y es
inmutable, porque ningún juez podrá alterar los efectos del fallo ni
modificar sus términos, salvo las excepciones a que se refieren los
artículos 178º y 407º del acotado.
La ejecución es la forma práctica de asegurar la eficacia de una sentencia.
Para Eduardo Couture (Fundamentos de Derecho Procesal Civil, Aniceto
López Editor, 1942) “La ejecución permite algo que hasta el momento de
la cosa juzgada era imposible: la invasión en la esfera individual ajena y su
transformación material para dar satisfacción a los intereses de quien ha
sido declarado triunfador en la sentencia”. La actividad
jurisdiccional comprende no solo la etapa de conocimiento sino también
la de ejecución, que es una expresión del imperio del Estado, ya que
“ ... el reconocimiento teórico de la autoridad del mandato judicial pero
acompañado de su desobediencia práctica convertirían a la jurisdicción en
una actividad inútil y absurda”(Juan Monroy Gálvez, Introducción al
Proceso Civil, Tomo I, Editorial Temis, 1996).
3. Uno de los objetivos de la jurisdicción constitucional es que los mandatos de
la Constitución no sean pasibles de forma alguna de oposición, resistencia u
obstáculo que impidan su verificación práctica.
En ese orden de ideas, tal como lo dispone expresamente el artículo 38° de la
Constitución es una obligación ciudadana el respetar, cumplir y defender los
principios, valores, derechos y obligaciones contenidos en dicho texto. Por
consiguiente, es inadmisible que se obre con arbitrariedad, rechazando el
sometimiento al derecho y despreciando los derechos fundamentales de la
persona.
4. Asimismo, es constatable que la demandada Centromín Perú S.A. ha
vulnerado la seguridad jurídica como principio rector de nuestro
ordenamiento constitucional, la cual, en su aspecto subjetivo, se configura en
la confianza que deposita la ciudadanía para que, a través de las causas
judiciales, los operadores jurisdiccionales consigan administrar justicia; así
como en su aspecto funcional, que implica el cumplimiento del derecho por
parte de todos sus destinatarios. Por ende, la dilación en la tramitación de los
procesos y, lo que es peor, la resistencia al cumplimiento de las decisiones
jurisdiccionales conlleva una violación grave a la convivencia pacífica y a la
fe en el derecho y la justicia, atentándose de esta manera contra los cimientos
mismos del Estado de derecho.
5. Por consiguiente, y habiéndose acreditado la vulneración de los derechos
constitucionales invocados, la presente demanda deberá estimarse
otorgándose la tutela constitucional correspondiente. Más aún, existiendo
suficientes elementos que permiten presumir una actitud evidentemente
intencional en el proceder de quienes han actuado a nombre de la demandada,
este Tribunal considera aplicable al caso de autos lo dispuesto en el artículo
11º de la Ley N.º 23506.
Al respecto, este Colegiado estima que es necesario identificar a los
responsables de la agresión constitucional, por lo que cabría la interposición
de la denuncia penal correspondiente.
Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, en uso de las atribuciones
conferidas por la Constitución Política del Perú y su Ley Orgánica,
FALLA
REVOCANDO la recurrida, que, revocando la apelada, declaró improcedente la
demanda y, reformándola, la declara FUNDADA; en consecuencia, ordena a
Centromín Perú S.A. cumplir en forma inmediata e incondicional con entregar a
la autoridad judicial que ha venido conociendo del proceso sobre beneficios
sociales (Exp. N.° 4919-94) la suma de $/. 35,995.33, que aparece en sus
sucesivos requerimientos. Dispone la remisión de copias certificadas de la
presente sentencia al Ministerio Público, para que proceda con arreglo al artículo
11º de la Ley N.º 23506, la notificación a las partes, su publicación conforme a
ley y la devolución de los actuados.
SS.
REY TERRY
REVOREDO MARSANO
GARCÍA TOMA