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Examinación médica de la homosexualidad masculina en Chile

Este documento resume un artículo que analiza los exámenes médicos de la homosexualidad masculina en la Casa de Menores de Santiago entre 1929 y 1942. El artículo utiliza informes médicos y expedientes judiciales preservados para describir las prácticas de examinación médica y las nociones que subyacían a éstas. El artículo también discute artículos escritos en la época por médicos y otros actores relevantes para reflexionar sobre los objetivos y propósitos de tales prácticas de examinación.

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Examinación médica de la homosexualidad masculina en Chile

Este documento resume un artículo que analiza los exámenes médicos de la homosexualidad masculina en la Casa de Menores de Santiago entre 1929 y 1942. El artículo utiliza informes médicos y expedientes judiciales preservados para describir las prácticas de examinación médica y las nociones que subyacían a éstas. El artículo también discute artículos escritos en la época por médicos y otros actores relevantes para reflexionar sobre los objetivos y propósitos de tales prácticas de examinación.

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ISSN 0719-4153 [Link].

org
N°10 - Santiago de Chile, abril 2018, p. 42-76

HOMOSEXUALIDAD MASCULINA Y EXAMINACIÓN MÉDICA EN


LA CASA DE MENORES DE SANTIAGO, 1929-1942

Silvana VETÖ (*)

En 1929 la Ley de Protección de Menores creó en Chile instituciones y mecanismos que forjaron y legitimaron
prácticas disciplinares de vigilancia, regulación e intervención de la infancia. La sexualidad de los menores ocupó allí
un lugar privilegiado, ya que era clave en la estabilidad de un proyecto de nación que suponía la reproducción
biológica y social de la familia patriarcal, heterocentrada, hegemónica y debidamente jerarquizada. El estudio de los
Informes Médicos de la Casa de Menores de Santiago, conservados en los expedientes judiciales del Tribunal
Especial de Menores de la ciudad para el periodo 1929-1942, permite describir las examinaciones médicas de la
homosexualidad masculina; además reflexionaremos, según artículos escritos en la época por médicos y otros actores
relevantes, sobre las nociones que subtienden estas prácticas, sus objetivos y finalidades.
Palabras Clave: homosexualidad masculina, historia de la medicina, expedientes judiciales, Chile, siglo XX

Homosexuality and Medical Examination in Homosexualité masculine et examen médical dans la


Santiago’s House of Minors, 1929-1942 maison d’arrêt pour mineurs de Santiago, 1929-1942

Since 1929, the Chilean Minors Protection Law Depuis 1929, la loi de protection de mineurs instaure des
established institutions and mechanisms where mécanismes et des institutions dans lesquels les pratiques
disciplinary practices of surveillance, regulation, and disciplinaires de surveillance, de régulation et
intervention of childhood were forged and d‟intervention sur l‟enfance sont forgées et légitimées.
legitimized. The sexuality of minors played a La sexualité des mineurs a joué un rôle privilégié car elle
significant role, since it was key in the stability of a était un élément clef pour la stabilité d‟un projet de nation
project of nation that was based on the biological and qui supposait une reproduction biologique et
social reproduction of the patriarchal, hetero- sociale de la famille patriarcale, hétérocentrée,
normative, hegemonic, and hierarchical family. hégémonique et dûment hiérarchisée.
Through the study of the medical reports of the L‟étude des rapports médicaux de la maison d‟arrêt pour
Santiago House of Minors preserved in the judicial mineurs de Santiago, conservés dans les dossiers
records of the Special Minors Court of the city judiciaires du Tribunal Spécial pour Mineurs de la ville
between 1929 and 1942, this paperanalysesthe medical entre 1929 et 1942, permet de décrire les examens
examination of male homosexuality. Additionally, médicaux de l‟homosexualité masculine.
through the discussion of articles written at the time De plus, à partir d‟articles écrits à l‟époque par des
by doctors and other relevant actors, this paper will médecins et d‟autres acteurs d‟importance, notre
reflect on the notions underlying these practices, and contribution interroge les notions qui sous-tendent ces
their objectives and purposes. pratiques, leurs objectifs et leurs finalités..

Keywords: male homosexuality, history of medicine, Mots clé: homosexualité masculine, histoire de la médecine,
judicial files, Chile, 20th century dossiers judiciaires, Chili, XXe siècle

Recibido: 26 de enero de 2018 / Aceptado: 12 de abril de 2018

(*) Doctora en Historia, Universidad de Chile. Académica e investigadora, Facultad de Educación y Ciencias Sociales,
Universidad Andrés Bello, Santiago, Chile. [Link]@[Link]

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Homosexualidad masculina y examinación médica en la


Casa de Menores de Santiago, 1929-1942

Silvana VETÔ

“El archivo es una desgarradura en el tejido de los días, el bosquejo


realizado de un acontecimiento inesperado. Todo él está enfocado sobre
algunos instantes de la vida de personajes ordinarios, pocas veces
visitados por la historia, excepto si un día les da por reunirse en
muchedumbres y por construir lo que más tarde se denominará la
historia. El archivo no escribe páginas de historia. Describe con
palabras de todos los días lo irrisorio y lo trágico en el mismo tono, en el
cual lo importante para la administración es saber quiénes son los
responsables y cómo castigarlos”1.
“No hay problema humano que no tenga repercusión sobre la
vida de un niño o de un adolescente, y es así como los más sórdidos
egoísmos, las más abyectas miserias van a exhibir sus desnudeces en la
modesta sala del Tribunal”2.

Introducción
La sexualidad de los niños se inscribió en las páginas de los primeros expedientes judiciales de
menores de Chile, de manera a la vez trágica e irrisoria3. Apareció como aquello que era
necesario interrogar, auscultar, examinar, enrielar, sanar, como algo desbocado, polimorfo,
peligroso, inconfesado. También se habló de ella como búsqueda, abuso o forzamiento, y desde
ahí permitía a los vigilantes, examinadores y escribas de la administración, otorgar, al niño o niña
que la vivía, un nombre, un diagnóstico y un trazado de proyecto de edificación subjetiva.
El menor de iniciales M. J. L. T., de 16 años de edad, compareció ante el Tribunal Especial
de Menores de Santiago el 15 de octubre de 1931. Su expediente fue rotulado con el título de
“Reclusión”, indicando que este menor se encontraba abandonado y que sus padres habían

1 Farge, Arlette, La atracción del archivo, Ediciones Alfons el Magnánim, Valencia, 1991, p. 11.
2 Gajardo, Samuel, Los derechos del niño y la tiranía del ambiente (Divulgación de la Ley 4.447). Psicología, educación, derecho penal,
Imprenta Nascimento, Santiago, 1929, p. 95-96.
3 Este artículo forma parte de la investigación Fondecyt Iniciación n°11160868: “Niños vulnerables, niños peligrosos:

construcción de la infancia en los archivos del Tribunal Especial de Menores de Santiago, 1928-1942”, 2016-2019.
Santiago, Chile. Una versión preliminar de este trabajo fue presentado en el I Workshop: “Fuentes judiciales, estudios
sociales y género”, Universidad Nacional de Quilmes, Agosto 2017.

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fallecido4. Ese mismo día, el Juez de Menores, Samuel Gajardo Contreras, lo envió a la
Sección de Observación y Clasificación de la Casa de Menores de Santiago, solicitando
informes de los expertos.
El 28 de noviembre, el menor fue evaluado por el Dr. Juan Garafulic, médico de la Casa
de Menores de Santiago. En la sección de Antecedentes Personales de su informe, escribió:
“Onanista, homosexual pasivo ocasional forzado, en algunas ocasiones (cárcel, puente)”, y
luego en la sección llamada Examen Orgánico, anotó: “Nutrición normal, aspecto algo
tuberculoso, cráneo en forma irregular (achatado transversalmente, protuberancias parietales,
frente estrecha), ano infundibuliforme, falta de desarrollo del pelaje pubiano”. El
denominado Examen Mental, por otra parte, apuntaba a ciertas características morales y a
diferimientos en un proceso de desarrollo normativo: “Débil mental simple, retardo
pedagógico, carácter decidido, algo simulador, ética escasa, buena educabilidad”5. Todas estas
nociones, articuladas en tres informes complementarios –Antecedentes Personales, Examen
Orgánico, Examen Mental–, surgieron como resultado del interrogatorio, del ojo clínico o de
la examinación corporal, y le permitieron al médico articular un resumen diagnóstico:
“Heredo-etílico, onanista, homosexual forzado, retardos parciales del desarrollo, buen estado
orgánico general”6. Esta síntesis da cuenta de ciertas constantes presentes en el pensamiento
médico-legal de la época, que revisaremos más adelante.
El menor había sido llevado al Tribunal Especial de Menores de Santiago por la visitadora
social del Hospital San Juan de Dios, donde había sido abandonado. Pesaba sobre él una
denuncia de hurto, que él negaba haber cometido, y que fue motivo de investigación policial7.
En contradicción con la información proporcionada por la secretaria del Tribunal Especial
de Menores de Santiago, la abogada Helia Escudero, al momento de ingreso del menor,
estableció que sus padres no estaban muertos, sino que con sus formas de vida habían
impulsado el desvío del menor hacia los márgenes de lo social. De hecho, ésa es la hipótesis
de la visitadora social, Ana Menke, quien en su Informe Social escribió sobre el padre del
menor, que era “de oficio chacarero (…) semi-analfabeto, de mal carácter y mala conducta,
bebedor consuetudinario. Ha estado detenido en numerosas ocasiones por pendencia,

4 Archivo Judicial de Santiago (AJS), Tribunal Especial de Menores de Santiago (TEMS), Legajo (L) L, Expediente (E)
17493, foja (f) 1. Los expedientes explorados para esta investigación se encuentran en la Bodega del AJS sin ningún tipo
de catalogación; en consecuencia, hemos inventado una forma de citación que respete algunos de los datos principales,
con los cuales, creemos, los futuros/as investigadores/as podrán encontrar los expedientes referidos, ya sea en la misma
bodega, ya sea en el Archivo Histórico Nacional de Chile, una vez que, según la normativa, hayan sido enviados a dicha
institución.
5 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 7.
6 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 7.
7 AJS, TEMS, L L, E 17493, fojas (ff) 3 y 5.

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ebriedad y hurto. Ha dado mala vida a su mujer e hijos”8. La madre, por otro lado, “de oficio
lavandera (…) semi-analfabeta”, era definida como una mujer “de carácter nervioso e
irregular, de conducta dudosa” y “aficionada a la bebida” 9. Estas características de los padres
fueron elevadas por la visitadora al rango de causa del comportamiento del menor,
explicando que “en su hogar tuvo un medio muy deficiente, tanto moral y materialmente”, y
que a consecuencia del “vicio”, la “ignorancia” y la “incapacidad [de sus padres] para educar
al menor”10, éste había sido “objeto de malos tratos (…) de hecho y de palabra”, todo lo cual
“le determinó a abandonar su hogar para buscar fuera de él mayor tranquilidad, más afecto y
un horizonte mejor”11.
Este caso, como tantos otros, expone de manera brutal las condiciones de vida de muchos
niños, niñas y jóvenes en Chile durante la primera mitad de siglo XX, así como también la
clase de pesquisas a las que se vieron sometidos, una vez erigido en el país el sistema de
protección de menores. También muestra las estrategias a las que recurrieron para hurtarse
de un medio de vida familiar desfavorable, que muchas veces los llevó, sin embargo, a vivir
pellejerías tal vez mayores.
M. J. L. T., sometido a una vida de maltratos y descuidos, se fugó de su hogar para, en
palabras de la visitadora social, “buscar fuera de él mayor tranquilidad, más afecto y un
horizonte mejor”12. Sin embargo, su cuerpo, ofrecido a la mirada médica, develaba huellas de
otros abusos y otros atentados, como el señalado por el médico: “homosexual pasivo
ocasional forzado (…) en cárcel y puente”. Estos acabaron por darle un nombre y una
clasificación: “homosexual forzado”, que al parecer formaba parte de una taxonomía médica
que aún hace falta identificar. El testimonio del menor respecto de su sexualidad,
corroborado por un Examen Orgánico en manos del médico –acaso otra forma de violencia
sobre su cuerpo–, y que revelaba un orificio penetrado, parecía ser una pieza fundamental de
la observación experta a la cual el sistema lo sometía.
Como se demostrará en este artículo, la interrogación por la sexualidad, así como la
examinación de aquellas partes del cuerpo que pudieran revelar de modo elocuente, y más
allá de toda suspicacia, sus prácticas homosexuales, fue parte integral del examen médico de
aquellos niños y jóvenes de género masculino que, llegados al Tribunal Especial de
Menores de Santiago, eran enviados por el Juez Gajardo a la Casa de Menores de Santiago
entre 1929 y 194213. A partir de esta constatación, los objetivos de este artículo son indagar,

8 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 10.


9 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 10.
10 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 10.
11 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 11.
12 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 11.
13 Esta periodización responde a lo que ha sido identificado, en el marco de esta investigación, como el primer periodo

administrativo del nuevo sistema de protección de menores, que va desde su puesta en marcha, el 1° de enero de 1929,

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en primer lugar, cuáles son las razones que motivaron, en la lógica judicial y médica, esta
pesquisa por la homosexualidad; en segundo lugar, qué estatuto tuvieron en los informes de
la Casa de Menores de Santiago; y en tercero, qué rol cumplieron ellas –si es que es posible
advertirlo– en las decisiones tomadas por el Juez respecto del destino posterior de los
menores en cuestión 14.
Del total de 3.076 expedientes fichados para la investigación en curso –rescatados de la
bodega del Archivo Judicial de Santiago–, se han encontrado por ahora 118 expedientes de
niños y jóvenes de género masculino que contienen Informes Médicos de la Sección de
Observación de la Casa de Menores de Santiago15. Luego de describir el contexto normativo
y social en que surgen las instituciones y prácticas vinculadas al nuevo sistema de protección
de menores, creado en Chile hacia fines de 1928, abordaremos las preguntas planteadas más
arriba. Para ello realizaremos un análisis de conjunto de dichos expedientes, utilizando
algunos para ilustrar, desde el enfoque de la micro-historia, ciertos aspectos relevantes.
Paralelamente, y dadas las restricciones propias de los expedientes judiciales, recurriremos a
otras fuentes, como escritos publicados por los médicos y otros actores del sistema de
protección de menores, para identificar y analizar las nociones que subtienden, justifican,
legitiman y orientan las prácticas de examinación y clasificación de la homosexualidad
masculina en el contexto judicial de menores de Chile entre 1929 y 1942.
Estableciendo la necesaria distinción metodológica entre la investigación histórica sobre la
homosexualidad de aquélla interesada en la sodomía, afirmamos que, en la historiografía
chilena, la homosexualidad masculina es un campo apenas desarrollado. Las exploraciones
realizadas refieren casi exclusivamente al problema de la sodomía, y se basan preferentemente

hasta 1942, cuando, en el mes de octubre, son separadas algunas de las instituciones creadas por la ley de 1928, como la
Casa de Menores de Santiago y el Politécnico Elemental de Menores Alcibíades Vicencio. Ellas dejaron de depender del
Ministerio de Justicia y se anexaron a otros servicios asistenciales de menores, bajo la recién creada Dirección General de
Protección a la Infancia y Adolescencia (PROTINFA), adscritas al Ministerio de Salubridad, Previsión y Asistencia Social.
La Dirección General de Protección de Menores y los tribunales especiales de menores continuaron bajo el alero del
Ministerio de Justicia. Véase: Rojas Flores, Jorge, Historia de la infancia en el Chile republicano, 1810-2010, Tomo 1, Ediciones
de la JUNJI, Santiago, 2016, p. 423-424.
14 Dado que el sistema de protección de menores no contemplaba juzgados criminales, sino tribunales “especiales”

donde las decisiones del juez no eran de carácter penal sino administrativo, sus resoluciones apuntaban siempre a resolver
aspectos vinculados a la tutela de los y las menores en cuestión. Sólo cuando se trataba de delitos cometidos por menores
que tuvieran 16 años o más de edad, y que habían sido evaluados con discernimiento, podían pasar a juzgados criminales.
Además, aunque la ley 4.447 contemplaba la creación de tribunales de menores en distintas ciudades del país, durante
mucho tiempo el de Santiago fue el único en funcionamiento; debido a ello, el rol del juez Gajardo en la jurisprudencia
fue protagónico. Véase: Rojas Flores, J., Historia de la infancia, Op. Cit., p. 420.
15 Dado el número comparativamente bajo de Informes Médicos de menores de género femenino hallados entre los

expedientes judiciales del Tribunal Especial de Menores de Santiago, el análisis de las prácticas de vigilancia, control y
disciplinamiento de la sexualidad femenina será abordado en futuras investigaciones. Un interesante análisis de la temática
en el contexto estadounidense es el trabajo de Odem, Mary E., Delinquent Daughters. Protecting and Policing Adolescent Female
Sexuality in the United States, 1885-1920, University of North Carolina Press, North Carolina, 1995.

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en expedientes judiciales16. Ciertos aspectos históricos de la homosexualidad han sido


abordados desde los estudios de género, los estudios culturales y la literatura, pero sin el
análisis de fuentes primarias, propio de la historiografía 17. Sea como fuere, estas últimas
investigaciones destacan la relación entre lo judicial, lo médico y lo cultural, pero dejan en las
sombras el cruce con la infancia. En la historiografía de la sodomía, por otro lado, la infancia
es sólo un sub-apartado destinado a abordar casos en que las víctimas eran menores de edad,
subrayándose siempre su falta de especificidad jurídica y la ausencia de sus voces en las
causas y procesos judiciales18.
Dadas las características del sistema judicial de menores –cuya finalidad no era penal, sino
preventiva y reeducativa–, la homosexualidad masculina no aparecía en su faz punitiva, como
sodomía, sino que ocupaba un lugar en las prácticas científicas destinadas a construir un
16 Véanse los trabajos de Carolina González Undurraga: “Sodomía en Chile decimonónico: el caso de Ramón Cifuentes y
Belisario González, Iquique 1884”, Cyber Humanitas, Revista de la Facultad de Filosofía y Humanidades, n°23, 2002,
[Link] consultado el 6 de diciembre de 2017.; Entre
“sodomitas” y “hombres dignos, trabajadores y honrados”. Masculinidades y sexualidades en causas criminales por sodomía (Chile a fines del
siglo XIX), Tesis de Magíster en Estudios de Género y Cultura en América Latina, Universidad de Chile, Santiago, Chile,
2004; “Hombres de verdad, maricones y sodomitas. Aproximaciones a la mantención del orden heterosexual: homofobia
y construcción de masculinidad Chile fines del S. XIX” en Candina, Azún et al, Conservadurismo y transgresión en Chile:
reflexiones sobre el mundo privado, CEDEM/FLACSO, Santiago, 2005, p. 231-268; “La sexualidad como representación y las
representaciones de la sexualidad. La construcción del sodomita en Chile, 1880-1910” en Araya, Alejandra & Candina,
Azún & Cussen, Celia (eds.), Del Nuevo al Viejo Mundo: mentalidades y representaciones desde América, Fondo de Publicaciones
Americanistas, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, Santiago, 2007, p. 184-199. Véase
también: Conejeros, Víctor, Cuerpo, significancia, subjetividad. Una reflexión acerca de los lazos del “hombre”. Chile, fines siglo XIX /
principios siglo XX, Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 2006, disponible en
[Link] consultada el 6 de diciembre de
2017; Bustamante, Walter, “Con los pantalones bien puestos. Reincidencias en el delito de sodomía en Arica y la
Masculinidad Hegemónica vulnerada (1913-1945)”, Diálogo Andino, nº31, 2008, p. 67-79; Fernández, Leonardo, Vida
erótica y sodomía en la sociedad colonial del siglo XVII, Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad Academia Humanismo
Cristiano, Santiago, Chile, 2008; Guevara, Diego, Una rama torcida en la vida sexual… la homosexualidad en Chile, 1900-1954,
Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad Andrés Bello, Santiago, Chile, 2009; Valenzuela, Marcelo, Actos no dignos de
nombrar: El delito de sodomía en el Chile moderno 1875-1907, Tesis de Magíster en Historia, Universidad de Concepción,
Concepción, Chile, 2013. Por otro lado, el historiador Víctor Rocha aborda la homosexualidad en Chile desde la frontera
entre la historia, la literatura y los estudios culturales: “ „El andar era uno de mis placeres inagotables‟. Masculinidades y
ciudadanías homoeróticas en Santiago, 1930-1960”, Revista Nomadías, Universidad de Chile, n°18, 2013, p. 85-108. Véase
también Sutherland, Juan Pablo, “Sexualidad y culturas minoritarias: hacia una recepción crítica de las políticas sexuales
queer en las escrituras de la Nación” en Gaune, Rafael & Lara, Martín (eds.), Historias de racismo y discriminación en Chile,
Uqbar Editores, Santiago, 2009, p. 85-104.
17 Referencias desde otras disciplinas, son: Olavarría, José & Parrini, Rodrigo (eds.), Masculinidad/es. Identidad, sexualidad y

familia, FLACSO, Santiago, 2000; Valdés, Teresa & Olavarría, José (eds.), Masculinidad/es. Poder y Crisis, Santiago-Chile,
Ediciones de las Mujeres nº24, Isis/FLACSO, Santiago, 1997; Robles, Víctor Hugo, Bandera Hueca. Historia del movimiento
homosexual en Chile, Editorial Cuarto Propio, Santiago, 2008; Contardo, Óscar, Raro. Una historia gay de Chile, Editorial
Planeta, Santiago, 2012.
18 Véase: Valenzuela, M., Actos no dignos de nombrar, Op. Cit., p. 104-114; y González Undurraga, C., Entre “sodomitas” y

“hombres dignos…”, Op. Cit., p. 77-85.

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perfil médico, psicológico, social y pedagógico del menor, cuyo propósito era informar al
Juez. En este sentido, creemos que la Casa de Menores de Santiago –institución anexa al
Tribunal Especial de Menores de Santiago y dependiente del Ministerio de Justicia en el
periodo en estudio–, funcionó como espacio de justicia, sin el cual las decisiones del Juez en
el Tribunal no habrían tenido el sustento técnico-científico, considerado necesario en el
contexto histórico en que nace y se desarrolla esta justicia especial.

1. La ley de Protección de Menores y la vida privada como asunto público: vigilar y


encauzar la sexualidad
El 1° de enero de 1929 comenzaron a operar en Santiago una serie de instituciones,
creadas por la Ley n°4.447 de Protección de Menores, que había sido aprobada en octubre
del año anterior por el Congreso Nacional. Todas ellas eran dependientes del Ministerio de
Justicia: la Dirección General de Protección de Menores, institución encargada de la
supervigilancia de todo organismo nacional público o privado vinculado con la infancia; el
Tribunal Especial de Menores de Santiago, con el abogado y profesor de la Universidad de
Chile, Samuel Gajardo Contreras como primer Juez de Menores del país19; y dos instituciones
creadas en principio sólo para niños varones: la Casa de Menores de Santiago y el Politécnico
Elemental de Menores Alcibíades Vicencio20, ubicado en San Bernardo21. La aprobación de

19 Acerca del Juez Gajardo, véase: Vetö, Silvana, “Psicoanálisis, higienismo y eugenesia: educación sexual en Chile, 1930-
1940”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, París, 2014, [Link] consultado el 6 de diciembre de
2017; Ruperthuz, Mariano, “El psicoanálisis y las imágenes sobre la infancia en Chile. El caso del primer Juez de Menores
de Santiago Samuel Gajardo Contreras (1930‟s-1940‟s), Revista Gradiva, n°2, 2014, p. 211-226; Vetö, Silvana, “Psicoanálisis
y eugenesia en el campo criminológico chileno de la década de 1930 y 1940: indagaciones a partir de algunos escritos del
Juez de Menores Samuel Gajardo” en Leyton, César & Palacios, Cristián & Sánchez, Marcelo (eds.), El bulevar de los pobres.
Racismo científico, higiene y eugenesia en Chile e Iberoamérica siglos XIX y XX, Santiago, Ocho Libros Editores, 2015, p. 163-193;
Ruperthuz, Mariano & Vetö, Silvana, “El psicoanalista como personaje en las novelas de Juan Marín y Samuel Gajardo,
Chile 1930-1940”, Revista de Humanidades, vol. 34, 2016, p. 11-35.
20 La literatura especializada en las instituciones de reforma o reeducación de menores en Chile es muy escasa. El estudio

más completo sobre el sistema de prisiones, que aborda parcialmente aquéllas para menores, es León, Marco Antonio,
Encierro y corrección: la configuración de un sistema de prisiones en Chile 1800-1911, 3 volúmenes, Universidad Central de Chile,
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Santiago, 2003. Recientemente conocimos un importante manuscrito que llena
en algo ese vacío, y que será publicado próximamente en Uruguay: Rojas Flores, Jorge, “Internación, experimentación
pedagógica y vivencias en el Politécnico Elemental de Menores Alcibíades Vicencio. Chile, 1929-1974”, Humanidades,
Montevideo, 2018 (en prensa).
21 Según una nota publicada en el Boletín de la Dirección General de Protección de Menores en enero de 1930, el 1º de enero de

ese año se creó en la Casa de Menores de Santiago una Sección Femenina, inaugurada por el Ministro de Justicia el día 12
del mismo mes. Dicha sección debía regirse por el mismo reglamento que la sección de varones; el examen médico
estaría a cargo del Dr. Leoncio Andrade y la observación pedagógica sería asumido alternadamente entre una profesora
especial, cuyo nombre no se menciona, y las religiosas del Buen Pastor, quienes se habían hecho cargo del cuidado de
mujeres y niñas delincuentes en la Casa Correccional de Santiago desde mediados de la década de 1860. “La Sección
Femenina de la Casa de Menores”, Boletín de la Dirección General de Protección de Menores, Santiago, año I, n°3, 1930, p. 334.
Sobre la delincuencia femenina en Chile, véase: Zárate, María Soledad, “Mujeres viciosas, mujeres virtuosas. La mujer

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esta ley, que puso en funcionamiento instituciones, agentes y lógicas diferenciales para los
menores, estaba inspirada en cuerpos legales e instituciones judiciales similares instauradas en
Estados Unidos y en Europa, a partir de fines del siglo XIX, de fuerte inspiración
higienista22. En Chile, la Ley de Protección a la Infancia Desvalida, de 1912, que en su
momento había sido ineficaz en el abordaje de los problemas sociales vinculados a la
infancia, constituía también un antecedente para la puesta en marcha de esta nueva
legislación y sus instituciones23.
A diferencia de la ley de 1912, esta ley de 1928 instauró un nuevo régimen jurídico sobre la
infancia que, bajo el discurso tutelar e higienista, y sostenido en la doctrina de la “situación
irregular”, permitía diversos tipos de prácticas de vigilancia, control y disciplinamiento, que
operaban no sólo sobre los niños, niñas y jóvenes sujetos a esta ley, sino también sobre sus
familias. Como señala Gajardo en su libro, creado para contribuir a la divulgación de esta ley:
“La intimidad del hogar no debe, pues, ser indiferente al Estado, como lo era hasta hace
poco, y éste exige hoy a todos los hombres que tienen a su cargo la tutela de niños, una
correcta vida privada.
La vida privada del individuo es la más importante función pública, en cuanto ejerce
influencia sobre la formación moral de los niños confiados a su cargo, y por eso la vigilancia
del hogar, que es el medio en que esa vida se desarrolla, es un deber de higiene social, de
ineludible necesidad, ya que tiende a constituir los cimientos del progreso humano sobre la
base más sólida y eficaz, como es la elaboración del individuo”24.
Se trató de la puesta en funcionamiento de un “micropoder”25, el cual comenzó a afectar
los pequeños espacios de la vida privada, y también, por esa vía, esa otra área, tal vez más
pretendidamente “propia”, de la intimidad26:

delincuente y la Casa Correccional de Santiago, 1860-1900” en Godoy, Lorena & Hutchinson, Elizabeth & Rosemblatt,
Karin & Zárate, María Soledad (eds.), Disciplina y desacato. Construcción de identidad en Chile. Siglos XIX y XX, Sur/CEDEM,
Santiago, 1995, p. 149-180.
22 Véase, entre otros: Schafer, Sylvia, Children in Moral Danger and the Problem of Government in Third Republic France, Princeton

University Press, Princeton, 1997; Platt, Anthony M., Los “salvadores del niño” o la invención de la delincuencia, Siglo XXI,
México D. F., 1997; Tanenhaus, David S., Juvenile Justice in the Making, Oxford University Press, Oxford, 2004; Chávez-
García, Miroslava, States of Delinquency. Race and Science in the Making of California’s Juvenile Justice System, University of
California Press, Berkeley, 2012.
23 Véase: Rojas Flores, J., Historia de la infancia, Op. Cit., p. 206 y siguientes.
24 Gajardo, S., Los derechos del niño, Op. Cit., p. 19.
25 Entendemos por “micropoder” la escala de ejercicio del poder distinguido por Michel Foucault, que refiere al “poder

disciplinario”, es decir a un poder que busca, antes que castigar y reprimir, producir individuos dóciles y sumisos, y por
tanto, útiles y productivos según el ordenamiento hegemónico. Véase: Foucault, Michel, Vigilar y castigar. El nacimiento de la
prisión, Siglo XXI, México, 2014. Este poder es disciplinario porque se sostiene en disciplinas como la medicina, la
psicología, la pedagogía, el trabajo social, entre otras. Aunque en Chile estas disciplinas, en esa época, se encontraban en
estadios disímiles de legitimación y autonomización, sus operaciones y prácticas, pueden identificarse con esa definición.
Por otro lado, precisamos que la forma en que su propio proceso de disciplinamiento ocurre no es independiente, sino

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“(…) desde la admisión de la familia y de las actividades propias de la organización


doméstica a la esfera pública, una de las notables características de la nueva esfera ha sido
una irresistible tendencia a crecer, a devorar las más antiguas esferas de lo político y privado,
así como de la más recientemente establecida de la intimidad”27.
Del mismo modo, y más allá de las coacciones visibles y ruidosas del Derecho y la Policía,
involucradas por cierto en la instalación del nuevo sistema tutelar, este micropoder se
reconoce también en los aparentemente inocuos procedimientos, reglamentos y enunciados
cotidianos que regulan la vida diaria de los menores una vez institucionalizados en el
Politécnico y en la Casa de Menores de Santiago. También se plasmaba, este micropoder, en
aquellos que norman y encuadran el trabajo de los especialistas que conformaban la Sección
de Observación y Clasificación, al interior de esta última institución28.
La sexualidad de los menores no aparece nombrada explícitamente en la ley, así como
tampoco en ninguno de los reglamentos vinculados a las instituciones que hemos podido
revisar. Pero, a través de otras fuentes –fundamentalmente aquellos textos y notas publicados
en el Boletín de la Dirección General de Protección de Menores29–, sabemos que ella constituía una
parte central de la enseñanza de “la moral y de la higiene”, la cual era protagónica en los
mencionados documentos legales y procedimentales30. Así, por ejemplo, Gajardo señala que

que está íntimamente entrelazado con el de sus objetos. Aunque aquí no realizaremos un análisis propiamente biopolítico,
destacamos este diálogo con Foucault, así como con el sociólogo británico Nikolas Rose, especialmente a partir de sus
textos sobre la historia de la psicología en Gran Bretaña, redactados en clave foucautiana: Rose, Nikolas, The Psychological
Complex: Psychology, Politics and Society in England, 1869-1939, Routledge & Kegan Paul, Londres, 1985; Rose, Nikolas,
Inventing Our Selves. Psychology, Power and Personhood, Cambridge University Press, Cambridge, 1996.
26 Tomamos aquí la distinción hecha por Hannah Arendt entre lo privado y lo íntimo, en sus relaciones con lo público, lo

político y lo que llama “esfera de lo social”: “El primer explorador claro y en cierto grado incluso teórico de la intimidad
fue Jean-Jacques Rousseau (…). Llegó a su descubrimiento a través de una rebelión, no contra la opresión del Estado,
sino contra la insoportable perversión del corazón humano por parte de la sociedad, su intrusión en las zonas más íntimas
del hombre que hasta entonces no habían necesitado especial protección. La intimidad del corazón, a desemejanza del
hogar privado, no tiene lugar tangible en el mundo, ni la sociedad contra la que protesta y hace valer sus derechos puede
localizarse con la misma seguridad que el espacio público”. Véase: Arendt, Hannah, La condición humana, Paidós, Buenos
Aires, 2009, p. 49-50.
27 Arendt, H., La condición humana, Op. Cit., p. 56.
28 Estos reglamentos y procedimientos se encuentran en varios documentos. Véase el Decreto n°2.531 del Ministerio de

Justicia, del 24 de diciembre de 1928; la Ley n°4.447; y el Reglamento Interno de la Casa de Menores de Santiago, de Julio
de 1932.
29 El examen de la revista Nuestro Ideales, publicada regularmente entre 1929 y 1931 por los internos del Politécnico,

principal institución de reeducación del país creada por la ley 4.447, muestra estas características: los menores reproducen,
hasta cierto punto, un discurso de fuerte contenido moral, donde se intenta inculcar el respeto por los mayores, el amor
por el estudio y el trabajo, así como por la familia tradicional, la cual se espera que luego de su reeducación, ellos mismos
puedan formar.
30 Cabe destacar aquí, como hicieron en sus respectivas tesis Víctor Conejeros y Carolina González respecto de la

homosexualidad, que muchas veces los parlamentarios y juristas, influidos por la formación católica y el pudor, evitaban
referirse directamente a temáticas vinculadas con la sexualidad, utilizando para ello términos técnicos o científicos, o bien

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la Dirección General de Protección de Menores debía “atender al cuidado personal,


educación moral, intelectual y profesional de los menores de veinte años que se hallaren en
situación irregular, y dispone que en todo establecimiento educacional, público o privado,
deberán enseñarse, como materias fundamentales, la moral y la higiene”31.
A partir de las reformas sociales consagradas en la Constitución de 1925, la vigilancia y la
regulación del Estado sobre la vida privada y la intimidad de los chilenos y chilenas se
transformó en un aspecto crucial de la gobernabilidad, y así, la sexualidad de los niños, niñas
y jóvenes, pasó a primer plano32. En particular, esforzar formas de vida y de sexualidad
“normales”, es decir heterocentradas y patriarcales, que asegurasen no solamente la
reproducción33, sino también, más allá de ello, la formación de individuos útiles y
productivos, así como reproductivos del orden social, implicaba una preocupación especial
por la homosexualidad34. En una nota publicada por Gajardo, en 1932, expone: “ayudado el
menor en esa forma puede fácilmente obtener un empleo que le permita ganar la vida
honradamente y aplicar sus cualidades personales para labrar su porvenir. Así se hará un
hombre, formará su hogar (…)”35. Estas preocupaciones por la utilidad, en el marco del

conceptos generales o abstractos. En el caso de la sexualidad en la legislación de menores de 1928, la moral y la higiene
cumplen este rol de términos generales o abstractos: si bien abarcan la sexualidad, no otorgan ninguna especificidad
acerca de ella, ni la singularizan como área.
31 Gajardo, S., Los derechos del niño, Op. Cit., p. 15.
32 De hecho, como veremos más adelante, las primeras campañas de educación sexual en Chile, vinculadas a la entonces

llamada “lucha antivenérea”, fueron realizadas entre 1927 y 1938. Véase: Catalina Labarca, “ „Todo lo que usted debe
saber sobre las enfermedades venéreas‟: las primeras campañas de educación sexual estatales entre 1927 y 1938” en María
Soledad Zárate (comp.), Por la salud del cuerpo: Historia y políticas sanitarias en Chile, Ediciones Universidad Alberto Hurtado,
Santiago, 2008, p. 81-129.
33 Como demostró Arnold I. Davidson, la psiquiatría europea decimonónica, una vez que se hubo desembarazado

relativamente del reinado de la anatomía patológica, intentó estudiar las “perversiones sexuales” desde la óptica del
“instinto sexual” y su función. En ese contexto, se asumió silenciosamente como medida del desvío, que la sexualidad
“normal” era aquella que estaba guiada exclusivamente por la perpetuación de la especie, y toda forma de expresión del
instinto sexual que no apuntara a esa finalidad, podía ser considerada una perversión. Davidson, Arnold I., The Emergence
of Sexuality. Historical Epistemology and the Formation of Concepts, Harvard University Press, Cambridge, Massachussets, 2004.
Retomaremos este punto en el último apartado de este artículo.
34 Según lo revisado, dicha preocupación se dirigía de manera mucho más directa y explícita a la homosexualidad

masculina, dejando la femenina en las sombras. Las condiciones que explican esta invisibilidad/ invisibilización son
diversas y complejas, y exceden el marco de este trabajo. Sin embargo, es posible sostener que la sexualidad femenina en
sí misma, ya fuera hetero u homosexual, no era considerada un peligro social porque se consideraba de fuerza exigua, o
prácticamente inexistente. En su tesis de Medicina, Salvador Necochea Illanes planteaba que “El instinto sexual en la
mujer se reduce a esto: ser amadas i acariciadas; sólo quieren muchos besos, muchos abrazos”. Necochea Illánes,
Salvador, El problema sexual. Breve estudio de sociolojía médica, Tesis de Licenciatura en Medicina, Universidad de Chile,
Santiago, 1916, p. 43. Como establece Leyla Flores –y en esto seguimos también a Carolina González Undurraga–, en la
época se concebía la sexualidad femenina como pasiva y receptora, y, en tanto dependiente de la masculina, no
amenazador por sí misma, salvo casos excepcionales, juzgados como patológicos.
35 Gajardo, Samuel, “Patronato de menores egresados”, Boletín de la Dirección General de Protección de Menores, año II, n°5,

1932, p. 550.

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sistema capitalista y de la familia patriarcal, se relacionan a lo que ya en las primeras décadas


del siglo XIX se venía discutiendo el Congreso en torno a la sodomía, donde, según
Conejeros, se planteó que “el crimen rotulado como sodomía era un crimen contra la Patria,
o se engloba como parte de los „delitos contra población‟ (…)”36.
Entre los establecimientos creados por la ley de 1928, la Casa de Menores de Santiago –
dadas sus características y objetivos–, se transformó en la institución del sistema de
protección de menores donde se examinó, evaluó, clasificó y diagnosticó médicamente las
experiencias sexuales de los menores, particularmente las homoeróticas, colaborando así en
su encauzamiento por vías que favorecieran la reproducción, tanto biológica de la especie,
como social del orden hegemónico.
Dicha institución era la encargada de recibir a todos los niños y jóvenes que comparecían
ante el Juez, los cuales debían permanecer allí “todo el tiempo necesario para realizar su
observación individual y el juzgamiento de su caso”37. La “observación individual” era
asumida por la Sección de Observación y Clasificación, integrada por un médico (jefe de la
sección), un psicólogo, cuatro visitadoras sociales y cinco profesores, encargados de levantar
una evaluación, diagnóstico y prognosis de los menores, según sus respectivas
especialidades38. Como señala el Dr. Hugo Lea-Plaza, Director General de Protección de
Menores, esta sección tenía por función “el estudio, tan completo como sea posible, de la
personalidad del menor”, sostenido en un amplio “conocimiento biológico y social” 39. Todas
las evaluaciones realizadas –médica, psicológica, social y pedagógica–, “agregado el estudio
bio-social del delito y las anotaciones de los inspectores sobre conducta y moralidad” 40,
nutrían los informes que la Sección presentaba al Juez y, por ende, los estudios técnico-
científicos que permitían decidir el futuro de los menores.
Así, dentro de este entramado institucional, la Casa de Menores de Santiago era el
organismo que permitía acceder de manera más directa al análisis de las prácticas técnico-
científico-disciplinares, como la medicina, las cuales se instalaron dentro del contexto judicial
como horizonte de verdad para la construcción de la infancia “anormal” 41. La sexualidad

36 Conejeros, V., Cuerpo, significancia, subjetividad, Op. Cit., consultado en


[Link] [El subrayado es del original].
37 Gajardo, S., Los derechos del niño, Op. Cit., p. 31.
38 Aunque en principio la Casa de Menores de Santiago fue pensada como lugar transitorio vinculado sólo a la evaluación

de los menores, en la práctica, muchas veces los menores permanecieron allí por mucho más tiempo. Véase Rojas Flores,
J., “Internación, experimentación pedagógica y vivencias”, Op. Cit.
39 Lea-Plaza, Hugo, “La Sección de Observación de la Casa de Menores de Santiago”, Boletín de la Dirección General de

Protección de Menores, año I, n°1, 1929 p. 11.


40 Lea-Plaza, H., “La Sección de Observación”, Op. Cit., p. 15.
41 Sobre la construcción de la infancia “anormal”, véase: León, Marco Antonio & Rojas, Mauricio, “Construyendo al

futuro ser social: intervenciones médicas y pedagógicas en la infancia anormal. Santiago de Chile, 1920-1943”, Asclepio.

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aparecía exclusiva y constantemente en los Informes Médicos de la Sección de Observación,


examinada a través de diversos métodos y, dada su persistencia, puede suponerse que tenía
un papel central en la evaluación, diagnóstico y pronóstico de los menores.
Sin embargo, la importancia de la examinación médica en la judicialización de la
homosexualidad no era exclusiva de este sistema tutelar; por lo tanto, no era novedosa en
1929, cuando éste empieza a funcionar. Como ha señalado la historiografía, la examinación
médica fue central en los casos de sodomía de menores desde el Código Civil de 1855 y del
Código Penal de 1874. Ello fue así debido principalmente a que, como no estaban
habilitados para declarar sin tutela –constituyendo por ello “sujetos penales pasivos” 42–, la
examinación de sus cuerpos por un médico era uno de los pocos medios de prueba de los
que podía valerse el juez para condenar a los agresores. A pesar de ello, como demuestra
Valenzuela a partir del sobreseimiento de las 32 causas criminales de sodomía del periodo
1875-1907 que examinó43, el empoderamiento de los médicos en el contexto judicial de esa
época era sólo aparente:
“El galeno siempre señalaba en sus pericias que la víctima fue violada/abusada, pero
paradojalmente todos los imputados salen libres por ausencia de pruebas. El sistema judicial
relativiza la importancia de los antecedentes médicos y orales; y al final éstos no eran
considerados por los jueces para acusar al imputado”44.
La función médica, al interior del campo judicial, sólo fue reforzada después de las
reformas de 1925, a través del desarrollo de la medicina legal y de la criminología, y de
procedimientos y dispositivos institucionales45. Sin embargo, queda por analizar si en el

Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, vol. 67, n°2, 2015, p. 114, doi: [Link]
consultado el 30 de diciembre de 2017.
42 Valenzuela, M., Actos no dignos de nombrar, Op. Cit., p. 90.
43 Valenzuela, M., Actos no dignos de nombrar, Op. Cit., p. 91.
44 Valenzuela, M., Actos no dignos de nombrar, Op. Cit., p. 108. Conejeros y González mencionan algunos casos en que

dichos medios de prueba son tomados en consideración y los imputados no son sobreseídos, a pesar de ellas.
45 Como indica Guevara, la medicina legal adquirió un importante impulso en Chile hacia fines del XIX, con los aportes

del Dr. Federico Puga Borne, profesor de Medicina Legal e Higiene en la Facultad de Medicina de la Universidad de
Chile, quien en 1896 publicó el influyente Compendio de medicina legal: adaptado a la lejislacion chilena, inspirado particularmente
por las propuestas del médico legista francés Auguste Ambroise Tardieu (1818-1879). Dicho texto introdujo la
tipificación y desarrollo de las categorías asociadas a las “aberraciones” sexuales, entre ellas la homosexualidad, como
“pederastia” y “sodomía”. Esta idea fue reforzada a inicios del siglo XX en Chile con la injerencia de la Escuela Positiva,
el desarrollo de la criminología y de la sexología. En el último apartado de este trabajo nos referiremos a las propuestas de
Puga Borne y de Tardieu. Guevara, D., Una rama torcida en la vida sexual, Op. Cit., p. 24-36. Sobre la influencia de la
Escuela Positiva y la criminología, véase: Matus, Jean Pierre, “El positivismo en el derecho penal chileno. Análisis
sincrónico y diacrónico de una doctrina de principios del siglo XX que se mantiene vigente”, Revista de Derecho, vol. XX,
n°1, 2007, p. 175-203; Carnevali, Raúl, “La ciencia penal italiana y su influencia en Chile”, Política Criminal, n°6, 2008, p. 1-
19; León, Marco Antonio, “Los dilemas de una sociedad cambiante: criminología, criminalidad y justicia en Chile
contemporáneo (1911-1965)”, Revista Chilena de Historia del Derecho, vol. 19, 2003, p. 223-277.

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sistema judicial especial de menores –que no estaba diseñado para ser punitivo, sino
preventivo y reeducativo–, el rol de los médicos en la evaluación de la homosexualidad tenía
un peso mayor que el aparente (es decir, tanto en las prácticas como en los discursos y
legislaciones), y mayor que el que podía tener en un contexto en el cual se busca castigar
culpables de delitos tipificados, como el de sodomía.

2. Signos corporales y formas visibles: identificación médica de la


homosexualidad en la Casa de Menores de Santiago
Desde su ingreso en la Casa de Menores de Santiago, los niños y jóvenes eran sometidos a
distintas evaluaciones expertas, lógicas y procedimientos. El ingreso se iniciaba con la
individualización dactiloscópica y fotográfica en el “Departamento de Identificación”, la cual
“encabeza[ba] el expediente de observación”46. Esto ya es significativo, puesto que demuestra
la centralidad que habían adquirido los signos corporales y los métodos científico-
tecnológicos para dar cuenta de la identidad de un individuo47.
Luego de esta identificación, los menores permanecían alrededor de dos semanas en el
“Departamento de Ingreso”, donde eran observados respecto “de sus hábitos, de sus
tendencias y en general de sus caracteres más resaltantes” por un inspector. También los
evaluaba un profesor, sometiéndolos a un examen previo que permitiera determinar a qué
curso debían incorporarse. Entonces se procedía al “estudio social, psicológico, medico-
antropológico, dental y pedagógico del alumno”48. Sobre la evaluación “médico-
antropológica”, Lea-Plaza distinguía el aspecto médico, en el cual se debe poner especial
atención a “lúes, congénita o adquirida, y a la tuberculosis”, así como al “examen mental,
desde el punto de vista clínico”49; y el aspecto antropométrico, el cual debía incluir una serie
de cifras y datos tales como “el peso, la talla, la distancia biacromial, la braza, la fuerza
dinamométrica, la capacidad espirométrica, el perímetro torácico (…) el perímetro craneano

46 Lea-Plaza, H. “La sección de observación”, Op. Cit., p. 11.


47 Sobre la historia de los procesos y tecnologías de identificación policial en Chile, véase: Palacios, Cristián, “Entre
Bertillon y Vucetich: las tecnologías de identificación policial. Santiago de Chile, 1893-1924”, Historia y Justicia, n°1, 2013,
p. 1-28; León, Marco Antonio, “‟Una impresión imborrable de su personalidad‟. La fotografía carcelaria y la identificación
criminológica en Chile (1870-1940)”, Revista Chilena de Historia del Derecho, n°18, 1999, p. 311-333. Estas identificaciones
dactiloscópicas y fotográficas no fueron archivadas en los expedientes judiciales junto a los Informes de la Sección de
Observación enviados al Tribunal Especial de Menores de Santiago, por lo cual hasta ahora no hemos podido acceder a
ellas. De hecho, la documentación específica de la Casa de Menores de Santiago aún no ha podido ser hallada, teniendo
acceso únicamente a lo que quedó archivado en los expedientes judiciales.
48 Lea-Plaza, H., “La sección de observación”, Op. Cit., p. 12. Tanto en ésta como en todas las citas de fuentes primarias,

se respetará la ortografía de la época.


49 Lea-Plaza, H., “La sección de observación”, Op. Cit., p. 13.

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y los diferentes diámetros para determinar el índice cefálico (…) El estado funcional de los
órganos de los sentidos”50.
A pesar de ciertos ajustes que fueron realizados al formato de los informes de la Sección
de Observación, hacia fines de 194051, puede decirse que, en el periodo, dichos documentos
no tenían todavía un formato estandarizado52. Pese a ello, el estudio de los Informes Médicos
nos ha permitido identificar cinco aspectos generalmente incluidos en ellos, algunos de los
cuales cambian o alternan nombres en el tiempo, y entre los cuales aparecía la evaluación de
la sexualidad: Antecedentes Hereditarios; Antecedentes Personales; Sexualidad (a veces
integrada en Antecedentes Personales, otras independiente de ellos); Examen Orgánico u
Objetivo; Examen Psíquico, Mental o Psiquiátrico; y un Resumen, que apuntaba a un
diagnóstico global.
La evaluación de la sexualidad aparecía diseminada en varios de estos ítems. En los
Antecedentes Hereditarios asomaba sobre todo cuando se habla de sífilis o “heredo-lúes”.
En los Antecedentes Personales, o en el apartado denominado directamente Sexualidad,

50 Lea-Plaza, H., “La sección de observación”, Op. Cit., p. 13. Pese a esta precisión en cuanto a las medidas que el
informe antropométrico debía incluir, como hemos constatado en los Informes Médicos estudiados, estas “cifras” no
forman parte de los datos consignados. Cuando aparecen elementos que pudiesen relacionarse con la antropometría –
aunque no tienen relación directa con la homosexualidad–, son más bien algunas descripciones y etiquetas cercanas a la
Antropología Criminal desarrollada desde 1870 en Italia por Cesare Lombroso (1835-1909), la cual tuvo un importante
impacto en la criminología y la medicina legal chilena, junto a la influencia de las posturas más sociológicas de algunos de
sus seguidores, como Enrico Ferri (1856-1929) y Rafaele Garofalo (1851-1934); así como de la Tipología del médico
alemán Ernst Kretschmer (1888-1964), basada en el temperamento y la constitución corporal, la cual tuvo también gran
injerencia en la neuropsiquiatría chilena de comienzos del siglo XX, sobre todo con su libro Constitución y carácter,
publicado en 1921. Sobre la influencia de Lombroso en Chile, véase: León, Marco Antonio, “Por una „necesidad de
preservación social‟: Cesare Lombroso y la construcción de un „Homo Criminalis‟ en Chile (1880-1920), Cuadernos de
Historia, n°40, p. 31-59. Sobre el matiz aportado por las propuestas de Carnevali y Ferri, véase: Carnevali, R., “La ciencia
penal italiana”, Op. Cit.; Vetö, S., “Psicoanálisis y eugenesia”, Op. Cit., p. 168-169. Sobre la tipología y la influencia de
Kretschmer, véase: Sánchez, Marcelo, Chile y Argentina en el escenario eugénico de la primera mitad del siglo XX, Tesis de
Doctorado en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 2015; Leyton, César & Sánchez,
Marcelo, “El huevo de la serpiente al sur del mundo: desarrollo y supervivencia de la ciencia nazi en Chile (1908-1951),
Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, vol. 66, n°2, 2014, p. 54,
doi: [Link] consultado el 6 de diciembre de 2017; Barrientos, Juvenal & Schirmer,
Edgardo, “La constitución de la norma anterior de la cabeza” en Horwitz, Isaac (ed.), Actas de la Primera Reunión de las
Jornadas Neuro-Psiquiátricas Panamericanas, Prensas de Universidad de Chile, Santiago, 1938, p. 918-999.
51 Mediante el estudio de los expedientes del Tribunal Especial de Menores de Santiago, hemos identificado al menos tres

modificaciones, ocurridas en esa época, en los Informes de la Sección de Observación y Clasificación de la Casa de
Menores de Santiago, las que fueron enviadas al Tribunal: la introducción de un Informe Preliminar, realizado por la
Visitadora Social; la realización de un Resultado del Consejo, esto es un resumen de los diagnósticos de los cuatro
especialistas, un pronóstico e indicaciones; finalmente, la fusión de los Informes Psicológico y Pedagógico en un Informe
Psicopedagógico, realizado en conjunto por el psicólogo y el pedagogo de la Sección.
52 Estos ajustes eran probablemente innecesarios en la práctica mientras no existieran más Casas de Menores que la de

Santiago, y mientras fuera casi exclusivamente el Dr. Juan Garafulic quien los realizara.

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aparecía fuertemente, dado que se inquiría por los “hábitos” y “vicios”, algunos de los cuales
se entendían como directamente sexuales: la masturbación, el inicio de la vida sexual, las
experiencias hetero y homosexuales. En el Examen Orgánico, la sexualidad ocupaba también
un lugar privilegiado dado que, como veremos más adelante, se concebía que la
homosexualidad tenía un correlato objetivo en el cuerpo –y no sólo en la forma del ano o el
pene–, sino también en otros signos corporales secundarios, cuyas especificidades, a pesar de
no quedar claras en los informes, sí son indicadas (y pueden ser dilucidadas a partir de los
escritos que, en la época, publicaron los mismos médicos y otros actores involucrados en
estas instituciones). Finalmente, también en el Examen Psíquico asomaban algunas veces
elementos vinculados a la sexualidad, demostrando que, hacia la década de 1930, comenzó el
tránsito, en la medicalización de la homosexualidad: desde la urología y la endocrinología,
hacia la psiquiatría53.
En los Antecedentes Hereditarios, encontramos una especial atención por la sífilis, la
tuberculosis y el alcoholismo de los padres, es decir, por la existencia de lo que entonces se
denominaba “enfermedades de trascendencia social”. Así, por ejemplo, en el ya mencionado
caso de M. J. L. T., en 1931, se anotaba el “Alcoholismo paterno-materno”54. Igualmente, en
el caso de L. M. M., el Informe Médico del 5 de noviembre de 1932 registraba: “No conoció
a sus padres. Eran muy bebedores”55. Este menor, de 9 años de edad, había nacido en la
ciudad de Iquique. Sus padres habían muerto por causas que él no recordaba, y él había sido
llevado luego a Santiago por una mujer, que lo abandonó en dicha ciudad, donde entonces se
dedicó a vagar y a trabajar de suplementero para sobrevivir. Siendo recogido por diversas
mujeres, y corriendo distinta suerte, finalmente una vendedora ambulante que lo “encontró
acurrucado y llorando en el quicio de una puerta”56, lo llevaría a la Casa de Menores de
Santiago. Tanto en el Resumen de este caso, como en el de M. J. L. T., aparecía el diagnóstico
de “heredo-etílico”57.
Respecto de la tuberculosis (TBC), en el caso de C. G. R., de 15 años de edad, nacido en
1915 en la ciudad de Tacna –entonces parte del territorio chileno–, se anota el 31 de mayo de
1930: “Padre muerto de TBC”58. La madre había fallecido en 1919 por causa desconocida, y
el padre, Oficial de Policía de Tacna, en 1921, dejó al menor y a sus hermanos al cuidado de
su jefe, el Prefecto de Policía Florentino Herrera, quien los internó en el Asilo de Huérfanos
de San Felipe. A los 12 años, C. G. R. debió abandonar dicho recinto –el cual sólo permitía
niños hasta esa edad–, siendo confiado por Herrera a su cuñada, en Santiago, “en calidad de

53 Guevara, D., Una rama torcida en la vida sexual…, Op. Cit., p. 37-48.
54 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 7.
55 AJS, TEMS, L M, E 22410, f 3
56 AJS, TEMS, L M, E 22410, f 6.
57 AJS, TEMS, L L, E 17493, f 7.
58 AJS, TEMS, L G, E 2979, f 2.

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sirviente”. Allí trabajó como jardinero y en otros oficios, pero, “debido a que era
desobediente y atrevido fue devuelto a su apoderado”59, quien entonces lo llevó donde su
hermana, a la localidad de El Volcán. Allí debió trabajar, nuevamente sin recibir un sueldo
que le permitiera obtener elementos básicos para su supervivencia, y para obtener dinero,
robaba y apostaba60.
En los Antecedentes Personales se registra la interrogación por enfermedades previas y
otros antecedentes mórbidos significativos, como accidentes, hábitos y vicios. Los aspectos
sexuales específicos de los niños y jóvenes aparecían, ya sea en la pesquisa relativa a los
hábitos y vicios, ya sea en un acápite aparte, denominado Sexualidad. En cualquiera de las
dos ubicaciones, los protagonistas de la indagatoria eran la masturbación y las experiencias
sexuales. Respecto de estas últimas, se sondeaba particularmente la iniciación sexual y la
identificación y caracterización del tipo de experiencias sexuales, fueran hetero u
homosexuales. Se acentuaba especialmente la existencia de relaciones homosexuales y su
descripción, según las tipificaciones en boga, distinguiendo si se trataba de experiencias
“voluntarias” o “forzadas”; “activas” o “pasivas”. En este ámbito, mucho más que en otros,
el cuerpo aparecía como aquello que traicionaba la palabra, puesto que la investigación de la
homosexualidad no se agotaba con el interrogatorio, el testimonio y la confesión, sino que
proseguía con la examinación de ciertas zonas de los cuerpos que pudiesen revelar aún más
que sus relatos.
Así, en “El problema sexual de los menores irregulares”, de 1930, el Dr. Enrique Gabler,
Médico Jefe de la Sección de Observación, señala:
“Difícil tarea es vencer la obstinada resistencia y el mutismo que se oponen a una encuesta
de esta naturaleza. Se comienza por negar todo: el onanismo, la relación sexual normal, etc.;
con mayor razón la comisión de actos sexuales ilícitos. Hay que ir poco a poco, ablandar esa
resistencia; quitarle al menos el falso o verdadero pudor con que oye el interrogatorio, sin
destruir lo que pueda haber de cierto en su inocencia. Si la resistencia es firme y la negativa
tenaz, se le somete a un examen médico dando especial importancia al estado de los
genitales y del ano, examen que arroja mucha luz y que permite insistir sobre seguro, si de él
hemos sacado conclusiones indiscutibles, que hacemos ver al menos y que obligan a éste a
hacer una confesión, muchas veces muy detallada, de su pasado sexual”61.
De acuerdo a lo que hemos observado en los expedientes, el médico interrogaba primero a
los menores por sus experiencias sexuales, hetero y homosexuales. Cuando decían no haber
tenido experiencias heterosexuales, anotaba por regla general: “Heterosexualidad: No”. Pero

59 AJS, TEMS, L G, E 2979, f 6.


60 AJS, TEMS, L G, E 2979, f 6.
61 Gabler, Enrique, “El problema sexual de los menores irregulares”, Boletín de la Dirección General de Protección de Menores,

Año I, n°3, 1930, p. 263.

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cuando afirmaban no haber tenido experiencias homosexuales, ya no escribía simplemente


que no las había tenido, sino: “Homosexualidad: Niega”. Así, leemos el 10 de septiembre de
1941, en el Informe Médico de J. A. A., de 15 años de edad, quien fue llevado al Tribunal
Especial de Menores de Santiago por “Mala Conducta”, que se masturbaba habitualmente
desde los 13 años, que había tenido experiencias heterosexuales y que además “niega”
experiencias homosexuales, las cuales eran reveladas, sin embargo, por la forma de su ano,
descrito como “infundibuliforme”62. El menor, quien comenzó la práctica frecuente del
“abandono de hogar” tres años antes de su primer ingreso a la Casa de Menores de Santiago,
fue detenido por solicitud de la madre, quien denunciaba que su hijo “concurre a prostíbulos,
ha robado dinero con el cual gusta jugar a los juegos de azar” 63, habría abusado de su
hermana y, además, la habría golpeado a ella misma, la madre, “siguiendo el ejemplo que le
da su padre al castigar a aquella sin motivo justificado”64.
A la indagación por la sexualidad basada en el interrogatorio, seguía el Examen Orgánico,
donde –como ya hemos señalado– el cuerpo muchas veces declaraba lo que la palabra había
negado, pudiendo leerse, por ejemplo las descripciones de “Ano dilatado” o, el más
frecuente, “Ano infundibuliforme”, indicando con ello que se trataba de un orificio que había
sido penetrado, adquiriendo una forma particular debido a la práctica reiterada. En los
expedientes aparece que el examen médico del cuerpo no era aplicado sólo cuando el niño o
joven se resistiera al interrogatorio: también se aplicaba en los casos en que la respuesta no se
adecuaba a lo esperado: “En los niños francamente entregados a la vagancia, es casi
excepcional encontrar algunos que no hayan cometido actos de inversión sexual, digamos
mejor, que no hayan sido víctimas de ellos”65. Para Gabler, las condiciones de hacinamiento
en las que muchas veces vivían estos menores, el consumo de bebidas alcohólicas, “la
influencia de conversaciones, lecturas o películas pornográficas o eróticas”, e incluso el frío,
provocaban estas “catástrofes morales”66.
Como ya se mencionó, identificar si las experiencias homosexuales habían sido
“voluntarias” o “forzadas”, y al mismo tiempo “pasivas o “activas”, parecía tener especial
relevancia en los informes médicos. Cuando eran forzados a tener experiencias
homosexuales, es decir, cuando éstas eran producto del abuso o de una violación por parte
de otros menores o de adultos, los mismos menores abusados eran catalogados como
“homosexuales”, acompañado esto la mayor parte de las veces por un adjetivo que sólo
eufemísticamente hacía referencia a su condición de víctima, como “pasivo forzado”. Es
decir, la indagación por la ocurrencia forzada del acto sexual, no parecía tener relación con

62 AJS, TEMS, L A, E 80001, f 8.


63 AJS, TEMS, L A, E 80001, f 10.
64 AJS, TEMS, L A, E 80001, f 10.
65 Gabler, E., “El problema sexual”, Op. Cit., p. 264.
66 Gabler, E., “El problema sexual”, Op. Cit., p. 264.

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una búsqueda de actos criminales en los cuales pudiera abrirse una causa judicial por sodomía
o violación, sino meramente con la pesquisa de aspectos cruciales a la hora de otorgar una
descripción médico-legal más completa del menor. Ya citamos el caso ilustrativo de M. J. L.
T., quien había sido abusado o violado en la cárcel y en un puente, y que fue etiquetado por
el médico como “homosexual pasivo ocasional forzado”. Lejos de ser excepcionales, estas
prácticas descriptivas y clasificatorias eran una constante. De allí se desprende que, para los
médicos, la categoría de homosexual no parecía tener relación con la elección o con la
atracción hacia personas del mismo sexo, sino con algo que se reducía al cuerpo y a la
evidencia de que un orificio, que se suponía de dirección unilateral y de funcionalidad única,
había sido penetrado en el sentido opuesto, concebido esto como un “acto contra natura” 67.
Así, en el caso de G. Q. B., de 15 años de edad, quien registra dos expedientes, el primero
de 1941 por “Mala Conducta”68 y el segundo de 1942, por “Abandono de Hogar”69, se lee,
en el Informe Médico fechado 2 de mayo de 1941, que tendría “tendencias homosexuales” y
que sería un “perverso simple”70. Las “tendencias” aparecían en el apartado de Examen
Objetivo, por lo cual entendemos que apuntaban a algo que se exhibiría en su cuerpo y/o en
su comportamiento. La “perversión simple”, por otro lado, estaba ubicada en el Examen
Psiquiátrico, respondiendo más bien a la indagación clínica, la cual, en la época, se vinculaba
a aplicaciones del “instinto” sexual que se desviaban de la meta pretendidamente natural, es
decir, de la reproducción (tema que abordaremos más adelante), como la homosexualidad, el
fetichismo, el masoquismo, el sadismo, entre otras. La indagatoria por la sexualidad del
menor señalaba: “Masturbación: Niega, después confieza[sic] masturbación más o menos
frecuente desde hace más o menos un año. Eyacula. Heterosexualidad: No. Homosexualidad:
Ano inf. Homosexual pasivo voluntario en varias ocasiones”71.
El 12 de enero de 1934 comparecía, ante el Juez de Menores de Santiago, T. L., solicitando
la detención de su hijo, D. L. D., de 13 años de edad, por “Abandono de Hogar”. El 7 de
febrero, el menor fue enviado a la Casa de Menores de Santiago, y se requirió el informe de la
visitadora social. En el Informe Preliminar, realizado por Graciela Ríos, se establecía que era
“un menor con marcados hábitos a la vagancia y al hurto, y como su madre por motivos
ajenos a su voluntad se ausenta del hogar, queda a su libre albedrío” 72. El Informe Médico
fue solicitado por el Juez en octubre, y en él, Garafulic indicaba, acerca de su sexualidad, lo
siguiente: “Masturbación: regular desde los 10 años. Heterosexualidad: en dos ocasiones,
inducido. Homosexualidad: pasivo forzado POR ADULTO en una ocasión, activo en dos

67 Puga Borne, Federico, Compendio de medicina legal: adaptado a la lejislacion chilena, Imprenta Cervantes, Santiago, 1896, p. 90.
68 AJS, TEMS, L Q, E 79645.
69 AJS, TEMS, L Q, E 91965.
70 AJS, TEMS, L Q, E 79645, f 3.
71 AJS, TEMS, L Q, E 79645, f 3.
72 AJS, TEMS, L L, E 29627, f 4.

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ocasiones con un hermano”73. Luego señalaba, en el Examen Objetivo, que su ano se


encontraba dilatado.
Del mismo modo, el 16 de febrero de 1933, el médico de la Casa de Menores de Santiago
informaba que G. M. D., de 10 años de edad, cuya reclusión había sido solicitada por su
madre debido a que era “incorregible”, “se ha masturbado 2 veces”, y que había sido
“homosexual pasivo forzado en 2 ocasiones”, y “activo voluntario en 1 ocasión” 74. También
se agregaba, en el Examen Objetivo, que su ano era “infundibuliforme”, y luego, en el
Resumen, que tendría un “carácter neuropático (emotivo, algo ansioso); estigmas
constitucionales, hábito preTBC, intelecto normal; desviaciones sexuales ocasionales. Heredo
lúes (?)”75. El menor vivía junto a la madre, la abuela materna y la familia del segundo marido
de la madre, compuesta por otros 6 hijos. Cesante hacía años, y en una situación económica
sumamente precaria, este hombre, descrito por la visitadora como de “carácter violento,
buena conducta y sin vicios”, en un momento de borrachera echó al menor a la calle, junto a
su abuela materna, debido a las rencillas constantes que se suscitaban entre G. M. D. y sus
propios hijos76. Posteriormente, el menor y su abuela se fueron a vivir a casa de una pariente,
cuya situación económica y material también era precaria, y donde G. M. D. tuvo rencillas
con los hijos de la mujer. La abuela debió “arreglar esta situación si no quería salir también de
allí”77, llevándolo por ello, junto a la madre, al Tribunal.
Entre los 118 informes revisados –y a pesar de que los casos nunca tenían relación directa,
y muchas veces ni siquiera lateral, con la sexualidad de los menores–, encontramos
descripciones similares a las recién comentadas: “homosexual pasivo voluntario en varias
ocasiones”; “homosexual pasivo forzado en una ocasión con un muchachón”; “homosexual
pasivo forzado en una ocasión por un adulto”; “homosexual pasivo forzado por adulto en
una ocasión, homosexual activo y pasivo habitual con menores”, entre otras. En un amplio
número de casos, a esta pesquisa se seguía además la indicación directa de rasgos de carácter
patológico, y la notación de una categoría diagnóstica vinculada a la homosexualidad, las
cuales aparecían en la sección de Examen Psíquico o Psiquiátrico. Por ejemplo, en el caso de
G. Q. B., se diagnosticaban “tendencias homosexuales”, “debilidad moral” y “perverso
simple”; en el de C. G. R., “estigmas de inversión constitucional”; en el de M. A. A., de 11
años de edad, ingresado en 1941 por “Mala Conducta”78, se anotaba “pervertimiento
incipiente”. El Informe Médico más abundante, en este aspecto, es de R. M. V., ingresado
también por “Mala Conducta” en 1934, a quien Garafulic diagnosticó del siguiente modo:

73 AJS, TEMS, L L, E 29627, f 7. [Mayúsculas en el original].


74 AJS, TEMS, L M, E 23826, f 3.
75 AJS, TEMS, L M, E 23826, f 3. [El paréntesis con signo de interrogación forma parte del Informe original].
76 AJS, TEMS, L M, E 23826, f 6.
77 AJS, TEMS, L M, E 23826, f 7.
78 AJS, TEMS, L A, E 80811, f 6.

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“degenerado mental (…) herencia neuropática, debilidad mental con estigmas degenerativos
sospechosos de más o menos próxima alienación”79.
No obstante, en ninguno de los expedientes –y pese a la importancia que parece acordarse
a estas características y diagnósticos– se explicaba cuáles eran específicamente las
“tendencias” o los “estigmas”, ni a qué tipo de “perversión” se hacía referencia. En relación
con esta faceta escueta y técnica de las fuentes judiciales, éstas pueden ser tomadas en un
doble sentido no excluyente. Por una parte, en su aspecto administrativo y burocrático, son
fuentes auto-explicativas, es decir, en su funcionamiento práctico no necesitan dar cuenta del
contenido conceptual de su terminología, sino ser útiles, de la manera más expeditiva posible,
al ejercicio del poder judicial, y en ese sentido, justamente evitar disquisiciones y referencias
teóricas. El Juez debe ser supuesto por el personal técnico-científico como alguien que
conoce y maneja la misma terminología y que, por ende, entiende las implicancias y
consecuencias de sus nociones y conceptos.
Por otra parte, los expedientes judiciales deben ser también entendidos en un juego de
referencias constantes a otros procesos sociales y a otro tipo de fuentes de la época, sin los
cuales, para el ojo crítico de hoy, las fuentes judiciales de entonces se vuelven opacas, y, hasta
cierto punto, incomprensibles. Los textos que los mismos agentes del poder judicial
publicaban en sus órganos de elaboración científica y de difusión, así como otras fuentes de
la época, permiten entender qué querían decir los nombres otorgados a los niños y jóvenes
como títulos, no ya de nobleza, sino de marginación: a qué huellas de desorden y
degeneración remitían, de qué prerrogativas teóricas provenían, a qué proyectos y utopías
sociales contribuían.

3. Heredo-degeneracionismo y anatomía patológica en la medicina legal de la


justicia especial de menores de Santiago
Como hemos señalado, hacia la década de 1920, la sexualidad, y sobre todo la sexualidad
infantil, comenzó a ocupar en Chile un lugar radicalmente distinto del que ocupaba hacia
fines del siglo XIX. Este ámbito, otrora considerado parte de la esfera privada, incluso
íntima, entró al escenario público chileno junto con la “cuestión social” y la preocupación
por las “enfermedades de trascendencia social”80. En ese contexto, y en el entramado
discursivo de la defensa y fortalecimiento de la raza, la sexualidad fue abordada desde una
perspectiva higienista y eugénica, orientada hacia la prevención y la formación de ciudadanos
y ciudadanas útiles a la nación y la patria: desde allí se explica entonces el foco puesto en la
infancia.

79AJS, TEMS, L M, E 31308, f 5.


80 Illanes, María Angélica, En el nombre del Pueblo, del Estado y de la Ciencia. Historia social de la salud pública. Chile 1880/1973
(hacia una historia social del siglo XX), Colectivo de Atención Primaria, Santiago, 1993.

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En 1927 comenzaron en Chile las primeras campañas de educación sexual –denominadas


“lucha antivenérea”–, a cargo de la División de Higiene Social del Ministerio de Higiene,
Asistencia, Previsión Social y Trabajo (creado dos años antes en el contexto de la
construcción del Estado Asistencial). Esas campañas contemplaban la publicación de
folletines sobre la masturbación, la sífilis, la gonorrea, el matrimonio, la iniciación sexual,
entre otros81, los que fueron elaborados por médicos, e implicaron la difusión de todo un
ideario acerca de la sexualidad “normal” y “anormal”, la salud y la enfermedad, la
masculinidad y la feminidad82. En ellos se consideraba la sexualidad como un proceso
biológico, que debía abordarse desde la ciencia, lejos de los mandatos del catolicismo, pero
respecto del cual también era necesario transmitir una serie de preceptos morales y de
responsabilidad social, los cuales reproducían, desde la semántica científica –presuntamente
menos cuestionable–, los mismos prejuicios católicos que habían dominado su abordaje hasta
fines del siglo anterior.
Todo este trasvasije desde la religión a lo científico, tuvo, sin embargo, un costo
importante: la progresiva medicalización de la sexualidad, a partir de la cual la
homosexualidad comenzó a ser vista como una patología 83. Esto, si bien tuvo el efecto
positivo de extraer la homosexualidad parcialmente del ámbito de la criminalización
(“parcialmente” porque la ley de penalización de la sodomía siguió vigente en Chile hasta
1999), implicó también que los médicos dominaran la discusión acerca de la sexualidad y de
la homosexualidad masculina en particular. Se advierte el predominio de un paradigma
médico-patologizante incluso en las iniciativas y textos legales, educativos y psicológicos 84.
Así, en 1934, en la Revista de Educación, el Dr. Eduardo Moore, destacado urólogo especialista
en sífilis, sostenía:

81 Este grupo de textos, llamados “Serie C”, llevaron los títulos: La masturbación y sus peligros (1926); Gonorrea: su aspecto social
(1928); A los jóvenes (1929); ¿Cómo se lo diré a mis hijos? (1929); La sífilis (1929); La sífilis hereditaria (1929); Las enfermedades
venéreas y el matrimonio (1931). Fueron publicados bajo la autoría del Dr. Waldemar Coutts, jefe de la División de Higiene
Social, fundador de la Sociedad Chilena de Urología, especialista en enfermedades venéreas y eugenesia preventiva (o
positiva), exceptuando el tomo titulado La sífilis hereditaria, publicada por Guillermo Morales Beltramí, subjefe técnico de
la misma División, especialista en pediatría y reconocido higienista.
82 Véase: Labarca, C., “‟Todo lo que usted debe saber…‟”, Op. Cit., p. 81-129. En el artículo de Manuel Durán acerca de

la influencia de la eugenesia “positiva” y el higienismo en los manuales educacionales chilenos entre 1870 y 1938, se
destaca y analiza, aunque brevemente, la importancia de combatir el onanismo y la homosexualidad en el contexto de esta
lucha antivenérea, para la conformación de una masculinidad útil al ideal hegemónico de nación. Véase: Durán, Manuel,
“Género, cuerpo, gimnasia y sexualidad en los manuales educacionales higienistas y eugenésicos en Chile, 1870-1938”,
Revista de Historia Social y de las Mentalidades, vol. 18, n°1, 2014, p. 35-58.
83 Cornejo, Juan Rolando, “Configuración de la homosexualidad medicalizada en Chile”, Sexualidad, Salud y Sociedad,

Revista Latinoamericana, n°9, 2011, p. 109-136.


84 Guevara, D., Una rama torcida en la vida sexual, Op. Cit., p. 39-40.

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“Depende de nosotros secundar a los Poderes Públicos, para formar hombres viriles,
respetuosos de los seres del mismo sexo que su madre, que sus hermanas. Somos los
profesores de ciencia quienes sabremos afear los vicios repugnantes que agobian a la niñez,
en todas partes del mundo, para que lleguen a hombres con su instinto genésico normal”85.
Desde este punto de vista, la examinación médica de la sexualidad de los niños y jóvenes
de género masculino en la Casa de Menores de Santiago, durante el periodo estudiado, cobra
para nosotros una nueva significación. Como señalaba Gabler en 1929, su estatuto era
protagónico y su abordaje, urgente:
“Respecto a otras enfermedades, especialmente aquellas llamadas de trascendencia social y
de la tuberculosis, haremos en próxima fecha un estudio bien detallado, pero dejaremos
constancia mientras tanto que nos ha sorprendido ver un mayor número de casos de sífilis
adquirida que de heredo-lúes, especialmente en los niños vagos o abandonados. Este hecho
tiene también una explicación satisfactoria y ella es la precocidad sexual de estos menores
que en algunos casos llega a remontarse a una edad en que los niños normales no salen
todavía de los inocentes juegos y de la pureza virginal.
El problema sexual en nuestros niños justifica él solo la dictación de la Ley 4.447. Es un
problema enorme de una trascendencia insospechada y quizás de él nacen todos los otros
que han preocupado tanto al país y a sus dirigentes”86.
La interrogación chilena por los hábitos sexuales de los menores, y la revisión de sus
cuerpos en busca de signos de desviación, se apoyó en los saberes médicos desarrollados
desde mediados del siglo XIX en Europa, particularmente en la llamada “medicina positiva”
y la anatomía patológica87. Primeramente, fue referencia el ya mencionado A. A. Tardieu,
quien en 1857 publicó Étude médico-légale sur les attentats aux moeurs88, y cuyas propuestas –como
ya fue indicado– fueron introducidas y sostenidas en la enseñanza de la Medicina Legal y en
el Compendio publicado en 1896 por Puga Borne, así como en la legislación de la época, en
cuya confección él también participó89. En segundo lugar, fue muy importante la obra del
psiquiatra francés Valentin Magnan (1835-1916) quien, siguiendo el camino abierto por
Bénédict Morel (1809-1873) con su Traité des dégénérescences [Tratado sobre las degeneraciones],
publicado también en 1857, dictaba en 1885, ante la Sociedad Médico-Psicológica de París,

85 Moore, Eduardo, “La ciencia sexual en Chile”, Revista de educación, n°55, 1934, p. 59.
86 Gabler, Enrique, “Consideraciones generales sobre los internos de la Casa de Menores”, Boletín de la Dirección General de
Protección de Menores, año I, n°2, 1929, p. 96.
87 Lanteri-Laura, Georges, Lecture des perversions. Histoire de leur appropriation médicale, Masson, París, 1979.
88 De acuerdo a Vázquez García, la primera traducción del tratado de Tardieu al español fue publicada en 1863 en Madrid

por los médicos forenses españoles, Nemesio López Bustamante y Juan de Querejazu y Hartzensbuch, con el título
Estudio médico-forense de los atentados contra la honestidad. Vázquez García, Francisco, “El discurso médico y la invención del
homosexual (España 1840-1915)”, Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, vol. LIII, n°2, 2001, p. 150.
89 Guevara, D., Una rama torcida en la vida sexual, Op. Cit., p. 27.

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una influyente conferencia titulada “Des anomalies, des aberrations et des perversiones sexuelles”
[Anomalías, aberraciones y perversiones sexuales], donde ubicaba la comprensión y
clasificación de la homosexualidad dentro del campo de la psicopatología, es decir como un
“acto perverso”, y no criminal90. Esto tenía la ventaja de eximir al inculpado de
responsabilidad penal, pero también el costo de derivarlo a la no menos estigmatizadora
indagación y reclusión psiquiátrica.
Estas dos perspectivas medicalizantes y pato-anatómicas –una legista y la otra heredo-
degeneracionista–, tuvieron gran injerencia en el modo en que se concibió, en Chile, la
homosexualidad masculina, en la segunda mitad de siglo XIX y la primera mitad del XX, en
el ámbito de la justicia; particularmente, en la penalización de la sodomía y, como hemos
comenzado a desentrañar aquí, en la evaluación judicial y en el diagnóstico sobre la posible
reeducación de menores. En este último campo, las fuentes revisadas muestran que, al menos
durante el periodo estudiado, los expertos permanecieron apegados –sino siempre en la
teoría, al menos en sus prácticas–, a las concepciones más hereditaristas, degeneracionistas y
pato-anatómicas desarrolladas por, y a partir de, Tardieu y Magnan. Pese a ello, en la misma
época ya podía observarse, en otros ámbitos disciplinarios, como la neuropsiquiatría 91, la
inclusión de perspectivas más sociológicas y ambientalistas, que matizaban el determinismo
de la herencia92.

90 Huertas, Rafael, “El concepto de „perversión‟ sexual en la medicina positivista”, Asclepio. Revista de Historia de la Medicina
y de la Ciencia, vol. II, n°2, 1990, p. 89-99.
91 En tesis de Medicina en la Universidad de Chile, como la de Florentino Caro, de 1905, la de Necochea Illanes, de 1916,

o la de Luis Merino Reyes, de 1917, aparece citado, además de Magnan y Lombroso, el influyente trabajo del psiquiatra
alemán Richard von Krafft-Ebing (1840-1902), Psychopathia Sexualis, aparecido en 1886, al cual luego nos referiremos.
Véase: Caro, Florentino, Estudio sobre la Dejeneración en Chile i su Contribución al Desarrollo de las Enfermedades Mentales,
Memoria de Prueba en Medicina, Universidad de Chile, Santiago, Chile, 1905; Necochea Illanes, S., El problema sexual, Op.
Cit.; Merino Reyes, Luis, Contribución al estudio de la Locura Moral, Memoria de Prueba en Medicina, Universidad de Chile,
Santiago, Chile, 1917. Más adelante, ya en 1930, en la tesis de Óscar Hiriart Corvalán, aparecen otras referencias, como
Gregorio Marañón (véase nota siguiente), el endocrinólogo de origen letón y en ese entonces profesor de la Universidad
de Concepción, Alejandro Lipschütz (1883-1980), el psiquiatra y dermatólogo alemán, Iwan Bloch (1872-1922), el
médico y sexólogo británico, Havelock Ellis (1859-1939), el neurólogo y psicoanalista austríaco, Sigmund Freud (1856-
1939), y el jurista y criminólogo español, Luis Jiménez de Azúa (1889-1970). En dicha tesis se habla de la homosexualidad
como un “estado intersexual”, refiriendo a las propuestas desarrolladas por los sexólogos en Europa, e incluyendo
también las ideas freudianas sobre la bisexualidad constitucional. Véase: Hiriart Corvalán, Óscar, De los estados intersexuales,
Memoria de Prueba en Medicina, Universidad de Chile, Valparaíso, Chile, 1930. Para una indagación en las apropiaciones
del psicoanálisis en Chile en sus relaciones con la biología, y particularmente la endocrinología de Lipschütz y Eugen
Steinach, véase: Vetö, Silvana & Sánchez, Marcelo, “Sigmund Freud and Alejandro Lipschütz: Psychoanalysis and biology
between Europe and Chile”, History of the Human Sciences, vol. 30, n°1, 2017, p. 7-31.
92 Podemos agregar que probablemente la gran influencia del endocrinólogo español Gregorio Marañón (1887-1960), en

la medicina legal y criminología chilena durante las décadas de 1930 y 1940, pueda entenderse también como forma de
entroncamiento con las concepciones médicas más “duras” de las décadas anteriores. Para Marañón, la homosexualidad
tiene su causa en los aspectos endocrinos y cromosómicos del individuo, y se enraíza totalmente en el estado bisexual del

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De lo anterior pueden extraerse dos conclusiones preliminares. Por una parte, que las
prácticas neuro-psiquiátricas de la época no compartían los mismos referentes que las
médico-legales; por la otra, que no todo lo que se publicaba en artículos, prensa, libros, leyes
o reglamentos, pasaba necesariamente a las prácticas concretas de los actores involucrados en
la justicia de menores, o al menos, no siempre ocurría al mismo tiempo, sino muchas veces
con bastante retraso.
Las prácticas médico-legales descubiertas en los expedientes judiciales del Tribunal
Especial de Menores de Santiago apuntaban a la apropiación de un grupo de ideas, según las
cuales, la orientación sexual se podía verificar en ciertas zonas del cuerpo y se develaba a
partir de la presencia de signos corporales observables. Garafulic interrogaba por las prácticas
sexuales, pero además examinaba los cuerpos en busca de dichos signos, en la misma línea de
lo que escribía Puga Borne hacia fines del XIX, cuando seguía a Tardieu:
“Los signos locales casi nunca faltan. Difieren según los actos sean activos o pasivos. Si el
atentado es reciente i cometido por primera vez, se encuentran signos que varian según el
grado de violencia empleado, se observa rubor inflamatorio, escoriaciones i fisuras en el
ano, sensación de calor i peso en la misma rejion, dificultad en la marcha, señas que pueden
faltar completamente i que desaparecen en pocos días. (…)
En la mayor parte de los individuos entregados durante mucho tiempo a los actos de la
sodomía pasiva, se encuentra una deformación característica del ano; es una disposición
infundibuliforme análoga a la que se encuentra en la vulva de niñas mui jóvenes que han
sido víctimas de tentativas repetidas de violación. Es producida por la repulsión del ano
durante el acto contra natura i por la resistencia que opone el esfínter a la intromisión del
miembro viril”93.
Como señala Cornejo, uno de los primeros estudios médico-legales sistemáticos y
dedicados exclusivamente al tema de la homosexualidad en Chile, Estudio médico-legal sobre los
invertidos94 –publicado por Enrique Broghamer en el mismo año de aprobación de la ley de
protección de menores–, se basaba firmemente en dichos postulados, y proponía formas de
examinación que influyeron claramente en las prácticas implementadas por los médicos en la
Casa de Menores de Santiago: “La apariencia física, el uso de ciertas ropas, y sobre todo la
determinación del rol (activo-pasivo) dentro del coito homosexual a través del análisis de las
deformaciones producidas en el ano de los sujetos pasivos, (…) eran considerados los
elementos claves”95. Nos preguntamos, sin embargo, para el caso de los niños y jóvenes

organismo, el cual depende en última instancia de los testículos y los ovarios. Véase: Marañón, Gregorio, “La
homosexualidad como estado intersexual”, Revista Médica de Chile, vol. 57, 1929, p. 413-443.
93 Puga Borne, F., Compendio de medicina legal, Op. Cit., p. 90.
94 Broghamer, Enrique, Estudio médico-legal sobre los invertidos, Santiago, Memoria de Prueba en Ciencias Jurídicas y Sociales,

Universidad de Chile, Santiago, Chile, 1928.


95 Cornejo, J. R., “Configuración de la homosexualidad medicalizada”, Op. Cit., p. 116.

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examinados en la Casa de Menores de Santiago: ¿claves para qué? No se trataba de elementos


clave para determinar un delito ni perseguir a un criminal por violación, abuso o sodomía,
sino para identificar y caracterizar las prácticas sexuales de los menores delincuentes, o
aquellos llamados “pre-delincuentes”, cuyas conductas y situaciones de vida hacían
pronosticar que, de no mediar intervención estatal, caerían en la delincuencia96.
Una segunda tesis médico-legal dedicada específicamente a la temática, titulada
Homosexualidad. Estudio médico-legal y social de la inversión, escrita por Leonardo Phillips en
193797, revelaba la persistencia de perspectivas que ponían en primer plano el reconocimiento
de signos corporales. Phillips proponía tres pasos: primero, las “Indagaciones preliminares”,
que recuerdan la sospecha y suspicacia de Garafulic y de Gabler, pues se habla de desconfiar
de simulaciones, exageraciones y chantaje; segundo, el “Reconocimiento de la víctima”,
donde aparecían desde las vestimentas y la gestualidad, hasta la forma del pene y del ano, así
como también las funciones y otras características del ano, el esfínter, señales de ulceración o
heridas en los testículos, nalgas, muslos, así como en la boca, los labios y los dientes; tercero,
el “Reconocimiento del acusado”, donde se buscaban también los signos corporales en el
pene y el ano, pero además se incluía el “Estado mental”, aludiendo a distintas categorías
nosológicas, como hermafroditismo, depravación, histeria, degeneración (refiriendo
directamente a Magnan), a “estigmas físicos”, como detenciones, excesos o anomalías del
desarrollo, así como a demencias, obsesiones o manías98. Como escribe Conejeros, el cuerpo
era tomado “con la mayor prolijidad posible, y [puesto] a la luz del ojo clínico para
diseccionar cada factor de estudio para dar cuenta o no de la presencia en el cuerpo de
huellas y fisuras que posibiliten un juicio sustentable anatómicamente”99.
Ahora bien, la noción de “inversión”, presente desde el título en ambas tesis médico-
legales, aparece también en algunos Informes Médicos revisados, y abre otra vía para indagar
y discutir algunos de los nudos que subtienden las prácticas médico-legales chilenas en el
contexto judicial de menores.
El concepto de “inversión” proviene del trabajo conjunto de Magnan y del famoso
neurólogo francés Jean-Martin Charcot (1825-1893), quienes, en 1882 publicaron un dossier
en la publicación periódica Archives de Neurologie [Archivos de neurología], titulado “Inversion
du sens génitale et autres perversions sexuelles” [Inversión del sentido genital y otras perversiones

96 Dado que el sistema de protección de menores no estaba pensado para castigar, sino para prevenir y reeducar, un
concepto clave que allí se utilizaba era el de “pre-delincuente”, equivalente al de “menor en situación irregular”, cuyas
situaciones de vida los volvían sujetos “peligrosos” y, en esa medida, potenciales delincuentes. Véase: Gajardo, S., Los
derechos del niño, Op. Cit.
97 Phillips, Leonardo, Homosexualidad. Estudio médico-legal y social de la inversión, Memoria de Prueba en Ciencias Jurídicas y

Sociales, Universidad de Chile, Imprenta de Dirección General de Prisiones, Santiago, 1937.


98 Phillips, L., Homosexualidad. Estudio médico-legal, Op. Cit., p. 244-247.
99 Conejeros, V., Cuerpo, significancia, subjetividad, Op. Cit.

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sexuales], donde enfatizaban “el papel de la herencia, la presencia de patología psiquiátrica


bien definida que motiva o complementa el acto perverso, etc.”100. Como indica Davidson, la
noción de “inversión del sentido genital” tiene una proveniencia híbrida, ya que retoma, por
una parte, los aportes del alienista francés Paul Moreau de Tours (1854-1908), quien hablaba
del “sentido genital” como un sexto sentido; por otra, los estudios del neurólogo y psiquiatra
alemán Carl Westphal (1833-1890), quien propuso el concepto de “conträre Sexualempfindung”
[sensación sexual contraria]; y finalmente, el concepto de “instinto sexual”, elaborado por
numerosos autores, como el psiquiatra alemán Wilhelm Griessinger (1817-1868) o el mismo
Krafft-Ebing. De acuerdo a Davidson, Magnan y Charcot utilizaron estos antecedentes, que
para entonces ya habían sido integrados al canon europeo, y tomaron la noción de “sentido
genital” como sinónimo de “instinto sexual”, poniendo así de relieve la idea de“inversión del
instinto sexual”101, que de allí en más se situó en el centro de la “obsesión del siglo XIX con
la perversión”102. Por otro lado, Magnan ligó además las perversiones con la degeneración
hereditaria, realizando de ese modo otro desplazamiento, que terminaría por situar la
“inversión del instinto sexual” del lado de una herencia degenerada, que sería transmitida
inevitablemente de generación en generación, abriendo el campo para todo tipo de
propuestas e intervenciones de carácter eugénico sobre homosexuales y otros perversos.
En el campo de los “instintos”, las perversiones sexuales, entre ellas la homosexualidad,
quedaban definidas no sólo como enfermedades naturales103, sino también funcionales, es
decir, no ligadas a una región específica del cuerpo o de la corteza cerebral. Este instinto, que
además, siguiendo nuevamente a Davidson, parecía no necesitar mayor discusión –al menos
hasta Freud, que en 1905 publica Tres ensayos de teoría sexual, poniendo en tela de juicio toda
esa trama discursiva104–, era descrito por los autores en analogía con el instinto de
supervivencia o de preservación, quedando así vinculado a un “apetito”, es decir, a una
función natural, cuya manifestación “normal” era, según Krafft-Ebing, la “perpetuación de la

100 Huertas, R., “El concepto de „perversión‟ ”, Op. Cit., p. 95.


101 Davidson, A. I., The Emergence of Sexuality, Op. Cit., p. 11-14.
102 Davidson, A. I., The Emergence of Sexuality, Op. Cit., p. 12.
103 Davidson, A. I., The Emergence of Sexuality, Op. Cit., p. 14. [Traducción libre del inglés]
104 Freud critica que la sexualidad humana pueda y deba ser concebida a partir de la noción de instinto, e introduce los

conceptos de pulsión [Trieb, en alemán] y de libido, para precisar aquello que se encuentra a la base del deseo y el placer
sexual en el ser humano, muy alejado de las determinaciones hereditarias y estereotipadas del instinto, donde las formas,
vías y objetos del “apetito” se encuentran predeterminados por propósitos biológicos filogenéticos, como la preservación
de la especie y la supervivencia. Véase: Freud, Sigmund, “Tres ensayos de teoría sexual (1905)” en Obras completas, vol.
VII, Amorrortu, Buenos Aires, 2008, p. 109-221. Si bien Tres ensayos de teoría sexual es un texto temprano de Freud, que en
su primera versión fue un poco menos tajante que lo aquí sugerido, se trata de un texto que fue re-editado innumerables
veces y en todas ellas intervenidas por el autor, alejándose cada vez más de una posición ambigua acerca del rol de la
constitución en la determinación de la sexualidad. Véanse también sus textos posteriores, como: “Pulsiones y destinos de
pulsión(1915)” en Obras completas, vol. XIV, Amorrortu, Buenos Aires, 1998, p. 105-139; y “Más allá del principio de
placer (1920), en Obras completas, Vol. XVIII, Amorrortu Editores, Buenos Aires, 1998, p. 1-61.

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especie”105. De este modo, todo aquello que no se correspondía con este propósito natural, el
cual ponía en el centro la heterosexualidad reproductiva, podía ser definido como perversión
del instinto sexual.
Como hemos tenido ocasión de subrayar, desde la puesta en marcha del Ministerio de
Higiene y de sus políticas, en 1925, y desde las primeras campañas de lucha antivenérea, la
sexualidad “normal” de los chilenos y chilenas comenzó a aparecer como algo que debía ser
reforzado, preservado y protegido, como fuente de defensa y fortalecimiento de la raza. En
ese contexto, la homosexualidad debía ser identificada y prevenida, o bien, si ya se
encontraba instalada, controlada o aislada, evitando así su supuesta propagación. Aunque, de
acuerdo con los principios de ley de protección de menores, un menor diagnosticado
como“homosexual” no debía ser castigado, sí debía ser especialmente tratado, apuntando al
uso social –“sublimado”, en la terminología psicoanalítica del Juez Gajardo– de sus impulsos
homosexuales “antisociales” y, en los casos más extremos, como sostenía Gabler, separado
del resto de los menores para evitar su influencia perniciosa sobre ellos.
En tal sentido, cuando Garafulic inquiría por detalles de las relaciones homoeróticas,
particularmente si fueron voluntarias o forzadas, activas o pasivas, lo que despuntaba era su
intención de averiguar si se trataba de algo que surgía de la voluntad del menor o no, y si se
traducía o no en un forzamiento de otros, es decir, en cometer sobre otro menor un acto que
pudiera inducirlo a la homosexualidad. Se concebía entonces que, en ciertos casos, la
homosexualidad podía ser “contagiosa”, es decir, no sólo producirse por motivos
hereditarios, sino también por influencia del ambiente.
En un texto de 1935, Samuel Gajardo explicaba que, si bien la sexualidad existía desde la
primera infancia y “surge de elementos naturales”, la conducta sexual adulta “resulta de la
combinación de elementos innatos y [de] las influencias educativas del ambiente”106. Las
perversiones sexuales, entre ellas la homosexualidad, no debían ser entendidas, según él,
como un “estigma degenerativo”, sino como “el extravío natural de la conducta infantil, que
requiere la prudente orientación”107. En tal sentido, Gajardo y muchos otros, a pesar de las
prácticas médicas efectivamente realizadas en la Casa de Menores de Santiago, se inclinaban
mucho más por la importancia del ambiente que de la herencia, al menos en cuanto aquel
podía favorecer, o bien frenar, el desarrollo de una predisposición constitucional.
Los extravíos de la sexualidad formaban parte de lo que constituía, de acuerdo a la Ley de
Protección de Menores, la “situación irregular”, la cual indicaba la necesidad de que un
menor fuese protegido por el Estado, a través del Tribunal y sus instituciones. De acuerdo a

105 Krafft-Ebing, Richard V., Psychopatia Sexualis, p. 52-53, citado en Davidson, A. I., The Emergence of Sexuality, Op. Cit.,
p.15.
106 Gajardo, Samuel, “Pedagogía sexual”, Boletín de la Dirección General de Protección de Menores, año III, n°7, 1935, p. 699.
107 Gajardo, S., “Pedagogía sexual”, Op. Cit., p. 700.

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Lea-Plaza, se consideraba “irregular a todo menor cuyo desarrollo físico, intelectual y moral
no puede efectuarse armónicamente a consecuencia de diversos factores de orden social o
biológico”108, y determinar si se trataba de algo adquirido o constitucional, resultaba, por
ende, fundamental para evaluar las posibilidades de corregir y reeducar. Dentro de las
consecuencias o “cuadros sindromáticos” de la irregularidad, Lea-Plaza identificaba el mundo
de las “perturbaciones psico-sexuales, vicios y malos hábitos”, ámbito en el cual se ubicaba la
homosexualidad. Para él, sin embargo, este tipo de perturbaciones solo constituían una
alternativa entre otras posibles, y el diagnóstico de re-educabilidad por él propuesto dependía,
en última instancia, de una mezcla de todos los factores que podían ser evaluados en la
Sección de Observación. Esos factores incluían: “las condiciones hereditarias y las
condiciones orgánicas, en primer término”; las “condiciones psicológicas” después; y “los
hábitos adquiridos a través de la vida”109, en último lugar.
Comentando la discusión acerca de la despenalización de la sodomía en Chile, Gabler
señalaba:
“(…) aún cuando desaparezca legalmente la sodomía como hecho punible, no debemos
olvidar que social y moralmente tiene una gran trascendencia, y en este sentido hay que
luchar sin descanso por conseguir que coja solamente a aquellos que nacieron tarados y que
es inútil conseguir procedan de otro modo”110.
Sin embargo, remarcaba que esos casos eran mínimos, y que en la mayor parte, por el
contrario, la educación tenía un papel importantísimo: “(…) la educación y el conocimiento
de los principios morales puede reducir el número de anormales a los que, por condiciones
naturales, no pueden ser de otra manera”111. Así, en los casos de desviación que resultaban de
las condiciones de vida, se trataba de reeducar el instinto sexual, de hacerlo pasar por las vías
“regulares”, “normales”, es decir, instruirlo en una heterosexualidad reproductiva y limitada
al matrimonio.
Lamentablemente, los expedientes judiciales con los que contamos para este estudio, no
entregan información relativa a la tarea emprendida en la reeducación del instinto sexual en
aquellos casos en que el médico consideraba que podía tratarse de un aspecto “enderezable”.
Si tomamos en consideración las decisiones tomadas por el Juez en relación con el destino de
los menores evaluados médicamente por Garafulic en la Casa de Menores de Santiago, no
parecía haber en ellas gran injerencia del aspecto sexual, ni específicamente de la

108 Lea-Plaza, Hugo, “Observación y clasificación de los menores irregulares y las bases para su reeducación”, Segunda
Conferencia Interamericana de Educación, Tomo II. Temas oficiales, Imprenta Universidad de Chile, Santiago, 1934, p. 493.
109 Lea-Plaza, Hugo, “La reeducabilidad de los menores”, Boletín de la Dirección General de Protección de Menores, año I, n°2,

1929, p. 79.
110 Gabler, E., “El problema sexual”, Op. Cit., p. 265-266.
111 Gabler, E., “El problema sexual”, Op. Cit., p. 267.

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homosexualidad112. De hecho, dichas evaluaciones, como algunas otras, parecen no haber


cumplido otra función más que el beneficio de inventario, de archivo, y de estudio de las
particularidades de los niños y jóvenes chilenos que fueron objeto del sistema de protección
de menores en el periodo.

Conclusiones
Los expedientes del Tribunal Especial de Menores de Santiago, particularmente aquellos
que contienen Informes Médicos de la Sección de Observación y Clasificación de la Casa de
Menores de Santiago, permiten indagar en algunas prácticas de examinación, vigilancia y
control de la sexualidad de los menores, desplegadas por el saber médico-legal. Se distinguen
particularmente las prácticas de identificación de rasgos corporales en la elaboración de
diagnósticos de homosexualidad, de pronósticos y de entrega de elementos indicativos, por
los médicos, y destinadas al Juez que debía tomar las decisiones pertinentes en cada caso.
Como se señalaba al comienzo de este artículo, los cuerpos de estos niños y jóvenes
parecían traicionar muchas veces sus palabras. Los métodos de la ciencia médica producían, a
partir de estos cuerpos, una verdad que era asumida como confiable, segura y objetiva, no
maleable y engañosa, como la de sus confesiones. Los Informes Médicos revisados nos
permiten también acceder a las descripciones concretas respecto de la infancia “normal” y
“anormal”, a los métodos que se utilizaban para evaluarla, a los criterios y nosologías con que
llevaban a cabo sus diagnósticos, a sus terminologías, y también a sus prejuicios, algunas
veces disfrazados con los velos de la semántica médica. Muestran además un complejo tejido
de aspectos morales, sociales y biológicos que se consideraban relevantes para estudiar a los
niños y jóvenes calificados como “irregulares”; es decir, para identificar las causas de sus
conductas y para imaginar y proyectar, a partir de ellas, las modalidades y lugares posibles de
corrección y reeducación, decididas posteriormente por el Juez.
A pesar de estas bondades, los expedientes judiciales tienen también una serie de
limitaciones. No permiten indagar en las prácticas concretas de disciplinamiento (o
reeducación) sexual, ni tampoco en los destinos de los niños y jóvenes catalogados por el
saber médico-legal como homosexuales, invertidos, pervertidos, u otras categorías de la
época referidas a su sexualidad. Volviendo, por ejemplo, al caso con el que comenzamos,
la única noticia que tenemos del menor luego de las evaluaciones de los expertos, es que
el Juez ordena que sea internado en el Politécnico por tiempo indefinido, el cual no puede

112 Entre los ejemplos que otorgaba Lea-Plaza en su texto recién citado, uno de ellos identificaba el “hábito” de
“homosexualidad ocasional”, y se trataba de un caso que diagnosticaba con un “grado de reeducabilidad suficiente”.
Tanto en este caso, como en aquellos revisados en los expedientes, la homosexualidad, como sea que se la diagnosticara
(poliocasional, ocasional, forzada, voluntaria, pasiva, activa, etc.), no parecía tener un lugar preponderante en el
pronóstico otorgado al Juez.

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cesar antes de que cumpla 20 años. Pero no sabemos si durante ese tiempo se fugó –
como hacían muchos niños y jóvenes en esa época, con relativa facilidad–, o si fue
trasladado posteriormente a otras instituciones, o si estuvo allí hasta los 20 años, ni qué
sucedió con él después.
Muy probablemente, las formas de disciplinamiento sexual, y en particular de la
homosexualidad masculina, puedan ser investigadas a partir de los archivos de instituciones
como reformatorios, casas de menores, el Politécnico, entre otras, además de algunas
memorias existentes sobre ex internos, o de historia oral que aun sea accesible para nosotros.
Pero, por el momento, no hemos podido encontrar mayores indicios acerca de ello.
Otra de las limitaciones de las fuentes judiciales dice relación con el aspecto técnico y
escueto ya mencionado, el cual reenvía a otras fuentes que permiten dar profundidad teórica
a las nomenclaturas y prácticas utilizadas en el mundo judicial, que muchas veces se presenta
gris y protocolar. El rastreo de las terminologías presentes en los informes médicos
elaborados por Garafulic nos ha permitido, en este caso, dar cuenta de los nudos teórico-
epistemológicos que subtendieron la examinación médica de la homosexualidad, en el
contexto de la justicia especial de menores en Santiago de Chile entre 1929 y 1942. A partir
de ello establecimos que hubo dos líneas de influencia sumamente relevantes en la medicina-
legal de menores. Por una parte, la influencia de la medicina-legal francesa elaborada por
Tardieu a mediados del siglo XIX, y difundida en Chile fundamentalmente a través de las
enseñanzas de Puga Borne, quien enfatizó la importancia de los signos visibles, las marcas y
la superficie del cuerpo para identificar la homosexualidad masculina. Por la otra parte, las
perspectivas heredo-degeneracionistas desarrolladas por Magnan y los otros autores
mencionados, como Krafft-Ebing, quienes ponían el acento en el problema del instinto y su
“inversión”, alejándolo de su propósito “natural”, el cual sería la reproducción. Las tesis
médico-legales de Broghamer y de Phillips permiten dar cuenta de esta influencia, así como
también las tesis de medicina de Caro, Necochea Illanes, Merino Reyes o Hiriart Corvalán,
referidas total o parcialmente al tema de la homosexualidad, pero que introducían a la vez
aspectos más complejos. Estos últimos abren vías para indagar aquello que no aparece
suficientemente desarrollado en los informes médicos aquí revisados, y que son los
diagnósticos psiquiátricos vinculados a la homosexualidad.
Para precisar lo anterior, creemos que es necesario distinguir dos grandes momentos en la
indagación disciplinar de la homosexualidad en Chile: primero, un momento de exclusiva
criminalización, bajo la categoría de sodomía, donde los menores no aparecían más que como
víctimas pasivas sin demasiado valor judicial. Segundo, uno de paulatina y relativa
medicalización (sin abandonar la criminalización hasta mucho tiempo después), que se inició
a fines del XIX, y que debe subdividirse también en al menos dos momentos. Uno de ellos
dice relación con la preponderancia de la perspectiva médico-legal y de sub-disciplinas

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médicas, como la urología y la endocrinología, que ponían en primer plano los signos visibles
del cuerpo, la biología y la herencia; y el otro, con la criminología y sub-disciplinas como la
neuropsiquiatría y la psiquiatría (distinguidas a mediados de la década de 1920 en Chile), que
introducían –sin eliminar la importancia del cuerpo, lo biológico y la herencia– la importancia
del ambiente y lo social.
El desarrollo más sostenido de la criminología, hacia la década de 1930, implicó tanto un
tránsito y una inclinación de la balanza medicalizante hacia la psiquiatría como la
incorporación de perspectivas que daban mayor importancia al ambiente y lo social. Con ello,
se avanzó hacia la prevención y el protagonismo de la infancia, como hacía el Juez Samuel
Gajardo en su rol de profesor del área en la Escuela de Ciencias Jurídicas y Sociales de la
Universidad de Chile. No obstante, las fuentes aquí investigadas –incluso los expedientes de
fines de la década del treinta y comienzos de los cuarenta–, muestran, en la práctica llevada a
cabo casi exclusivamente por Garafulic en la Casa de Menores de Santiago en el periodo
investigado, que las perspectivas más médico-legales que criminológicas, es decir más
hereditaristas que ambientalistas, pervivieron e insistieron, a pesar de los haces de aparición
de otras corrientes.

Fuentes
Inéditas
Archivo Judicial de Santiago, Chile, Expedientes del Tribunal Especial de Menores de Santiago, 1929-
1942,
-Legajo A, Expediente 80001.
-Legajo A, Expediente 80811.
-Legajo G, Expediente 2979.
-Legajo L, Expediente 17493.
-Legajo L, Expediente 29627.
-Legajo L, Expediente 79645.
-Legajo M, Expediente 22410.
-Legajo M, Expediente 23826.
-Legajo M, Expediente 31308.
-Legajo Q, Expediente 79645.
-Legajo Q, Expediente 91965.
Reglamento Interno de la Casa de Menores de Santiago, julio de 1932.
Publicadas
Decreto n°2531, Ministerio de Justicia, 24 de diciembre de 1928.
Ley n°4447 de Protección de menores, Ministerio de Justicia, 5 de octubre de 1928.
“La Sección Femenina de la Casa de Menores”, Boletín de la Dirección General de Protección de Menores,
Santiago, año I, n° 3, 1930.

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