El primer artículo con el que se abre la Declaración Universal de Derechos Humanos, dice: "Todos
los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón
y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". ¿Suena bonito, no es
cierto? Pero es poco o nada consecuente con la realidad. Y es que entre tales palabras y la
realidad hay un abismo muy grande. ¿Y qué causa esa gran brecha? Pues por mencionar algunas:
1-RACISMO(creer que una raza es superior) 2-SEXISMO (creer que un sexo es superior)
3- CLASISIMO (creer que una clase social es superior) 4- XENOFOBIA (Creer que sé es superior a
un extranjero)
Todas estas son diferentes ramas que conducen al mismo tronco que se llama PARCIALIDAD. Es
como si se tratara de Bloques de legos que al armarlos formaran la palabra PARCIALIDAD, cuya
palabra en su muy remoto origen significaba "Ser aceptador de rostros".
En contraparte la palabra IMPARCIALIDAD al ser un antónimo, o lo contrario significa "no ser un
aceptador de rostros", es decir no fijarse y juzgar por lo superficial, lo subjetivo. (Para no caer en
favoritismos.) El Perspicacia I, dice que la imparcialidad es la cualidad de obrar sin prejuicio o
favoritismo.
Después de esta necesaria definición e introducción a esta palabra. Veremos como la naturaleza y
la sustancia de esta cualidad descansa y reposa plenamente en Jehová. Y lo haremos mediante un
relato narrado en Números 27 y mientras se ubican ahí pediré sean tan amables de
ponernos la primera imagen y que la mantengan por un momento.
Los versículos 1,2 nos sirven como epígrafe de esta imagen, prácticamente dice que las hijas de
Zelofehad se presentaron ante Moisés, el sacerdote Eleazar, los jefes y todo el pueblo a la
entrada de la tienda de reunión y ahí las vemos… Tranquilamente pudo haber dicho "ciertas" hijas
de Zelofehad", pero no, para Jehová fue importante que los 5 nombres personales quedarán
escritos. A saber Mahlá, Noá, Hoglá, Milcá y Tirzá. Y por la expresión facial de sus rostros, salta a
la vista que algo les pasa, y no necesitamos adivinar ellas mismas no lo cuentan en el verso
3“Nuestro padre murió en el desierto, pero no estaba con el grupo que se unió en contra de
Jehová, los que apoyaron a Coré. Él murió por su propio pecado y no tuvo hijos varones.
Estaban de duelo, luto, sufriendo la muerte de su padre ¿Y qué querían? El pésame de Moisés,
pues no necesariamente, el caso era otro y se lo externan en el siguiente verso. 4-
¿Por qué debe
desaparecer de su familia el nombre de nuestro padre solo por no haber tenido un hijo? Danos
una propiedad entre los hermanos de nuestro padre”.
Estas mujeres aparte de huérfanas estaban desamparadas y es que la costumbre antigua decía que
la herencia pasaba a manos del hijo varón.
Una mujer dependía del varón (no era como ahora que la oportunidad laboral es paralela entre
hombre y mujer)
¿Qué hizo Moisés? Les dijo ‘’A ver, a ver, no tengo tiempo para atender estas huérfanas, o acaso
dijo ´´ ¿qué se creen estas mujeres, no se puede hacer ninguna excepción? “Pues NO, Moises no
tuvo Pre- juicio = es decir, no hizo un juicio previo. Más bien, dice el 5 Así que Moisés presentó
su caso delante de Jehová ¿Y cuál fue la respuesta?
6 Entonces Jehová le dijo esto a Moisés: 7 “Las hijas de Zelofehad tienen razón. Sin falta debes
darles una propiedad como herencia entre los hermanos de su padre y pasarles a ellas la
herencia de su padre ¿Cómo debieron sentirse esas mujeres cuando se enteraron que el Soberano
del Universo dijo: ‘’ Las hijas de Zelofehad tienen razón’’ Y no solo eso, de hecho, Jehová fue aún
más lejos. Hizo de la excepción una regla y del 8-11 ordenó que de ahí en adelante, ese decreto
divino ampararía a todas las israelitas que estuvieran en la misma situación Jos. 17:1-6).
hijo varón - su hija - hermanos - Tío - al pariente de sangre más
cercano
Este es solo uno de los muchos relatos bíblicos que demuestran una alentadora verdad: Jehová
trata imparcialmente a todos sus siervos (1 Sam. 16:1-13; Hech. 10:30-35, 44-48). Seguramente el
Salmista se inspiró en relatos como este cuando dijo: ‘’Padre de huérfanos y Viudas es Dios en su
Santa morada’’ (Sal. 68:5).
¿Qué le hace sentir que Jehová jamás cometerá una injusticia en nombre del favoritismo? Cómo
minimo debe motivarnos esforzarnos por imitarle. Y hablando de esto Volvamos a leer el título de
este discurso: ¡SEAMOS IMPARCIALES COMO JEHOVÁ! El ‘’seamos’’ es un imperativo, es decir,
una ordenanza, no tenemos opción!
La Atalaya, 15 de junio de 2013
16 ¿Cómo podemos imitar la imparcialidad de Jehová?. Claro, a todos nos gusta pensar que
somos imparciales y no tenemos prejuicios. Sin embargo, no siempre nos resulta fácil juzgarnos
con objetividad. Por eso, ¿cómo podríamos averiguar si tenemos la reputación de tratar a todos
por igual? Pues bien, cuando Jesús quiso saber lo que la gente opinaba sobre él, les preguntó a
amigos de confianza: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?” (Mat. 16:13, 14).
¿Por qué no hacer lo mismo y preguntarle a un amigo sincero si tenemos la fama de ser
imparciales?
El libro (Una mejor comprensión del prejuicio y la discriminación) dice: “Posiblemente, las
principales conclusiones extraídas de la investigación sobre el prejuicio sean estas:
1-ningún ser con capacidad de expresión y raciocinio está libre de albergar prejuicios,
2-hace falta reconocer el prejuicio y hacer un esfuerzo deliberado para combatirlo y,
3- con la debida motivación, se puede lograr
Y si ese amigo nos indicara que aún ve en nosotros algún rastro de parcialidad o prejuicio por
motivos raciales, sociales o económicos, ¿qué deberíamos hacer? Suplicarle a Jehová que nos
ayude a cambiar nuestra actitud para reflejar su imparcialidad más plenamente (Mat. 7:7; Col.
3:10, 11)
El favoritismo es un enemigo de la imparcialidad... Como los hnos de las imágenes debemos
divorciarnos de este.
ATALAYA JUN 2013
Podemos estar seguros de que cuando él nos mira desde el cielo, solo ve una raza: la raza humana.
Veamos a todos a través del lente imparcial de El prejuicio, la parcialidad y la discriminación
continúan plagando a la humanidad