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Reflexiones sobre el Salmo 22

Este documento resume el Salmo 22. Describe la humillación de Cristo en la primera parte y su exaltación en la última. Explica que este salmo ofrece una "radiografía" de la cruz, permitiendo al lector sentir lo que Cristo sintió allí. Detalla las palabras de Cristo en la cruz y cómo cumplieron profecías del salmo. Concluye describiendo el sufrimiento físico de Cristo y su soledad al ser abandonado por Dios al llevar nuestros pecados.

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Reflexiones sobre el Salmo 22

Este documento resume el Salmo 22. Describe la humillación de Cristo en la primera parte y su exaltación en la última. Explica que este salmo ofrece una "radiografía" de la cruz, permitiendo al lector sentir lo que Cristo sintió allí. Detalla las palabras de Cristo en la cruz y cómo cumplieron profecías del salmo. Concluye describiendo el sufrimiento físico de Cristo y su soledad al ser abandonado por Dios al llevar nuestros pecados.

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Salmos

Salmo 22
Programa No. 0650

Salmo 22

Continuamos hoy, amigo oyente, viajando por el libro de los Salmos y llegamos a este maravilloso
Salmo 22. Y en la primera sección encontramos la humillación de Cristo. En la última parte del Salmo
encontramos la exaltación de Cristo. Hemos dicho con anterioridad que este Salmo pone una
radiografía sobre la cruz de Cristo, de manera que no estamos leyendo los evangelios ahora, donde
usted tiene los hechos históricos presentados en cuanto a la crucifixión, sino que aquí en este Salmo
uno penetra a las mismas tinieblas y usted queda allí colgado de esa cruz, junto con Él, por decirlo así.
Usted puede observar las cosas como Él las observaba; usted puede sentir lo que Él sentía allí.

Este Salmo comienza con un lamento angustioso, y los últimos siete dichos del Señor Jesucristo se
encuentran en este Salmo, dados en forma verbatim, es decir, palabra por palabra; o bien, tenemos
los antecedentes de ellos, es decir, lo que Él dijo. Y aquí tenemos el clamor quejumbroso,
desesperado, de este Hombre abandonado, desamparado de Dios. En el primer versículo de este
Salmo 22, leemos:

1
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? (Sal. 22:1)

Lo que aquí tenemos en realidad es el sufrimiento humano del Señor Jesucristo y queremos poner
énfasis en esto, que éste es Su sufrimiento humano. Lo vemos colgado allí como un hombre, el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Escuche lo que dice el escritor de la epístola a los
Hebreos, allá en el capítulo 2, de esa epístola, versículo 9, dice: Pero vemos a aquel que fue hecho un
poco menor que los ángeles, a Jesús, – de paso tenemos que decir aquí que Él fue hecho un hombre,
porque nosotros somos un poco menores que los ángeles. Y ¿por qué? Bueno, escuche lo que dice el
texto: coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de
Dios gustase la muerte por todos. Él cargó con nuestros pecados en Su cuerpo en la cruz, para que
nosotros, muertos por nuestros pecados, pudiésemos vivir bajo justificación.

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Salmos
Salmo 22
Programa No. 0650

Ahora, como el Hombre Perfecto, Él aprendió a depender y descansar en Dios cuando anduvo en este
mundo. Él dijo: “Siempre hago las cosas que le agradan a Él”. Y en esa hora tan desesperada y
desesperanzada, Él fue abandonado por Dios. No tenía lugar alguno donde volverse. Él no podía ir a
Dios, Él no podía buscar ayuda en aquellos que lo miraban al pie de la cruz. Ellos lo estaban
crucificando. Y aquellos que eran sus amigos, aquellos que le amaban, estaban imposibilitados de
hacerlo. Ahora, ¿Por qué desamparó Dios a Cristo? Bueno, leamos el versículo 2, aquí dice:

2
Dios mío, clamo de día, y no respondes;

Y de noche, y no hay para mí reposo. (Sal. 22:2)

¿Qué es lo que estaba ocurriendo aquí? Él había sido desamparado por Dios, hemos dicho, y aun así
se nos dice aquí que al mismo tiempo Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, y el apóstol
Juan lo dice allá en el evangelio según San Juan, capítulo 16, versículo 32: He aquí la hora viene, y ha
venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque
el Padre está conmigo. O sea que, Dios estaba con Cristo reconciliando al mundo a Sí mismo. Note
ahora lo que estaba ocurriendo. Él fue hecho pecado por nosotros. Él era santo, inocente, puro, limpio,
separado del pecado.

Ahora, ese ¿por qué? no es un por qué de impaciencia, no es un por qué de desesperación; tampoco
es un por qué de dudas. Esa es mi clase de por qué. Yo le digo a veces al Señor: ¿Por qué? Y hay duda
en mi pregunta, y a veces hay impaciencia; otras veces hay desesperación. Aquí tenemos el lamento
humano de un intenso sufrimiento, agravado por la angustia de Su vida inocente y santa. Es el grito
agonizante y terrible de la soledad de Su pasión. Amigo oyente, Él estaba completamente solo con los
pecados del mundo. ¿Por qué? Bien, escuche lo que dice el versículo 3:

3
Pero tú eres santo,

Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. (Sal. 22:3)

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Salmos
Salmo 22
Programa No. 0650

Él era Santo; Dios es Santo. Y cuando Cristo fue hecho pecado, tenía allí que producirse una separación
y hubo entonces una bifurcación entre el Padre y el Hijo.

Usted ha notado lo que dice en el primer versículo: ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las
palabras de mi clamor? Quisiéramos que usted note eso, amigo oyente. Durante Su proceso, Él se
mantuvo en silencio: como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. O sea
que, Él permaneció en silencio, pero sobre la cruz Él grita como un animal herido, como un león, amigo
oyente. Era un grito dolorido, un lamento de angustia indecible, y ¿sabe amigo oyente? – ningún
escritor del evangelio lo puede describir. ¿Por qué? Algunos de ellos estuvieron allí y lo oyeron, pero
no creemos que ellos hayan podido describir algo así. Luego continuamos en este Salmo y leemos en
el versículo 4, del Salmo 22:

4
En ti esperaron nuestros padres;

Esperaron, y tú los libraste. (Sal. 22:4)

Y ellos eran pecadores. Pero ellos se habían refugiado en la misericordia de Dios. La muerte de Jesús
es diferente, como bien podemos ver. Y ahora se nos dice en el versículo 6:

6
Mas yo soy gusano, y no hombre;

Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. (Sal. 22:6)

¿Y qué fue lo que hicieron? Bien, notemos esto; versículos 7 al 8:

7
Todos los que me ven me escarnecen;

Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo:

8
Se encomendó a Jehová; líbrele él;

Sálvele, puesto que en él se complacía. (Sal. 22:7-8)

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Salmos
Salmo 22
Programa No. 0650

Esto llegó a cumplirse literalmente. ¿Y qué fue lo que Él dijo? ¿Cuál fue Su reacción a esto? Usted
puede darse cuenta que la víctima en la cruz comienza a notar a la multitud brutal, a esos
espectadores endurecidos que se mantienen al pie de la cruz; y ellos permanecieron en ese lugar. No
tendrían que haberse quedado. Luego que le colocaron en la cruz, tendrían que haber abandonado el
lugar, pero ellos se quedaron allí; lo ridiculizaron, y luego se sentaron y se pusieron a mirar cómo
moría.

Amigo oyente, uno no puede descender más bajo que eso. El veneno terrible y la vileza del corazón
humano se esparció en ese lugar como una cloaca abierta; como los dientes venenosos de una
serpiente. Pensamos que Saulo de Tarso se encontraba en ese lugar porque él se llama a sí mismo el
más grande de los pecadores. Y es allí donde estaban los pecadores más grandes, contemplando la
crucifixión de Cristo.

Pero, ¿Cuál fue la reacción de Jesús a todo esto? Escuche esto: Padre, perdónalos porque no saben lo
que hacen. Ahora, si Él no hubiera dicho eso, ellos hubieran cometido un pecado imperdonable. Él
contempla no sólo los ojos llenos de odio de los que rodean Su cruz, sino que también ve ojos llenos
de amor. Notemos lo que dice el versículo 8, mientras esta gente lo ponía en ridículo:

8
Se encomendó a Jehová; líbrele él;

Sálvele, puesto que en él se complacía. (Sal. 22:8)

Pero ahora Él ve a alguien más. Él ve a su madre; y en los versículos 9 y 10, leemos:

9
Pero tú eres el que me sacó del vientre;

El que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre.

10
Sobre ti fui echado desde antes de nacer;

Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios. (Sal. 22:9-10)

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Salmos
Salmo 22
Programa No. 0650

¿Qué fue lo que Él dijo desde la cruz? Mujer, he ahí tu hijo. Y usted recuerda que cuando tuvo lugar el
primer milagro del Señor, cuando comenzó Su ministerio, Su madre le había dicho: No tienen vino. Y
Él contestó: Aún no ha venido mi hora. Aclararemos esto más adelante pero, continuemos ahora. Tres
años después, colgado allí de una cruz, Él dice: Mujer, he ahí tu hijo. “Ahora ha llegado mi hora, dentro
de tres días resucitaré de la tumba y aclararé Tu nombre”. Y Él hizo eso. Este es un Salmo maravilloso,
admirable. Y al seguir leyendo vamos a tener que tocar los puntos más destacados. Leamos ahora el
versículo 13:

13
Abrieron sobre mí su boca

Como león rapaz y rugiente. (Sal. 22:13)

Ese león, creemos, es Roma; los gentiles estaban allí. Luego en el versículo 14 dice:

14
He sido derramado como aguas,

Y todos mis huesos se descoyuntaron;

Mi corazón fue como cera,

Derritiéndose en medio de mis entrañas. (Sal. 22:14)

¡Qué cuadro el que tenemos aquí! Este es un cuadro de la crucifixión, y es descrito mucho antes de
que llegara a ser una forma de ajusticiamiento público. En una crucifixión hay un exceso de
transpiración en la víctima; y se nos dice que su corazón se derritió en medio de Sus entrañas.
¿Recuerda usted lo que Juan dice en su relato de la crucifixión? Que cuando le clavaron la lanza al
costado, de allí salió sangre y agua. Pensamos que se puede decir, y sabemos que la ciencia médica y
que muchos médicos cristianos han explicado esto desde el punto de vista médico; pero desde
nuestro punto de vista, Él murió a causa de un corazón quebrantado. Juan, es quien tomó nota de
esto. Ahora en los versículos 15 y 16, de este Salmo 22, leemos:

15
Como un tiesto se secó mi vigor,

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Salmos
Salmo 22
Programa No. 0650

Y mi lengua se pegó a mi paladar,

Y me has puesto en el polvo de la muerte.

16
Porque perros me han rodeado;

Me ha cercado cuadrilla de malignos;

Horadaron mis manos y mis pies. (Sal. 22:15-16)

¿Quiénes son los perros? Esos son los gentiles. Me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis
manos y mis pies. Este es un cuadro de lo que uno ve en una crucifixión, allí es donde horadan o
perforan las manos y los pies. Y luego continuando con el versículo 17, leemos:

17
Contar puedo todos mis huesos;

Entre tanto, ellos me miran y me observan. (Sal. 22:17)

Amigo oyente, pensamos que esta fue la parte más humillante de Su sufrimiento. Él fue crucificado
desnudo, y es muy difícil para nosotros el comprender esto en esta era nuestra de desnudez y de
pornografía, cuando los hombres y las mujeres casi no tienen vergüenza en el presente, y donde la
desnudez de esta hora revela lo depravado que hemos llegado a ser. Usted sabe que un animal anda
por este mundo por lo menos con una piel que cubre su cuerpo; pero el hombre que ha sido hecho sin
esa clase de piel, sin algo con lo cual pueda cubrirse a sí mismo, hoy por lo general se está quitando la
ropa sin vergüenza alguna. Eso revela nuestra depravación. Nuestro Señor Jesucristo, opinamos fue
humillado grandemente en Su crucifixión, y por supuesto eso fue un gran sufrimiento para Él. Leamos
ahora los versículos 19 y 20, de este Salmo 22:

19
Mas tú, Jehová, no te alejes;

Fortaleza mía, apresúrate a socorrerme.

20
Libra de la espada mi alma,

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Salmo 22
Programa No. 0650

Del poder del perro mi vida. (Sal. 22:19-20)

¡Qué cuadro el que se presenta ante nosotros! Aquí es donde Él dice: Padre, en tus manos encomiendo
mi espíritu. Notemos ahora lo que dice el versículo 21, aquí tenemos un cuadro de la cruz:

21
Sálvame de la boca del león,

Y líbrame de los cuernos de los búfalos. (Sal. 22:21)

En algunas traducciones se dice en lugar de búfalo, unicornio. Creemos que esta última expresión es
correcta. El unicornio es un cuadro profético de la cruz romana. Se pensaba que el unicornio era un
animal mitológico; uno lo encuentra en la mitología griega, pero recientes investigaciones han
descubierto que existió un animal que tenía un solo cuerno; un animal de tamaño más pequeño que
un elefante, muy parecido al rinoceronte. Y usted sabe que hay muchos de ellos que sólo tienen un
cuerno, que son brutales, viciosos, asesinos. Opinamos que este cuadro de la cruz aquí, está
representado por este cuerno.

Usted sabe que hay dos palabras que se traducen por la palabra cruz, y nosotros pensamos siempre
de la cruz como un madero vertical cruzado en la parte superior por uno más pequeño horizontal.
Pero usted encontrará que en la Palabra de Dios hay dos palabras que se traducen como cruz, y
ninguna de ellas quiere decir un poste vertical con uno horizontal en la parte superior. Por ejemplo,
allá en el evangelio según San Mateo, capítulo 27, versículo 40, leemos: Tú que derribas el templo, y en
tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. Ahora, ¿qué palabra
es esa? Esa palabra es “stauros”. Eso no quiere decir lo que hoy pensamos de una cruz, y es la misma
palabra que el apóstol Pablo usó cuando dijo: Porque la palabra de la cruz es locura a los que se
pierden. Pensamos que eso era nada más que un poste colocado en posición vertical; no creemos que
el gobierno romano se haya tomado el tiempo para hacer cruces bonitas, como las que uno puede
apreciar en algunos edificios en la actualidad. No creemos que hayan hecho eso para nada. Pensamos
que era nada más que un poste clavado en la tierra, y allí fue donde lo clavaron a Él.

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Salmos
Salmo 22
Programa No. 0650

Ahora, la otra palabra que se utiliza es “zullah” y eso simplemente quiere decir un pedazo de madera.
Se le llamaba un “madero”, como dice en el libro de los Hechos de los apóstoles, capítulo 13, versículo
29; allí dice: Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo
pusieron en el sepulcro. Un madero así no tiene la forma de una cruz, es simplemente un árbol tropical,
eso es todo. Esa cruz se convirtió en realidad en el árbol de vida. Y usted recuerda el árbol de vida del
jardín del Edén. De alguna forma fue quitado de allí, pero ahora aquí está. Si usted quiere vida hoy,
tiene que acercarse a Él. Tenemos ahora un cambio radical, completo en este Salmo, una verdadera
bifurcación. Teníamos los sufrimientos de Cristo, ahora tenemos la gloria que debe seguir. Notemos
lo que dicen los versículos 22 y 23, de este Salmo 22:

22
Anunciaré tu nombre a mis hermanos;

En medio de la congregación te alabaré.

23
Los que teméis a Jehová, alabadle;

Glorificadle, descendencia toda de Jacob,

Y temedle vosotros, descendencia toda de Israel. (Sal. 22:22-23)

Usted se da cuenta, amigo oyente, que esta es la gloria que debe seguir. Y aquí dice: Anunciaré tu
nombre a mis hermanos. Esto es interesante. Simón Pedro el día en que él estaba pronunciando un
discurso dijo: porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.
Anunciaré tu nombre a mis hermanos. Note ahora que tenemos dos palabras más pronunciadas por
Jesucristo desde la cruz. Para señalarlas debemos avanzar un poco y leer los versículos 25 y 26:

25
De ti será mi alabanza en la gran congregación;

Mis votos pagaré delante de los que le temen.

26
Comerán los humildes, y serán saciados;

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Salmos
Salmo 22
Programa No. 0650

Alabarán a Jehová los que le buscan;

Vivirá vuestro corazón para siempre. (Sal. 22:25-26)

Aquí tenemos una de estas palabras. ¿Cuál es? El ladrón en la cruz dijo: Señor, acuérdate de mí cuando
vinieres en tu reino. Y el Señor había dicho: mis votos pagaré delante de los que le temen. Comerán los
humildes y serán saciados. Ese pobre ladrón en la cruz encuentra que Cristo pagará Sus votos. Él había
dicho a Jesús: Acuérdate de mí. Y el Señor le respondió: hoy estarás conmigo en el paraíso. Ahora
miremos el último versículo de este Salmo 22. Versículo 31:

31
Vendrán, y anunciarán su justicia;

A pueblo no nacido aún, anunciarán que él hizo esto. (Sal. 22:31)

Esa es la razón por la cual usted y yo le hemos oído hoy, ¿que Él ha hecho esto? Sí. ¿Cuáles fueron Sus
últimas palabras? Consumado es. Y es esto. Él ha hecho esto, Él ha finalizado la redención; fue
presentada al mundo hace más de 2000 años, y Él hizo todo eso en la cruz; todo lo que era necesario
para su salvación y la mía, amigo oyente. Y el punto principal es esa cruz y las seis horas que Él pasó
sobre ella. Él dice: Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del
Hombre sea levantado. Así que en esa cruz, en esas últimas tres horas, en las tinieblas, había luz
espiritual. Él pagó allí por su pecado y por el mío, amigo oyente, sobre esa cruz.

Amigo oyente, las últimas tres horas son de suma importancia para usted y para mí, porque fue en
esas últimas tres horas que la cruz se convirtió en un altar de Dios, donde el Cordero de Dios que quita
el pecado del mundo fue inmolado. Él fue herido de Dios y abatido. Dios lo trató a Él como debe tratar
a cualquier pecador, porque Él tomó mi pecado allí; Él pagó el castigo por el pecado, y por fe yo me
puedo apropiar de eso porque Él dijo: que como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así sería Él
levantado también. Para que todo aquel que en él cree, y ese todo aquel incluye mi nombre, e incluye
el suyo también, amigo oyente, y el de todos los que nos están escuchando en este momento. Quiere

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Salmo 22
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decir que usted también está incluido, pero también quiere decir que usted tiene que lograr eso por
fe, al confiar en Él como su Salvador, Aquel que murió por usted en la cruz del calvario.

Y con esto llegamos al final de este Salmo que es verdaderamente hermoso, maravilloso. En nuestro
próximo programa vamos a observar otro gran Salmo, el Salmo 23, el pasaje más conocido de toda la
Biblia. Pero usted, amigo oyente, no podría tener el Salmo 23 sin este Salmo 22. Eso indica lo
importante que es el Salmo 22.

Y aquí nos detenemos amigo oyente, porque nuestro tiempo ha llegado a su final por el día de hoy.
Retornaremos en nuestro próximo programa y esperamos contar con su siempre fiel y amable
sintonía. Hasta entonces, pues, amigo oyente, ¡que la fortaleza del Señor sea con usted en todo
instante es nuestra ferviente oración!

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