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Escuela Inglesa: Klein vs. Anna Freud

La Escuela Inglesa del psicoanálisis se originó en Inglaterra y se centró en el trabajo de Melanie Klein con niños. Klein argumentó que se podían analizar niños pequeños y explorar su complejo de Edipo a través del juego simbólico en lugar de la asociación libre. Esto la puso en desacuerdo con Anna Freud, quien creía que los niños no estaban listos para un análisis completo y que el analista debía adoptar un rol educativo. Klein también sostuvo que el superyó se desar
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Escuela Inglesa: Klein vs. Anna Freud

La Escuela Inglesa del psicoanálisis se originó en Inglaterra y se centró en el trabajo de Melanie Klein con niños. Klein argumentó que se podían analizar niños pequeños y explorar su complejo de Edipo a través del juego simbólico en lugar de la asociación libre. Esto la puso en desacuerdo con Anna Freud, quien creía que los niños no estaban listos para un análisis completo y que el analista debía adoptar un rol educativo. Klein también sostuvo que el superyó se desar
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Introducción a la Escuela Inglesa

Nace en Inglaterra, y es una de las perspectivas del psicoanálisis porque trabaja la escritura freudiana. Se dice de es-
tos autores (Abraham, Jones), que no leyeron toda la obra de Freud, sino que llegaron sólo hasta “Más allá del princi-
pio de placer”. Al ser autores contemporáneos entre sí, se daban debates y discusiones entre ellos.

Klein se destaca dentro de los autores de su época, entre otros motivos, debido a que Freud, en una de sus últimas
conferencias, la menciona tanto a ella como a Anna, sin nombrarlas. Dice que va a dejar a “las mujeres” una parte del
psicoanálisis. Una de ellas es la pedagogía y lo cognoscitivo, la cual se la deja a su hija, mientras que el psicoanálisis
con niños se lo deja a Klein.

Si bien Lacan y Klein tienen diferencias, Lacan le reconoce que, a pesar de su teoría, es la primera analista que se
dedica a los niños y logra hacerlo con muy buenos efectos. Con respecto a la relación entre Klein y Anna F., ambas
se enfrentan en diferentes congresos, y no se llevan para nada bien. Mientras que para Klein el juego es algo central
en los niños porque reemplaza a la asociación libre, Anna F. no lo incluye en sus terapias. La crítica que hace Lacan
a Klein es que, tanto en su teoría como en su clínica, acentúa el eje Imaginario, la relación del yo con su imagen, no
reconociendo el registro de lo Simbólico, y sobre todo el Real.

Simposium sobre análisis infantil – M. Klein

Comienza haciendo una breve referencia a Freud y Hug-Hellmuth. De Freud, toma su estudio sobre la “fobia de un ni -
ño de cinco años” (caso Juanito), tomando sobre toda la presencia y evolución del complejo de Edipo en los niños y
las formas que opera en ellos; postulando que el análisis reemplaza la represión por la condensación. Con respecto a
Hug-Hellmuth, plantea que fue la primera en emprender el análisis de niños, pero que tiene ciertos preconceptos que
no abandona. Entre estos se encuentra el hecho de que desaprueba analizar niños muy pequeños (se contenta con
éxitos parciales), evita penetrar en el complejo de Edipo y determina la posición del analista como educadora.

En 1921, Klein, llega a conclusiones distintas, “es perfectamente posible, e incluso saludable explorar el complejo de
Edipo posibilita obtener resultados parecidos o iguales al análisis de adultos. También sostiene que es innecesaria
una función educadora del analista (incluso ambas cosas son incompatibles).

En su crítica a Anna Freud, destaca que ella tampoco accede a trabajar con el complejo de Edipo y que, de alguna
manera encauza, su tarea desde una posición educadora. Anna sostiene que al analizar niños, se puede descubrir
menos el primer período de la vida, que cuando analizamos adultos. Klein, contrariamente, sostiene que si se em -
prende el análisis de niños con la mente abierta, se pueden descubrir caminos y medios para explorar las profundida -
des más recónditas. Critica a Anna Freud, en los siguientes puntos:

1) Supone que no se puede establecer la situación analítica con los niños, (no se debe explorar minuciosamen-
te el complejo de Edipo).

2) Encuentra inadecuado o discutible el análisis puro del niño, sin intervención pedagógica.

Si sucede que el niño no produce el material en análisis por medio de la palabra, se incorporan entonces otros recur -
sos como: el dibujo, el relato de fantasías, etc. De esta manera, el niño traerá muchas fantasías, entendiendo que lo
que nos relata es simbólico. A. Freud realiza una crítica a esta técnica de juego, ya que pone en duda la justifica-
ción en suponer que el contenido simbólico del juego del niño sea su móvil principal; y que se pueda consi -
derar el juego del niño como equivalente de las asociaciones verbales de los adultos. Los juguetes que utiliza
Klein, el papel, las tijeras, pelotas, cuerdas y sobre todo agua, están a disposición del niño para que los use si quiere,
y la finalidad es ganar acceso a su fantasía y liberarla. Sostiene que en el análisis de niños, al igual que en los adul-
tos, se detectan resistencias, en general a través de la angustia. La representación por medio de juguetes, en rea-
lidad la representación simbólica en general, al estar en cierto punto alejada de la persona misma del sujeto,
está menos investida de angustia que la confesión por la palabra hablada. Sólo interpretando y por tanto alivian-
do la angustia del niño, ganaremos acceso a su inconsciente y lograremos que fantasee.

Si se utiliza la técnica del juego, se accede al complejo de Edipo, y a partir de ahí, el análisis no tiene límites. Lo que
se plantea entonces es si en el análisis de niño se debe llegar tan profundo. Anna Freud dice que los niños, no esta -
ban capacitados como los adultos para comenzar una nueva edición de sus relaciones de amor, porque sus objetos
de amor originales, los padres todavía existen como objetos en la realidad. A lo cual opone Klein, que el niño está
alejado post complejo de Edipo, por la represión y por los sentimientos de culpa de los objetos que originalmente de -
seaba, sus relaciones con ellos sufrieron transformaciones y distorsiones por lo que los objetos amorosos actuales
son ahora imagos de los objetos originales.

Con respecto a la transferencia, Anna F. sostiene que el análisis con niños es diferente al de los adultos. Plantea que
la transferencia positiva es una condición necesaria para el análisis y la transferencia negativa es indeseable. En
cambio, Klein sostiene que no existe tal diferencia entre niños y adultos, a la vez que trabaja con ambas transferen -
cias, tanto la positiva como la negativa. Anna F. considera que los niños son diferentes a los adultos y hace surgir en
el análisis dos cuestiones: la angustia de castración y el sentimiento de culpa. Esto lo hace para provocar que el niño
se apegue a ella, mientras que Klein los registra al servicio del trabajo analítico desde el comienzo, al tiempo que cri -
tica a Anna F. por no resolverlos suficientemente. El análisis no es en sí mismo un método suave, asegura Klein, no
puede ahorrarle al paciente ningún sufrimiento, y esto se aplica también a los niños (de hecho ahorra al paciente un
sufrimiento posterior y más fatal).

También se presenta una diferencia entre ambas autoras en cuanto al complejo de Edipo. Anna F. no analiza el com-
plejo de Edipo, ya que no debería intervenir entre el niño y sus padres. Sin embargo, para Klein, el complejo de Edipo
es una cuestión nuclear en la neurosis. Además, el análisis de los sentimientos negativos de un niño hacia sus pa-
dres, no arruinará la relación entre ellos, sino lo opuesto.

En lo que respecta al superyó, Anna F. sostiene que es un heredero del complejo de Edipo, en identificación al super-
yó de los modelos parentales. También cita un ejemplo que da cuenta de la debilidad y dependencia de la exigencia
del ideal del yo en los niños, en el cual un niño que tenía un impulso incontrolable a robar, descubrió que lo que lo in -
fluía era el temor a su padre. Así, toma este ejemplo como prueba de que el padre, que realmente existía, podía toda -
vía ser reemplazado por el superyó. Klein establece que el complejo de Edipo se forma por la frustración produ-
cida por el destete, es decir al final del primer año de vida y que el superyó también se supone en esta etapa .
Cree que este superyó es sumamente resistente, inalterable en su núcleo y que no es esencialmente diferen -
te al de los adultos. El superyó se aproxima estrechamente al del adulto y no está influido radicalmente por el
desarrollo posterior como lo está el yo.

Klein, se puede explicar el hecho asombroso de que en niños de 3, 4 o 5 años, descubramos un superyó de
una severidad que se encuentra en la más tajante contradicción con los objetos de amor reales, los padres.
El conflicto entre el yo y el superyó muestra que el superyó es de una fantástica severidad. Basada en la co -
nocida formula que prevalece en el inconsciente, el niño espera en razón de sus propios impulsos canibalísti -
cos y sádicos, castigos tales como castración, ser cortado en pedazos, devorado, etc. Y vive perpetuamente
aterrado por ello.

Ana F. considera que el superyó de los niños es demasiado inmaduro y dependiente de su objeto.

Klein por el contrario, expone el caso de un niño de cuatro años, cuyo sufrimiento por la presión de un superyó cas -
trador y canibalístico, en absoluto contraste con sus padres buenos y cariñosos, permitió descubrir en él identificacio-
nes que correspondían más estrechamente a sus verdaderos padres aunque de ninguna manera eran idénticas a
ellos. El niño llamaba a estas figuras buenas “mama y papa hadas”, y a la analista cuando su actitud era positiva la
llamaba “mama hada”, mientras que cuando operaba la transferencia negativa esta era la madre mala, de la que es -
peraba todo lo malo que fantaseaba. Cuando la analista jugaba a ser la mama hada, podía satisfacer todos los de -
seos, los cuales, por ejemplo, eran traer como regalo un objeto que representara el pene del padre para cortarlo y co -
merlo. Cuando en cambio era el papa mágico, debían hacer lo mismo con la madre. En el análisis de este niño, sólo
cuando el complejo de Edipo fue explorado, se pudo reconocer la estructura completa y diferentes partes del superyó
del niño. Mostró las reacciones de culpa con una ética de nivel elevado, condenaba todo lo que consideraba malo o
feo de manera que aunque apropiada para el yo de un niño, era análogo al funcionamiento del superyó de un adulto
con un alto nivel ético.

Anna F. cree que el desarrollo del superyó, con formaciones reactivas y recuerdos encubridores, tiene lugar
en el período de latencia. Según Klein esto ocurriría antes, ya que dice que cuando el complejo de Edipo hace
surgir estos mecanismos, estos ya están establecidos y son sólo activados. También sostiene que para capa -
citar a los niños en el control de sus impulsos, la evolución edípica debe ser desnudada analíticamente tanto
como sea posible y los sentimientos de odio y culpa que resulten deben ser investigados hasta sus mismos
comienzos.

En cuanto al abordaje clínico, Anna F. tiene un abordaje pedagógico y su función es educadora. Pone restricciones al
análisis y trabaja con niños desde el período de latencia. Por parte de Klein, su abordaje es analítico, y su función es
de psicoanalista. Emprende el análisis como una investigación sin prejuicios y trabaja con niños desde los dos años.
Mientras que la intervención clínica de Anna F. es la palabra, en el sentido de lo educativo, para Klein lo es el juego y
el complejo de Edipo, para poder ganar acceso a la fantasía y liberarla.

POSTCRIPTUM 1947:

Anna F. reforma su teoría, comienza a trabajar con niños de menor edad. Coincide con Klein en que es posible un
análisis con recursos analíticos desde el comienzo. Sin embargo, siguen teniendo diferencias; mientras que Anna F.
pone el acento principalmente en el análisis de las defensas, Klein les atribuye gran significación desde el comienzo
del análisis, e insiste en que son indispensables para analizar las resistencias.

Estadios tempranos del conflicto Edípico – M. Klein

En primer lugar, Klein denomina al complejo de Edipo de Freud: Conflicto Edípico, y lo colocara como consecuencia
de la frustración que el niño experimenta con el destete, haciendo su aparición al final del primer año de vida y
principios del segundo. Es reforzado por las frustraciones anales sufridas durante el aprendizaje de hábitos higiénico
y por la diferencia anatómica de los sexos. Así también plantea que el comienzo de los deseos edípicos se conectan
con el miedo a la castración y los sentimientos de culpa.

El sentimiento de culpa asociado a las fijaciones pregenitales es efecto directo del conflicto edípico. A su vez, este
sentimiento es en realidad el resultado de la introyección de los objetos de amor edípicos, es decir que el sentimiento
de culpa es el producto de la formación del superyó. La estructura del superyó se origina en identificaciones de
diferentes períodos, estratos y resultan ser sorpresivamente contradictorias (excesiva bondad y severidad). En estas
contradicciones se puede comprender la severidad del superyó que se manifiesta especialmente en análisis
infantiles. En un niño de alrededor de un año, la ansiedad que causa el conflicto edípico toma la forma de temor a ser
devorado y destruido, ya que es el mismo niño quien desea destruir su objeto libidinal mordiéndolo, devorándolo y
cortándolo. Esto provoca angustia por un supuesto castigo que corresponda a ese ataque. El superyó se transforma
así, en algo que muerda, devora y corta.

La importancia en la conexión entre la formación del superyó y las fases pregenitales del desarrollo puede
considerarse desde dos puntos de vista. Por un lado el sentimiento de culpa se vincula a las fases oral – sádica y
anal – sádica, aún predominantes; y por otro lado, el superyó aparece cuando predominan estas fases, lo que explica
su sádica severidad. Es por esto que el yo, sólo podrá defenderse de un superyó tan amenazador por medio de una
represión; debido a que las tendencias edípicas en un momento sólo se expresan bajo la forma de impulsos orales y
anales.

El niño se encuentra en la etapa sádico-anal de la libido, esto le va a impulsar a desear apropiarse de los contenidos
del cuerpo, así comienza a tener curiosidad por qué es lo que contiene dicho cuerpo, cómo es, etc. De esta manera
el instinto epistemofílico y el deseo de tomar posesión, se conectan entre sí y a su vez con el sentimiento de culpa
provocado por el conflicto edípico. Estas tres conexiones van a anunciar una identificación precoz con la madre, dan -
do así comienzo a la fase femenina que posee una conexión con la fase anterior sádico-anal.

Pasaremos entonces a explicar de qué forma se da en cada sexo:

EN EL NIÑO

El segundo trauma grave, va a reforzar la tendencia a alejarse de la madre, quien en primer término había frustrado
sus deseos orales (con el destete), y ahora interfiere en sus placeres anales. Las frustraciones anales van a provocar
que las tendencias anales se unan a las tendencias sádicas, generando odio por las tempranas frustraciones, el niño
desea las heces de la madre, quiere tomar posesión penetrando su cuerpo cortándolo en pedazos, destruyéndolo y
devorándolo. El niño va a tomar a su madre como objeto de amor, guiado por sus tendencias genitales, pero sus ten -
dencias pregenitales y el miedo a la castración por parte de su padre, van a impedir que la tomen como tal.

La fase femenina que posee sus bases en la fase sádico-anal, va a darle a este nivel una nueva identificación, las he -
ces serán equiparadas con el hijo anhelado. En esta fase, los deseos de robar a la madre, se dirigirán tanto al niño
como a las heces. Nos vamos a encontrar con dos fines combinados; 1) el deseo de tener hijos y la intención de
apropiarse de ellos, y 2) los celos de los futuros hermanos y hermanas. Las tendencias que el niño posee de robar y
destruir se encuentran ligadas a la envidia por la falta del órgano especial para la concepción y el embarazo. Esta
fase femenina que se da en el niño, se va a caracterizar por la ansiedad hacia el vientre de la madre y el pene del pa-
dre. El niño va a estar sometido a una tiranía de un superyó que devora, desmembra y castra.

Este superyó se encuentra formado por la introyección del objeto formado por la imagen del padre y la madre, que se
transforma en alguien de quien se espera un castigo debido a sus deseos de destrucción. En el desarrollo del niño,
dentro de la fase femenina, se da una lucha entre la posición genital y pregenital de la libido, el poder alcanzar la po -
sición genital va a depender de que logre resolver de forma favorable la fase femenina.

EN LA NIÑA

Debido al destete y la frustración anal, se aleja de la madre. Este desplazamiento comienza con las primeras mani-
festaciones de los impulsos genitales y, a su vez .el fin oral de los genitales, ejerce una influencia determinante para
que la niña se vuelva hacia el padre.

La formación del superyó femenino va a estar dado por los celos y odio hacia la madre, dando a lugar la formación de
un superyó cruel, extraído del imago materna. El superyó que se desarrolla en esta etapa por una identificación pater -
na puede ser también amenazante y causar ansiedad, pero nunca alcanza las mismas proporciones que con las que
derivan de la identificación materna.

El complejo de castración femenino, hará que los sentimientos de culpa que poseen, originados por el intento de des -
truir el cuerpo de la madre, sean la consecuencia de estas tendencias destructivas que habían dirigido contra el cuer -
po de la madre y contra los niños en su vientre. Consideraran que serán castigadas mediante la destrucción de sus
propios órganos relacionados con la función de maternidad. Esto dará lugar a una intensa ansiedad de las niñas por
su femineidad como análoga al temor a la castración del niño.

Tanto el niño como la niña cuando tienen un superyó materno poseen identificaciones primitivas, tanto crueles como
bondadosas, por ejemplo la mujer puede ser celosa o dar su vida por un fin ético o social. Los estadios tempranos del
conflicto edípico están dominados por las fases pregenitales del desarrollo, más que por la fase genital. En aquellos
momentos el conflicto edípico comienza a ser activo. Al principio está muy oculto, y sólo más tarde, entre los tres y
cinco años, se torna más claramente reconocible. A esa edad, el complejo de Edipo y la formación del superyó alcan-
zan a su punto culminante.

El hecho de que las tendencias edípicas comiencen tanto más temprano de lo que se suponía, tiene como conse -
cuencia que la presión del sentimiento de culpa recaiga en los niveles pre genitales, y su influencia sea determinante
en el desarrollo edípico por una parte, en la formación del superyó, por la otra y en consecuencia sobre la formación
del carácter, sexualidad y todo el resto del desarrollo del sujeto.

La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo - klein

El sadismo alcanza su punto culminante en la fase, que se inicia con el deseo oral-sádico de devorar el pecho de la
madre (o toda ella). En el período a que me refiero, el fin predominante en el sujeto es apoderarse del contenido del
cuerpo de la madre y destruirla con todas las armas que el sadismo tiene a su alcance. Esta fase constituye, al mismo
tiempo, la introducción del complejo de Edipo.

Mi planteo se apoya en el hecho de que el conflicto edípico comienza en un período en el que predomina el sadismo.
El niño espera que en el interior del cuerpo de su madre encontrará: a) el pene del padre; b) excrementos y c) niños,
y homologa todas estas cosas con sustancias comestibles. De este modo, los ataques sádicos del niño tienen por ob -
jeto a ambos padres a la vez, a quienes muerde, despedaza o tritura en sus fantasías. Esos ataques despiertan angus -
tia porque el niño teme ser castigado por los padres unidos, y esta angustia también es internalizada a consecuencia
de la introyección oral-sádica de los objetos y así se dirige ya hacia el superyó temprano.
En los ataques fantaseados contra el cuerpo materno desempeñan un papel considerable el sadismo uretral y anal,
que se agrega muy pronto al sadismo oral y el muscular. En la fantasía, los excrementos son transformados en armas
peligrosas: orinar es para el niño lo mismo que lastimar, herir, quemar, ahogar, mientras que las materias fecales son
homologadas con armas y proyectiles.

La primera defensa impuesta por el yo está en relación con dos fuentes de peligro: el propio sadismo del sujeto y el
objeto que es atacado.

De este modo, el íntegro yo no desarrollado se encuentra ante la tarea de dominar la angustia más intensa. Junto al
interés libidinal, es la angustia que surge en la fase descrita la que pone en marcha el mecanismo de identificación.
Entonces el simbolismo no sólo constituye el fundamento de toda fantasía y sublimación, sino que sobre él se cons -
truye también la relación del sujeto con el mundo exterior y con la realidad en general. Las fantasías sádicas dirigi-
das contra el interior del cuerpo materno constituyen la relación primera y básica con el mundo exterior y con la rea -
lidad. Del grado de éxito con que el sujeto atraviesa esta fase, dependerá la medida en que pueda adquirir, luego, un
mundo externo que corresponda a la realidad.

El desarrollo del yo y la relación con la realidad dependerán del grado de capacidad del yo, en una etapa muy tem -
prana, para tolerar la presión de las primeras situaciones de angustia.

Este caso, es el de un niño de cuatro años que por la pobreza de su vocabulario y desarrollo intelectual estaba en el
nivel de un niño de 15 ó 18 meses. Faltaban casi completamente la adaptación a la realidad y relaciones emocionales
con su ambiente. Este niño, Dick, carecía de afecto y era indiferente a la presencia o ausencia de la madre o la niñe -
ra. Desde el principio, sólo rara vez había manifestado angustia. no tenía casi intereses, no jugaba y no tenía contac -
to con su medio. repetía constantemente ciertos ruidos. Con frecuencia hacía precisamente lo contrario de lo que se
esperaba de él. Cuando se lastimaba, demostraba gran insensibilidad al dolor y no experimentaba para nada el de -
seo universal en niños pequeños de ser consolado y mimado. Daré ahora algunos detalles de la historia previa de
Dick. Su lactancia había sido excepcionalmente insatisfactoria y perturbada porque durante varias semanas la madre
había insistido en una infructuosa tentativa de amamantarlo, y el niño había estado a punto de morir de inanición.
Se había recurrido entonces a la alimentación artificial. Por fin, cuando Dick tenía siete semanas, se le procuró una
nodriza, pero ya no pudo mejorar en sus mamadas. nunca se le prodigó verdadero amor; la actitud de la madre hacia
él había sido, de excesiva angustia.

Cuando tenía dos años de edad, tuvo una nueva niñera, hábil y afectuosa. Su niñera había descubierto que practica -
ba la masturbación y le había dicho que eso era "malvado" y que no debía hacerlo. Esta prohibición dio origen indu -
dablemente, a temores y sentimientos de culpa. Había en el yo de Dick una incapacidad completa, para tolerar la an -
gustia. El yo había cesado el desarrollo de su vida de fantasía y su relación con la realidad. Pero le interesaban los
trenes y las estaciones, y también las puertas, los picaportes y abrir y cerrar puertas. El interés hacia esos objetos y
acciones tenía un origen común: se relacionaba en realidad con la penetración del pene en el cuerpo materno.

Las defensas contra los impulsos sádicos dirigidos contra el cuerpo materno y sus contenidos -impulsos relacionados
con fantasías de coito habían tenido por consecuencia el cese de las fantasías y la detención de la formación de sím -
bolos. Pero en Dick el simbolismo no se había desarrollado. Esto se debía en parte a la falta de relación de afecto
con las cosas de su ambiente.

El análisis tuvo, pues, que comenzar con esto, el obstáculo fundamental para establecer un contacto con él. Tomé
entonces un tren grande, lo coloqué junto a uno más pequeño y los designé como "Tren papito" y "Tren Dick". En -
tonces él tomó el tren que yo había llamado Dick, lo hizo rodar hasta la ventana y dijo: "Estación". Expliqué: "La esta -
ción es mamita; Dick está entrando en mamita". Dejó entonces el tren, fue corriendo hacia el espacio formado por
las puertas exterior e interior del cuarto y se encerró en él diciendo: "oscuro", y volvió a salir corriendo. En la segun -
da entrevista Colocó allí el tren "Dick" e insistió en dejarlo allí.
Vemos que simultáneamente con la aparición de la angustia había surgido un sentimiento de dependencia, primero
hacia mí y luego hacia la niñera. Dick había descubierto el lavatorio, que simbolizaba el cuerpo de su madre, y mani -
festaba un extraordinario temor a mojarse con agua. La orina y las heces eran para él sustancias dañinas y peligro-
sas4. Se hizo evidente que en su fantasía las materias fecales, la orina y el pene eran los objetos con los cuales ataca-
ba el cuerpo de la madre, representando por consiguiente un peligro también para él mismo.

La fase genital había comenzado prematuramente. Esto se reveló con claridad en el hecho de que representaciones
del tipo de la que acabo de citar desencadenasen no sólo angustia, sino remordimiento, lástima y la sensación de
que tenía que reparar. La temprana actuación de las reacciones provenientes del plano genital era el resultado de un
desarrollo prematuro del yo; había conseguido inhibir el desarrollo ulterior del yo. En el análisis de Dick pude llegar
hasta su inconsciente a través de los rudimentos de vida de fantasía y de formaciones simbólicas que manifestaba. El
resultado obtenido fue una disminución de la angustia latente, de modo que cierto monto de angustia quedó mani -
fiesto. Luego transfirió su interés a cosas nuevas. Simultáneamente su vocabulario, porque había comenzado a de -
mostrar un interés cada vez mayor no sólo por las cosas en sí.

Junto con el aumento de intereses y el establecimiento de una transferencia cada vez más intensa hacia mí, había
aparecido la relación de objeto que hasta entonces faltaba. Durante estos meses su actitud hacia la madre y la niñe -
ra se ha tornado afectuosa y normal. Desea ahora su presencia, quiere que ellas le presten atención y se entristece
cuando lo dejan. También con su padre su relación muestra indicios cada vez más claros de una actitud edípica nor -
mal, y, en general, existe una relación mucho más firme con todos los objetos.

Al lograr por este medio acceso a su inconsciente, pude movilizar angustia y otros afectos. Las representaciones se
tornaron entonces más completas y pronto conseguí bases más sólidas para el análisis. En el análisis de este niño,
que era absolutamente incapaz de hacerse inteligible y cuyo yo no era accesible a ninguna influencia, lo único que se
podía hacer era tratar de llegar hasta su inconsciente, y disminuyendo las dificultades inconscientes, abrir camino
para el desarrollo del yo. En contra del diagnóstico de demencia precoz existe el hecho de que el rasgo fundamental
en el caso de Dick era una inhibición del desarrollo, y no una regresión.

En neuróticos: Los estadios tempranos del complejo de Edipo están dominados por el sadismo. Es sólo en los esta -
dios posteriores del conflicto edípico cuando aparece la defensa contra los impulsos libidinales. La primera defensa
erigida por el yo va dirigida contra el propio sadismo del sujeto y contra el objeto atacado. En el varón, esta podero -
sa defensa se dirige también contra su propio pene, como el órgano ejecutor de su sadismo.

En psicosis: Los puntos de fijación de la demencia precoz y de la paranoia deben buscarse en la etapa narcisista, los
de la demencia precoz precederán a los de la paranoia. Una excesiva y prematura defensa del yo contra el sadismo
impide el establecimiento de la relación con la realidad y el desarrollo de la vida de fantasía. La posesión y explora-
ción sadística del cuerpo materno y del mundo exterior quedan detenidas y esto produce la suspensión de la rela-
ción simbólica con cosas y objetos que representan el cuerpo de la madre. Este retraimiento forma la base de la falta
de afecto y angustia, es uno de los síntomas de la demencia precoz. La regresión iría directamente a la fase tempra -
na del desarrollo en que la apropiación y destrucción sádica del interior de la madre y el establecimiento de una rela -
ción con la realidad han sido impedidos o refrenados debido a la angustia.

Algunas conclusiones teóricas sobre la vida emocional del bebé – M. Klein

En la vida post-natal, el bebé experimenta ansiedad de fuentes internas y externas. La primera causa de ansiedad es
el nacimiento. Este marca las primeras relaciones con el mundo exterior. Es la pérdida del estado intrauterino, y se
siente como ataque de fuerzas hostiles, generando así la ansiedad persecutoria en el bebé. Así, esta ansiedad entra
en relación del bebé con los objetos, y es sentida en momentos de privación.

En las experiencias del lactante, ante la presencia o no de la madre, se inicia la primera relación de objeto. Dicha re-
lación con la madre es parcial, debido a que sólo se relaciona con el pecho de la misma. Las pulsiones oral-libidinales
y sádicas se dirigen a este pecho. Hay un inter-juego entre las pulsiones de vida y muerte, siendo que cuando ambas
están en equilibrio, es el estado en el que el bebé no siente el hambre. La alteración del equilibrio, genera agresión, y
esto causa lo que se llama voracidad, lo cual fortalece la frustración y así las pulsiones agresivas aumentan.

POSICIÓN ESQUZO-PARANOIDE

En la medida en que el pecho gratifica, el pecho amado, es sentido como bueno, pero cuando se priva, provoca frus -
tración y es sentido como malo. Esto anterior se debe a la falta de integración en el yo: es un yo escindido, donde el
pecho bueno y malo no es lo mismo para el bebé. A las experiencias de gratificación y frustración, se les debe ciertos
procesos endopsíquicos, que contribuyen a la doble relación (malo y bueno) con el objeto:

 Proyección

› El niño proyecta en el objeto sus pulsiones amorosas al pecho gratificador (bueno).


› El niño proyecta en el objeto sus pulsiones agresivas al pecho frustrador (malo).

 Introyección

› Al mismo tiempo, un pecho bueno y malo, se instalan en el interior del niño.

Como resultado, tanto el pecho bueno como el malo, llegan a ser prototipo de todos los objetos protectores y gratifi -
cadores (bueno) y frustradores (malo). La imagen que resulta del pecho malo en la mente del lactante, resulta de sus
propias pulsiones orales destructivas. Así, en sus fantasías destructivas, muerde y desgarra al pecho, lo devora y ani-
quila, y siente que el pecho hará lo mismo con él. Esta ansiedad persecutoria de ser atacado por el pecho, se contra -
rresta con la visión del pecho bueno, con la gratificación y el amor que este brinda. La relación con el pecho bueno, lo
ayuda a superar la añoranza del estado de completud perdido (intrauterino). Fortalece también la confianza en el pe -
cho bueno.

En estas etapas, las emociones del niño son muy poderosas: el objeto frustrador es visto como terrorífico, mientras
que el objeto gratificador es visto como ideal. Así se origina la idea de que hay un pecho perfecto. La necesidad de
ser protegido de los objetos perseguidores es lo que fomenta esta idealización, y así. Es un medio de defensa contra
la ansiedad.

Gratificación alucinatoria

El resultado de la idealización, es que la frustración y la ansiedad quedan suprimidas, ya que se recupera al pecho
bueno externo y se reactiva la sensación de tenerlo en el interior (lo posee). También se supone que el bebé alucina
el estado prenatal. Con el pecho inagotable, la voracidad queda momentáneamente satisfecha. En la alucinación se
ponen en juego varios mecanismos de defensas.

Control omnipotente

Es el control del objeto interno y externo y está ligado a los sentimientos de omnipotencia que prevalece en los prime-
ros estadios de la vida. El yo asume la posesión total de ambos pechos, externo e interno. El perseguidor, en la aluci-
nación, se mantiene separado del pecho ideal. Se consigue el alivio y gratificación de la ansiedad persecutoria. El
aniquilamiento del objeto persecutor está ligado al control omnipotente, en su forma extrema de idealización. Así, el
yo primitivo, activa otro mecanismo, que es el de aniquilamiento de un aspecto escindido en otros estados además de
la alucinación.

POSICIÓN DEPRESIVA

Cuando la ansiedad persecutoria, disminuye, la escisión es de menor alcance, así el yo es capaz de integrar los sen -
timientos al objeto. La síntesis del amor y pulsiones destructivas hacia el mismo objeto pecho, origina la ansiedad de-
presiva. Esto es generado por culpa y la necesidad de reparar el objeto bueno dañado. Durante los primeros meses
de vida, estos estados depresivos son de corta duración, debido a la inmadurez del yo, la fuerza de la ansiedad per-
secutoria, y por los procesos de escisión. Con el crecimiento, la capacidad de síntesis y la ansiedad depresiva se ha -
cen más duraderas y frecuentes. La libido llega a atenuar las pulsiones destructivas; esto lleva a una disminución de
la ansiedad y es el esperable desarrollo normal.

De parte de los estímulos externos, todo lo que estimula el temor a la persecución, refuerza los mecanismos esqui-
zoides (defenderse escindiendo), mientras que la experiencia positiva fortalece la confianza en el objeto bueno y con -
tribuye a la integración del yo y síntesis del objeto. El pecho bueno introyectado, da gratificación, y fortalece así la
capacidad de integración del yo. Este pecho bueno es auxiliador y benigno del superyó temprano, fortaleciendo la ca -
pacidad de amar del bebé y la confianza en sus objetos, exaltando la introyección de objetos. Es también, una forma
de reaseguramiento contra la ansiedad, ya que es representante de las pulsiones de vida.

La fuente principal de disturbios internos, son las pulsiones agresivas, que aumentan la voracidad y disminuyen la ca -
pacidad de tolerar la frustración. El pecho bueno se instala, cuando las pulsiones de vida predominan sobre las des-
tructivas. Sin embargo, los deseos sádicos orales, producen una y otra vez la sensación de que le pecho se haya
destruido por sus ataques.

Además de los factores externos para la frustración y gratificación, también están los constitucionales. La capacidad
del yo para tolerar la tensión y la ansiedad, y así tolerar la frustración es un factor constitucional. Esta mayor capaci -
dad depende del predominio de la libido sobre las pulsiones agresivas.

La hipótesis de Klein es que la libido oral, expresada en el mamar, capacita al lactante a introyectar el pecho como
objeto relativamente no destruido, pero esto no contradice la suposición de las pulsiones agresivas, como más poten -
tes en los estadios primitivos.

La proyección en las vicisitudes de la ansiedad persecutoria fantasías sádicas. Hay dos principales:

 Ataque sádico oral: está ligado a la voracidad y consiste en vaciar el cuerpo de la madre de lo bueno y desea-
ble.

 Ataque anal: consiste en llenar el cuerpo con sustancias malas y partes del yo escindidas y proyectadas en el
interior de la madre.

En estas fantasías el yo, a través de la proyección, se apodera del cuerpo de la madre y lo transforma en una exten -
sión de sí mismo. El objeto es así, representante del yo y esto da lugar a la identificación proyectiva, un mecanismo
de defensa que consiste en escindir partes del yo y depositarlas en el afuera.

PROCESO DE INTEGRACIÓN

La proyección de los sentimientos de amor, es la condición preliminar del hallazgo de un objeto bueno. La introyec-
ción de un objeto bueno estimula la proyección de sentimientos buenos hacia el exterior y esto, por reintroyección,
fortalece el sentimiento de un objeto bueno interno. Así el progreso de la integración depende de la predominancia
temporaria de las pulsiones de amor sobre las pulsiones destructivas. Así surgen las emociones de ansiedad depresi-
va y culpa, disminuye la persecutoria y la identificación con el objeto es más fuerte. El yo lucha por reparar el objeto e
inhibe las pulsiones agresivas hacia el objeto amado.

Con la creciente integración del yo, aumentan las experiencias de ansiedad depresiva. Así también, se desarrolla en
la mente el concepto de la madre como persona única y total, a partir de una relación con partes del cuerpo y de su
personalidad. La angustia depresiva y la culpa se centran en la madre como persona apareciendo la posición depre -
siva en primer plano.

Podemos sintetizar:

› La interacción entre proyección e introyección determina el desarrollo del yo


› La relación con el pecho bueno y malo determina la primera relación de objeto con el yo
› Las pulsiones destructivas y ansiedad persecutoria están en su apogeo
› El deseo de ilimitada gratificación hace que el bebé sienta que existe un pecho ideal y uno peligroso devora -
dor, separados
› Estos dos aspectos son introyectados formando el superyó

MECANISMOS DE DEFENSA

La escisión, la omnipotencia, la idealización, la negación y el control de los objetos internos y externos predominan en
este estadio. Estos primeros métodos de defensa son de naturaleza extrema, de acuerdo con la intensidad de las
emociones tempranas y la limitada capacidad del yo para tolerar la ansiedad aguda. Al mismo tiempo que estas de -
fensas, en cierto modo, obstruyen el camino de la integración, son esenciales para el total desarrollo del yo, porque
alivian una y otra vez las ansiedades del bebé.

La madre, ahora internalizada como tal, es sentida como dañada y el bebé busca repararla, sufriendo que puede ser
aniquilada, lo cual lleva a una mayor identificación con el objeto dañado. Esto fortalece el impulso a reparar y la inhi -
bición de las pulsiones agresivas. Así el yo utiliza las defensas maníacas, con el fin de neutralizar la ansiedad depre -
siva. Esto se adapta a la capacidad del yo, para aceptar la realidad psíquica. Así el yo mejora sus defensas, y sopor -
ta adecuadamente la ansiedad. De esta manera, cuando el bebé incorpora una realidad externa más tranquilizadora,
(entiende que el objeto no está dañado) mejora su mundo interno y por proyección mejora el exterior. Así, también
establece dentro de sí objetos totales e indemnes y producen mejoras en la organización del superyó.

La omnipotencia de recuperar al objeto dañado, decrece con el tiempo, ya que el bebé adquiere confianza a la vez en
sus objetos y sus capacidades de recuperación. De esta manera:

› Se establecen las bases del desarrollo normal


› Se desarrolla relaciones con los demás
› Disminuye ansiedad persecutoria
› Establecen firmemente objetos internos y externos; mayor seguridad
› Fortalecimiento y enriquecimiento del yo

Todos estos procesos llevan a una creciente adaptabilidad a la realidad externa e interna. El bebé adopta otra posi-
ción hacia la frustración, entiendo frustración del exterior y los peligros internos fantaseados, siendo el odio y agre -
sión, ahora más volcados a daños de frustración externa.

LUEGO DE LA POSICIÓN DEPRESIVA

Luego de los 3 y 6 meses, el bebé se enfrenta a la culpa y conflictos de la etapa depresiva. Esto esta determina por
cómo fue capaz de incorporar su objeto bueno, en el núcleo de su yo. Si es exitoso, pierden fuerza la ansiedad perse -
cutoria, los mecanismos esquizoides, y el yo introyecta así el objeto total pasando la etapa depresiva. Si no es así,
puede llevar a una regresión de etapas.

El superamiento de la etapa depresiva, tiene que ver con el duelo. Si lo supera favorablemente, el duelo del bebé le
permitirá establecer a la persona amada y perdida dentro de su yo. En la melancolía o duelo patológico esto fracasa.
Lo que permite el duelo es una vuelta a la realidad, para renovar los lazos con el mundo exterior y restablecer el mun -
do interno destruido.

DESARROLLO ULTERIOR Y MODIFICACIÓN DE LA ANSIEDAD

La neurosis infantil, se considera como la combinación de procesos de ansiedades de naturaleza psicótica, que son
ligadas, elaboradas y modificadas. Esta empieza en el primer año de vida y termina con la modificación de las ansie -
dades tempranas. Los aspectos del desarrollo contribuyen al proceso de modificación de la ansiedad, lo cual se ve
con el desarrollo de otros factores, como la actividad física, sublimaciones, mantener relaciones de objetos nuevas,
etc.

En resumen, las ansiedades persecutorias y depresivas, contribuyen fundamentalmente a crear los conflictos que
surgen en la situación edípica e influyen en el desarrollo libidinal. Dar y recibir gratificación libidinal alivia la ansiedad
y satisface la necesidad de reparar. Tan pronto como el bebé desplaza su interés hacia otros objetos distintos del pe -
cho, empieza el proceso de incremento de sublimaciones y relaciones de objeto. El amor, los deseos, y ansiedades,
son transferidos del primer objeto (la madre) a otros objetos, y se desarrollan intereses que sustituyen la relación con
el objeto primario.

1. Estadio primitivo (esquizo-paranoide): ansiedad contrarrestada por defensas extremas (escisión, omnipotencia,
negación).
2. Estadio depresivo; defensas sufren cambios por la capacidad para soportar la ansiedad.
3. Segundo año de vida: por el desarrollo del yo, éste utiliza su adaptación a la realidad externa y control de fun-
ciones corporales para poner a prueba los peligros internos, por medio de la realidad externa.

Envidia y gratitud – M. Klein

INTRODUCCIÓN

El objetivo de Klein es conocer la vida emocional del bebé, para interpretar la vida adulta y la salud emocional. El
modo de conocer, es mediante la observación. La personalidad se comprende únicamente conociendo la mente del
bebé. Es importante conocer la relación fundante del niño con el pecho y la madre, ya que el desarrollo satisfactorio
se da por introyección del pecho bueno.

EL CONCEPTO DE GRATITUD

La gratitud está directamente relacionada con la pulsión de vida, es un sentimiento derivado de la capacidad de amar,
como resultado de la elaboración de la posición depresiva. La capacidad de amar es innata y es independiente de las
vicisitudes del vínculo temprano con la madre, en tanto estructura la relación con el pecho bueno y la bondad subya -
cente.

La gratitud es el resultado de la internalización que realiza el bebé con respecto al pecho bueno. Este objeto bueno
primario, forma el núcleo del yo y contribuye a su crecimiento. Posee una facultad creadora, fundamenta la esperan -
za, la confianza y la creencia de la bondad en uno mismo y en los demás, lo cual le permite introyectar un mundo ex -
terno más propicio, y como consecuencia se crea una sensación de enriquecimiento. Para el bebé, cierta cantidad de
frustración, seguida de gratificación, es un estímulo para la adaptación al mundo externo y el desarrollo del sentido de
la realidad. Le da la sensación al bebé de que ha podido hacerle frente a la ansiedad. Los deseos incumplidos, impo -
sibles de resolver, enriquecen la personalidad y fortalecen el yo. El goce y gratitud mitigan los impulsos destructivos,
la envidia y voracidad.

El sentimiento de gratitud es la estructuración de la relación con el objeto bueno. Su raíz se halla en las emociones y
actitudes que surgen en épocas tempranas de la infancia, producto de la relación que el bebé mantiene con su ma -
dre, la cual varía en duración e intensidad. La felicidad del bebé al ser amamantado constituye la base de la gratifica -
ción sexual, además de toda la felicidad posterior, y fortalece la capacidad de desarrollar sentimientos de unidad con
otras personas. Esta unidad significa ser plenamente comprendido, hecho esencial en la constitución de relación du -
rante su vida adulta. La gratitud ligada a la generosidad, posee riqueza interna, derivado de la capacidad de haber
asimilado el objeto bueno, lo que le permite al individuo, ser capaz de compartir sus dones con los demás.

Por otro lado es necesario especificar que los sentimientos de gratitud, en algunas circunstancias, poseen distintas
fuentes que nada tienen que ver con la capacidad de amar. Pueden provenir, por ejemplo, del sentimiento de culpa,
producto de una relación insegura con su objeto primario, por lo que le es imposible tener sentimientos de gratitud ha -
cia él. En estos casos la ansiedad persecutoria aumenta y los cambios significativos de carácter se revelan como de -
terioro. Se produce un retorno regresivo a los mecanismos tempranos de disociación y desintegración.

Pero por otro lado, un niño que ha establecido al objeto bueno firmemente y en condiciones gratificantes, puede en-
contrar compensaciones para la pérdida y privaciones de la vida adulta, ya que ante todo, el sentimiento de gratitud
es un indicador de salud mental a la hora de analizar el psiquismo de las personas, ya que entrega factores protecto -
res necesarios, para la adaptación a los avatares de la vida.

EL CONCEPTO DE ENVIDIA
Klein afirma que la gratificación puede ser alterada tanto por fenómenos externos como internos. La envidia temprana
es considerada como uno de los factores internos que puede alterarla. Actúa desde el nacimiento e influye en las pri -
meras experiencias.

La envidia es la expresión oral-sádica y anal-sádica de impulsos destructivos, opera desde el comienzo de la vida y
tiene base constitucional. El primer objeto envidiado es el pecho nutricio. El bebé siente que éste posee todo lo que él
desea y que de él fluye ilimitadamente leche y amor para su propia gratificación. Este sentimiento se suma a la sen -
sación de agravio y odio, y da como resultado disturbios en la relación con la madre. Si la envidia es excesiva, los
rasgos paranoides y esquizoides son anormalmente fuertes y el niño puede ser considerado enfermo.

Se insiste en diferenciar tres conceptos que suelen confundirse y mal utilizarse en el lenguaje cotidiano:

› Envidia: es la más temprana de estas tres emociones. Es primitiva y fundamental. El sujeto envidia al objeto por
alguna posesión o cualidad. Se experimenta en función de objetos parciales, aunque ésta persista en relaciones
de objeto total. El objetivo es poseer las cualidades del objeto y está conectada con la proyección.

› Celos: se basan en el amor y su objetivo es poseer al objeto amado y separar al tercero que rivaliza. Los celos
implican que ya se reconoce y se diferencia con claridad a los objetos. Se da en relación a objetos totales.

› Voracidad: tiene por objetivo poseer todo lo bueno que pueda sacarse de ese objeto, sin pensar en las conse -
cuencias negativas. Es un deseo insaciable que excede lo que necesita el sujeto y lo que el objeto puede dar. La
voracidad es una manera de suprimir la fuente de envidia, ya que arruina todo lo bueno que hay en el objeto,
destruyéndolo. Está principalmente conectada con la introyección. En el nivel inconsciente, la finalidad primordial
de la voracidad es vaciar por completo, chupar hasta secar y devorar el pecho; es decir, su propósito es la intro -
yección destructiva.

Dijimos que la envidia actúa utilizando como mecanismo la proyección. Esto se explica en el hecho de que cuando
el bebé se siente lleno de ansiedad y maldad, y el pecho es la fuente de todo lo bueno, quiere por envidia estropear
el pecho proyectándole partes malas y dañinas de sí mismo. En su fantasía lo ataca escupiéndole, orinándole, defe -
cándole. En el sentido más profundo esto significa destruir su capacidad creadora. Este proceso, derivado de impul-
sos uretrales y anal-sádicos, ha sido definido como un aspecto destructivo de la identificación proyectiva que parte
desde el comienzo de la vida.

A medida que el bebé crece, continúan estos ataques, dirigidos ahora al cuerpo de la madre y a sus bebés, y a la re -
lación entre los padres. El resultado es que el objeto bueno queda convertido en hostil, crítico y envidioso. Es decir
que la envidia primaria es hacia el pecho de la madre y en sus formas posteriores se centraliza en la madre recibien-
do el pene del padre, teniendo bebés dentro de ella, dándolos a luz y siendo capaz de amamantarlos.

Se puede decir que la envidia es la primera externalización de la pulsión de muerte. Lo que sucede es que el placer,
la satisfacción que genera el pecho y el reconocimiento de esta fuente de vida, incrementa el amor al objeto y el de -
seo de poseerlo y protegerlo, pero al mismo tiempo, siente el deseo de ser él mismo la fuente de perfección. Así es
como experimenta sentimientos de envidia y la voluntad de arruinar las cualidades del objeto que le produce senti-
mientos penosos.

Existen relaciones entre la envidia y la culpa que puede sentir un sujeto. Una de las fuentes más profundas de la cul-
pa está siempre ligada a la envidia del pecho nutricio y al sentimiento de haber arruinado su bondad como conse -
cuencia de los ataques generados por la envidia. Si en la temprana infancia el objeto primario ha sido establecido con
relativa estabilidad, la culpa despertada por tales sentimientos puede ser enfrentada con mayor éxito, pues entonces
la envidia es transitoria y menos propensa a poner en peligro la relación con el objeto bueno.

Si esta culpa prematura es experimentada por el yo cuando aún no es capaz de soportarla, es entonces vivida como
persecución, y el objeto que la despierta se convierte en un perseguidor. Por consiguiente el bebé no puede elaborar
la ansiedad depresiva ni la persecutoria porque se confunden una con otra. Unos meses más tarde, al surgir la posi-
ción depresiva, el yo más integrado y fuerte tiene mayor capacidad de soportar el dolor de la culpa y desarrollar las
defensas correspondientes, sobre todo la tendencia a reparar. El hecho de que en la posición esquizo-paranoide la
culpa prematura incremente la persecución y la desintegración, trae como consecuencia el fracaso en la elaboración
de la posición depresiva.

Si la envidia temprana es muy intensa, interfiere con el funcionamiento normal de los mecanismos esquizoides y no
se puede mantener el proceso de escisión. Esto conduce a una confusión entre lo bueno y lo malo, que interfiere con
la escisión. Al no mantener la escisión y tampoco poder preservar un objeto ideal, quedan gravemente interferidas la
introyección del objeto ideal y la identificación con él. Como no se puede encontrar un objeto ideal, no hay esperanza
de recibir amor ni ayuda alguna. Los objetos destruidos son fuente de incesante persecución y posteriormente de cul -
pa. Al mismo tiempo, la falta de una buena introyección priva al yo de su capacidad de crecer y asimilar. Surge así un
círculo vicioso en el que la envidia impide una buena introyección y esto a su vez incrementa la envidia.

En cambio, si el desarrollo es normal, la envidia se integra más. La gratificación que produce el pecho estimula los
sentimientos de admiración, amor y la gratitud a la vez que la envidia. Estos sentimientos entran en conflicto en cuan -
to el yo comienza a integrarse y, si la envidia no es excesiva, la gratitud supera y calma la envidia. El pecho ideal, in -
troyectado, se hace parte del yo y el yo mismo se llena más de bondad. De este modo en un círculo positivo, a medi -
da que aumenta la gratificación, disminuye la envidia, lo que permite mayor gratificación, lo que estimula la disminu -
ción de envidia. Aun así, siempre subsisten sentimientos de envidia en relación con el primer objeto, pero debilitados.

DEFENSAS CONTRA LA ENVIDIA

Las ansiedades desde su iniciación no pueden ser halladas sin sus respectivas defensas. El yo emplea defensas
desde el comienzo de la vida postnatal. La mayor o menor capacidad del yo para soportar la ansiedad es un factor
constitucional que influye fuertemente en el desarrollo de las defensas. Si la capacidad para hacer frente a la ansie -
dad es inadecuada, el yo puede volver regresivamente a defensas apropiadas a su estadio, como resultado, la ansie-
dad persecutoria y los métodos para luchar contra ella pueden ser tan fuertes que menoscaban la posterior elabora-
ción de la posición depresiva. En el caso de los psicóticos, las defensas son de una naturaleza aparentemente impe-
netrable, que parecen imposibles de analizar.

Los distintos tipos de defensas contra la envidia que Klein ha hallado en el curso de su trabajo son:

› Omnipotencia, negación y disociación: son fuertemente reforzadas por la envidia.

› Idealización: no sólo sirve de defensa contra la persecución, sino también contra la envidia. Si no se logra la di-
sociación normal entre el objeto bueno y el malo, trae como resultado la disociación entre un objeto primario om -
nipotentemente idealizado y otro muy malo. La gran exaltación del objeto y de sus dones es un intento de dismi -
nuir la envida. Si la envidia es muy fuerte, es probable que tarde o temprano se vuelva contra el objeto idealiza -
do primario y las otras personas que en el curso del desarrollo irán a representarlo.

› Confusión: Cuando no tiene éxito la fundamental y normal disociación del amor y el odio, del objeto bueno y el
malo, puede surgir la confusión entre uno y otro objeto. Confundiéndose, se contrarresta hasta cierto punto la
persecución, así como la culpa por haber arruinado y atacado al objeto primario por medio de la envidia.

› Huida del lado de la madre: se huye hacia otras personas, admiradas e idealizadas a fin de evitar los sentimien-
tos hostiles hacia ese objeto más importante y envidiado (y por lo tanto odiado), el pecho, se convierte así en un
medio para preservarlo (lo cual también significa preservar a la madre). El segundo objeto de amor al que se
desvía es el padre. Si predominan la envidia y el odio, son transferidas al padre, hermanos y luego otras perso-
nas, fallando así el mecanismo de huida. Si la relación con objetos nuevos es un sustituto del amor hacia la ma -
dre y no una huida del odio hacia ella, esos objetos serán útiles y compensarán el inevitable sentimiento de pér-
dida que surge con la posición depresiva. Si se trata de huida del odio, no existirá base para mantener relacio-
nes estables de objeto, pues estarán influidas por la hostilidad hacia el objeto primitivo.

› Desvalorización del objeto: arruinar y desvalorizar se hallan en la esencia de la envidia. El objeto desvalorizado
ya no necesita ser envidiado. La rapidez con que el objeto idealizado pasa a ser desvalorizado depende de la
fuerza de la envidia. En algunas personas, este recurso permanece como característica de sus relaciones de ob -
jeto. La desvalorización de la propia persona, defensa de tipo más depresivo, refiere a la incapacidad de desa -
rrollar las propias dotes y emplearlas de modo satisfactorio. En el análisis, la desvalorización de la propia perso-
na despierta nuevamente envidia frente al analista, quien es percibido como superior, en virtud de que el pacien -
te se ha desvalorizado tanto.

› Voracidad: el pecho es internalizado en forma muy voraz, de modo que en la mente del niño quede por entero
como su posesión y sujeto al control, sintiendo que será suyo todo lo bueno que le atribuye al pecho. Esto es
empleado para contrarrestar la envidia. A través del violento deseo de posesión, el objeto bueno se transforma
en un perseguidor destruido, con lo que no se evitan suficientemente las consecuencias de la envidia.
› Despertar la envidia en otros: por medio del éxito, de los propios bienes y de la buena suerte, se invierte la situa -
ción en que es experimentada la envidia. Su ineficacia deriva de la ansiedad persecutoria que ocasiona. Las per -
sonas envidiosas son percibidas como los peores perseguidores. El deseo de provocar envidia en otras perso-
nas, particularmente en las amadas, y triunfar, crea culpa y miedo de dañarlas. La ansiedad despertada perjudi-
ca el goce de los propios bienes e incrementa nuevamente la envidia.

› Sofocar los sentimientos de amor con intensificación del odio: esta defensa es bastante común, porque esto es
menos doloroso que soportar la culpa producida por la combinación de amor, odio y envidia.

› Apartarse del contacto con otras personas: la necesidad de independencia es un fenómeno normal en el desa-
rrollo, que en este caso se ve reforzado para evitar la gratitud o culpa por la ingratitud y la envidia. En el análisis
se halla que inconscientemente esta independencia es completamente falsa, ya que el individuo permanece de-
pendiente de su objeto interno.

› Acting out: es empleado a fin de mantener la disociación. Es usada para evitar la integración, se convierte en
una defensa contra las ansiedades despertadas por la aceptación de la parte envidiosa de la personalidad.

La variedad de defensas contra la envidia es infinita. Cuando la envidia es fuerte, capaz de reaparecer en toda rela -
ción de objeto, las defensas contra ella parecen ser precarias. Cuando predominan los rasgos paranoides y esquizoi -
des, las defensas contra la envidia no pueden tener éxito, puesto que los ataques contra el sujeto llevan a un aumen-
to de la persecución que sólo puede ser manejada por un refuerzo de los impulsos destructivos. De este modo, se
crea un círculo vicioso que menoscaba la posibilidad de contrarrestar la envidia. Esto se aplica especialmente a la es-
quizofrenia, explicando hasta cierto punto las dificultades para su curación.

Las defensas forman parte de la reacción terapéutica negativa porque son un poderoso obstáculo a la capacidad de
admitir lo que el analista tiene que dar. Cuando el paciente es capaz de experimentar gratitud se encuentra en condi -
ciones más favorables para beneficiarse con el análisis y consolidar lo logrado. Cuanto más predominen los rasgos
depresivos sobre los esquizoides y paranoides, tanto mayores serán las perspectivas de cura.

DIFICULTADES QUE SE OPONEN AL PROGRESO DEL ANÁLISIS

Los sentimientos de competencia y envidia son familiares para la mayoría de las personas, pero sus implicaciones
más profundas y tempranas, experimentadas en la situación transferencial son extremadamente dolorosas y por lo
tanto difíciles de aceptar para el paciente. La resistencia que se halla al analizar los celos y hostilidad edípicos, aun-
que muy fuerte, no es tan intensa como la que encontramos al analizar la envidia y odio contra el pecho. Ayudar al
paciente a que atraviese esos conflictos y sufrimientos profundos es el medio más eficaz para fomentar su estabilidad
e integración. El análisis de esta relación temprana involucra la exploración de las relaciones posteriores y permite al
analista comprender la personalidad adulta del paciente.

El analista debe estar preparado para encontrar fluctuaciones entre mejorías y retrocesos. Las defensas permanecen
activas incluso cuando se produce un mayor percatamiento. Cada paso hacia la integración, y la ansiedad desperta -
da por esto, pueden llevar a la aparición de primitivas defensas con mayor fuerza o la aparición de defensas nuevas.

La incapacidad del paciente para aceptar con gratitud una interpretación a la que en alguna parte de su mente reco -
noce como útil, es un aspecto de la reacción terapéutica negativa. Aparecen también intensas ansiedades toda vez
que el paciente haga progresos en la integración de la parte envidiosa de la personalidad, la que odia y es odiada, y
otras partes de ella. Estas ansiedades incrementan la desconfianza respecto de sus impulsos amorosos.

En aquellas personas en quienes los tempranos procesos de disociación (ligados a rasgos esquizoides y paranoides)
son menos dominantes, la represión de los impulsos es más fuerte y por lo tanto nos hallamos frente al paciente de
tipo neurótico, el cual ha logrado superar en cierta extensión la disociación temprana y en quien la represión se ha
convertido en la principal defensa contra los trastornos emocionales.

Otro obstáculo para el análisis es la tenacidad con que el paciente se adhiere a una transferencia positiva fuerte, lo
que puede ser engañoso porque está basado en la idealización y encubre el odio y la envidia, que están disociados.
Como resultado de la integración, el paciente puede sentir que su yo puede ser arrollado, la parte ideal de su perso -
nalidad puede perderse al conocer la existencia de su parte disociada, destructiva y odiada. El analista, como repre -
sentante de un objeto bueno es amenazado con la destrucción. Esto contribuye a crear la fuerte resistencia que ha -
yamos al intentar deshacer la disociación y hacer progresos hacia la integración.
Otra situación acontece cuando las fantasías omnipotentes y megalomaníacas aumentan como defensa contra la in-
tegración. El paciente busca refugio en el refuerzo de sus proyecciones y actitudes hostiles, se cree superior al ana -
lista, al que desvaloriza y por lo tanto halla justificación para odiarle y desacredita lo logrado en el análisis.

Cuanto más fuertemente hayan sido disociados los impulsos envidiosos y destructivos, tanto más peligrosos son sen-
tidos cuando el paciente cobra conciencia de ellos. Por este motivo, en el análisis es necesario progresar lenta y gra -
dualmente hacia el percatamiento de las divisiones de la personalidad del paciente. Los aspectos destructivos son
una y otra vez disociados y recuperados hasta que se produce una mayor integración.

Cuando la sensación de responsabilidad se hace más fuerte y la culpa y la depresión son experimentadas con mayor
plenitud, el yo es fortalecido, la omnipotencia de los impulsos destructivos y la envidia disminuyen, lo que permite li -
berar la capacidad de amar y la gratitud sofocadas por el proceso de disociación. Por lo tanto, los aspectos disocia-
dos se vuelven gradualmente más aceptables y el paciente puede reprimir los impulsos destructivos hacia los objetos
amados en lugar de disociar su personalidad. Como consecuencia, la reacción terapéutica negativa pierde fuerza y el
analista halla más fácil ayudar al paciente.

Un yo débil lleva a un excesivo uso de defensas, como la negación, disociación y omnipotencia. Un yo constitucional-
mente fuerte no es fácil presa de la envidia y es menos propenso a esos procesos de disociación que llevan a la frag -
mentación y son parte de los rasgos paranoides marcados. Asimismo, las ansiedades tempranas a las que puede es -
tar expuesto un bebé, tendrán impacto proporcional a la fortaleza constitucional de los impulsos destructivos innatos y
las consiguientes ansiedades paranoides.

Realidad y juego – D. Winnicott

CAPÍTULO 1: OBJETOS TRANSICIONALES Y FENÓMENOS TRANSICIONALES

Los recién nacidos tienden a usar el puño, los dedos y los pulgares, para estimular la zona erógena oral, y así satisfa -
cer los instintos de ella. También se sabe que al cabo de unos meses los bebés encuentran placer en jugar con mu -
ñecas, y las madres les ofrecen algún objeto, esperando que se aficionen a él .Existe una relación entre estos dos
grupos de fenómenos, separados por un intervalo de tiempo. Se introducen los términos objetos transicionales y fe-
nómenos transicionales para designar la zona intermedia de experiencia, entre el pulgar y el osito, entre el erotismo
oral y la verdadera relación de objeto, entre la actividad creadora primaria y la proyección de lo que ya se ha introyec -
tado, entre el desconocimiento primario de la deuda y el reconocimiento de ésta. El parloteo del bebé y la manera en
que un niño mayor repite un repertorio de canciones mientras se prepara para dormir, se ubican en la zona interme -
dia, como fenómenos transicionales, junto con el uso que se hace de objetos que no forman parte del cuerpo del niño
aunque todavía no se los reconozca del todo como pertenecientes a la realidad exterior.

En el desarrollo de un niño, aparece una tendencia a entretejer en la trama personal objetos distintos que el yo. En el
caso de algunos bebés, el pulgar se introduce en la boca mientras los demás dedos acarician el rostro. La boca, en -
tonces, se muestra activa en relación con el pulgar, pero con respecto a los dedos, los que acarician, pueden o no lle -
gar a ser más importantes que el pulgar introducido en la boca. Más aun, se puede encontrar esta actividad acaricia -
dora por sí sola, sin la unión más directa de pulgar y boca.  Se puede suponer que estas experiencias funcionales
van acompañadas por la formación de pensamientos o de fantasías, a todas estas se las denominan fenómenos tran-
sicionales. Puede que el niño haya encontrado algún objeto blando, o de otra clase, y lo use, y entonces se convierte
en lo que Winnicott llama objeto transicional, este objeto sigue siendo importante; los padres llegan a conocer su va-
lor y lo llevan consigo cuando viaja. La madre permite que se ensucie y tenga mal olor, pues sabe que si lo lava pro -
voca una ruptura en la continuidad de la experiencia del bebé, que puede destruir la significación y el valor del objeto
para éste.

La pauta de los fenómenos transicionales empieza a aparecer desde los cuatro a seis meses hasta los ocho a doce
meses. Las pautas establecidas en la infancia pueden persistir en la niñez, de modo que el primer objeto blando si-
gue siendo una necesidad absoluta a la hora de acostarse o en momentos de soledad, o cuando existe el peligro de
un estado de ánimo deprimido. Cabe rescatar que no existe una diferencia apreciable entre los varones y las niñas,
en su uso de la primera posesión no-yo, que se denomina objeto transicional. Cuando el bebé empieza a usar soni-
dos organizados, puede aparecer una palabra para nombrar al objeto transicional; que por lo general, contiene en
parte una palabra empleada por los adultos.
A veces no existe un objeto transicional aparte de la madre misma; o el bebé se siente tan perturbado en su desarro-
llo emocional, que no le resulta posible gozar del estado de transición, o bien se quiebra la secuencia de los objetos
usados; este estado, sin embargo, puede mantenerse oculto.

Las cualidades especiales de la relación con el objeto transicional son:

› El bebé adquiere derechos sobre el objeto, y deben ser aceptados


› El objeto es acunado con afecto, y al mismo tiempo mutilado con excitación
› Nunca debe cambiar, a menos de que lo cambie el propio bebé
› Tiene que sobrevivir al amor instintivo, así como al odio, y si se trata de una característica, a la agresión pura
› Debe parecerle que irradia calor, o que se mueve, o que posee cierta textura, o que hace algo que parece de -
mostrar que posee una vitalidad o una realidad propias

Con respecto al abandono del objeto transicional, éste no se olvida ni se llora, sino que pierde significación, y ello
porque los fenómenos transicionales se han vuelto difusos, se han extendido a todo el territorio intermedio entre la
realidad psíquica interna y el mundo exterior tal como lo perciben dos personas en común.

Ilusión desilusión

Un niño no tiene la menor posibilidad de pasar del principio del placer al de realidad, si no existe una madre lo bas-
tante buena, que lleve a cabo la adaptación activa a las necesidades de éste y que las disminuye poco a poco, según
la creciente capacidad del niño para hacer frente al fracaso en materia de adaptación, y para tolerar los resultados de
la frustración. Los medios con que cuenta el bebé para enfrentar ese retiro materno son:

› Su experiencia
› Una creciente percepción del proceso
› El comienzo de la actividad mental
› La utilización de satisfacciones auto-eróticas
› El recuerdo, las fantasías, los sueños, la integración de pasado, presente y futuro

Si el proceso sigue el camino correcto, el bebé puede incluso llegar a sacar provecho de la experiencia de frustración,
puesto que la adaptación incompleta a la necesidad hace que los objetos sean reales, es decir, tanto odiados como
amados. La dificultad que se presenta, es que el bebé puede resultar perturbado por una adaptación estrecha a la
necesidad, cuando no se permite su disminución natural, comportándose el objeto a la perfección, lo cual no es mu -
cho más que una alucinación.

La ilusión y su valor

Al comienzo, la madre ofrece al bebé la oportunidad de crearse la ilusión de que su pecho es parte de él; parece en-
contrarse bajo su dominio mágico. La tarea posterior de la madre consiste en desilusionar al bebé en forma gradual,
pero no lo logrará si al principio no le ofreció suficientes oportunidades de ilusión. Los fenómenos transicionales re -
presentan las primeras etapas del uso de la ilusión, sin las cuales no tiene sentido para el ser humano la idea de una
relación con un objeto que otros perciben como exterior a ese ser. Si las cosas salen bien en ese proceso de desilu -
sión gradual, queda preparado el escenario para las frustraciones que reunimos bajo la denominación de destete. Si
la ilusión-desilusión toman un camino equivocado, el bebé no puede recibir algo tan normal como este destete.

En resumen, los objetos y fenómenos transicionales pertenecen al reino de la ilusión que constituye la base de la ini -
ciación de la experiencia. Esa primera etapa de desarrollo es posibilitada por la capacidad especial de la madre para
adaptarse a las necesidades de su hijo, con lo cual le permite forjarse la ilusión de que lo que él cree existe en reali -
dad. La zona intermedia de experiencia, no discutida respecto de su pertenencia a una realidad interna o exterior
(compartida), constituye la mayor parte de la experiencia del bebé, y se conserva a lo largo de la vida en las intensas
experiencias que corresponden a las artes y la religión, a la vida imaginativa y a la labor científica creadora. Por lo ge -
neral, el objeto transicional del bebé se descarga poco a poco, en especial a medida que se desarrollan los intereses
culturales. Es claro que lo transicional no es el objeto; éste representa la transición del bebé, de un estado en que se
encuentra fusionado a la madre a uno de relación con ella como algo exterior y separado.
CAPÍTULO 4: EL JUEGO, ACTIVIDAD CREADORA Y BÚSQUEDA DE LA PERSONA

Uno de los rasgos más importantes del juego es, que a través del, el niño o el adulto pueden ser creadores. El área
del juego en el niño, está entre él y la madre. En el espacio potencial entre la realidad psíquica interna y la realidad
exterior (espacio transicional). En el desarrollo del individuo, es importante esta tercera zona, el espacio potencial que
es donde se da el juego y la experiencia cultural.

Winnicott, sostiene que, sin modificar su adhesión al psicoanálisis, es muy importante tener en cuenta el ambiente,
como parte del desarrollo personal del individuo. Añade que en la psicoterapia se cruzan e interactúan dos zonas de
juego, la del paciente y la del psicoterapeuta, y que ambos deben saber jugar para poder realizar la tarea con éxito.
Si el psicoterapeuta no sabe jugar, no está capacitado para la tarea, y a su vez, si el paciente no sabe jugar hay que
llevarlo e inducirlo a que lo haga, pues a partir de ahí, es donde empezara la terapia en sí, y es donde el paciente en -
trara en una actividad esencial creadora.

La búsqueda de la persona

Para poder ayudar al individuo en la búsqueda de persona, en la búsqueda de sí, son necesarias determinadas con-
diciones, una de ellas es poder encontrar la creatividad a través del juego. El saber jugar del terapeuta, se refiere a
poder establecer un ambiente que genere confianza, y producto de esta, un relajamiento y aceptación de la seguridad
profesional en el marco terapéutico. El terapeuta debe dar lugar también a las asociaciones del paciente. Si no se lo -
gra establecer esta seguridad y confianza, no podrá usarse la creatividad, y la asociación libre se encontrará afectada
por la ansiedad y la cohesión de las ideas será una organización de defensa. El terapeuta debe estar preparado para
detectar esto, y en estas oportunidades deberá realizar ciertas intervenciones, para poder bajar estas defensas, y que
el análisis pueda seguir desarrollándose.

La búsqueda de la persona nace de la falta de integración de la personalidad, en este estado no integrado es donde
aparece lo que se describe como creativo. Cuando se refleja esta creatividad se convierte en parte integrante de la
personalidad organizada, y a la larga, hace que el individuo sea, que se lo encuentre. En el proceso terapéutico de-
ben ofrecerse oportunidades para los impulsos creadores, motores y sensoriales, que constituyen la materia del jue-
go, pues sobre la base de este juego, se construye toda la base de la existencia y la experiencia del hombre.

Con respecto a las sesiones de psicoterapia, Winnicott recomienda que en lo posible, deben ser largas, de acuerdo
a las características del paciente. El terapeuta deberá abstenerse de hacer interpretaciones precoces, manejando la
ansiedad, pues con ello lo que se logra en la mayoría de las veces, sea el paciente quien llegue a esas mismas in -
terpretaciones.

CAPÍTULO 5: LA CREATIVIDAD Y SUS ORÍGENES

La idea de creatividad

Debemos señalar que lo que hace que el individuo sienta que la vida vale la pena es la apercepción creadora. Existe
con la realidad una relación en la que es preciso encajar, y esta especie de acatamiento implicaría una forma de vida
no creadora. La teoría presente sostiene que para tener un estado de vida saludable se requiere vivir de manera
creadora, mientras que el acatamiento constituye una base enfermiza para la vida.

Surge un conflicto al considerar que el grado de objetividad con que contamos al hablar de la realidad, es variable
para cada individuo. Encontramos entonces dos extremos, aquellos que creen que la realidad exterior es un fenó -
meno subjetivo, son llamados esquizoides, mientras que los extravertidos son aquellas personas arraigadas a la reali-
dad percibida de manera objetiva con tanta firmeza, que son enfermos en el sentido de no tener contacto con el mun-
do subjetivo y con el enfoque creador de la realidad. Tanto los esquizoides como los extravertidos, acuden a psicote -
rapia porque les gustaría una situación de unidad, que lo contuviese todo, en lugar de elementos disociados.

Es preciso separar la idea de creación, de la creación por ejemplo, de un cuadro o una casa. La creatividad de la que
se habla aquí es un universal y corresponde a la condición de estar vivo. Se refiere al enfoque de la realidad exterior
por el individuo. La capacidad creadora no es algo que pueda ser destruido por completo; aún en los casos más ex -
tremos de acatamiento, hay oculta una vida creadora. Cuando el psicoanálisis trató de encarar el tema de la creativi -
dad, perdió de vista el aspecto más importante de la misma: el del impulso creador mismo. La creación es aquello
que se interpone entre el observador y la creatividad del artista.

Melanie Klein (1957), proporciona otra contribución a la creatividad, a través de su reconocimiento de los impulsos y
la idea de la fusión de aquellos eróticos y aquellos destructivos como señal de salud. Detrás de ellos se encuentra
también, el concepto básico freudiano de ambivalencia. Tanto Freud como Klein se saltearon un obstáculo, refugián-
dose en la herencia: eludían el factor ambiental. La historia de un bebé se debe escribir siempre en términos del ofre-
cimiento de un ambiente facilitador o no, de las necesidades de dependencia.

A través de la teoría de los fenómenos transicionales, podemos describir cómo la formación de un ambiente lo bas -
tante bueno en las primeras etapas de la vida, permite que el individuo haga frente al golpe que significa la pérdida
de la omnipotencia. El hecho de que los individuos vivan de manera creadora o no lo hagan, tiene vinculación directa
con la calidad y cantidad de la formación de un ambiente en las primeras etapas vitales de cada bebé.

Elementos femeninos y masculinos separados

Aquí se analiza la predisposición a la bisexualidad existente en todos los individuos con un caso clínico. Winnicot
descubre en este caso el elemento femenino en un hombre, el cual habla de envidia de pene y tiene manifestaciones
somáticas frente a las liberaciones de su personalidad masculina (debido a la envidia de la mujer que tiene dentro).

Como conclusión, sostiene que hay un elemento masculino y uno femenino, presente tanto en hombres como en mu-
jeres, los cuales pueden encontrarse separados en diferentes grados. A partir de ahora, podemos analizar estos dos
elementos destilados, puros.

El elemento femenino puro se relaciona con el pecho (o con la madre) en el sentido de que el bebé se convierte en el
pecho (o en la madre), dado que el objeto es el sujeto. Por lo tanto, no hay instinto alguno. El término objeto subjetivo
se empleó para describir el primer objeto aún no repudiado como un fenómeno no-yo. En esta relación del elemento
femenino puro con el pecho se puede vislumbrar una aplicación práctica de dicho objeto, y esa experiencia allana el
camino para llegar al sujeto objetivo, es decir, a la sensación de poseer una identidad. Esta última no surge salvo so -
bre la base de la relación en el sentido de ser. Ese momento en el que el bebé y la madre son uno, establece la más
simple de las experiencias: la de ser.

El elemento masculino puro establece contactos de manera activa, o de manera pasiva, pero relacionadas ambas
con el instinto. Refiere a los instintos del bebé en relación con el pecho, la alimentación y las zonas erógenas. La re -
lación objetal del elemento masculino con el objeto presupone justamente lo opuesto: separación. En cuanto se dis-
pone de la organización del yo, el bebé asigna a este la cualidad de ser no-yo o separado, y experimenta satisfaccio -
nes del ello que incluyen la ira relativa a la frustración. La satisfacción de estos impulsos acentúa la separación y per -
mite la objetivación del objeto.

El elemento femenino es más temprano que el masculino, ya que este último necesita basarse en complejos meca -
nismos mentales a los que es preciso dar tiempo a que aparezcan. Del lado del elemento femenino, la identidad exi-
ge tan poca estructura mental, que puede ser una característica muy temprana.

Identidad: niño y pecho

Para formular la relación del elemento femenino puro con el pecho, es necesario el concepto de la madre lo bastante
buena y no lo bastante buena. Lo que el objeto transicional representa, es la capacidad de la madre para que el niño,
al comienzo, no tenga que saber que dicho objeto es creado por él. Esta madre puede ofrecerle al niño la oportunidad
de sentir que el pecho es él, o bien puede no ofrecerla.

La madre puede tener un pecho que es, y por lo tanto el bebé también puede ser, o bien puede ser incapaz de aque-
llo y el bebé tiene que desarrollarse sin la capacidad de ser, o con una capacidad mutilada. El bebé necesita un pe-
cho que es y no uno que hace. La madre capaz de realizar esta cosa tan sutil no produce un niño que tenga envidia
del pecho, por lo tanto la envidia sólo se produce frente a un fracaso del pecho como algo que es.

CAPÍTULO 7: UBICACIÓN DE LA EXPERIENCIA CULTURAL


Cuando un niño emplea un objeto transicional, en la primera experiencia no-yo, se da también la primera utilización
de un símbolo por este, y experimenta su primera experiencia de juego. Winnicott, se planteará la pregunta, ¿Dónde
está el juego? Responderá a esto planteando, que el juego no es una cuestión de realidad psíquica interna ni de rea -
lidad exterior. Tanto el juego como la experiencia cultural, se ubican en la tercera zona, el espacio potencial que exis-
te entre la realidad psíquica interior y la realidad exterior.

Las primeras experiencias vitales en la existencia de un individuo, y dependiendo de cómo han sido vividas, de la uti -
lización de los objetos transicionales como compensación a la ausencia de la madre, y si esta ausencia no ha gene-
rado en el niño algún tipo de trauma que desintegre la estructura del insipiente yo, se determinará la utilización del
espacio potencial y de la vida cultural del hombre. Ese espacio potencial será muy variable dependiendo de cada in-
dividuo. Es circunstancias favorables, el espacio potencial se llenará de la imaginación creadora del bebé. Estas pri-
meras experiencias son de suma importancia, pues son las que conducirán al niño a confiar, y es allí donde experi-
menta el vivir creador. En la adultez toda experiencia cultural dependerá del jugar que se desarrolló en los primeros
tiempos del bebé.

CAPÍTULO 8: EL LUGAR EN QUE VIVIMOS

En este capítulo Winnicott examina el lugar, en el sentido abstracto, en el que estamos mayormente, cuando se expe -
rimenta el vivir, la diversión.

Una zona intermedia

Existe una diferenciación entre la realidad exterior y la experiencia interior (realidad psíquica). Ahora bien, planteán-
dose la sola existencia de estos dos lugares (exterior e interior) es que sugiere la existencia de otro espacio, el de la
zona intermedia, la cual, cuenta con el rasgo de la experiencia cultural o juego para su diferenciación con los otros
dos estados. En comparación, la realidad exterior se encuentra fija, mientras que la interior sólo se encuentra fija res -
pecto del individuo. Es por eso, que en este terreno somos medianamente libres.

Ahora bien, entre estos estados, se encuentra la tercera manera de vivir llamada zona intermedia, la cual es muy va -
riable para cada sujeto. Esto sucede debido a que esta zona es el producto de las experiencias que tiene una perso -
na, ya sea un bebé, un niño, un adolescente o un adulto, en el ambiente en el que se encuentra. En este estado la
variabilidad de la calidad difiere de la variabilidad del fenómeno de la realidad psíquica interna personal y de la reali -
dad externa o compartida, por lo que la extensión de este espacio depende de la suma de las experiencias concretas
que posea el individuo logrando que la extensión sea o bien mínima o máxima.

Un espacio potencial

Para el juego creador y para la experiencia cultural, con sus correspondientes consecuencias, la posición es el espa -
cio potencial que existe entre el bebé y la madre. Con este término se refiere a la zona hipotética que existe entre el
bebé y el objeto, pero que en realidad no puede haber. Vale aclarar que cuando se habla de objeto, se hace referen -
cia a la madre en sí misma o bien a una parte de ella durante la fase en el que se repudia al objeto como objeto no-
yo, es decir, después de haber logrado la fusión con el objeto.

Una vez que el bebé logró el estado de fusión con su madre, éste pasa al estado de separación. A partir de la expli -
cación de cómo se llena el espacio potencial, la separación del bebé del mundo de los objetos y de su persona sólo
se logra a partir de la falta de una zona intermedia. Ahora bien, en los seres humanos más que separación hay ame -
naza de separación la cual es más menos traumática según el bagaje de experiencia que posea la persona de las pri -
meras separaciones. Pero, ¿cómo es que se produce la separación de sujeto y objeto, del bebé y la madre, y cómo
es que se produce una ganancia para todos los involucrados en dicha separación?. La respuesta podría ser que en la
relación del niño con la madre y la experiencia vital del niño con dicha figura, se desarrolla cierto grado de fe en la
confiabilidad de la madre. Cuando hay fe y confiabilidad existe un espacio potencial que puede convertirse en una
zona de separación en donde, ya sea el bebé, el niño, el adolescente o el adulto puede llenar de juego en forma crea-
dora. A medida que pasa el tiempo, este juego se convierte en el regocijo de la herencia cultural.

Es en la adaptación de la madre a las necesidades de su bebé, el cual evoluciona en términos de personalidad y ca -


rácter, que se le otorga a esta una proporción de confiabilidad. La experiencia que adquiera este bebé con la confiabi -
lidad de la madre a través del transcurso del tiempo hace nacer en el bebé un sentimiento de confianza. Esta fe en la
confiabilidad de la madre y consecuentemente en otras personas y capaz da paso a la separación del no-yo y el yo.
Podemos destacar dos tipos de necesidades:

› La protección de la relación madre-bebé y padre-bebé durante la primera etapa del desarrollo de todos los ni -
ños, de modo que pueda constituirse el espacio potencial donde con la confianza que tenga el niño, éste estará
en condiciones de jugar de manera creadora.
› Que los cuidadores de los niños, se encuentren preparados para ponerlos en contacto con los elementos apro -
piados de la herencia cultural, dependiendo de la capacidad, la edad emocional y la fase de desarrollo en el que
se encuentren los niños.

CAPÍTULO 9: PAPEL DEL ESPEJO DE LA MADRE Y LA FAMILIA EN EL DESARROLLO DEL NIÑO

Este texto está fuertemente influido por “El estadio del espejo” de Lacan, pero Winnicott pensará el uso del espejo en
términos del rostro de la madre. Sostiene que el precursor del espejo en el desarrollo emocional individual es, induda-
blemente, el rostro de la madre. En las primeras etapas del desarrollo emocional del niño es el ambiente, el cual no
ha sido separado del niño por el mismo, el que desempeña un papel fundamental. La separación del yo, no-yo se
produce a un ritmo que está determinado tanto por el niño como por el ambiente en el que se encuentra. Es en esta
separación del niño con su madre donde se producen los cambios fundamentales en los rasgos ambientales que son
percibidos de manera objetiva por el niño. Esta función ambiental implica:

1. Aferrar
2. Manipular
3. Presentar el objeto

Al responder a estos ofrecimientos ambientales por parte de la madre, el niño logra la máxima maduración personal,
entendida como la conjunción de los distintos significados de integración, como la interrelación y relación de objeto
psicosomáticos.

Winnicott toma la idea de Gough, el cual sustenta que en determinado momento, el bebé empieza a observar su ám-
bito, es decir, que es posible que ante la situación del bebé teniendo en frente suyo el pecho de la madre, no le pres -
te atención y que en cambio, se enfoque en mirar la cara de la madre. Pero, ¿qué es lo que ve el bebé cuando mira
el rostro de la madre?. Por lo general, el bebé se ve a sí mismo en el rostro de su madre, es decir, que lo que el ros -
tro de la madre parece está en relación con lo que ve en él.

En la contrapartida a esta situación, nada puede decirse en aquellas situaciones, donde la madre no puede respon -
der ante su bebé. Pero bien, una madre que es poseedora de un rostro que se encuentra inmóvil es capaz de respon -
der de otro modo dado que la mayoría de ellas saben reconocer y responder ante la molestia o enojo de su bebé es -
pecialmente cuando éste se encuentra enfermo.

A medida que el niño se desarrolla, que los procesos madurativos se complejizan y las identificaciones se multiplican,
el niño depende cada vez menos de la devolución de las personas por el rostro de la madre, del padre y de los otros
que se encuentran en relaciones de padres o hermanos.

Los procesos de maduración y el ambiente facilitador – D. Winnicott

CAPÍTULO 1: LA TEORÍA DE LA RELACIÓN ENTRE PROGENITORES-INFANTE

La palabra "infante"

Winnicott, a diferencia de Freud, designa con la palabra infante al niño muy pequeño. Para él, infante implica que no
habla (infans), y resulta útil pensar en la infancia como la fase anterior a la aparición de la palabra y al empleo de
símbolos verbales.

Con respecto a las fuerzas del ello, al principio son externas al infante. En la salud, el ello se recoge al servicio del yo,
y el yo lo domina, de modo que las identificaciones del ello pasan a fortalecer al yo. En cambio, en la mala salud (psi -
cosis infantil) los logros infantiles de este tipo sólo han sido alcanzados en un grado mínimo, o quizá se alcanzaron y
se perdieron (el ello sigue siendo relativa o totalmente externo al yo; sus satisfacciones siguen siendo físicas, y tienen
el efecto de amenazar la estructura del yo, hasta que se organizan defensas de calidad psicótica). Winnicott postula
que la razón principal por la cual el infante, en general, llega a ser capaz de dominar al ello, y el yo capaz de incluirlo,
es el hecho del cuidado materno, mientras el yo materno instrumenta el yo del infante y de ese modo le da poder y
estabilidad.

La palabra clave en la infancia es la dependencia: los infantes no pueden empezar a ser sino en ciertas condiciones,
sean favorables o desfavorables. Al mismo tiempo, esas condiciones no determinan el potencial de la criatura. Éste
es heredado y resulta legítimo estudiarlo como un tema separado, siempre y cuando se acepte que el potencial here -
dado por un infante no puede convertirse en un infante a menos que esté vinculado con el cuidado materno.

El potencial heredado incluye la tendencia al crecimiento y desarrollo. Es presumible que todas las etapas del desa -
rrollo tienen su fecha especial en cada niño individual. No obstante, no se trata sólo de que esas fechas varían de ni-
ño a niño, sino también de que, aunque se las conociera de antemano en el caso de un niño dado, no podrían utilizar -
se para predecir el desarrollo real de ese niño, a causa del otro factor, el cuidado materno. A lo sumo, sólo pueden te -
ner algún valor predictivo si se da por sentado un cuidado materno adecuado en los aspectos importantes.

A. El infante

Winnicott sostiene que el cuidado parental satisfactorio puede dividirse en tres etapas que se superponen:

a. Sostén: relación tridimensional o espacial, a la que gradualmente va añadiéndose el tiempo. Se va a superpo -


ner con las experiencias instintivas que, con el transcurso del tiempo, determinarán las relaciones objetales. In-
cluye el manejo de experiencias intrínsecas de la existencia, tales como el completamiento (y por lo tanto el no-
completamiento) de los procesos, que desde fuera pueden parecer puramente fisiológicos, pero que son pro-
pios de la psicología del infante y se producen en un campo psicológico complejo, determinado por la concien -
cia y la empatía de la madre.
b. La madre y el niño viven juntos: el infante no conoce la función del padre (ocuparse del ambiente para la ma -
dre).
c. Padre, madre e infante viven juntos

En este estudio, Winnicott plantea que será importante la etapa de sostén del cuidado materno, y los acontecimientos
complejos del desarrollo psicológico del infante relacionado con esa fase.

Características del infante durante la fase de sostén :

› El proceso primario, la identificación primaria, el autoerotismo, el narcisismo primario.


› El yo pasa de un estado no integrado a una integración estructurada: capacidad del infante de experimentar la
angustia asociada con la desintegración
› Si el estado de unidad (desarrollo sano) el infante conserva la capacidad de reexperimentar estados no integra-
dos, pero esto depende de la continuación de un cuidado materno confiable. El infante se convierte en un indivi -
duo por derecho propio. Con este logro está asociada la existencia psicosomática del infante (como la psique
que habita o reside en el soma). La base de esta residencia es la vinculación de las experiencias motrices, sen-
soriales y funcionales con el nuevo estado del infante como persona.

Como continuación del desarrollo aparece la membrana limitadora, que ocupa una posición intermedia entre el yo y el
no-yo del infante. De modo que éste empieza a tener un interior y un exterior, y un esquema corporal. Donde adquie -
ren sentido las funciones de incorporación y expulsión; además va justificándose cada vez más postular una realidad
psíquica personal o interior del infante. También durante la fase de sostén se inician otros procesos como el alborear
de la inteligencia y el comienzo de la mente como algo distinto de la psique. Allí se inicia la historia de los procesos
secundarios y del funcionamiento simbólico así como de la organización de un contenido psíquico personal, que da
base al soñar y a las relaciones de vida.

Al mismo tiempo empiezan a converger en el infante dos raíces de la conducta impulsiva. El término fusión designa el
proceso positivo en virtud del cual los elementos difusos propios del movimiento y del erotismo muscular se fusionan
(en la salud) con el funcionamiento orgiástico de las zonas erógenas. Con este concepto estamos más familiarizados
en el proceso inverso de desfusión, que es una defensa complicada en la cual la agresión queda separada de la ex -
periencia erótica al cabo de un período en el cual se había logrado un cierto grado de fusión. Todos estos desarrollos
corresponden a la condición ambiental del sostén, y sin un sostén suficientemente bueno estas etapas no se alcan -
zan, o si se alcanzan no quedan establecidas.

El paso siguiente en el desarrollo es la capacidad para las relaciones objetales. El infante pasa de una relación con
un objeto concebido subjetivamente a una relación con un objeto percibido objetivamente. Está ligado con la evolu -
ción del infante, que deja de estar fusionado con la madre y se separa de ella.

Dependencia:

En la fase de sostén el infante se encuentra en una dependencia máxima. La dependencia puede clasificarse en:

› Dependencia absoluta: el infante no tiene modo alguno de conocer el cuidado materno, que en gran medida tie-
ne que ver con la profilaxis. La criatura no tiene el control de lo que está bien y lo que está mal hecho; sólo pue-
de sacar partido o sufrir la perturbación.

› Dependencia relativa: el infante se da cuenta de la necesidad que tiene de los detalles del cuidado materno y
en medida creciente los relaciona con sus impulsos personales; más tarde, en un tratamiento psicoanalítico,
puede reproducirlos en la transferencia.

› Hacia la independencia: el infante desarrolla medios para pasar sin cuidado real. Lo logra gracias a la acumula-
ción de recuerdos de cuidado, a la proyección de las necesidades personales y a la introyección de detalles de
cuidado con el desarrollo de confianza en el ambiente. Debe añadirse el elemento de la comprensión intelectual
con sus enormes consecuencias.

El aislamiento del individuo:

Otro fenómeno de esta fase que es necesario considerar es la ocultación del núcleo de la personalidad. Aquí se debe
examinar el concepto de un self central o verdadero. Puede decirse que el self central es el potencial heredado que
experimenta una continuidad del ser y adquiere, a su propio modo y a su propia velocidad, una realidad psíquica y un
esquema corporal personales. El aislamiento de ese self central es una característica de la salud. Cualquier perturba -
ción a él en esta etapa temprana genera una angustia importante, y las defensas de la temprana infancia aparecen
en relación con el fracaso de la madre (o del cuidado materno) en prevenir las intrusiones capaces de perturbar ese
aislamiento.

La organización del yo puede salir al paso y abordar esas intrusiones, que quedarán recogidas en la omnipotencia del
infante y serán sentidas como proyecciones. Por otra parte, a veces irrumpen a través de esta defensa, a pesar del
yo auxiliar que proporciona el cuidado materno. Entonces se ve afectado el núcleo central del yo, y en esto consiste
la naturaleza misma de la angustia psicótica. En la salud, el individuo pronto se vuelve invulnerable en este sentido, y
si hay intrusión de factores externos sólo resulta un nuevo grado y una nueva calidad de la ocultación del self central.
En este caso la mejor defensa es la organización de un self falso. Este falso self es el fracaso del cuidado maternal.
Frente a las interrupciones que no le permiten desarrollarse, el niño va generando defensas y constituyendo el falso
self.

En la salud, las relaciones objetales pueden desarrollarse sobre la base de una transacción que compromete al indivi-
duo en lo que más tarde se denominaría engaño y deshonestidad, mientras que la relación directa sólo es posible so-
bre la base de la regresión a un estado de fusión con la madre.

La aniquilación:

En estas primeras etapas de la relación progenitores-infante, la angustia está relacionada con la amenaza de aniqui-
lación. La función principal del ambiente sostenedor es por lo tanto, la reducción a un mínimo de las intrusiones a las
que el infante debe reaccionar, con la consiguiente aniquilación del ser personal. En condiciones favorables, el infan-
te establece una continuidad de existencia, y empieza a desarrollar los recursos más sutiles que hacen posible reco -
ger las intrusiones en el ámbito de la omnipotencia.
Freud escribe: "Probablemente (el bebé) alucina la satisfacción de sus necesidades internas; revela su malestar por
el incremento de la estimulación y la demora de la satisfacción a través de la descarga motriz del llanto y la lucha, y
entonces experimenta la satisfacción alucinada". La teoría expuesta en esta parte del enunciado no se aplica a la
fase más temprana, sino que ya se hace referencia a las relaciones objetales, y la validez de esta parte del enuncia -
do de Freud depende de que da por sentados los aspectos anteriores del cuidado materno, que se describen como
propios de la fase de sostén. Por otra parte, esta oración de Freud se ajusta exactamente a la fase siguiente, caracte-
rizada por una relación entre el infante y la madre en la cual dominan las relaciones objetales y las satisfacciones ins-
tintivas o de las zonas erógenas.

B. La función del cuidado materno

El sostén protege de la agresión fisiológica; toma en cuenta la sensibilidad dérmica del infante (el tacto, la temperatu -
ra, la sensibilidad auditiva, la sensibilidad visual, la sensibilidad a la caída (a la acción de la gravedad) y su descono -
cimiento de la existencia de nada que no sea el self; incluye la totalidad de la rutina del cuidado a lo largo del día y la
noche, que no es la misma para dos infantes cualesquiera, porque ninguno es igual a otro; también sigue los minús -
culos cambios cotidianos, tanto físicos como psicológicos, propios del crecimiento y desarrollo del infante. Este sos-
tén incluye especialmente sostener físicamente al infante, lo que es una forma de demostrarle su amor. Hay quienes
pueden sostener a un infante y quienes no pueden; éstos últimos generarían en la criatura una sensación de inseguri -
dad y llanto angustiado. Todo esto conduce al establecimiento de las primeras relaciones objetales y las primeras ex -
periencias de gratificación instintiva y también lo incluye y coexiste con él.

La base de la satisfacción instintiva y de las relaciones objetales es la manipulación, el manejo y el cuidado generales
del infante. La salud mental del individuo, o el riesgo de psicosis, tienen como base este cuidado materno, que cuan -
do es el correcto apenas se advierte y constituye una prolongación de la provisión fisiológica característica del estado
prenatal.

Examen de un detalle del cuidado materno:

Mientras el infante está fusionado con la madre, lo mejor es que ésta comprenda las necesidades de la criatura con la
mayor exactitud posible. No obstante, con el final de la fusión se produce un cambio: cuando la madre y el infante
quedan separados desde el punto de vista del infante, se observará que la mujer tiende a cambiar de actitud. Todo
ocurre como si ella supiera que el bebé ya no espera que comprenda sus necesidades de un modo casi mágico. Pa -
rece saber que su niño ha adquirido una nueva capacidad, la de emitir una señal para guiarla hacia la satisfacción de
sus necesidades. Podría decirse que si la madre conoce tan bien lo que necesita el infante, sólo puede ser por magia
y no constituye ninguna base para una relación objetal.

Lo que puede observarse en las madres de infantes, especialmente en la madre de varios hijos, es que empieza a te -
ner un dominio tal de la técnica del quehacer materno, y entonces al infante, que ha comenzado a separarse de ella,
no le resulta posible lograr el control de las cosas buenas que están sucediendo. Faltan por completo el gesto creati -
vo, el llanto, la protesta, porque la madre se adelanta a satisfacer cada necesidad como si el infante estuviera todavía
fusionado con ella, y ella con el infante. De este modo, la madre, por ser una madre aparentemente buena, hace algo
peor que castrar. Al infante sólo le quedan dos alternativas: un estado permanente de regresión o fusión con la ma-
dre, o bien un rechazo total de la madre, incluso de la madre aparentemente buena.

Como resultado del éxito del cuidado materno en el infante se establece una continuidad de ser que constituye la
base de la fuerza del yo, mientras que el resultado de cada fracaso del cuidado materno consiste en que la continui-
dad de ser se ve interrumpida por reacciones a las consecuencias de ese fracaso, con un consiguiente debilitamiento
del yo. Tales interrupciones constituyen el aniquilamiento y están evidentemente asociadas con un sufrimiento de ca-
lidad e intensidad psicóticas.

C. Los cambios de la madre

También resulta importante examinar los cambios en las mujeres cuando están por tener un bebé o acaban de tener-
lo. Estos cambios son al principio casi fisiológicos, y se inician con el sostén físico del bebé. Estos cambios fisiológi -
cos sensibilizan a la mujer a los más sutiles cambios psicológicos que se producen a continuación
Poco después de la concepción, la mujer comienza a modificar su orientación, y a preocuparse por los cambios que
tienen lugar dentro de ella, su propio cuerpo la alienta a interesarse en ella misma. La madre desvía hacia el bebé
que crece dentro de ella una parte de su sentido del self.

En general, las madres se identifican de un modo u otro con el bebé que crece dentro de ellas, y así llegan a tener
una sensación muy intensa de las necesidades de la criatura. Se trata de una identificación proyectiva que dura un
cierto tiempo después del parto, y a continuación va perdiendo gradualmente importancia. La madre, sin distorsiones
en este aspecto, está preparada para abandonar su identificación con el infante cuando éste necesite separarse.
Winnicott plantea que lo importante es que a través de su identificación con el infante la madre sepa cómo se siente
la criatura, y pueda proporcionarle casi exactamente lo que necesita en el modo de sostén y, en general, en la provi-
sión de un ambiente. Lo principal es el sostén físico, que constituye la base de todos los aspectos más complejos del
sostén y de la provisión ambiental en general.

Con el cuidado que recibe de su madre, cada infante está en condiciones de tener una existencia personal, y así em -
pezar a establecer una continuidad de ser. Sobre esto se desarrolla gradualmente el potencial heredado, hasta cons-
tituir al infante individual. Si el cuidado materno no es lo suficientemente bueno, el infante en realidad no llega a en -
trar en la existencia, puesto que no hay continuidad de ser; en lugar de ello, la personalidad se establece sobre la
base de reacciones a la intrusión ambiental.

Todo esto también lo relaciona con la trasferencia en el análisis. Para lograr una visión clara de lo que sucede en la
infancia en sí, el mejor método no será la observación directa de infantes, sino el estudio de la transferencia en el en-
cuadre analítico. Winnicott plantea que esto debe ser el compromiso del psicoanálisis, en ella la única modificación
real es el diagnóstico de la enfermedad del paciente, cuya etiología es anterior al complejo de Edipo, y envuelve una
distorsión en la época de la dependencia absoluta. Freud pudo descubrir de un nuevo modo la sexualidad infantil por -
que la reconstruyó a partir de su trabajo analítico con pacientes psiconeuróticos. Al ampliar su trabajo para abarcar el
tratamiento del paciente psicótico fronterizo, nos resulta posible a nosotros reconstruir la dinámica de la infancia y de
la dependencia infantil, y el cuidado materno que satisface esa dependencia.

Resumiendo:

El rasgo principal de la infancia es la dependencia, considerada en los términos del ambiente que proporciona sostén.
Todo estudio de la infancia debe dividirse en dos partes: por un lado, el desarrollo del infante facilitado por un cuidado
materno suficientemente bueno; y por el otro, el desarrollo del infante distorsionado por un cuidado materno que no
es lo suficientemente bueno. El yo del infante es débil, pero en realidad es fuerte gracias al yo auxiliar del cuidado
materno. Cuando el cuidado materno falla, la debilidad del yo del infante se pone de manifiesto y se crea un falso
self. En la salud, los procesos que tienen lugar en la madre (y en el padre) generan un estado especial en el cual el
progenitor se orienta hacia el infante y de este modo está en condición de satisfacer su dependencia. Por último, son
importantes los diversos modos cómo estas condiciones del ambiente sostenedor pueden o no aparecer en la trans -
ferencia, si en una etapa ulterior el infante debe entrar en análisis.

CAPÍTULO 7: DE LA DEPENDENCIA A LA INDEPENDENCIA EN EL DESARROLLO DEL INDIVIDUO

La socialización

La madurez del ser humano no sólo se produce en relación al crecimiento personal, sino también respecto de la so -
cialización. Los adultos heredan ciertas condiciones sociales, pero de ser necesario, éstas pueden ser modificadas
para así dejar un legado a los que vienen. La independencia no es nunca absoluta, ya que el individuo sano no queda
aislado, sino que se relaciona con el ambiente de un modo tal que puede decirse que él y su medio son interdepen -
dientes.

En el recorrido que transcurre desde la dependencia hacia la independencia, se ponen en juego factores personales,
pero también ambientales. En este lenguaje, “salud” significa tanto salud del individuo como salud de la sociedad, y la
madurez completa del individuo no es posible en un escenario social enfermo o inmaduro.
Las tres categorías de dependencia

 La dependencia absoluta

Al principio, el infante depende totalmente de la provisión física que le hacen llegar. El despliegue de los procesos de
maduración (evolución del yo y del self) depende de la provisión ambiental, la cual, si es facilitadora, hace posible su
progreso constante. Una madre y un padre pueden contribuir en proveer lo necesario para un niño sano, en el cual
los procesos de maduración no quedan bloqueados, sino que encuentran sus necesidades satisfechas y pueden pa -
sar a formar parte del niño.

Esta adaptación a los procesos de maduración del infante, les plantea a los padres exigencias enormes, y, al princi-
pio, es la propia madre la que constituye el ambiente facilitador. En ese momento ella misma necesita respaldo, y se
conforma un estado del que luego las madres se recuperan y lo olvidan, denominado preocupación maternal prima-
ria. Esta se produce hacia el final del embarazo y durante algunas semanas después del parto. La madre está preo -
cupada por el cuidado del bebé y entregada a ese cuidado, donde al principio ese bebé le parece una parte de ella
misma, se identifica con él y conoce perfectamente lo que éste siente. De este modo, se encuentra también en un es -
tado dependiente y vulnerable.La madre hace un alto grado de adaptación para satisfacer las necesidades del infan-
te, que sólo dura un pequeño lapso, aunque sin “abandonarlo”, puede y debe frustrarlo en cuanto a las necesidades
instintivas.

Todos los procesos de un infante vivo constituyen un seguir siendo, que es protegido si la madre es capaz de entre -
garse por un lapso limitado a su tarea natural. Toda intrusión o falla de la adaptación causa una reacción en el infante
que quiebra el seguir siendo. A menudo el crecimiento del niño corresponde con la reasunción por la madre de su
propia independencia, y una madre que no puede ir fallando gradualmente en esta cuestión de la adaptación sensible
falla en otro sentido: debido a su propia inmadurez o a sus propias angustias, porque no le da a su infante razones
para, por ejemplo, sentir rabia. En esta fase de la dependencia absoluta, el infante no tiene ningún medio de percatar -
se de la provisión materna.

 La dependencia relativa

Esta etapa es un período de desadaptación graduada. Dura aproximadamente de los seis meses a dos años. Todo el
procedimiento del cuidado del infante tiene como principal característica una presentación regularizada del mundo,
que sólo se logra por el manejo continuo realizado por un ser humano.

Mientras que la recompensa en la primera etapa es que el proceso de desarrollo del infante no sufre ninguna distor -
sión, en esta etapa el infante empieza, de algún modo, a percatarse de la dependencia. Cuando la madre está ausen -
te por un lapso más extenso que el de la capacidad del bebé para creer en la supervivencia de ella, aparece la an-
gustia, que es el primer signo que el infante conoce.

Después de que éste siente necesidad de la madre, aparece la etapa en la que empieza a comprender que la madre
es necesaria. Muchas veces, esta necesidad real de la madre se vuelve violenta y terrible, de modo que las madres
están dispuestas a sacrificar mucho para no provocar en sus hijos malestar, odio y desilusión. Cuando el niño ya tie -
ne dos años, se han iniciado nuevos desarrollos que le dan armas para tratar con la pérdida.

 Hacia la independencia

En esta etapa, el niño puede ir gradualmente enfrentando el mundo y sus complejidades, ya que en él ve cada vez
más lo que ya está presente en su propio self. Se identifica con la sociedad, que es tanto una muestra de su mundo
personal como de los fenómenos verdaderamente externos. El niño llega a una existencia personal satisfactoria
mientras participa en los asuntos de la sociedad.

Sin embargo, hay grandes posibilidades de que produzcan retrocesos en este desarrollo de la socialización hasta las
etapas finales ulteriores a la pubertad y la adolescencia. Por eso es importante y se espera que los adultos continúen
el proceso de crecer y madurar, ya que pocas veces llegan a una madurez completa. No obstante, cuando hallan un
lugar en la sociedad gracias al trabajo, a casarse o que hayan llegado a una solución entre copiar a los progenitores y
la identidad personal, puede decirse que se inició la vida adulta.
Preocupación maternal primaria – D. Winnicott

Haciendo referencia a la relación primitiva madre-hijo, hay algo que puede denominarse medio no suficiente o insatis-
factorio, que deforma el desarrollo del pequeño; del mismo modo que existe un medio suficiente o bueno que permite
que el niño, en cada fase, alcance las apropiadas satisfacciones innatas así como las angustias y conflictos.

En esta “relación simbiótica” de madre-hijo, la madre de un pequeño está biológicamente condicionada hacia las ne -
cesidades del pequeño, existiendo una identificación consciente pero también inconsciente entre ambos. Lo que inte -
resa abordar son las grandes diferencias psicológicas que existen entre la identificación materna con el niño, y la de-
pendencia del niño con respecto a la madre; ésta último no implica identificación, ya que la misma no es aplicable a
las primeras fases de la infancia.

Además, Anna Freud, siguiendo la línea de Freud del “apuntalamiento” o “anaclítico”, afirma que la relación con la
madre, si bien es la primera relación con un ser humano, no es la primera relación que el pequeño tiene con el medio,
sino que lo que la precede, es una fase anterior en la que las necesidades no son del mundo objetal sino del cuerpo,
que pueden ser satisfechas o frustradas.

La preocupación maternal

La preocupación maternal primaria corresponde a un estado y condición psicológica muy especial de la madre que
dura unas cuantas semanas después del nacimiento del pequeño. La madre debe ser capaz de alcanzar este estado,
casi de enfermedad, y recobrarse luego del mismo. Una vez que esto sucede, el recuerdo de aquel tiende a ser repri -
mido, y por eso, no es fácilmente recordado.

Sin embargo, hay mujeres que no pueden alcanzar esta “enfermedad normal”, sobre todo las que tienen una fuerte
identificación masculina. Tales mujeres, una vez que han tenido un niño, pero no habiendo podido cumplir esta fun -
ción, se encuentran frente a la tarea de compensar lo perdido, aunque no es seguro que puedan repararlo. Esto en -
cierra una fuerte tensión, debido a que no se realiza de manera natural, ya que la tarea en realidad tiene su lugar
apropiado en una fase anterior.

Si la madre aporta una adaptación suficiente a la necesidad, el pequeño no se verá turbado por las reacciones ante
los ataques y la continuidad existencial, no interrumpida, será la base para la constitución del yo. Pero si por el con -
trario, los fracasos maternos producen fases de reacción exacerbadas ante los ataques y estas reacciones interrum -
pen la continuidad existencial del pequeño, se habla de una amenaza de aniquilamiento.

Sólo en el estado que se ha sugerido, la madre podrá ponerse en el lugar del pequeño y satisfacer sus necesidades.
Las cuales al principio son corporales, pero paulatinamente pasan a ser necesidades del yo. En esta relación yoica
de madre a hijo, la madre, por un lado, se recupera, y por otro, el niño puede ir edificando en la madre la idea de una
persona. El reconocimiento de la madre en tanto persona viene de manera positiva, y no surge de la experiencia de
la madre como símbolo de la frustración.

En esta fase, el niño no percibe de la madre sus fracasos en forma de fracasos maternos, sino que actúan como
amenazas a la autoexistencia personal, por eso la amenaza de aniquilamiento. La primera organización del yo proce-
de de la experiencia de estas amenazas que no conducen propiamente a la aniquilación y con respecto a las cuales
hay recuperación repetidas veces. Partiendo de estas experiencias, el yo va adquiriendo la capacidad de enfrentarse
con la frustración.

En conclusión, puede decirse que un medio suficiente permite que el pequeño comience a existir, a tener experiencia,
a construirse un yo personal, a dominar los instintos y a enfrentarse con todas las dificultades. Por el contrario, si la
sensación de realidad se halla ausente, las dificultades inherentes a la vida son inalcanzables, apareciendo un falso
self (como mecanismo de defensa) que oculta al verdadero, que se ajusta a las exigencias y reacciona ante los estí-
mulos.
La tolerancia de síntomas en pediatría. Historia de un caso (1953)

En el campo psicológico la tendencia a la salud o la madurez del desarrollo tiene especial significación. Gran parte de
las enfermedades físicas se deben a una invasión por parte del medio o a una deficiencia ambiental, no tratándose
de meros trastornos del desarrollo. Pero siempre puede describirse el trastorno psicológico en términos propios del
desarrollo emocional, ya sea retardado o deformado o privado de alcanzar la madurez propia de la edad alcanzada
por el pequeño. En la medicina psicológica existe un vínculo aún más estrecho entre lo normal y lo anormal que el
que existe entre la fisiología y los procesos patológicos de los tejidos y las funciones.

La diferencia entre la pediatría y la psiquiatría infantil es que el pediatra considera que el síntoma es un reto a su ar -
senal terapéutico, esperando que ello sea cierto siempre. Si el niño padece dolor, entonces cuanto antes se haga el
diagnóstico y se elimine la causa mejor. El psiquiatra de niños ve en el síntoma una organización de extrema comple -
jidad, producida y mantenida por el valor que tiene. El niño necesita el síntoma debido a algún obstáculo surgido en
su desarrollo emocional.

El psiquiatra no se dedica a curar los síntomas sino que reconoce en ellos una llamada de auxilio que justifica una in -
vestigación en toda la historia del desarrollo emocional del pequeño en relación con el medio y la cultura en que el
niño se halla inmerso. El tratamiento va dirigido a aliviar al niño de la necesidad de lanzar su llamada de socorro.

Incluso los médicos físicos que toleran los síntomas físicamente determinados y que buscan las causas originarias
cuando enfrentan a una enfermedad física tienden a hacerse alérgicos a los síntomas ante el síndrome de etiología
psicológica.

La intolerancia de los síntomas se presenta porque el pediatra físico no está muy interesado de la psicología dinámi -
ca (psicoanálisis) sin embargo, solo por dicha ciencia cabe hallar sentido a los síntomas.

Hay que aceptar los dos tipos de enfoque, el físico y el psicológico y asimilar la aportación que cada uno de ellos es
capaz de hacer a la pediatría.

Hay clínicas dedicadas a la enuresis que son dirigidas por pediatras y por lo general el objetivo manifiesto es la cura -
ción del síntoma. Tales clínicas arrinconan la enuresis como síntoma significativo de algo, como una relación infantil
que tiene valor en la economía emocional del pequeño. En la mayoría de los caso, la curación del síntoma no hace
daño y en los casos en que sí, el niño, a través de procesos inconscientes, se resiste a la curación o adopta una señal
alternativa de SOS. Mientras que estas clínicas pediátricas son transitorias, los psiquiatras de niños se encuentran
constantemente con los síntomas de la enuresis. A menudo es claramente visible en calidad de fenómeno secunda-
rio o subsidiario.

Winnicott toma como ejemplo el de un muchacho en que no era posible aplicarle el psicoanálisis y cuya curación de -
pendió de 3 sesiones psicoterapéuticas. Durante las mismas estuvo constantemente dibujando. El tratamiento corría
principalmente a cargo de los padres. El muchacho pudo obtener lo que le hacía falta sin necesidad de recurrir a nin -
guna enfermedad física.

Ejemplo: un caso de enuresis

Philip, 9 años. Durante la guerra el padre estuvo ausente y al finalizar se retiró del ejército y reconstruyo su hogar.

El niño iba al colegio. El director escribió a los padres una carta diciendo que saquen a Philip de la escuela porque era
el causante de robos y que el niño estaba enfermo y no podría responder a ningún tratamiento correctivo. Los pa -
dres consultaron a un médico de cabecera quien les recomendó un psiquiatra.

La madre cuanta la historia: la guerra provoco una ruptura en el hogar que afecto a Philip más q a su hno. El parto
fue difícil. Fue amamantado sin problemas durante 6 semanas. Cuando Philip tenía 2 años la guerra empezó a inter -
ferir en su vida. Dejó de gozar de cuidados en el hogar y se convirtió en un niño quieto y silencioso. Demasiado pro -
penso al catarro. A los 6 años le extirparon las amígdalas pero la tendencia catarral continuó. La madre cuidaba a
Philip con ayuda de una niñera y se dio cuenta que su coordinación era deficiente.

Entre los 2 y 4 años él y su hno. estuvieron lejos del hogar con su madre. El hogar no se recompuso hasta que el pa -
dre no volvió del ejército. Philip no era demostrativo pero era afectuoso con su madre y con su hna. Las dificultades
no se manifestaron hasta que cumplió los 6 años. En cuanto al adiestramiento fisiológico nunca presentó problema;
tampoco lo fue la incontinencia nocturna.

A los 6 años cuando le extirparon las amígdalas y regresa a su casa, tenía el reloj de la enfermera. Durante los si -
guientes 3 años robo otro reloj y dinero. Robo otros objetos y se desarrolló en él la pasión de la bibliofilia. Leía los li -
bros que se compraba pero el hecho de comprar libros era importante para él. Junto a estos síntomas hubo un cam -
bio en el carácter. Comenzó a mostrarse desaliñado. Fue perdiendo el interés por sus pertenencias con la salvedad
de nuevos libros y hubo un aumento en los deseos de regalarle cosas a su hna. (Entre los 6 y 8 años).

Al nacer la hna. (él tenía 6 años) se mostró celoso pero le tomo afecto. La madre y el padre ansiaban que su segundo
hijo sea mujer, pero nació Philip. El nacimiento de la niña fue un gran alivio para la familia y liberó a Philip de un vago
sentimiento de que querían que fuese distinto de lo que realmente era. El asunto de las amígdalas, que aparente -
mente había provocado el cambio de personalidad en el niño, había tenido lugar poco tiempo después del nacimien -
to de la pequeña y más tarde se descubrió que este nacimiento fue el mayor de los trastornos.

A los 8 años se mostraba asustadizo ante cualquier cosa que indujera a los demás reírse de él. A modo de defensa
contra esto cultivó el arte de la imitación y de esta forma era capaz de hacer reír a voluntad. El sueño era difícil por la
obstrucción nasal y se valía de esta dificultad física, sin saberlo, con el fin de obtener la presencia de su madre por la
noche. Padecía fobia a ser herido y después de la operación le tenía fobia a los médicos.

Padecía mayor urgencia y frecuencia de la micción, que la madre relacionaba a la obstrucción nasal. Le gustaba el
campo y poseía un galgo propio, hecho que desempeñó un papel importante en la curación. Mientras tenía proble -
mas en la escuela, Philip escribió una carta en la que no había ninguna señal de aflicción.

Resumen del caso

La historia de la madre demostraba que el muchacho había empezado bien su vida pero que existía un contratiempo
en el desarrollo emocional del chico, que databa de los dos años. En defensa contra la inseguridad ambiental había
adoptado un repliegue y una relativa falta de coordinación. A los 6 años comenzó la degeneración de la personalidad
que era progresiva y llevada hacia una sintomatología de mayor importancia a los 9 años, motivo por el que fue traí -
do.

La forma en que lleve el caso

El psicoanálisis quedaba fuera de lugar. Iba a necesitar la ayuda de la madre ya que estaba claro que la había perdido
a los 2 años. Fue ella quien ayudo al niño a superar la enfermedad mental. El muchacho efectuó una regresión, retro -
cedió en su desarrollo emocional y después reemprendió el camino hacia adelante. En el momento más profundo de
su regresión fue cuando empezó a orinarse en la cama.

Primer entrevista : No hubo dificultad inicial, el paciente era atractivo e inteligente, algo retraído. Adopte una técni -
ca: una especie de prueba proyectiva. Es un juego en el que el terapeuta primero hace un garabato y el paciente lo
convierte en algo, luego el traza un garabato y yo quien lo transforma en algo. En el dibujo 3, dibujó el garabato y rá-
pidamente lo convertí en una cara que según él era un pez. Esto indico su preocupación por su realidad personal o
interior, sin denotar una excesiva preocupación por la objetividad.

Dibuje un garabato y el dijo que era un leona con su cachorro. El muchacho sentía una poderosa identificación ma -
ternal y la relación madre-hijo tenía especial importancia para él. El turno de él. Dibujo un garabato que él convirtió
en una bota dentro del agua, algo que de nuevo era absolutamente personal. El muchacho estaba en un estado de
casi sonambulismo. El muchacho ya había llegado a un estado de gran creatividad. Hablaba de material onírico y su
próximo dibujo lo llamo “brujo”. El brujo se aparecía a la medianoche en la escuela. Al parecer, el niño se quedaba
por las noches acechando al brujo largo tiempo. El brujo tenia poder absoluto y mágico. Tenía la facultad de ente -
rrarte y convertirte en un objeto. Este brujo fue importante en el entendimiento de la compulsión a robar.

Contó un sueño en el que se encontraba con su madre en un coche que se deslizaba pendiente abajo. Al final de la
pendiente había un terraplén y el coche iba tan rápido que no podía detenerse. En el momento crítico se producía el
acto de magia buena: el coche saltaba por encima del terraplén. Al niño le asustaba el hecho de que en el sueño hu -
biese tenido que recurrir a la magia buena ya que ello significaba la necesidad de creer en la magia y si existía magia
buena, entonces tenía que haber magia mala. Lo malo era su incapacidad para afrontar la realidad su necesidad de
recurrir a la magia.

Se le pregunto si sentía a veces tristeza (el niño la denominaba momentos melancólicos) y dijo que el peor senti -
miento de tristeza lo experimento la primera vez que se vio separado de su madre. El y su hno se fueron a vivir con
sus tíos y a veces veía a la madre en la cocina, con su vestido azul, y cuando corría hacia ella se transformaba en su
tía. Alucinaba a su madre.

El próximo dibujo fue un espejo y dio una explicación científica que su tío le había dado. La belleza del espejo estaba
vinculada con sus sentimientos con respecto a la madre.

Cada vez que la situación se hacía tensa y el chico se ponía serio y pensativo, mis notas eran menos claras. El peor
momento melancólico había sido cuando tenía casi 6 años. Esto demostró la importancia del nacimiento de su hna.
La madre se había ido porque había ingresado al hospital para parir. En ese momento no solo alucinaba a su madre
sino que también necesitaba que le dijesen rectamente lo que debía hacer y su tío había adoptado la actitud propia
de un sargento. Dominando la vida del pequeño había contrarrestado el vacío de la perdida de la madre. El dibujo de
la leona de mar con su cachorro demostraba lo mucho que había idealizado la relación madre- hijo.

Volvimos al tema del brujo y este llevaba el abrigo de su tío soldado, el que había dominado su vida y de esta manera
lo salvo de la depresión. Dijo que la voz del brujo era igual a la de su tío. Esta voz seguía dominándolo en la escuela,
diciéndole que robase, cosa que él se sentía obligado a hacer. Si titubeaba la voz le decía “no seas cobarde”. Enton-
ces hablo del principal episodio motivo de su expulsión. Al robar, se hallaba en camino de encontrar a la madre que
había perdido. El último dibujo, dijo que se trataba de su padre en una barca. Por encima de la barca vuela un águila
que lleva un conejito. El águila representaba su mayor deseo: robarle la Hna. a su madre. Sentía celos de la hna. por
la necesidad de ser un bebe y disfrutar una segunda oportunidad de valerse de su madre en un estado de dependen -
cia.

El hecho de que su padre estuviese lejos luchando por su patria, en lo que hace a sus necesidades infantiles, el padre
estaba descuidando la necesidad que el chico sentía de tener un padre junto a él, fuerte, amistoso, comprensivo y
responsable.

Segunda entrevista: Al cabo de una semana el brujo y su voz habían desaparecido a raíz de la primera entrevista. En
este dibujo, que representaba la casa del brujo, yo me hallaba dentro de la casa armando una escopeta, mientras el
brujo emprende la retirada. El humo indica que la esposa del brujo esta en la cocina cocinando. Yo entro en al casa y
despojo a la mujer de su magia. Esto muestra la necesidad del muchacho de encontrar a su madre en la cocina: la al -
ternativa la representaba la bruja y el caldero, y los mágicos encantamientos de la mujer de la primera infancia, tan
terribles debido a la absoluta dependencia del pequeño. Dos dibujos más: en uno el brujo se va recorriendo los pasi-
llos de la escuela. Después de eso el chico dijo otra vez lo de la alucinación de la madre que se transformaba en la
tía. En el último dibujo vuelve a representar al brujo, esta vez siendo objeto de mofa. Es un dibujo gracioso.

Tercer entrevista: Empezó con un dibujo en el que se ve a su enemigo dejando caer un cuchillo sobre su galgo. El
enemigo es el hijo del tío (primo) que era odiado debido al fuerte cariño que Philip sentía por el padre del primo. El
tercer intervalo ejecutaba un complejo trazado con raíles de mi tren de juguete. Todas las otras veces que volvió a la
consulta se limitó a jugar con el tren: ya no hice más psicoterapia. En este caso jamás se pensó en el psicoanálisis
como tratamiento.

La enfermedad en el hogar

Philip fue aceptado en casa como caso especial, como niño enfermo al que era necesario permitirle que enfermase
aún más. Había habido una enfermedad controlada que debía permitírsela desarrollarse por completo. El niño debía
recibir un periodo durante el cual el medio ambiente debe adaptarse activamente a sus necesidades. Gradualmente
fue replegándose y haciéndose dependiente. Se hallaba en estado de sonambulismo. Varias veces la madre trato de
alentarse a que se levantase solo pero el chico empezó a llorar de aflicción, entonces abandono sus intentos. Se
comportaba de manera incivilizada, comía mecánicamente. Empezó a bajar la pendiente de manera constante, cada
vez menos capaz de vivir en su cuerpo o de interesarse por su aspecto.

Su forma de andar perdió coordinación y al llegar al punto más bajo de la regresión, progreso hasta adoptar una téc -
nica de andar: lo que hacía era avanzar dando tumbos. Lo que no hacía era caminar. Mientras iba progresando em -
pezó a emitir unos ruidos. A veces salía de este estado durante 1 o 2 hs. Cuando por ejemplo sus padres daban un
cóctel, luego volvía a su estado.

Siempre estaba cansado. Experimentaba creciente dificultad para levantarse. Por primera vez desde la infancia em -
pezó a orinarse en la cama. Todo esto durante unos 3 meses. Una mañana quiso levantarse lo que fue el principio de
su gradual restablecimiento, en el que no se registró ningún retroceso. Los síntomas fueron esfumándose y el chico
se hallaba en condiciones de volver a la escuela. Después de la primera entrevista psicoterapéutica, nunca más vol -
vieron a aparecer el brujo y la voz, ni los impulsos a robar. A los 12 años y medio ingreso en una escuela particular, a
los 14, desde el punto de vista académico, superaba en un año a los de su edad.

Recapitulación: Las dos disciplinas deberían producir diferentes clases de pediatras, cada una de ellas con respecto
por la otra. Si en este caso, a consecuencia de la enuresis, se hubiese consultado a n pediatra, la madre no sabía que
estaba sucediendo y el pequeño tampoco. En el caso de Philip existía un marco bueno APRA que la enfermedad se
desarrollase y llegase a su fin natural. Hubiese sido inútil tratar de curar la enuresis de Philip in afrontar la necesidad
regresiva que había tras ella.

9- Papel de espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño.

En el desarrollo emocional individual el precursor del espejo es el rostro de la madre. En las primeras etapas del de-
sarrollo emocional del niño desempeña un papel vital el ambiente, que en verdad aún no ha sido separado del niño
por este. Poco a poco se produce la separación del no yó y el yo, y el ritmo varía según el niño y el ambiente. Los
principales Cambios Se producen en la separación de la madre como rasgo ambiental percibido de manera objetiva.
Si no hay una persona que sea la madre, la tarea del desarrollo del niño resulta infinitamente complicada.

Permítaseme simplificar la función ambiental y afirmar en pocas palabras lo que implica:

1-Aferrar-----2.Manipular-----3.Presentar el objeto.

Un bebé es sostenido y manipulado de manera satisfactoria, y dado esto por sentado se le presenta un objeto en tal
forma, que no se viola su legítima experiencia de omnipotencia. El resultado puede ser el de que el bebé sepa usar el
objeto y sentir que se trata de un objeto subjetivo, creado por él.

Todo corresponde al comienzo, y de ahí nacen las inmensas complejidades que abarcan el desarrollo mental y emo -
cional del bebé y el niño. ¿Qué ve el bebé cuando mira el rostro de la madre? Yo sugiero que por lo general se ve a sí
mismo. Pido que no se dé por supuesto lo que las madres que cuidan a sus bebés hacen bien con naturalidad.

Yendo directamente al caso del bebé cuya madre refleja su propio estado de ánimo o, peor aún, la rigidez de sus
propias defensas. Muchos bebés tienen una larga experiencia de no recibir de vuelta lo que dan. Miran y no se ven a
sí mismos, surgen consecuencias. Primero empieza a atrofiarse su capacidad creadora, y de una u otra manera bus-
can en derredor de otras formas de conseguir que el ambiente les devuelva algo de sí. Otros, atormentados por este
tipo de fracaso materno relativo, estudian el variable rostro de su madre, en un intento de predecir su estado de áni -
mo tal como todos nosotros estudiamos el tiempo. El bebé aprende muy pronto a hacer un pronóstico

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