España 711. Explicaciones para Un Colapso Inesperado
España 711. Explicaciones para Un Colapso Inesperado
Hispania 711:
explicaciones desesperadas para un colapso inesperado
<http://www.retimedievali.it>
*
Este trabajo ha sido desarrollado dentro del Proyecto de Investigación “Colapso y regenera-
ción en la Antigüedad tardía: el caso del noroeste peninsular” (HAR2013-47889-C3-1-P), finan-
ciado por el Ministerio de Economía y Competitividad; y en el marco de un programa de For-
mación del Profesorado Universitario (F.P.U.) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte
(Ref. FPU13/02473).
1
Sobre el carácter decisivo que puede llegar a tomar un determinado episodio bélico, Bachrach,
Vouillé and the Decisive Battle Phenomenon in Late Antique Gaul, pp. 11-41.
2
Díaz, Los godos como epopeya, pp. 25-73.
3
Menéndez Pidal, España y su historia, pp. 239-271; Orlandis, De cómo nace y se pierde
España, pp. 181-192; Roca Martínez, El crepúsculo del reino visigodo de Toledo, pp. 119-204;
Suárez Fernández, La “pérdida de España”, pp. 55-62.
4
Llama la atención que, frente a las fuentes posteriores, en este texto no se perciba una me-
diatización religiosa de los acontecimientos del 711 ni un juicio demasiado hostil hacia los con-
quistadores: De Ayala, La memoria del 711, pp. 347-348. Sobre la Crónica mozárabe del 754
remitimos a Continuatio Isidoriana Hispana. El otro ejemplo cronístico cristiano del siglo VIII
conservado es la Crónica bizantino-árabe de 741, pero solamente se limita a recoger una breve
noticia relativa a la conquista musulmana de la península ibérica. Sobre esta crónica: Collins,
The Arab Conquest, pp. 26-29; Blanco Silva, Una crónica mozárabe, pp. 153-168; Martín, Los
Chronica Byzantia-Arabica.
5
Un buen recorrido por las fuentes que tratan con mayor profundidad esta cuestión en García
Sanjuán, Las causas de la conquista islámica, pp. 101-127, y también, aunque limitado a la hi-
storiografía cristiana, De Ayala, La memoria del 711, pp. 346-371.
6
Sánchez Salor, El providencialismo en la historiografía, pp. 179-192.
7
Isla, Consideraciones sobre la monarquía astur, p. 168. Profundiza más en este aspecto, Mar-
tin, Un récit, pp. 11-42.
8
Lo mismo podríamos decir en lo referente a la legitimación que hacen estas fuentes de la figu-
ra de Rodrigo. García Sanjuán, Las causas de la conquista islámica, pp. 115-116.
9
Collins, The Arab Conquest, pp. 31-32. Maíllo, De historiografía árabe, p. 12, n. 9: «Ellos, por
lo regular, nunca pretendieron alcanzar una veracidad absoluta en sus narraciones históricas,
su problema era más bien el de la fiabilidad de la transmisión, lo que no implica juicio ontológico
alguno sobre la historia».
10
El carácter legendario de la figura del conde Julián puede confirmarse en el hecho de que dos
de las crónicas árabes más antiguas que narran la conquista musulmana de la península no
mencionan esta historia. García Sanjuán, Las causas de la conquista islámica, p. 115.
11
Martin, La géographie du pouvoir, p. 329.
12
González Salinero, Las conversiones forzosas, pp. 70-80; Petit, Derecho visigodo del siglo
VII, pp. 84-85.
13
Ideas que cuajarían con posterioridad al 711 en los ambientes resistentes del mozarabismo y
los emergentes reinos cristianos: Flori, El Islam y el fin de los tiempos, pp. 129-147.
14
García Moreno, Expectativas milenaristas y escatológicas, pp. 103-110.
y arabista que interpretó las evidencias conocidas de los años finales del reino
visigodo como una confirmación de la inevitabilidad de su desaparición o, al
menos, de la existencia de una crisis estructural en su seno. Sorprendidos por
el rápido proceso de sumisión del territorio peninsular por parte islámica, los
estudiosos no se resistieron a culpar del desastre a la propia víctima y a sus
problemas de orden interno15. De esta manera, las noticias conservadas en las
fuentes cronísticas, los testimonios de las actas conciliares, así como buena
parte de las medidas legislativas conservadas en el Liber Iudiciorum, fueron
leídas unilateralmente bajo la óptica de la crisis del reino16. Un argumento
prácticamente unánime es la identificación de un ambiente de confrontación,
directa o indirecta, entre el poder central, encarnado por la figura de un rey
débil, y los sectores más poderosos de la sociedad hispanovisigoda, personi-
ficado en la jerarquía eclesiástica y la aristocracia laica. Ello habría dado pie
a un estado de fuerte inestabilidad política que, unido a la inoperatividad de
la maquinaria institucional, a la falta de solidaridad de la aristocracia en la
defensa del reino y a la sensación general de crisis social, habrían llevado, en
última instancia, al desastre militar del 711.
El propósito de las siguientes páginas es presentar una lectura de los últ-
imos años de existencia del reino visigodo de Toledo alejada de ese halo “pe-
simista” que ha rodeado a buena parte de la historiografía precedente17. No
pretendemos agotar todos los aspectos relativos a este controvertido período;
15
Los historiadores, en un afán eurocentrista, parecen olvidarse del otro actor que, al fin y al
cabo, acabó con el dominio visigodo, como es el conquistador musulmán. No debemos meno-
spreciar su fuerza, ya que, para el momento de su incursión en la península ibérica, «habían
terminado con el imperio sasánida, arrebatado la mitad de sus dominios a Bizancio y cuando lle-
gan a España se encuentran en el apogeo de una expansión que hasta entonces no ha podido ser
frenada y que ha supuesto la conquista de más de cuatro millones de km2» (Besga Marroquín,
Consideraciones sobre el fin del reino visigodo de Toledo, p. 13). Ahora bien, este imparable
proceso expansivo no implica la inevitabilidad de la conquista musulmana de la península. Para
el proceso de expansión de la dominación islámica cf. Kennedy, Las grandes conquistas árabes.
16
Esta idea no se circunscribe a ninguna tendencia historiográfica concreta, sino que es común
a líneas de investigación del todo diversas. A modo de ejemplo, cf. Torres, Las invasiones y los
reinos germánicos, pp. 128-139; Thompson, The Goths in Spain, pp. 317-319; Vigil y Barbero,
Algunos aspectos de la feudalización del reino visigodo, pp. 71-91; Vigil y Barbero, La forma-
ción del feudalismo, pp. 201-207; King, Law and Society in the Visigothic Kingdom, pp. 40-41;
Sánchez Albornoz, Orígenes de la nación española, pp. 159-173; García Moreno, El fin del reino
visigodo de Toledo, obra que ha constituido la referencia sobre el tema en los últimos decenios;
García Moreno, Los últimos tiempos del reino visigodo, pp. 425-460, donde algunos extremos
precedentes aparecen ponderados; Orlandis, Historia de España, pp. 292-294; Orlandis, De
cómo nace y se pierde España, pp. 188-191; Besga Marroquín, Consideraciones sobre el fin
del reino visigodo de Toledo, pp. 24-33. La historiografía arabista también se ha hecho eco de
estas ideas. Cf., entre otros, Lévi-Provençal, España musulmana, pp. 3-6; Chalmeta, Invasión
e Islamización, p. 68, n. 6; Manzano Moreno, Conquistadores, emires y califas, p. 32; insiste en
la misma idea en Manzano Moreno, Algunas reflexiones sobre el 711, p. 13; García Sanjuán, La
conquista islámica de la Península Ibérica, pp. 369 y 378-379.
17
Desgraciadamente, son muy pocos los trabajos que presentan los años finales del reino vi-
sigodo desde este punto de vista: Collins, The Arab Conquest, pp. 6-22, aunque en Collins, Vi-
sigothic Spain, pp. 116 y 142-143, matiza sus anteriores afirmaciones; Wickham, Framing the
Early Middle Ages, pp. 93-10; Martin, La géographie du pouvoir, pp. 371-376. En los últimos
años también García Moreno, España 702-719, pp. 25, 125.
nos limitaremos a analizar las dinámicas y las estructuras del poder visigodo
que incidían de manera directa en el plano social. Para ello interpretaremos
las iniciativas regias, más o menos eficaces según los casos, como una reac-
ción enérgica ante los problemas y necesidades que el monarca y su estrecho
círculo de gobierno se encontraron en el ejercicio de su autoridad.
2. Las dinámicas de poder en la etapa final del reino visigodo: búsqueda de
equilibrios y mecanismos de regulación
Conocemos bien que la pugna por ocupar el trono fue constante en la hi-
storia visigoda y que los intentos por crear unos principios de elección acep-
tables para todos, así como por definir el papel del monarca y limitar el ámb-
ito de sus atribuciones, no consiguieron imponerse. Pero presentarlo como
una polarización entre los intereses del rey y de los nobles, esencialmente la
aristocracia goda, puede ser una simplificación si no se explica claramente.
En su lugar, preferimos plantear un sistema dual rey-aristocracia, donde las
pugnas por ocupar el trono y las disputas omnipresentes en la legislación ci-
vil, pero aún más claramente en las actas conciliares, son, en sí mismas, un
mecanismo de regulación.
La figura del monarca nunca adquirió una entidad autónoma, sino que
necesitaba el recurso de la aristocracia para poder ejercer sus tareas de go-
bierno. Cuando Recesvinto llama a los aristócratas quos in regimine socios18,
está definiendo aquello que es la esencia del sistema político. Los aristócratas
godos consideraban, por lo tanto, que eran depositarios de la legitimidad del
poder como un cuerpo unitario. Al rey, cabeza visible de ese cuerpo que es el
estado visigodo, tal como lo habría definido Isidoro en sus construcciones de
teología política19, correspondía la administración de ese patrimonio común y
el mantenimiento de unas relaciones de reciprocidad con su gente. Aquí entra
en juego el reparto y la gestión del territorio, en una sociedad donde la tierra
es el patrimonio esencial, definidor de estatus y garante de riqueza.
Sin entrar en muchos detalles20, los visigodos recibieron como herencia
en los territorios que ellos gestionaban un enorme patrimonio que incluiría,
en primer lugar, todas las tierras públicas que habían formado parte del im-
perio, por extensión todas las tierras abandonadas o sin propietario efectivo.
Una parte considerable de las propiedades públicas habrían sido directamen-
te adjudicadas a la monarquía, convirtiéndose el rey en usufructuario último
18
Concilium Toletanum VIII, a. 653, Tomus, 154-156: «quos in regimine socios, in aduersitate
fidos et in prosperis amplector strenuos», en La Colección canónica hispana, vol. 5, p. 378.
19
Valverde Castro, Ideología, simbolismo y ejercicio del poder real, pp. 225-254; Wood, The
Politics of Identity in Visigothic Spain, pp. 140-142.
20
Un balance sobre la importancia de la tierra en las dinámicas de poder del reino visigodo de
Toledo en Díaz, La dinámica del poder y la defensa del territorio, pp. 173-179.
21
Vigil y Barbero, Algunos aspectos de la feudalización, pp. 111-112; García Moreno, Algunos
aspectos fiscales, pp. 233-256.
22
Castellanos, The political nature of taxation in Visigothic Spain, pp. 213-218.
23
King, Law and Society in the Visigothic Kingdom, pp. 64-72. En el año 653 Recesvinto aten-
dió a esas reclamaciones en el VIII Concilio de Toledo. Allí se estableció que en adelante se
observase una nítida distinción entre los bienes públicos de la corona que el rey exclusivamente
administra y aquellos que eran suyos personales. En adelante, todos los bienes que el rey adqui-
riese después de su ascenso al trono pasarían a considerarse de la corona y no propios. Hay que
anotar que la disposición fue poco eficaz, y a finales del siglo VII la confusión de patrimonios
seguía siendo norma. Concilium Toletanum VIII, a. 653, c. 10, Decretum iudicii universalis
editum in nomine principis y Lex edita in eodem concilio a Recesuinto príncipe glorioso, en La
Colección canónica hispana, vol. 5, pp. 427-431, 448-464. De hecho, la dualidad de expropia-
ción, en beneficio del propio rey o del fisco, está implícita en las devoluciones que Witiza lleva a
cabo para reparar las ofensas cometidas por su padre. Chronicon Mozarabicum a. 754, 44, 12-
13: «rebus propriis redditis et olim iam fisco mancipatis», en Continuatio Isidoriana Hispana,
p. 218.
24
Una de las claves del problema podía residir en el hecho de que en muchas ocasiones los mo-
narcas hacían entrega de bienes, no en propiedad, sino en estipendio. Este derecho de uso podía
ser revocado de no darse las contraprestaciones exigidas; revocación que era sentida por quie-
nes la sufrían como la expropiación de propiedades que consideraban suyas de pleno derecho:
Sánchez-Albornoz, Estudios visigodos, pp. 253-375.
25
Concilium Toletanum V, a. 636, c. 3, 81-83: «ut quisquis talia meditatus fuerit, quem nec
electio omnium prouehit nec Goticae gentis nobilitas»: en La Colección canónica hispana, vol.
5, p. 282; Concilium Toletanum VI, a. 638, c. 17, 341-346: «Rege uero defuncto nullus tyrannica
praesumptione regnum assumat, nullus sub religionis habitu detonsus aut turpiter decaluatus
aut seruilem originem trahens uel extraneae gentis homo, nisi genere Gotus et moribus dignus,
prouehatur ad apicem regni», en La Colección canónica hispana, vol. 5, pp. 326-327.
26
Los juramentos de fidelidad al monarca desempeñaron un papel fundamental en el funciona-
miento de las relaciones y los vínculos políticos entre este y sus súbditos, constituyendo uno de
los instrumentos de la monarquía más significativos para cohesionar el reino: Vigil y Barbero,
La formación del feudalismo, pp. 152-154, 170-171; García Moreno, El estado protofeudal, pp.
17-43.
27
Concilium Toletanum IV, a. 633, c. 75, en La Colección canónica hispana, vol. 5, pp. 249-
260. Afirman los obispos que eso se hace «pro robore nostrorum regum et stabilitate gentis
Gothorum». En algún momento se alude a que esa inestabilidad puede estar provocada «cunctis
Spaniae populis», pero es una amenaza menor comparada con la del grupo social («ex nobis»)
cuya fidelidad es el sostén del rey. La importancia de este asunto se pone en evidencia en las
penas que se explicitan tanto en este como en posteriores cánones conciliares y leyes civiles
promulgados en los años siguientes. Valverde Castro, Ideología, simbolismo y ejercicio del po-
der real, p. 218.
28
Concilium Toletanum XVI, a. 693, c. 10, en Concilios visigóticos e hispano-romanos, pp.
509-512.
29
Leges Visigothorum, II, 5, 19, 30-39: «Unde speciali edicto decernimus ut nemo deinceps ce-
tra fidem regiam uel propria causarum negotia se cum alio presumat uinculis nectere iuramenti,
aut in deceptionem potestatis regie uel cuiuslibet alterius tam scelerate fraudis se audeat actio-
ne constringi. Si quis uero amodo aliter quam premissum est huiusmodi iuramento se alligare
presumserit, illius se noverit legis perculi santionem que de perfidis noscitur et contra regem
agentibus promulgata existere»: García López, Estudios críticos y literarios, pp. 359-360; Gar-
cía Moreno, El fin del reino visigodo, pp. 201-202. Esta ley, unida al canon 10 del XVI Concilio
de Toledo, es también importante en tanto limitaba el denominado habeas corpus decretado por
Ervigio en el XIII Concilio de Toledo (Concilium Toletanum XIII, a. 683, c. 2, en La Colección
canónica hispana, vol. 6, pp. 231-232). En dicho concilio se otorgaron ciertas garantías proce-
sales a la aristocracia laica y eclesiástica en cuanto a los juicios por infidelidad al rey, garantías
que Egica pretendía recortar. Con estas medidas Egica conseguía anular en la práctica estos
privilegios, pudiendo así legitimar las medidas represivas contra los implicados en la conjura de
Sisberto y la facción ervigiana.
30
Leges Visigothorum, II, 1, 7, 13-22: «Si quis sane ingenuorum de sublimatione principali
cognouerit et dum discussor iuramenti in territorio illo accesserit ubi eum abitare constiterit,
quesita occassione se fraudulenter distulerit in eo ut pro fide regia conseruanda iuramenti se
uinculo alliget, aut ille qui sicut premissum est, ex ordine palatino fuerit, minime regis obtuti-
bus se presentandum ingesserit, quiquid de eo uel de omnibus rebus suis principalis auctoritas
facere uel iudicare uoluerit, sui sit incunctanter arbitrio»: García López, Estudios críticos y
literarios, pp. 389-390. Cf. Vigil y Barbero, La formación del feudalismo, pp. 126-154; García
Moreno, El estado protofeudal, pp. 33-35; Valverde Castro, Ideología, simbolismo y ejercicio
del poder real, pp. 215-225.
31
Concilium Toletanum XVI, a. 693, Tomus y c. 10; Concilios visigóticos e hispano-romanos,
pp. 487, 509-512.
32
Chronicon Mozarabicum a. 754, 44, 5-13: «Qui non solum eos quos pater damnauerat ad
gratiam recipit temtos exilio, uerum etiam clientulus manet in restaurando. Nam quos ille graui
oppresserat iugo, pristino iste reducebat in gaudio et quos ille a proprio abdicaberat solo, iste
pio reformans reparabat ex dono. Sicque conuocatis cunctis postremo cautiones, quas parens
more subtraxerat subdolo, iste in conspectu omnium digne cremat incendio et non solum quia
innoxios reddet, si uellet, ab insoluuili uinculo, uerum etiam rebus propriis redditis et olim iam
fisco mancipatis palatino restaurat officio», en Continuatio Isidoriana Hispana, pp. 216, 218.
33
Chronicon Mozarabicum a. 754, 41, 4: «Hic Gothos acerua morte persequitur»; en Continua-
tio Isidoriana Hispana, p. 212; Martin, La réforme visigothique, pp. 37-57.
34
Díaz, Confiscations in the Visigothic reign, pp. 93-112.
Orlandis, El canon 2 del XIII Concilio, p. 1607, cree que el fenómeno contribuía a ese equili-
36
brio social, aunque también que era una de las causas de la debilidad crónica de la monarquía.
37
Leges Visigothorum, IX, 2, 8, Wamba, en Liber iudiciorum sive Lex Visigothorum, pp. 370-
373. Se trata de una meditada ley sobre cómo afrontar una sedición, que incluye toda una serie
de detalles dirigidos a todo el territorio del reino sobre la defensa del territorio y el sistema de
reclutamiento. Sobre los ataques exteriores, todos los habitantes que vivieran en un radio igual
o inferior 100 millas de la zona atacada, independientemente de su condición social, deberían
acudir a la defensa del reino con todos sus hombres. En caso de retrasarse o no acudir a la
defensa del regnum, la ley estipula una serie de castigos, aplicables también en el caso del no
cumplimiento de las obligaciones militares en el caso de rebeliones internas. Para estas también
se fija la presencia de todos aquellos en un radio de 100 millas del lugar de dónde se había pro-
ducido la rebelión. Esta ley, según pone de manifiesto el rey en el dispositivo final de su norma,
pretendería acabar con la indiferencia manifestada por algunos habitantes del reino a la hora
de defender el territorio. Leges Visigothorum, IX, 2, 9, de Ervigio, en Liber iudiciorum sive Lex
Visigothorum, pp. 374-379: estipula la obligación de todos los hombres libres del reino de acudir
a la llamada del rey y, en el caso de que los tuvieran, venir acompañados con una décima parte
de los individuos bajo su dependencia.
38
Leges Visigothorum, V, 7, 19, en García López, Estudios críticos y literarios, pp. 421-424.
Esta norma regula la convocatoria militar de los libertos regios, que deben acudir a la presencia
del rey para que decida con quiénes deben realizar la expedición militar: García López, Estudios
críticos y literarios, pp. 421-424.
39
Algunos autores, basándose en la importancia de los ejércitos privados, han aducido una cier-
ta incapacidad del monarca para ejercer plenos poderes sobre el ejército y ostentar el control
de la violencia en su territorio. Argumentan que los potentes al final se despreocuparían de las
tareas defensivas del reino, prevaleciendo en el uso de estas comitivas privadas los intereses de
tipo personal, en vez de la publica utilitas: Vigil y Barbero, Algunos aspectos de la feudaliza-
ción, pp. 86-88; Sánchez Albornoz, El ejército visigodo, pp. 43-50; Sanz Serrano, Aproxima-
ción al estudio de los ejércitos privados, pp. 263-264; Pérez Sánchez, El ejército en la sociedad
visigoda, pp. 143-193.
40
En este sentido, cf. Wormald, “Lex Scripta” and “Verbum Regis”, pp. 105-138; Ullmann, Hi-
storia del pensamiento político, p. 17; Watson, Ancient Law and Modern Understanding, pp.
1-20; McKitterick, Introduction, pp. 14-15.
41
A partir de las aportaciones de Ch. Wickham, prima actualmente una visión del mundo
post-romano como un período de predominio de la renta sobre el tributo, en contraste con los
tiempos de dominación romana. Así, el reino dejaría de basar su financiación en la recaudación
de impuestos, debido, en buena parte, al cambio en la concepción del ejército, que pasa a estar
formado por comitivas primadas dependientes de cada señor. Estos últimos exigirían por sus
servicios militares, en vez de una remuneración de tipo monetario, la propiedad de tierras, que
se convierte para estos momentos de la segunda mitad del siglo VII en el patrón de cambio y
riqueza preeminente en la sociedad hispanovisigoda. Ello supuso que el mayor factor de gasto
público se suprimiera y, por consiguiente que la tributación perdiera importancia económica
para el funcionamiento del aparato político-administrativo del reino: Wickham, The other tran-
sition, pp. 3-36; Wickham, Framing the Early Middle Ages, pp. 97-102. Esto no quiere decir
que los impuestos dejaran de ser necesarios para hacer frente a otros gastos generados por la
maquinaria del poder, en función de sus necesidades concretas. Díaz, Martínez y Sanz, Hispa-
nia tardoantigua y visigoda, p. 450; Valverde Castro, La ideología fiscal en el reino visigodo
de Toledo, pp. 179-180. Aun así, las necesidades de tales impuestos para hacer frente a este tipo
de gastos del aparato del reino también se vieron reducidas en vistas a que la burocracia pro-
piamente dicha era bastante reducida, y que los otros agentes del poder, esto es, las élites, eran
recompensados con otra moneda, como era la tierra, y no con el producto de las recaudaciones
tributarias. Martín Viso, Prácticas locales de la fiscalidad en el reino visigodo de Toledo, p. 82.
Por lo tanto, debemos admitir que tales gastos de la maquinaria del reino no fueron comparables
a lo que suponía el dispendio militar.
42
Carrié, L’État à la recherche, pp. 27-60; Haldon, Pre-Industrial States, pp. 1-26.
43
Algunos han llegado a afirmar que «el sistema no estaba cohesionado internamente ni orien-
tado a la defensa fronteriza frente a enemigos externos, por lo que se reveló inoperante ante la
invasión y conquista musulmana» (Gutiérrez González, Fortificaciones visigodas, p. 337).
44
Vigil y Barbero, La formación del feudalismo, pp. 44-52; Wickham, Framing the Early Mid-
dle Ages, pp. 99-100.
45
Leges Visigothorum, IX, 2, 9, 22-23: «profeturum in publica utilitate preceperit», en Liber
iudiciorum sive Lex Visigothorum, p. 374.
46
Esta valoración más positiva de las leyes militares ha sido planteada recientemente por otros
especialistas. En este sentido Isla, Ejército, sociedad y política, pp. 45-52, quien, aceptando que
el ejército refleja las vicisitudes de la sociedad visigoda, ha buscado la explicación a las leyes mi-
litares en paralelo con el relato que Julián de Toledo hace de la revuelta de Paulo y la victoria de
Wamba. Llegando a la conclusión de que las aparentes contradicciones entre la Historia Wam-
bae y las leyes militares procederían exclusivamente de la distinta naturaleza de las fuentes,
pero que, ante todo, estaríamos ante un ejército numeroso y eficaz.
47
El legislador apela en este caso esencialmente a la fidelitas debida al rey para que cualquiera
enterado de una sedición acuda en su defensa. Es verdad que la ley expresamente proclama que
se promulga «de manera que este vicio que en tiempos pasados y hasta ahora desgraciadamente
se había arraigado, quede destruido por la severa censura de esta ley, y que el consentimiento
concorde y unánime consiga la tranquilidad del pueblo y la defensa de la patria» (Leges Visi-
gothorum, II, 1, 8, 21-24: «ut vitium, quod ex preteritis temporibus male usque hactenus ino-
leverat, et severa legis huius censura redarguat, et concors adque unanimis adsensio quietem
plebium et patrie defensionem adquirat», en Liber iudiciorum sive Lex Visigothorum, p. 373;
trad. Ramis Serra y Ramis Barceló, El Libro de los Jueces, p. 713), pero no debe entenderse como
una proclamación de crisis absoluta del sistema militar.
48
Isla, Ejército, sociedad y política, p. 51, cree que es una ley más política que militar y que,
ante todo, pone en evidencia la debilidad del compromiso de los poderes locales, cuya tibieza
ante los rebeldes criticaría expresamente.
49
Leges Visigothorum, II, 1, 8, 13-16: «quelibet persona, qui aut ex ipso sit commissus, ubi ad-
versitas ipsa occurrerit, aut ex altero, qui in vicinitate adiungitur, vel quicumque in easdem pro-
vincias vel territoria superveniens infra centum milia positus, statim ubi necessitas emerserit»,
en Liber iudiciorum sive Lex Visigothorum, p. 371; Pérez Sánchez, El ejército en la sociedad
visigoda, p. 157.
50
Salvando todas las distancias, podemos buscar una comparación con las reformas llevadas
a cabo por Bizancio a partir de Constante II (641-668) y Constantino IV (668-685), cuando las
fuentes se empiezan a referir a los ejércitos bizantinos como themata y la paga regular comien-
za a ser sustituida por la entrega de tierras cuyas rentas servirían para su mantenimiento. Cf.
Treadgold, Byzantium and Its Army, pp. 23-25, quien, en buena medida, se apoya en los datos
monetarios de Hendy, Studies in the Byzantine Monetary Economy, pp. 626-662. Las posi-
ciones sobre la evolución del ejército bizantino en el período son muy controvertidas: Stratos,
Byzantion in the Seventh Century, pp. 275-277; Kaegi, Byzantine military unrest, pp. 641-685.
En cualquier caso, ni el proceso bizantino del siglo VII, ni la contemporánea realidad visigoda
deben llevarnos a buscar similitudes con la implantación de los themata bizantinos que no son
plenamente reconocibles hasta avanzado el siglo IX.
51
Sanz Serrano, Aproximación al estudio, p. 263; Pérez Sánchez, El ejército en la sociedad
visigoda, p. 165; Martin, Le Liber Iudiciorum, pp. 17-34. En el Tomus entregado por Ervigio
en el XII Concilio de Toledo, el monarca ataca la ley de Wamba, por considerar que esta habría
dado como resultado la pérdida perpetua de la honra de casi la mitad del pueblo, al no cumplir
con las obligaciones de dicha norma. Concilium Toletanum XII, a. 681, Tomus; en La Colección
canónica hispana, vol. 6, pp. 140-148. Resulta obvia la exageración de Ervigio, dando pie a pen-
sar que en realidad las personas que perdieron la capacidad de testar, a los que el concilio se la
devuelve, fueron en realidad una cantidad menor, probablemente muchos de ellos partícipes de
la sedición de Paulo. La confirmación a esta hipótesis viene dada en el XIII Concilio de Toledo,
donde el rey restablece la posición social y los bienes de los participantes en la conjura. Conci-
lium Toletanum XII, a. 681, c. 1, en La Colección canónica hispana, vol. 6, pp. 148-155. La crítica
a la ley de Wamba es, por tanto, una excusa que se justifica dentro del proceso de equilibrios de
la aristocracia. Ervigio necesitaba ahora congraciarse con la facción que había apoyado a Paulo
para mantenerse en el trono.
52
Leges Visigothorum, IX, 2, 9, 8-11: «quisquis horum est in exercitum progressurus, decimam
** partem servorum suorum secum in expeditione bellica ducturus accedat; ita ut hec pars
*** decima servorum non inermis existat, sed vario armorum genere instructa appareat», en
Liber iudiciorum sive Lex Visigothorum, p. 377. La medida de su contribución viene marcada
por criterios de objetividad económica, no la superficie de tierra disponible, sino la cantidad de
dependientes.
53
La ley militar de Egica ha sido interpretada como un signo más de la debilidad estructural
del regnum. Sánchez Albornoz, El ejército visigodo, pp. 49-50; King, Law and Society in the
Visigothic Kingdom, p. 76.
54
Leges Visigothorum, V, 7, 19; García López, Estudios críticos y literarios, pp. 421-424. Sería
una ley claramente encaminada a hacer frente a los enemigos al otro lado de las fronteras del
regnum, tal y como pone de manifiesto la propia ley: «ad repulsionem ostium externorum».
55
Pérez Sánchez, El ejército en la sociedad visigoda, p. 164; García López, Estudios críticos y
literarios, p. 412; Isla, Ejército, sociedad y política, p. 64.
56
No era necesario que esta hueste real acompañara al monarca en las campañas militares,
sino que, como nos sugiere la ley («cum quibus eos in publica utilitate proficisci oporteat»), este
último podía asignar parte de estas al mando de otro señor. Leges Visigothorum, V, 7, 19.
57
Isla, Ejército, sociedad y política, pp. 65-67, plantea una lectura similar.
58
La figura del liberto en el reino visigodo debía de formar parte de un grupo bastante hetero-
géneo, con distinciones internas, entre liberti inferiores, que serían la inmensa mayoría, y li-
berti idonei, a los que corresponderían los libertos del fisco: Claude, Freedmen in the Visigothic
Kingdom, pp. 177-181.
59
Crónica de Alfonso III Rotense, a. 687, 4, 3-4: «Cum Francis ter prelium gessit, sed triumfum
nullum cepit», en Crónicas asturianas, p. 118; Crónica de Alfonso III ad Sebastianum, a. 687,
4, 4-5: «Aduersum Francos inrumpentes Gallias ter prelium gessit, sed triumphum nullum ce-
pit», en Crónicas asturianas, p. 119. Isla, Ejército, sociedad y política, pp. 66-67, ha puesto en
relación tales noticias cronísticas con una carta que Julián de Toledo manda al obispo Idalio de
Barcelona, en torno al 688 o el 689, en la que el obispo toledano pone de manifiesto su tranqui-
lidad después de que el rey marchase en «bellica profectio» con todas las tropas. Iuliani Toletani
Prognosticon futuri saeculi libri tres, Praefatio, 80-82: «At modo, quia bellica profectio glorio-
si principis ab urbe regia turbulentos cuneos populorum profecturos secum abegit», en Sancti
Iuliani toletanae sedis episcopi opera, I, p. 13.
60
Concilium Toletanum XVII, a. 694, Tomus, en Concilios visigóticos e hispano-romanos, p. 525.
61
García Moreno, Estudios sobre la organización administrativa, p. 147. Como pone de mani-
fiesto el mismo autor, esta medida también ayudaba a que todo el poder no quedara concentrado
en manos de un único dux prouinciae. Hasta ese momento la Narbonense habría estado bajo
jurisdicción del dux de la Tarraconense, cuya concentración de fuerzas permitió la sedición de
Paulo. Al hilo de esto, se ha pensado que en realidad la causa fundamental de la creación del nuevo
ducatus fueron los acontecimientos del 673: Martin, La géographie du pouvoir, pp. 172-174.
62
Este emplazamiento de duces en zonas fronterizas con una función eminentemente militar
encuentra su paralelo en el mundo merovingio, ya fuera con un carácter permanente o temporal,
aunque sin conocer con precisión si tales mandos militares tenían a su cargo el gobierno de una
circunscripción territorial: Barnwell, Emperor, Prefects and Kings, pp. 111-112.
63
Leges Visigothorum, II, 2, 10; García López, Estudios críticos y literarios, pp. 401-408.
64
Petit, “De negotiis causarum”, pp. 18-19.
65
Un repaso por las ordalías en la legislación tardorromana y post-romana en Moreno Resano,
Observaciones acerca del uso de las ordalías durante la Antigüedad Tardía (siglos IV-VII d.C.),
pp. 167-188.
66
Leges Visigothorum, VI, 1, 3; García López, Estudios críticos y literarios, pp. 532-534. La
ley establece que para resolver aquellos delitos presuntamente cometidos por libres (ingenui),
posiblemente potentiores (Alvarado, El problema del germanismo, pp. 155-156), incluso en
aquellos cuya responsabilidad económica (wergeld) no superase los 300 solidi, el acusado debía
someterse a la prueba del agua hirviendo o caldaria. En el caso de que el acusado o el testigo
sobre cuya credibilidad existiera sospecha no superasen la prueba, estos serían sometidos a
tormento. No hay consenso a la hora de considerar esta ley, no solo ya dentro de la producción
legal egicana, sino también como una emisión visigoda. C. Petit, por ejemplo, apoyándose en
Y. García – quien ve en esta norma un estilo bastante menos cuidado que en el resto – duda de
su autenticidad, llegando a pensar que en realidad se trata de un añadido al Liber Iudiciorum
bastante posterior a la caída del reino visigodo: Petit, “Iustitia gothica”, pp. 68-69, 311-314.
También duda de la historicidad del texto Iglesia Ferreirós, El proceso del conde Bera y el pro-
blema de las ordalías, pp. 82-84. El estudio más completo sobre las ordalías en época visigoda
lo constituye Alvarado Planas, El problema del germanismo, pp. 105-210.
67
Thompson, The Goths in Spain, p. 259; King, Law and Society in the Visigothic Kingdom,
pp. 22, 143-144.
68
Los especialistas no se ponen de acuerdo en el origen concreto de esta ley, es decir, «se ha
hablado de pervivencia de costumbres germánicas acarreadas por los visigodos, de influjo po-
sterior de otros pueblos como el franco, o, más filosóficamente, del atavismo, las formas “irra-
cionales” a las que tiende el derecho cada vez que se debilitan las estructuras estatales»: García
López, Estudios críticos y literarios, pp. 513-514.
69
Pactus legis Salicae, LIII, 1, 5; LXXIII, 5, 6; CXXXII, pp. 200-202, 244-245, 267.
70
En esta línea, aunque analizando esta ley como prueba y consecuencia del supuesto de crisis
en el reino visigodo de Toledo en su etapa final, Alvarado Planas, La aplicación del derecho en
el año 700, pp. 83-85.
71
Cf. White, Proposing the ordeal and avoiding it, pp. 90-126. Lienhard, Ordalies et duels ju-
diciaires au haut Moyen Âge, pp. 211-231, defiende que, antes de tomar una carga supersticiosa
mediatizada por la Iglesia, esta práctica fue esencialmente funcional, constituyendo una forma
más de resolución de causas procesales.
72
Leges Visigothorum, IX, 1, 21; García López, Estudios críticos y literarios, pp. 579-587.
Hablaríamos aquí de todo aquel inscrito en las relaciones de dependencia marcadas por el pa-
trocinium, donde tendríamos tanto a esclavos como a libres, que, aunque conservarían su di-
stinción jurídica, en realidad su situación real no diferiría nada o casi nada de la de los esclavos:
Isla, Los fugitivos, pp. 113-124.
73
Thompson, The Goths in Spain, p. 274; King, Law and Society in the Visigothic Kingdom, pp.
22, 167-168; García Moreno, El fin del reino visigodo, pp. 67-70; Alvarado Planas, La aplicación
del derecho en el año 700, pp. 82-83; García Sanjuán, La conquista islámica de la Península
Ibérica, p. 369.
74
La novedad de esta ley frente a sus predecesoras es la dureza de las penas, más severas que
nunca, y que ahora se centran también sobre los susceptores, es decir, sobre quienes acogen a
los fugitivos. Asimismo, también establece penas a las autoridades negligentes que no apliquen
correctamente los castigos. A estos últimos los castiga con diferentes sanciones en función de
la jerarquía social.
75
Leges Visigothorum, IX, 1, 21, 7-11; García López, Estudios críticos y literarios, p. 580.
76
Esos fugitivos serían muy bien acogidos como mano de obra por otros propietarios o en otras
comunidades rurales. Mientras otras leyes se van adaptando a lo que la realidad socioeconóm-
ica le va dictando, vemos aquí un atisbo de obstinación por parte de la autoridad regia. Es de-
cir, la monarquía conocía la realidad social, en la que las relaciones de dependencia personales
estaban a la orden del día. De hecho, es posible que la aceptara, pero ideológicamente no quería
resignarse a aceptar el fin del viejo sistema esclavista romano y las nuevas relaciones de depen-
dencia basadas en el patrocinium: Isla, Los fugitivos, pp. 118-120.
77
García Moreno, El fin del reino visigodo, pp. 49-50.
78
Tradicionalmente se ha identificado a Suniefredo como el pretendiente laico al trono que la
conjura de Sisberto pretendía promocionar: Beltrán, Iudila y Suniefredo, pp. 101-104; Miles,
The Coinage of the Visigoths of Spain, pp. 35-36; Thompson, The Goths in Spain, p. 244. Esta
cronología está consolidada incluso en la historiografía más actual: Collins, Visigothic Spain,
p. 107. Ahora bien, ya en su día L.A. García Moreno puso en cuestión esta hipótesis, planteando
una posibilidad que nos parece más plausible. Ciertamente, es difícil que Suniefredo hubiera
llegado a acuñar moneda si su usurpación se correspondiera con la conjura de Sisberto, dado
que sabemos por las actas del XVI Concilio de Toledo (c. 9) que dicha conjura fue frustrada
antes de que se produjera. Obviamente, si acuñó moneda en Toledo, necesariamente tuvo que
detentar el poder en la ciudad durante cierto tiempo: García Moreno, El fin del reino visigodo,
pp. 49-50. Recientemente este autor ha rechazado su propia hipótesis: García Moreno, España,
702-719, pp. 164-175.
79
Vico, Cores y Cores, Corpus nummorum visigothorum, pp. 521-522; Pliego, La moneda visi-
goda, p. 178. Sabemos por las actas conciliares del XIII Concilio de Toledo que había disfrutado
de la misma posición política que Egica durante el reinado de Ervigio, es decir, del cargo de
comes scanciarum et dux y que había formado parte del Officium Palatinum. Cf. Concilium To-
letanum XIII, a. 683, Subscriptiones, en La Colección canónica hispana, vol. 5, p. 266; García
Moreno, Prosopografía, p. 77.
80
Wickham, Framing the Early Middle Ages, p. 95.
81
La emisión de una ley concreta contra los traidores no tendría el mismo golpe de efecto que
esta medida, que afectaba en realidad a toda la población, independientemente de su rango
social.
82
Posiblemente únicamente pensara aplicarla en su justa medida, imponiendo castigos ejem-
plares de manera aislada, esperando con ello acabar definitivamente con el problema.
83
Es posible que el Liber Iudiciorum no integrara de forma sistemática todas las leyes que se
emitían en el reino, siendo, por consiguiente, el propio Liber, una recopilación legislativa incom-
pleta. Cf. Martin, Le Liber Iudiciorum, pp. 17-34.
84
Martínez Díez, La Colección canónica hispana, vol. 1, pp. 166-167; García Moreno, España,
702-719, pp. 80-81.
85
Collins, The Arab Conquest, p. 16.
86
Crónica de Alfonso III ad Sebastianum, a. 701, 5, 4-5, en Crónicas asturianas, p. 19.
87
Díaz, Concilios y obispos en la Península Ibérica, pp. 1095-1153. El caso más parecido, aun-
que en circunstancias distintas, es el de Recesvinto, quien, después del VIII Concilio de Toledo
celebrado nada más acceder al trono, no volvió a convocar a lo largo de su largo reinado ningún
otro concilio general.
88
Chronicon Mozarabicum a. 754, 44, en Continuatio Isidoriana Hispana, pp. 216, 218. No
sería descabellada esta hipótesis teniendo en cuenta que fue en otro concilio, en el XVI de To-
ledo (Concilium Toletanum XVI, a. 693, Tomus y c. 10, en Concilios visigóticos e hispano-ro-
Por todo lo expuesto hasta ahora, podemos afirmar que el colapso del rei-
no visigodo de Toledo fue un hecho inesperado, pero, como veremos a conti-
nuación, también inoportuno. La entrada de las tropas musulmanas en el 711
coincidió con una coyuntura de tensión política que se desencadenó a la muer-
te de Witiza y que enfrentó a la facción liderada por los hijos de este último
con aquella del que acabaría siendo elegido para sucederle, Rodrigo. En otras
palabras, se trataba de una más de las disputas sucesorias que recorrieron la
monarquía visigoda desde antes de su instalación en Hispania. En algunas
ocasiones se ha atribuido buena parte de la culpa de lo ocurrido en el 711 a la
falta de un sistema sucesorio fijo, preferentemente de carácter dinástico, y a
la tensión generada por este hecho89. El principio dinástico nunca logró impo-
nerse en la teoría política visigoda, a pesar de que hubo algunos intentos por
marcar este principio en la praxis sucesoria90. Es posible que una monarquía
hereditaria hubiera sido una garante de estabilidad en el 711, pero también es
posible la opción opuesta. Pongamos como ejemplo el caso de la monarquía
merovingia. En el año 585 el rey Gontran de Burgundia debió hacer frente a la
revuelta del usurpador Gundovaldo, quien había sido llamado y apoyado por
grupos de poder contrarios al soberano merovingio91. Además, como se ha de-
mostrado, incluso la dinastía merovingia requería de una mínima aceptación
aristocrática para que uno de sus integrantes ocupara el trono. Prueba de ello
es que no todos los reyes de esta dinastía fueron merovingios de sangre, como
es el caso de Childeberto III el Adoptado, que fue promocionado al trono por
su padre, el mayordomo del palacio austrasiano Grimoaldo92.
Por lo tanto, no podemos atribuir al sistema de sucesión las culpas de lo
ocurrido en Guadalete. Es más, la adopción de una forma u otra de transmitir
la dignidad regia, más que a un tira y afloja entre la monarquía y la aristo-
cracia, podía obedecer más a condicionantes de otro tipo, como podía ser la
búsqueda de una mayor estabilidad en el reino. Esta sería la razón que podría
haber motivado el ascenso al trono de algunos monarcas93, entre los que po-
manos, pp. 483-488, 509-512), en el que estas personas fueron condenadas, por lo que lo lógico
hubiera sido revocar sus resoluciones a través del mismo procedimiento.
89
D’Abadal, Dels visigots als catalans, p. 67; Sánchez Albornoz, Orígenes de la nación
española, p. 162; Orlandis, De cómo nace y se pierde España, p. 189; Besga Marroquín, Consi-
deraciones sobre el fin del reino visigodo de Toledo, pp. 24-26; Suárez Fernández, La “pérdida
de España”, pp. 56-57.
90
Orlandis, La sucesión al trono en la Monarquía visigoda, pp. 90-100; Barbero, El pensa-
miento político visigodo, pp. 302-303; Vigil y Barbero, La formación del feudalismo, pp. 186-
200; Díaz, Rey y poder, pp. 175-195; Valverde Castro, Ideología, simbolismo y ejercicio del po-
der real, pp. 275-281.
91
Gregorii episcopi Turonensis Historiarum libri X, VI, 24, pp. 291-292.
92
Es cierto que previamente fue adoptado por su predecesor, Sigiberto III, pero también lo es
que este último tenía un hijo natural que podía haberle sucedido: Wood, Deconstructing the
Merovingian Family, pp. 149-171; Cândido da Silva, A Realeza Cristã na Alta Idade Média, pp.
303-310.
93
Es posible, teniendo en cuenta una aportación reciente, que monarcas como Chindasvinto o
Egica no sintieran preferencia como herederos al trono hacia Recesvinto y Witiza respectiva-
mente, sino que esta opción, más que ser una decisión propia, les puedo venir dada por otros: cf.
Martin, Des fins de règne incertaines, pp. 207-223. Asimismo, por poner otro ejemplo, Ervigio
escogió a Egica como su sucesor en el trono, miembro de la facción contraria, cuando en reali-
dad podía haber escogido a uno de sus propios hijos como heredero al trono.
94
Valverde Castro, Ideología, simbolismo y ejercicio del poder real, p. 281.
95
Aceptamos que dicho consenso entre las élites y la monarquía era necesario en lo relativo a la
concepción de los propios reinos post-imperiales, pero este no tenía que estar presente en todo
todas las vertientes del funcionamiento político del reino y, ni mucho menos, en las dinámicas
de poder o en la sucesión al trono. Cf. Halsall, Social Identities and Social Relationships in
Early Merovingian Gaul, p. 144.
96
En una línea similar, Collins, Visigothic Spain, pp. 116 y 142-143. Sin embargo, este autor sí
admite dos problemas de fondo que nosotros rechazamos, como son, por un lado, la considera-
ción de que la sociedad visigoda no estaba organizada para la guerra y, por otro lado, su defensa
de un progresivo distanciamiento entre la nobleza cortesana y las aristocracias regionales.
97
Sánchez Albornoz, El senatus visigodo, pp. 5-99; en contra, García Moreno, España, 702-
719, pp. 150-151.
6. Conclusiones
98
Chronicon Mozarabicum a. 754, 52, en Continuatio Isidoriana Hispana, p. 224. La supue-
sta campaña de Rodrigo contra los vascones poco antes de la irrupción musulmana se puede
interpretar en este afán por consolidarse en el poder: Isla, Ejército, sociedad y política, p. 117.
99
Isla, Conflictos internos y externos, pp. 619-636; García Moreno, De Witiza a Rodrigo, pp.
13-27.
100
Chronicon Mozarabicum a. 754, 52, 3-4: «Nam adgregata copia exercitus aduersus Arabas»,
en Continuatio Isidoriana Hispana, p. 224.
101
Kaegi, Muslim Expansion and Byzantine Collapse in North Africa, p. 260. La crónica
mozárabe del 754 alude a una incursion de la flota bizantina en los años del reinado conjunto de
Egica y Witiza. Chronicon Mozarabicum a. 754, 87, 1, 3-5: «Sed et iam sub Egicam et Uittizam
Gothorum regibus in Grecis, qui equorei nabaliter descenderant sua in patria, de palmam uic-
torie triumphauerat», en Continuatio Isidoriana Hispana, pp. 270, 272.
102
La idea de la traición sigue teniendo un apoyo mayoritario entre los historiadores. Así en
Isla, Ejército, sociedad y política, pp. 87 y 120-125, con matices.
103
Debilidades que, aunque distintas en cada caso, se podían encontrar en cualquiera de las
realidades de poder, no solo contemporáneas, sino también anteriores y posteriores a la historia
visigoda.
104
Esta es la idea que nos transmiten algunas fuentes: Crónica Bizantino-Arabica, a. 741, p.
36, en Corpvs Scriptorum Mvzarabicorum, p. 29, trad. Martín, Los “Chronica Byzantia-Ara-
bica”. Ahora bien, debemos de tomar precauciones hacia este texto, dado que, como pone de
manifiesto J.C. Martín, fue escrito en favor de los conquistadores, con un fin propagandístico y
laudatorio. Por consiguiente, no sería extraño que con este tipo de afirmaciones quisieran darle
un mayor mérito al triunfo sobre los visigodos. Una sensación similar de estabilidad nos es
transmitida por la Crónica Mozárabe del 754, al hablarse de un reino asentado con «solidez».
Chronicon Mozarabicum a. 754, 51, 10-12: «in occiduis quoque partibus regnum Gothorum
antiqua soliditate pene per trecentos quinquaginta annos», en Continuatio Isidoriana Hispana,
pp. 222, 224.
Trabajos citados
711. Arqueología e Historia entre dos mundos, vol. 1, Alcalá de Henares 2011 (Zona Arqueoló-
gica, 15).
R. d’Abadal, Dels visigots als catalans, vol. I, La Hispània visigòtica i la Catalunya carolíngia,
Barcelona 19742.
J. Alvarado Planas, El problema del germanismo en el derecho español: siglos V-XI, Madrid
1997.
J. Alvarado Planas, La aplicación del derecho en el año 700, en 711. Arqueología e Historia
entre dos mundos, pp. 81-91.
C. de Ayala Martínez, La memoria del 711 en la historiografía cristiana medieval y actual, en
711-1616: de árabes a moriscos. Una parte de la historia de España, M. Fierro, J. Martos,
J.P. Monferrer (eds.), Córdoba 2012, pp. 346-378.
A. Barbero, El pensamiento político visigodo y las primeras unciones regias en la Europa Me-
dieval, en «Hispania. Revista española de historia», 30 (1970), pp. 245-326.
B.S. Bachrach, Vouillé and the Decisive Battle Phenomenon in Late Antique Gaul, en The Battle
of Vouillé, 507 CE. Where France Began, R.W. Mathisen, D. Shanzer (eds.), Boston-Berlin
2012, pp. 11-41.
P.S. Barnwell, Emperor, prefects and kings: the roman West, 395-565, London 1992.
A. Besga Marroquín, Consideraciones sobre el fin del reino visigodo de Toledo, en «Letras de
Deusto», 33 (2003), 98, pp. 9-34.
R. Blanco Silva, Una crónica mozárabe a la que se ha dado en llamar arábigo-bizantina de 741:
un comentario y una traducción, en «Revista de Filología de la Universidad de La Lagu-
na», 17 (1999), pp. 153-167.
M. Cândido da Silva, A Realeza Cristã na Alta Idade Média, São Paulo 2008.
J.M. Carrié, L’État à la recherche de nouveaux modes de financement des armées (Rome et
Byzance, IVe-VIIIe siècles), en The Byzantine and Early Islamic Near East, 3, States, Re-
sources and Armies, A. Cameron (ed.), Princeton 1995, pp. 27-60.
S. Castellanos, The political nature of taxation in Visigothic Spain, en «Early Medieval Euro-
pe», 12 (2003), 3, pp. 201-228.
P. Chalmeta, Invasión e islamización: la sumisión de Hispania y la formación de al-Andalus,
Madrid 1994.
R. Collins, The Arab conquest of Spain: 710-797, Oxford 1989.
R. Collins, Visigothic Spain, 409-711, Malden 2004.
Continuatio Isidoriana Hispana. Crónica Mozárabe de 754. Estudio, edición crítica y traduc-
ción, J.E. López Pereira (ed.), León 2009.
Corpvs Scriptorum Mvzarabicorum, J. Gil (ed.), Madrid 1973.
Crónicas asturianas, J. Gil, J.L. Moralejo y J.L. Ruiz de la Peña (eds.) Oviedo 1985.
P.C. Díaz, Rey y poder en la monarquía visigoda, en «Iberia. Revista de la antigüedad», 1
(1998), pp. 175-196.
P.C. Díaz, Los godos como epopeya y la construcción de identidades en la historiografía
española, en «Anales de historia antigua, medieval y moderna», 40 (2008), pp. 25-73.
P.C. Díaz, Confiscations in the Visigothic Reign of Toledo, en Expropriations et confiscations
dans les royaumes barbares. Une approche régionale, P. Porena y Y. Rivière (eds.), Roma
2012, pp. 93-112.
P.C. Díaz, La dinámica del poder y la defensa del territorio: para una comprensión del fin del
reino visigodo de Toledo, en De Mahoma a Carlomagno: los primeros tiempos (siglos VII-
IX). XXXIX Semana de Estudios Medievales, Estella, 17-20 de julio de 2012, Pamplona
2013, pp. 167-206.
P.C. Díaz, C. Martínez y F.J. Sanz, Hispania tardoantigua y visigoda, Madrid 2007.
J. Flori, El Islam y el fin de los tiempos: la interpretación profética de las invasiones musulma-
nas en la cristiandad medieval, Madrid 2010.
Y. García López, Estudios críticos y literarios de la “Lex Wisigothorum”, Alcalá de Henares
1996.
L.A. García Moreno, Algunos aspectos fiscales de la Península Ibérica durante el s. VI, en «Hi-
spania antiqua», 1 (1971), pp. 233-256.
L.A. García Moreno, Prosopografía del reino visigodo de Toledo, Salamanca 1974.
L.A. García Moreno, Estudios sobre la organización administrativa del reino visigodo de To-
ledo, Madrid 1974.
L.A. García Moreno, El fin del reino visigodo de Toledo: decadencia y catástrofe. Una contri-
bución a su crítica, Madrid 1975.
L.A. García Moreno, El estado protofeudal visigodo: precedente y modelo para la Europa ca-
rolingia, en L’Europe Héritière de l’Espagne wisigothique, J. Fontaine (ed.), Madrid 1992,
pp. 17-43.
L.A. García Moreno, Los últimos tiempos del reino visigodo, en «Boletín de la Real Academia de
la Historia», 189 (1992), pp. 425-460.
L.A. García Moreno, Expectativas milenar istas y escatológicas en la Espana tardoantigua (ss.
V-VIII), en Spania: estudis d’antiguitat tardana oferts en homenatge al professor Pere de
Palol i Salellas, Barcelona 1996, pp. 103-110.
L.A. García Moreno, De Witiza a Rodrigo: las fuentes literarias, en 711. Arqueología e Historia
entre dos mundos, pp. 15-30.
L.A. García Moreno, España 702-719: la conquista musulmana, Sevilla 2013.
A. García Sanjuán, Las causas de la conquista islámica de la península Ibérica según las cró-
nicas medievales, en «Miscelánea de estudios árabes y hebráicos. Sección Arabe-Islam»,
53 (2004) pp. 101-127.
A. García Sanjuán, La conquista islámica de la Península Ibérica y la tergiversación del pasa-
do: del catastrofismo al negacionismo, Madrid 2013.
R. González Salinero, Las conversiones forzosas de los judíos en el reino visigodo, Madrid
2000.
Gregorii episcopi Turonensis Historiarum libri X, B. Krusch y W. Levison (eds.), Hannoverae
1951 (MGH, Scriptores rerum Merouingicarum, I, 1).
J.A. Gutiérrez González, Fortificaciones visigodas y conquista islámica del norte hispano (c.
711), en 711. Arqueología e Historia entre dos mundos, pp. 335-352.
J. Haldon, Pre-Industrial States and the Distribution of Resources: the Nature of the Problem,
en The Byzantine and Early Islamic Near East, 3, States, Resources and Armies, A. Came-
ron (ed.), Princeton 1995, pp. 1-26.
G. Halsall, Social Identities and Social Relationships in Early Merovingian Gaul, en Franks
and Alamanni in the Merovingian Period. An Ethnographic Perspective, I.N. Wood (ed.),
Woodbridge 1998, p. 144.
M. Hendy, Studies in the Byzantine Monetary Economy, c. 300-1450, Cambridge 1995.
A.J. Iglesia Ferreirós, El proceso del conde Bera y el problema de las ordalías, en «Anuario de
Historia del Derecho Español», 51 (1981), pp. 1-221.
A. Isla, Consideraciones sobre la monarquía astur, en «Hispania. Revista española de histo-
ria», 55 (1995), pp. 151-168.
A. Isla, Los fugitivos y el título sobre ellos del “Liber Iudicum”, en «Arqueología y territorio
medieval», 8 (2001), pp. 113-123.
A. Isla, Conflictos internos y externos en el fin del reino visigodo, en «Hispania. Revista
española de historia», 62 (2002), pp. 619-635.
A. Isla, Ejército, sociedad y política en la Península Ibérica entre los siglos VII y XI, Madrid 2010.
W.E. Kaegi, Byzantine military unrest 471-843. An interpretation, Amsterdam 1981.
W.E. Kaegi, Muslim expansion and Byzantine collapse in North Africa, Cambridge 2010.
H. Kennedy, Las grandes conquistas árabes, Barcelona 2007 (London 2007).
P.D. King, Law and Society in the Visigothic Kingdom, London 1972.
E. Lévi-Provençal, Historia de España, vol. 4, España musulmana: hasta la caída del Califato
de Córdoba (711-1031 de J.C.), Madrid 19572.
Liber iudiciorum sive Lex Visigothorum, K. Zeumer (ed.), Hannoverae 1902 (MGH, Legum Na-
tionum Germanicarum, I, 1).
El Libro de los Jueces (Liber Iudiciorum). Estudio preliminar de Rafael Ramis. Traducción y
notas de Pedro Rmis Serra y Rafael Ramis Barceló, Madrid 2015.
T. Lienhard, Ordalies et duels judiciaires au haut Moyen Âge (Ve-XIIe siècle): en quoi croyait-
on?, en «Bulletin d’Information de la Mission Historique Française en Allemagne», 44
(2008), pp. 211-231.
F. Maíllo, De historiografía árabe, Madrid 2008.
E. Manzano Moreno, Conquistadores, emires y califas: los Omeyas y la formación de Al-An-
dalus, Barcelona 2006.
E. Manzano Moreno, Algunas reflexiones sobre el 711, en «Awrãq», 3 (2011), pp. 3-20.
E. Manzano Moreno, La conquista militar de Al-Andalus, en «Andalucía en la historia», 31
(2011), pp. 10-17.
Pablo C. Díaz
Universidad de Salamanca
[email protected]
Pablo Poveda
Universidad de Salamanca
[email protected]