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El TEA

El documento describe los trastornos del espectro autista (TEA), que afectan la comunicación social y generan comportamientos e intereses repetitivos. Los TEA son trastornos crónicos que se presentan con diferentes grados de gravedad. El diagnóstico se realiza clínicamente y la detección temprana mejora el pronóstico.

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El documento describe los trastornos del espectro autista (TEA), que afectan la comunicación social y generan comportamientos e intereses repetitivos. Los TEA son trastornos crónicos que se presentan con diferentes grados de gravedad. El diagnóstico se realiza clínicamente y la detección temprana mejora el pronóstico.

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El TEA es un trastorno del neurodesarrollo de origen neurobiológico e inicio en la infancia,

que afecta el desarrollo de la comunicación social, como de la conducta, con la presencia de


comportamientos e intereses repetitivos y restringidos. Presenta una evolución crónica, con
diferentes grados de afectación, adaptación funcional y funcionamiento en el área del lenguaje
y desarrollo intelectual, según el caso y momento evolutivo. Es un trastorno complejo y
altamente heterogéneo, tanto en lo referente a la etiología como en la manifestación y
evolución de los síntomas en las diferentes etapas del desarrollo, en su expresión y
presentación según el sexo, edad o comorbilidades coexistentes. Definición. Criterios
diagnósticos La conceptualización, definición y criterios diagnósticos de TEA se han ido
modificando, complementando y ajustando a lo largo de las últimas décadas, teniendo en
cuenta los resultados de las investigaciones, y el DSM5 incluye una denominación genérica de
TEA y elimina las subcategorías del DSM IV-TR adquiriendo un concepto dimensional del
autismo. Con la publicación del DSM5 (APA, 2014) en el 2013(1), la clasificación y criterios en el
campo del autismo quedaron modificados notablemente comparados con las clasificaciones
previas (DSM-IV-TR). En el DSM5, los diferentes trastornos del espectro autista incluidos en el
DSM IV-TR (trastorno autista, síndrome de Asperger y trastorno generalizado Los trastornos
del espectro autista (TEA) A. Hervás Zúñiga*, N. Balmaña**, M. Salgado** *Jefe de Psiquiatría
infantil y juvenil del Hospital Universitario Mutua Terrassa. Barcelona, Directora de IGAIN
(Instituto Global de Atención Integral al Neurodesarrollo). **Psicóloga. Hospital Universitario
Mutua Terrassa. Barcelona Resumen Los trastornos del espectro autista (TEA) comprenden un
grupo heterogéneo de trastornos, tanto en su etiología como en su presentación clínica, que
se inician en la infancia y duran toda la vida, teniendo en común la afectación en la
comunicación social y la presencia de patrones repetitivos y restrictivos de la conducta. La
prevalencia de TEA es mayor en chicos, 23,6 por 1.000, que en chicas, 5,3 por 1.000 en
población de [Link]. de 8 años. La detección precoz del TEA es fundamental, ya que está
íntimamente ligada a la evolución clínica. Es el rol fundamental de los profesionales de la
Atención Primaria el detectar signos precoces de TEA, mediante el seguimiento del desarrollo
del niño, el conocimiento de los signos de alerta específicos y el uso de instrumentos de
cribaje. No existe ninguna prueba biológica que diagnostique TEA y el diagnóstico es
eminentemente clínico. La detección precoz de TEA y la instauración de un programa de
tratamiento temprano, en todos los entornos en los que vive el niño, mejora el pronóstico de
los síntomas autistas, las habilidades cognitivas y la adaptación funcional a su entorno.
Abstract Autistic Spectrum Disorders (ASD) are a heterogeneous group of disorders according
to their aetiology and clinical presentation that are chronic and last all life. They are
characterized by impairments in social communication and restricted and repetitive patterns
of behaviours. The prevalence es higher in boys de 23.6 per 1,000 than in girls 5.3 per 1,000 in
[Link]. population of 8 years old. Early detection and diagnosis of ASD is closely linked to a
better prognosis and clinical evolution. This is a key role of primary care professionals and it is
essential they detect early signs of ASD by the follow up of the child´s development, the
knowledge of the early key signs of autism and the use of specific detection tests. The
diagnoses of ASD are clinical and there is not any biological test to diagnose it. The early
detection of ASD and the implementation of an early program of treatment generalised to all
the settings where the child lives is linked to a better prognosis of the key autistic symptoms,
cognitive abilities and functional adaptation to environment. Palabras clave: Autismo;
Trastornos del espectro autista; Trastornos generalizados del desarrollo. Key words: Autism;
Autism spectrum disorders; Generalized developmental disorders. Pediatr Integral 2017; XXI
(2): 92–108 PEDIATRÍA INTEGRAL 93 Los trastornos del espectro autista (TEA) del desarrollo no
especificado, entre otros) desaparecen para quedar todos englobados en una única
nomenclatura de trastornos del espectro del autismo (TEA) (Tabla I). Parte del diagnóstico del
DSM5 incluye la adición de grados de severidad (en 3 grados) tanto para los síntomas de la
comunicación social como de comportamientos restringidos y repetitivos: grado 3 “necesita
ayuda muy notable”; grado 2 “necesita ayuda notable”; y grado 1 “necesita ayuda” (Tabla II).
Con la nueva clasificación del DSM 5(1), se pasa de una aproximación categorial del autismo a
una conceptualización con perspectiva dimensional. El concepto del autismo como un espectro
de trastornos de diferente severidad y una conceptualización más dimensional, no es una
observación actual, sino que tiene su origen prácticamente en los orígenes de la definición del
autismo. Por otra parte, estudios recientes de TEA han encontrado que, existe una tendencia
con la edad a la mejora de sus síntomas y mejor adaptación funcional, aun tratándose de un
trastorno crónico y que el retraso de inicio de lenguaje no es una diferencia significativa en la
adaptación funcional en la evolución a la edad adulta. Entre otros factores, han sido relevantes
en los cambios de los criterios diagnósticos y en la eliminación de las diferentes subcategorías
incluidas en los trastornos generalizados del desarrollo del DSM IV-TR, apoyando una
denominación genérica de TEA para expresar el concepto dimensional de autismo. Con el DSM
5, la variabilidad fenotípica del cuadro queda reflejada a través de sus especificadores y
modificadores que acompañarán al diagnóstico(1). Los especificadores hacen referencia a si el
trastorno está o no asociado a una afección médica o genética (como sería el caso del X-frágil o
trastorno de Rett), o a un factor ambiental conocido o a otro trastorno del desarrollo
neurológico (epilepsia…), mental o del comportamiento. Los modificadores describen factores
relacionados con la mayor o menor gravedad del cuadro clínico, en referencia a si el niño
presenta o no: déficit intelectual, deterioro de lenguaje, posibles trastornos comórbidos y, por
último, la presencia de catatonía. Con la nueva clasificación del DSM5, los criterios de inclusión
son más específicos y estrictos, incluyendo por ejemplo las alteraciones sensoriales (hipo o
hipersensibilidad) dentro de la dimensión de patrones de comportamiento, intereses y
actividades restringidas y repetitivas. Ello reduce la posibilidad de falsos positivos, pero
también el TEA del DSM5 es menos sensible a detectar e incluir cuadros clínicos menos graves,
como sería el grupo que presentaba alteraciones en la dimensión socioemocional y de la
comunicación pragmática, sin presentar síntomas en el área de las conductas repetitivas que
anteriormente se incluían en el DSM IVTR. Este grupo en concreto, dentro de la nueva
clasificación del DSM5, quedaría probablemente incluido en el trastorno de la comunicación
social, que recoge las alteraciones y dificultades en el uso pragmático de la comunicación, sin
presencia de conductas repetitivas, ni alteraciones sensoriales. Categoría diagnóstica, por el
contrario, no exenta de críticas. Epidemiología Los estudios recientes de incidencia y
prevalencia de TEA reflejan un incremento paulatino, posiblemente relacionado a cambios de
criterios diagnósticos, de la definición de casos, y de un incremento de reconocimiento del TEA
por los profesionales. Tabla I. Criterios de los trastornos del espectro autista del DSM 5
Trastorno del espectro autista [Link] persistentes y clínicamente significativas en la
comunicación e interacción social que se presentan en diferentes contextos, ya sea
actualmente o en el pasado: – Deficiencias de reciprocidad socioemocional, que puede
presentarse desde aproximaciones sociales anormales y fracaso para mantener una
conversación bidireccional, a una disminución para compartir intereses o emociones, hasta
una falta total en la iniciación de la interacción social – Graves dificultades en la comunicación
no verbal que se hacen presentes en la interacción social; la presentación va desde una baja
integración de la comunicación verbal y no verbal, manifestada con el contacto ocular y el
lenguaje corporal, a déficits en la comprensión y uso de la comunicación no verbal, hasta una
completa falta de expresión facial y gestual – Interferencia para desarrollar y mantener
relaciones sociales adecuadas al nivel de desarrollo (aparte de con los cuidadores); la
presentación va desde dificultades para ajustar la conducta social a diferentes contextos,
dadas las dificultades para compartir juego imaginativo y para hacer amistades, hasta una falta
aparente de interés en las personas [Link] de patrones de comportamiento, intereses y
actividades restringidos y repetitivos, tal como se manifiesta en dos o más de los siguientes
puntos: – Comportamientos motores, verbales o uso de objetos de forma estereotipada y
repetitiva (como una estereotipia motora simple, uso de objetos de forma repetitiva o frases
idiosincrásicas) – Adhesión excesiva a las rutinas, patrones de comportamiento ritualizados de
tipo verbal o no verbal o excesiva resistencia al cambio (como rituales motores, insistencia en
una misma ruta o comida, preguntas repetitivas o angustia extrema por pequeños cambios) –
Intereses excesivamente fijos y restringidos que son anormales, ya sea en su intensidad u
objeto (como una fuerte vinculación o preocupación por objetos inusuales, excesivamente
circunscritos o intereses perseverantes) – Híper o hiporreactividad sensorial o interés sensorial
inusual por aspectos del entorno (como aparente indiferencia al dolor/calor/frío, respuesta
negativa a sonidos específicos o texturas, oler o tocar excesivamente los objetos, fascinación
por las luces o por dar vueltas a los objetos) C. Los síntomas deben presentarse en la primera
infancia, aunque pueden no llegar a manifestarse plenamente hasta que las demandas sociales
exceden las limitadas capacidades [Link] conjunto de síntomas crea interferencia en el
funcionamiento del día a día Fuente: American Psychiatric Association, 2014. Los trastornos
del espectro autista (TEA) 94 PEDIATRÍA INTEGRAL Quedan lejos las primeras estimaciones de
la prevalencia de TEA, que lo situaba y consideraba como un trastorno raro que afectaba a 4-
5/10.000, para pasar a estimaciones más actuales, de 1 cada 68 niños de 8 años, según el
“Centers for Disease Control and Prevention” (CDC) en [Link]. en su “Morbidity and Mortality
Weekly Report (MMWR)”, basadas en datos del 2012(2). Resultados más recientes del CDC en
[Link]., encuentran que el TEA tiene una prevalencia del 2,24% en el 2014 (1/45), otros
trastornos del desarrollo (OTD) del 3,57% y discapacidad intelectual (DI) del 1,10%. En una
encuesta del CDC anterior, en el 2011-2013, los datos eran: 1,25% TEA, 4,84% OTD y 1,27% DI,
respectivamente. Este incremento del diagnóstico e identificación del TEA en los datos del
2014 coincide, entre otras razones, con un cambio metodológico, como es el cambio de
cuestionario para hacerlo más sensible a la detección de casos de TEA(3,4). Análisis recientes
sobre el estudio de prevalencia de TEA del CDC americano del 2012, aparte de mostrar un
incremento en la prevalencia de valoraciones anteriores, presenta otros datos interesantes,
como una estimación significativamente mayor entre los niños de 8 años (23,6 por 1.000) en
comparación con las niñas de la misma edad años (5,3 por 1.000). La estimación de prevalencia
de los TEA era significativamente mayor entre los blancos no-hispanos en comparación con los
niños negros no-hispanos y los hispanos. También, se observaban diferencias de estimación
según la zona. El 82% de los chicos identificados con TEA presentaban diagnósticos o
adaptaciones educacionales con anterioridad, no encontrándose diferencias por sexo o color.
El porcentaje de edad en el que recibían una evaluación completa era de 36 meses, sin
diferencias en cuanto al sexo, pero si era superior en la población de niños no hispánicos
blancos (45%), comparado con la población negra no–hispana (40%) e hispanos (39%). Los
resultados relacionados con el incremento de prevalencia eran interpretados como una mejor
detección y evaluación de los TEA por el sistema, tanto educacional como de salud. Las
diferencias de prevalencia en TEA según raza/etnia, especialmente para el grupo de hispanos,
y las diferencias encontradas en la edad de recibir una evaluación completa, parecían poder
explicarse por la falta de posibilidades de algunos niños de tener acceso a los servicios, tanto
de atención como de intervención(2). Más del 62% de la población con TEA tiene una
capacidad intelectual dentro de la normalidad, con un CI mayor o igual a 70, de los que un 38%
tiene un CI mayor o igual a 85. Es decir, el TEA ocurre mayormente en niños, que en la primera
infancia no presentan alteraciones evolutivas muy marcadas y que están educados en
educación ordinaria. La discapacidad intelectual asociada a TEA es más prevalente
proporcionalmente en chicas que en chicos. Signos precoces de TEA La detección precoz sigue
siendo un aspecto fundamental en el abordaje del autismo, ya que la iniciación de un
tratamiento precoz está íntimamente ligada a su pronóstico. Los estudios de investigación en
poblaciones de riesgo, como son los hermanos de los niños con autismo, estaban basados en
los resultados de estudios que demostraban un incremento indiscutible de la incidencia y
prevalencia de TEA o de síntomas de autismo en hermanos de personas con TEA y tenían
principalmente, el objetivo de establecer estudios longitudinales para conocer el desarrollo de
síntomas tempranos o signos precoces de autismo. Estos estudios se basaron en que: 1) los
padres de niños con autismo, aunque recibían el diagnóstico entre los 3-4 años referían
observar signos de anormalidades pronto en su desarrollo, entre los 12-18 meses, e incluso
antes del año, según describían los padres mirando retrospectivamente; y 2) la intervención
del autismo en estadios precoces se relaciona con un mejor pronóstico. Para estudiar la
emergencia temprana del autismo, los primeros estudios de investigación se concentraron en
diseños retrospectivos, videos grabados en casa, registros de historias clínicas y recuerdos de
los padres. Los estudios que se basaron en videos grabados por los padres de niños que Tabla
II. Niveles de gravedad del trastorno del espectro del autismo (TEA)* Categoría dimensional del
TEA en el DSM5 Comunicación social Comportamientos restringidos y repetitivos Grado 3
“Necesita ayuda muy notable” Mínima comunicación social Marcada interferencia en la vida
diaria por inflexibilidad y dificultades de cambio y foco atención Grado 2 “Necesita ayuda
notable” Marcado déficit con limitada iniciación o respuestas reducidas o atípicas Interferencia
frecuente relacionada con la inflexibilidad y dificultades del cambio de foco Grado 1 “Necesita
ayuda” Sin apoyo in situ, aunque presenta alteraciones significativas en el área de la
comunicación social Interferencia significativa en, al menos, un contexto Síntomas subclínicos
Algunos síntomas en este o ambas dimensiones, pero sin alteraciones significativas Presenta
un inusual o excesivo interés, pero no interfiere Dentro de la normalidad Puede ser peculiar o
aislado, pero sin interferencia No interferencia *Fuente: American Psychiatric Association,
2014. PEDIATRÍA INTEGRAL 95 Los trastornos del espectro autista (TEA) posteriormente
recibieron un diagnóstico de autismo encontraron que, muchos de estos niños manifestaban
signos de desviaciones en el desarrollo social y comunicativo, incluso antes de los 12 meses.
Estudios retrospectivos de niños con autismo utilizando vídeos previos al diagnóstico señalan
que, frecuentemente el comportamiento social es normal a los 4-6 meses y que, entre los 9-12
meses, puede ocurrir una pérdida de competencias sociales, como la mirada ocular, las
vocalizaciones, etc. A los 12 meses, se encontraba disminución del contacto ocultar, no
reconocer su nombre, no señalar para pedir y no mostrar objetos a los adultos. Sin embargo,
estos estudios estaban sujetos a importantes sesgos como son, el influenciado por el recuerdo
de los padres y la dificultad de recordar la secuencia temporal de la emergencia de síntomas.
Estas limitaciones estimularon la implementación de estudios longitudinales en poblaciones de
riesgo de TEA. Los estudios longitudinales en hermanos de niños diagnosticados con TEA, han
demostrado una variabilidad importante en el desarrollo de síntomas o signos precoces
relacionados con TEA. Algunos hermanos de niños con autismo que luego desarrollaban ellos
mismos TEA, no presentaban disminución de contacto ocular o respuesta al nombre o sonrisa
social antes de los 12 meses, mientras que en otros casos, se podían presentar estas
alteraciones de una manera sutil y no claramente identificables por métodos observacionales.
Alteraciones motoras y en la esfera sensorial han sido las alteraciones más claramente
detectadas en algunos bebés, que posteriormente desarrollaban TEA durante el primer año de
vida, siempre en estudios de poblaciones de riesgo. Signos precoces de alteraciones en el
desarrollo social y comunicativo, en general, han sido menos observados en el primer año de
vida y aparecen generalmente en el segundo año de vida. Estos estudios longitudinales en
poblaciones de riesgo, revelan la variabilidad en el desarrollo de los primeros síntomas o
signos de TEA y reflejan la necesidad de monitorizar durante los primeros tres años del
desarrollo y en múltiples fases a aquellos niños con alto índice de riesgo de desarrollar TEA.
Esto explica las limitaciones y baja sensibilidad que observamos con los instrumentos de
cribaje actuales de TEA realizados en un único punto del tiempo. Se podrían destacar dos
patrones de síntomas a los 18 meses predictivos de TEA: 1) reducido o alterado contacto
ocular, combinado con una disminución de gestos comunicativos y una disminución de dar u
ofrecer objetos a una persona para compartirlos; y 2) contacto ocular intacto, es decir,
presentando las sutilidades comunicativas, con la emergencia de conductas repetitivas y
disminución de dar objetos a una persona para compartir o pedir. Estos dos factores
predictivos, independientemente uno de otro, se relacionaban con un incremento de 3 veces
el riesgo de desarrollar TEA a los 36 meses, pero el primer factor predictivo se asociaba
adicionalmente a un mayor riesgo de tener otros retrasos evolutivos asociados al TEA. Lo que
sugiere que, aquellos que presentan una discapacidad intelectual asociada al autismo
presentan una emergencia de síntomas relacionados con el TEA más temprana. Por lo tanto, lo
que la investigación demuestra es que, puede haber diferentes patrones de desarrollo de
síntomas, en periodos diferentes del desarrollo con diferentes procesos(5,21). Signos precoces
en el primer año de la vida Los estudios que se han realizado sobre signos precoces de autismo
en el primer año de la vida, también en poblaciones de riesgo de hermanos con niños con
autismo, han sido contradictorios y difíciles de interpretar. Algunos estudios marcaron un
camino en la investigación por su importancia, como es el estudio realizado por Jones & Klin
(2013), utilizando tecnología eye-tracking en el que, compararon 25 bebés con desarrollo
típico y 10 bebés con alto riesgo que después desarrollaron TEA y, quienes entre los 2-6 meses
mostraron una disminución de la mirada del bebé a los ojos y un incremento a la boca de una
mujer grabada en un vídeo que era la prueba experimental(6). Elsabbag, et al. 2013, también
estudiando esta edad, encontraron que los bebés que fueron diagnosticados de TEA a los 36
meses, entre los 7-14 meses mostraron dificultades en la flexibilidad de la atención hacia
determinados estímulos(7); y Chawarska, et al. 2013, encontraron que los bebés que
posteriormente desarrollaban TEA, a los 6 meses presentaban menos atención a caras
utilizando también eye tracking(8). Otros estudios longitudinales en hermanos de niños con
TEA, no han encontrado alteraciones del desarrollo social y comunicativo en el primer año de
vida, pero, en algunos casos, han encontrado alteraciones motoras y en la esfera sensorial en
aquellos bebés hermanos de niños con autismo, que posteriormente desarrollaran TEA(9,21).
Quizás no sea un hecho altamente sorprendente que, aspectos evolutivos no claramente
relacionados con aspectos diagnósticos de TEA, sean los primeros signos observables, ya que el
cerebro se desarrolla de una manera jerárquica, de tal manera que circuitos neuronales
relacionados con los sistemas motores y sensoriales se establecen antes postnatalmente que
circuitos relacionados con alto nivel de funcionamiento, como es el lenguaje, cognición y
habilidades sociales. Este desarrollo del cerebro botton-up implica que, perturbaciones en el
circuito básico sensorial-motor pueden ejercer efectos en cascada en el desarrollo de circuitos
de alto nivel de desarrollo. Son hipótesis que esperan investigación para ser confirmadas.
Marcadores neurobiológicos tempranos Estudios recientes han avanzado en el conocimiento
de la relación existente entre signos tempranos de TEA con marcadores biológicos, como son:
el volumen cerebral y la neuroimagen funcional. Incremento del volumen cerebral en los
primeros años de la vida, incluso observable antes de los 12 meses, tanto de la substancia gris
como blanca, en especial en lóbulo temporal y frontal y en áreas subcorticales, como la
amígdala, ha sido observado en niños posteriormente diagnosticados de TEA. La medida cruda
del incremento del tamaño cerebral, es decir, un incremento del perímetro craneal en edades
tempranas, se ha asociado a Los trastornos del espectro autista (TEA) 96 PEDIATRÍA INTEGRAL
niños con TEA. Esta asociación, por el contrario, está actualmente en debate, debido a estudios
recientes que encontraron sesgos por el uso de tablas de crecimiento y perímetro craneal
anticuadas para las normas poblacionales. En la dirección de un incremento de tamaño de, al
menos, algunas áreas cerebrales, estudios utilizando neuroimagen encontraron
agrandamiento de la amígdala en edades precoces relacionado con alteraciones de la atención
conjunta y con la severidad de las alteraciones de la comunicación social a los 4-5 años. Otros
estudios longitudinales realizados en grupos de alto riesgo, encontraron que un desarrollo
aberrante de las conexiones de la substancia blanca entre los 6-24 meses precedía al
desarrollo de TEA a los 24 meses, estudios que también encontraron respuestas atípicas
neuronales utilizando potenciales evocados a los 6-10 meses en bebés que luego desarrollaban
TEA. Estudios menos seleccionados en poblaciones generales que enviaban a bebés para
diagnóstico de TEA, también encontraron una menor correlación entre el hemisferio cerebral
izquierdo y derecho en áreas relevantes para la comunicación social, utilizando resonancia
magnética cerebral funcional(21,22). Signos precoces de TEA relacionados con la capacidad
intelectual Los signos precoces y la presentación del autismo difieren si el TEA va acompañado
de discapacidad intelectual. En estos casos, los signos propios del autismo se acompañan de
los propios de la discapacidad, con retraso evolutivo generalizado en su psicomotricidad,
comunicación, curiosidad, control de esfínteres y, en general, en su capacidad de adaptación
funcional. Podemos decir que, en estos casos, los signos precoces de TEA aparecen más
temprano. En aquellos que tienen una capacidad cognitiva dentro de la normalidad, los
primeros signos que se identifican tienen una cualidad “más autista”. Es en la guardería, por lo
general, que en aquellos TEA de buena capacidad intelectual y buen desarrollo de lenguaje
expresivo se identifican los problemas de sociabilidad y comunicación pragmática, las
dificultades de adaptarse a las normas, comprender un nuevo entorno alejado de sus
referentes adultos y dificultades de incorporarse al juego con sus iguales(21). Detección y
diagnóstico de TEA en edades tempranas: instrumentos de cribado Cuando hablamos de
detección de TEA, se pueden establecer distintos niveles. En un primer nivel, estaría la
vigilancia del desarrollo mientras que, en un segundo nivel, estaría la detección específica de
TEA, pasando a un tercer nivel, donde situamos ya la valoración diagnóstica específica por
parte de un servicio especializado. Debemos diferenciar el concepto de “cribado”, que consiste
en la utilización de un instrumento estandarizado sencillo para identificar la población en
riesgo de alteraciones en el desarrollo de “vigilancia del desarrollo”, que consiste en acciones
múltiples flexibles longitudinales realizadas a cada niño en cada visita de revisión, para
monitorizar el desarrollo e identificar cualquier desviación del desarrollo que pueda causar
preocupación. Primer nivel: vigilancia evolutiva de rutina Programa del niño sano: debe incluir
una combinación de información obtenida por los profesionales de Atención Primaria, que
incluya: las preocupaciones de los padres sobre el desarrollo de sus hijos, la utilización de
escalas y pruebas sobre el desarrollo general de los niños y la observación por los
profesionales de las desviaciones que ocurren en el desarrollo. La AAP (Asociación Americana
de Pediatría 2016) recomienda que, todos los niños en edades precoces deberían ser
reconocidos por los equipos de Pediatría a los 9, 18 y entre los 24-30 meses para identificar
retrasos evolutivos. Reconocimientos adicionales pueden ser necesarios, si los bebés
pertenecen a grupos de alto riesgo, como aquellos con prematuridad o bajo peso al nacer, o
niños adoptados. También, la AAP recomienda que todos los niños deben ser reconocidos a los
18 y 24 meses, específicamente para signos relacionados con TEA. Grupos de riesgo, como
hermanos de niños con TEA o grupos con prematuridad o bajo peso al nacer, pueden requerir
cribajes adicionales. El reconocimiento de la evolución del desarrollo de los niños debería
incluir protocolos específicos de cribaje conjuntamente con juicio clínico. Un estudio de
observación del uso de instrumentos para la detección de TEA en Pediatría destacó que, un
39% de los casos que presentaban signos de TEA no fueron reconocidos por los expertos
durante los reconocimientos evolutivos(10). En el futuro habrá que realizar estudios de
investigación rigurosos sobre la fiabilidad de utilizar marcadores biológicos, como el
eyetracking en la detección temprana del autismo. Podemos decir que, las diferentes
asociaciones de profesionales no están de acuerdo si el uso de un cribaje específico para el
autismo debe ser universal o no. Mientras “The Americ

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