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The Quarterback

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Traducciones sin fines de lucro.

Hecho de fans, para fans.


Enamorarse del padre heterosexual de su amigo podría ser el peor error que
Colton Hall ha cometido.

El mejor amigo de Colton es gay. Él no lo es: nunca le han atraído los hombres.
Entonces, ¿por qué demonios está fantaseando con el padre de su amigo?
Además, Nick Swanscott es heterosexual. Un padre devoto y el mejor hombre
que Colton ha conocido. Se merece algo más que ser el objeto del
enamoramiento de Colton.

La NFL está esperando a Colton, pero él decide aguantar su último año en la


universidad antes de unirse a la liga, una decisión que resulta desastrosa
cuando una lesión lo arranca del juego. En un abrir y cerrar de ojos, Colton pasa
de ser una de las mejores selecciones del draft a no volver a jugar al fútbol.

Pero Nick está ahí durante su recuperación. Cuida de Colton todos los días y le
muestra un futuro que podría tener algo más que ser un quarterback
superestrella. Tal vez la vida de Colton no haya terminado.

Y el enamoramiento de Colton estalla: de lleno, de cabeza, enamorándose sin


remedio.

Está muy jodido. Tiene que controlar estos sentimientos. Todos esos sueños de
besar a Nick no pueden hacerse realidad. Y es imposible que Nick le
corresponda.

¿Verdad?

Un romance MM slow burn, de amigos a amantes, despertar bisexual,


diferencia de edad.
Smokings y manteles. La luz de las velas parpadeantes. Una gran banda
en el rincón, que tocaba canciones.

Justin se veía increíble en su esmoquin. Wes también, pero Justin era su


hijo y era la primera vez que Nick tenía la oportunidad de verlo vestido de
punta en blanco. Los dos estaban en la pista de baile, la mano derecha de Justin
sobre el corazón de Wes, los dedos de la izquierda entrelazados con los de Wes
mientras se balanceaban al ritmo de la versión de Glenn Miller. Estaban
radiantes y se miraban a los ojos. Así será su boda.

Wes estaba tímido por lo que había hecho en el campo después del partido
del campeonato nacional. Se puso rojo cuando Nick le preguntó si eso, él en el
suelo y ofreciéndole a Justin un balón de fútbol, era su propuesta de
matrimonio. Había explicado a trompicones que quería comprometerse con
Justin delante de todo el mundo y que, tanto si Justin lo llamaba prometido
como novio, era de Justin mientras éste lo quisiera. Luego se había removido en
el sofá mientras Nick lo miraba fijamente, el viento de Texas subiendo y
pasando por encima del balcón de Nick.

—Papá, deja de interrogar al amor de mi vida —había dicho Justin esa


noche, y le había guiñado un ojo a Wes, le había sonreído a Nick y no había
aclarado nada.

Sin embargo, se produciría. Todo lo que Nick necesitaba era pasar tres
segundos observando a Justin y a Wes, y podía ver el amor entre ellos. Nunca
había visto a su hijo tan feliz como con Wes. Nunca en toda su vida Justin había
irradiado tanta alegría. Ni siquiera las mañanas de Navidad cuando era niño, o
el cumpleaños en el que Nick había sorprendido a Justin con su primera
bicicleta.

Le dolía el corazón ver a Justin tan enamorado.

¿Había estado así de enamorado de su ex mujer todos aquellos años


cuando se enamoraron por primera vez? Él creía que sí. Había estado lo
suficientemente enamorado como para decidir proponerle matrimonio. Casarse,
y forjar una vida juntos. Una vida que trajo a Justin al mundo.

No había nada que apreciara más que ser el padre de Justin.


Esperaba no arruinarlo esta vez.

Él y Justin habían tenido una relación cercana... hasta que Justin tuvo unos
diez años. Nick había sido un buen padre, pensó. Andar en bicicleta y la liga
infantil. Jugando a la pelota en el patio trasero, al Lego en el desván. Salían
juntos a pedir dulces cada Halloween. Y luego Justin creció, y... Nick no se
había esforzado tanto como debería para mantenerlos cerca. Justin se encerró en
sí mismo, ocultando su secreto hasta que explotó. Mantener su sexualidad
oculta lo había alejado de sus padres, poniendo un muro impenetrable entre
ellos, uno que se mantuvo durante demasiados años.

Si se hubiera dado cuenta, si hubiera sospechado, habría dicho algo hace


años. Habría intentado hacerle saber a Justin, aunque tuviera que agarrarlo por
los hombros y obligarlo a levantar la barbilla, que no había nada, ni una sola
cosa en todo el mundo que pudiera acabar con su amor por su hijo.

Pero no se había dado cuenta, y Justin se había vuelto distante, y habían


vivido vidas separadas en la misma casa, viviendo alrededor del otro en lugar
de juntos. La marcha de Justin a la universidad había parecido el lento final de
un largo adiós que comenzó en la escuela secundaria.

Y entonces las cosas cambiaron.

Nick vio cómo Wes hacía girar a Justin en sus brazos y luego lo inclinaba
hacia atrás para realizar un dip1 cuando la canción llegaba a su fin. Wes sonrió.
Justin se rió y, al levantarse, los brazos de Wes rodearon la cintura de Justin y la
mano de éste acunó la mejilla de Wes. Se besaron, aún sonriendo, mientras el
público aplaudía. Para la banda, y quizá también para Justin y Wes.

Después de todo, eran los invitados de honor.

Era una noche en la que se celebraba la victoria de Wes y de su equipo en


el campeonato nacional, junto con las victorias personales de todos los demás
deportistas universitarios que habían jugado esa temporada y cualquier
temporada anterior. Las organizaciones LGBT+, ESPN e incluso la NCAA se
unieron para honrar a Wes y a sus compañeros atletas LGBT+ -presentes y
pasados- y conmemorar a los que habían fallecido en una recepción única. Los
ex atletas profesionales que estaban fuera del armario, se mezclaron con atletas
universitarios de los principales deportes: fútbol, béisbol, baloncesto y hockey.
1
Dip: Se trata del paso en que el hombre inclina a su pareja hacia el suelo.
Las luces del arcoíris se deslizaban sobre los banderines del arcoíris, que
formaban arcos en el alto techo del salón de baile. Las rosas teñidas de arcoíris
se agrupaban en jarrones bajos sobre las mesas de la cena.

—Esto es tan salvaje, ¿no?

La voz venía de detrás de Nick. Era profunda, pero con la cadencia de un


hombre joven. Se giró y vio a Colton Hall, el quarterback de Texas y el mejor
amigo de Wes. Ahora, también, buen amigo de Justin, después de un comienzo
inestable.

—Nunca imaginé que nuestra temporada terminaría así. —Colton le pasó


a Nick una cerveza fresca y extendió la suya para brindar.

—¿No pensaste que serían campeones nacionales?

—Quiero decir, lo pensé. —Colton sonrió, girando la cabeza hacia Nick.


Una mano se sacudió en el bolsillo de sus pantalones de esmoquin—. Vamos,
somos los mejores.

Nick se rió.

—Esto es increíble —dijo Colton, con su voz más suave—. No creo que
esto pudiera haber ocurrido hace cuatro años. Debería haberlo hecho, pero... —
Frunció el ceño, y su mirada encontró a Wes y Justin, bailando todavía—. Se
merece esto. Todo esto.

—¿Justin? —preguntó Nick, dando un sorbo a su cerveza.

—Uh, quiero decir, por supuesto, él también. —Nick sonrió mientras


Colton tartamudeaba, sonrojado—. Quiero decir, él merece ser reconocido, por
supuesto, por lo que es y apoyar…

—Estoy bromeando contigo. —Le dio una palmada en el hombro a Colton.


Colton sonrió, el alivio cruzó su cara en una ola—. Ambos lo merecen. Wes es
un jugador increíble, y ha sido un líder excepcional en su equipo. Y es un
modelo a seguir para otros jóvenes deportistas gays.

—Sí. Aunque Justin también lo es. Es un gran tipo. Simplemente el mejor.

Colton seguía tratando de arreglar su pequeño desliz.


—Resulta que yo también lo creo. —Nick bebió otro sorbo de cerveza y se
volvió hacia el salón de baile—. ¿Dónde está tu cita? ¿Quién está aquí contigo?

—Nadie. —Colton se encogió de hombros—. No estoy saliendo con nadie.


Y mi mamá no pudo lograrlo. Es abogada y tiene que preparar un gran caso. ¿Y
tú? ¿Dónde está tu cita?

Nick sintió que su sonrisa no llegaba a sus ojos. —No hay cita para mí,
tampoco.

Colton levantó su botella de cerveza para otro brindis. —Vida de soltero.


Muy bien.

Brindó y luego se quedaron en silencio, observando a Wes y Justin en la


pista de baile.

Tan profundamente enamorados. ¿Volvería a encontrar eso algún día? No


estaba preparado para buscar todavía, no tan pronto después de separarse de
Cynthia. La herida estaba aún demasiado fresca, como un profundo moretón o
un dolor que no podía estirar. La larga y lenta muerte de su matrimonio fue
peor que un rápido golpe en el estómago. Si Cynthia hubiera salido y tenido
una aventura, él podría haber terminado las cosas limpiamente, utilizar su ira
para empaquetar su pasado y luego seguir adelante. Pero la forma jadeante en
que habían aguantado incluso mientras se distanciaban cada vez más, hasta que
Cynthia fue una extraña para él, le hizo sentir como si lo hubieran partido por
la mitad de arriba a abajo.

Fue la traición lo que más le afectó: la traición de quién pensaba que era
Cynthia como persona. Había pensado que no había forma de que ella pudiera
elegir a nada ni a nadie sobre su hijo. Que nunca podría mirar a Justin y pensar
que no era maravilloso, las mejores partes de las dos combinadas. Era un
hombre difícil, sin duda, pero una buena persona, el tipo de hombre por el que
Nick se había desvelado por la noche y había rezado para que su hijo llegara a
ser.

No había nada en toda su vida que igualara la puñalada que recibió en el


corazón cuando Cynthia le dijo que creía que su hijo estaba roto y que había
que arreglarlo.

No hubo vuelta atrás desde ese momento. Amaba a Justin exactamente


como era. Cynthia no. Y no estaba dispuesto a compartir su vida con alguien
que no aceptaba a Justin. Cynthia no estaba dispuesta a cambiar sus creencias,
así que no había otro lugar al que pudieran ir que no fuera la separación.
No estaba listo para dejar entrar a nadie más todavía. No estaba listo para
abrirse. Lo único que le importaba ahora era la felicidad que veía en los ojos de
Justin cada día.

—Sabes —dijo Colton, balanceándose sobre sus talones—, destrocé el


gimnasio en la clase de educación física de quinto grado cuando nos hicieron
aprender a bailar swing.

La música cambió a un ritmo más rápido y las parejas comenzaron a volar


por la pista de baile. Wes hizo girar a Justin entre sus brazos, lo acercó a él y lo
acostó en una inclinación de la espalda.

—¿Lo hiciste? Mi ex y yo solíamos bailar cuando éramos novios. Swing,


blues, baile de salón. Éramos bastante buenos, en aquellos tiempos. —Luego
nació Justin, y ya no hubo tiempo para noches de baile o incluso citas. Pero...
¿Era de extrañar que Justin fuera bailarín ahora?

—Gané el Campeonato de Swing de la Primaria de Sugar Land —


presumió Colton—. No puedes superar eso.

Nick dejó su cerveza detrás de él y le tendió la mano. —Pon tu dinero


donde está tu boca, y muéstrame esas habilidades.

Colton parpadeó.

Colton, al igual que Wes, tenía una de las caras más reconocibles del
fútbol universitario. Su foto aparecía en ESPN cada semana. Casi a diario. Todo
lo que había dicho, todo lo que había hecho desde que Wes había salido a la luz,
había sido revisado, examinado, diseccionado. Después del juego del
campeonato nacional, Wes y Colton se habían sentado para una entrevista
conjunta con ESPN. Más que lo que dijeron, la forma en que interactuaron, la
evidente conexión entre ellos, había consolidado sus identidades públicas como
hermanos inseparables. Y aunque el apoyo a Wes había sido significativo, y
parecía crecer con cada mes que pasaba, todavía había quienes despreciaban a
Wes por lo que era, quienes lo acusaban de intentar cambiar la cultura del
fútbol. Que odiaban a Colton, también, por su inquebrantable e incondicional
apoyo público a Wes y su lugar en el equipo.

También hubo murmullos y rumores llenos de odio que se transmitían en


foros y anuncios de Internet: que Colton era la perra de Wes, que era tan gay
como Wes, que todo el equipo era un montón de maricas. Que Colton estaba de
rodillas por Wes y que haría cualquier cosa que éste le dijera con tal de seguir
ganando.

Nada de eso era cierto, pero eso no importaba. El odio no necesitaba la


verdad para propagarse como un incendio.

Pero Nick aún debería saberlo mejor. Colton tenía más en juego que él. Y
había una diferencia entre apoyar a tu mejor amigo en el campo, en la ESPN y
estar a su lado en los banquetes, y tomar la mano de otro hombre y bailar con
él en público. Nick estaba establecido, tenía éxito y estaba tan seguro de su
identidad como podía estarlo un hombre de mediana edad recién divorciado
que reconstruía su relación con su hijo. No tenía periódicos ni columnistas
siguiéndolo, diseccionando sus notas, las cervezas que bebía y las palabras que
decía, intentando descubrir su personalidad a través de fragmentos de su vida.

Lo que para Nick era una simple broma alegre y amistosa podría ser
gasolina para las llamas que consumían la reputación de Colton. Semanas de
furia online. Cejas levantadas en ESPN. Tal vez los equipos de la NFL lo
pasaran por alto en el draft.

—Lo siento —dijo, retirando la mano. Sacudió la cabeza, sonriendo a


modo de disculpa—. Estaba jugando y no lo pensé bien. Tal vez he tomado
demasiadas cervezas.

Colton bebió el resto de su cerveza, sosteniendo la mirada de Nick. Dejó


caer la botella sobre la mesa, se aclaró la garganta y extendió la mano.

—Hagámoslo —dijo—. Que se jodan.

—Colton, no quiero...

Colton agitó la mano frente a Nick. —Que se jodan los que odian. Es sólo
por diversión. Y tengo que mantener mi reputación de quinto grado.

Nick se rió de nuevo y tomó la mano de Colton, dejando que el más joven
lo llevara a la pista de baile. Si hubiera sido cualquier otro evento, tal vez la
gente se habría girado y mirado, viendo a Colton caminar de la mano con otro
hombre. Pero estaban entre cientos de parejas del mismo sexo y nadie se
inmutó. Más tarde, seguramente, las ondas llegarían a Internet.

—Vamos a enseñarles a Wes y a Justin lo que es bailar de verdad —dijo


Colton.
Se dirigieron hacia Justin y Wes. La cabeza de Justin giraba de izquierda a
derecha intentando mantener su mirada en ellos mientras Wes lo hacía girar en
un círculo cerrado. Golpeó el pecho de Wes, sacudiendo su barbilla hacia Nick
y Colton mientras Colton extendía sus brazos, asumiendo la posición de
bailarín principal.

—Podría pisar tus pies —dijo Nick—. Nunca he bailado la parte de la


dama antes.

—Bueno, ya sabes lo que dicen. —Colton puso su mano en la parte baja de


la espalda de Nick y lo acercó. Estaban casi frente a frente, pero no del todo.
Colton era ligeramente más alto y mucho más ancho que Nick. Su esmoquin le
quedaba como una segunda piel, fluyendo sobre las tensas y gruesas líneas de
sus musculosos hombros y brazos. Sus estrechas caderas se encajaron contra las
de Nick, sus muslos se rozaron cuando Colton dio el primer paso. Su cuerpo
guió suavemente a Nick, llevándolo a retroceder con el pie izquierdo mientras
Colton avanzaba con el derecho—. Nadie pone a un bebé en la esquina2. —
Colton le guiñó un ojo y giraron alrededor de Wes y Justin, imitando sus giros,
caídas y bengalas, riendo tan fuerte que a veces perdían un paso.

—¡Cambio! —Colton llamó a Wes, y él y Wes hicieron girar a Nick y Justin


hacia fuera, y luego los soltaron, dejando que cada uno girara en los brazos del
otro compañero. Nick terminó abrazado a Wes, con una mano en la cadera de
Wes y la otra en la mano de Wes. Wes mantuvo su cuerpo a una distancia
respetable del de Nick.

—¿Te diviertes? —preguntó Nick, sin aliento.

La sonrisa de Wes lo decía todo. Su mirada se desvió por encima del


hombro de Nick hacia donde Colton estaba haciendo girar a Justin alrededor y
alrededor y alrededor, y Justin estaba riendo tan fuerte que casi tenía hipo.

—Parece un sueño —dijo Wes.

—Buena respuesta. Amar a mi hijo debería ser un sueño hecho realidad.

Wes soltó una carcajada tan fuerte que rompió sobre el salón de baile
como un trueno. Justin se retiró de sus interminables giros en los brazos de
Colton y llamó para cambiar de nuevo. Wes hizo girar a Nick hacia afuera, y
éste pasó por delante de Justin en un borrón de sonrisas, terminando de nuevo

2
El significado detrás de la frase 'nadie pone a un bebé en la esquina' es que nadie con talento debe
dejar de expresarlo o mostrarlo. (Película Dirty Dancing
en el abrazo de Colton. Colton tiró de él mientras las trompetas sonaban, y
luego Colton sumergió a Nick en el ritmo final de la canción.

Desde su posición invertida, vio a Justin y a Wes besándose, los brazos de


Justin rodeando el cuello de Wes, las manos enredadas en el pelo empapado de
sudor de Wes. Sintió la profunda respiración de Colton, el pecho de Colton
moviéndose contra el suyo. Sintió el muslo de Colton apretando el suyo
mientras el momento, el mundo, parecía detenerse.

Luego, todo fue un torrente, y volvió a estar erguido. Colton y todos los
demás aplaudían a la banda. Las luces titilaban y el mundo era un rugido en los
oídos de Nick, un subidón en la cabeza por el baile y el calor de tantos cuerpos
que hacían que su corazón se acelerara y su piel se ruborizara. Colton estaba a
su izquierda, Justin y Wes a su derecha, todos sonriendo, el aire zumbando con
su alegría, tan poderosa que podía sentirla en todo su cuerpo, podía respirarla y
retenerla en su interior.

Esto es todo lo que quiero para Justin. Todo lo que siempre quise para mi hijo.
Felicidad pura y perfecta.

Sus propias noches de felicidad eran cosa del pasado, pero mientras Justin
sonriera así, mientras Wes estuviera allí para seguir amándolo, la vida de Nick
estaría completa. Si su hijo era así de feliz el resto de sus días, eso era lo único
que importaba.

Horas después, los cuatro caminaban hombro con hombro mientras se


dirigían al apartamento de Nick. Wes y Justin se abrazaban, y Nick y Wes se
habían aflojado sus pajaritas, dejando los extremos colgando. La de Colton
estaba torcida, mientras que Justin, de alguna manera, seguía pareciendo tan
cuidado y arreglado como al principio de la noche. La conversación fácil los
llevó a través del vestíbulo y al ascensor. Wes rodeó a Justin por detrás con sus
brazos mientras Colton se recostaba contra la pared del fondo, con las manos en
los bolsillos.

Fueron directamente al balcón de Nick, la amplia franja de hormigón y


cristal que daba al centro y al campus universitario. Dos de los tres dormitorios
y el salón se abrían al balcón, que ocupaba todo el ancho de la vivienda. Había
colocado una parrilla en un extremo y un sofá de patio y sillas de mimbre
alrededor de una mesa baja en el otro. Wes y Justin ocuparon la mitad del sofá,
aunque estaban prácticamente sentados en el regazo del otro, y Colton ocupó la
otra mitad, arrojándose en una extensión desgarbada que hizo crujir y gemir los
muebles.

Mientras los chicos se despojaban de sus chaquetas y se quitaban los restos


de sus corbatas y fajas, Nick sacó una botella de champagne de la nevera y
agarró cuatro copas del bar. Las risas volvieron a flotar hacia él a través de la
puerta corrediza de cristal abierta. La risa tranquila de Wes, profunda y suave
al mismo tiempo. La risa más aguda y musical de Justin. Las risas bulliciosas,
casi infantiles, de Colton.

—Déjame ayudar —dijo Colton, poniéndose en pie y alcanzando las copas


cuando Nick volvió a salir. Sus manos eran enormes, callosas y curtidas por
años de jugar al fútbol, bronceadas y con cicatrices de centenares de raspones
en cientos de partidos. Las cuatro copas desaparecieron en su mano, y le pasó
dos a Wes como si le estuviera entregando bolígrafos o lápices. Nick descorchó
el champagne y sirvió para cada uno de ellos.

No le gustaban mucho los brindis, pero el champagne, los esmóquines y la


una de la madrugada en un balcón iluminado por las estrellas pedían algún
tipo de reconocimiento, así que levantó su copa y miró a su hijo y a Wes.

—Por ustedes. —También saludó con la cabeza a Colton—. Por su futuro,


chicos.

Todos bebieron, y Justin y Wes compartieron un breve beso. Justin pareció


hundirse más en los brazos de Wes, como si de alguna manera pudiera estar
más cerca de él de lo que ya estaba. Nick se rió en voz baja mientras tomaba
otro sorbo de champagne y dirigía su mirada hacia la ciudad.

—Hablando del futuro... —Wes comenzó.

Nick giró la cabeza. ¿Era este? ¿Era este el momento? Contuvo la


respiración...

—¿Qué has decidido? —terminó Wes. Estaba mirando a Colton, no a


Justin, mientras hablaba, con la cabeza inclinada, sus enormes dedos
pellizcando el borde de su copa—. ¿Te quedas o te vas?

Colton soltó un suspiro. Dejó la copa en el suelo y se frotó las manos por la
cara. —Hombre... no lo sé.

—Yo creo que sí —dijo Wes en voz baja.


Colton le lanzó una mirada fulminante a Wes desde detrás de sus dedos
abiertos. Sus palmas todavía estaban sobre su boca, y sus manos tiraron de su
piel, dándole una expresión de película de terror mientras exhalaba.

—¿Esto es por el draft? —preguntó Nick.

Justin y Wes asintieron mientras Colton gemía.

La mayor parte de la línea de salida era elegible para el draft de la NFL esa
primavera, y el plazo para declarar si estaban dentro o fuera se acercaba
rápidamente. Se había hablado de Wes como posible recluta durante todo el
año escolar, pero ahora que habían ganado el campeonato nacional, sus
compañeros de equipo elegibles también estaban siendo cortejados. Los agentes
llamaban a todas horas, se presentaban en la casa que compartían y trataban de
saltarse las normas de la NCAA para convencer a los jugadores de que los
representaran y declararan.

Wes había dicho, inmediatamente después del partido del campeonato,


que se quedaría en la universidad hasta graduarse. Jugaría un año más en Texas
y luego consideraría la NFL. Pero no era una garantía, había dicho, de que fuera
a unirse a la liga.

La mayor parte del equipo siguió sus pasos, diciendo que también se
quedarían para terminar sus carreras. No querían separarse, no cuando estaban
tan cohesionados y unidos como se habían convertido. Si todos se quedaban
otra temporada, podrían llegar hasta el final y tener un récord perfecto. Ganar
el campeonato nacional, otra vez.

Sólo Colton no había declarado todavía.

—Si me quedo, es otro año para desarrollar mis habilidades. Otro año para
mejorar. —Colton envió a Wes una sonrisa vacilante—. Otro año contigo. Pero
también es otro año de riesgo. Si me lesiono, quizá nadie me quiera el año que
viene en la NFL. Ahora mismo soy un potencial de primera ronda. ¿Y si el año
que viene no soy nada?

—¿Y si eres primera ronda, primera elección el año que viene porque eres
el mejor quarterback dos años seguidos? —Wes respondió—. ¿Y si el año que
viene es aún mejor?

Colton se echó hacia atrás, sus manos se deslizaron por su cabello oscuro
mientras se apretaba el cráneo.
—Pero, como, ¿acaso quiero ser una selección de QB de primera ronda?
Quiero decir... ya has visto lo que les pasa a los chicos que van en primera
ronda a equipos perdedores. Algunos de esos equipos están tan desesperados
que quieren que una selección de primera ronda del draft juegue como un
profesional de cinco años. Pero si el cuerpo técnico no está allí y los sistemas no
están en su lugar, el equipo se derrumba. ¿A los chicos de nuestra edad se les
pide que lleven un equipo entero de la NFL y los lleven de Loserville3 a la Super
Bowl? —Colton negó con la cabeza.

—Tú no eres así. Tú sabes más que la ofensiva extendida o el correr y


disparar, que es todo lo que la mayoría de los chicos de la universidad saben
hoy en día. La mayoría de esos mariscales de campo no pueden lograrlo porque
la transición a la NFL es demasiado empinada. Pero no lo será para ti.

—Entonces, tal vez si me apunto al draft este año, me elijan para ser el
suplente de alguien. No me importaría aprender durante cinco años a las
órdenes de uno de los grandes. —Colton se rascó la tela extendida sobre su
muslo.

—¿Y tu título? —preguntó Nick—. ¿Qué hay de la graduación?

Silencio. Colton se encogió de hombros. —Realmente no pensé mucho en


graduarme cuando llegué aquí. La ergonomía es más fácil que los estudios
generales, ¿sabes? Pero, ¿qué hago con una licenciatura en ergonomía?

—No se trata tanto de en qué te especializaste como de demostrar que te


comprometiste y lo cumpliste —dijo Nick—. Que tuviste la disciplina de
completar tu educación. Yo contrato todo el tiempo a gente con títulos que no
tienen nada que ver con mi industria.

—Si me quedo, tendría que graduarme a finales del año que viene —dijo
Colton con cuidado—. Lo que significa que tengo que realizar una pasantía. Se
supone que parte de mi programa es una pasantía empresarial. Tal vez porque
la experiencia en el mundo real es la única manera de hacer que ese título valga
algo. —Intentó reírse—. Pero no sé ni por dónde empezar con eso. ¿Cómo
podría hacer una pasantía con mi horario de atletismo?

—Encuentra una pasantía que sea flexible —dijo Nick.

Colton resopló. —La fila en el centro de estudiantes para las solicitudes de


pasantías tiene como siete millas de profundidad. Miré la semana pasada. Hay

3
Slang. Villa perdedora.
una lista de espera. Si me apunto y surge algo, no puedo permitirme ser
exigente con ello. Pero tampoco puedo sacrificar mi horario de fútbol.

—¿Puedes llevar tu propia pasantía a la universidad? ¿Y si arreglas algo


directamente con una empresa?

—Sí, se puede. Sin embargo, no conozco a nadie que pueda hacer eso. Y
no puedo pedirle al entrenador o al departamento de deportes que me
enganche, o hacer la pasantía con ellos. Ya lo he intentado.

—Tú me conoces. Mi empresa siempre tiene becarios durante el verano.


Puedo conseguirte fácilmente un puesto de interno en la oficina de Austin.
Puedo enseñarte cómo son las ventas.

Los ojos de Colton se abrieron de par en par. —¿En serio?

—¿Por qué no? Serías genial en las ventas. Lo más importante en las
ventas es personalidad.

—Y a ti no te falta. —Justin sonrió.

Colton se quedó callado. Se mordió el labio inferior, mirándose las manos.


—¿Pero qué pasa si es ahora o nunca?

Wes dejó la copa de champagne y miró a Colton a los ojos. —No es así.
Nunca es ahora o nunca. Las cosas siempre cambian.

—Sí, podría estar peor de cara al draft del año que viene. —Colton soltó
un enorme suspiro.

—O podrían pasar un montón de cosas —dijo Wes—. Cosas que ni


siquiera puedes imaginar ahora mismo. Diablos, podrías ser descubierto por
una cadena nacional de noticias en la mañana del partido más importante del
año. —Wes no parpadeó. Ya no estaba hablando de Colton. Colton no era gay—
. Pensé que lo había perdido todo ese día.

La mandíbula de Colton se apretó. Los dedos de Justin se entrelazaron con


los de Wes. Nick vio pasar una mirada entre ellos, algo con peso. Se había
pasado todo ese día intentando localizar a Justin después de ver la foto de su
hijo en Internet, del brazo de Wes Van de Hoek. Había oído lo que Justin y Wes
habían pasado, y había visto el partido y el colapso de Texas en la televisión en
directo. Había gritado hasta Austin en su Porsche cuando Justin le había
llamado sollozando, diciendo que Wes estaba golpeado, ensangrentado y que
apenas respiraba. Pero él mismo no había vivido esas horribles doce horas.

Colton se quedó mirando la ciudad, con la mirada perdida en la vista del


campus, mientras las bocinas de los coches lejanos tocaban el claxon y el
zumbido de la autopista salía a su encuentro. Nick observó cómo sus hombros
temblaban ligeramente. No era una decisión sencilla. Esta podría ser una
elección decisiva para toda la carrera futbolística de Colton. Ir a la NFL antes de
tiempo y arriesgarse a ser reclutado por un equipo en reconstrucción. Si eso
salía mal, podría romperse y quedar fuera de la liga antes de tener la
oportunidad de convertirse en el quarterback que podría ser.

O jugar otro año en la universidad, graduarse, y luego ser reclutado con el


resto de su clase. Tal vez aún sería reclutado por un equipo en reconstrucción,
donde toda una franquicia se apoyaría en él. Pero sería otro año más sabio, otro
año más viejo, otro año más experimentado.

A veces un año cambia a un hombre de una manera que no puede medirse


en horas, días o semanas. A veces un año se convierte en la piedra angular de
una vida.

Riesgo, recompensa. Quedarse, irse. Las cosas conocidas ahora frente al


futuro incierto. También estaba su título, y la graduación, pero Nick no creía
que Colton hubiera dado tanta importancia a un título universitario. A
diferencia de Wes, el fútbol era su vida. Nick lo sabía, incluso antes de conocer a
Colton. Lo había sabido, viendo a Colton madurar en el papel de quarterback
de Texas a lo largo de las temporadas, y ese conocimiento había estado al frente
y en el centro de su mente cuando lanzó a Colton contra la pared en la casa de
los deportistas. Estaba allí de nuevo, por una razón totalmente diferente,
cuando vio a Colton desmoronarse en la habitación del hospital de Wes y luego
lo vio dedicarse a cuidar de su amigo.

—No quiero irme todavía —suspiró Colton. Su cabeza se inclinó y


entrecerró los ojos hacia Nick—. ¿De verdad puedes conseguirme una pasantía?

—Por supuesto. Dilo y haré que mi asistente empiece a prepararlo


mañana.

Colton sonrió. Cerró los ojos. Respiró profundamente. —De acuerdo.


Hagámoslo. Quiero otro año. —Se acercó a Wes, tomando su mano en un
apretón de guerrero. Wes sonrió, y Colton también lo hizo—. ¿Un campeonato
nacional más?
—Por supuesto. —Wes sonrió.

—Gracias, papá —dijo Justin, con la gratitud brotando de él.

—Por supuesto. Los ayudaré en todo lo que pueda, siempre. —Volvió a


levantar la copa de champagne—. Por un año más.
Hierba recién cortada. Cielo azul. Una ligera brisa. La camiseta de
entrenamiento de Colton le hacía cosquillas en las costillas, la malla caía justo
por debajo del borde de las almohadillas. La primavera en Texas comenzaba
con el rocío y la humedad de las mañanas, pero para cuando estaban en plena
práctica, ya estaba sudando las bolas en el calor abrasador.

Hizo girar el balón en sus manos mientras rodaba el cuello, estirando los
músculos entre los omóplatos. El entrenador había pedido un descanso para
tomar agua, pero Colton quería volver al entrenamiento. El fútbol de primavera
era el mejor del año. El tiempo era perfecto, el libro de jugadas estaba abierto y
todos estaban animados para experimentar con las jugadas, las rutas y las
carreras, aprovechando los éxitos de la temporada anterior y trabajando en los
puntos ciegos.

El equipo llevaba semanas entrenando juntos, tras un mes de descanso


después de ganar el campeonato nacional en enero. Habían hecho horas de
ejercicios esa mañana, todo el equipo comenzando boca abajo en las líneas de la
yarda, luego rodando de espaldas al sonido de un silbato. A continuación,
volvían a ponerse en posición de reposo, esperando, esperando. Cuando sonaba
el silbato por tercera vez, se ponían en pie de un salto y corrían diez metros,
tartamudeaban y luego se dejaban caer en cinco flexiones antes de poner el
pecho en el césped y esperar a empezar de nuevo.

Dios, le encantaba.

Las piernas le ardían, el ácido láctico le recorría todos los músculos.


Incluso le dolían las manos en ese buen y sólido pulso de un entrenamiento
saludable. En unos minutos comenzaría la práctica, que era el verdadero punto
culminante del fútbol de primavera. Una vez a la semana, hacían una práctica
amistosa de ataque contra defensa, con golpes en lugar de placajes, hasta el
último entrenamiento, cuando se convertía en un partido completo, naranja
contra blanco. Miles de personas acudían a ver el partido.

Colton se lanzó el balón mientras trotaba hacia atrás, dejando que el dolor
en los cuádriceps y los isquiotibiales se abriera, se resolviera solo. Sí, había
tomado la decisión correcta de quedarse en su último año. El draft de la NFL
había tenido lugar sin él, y si había pensado que el mundo del deporte
profesional se preocuparía o tomaría nota de su ausencia, estaba equivocado.
En cuanto dejó claro que no iba a declararse en el draft, ESPN dejó de hablar de
él, centrándose en cambio en todos los reclutas que tenían delante. Había sido
un cubo de agua en la cara cuando pasó de los titulares diarios a la nada de la
noche a la mañana. La NFL era un negocio, no una pasión, y tú eras una
mercancía, sólo tan valiosa como lo que aportabas a la liga. Cuando los equipos
pensaban que era una oportunidad para su temporada de reconstrucción, él
había sido una mierda importante. Ahora, no era nada.

Había pasado largas noches mirando al techo, lanzando la pelota por


encima de su cara y atrapando la espiral perezosa antes de que le golpeara entre
los ojos. Toda su vida había querido jugar al fútbol profesional, había querido
vestir esa camiseta de la NFL.

Pero lo que había soñado cuando tenía siete, ocho, nueve años era la
camaradería, el espíritu de equipo, la familia del fútbol. Había querido los
alegres vestuarios, los largos días y noches de entrenamientos, de hacer ejercicio
en el gimnasio. Entrenar juntos y ser hombres juntos, apoyando sus vidas el
uno en el otro para convertirse en algo más grande, más increíble de lo que eran
por sí solos. Campeones de la Super Bowl sonaba como un buen punto de
partida, para su mente de nueve años.

Campeones nacionales universitarios tampoco estaba mal.

¿Había encontrado ya la camaradería que ansiaba? Nunca había estado en


un equipo tan unido. Con Wes como capitán y él como mariscal de campo
titular, habían estado en llamas. Sus éxitos los habían unido a todos.

Pero, ¿era el éxito? ¿O fue el Día de Acción de Gracias? Cuando se habían


derrumbado, destrozados bajo el peso aplastante de un artículo de prensa
depredador publicado para destruirlos en la mañana de su partido más
importante del año. Cuando alguien ajeno al equipo había tomado el secreto de
Wes y lo había difundido en todos los sitios web, blogs deportivos, periódicos y
programas de radio del país.

Ese reportero había utilizado el amor de Wes por Justin como balas
baratas disparadas al resto del equipo.

Y ellos se habían derrumbado, destruidos por lo que sentían como una


traición, pero no lo había sido, en absoluto. Habían pensado que Wes los había
utilizado para su propia gloria, que había guardado su secreto sobre Justin y su
sexualidad para poder tomar todo lo que pudiera de su equipo en su camino al
estrellato. Estaban muy, muy equivocados. Wes había renunciado a todo en su
vida por el equipo una y otra vez, pero Justin era lo único a lo que no podía
renunciar. El secreto de por qué Wes había subido de nivel la temporada
pasada no era la proteína en polvo o suplementos especiales o un nuevo
régimen de entrenamiento. Estaba enamorado, perdidamente, y jugaba con
todo su corazón por Justin cada semana. Dio todo lo que tenía al campo de
juego y al hombre que amaba en igual medida.

Fue el darse cuenta de eso, el reconocerlo, más que cualquier otra cosa, lo
que había unido al equipo de nuevo. La conmoción y la agonía dieron paso a la
angustia, luego al vacío, la pena y el arrepentimiento. Los porqués habían
llenado la casa que compartían después, mil variaciones de Por qué no nos lo
dijiste y Por qué no lo vi y Por qué duele tanto esto y Por qué por qué.

¿Por qué ese periodista mediocre le había arrancado el corazón a Wes?


¿Por qué había intentado destruir a su equipo? ¿Por qué se lo permitieron? ¿Por
qué no escucharon a Wes? ¿Y por qué se había ido Wes?

Obtuvieron sus respuestas a tiempo, incluso si deseaban no hacerlo.

Fue una lección insoportable de aprender, y era algo que nunca podría ser
enseñado por un entrenador o una diapositiva de PowerPoint o un libro. Todos
tuvieron que mirar dentro de sí mismos y darse cuenta de sus propios fallos, de
sus propios juicios. No se derrumbaron por el artículo, ni por el secreto de Wes,
ni por el juego. Se derrumbaron por culpa de ellos mismos. Un centenar de
derrumbes, un centenar de chicos asustados que habían pretendido ser
hombres, que no sabían cómo ponerse al lado de Wes y ser los hombres que él
necesitaba en ese momento.

Sin embargo, crecieron rápido. La angustia y la pérdida tenían una forma


de separar a los niños de los hombres. La reflexión, también, y la soledad de
contemplar los propios actos.

Casi no habían tenido la oportunidad de decirle a Wes que lo sentían.

Colton lo dijo de una docena de maneras diferentes, tratando de ser para


Wes lo que Wes había sido para el equipo. Estar ahí, dar todo de sí mismo.
Dedicar cada minuto de su vida a Wes y a su recuperación. Conocer a Justin, el
amor de la vida de Wes, porque estaba claro que Justin no iba a ninguna parte.
Y si había estado nervioso por hacerse amigo de Justin, sin saber si había un
lugar para Colton en la nueva vida de Wes junto al hombre al que había
entregado su corazón, bueno, Justin le había ayudado a disipar ese temor. A
Colton le gustaba mucho Justin, más de lo que pensaba. Justin era más agudo
que Wes, con bordes más duros y más mordaces. Se deshacía de la mierda que
le servían a diario y se la devolvía al mundo sin pestañear. Tenía una confianza
en sí mismo que, incluso para un deportista de primera división, era una
prueba de fuego. Estaba absolutamente seguro de quién era y de dónde
encajaba en el mundo, y eso era raro en personas de su edad. Colton podía ver
por qué Wes, uno de los hombres más sólidos que conocía, se había enamorado
tanto de Justin.

Había días en los que le parecía que Justin y Wes eran hombres, y que
Colton y algunos de los demás chicos del equipo seguían siendo niños, a pesar
de tener todos la misma edad. Vivían en la misma casa y hacían las mismas
cosas, veían la televisión y jugaban al Madden comiendo Pop-Tarts y cereales, y
pasaban tiempo jugando en el futbolín, pero aun así. A veces sentía que se abría
un abismo entre Wes y Justin y todos los demás. Incluso entre Wes y Justin y él,
aunque eran los más cercanos.

¿Era el enamoramiento? ¿Era su compromiso el uno con el otro? ¿Había


algo en la construcción de una vida con otra persona que te hacía cambiar, que
ampliaba y profundizaba tus perspectivas en la vida, que te hacía ser consciente
de la imagen más amplia y completa del mundo?

¿Cómo sería su propia vida si no estuviera pensando en si el draft de la


NFL era la opción correcta para él solo? ¿Y si estuviera tomando una decisión
por nosotros en lugar de por mí?

Sí, eso haría que un tipo pasara de ser un niño a ser un hombre. La forma
en que se había dedicado a Wes y a su recuperación, tomando todas sus
decisiones por Wes y su hermandad y por el equipo, lo había cambiado, lo
había hecho crecer rápidamente.

Pero seguía sintiendo que estaba detrás de Wes y Justin. Que ellos habían
dado pasos hacia un nuevo mundo del que él estaba fuera.

Volvió a lanzar el balón, haciéndolo girar en el aire y atrapándolo delante


de su máscara.

¿Estaba eligiendo otro año en Texas para esconderse? ¿Era una especie de
Peter Panning4 su vida? Lo único que quería era el fútbol profesional, ¿no? Lo
había conseguido; tenía la invitación de la NFL. Tenía su oportunidad.

Había algo más que quería, pero aún no estaba seguro de qué era. No
podía nombrarlo, no podía ponerle palabras, pero sentía algo que se movía
dentro de él cuando estaba en el vestuario, o cuando el equipo estaba

4
Comportamiento que recuerda o sugiere a Peter Pan; la acción o el hecho de volverse juvenil o de
negarse a crecer; entrada en el mundo de los niños o de las cosas infantiles.
practicando, o cuando todos sonreían después de un gran entrenamiento. El
zumbido que sentía en sus venas cuando él, Wes, Justin e incluso Nick salían
los jueves por la noche. Era la forma en que el mundo parecía perfecto cuando
no estaba solo. Cuando se sentía parte de algo maravilloso.

¿Dejar a Wes? ¿Ahora, cuando por fin lo había conocido de verdad? ¿Y a


Justin?

No, había más aquí. Estaba seguro de eso. Más para encontrar, más para
convertirse. Tenía los huesos y el corazón de un hombre, pero los temores de un
niño. No quería irse. Todavía no. Quería el equipo, y quería más de la conexión
profunda que él y Wes habían forjado y envuelto en su equipo.

Todavía no. No estaba listo para dejarlo ir todavía.

Un año más.

Wes se acercó corriendo y saltó, arrebatando el balón en el aire. Colton


maldijo y salió corriendo detrás de Wes, que se alejó riendo por encima del
hombro. Anton, Patrick y Josh estaban de repente allí, rodeando a Colton, y
Wes y los chicos jugaron a no perder el balón, lanzándolo por encima y
alrededor de él mientras saltaba y brincaba y trataba de lanzarse por el balón.

—¡No soy un maldito receptor! —gritó.

—Gracias a Dios —retumbó Anton. Le pasó el balón a Patrick, que lo


envió en un amago de vuelta a Wes.

La mirada de Wes se fijó en algo en las gradas, por encima de la cabeza de


Colton. Sonrió, amagó una vez y luego hizo girar el balón hacia los brazos de
Colton antes de separarse y correr hacia las gradas.

—Ahh, Justin está aquí —dijo Josh.

—Siempre se sabe cuando aparece —dijo Patrick, riendo.

Colton fingió lanzar el balón a Anton, apuntando a su vientre. Anton se


dobló, su voz alta y aguda en un grito falso, antes de alejarse corriendo con Josh
y Patrick. Colton siguió a Wes, trotando hasta la campana de las gradas, donde
la parte más baja de las mismas se unía al campo. Justin había bajado para
inclinarse sobre la barandilla y mirar a Wes, que lo miraba como si Justin fuera
el sol en el cielo personal de Wes. Wes puso su mano sobre la de Justin, su
guante manchado de hierba envolvió los delgados dedos de Justin.
Colton se quedó atrás, frotando sus botines en el césped. A veces no sabía
si era bienvenido cuando Justin y Wes se ponían así. Cuando el resto del
mundo se desvanecía y era como si todo el estadio pudiera estar rugiendo sus
nombres, y aún así, Wes y Justin se estarían mirando a los ojos, sonriendo con
esas sonrisas de amor.

Wes era su mejor amigo, y Justin se había convertido rápidamente en uno


de sus mejores amigos, pero tres seguía siendo un número extraño.

—Hola, Colton.

Miró, y allí estaba Nick, a unos metros de Justin y Wes.

Nick se reía en voz baja. —Sólo tienen ojos el uno para el otro, ¿eh?

—A veces. —Colton se encogió de hombros. Sonrió a Nick y le pasó la


pelota—. ¿Están aquí para el juego, o sólo vienen a saludar?

—Estamos aquí por el partido. —Nick palmeó el balón, pasando la mano


por los cordones—. Me voy de la ciudad mañana. Quería verlos antes de irme.

—¿Noche de cervezas? —Colton atrapó el pase de Nick en el centro de su


pecho. Nick podía lanzar un balón de fútbol mejor que algunos de los chicos del
equipo. Le devolvió el balón a Nick mientras Wes se ponía de puntillas y
besaba a Justin por encima de la barandilla.

Las noches de cervezas se habían convertido en la abreviatura de las salidas


de los cuatro: Justin, Wes, Nick y Colton. Wes sólo salía con Justin, lo cual tenía
sentido, y Justin sólo quería salir si se encontraban con su padre. Nunca dijo por
qué, pero no tenía que hacerlo. Colton entendía ese profundo anhelo por un
padre, el dolor conmovedor cuando querías, esperabas y te esforzabas tanto,
pero lo único que escuchabas era el silencio.

Su padre se había marchado cuando Colton tenía cinco años. Colton solía
imaginar que, gracias a que su nombre estaba en toda la ESPN, su padre
aparecería un día de la nada, en las gradas de un partido, tan orgulloso y feliz
como Nick o el padre de Wes, el cuento de hadas de un niño pequeño hecho
realidad. Pero nunca lo había hecho, y Colton había decidido que el hombre
probablemente estaba muerto. Era más fácil imaginar eso que aceptar que su
padre no se preocupaba por él en absoluto.
Nick sí se preocupaba, y estaba ahí para Justin, aunque éste seguía
teniendo ese hambre que se aferraba a él, una necesidad de aceptación, amor y
presencia de su padre en su vida. Esa clase de hambre no se saciaba
rápidamente. Justin agarró a su padre con las dos manos, integrándolo en su
vida de formas grandes y pequeñas. Nick acompañaba a Justin a ver los
entrenamientos, salía con ellos a tomar cervezas y apareció una vez en una
fiesta en el campus para dejar hielo y más bebidas, quedándose diez minutos
antes de irse. Justin y Wes iban a cenar a su casa al menos dos veces por semana
y a veces pasaban la noche en el dormitorio que Nick les había regalado.
Cuando salían todos, solían terminar en el balcón de Nick después, como si no
quisieran que la noche terminara. Colton se había despertado en el sofá de Nick
para encontrar a Justin y Wes cocinando en la cocina y a Nick dándole una taza
de café negro más de un puñado de veces.

Tal vez hacían un extraño cuarteto de amigos. Wes y Justin, Colton la


tercera rueda, Nick el padre. Si Nick hubiera sido aburrido o un idiota, no
habría funcionado. Pero era sorprendentemente fácil estar con él. Como Justin,
pero sin los bordes duros. Sólido, con un tipo diferente de experiencia de vida
que lo cimentaba. Justin era un superviviente, mientras que Nick era un
triunfador, personalidades similares formadas por vidas diferentes. ¿Por qué no
habría de gustarle Nick si le gustaba Justin?, había dicho una vez cuando
Orlando le preguntó por qué el padre de Justin salía con ellos tan a menudo. "Él
es genial. Funciona, hombre".

—Estoy libre. Me voy de la ciudad por la mañana, así que no puedo


quedarme hasta tarde —dijo Nick, atrapando el pase de Colton—. ¿Y el resto de
los chicos? ¿Quieres salir con ellos en su lugar?

—Puedo preguntar si alguien más quiere venir con nosotros. Pero creo
que la mayoría está estudiando. Se acercan los finales. O están saliendo con sus
chicas antes de las vacaciones de verano.

—¿No necesitas estudiar? —Las cejas de Nick se arquearon.

—Estoy estudiando ergonomía. —Colton sonrió—. Entregué mi proyecto


final hace unas semanas.

—¿Y qué invento para salvar vidas se te ocurrió esta vez?

—Un reposapiés para cuando juegas a los videojuegos y estás sentado en


el sofá durante horas. ¿Sabes que eso hace que te duela la espalda? Esto no sólo
resuelve eso, sino que también tiene un paquete de baterías incorporado, para
que puedas cargar tu mando sin tener que levantarte.
Nick negó con la cabeza cuando el entrenador hizo sonar el silbato,
llamando a todos para que regresaran del descanso. Wes y Justin se separaron,
Wes trotó hacia atrás mientras le decía algo a Justin en francés, quien le guiñó
un ojo y respondió de la misma manera. Nick y Colton compartieron una
sonrisa y un pequeño giro de ojos, y luego Colton corrió tras Wes, agarrándolo
por detrás y obligándolo a darse la vuelta. Wes le golpeó la espalda, pero
finalmente giró hacia la práctica. Sin embargo, echó una última mirada a Justin.

Colton también miró hacia atrás y vio que Justin los observaba a ambos,
saludando a Wes mientras Nick se acomodaba en las gradas.

El entrenador les hizo estirar de nuevo y luego dividirse en equipos,


ataque contra defensa, para la última media hora. Colton intercambió golpes
juguetones con su suplente, un mariscal de campo que estaba terminando su
primer año, mientras se alineaba para dar el primer golpe. No se trataba de un
entrenamiento serio, y su suplente se quedó con el coordinador ofensivo,
observando los movimientos de Colton, para aprender y criticar. El coordinador
defensivo estaba en el campo en el lado defensivo, observando y gritando
correcciones entre las jugadas.

Las almohadillas chocaban entre sí, con ese crujido de plástico sobre
plástico. Sin embargo, nadie cayó. Los jugadores de línea clavaban sus manos
en las almohadillas de los demás y se empujaban unos a otros, hablando y
gruñendo mientras Orlando y Wes recorrían sus rutas. Colton hizo jugadas de
pase y carreras, entregó el balón a Orlando y lo lanzó a Wes en la siguiente
jugada. Se dirigió en profundidad a Dante en un intento de touchdown, pero un
buen bloqueo de la esquina derribó el balón.

Anton, el capitán defensivo, había estado trabajando a sus chicos con


nuevas jugadas, nuevos emparejamientos contra la ofensiva de Colton. Tenía
una lista de novatos que estaba entrenando, verdaderos novatos del semestre
de primavera que llegaban temprano para tratar de ponerse al día. Con tanta
sangre nueva, estaba lanzando conjuntos defensivos que Colton no había visto
antes, lo que le obligaba a leer nuevos enfrentamientos y llamar a audibles en la
línea.

Dios, amaba esto, amaba el juego. Le encantaban esos microsegundos en


los que analizaba la defensa, el patrón de linebackers, liners y safeties, y
repasaba las miles de jugadas a las que se había enfrentado a lo largo de los
años, intentando recordar la forma perfecta de atravesar la defensa. Si la
defensa se alineaba con dos safeties profundos por el centro, él enviaba a la
línea lateral. Si se mostraban pesados en el lado fuerte, el lado de Wes,
automáticamente miraba hacia el lado débil, analizando los enfrentamientos y
recorriendo sus mejores opciones de receptor en una rotación de lectura.

Esos eran los momentos que le gustaban, los cuartos de segundo de


análisis, de tomar esas decisiones que eran mitad instinto y mitad experiencia,
su memoria muscular y su entrenamiento actuando exactamente al mismo
tiempo para crear la jugada perfecta. El olor de la hierba pegada a su piel y el
sudor empapando su camiseta, la forma en que su mente funcionaba como si
estuviera en llamas.

—¡Delta 81!5 —Colton llamó, poniéndose en cuclillas en posición detrás de


Art, el centro. Volvió a escudriñar la defensa de Anton. Anton estaba
mostrando el blitz6, pero Colton estaba probando algo nuevo, algo jodidamente
salvaje. Si funcionaba, sería legendario. Si no lo hacía, todos se reirían. Pero
sería una jugada muy divertida. Extendió sus manos. Levantó el pie—. ¡Delta
81! ¡Hike!7

Movimiento, acción de juego. Botines en la hierba, pantalones pesados,


gruñidos de esfuerzo. Fingió un traspaso a Orlando, que corrió hacia la
izquierda, siguiendo los bloques de la línea ofensiva. Colton giró a la derecha,
sujetando el balón. ¿Los había engañado? Lo hizo. Anton y otro linebacker
estaban persiguiendo a Orlando, mientras que los safeties se enfrentaban a los
receptores profundos. Wes estaba inclinado, corriendo a través del campo. Miró
hacia Colton.

Colton estaba solo, de forma vertiginosa, como nunca lo estuvo el


quarterback. Uno de los linebackers de Anton se dio cuenta de que Colton aún
tenía el balón y gritó, luego tiró hacia la derecha, rugiendo hacia Colton.

Tenía milisegundos.

Colton plantó su pie, dejó caer su peso hacia atrás, y preparó su pase. El
linebacker se abalanzó sobre él. Wes seguía arrastrando el culo, jodidamente
abierto. Era una jugada de touchdown, seguro. Lo había hecho. La jugada iba a
ser enorme, épica. Oyó los gritos de las gradas, la sorpresa, los vítores y los
gritos. Oyó las risas de los jugadores de la línea ofensiva mientras la línea se
desmoronaba en el otro lado del campo. Oyó a Anton gritar a los defensores,
5
Jugada de posición.
6
En el fútbol americano, el blitzing es una táctica utilizada por la defensa para interrumpir los intentos
de pase de la ofensiva. Durante un bombardeo, un número mayor de lo habitual de jugadores
defensivos apresurará al quarterback contrario, en un intento de taclearlo o forzarlo a apresurar su
intento de pase.
7
El quarterback usa la palabra hike para poner la pelota en movimiento para que todos estuvieran
claros cuando comienza la jugada.
tratando de perseguir a Wes y Colton. Ahora era una lucha, el juego defensivo
estaba destruido. La estrategia había pasado a marcar, a mantenerse alejado.

Colton lanzó el balón hacia Wes y lo vio navegar, arqueándose alto,


parabólico contra el cielo. El viento que corría sobre él era dulce, y el sol era
cálido en la piel expuesta de sus abdominales y su espalda. Wes bombeó las
piernas, extendió los brazos...

El golpe que recibió Colton fue más fuerte de lo que debería. El linebacker
de primer año había dejado caer su hombro y se abalanzó sobre él, haciéndolo
caer hacia atrás. Se sacudió, haciendo girar sus pies mientras intentaba
mantenerse levantado. No esperaba ser golpeado, no con un tackle real. Esto
era un abrazo de oso, un balón de risa. Pero, carajo. Eso lo había dejado sin
aliento y lo había hecho retroceder demasiado rápido. Iba a caer.

Desequilibrado, Colton se retorció, extendiendo ambos brazos para frenar


su caída mientras se dirigía al césped.

Dolor. Algo se desprendió de su hombro cuando cayó al suelo. Algo que


solía estar entero se desgarró, y todo su brazo se debilitó como un espagueti
hervido. Sus dedos y su mano se entumecieron y vio cómo su brazo giraba en
sentido contrario mientras rebotaba y patinaba sobre la hierba. Un fuego
líquido recorrió su costado derecho, deslizándose entre sus costillas y llegando
a sus pulmones.

Un silbato sonó en algún lugar, largo y gorjeante como un tren, que seguía
y seguía mientras el mundo se hacía más pequeño.

Intentó mover los dedos y vio cómo su mano se quedaba quieta. No puedo
lanzar sin mis dedos. Se levantó, rodando sobre su hombro derecho, pero fue un
error. En cuanto su peso cayó sobre su lado derecho, el fuego que había estado
burbujeando dentro de su hombro rugió por su cuerpo, envolviéndolo en pura
agonía. Gritó, se hizo un ovillo y se llevó la mano al brazo derecho, que no se
movía.

Así no. No era así como se suponía que iba a ser otro año. Por favor, así no.
Se agarró el hombro y enterró su máscara facial en la hierba mientras gritaba.

Los pies corrieron hacia él, los botines y las zapatillas del cuerpo técnico y
los entrenadores de atletismo.

—¡Lárgate del puto campo! —Oyó rugir a Wes—. ¡Estás fuera del puto
equipo!
Manos sobre él, haciéndolo rodar hacia su espalda. Su brazo derecho se
quedó en el césped. Como si no estuviera unido a él.

—Colton... —Wes estaba a su lado, arrodillado.

No así, no así, no así, no así...

Wes se arrancó el casco y lo tiró a un lado. Agarró la máscara de Colton y


lo hizo girar, obligando a sus ojos a encontrarse.

—Colton —dijo Wes de nuevo. Sus ojos se dirigieron más allá de Colton.
Había manos en sus brazos, metiéndose por debajo de las almohadillas.
Agarrando su hombro, su bíceps derecho—. Quédate conmigo...

Alguien le dio un golpe en el hombro. Colton rugió, gritando tan


profundo y fuerte que sintió que su cuerpo se levantaba del campo. Gritó y
agarró a Wes con la mano izquierda, con los dedos agarrando el cuello de su
camiseta, el borde de sus almohadillas. Dolor, tanto maldito dolor, más del que
jamás había sentido en su vida, tan jodidamente horrible que no podía respirar.
Trató de jadear, trató de agarrar a Wes, trató de arrastrarlo cerca. El pánico
crecía en su interior, desgarrando su centro, como un linebacker que se acercaba
al agujero a punto de entregar la captura. No podía moverse, no podía respirar,
no podía sentir nada más que este puto dolor, y todos los sueños que había
tenido, desde que tenía seis años hasta hace diez minutos, cuando todo lo que
quería era un maldito año más con sus hermanos y su mejor amigo, pasaron
ante él y se desvanecieron.

No así, no así, no así...

—Colton —susurró Wes, con su cara repentinamente cerca, apretada


contra la máscara facial de Colton—. Respira, respira...
Llamaron al carro por él. En todos los años que Colton había jugado al
fútbol, nunca lo habían sacado del campo.

Estaba mareado, el mundo se desvanecía y se desenfocaba. La oscuridad


rodeaba su visión y el sonido llegaba en forma de truenos. Oyó la voz de Wes,
que se alargó y luego rugió demasiado fuerte, y se estremeció cuando se alejó
incluso cuando abrió los ojos y vio a Wes sentado a su lado en la parte trasera
del carro, sujetando su mano izquierda con fuerza contra su pecho.

Lo condujeron hasta las instalaciones deportivas, dirigiendo el carro por


los amplios pasillos hasta la sala médica. El médico del equipo ya estaba allí,
preparado con una silla de ruedas. Colton recordaba el paso del carro a la silla
de ruedas como una serie de instantáneas, momentos congelados en el tiempo:
Wes lo arrastró hasta la posición de sentado y luego tiró de él hacia delante,
haciendo que Colton apoyara todo su peso en el amplio pecho de Wes. Gimió
en las almohadillas de Wes, sintió el sudor salado del cuello de Wes y el aire
fresco del aire acondicionado soplando contra su propia cara húmeda. ¿Estaba
llorando?

Se agarró a la camiseta de Wes mientras el doctor y el equipo médico lo


bajaban a la silla de ruedas. Wes apartó a uno de los entrenadores y empujó él
mismo la silla de ruedas de Colton, siguiendo al médico y al radiólogo hasta la
sala de rayos X.

Le cortaron la camiseta y las almohadillas.

Gritó cuando lo pusieron en la mesa de rayos X. Volvió a gritar cuando lo


hicieron rodar a izquierda y derecha, y lo cambiaron de posición para obtener
diferentes ángulos. Wes se apoyó en sus piernas para mantenerlo quieto
mientras Colton se mordía los nudillos de la mano izquierda y las lágrimas
rodaban por los lados de su cara.

—Dislocado —oyó decir al médico, que revisaba la radiografía digital


detrás de la mampara. Wes estaba de nuevo a su lado. Colton se acurrucó hacia
él, haciéndose un ovillo como si pudiera hacer desaparecer el dolor si era lo
suficientemente pequeño—. Tenemos que reducir la articulación. Pero hay
mucho más daño que una simple dislocación. A juzgar por la posición del
brazo, creo que estamos viendo múltiples ligamentos rotos. Tal vez un labrum8
desgarrado, también.

Rotura de ligamentos. Su brazo de lanzar. Su brazo del millón de dólares.


Su hombro que llevaba cada una de sus esperanzas y sueños. Colton cerró los
ojos. Era sólo una pesadilla, y se despertaría pronto. Se despertaría. Lo haría.

—Prepara la resonancia —dijo el doctor—. Y prepara una jeringa. Esto no


le va a gustar.

Colton observó al médico volver a la mesa de examen. Una de las


enfermeras lo seguía, un tipo que Justin conocía, alguien a quien Colton había
saludado varias veces con una jeringa en una mano. El médico miró a Wes y
asintió con la cabeza, luego volvió su atención a Colton.

Sintió que los brazos de Wes lo rodeaban y lo sujetaban en un movimiento


de agarre.

—Colton, tengo que reducir tu hombro. Está dislocado. —Las frías manos
del médico se posaron en el codo de Colton, en la parte superior de su brazo—.
A cuenta de tres, voy a desplazarlo hacia atrás, ¿de acuerdo? Uno...

Tiró antes de la tres. Salida falsa, quiso gritar Colton. Salida falsa de
mierda, diez yardas y un puto golpe en la cara. Rugió, sacudiéndose contra
Wes, pateando sus piernas en el aire mientras se arqueaba fuera de la mesa.
Algo le pellizcó el brazo, una picadura de abeja que apenas sintió en medio del
otro dolor, y luego sintió la frente de Wes contra la suya, escuchó la voz de Wes
en su oído diciéndole que todo estaría bien, que iba a estar bien, que él estaba
allí con él, y luego...

Nada en absoluto.

Transcurrieron veinticuatro horas en una nebulosa de narcóticos.

Lo trasladaron al hospital universitario y lo pusieron en una habitación


privada de la planta de preparación quirúrgica, dopado con una vía

8
Para ayudar a estabilizar el hombro, hay un anillo de tejido firme, llamado labrum, alrededor de la
cavidad del hombro. El labrum ayuda a mantener el hueso del brazo dentro de la cavidad del hombro.
intravenosa, con el brazo en un complicado cabestrillo e inmovilizado sobre una
pila de almohadas. Abrió los ojos, y Wes, Justin y Nick estaban ahí, agrupados
en una esquina y hablando en voz baja. Cerró los ojos y, cuando los abrió de
nuevo, estaba oscuro fuera de las ventanas y las luces estaban apagadas, y Wes,
sin las almohadillas ni el uniforme y con pantalones cortos de entrenamiento y
una sudadera con capucha, estaba durmiendo en una silla junto a su cama, con
la cara aplastada sobre un puño.

Los recuerdos de la conversación del médico con él flotaban como


burbujas en su mente drogada. Una operación, tan pronto como la mañana,
para investigar qué le pasaba en el hombro. Lo habían metido en el tubo de
resonancia magnética después de dejarlo inconsciente, y se había despertado
con el médico mostrándole una película en blanco y negro de sus entrañas.
Ligamentos rotos, huesos astillados, un desgarro en el labrum. Demasiada
ruina. Todo había sucedido tan rápido.

Tenía el hombro entumecido, una masa de nervios amortiguados, con


hormigueo. Sentía el brazo como algo extraño, como un ancla que le pesaba. Se
miró los dedos y trató de moverlos, pero se quedaron quietos y gordos en la
parte superior de la almohada, hinchados como globos.

Volvió a cerrar los ojos cuando las lágrimas empezaron a punzar. Unas
huellas gemelas de sal ardiente rodaron por sus mejillas y se las limpió
torpemente con la mano izquierda. Wes roncaba a su lado, moviendo
ligeramente la pierna mientras dormía.

¿Cuántas horas faltaban para la operación?

¿Qué pasaría después? El médico no había podido decirle nada sobre los
tiempos de recuperación o cuándo volvería al campo, y eso, más que nada, hizo
que a Colton se le encogiera el estómago. Todas las lesiones tenían un
calendario. Siempre había un plan de recuperación. Dos semanas, tres semanas,
un mes, incluso seis semanas. Cada día podía ser trazado y mapeado. Los días
se tachaban del calendario en un plan establecido después de que el
fisioterapeuta se encargara de diseñar una rutina de acondicionamiento para
cada mañana y tarde de curación. Colton se había torcido la rodilla, se había
doblado el tobillo, se había torcido el codo y se había desgarrado los músculos
más veces de las que podía recordar, y siempre había un plan.

—Tenemos que esperar y ver qué encontramos durante la operación —


había dicho el médico—. Empezaremos con una artroscopia y, con suerte, nos
quedaremos así. Pero si encontramos suficiente daño como para tener que pasar
a la cirugía abierta, haremos el cambio.
Cirugía abierta. Todo su hombro, abierto y expuesto. Los ligamentos
cosidos como una cuerda empalmada, gigantescos puntos de Frankenstein
recorriendo sus entrañas. ¿Volvería a lanzar un balón de fútbol? ¿Cómo iba a
funcionar su hombro sin problemas con un hilo que lo mantenía todo unido?
¿Iba a titubear y a engancharse cuando se moviera, como un robot que necesita
aceite?

Llamó a su madre después de que el médico se marchara, para contarle lo


que había pasado y que le iban a operar por la mañana. Ella se preocupó, pero
cuando le preguntó si podía venir en coche desde Houston, le dijo que tenía tres
días enormes de juicio y que no podía ir con tan poco tiempo de antelación.
Pero que intentaría ir después.

—No te preocupes —había dicho—. Para entonces ya habré salido del


hospital. No es un gran problema. Estaré bien.

—¿Estás seguro?

—Sí, mamá. Estaré bien.

—¿Necesitas dinero? —había preguntado ella—. Puedo enviarte algo...

—No, mamá. Gracias. Oye, me tengo que ir, el doctor va a volver.

Él colgó mientras ella le decía que lo amaba, y luego se sentó en su


habitación vacía, solo en su cama, hasta que la dulce atracción de los
analgésicos lo volvió a hundir.

Wes y Justin estaban allí cuando abrió los ojos antes del amanecer. Wes
tenía un aspecto sombrío y desaliñado, mientras que Justin parecía
perfectamente arreglado, como siempre. Justin le había traído a Wes un café y
se aferraba a su propia taza mientras se encaramaba en el extremo de la cama
de hospital de Colton.

—Me han dicho que no puedes tomar nada antes de la operación —dijo—.
Lo siento.
Colton jugueteó con la sábana en su mano izquierda, agrupando y
retorciendo el algodón en espirales, y no dijo nada.

—Estaremos aquí cuando salgas de la operación. —La voz de Wes era


gruesa y grave. La barba incipiente se le pegaba a la mandíbula y tenía ojeras.

—¿No tienen clases, chicos? Pronto son los finales. —Wes y Justin se
tomaban las clases mucho más en serio que Colton. Para empezar, iban a la
mayoría de ellas—. ¿No tienen esa gran cosa de francés?

—Oui. —Justin sonrió a Wes mientras daba un sorbo a su café.

Wes y Justin eran los preferidos del campus... cuando no eran repudiados
y ridiculizados por los retrógrados aficionados al deporte que creían que sólo
los hombres de verdad podían jugar al fútbol, y que los hombres de verdad
eran cazadores de coños con testosterona que comían, respiraban y cagaban
deporte y nunca sentían más que un rizo de indigestión. Desde luego, nada que
pudiera describirse como una emoción. Los estereotipos que el mundo imponía
a Colton, a Wes, a sus identidades como deportistas, no se habían asimilado
realmente hasta que Colton se vio obligado a afrontarlos después de la salida de
Wes. No era de extrañar que Wes haya permanecido en el armario.

Pero ahora él y Justin habían salido del armario, y su historia de amor


había llegado a los medios de comunicación gracias a la presentación que
hicieron en la clase de francés al final del semestre pasado, tomados de la mano
mientras describían cómo se enamoraban bajo la Torre Eiffel y cómo navegaron
por el mundo del fútbol de Texas mientras construían una vida secreta juntos.
Colton lo había visto con Google Translate proporcionando los subtítulos, con
el profundo sonido de Wes sobre el francés en contrapunto con el delicado
acento de Justin.

Los finales de primavera significaban presentaciones aún más grandes, y


Wes y Justin, de nuevo, iban a hablar de su historia de amor y de cómo su
mundo había cambiado desde los campeonatos nacionales. Esta vez, el
presidente de la universidad y el director de atletismo querían filmarlos y
convertirlo todo en un gran reportaje mediático.

Wes puso su mano en el muslo de Justin. Justin deslizó sus dedos entre los
de Wes y, por un momento, se perdieron en los ojos del otro, como hacían todo
el tiempo, pero esta vez, se estrelló contra el corazón de Colton, con una
repentina y abrumadora oleada de soledad que le arañó las entrañas y lo dejó
vacío. Como si le hubiera arrancado el corazón, los pulmones y las tripas a
través del estómago y los hubiera arrojado al suelo.
Quería mostrarse caprichoso, quería tomar el café de Justin y arrojarlo al
otro lado de la habitación, quería llamar su atención de nuevo hacia él. Quería
no ser invisible, no cuando su mundo se había derrumbado y su futuro estaba
goteando con cada infusión lenta de su intravenosa y estaba viendo cómo sus
dedos se negaban a moverse incluso un poco mientras su hombro palpitaba.

Apretó la sábana en el puño izquierdo y apretó la mandíbula con la fuerza


suficiente para romper la articulación. Sonó como si una rama se rompiera en la
silenciosa habitación.

Wes y Justin se volvieron hacia él.

—La operación podría durar entre media hora y tres o cuatro horas,
dependiendo de lo que hagan. —Justin se encogió de hombros, un hombro
subiendo y bajando—. Conozco a una de las enfermeras del equipo y dijo que
nos llamaría cuando salieras. Después de eso, pasarán algunas horas hasta que
desaparezca el efecto de la sedación.

—¿Quieres que te traigamos algo después? Puedo recoger tu comida. O lo


que quieras. Sólo tienes que decirlo —dijo Wes, tratando de animarlo.

Pero lo que quería no lo podía tener. Quería ponerse las protecciones y


correr hacia el campo. Quería prepararse para el entrenamiento en unas horas.
Quería palpar un balón de fútbol y lanzarlo por encima de su cabeza, verlo
girar en espiral y volver a su sitio. Quería no estar asustado y solo y sentir que
el mundo se le venía encima. Como si el futuro con el que había soñado se
desvaneciera y no pudiera agarrarse a él mientras se le escapaba.

Colton negó con la cabeza. —No, estoy bien.

Justin iba a decir algo, y se acercó a Colton, puso su mano en la rodilla de


Colton, pero el médico y las enfermeras entraron, y entonces fue un torbellino
de información y preguntas y ninguna respuesta para Colton. Justin y Wes
tuvieron que marcharse, y entonces entró el anestesista, y el mundo de Colton
volvió a nublarse hasta que todo se inclinó hacia un lado y se volcó en la
oscuridad.
Se despertó lentamente, el mundo volvía a aparecer como la pintura que
se dejaba caer sobre un lienzo. Paredes blancas, la manta azul del hospital
cubriéndolo. Un sofá naranja contra la pared.

Un hombre sentado en la silla junto a su cama, leyendo una revista. La


cara del hombre no se enfocaba, y Colton gimió mientras intentaba acercarse a
él, necesitando tocarlo para saber que realmente estaba allí y no era un
producto de su imaginación. El hombre tomó la mano de Colton y la colocó de
nuevo en la cama, pero mantuvo su propia palma sobre la de Colton.

—Hola. —La voz llegó en oleadas, como un altavoz que se tambalea antes
de encajar en su sitio—. ¿Cómo te sientes?

No era Wes. La voz era profunda, pero no era el retumbante acento de


Wes. Era más suburbana, pulida. Parpadeó, y lentamente, la cara de Nick
apareció.

—¿Qué estás haciendo aquí? —soltó.

—La cirugía tardó un poco más de lo que todos pensaban. Wes está en la
práctica y Justin tiene su turno en el hospital, pero no querían que estuvieras
solo cuando te despertaras. Les dije que me quedaría contigo.

—Dijiste que ibas a salir de la ciudad... —Eso fue ayer, ¿verdad? Nick
había dicho que se iba por la mañana. Se suponía que iban a tomar cervezas
juntos la noche anterior. ¿Fue sólo ayer?

—Cancelé mi viaje. Hice lo necesario por teléfono. —Apretó la mano de


Colton y la soltó, acercando su silla a la cama. De repente, estaba justo al lado
de Colton.

Colton tragó saliva. —No tenías que hacer eso.

Su voz seguía siendo lenta, las palabras eran un esfuerzo para salir de su
boca. Sintió la forma de las mismas antes de que salieran, como si estuviera
haciendo rodar cada una de ellas en su lengua.

—No quería que estuvieras solo. ¿Justin dijo algo sobre que tu madre no
podía venir?
Tal vez fueron los sedantes. No fue lo suficientemente rápido para
disimular el giro de su cara, el estremecimiento que sintió surgir en su interior.
No es que su madre viniera mucho a verlo -o nunca-, así que el hecho de que no
viniera ahora no era una aberración. Debería estar acostumbrado a esto. Le
encantaba su trabajo y le encantaba estar soltera y, según sospechaba Colton, le
gustaba especialmente no tener que mantener a un niño. Volvía a ser dueña de
su propia vida, y él no podía culparla por eso. Colton no había estado en sus
planes de vida hace veintidós años, pero había hecho un trabajo decente con un
niño que en realidad no quería al principio.

Y su madre lo amaba. Por supuesto que sí.

Pero nunca sintió el amor incondicional y devorador que veía que otros
padres otorgaban a sus hijos. Nick trataba a Justin como si fuera el sol en el cielo
de Nick. Colton sabía que no siempre había sido así, pero ahora era genuino, y
veía el efecto que tenía en Justin. El padre de Wes también había aparecido en el
partido del campeonato nacional, y su gran momento padre-hijo había sido
capturado por ESPN: Graham Van de Hoek abrazando a un Wes que lloraba
mientras le decía lo malditamente orgulloso que estaba de él.

Los otros jugadores tenían a sus familias -madres, padres y hermanos- en


la gran fiesta posterior en el hotel. Colton había recorrido la sala, conociendo a
todo el mundo, estrechando manos, sonriendo ampliamente y riendo tan fuerte
como podía para intentar disimular que él, de entre todos los presentes, había
estado solo. En lugar de estar allí, su madre le envió un mensaje de texto
después del partido, "Felicidades y Muy orgullosa de ti" y una foto de ella en su
sofá con una copa de vino y montones de trabajo delante. Un caso enorme que
empieza mañana, le había mandado un mensaje. ¡Ojalá me vaya tan bien como a ti!

Sea lo que sea lo que pasó por su cara, Nick lo vio, y su frente se arrugó
mientras una mezcla de tristeza y sorpresa llenaba sus ojos. Colton se dio la
vuelta, estirándose todo lo que pudo para tratar de sacudirse la sensación de
confusión de la sedación.

—¿Qué han dicho? —gruñó—. ¿La cirugía fue larga? ¿Es eso bueno o
malo?
—El médico aún no ha llegado. Creo que te estaba dando unas horas para
que te despertaras primero. —La mano de Nick apareció de nuevo sobre la
suya—. Sé que no pudo arreglar todo lo que necesitaba mediante artroscopia9.

Colton se quedó mirando el techo, con la mirada fija en las luces


fluorescentes. ¿Cuál es mi plan de recuperación? ¿Cuándo volveré a jugar? ¿Por qué
nadie se lo decía?

Se sentaron en silencio hasta que se abrió la puerta y entró el médico del


equipo, todavía con su bata. Le dedicó a Colton una sonrisa tensa cuando se
detuvo junto a su cama.

—Bueno, Colton, ¿cómo te sientes después de la cirugía?

—¿Cuál es mi plan de recuperación? —Su voz era dura.

—Ya llegaremos a eso. —El médico apoyó su mano en la rodilla de Colton


y apretó brevemente, luego dirigió su mirada a Nick—. ¿Eres el padre de
Colton?

—No. Soy un amigo. —Nick se sentó y cruzó las piernas.

La sorpresa iluminó el rostro del doctor, que miró de Nick a Colton y


viceversa.

Colton sintió que la distancia se abría entre él y Nick como un cañón, la


pérdida del toque de Nick como la pérdida del sol. No es tu padre. No tienes
padre. Sus molares rechinaron entre sí, y mantuvo su mirada fija en el doctor.

—Doc, ¿cuándo volveré a jugar?

—Tengo que ser sincero contigo sobre tu lesión, Colton —dijo el médico
con cuidado—. Tu hombro está en muy, muy mal estado. Tienes un grave
desgarro en el labrum y múltiples ligamentos rotos, así como dos roturas en la
clavícula. El hombro está totalmente separado del pecho. Sólo los músculos
mantienen la articulación en su lugar, y algunos de ellos también se rompieron.
Te va a llevar mucho tiempo recuperarte.

Estaba a punto de ser la temporada baja. Tenía tiempo. No mucho, pero


tenía tiempo. Podía trabajar en el acondicionamiento mientras estaba de baja, y

9
Es una cirugía en la cual se utiliza una pequeña cámara llamada artroscopio para examinar o reparar
los tejidos dentro o alrededor de la articulación del hombro. El artroscopio se inserta a través de un
pequeño corte (incisión) en la piel.
luego hacer repeticiones y fortalecer el brazo cuando volviera al campo de
prácticas. Todo iba a salir bien. Se agarró a la manta junto al muslo, fuera de la
vista del médico.

—Pero se curará. Me pondré bien. ¿Cuánto tiempo falta para que vuelva a
salir al campo? ¿Seis semanas? ¿Ocho?

El médico dudó. —Vamos a reevaluar tu hombro en ocho semanas.


Estarás atado a este cabestrillo durante al menos las próximas dos semanas, y
luego comenzarás un régimen de fisioterapia muy ligero. Estiramientos,
principalmente. Estarás en un cabestrillo durante un mes como mínimo.

—Pero después...

—Después de eso, si parece que estás en un camino estable, puedes pasar


a una terapia física moderada durante otros dos meses. Y volveremos a evaluar
tu progreso después de eso.

Cuatro meses. Eso le llevaría hasta la pretemporada. Pero podía hacerlo,


aún podía volver. Sabía cómo trabajar duro.

—¿Y luego?

—En seis meses, podrías volver al campo en prácticas ligeras si no te


esfuerzas demasiado. Colton, esto no es algo que puedas superar apretando los
dientes por el dolor. Se trata de una lesión muy grave, y si no te tomas el tiempo
necesario para recuperarte de la forma adecuada, corres el riesgo de no poder
volver a jugar nunca más.

Colton miró fijamente al médico. Apretó los labios con fuerza, tratando de
detener el temblor de su barbilla. No volver a jugar nunca más.

Nick tomó el relevo, haciendo las preguntas que Colton debía hacer.
Preguntó sobre la fisioterapia de Colton y cuándo comenzaría, con qué
frecuencia iría, qué tipo de cosas podría hacer por su cuenta una vez que
comenzara. El médico insistía una y otra vez en que, durante las dos primeras
semanas, Colton debía permanecer inmóvil, mantener el brazo atado en su
cabestrillo y no moverse. No forzarse. Dejar que su cuerpo se recupere.

—¿Recuerdas cuando Jason Witten se rompió el bazo jugando para los


Cowboys? Lo pusieron en reposo durante dos semanas para que sanara. Estuvo
de espaldas, en la cama. Sin hacer nada. —El doctor cortó una mano en el aire,
como si pudiera subrayar sus palabras—. Es lo mismo para ti. Tienes que no
hacer nada. Lo mejor que puedes hacer por ti, Colton, es descansar. Durante la
primera semana, te quiero en la cama. No puedes ir al campo de prácticas.

—Pero...

—No. No quiero que hagas nada que pueda agravar tu recuperación.


Nada de trotar, nada de jugar brusco, nada de jugar por ahí. Te quiero en tu
habitación. El reposo en cama es lo mejor.

—Pero, ¿cuál es el calendario...? —Su voz se interrumpió cuando el


médico negó con la cabeza.

—No me siento cómodo estableciendo objetivos artificiales hasta que


tengamos una mejor idea de cómo te estás curando. No podemos saber ahora
cómo te vas a recuperar, y cómo será cuando lo hagas o si lo haces. El
calendario es esperar y ver. Descansa. Recupérate. Tómate esto semana a
semana. Créeme: durante los próximos días, no vas a querer hacer nada de
todos modos. Te vas a sentir fatal. Lo siento.

Colton apartó la mirada mientras caía la primera de sus ardientes


lágrimas. La frustración hervía en su interior hasta que se estremeció,
temblando como si fuera a desmoronarse. Intentó tragar y no pudo. En lugar de
eso, cerró los ojos y se frotó la cara contra el hombro izquierdo, intentando
borrar la traición de su cuerpo. Maldita sea, maldita sea. Mierda, ¿por qué esto,
por qué ahora?

Y ya se sentía fatal. Se sentía destripado, como si le hubieran arrancado


algo integral. ¿Cómo podía sentirse peor de lo que se sentía ahora?

Nick volvió a hablar con el médico por él, con más preguntas que se
confundían en la mente de Colton. Cómo cuidar su hombro y las incisiones,
cómo ducharse, cómo dormir. Cuándo saldría del hospital y se iría a casa. Qué
tipo de medicamentos tomaría y durante cuánto tiempo.

Diez minutos después, todo había terminado. El médico se marchó,


diciendo a Colton que lo vería en una semana y que tenía la cautelosa esperanza
de que Colton se recuperara por completo... siempre y cuando descansara y
siguiera las instrucciones.

Cuando la puerta se cerró, los ojos de Colton se abrieron de golpe. Miró


fijamente a Nick, el mundo acuoso y prismático en los bordes. Nick no trató de
endulzar nada, ni se molestó en hacer comentarios banales. Le dedicó a Colton
una pequeña y triste sonrisa y volvió a tomarle la mano, apretándola.
Colton agarró la mano de Nick y se acurrucó de lado, desplomándose
mientras su corazón, con todos sus miedos dentro, se fracturaba.
Nick llevó a Colton a la casa de los deportistas cuando el hospital le dio el
alta. El trayecto en coche y el corto paseo por las escaleras hasta su dormitorio
agotaron a Colton, cada bache y cada pisada le hacían hacer una mueca y
encogerse. Nick agarró almohadas de la habitación de Justin y Wes y del sofá de
la planta baja, e hizo un nido para que Colton se apoyara y sostuviera el brazo.

Para cuando terminó, Colton sólo pudo tragar en seco uno de sus
analgésicos antes de desmayarse.

Nick esperó en la habitación de Colton hasta que Wes y Justin llegaron a


casa. Los puso al corriente en privado, dándoles el resumen de las advertencias
del médico y su lento y abierto calendario de recuperación. Wes parecía
desolado cuando Nick terminó, como si le hubieran dado la noticia de que tal
vez nunca volvería a jugar.

Nick ayudó a Justin, a Art y a Josh a cocinar la cena para toda la casa,
picando tantas verduras que se sentía como si estuviera trabajando en un
restaurante. Todos se amontonaron en la habitación de Colton para comer,
sentados en el viejo sofá y en los bordes de su cama, en su silla de escritorio, en
su sillón puff ergonómicamente modificado y en el suelo. Colton picoteaba la
comida, sonreía con desgana a sus amigos y escuchaba las historias de los
entrenamientos y los finales mientras sus párpados se caían. Los chicos se
retiraron cuando Colton empezó a roncar.

Wes y Justin se instalaron en la habitación de Colton esa primera noche,


Wes durmiendo en el suelo junto a Colton mientras Justin ocupaba el sofá. Nick
terminó quedándose más tiempo del que probablemente debería haber estado,
los tres llenaron el dormitorio de Colton con una suave conversación mientras
el mariscal de campo yacía inmóvil, pálido y de aspecto pequeño en el centro de
su gran cama.

Nick admiraba a los chicos y lo genuinos que eran, las formas sencillas en
las que mostraban su cuidado mutuo. Cuando Wes fue atacado, Colton había
permanecido a su lado en el hospital durante días, desde que comenzaba el
horario de visitas hasta que lo echaban. La enfermera le había dicho a Nick que
vendría por las mañanas y encontraría a Colton paseándose por la sala de
espera hasta que lo dejaran subir. Ahora el zapato estaba en el otro pie, y Wes y
Justin eran tan devotos de Colton como él lo había sido de ellos.
Dejó a Nick sintiéndose como un extraño. Él estaba, por supuesto, en su
pequeño cuarteto. Era el padre, el viejo, el raro. Tal vez ya no parecía un tipo
tan viejo, gracias a la revisión no solicitada de su vestuario por parte de Justin,
pero ciertamente se sentía así algunos días. Veintiún años lo separaban de los
chicos, junto con media vida de experiencia. Cuando él tenía su edad, Cynthia
ya estaba embarazada de Justin, y se habían escapado para casarse sin decírselo
a nadie, dirigiéndose a Luisiana para fugarse en un casino flotante.

Los chicos también tenían experiencias que él nunca compartiría. Nunca


sabría lo que era estar en la cúspide del deporte profesional o estar tan
enteramente dedicado a una sola actividad. Había días en los que se asombraba
de los tres jóvenes, de sus elecciones, sus visiones del mundo y sus objetivos. Y
también había días en los que se preguntaba cómo habían conseguido vivir
tanto tiempo.

Pero le gustaban Wes y Colton, mucho, y estaba contento con la extraña


amistad que habían construido. De alguna manera se había alejado de los
amigos que había hecho a lo largo de los años, y cuando se mudó a Austin
después de dejar a Cynthia, se había dado cuenta de que todos los que había
dejado atrás estaban conectados de alguna manera con ella y con su antigua
vida. Sus amigos eran en su mayoría amigos de ella, gente que conocía de la
iglesia y que le había presentado.

Sus primeros amigos reales en -no podía recordar cuánto tiempo- eran su
hijo, el novio de su hijo y su mejor amigo, y eso sonaba como una crisis de la
mediana edad en potencia.

Así que no pensó en eso. Se había mudado para estar cerca de Justin, y,
bueno, esto era lo que parecía. Funcionaba, él era feliz, y Justin era feliz. Eso era
lo único que importaba.

Su extraña amistad, y la forma en que Colton significaba algo que él no


podía definir, lo llevaron de vuelta a la casa de los deportistas, día tras día, para
ver a Colton. Nunca olvidaría la mirada de niño perdido que Colton le había
lanzado después de que el médico saliera de su habitación del hospital. O cómo
se había acurrucado hacia Nick, derrumbándose sobre sí mismo.

El primer día, pasó por allí durante su hora de almuerzo, utilizando la


llave que Justin le había prestado para entregar el almuerzo y ver si Colton
necesitaba algo. Tardó menos de tres minutos en darse cuenta de que Colton
estaba solo, con montañas de dolor y mirando su brazo roto en la vieja casa
vacía desde la mañana hasta que terminaba el entrenamiento y Wes rompía la
barrera del sonido para correr a casa.
El almuerzo se convirtió en el resto de la tarde que pasaron en la
habitación de Colton. Hablaron durante horas, de todo y de nada. Las clases de
Colton y sus escandalosos proyectos de ergonomía, su época de jugador de
fútbol de la escuela secundaria. Colton preguntó por el trabajo de Nick, y eso
los llevó a hablar sobre la pasantía que Nick había creado para Colton, que
debían empezar en sólo dos semanas.

—Puedo reorganizar el horario si quieres.

—No. Necesito salir de aquí. Necesito algo que me distraiga —dijo Colton.
Y esa mirada de niño pequeño estaba de vuelta, los ojos de Colton grandes,
amplios y asustados. Nick vio lo que el aislamiento de Colton en su dormitorio
podría convertirse si Colton no tenía cuidado: depresión, ira y frustración que
hacían metástasis, se volvían hacia adentro, se volvían destructivas.

—Serán dos semanas.

El teléfono de Colton vibraba con docenas de mensajes mientras Nick


estaba allí, pero Colton rara vez lo miraba.

—¿No tienes a nadie más que te visite? ¿Ninguna novia que venga a
atender todos tus caprichos?

Colton se rió y desvió la mirada. —Hace tiempo que no tengo una chica.—
Recogió la pelusa de la manta y se encogió de hombros—. Y mis amigos están
todos en el equipo. Excepto Justin y tú.

Traducción: cuando estaba lesionado y confinado al reposo en cama, no


había nadie más en su vida.

—Están metiendo sus teléfonos en el campo para enviar mensajes de texto.


Patrick ya fue atrapado y tuvo que hacer sprints de viento. Justin envió un
mensaje de texto esta mañana, pero ha estado de turno desde entonces.

—¿Cuál es tu número? Creo que no lo tengo.

¿Qué era más extraño: que él, un hombre adulto, no tuviera el número de
teléfono de un amigo de veintidós años de su hijo, o que ahora lo tuviera?
Colton recitó sus dígitos, y Nick los conectó, y luego envió el texto obligatorio
Soy Nick Swanscott para que Colton tuviera el suyo. Ahora podía molestar a
Colton con textos que él también ignoraría. O tal vez sólo estaba ignorando a
todos porque Nick estaba allí y estaba siendo educado. ¿Quería que Nick se
fuera?

Cuando preguntó a Colton si quería que se fuera, esos ojos grandes y


asustados volvieron a aparecer, la mirada allí y se fue de nuevo tan rápido que
Nick se preguntó si lo había imaginado.

—Si tienes que ir, sí, por supuesto, haz lo que tengas que hacer. Estaré
bien —dijo Colton—. Pero no tienes que irte si no quieres.

Así que se quedó. Se quedó, de hecho, hasta que Wes llegó a casa, seguido
por el resto del equipo. Se quedó hasta que Justin llegó a casa tarde, trayendo a
Colton un batido y a Wes un sándwich, pareciendo sorprendido de ver a su
padre sentado en el sofá de Colton junto a Wes.

También apareció al día siguiente, enviando un mensaje de texto a Colton


para preguntarle qué quería comer antes de salir de la oficina. Ser
vicepresidente ejecutivo tenía sus ventajas, una de las cuales era hacer su propio
horario, seguida de cerca por el poder de la delegación efectiva. Podía gestionar
su equipo a través del correo electrónico, manejar cualquier cosa que llegara a
través de su teléfono o tableta, y ponerse al día con lo que necesitara esa tarde...
si salía de la casa de los deportistas a una hora razonable.

Colton estaba recién duchado y con los ojos más brillantes cuando
apareció. Dijo que se había tapado el cabestrillo con una bolsa de basura y que
se había duchado lentamente con una sola mano. También se movía, caminaba,
y parecía un poco más animado que el desconsolado desastre que había sido
desde el hospital. Se sentó junto a Nick en el sofá y devoró su hamburguesa, sus
patatas fritas y la mitad de las de Nick mientras le hacía más preguntas sobre su
pasantía y el trabajo de Nick.

Estaba, se dio cuenta Nick, nervioso por eso. —Las ventas son fáciles —
dijo—. Como he dicho, se basa en la personalidad. Todo lo que tienes que hacer
es saber lo que vendes y ser capaz de presentárselo a alguien. No hacemos
ventas en frío, así que cada vez que nos presentamos, es a alguien que al menos
está interesado en lo que ofrecemos. Eso es más de la mitad de la batalla de las
ventas. La otra mitad es confiar en dos cosas por igual: tu producto -que incluye
a los que lo desarrollan- y tú mismo. Tu conocimiento de todo.

—¿Necesito estudiar el producto?


—No necesitas ser un experto, no. Te enseñaré lo básico, y el resto lo
aprenderás rápidamente. Eres inteligente, Colton. Conseguirás todo lo que
necesitas en poco tiempo.

Colton resopló y robó más de sus patatas fritas. —¿Qué vende tu


empresa? Te dedicas al software y a los teléfonos móviles, ¿no?

—Telecomunicaciones, sí. Vendemos redes móviles privadas a empresas y


corporaciones. Si, por ejemplo, Amazon quiere tener su propio Amazon Mobile,
podríamos hacerlo por ellos. —Continuó describiendo cómo construían y
alquilaban redes móviles, a veces instalando nuevas torres de telefonía o
alquilando ancho de banda por satélite, otras veces alquilando el acceso a la red
de las grandes compañías y revendiéndolo.

—Eso suena muy bien. —Colton sonrió—. Y técnico. Estuviste un poco


nerd por un minuto.

Nick se rió. —Llevo mucho tiempo en esto. Estuve en desarrollo antes de


entrar en ventas. Conozco la tecnología mejor que la mayoría de los
vendedores.

—Así que también te va mejor que a la mayoría de los vendedores, ¿eh?

—Lo hago muy bien para la empresa.

Colton sonrió. —Justin no heredó tu modestia. En absoluto.

—Puede que yo tampoco fuera modesto a su edad, pero eso fue hace tanto
tiempo que no lo recuerdo. Además, él no tiene mucho de qué ser modesto. —
Le guiñó un ojo.

Los ojos de Colton parpadearon, algo se arrastró por ellos antes de decir:
—Hashtag momento de papá orgulloso.

—Culpable. Absolutamente culpable.

El momento se alargó, y Colton no lo miró a los ojos. —Siempre es así,


supongo —dijo Colton—. Quiero decir, si conoces los detalles, el verdadero
funcionamiento interno, lo haces mejor que los chicos que no lo hacen. Wes y yo
éramos así el primer año en el equipo. Nos quedábamos despiertos toda la
noche estudiando las jugadas y analizando todo. Los dos estábamos en el
equipo de exploración —El equipo que jugaba contra el ataque y la defensa en
los entrenamientos, simulando ser el equipo contrario al que se enfrentarían ese
fin de semana—, así que pudimos ver ambos lados de la acción de juego.
Supuso una gran diferencia a la hora de entender el juego y lo que podíamos
hacer.

—El mismo principio básico se aplica en todas partes de la vida. Puedo


hablar con un mayor nivel de detalle técnico, de lo que nuestra tecnología
puede y no puede hacer frente a lo que el cliente quiere que haga, que los
vendedores que no tienen ese conocimiento técnico.

—Sí. Totalmente igual. —Colton sonrió, por fin, al parecer, relajado—.


Genial. Bien, ya sé lo que tengo que hacer. Primer paso: aprender todo lo que
hay que saber sobre tus cosas.

Tal vez sería bueno darle a Colton una meta, un fin alcanzable, ahora que
había estado tan completamente desvinculado. Nick no quería estresarlo, pero
tal vez dejar que se sumerja en las especificaciones técnicas y las presentaciones
de diapositivas sería bueno para él.

—Puedo traerte los manuales y las presentaciones de ventas si quieres.


Puedes empezar a leerlo todo mientras estas holgazaneando sin nada que hacer.

—No estoy holgazaneando. —Colton fingió hacer un mohín, pero había


un borde en él, como si realmente estuviera herido—. Me estoy curando. Es
importante. —Puso los ojos en blanco después de hablar.

—Es importante, y tienes razón. Lo siento. Te estás curando. Y lo estás


haciendo muy bien hasta ahora. Tu médico va a estar orgulloso.

Colton suspiró. Su brazo colgaba entre ellos, atado y bloqueado en un


inmovilizador de hombro -lo que él llamaba su cabestrillo Terminator-,
hinchado y todavía envuelto en vendajes y apósitos quirúrgicos.

—Necesito algo que hacer. Algo en lo que concentrarme. Quiero decir, hoy
me he duchado porque ibas a venir, y eso es... todo lo que tengo que esperar,
¿sabes? Que vinieras fue lo único que me hizo moverme hoy. Así que, ya sabes.
Gracias. Sé que tienes un montón de cosas que hacer...

—Vendré a verte todos los días, Colton.

—No, cielos, no tienes que hacerlo. No estaba tratando de hacerte sentir


culpable para que...

—Quiero venir a verte. Estoy feliz de hacerlo.


Colton se quedó callado. Jugueteó con una de las correas de velcro de su
cabestrillo. —Quiero decir —dijo finalmente, con voz suave—. No voy a decir
que no, que no vengas. Me encantaría que lo hicieras.

Nick sonrió.

—Eres muy genial —dijo Colton apresuradamente—. Como, sé que eres el


padre de Justin, pero también eres más que eso. Eres genial por ti mismo.

—No creo que me hayan descrito como 'genial' en veinte años.

Colton se desplomó en el sofá, mirando de reojo a Nick. —Bueno, cuando


irrumpiste en la casa por primera vez, no eras tan genial. No sólo porque
estabas peleando por toda la casa. Estabas luciendo una gran moda de papá...

—Conduje toda la noche para venir a ayudar...

—La moda de papá es realmente genial—corrigió Colton rápidamente. Su


sonrisa de comemierda lo llamó mentiroso.

Nick también se echó hacia atrás, imitando a Colton. —Estaba tan enojado
ese día —dijo, su voz tranquila—. No creo que haya estado tan furioso en toda
mi vida, excepto por... —Sus labios se apretaron.

Excepto cuando Cynthia salió a decir lo que había estado pensando


durante años, que Justin estaba equivocado y que se iba a ir al infierno por sus
decisiones, que no estaba bien que amara a otro hombre. Ella había dicho que
no podía dejar de decir la verdad del Señor. Que no podía quedarse de brazos
cruzados con todo ese pecado.

Había visto rojo, pasando las siguientes doce horas en el garaje golpeando,
salvaje con sus herramientas y su coche y los restos de su matrimonio roto en el
estruendo de sus pensamientos. Había decidido divorciarse esa tarde, pero se
había dicho a sí mismo que debía esperar. Calmarse. Pensar bien las cosas.
Veinte años de matrimonio no se tiraban a la basura en un día.

Sí, lo hacían, descubrió.

La siguiente vez que sintió ese nivel de rabia fue cuando Justin tenía el
corazón roto y sollozaba sobre el cuerpo destrozado de Wes y no tenían ni idea
de quién había llevado a Wes al hospital. Nick tenía sus sospechas mientras
pensaba en el horrible partido que había visto y en las caras rotas, abatidas y
enfadadas que las cámaras habían mostrado en la banda de Texas. Por supuesto
que era el equipo, había pensado. Amargado y furioso por la derrota.

Se había dado cuenta de que estaba equivocado unos treinta segundos


después de lanzar a Colton contra la pared, cuando algo en los ojos de Colton se
había fracturado ante la noticia de que Wes estaba en el hospital. Nick se había
echado atrás en su amenaza de patearle el culo a Colton, lo cual había sido pura
rabia, no mucho pensamiento. Si el equipo hubiera sido la mitad de cruel de lo
que había imaginado cuando golpeó la puerta esa mañana, no habría sido más
que un mosquito molestándolos a todos. Podría haber hecho pasar unos
minutos incómodos a dos, tal vez tres, de los chicos antes de que lo dejaran en
la acera.

Pero no eran los monstruos que había imaginado. Eran chicos heridos,
rotos, lastimados, asustados y deprimidos, y arrepentidos. Colton,
especialmente, se había apoderado de la declaración de Nick de que Wes estaba
en el hospital y lo repetía como si no fuera real.

Colton necesitó tener pelotas para pedirle al tipo que había intentado
estrangularlo que lo llevara al hospital. Nick tenía que reconocerle eso a Colton.
Lo había hecho sentarse en silencio durante todo el trayecto, sin darle ninguna
información, sólo ladrándole que más le valía tener algo bueno que decirle a
Wes cuando llegara allí o iba a hacer que la seguridad del hospital lo echara a él
y al resto del equipo.

—Estabas allí por Wes. —Colton volvió a juguetear con su cabestrillo—.


Cuando más lo necesitó, estuviste ahí. Y ni siquiera lo conocías en ese entonces.

—No lo necesitaba. Justin lo ama. Eso es todo lo que necesito saber, en ese
entonces y ahora. Confío en el juicio de mi hijo. Y a quien él ama, yo lo amo.

La sonrisa de Colton era fina, casi melancólica. —Estuviste ahí cuando te


necesitó.

Había algo que Colton decía y no decía. Nick se contuvo de lo que quería
decir: Yo también estaré aquí para ti, todo el tiempo que necesites. Colton era el mejor
amigo de Wes y Justin, y aunque Nick se preocupaba por Wes y Colton casi
tanto como por su hijo, Colton podría sentirse incómodo al escuchar al padre de
su amigo decir algo así. —Creo que mi moda ha mejorado —dijo en su lugar.

Colton lo miró de arriba abajo. Nick llevaba su habitual atuendo informal


de negocios, pantalones chinos y un polo. El corte era diferente ahora, gracias al
nuevo vestuario de Justin, el pantalón con la parte delantera plana en lugar de
plisada - "Papá, Jesús, ya no es 1943"- y de corte ajustado. El polo era una prenda
atlética, como si acabara de salir del campo de golf, y le abrazaba los hombros y
los bíceps.

El día en que Justin lo llevó a comprar un nuevo vestuario había sido


embarazoso tanto para él como para Justin, aunque de diferentes maneras. —
Tienes un cuerpo decente, papá. Quiero decir, eres mi padre, así que no puedo
mirar las cosas así, pero, ¿ves? —Justin había agitado la mano hacia el reflejo de
Nick en el espejo. Estaba en bóxers, camiseta y calcetines, frunciendo el ceño
ante la montaña de ropa que Justin había elegido para que se probara—. Ese no
es el cuerpo de un típico hombre de cuarenta y tres años. Trabaja lo que tienes,
papá.

Lo estaba intentando. Para quién, no lo sabía. Para sí mismo, tal vez. Se


sentía bien sentirse bien de nuevo.

—Es mejor —dijo Colton simplemente.

Nick resopló. —Bien, aparte de la gala, cuando llevabas esmoquin, nunca


te he visto con otra cosa que no sean pantalones cortos deportivos y camisetas,
y la mayoría de ellas tenían las mangas cortadas. Lo cual, según mi hijo, pasó de
moda en algún momento de los años ochenta.

—Los pantalones cortos siempre están de moda para los atletas.

—¿Es así?

—Mm-hmm. —Colton estaba sonriendo de nuevo. De hecho, llevaba una


de esas camisetas cortadas, sus pectorales esculpidos, sus deltoides abultados y
sus trapecios reventados sobresalían de la tela raída. Al menos en su lado
izquierdo.

—No creo que pueda aceptar las críticas de moda de un tipo que lleva
pantalones cortos de baloncesto y camisetas rotas. ¿Te vistes así para ir a clase?

—Por supuesto que no. Me pongo una gorra. —Colton se pasó los dedos
por su larga melena—. No puedo salir luciendo un desastre.

—Mi error. ¿Visera hacia atrás o hacia adelante?

—Pfft. Hacia atrás. Por supuesto. —Colton puso los ojos en blanco. Estaba
sonriendo con tanta fuerza que Nick podía ver sus molares.
—Tienes razón. Qué pregunta más tonta. —Fue el turno de Nick de reírse
y poner los ojos en blanco—. ¿Tienes siquiera un traje?

—Sí, tengo uno. Desde el primer año. Tenemos que llevarlos durante la
temporada.

—Es curioso, nunca te he visto llevarlo.

—No estabas cerca. —Colton se encogió de hombros y luego frunció el


ceño. Se señaló a sí mismo—. Entonces, espera, ¿estás diciendo que no puedo
presentarme a la pasantía así?

—Siento decirlo, pero vas a tener que llevar mangas como mínimo. A mí
también me gustarían unos pantalones largos, pero me conformaré con mangas
de verdad. A algunas personas de la oficina les puede gustar el aspecto que
llevas, pero no es lo que se dice profesional. Recibiría quejas.

—Sin embargo, apuesto a que podría vender unas cuantas redes móviles.
—Colton flexionó el brazo izquierdo y fingió que se besaba el bíceps. Nick se
rió—. Tendré que ir a comprar algo de ropa. —Colton suspiró—. ¿Crees que
Justin puede ayudarme a combinar algunas camisas de botones con estos
pantalones cortos?

—Si alguien puede, es él, pero me gustaría ver el sermón que te dará
cuando lo intentes. Pensaba que los pantalones cortos a cuadros todavía estaban
de moda, y cuando vio que tenía un par para probar, se puso como si hubiera
cometido un crimen de guerra.

—¡Hombre, ya nadie lleva pantalones cortos a cuadros! Ni siquiera los


chicos de la fraternidad Kappa Kappa Psi.

Nick levantó las manos. —No puedo ganar. Incluso tú sabías que no
debías llevar pantalones cortos a cuadros.

—Por supuesto que lo sé. Soy el epítome del estilo, hermano.

Ambos resoplaron mientras Nick ofrecía las últimas patatas fritas a


Colton, que las devoró. Colton se limpió las manos grasientas en la parte
delantera de su camiseta mientras Nick utilizaba una servilleta. Sacudió la
cabeza, tratando de disimular su sonrisa.
—Está bien —dijo Colton, poniéndose lentamente en pie y cruzando su
dormitorio. Encendió el televisor y agarró un mando de PlayStation de la base
de carga—. ¿Sabes jugar a algo?

—Llegué a la cima antes de que hubiera números adjuntos a estas cosas.

—Ja. —Colton le lanzó el mando. Nick lo sostuvo como si fuera un pulpo


tratando de escapar—. La PS2 salió hace veinte años. Sé que conoces lo básico.
Todos los chicos juegan. Está en nuestro ADN o algo así.

—Hace veinte años, tuve un recién nacido. Mis días de juego estaban en el
espejo retrovisor. La última consola en la que jugué fue la Nintendo 64.

Los ojos de Colton se abrieron de par en par. —Oh, vaya —dijo—. Eso es
antiguo. Vi una de esas en un museo.

Nick esperó. No, Colton no estaba bromeando. —Gracias.

—Bueno, el mando de la N64 tenía un joystick, así que al menos tienes eso
a tu favor. El mismo principio. Ahora, hay dos joysticks en este artefacto
moderno. —Se dejó caer de nuevo en el sofá junto a Nick, mostrando su mando
de PS4 para que éste lo viera—. No puedo jugar con una sola mano, así que vas
a tener que jugar por mí. Te enseñaré cómo.

—¿Sabes lo que dicen de los perros viejos y los trucos nuevos?

—Vamos, será divertido. —Colton le sonrió y, a pesar de la vertiginosa


variedad de botones y del aparentemente superfluo joystick extra en el
abrumador mando, Nick cedió.

—Muy bien. ¿Qué juego voy a jugar para tu entretenimiento?

Estaba metido de lleno en las dos primeras horas de Halo, con Colton
jugando en el asiento trasero cada dos por tres, cuando Wes apareció en la
puerta de Colton, sin aliento por su carrera de vuelta del estadio. Miró del
televisor a los dos y viceversa, con los ojos desorbitados.

—Hermano, Nick está arrasando —dijo Colton—. Nunca había jugado


antes, y ya ha llegado al nivel cuatro. No, amigo, ve a la izquierda. No, a la
izquierda. ¡Tu otra izquierda!

—¿Quieres...? —Algo explotó frente a él, y la pantalla de muerte


parpadeó.
—¡Ah, hombre! —Colton gritó—. ¡Te dije que fueras a la izquierda!

—Podrías haber dicho que fuera a la izquierda antes, antes de que ya


estuviera yendo a la derecha. —Nick se hundió en los cojines del sofá.

—¡Pensé que ibas a ir por el camino correcto!

—¡Lo iba a hacer!

—¡No! ¡A la izquierda!

Wes sacudió la cabeza. —Me voy a duchar. ¿Necesitan algo?

—No —dijo Colton, dejándose caer de lado en el sofá y casi apoyándose


en Nick.

—No, gracias. —Nick sonrió a Wes y captó la sonrisa desconcertada pero


agradecida de Wes a cambio—. Cuando vuelvas, ¿por qué no te haces cargo por
mí?

Wes asintió y desapareció. Colton se quedó callado por un momento, el


primer tramo largo de silencio desde que habían empezado a jugar juntos.

—¿Quieres volver a jugar cuando vengas mañana?

—Claro. —Nick seleccionó para reiniciar el nivel—. Y todavía no he


terminado por hoy. Entonces, ¿voy a la izquierda en esa curva?

—Sí. Vas a la izquierda.

—Quieres decir el camino correcto. A la izquierda.

—Correcto.

El juego se cargó mientras Nick miraba fijamente a Colton. Colton le


devolvió la sonrisa, tan grande y amplia que hizo que a Nick le dolieran las
mejillas de simpatía.

Hacía horas que no veía esos ojos tristes y perdidos. Por lo demás,
consideraba que eso era una victoria.
Nick se quedó hasta que Justin llegó a casa más tarde esa noche. Se acercó
a Wes y lo dejó jugar a Halo mientras revisaba el correo electrónico. Wes se
encorvó hacia delante y gruñó durante la mayor parte del juego, mientras
Colton seguía jugando en el asiento de atrás, con un flujo continuo de
comentarios, improperios, instrucciones exuberantes y exclamaciones. Colton se
encontraba con la mirada de Nick a espaldas de Wes, poniendo los ojos en
blanco cuando Wes caía en una trampa, sonriendo cuando cometía el mismo
error que Nick y del que Colton les había advertido a ambos una media docena
de veces.

Cuando la voz de Justin flotó en el piso de arriba, a través del traqueteo


del resto del equipo que se instalaba, Nick se puso de pie y se asomó a la puerta
de la habitación de Colton para esperar a su hijo. Justin apareció en bata, recién
salido de su turno en el hospital, llevando dos Starbucks Frappuccinos y una
bolsa de comida china para llevar.

Nick alcanzó la bolsa y un Starbucks cuando los ojos de Justin se abrieron


de par en par.

—Hola, papá. No sabía que estabas aquí.

—Vine a ver a Colton después del almuerzo. Me quedé para poder verte.

Justin sonrió. —Bueno, ese frap es para Colton…

Nick se giró hacia Colton a tiempo de ver cómo suavizaba su expresión y


deshacía una tensión que no había estado allí antes de que él y Justin se
saludaran. Colton agradeció a Justin por el Frappuccino tan pronto como Nick
se lo pasó, pero no quiso encontrar la mirada de Nick. Lo cual, después de toda
una tarde de mirarse a cada minuto, llamó su atención. Nick frunció el ceño.

—Y la comida china es para todos, pero no sabía que ibas a estar, así que
puede que no haya suficiente —terminó Justin.

Nick abrió la bolsa de papel. Para tres chicos, Justin había traído nueve
recipientes de comida. Para cualquier otro, eso sería excesivo, pero Wes y
Colton probablemente podrían acabar con cuatro cartones cada uno por su
cuenta. Y no había visto a Wes comer nada desde que corrió a casa después del
entrenamiento. Tal vez por eso se había reducido a gruñir.
Justin sacó una caja de Lo mein10 y un juego de palillos de la bolsa y se los
pasó a Wes. Wes dejó caer el mando de la PS4 y agarró la comida, luego atrajo a
Justin para darle un beso. —Gracias, mon amour. Me muero de hambre.

Justin le acarició la mejilla. —Hay mucho más. —Luego se apartó mientras


Wes abría la tapa y se sumergía en ella. Justin sacó otra caja y palillos y se los
pasó a Colton. Colton miró a izquierda y derecha antes de poner la comida para
llevar en el brazo del sofá como una mesa improvisada, ya que no podía
sostenerla y comer al mismo tiempo—. Carne crujiente —dijo Justin—. Y hay
pollo a la naranja, ternera al sésamo, pato al té ahumado...

—Me pido el pato —gruñó Wes alrededor de un bocado de lo mein.

—Hombre... —Colton le dio un rodillazo a Wes en el muslo.

—Papá, ¿quieres un poco? Puedo elegirte un plato antes de que estos


animales lo devoren todo.

—No, gracias. Me iré a casa. Tengo que ponerme al día con algunas cosas
de hoy.

Colton se congeló, con los palillos preparados sobre su regazo, y le lanzó a


Nick una mirada culpable.

—También tengo que reunir las especificaciones y la información para ti.

Su sonrisa reapareció. —Gracias. Estoy deseando sumergirme.

Nick apretó el hombro de Justin al pasar. —¿Y Justin? Colton necesita tu


ayuda. Necesita una mejora de vestuario para su pasantía.

La sonrisa de Justin se volvió lobuna mientras miraba alrededor de Wes,


mirando a Colton. —¿En serio? —De alguna manera, hizo que la palabra durara
cinco segundos completos, con toda la incredulidad que pudo meter dentro de
las sílabas alargadas.

—¡No, no, no! —Colton escupió, con la boca llena de carne crujiente—. ¡Te
lo voy a demostrar por mi cuenta! Ya verás. Voy a impresionarte. —Agitó sus
palillos hacia Justin—. No voy a hacer trampa.

10
Lo mein es un plato de fideos suave que forma parte del chow mein.
—¿Trampas? —Las cejas de Justin se dispararon hacia arriba.

—Usar un experto, como hizo Nick. —Colton clavó otro trozo de carne y
se lo metió en la boca—. Sabía lo de los pantalones cortos a cuadros. —Le guiñó
un ojo a Justin.

—Papá, esos otra vez no —gimió Justin—. Ya hemos hablado de eso.

Levantó las manos. —He aprendido la lección. No voy a comprar sin ti.
Oye —dijo—. ¿Qué pasa con Wes? ¿Cómo es que se escapa de la crítica de
moda?

Wes dirigió hacia él unos ojos enormes y redondos, con los palillos
congelados en la boca y las mejillas abultadas. El recipiente de Lo mein estaba
casi vacío.

—Papá, Wes tiene un perfecto sentido de la moda. Es un vaquero y tiene


un auténtico estilo ranchero.

—¿Jeans y camiseta?

—Y botas y sombrero. —Justin rodeó la cintura de Wes con un brazo y se


inclinó hacia su amante.

Nick se rió. No iba a interponerse entre Justin y Wes, ni siquiera en broma.

—Los veré mañana. —Extendió la mano hacia Justin. Justin le devolvió la


mano y se apretaron los dedos por un momento. Era su versión de un abrazo,
algo más que palabras que hablaban más fuerte que una simple despedida. No
le había parecido suficiente alejarse y decir "hasta luego" cuando empezaron a
salir de nuevo, pero Justin tampoco se sentía cómodo con un abrazo, así que
empezó con un simple y breve apretón de manos, y eso se había convertido
rápidamente en una de sus cosas.

Justin le dio otro apretón antes de soltarlo y, por un segundo, fue como si
volvieran al pasado y Justin tuviera cinco años y estuvieran jugando al juego de
las buenas noches. "Te amo", le decía a Justin. "Te amo más", le respondía Justin,
y él protestaba diciendo que no, que él amaba más a Justin. Y así una y otra vez,
repitiendo hasta que Justin se echaba a reír y Nick se inclinaba para besar la
frente de su hijo y darle una vuelta más a las mantas. ¿Fue realmente hace
dieciséis años?
—Nos vemos mañana. —Se apartó, asintió a Wes y saludó a Colton. Wes
sonrió mientras rebuscaba en la bolsa otro recipiente de comida, y Colton le
devolvió el saludo.

—¡Buenas noches, Nick! —Colton lo llamó.

Atravesó la casa, saludando a los chicos agrupados en el salón. Uno de


ellos le gritó: —¡Eh, el padre de Justin! —y otros tres saludaron de espaldas
sobre el sofá.

Fue un corto viaje a través de la ciudad hasta su condominio. Aparcó en su


plaza de garaje y subió en el ascensor, dando vueltas a las llaves mientras sus
pensamientos oscilaban entre el trabajo y Colton, la pasantía y la tarde que
había pasado descansando en el dormitorio desvencijado de Colton. Colton
tenía la suite principal de la casa, que era más grande que las demás y tenía un
baño adjunto, pero Colton seguía siendo un universitario. Todavía había ropa
en el suelo, pesas apiladas en un rincón, libros de texto mezclados con papeles
desordenados en su escritorio. Platos sucios en casi todas las superficies. El olor
a atleta universitario mezclado con desodorante en spray.

Muy lejos de la ordenada y moderna pulcritud de su casa. Se detuvo en la


entrada, contemplando el apartamento de planta abierta que él y Justin habían
elegido. Paredes de hormigón gris moteado, acero inoxidable en la cocina. Su
gran dormitorio y el baño estaban a un lado del salón, el dormitorio de
invitados de Justin y Wes y su despacho al otro. Podía ver toda la ciudad, y el
campus, iluminado fuera de las puertas corredizas de cristal del suelo al techo a
lo largo de la pared trasera.

También estaba muy lejos de su antigua vida. A Cynthia le había gustado


el aspecto desordenado del campo, las piezas de las tiendas de antigüedades y
las chucherías americanas. Ella se había encargado de la decoración durante
veinte años, y él nunca había pensado mucho en ello. La casa era agradable, y
era su hogar. Tenía su sillón reclinable y su mando a distancia y, en realidad, el
patio trasero era el lugar que elegía para relajarse. Su piscina, su patio, su
parrilla al aire libre. Recuerdos de haber jugado con Justin en el agua, de
haberle enseñado a nadar, a hacer la bala de cañón.

Ahora tenía muebles de cuero, una decoración mínima, mesas modernas.


El único guiño a la personalización era el marco digital que había colocado en la
isla de la cocina, donde Justin enviaba por correo electrónico fotos de él y Wes,
y a veces del resto del equipo -y de Colton- para reproducirlas en bucle.

La calidez de la habitación de Colton era atractiva.


Se dirigió a su propio dormitorio y se cambió, poniéndose unos
pantalones cortos de deporte y una camiseta vieja (riéndose para sí mismo
mientras lo hacía), y luego agarró una cerveza y se dirigió a su oficina. Pasó una
hora contestando correos electrónicos y otra hora preparando los informes de
ventas y las especificaciones técnicas para Colton.

Su teléfono sonó un poco antes de las once. Esperaba que fuera otro correo
electrónico, tal vez una respuesta de uno de los miembros más entusiastas de su
equipo. Pero no, era un mensaje de Colton. Gracias por venir hoy. Y ayer. Ha
sido de gran ayuda. Espero que no haya sido demasiado doloroso para ti.

Él sonrió. No ha sido doloroso en absoluto. Me he divertido mucho.

Significa mucho para mí.

¿Sabes lo que quieres para comer mañana? Te tomaré la orden ahora, si lo


sabes.

¿Te gusta el sushi?

Sí, me gusta. ¿Conoces un buen lugar?

Colton le dio la dirección de un local de sushi y le envió un pedido de seis


rollos de sushi, una cantidad exagerada para una sola persona. Te daré dinero
para todo mañana. El sushi, y los dos últimos días.

No hace falta. Yo invito. Nick le enviaba una asignación mensual a Justin,


a pesar de las protestas iniciales de éste, pero también estaba feliz de derrochar
dinero en Colton. Lo menos que podía hacer era alimentar a Colton, y si pasar
tiempo con él realmente significaba tanto para Colton, bueno. Nick hablaba en
serio cuando dijo que estaría allí todos los días mientras Colton necesitara
compañía. Colton no era su hijo, pero era... especial. Un amigo, sí, pero no se
ausentaría del trabajo para pasar las tardes con cualquier amigo, comprándole
montañas de comida y perdiendo en los videojuegos para su entretenimiento.

Tampoco salía con Colton por el bien de Justin. No, Colton le gustaba por
sí mismo, y él y Colton tenían una amistad única, independiente de Justin y
Wes. Tal vez eso había ocurrido por necesidad, dos terceras ruedas que se
convirtieron en una pareja. Pero Colton era el amigo más cercano que Nick
había hecho en años, tal vez desde que estuvo en la universidad.
Colton era una potente mezcla de seriedad y vulnerabilidad, un hombre
que todavía estaba acumulando experiencias que lo estaban convirtiendo en la
persona que llegaría a ser. Nick recordaba cada vez más esa edad a medida que
pasaba tiempo con los chicos. Cuando el potencial se sentía como si se disparara
directamente en sus venas, y sus sueños, como los de Wes, eran tan amplios
como el sol. La mujer con la que creía que pasaría el resto de su vida, un bebé
en camino, los primeros pasos de su carrera. Todo lo que siempre había
querido.

Tal vez estaba al borde de la crisis de la mediana edad. Tal vez estaba
mirando hacia atrás, buscando una juventud que ya había pasado. ¿Qué
significaba un divorcio y un amigo de veintidós años? ¿Un reinicio, nuevos
sueños que imaginar, una nueva vida al límite? O el comienzo de un choque,
una caída en picada para darse cuenta de que no, que era viejo.

Gracias, Colton volvió a enviar un mensaje de texto. Nos vemos mañana.

Más tarde, Nick no podía conciliar el sueño, agarró su teléfono y abrió


Amazon, buscando algo que no podía quitarse de la cabeza.

—Limpiaste.

Las mejillas de Colton se sonrojaron. —Así de obvio, ¿eh?

Nick le pasó el sushi. El dormitorio de Colton había sido recogido, la


vajilla había sido trasladada a la planta baja, su escritorio había sido ordenado,
la ropa desparramada había sido retirada de la vista. Incluso parecía que una
aspiradora había pasado por la alfombra unas cuantas veces.

—Es un gran cambio.

El rubor de Colton aumentó. Acunó su sushi con una mano y bajó


lentamente al sofá.

—Si voy a tener compañía, debería tener un aspecto decente. Mi madre me


enseñó eso. Entonces, ¿trajiste las cosas para la pasantía?
—Sí. —Sacó unas cuantas carpetas de la bolsa del portátil y le pasó una
memoria USB—. ¿Tienes un portátil?

Pasaron las siguientes horas revisando todo, Colton escuchando


atentamente mientras Nick repasaba primero un ensayo de su presentación de
ventas, luego los documentos de diseño y las especificaciones técnicas de sus
redes móviles.

Colton, a pesar de todas sus tonterías, tenía una mente como una trampa
de acero. Tenía que tenerla, para tener tanto éxito como quarterback. Tenía que
conocer todas las jugadas del libro de jugadas del equipo, al derecho y al revés,
cómo se movería todo el mundo y dónde iría, y probablemente también
quinientas configuraciones defensivas. Sabía cómo elegir las jugadas ofensivas
contra la defensa a la que se enfrentaba esa semana, qué rutas superarían, qué
cobertura, qué tipo de línea ofensiva necesitaría para mover el balón por el
campo y que llegara a las manos de Wes, Dante u Orlando. Colton aplicó esa
precisión orientada al detalle para absorber todo lo que Nick le estaba
enseñando. Tenía una multitud de preguntas, y se concentró tan intensamente
en lo que Nick estaba diciendo que casi hizo que Nick se retorciera. No estaba
seguro de que nadie hubiera prestado nunca tanta atención a su discurso de
ventas.

Después de tres horas, se tomaron un descanso y cambiaron a la


PlayStation, Colton apilando las carpetas y su portátil en su cama para volver a
ellos más tarde. El resto de la tarde se perdió en el Halo y en los juegos en el
asiento trasero, y cuando Wes apareció después de la práctica, se tomó el
tiempo para ducharse y tomar un refrigerio.

Aparentemente sentía que Colton estaba en buenas manos.

Nick se ofreció a llevar a Colton a su revisión de una semana después de


la cirugía unos días más tarde. Intentó conducir despacio, pero la suspensión
del Porsche no estaba hecha para mimar huesos rotos o ligamentos
desgarrados. Colton apretó los dientes con cada piedra de la carretera.

—La próxima vez, puedo conducir tu camioneta —ofreció Nick.

—Espero poder conducir yo mismo pronto —dijo Colton mientras se salía


del low-slung 911.11

11
Modelo de Porsche.
También estaba eso. Nick supuso que Colton no lo necesitaría por mucho
más tiempo.

El médico estaba gratamente sorprendido por los progresos de Colton y


fue efusivo en sus elogios. —Realmente has descansado, ¿verdad?

—Usted me dijo que lo hiciera —refunfuñó Colton—. Yo sí escucho.

—No habrías llegado tan lejos si no fueras entrenable. —El médico hurgó
y pinchó, cambió los vendajes, revisó sus puntos—. ¿Cómo está el dolor?

Colton se encogió de hombros. —Sólo tomo las pastillas para ayudarme a


dormir. Intento distraerme durante el día.

—Debes tener una gran distracción. Esta no es una lesión indolora.

Colton se retorció. —¿Puedo volver a entrenar la semana que viene? ¿Sólo


estar en el campo, o ir a las reuniones del equipo? No voy a hacer nada que
dañe mi hombro. Es la última semana de entrenamientos antes de las
vacaciones de verano. No quiero perdérmelo.

El médico miró largamente a Colton. —Sabes lo que está en juego si lo


estropeas.

—Lo sé.

—Te permitiré asistir, pero sólo como observador. Me aseguraré de que el


entrenador Young y el resto del personal sepan que estás en estado restringido.
Si haces algo que ponga en riesgo tu hombro, te enviarán a casa. ¿Entendido?

—Sí, lo entiendo.

El médico dirigió su atención a Nick. —¿Puedes echarle un ojo? Ha estado


muy bien esta última semana. ¿Tengo que agradecerte por eso?

Las cejas de Nick se levantaron. —No veo a Colton todos los días, así que
realmente no puedo vigilarlo tan de cerca…

—Oh. —El doctor frunció el ceño—. Pensé...

—Y Colton lo está haciendo bien porque se está haciendo cargo de su


propia curación. Lo está haciendo muy bien por sí mismo. No necesita un
cuidador —terminó Nick.
Colton sonrió mientras miraba el suelo de baldosas.

—Bueno, entonces, vuelve dentro de una semana y podremos quitarte el


cabestrillo a tiempo parcial. Empezaremos a hacer movimientos sencillos de
estiramiento, y también seguiremos controlando el dolor, ¿de acuerdo? —El
médico apretó el hombro izquierdo de Colton. Colton hizo una mueca.

Para el viaje a casa, Nick sacó una manta que tenía en el maletero y la
enrolló, luego ayudó a Colton a deslizarla entre el pecho y el cabestrillo para
intentar amortiguar el impacto de la suspensión de su coche. Pareció ayudar un
poco. Al menos, Colton no apretó los dientes con tanta fuerza mientras se
dirigían por la autopista.

—No hay más partidos de Halo la próxima semana —dijo Nick.

—Podrías venir después del entrenamiento. Tengo un montón de otros


juegos que puedes probar, también. Tú y Wes podrían jugar al Madden el uno
contra el otro. Y tengo Destiny, y Red Dead, y Tetris...

—¡Tetris! Ahora sí.

Colton sonrió. —Ves, tienes que volver. Tienes que mostrarme lo que
tienes en el Tetris. —Frunció el ceño—. A menos que tengas otros planes. ¿He
estado obstaculizando tu vida social?

—No, no lo has hecho. Realmente no tengo una vida social en este


momento. No estoy saliendo con nadie.

—Podrías. He visto que las chicas te miran cuando salimos.

—No estoy interesado en salir por el momento. El divorcio aún es reciente.


Y sé que no tengo que esperar, pero... —Se encogió de hombros—. Es una meta
para mí, supongo. Y no es lo que he venido a buscar.

—Hashtag vida de padre.

—Es la vida de chófer esta semana. —Sonrió mientras Colton gemía—. Y


la vida de la entrega del almuerzo.

—Hablando de almuerzo, ¿quieres parar en algún sitio? Me muero de


hambre.
—Claro —dijo—. ¿Qué quieres?

Colton le dio indicaciones para llegar a una hamburguesería. —Esta vez


invito yo, ¿de acuerdo?

Una vez aparcado, sacó de detrás de su asiento el regalo que había


comprado para Colton. Todavía estaba en la caja de Amazon, con las solapas
dobladas para que Colton pudiera abrirlo con una sola mano.

—De ninguna maldita manera —suspiró Colton cuando miró dentro—.


¿Me estás tomando el pelo? ¿Cómo encontraste esto? —Sacó el mando de la
PlayStation con una sola mano. Los joysticks y los botones estaban reordenados,
y el mando estaba hecho para balancearse sobre una rodilla o el antebrazo
opuesto, o incluso un soporte de silla de ruedas. Colton tendría que aprender
una nueva forma de sujetarlo, pero cuando lo hiciera, podría hacer todo con la
mano izquierda.

—Hay muchos jugadores con una sola mano en el mundo. Sabía que esto
tenía que existir.

Colton dio la vuelta al mando, con los labios entreabiertos y la mandíbula


floja.

—Incluso cuando te quites el cabestrillo, puede que te duela usar la mano


derecha durante un tiempo. El médico dijo que los movimientos motores finos
podrían cansarte y hacer que te doliera el hombro. Esto te ayudará a relajarte y,
cuando te duela de verdad, espero que los juegos te hagan olvidar el dolor.

Colton se volvió hacia él, lanzándole una mirada de tal asombro y


felicidad aturdida que Nick no pudo contener su propia sonrisa.

—Amigo, ¿sabes qué significa esto? Que ahora podemos jugar a dos
jugadores.

Nick se rió. —Eso es exactamente lo que pensé cuando lo compré —


bromeó—. Pensé: 'No puedo esperar a jugar más a la PlayStation'.

Se quedó con Colton durante toda la tarde, jugando, por supuesto. Colton
buscó en YouTube vídeos explicativos sobre el uso del mando con una sola
mano y se acercó a Nick para mostrarle cada partida en su teléfono. Tendría
que cambiar su estilo de juego, sujetar el mando de forma diferente, pero podía
hacer todo lo que solía hacer con dos manos. Colton insistió en que jugaran
partidas de dos jugadores, cara a cara, en Halo, y pasaron horas deambulando
por un nivel vacío, Nick haciendo disparos a Colton que fallaba a propósito por
un kilómetro de distancia mientras Colton trabajaba con el mando en su nuevo
agarre con la mano izquierda.

Nick se quedó hasta que Wes y Justin volvieron a la casa a primera hora
de la noche, y los cuatro volvieron a cenar en la habitación de Colton, ya que la
mayoría del equipo estaba fuera haciendo sus propias cosas mientras se
preparaban para el final del semestre.

Justin y Wes los sorprendieron revelando sus planes de verano. Habían


sido cautelosos sobre lo que iban a hacer, y después de que Justin evadiera dos
veces las preguntas de Nick, lo dejó pasar.

Ahora, Justin estaba prácticamente a punto de estallar. Por un momento,


Nick pensó que Justin iba a decir que él y Wes se iban a fugar, corriendo a
México o a Las Vegas para casarse. Contuvo la respiración.

—Vamos a pasar el verano en el rancho de Wes —dijo Justin, enlazando su


brazo con el de Wes mientras sonreía. Ambos estaban sentados con las piernas
cruzadas en el suelo, frente a él y Colton en el sofá—. Voy a aprender a ser un
vaquero. He pedido un sombrero y todo.

Wes sonrió. —Mi padre siempre necesita ayuda con el rebaño, pero no
estaba seguro de ir a casa este verano porque... Bueno, no quiero pasar un día
sin ti. —Dirigió la última frase a Justin—. Papá dijo que podíamos ir los dos,
pero no sabíamos si podríamos hacerlo todo —continuó—. Ir al rancho y
asegurarnos de que Justin mantenga su lugar en la compañía de baile. Más que
nada, no quería separarme de él, así que si eso significaba no ir a casa, no habría
ido.

Colton le lanzó a Nick una mirada que de alguna manera capturó tanto la
dulzura del momento como su abrumadora felicidad.

—Pero mi compañía de baile dijo que podía salir de la ciudad durante el


verano siempre y cuando mantenga mis rutinas —dijo Justin—. Puedo enviar
vídeos una vez a la semana para su evaluación. —Besó a Wes. Wes sonrió, y
Justin le devolvió la sonrisa, con sus labios aún rozándose—. Tengo que
aprender a ser un vaquero, y no tendremos que estar separados.
—¿Cuándo se van? —preguntó Nick.

—Nos vamos el próximo fin de semana. No puedo esperar.

—Claramente —dijo Nick—. Pareces un poco emocionado. —Si Justin


tuviera una cola, iría a una milla por minuto. Wes seguía mirándolo, sonriendo
como si Justin fuera una obra de arte. Incluso había dejado de comer para
contemplarlo. Eso era amor.

Una punzada sonó en el pecho de Nick, como si su corazón fuera un gong


que se golpeara en el centro. Era una mezcla enmarañada de alegría y tristeza,
una felicidad agridulce.

—Te voy a echar de menos. Me he acostumbrado a verte todos los días. A


los dos.

—Estaremos en contacto, papá. —Justin volvió a centrar su atención en


Nick—. Te enviaremos fotos todos los días.

Colton intervino. —A mí también. Quiero ver a Justin el gran vaquero. —


Él y Wes compartieron una larga sonrisa, no muy asfixiante—. Quiero ver esta
aventura de verano.

—¿Vas a estar bien? —preguntó Wes, dirigiendo su atención a Colton—.


Sólo vas a estar tú aquí en la casa durante el verano.

—También tienes esa pasantía con papá. ¿Estás listo?

Jesús, Wes y Justin estaban prácticamente terminando los pensamientos


del otro. Nick ocultó su sonrisa mientras se recostó en el sofá.

—Estaré bien —dijo Colton—. Estoy deseando que empiece la pasantía.


No puedo esperar a tener algo que hacer.

—No es que tengas clases ni nada. —Wes le guiñó un ojo.

Colton puso los ojos en blanco. —La pasantía es para las clases.

—¿Conseguiste tu ropa nueva? —preguntó Nick.

Colton frunció los labios. —Oh, sí. Este fin de semana —dijo—. Está en la
lista de tareas pendientes.
—Ustedes también tienen que hablarnos de la pasantía y de cómo les va.
Tú nos cuentas cómo has domesticado a Colton para que trabaje con gente
civilizada en una oficina, papá, y nosotros les contaremos cómo soy el mejor
peón de rancho que Wes haya tenido.

Wes le dio un beso en la mejilla. —Ya eres mi peón de rancho favorito.

Esta vez, las miradas de reojo de Nick y Colton se encontraron en el


centro, ambos luchando por no reírse. Colton rompió la mirada primero,
inclinándose hacia adelante para agarrar su cerveza. La levantó sobre la mesa
en forma de brindis.

—Por el verano —dijo—. Por los vaqueros y las pasantías.

—Y hombros curativos.

Nick levantó su botella y los cuatro brindaron. Se sentó de nuevo, tirando


de su botella mientras Wes empezó a contar lo que había pasado en el
entrenamiento y lo que Colton se había perdido. Al parecer, el quarterback
suplente estaba agotado, tan agotado que no podía encontrar su trasero ni el
balón con ambas manos y una orden de búsqueda. El entrenador estaba
hablando de intentar encontrar un estudiante transferido para que entrara a
jugar, pero también había problemas con eso. Nadie había pensado que Colton
se lesionaría, y los entrenadores no habían completado su tabla de profundidad
detrás de Colton, dejándolos, ahora, con una debilidad evidente.

La conversación fluyó sobre Nick. Se contentaba con escuchar y captar las


miradas de Colton cada pocos minutos, como si estuviera comprobando si Nick
seguía allí, si seguía divirtiéndose. Había vivido cuarenta y tres veranos, tantos
que empezaban a mezclarse. Los primeros con Justin destacaban: fiestas en la
piscina y ayudarlo a aprender a montar en bicicleta y comer helado derretido en
el patio trasero. Sin embargo, después de los treinta, se habían convertido en
una mancha de sol y días calurosos, el trabajo diario y la vida se mezclaban.

Algo se sentía diferente ahora. Era como si volviera a tener veintidós años,
al borde de algo grande, con todo ese potencial y probabilidad nadando en su
interior. Como si el mundo y las oportunidades se abrieran ante él. También era
feliz, de una manera que había temido que nunca podría ser después de que se
atragantara con las palabras "Quiero el divorcio". Había pensado que su vida se
haría más pequeña, no más grande. No tan llena como para sentir que estaba
pintando sus días con pinceladas de colores.
Su hijo era feliz y se dirigía a su gran aventura vaquera con el amor de su
vida, y él iba a pasar el verano con Colton, su improbable amigo.

La vida era buena.

Sonrió a Colton y dio un sorbo a su cerveza.


Justin y Wes salieron el viernes por la mañana, después de los exámenes
finales y del último entrenamiento de la temporada de primavera. Colton se
puso detrás de Wes mientras éste revisaba los neumáticos, comprobaba el aceite
y llenaba el radiador de su destartalada camioneta. Llevó la única maleta de
Wes y las tres de Justin desde el porche delantero mientras cargaban el resto de
sus cosas en la cabina de la camioneta de Wes antes de que le empezaran a
doler el pecho y el hombro. Aunque no utilizaba el brazo derecho, todo lo que
hacía parecía afectar a la articulación dañada. Se frotó la clavícula, justo sobre
uno de los tornillos que el médico había insertado y una línea de puntos de
sutura bajo el vendaje de gasa.

Nick no estaba allí. Había tenido que ir a Houston para reunirse con un
cliente, el mismo que había cancelado para quedarse con Colton después de la
operación. No podía cancelar dos veces seguidas. Se presentó en la gran fiesta
de despedida en la casa el miércoles, bebiendo una cerveza en el patio trasero
mientras el equipo asaba hamburguesas y salchichas. La gente se alejó después
de eso, algunos de los chicos se fueron el miércoles por la noche, otros el jueves.

Cuando Justin y Wes se marcharan, Colton se quedaría solo en la casa


grande y vacía.

Justin casi vibraba, estaba muy emocionado. Llevaba una camisa de


cuadros sobre sus jeans ajustados, botas nuevas -de cuero, no de vaquero ni de
combate, se dio cuenta Colton- y un sombrero de vaquero marrón chocolate en
la cabeza. Llevaba el pelo largo recogido bajo la copa y sólo se le veían los lados
afeitados. Parecía un anuncio de Abercrombie, pero Colton nunca había visto a
un modelo de Abercrombie sonreír tan ampliamente.

Wes llevaba sus Wranglers, su camiseta Ariat favorita estirada -la que
siempre llevaba-, sus botas y su sombrero color crema manchado de sudor.

Al menos uno de ellos parecía un vaquero de verdad.

Justin, dirigiéndose al rancho de Wes, era un hombre mucho más valiente


que Colton. Y le esperaba un despertar asombroso. Colton disfrutaría de las
fotos de todo eso. Desde su habitación. En el aire acondicionado. Sentado en el
sofá.
Colton nunca había estado en el rancho, aunque había visto las fotos que
Wes había enviado en veranos anteriores. No tenía ni idea de ranchos ni de qué
hacer si alguien le decía que se subiera a un caballo. Apenas sabría a qué
extremo acercarse. ¿Y el ganado? Lo más cerca que estuvo de una vaca fue una
hamburguesa o un trozo de filete medio crudo. Tenía un nombre de vaquero y
un par de botas de vaquero, y todos los chicos de Texas tenían un sombrero en
su armario, pero si lo soltaran en el campo, moriría en una zanja antes de que
consiguiera desencajarse lo suficiente como para ir por el camino correcto por
una pista de tierra.

Wes le había enviado una vez un vídeo en el que aparecía atando un


ternero. Aquella noche, Colton trató de balancear su toalla sobre la cabeza en el
cuarto de baño, intentando emular lo genial que se veía Wes. Se golpeó a sí
mismo en la cara después de dos segundos.

Él y Wes habían acampado un par de veces. Ese era el alcance de las


costumbres tejanas al aire libre de Colton.

Nunca había tenido un padre que lo llevara a cazar o a pescar o a los


bosques, nunca había tenido esas experiencias formativas en la naturaleza,
mirando a su padre mientras le enseñaba a apuntar un rifle o a poner un
anzuelo. Los Boy Scouts le enseñaron los fundamentos de la acampada, con
nueve chicos en una tienda y cuatro linternas. Estuvieron toda la noche
mirando las revistas Penthouse y Playboy que los mayores habían llevado de
contrabando al campamento. Vio su primer par de tetas en una sudorosa pila
con otros ocho chicos, cada uno de los cuales intentaba estar lo más cerca
posible de las arrugadas páginas de la revista para poder contemplar los
enormes pechos de la página central.

Boy Scouts, y luego fútbol, béisbol, baloncesto. Sus líderes de grupo y


entrenadores eran padres sustitutos, hombres nuevos en su vida con cada
cambio de temporada. Tuvo que acostumbrarse a nuevas expectativas, a nuevos
ánimos y diatribas, a nuevas formas de mostrar atención y afecto. Pero durante
esa temporada, su entrenador se convirtió en su mundo.

Por supuesto, Colton era un chico entre docenas en cada uno de sus
equipos, y la única forma de llamar la atención era destacando. Siendo tonto.
Siendo bueno, condenadamente bueno, en los deportes. Siendo cualquier cosa
menos él mismo.

La gente se iba cuando era él mismo.


—El año que viene, vienes con nosotros. —Wes enganchó la suela de su
bota en la acera y entrecerró los ojos a Colton, sus labios se curvaron en una
sonrisa—. Te enseñaré a enlazar y a montar.

—Para el año que viene, yo podré enseñarte a enlazar y a montar. —Justin


se deslizó junto a Wes, rodeando con un brazo la cintura de Wes.

—Creo que tal vez debería mantener ambos pies en el suelo por un
tiempo. —Colton tiró de la correa de su cabestrillo, jugando con el velcro. Había
jugado tanto con él que los lazos se estaban deshilachando, volviéndose raídos
y peludos.

Wes sonrió, pero se puso serio rápidamente. —¿Seguro que vas a estar
bien por tu cuenta?

—Sí, hombre. —Colton intentó reírse de la repentina e intensa


preocupación de Wes. El serio apretón de la cara de Wes no se movió—. Estaré
bien —intentó de nuevo—. Debería quitarme este cabestrillo hoy mismo. Eso
será enorme.

—No lo presiones —advirtió Wes.

—Lo sé. —Colton puso los ojos en blanco—. Tengo muchas ganas de
volver a salir, pero no voy a arruinar mis posibilidades lanzando el balón esta
noche. Voy a superar esto, y voy a volver antes de que el doctor diga que lo
haré. Pero no podré hacerlo si la cago, así que, ya sabes. Voy a hacer las cosas
bien.

—Bien —dijo Wes.

Así era su amigo: ¿por qué usar diez palabras cuando una estaba bien?
Colton negó con la cabeza a Wes. A veces Colton y Justin podían llenar la
habitación de conversación, y Wes se limitaba a sentarse, sonriendo a los dos,
tomando la mano de Justin.

—Además, no estoy solo. —Dio una patada hacia Justin, con su pie
calzado con sandalias rozando la bota de Justin—. Nick está aquí.

Justin puso los ojos en blanco. —No puedo creer que mi padre esté
jugando a los videojuegos contigo. —Sacudió la cabeza—. Ustedes, los heteros,
lo juro. A veces... —Suspiró, largo y tendido, pero sonrió.
—Sí, sí. —Colton rozó su sandalia en la acera. Nick había venido después
del entrenamiento la mayoría de las noches de esa semana. Había pasado el rato
con los tres, había jugado a los videojuegos con Colton y Wes, y había hablado
con Justin hasta que todos bostezaban lo suficiente como para romperse la
mandíbula.

Sin embargo, la noche anterior, Nick había salido con Justin y Wes,
llevándolos a una cena familiar antes de que se fueran al rancho para el verano.
Eso había dolido. Una cena familiar para tres. Pero, ¿qué había esperado? Él no
es tu padre. No tienes un padre. ¿Cuántas veces se había dicho eso a sí mismo,
mientras crecía? El entrenador no es tu padre. No esperes más de lo que tienes.

—Mi padre jugando a los videojuegos, tú vas a trabajar en una oficina de


verdad. —Justin negó con la cabeza—. ¿A dónde se dirige el mundo?

—¿No tienen que irse, chicos? —Colton los miró con los ojos
entrecerrados—. No pueden estar todo el día insultándome.

—Pero es divertido. —Justin sonrió.

—Sí que tenemos que ponernos en marcha. —Wes comprobó su reloj y


luego frotó la espalda de Justin—. ¿Listo, bebé?

—¿Cuánto dura el viaje?

Wes se rió. —Unas ocho horas.

Justin pareció afligido por un momento. —Muy bien. Pongámonos en


marcha. Colton, no te olvides de buscar algo de ropa decente para ponerte.

—Voy a asaltar tu armario cuando se vayan. Boom. Hecho.

Justin resopló, riendo mientras subía al asiento del pasajero de la


destartalada camioneta de Wes.

—Me gustaría ver cómo intentas ponerte aunque sea una camisa mía
sobre esos hombros. Reventarás las costuras como Hulk.

Colton fingió flexionarse y rugir, con un solo brazo, mientras Wes


encendía el motor. Tosió, tartamudeó, resopló y finalmente se puso en marcha.

—Llegaran hasta allí, ¿verdad?


Los ojos de Justin se desviaron hacia Wes.

—Por supuesto —dijo Wes—. Siempre lo he hecho antes. —Él y Justin


compartieron una larga mirada.

—Muy bien, sonrían. —Colton levantó su teléfono y sacó una foto de


Justin y Wes, apiñados uno al lado del otro en la camioneta de Wes, ambos
sonriendo, con los sombreros de vaquero tan juntos que el ala de Justin se
torcía. Envió la foto al chat del grupo -él, Nick, Justin y Wes- y escribió—:
Comienza la gran aventura vaquera.

Un momento después, Nick puso un corazón en la foto y luego envió un


mensaje de texto ¡Conduzcan con cuidado! Envíen un mensaje cuando lleguen,
por favor. Ojalá estuviera allí para despedirmey.

Justin sonrió a su teléfono, le mostró a Wes y luego le envió tres corazones


a su padre.

Colton lo vio todo en su pantalla.

Wes se acercó a Justin y le tendió la mano a Colton a través de la


ventanilla del copiloto. Se chocaron los puños. Wes sonrió.

—Hasta luego, hermano. Pórtate bien.

—Sí, ustedes también. Pásenlo bien, chicos. No se rompan el cuello.


Envíen fotos.

Saludaron con la mano, y luego se fueron, traqueteando calle abajo y


doblando la esquina, desapareciendo. Colton oyó el ruido del motor de Wes
durante tres manzanas, y luego debieron de girar hacia la autopista, porque
todo se desvaneció y él se quedó en la acera con la única compañía del piar de
un pájaro.

Miró hacia arriba y hacia abajo de la manzana mientras la bandera de


fútbol ondeaba detrás de él en su porche. Los estudiantes habían abandonado el
barrio en un frenesí de dos días, y la mayoría de las casas estaban ahora vacías.
Las calles, antes llenas de coches aparcados, estaban casi desiertas. Vio a dos
chicas caminando en el extremo de la manzana, hablando mientras tomaban
Frappuccinos.

Estaba solo.
Subió con dificultad los escalones del porche. Había zapatillas de deporte
olvidadas y unas cuantas botellas de cerveza que habían escapado de la
frenética limpieza de primavera, y que seguían agrupadas en la mesa del patio,
frente a las deshilachadas sillas de mimbre junto a la puerta principal. En el
interior, la oscura sala de estar le dio la bienvenida, quieta, silenciosa y enorme
de una manera que nunca fue, no con doce deportistas llenando el lugar.

Los chicos habían hecho un mejor trabajo de limpieza en el salón. No


había botellas de cerveza ni libros de texto ni zapatos tirados por el suelo. Y
normalmente, la isla de la cocina estaba llena de platos secos, pero todos habían
sido guardados después de la última gran cena. Las batidoras estaban limpias,
las tostadoras desenchufadas. La mayoría de las cajas de cereales y Pop-Tarts
habían desaparecido.

Parecía un museo. Todo signo de vida, desaparecido.

Se sentó en las escaleras mientras el silencio de la casa lo llenaba, hurgaba


en todos los recovecos y grietas de los que intentaba mantenerse alejado, los
rincones de su mente que se pasaba la vida evitando. No tenía que pensar en sí
mismo si lanzaba el balón. No tenía que reflexionar sobre la trayectoria de su
vida si estaba saliendo con los chicos, o desafiando a Wes a Madden, o riéndose
con Justin.

Jesús, ¿todo un verano así?

Su teléfono móvil zumbó mientras el mundo parecía expandirse, el rincón


polvoriento al que miraba creciendo como un viejo molinillo de dibujos
animados de los Looney Tunes. Se sacó el teléfono de los pantalones cortos y
encendió la pantalla. ¿Se había estropeado ya la camioneta de Wes? ¿Justin ya
se había aburrido del viaje?

Era Nick.

Tienes cita con el médico esta tarde, ¿verdad?

Sí.

Creo que puedo llegar a tiempo si quieres que te lleve. Puedo recogerte.

Colton sonrió. Sí. Eso sería genial. Gracias.


El Dr. lo liberó del cabestrillo Terminator durante la mayor parte del día.
Le dieron otro cabestrillo, algo menos claustrofóbico, para que lo llevara todo el
tiempo, excepto cuando hiciera sus sencillos estiramientos de bebé. No se le
permitía alcanzar o levantar objetos.

—Lo peor que puedes hacer ahora es rotar el hombro y el brazo lejos del
cuerpo o estresar el hombro con peso —le dijo el médico—. Pero lo estás
haciendo bien, y si tu curación progresa así, estarás en buena forma en unas
semanas. Seguiremos evaluándote y ajustaremos tu fisioterapia según sea
necesario.

El fisioterapeuta vino a verlo, junto con un entrenador deportivo que el


equipo envió. Podía ir al estadio y al centro deportivo a hacer su fisioterapia
todos los días, o podía hacerla en casa por su cuenta y documentar sus
estiramientos y sus niveles de dolor en una aplicación que le hicieron instalar en
su teléfono. Una vez a la semana, debía grabarse en vídeo y enviarlo si no iba al
centro de entrenamiento.

Por ahora, todo lo que se le permitía hacer era contraer los músculos del
hombro derecho cinco veces, tres veces al día, y extender el codo, girar la
muñeca y flexionar los dedos al menos una vez por hora sin mover el hombro.

Por la noche, volvía al cabestrillo Terminator para dormir.

Hace dos semanas, había estado lanzando pases de touchdown por el


campo, haciendo flexiones en cada línea de diez yardas y trotando bajo el sol de
Texas. Apretar los músculos del hombro cinco veces estaba muy lejos de sus
anteriores esfuerzos. Pero era algo, un paso hacia la recuperación. Era todo
sonrisas cuando salieron de la consulta del médico. Nick también lo era, y lo
celebraron parando por un helado, sorbiendo sus cucuruchos antes de que se
derritieran sobre sus manos y la acera.

Aún no se sabía nada de Justin y Wes, a sólo cuatro horas de su viaje por
Texas.

Era diferente sin ellos, de una manera que Colton no podía explicar. Él y
Nick habían pasado mucho tiempo juntos desde que se lesionó, pero Justin y
Wes siempre estaban a una llamada telefónica o a un mensaje de texto, o
estaban de camino a casa o llegarían en unas horas. ¿No había dicho Nick una
vez que se había quedado tanto tiempo con Colton sólo para poder ver a Justin?

Con Justin lejos, no esperaba que su tiempo juntos durara, pero había un
destello de esperanza que ardía en su interior, tan pequeño como una vela de
cumpleaños.

Estuvieron en el patio de la heladería durante una hora, Nick le habló de


su viaje de negocios de ida y vuelta y del importantísimo cliente de Houston.
Colton le habló de la ida del equipo, la ráfaga de actividad que terminó en el
silencio y el vacío. Se rieron de la camioneta de Wes, pero Colton captó la
mueca de dolor de Nick y la forma en que sus hombros se tensaron, y dejó de
bromear sobre la avería de los dos en medio de la nada.

—Esa camioneta parece una mierda, pero Wes la cuida bien. Siempre está
revisando las bujías y cambiando el aceite. Lo hace todo él mismo. Conoce ese
cubo de óxido por dentro y por fuera. Probablemente funcionará otros cien mil
kilómetros. Las puertas se caerán antes que el motor.

Nick le sonrió, y eso fue suficiente agradecimiento.

Cuando llegó la hora de irse, le pidió a Nick que lo dejara en el centro


comercial en lugar de llevarlo a la casa. Todavía no estaba preparado para
volver a esa tumba. Además, tenía ropa que comprar.

—¿Cómo vas a volver? —preguntó Nick cuando lo dejó en la acera frente


al extenso centro comercial al aire libre.

—Llamaré a un Uber.

—Sabes, prefiero que aparezcas el lunes en pantalones cortos y una


camiseta a que te lastimes comprando. ¿Y si alguien choca contigo?

—Nadie va a chocar conmigo. La gente suele apartarse de mi camino. —


Era alto y grande, y eso tenía una forma de despejar el espacio a su alrededor.

—¿Tendrás cuidado? —Nick se volvió hacia él, con una muñeca colgada
sobre el volante. Tenía el ceño fruncido, con una línea vertical de preocupación
en el entrecejo—. No quiero que te hagas daño. Y no quiero que te duela esta
noche porque te hayas esforzado por esto.

—Tendré cuidado. —Le dio a Nick una sonrisa y luego se arrastró fuera
del coche. Fue prácticamente una sentadilla completa para levantarse del
Porsche de Nick. Se agachó y asomó la cabeza por la ventanilla abierta del
pasajero—. Estoy bien, lo prometo. —Dudó durante medio segundo, y luego
siguió adelante—. Te enviaré un mensaje cuando llegue a casa.

Nick todavía parecía dudoso, pero asintió. —De acuerdo. Hablaré contigo
más tarde. Si necesitas algo... —Dejó el resto sin decir. Colton sonrió, golpeó el
marco de la puerta del coche y se alejó. Saludó con la mano mientras Nick se
alejaba, con el motor gruñendo al girar e incorporarse al tráfico, en dirección al
centro de la ciudad. Había dicho que tenía que ir a su oficina un rato.
Prepararse para el lunes. Prepararse para la pasantía de Colton.

Colton fue a Jos. A. Bank, porque podían tomarle las medidas y no tenía
que probarse nada después. Uno de los vendedores se pegó a él como un
mosquito una vez que se dio cuenta de que Colton estaba allí para un vestuario
profesional completo y que iba a gastar una mierda de dinero. Fue demasiado
servicial, sugiriendo camisas con botones y corbatas a juego, tres tipos
diferentes de pantalones y dos trajes, uno en negro clásico y otro en un azul más
suave y brillante de lo que Colton pensaba que estaba de moda. ¿Qué pensaría
Justin? ¿Debería enviarle un mensaje de texto?

Todavía no había mensajes de los vaqueros descarriados. Contó las horas


que llevaban en la carretera. Todavía tenían mucho camino por recorrer. Como
decía el refrán, sale el sol y se pone el sol, y todavía no he salido de Texas.

Compró demasiadas cosas de la estantería, más de las que podía llevar con
un solo brazo, pero el vendedor se ofreció a esperar con él a su conductor de
Uber. A solas, fuera de la tienda, confesó que reconocía a Colton, incluso con la
gorra de béisbol tapándole la cara, y que sabía de la lesión por los artículos que
había visto en Internet. Colton esperó, apretando los dientes mientras se
preparaba para las preguntas sobre Wes, pero nunca llegaron. En su lugar, el
vendedor cargó sus bolsas en el maletero del Uber y luego le dijo que esperaba
que Colton tuviera una pronta recuperación y que estuviera en el campo en
otoño.

El conductor del Uber lo ayudó a descargar las bolsas en el porche antes


de marcharse, y luego Colton empezó a subir las bolsas de ropa a su dormitorio.
Su armario estaba casi vacío -¿qué demonios tenía que colgar?- y se usaba como
lugar para esconder cosas. Sacó viejos bates de béisbol y palos de lacrosse,
fideos de piscina de la época en que los chicos habían jugado a la lucha a
muerte con fideos de piscina y un par de calcetines de moldeo que se habían
perdido en los rincones más alejados. Roció media botella de Febreze y dejó que
el armario se ventilara mientras trasladaba lentamente sus camisas y pantalones
nuevos a las perchas. Puso su teléfono a reproducir música mientras trabajaba,
tratando de alejar la insoportable quietud.

Su teléfono sonó cuando estaba a medio camino de colgar las camisas


nuevas. Se lanzó hacia él, deslizando el dedo por la pantalla antes de
comprobar siquiera quién le enviaba un mensaje.

Apareció una foto en el mensaje de grupo, enviada por Wes. Llevaba las
gafas de sol puestas y sonreía, con el sombrero echado hacia atrás para mostrar
su cara. A su lado, Justin estaba desmayado y apoyado en el hombro de Wes,
con la boca suelta y abierta, las gafas de sol y el sombrero torcidos. Wes había
escrito un rápido pie de foto: seis horas de viaje.

Puedo oír los ronquidos desde aquí, escribió Colton. Envió un emoji de
llanto y risa.

Aparecieron reacciones de corazón de Nick, y luego: Por favor, no envíes


mensajes de texto y conduzcas, Wes.

Estoy parado. Acabo de hacer el giro de la I-10 en Fort Stockton.

Gracias, Nick escribió. Ustedes, muchachos, son un cargamento precioso.


Emoji de corazón.

Wes respondió con un corazón el mensaje de Nick y escribió: Ahora


vuelvo a la carretera. Les enviaré un mensaje más tarde.

Apareció otro mensaje de texto separado, y Colton lo leyó. Nick le estaba


escribiendo directamente. ¿Estás en tu casa?

Sí, he vuelto hace unos minutos. Estoy colocando cosas. ¿Y tú?

Salí de la oficina hace una media hora. Envió una foto, la vista desde su
balcón, completa con sus zapatos sobre el reposapiés de mimbre, cruzados
frente a un sol poniente.

Colton sonrió. Es mejor que mi vista. Envió una foto de su armario, pero
garabateó ‘ ropa nueva’ antes de enviarla.

¿Compraste líneas rojas onduladas? :)

No.
¿No me lo vas a enseñar?

Ya lo verás el lunes. :)

Escribió ¿Quieres venir?

Y luego aplastó el botón de retroceso. No, Nick no quería dejar su balcón


de un millón de dólares para venir a pasar el rato con él y jugar a la PlayStation.
Nick era un hombre adulto. No preguntes. Ni siquiera te molestes.

¿Cómo está tu hombro? ¿Algún dolor después de estirarlo?

Apretó los músculos. Algo ardía. La última vez que enderezó el codo,
sintió el bíceps como una cuerda de banjo retorciéndose en el valle del brazo.
Volvió a ponerse el cabestrillo y trató de no moverse demasiado. Colgar la ropa
con una sola mano no era fácil.

Me duele. Me tomaré un analgésico pronto. Luego probablemente juegue


algo de PS4 hasta que me desmaye.

Lástima que no tenga una PlayStation aquí. Podríamos jugar online.

¿Podrías venir si quieres? Al igual que su boca desbocada, las palabras


fueron escritas antes de que las pensara, enviadas antes de que pudiera
retroceder y detenerse. Maldita sea.

Creo que me quedaría dormido sobre ti si lo hiciera. Estoy agotado por el


viaje de hoy.

¿Ves? Sabía que era un error preguntar. Antes, no había sido rechazado de
plano. Ahora tenía que saber que Nick dijo que no, no sólo pensar que era una
posibilidad.

¿Lo dejamos para otro día? Nick envió un mensaje de texto antes de que
pudiera responder.

Claro, siempre estoy dispuesto.

¿El mando sigue funcionando?

Es increíble. Gracias de nuevo.


Nick aceptó las gracias con el pulgar. Bueno, mandó un mensaje de texto,
después de que pasara un largo minuto. Te dejo con tu Halo. Nos vemos el
lunes por la mañana.

Nos vemos el lunes.

Dejó caer el teléfono en su regazo y se quedó mirando su armario medio


lleno y sus bolsas de ropa. La música retumbó en su dormitorio, haciendo
temblar las paredes y vibrar el suelo. Sus pensamientos se desplegaron, se
hilaron en bucles y enredos como hilos que caen. Quería un año más con el equipo.
Un año más con mi mejor amigo.

¿Cómo se convirtió en esto? Una casa vacía y sin fútbol para llenar sus
días. Sin compañeros de equipo con los que pasar el rato. Ni siquiera podía
lanzarse el balón a sí mismo. Y no tenía a nadie que lo distrajera de sí mismo.

Colton se mordió el labio inferior y cerró los ojos.


Colton cambió su peso de un pie a otro en el vestíbulo de la oficina de
Nick. No sólo una oficina, sino el vestíbulo de la suite ejecutiva en el último
piso de una torre que Colton podía ver desde todos los rincones del campus.
Jesús, no se había dado cuenta de que Nick estaba tan arriba en su empresa.
Aunque, si simplemente podía decidir que Colton iba a ser un interno con él,
tenía que tener algún tipo de influencia en el lugar.

Sólo que no sabía cuánto.

Gracias a la mierda que se había comprado ropa nueva.

Volvió a alisar la corbata por delante de su camisa abotonada. La asistente


ejecutiva de Nick era una mujer hispana de edad avanzada, con el pelo rizado y
castaño recogido sobre su hermoso rostro y sus pómulos marcados. Observaba
a Colton con una sonrisa mientras trabajaba en su ordenador. Frente a ella había
otros dos cubículos en un amplio espacio vacío en medio de las cinco oficinas
que se alineaban en la pared del fondo.

Una de las puertas de la oficina se abrió, y Nick y un hombre mayor


salieron, ambos sonriendo mientras terminaban su conversación. El hombre
mayor llevaba un traje que parecía de gran valor, y Nick llevaba pantalones de
vestir oscuros, su propia camisa abotonada y una corbata color pastel. Su
mirada recorrió el vestíbulo y se posó en Colton. Una sonrisa se dibujó en su
rostro.

—Jim, aquí está el hombre del que te hablaba. Colton Hall, mi pasante
para el verano.

—Lo sé todo sobre el señor Hall. —Jim cruzó la oficina y alcanzó la mano
izquierda de Colton en un apretón de manos hacia atrás. Si era un movimiento
incómodo para él, no lo demostró. La suavidad parecía irradiar de él, desde su
esponjoso pelo plateado cortado a tijera hasta su doble nudo de corbata
Windsor. ¿Y eso era un Rolex en su muñeca?—. Fantástico trabajo en el campo.
Eres un gran mariscal de campo. Estoy en todos los partidos, observando desde
mi palco.

En su palco. Por supuesto, este hombre tendría su propia suite ejecutiva.


Ellos costaban 50.000 dólares por temporada.
—Gracias, señor. —Tragó saliva. Era difícil aceptar cumplidos sobre su
trabajo de mariscal de campo cuando estaba roto.

—Volverás a salir en poco tiempo. Estamos contentos de tenerte aquí


durante el verano. Si necesitas algo, no dudes en pedirlo. Haremos todo lo que
podamos por ti. —Agarró el hombro no lesionado de Colton, sonrió y luego le
dio una palmada en la espalda a Nick—. Hasta luego, Nick.

Nick esperó a que Jim desapareciera en su despacho de la esquina -el que


tenía el cartel de director general- y cerró la puerta tras él.

—Jim es un buen tipo. Es efusivo, pero todos los mejores vendedores lo


son. —Su mirada recorrió a Colton, desde su corbata tejana bien anudada y su
camisa blanca abotonada hasta sus pantalones negros planchados y sus
brillantes zapatos de vestir—. Lo has hecho muy bien. Estás perfecto.

Se hinchó ante los elogios de Nick, como hacía siempre que alguien mayor
y más sabio se fijaba en él y decía que estaba bien. No pudo detener su sonrisa.

—Te dije que estaba a la moda.

—Lo hiciste. —Nick abrió la puerta de su oficina y le indicó a Colton que


entrara—. Vamos a instalarte. Recursos Humanos ha enviado algunos
documentos para que los revisemos, y tengo un portátil para que lo registres.
Ese escritorio de ahí, frente a Lizbeth, es tuyo. Durante la mayor parte de la
semana, serás mi sombra.

Siguió a Nick junto a su gigantesco escritorio hasta un sofá de cuero que


daba a una vista panorámica de Austin. Silbó cuando Nick se sentó en un
extremo del sofá frente a una mesa de café con tapa de cristal que sostenía un
ordenador portátil y una pila de carpetas manila.

—Te gustan las vistas. —Se sentó junto a Nick y se giró para ver el resto de
la oficina. No había un bar al estilo Mad Men12, pero sí una estantería decorativa
en una pared, llena de premios y fotos de Nick con lo que debía ser gente
importante. También había fotos de Justin, tantas como de Nick. Fotos de él
cuando era niño y fotos de él ahora, con Wes. Incluso una foto de él bailando,
regio bajo un foco en el escenario en uno de sus entrenamientos, con unos
leggings raídos, calentadores de peirnas y una camiseta tejana de gran tamaño
que definitivamente pertenecía a Wes.

12
Serie de televisión.
—Cuando le dije a Jim que me mudaba desde Dallas, me sorprendió con
esta oficina. Puedo trabajar desde cualquier lugar. Cuando vivía en el área de
DFW13, trabajaba desde mi casa, ya que el viaje a Dallas era abismal. Pero ahora
que vivo en el centro, puedo venir andando. —Sonrió y miró por la ventana.
Colton podía ver el campanario de la universidad y los bordes del estadio—.
Pienso mucho mirando por ahí.

—Ya veo por qué.

Nick acercó la carpeta entre ellos y abrió la tapa. Durante la siguiente


hora, se abrieron paso entre montones de formularios de recursos humanos,
incluyendo, para sorpresa de Colton, su plan de pago y su formulario de
impuestos. No se había dado cuenta de que le estaban pagando. A pesar de ser
un estudiante de ergonomía sin conocimientos y un quarterback fracasado, así
como un joven de veintidós años sin experiencia profesional, estaba ganando
veinticuatro dólares por hora como becario de Nick, trabajando treinta y cinco
horas a la semana.

—Gracias —dijo, firmando el formulario—. Es inesperado. Y


sorprendente.

Nick sonrió y siguió adelante. Configuró el portátil que entregó a Colton,


junto con una tarjeta de acceso que le daba acceso no sólo a la oficina principal,
sino a la planta ejecutiva y al despacho de Nick. Nick también le entregó un
pase de estacionamiento. —El aparcamiento en el centro es terrible. ¿Has
venido en coche?

Asintió con la cabeza. Había dado vueltas durante veinte minutos para
encontrar un lugar, y finalmente aparcó en el garaje de un hotel y pagó treinta
dólares por el día.

—Este es un pase para el garaje debajo de la torre. Puedes aparcar en


cualquier lugar del tercer al sexto nivel. Sólo tienes que rellenar los datos de tu
camioneta y su matrícula...

Esto era mucho más de lo que esperaba. Pensaba que estaría archivando
papeles, o trabajando en una sala de correo, o haciendo de recadero. Pasar su
verano uno a uno con una fotocopiadora. No había esperado todo esto. Observó
a Nick con el rabillo del ojo mientras éste hojeaba la pila de papeles,
comprobando que todo estuviera firmado y completo.

13
Dallas-Fort Worth, es un punto medio entre la ciudad de Dallas y Fort Worth, en el noreste de Texas.
—Genial. —Nick comprobó su reloj—. Justo a tiempo. En veinte minutos
tengo una reunión con mi equipo. Te sentarás y escucharás, y después,
revisaremos todo. Te daré un resumen de mis cuentas y mis proyectos. Y
también te llevaré a comer con mis ejecutivos de cuentas. Pero ya que tenemos
algunos minutos libres, ¿quieres tomar un café antes de la reunión?

Colton sonrió. —Sí, por supuesto.

Al final del día, la cabeza le daba vueltas. Intentó tomar notas durante la
reunión, pero Nick le dijo que se limitara a escuchar y a tomarse su tiempo con
todo lo que se le venía encima. Así lo hizo, escuchando cómo el equipo de Nick,
formado por cuatro ejecutivos de cuentas y ocho gestores de cuentas, lo ponía al
día sobre la cartera de negocios de Nick. Era más que nada para su beneficio, ya
que algunas de las cuentas de las que hablaba el equipo estaban en un patrón
de espera, siguiendo como clientes felices. Nick parecía tener muchos clientes
satisfechos.

Él, Nick y los ejecutivos de cuentas fueron a almorzar, caminando unas


cuadras hasta el Capital Grille, un lugar al que Colton nunca había ido en los
tres años y medio que había vivido en Austin. Nunca se había vestido lo
suficientemente bien como para atravesar las puertas. Hasta hoy.

Pasaron dos horas allí, hablando de los clientes más activos de Nick, así
como de los clientes potenciales a los que estaba cortejando a través de su canal.
Los seis elaboraron un esquema de la semana de trabajo de Colton. Iba a pasar
por los ejecutivos de cuentas, comprobando con uno de ellos cada mañana,
antes de pasar las tardes con Nick. El objetivo de Nick, dijo, era dar a Colton
una mezcla de experiencias de servicio al cliente y de ventas, la mayor parte de
las cuales provenían de estar en el centro de todo. Nunca iba a ver una sala de
correo.

La emoción lo recorrió. No era el fútbol, por supuesto, no era la emoción


del juego y los tres segundos mágicos entre el chasquido y el pase. No estaba
llevando a un equipo y todos sus sueños en cada una de sus llamadas de juego,
no estaba trazando el futuro en el medio segundo que tenía para leer la defensa.
Pero era interesante. Podía ver un fuego competitivo afín dentro de Nick
cuando hablaba de su canal de distribución y de cómo intentaba ganarse a los
clientes y abrir nuevas líneas de negocio. Podía entender eso, estar de acuerdo
con ello. Le gustaba la competencia.

—Bueno, ¿qué te parece tu primer día? —preguntó Nick, pasando por su


escritorio a las cinco en punto.

—¿Ya es hora de irse?

Nick se rió. —Lo es. Pero me gusta ese espíritu. —Sonrió—. Sé que esto es
un gran cambio de ritmo, pero espero que hayas tenido un día decente. Estoy
tratando de mantener esto interesante para ti.

—Me lo he pasado muy bien. Y es mucho para asimilar, pero lo entenderé


todo.

—Sé que lo harás. —Otra sonrisa—. ¿Qué vas a hacer esta noche?
¿Grandes planes?

Se encogió de hombros mientras apagaba el portátil que le había dado


Nick. Cerró la tapa y agarró su bolso. No tenía una bolsa de negocios elegante,
así que había traído una pequeña bolsa de gimnasio -la más limpia que pudo
encontrar- para llevar sus cosas. La botella de agua, su cabestrillo de repuesto,
un almuerzo que no había comido.

—PlayStation y DoorDash14, probablemente.

Nick lo acompañó hasta los ascensores, dando las buenas noches a Lizbeth
por el camino.

—Pensé que ustedes cocinaban la mayoría de sus cenas.

Lizbeth les dio las buenas noches a ambos, su sonrisa seguía siendo tan
cálida y amable como esa mañana.

—Sólo conozco recetas para doce chicos. Puedo comer, pero no puedo
comer tanto. Y como no quemo tantas calorías, el nutricionista quiere que
reduzca mucho la cantidad. Ya no estoy en días de doce mil calorías.

—¿Sólo seis mil? —se burló Nick mientras esperaban el ascensor.

14
DoorDash, Inc. es una empresa estadounidense que opera una plataforma de pedidos y entrega de
alimentos en línea.
—Treinta y ocho mil. —Colton hizo una mueca—. Estuve hambriento
durante una semana.

—Si mirara tantas calorías, engordaría cinco kilos. —Nick le hizo un gesto
para que entrara primero en el ascensor, y luego pulsó la planta para el
vestíbulo principal.

Colton asintió y siguió a Nick fuera de la torre de oficinas. El garaje donde


había aparcado su coche estaba a la izquierda, pero Nick giró a la derecha, y
Colton fue con él.

—¿Y tú? ¿Qué estarás haciendo?

—Lo mismo que hago todas las noches…

Por un momento, el corazón de Colton se disparó. Esta noche no volveré a


estar solo.

—Bueno, aparte de las últimas dos semanas.

Y cayó en picada, pero lo disimuló con una risa mientras miraba hacia
abajo, viendo cómo sus zapatos golpeaban la acera.

—Suelo ir a la tienda de comestibles que está a la vuelta de la manzana y


compro algo para asar. Una botella de vino. Me detengo algunos días a la
semana y compro lo que necesito para el día siguiente. Está justo en el camino a
mi condominio, así que es fácil.

—Genial. Parece un plan decente.

—Funciona bien. —Nick lo miró con los ojos entrecerrados—. ¿Quieres


venir a cenar? Si no estás haciendo nada, probablemente pueda hacerte algo un
poco más saludable de lo que DoorDash entregaría. Aunque no estoy seguro de
que sea más sabroso.

—Sí. —¿Eso sonó demasiado ansioso? ¿Estaba sonriendo demasiado?—.


Me encantaría.

—¿Qué quieres que prepare? ¿Filete? ¿Pollo? ¿Pescado? —Nick señaló con
la cabeza la tienda de comestibles mientras doblaban la esquina—. Tienes unos
cuarenta segundos para decidir.
Colton eligió pollo, ya que habían almorzado bistec -bueno, él tuvo una
ensalada de bistec; era todo lo que podía comer con una sola mano- y Nick fue
directamente al mostrador de la carne y pidió las dos pechugas de pollo más
grandes que tenían. Envió a Colton por verduras mientras él escogía una botella
de vino, y se reunieron en el pasillo de la caja con el pollo, los pimientos, los
champiñones, las cebollas y una botella de vino blanco. Colton pasó primero
por la caja y logró colocarse en posición para deslizar su tarjeta de débito sin
que Nick lo viera. Nick estaba listo para pagar cuando la cajera le entregó el
recibo.

Miró a Colton mientras agarraba las bolsas de papel. —No tenías que
hacer eso.

—Me he enterado de que me van a pagar hoy. Voy a vivir a lo grande.

Nick se rió. —Pensé que podríamos asar kebabs15.

—Suena genial.

Nick se deshizo de su corbata y se arremangó en cuanto llegaron a su casa.


Colton se desnudó hasta la camiseta interior y se puso el cabestrillo Terminator
después de hacer sus apretones de músculos y extensiones de codos. No quería
decir nada y hacer que Nick se preocupara, pero le dolía el hombro. Había
tenido cuidado todo el día, pero estar en una oficina era más activo que estar
sentado en la cama, y toda esa actividad se había trasladado a todo su cuerpo y
a su hombro.

Quería ayudar, pero picar verduras y hacer brochetas era un trabajo a dos
manos. Nick le deslizó unq copa de vino y le dijo: —Tu trabajo es sentarte ahí y
hablar conmigo. Y disfrutar.

Intentó ocultar a Nick su primer sorbo tentativo, pero por supuesto, Nick
lo vio. Dejó de cortar, esperando la reacción de Colton.

—Tengo cerveza, si quieres eso en su lugar.

—No, no. —Hizo un gesto para que Nick se calmara. El vino era más
ligero de lo que esperaba, más brillante. Limpio y crujiente, como el néctar de la
madreselva en un día de verano. Sus únicas experiencias con el vino eran
sorbos robados de los vinos tintos espesos como el alquitrán de su madre y las

15
Un kebab es una amplia variedad de comidas en pinchos originarias del Medio Oriente.
neveras de vino Mad Dog que él y sus amigos habían bebido cuando se creían
el colmo de la genialidad en la escuela secundaria. Esto era muy diferente.
Mejor—. Me gusta. Nunca había tomado un vino tan elegante.

Nick arqueó una ceja. —¿Es tu primer vino de verdad? ¿Fuera de


cualquier cosa que puedas comprar en el estante inferior de una gasolinera con
una identificación falsa?

—Quiero decir, antes tomé a escondidas un poco de vino tinto de mi


madre. Era bastante asqueroso.

—El tinto es un gusto adquirido. —Nick terminó de picar las verduras y se


volvió hacia el pollo—. El vino blanco es más fácil para empezar, y va bien con
el verano. Pinot grigio —señaló la copa de Colton—, o sauvignon blanc. Puede
que me atreva y te deje probar un chardonnay.

—¿Has ido a catar vinos a Hill Country? Se supone que las bodegas son
increíbles. —Veía anuncios de ellas por todas partes, sobre todo cuando llegaba
el fin de semana de los padres y las bodegas y los bed and breakfast16
intentaban sacar a los padres del campus. Su madre lo hizo una vez: vino a
pasar el fin de semana y se alojó en una bodega a las afueras de la ciudad. Pasó
más tiempo allí que visitando el campus. O a él.

—Sabes, nunca pude ir allí. —Nick parecía nostálgico—. Fue algo que
Cynthia y yo dijimos que haríamos, pero nunca nos tomamos el fin de semana y
lo hicimos.

Tomó un trago de su vino. Tuvo que aclararse la garganta después.

—Cynthia. ¿Es esa... la madre de Justin?

Nick asintió. Había pasado a montar las brochetas, alineando rodajas de


pimiento, champiñón y cebolla entre los cubos de pollo. —Mi ex.

—Justin nunca habla de ella.

—No lo haría. Están distanciados.

El silencio se hizo denso y pesado. Colton se inquietó. Se había metido en


un campo de minas y no sabía cómo arreglarlo.

16
El bed and breakfast es un sistema de alojamiento en un hotel o casa de huéspedes, en el que se paga
la habitación por la noche y el desayuno a la mañana siguiente.
—Lo siento. No lo sabía.

—¿Justin nunca habló del divorcio? —Nick alineó media docena de


brochetas en una sartén de vidrio poco profunda. No miró a Colton mientras
jugueteaba con los pinchos.

—No. Sólo dijo que te mudabas aquí. Creo que fue Wes quien dijo que te
ibas a divorciar. —Frunció el ceño, tratando de recordar. No, Justin nunca había
dicho nada al respecto. Un día, Nick formó parte de sus vidas, y era algo que
Colton había tomado como un hecho, como que Wes era gay y que Justin se
mudaba con ellos. Justin y Nick eran un paquete, había pensado. Wes le dio una
pista de por qué era el padre de Justin y no la madre y el padre de Justin un
poco más tarde, pero aparte de eso...

—La dejé por él. —¿Era su imaginación, o Nick estaba apuñalando las
verduras y el pollo con un poco más de violencia?—. Por Justin. Se volvió
intolerante. No, eso no es exacto. Siempre lo fue, pero no me permití verlo. —
Suspiró—. Llegó a un punto crítico, y tuve que tomar una decisión. Ella o él.

Colton se quedó boquiabierto. Sus dedos se enroscaron en la encimera y


las uñas se clavaron en la palma de la mano. Eligió a su hijo.

Justin es tan jodidamente afortunado.

Nick sacudió la cabeza como si estuviera sacudiéndose el pasado. Se lavó


las manos y se sirvió una copa de vino, más grande que la que le había servido
a Colton.

—¿Preparado para salir y empezar la parrilla?

Colton lo siguió al balcón y, mientras Nick ponía las brochetas en la


parrilla, llevó platos, tenedores y el rollo de toallas de papel a la mesa del patio.
Nick le dio cuatro brochetas y se llevó dos para él. Antes de servir el de Colton,
deslizó el pollo y las verduras de la brocheta para que Colton pudiera comer
con una sola mano.

Tan jodidamente afortunado.

Como si fuera una señal, los teléfonos de ambos se llenaron de mensajes


de texto, fotos de Justin y Wes en el rancho. Justin a horcajadas sobre un
caballo, Wes en silueta al sol sobre su propio caballo. El ganado estaba
esparcido por un pastizal que se extendía de horizonte a horizonte, matorrales y
tierras bajas del oeste de Texas. El polvo se elevaba en nubes hinchadas detrás
del ganado y sus caballos, y la imagen parecía lo suficientemente caliente como
para que el cuello de Colton empezara a sudar. Había un primer plano de
Justin, que sonreía a la cámara con la suciedad untada en una mejilla, con el
pelo rubio revuelto sobre la mitad de la cara bajo el borde de su sombrero de
vaquero. Wes, de pie en el peldaño inferior de una valla, observando el rebaño.
Y luego una puesta de sol realmente impresionante, de oro bruñido y azul de
estrellas caídas en capas acuosas por encima de los matorrales mínimos de los
Trans-Pecos.

Nick sonreía ante su teléfono, colocando un corazón en cada foto. Colton


estaba lo suficientemente cerca de Nick como para ver cómo guardaba cada una
de ellas y luego tomaba el primer plano de la cara sucia de Justin y lo convertía
en el fondo de su teléfono, sustituyendo una foto de Wes y Justin de la gala de
los campeones en febrero. Colton guardó la puesta de sol.

Se ve increíble, hermano, envió un mensaje de texto. Precioso.

Estoy tan agotado, envió Justin un mensaje de texto. Apenas puedo


escribir.

Envió una línea de emojis de risa.

Ha sido un buen día, escribió Wes. Fueron dos palabras más de las que
Colton esperaba de él.

¡Parece que a los dos les va muy bien! Envió un mensaje Nick.

Hasta mi pelo está cansado. Justin, de nuevo. Colton envió más emojis de
risa. ¿Cómo te ha ido el día? ¿Ya te aburriste de la pasantía?

Para nada. Me encantó.

¡Colton lo hizo muy bien! Nick envió un mensaje de texto. Lo va a hacer


de maravilla.

—Gracias. —Le sonrió a Nick.

Nick ni siquiera levantó la vista. —Es verdad. Lo harás.

Su sonrisa se desvaneció.
Mejor tú que yo, Colton. Esta vez, Justin envió el emoji de la risa. Me
quedo con el hospital, gracias. Di no a las hojas de cálculo.

¿Y el rancho? De Wes.

Oh, Dios, ¿van a tener una conversación delante de nosotros mientras


están en el mismo lugar? Gimió mientras Nick se reía.

Me quedo con el rancho -le respondió Justin a su mensaje de texto-,


siempre y cuando venga contigo. Emoji de corazón.

Wes envió un solo corazón. Colton envió un emoji de vómito. Justin envió
un emoji de mirada.

Me alegro de que lo estén pasando bien. Nick, siendo el adulto, siendo el


pacificador. Estuve pensando en ustedes todo el día. Gracias por las fotos.

Justin puso un corazón al mensaje de Nick y luego envió Necesito mi


sueño reparador. Hablamos mañana. Envió un emoji de un beso soplado.

Colton hizo un pulgar hacia arriba, Wes no dijo nada, y Nick envió de
vuelta Buenas noches. Dulces sueños.

—¿Otra copa de vino? —preguntó Nick, poniendo su teléfono boca abajo


en la mesa.

—Claro.

Nick recogió sus platos y llevó todo al interior, luego volvió a salir con la
botella de vino medio vacía. Sirvió más para los dos y se sentó de nuevo. El sol
se había puesto mientras comían, no tan espectacular como la puesta de sol de
Wes y Justin, pero lo suficiente como para que el cielo se volviera bígaro y
rosado y para que brillara una capa de estrellas en lo alto.

—Cuando compré este lugar, no sabía si era realmente mi estilo —dijo


Nick con un suspiro, recostándose en la silla del patio—. Pero podría
acostumbrarme a esto.

Colton bebió un sorbo de vino e inclinó la cabeza hacia atrás. Yo también.


Cada día parecía ir más rápido, y su mente se llenaba de cuentas y
nombres de clientes y de la cartera de ventas de Nick. También seguía
estudiando la tecnología, y por las tardes acribillaba a Nick con una pregunta
tras otra sobre cómo funcionaba todo.

La cena de la primera noche juntos se convirtió en una cena la segunda


noche... y la tercera... y ya no paró.

El cuarto día, Colton se tragó el corazón y metió en su bolsa de lona su


PlayStation y media docena de juegos, junto con su mando de una mano y el
mando que Nick había estado usando cada vez que venía a la casa de los
deportistas. No dijo nada en la oficina ni mientras caminaban hacia el
condominio de Nick, y mantuvo la boca cerrada mientras bebía a sorbos el
sauvignon blanc que Nick había servido mientras éste cocinaba camarones en
brochetas en la parrilla. Después, sin embargo, por fin, tímidamente, abrió la
mochila y le mostró a Nick lo que había traído.

Nick se rió, con la cabeza inclinada hacia atrás y la nuez de Adán


balanceándose. Colton contuvo la respiración y se mordió el interior del labio.
Nick es un hombre adulto. No quiere sentarse a jugar a los videojuegos toda la noche.
Quiere beber vino y sentarse en su balcón, idiota.

Sin embargo, había sido tan feliz jugando con Nick. Los videojuegos eran
una forma sencilla y fácil de compartir tiempo y espacio con alguien. Se había
acostumbrado a todos los movimientos de Nick, sus tics y retorcimientos y la
forma en que fruncía el ceño cuando intentaba concentrarse. Cómo deslizaba a
Colton una pequeña sonrisa de triunfo cuando vencía a uno de los malos.

—¿Qué juegos has traído? —preguntó finalmente Nick, girando en el sofá


hasta quedar frente a Colton con una rodilla cruzada sobre la otra. Apoyó la
cabeza en una mano, con el codo colgado en el respaldo del sofá. En la otra
mano, hizo girar su copa de vino sobre el cojín de cuero que había entre ellos.

—Halo, obviamente. —Colton sacó las cajas de los juegos una por una—.
Madden, Destiny. Quiero volver a jugar a Red Dead, y culpo a los vaqueros por
ello. —Sonrió. Justin y Wes se habían convertido en "los vaqueros". Todos los
días enviaban fotos desde el rancho y todos los días parecían dos vaqueros
sacados de una dura película del oeste. A pesar de los temores de Colton por
Justin, éste parecía prosperar en el amargo paisaje del oeste de Texas. Sus
sonrisas eran siempre enormes y la luz de sus ojos siempre brillante, sin
importar el polvo o el calor o la suciedad de la que estuviera cubierto. Era
evidente que era delirantemente feliz.

Tener al amor de su vida a su lado todos los días probablemente hacía que
la vida fuera bastante perfecta, sin importar dónde estuviera.

—Déjame ver ese. —Nick le tendió la mano y Colton le pasó el Red Dead
Redemption II. Era un juego de historia ambientado en el Viejo Oeste
americano, en el que el jugador se hacía cargo de la historia de la vida de un
vaquero forajido. Había que cabalgar, enlazar, pescar, cazar y completar
misiones tanto de vaquero como de forajido. El mundo ficticio estaba salpicado
de pueblos del Viejo Oeste sacados de Texas, y era todo lo que un chico tejano
amante del aire acondicionado podía soñar.

—He oído hablar mucho de éste. —Los ojos de Nick recorrieron la caja,
leyendo la propaganda del juego y las reseñas en el reverso—. ¿Es de dos o de
un jugador?

—De uno.

—No es algo que podamos jugar juntos, entonces. —Nick trató de


devolvérselo.

—Lo he jugado antes. Es genial. Si quieres empezar tu propio juego, no me


importa mirar. Me encanta este juego. Te vería... vería jugar a cualquiera.

Nick lo consideró, frunciendo los labios mientras golpeaba la caja del


juego contra el cojín del sofá. —¿Seguro? Me parece grosero apoderarme de tu
PlayStation cuando la has traído hasta aquí.

—Estoy seguro. Ha sido un día bastante largo, así que podría hacer mis
estiramientos y mirarte un rato.

Jugaron hasta poco después de la medianoche, hasta las primeras misiones


de entrenamiento y el comienzo de la historia, hasta que Nick comprobó la hora
en su teléfono y maldijo. Acompañó a Colton a su camioneta, no sin antes
preguntarle si quería llevarse su PlayStation.

—No, puede quedarse. Te estás divirtiendo con el juego, ¿verdad?

—Sí. Pero no jugaré sin ti.


Algo cálido latía dentro de Colton mientras conducía a casa. Algo que se
sentía como un vértigo, como si hubiera rodado bajo el sol, el cielo azul y un
estallido de bluebonnets de Texas17. Sus dedos tamborileaban en el volante al
ritmo de la radio y, cuando se detuvo en la acera de la casa, el mundo no
parecía tan vacío y desolado.

Se acostó, durmió y se levantó temprano para ducharse, afeitarse y


prepararse para el trabajo. Sus pasos eran ligeros y cantaba para sí mismo
mientras se movía. Incluso el hombro le dolía un poco menos.

El viernes, Nick preguntó: —¿Red Dead y pizza esta noche?

Esas fueron las mejores palabras que Colton pudo escuchar, aparte de "Tu
brazo se ha curado mágicamente" y "Vuelve al campo ahora mismo". Esa noche
compró la pizza y se acomodaron en el sofá con botellas de cerveza y el mando
de Nick. Cuando sus vaqueros enviaban mensajes de texto, hacían una pausa en
el juego para charlar sobre la vida en el rancho, analizar las fotos que enviaban
y escuchar sus planes para mover el ganado por los pastizales del padre de
Wes.

Luego volvieron a su vaquero digital, y Nick jugó hasta que los ojos de
Colton se volvieron pesados y se recostó sobre una almohada que descansaba
contra el muslo de Nick. Se durmió con el sonido de los cascos de los caballos
sobre los altavoces del televisor de Nick y el ritmo constante de la respiración
de éste, mezclado con el chirrido de plástico sobre plástico al pulsar los botones
y girar el joystick.

Se despertó solo en el sofá de Nick, cubierto con una manta. El café estaba
preparado y los pájaros cantaban fuera de las puertas abiertas del patio. Nick,
vestido con pantalones de pijama y camiseta, lo saludó desde el balcón con una
taza de café en la mano. Llevaba el pelo oscuro despeinado, con partes que
sobresalían, y tenía una barba incipiente a lo largo de la mandíbula,
mayoritariamente oscura pero con algunas motas plateadas salpicadas. Tenía
un aspecto suave, cálido y confortable. Como la palabra hogar convertida en
persona.

Colton apartó la mirada y se dirigió al baño de Justin. Había dormido con


sus pantalones de trabajo y estaba incómodo. Estaban tan arrugados como si los
hubiera arrugado y utilizado como pelota en un partido de baloncesto. Se había
dormido con su cabestrillo Terminator, así que el hombro no le dolía

17
Bluebonnets de Texas es la flor estatal de Texas.
demasiado. Sin embargo, sabía como si algo hubiera muerto en su boca, ya que
no se había cepillado los dientes la noche anterior, y las gárgaras no podían
hacer mucho para solucionarlo.

Cuando salió, Nick estaba cocinando el desayuno, y había preparado un


par de pantalones cortos con cordón, bóxers y una camiseta para él.

—Cámbiate, si quieres. El desayuno debería estar listo pronto. —La


camiseta de Nick -la más grande que poseía, dijo- era un poco ajustada, pero
Colton se sentía infinitamente más cómodo vestido con ropa interior. Comieron
en el balcón hasta que el sol naciente los obligó a entrar, y entonces Nick dijo
que estaba atascado en algo de Red Dead y quería la ayuda de Colton.

Los sábados, dijo Nick, solía ir al lago Lady Bird. La mayoría de las veces
iba a correr, pero si Colton quería acompañarlo, podían pasear y tomar aire
fresco.

Colton aceptó la idea. Afuera. El sol. Dios, lo echaba tanto de menos.

Pasaron por el capitolio hasta el puente de la Avenida del Congreso, y


luego recorrieron el sendero que rodeaba el lago Lady Bird. Los ciclistas, los
corredores y los paseadores de perros pasaban a toda velocidad. Los niños
corrían con cometas y varitas de burbujas mientras las madres y los padres
hacían un picnic en el césped. Los practicantes de paddleboard y kayak flotaban
por el lago.

—¿Has hecho alguna vez paddleboarding? —preguntó Colton.

—Una vez, en México. Estábamos de vacaciones con la familia. Justin era


un niño. Yo estaba un poco achispado en ese momento —admitió Nick—. No
tenía el mejor equilibrio. ¿Y tú?

—Sí, yo solía hacerlo mucho. Me encanta el paddleboarding. Deberíamos


hacerlo cuando me recupere.

—Claro. —Nick se rió—. Siempre y cuando no te avergüences cuando me


caiga todo el tiempo.

—No te caerás. Eres súper estable. —Le guiñó un ojo—. Siempre y cuando
estés sobrio. —Caminar se sentía increíble. Salir al exterior, bajo el sol, y sentir
el sudor en su piel de nuevo. Oliendo la hierba cortada y el aire limpio—. Esta
fue una buena idea.
—En días como este, desearía volver a tener una piscina.

—¿Tu condominio no tenía una?

—La tiene. No es lo mismo que tener una propia. Pero tengo acceso a la
piscina del edificio.

—Siempre está Barton Springs18.

—Cuando te hayas curado. Después de hacer paddleboarding.

Nick sonrió, y fue como una flecha que atravesó a Colton. Esa atención sin
esfuerzo, esa mirada amable. Era tan fácil para Nick ser impresionante, como si
fuera amable, considerado y cuidadoso tan a menudo que nunca tenía que
pensar en ello. Lo correcto, lo perfecto, simplemente venía a él. Su afecto era
como una estrella, y Colton estaba atrapado en su gravedad. Peligro. Él no es tu
padre. No tienes un papá.

Compraron paletas en el camino de vuelta al puente y comieron a la


sombra, y luego Nick dijo: —Sabes, si quieres, puedes quedarte en la habitación
de Justin y Wes. Obviamente no la van a usar este verano, y eres más que
bienvenido a quedarte cuando quieras.

Habló como si no acabara de lanzar una bomba atómica en el centro del


alma de Colton.

El corazón de Colton era un tambor. Sus entrañas se retorcían y se hacían


nudos. No debería decir que sí. Debía distanciarse, alejarse, valerse por sí
mismo. Usar este tiempo de soledad para crecer.

¿Crecer en qué? ¿En un doloroso y solitario joven de veintidós años?

¿Por qué no podía pasar tiempo con Nick? ¿Aprender sobre vinos blancos
y qué combina mejor con qué comida, cómo escoger mejor las fresas frescas de
entre todas las que había en la tienda? Nick estaba depositando pequeñas
pepitas de sabiduría en su vida a diestro y siniestro, desde cómo tratar a la
gente con la que trabajaba -quizá el ejemplo de bramido del entrenador no era
exactamente el mejor- hasta cuánto tiempo hay que dorar un filete en la parrilla
antes de dejarlo reposar para que se termine de cocinar.

18
El Barton Springs es una piscina recreativa al aire libre que se llena completamente con agua de
manantiales naturales cercanos. Se encuentra en los terrenos del Parque Zilker en Austin, Texas.
Y cómo ser un hombre bueno, realmente bueno.

Cómo ser un hombre que amaba a su hijo con cada aliento que tomaba.

Cómo ser un hombre que se tomaba tiempo para cuidar a uno de los
amigos de su hijo, alguien que no había sabido lo mucho que era un
rompecabezas lleno de agujeros hasta que Nick llegó para rastrear todas las
piezas que le faltaban.

—¿Estás seguro? —Su voz era tranquila, y hacía girar su paleta mientras
trataba de atrapar el jarabe derretido—. Tienes algo de Fortaleza de la Soledad19
ahí arriba. ¿No te gusta la paz y la tranquilidad?

—Está bien tener tranquilidad de vez en cuando, pero también estuve


casado durante mucho tiempo. Sé lo vacía que puede sentirse una casa después
de unos días, sobre todo cuando estás acostumbrado a otra cosa.

Colton se volvió y miró el agua ondulante, los reflejos blancos del sol
bailando sobre la superficie. Dentro de él, un niño pequeño saltaba arriba y
abajo, gritando, corriendo salvajemente. Quiero, quiero, quiero tanto.

Pero no era un niño, y Nick no era su padre, y esto tenía un final. Siempre
tenía un final.

¿Nick lo estaba usando como un hijo sustituto? Con Justin fuera,


¿necesitaba una salida para su afecto ilimitado? No, eso no era justo. Nick había
estado ahí para Colton antes de que Justin y Wes se fueran de la ciudad, incluso
antes de saber que Justin se iba a ir. No podía estar preparando una especie de
juego largo, hijo e hijo fingido dispuestos en una fila, Colton al bate hasta que
Justin regresara.

Pero... ¿Hasta dónde llegaba esto antes de chocar con la pared? ¿Quería
quedarse con los restos cuando lo que sea que fuera esto terminara?

Durante quince años, en cada partido, había buscado a su padre en las


gradas. Y la decepción se endurecía dentro de él cada vez, hasta que el agujero
que había sacado de sí mismo para enterrar los fragmentos de su esperanza se
había convertido en un cañón que lo atravesaba.

19
La Fortaleza de la Soledad es una fortaleza ficticia que aparece en los cómics estadounidenses
publicados por DC Comics, comúnmente en asociación con Superman. Un lugar de consuelo y un cuartel
general ocasional para Superman, la fortaleza se representa típicamente como una tundra helada, lejos
de la civilización.
¿Era Nick un puente para cruzar ese cañón? Estaba llenando todas las
grietas y hendiduras donde la esperanza de Colton se había marchitado y
muerto. ¿O era un terremoto que lo desharía de adentro hacia afuera?

¿Podría soportar que Nick desapareciera? ¿Si no estuviera en las gradas o


en la vida de Colton?

¿Y si Nick era sólo otra cara perdida que buscaba partido tras partido? Si
alguna vez volvía a jugar.

Pateó una piedra en el lago. Di que no. Ve a casa y mira las paredes. Endurece
la mierda. Como Wes. Él es más duro de lo que tú nunca serás.

Cierto, pero Wes era un hombre diferente ahora que Justin estaba en su
vida. Podía ser un animal en el campo y luego acunar la cara de Justin entre sus
manos y dejar el más suave beso en cada uno de los párpados de Justin,
susurrándole un francés vibrante mientras Justin sonreía. No quiero separarme de
ti. ¿No era eso lo que había dicho?

¿Qué era mejor? ¿Sufrir en silencio y endurecer tu corazón contra el


mundo? ¿O poseer lo que querías, lo que necesitabas? ¿Cómo sería Wes si se
hubiera alejado de Justin y se hubiera dicho a sí mismo: "No, él no, no el tipo
que es mi alma gemela?" ¿En qué clase de hombre se habría convertido?

Di que sí. No lo dejes ir. No te alejes.

Dio un paso tentativo en la cuerda floja que se extendía entre su esperanza


y su miedo.

—¿Estás seguro de que te parece bien? —volvió a preguntar—. Porque no


quiero decir que no, y si esta es una de esas pruebas de la vida en las que se
supone que debo decir que no porque es lo más educado, creo que voy a
fracasar.

El sol se reflejaba en el pelo de Nick, y sus gafas de sol brillaban. Llevaba


unos pantalones cortos y una camiseta, y aunque no era tan musculoso como
Colton y Wes, era sólido a su manera. Una fuerza magra, como la que tenía
Justin. Sería un buen pateador.

—Pasas suficiente tiempo en mi casa que tiene sentido que te quedes.


Además, tu PlayStation ya está ahí. Pasemos por tu casa, recojamos algo de
ropa y tu cepillo de dientes y cualquier otra cosa que quieras.
Las tripas le daban vueltas en espirales interminables.

—De acuerdo —dijo Colton. Sonrió y no pudo parar—. Gracias. Eso es...
Es... —No tenía ni idea de qué decir para intentar explicar la gran bola de
sentimientos que se agolpaba en su interior.

—Será genial —terminó Nick por él—. Me alegro de que hayas dicho que
sí. Yo también me siento solo.

En la casa de los deportistas, Nick bajó la ropa de trabajo de Colton y la


puso en el asiento trasero mientras Colton agarraba sus artículos de aseo.
Cepillo de dientes, pasta de dientes, afeitadora, crema de afeitar, desodorante.
Oh, sí, peine. Pomada. Enjuague bucal, también. Metió la esponja vegetal y el
jabón para el cuerpo en su bolsa, por si Justin percibía algún tipo de olor
extraño en su baño y en el de Wes. Tomó sus analgésicos y antibióticos y agarró
un libro que llevaba meses intentando leer, unos cuantos cables de carga extra y
su gorra de béisbol. Y su balón de fútbol. No lo había agarrado desde que
volvió a casa del hospital. Tal vez él y Nick podrían volver al lago Lady Bird y
al parque Zilker y lanzarlo algún día.

Echó un último vistazo a su dormitorio -parecía que lo había atravesado


un huracán- y luego bajó las escaleras hasta donde estaba Nick en el vestíbulo.
Nick señaló la pared con la cabeza.

—Es difícil de creer que ahí es donde nos conocimos, ¿eh?

—Dios, fuiste un idiota esa mañana. Pero fue por una buena causa, así
que. —Se encogió de hombros. Sonrió.

Nick extendió la mano para agarrar la mochila de Colton y el balón de


fútbol que llevaba bajo el brazo. —¿Tienes todo?

—Sí. Todo lo esencial. Revistas porno, carne deshidratada, Tic Tacs...

Nick se congeló.

Colton se rió mientras pasaba junto a Nick y mantenía abierta la puerta


principal. —¡Amigo, deberías ver tu cara! Oh, Dios mío, debería haber estado
filmando. Jesús, no, no he traído nada de eso. —Metió la llave en la cerradura
mientras Nick bajaba trotando los escalones de la entrada—. ¿Qué tan
asqueroso sería el porno y la carne deshidratada juntos? —Se aferró al pomo de
la puerta. Cuando había imaginado un año más, nunca habría pensado que eso
significaría pasar un verano viviendo con Nick.

Giró la llave. Probó la cerradura.

Nick ya estaba en el asiento del conductor de su Porsche, con la mochila


de Colton metida en el maletero. Tenía el balón de fútbol en sus manos, y
cuando Colton se deslizó en el asiento del pasajero, Nick se lo pasó.

—Me alegro de que hayas traído esto.

Intentó lanzarse el balón a sí mismo con la mano izquierda. Se tambaleó, y


el balón rebotó en su rodilla, le golpeó la barbilla y golpeó el tablero.

—Eso es fútbol de primera división.

Nick se rió, puso el coche en marcha y se alejó de la acera.

A las dos semanas de la pasantía, Nick apareció en el escritorio de Colton.


Apoyó el culo en el borde del escritorio y se cruzó de brazos.

Colton estaba preparando una presentación de diapositivas para uno de


los ejecutivos de cuentas, un resumen de la actividad trimestral de un cliente y
los aspectos en los que podría crecer con Nick y su equipo. Se quitó los
auriculares y sonrió. —Hola.

—¿Qué te parecería viajar? —preguntó Nick—. ¿Quieres ir a Houston


conmigo?

—¡Claro! —Era ir con Nick o pasar el rato en su condominio vacío-o, peor,


volver a la casa vacía de los deportistas. Era una obviedad. Y además, le
encantaría salir de la ciudad—. ¿Vamos a ver a tu gran cliente?

Nick asintió. —Quiero sentarme con Riley Kimbrough y repasar nuestro


próximo nivel de expansión. Kimbrough es el director general de la mayor y
más activa operación de perforación en Texas. Tiene equipos de perforación por
todo el estado y hasta Oklahoma e incluso Luisiana. Quiere su propia red móvil
para sus plataformas. Quiere mantener un contacto más estrecho con todos sus
emplazamientos, incluso los más remotos, y dice que esto contribuirá en gran
medida a mejorar la seguridad. Hemos desplegado la red por fases: La sede
central de Houston, luego los emplazamientos del área de Houston. Ahora
estamos a punto de poner en marcha el primero de los diez equipos de
perforación de la cuenca del Pérmico este mes. Hay muchas partes en
movimiento. Sé que va a haber contratiempos. Hemos planeado todo lo que
podemos imaginar, pero quiero estar al tanto de todo y estar lo más cerca
posible de Kimbrough.

—¿Cómo puedo ayudar?

Nick le encomendó unas cuantas tareas: conseguir el paquete de


diapositivas sobre su línea de tiempo y las fases de las operaciones del ejecutivo
de cuentas que lo estaba elaborando y revisarlo, sacar todos los datos sobre las
instalaciones de las torres de telefonía móvil que habían gestionado en los
lugares de perforación de la fase tres, y tomar unos cuantos teléfonos de prueba
y empaquetarlos junto con su portátil. Después de eso, Colton tenía que revisar
al cliente tan a fondo como pudiera. Hablarían más sobre Riley Kimbrough
durante el viaje.

—Lo haré. ¿Cuándo quieres salir?

—Mañana por la mañana. Yo conduzco hasta allá. —Nick sonrió—. Más


barato que volar, y mucho más divertido. Es un buen paseo en el Porsche.

—Seguro que sí.

—Tu madre vive en la zona de Houston, ¿no? ¿Quieres pasar a verla?

Dedos fríos envolvieron el estómago de Colton y apretaron. Él forzó la


sonrisa para permanecer en su cara.

—No, ella está súper ocupada. No tendría tiempo. Además, dependiendo


de a dónde vayamos, podría estar realmente fuera del camino.

—La familia nunca está fuera del camino.

—No es divertido llegar a Sugar Land desde cualquier parte de Houston.


En serio, necesita como tres semanas de aviso antes de que haga cualquier tipo
de plan para verla.

—¿Se enfadará si se entera de que estuviste ahí y no la saludaste al menos?


—No. Como, de ninguna manera. Para nada.

¿Fue un destello de dolor el que cruzó la cara de Nick? Su ceño estaba


fruncido con toda su fuerza, una línea vertical arrugando su frente.

—Bueno —dijo, apartándose del escritorio de Colton—. Le diré a Lizbeth


que haga los arreglos del hotel. ¿Está limpio tu traje?

Una de las tareas que Colton había asumido cuando se convirtió en


compañero de habitación de Nick era su limpieza en seco. Llevaba la ropa de
Nick y la suya de trabajo a la tintorería anexa al condominio y luego la recogía
toda al día siguiente. Nick finalmente había dejado de molestarlo por el costo.

—Sí, los dos lo están. No estoy seguro de cuál debería ponerme.

Las cejas de Nick se levantaron. —¿Quieres que te ayude a elegir?

—He decidido que eres decente en la moda empresarial. —Colton giró a


izquierda y derecha en su silla mientras hacía rebotar un bolígrafo en el borde
del escritorio. Podía sentir la sonrisa comemierda que se extendía por sus
mejillas.

Nick soltó una carcajada. Golpeó la rodilla de Colton al pasar. —Tienes


que estudiar un poco. Llama a mi puerta si tienes alguna pregunta esta tarde.

Esa noche comieron patatas asadas a la barbacoa y ensalada de col casera


en el patio, con los teléfonos sobre la mesa para cuando Justin y Wes enviaran
mensajes de texto. En el rancho no había señal de móvil, salvo en algunos
lugares concretos, así que no podían enviar mensajes de texto hasta la noche, la
mayoría de las veces. De vez en cuando, él y Nick recibían algunos mensajes de
texto por la mañana, pero Justin y Wes parecían ir a la carrera todos los días,
demasiado ocupados para detenerse a hacer cosas como enviar mensajes de
texto a casa.

Colton estaba seguro de que Nick tenía una charla privada con Justin, tal
vez incluso una con Justin y Wes que sólo lo excluía a él. No se atrevía a pensar
que estaba al tanto de toda la vida de Nick o de lo que decía o hacía con Justin.
Pero...
Pero Nick no había dicho nada de que Colton se mudara con él en su chat
grupal. Y ese era el tipo de cosas por las que Justin se burlaría absolutamente de
él. Esperaba bromas sobre compañeros de piso y chicos heterosexuales que se
quedaban despiertos hasta tarde y jugaban juntos a los videojuegos, y sobre
cómo Colton estaría estropeando el ambiente de la habitación de Justin con sus
costumbres cavernícolas. Esperaba todo eso y más, y estaba preparado con sus
propias bromas. Se había hecho fotos con su balón de fútbol en el centro de una
pila de zapatos de baile de Justin, y había dejado a propósito sus bigotes en el
fregadero para conseguir una foto de lo que parecía una masacre de Bigfoot20.
Había estado listo, tan pronto como alguien dijera algo primero.

Pero aparentemente, Justin no sabía que Colton estaba viviendo en su


habitación.

Justin tampoco sabía que, esencialmente, cada vez que él y Wes se


enviaban mensajes de texto, Colton y Nick estaban sentados prácticamente uno
al lado del otro.

¿Era eso un problema?

¿Justin tenía que saberlo? ¿No se daba por hecho que él y Nick saldrían
juntos, por todas las bromas que Wes y Justin habían hecho antes de irse? Lo
habían dicho media docena de veces: Wes y Justin, en el rancho. Nick y Colton,
trabajando en la oficina. Juntos.

¿Pero así de juntos?

No esperaba pasar tanto tiempo con Nick cuando bromeaban con todo,
pero no se quejaba. En todo caso, ofrecerse a ir con Nick en un viaje de negocios
estaba aumentando su tiempo a solas.

Justin era su amigo, pero Justin era el hijo de Nick, y Colton estaba
siguiendo el liderazgo de Nick en lo que se decía. Si Nick no le había dicho a
Justin sobre la mudanza de Colton, bueno, tal vez no era tan importante
compartirlo. Nick conocía a Justin mejor que Colton. Tenía que tener sus
razones. Sean cuales sean esas razones, Colton no presionó.

20
Pie Grande es una criatura grande, peluda, parecida a un simio que se asemeja a un yeti,
supuestamente encontrada en el noroeste de América.
Sus teléfonos sonaron al mismo tiempo, se sentaron y pasaron por sus
pantallas. Nick abrió el suyo primero. Colton lo escuchó jadear, lo escuchó
respirar. —Oh, Dios mío —antes de encender su pantalla.

Justin y Wes habían enviado tres fotos, cada una de ellas una imagen de
ellos besándose. La primera a caballo, apoyados el uno en el otro. Tomada por
otra persona. Graham, tal vez. Estaban sentados en una valla, con las cabezas
giradas, besándose castamente con sus caballos detrás. Y la tercera, ellos de
cerca, la cámara centrada en sus rostros mientras sus labios se entrelazaban y
sus sombreros se inclinaban hacia atrás, el sol brillando sobre ellos. Estaban tan
sonrientes que sus ojos se arrugaban y los hoyuelos de Wes se veían con toda su
fuerza, incluso mientras se besaban.

El pie de foto era sencillo. El primer año de nuestra vida juntos. Había una
simple marca de verificación después.

—Es su aniversario —soltó. Tontamente, se dio cuenta. Por supuesto que


eso era lo que significaba el primer año juntos—. Deben de haberse enrollado
hoy el año pasado. En París.

—Sabía que había ocurrido allí. Nunca supe cuándo —dijo Nick en voz
baja. Estaba guardando cada foto, poniendo un corazón en el hilo de texto.
Tragó, golpeando su pulgar contra el lado de su teléfono. Finalmente, envió un
mensaje de Feliz Aniversario junto con tres corazones. Estoy muy orgulloso de
los dos. Parecía estar a punto de llorar.

Felicidades, escribió Colton. Hacen que parezca fácil. Se le cortó la


respiración después de enviar el mensaje.

Maldita sea, lo hacían. Incluso con toda la mierda a la que se habían


enfrentado, incluso con lo que a veces parecía el mundo entero en contra de
ellos, Wes y Justin hacían que enamorarse pareciera fácil. Los había visto
construir una nueva vida juntos este último año, los había visto tomar a Wes y a
Justin como individuos y unirlos para hacer a Wes-y-Justin. Lo hicieron con
sonrisas, con risas, con las manos entrelazadas y un montón de francés, besos y
momentos de tranquilidad en el patio trasero o en el sofá o durante las pausas
para beber en los entrenamientos. Estaban tan obviamente, tan completamente,
tan totalmente enamorados el uno del otro. Y felices. Radiantemente,
abrumadoramente felices.

—¿Alguna vez has sido tan feliz? —le susurró a Nick.


Había algo en el aire, un peso que flotaba entre ellos. La garganta apretada
de Nick, la forma en que su pierna rebotaba a una milla por minuto. El corazón
de Colton martilleando, sus pulmones que no funcionaban bien. Justin y Wes y
su amor los habían aturdido a ambos, no sólo en el silencio, sino en la
pequeñez.

¿Quiénes eran ellos al lado del sol y la luna del amor de Justin y Wes?

—No lo creo —se atragantó Nick. Miraba fijamente el primer plano de


Justin y Wes. No dejaba de dar golpecitos para que su pantalla se mantuviera
encendida. Su pulgar acariciaba la cara sonriente de Justin.

No tuvieron noticias de los vaqueros, pero eso no era de extrañar. Colton


vivía con ellos. Había oído el ruido de la cama de Wes en el suelo casi todas las
noches. Wes había mejorado a la hora de amortiguar sus ruidos sexuales, pero
hasta que no se le ocurriera algo para el somier, todo el mundo en la casa sabía
cuando esos dos estaban haciéndolo. ¿Su aniversario? Apostó que los caballos y
el ganado estarían asustados toda la noche en el corazón del oeste de Texas.

Nick estaba callado después de la cena. Se sirvió otra copa de vino,


aunque normalmente dejaba de hacerlo después de una y media. Observó las
estrellas mientras Colton llevaba los platos y los cubiertos a la cocina, los
enjuagaba y cargaba el lavavajillas. No quería interrumpir la soledad de Nick
después de eso, pero necesitaba su ayuda. Se puso a trabajar en la cocina hasta
que Nick entró.

—¿Listo? —preguntó Nick.

No lo había olvidado. Colton sonrió. —Cuando quieras.

Llevaba cuatro semanas de recuperación y eso significaba una nueva fase


de fisioterapia. No era mucho, y seguía limitado a llevar un cabestrillo durante
el día y su cabestrillo Terminator para dormir, pero ahora, dos veces al día,
debía levantar el brazo lesionado y volver a bajarlo. Pero no por sí mismo. Tenía
que levantar el brazo con la otra mano o, preferiblemente, con la ayuda de otra
persona.

Era un placer para el vientre mirar a Nick y poner su palma de la mano


encima de la de Nick, dejar que su hombro se aflojara, y luego dejar que Nick
levantara y bajara su brazo derecho. Era una intimidad que nunca había
conocido, ni siquiera mientras ayudaba a Wes a recuperar sus fuerzas en el
hospital. Él y Nick se miraban a los ojos y contaban en voz alta. Manos juntas.
La piel tocándose. Tenía que subir durante cinco segundos, luego bajar durante
cinco. Repetir diez veces. Cien segundos de estar cara a cara.

Después de diez subidas y bajadas, su hombro ardía. La primera vez que


habían hecho esto, había estado malhumorado, convencido de que nunca
volvería a lanzar un balón. Nick se había quedado a su lado toda la noche,
negándose a dejarlo enfadado. Y, cada día, los ascensores dolían un poco
menos. Estaba, marginalmente, mejorando.

Normalmente mantenía la mirada de Nick durante las elevaciones, pero


esa noche sus ojos no dejaban de rebotar hacia sus manos unidas, la encimera,
su propio bíceps agitado. Al pulso de Nick, firme al lado de su cuello, o al
teléfono de Nick.

El primer año de nuestra vida juntos. Comprobado.

¿Cuánto había cambiado Wes en un año? Tanto que, en algunos aspectos,


Colton apenas lo reconocía. Había superado a Colton, lo había superado en la
vida. Era un hombre en todos los sentidos. Amaba a alguien, en cuerpo y alma,
y alguien lo amaba a él, y se dedicaban el uno al otro.

¿Podría Colton cambiar tanto en un año?

¿Encontraría alguna vez una chica a la que amar como Wes amaba a
Justin? ¿Encontraría alguna vez una chica que lo amara tanto? ¿Podría alguna
vez sonreír tan enormemente, tan ampliamente que pareciera que su corazón se
convertía en una supernova?

—Gracias —murmuró cuando terminaron. Debió haber apretado los


puños, porque su brazo temblaba mientras trataba de ponerse su cabestrillo de
Terminator. Hizo un gesto de dolor, maldijo, y entonces Nick estaba allí,
ayudándolo a sujetar todo.

—¿Mejor? —preguntó Nick en voz baja.

Asintió con la cabeza. —Creo que me voy a acostar temprano. ¿A qué hora
quieres estar en la carretera mañana?

—No más tarde de las ocho. Podemos registrarnos en el hotel al mediodía.


¿Qué traje has elegido?

—Tenías que elegir por mí —dijo, con una pequeña sonrisa en los labios—.
¿Negro o azul?
—¿De qué tipo de azul estamos hablando? ¿Marino o pastel de Pascua?

—Azul bandana. —Probablemente había un nombre elegante para ese


tono, algo entre cielo profundo y océano abierto y ojos brillantes, pero él no
sabía cosas así. Justin lo hacía, no él.

—Eres lo suficientemente joven como para llevar ese color. Ve con ese.
Trae eso. Jeans o shorts para el viaje. Nos cambiaremos cuando lleguemos.

—De acuerdo. Buenas noches. Gracias de nuevo, por todo.

—Siempre feliz de ayudar.

—Y... felicidades. Por el primer aniversario de Justin.

—No es mi aniversario...

—No, lo sé, pero... —Buscó a tientas las palabras adecuadas. Apretó los
labios y frunció el ceño—. Justin no sería tan feliz como lo es hoy si no fuera por
todo lo que has hecho por él. Hoy también es gracias a ti. Por eso.

Nick apartó la mirada. Parpadeó rápidamente. Su sonrisa era frágil, y sus


dedos se enroscaron alrededor de su móvil.

—Gracias —susurró—. Todo lo que quiero es que sea feliz.

Colton se encogió de hombros. —Bueno. Tuviste éxito. Él lo es.

Nick le dirigió esa sonrisa. Sus ojos estaban húmedos, los prismas
alineando sus pestañas en el resplandor de las luces de la cocina.

—Buenas noches, Colton.

—Buenas noches, Nick.


—¡El hombre con el plan! —Riley Kimbrough no habló. Gritó con su
profundo acento tejano que llenaba toda su oficina en el ático. A diferencia de
Nick, Kimbrough no compartía el último piso de su rascacielos con nadie. Él era
el último piso.

Llevaba unos Wranglers, una camisa vaquera con botones de perlas, una
corbata de bolo con una calavera en miniatura y el sombrero de vaquero más
grande que Colton había visto nunca. Casi le llegaba de hombro a hombro.
Kimbrough también era un hombre grande. Colton tenía que mirar hacia arriba,
y podía contar con una mano el número de hombres a los que había tenido que
mirar hacia arriba desde que se había disparado hacia el cielo durante la
pubertad. Riley Kimbrough era más alto, más ancho y más pesado que él, con
una barriga que decía que le gustaba la buena comida y el mejor alcohol.

Kimbrough agarró la mano de Nick y la apretó. Su agarre envolvió a Nick


y lo acercó, puso una mano en la espalda de Nick y le agarró el hombro. Se
suponía que era afectuoso, pero Colton trató de no hacer una mueca de dolor.

—Riley, me alegro de verte. —Nick sostuvo el apretón de manos tanto


tiempo como lo hizo Kimbrough—. Déjame presentarte al señor Colton Hall. Es
mi pasante este verano.

El enorme cuerpo de Kimbrough se desplazó para mirar a Colton. Su


mirada era como la de un león, estudiando a Colton hasta los huesos,
catalogándolo.

—Oh, lo sé todo sobre Colton Hall. —Extendió la mano izquierda para


que Colton la estrechara, igual que había hecho Jim, el jefe de Nick. Tampoco se
mostró incómodo al respecto—. Qué mala suerte, hijo. Un golpe muy fuerte.
¿Cuánto tiempo vas a estar atado a este artilugio?

Se había puesto su cabestrillo de Terminator para el viaje, ya que, aunque


se estaba curando, tres horas en un Porsche seguían siendo tres horas con una
suspensión muy ajustada. Se había sujetado el brazo con una almohada durante
el viaje, y eso había ayudado. También lo había hecho el analgésico previo al
viaje.
—Faltan dos semanas para que pueda levantar el brazo por mi cuenta.
Luego son seis semanas de terapia física para ponerme de pie. —Seis semanas,
como mínimo.

Vio a Kimbrough calculándolo, corriendo las fechas. Haciendo las cuentas


que Colton se negaba a hacer.

—Maldita sea, hijo. El campamento de fútbol empieza más o menos en esa


época. Vas a tener que presionar mucho en esa línea de tiempo, ¿no?

Tragó saliva. —Sí, señor.

—Lo conseguirás. Eres un excelente quarterback. Texas no es mi equipo,


pero me ha encantado verte jugar. —Volvió su atención a Nick, deslizando una
sonrisa conspiradora—. Ahora, ¿cómo te las arreglaste para que Colton Hall
viniera a hacer una pasantía para ti este verano? ¡Eres bueno, pero no eres tan
bueno, Nick!

Nick se rió antes de que Colton pudiera protestar. —Nos conocemos fuera
del fútbol. Fuera del campo.

—¿Ah, sí? Y viste una oportunidad, ¿no? —Le guiñó un ojo a Colton—.
¿Nick aquí llevándote a ver a todos sus principales clientes amantes del fútbol?
¿Deslumbrando a todos con historias de la parrilla?

Se quedó boquiabierto. —Uh...

—Colton está trabajando muy duro —dijo Nick, rescatándolo—. Está


haciendo un trabajo fenomenal con todo. Este es su primer viaje conmigo.
Quería que viera lo bien que puede ir un gran lanzamiento.

Kimbrough volvió a reírse, echando la cabeza hacia atrás mientras


enganchaba los pulgares en las trabillas de sus jeans.

—Nick, eres un hijo de puta muy suave, lo reconozco. Si alguna vez te


cansas de vender teléfonos y redes móviles, ven a trabajar conmigo. Podrías
vender a Jesús al Papa.

Después de eso, Nick y Kimbrough se instalaron en la mesa de


conferencias de su enorme despacho, frente a una vista que dominaba todo
Houston. Colton podía distinguir lugares emblemáticos de su juventud, incluso
podía ver hasta Sugar Land si entrecerraba los ojos. Hola, mamá.
A las tres, el asistente de Kimbrough llegó con una entrega de Starbucks,
que incluía sus pedidos habituales y los de Nick, hasta el caramelo extra en el
macchiato de Colton.

Se retiraron a cenar un poco después de las cinco. La cabeza de Colton


daba vueltas y había tomado tantas notas que había llenado dos cuadernos
amarillos y estaba trabajando en un tercero.

Kimbrough los llevó a un restaurante de carnes que parecía demasiado


caro incluso para mirarlo. Los camareros vestidos de esmoquin les quitaron las
chaquetas de traje cuando entraron, saludando a Kimbrough e incluso a Nick
por su nombre. Los acompañaron a un enorme comedor privado, y luego una
ráfaga de camareros fue y vino con copas de champagne para cada uno, una
botella de vino para Kimbrough -algo que ya sabían que era su favorito- y un
bourbon con hielo para Nick. Los aperitivos aparecieron sin que nadie pidiera
nada. Un camarero se acercó a Colton mientras Nick y Kimbrough hablaban de
los arrendamientos petrolíferos y de los niveles de producción y le preguntó
cómo quería que le preparasen el bistec envejecido en seco. Ese era el alcance
del menú.

Era la mejor comida que había probado en toda su vida. Tuvo que
esforzarse para no gemir mientras masticaba, para no dejar que sus ojos se
pusieran en blanco con cada bocado. Después de recoger los platos, llegó el café
y la sobremesa. Nick y Kimbrough seguían hablando, aunque habían pasado de
los negocios a la familia. Kimbrough tenía montones de hijos y lo que parecía
una manada de nietos, y tenía historias que contar de todos y cada uno de ellos.
Luego preguntó por Justin.

—Es maravilloso —dijo Nick—. Lo está haciendo muy bien. Él y su novio


están en el rancho de su novio todo el verano, y parece que se están divirtiendo
como nunca. Más diversión de la que yo he tenido, eso es seguro.

Kimbrough levantó su copa de vino para brindar con Nick. —Por la


felicidad de nuestros hijos. No hay nada en todo el mundo mejor que ver a tu
hijo sonreír. —Se volvió hacia Colton—. ¿Aún no tienes niños, hijo?

—No, señor. —Colton se sonrojó. Hacía tiempo que no bebía tanto. Y era
diferente beber cosas elegantes que golpear Bud Lights en el patio trasero con
los chicos. Champagne, dos copas de vino, un whisky con hielo con Nick. Su
cabeza empezaba a sentirse como si pudiera flotar—. Ni siquiera tengo novia.

—¿Qué? —Kimbrough graznó—. Maldita sea, hijo, tenemos que sacarte


más. Un hombre como tú debería tenerlas en fila.
Se sonrojó de nuevo y bajó la mirada mientras Kimbrough y Nick se reían.

—Quiero decir... —Tropezó, buscando las palabras adecuadas mientras


ambos hombres mayores le dirigían miradas burlonas—. Hay un montón de
chicas que se lían conmigo. O salen conmigo —dijo rápidamente. Estaba con
hombres con clase. Probablemente no hacían ligues. Nick ciertamente no lo
hacía—. No he encontrado una chica que se quede. —Se encogió de hombros—.
O que yo quisiera que se quede.

—Lo harás —dijo Kimbrough. Se rió, el sonido provenía de lo más


profundo de su pecho—. Encontrarás a alguien que te deje boquiabierto. Será
como si un tren de mercancías se estrellara contra ti. ¡Bam! —Golpeó la mesa
con la palma de la mano. Colton saltó—. El día que conocí a mi mujer, pensé
que me habían disparado. No había ninguna maldita razón para pensar que
alguien me estaba disparando. Era sólo que mi corazón se detuvo y no podía
respirar, y todo lo que podía pensar era que nunca quería dejar ir a esta mujer.
Quería ser su señor por el resto de mis días. Fui un tonto rezando durante las
siguientes dos semanas, rogando a Dios que le permitiera pensar que yo era un
tipo decente. Debió hablar bien de mí, porque no pude hacer nada bien delante
de ella durante el primer año que estuvimos juntos. Me convirtió en un maldito
tonto, estaba tan enamorado de ella. Ella todavía puede hacerme estúpido con
sólo una mirada.

Ambos se rieron, pero Nick se calló primero. Miró su propio vaso de


whisky, el hielo derretido y los residuos, y dio vueltas a ambos con un giro de
muñeca.

—Volverás a encontrar eso, Nick. —Kimbrough apretó el hombro de Nick,


una versión ligeramente más suave de su violento saludo de esa tarde—.
Tuviste un hermoso niño con ella, pero tu futuro está con otra persona. Sus
corazones no latían juntos. Eso es lo más difícil de crecer con alguien: tienes que
asegurarte de que sus corazones siguen latiendo juntos y de que se conocen de
verdad. Es demasiado fácil ir a dar vueltas por tu cuenta y dejar atrás al otro.

—Eso es exactamente lo que pasó. Nos distanciamos tanto...

Otro apretón. —Vas a encontrar a alguien, Nick. ¿Un tipo como tú? Me
sorprende que alguien no te haya encontrado ya.

Salieron unos minutos después, y Kimbrough fue recogido por su


limusina mientras un coche privado y su conductor esperaban en la acera a
Nick y Colton. Nick y Kimbrough se abrazaron, Nick le dio las gracias a
Kimbrough y éste le hizo un gesto para que se calme.

—No me des las gracias. Vas a salvar vidas en mis plataformas con tu red,
así que yo debería darte las gracias. Nos vemos en unas semanas, Nick. Trae a
Colton contigo cuando vuelvas.

Él y Nick se hundieron en el asiento trasero del coche, disfrutando de la


paz y la tranquilidad por primera vez en ocho horas. El conductor se alejó como
si ya supiera a dónde ir y, dado que todo se había arreglado meticulosamente
hasta ese momento, Colton supuso que probablemente lo sabía. Ocho minutos
después, llegaron a su hotel, una pintoresca mansión convertida en bed and
breakfast en el barrio de Midtown de Houston.

—Estaba harto de Marriotts, Sheratons y Holiday Inns —había dicho Nick


cuando se registraron—. Quería ir a lugares con más carácter. Más sustancia.
Empecé a buscar lugares más pequeños y locales. B y B21. Este es mi favorito, de
todos los lugares a los que viajo.

Era un hotel precioso. El lujo del viejo mundo mezclado con la clase
sureña. Houston tenía más sincronía cultural con Nueva Orleans que con
Dallas, Odessa o el oeste de Texas, donde estaban sus vaqueros. El hotel estaba
impregnado del gótico de la Costa del Golfo. Las terrazas de hierro cubiertas de
magnolias y las puertas francesas se abrían a un patio interior lleno de
enredaderas y lirios nocturnos. Compartían una suite: un dormitorio con dos
camas de matrimonio y una sala de estar.

Nick dejó caer su chaqueta sobre la cama y se quitó la corbata. —¿Qué te


ha parecido?

¿Cómo podía responder a eso? En un día, había experimentado más de lo


que creía posible en toda la pasantía. Kimbrough, más grande que la vida. Las
redes móviles privadas de Nick, que había ayudado a inventar, desplegadas en
campos petrolíferos y plataformas de perforación de todo el estado.

Cuando era más joven, pensaba que los empresarios sólo se dedicaban a
ganar dinero. Que vendían mierda para comercializar mierda y hacerse ricos.
Él, en la infinita sabiduría de la juventud, iba a liberarse de ese ciclo y hacer lo
que amaba. Iba a seguir su corazón. Iba a jugar al fútbol.

21
El Bed and Breakfast o en su forma abreviada B&B, es un establecimiento hotelero que ofrece precios
moderados. La expresión inglesa, se traduce como 'cama y desayuno'.
Ahora se sentía como un gigantesco montón de imbéciles egoístas por eso.
Nick no estaba vendiendo sus redes móviles para hacerse rico. Él estaba
tratando de ayudar a la gente. Kimbrough dijo que Nick iba a salvar vidas, traer
mayor seguridad a las plataformas. Jesús, eso era mucho más de lo que Colton
podía imaginar hacer. El fútbol parecía pequeño, de repente, comparado con el
trabajo de Nick.

—Todavía lo estoy asimilando todo —dijo finalmente, desanudando su


propia corbata y tirando de ella antes de empezar con las correas de su
cabestrillo—. Kimbrough es salvaje. Es una experiencia.

—Lo es. —Nick sonrió. Se subió las mangas de la camisa hasta los codos y
se desabrochó los dos botones superiores. Se acercó a la cama de Colton y lo
ayudó a desenrollar el cabestrillo Terminator de su cintura y de su hombro—.
¿Cómo te sientes?

—Agotado —dijo—. Pero no cansado. Mi cerebro está haciendo horas


extras.

—Sé lo que quieres decir. Puedo sentirme así después de un día de


reuniones. Pensando en posibles oportunidades y formas de expansión. —Nick
extendió su mano, y Colton puso su palma sobre la de Nick para que se
levantara el brazo. Uno... dos... tres...—. Si te interesa, podrías venir conmigo a
este pequeño bar al que voy cuando estoy aquí abajo. —Aguanta uno. Y baja...
cinco... cuatro... tres—. Está a unas pocas cuadras. En Montrose22.

Las cejas de Colton se dispararon.

—Reconoces el barrio.

—Sí.

—Empecé a ir el año pasado, después de que Justin volviera de París.


Cuando regresó, fue lo más abierto que había estado con nosotros -conmigo- y
me encantó. Pensé que si podía averiguar cómo ser un mejor padre para él,
podría seguir siendo tan abierto. Viajaba constantemente a Houston, y una vez
que estuve aquí, decidí ir al barrio gay. Encontré un pequeño y peculiar bar del
que me enamoré. Y sigo yendo, cada vez que vengo.

22
Montrose es un famoso "barrio gay" de Houston, hogar de un rico y vibrante movimiento
contracultural.
Seguían subiendo y bajando el brazo de Colton, cinco segundos de subida,
cinco segundos de bajada. Sintió que la palma de su mano se ponía húmeda
contra la de Nick, el sudor frío pinchaba en los espacios fraccionados donde no
se tocaban.

—Sé que tienes que mantener tu imagen pública. —Sujétalo. Y baja. Última
serie. Cinco... cuatro...—. A nadie le importa si yo voy a un bar gay. Sin embargo,
ESPN podría hacer una historia sobre ti. —Nick bajó sus manos hasta la cama.
Deslizó la palma de la mano por debajo de la de Colton y luego se posó junto a
él en el colchón—. Si quieres quedarte y relajarte en la habitación mientras voy,
está bien.

—No —soltó—. No, iré contigo.

—¿Seguro?

Fue como una repetición de cuando Nick le había pedido bailar en la gala.
Jesús, el Nick de ese entonces se sentía como un extraño ahora, como si él y
Nick sólo hubieran sido conocidos que conocían a la misma gente. Seis meses, y
tantas cosas habían cambiado entre ellos.

¿Qué puede hacer un año a un hombre?

Bueno, con toda seguridad podría hacer que no le importen los que odian,
o los rumores, o cualquier periodista de noticias de mierda que escriba artículos
de mierda. Él había aprendido eso, y también el resto del equipo.

—Sí, estoy seguro. No importa si alguien me ve o escribe sobre eso. Ya no


me importa esa mierda. —Se encogió de hombros—. Una vez fue una lección
completa.

Se miró a sí mismo, a sus pantalones de traje azul bandana y a sus zapatos


de vestir marrón nuez. Su camisa blanca estaba parcialmente desabrochada, y
se había deshecho de la corbata y la chaqueta, como Nick.

—¿Tengo que cambiarme?

—No, es casual ahí. Estás muy bien. ¿Qué cabestrillo quieres llevar?

Los bares significan multitudes. Gente que podría chocarse con él.

—Cabestrillo Terminator. —Se lo puso sobre la cabeza y Nick le ayudó


con las correas. Cinco minutos más tarde, estaban fuera, caminando por la acera
en la noche de verano que se enfriaba lentamente. Había más humedad de la
que estaba acostumbrado, y el cabestrillo estaba pegajoso, las correas se le
pegaban al hombro y a la nuca y le formaban un anillo de sudor alrededor de la
cintura. Cuando Nick abrió la puerta pintada de arco iris de un bar de mala
muerte, Colton estaba dispuesto a meterse dentro y a aparcarse debajo de una
rejilla de aire acondicionado.

Nick lo condujo a la barra y le acercó un taburete. El lugar no estaba súper


lleno, pero tenía una multitud saludable. Las conversaciones surgían en
oleadas, risas y murmullos y los tonos vibrantes de las historias que se
compartían. Los grupos de hombres se agrupaban en torno a las mesas altas, a
las de la barra y a las cabinas de la pared del fondo. Algunos eran amigos y
otros, obviamente, estaban en citas, se tomaban de la mano y se sentaban
acurrucados.

Los ojos los seguían, trazando las líneas de sus hombros y el camino que
recorrían desde la puerta hasta la barra.

El camarero se apresuró a acercarse a Nick. Era una montaña de hombre,


tan alto como Colton, ancho de hombros y musculoso, pero también con una
considerable barriga cervecera. Llevaba una camisa de cuadros y un pañuelo
arco iris doblado y atado alrededor de su cabeza calva afeitada, y su barba
oscura era espesa y áspera.

—¡Nick! —dijo, extendiendo la mano. Nick la tomó, y el camarero se


inclinó y besó los nudillos de Nick—. Bienvenido de nuevo. Te he echado de
menos. —Sus ojos se dirigieron a Colton—. ¿Y a quién has traído esta noche?

—Este es mi amigo Colton.

—¿Amigo? —Las cejas del camarero se levantaron. Sonrió con satisfacción.


Se inclinó hacia delante y apoyó un codo en la barra—. ¿O... amigo? —Sus cejas
se movieron de arriba abajo.

—Sólo un amigo.

El camarero hizo un mohín y luego le tendió la mano a Colton. —Soy


Brad. Y me encantaría ser tu amigo también.

Colton se rió mientras estrechaba la mano de Brad. —Me parece bien. Me


gustan los amigos.
—Oh, cariño, todos los chicos de aquí quieren ser tus amigos. —Brad le
guiñó un ojo y empezó a servir cervezas, dos tragos de Shiner. Nick debía venir
lo suficientemente como para que Brad conociera su pedido. Aunque servir una
Shiner en Texas era como lanzar un dardo al lado de un granero. Era una
victoria casi garantizada. Deslizó las cervezas hacia Nick y luego hacia Colton—
. Disfruten, cosas calientes. Si necesitan algo, susurren mi nombre. Enseguida
vuelvo. —Se alejó, agitando las puntas de los dedos.

—Normalmente, Brad coquetea conmigo. —Nick negó con la cabeza


mientras daba un sorbo a su cerveza. Brad estaba sirviendo bebidas a otra
pareja en el otro extremo de la barra, pero volvió a mirar hacia Colton. Cuando
sus ojos se encontraron, le guiñó un ojo y le lanzó un beso.

Las mejillas de Colton ardieron. Apartó la mirada, concentrándose en


Nick.

—¿Te sientes incómodo? —preguntó Nick.

—No, no. En absoluto. No me siento incómodo con los gays. —Dio un


sorbo a su cerveza y se limpió el bigote de espuma—. Wes y yo hemos jugado
juntos durante casi cuatro años. Nos hemos duchado juntos, nos hemos
cambiado juntos. Nos hemos quedado desnudos juntos y hemos disparado a la
mierda. He pasado el rato con él mientras el entrenador le trabajaba los
músculos de la ingle o cuando se ponía en plan Donald Ducking23 en las salas
de entrenamiento. Camiseta y nada más.

—Imágenes de mi futuro yerno que no necesito. —Se rió—. Sin embargo,


Wes tiene una personalidad diferente a la de Brad. Y hay una diferencia entre
ser amigo de alguien que es gay y ser coqueteado.

—No me molesta. Nada de eso me molesta. —Tomó otro sorbo de su


cerveza y luego frunció el ceño—. En realidad, ¿sabes lo que sí me molesta?
¿Cómo es que Wes nunca se me insinuó? ¿No soy un buen partido?

De nuevo, Nick se rió. —No creo que seas el tipo de Wes.

—De acuerdo, eso es cierto. Wes sólo tiene un tipo: Justin.

—Eso me alegra oírlo.

23
Donald Ducking es un slang para referirse a un hombre que camina desnudo con una erección y solo
usa una camiseta.
—Nunca he visto a Wes mirar a nadie, a nadie, como mira a Justin. Son la
definición de almas gemelas.

—Espero que les vaya bien ahí fuera. —Nick hizo girar su vaso de cerveza
en la barra. Esa mañana, Justin y Wes habían enviado un mensaje de texto en el
que decían que se iban a un paseo de varios días con la manada y que
probablemente no podrían enviar mensajes de texto durante unos días, así que
no había que preocuparse. Colton había enviado mensajes de texto desde el
teléfono de Nick mientras conducía, escribiendo lo que Nick le dictaba. Que
tuvieran cuidado y que se lo pasaran bien, y que echaría de menos sus fotos y
que estaba deseando ver las del viaje. Entonces Colton envió un mensaje de
texto desde su propio teléfono, un simple Cool, bro. Patea el culo ahí fuera.
Diviértanse.

Ninguno de los dos mencionó su viaje a Houston. O que estaban sentados


uno al lado del otro. Otra vez.

—Estoy seguro de que lo están pasando muy bien. Probablemente están


acampando bajo las estrellas. Probablemente siendo ridículamente románticos,
también. Estoy seguro de que Wes está poniendo en práctica toda esa espesa
seducción de vaquero. ¿Bajo las estrellas, en la cima de una colina, sin nadie en
kilómetros a la redonda? —Hizo una cara como si fuera obvio para todos lo que
Justin y Wes estaban haciendo.

Nick apretó los ojos. —¡Ese es mi hijo!

—¡Sí, pero ha crecido! Básicamente están comprometidos, quiero decir…

—¡Sigue siendo mi hijo!

—Es bueno que nunca hayas pasado la noche en la casa de los deportistas,
eso es todo lo que voy a decir.

Nick gimió y enterró su frente contra su brazo en la barra del bar. —


Quiero decir, lo sé —dijo después de que Colton terminara de reírse como un
tonto—. Pero Justin siempre será mi pequeño.

Se quedaron hasta pasada la medianoche, hasta que miraron sus teléfonos


y se dieron cuenta de lo tarde que era. Sorprendido, Nick pagó su cuenta, para
consternación de Brad, y emprendieron el camino de vuelta al hotel.

—No necesitábamos quedarnos aquí esta noche —confesó Nick—. Vamos


a volver por la mañana. Pero me gusta ver a Brad. Me gusta el hotel. Cuando
estaba preparando la cuenta con Kimbrough, estaba aquí abajo todo el tiempo.
Brad fue muy amable conmigo cuando entré por primera vez.

—¿Sabe lo de Justin?

—Oh, por supuesto. Le he contado todas las historias. Y es un gran


fanático de los deportes. Probablemente te reconoció, pero es demasiado
educado para decir algo. Guarda muchos secretos.

—¿Así que simplemente coqueteará conmigo en su lugar? —Colton


sonrió.

—Exactamente. Brad es un coqueto escandaloso. También es un gran tipo.


Es el dueño de ese bar. Tener un lugar seguro para que su comunidad se
divierta era el sueño de toda su vida, dijo. —Nick se encogió de hombros—.
Hemos hablado mucho. Ha escuchado muchas de mis penas en este último año,
y ha sido un buen amigo.

—Gracias por llevarme. Y por presentarme a él. —Esto no era sólo una
noche casual, Colton se dio cuenta. No era sólo una parada para unas cervezas
después de un largo día. Nick le había mostrado algo que le importaba, algo -y
alguien- importante para él. Sintió que había vislumbrado un tesoro enterrado
dentro de Nick, algo que nadie más sabía que existía.

—Gracias por venir conmigo.

Se quedaron en silencio en el hotel, turnándose para prepararse en el baño


antes de meterse en sus camas. Nick revisó su teléfono de nuevo,
probablemente desplazándose hacia arriba y hacia abajo a través del hilo de
mensajes con Justin y Wes. No había nada desde la mañana. Lo puso boca abajo
en la mesita de noche.

—Duerme hasta tan tarde como quieras. Desayunaremos y nos


pondremos en marcha cuando nos parezca. Y si quieres, podemos conducir
hasta Sugar Land.

—No quiero —dijo en voz baja—. De verdad, no deberíamos ir allí. Sólo


sería una molestia. Para ella y para nosotros.

Nick se quedó mirando el techo. —Lamento escuchar eso.


Colton se encogió de hombros y agarró su teléfono. —Estoy bien con eso.
Es lo que es. Voy a jugar un poco antes de dormirme. No te mantendré
despierto, ¿verdad?

Nick se puso de lado, de espaldas a Colton. —No, me apagaré como una


luz en unos minutos. Buenas noches, Colton. Nos vemos por la mañana.

Los labios le rozaron la piel detrás de la oreja. Le erizaron el pelo de la


nuca. Sintió una exhalación. Oyó a alguien susurrar, Colton.

Unas manos le recorrieron los brazos -su brazo sin cabestrillo, su brazo
que funcionaba bien- desde atrás, antes de que un par de brazos le rodearan el
pecho y lo abrazaran. Colton, volvió a decir la voz, justo antes de que una boca
le apretara el pulso, le chupara la piel...

Estaba en el campo, y acababa de enviar un pase navegando por encima


de la defensa, volando cuarenta yardas para aterrizar en la cesta de los brazos
de Wes. Wes dio uno, dos, tres pasos, y luego estaba en la zona de anotación.
Un touchdown que ganaba el partido. El público gritaba, los aficionados se
volvían locos. Él también gritaba, con las manos sobre la cabeza, los brazos
bombeando, se volvió hacia las gradas, buscando la única cara que estaba
desesperado por ver...

Conducía por una autopista de Texas, kilómetros de asfalto que se


desplegaban entre dos franjas de Piney Woods24 y un interminable mar de
hierba. Cielo azul, azul como su traje; bosques verdes, como esmeraldas en
cascada; hierbas ondulantes en cien tonos de oro. Estaba en el asiento del
copiloto, riendo, sonriendo, con la cabeza inclinada hacia atrás. El motor gruñía
y el coche avanzaba a toda velocidad, con los neumáticos masticando el asfalto
como si tuvieran el mundo entero para conducir. Alcanzó la consola central y
tomó la mano del conductor.

Estaba en el patio de Nick, y estaban compartiendo una botella de vino


mientras estaban sentados uno al lado del otro. Nick se volvió hacia... No,
estaba dejando su copa de vino sobre la mesa. Tomó la copa de Colton, también,

24
Piney Woods es una ecorregión terrestre de bosques de coníferas templados en el sur de los Estados
Unidos que cubre 54,400 millas cuadradas del este de Texas, el sur de Arkansas, el oeste de Louisiana y
el sureste de Oklahoma.
y luego tomó la mano de Colton. Entrelazó sus dedos. El corazón de Colton
latía con fuerza, como una tormenta de verano desatada en las llanuras,
mientras Nick inclinaba la cabeza, sonriendo...

Estaban dentro, en la cocina de Nick. Las palmas de las manos juntas, el


brazo derecho de Colton subiendo y bajando mientras Nick contaba. Otros
cinco segundos, y Nick levantó el brazo, luego se acercó, puso la mano de
Colton en su hombro como si estuvieran bailando. Nick rodeó la cintura de
Colton con sus brazos. Colton, susurró, rozando su nariz con la de Colton.

Colton jadeó, y sus ojos se cerraron, justo cuando Nick se inclinó


acercándose...

Estaba de vuelta en el campo, y el confeti caía, las gradas se vaciaban.


Todos tenían a sus seres queridos con ellos. Wes y Justin y Graham, Dante y su
madre, Art y su madre y su padre, Josh, Patrick y Orlando con sus novias y sus
padres. Todos tenían a alguien, tantas personas que los amaban, pero él estaba
hurgando entre la multitud, buscando, primero a la izquierda, luego a la
derecha, tratando de encontrar…

Colton.

Se giró, y allí estaba Nick. Esperando por él. Sonriéndole. Sonriendo por
él.

Se arrancó el casco y lo dejó caer. No llegó a tocar el césped, sólo


desapareció. Al igual que la multitud, la gente que obstruía el campo entre él y
Nick. Todo el mundo se desvaneció hasta que sólo quedó Nick de pie en la línea
de cincuenta yardas y Colton, corriendo hacia él, con el corazón desbocado.

Se detuvo en seco. Alcanzó a Nick, con las manos temblorosas. Nick le


devolvió la mano y tocó la cara empapada de sudor de Colton. Sus dedos
estaban fríos, diez puntos de cielo que rozaban su mandíbula. Colton puso sus
manos en las caderas de Nick. Tiró. Lo acercó, hasta que el cuerpo de Nick
estuvo contra el suyo -por fin, por fin, oh Dios mío- y pudo sentir cada centímetro
de las piernas de Nick, sus caderas, su estómago, sus hombros, encajando
perfectamente contra el suyo.

Nick le acunó la mejilla. Lo miró fijamente a los ojos. Colton, susurró. No


tuvo que decir nada más. Todo estaba en sus ojos, en la forma en que miraba a
Colton. Orgullo y alegría, e incluso...

Incluso en su sueño, Colton no se atrevió a pensar la palabra.


Los dedos de Colton apretaron las caderas de Nick. Se inclinó hacia
adentro, y hacia adentro, sus rostros cerca, tan cerca que podía contar las
pestañas de Nick. Ver las pecas descoloridas en su nariz. Sentir su aliento contra
sus labios, sus mejillas.

—Nick —suspiró—. Te deseo tanto.

Apretó sus labios como si Nick tuviera el corazón de Colton escondido


dentro de él. Acercó a Nick, lo rodeó con sus brazos...

Se despertó bruscamente.

Jadeando, Colton se lanzó hacia atrás, trepando hacia el otro lado de la


cama. Había estado abrazando una almohada como si fuera una persona. Por
Dios, había estado encima de la almohada, abrazándola, y estaba tan
jodidamente duro que le dolía. Se encorvó hacia delante, siseando mientras
empujaba la palma de la mano sobre su erección enfurecida.

La habitación del hotel estaba a oscuras, sólo el despertador y un ligero


hueco en las cortinas cerradas arrojaban algo de luz. Era suficiente para trazar el
contorno del cuerpo de Nick. Estaba roncando suavemente en su propia cama.
Se había girado y estaba de cara a Colton, con una mano metida debajo de la
almohada y la otra agarrando el borde de la sábana.

¿Qué diablos fue eso? Había estado soñando... ¿con Nick?

No, no, no, no...

Algo se abrió en su interior, como un tapón de desagüe que se soltaba.


Intentó respirar, arañando la cama mientras tragaba un oxígeno que no existía.
Era como si le hubieran dado una paliza, como si le hubieran dado un golpe en
el centro de las almohadillas. Estaba en caída libre, a punto de estrellarse contra
la hierba.

No se sentía atraído por los hombres. No lo hacía. Lo sabía. Había estado


en vestuarios durante la mitad de su vida, había estado desnudo alrededor de
más hombres de los que podía contar. Nunca miró a un hombre y pensó: "Sí,
eso es lo que me gusta". Nunca había recorrido con la mirada una espalda
fuerte, un culo firme y unas piernas largas y había querido ponerle las manos
encima o enterrar su cara en la hendidura de sus mejillas. Nunca miró el
miembro de otro hombre y lo deseó. Sabía, de una manera que otros tipos no
podrían, que no se sentía atraído por los hombres. Había tenido muchas
oportunidades de averiguarlo.

Nunca antes había tenido un sueño sexual con un hombre.

Nick dejó su copa de vino y tomó la mano de Colton. Sus dedos se deslizaron
juntos...

El aliento de Nick en sus labios mientras se metía en los brazos de Colton, la mano
de Colton descansando en el hombro de Nick.

El cuerpo de Nick contra el suyo, presionado tan cerca, de pies a cabeza, los brazos
de Colton envolviéndolo...

Gimió mientras su pene se sacudía. Carajo, se iba a correr. Iba a correrse


sólo de pensar en Nick, sin importar que se tocara a sí mismo. Se manoseó los
pantalones cortos, tiró del cordón y consiguió bajarse la cintura de los bóxers
antes de correrse. Se estremeció, mordiéndose el labio, y cayó de lado antes de
rodar hacia el vientre mientras empapaba el edredón con su semen.

La cara de Nick llenó su mente. La curva de su sonrisa. El sabor


imaginado de su beso...

Cerró los ojos y enterró la cara en las sábanas. Sus caderas se movieron
solas, golpeando el colchón, persiguiendo lo último de su orgasmo. Nick. El
beso de Nick, el cuerpo de Nick. Los brazos de Nick alrededor de él.

La forma en que Nick lo miraba.

No, no, no, no...

No se sentía atraído por los hombres, pero acababa de correrse ante la


sensación imaginaria de Nick en sus brazos y los recuerdos de su sueño de Nick
amándolo, de los dos dando un giro salvaje a su amistad. Apretó las sábanas en
sus puños.

¿Acaso los memes de Reddit y los retweets de Twitter no bromeaban con


cosas como esta? No soy gay, pero veinte dólares son veinte dólares. No soy gay, pero
estaba borracho. Colton había tomado dos cervezas con Nick en el bar de Brad. El
paseo hasta allí lo había puesto sobrio después de la cena con Kimbrough, y dos
cervezas en cuatro horas no iban a tocar a un tipo de su tamaño. Ni siquiera
podía culpar al alcohol.
No soy gay, pero si aparece el tipo adecuado...

Nick.

Rodó la cara contra las sábanas y miró a través de la división entre sus
camas. Nick seguía roncando, ajeno al terremoto que había destrozado el
mundo de Colton. El huracán que se cernía sobre él.

No soy gay.

Pero Nick.

Se lamió los labios y se permitió sentirlo. Se permitió sentir los sueños que
había tenido, repitiendo los momentos que habían volado a través de él como
fotografías que revoloteaban en el aire. Tomando la mano de Nick en el coche.
Tomando la mano de Nick en el patio. Sosteniendo a Nick contra él mientras
hacían sus estiramientos de hombros.

Su pene, todavía medio fuera de sus bóxers, se movía.

Besar a Nick. Envolviéndolo en sus brazos. Sus cuerpos apretados, con la


ropa y las almohadillas de fútbol entre ellos, pero todavía tan cerca que podía
sentir el cuerpo de Nick contra el suyo. Sentir, tal vez, una dureza que
respondía a la suya. Nunca había sentido a un hombre duro contra él, y no
sabía realmente qué era lo que estaba soñando.

Sabía lo que creía que era. Lo que quería que fuera esa sensación en el
sueño.

Nick deseándolo, como él deseaba a Nick.

Corriendo hacia Nick después del partido. Buscando a Nick en las gradas.
Buscando, esperando, queriendo, anhelando...

¿Cómo había sucedido esto? ¿Cómo había caído por Nick Swanscott?

Bueno... el estar juntos sin parar probablemente tuvo algo que ver. Su
debilidad, también, por un hombre que se dirigiera a él con una sonrisa, una
palabra de elogio y una cucharadita de atención. Pero había tenido cientos de
entrenadores y líderes de los Boy Scouts e incluso maestros y profesores con los
que había pasado más tiempo que con Nick, hombres a los que había admirado,
hombres por los que había florecido cuando alimentaban su alma reseca. ¿Por
qué no había sucedido esto antes? ¿Por qué ahora?
Porque le gustaba Nick. Maldita sea, le gustaba Nick. Le gustaba quien
era. Nick era la mejor persona que conocía, y había tenido más impacto en la
vida de Colton en seis meses que cualquier otra persona.

¿Tenía Daddy issues25? Objetivamente, sí. ¿Pero era eso lo que estaba
pasando aquí? ¿Se estaban cruzando los cables entre su admiración y afecto por
Nick y los lugares vacíos donde un padre debería haber estado en su vida? No,
no lo creía. Nick no era su padre, y no quería que Nick fuera su padre. Nick era
un gran padre, y Colton idolatraba cómo Nick amaba a Justin con todo lo que
era. Pero si se permitía pensarlo, lo que quería de Nick no era nada parecido a
un padre.

Nada parecido.

Quería que Nick lo deseara como él lo deseaba. Quería que Nick lo besara,
que pasara sus manos por el cuerpo de Colton. Que rodeara la cintura de
Colton con sus brazos, que enterrara su cara en el pecho de Colton o en el
centro de su espalda. Quería que el mundo de Nick estuviera lleno de Colton,
como el mundo de Colton estaba lleno hasta el tope de Nick.

Quería que Nick se enamorara de él, porque Colton ya se había


enamorado de Nick.

Permaneció boca abajo en la cama mientras la verdad se asentaba en su


interior como un nuevo conjunto de huesos, una nueva red de músculos, venas
y ligamentos colocados sobre los antiguos, enfrentándose a una verdad que
debería haber reconocido mucho antes. ¿Qué tan tonto era que no se había dado
cuenta de lo que sentía por el hombre hasta ahora?

Finalmente, se despegó de la cama, haciendo una mueca de dolor cuando


el aire frío de la habitación golpeó su pene expuesto. Pasó las manos por el
colchón y el edredón. Manchas húmedas. Mierda. Tanteó en la oscuridad,
dirigiéndose al baño, y se golpeó el dedo del pie en el camino. Nick resopló
pero no se despertó. Colton no se atrevió a encender ninguna luz, y mojó una
toallita, se enjuagó la entrepierna y el vientre, se limpió los bóxers y luego
restregó las mantas y el colchón con el tacto. Volvió a meterse en la cama poco
después de las cuatro de la madrugada. Nick seguía durmiendo y se había
puesto boca arriba, con un brazo por encima de la cabeza.

25
Daddy issues (Problemas de papá) es una frase informal para los desafíos psicológicos que resultan de
una relación ausente o anormal con el padre, que a menudo se manifiesta en una desconfianza o un
deseo sexual por los hombres que actúan como figuras paternas.
Podía ir hacia Nick, meterse en su cama. Sentarse a horcajadas sobre él,
bajar suavemente hasta estar en el regazo de Nick. Bajar la sábana. Inclinarse y
rozar con su nariz la mandíbula de Nick. Sobre su nariz, también, sonriendo
cuando los ojos de Nick se abrieran y viera que Colton estaba allí. Nick lo
alcanzaría, deslizaría su mano en el cabello de Colton. Mientras decía Colton y
luego envolvería su mano alrededor de la nuca de Colton, jalándolo hacia abajo
hasta que sus labios se encontraran…

No, Jesús. Nick no haría eso en absoluto. Ni en un millón de años.

Sus ojos se nublaron hasta que no pudo ver a Nick a través del
caleidoscopio de sus lágrimas. Permaneció de lado, de cara a Nick,
vislumbrando al hombre cada vez que parpadeaba.

No iba a suceder. Nunca sucedería. Nick era el peor hombre del mundo
del que podía haberse enamorado. No sólo no había ninguna posibilidad, sino
que ni siquiera había una pizca de esperanza. Nick era heterosexual. Nick era
mayor y más experimentado que él. Más refinado. Nick tenía el mundo en la
palma de su mano.

Nick era el padre de Justin.

El acento de Kimbrough volvió a él, las palabras que había lanzado


casualmente a través de la mesa después de la cena. Mi corazón se detuvo y no
pude respirar, y todo lo que podía pensar era que nunca quería dejar ir a esta mujer.
Quería ser su señor por el resto de mis días.

Le dolía el corazón y le ardían los pulmones, que seguían intentando


arrastrar un aire inexistente. Quería que este verano durara para siempre.
Quería empezar siempre sus mañanas con la sonrisa de Nick y las tazas de café
compartidas, que cada hora se llenara con la voz de Nick y su risa y el arrugar
de sus ojos cuando se volviera hacia Colton. Quería que la cara de Nick fuera lo
último que viera cada noche. Quiero ser tu quarterback por el resto de mis días.

Sus lágrimas cayeron en lentos goteos hasta que el sol salió y derramó una
luz rosa y dorada sobre su dormitorio. Entonces se secó los ojos en la funda de
la almohada y le dio la espalda a Nick. Tal vez podría dormir una hora si dejaba
de mirar al hombre.

Por supuesto, cuando volvió a dormirse, Nick lo estaba esperando en sus


sueños.
Colton tenía toda una vida de práctica ocultando todo lo importante a los
demás, así que también era fácil ocultar esto.

Al menos, del mundo. Y de Nick.

Pero no podía ocultar nada de sí mismo. Era tan consciente de Nick, de


repente. Nick llenaba su vida, envolviendo los días y las noches de Colton por
completo. Nick vivía en los sueños de Colton, mientras tejían una relación
imaginaria detrás de los párpados de Colton. Cuando dormía, Nick le tomaba
de la mano y lo acercaba, o lo rodeaba con sus brazos, o le pasaba el brazo por
los hombros mientras estaban sentados juntos en el sofá. Colton apoyaba su
cabeza en el regazo de Nick mientras éste jugaba a Red Dead, y le tomaba la
mano mientras conducían por todas las carreteras de Texas. Lanzaba pases de
touchdown para Nick y se dirigía a las gradas. Encontraba a Nick animándole
después de cada uno. Se acostaba en la cama de Nick y rozaba con besos las
cejas, los pómulos y la barbilla de Nick. Juntaba sus manos y miraba los ojos de
Nick, y nunca, nunca quería cerrar los ojos en sus sueños, porque cuando lo
hacía...

Se despertaba en la cama de Justin, en un mundo en el que no sabía cómo


se sentían las manos de Nick o a qué sabían sus besos, y en el que estaba solo.
No solo físicamente, porque seguía quedándose en el apartamento de Nick y
trabajando con él todos los días. Pero estaba solo donde realmente importaba.
Solo en su corazón, donde anhelaba a Nick.

Se reprendía a sí mismo todos los días. Cada hora, a veces, cuando se


sorprendía a sí mismo asomándose a la oficina abierta de Nick para verlo
trabajar en su escritorio. Estúpido. Eres tan estúpido. ¿Cómo te enamoraste de él?
Deja de querer a un hombre.

Eso era como intentar levantar las manos hacia el cielo y empujar las gotas
de lluvia que caían hacia las nubes de trueno empapadas.

Una noche, a solas en la habitación de Justin, se metió los auriculares en


los oídos y vio horas de porno gay. Estaba ligeramente interesado, de la forma
en que cualquier cosa sexual es interesante para la mayoría de los hombres de
veintidós años. Pero no deseaba a los hombres que veía, no babeaba por sus
músculos o sus cuerpos ni por las largas y duras erecciones que se exhibían de
forma destacada. Sin embargo, aprendió un poco. Vio la mecánica de algunas
cosas que se había preguntado. Encontró algunas cosas nuevas con las que
soñar.

Cuando se durmió, cansado, frustrado y molesto consigo mismo y con las


respuestas que no podía encontrar, sus sueños fueron consumidos por Nick.
Nick, desnudo en el mismo plató que el porno que acababa de ver. Nick,
acariciando su dura longitud con ambas manos, con la cabeza inclinada sobre el
lado de la cama mientras sonreía a Colton. Nick, abriendo las piernas y
metiendo la mano entre sus nalgas...

El sueño cambió, y Colton estaba de espaldas, Nick encima de él, con las
manos apoyadas a ambos lados de la cabeza de Colton. Sus caderas se movían,
su erección presionando contra la de Colton, longitud dura contra longitud
dura. Gimió, pasó sus manos por los brazos de Nick, apretó los hombros de
Nick...

Estaba de rodillas en la cama, entre las piernas abiertas de Nick. Tenía


ambas manos en los muslos de Nick -¿por qué nunca tenía su cabestrillo puesto en
sus sueños?- y su boca envolvía el pene de Nick. Estaba chupando, moviendo la
cabeza hacia arriba y hacia abajo de la longitud caliente de Nick, sus mejillas
ahuecadas mientras tarareaba. Nick sabía a sol de verano. Chupó con más
fuerza, haciendo girar su lengua alrededor de la cabeza...

Se despertó corriéndose en sus bóxers, con la cara pegada a la almohada


de Justin mientras jadeaba, mientras susurraba el nombre de Nick y se apretaba
el pene. No sabía si intentaba detener su orgasmo o mantenerlo.

Dio un puñetazo al colchón y gimió, y luego se dio una ducha fría a las
tres de la madrugada.

No fue su único sueño húmedo. Dejó de intentar esconder su ropa


después del cuarto.

Finalmente, se rindió y se masturbó todas las noches antes de acostarse.


Esto no detuvo los sueños -nada detuvo los sueños-, pero redujo a la mitad las
llamadas para despertarse a mitad de la noche. Cerró los ojos y se mordió el
labio tan fuerte como pudo para no decir el nombre de Nick en voz alta, para no
gemir o susurrar o rogar por Nick mientras imaginaba al hombre sobre él,
tocándolo. Acariciándolo. Alineando sus caderas, sus penes. Empujándose
contra él mientras besaba a Colton.

A veces lloraba. Lloraba lágrimas hirvientes y frustradas, furioso consigo


mismo por enamorarse de alguien imposible. No imposible como enamorarse
de una estrella de cine, o de la novia de uno de sus amigos, o de una chica tan
fuera de su alcance que no tenía gracia. Se había enamorado del padre de su
amigo. El padre heterosexual de su amigo.

El mejor tipo que había conocido.

También lloraba cuando sus sueños lo despertaban y le dolía mucho,


porque todo lo que había sentido en su mundo de sueños era maravilloso, tan
jodidamente perfecto que no podía respirar, y era feliz...

Hasta que abría los ojos y estaba solo en la cama de Justin.

Era consciente de Nick en todo momento de cada día. Desde la forma en


que se comía el yogur del desayuno y se bebía el café -siempre negro- hasta la
forma en que se anudaba la corbata, frunciendo los labios e inclinando la
barbilla hacia arriba mientras trabajaba la seda de su cuello con tirones rápidos
y eficaces.

Los ojos de Nick se arrugaban cada vez que sonreía. Cuando no sonreía,
unas pequeñas líneas salían de los ángulos de sus ojos, los primeros indicios de
las estrellas que se extendían por el plano de su piel. Unas pocas hebras de plata
salpicaban su cabello, sobre todo en las sienes y en la nuca. A veces, Colton
intentaba contarlos. Entonces se acordaba de apartar la vista, se decía a sí
mismo que no debía mirar. No seas un bicho raro.

Nick no usaba colonia. Quizá la última persona que le compró colonia fue
su ex, y eso no había estado en la lista de cosas que había empacado para la
mudanza desde Dallas. Por las mañanas olía a jabón Irish Spring, limpio y
fresco.

Cuando Nick se perdía en sus pensamientos, miraba por las ventanas de


su despacho, inclinándose hacia atrás en su silla con un pie cruzado sobre el
otro. Se agarraba al reposabrazos con una mano y con la otra se golpeaba la
punta del bolígrafo contra los labios. Colton había contado los golpes de
bolígrafo un día. Ciento diecisiete.

Cuando hablaba por teléfono, Nick se movía de un lado a otro frente a los
ventanales del suelo al techo. Siempre le daba los buenos días a Lizbeth,
siempre revisaba su teléfono en busca de mensajes de Justin y Wes, y siempre
sonreía cuando Colton entraba en su despacho.
Por eso, una mañana, Colton se quedó quieto cuando llamó a la puerta del
despacho de Nick y entró, sólo para que éste levantara la vista con el ceño
fruncido.

Se quedó helado cuando las manos de Nick se cerraron alrededor del


mouse y al borde del teclado. Lo sabe.

¿Cómo? Colton no había dicho ni una palabra, no había cambiado ni una


sola cosa en su forma de relacionarse. Se había obsesionado con su
comportamiento, de hecho, observándose a sí mismo como si estuviera viendo
una cinta de un partido, perfeccionando cada movimiento, actuando como si
fuera normal y no perdiendo la cabeza por Nick. Sus labios se movían, pero no
sabía qué decir.

—Colton —suspiró Nick. Cerró los ojos por un largo momento. Relajó las
manos y las apoyó sobre el escritorio—. Yo, eh... voy a tomarme la tarde libre. Y
todo el día de mañana. Voy a salir de la ciudad.

Pide disculpas. Dile que te irás. Dile que harás las maletas y te irás.

—De acuerdo.

—Recibí un correo electrónico de mi abogada —dijo Nick. Su voz era un


susurro. Frágil. Rota—. Pudo adelantar la audiencia de mi divorcio para
mañana.

Oh. Los pulmones de Colton colapsaron. Casi se dobló. —¿Vas a


conducir?

Nick asintió. —Voy a ir a casa por algo de ropa. Me iré en un rato. —Se
miró los dedos. Se frotó los labios. Frunció el ceño ante algo que sólo él podía
ver.

—Iré contigo —soltó Colton. Inmediatamente, la mitad de él quiso


arrastrarse y morir. ¿Qué derecho tenía a ofrecerse a ir a Dallas con Nick en uno
de los días más importantes de su vida? ¿Pero quién más iba a estar ahí para
Nick si no era Colton? Justin no estaba.

Y Nick se había lanzado de lleno a la vida de Colton, sin disculparse.


Había cambiado a Colton, había hecho que Colton se enamorara de él. Debería
esperar que Colton se lanzara a la vida de Nick con al menos el mismo nivel de
cuidado. Apretó la mandíbula y cuadró los hombros.
Los ojos de Nick se alzaron hacia los de Colton, rebosantes de acuosa
gratitud. —Me encantaría, si estás seguro de querer hacerlo.

Si el entrenador hubiera estado a su lado tendiéndole un balón de fútbol y


diciéndole que era ese momento, entonces o nunca, para volver al campo y
jugar de nuevo, habría apartado el balón. —Claro que quiero hacerlo. Eso no es
algo que se afronta solo.

La sonrisa de Nick se hizo más triste y más suave. —Lo estaba, hasta que
tú entraste.

El momento se alargó, Colton atrapado entre todo lo que quería decir y


todo lo que sabía que no debía decir. Terminó sin respirar, sosteniendo la
mirada de Nick, contando los destellos de plata a lo largo de la sien derecha de
Nick.

Hasta que Nick se apartó de su escritorio y se levantó. —Salgamos de


aquí. No puedo concentrarme en nada. Haremos las maletas y nos pondremos
en marcha. ¿Has estado alguna vez en Dallas?

—No para otra cosa que no sea el fútbol. —Juegos de la escuela


secundaria, luego el Red River Showdown en la Feria Estatal cada año. Sin
embargo, el entrenador nunca les había dejado explorar, y lo único que conocía
de Dallas era lo que podía ver con la nariz pegada a la ventanilla del autobús.
La Torre de la Reunión. El puente Margaret Hunt Hill.

—Nos quedaremos en el Adolphus. Es el Dallas de la vieja escuela. El sitio


solía ser el Ayuntamiento.

—Suena elegante.

—Tiene clase. —Nick rodeó su escritorio y mantuvo la puerta abierta


detrás de Colton—. También tiene un buen bar. Y ya necesito un trago.

Nick abrió su Porsche en la autopista tan pronto como pasaron el límite


del condado, empujando el motor a más de noventa, luego cien millas por hora.
Sus dedos masajeaban el volante mientras su mandíbula se apretaba con fuerza.
El motor gruñía, rugiendo, mientras él seguía acelerando. Por fin, soltó el
acelerador.

—Pon algo —dijo, señalando la radio—. Sácame de mi cabeza. —Trató de


sonreír, pero Colton vio a través de él. Nick apenas se mantenía en pie.
Puso una mezcla en Spotify que le encantaba para lanzar balones de
fútbol, algo alegre y animado que hacía que su corazón latiera con fuerza y sus
músculos se activaran. A otros chicos les gustaba el hip-hop, y a Wes le gustaba
esa horrible música del oeste, pero a Colton le gustaba su energía. Recordaba
haber lanzado balones por la viga transversal al ritmo de Blur, Kesha y Usher.

Nick se reía a medida que iba sonando cada canción. Algunas eran
clásicos. Otras eran temas nuevos, canciones que Nick no había escuchado
nunca, y le preguntó a Colton cuáles eran y de quién eran.

—¿Qué escuchas? —preguntó Colton—. ¿Qué hay en tu mezcla de


Spotify?

—Un montón de cosas. Mucho blues acústico si estoy tratando de pensar o


relajarme. Si estoy haciendo ejercicio, me gustan las cosas más animadas, como
esto. Reconozco la mitad de estas. Salían en la radio cuando me estaba
graduando en la universidad. Aunque soy más bien un hijo de los noventa.

Colton sonrió. —Puedo sacar una lista de canciones de los noventa...

—No, no, quédate con esto. Quiero escuchar tu música. No quiero estar en
el pasado ahora mismo.

Colton no dijo nada después de eso, pero se saltó cualquier canción que
fuera más antigua que el 2002, controlando el soundtrack de su viaje para
mantener la mente de Nick hacia adelante.

Llegaron al Adolphus después de arrastrarse por el brutal extremo de la


hora pico de Dallas. Nick se sentía frustrado, con el ceño fruncido y los
antebrazos tensos y temblorosos. Agarró sus maletas y las de Colton y las
registró en una suite, dejó sus maletas al final de sus camas, se lavó las manos y
la cara, y luego agarró su billetera y la llave de la habitación. —¿Listo?

Colton estaba aquí para Nick. Estaba listo siempre que Nick lo estuviera.
Hasta ahora, había seguido a Nick como si fuera una madre pato y él fuera el
polluelo que se arrastra tras él con un ala suelta. Asintió con la cabeza. —Lidera
el camino.

Nick lo llevó directamente al Bar del Ayuntamiento, adjunto al vestíbulo.


Pidió una cerveza para Colton, un enorme plato de nachos para compartir y un
whisky Balcones Brimstone doble, puro.
¡Ah! Una de esas noches. Bueno, Nick había dicho antes del viaje que
necesitaba un trago. Colton se apoderó de su cerveza mientras Nick se bebía el
primer whisky y pedía otro antes de hacer un buen bocado a los nachos.

¿Qué se sentiría cerrar el capítulo de una relación que creías eterna?


Colton sentía que se moría cada mañana que se despertaba y la felicidad fingida
que tenía con Nick desaparecía. ¿Qué sentiría si eso fuera real y tuviera
recuerdos reales de los que despedirse? ¿Si años de su vida se convirtieran en
polvo que tuviera que archivar, teñido para siempre con la amargura del adiós,
el fracaso y el dolor?

Intentó distraer a Nick, trató de hablar de deportes y trabajo e incluso de


Kimbrough, pero cada conversación que iniciaba moría después de que Nick no
cumpliera con su parte. Nick decía algo y luego dejaba de hablar. Miraba más
allá de Colton o a su bebida. Miraba a media distancia mientras sus ojos se
desenfocaban, se volvían vidriosos.

—Estoy enfadado —dijo Nick finalmente. Asintió con la cabeza. Se tomó


el último trago de su segundo Balcones. Pidió un tercero—. Eso es lo que siento.
Más que cualquier otra cosa.

Colton hizo girar su botella de cerveza. Estaba medio llena. No estaban


conduciendo a ninguna parte, pero todavía tenía que estar allí para Nick. Y
realmente no confiaba en que no se le escapara su secreto si dejaba que el
alcohol se le fuera de las manos.

—Y luego me siento traicionado. Y sigo yendo y viniendo entre la ira y la


traición. Como si fuera un maldito yo-yo. ¿Por qué ella...? —Negó con la
cabeza—. En cierto modo, desearía no haberla conocido. Estoy tan enfadado por
cómo terminó que desearía que nunca hubiera pasado nada entre nosotros.
Nunca haberla amado en absoluto. Pero entonces no habríamos tenido a Justin,
y no hay nada en el mundo que cambiaría si eso significara que Justin no fuera
exactamente como es, ahora mismo. ¿Cómo se atreve a no sentir lo mismo?

El camarero trajo el tercer whisky de Nick. Nick agarró el vaso como si


fuera un salvavidas y estuviera perdido en el mar.

—Y lo peor es que... me siento tan traicionado por ella que no sé si podré


confiar en otra mujer. ¿Cómo puedo volver a abrirme a alguien si puede pasar
de ser la mujer que adoraba a una mujer que desprecio? No entiendo cómo
sucedió eso. Y no sé ni siquiera cómo empezar a enamorarme de nuevo. —Se
mordió el labio. Pasó la punta del dedo por el borde de su vaso.
—En cierto modo lo entiendo. —Colton se aclaró la garganta cuando se le
atascó la voz. Hizo girar su cerveza, alrededor y alrededor y alrededor, y no
miró a Nick—. Nunca me han traicionado así ni he tenido una relación seria
como un matrimonio, así que no sé exactamente cómo te sientes. Pero sé lo
difícil que puede ser abrirse a alguien. —Su garganta se cerró. Se apretó. Ni
siquiera estaba hablando de Nick, aunque eso también se aplicaba—. Nunca he
sido bueno con las mujeres. En absoluto. Y creo que nunca he estado realmente
cerca de una mujer. —Se encogió de hombros—. No las entiendo. Son como
cajas negras para mí. No entiendo cómo piensan o sienten. Siempre estoy
adivinando qué decir o hacer, y siento que siempre me equivoco. Y cuando
hago algo bien, no sé por qué o qué hice. Los dos primeros años que estuve en
el colegio, les gustaba a las chicas porque estaba en el equipo. Y eso me
encantaba. —Sonrió. Miró a Nick. Nick estaba mirando la mesa—. Pero no
sentía que ninguna de esas chicas me conociera -o incluso quisiera conocerme-.
Y yo tampoco sentía que las conociera. A veces me sentía más solo cuando
estaba con una chica que cuando no lo estaba.

Nick se quedó callado. Su mandíbula se movía de izquierda a derecha, y


su dedo seguía rodeando el borde de su vaso. ¿Había escuchado a Colton?
¿Había estado escuchando siquiera?

—Sé lo que se siente —dijo finalmente Nick—. Como si estuvieras solo,


aunque la persona a la que se supone que estás más cerca esté ahí mismo.

Como ahora mismo. Las uñas de Colton arañaron su botella de cerveza,


rasgando la etiqueta empapada.

—Me había sentido así durante un tiempo. Sin embargo, lo ignoré. Me


distraje con... —Nick suspiró. Se sentó de nuevo—. El trabajo. Mi coche. Viendo
el fútbol. Cuando Justin volvió de París, pensé que podría llevar a Cynthia allí,
ya que Justin se lo había pasado tan bien. Podríamos trabajar para encontrar
nuestra chispa de nuevo. —Resopló—. La única chispa que terminé queriendo
encontrar fue un encendedor para quemar todo el matrimonio.

—Entiendo a Wes y Justin.

Colton se estremeció con tanta fuerza después de hablar que su hombro se


retorció, un rayo de agonía acuchillando su espalda. Se obligó a quedarse
quieto, a no mostrar el dolor. Por supuesto, ese fue el momento en que Nick
decidió mirarlo, la primera vez en horas. Frunció el ceño.

—Entiendo por qué alguien se enamoraría de un chico, o de su mejor


amigo. —Colton se encogió de hombros. Intentaba forzar su hombro para que
dejara de convulsionar—. ¿Porque tal vez se entienden, de la forma en que a
veces sólo pueden hacerlo otros chicos? —Finalmente, su hombro se soltó
parcialmente.

Nick parpadeó. No sonrió.

Las mejillas de Colton ardían. Se sintió en carne viva, expuesto. Como si


acabara de abrirse a sí mismo y de exponer su corazón para que Nick lo mirara,
y todo lo que éste había hecho fuera mirarlo fijamente. Pero eso no era justo
para Nick. Él no sabía cómo se sentía Colton. Y estaba sumido en su bebida, en
sus recuerdos, en lo profundo de su dolor. Desearía poder hacerte sentir mejor.

—Necesito ir a la cama —gruñó finalmente Nick. Su tercer trago estaba a


medio terminar—. Me estoy convirtiendo en un idiota, y no quiero eso.

—Nunca eres un idiota.

—Estoy amargado, y no quiero estarlo. Quiero dormir y acabar con el día


de mañana. Y luego echarla a ella, y a todo lo que fuimos, de mi mente. Sólo
quiero pensar en el futuro. No quiero pensar en ella nunca más.

Colton asintió y se puso de pie con Nick. Nick vaciló, ligeramente, y luego
se estabilizó. Arrojó cien sobre la mesa como propina y se dirigió a la salida.

Volvieron a la habitación, con un Nick inusualmente callado y triste.


Colton caminaba a su lado, intentando girar el cuello y estirar la espalda sin que
se le moviera el hombro o el brazo. O que Nick se diera cuenta de que le dolía.

—Tenemos que hacer tus estiramientos —dijo Nick, empujando la puerta


de su habitación de hotel—. Déjame traer un poco de agua y podemos
sentarnos. No quiero lastimarte accidentalmente.

Colton se cepilló los dientes y se despojó hasta sus bóxers, con cautela,
mientras Nick se tomaba su tiempo en el otro baño. No podía oír nada, así que
no sabía si Nick estaba vomitando o llorando en silencio. Esperó en el sofá de la
sala de estar y jugueteó con su teléfono. Había comenzado una lista de
reproducción para Nick en el camino, como un tonto enamorado, añadiendo
canciones que parecían gustarle a Nick de su propia lista de reproducción de
fútbol y otras que eran similares. Alegre y optimista, como tal vez Nick
necesitaba escuchar.

Cuando Nick finalmente salió, con bóxers y camiseta, tenía los ojos rojos,
pero la cara seca. Se sentó junto a Colton en el sofá y le tendió la mano, con la
palma hacia arriba. Colton lo miró y puso su mano sobre la de Nick. La mano
de Nick temblaba.

Colton llegó a la mitad del primer levantamiento antes de que se le


acalambrara el hombro. Esta vez no pudo ocultarlo y se dobló, apretando los
dientes mientras gemía.

Nick voló hacia atrás, con los ojos muy abiertos. —¿Qué hice? ¿Te he
hecho daño?

—No. No fuiste tú. Mi hombro tiene espasmos. Apreté los puños en el bar.
—Intentó llegar a su espalda, trató de frotar su músculo de la espalda
agarrotado. No pudo llegar a donde empezaba el dolor. Cerró los ojos y enterró
la cara en la tela floral del sofá—. Oh, Dios mío...

Unas manos frías se posaron en su hombro y se deslizaron por su columna


vertebral, hasta llegar a donde le temblaba la espalda. —¿Aquí?

Colton gimió. Nick le trabajó la espalda lentamente, clavando los dedos en


los músculos temblorosos hasta que se soltaron. Colton se quedó con un dolor
que se sentía como si hubiera sido golpeado, pero al menos podía respirar de
nuevo. Se derritió, empujando su mejilla en la tela junto al muslo vestido con
bóxer de Nick. Colton podía ver cada uno de los pelos de la pierna de Nick,
trazar las líneas que habían dejado en su piel los jeans que había llevado esa
noche. Estaban tan cerca que Colton podría haberlo besado si hubiera fruncido
los labios y se hubiera inclinado hacia delante.

—¿Mejor? —La voz de Nick estaba ronca, oscura como el whisky que
había estado bebiendo.

Colton asintió.

El masaje de Nick disminuyó, sus manos se retiraron de la espalda de


Colton como el agua de la lluvia o el sudor que se evapora de él en los
entrenamientos.

—Lo siento —dijo Nick—. Sé que dijiste que no hice nada, pero... si
estabas tenso en el bar, estoy seguro de que fue por mí.

—Lo entiendo. Esta noche es una mierda para ti.

—Es mejor contigo aquí.


Rodó su mejilla contra el sofá y miró a Nick. Las palabras de Nick
alimentarían una docena más de noches de sueños, más fantasías en su historia
de amor ficticia. Dios, estaba tan jodido.

Doblemente jodido, en realidad, porque se había empalmado


furiosamente cuando las manos de Nick se posaron sobre él, y si se incorporaba,
su secreto iba a salir a la luz. Se quedó mirando a Nick, sin moverse, mientras
Nick lo miraba a él.

—¿Quieres ir a la cama?

Oh, eso no ayudó. En absoluto. Colton respiró profundamente. Aguantó.

—Sí. Solo voy a estirarme unos minutos aquí. Sigue sin mí. Estaré en un
minuto.

—¿Seguro? —Nick parecía dispuesto a quedarse, a ayudar a Colton a


estirar sus músculos. Cada uno de ellos, excepto el que Colton deseaba
desesperadamente que pusiera sus manos, lo estirara y lo acariciara hasta que
se estremeciera, temblara y se deshiciera.

—Sí, totalmente. Estaré bien.

Nick se quedó unos minutos, hasta que vio que Colton rodaba el hombro,
apretaba y soltaba los músculos, y desplegaba lentamente cada dedo de su
mano derecha uno por uno. Colton trató de hacer su estiramiento lo más
aburrido posible para que Nick se fuera, y, finalmente, lo hizo.

Colton se desplomó en el borde del sofá y en la alfombra una vez que Nick
se alejó. Su pene estaba sólo medio duro, por fin. Miró al techo y recordó la
sensación de las manos de Nick sobre él, esos largos dedos rozando su piel,
subiendo y bajando por su columna vertebral.

Gimió cuando su pene se levantó de nuevo, más que feliz de revivir los
recuerdos del toque de Nick.

Tal vez debería dormir aquí en el sofá. ¿Cómo iba a compartir un


dormitorio con Nick si soñaba con él todas las noches? ¿Y si decía el nombre de
Nick en sueños? ¿Hacía eso? No lo sabía. ¿Y si se corría en sueños? Eso sí lo
hizo. ¿Y si se corría sobre la almohada o el colchón hasta que la cama chirriara y
Nick se despertara, y Colton se corriera sobre sí mismo mientras Nick intentaba
despertarlo, y entonces jadeaba el nombre de Nick?
Tal vez fue una idea horrible venir aquí con Nick.

Volvió a ponerse el cabestrillo Terminator y entró penosamente en el


dormitorio. Nick ya estaba dormido, roncando con fuerza, tumbado de
espaldas. Tal vez el whisky lo mantuviera dormido sin importar lo que Colton
dijera o hiciera. Colton puso una botella de agua junto al teléfono de Nick en la
mesilla de noche antes de meterse en su propia cama y ponerse de lado. De cara
a Nick.

Si me amaras, nunca haría que te arrepientas. Nunca te daría una razón para
desear no habernos conocido. Si me amaras, nunca te dejaría beber para intentar
olvidarnos.

Pero Nick no se enamoraría de él. Y por eso, tampoco tendría la


oportunidad de arrepentirse de él.

Colton sería el que viviría con los arrepentimientos.


Nick se despertó ligeramente con resaca, estuvo somnoliento y callado
durante el desayuno, luego con los labios apretados y la cabeza en alto mientras
se dirigían a conocer a su abogada. Era una mujer hermosa, esbelta y delicada,
con el pelo oscuro perfectamente recogido en un elegante moño francés. Se
llamaba Francesca de los Santos y su voz era perfectamente tranquila y
relajante. Colton vio cómo Nick se relajaba, micra a micra, mientras ella les
explicaba lo que debían esperar en la audiencia final. Si se sorprendió de que
Colton estuviera allí, no lo demostró.

La audiencia de divorcio fue más rápida de lo que Colton pensaba. Ambos


abogados hablaron. Nick y su ex declararon que querían el divorcio y que
estaban de acuerdo con los términos. El juez escuchó y luego emitió el divorcio,
declarando su matrimonio, a partir de ese día, legalmente terminado. Nick no
miró a su ex ni una sola vez, y cuando la audiencia terminó, él, Francesca y
Colton salieron de la sala y del juzgado tan rápido como pudieron. Nick
estrechó la mano de Francesca en los escalones y luego volvió la cara hacia el
sol. Cerró los ojos. Exhaló.

Le dio las llaves a Colton. —¿Por qué no nos llevas a casa?

Cuando Nick se quedó dormido a la media hora de viaje, Colton bajó el


volumen de la radio. Había puesto la mezcla de Spotify que había hecho para
Nick, pero no había dicho nada, no le había dicho a Nick que la lista de
reproducción era para él. Dejó que sonara, que la música intentara decir todo lo
que él no podía mientras los kilómetros se difuminaban.

Había algo más que Colton había preparado para Nick y que tampoco le
había dicho.

Se había despertado temprano. No iba a despertarse en bóxers manchados


de esperma delante de Nick, maldita sea. Puso el despertador y se levantó dos
horas antes por si tenía que ducharse o cambiarse o esconder las sábanas. No lo
hizo, gracias a Dios. Sus sueños se mantuvieron tranquilos, y aunque él y Nick
se pasaron la noche conduciendo por las carreteras de Texas, tomados de la
mano como los tontos enamorados que soñaba que eran, y Nick no paraba de
decir: "Es mucho mejor contigo y nunca estoy solo contigo, Colton", no acabó
echando crema. Pequeños milagros. Había aprovechado el tiempo esa mañana
para terminar la lista de reproducción de Nick.
Y entonces pensó en el pasado, recordando sus conversaciones con Nick
de los días que habían pasado juntos. No quiero estar en el pasado. Sólo quiero
pensar en el futuro.

Podía darle a Nick un día para empezar ese futuro, con suerte, con una
sonrisa. Había sacado Google Maps, comprobado los tiempos de conducción.
Lo único que no pudo averiguar fue cómo llevar a Nick hasta allí y mantener
todo el asunto como una sorpresa, pero cuando Nick le entregó las llaves, eso
resolvió el problema.

Nick durmió durante el resto del viaje, y sólo se despertó después de que
Colton girara hacia el oeste en Georgetown para tomar la autopista 29. Nick
parpadeó mientras miraba la carretera. —¿Dónde estamos?

Colton consultó su mapa. —A una hora de distancia.

—¿De dónde?

—De donde te estoy llevando.

—Eso suena siniestro. ¿Me van a secuestrar?

Colton miró a Nick y casi se salió de la carretera. La mano de Nick voló


hacia el tablero.

—Lo siento —gruñó Colton. Se había perdido en la mirada de Nick—.


¿Confías en mí?

—¿Después de eso? —Nick se rió—. Bueno, tal vez no debería, pero lo


hago. Pero por favor, esto no es una cosa de crisis de mediana edad, ¿verdad?
¿Hacerme saltar en bungee o hacerme un piercing en la oreja? ¿O un tatuaje?

—No te veo haciendo ninguna de esas cosas. Te conozco, y nada de eso


eres tú.

Nick sonrió. —Me conoces, ¿eh?

Su corazón dio tres saltos. —Espero que sí. Supongo que lo averiguaremos
en una hora.

—Supongo que lo haremos.


Cincuenta y nueve minutos después, entró en el aparcamiento de una de
las mejores bodegas y salas de degustación de todo Texas. El Porsche retumbó
sobre el aparcamiento de caliche, y él aparcó bajo un árbol de sombra, frente a
la espectacular entrada de la bodega, que parecía un castillo. Los viñedos se
extendían por las laderas circundantes, a lo largo de kilómetros en todas las
direcciones. El sol brillaba, convirtiendo los racimos de uvas en racimos de
rubíes gordos y diamantes negros.

Era perfecto. Un día sacado de un cuento de hadas. Apagó el motor.

Nick se quedó mirando. Su mandíbula se había quedado abierta mientras


Colton conducía, y no había respirado ni una sola vez.

—Dijiste que querías venir —dijo Colton en voz baja—. Dijiste que nunca
tuviste la oportunidad. —Se encogió de hombros—. ¿Por qué no ahora? Puede
ser algo que puedas recordar bien, no algo que tengas que desechar.

Nick se volvió hacia él lentamente, como si su cabeza no estuviera pegada


a su cuello. Todavía lo estaba asimilando todo, su mirada rebotaba sobre la
bodega, los viñedos, de vuelta a la sala de degustación, hacia el patio repleto de
parejas. Finalmente, miró a Colton fijamente a los ojos. —Colton...

Lo odia. Esto fue una estupidez. Estaba pensando en traer a una mujer aquí
cuando empizara a tener citas de nuevo. Esto es obviamente una cita, obviamente
romántica, y la cagué.

Jugueteó con las llaves. Las giró en su regazo. —Podemos irnos, si no


quieres hacer esto.

—No —respiró Nick—. Esto es perfecto. —Alcanzó la consola -como en sus


sueños, como en sus malditos sueños, así, uno alcanzando al otro- y apretó la mano de
Colton—. Tú sí me conoces.

Quería girar su mano, enredar sus dedos. Quería atraer a Nick hacia él,
apretar sus labios como hacían en sus sueños cuando conducían hasta la orilla
de un lago y veían la puesta de sol. Había besado a Nick a través de la consola
central -así, justo así- tantas veces que sabía cómo sonaría el cuero cuando se
moviera, cuando Nick se moviera, cuando se inclinaran.

Pero no lo hizo, y Nick no lo hizo. Nick, en cambio, salió del coche. La


puerta se cerró detrás de él, dejando a Colton solo, mirando el espacio vacío que
Nick había dejado atrás.
Se levantó y siguió a Nick hasta la sala de degustación, dibujando una
sonrisa en su rostro. Estaba feliz, realmente. Estaba con Nick, y ese era el único
lugar en el que quería estar.

Se sentaron en la barra, hombro con hombro, y pidieron tres vinos


diferentes y dos tablas de quesos. Nick hablaba sin parar, hablándole de esta o
aquella cosecha, de las uvas que componían cada vino, del tiempo de
elaboración de cada uno. Qué era una mezcla, qué era un varietal. Le enseñó a
Colton a girar cada copa, a dejar que el vino respirara. Cómo describir el aroma
y los sabores. Le dijo qué vinos estaban llenos de taninos y cuáles eran
afrutados. Cuáles eran amargos y cuáles dulces. Cuáles eran espesos y pesados
en la lengua y cuáles eran ligeros como un beso.

Al cabo de una hora, uno de los asistentes vino a verlos. —¿Enseñando a


tu hijo sobre el vino? —le preguntó a Nick.

—No —dijo Nick. Se bebió lo último de una de las degustaciones,


tomándoselo de un trago en lugar de tirarlo en el depósito que le había dicho a
Colton que estaba allí específicamente para verter degustaciones antiguas—. No
es mi hijo. —Apoyó la mano en la parte baja de la espalda de Colton.

—¡Oh! —Los ojos del asistente se abrieron de par en par—. Lo siento. Mi


error. —Se lanzó a su discurso de ventas, tropezando con la descripción del
vino que Nick acababa de bajar como un tiro. Desapareció y reapareció con una
porción de tinto dulce de verano para ellos y lo abrió de golpe, diciendo—:
Invita la casa. Que lo disfruten. —Y luego se esfumó, alejándose tan rápido que
Colton casi vio los colores doblarse detrás de él.

Nick golpeó el hombro no herido de Colton con el suyo. Se rió entre


dientes ante otra pequeña degustación y luego tomó la botella de cortesía. Era
uno de los vinos que más le habían gustado a Colton. También le había gustado
la descripción que Nick había hecho de él, y cómo sus mejillas estaban
sonrojadas y sus ojos brillantes y hablaba con las manos. Cómo su hombro se
había convertido en un peso cómodo contra Colton, y cómo seguían mirándose
a los ojos mientras pasaba la tarde.

No es mi hijo. Eso era cierto, pero también era... ¿cierto? ¿Estaba Nick
diciendo algo más?

Nick sirvió una copa y se la entregó. Sus dedos se rozaron. Colton le


sostuvo la mirada mientras tomaba un sorbo. Toma su mano. Está tan cerca. Está
justo ahí, en el mostrador. Podrías tocar sus dedos si apenas estirases la mano. Se
estaba armando de valor poco a poco, fortificado por el tinto de verano,
mientras Nick se llevaba a la boca queso brie bañado en miel y rodajas de
melocotón fresco, cuando sus teléfonos vibraron. Nick sacó el suyo como si
estuviera en una funda de tiro rápido, mirando la pantalla mientras masticaba.

Colton amaba a su mejor amigo, y también amaba a Justin, pero maldita


sea. Aparecían en el peor jodido momento.

Sin embargo, enviaban fotos increíbles. Esta vez, Wes había sacado una
foto de Justin practicando sus movimientos de baile. Justin estaba sin camiseta y
de perfil en la cabina de la camioneta de Wes, y éste debió de tomar la foto
sentado en el suelo y mirando hacia arriba, con nada más que el gran cielo azul
detrás de Justin. Justin estaba levantado sobre un pie, con la otra pierna estirada
detrás de él, los brazos extendidos, todo él parecía largo y delgado y duro. Sus
músculos estaban esculpidos en granito, tan firmes como los de Wes, aunque no
tan voluminosos. Los jeans le llegaban a las caderas, mostrando sus definidos
huesos de la cadera y lo que parecía un nuevo y rasgado paquete de seis.
También estaba bronceado, el bronceado de semanas en el sol del oeste de
Texas. Llevaba el pelo recogido en una trenza francesa desordenada, con los
mechones sueltos al viento.

Parecía una obra de arte.

Nick se quedó boquiabierto. Sus ojos se quedaron perplejos, y miró de la


pantalla a Colton y luego de vuelta. —Mierda.

—Wow. Él se ve muy bien.

Nick puso un corazón en la foto de inmediato. Sin embargo, pareció


luchar con lo que debía escribir. Impresionante, finalmente escribió. Estás
increíble. Es una foto preciosa.

Gracias, escribió Justin. Envió un corazón. El ballet en la camioneta es


diferente al ballet en la barra. Emoji de risa.

Te ves perfecto haciendo ambas cosas. Wes, bombardeando la


conversación con amor por Justin. Colton sonrió. Debería sacar su teléfono.
Responder al mensaje. Fingir que él y Nick no estaban uno al lado del otro en
una bodega, de todos los lugares.

Pero entonces Nick sacó su cámara y dijo: —Sonríe —y sacó una foto de él
y Colton juntos haciendo exactamente lo que Colton acababa de pensar que no
debían admitir que estaban haciendo. En la foto, Colton había inclinado la
cabeza hacia la de Nick como si estuviera con su maldita novia-novio, y los
rostros de ambos estaban sonrojados, con sonrisas que estiraban sus mejillas al
máximo.

Nick envió la foto al chat de grupo antes de que Colton pudiera decir: —
Espera, vamos a rehacerlo.

La respuesta fue inmediata. Justin envió un mensaje de texto ¡¿Están


juntos ahora mismo?! ¡¿Dónde están?!

En una bodega, Nick envió un mensaje. Lo estamos pasando muy bien.

¿Conoces el vino, hermano? Wes envió el emoji de la risa esta vez.

¡Lo hace! Nick, defendiéndolo. Jesús, necesitaba sacar su teléfono, entrar


en la conversación. O, lo hace ahora. :)

OMG, ¿realmente están pasando el rato? Papá, ¿todavía estás jugando a


la PlayStation con Colton? Justin envió tres líneas de emojis de risa, como si
fuera la cosa más divertida que jamás hubiera imaginado, que los dos se
hicieran amigos.

Nick resopló. Se mordió el labio. No contestó el mensaje de inmediato.

Colton sabía lo que quería mandar por mensaje. Salimos todo el tiempo. Vivo
con tu padre. Sueño con él todas las noches. Me imagino besándolo cada hora de cada
día. Wes, ¿puedes enseñarme a chupar penes? Quiero hacerlo, pero me temo que voy a
apestar en ello26. Perdona el juego de palabras. Nunca había querido hacerlo antes, y no
tengo ni idea de qué hacer.

Por supuesto, realmente no necesitaba aprender a chupar un pene. Nick


no le iba a dejar chupar el suyo, y si no era el pene de Nick, no estaba
interesado. No soy gay, pero si el tipo correcto viene...

Soy nivel 5000 en Halo, Nick finalmente envió un mensaje. Colton me está
entrenando para unirse a un equipo profesional. Estoy buscando un cambio de
carrera.

No lo era, y Colton no lo estaba. El nivel cinco mil ni siquiera existía. Pero


era lo correcto de decir, y tanto Justin como Wes enviaron de vuelta emojis de
risa. Hola crisis de la mediana edad, se burló Justin. Nick envió tres corazones,
y luego deslizó su teléfono en el bolsillo.

26
En el original utiliza el término suck, que puede interpretarse tanto como chupar y apestar.
Wes, ¿es así como se sintió todos estos años? Observó el perfil de Nick: la línea
dura y recta de su nariz, el arco de sus labios, la nitidez de su mandíbula.
Observó cómo se movía su garganta al sorber el vino. Observó cómo se le
cerraban los ojos. ¿Es así como se siente desear algo con tanta fuerza que te duele?
Pero no puedes tenerlo, y no puedes alcanzarlo, y ni siquiera puedes admitir que quieres
lo que quieres. Que te estás muriendo por dentro con cada latido del corazón, pero no
puedes parar este anhelo ¿Es esto lo que se siente?
El lunes se pusieron en marcha en el primer grupo de emplazamientos de
Kimbrough, diez plataformas de perforación a lo largo de las llanuras del norte
de la cuenca del Pérmico.

Nick había vendido a Kimbrough su propia red móvil personal,


construida por Nick, gestionada por Kimbrough. Kimbrough Oil Mobile. La
empresa de Nick había colocado torres de telefonía móvil alrededor de los
emplazamientos remotos de las plataformas, había alquilado acceso en todas las
redes de operadores principales bajo el nombre de Kimbrough, incluso había
hecho rebotar la señal de los satélites: cualquier cosa para conseguir una
cobertura celular fuerte y fiable en las regiones más remotas de Texas. Nick
también vendió a Kimbrough sus propios teléfonos de alta gama, cargados con
las funciones corporativas y de seguridad de Kimbrough Oil y sintonizados con
la red móvil en todo momento. Con la red dedicada a Kimbrough Oil Mobile,
tenían líneas fuertes y directas con el mundo exterior, especialmente las
llamadas de ayuda y asistencia de emergencia. Si ocurriera lo peor, no habría
retrasos en la petición de ayuda debido a una señal defectuosa o fallida o a una
banda de radio ahogada o a interferencias estáticas en las transmisiones.

Kimbrough era el mayor cliente de Nick por un orden de magnitud. Si


esto tenía éxito, Nick podría acercarse a otros perforadores de petróleo y
operadores remotos y compartir la historia de éxito de Kimbrough sobre cómo
mejoró la salud y la seguridad de su lejana fuerza de trabajo, mejorando
también la moral. Dar a todo el mundo una conexión de datos de alta velocidad
y un teléfono inteligente gratuito tenía una forma de hacer felices a los
empleados. Si no tenía éxito, dijo Nick, quizá se fijara en ese equipo profesional
de Halo después de todo.

El jueves anterior al primer lanzamiento fuera de las instalaciones, Nick y


Colton se dirigieron a Houston para reunirse con Kimbrough. Querían repasar
el cronograma y recorrer cada paso que se daría el lunes, cuando la red entrara
en funcionamiento. Las torres y el hardware se habían instalado un mes antes, y
ahora era el momento de encenderlo todo.

El viernes volvían a casa y el lunes volarían a los lugares de perforación.

Estuvieron tan ocupados durante la semana que Colton casi no tuvo


tiempo de pensar en lo profundamente que se había enamorado de Nick. Sus
días en la oficina se vieron envueltos en los preparativos para Kimbrough. Hizo
pruebas con las redes de telefonía móvil, apagando y encendiendo y apagando
las torres, simulando fallos, simulando llamadas. Todas las noches, él y Nick
trabajaban hasta tarde antes de agarrar algo para ir a casa. Estaban demasiado
agotados para hacer mucho más que comer juntos en el patio, hablando en voz
baja de las nuevas fotos de Justin y Wes o de algo que habían visto en las
noticias o en Internet.

Nick había comprado dos cajas del vino favorito de Colton en la bodega,
el tinto dulce de verano, y cada noche les servía una copa. Con cada sorbo,
Colton saboreaba una mezcla de alegría y arrepentimiento, de éxito y fracaso.
Nick le había dicho, más de una vez, que la visita a la bodega había sido una de
las mejores sorpresas de su vida. Que se lo había pasado muy bien, el mejor
momento que había tenido en más tiempo del que podía recordar. Que había
querido ir tantas veces pero que nunca lo había hecho, tal vez porque estaba
destinado a ir con Colton ese día.

Touchdown, pensó Colton. Lo lograste. Maldita sea, lo hiciste bien. Le encantó.

Y... Tonto. Cobarde. Se había acobardado y no había dicho nada a Nick


mientras estaban allí. No había buscado su mano ni se había inclinado para
besar sus labios o su mejilla sonrojada por el vino. ¿Había sido realmente una
mirada coqueta en los ojos de Nick? ¿Se había quedado la palma de su mano,
una fracción de segundo de más, en la espalda de Colton? ¿Había visto algo allí,
o era sólo su desesperada imaginación?

Si una tarde de verano mareada y empapada de vino no había sido un


momento programado para que confesara su enamoramiento, entonces no sabía
qué era. Pero lo dejó pasar. Estaba demasiado asustado. ¿Y si lo que creía ver en
la mirada de Nick no era deseo, sino polvo? ¿El cómodo peso de su hombro y
su muslo contra el de Colton no era más que un embriagador pulso de cabernet
en las venas de Nick? Un muslo presionado contra otro no era una historia de
amor.

Pero era combustible para sus sueños. Los "qué pasaría si" y los "sólo si"
jugaban detrás de sus párpados mientras dormía. ¿Y si hubiera puesto su mano
sobre la rodilla de Nick? ¿Y si hubiera recorrido con sus dedos el interior del
muslo de Nick? ¿Si hubiera rozado la costura interior de sus pantalones, si
hubiera trazado un arco sobre sus cuádriceps?

Ahora miraba los árboles que pasaban a lo largo de la carretera mientras


conducían. La lista de reproducción que había hecho para Nick era su banda
sonora, junto con el zumbido de los neumáticos. Nick tamborileaba con las
yemas de los dedos sobre el volante al compás del ritmo.
Había hecho este viaje tantas veces en sus sueños, siempre de la mano de
Nick, que le resultaba extraño no tomarla en la vida real. Pasó sus dedos
nerviosos por las costuras interiores de sus pantalones cortos, pero eso le hizo
imaginar las manos de Nick sobre él, trazando un camino por la curva de su
muslo, y apretó la tela en su mano y contuvo la respiración hasta estar seguro
de que no se avergonzaría a sí mismo.

Cuando llegaron, fue la misma rutina que antes: registrarse, dejar las
maletas, cambiarse. Esta vez, Colton había traído un balón de fútbol para
Kimbrough, y Nick lo mantuvo firme mientras lo firmaba con la mano
izquierda. Su firma parecía un garabato, líneas verticales y una sola barra
transversal, pero ¿no se suponía que las firmas eran desordenadas?

—Kimbrough estará encantado —dijo Nick.

El balón había sido idea de Colton, no de Nick. Sin embargo, beneficiaría a


Nick, y eso era lo que importaba.

Kimbrough estaba extasiado. Le encantó el balón, estaba más que efusivo


en su agradecimiento. Lanzó el balón de un lado a otro con Nick, y luego se
acercó a su despacho y tiró de Colton en un sorprendente y suave abrazo de oso
con un solo brazo.

—Cuando vuelvas a lanzar esos touchdowns, tendrás que venir a la


cuenca del Pérmico conmigo. Podrás situarte en uno de los bordes de mi campo
petrolífero y lanzar esta pelota tan lejos que podrás ver cómo se enrosca
alrededor del borde de la tierra.

Se lanzaron a los negocios, y Kimbrough fue paciente con Colton cuando


Nick le cedió la reunión. Era la primera vez que Colton hablaba delante de un
cliente, y era la más importante para Nick. Le explicó a Kimbrough las pruebas
que había realizado, las simulaciones y los ensayos de las torres móviles, las
operaciones de la red y los diferentes casos de uso. Uso mínimo, uso máximo.
Todas las variaciones de utilización que pudiera imaginar. Probar la red había
sido como acercarse a la línea y pasar por el centro. Leer la defensa. ¿Qué le
iban a lanzar y cómo iba a responder? Ahora, ¿qué iba a lanzar el mundo a la
red de Nick? ¿Cómo probaba Colton eso, y cómo debía responder para que
Nick pudiera tener su touchdown con Kimbrough?

Al principio tropezó un poco, pero luego se puso a tono, y cuando


terminó, Kimbrough estaba radiante.
Nick llevó a Kimbrough a través del despliegue previsto para el lunes.
Kimbrough tenía miles de preguntas para Nick, y éste fue capaz de responder a
todas ellas. Colton se sintió sobrecogido mientras lo observaba. ¿No había nada
que Nick no supiera?

Volvieron a cenar en el asador de Kimbrough, que realmente era su


asador. Colton lo había buscado una tarde en la oficina, curioso. Kimbrough era
el dueño del lugar, una de sus muchas empresas diversificadas fuera de la
exploración de petróleo y gas. Colton debía de estar incluido en la lista de
clientes notables, porque su cerveza preferida y el corte de bistec elegido
aparecieron sin que tuviera que pedir nada. Sin embargo, hizo parpadear a la
camarera cuando le preguntó si tenía algún tinto de verano. Kimbrough, por
supuesto, se dio cuenta cuando le trajeron su copa de vino rubí brillante, y eso
dio pie a la historia de Colton llevando a Nick a la bodega el día en que finalizó
su divorcio. Colton se sonrojó, Nick le sonrió -como lo hacía en los sueños de
Colton, cuando éste lanzaba un touchdown y la de Nick era la única cara que
podía ver en las gradas- y Kimbrough se rió mientras miraba su propio vaso de
whisky.

—Agarrate a este, Nick —retumbó Kimbrough—. Va a ser un buen, buen


hombre.

—La NFL tendrá mucha suerte de tenerlo —dijo Nick. Le guiñó un ojo a
Colton.

Kimbrough asintió, pero sus ojos intensos y gastados por el tiempo


parecían verlo todo, incluso lo que no estaba en la superficie, cuando miraba a
Colton. Colton trató de no retorcerse.

La noche terminó con la finalización de sus planes para el lunes: Nick y


Colton volaron de Austin a Lubbock, donde el helicóptero de Kimbrough los
recogería y los llevaría a la mayor de las diez plataformas de perforación que
estaban poniendo en marcha. Estarían en el sitio cuando la red se pusiera en
marcha. En el mejor de los casos, todo iría según lo previsto, y harían un rápido
recorrido por el resto de las plataformas antes de volver a Lubbock y tomar un
vuelo a casa. Fácil. Con suerte.

Volvieron al hotel en coche privado. En el camino, Colton le preguntó a


Nick: —¿Vamos a ir al bar de Brad esta noche?

—Me vendría bien una copa de celebración, y te has ganado una con
creces. Lo has hecho muy bien hoy.
Colton sonrió.

Se deshicieron de sus chaquetas y corbatas en la habitación, y Colton se


cambió a su cabestrillo más sencillo después de que se sacaran de encima los
estiramientos y las elevaciones de brazos. La caminata pareció más rápida esta
vez, o tal vez fue que el clima era menos húmedo, o tal vez sólo fue que Colton
estaba más feliz, cada pensamiento en su cabeza consumido por el hombre que
caminaba a su lado.

Brad se alegró de verlos de nuevo, y les puso cervezas en la barra antes de


que sacaran sus taburetes. Coqueteó con ellos, llamó a Colton "cosa caliente" y a
Nick "sexy Daddy". Les preguntó por su verano, cómo se sentía el brazo de
Colton y cómo les iba a Justin y Wes.

Colton podía ver, con suma facilidad, cómo Nick se habría hecho amigo
de Brad en un momento. Probablemente habían estado así la primera noche que
se conocieron, hablando hasta el cansancio, Brad tan concentrado en Nick que
parecía que eran los únicos hombres en el bar.

Al final, Brad tuvo que trabajar con la gente, y se marchó con un saludo
con la punta del dedo y un beso soplado, dejando a Nick y a Colton solos. Justin
y Wes habían enviado mensajes de texto mientras Brad estaba con ellos, y Nick
había mostrado la última pose de ballet de Justin, la foto de Wes de pie en la
silla de montar con un lazo sobre su cabeza, y los dos del brazo en el borde de
una mesa, una selfie de sus rostros bronceados y lo que parecía la eternidad
detrás de ellos.

Enviaron mensajes de texto a sus vaqueros -esta vez sin selfies- y luego
Nick guardó su teléfono.

Colton había bebido menos con la cena que la primera vez que vinieron a
Houston. No podía explicar la sensación de burbujeo en su sangre por el
champagne o el exceso de vino tinto. Ni siquiera estaba bebiendo su Shiner27 tan
rápido, aunque Nick ya iba por la segunda. Pero había algo en el aire que lo
mareaba, como si hubiera respirado profundamente helio. Las luces eran
brillantes, resplandeciendo al compás de las risas de los otros grupos y de las
acogedoras parejas. Podía oír a los hombres divirtiéndose, celebrando y
bromeando. Sus ojos se desviaron y vio a dos hombres coquetear en un extremo
de la barra. Vio cómo un hombre ponía su mano sobre la de otro por primera
vez, si las repentinas sonrisas en los rostros de ambos eran algo a tener en
cuenta. Un hipster y un hombre mayor se acurrucaron en una cabina de la

27
Marca de cerveza.
esquina, besándose entre suaves susurros. Alguien le guiñó un ojo desde una
mesa abarrotada junto a la puerta.

Nick bebió lo último de su Shiner mientras miraba a Colton. —Sabes,


tengo que decirte que estoy más que impresionado contigo este verano. Quiero
decir, no tenía ninguna duda de que ibas a ser increíble, Colton, pero te has
lanzado a aprenderlo todo. A veces confío más en ti que en mis ejecutivos de
cuentas. Lo estás haciendo muy bien. Y Kimbrough tiene razón. No importa lo
que te depare el futuro, vas a hacer cosas increíbles. Cualquiera será afortunado
de tenerte.

Miró fijamente a Nick. Apretó su vaso de cerveza y sintió cómo la gélida


condensación goteaba entre sus dedos. No quiero a "cualquiera". Te quiero a ti.

Nick ladeó la cabeza hacia Colton. Sus mejillas estaban sonrojadas, como
lo habían estado aquella tarde en la bodega. Sus ojos eran brillantes, tan
brillantes como la pequeña bola de discoteca que giraba en la esquina del bar.
Sonrió.

Fue como tomar un sack28, el viento lo dejó sin aliento. Le devolvió la


mirada estúpidamente, esperando que estuviera sonriendo, esperando que no
estuviera sonriendo demasiado, esperando que no lo estuviera delatando.
Quiero ser tu quarterback. Quiero un millón de noches como ésta. Quiero que siempre
me sonrías exactamente como lo estás haciendo ahora.

—¿Y tú? —Nick empujó el muslo de Colton con su rodilla—. ¿Qué piensas
de este verano? ¿Te lo estás pasando bien?

Vidas soñadas juntos, días soleados montando en el coche de Nick,


tomados de la mano. Cientos de partidos de fútbol, cien pases de touchdown,
cien besos de victoria. Nick encima de él, Nick rodeándolo con sus brazos. Nick
debajo de él, los labios y la boca de Colton en la piel de Nick, explorando de
formas que nunca antes había pensado. Cada momento de cada día se llenaba
de Nick, cada lugar dentro de él ardiendo por el toque de Nick, la mirada de
Nick, la sonrisa de Nick. El beso de Nick.

Hazlo. Bésalo.

Se movió antes de que pudiera dudar de sí mismo, pensar demasiado en


las cosas, o flaquear como había hecho en la bodega. Se inclinó hacia él y

28
Conocido en México como captura de mariscal de campo,ocurre cuando el quarterback es tacleado o
sale del campo de juego detrás de la línea de golpeo antes de lanzar un pase adelantado.
presionó sus labios contra los de Nick, inclinando la cabeza para que sus narices
no chocaran, para que sus labios se rozaran en ese punto perfecto, donde el arco
de los labios de Nick se deslizaría hacia la suave separación de los de Colton. La
tierra parecía detenerse, y el único movimiento que sentía era el frenético latido
de su pulso y sus labios, que mordisqueaban suavemente el par inmóvil de
Nick.

Él no está devolviendo el beso.

Colton se apartó. Tragó saliva y miró fijamente a los ojos más grandes y
sorprendidos que jamás había visto. Nick, aturdido. Nick, sin palabras. Nick,
parpadeando mientras miraba a Colton como si éste acabara de salir de una
nave espacial alienígena, descendida de las lunas de Júpiter.

No, no es así como se suponía que iba a ser esto. No es lo que había
imaginado, lo que había representado en sus fantasías diurnas y nocturnas. No,
no, no, no...

Se inclinó de nuevo, esta vez ahuecando la cara de Nick con su mano


izquierda mientras apretaba sus labios. Su pulgar acarició el pómulo de Nick
mientras sus dedos jugaban con el pelo del cuello de Nick, por encima del
cuello almidonado de su camisa. El rastrojo le hizo cosquillas en la palma de la
mano.

Invasión. Penalti de cinco yardas. Su mente le gritaba que dejara de mover


sus labios sobre los de Nick. Retrocede. Huye. No lo mires a los ojos. Lo jodiste todo.
Has encontrado el final.

Cerró los ojos, besando a Nick por última vez, sus labios se amoldaron a
los de Nick una vez más, rozándose suavemente antes de hacer cosquillas en el
labio inferior de Nick con la más mínima pasada de su lengua. Un sabor, un
sabor prohibido. Nick podría apartarlo, tirarlo del taburete, decirle que no
quería volver a ver a Colton. Colton podría tomar un Uber hasta el aeropuerto y
volar de vuelta a Austin, trasladar sus cosas a la casa de los deportistas esta
noche. Podría pasar el resto del verano bajo sus sábanas, engordando a base de
Fritos y Mountain Dew. Si sólo probara una vez...

Los labios de Nick se separaron. Gimió, y su lengua salió y se encontró


con la de Colton mientras lo alcanzaba con ambas manos, tirando de él hacia
delante de forma tan inesperada que cayó en el agarre de Nick, su pecho
chocando contra el de Nick mientras se colocaba en el soporte de los muslos
abiertos de Nick.
Aturdido, rompió el beso -¡Maldito idiota, por qué has hecho eso, acabas de
conseguir lo que siempre has querido!- y se echó hacia atrás. Sintió que sus propios
ojos se abrían de par en par mientras miraba los labios hinchados por el beso de
Nick y sus pupilas dilatadas.

—¿Me estás devolviendo el beso? —soltó.

—¿Me estás besando? —Nick respiró.

—Bueno... sí.

—¿Por qué? —Las manos de Nick temblaban donde agarraban la camisa


abotonada de Colton, dos puñados de tela sobre sus pectorales. Sus labios
estaban separados, todavía brillantes por su beso -Jesús, ese soy yo, ese soy yo en
sus labios- y su cabeza se movía en pequeñas sacudidas, como si no pudiera
creer el mundo en el que estaba.

Colton sintió que el rubor comenzaba en su pecho, subía por debajo de su


cuello y manchaba sus mejillas de color carmesí.

—Creo que eso es bastante obvio, ¿no? A no ser que realmente apeste en
las cosas. Más de lo que pensaba.

Nick parpadeó. Intentó decir algo. No le salió nada.

—Te quiero. —Su susurro rebotó en los labios de Nick—. Te deseo, Nick.

Algo chispeó en lo más profundo de la mirada de Nick. Sus pupilas


pasaron de ser océanos de sorpresa, de shock sangrando en todas las
direcciones, a lagos de fuego. Piscinas de magma. Su mirada recorrió el cuerpo
de Colton, desde sus labios hasta su pecho -donde Nick seguía agarrando su
camisa-, hasta la cintura y más abajo, y luego subió, deteniéndose en los labios
de Colton antes de subir para atrapar la mirada de Colton.

Nick se levantó de su taburete. Se abalanzó sobre Colton y sus piernas,


caderas y hombros chocaron. Colton se sacudió y se agarró a la cintura de Nick
y lo sujetó con fuerza, manteniéndolos unidos, cuerpo a cuerpo. Sintió que su
pene pasaba de estar asustado y suave a estar desesperado y duro contra Nick,
la entrepierna de Nick, el pene de Nick.

—Salgamos de aquí —gruñó Nick.


El camino de vuelta al hotel fue un borrón.

Colton recordaba que su espalda chocó contra las paredes de ladrillo,


recordaba que se aferró a la cintura de Nick mientras se besaban febrilmente.
Destellos en el tiempo, momentos que se convirtieron en recuerdos fijos. La
lengua de Nick enredándose con la suya. Su cabeza echada hacia atrás,
raspando contra el ladrillo y el mortero cuando Nick le mordía la mandíbula o
el cuello. Las manos de Nick recorriendo sus caderas, deslizándose por sus
costados y sobre sus costillas. Sus cuerpos se arqueaban juntos. Muslo
encontrando muslo, encontrando el espacio entre las piernas del otro. El pene
de Colton nunca había estado tan duro.

Subieron corriendo las escaleras hasta su suite. A Nick le temblaban las


manos mientras trabajaba en la cerradura, intentando y fallando el pomo de la
puerta. Entraron como animales salvajes y la puerta se estrelló contra la pared y
se cerró de golpe tras ellos. Era tarde. Iban a recibir quejas por el ruido. A
Colton no le importó.

Agarró a Nick por la cintura y lo acercó, luego retrocedió hasta la cama de


Nick. Selló sus labios sobre los de Nick, metió su lengua en la boca de Nick.

Mierda, con el cabestrillo puesto, no podía moverse como quería, no podía


poner las dos manos en el cuerpo de Nick. Se quitó el puto aparato y lo dejó
caer al lado de la cama mientras caía hacia atrás, todavía sujetando a Nick.

Su hombro se retorció una vez, y luego se olvidó de que tenía un hombro.

Nick se arrastró sobre él, montando a horcajadas sobre sus piernas y su


cintura mientras perseguía los labios de Colton. Sus manos rastrillaron el pelo
de Colton, sus dedos agarraron el cráneo de Colton casi con la fuerza suficiente
para que le doliera. Su beso era un tornado: salvaje, feroz, desenfrenado. Era
como una línea defensiva completa que se abalanzaba sobre Colton, y éste no
podía respirar, no podía pensar. Sólo podía agarrar a Nick y devolverle el beso.

Se levantó, empujando sus caderas contra Nick. Su erección se esforzaba.


Le dolía. Necesitaba sentir el cuerpo de Nick, necesitaba sentir si Nick quería a
Colton tanto como Colton quería a Nick.
Ahí estaba. Su calor duro encontró el de Nick, todavía encerrado en sus
pantalones de traje.

Sí. Nick estaba duro. Duro para él.

Nick gimió y enterró su frente contra la de Colton. Sus labios húmedos


rozaron la mandíbula de Colton, su mejilla. Exhaló y susurró: —Colton.

Colton gimió. Los dos brazos se levantaron –una vibración salió de su


hombro- y rodearon la cintura de Nick antes de tirar frenéticamente de la
camisa de vestir de éste. La liberó de los pantalones de Nick y luego deslizó las
manos por debajo del algodón almidonado, bajo el dobladillo suelto de la
camiseta.

Nick se apartó de Colton, levantándose en su regazo. Colton siseó y sus


manos cayeron hacia atrás. Demasiado, he ido demasiado lejos...

Los dedos temblorosos de Nick empezaron a tocar los botones de su


camisa. Apretó los dientes y cerró los ojos mientras luchaba por el tercer botón.

Colton se unió a él, consiguiendo desabrochar cuatro botones mientras


Nick conseguía otro. Se sentó, deslizando la camisa de Nick por sus hombros
antes de rodear la cintura de Nick con sus brazos de nuevo. Enterró su cara en
el pecho de Nick. El vello oscuro del pecho de Nick, salpicado de mechones
plateados, se extendía de pectorales a pectorales, bajando hasta su vientre plano
y más abajo, desapareciendo debajo de su cinturón.

—Tú también —susurró Nick. Sus labios se movieron contra el pelo de


Colton, la coronilla de su cabeza. Se aferró a los hombros de Colton—. Quítate
la camiseta.

Colton los hizo rodar a los dos, tumbando a Nick de espaldas en el


colchón mientras se ponía a horcajadas sobre Nick como Nick se había puesto a
horcajadas sobre él. Trabajó en sus botones como si su camisa estuviera en
llamas, ignorando el creciente dolor en su hombro. Se despojó de la camisa en
cuanto la tuvo abierta, pero la tela de las mangas se le enganchó en los
antebrazos y tuvo que sacudir los brazos como si fuera una de esas figuras de
tubos hinchables aparcadas fuera de los concesionarios de coches en verano.
Nick ayudó a Colton a quitarse la camiseta y luego se quitó la suya.

Piel con piel, pecho con pecho. Colton estuvo a punto de correrse en los
pantalones al sentir a Nick contra él, la realidad liberada de todos sus sueños.
Colton tiró de sus caderas hacia atrás -no te corras, no te corras- y luego equilibró
su peso sobre el codo izquierdo mientras empezaba a besar la mandíbula de
Nick, su cuello, sobre las clavículas.

Hasta llegar a su pecho y a esa porción de vello en el pectoral. Nick se


estremeció bajo él, su corazón latía tan fuerte que Colton podía oírlo, sentirlo
cuando presionaba sus labios sobre el pectoral izquierdo de Nick. Era la
primera vez que se acercaba al pecho de un hombre con los labios en la piel.
Besó la piel sobre el corazón de Nick, dejó un chupón bajo el pezón. El pelo era
una sensación nueva, diferente de las interminables curvas de una chica.
Aunque no era una mala sensación. No cuando era el pelo del pecho de Nick.
Se aferró al pezón de Nick y lo mordió.

La espalda de Nick se arqueó y emitió un ruido entre un grito y un


gemido. Sus piernas se abrieron y Colton se movió, metiendo las rodillas entre
los muslos de Nick. Siguió besando más y más abajo, los labios se deslizaron
sobre el ombligo de Nick y sus dos caderas antes de llegar a la barrera de los
pantalones de vestir de Nick y el cinturón. Por debajo de la hebilla, la longitud
palpitante de Nick se tensaba contra la cremallera, casi obscena por lo mucho
que abría los pantalones.

Nick estaba tan excitado como Colton.

Acarició el vientre tembloroso de Nick y buscó el cinturón de Nick.

—Oh, Dios mío... —Nick susurró. Sus manos revolotearon sobre la cabeza
de Colton. Los dedos se deslizaron por el pelo de Colton—. Colton... Mierda...

Nick lo ayudó a quitarse los pantalones, aunque mantenía la cabeza


inclinada hacia atrás y tenía los ojos cerrados. Su respiración se produjo en
jadeos duros y ásperos, casi frenéticos. Casi con pánico.

Este era el momento. Esto era. Esto era lo que había soñado. Con lo que
había deseado pedir la ayuda de Wes. Había pensado en la pregunta cientos de
veces: ¿Cómo puedo hacer que se corra un hombre? ¿Cómo puedo hacerlo bien para
Nick?

Esperaba que el entusiasmo compensara su falta de habilidad. Colton


rodeó con sus labios la hinchada cabeza del eje de Nick y chupó. Nick se agitó
dentro de él, casi tirando a Colton, pero éste se aferró a las caderas de Nick.
Nick volvió a gemir, y sus talones se clavaron en el colchón mientras sus muslos
se apretaban y soltaban, se apretaban y soltaban. Se balanceó, succionando todo
lo que pudo en su boca en largas y profundas caricias. Que, sorprendentemente,
era mucho. Nick también parecía sorprendido, y gimió el nombre de Colton
cuando los labios de éste casi -pero no del todo- alcanzaron el enmarañado
pubis de Nick.

No era nada parecido a lo que había hecho antes. No había nada en su


vida real con lo que comparar esto. Había chupado paletas y Tootsie Pops29 y
había comido plátanos toda su vida, pero nada de eso -ni siquiera sus sueños,
en los que se la chupaba a Nick al menos una vez por noche- se acercaba a lo
que era tomar toda la longitud de Nick dentro de su boca. La piel caliente, el
sudor, un olor que era todo de Nick. Recorrió con la lengua la parte inferior y
volvió a girar alrededor de la cabeza. Ahuecó las mejillas y se humedeció los
labios y chupó mientras subía y bajaba, subía y bajaba, más rápido, más rápido,
su mano derecha se enroscaba alrededor del muslo de Nick. La cabeza del pene
de Nick golpeó la parte posterior de su garganta una, dos, tres veces.

Nick hundió sus dedos en el pelo de Colton y gritó.

Era un hombre. Conocía las señales. Sintió que Nick se tensaba, sintió que
los músculos de sus muslos se ponían duros y rígidos, sintió que su culo se
apretaba y sus caderas levitaban. Sintió que su pene se ponía, imposiblemente,
más duro en su boca, justo antes de que Nick se corriera.

Como la mayoría de los hombres, Colton había probado su propio semen.


Se había llevado el dedo a la lengua después de masturbarse, con la curiosidad
de probar una gota. Una gota era diferente de un torrente, la fuerza de un géiser
que salía de las bolas de un hombre y se vaciaba en su garganta. La corrida de
Nick se estrelló en su paladar, cubriendo su garganta como una crema caliente.
Tosió, ahogándose con el líquido espeso y salado que lo llenaba. Abrió la boca y
el semen de Nick goteó, deslizándose por su pene y acumulándose en su
entrepierna. Colton intentó lamerlo todo, lamiendo el tronco y las bolas de Nick
mientras éste maldecía y susurraba su nombre, una letanía de "Colton" y
"Mierda" y "Oh, Dios".

Colton se incorporó y se pasó el dorso de la mano por los labios


empapados de semen. No fue un mal final para su primera mamada. Y, ahora
que lo había hecho, quería repetirlo. Y otra vez. Antes, hace unas semanas,
nunca había imaginado que desearía chupar el pene de otro hombre, pero aquí
estaba. Ya queriendo más.

Su propio eje se movió al pensar en eso. Se sentó de nuevo entre las


piernas abiertas y desnudas de Nick y tiró de su propio cinturón, manoseando

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su cremallera y arrancando sus pantalones y bóxers mientras caía al lado de
Nick. Nick no se había movido desde que se había corrido en la garganta de
Colton. Seguía tumbado con los ojos cerrados, jadeando y temblando.

Colton estaba tan jodidamente cerca de correrse, que probablemente


podría hacerlo sólo con mirar a Nick. No necesitaba las manos de Nick sobre él,
pero sería agradable...

Nick rodó hacia él, sujetándolo por la nuca con una mano y buscando a
tientas su dura longitud con la otra. Arrastró a Colton cerca, empujando sus
frentes mientras apretaba torpemente la erección de Colton. Parecía no saber
qué hacer ni cómo sujetarlo, cómo girar la muñeca y acariciar cuando todo
estaba al revés y el pene que intentaba masturbar pertenecía a otro hombre. Sus
movimientos eran torpes. Su agarre se enganchó a la cabeza de Colton, y luego
apretó demasiado el eje.

—Lo siento —susurró Nick. Sus labios rozaron los de Colton. Hundió su
frente contra la de Colton, enterró su nariz en la mejilla de Colton—. No sé lo
que estoy haciendo. ¿Qué...? ¿Cómo debo hacerlo?

—Estoy tan cerca que no importa. —Se aferró a la mano de Nick, la que
intentaba sacudirlo—. Aprieta. Pasa tu pulgar...

Entonces Nick lo consiguió, como por arte de magia, y Colton se


estremeció, empujó sus labios contra los de Nick, clavó sus dedos en el brazo de
Nick y explotó. Luz blanca, sol de verano, un millón de pases de touchdown.
Todas las victorias que había tenido, condensadas en un momento perfecto, la
sensación de Nick abrazándolo y los labios de Nick devolviéndole el beso y él
orgasmo con Nick allí esta vez. No es un sueño, no es un sueño. Respiró el nombre
de Nick mientras su orgasmo se desvanecía, mientras el terremoto se asentaba,
y volvía a la realidad, a la cama en la que estaban, juntos.

Lo habían hecho.

Había besado a Nick, y Nick le había devuelto el beso.

Había tenido sexo con Nick. Y le había encantado.

¿Nick había estado pensando en él de la misma manera que Colton estaba


pensando en él? ¿Era realmente un coqueteo en sus ojos en la bodega? ¿Este
deseo había estado creciendo silenciosamente en ambos, y ambos habían
tropezado con estos sentimientos como si hubieran estado caminando en la
oscuridad?
Una ola de felicidad post-orgasmo lo inundó. Colocó su brazo sobre la
cintura de Nick y enterró su cara en el cuello de éste. El corazón de Nick seguía
latiendo a un ritmo demasiado rápido. Colton besó el pecho de Nick, su peludo
pectoral, justo encima de su corazón, y dejó que sus ojos se cerraran.

—Colton... —Escuchó a Nick susurrar mientras éste le pasaba la mano por


el brazo izquierdo. Se quedó dormido con las suaves caricias de los dedos de
Nick y el salvaje latido del corazón de Nick bajo su mejilla.
La luz del sol le atravesó los párpados, lo suficientemente brillante como
para sacarlo de sus sueños. Gimió y aplastó su cara contra la almohada. Tenía el
brazo izquierdo sobre la cabeza, agarrando la funda de la almohada. El derecho
estaba acurrucado bajo su pecho, pegado al cuerpo. Algo no estaba bien en eso,
pero estaba demasiado disperso para pensar por qué. El sueño aún se aferraba a
él. El sueño y la lasitud del olvido gozoso, el hundimiento en la inconsciencia
que le ocurría después de un sexo realmente bueno.

Sexo. Con Nick.

Los ojos de Colton se abrieron de golpe. Un ojo se asomó desde la


almohada y vio a Nick sentado en la cama junto a él.

Nick estaba apoyado contra el cabecero de la cama, acurrucado hacia


delante, con las rodillas dobladas. Se había puesto la sábana sobre las piernas y
la cintura para cubrirse la entrepierna. Tenía los hombros desnudos y Colton
podía ver la amplia extensión de su espalda. Ver la larga línea de su columna
vertebral y los planos de sus músculos que bajaban desde sus hombros.

Levantó la mirada hacia el rostro de Nick.

Un horror desgarrador llenó los ojos de Nick. Horror, conmoción y terror.

—Colton. —Nick apenas forzó su nombre. Estaba apretado y duro,


destrozado como si lo hubiera arrastrado desde el fondo de su alma.

Colton cerró los ojos y volvió a enterrar la cara en la almohada. No. No,
ese no era el aspecto que debía tener Nick la mañana siguiente. Así no se
suponía que debía mirar a Colton, nunca. No, no, no, no, no. Por favor, no. Se
habían besado. Habían tenido sexo. Eso significaba algo, ¿no? Algo bueno. Nick
lo había querido, pensó, abrazando a Colton. Besándolo de vuelta. Acariciando
su pene.

—Colton —Nick se ahogó—. Sé que estás despierto. Abre los ojos.

Inhaló. Arrugó la cara. Abrió un ojo.


La mirada de terror seguía en el rostro de Nick. Las manos de Nick
apretaron la sábana que tenía entre las rodillas, con los nudillos blancos.

—¿Qué hemos hecho? —Nick susurró—. ¿Qué pasó anoche?

Colton parpadeó. Hundió la mejilla en la almohada, la almohada que olía


a Nick. —¿No te acuerdas? —Dios, le dolía la garganta. Su voz sonaba como si
hubiera pasado por un rallador de queso, como si hubiera hablado demasiado
anoche. Pero no, no había estado hablando. Había estado chupando el pene de
Nick.

Nick palideció de nuevo. Sus manos temblaron. Sus labios se apretaron.

—Nosotros...

Esto no era como se suponía que iba a ser en absoluto. Rodó, con cautela,
tratando de no poner ningún peso en su palpitante hombro derecho mientras se
volteaba de su vientre a su espalda. La erección matutina que había tenido
había desaparecido. Estaba desnudo, sin fuerzas y expuesto.

La mirada de Nick recorrió su cuerpo, pasando por su entrepierna


desnuda y su pecho, y luego se abrió de par en par cuando vio el brazo derecho
de Colton.

—¿Dónde está tu cabestrillo?

—En algún lugar en el suelo.

—Mierda. —Nick se inclinó sobre el borde de la cama, buscando en la


alfombra. Mantuvo la sábana alrededor de su cintura, cubriéndose, mientras
agarraba el cabestrillo de Colton—. ¿Dormiste sin él?

—Quería tocarte… —Nick parecía que iba a vomitar—. Estaba en el


camino —murmuró Colton.

—¿Te duele? ¿Te he hecho daño en el hombro? ¿Te he...? —Nick cerró los
ojos y bajó la cabeza.

Colton se sentó junto a Nick, a unos centímetros de distancia pero tan lejos
del hombre que creía que se había convertido en su amante que bien podría
estar sentado solo en la luna. Se pasó el cabestrillo por la cabeza y apoyó el codo
en la lona y la malla. El hombro le seguía doliendo y el simple hecho de
inmovilizar el brazo era un alivio.
—Pensé que te gustaba —dijo finalmente. Nick todavía no había mirado
hacia él—. Parecía que sí. Me devolviste el beso.

—Hace mucho, mucho tiempo que no tengo sexo. —La voz de Nick estaba
rota. Un animal herido que se esconde. Exhaló, desinflándose, su columna
vertebral se curvó tanto hacia adelante que su temblorosa barbilla casi rozó su
pecho—. Dios, ¿qué he hecho? ¿Me aproveché de ti?

El dolor penetró en las venas de Colton, en cada músculo. Cintas de dolor


fluían desde donde su corazón se volvía negro y azul, magullado con cada
palabra que Nick pronunciaba.

—Pensé que ambos estábamos metidos en esto. Yo tenía muy claro lo que
quería. Pensé que tú también lo tenías claro.

¿No le había devuelto Nick el beso? ¿No había dicho, "Salgamos de aquí"?
¿No había desnudado a Colton, no había puesto sus manos sobre Colton? ¿No
había deseado a Colton?

Hace mucho, mucho tiempo que no tengo sexo.

¿O es que Nick sólo quería el orgasmo, y ahora que la realidad de que


Colton había sido el que se lo había dado le estaba mirando a la cara, quería
huir?

Tal vez Nick no había estado pensando en él como él había estado


pensando en Nick. Tal vez no había habido deseo en sus ojos en la bodega. Sólo
polvo. Y la imaginación desbocada de Colton.

Nick escondió la cara entre las manos. —Dios, ¿qué he hecho?

Colton se quedó mirando su regazo, su pene flácido y gastado. Nick le


había tocado, le había hecho correrse, y se había quedado dormido escuchando
los latidos del corazón de Nick. Pensó que era el principio, pero no. Era el final.
Siempre hay un final.

—Tenemos que irnos. —Nick se puso en movimiento de repente,


deslizándose fuera de la cama y envolviendo la sábana alrededor de su cintura,
tímido ahora frente a Colton como si éste no se la hubiera chupado y tragado su
semen horas antes. Sacó los bóxers de la alfombra y se los puso debajo de la
sábana. Agarró su camiseta y se la pasó por la cabeza, y finalmente dejó caer la
sábana. Se rozó el muslo, un trozo de semen seco que se le pegaba a la piel—.
¿Quieres ducharte primero, o puedo...?

—Adelante. —Nick parecía frenético por quitarse a Colton de encima. Casi


corrió hacia la ducha, y cerró la puerta del baño firmemente detrás de él. Colton
escuchó, imaginando que Nick se debatía entre girar la cerradura.

Se puso sus propios bóxers y recogió la habitación mientras Nick se


duchaba. Hizo la maleta, se lavó los dientes. Puso las cosas de Nick en el
extremo de su cama. Cada vez que se movía, olía a Nick y a sexo, el olor de la
noche anterior. Finalmente se detuvo y miró la cama, sus mantas arrugadas, las
almohadas revueltas. Las hendiduras de dos hombres que habían dormido
juntos.

Nick salió de la ducha con una toalla. Colton no pudo evitarlo. Sus ojos
recorrieron el pecho de Nick, sus pezones tensos, el vello oscuro de su pecho -el
tacto de éste bajo sus dedos y contra sus labios- y bajaron hasta la cintura de Nick,
hasta el rastro que desaparecía bajo el nudo de la toalla, que llevaba a donde
Colton sabía ahora qué sabor tenía Nick, qué se sentía cuando estaba caliente y
duro y jadeando, cómo sonaba cuando susurraba el nombre de Colton.

Maldita sea, tenía que parar. Apartó la mirada mientras Nick se sonrojaba,
el color burdeos subía y bajaba por su pecho, estómago y cuello, hasta llegar a
sus orejas. Bordeó a Colton como si éste fuera peligroso, casi pegado a la pared
mientras se dirigía a su bolsa de viaje. De nuevo, se puso los bóxers debajo de la
toalla, ocultándose.

Colton se escabulló hacia el baño y cerró la puerta, dejando que Nick se


cambiara sin la mirada de Colton sobre su cuerpo.

Se duchó lo más rápido que pudo, pero el hombro le estaba matando, y


eso le hizo moverse lentamente. Sin embargo, sin dolor, no hay ganancia. Si se
hubiera despertado y hubiera pasado una hora en la cama intercambiando los
buenos días y hermosos besos con Nick, no habría pensado dos veces en su
hombro.

Tal vez el hecho de que Nick le dejara quitarse el cabestrillo anoche


debería haber sido una pista. Tal vez eso debería haber sido una señal de que
Nick no estaba realmente allí con él. Sin embargo, no había estado pensando tan
profundamente. No después de que Nick le devolviera el beso en el bar.

Maldita sea, le devolvió el beso.


Bajó la cabeza mientras el agua golpeaba su columna vertebral. Apretó la
pastilla de jabón con tanta fuerza que se derritió en la palma de su mano,
expulsando los dos extremos de su puño en un desastre blanco y pegajoso.
Intentó restregar los restos por su entrepierna, trató de lavarse las bolas y el
pene: Nick lo había acariciado, lo había masturbado. Nick lo había tocado allí, pero los
ojos se le nublaban y, por más que parpadeaba, no podía quitarse el agua de
encima. Tragó. Tragó una respiración ahogada y temblorosa. Sintió que las
lágrimas se deslizaban por su cara.

Colton se giró hacia el chorro. Aguantó la respiración hasta que le dolieron


los pulmones y estuvo seguro de que los sollozos se habían apagado, y entonces
se enjuagó las manos de los restos de jabón y salió de la ducha.

Nick no lo miró cuando salió. Tenía la bolsa preparada y estaba en el lado


opuesto de la suite, lo más lejos posible de Colton. Miró su teléfono, con el ceño
fruncido.

¿Qué pasaría ahora? Lubbock probablemente estaba fuera. De ninguna


manera Nick querría volver a viajar con él. ¿Querría siquiera que Colton
continuara con su pasantía? ¿O reasignaría a Colton, lo enviaría a otra persona,
a otro lugar, para que no tuvieran que volver a verse?

Sin duda, hoy volvería a la casa de los deportistas.

Esto sería incómodo cuando Justin y Wes regresaran. ¿Por qué ya no hablan
tú y mi papá? ¿No fueron juntos a esa bodega? ¿No jugaban juntos a la PlayStation
todo el tiempo?

Sí, pero luego se la chupé a tu papá y él se asustó como la mierda.

Esas cosas pasan, hermano.

Tenían tres horas de viaje por delante, y eso era lo que necesitaba para
sobrevivir ahora. Tres horas, y todos sus sueños destrozados. Mejor haber
tenido y perdido... Eso era una mierda. Quien dijera eso no había estado tres
horas atrapado en un Porsche con el tipo que lo acababa de rechazar. Que
miraba lo que había sido quizás la mejor noche de tu vida y actuaba como si
fuera la peor noche de la suya.

—¿Listo? —Nick ladró.

Colton asintió. Agarró su mochila y siguió a Nick fuera de la habitación


del hotel. Siempre, siempre hay un final.
¿Qué mierda? ¿Qué carajo había hecho?

Nick apretó el volante y pisó el acelerador. Quería ahogar sus


pensamientos con el rugido de la carretera, con el zumbido del motor. Quería ir
tan rápido y tan lejos que sus pensamientos se desdibujaran como el paisaje y
pudiera dejar atrás lo que había hecho y no tener que pensar nunca más en eso.

Pero no podía, porque Colton estaba a su lado.

Mierda, ¿qué había hecho?

Colton estaba sentado desplomado en el asiento delantero, con la espalda


encorvada, envuelto alrededor de su brazo derecho con la frente hundida en el
marco de la ventana del pasajero. Parecía que Nick lo estaba llevando a su
ejecución.

Esta no era la mirada de niño perdido de hace unos meses. Esto era algo
diferente, algo mucho peor. Colton no parecía tan abatido, tan desconsolado, ni
siquiera cuando había estado en el hospital después de la operación.

¿Qué diablos le había hecho a Colton?

Sus recuerdos eran como confeti, brillando y desenfocándose a medida


que avanzaba la noche. Sin embargo, no había bebido tanto. Era... algo más.
¿Cansancio? Había ido a toda velocidad durante un tiempo. Todo parecía ir
muy bien. Kimbrough estaba contento. La cuenta funcionaba sin problemas. La
instalación y las pruebas funcionaban sin contratiempos. Todo iba por buen
camino. Colton estaba fenomenal, superando todos los éxitos del lanzamiento.
Sí, la primera red móvil privada para una operación remota fuera de las
instalaciones estaba funcionando sin problemas, pero Colton… Dios, Colton
estaba en llamas. Estaba más orgulloso de que Colton estuviera pateando
traseros que de su propia tecnología. Estaba celebrando. Estaba feliz.

El bar de Brad. Una docena de parejas sonrientes los rodeaban con su


propia felicidad. Con la ligereza del ser, con el coqueto desenfado de una noche
de verano. Todo lo que había corrido por sus venas durante todo el verano,
desde que había empezado a pasar tiempo con Colton. La posibilidad, la
potencialidad. El "qué pasaría si" de un futuro que estaba fuera de la vista. La
joven ambición, la joven pasión. Lo había sentido como si hubiera disparado
veintidós años directamente a su corazón.

Colton lo besó. Lo recordó. Recordó la sensación de sus labios, el rasguño


de su barba. Recordó también el shock. ¿Qué estaba haciendo Colton?

—Estoy confundido —dijo finalmente, por encima del zumbido de los


neumáticos. Era lo primero que decía desde que salieron del hotel y salía a toda
velocidad de los límites de la ciudad de Houston. Su voz era cruda y
desgarrada. Se aclaró la garganta.

Colton dirigió hacia él aquellos ojos grandes, terribles y fundidos.

—No eres gay, Colton. —No había ninguna razón para que lo ocultara. No
después de la última temporada, y de Wes y Justin. No tendría que ocultárselo
a nadie, e incluso si quisiera ser discreto, podría habérselo dicho. Ellos habrían
guardado su secreto. Además, Colton había hablado de las chicas, de encontrar
una, o de no encontrarla, y de lo difícil que le resultaba entender a las mujeres.
Para conectar con ellas. Entiendo a Wes y a Justin. Entiendo el enamoramiento hacia
un chico. Nick se estremeció.

—No soy gay. —Colton trazó el sello de goma en el marco de la ventana


con su dedo índice—. ¿Tal vez soy bi? No lo sé. No me atraen los hombres como
a Wes y Justin.

Los ojos de Nick se dirigieron a Colton y luego volvieron a la carretera.

—Excepto que me siento atraído por ti. —Colton bajó la voz. Vaciló—.
Sabes, no es justo. Las chicas pueden acostarse con otras chicas y decir que están
experimentando, o que es sólo una parte de lo que son, y el mundo no se lo
piensa dos veces. No se les pone una etiqueta y se les dice: "Ahora eres esto,
para siempre", por unas cuantas relaciones. Pero los chicos, ya sabes. Si te lías
con un hombre, todo el mundo dice: 'Ahora eres gay'. O eres bi, por lo menos.
—Colton suspiró—. Pero yo no lo soy. No me atraen los chicos así. Sólo caí por
una persona. ¿Por qué importa si es un chico o una chica? —Miró fijamente la
carretera.

Nick dejó que eso se asentara durante una docena de kilómetros. —¿Así
que esto es nuevo? ¿Estás... experimentando?

—No es eso.

Nick se movió. Sus nudillos se apretaron. Otras diez millas rugieron.


Nunca se había sentido atraído por un hombre. Nunca había pensado en
un hombre de esa manera. Aunque había estado casado, así que nunca había
pensado realmente en la atracción por alguien que no fuera su esposa. Ex-
esposa. El matrimonio era cómodo, y él había estado contento. Tenía su amor
por esta vida, había pensado. Si sus ojos ocasionalmente reconocían a una mujer
hermosa, nunca dejó que el pensamiento se hundiera en su mente.

Y nunca había mirado a un hombre. No con lujuria. No con atracción.

Intentó evaluar a Colton con el rabillo del ojo. Colton era guapo.
Cualquiera, todo el mundo, podía verlo. Era asombrosamente guapo, con
rasgos fuertes, una cara definida, ojos brillantes. Su sonrisa podría alimentar
una planta eléctrica. Su cuerpo era una obra de arte, con músculos esculpidos y
un físico tenso que gritaba su dedicación al atletismo y al fútbol. Colton era, en
todo el sentido de la palabra, un buen partido.

Sin embargo, no era un buen partido para Nick. Porque Nick no era gay. O
bi.

El cuerpo de Colton se apretaba contra el suyo, la piel suave y esos


músculos duros y definidos contra su pecho. Un muslo grueso entre los suyos,
tan diferente de la suave piel que había conocido antes. Cynthia había sido todo
curvas y proporción. El cuerpo de Colton era como una cuchilla, tan caliente y
afilada contra el suyo.

Sacudió la cabeza. Intentó alejar el recuerdo.

Colton estremeciéndose en sus brazos. La piel de Colton contra la suya.


Los labios de Colton contra los suyos. Los labios de Colton en su pezón, su
pecho, su...

Casi se sale de la carretera. Tiró del volante, enderezó el coche. Puso otros
veinte kilómetros entre él y el recuerdo.

—¿Qué quieres de mí? —Las palabras habían estado rebotando en su


interior. Lo que había sucedido había sucedido, pero ¿qué significaba? ¿Qué
quería Colton que significara?

Colton se hundió en el asiento del copiloto. Su rostro se torció y luego se


suavizó. Volvió a torcerse. Apretó los labios. Arrugó un ojo. Luego exhaló, y su
expresión volvió a ser la máscara que había llevado en el hospital cuando
intentaba ser valiente.
—Pensé que era obvio lo que quería.

—¿Sexo? ¿Una aventura de una noche?

—No —susurró Colton—. Quería despertarme y verte sonriéndome.


Quería darte un beso de buenos días. Quería llegar hasta allí y tomar tu mano
ahora mismo, como he soñado hacer...

—¿Has soñado conmigo?

—He soñado mucho contigo. Y pensé, anoche, que esto empezaba a ir


hacia donde estaban mis sueños. Que estábamos en la misma página y
queríamos las mismas cosas. —Inhaló, lo exhaló en un gran suspiro—. Pensé
que tú también me querías.

—Jesús —susurró Nick—. Colton...

—Lo he jodido todo, ¿verdad?

El silencio llenó el coche. Incluso llenó la autopista. Llenó lo que parecía el


mundo entero. Colton se dio la vuelta y miró por la ventana.

¿Qué podía decir Nick a eso? No lo sabía. Las cosas se sentían bastante
jodidas. El pánico le aceleraba el corazón, le hacía sudar las palmas de las
manos, le hacía un gran nudo en el estómago. Antes pensó que estaba teniendo
un ataque al corazón. Pensó que iba a vomitar mientras se agachaba en la ducha
y miraba el desagüe. Pensó que había herido a Colton, que lo había utilizado de
alguna manera. No podía imaginar, cuando abrió los ojos, lo que los había
llevado a los dos a estar desnudos juntos, enredados en los brazos del otro.

Sus recuerdos habían vuelto en pedazos, como si estuviera demasiado


conmocionado para recordarlos todos a la vez, y eso no había hecho nada por la
culpa en la que se estaba ahogando.

He soñado mucho contigo. Y pensé, anoche, que esto empezaba a ir donde estaban
mis sueños.

No había lastimado a Colton anoche, pero parecía seguro que lo estaba


lastimando ahora.

Pensé que estábamos en la misma página, que queríamos las mismas cosas. Pensé
que también me querías a mí.
No era que no le gustara Colton. Por supuesto que le gustaba Colton.
Apreciaba el tiempo que pasaban juntos, tenía ganas de más, tanto que había
invitado a Colton a vivir con él durante el verano. Invitó a Colton a venir con él
en estos viajes no sólo porque quería que Colton tuviera la experiencia laboral,
sino porque había sido codicioso y quería a Colton cerca.

Colton... lo hacía sentir bien. Estar con Colton se sentía como estar cerca de
un perpetuo amanecer. Y Colton lo entendía de una manera fundamental.
¿Quién más lo habría llevado a esa bodega? ¿Quién más habría sabido que él
necesitaba algo así, algo maravilloso, exactamente ese día? Había abierto a
Colton partes de sí mismo que no había visto en años, incluso en décadas. No
era sólo el Nick empresario, ni el Nick padre, ni el Nick aficionado al fútbol. Cuando
Colton estaba cerca, era el Nick que era cuando estaba solo, cuando nadie lo
veía. El verdadero Nick. Y a Colton parecía gustarle ese tipo.

Parecía gustarle mucho ese Nick. He caído por ti.

Una parte de él anhelaba la presencia de Colton. Una parte de él,


claramente, pensaba que Colton era bastante sexy y atractivo, también. ¿Todas
estas partes habían estado dentro de él todo el tiempo? Pensaba que era un tipo
bastante consciente de sí mismo, pero despertarse desnudo junto a un hombre
tenía una forma de mostrarte tus puntos ciegos.

¿Qué sentía por Colton?

¿Cómo podía responder a eso? Lo que sentía era tan enmarañado y


profundo que no se podía dividir en emociones individuales. Se preocupaba
por Colton. Lo quería cerca todo el tiempo. Quería oír su risa y escuchar sus
pensamientos y ver su sonrisa con hoyuelos.

Se había emocionado, de una manera mezquina, cuando Colton seguía


queriendo pasar tiempo con él en lugar de salir a recoger chicas. Colton era un
hombre joven y de sangre caliente. Tenía mucho sentido que saliera. Tenía
mucho menos sentido cuando se quedaba en casa con Nick todas las noches,
bebiendo vino y hablando antes de jugar a la PlayStation o ver Netflix.

A él le encantaba eso. Le encantaba cada minuto.

Porque eso es lo que hacías cuando estabas casado. Reconstruiste tu vida de casado
con Colton, idiota.
¿Es eso lo que había hecho? Intentó contrastar, entonces y ahora,
recordando el ritmo de sus días cuando estaba en Dallas y el ritmo de sus días
ahora. Le había gustado estar casado, no con Cynthia, pero le había gustado la
plenitud de estar con otra persona. Cómo su mundo se entregaba a ellos, y el
mundo de ellos se entregaba a él, y hacían algo nuevo juntos. Compartiendo
espacio, compartiendo tiempo. Duplicando el amor.

Dios, había tratado a Colton como si fuera su cónyuge, en todos los


sentidos excepto en el de hacer el amor. Lo que significaba que, en algún nivel,
podía ver a Colton como su pareja. Diablos, ya estaba viviendo con Colton
como si fuera su cónyuge. Ya había construido una vida que incluía a Colton,
una vida que podría girar una y otra vez, un verano interminable, los dos en su
propio pequeño mundo.

¿Era eso lo que quería? ¿Quería que lo que tenían durara? Un indefinido
para siempre, los dos continuando su... ¿qué? Amistad -incluso antes de la
última noche- era una palabra demasiado pequeña. Relación tenía demasiadas
connotaciones. Asociación era demasiado seca.

Su vida con Colton. O al menos, el potencial de una vida compartida.


Porque eso es lo que era. Eso es lo que habían hecho, lo que él había hecho.
Atrajo a Colton a su mundo, construyó una vida y le pidió a Colton que se
uniera a él. Y Colton lo había hecho, con su PlayStation y su fútbol y sus
corbatas que dejaba por todas partes. Colton se había convertido en una
presencia en su piso, convirtiendo el estéril loft en su hogar. Su hogar juntos,
Colton tan parte del lugar como él.

He soñado mucho contigo. Y pensé, anoche, que esto empezaba a ir hacia donde
estaban mis sueños. Pensé que estábamos en la misma página, y que queríamos las
mismas cosas. Pensé que tú también me querías.

¿Qué quería él? ¿Qué quería con Colton?

El pensamiento hizo que su mente tartamudeara y se sacudiera, y se


detuviera cuando el rostro de otro hombre se estrelló contra su corazón.

Justin.

Ya le estaba ocultando demasiadas cosas a su hijo. ¿Qué pensaría Justin si


supiera que le pidió a Colton que se mudara con él, que dormía en la habitación
de Justin? O que viajaba con él. O que le dio a Colton responsabilidades como si
fuera un profesional de diez años, su mano derecha como ejecutivo de cuentas.
¿Qué diría Justin a todo eso?
Si Nick fuera otra persona, Justin podría llamarlo un viejo verde. Un
enredador. Un asaltante de cunas o un oportunista, que se abalanzaba sobre
Colton, arrancando su melocotón maduro antes de que saliera al mundo.

Pero Nick no sabía que estaba haciendo eso. No sabía que estaba
construyendo una nueva vida con Colton. Y nunca había seducido a Colton,
nunca había tratado de tentarlo. Anoche, Colton lo besó primero.

Me devolviste el beso.

Lo había hecho. Había devuelto el beso a Colton. Y... le había gustado.

Mucho.

Pero Justin...

Maldita sea, ¿Justin había pensado en Nick cuando él y Wes estaban


juntos? ¿Había estado Nick en su mente mientras trazaba su futuro, se
enamoraba del hombre que eligió? ¿Por qué Justin estaba en la mente de Nick
mientras imaginaba su propio futuro, mientras pensaba en lo que podría ser
con Colton?

Espera, ¿qué? ¿Realmente estaba...?

Dios, ¿qué diría Justin si él y Colton realmente hicieran esto? Eran


amigos...

Nick gimió y agarró el volante, sacudiéndolo hacia adelante y hacia atrás


como si pudiera sacudir todo el coche. Su pie presionó hacia abajo, y el coche
saltó, rugiendo por la carretera abierta. A su lado, los ojos de Colton se cerraron.
Se cerraron de golpe.

Durante kilómetros, Colton había estado mirando por la ventanilla del


copiloto y por el retrovisor lateral, observando cómo el reflejo de la autopista
giraba una y otra vez como si se hubiera arrancado el corazón y lo hubiera
dejado a un lado de la carretera y ahora estuviera viendo cómo se acumulaban
los kilómetros mientras se alejaban rugiendo de él. Tenía la mano izquierda
metida en la tela del pantalón y cerrada en un puño, pero eso no ocultaba la
forma en que temblaba.

¿Estaba bien su brazo? ¿Su hombro estaba bien? ¿Cuánto le dolía? ¿Qué
tan fuera de sí había estado que no se dio cuenta cuando Colton se quitó el
cabestrillo? Quería rebobinar el tiempo, volver a ese momento, decirle a Colton:
"No, déjate el cabestrillo puesto", y luego besarlo, abrazarlo, hacerle el amor para
que no le doliera nada por la mañana...

Contuvo la respiración. Apretó el volante hasta que sus uñas mordieron el


cuero.

Habían dormido juntos. Se había acostado con un hombre. Se había


acostado con Colton.

Esos pensamientos se sentían diferentes ahora, con el tiempo y una cierta


distancia de despertarse y preguntarse por qué estaba desnudo. Ver los labios
magullados por el beso de Colton y su cuerpo desnudo enredado con el suyo.

¿Habría ocurrido esto un día de todos modos? ¿Cuánto tiempo podrían


haber vivido juntos, antes de que el afecto que se tenían se volviera físico? Los
humanos eran criaturas físicas. Buscaban el amor de múltiples maneras, desde
lo social hasta lo mental, pasando por lo emocional y lo físico. Él y Colton
habían pasado por tres antes de tropezar con la cuarta. ¿Era eso sólo una
circunstancia? ¿Podría culpar de todo esto a la proximidad y al divorcio? ¿O
había algo en Colton?

Las palabras que Colton pronunció antes resonaron en él como una piedra
arrojada a un lago profundo, las ondas habían llegado por fin a las orillas de su
mente consciente. Él, al igual que Colton, no se sentía atraído por los hombres.
Pero ciertamente no había tenido problemas para construir una vida
compartida con Colton, preparando la pista de para siempre para los dos. Y
cuando llegó el momento, no se apartó de la expresión física de esa unión. La
abrazó. Le devolvió el beso a Colton.

Definitivamente había algo en Colton.

No era gay, pero se sentía atraído por Colton. Como persona, como ser
humano, como hombre. Como compañero. Como un amante potencial, incluso.

¿Quería ver hasta dónde podían llegar? Esa era la cuestión, ¿no? ¿Era lo
suficientemente valiente como para intentarlo?

¿Qué pensaría Justin?

La cara de Justin en su corazón. La sonrisa de Colton en su mente. El sabor


de los labios de Colton en su lengua.
Recordaría el toque de los labios de Colton, y su cuerpo, para siempre.

Regresaron al condominio una hora antes. Había estado masticando los


kilómetros y acelerando su Porsche, sus pensamientos superaban su viaje.

Entró en el garaje y aparcó. Apagó el motor. El silencio se apoderó de ellos


como un maremoto, arrastrándolo hacia abajo, robándole el discurso a medio
preparar que había pronunciado a tientas durante los últimos sesenta
kilómetros.

Colton suspiró. Abrió la puerta de un empujón y salió con fuerza, luego


agarró su bolsa de viaje del maletero. Sostuvo la maleta de Nick sin mirarlo a
los ojos.

El silencio los llevó al ascensor y los depositó en el piso de Nick. Caminó


con ellos por el pasillo y luego llenó el interior del condominio cuando Nick
sostuvo la puerta abierta para Colton.

Colton entró y se quedó helado ante la apertura de la cocina y el salón. Sus


hombros se desplomaron, su barbilla se hundió y apretó el asa de su mochila
mientras permanecía allí como un niño olvidado abandonado en un aeropuerto.

Nick se acercó en ángulo oblicuo a Colton mientras entraba en la cocina.


Dejó caer su bolso debajo de la barra de desayuno, tiró las llaves, su billetera y
apoyó las manos en el frío fregadero de acero inoxidable.

La presencia de Colton era evidente en todo el apartamento. Sus zapatos


estaban alineados junto a la puerta principal, zapatillas y sandalias y oxfords,
de dos en dos. La sudadera de Colton colgaba de un gancho en la entrada, junto
a su propio jersey. Los dos mandos de la PlayStation estaban en el sofá,
desparramados de lado desde la última vez que habían jugado. La PlayStation
estaba en el suelo, con los cables serpenteando por la pared hasta donde estaba
montada la televisión y de lado hasta la toma de corriente. También había un
largo cable de carga enchufado, donde Colton a veces cargaba su teléfono
cuando jugaban juntos.

Dos copas de vino en el fregadero. Una botella a medio terminar de tinto


de verano descorchada sobre la encimera.
La gorra de béisbol de Colton, las llaves de la camioneta de Colton, sin
usar, acumulando polvo. Las corbatas de Colton, una del martes, otra del
viernes pasado, tiradas sobre el respaldo de sus taburetes.

Ya tenemos una vida juntos. Él ya forma parte de mi mundo.

Su mirada se deslizó hacia Colton. Observó cómo la mandíbula del joven


se apretaba y se mantenía, cómo su nuez de Adán se movía como una hoja. Vio
cómo sus labios se torcían y apretaban, y luego volvían a torcerse.

—Yo... —empezó Colton—. Voy a empacar mis cosas. Nunca me había


dado cuenta de que era tan vago.

—No eres un vago.

Colton se encogió de hombros. —Me iré de aquí en una hora.

Pánico. Dolor a través de él, un cuchillo en el pecho. —Colton, espera. No


lo hagas.

—No puedo quedarme. No después de lo que pasó.

—Mira, podemos... —No tenía idea de cómo preguntar esto—. No


recuerdo todo lo de anoche. No estaba borracho, pero yo... Tal vez sea el shock
de todo. Nunca pensé...

La cabeza de Colton se hundió aún más. —Lo siento —gruñó—.


Realmente pensé que te gustaba. Pensé que también lo querías.

—Creo que sí —dijo Nick apresuradamente—. Creo que sí lo quería, y


creo que me gustó. Yo sólo... —Se apartó del mostrador. Sus dedos de los pies
se curvaron dentro de sus zapatos—. ¿Podemos intentarlo de nuevo? Ver si...

Colton levantó la cabeza y frunció el ceño cuando Nick habló. —¿Quieres


experimentar? ¿Conmigo? —Desvió la mirada—. No sé si puedo hacer eso
contigo.

—No, no experimentar... —Su voz se interrumpió. En realidad, eso era


exactamente lo que había pensado. Quería volver a intentarlo y ver si podían
funcionar, físicamente. ¿Qué era eso, además de un experimento? ¿Y si llegaban
al final y él decía: "Bueno, no, no realmente. Experiencia interesante, pero no".
Colton se sentiría herido de nuevo.

—Bien, sí. —Enderezó los hombros—. Sí, quiero intentarlo de nuevo, para
ver si tal vez algo físico entre nosotros puede funcionar. No sé si pueda, pero
estoy dispuesto a intentarlo y descubrirlo. Y sí, eso es experimentar. Pero,
Colton, no sé qué más hacer. —Vio a Colton estremecerse. Vio que los músculos
de su cuello se flexionaban y se mantenían, sus trapecios como cuerdas de arco
tensadas. Nick tragó—. La elección es tuya.

Esperó. Los ojos de Colton se cerraron. Su pecho se agitó y todas sus


emociones parpadearon en su rostro. El deseo, el hambre, el anhelo y el miedo,
la soledad y la esperanza y un lavado de terror. Él podía irse ahora mismo.
Podían dejarlo pasar.

O podían dar un paso hacia un futuro nuevo y desconocido.

—¿Puedes ir tú primero? —Colton finalmente susurró—. Porque anoche te


besé, y cuando me devolviste el beso, pensé que eso significaba que tú también
lo querías. Y me da miedo besarte ahora mismo, o tocarte, porque tengo miedo
de haberte presionado, y de que pueda presionarte de nuevo…

Nick cerró la distancia entre ellos y tomó la cara de Colton entre sus
manos. Se inclinó y cerró sus labios sobre los de Colton, lo hizo callar con un
beso.

Pensó que sería tentativo, dulce, casto. Pensó que dejaría que sus labios se
demoraran. Pero Colton gimió y abrió la boca debajo de la de Nick, y entonces
sus lenguas se unieron, y los dedos de Nick se clavaron en el cuero cabelludo de
Colton mientras profundizaba el beso, mientras perseguía la lengua de Colton
con la suya, mientras mordía el labio inferior de Colton y gemía. Quería más,
mucho más. Estaba temblando, lo deseaba tanto, y rodeó el cuello de Colton con
sus brazos.

La dureza de Colton le rozó la pierna.

Nick se estremeció y rompió el beso, apartándose para mirar a Colton. Las


pupilas de Colton eran tan grandes que Nick podía caer en ellas. Sus labios
estaban húmedos, hinchados, sus mejillas sonrojadas.

—Oh, carajo —suspiró Nick.

Colton se puso pálido. Intentó apartarse. —Detente —graznó—. Detente.


No quieres esto. Olvídalo, olvida lo de anoche.
—No —gruñó Nick. Agarró la mejilla de Colton y tiró de él hacia atrás—.
No quiero olvidar. Y no quiero detenerme. Te quiero, Colton.

Quería a Colton, a todo Colton, ahora mismo.

Colton voló hacia él como si estuviera en la línea de golpeo en medio de


un juego. Se abalanzó sobre Nick y lo hizo retroceder hasta que chocaron contra
la pared, con la suficiente fuerza como para que Nick rebotara y golpeara el
pecho de Colton, y luego la pared de nuevo. Colton lo enjauló, con su brazo
izquierdo rodeando a Nick mientras se inclinaba, mientras capturaba los labios
de Nick con los suyos en un beso hambriento y exigente.

Nick agarró la camisa de Colton y la cintura de sus pantalones cortos.


Intentó subir y bajar al mismo tiempo y no consiguió nada. Colton gimió y
empujó sus caderas contra las de Nick, rechinando su dura longitud contra la
de Nick mientras su lengua intentaba rastrear las muelas de Nick.

—¿Podemos? —preguntó Colton, apartándose sólo lo suficiente para


respirar—. ¿Podemos dejarme el cabestrillo puesto? Sé que no es sexy...

—Por favor, déjate el cabestrillo puesto. —Nick le ahuecó la cara. Acunó


su mandíbula—. Estoy enfadado conmigo mismo por dejar que te lo quitaras
anoche. ¿Fui cuidadoso contigo, al menos?

—Siempre eres maravilloso conmigo. —Colton lo besó. Lo besó de nuevo.

—No quiero que te duela por mi culpa.

Las mejillas de Colton se sonrojaron. Tragó, y rozó su nariz con la de Nick,


empujó su frente contra la de Nick.

—Me hice daño al enamorarme de ti.

Nick rodeó el cuello de Colton con sus brazos y lo arrastró hasta que sus
pechos, sus caderas y sus piernas se juntaron. La mano izquierda de Colton bajó
a su cintura, se deslizó hasta la parte baja de su espalda. Se paseó por debajo de
la camiseta. La palma de su mano era enorme, áspera por tantos años en el
campo, y cada una de las callosas yemas de los dedos recorría su columna
vertebral, como si contara las protuberancias de sus huesos. Se estremeció ante
el contacto de Colton, y atrapó los labios de Colton con los suyos. Lo besó, con
fuerza, hasta que compartieron el aliento.
Se apartó de la pared y se dirigió a su dormitorio.

Colton captó la indirecta, y caminó hacia atrás, con su brazo todavía


alrededor de la cintura de Nick, arrastrando a éste con él. Como si estuvieran
bailando, pero esta vez se besaban, no giraban. Cada paso estaba sincronizado,
cada movimiento de manos, piernas y brazos acercaba sus cuerpos.

Colton se apoyó en el borde de la cama y se hundió en el colchón, con el


brazo todavía rodeando a Nick. Su mano izquierda bajó por la espalda y el
trasero de Nick, hasta posarse en la parte posterior de su muslo. Nick se
sacudió contra él y su entrepierna rozó la de Colton. Sus manos se posaron en
los hombros de Colton. Colton tanteó con su cabestrillo mientras intentaba
quitarse la camiseta.

—Deja que te ayude —dijo Nick. Las manos de Colton estaban temblando
cuando Nick las cubrió con las suyas.

Le quitó el cabestrillo y la camiseta a Colton por encima de la cabeza, y


luego volvió a poner el cabestrillo alrededor de su cuello. Nick nunca había
visto a Colton con el cabestrillo y sin camiseta, y aunque en otra persona podría
parecer ridículo, nada podía restarle atractivo a Colton. Sin embargo, parecía
inseguro, así que Nick lo empujó suavemente hacia el colchón y se sentó a
horcajadas en su regazo.

—Eres hermoso —susurró, y luego lo besó.

Colton pasó su mano por la espalda de Nick. —Tú también estás


jodidamente caliente.

—¿Para un tipo viejo?

—No. —La palma de Colton bajó hasta su culo y apretó—. He tenido


tantos sueños sobre ver tu cuerpo, pero eres mucho más sexy en la vida real.

—No puedo creer que hayas estado soñando conmigo.

La mirada de Colton se desvió mientras un rubor subía por sus pómulos.

—Quiero decir...

Cortó los nervios de Colton con otro beso, moviendo sus labios sobre los
de Colton hasta que Colton gimió y se hundió en el colchón de Nick, la tensión
desapareciendo de él.
Todo se volvió líquido, la sensación y Colton llenaron el mundo de Nick.
Sus pensamientos se redujeron a Colton y a Sí y Más. El pecho liso y duro de
Colton moviéndose bajo el suyo peludo. Los duros pezones de Colton
rechinando contra los suyos. Pasó la mano por el costado de Colton y ahuecó su
pectoral, casi como ahuecaría el pecho de una mujer, pero en lugar de suavidad,
estaba el cuerpo firme de Colton. Le acarició el pezón a Colton, arrastrando la
uña por el nódulo. Colton se revolvió contra él y gimió en su interminable beso.

Se sentó de nuevo en el regazo de Colton y dejó que sus manos recorrieran


la extensión del cuerpo de Colton. Colton respiró con dificultad y lo miró como
si fuera un pez fuera del agua, con los ojos muy abiertos y tragando aire. Su
mano izquierda se aferró a los jeans de Nick, amasando su muslo.

Anoche, Colton había puesto su boca sobre Nick. Nick tuvo que pensar
mucho para recordar la última vez que le habían hecho una mamada antes de
eso. Se había sentido de maravilla, como el fuego y el hielo chocando, el calor
húmedo y la perfección. Y había sido Colton, lo que hizo que todo fuera mil
veces más intenso.

Se deslizó por las piernas de Colton, agarrando la cintura de Colton


mientras avanzaba. Tiró, y Colton levantó el culo, y entonces quedó desnudo,
expuesto a Nick. Su dura erección sobresalía hacia arriba, tan gruesa y firme
que se arqueaba hacia su vientre. El líquido preseminal caía sobre la piel tensa
debajo de su ombligo.

Nick se deshizo de los pantalones de Colton y se arrodilló entre las piernas


abiertas de Colton. Si antes había pensado que Colton respiraba con dificultad,
eso no era nada comparado con esto. Colton tenía los ojos enormes, los labios
entreabiertos, la respiración entrecortada como si estuviera en medio de un
juego sin obstáculos.

—Nick —jadeó—. No tienes que...

—Quiero hacerlo. —Nick subió las manos por los muslos temblorosos de
Colton y barrió con sus pulgares las hendiduras entre las caderas de Colton y su
entrepierna, donde su piel era pálida, donde su pubis se adelgazaba y se fundía
con el vello de sus piernas. Nick nunca había estado tan cerca del pene duro de
otro hombre, pero era más o menos igual que el suyo, aunque desde un ángulo
diferente. Y más que el suyo, si era sincero. Colton era un chico grande, en todo
el sentido de la palabra.

¿Cómo se sentiría en su boca?


—Sí, pero —tartamudeó Colton—, si eso va a ser algo que al final no te
guste, prefiero que no lo hagas. Si todo lo que quieres es besar un poco, tantear
un poco, estoy bien con eso...

—Colton. —Se levantó, deslizándose a lo largo del cuerpo desnudo de


Colton, presionándolos desde los muslos hasta el pecho. Colton se estremeció,
empujando su dureza contra la entrepierna cubierta de jeans de Nick. Nick lo
besó, acariciando con su lengua la de Colton antes de chuparla en su boca,
como estaba a punto de hacer con el pene de Colton. Colton emitió un sonido
agudo y estrangulado y agarró el culo de Nick con su mano libre.

Nick rompió el beso y acarició la mejilla de Colton. —Yo no trato así a mis
amantes —suspiró. Amantes. Como si hubiera tenido tantos. Tres en su vida,
incluyendo a Colton anoche—. No me interesa tomar más de lo que doy. Eso no
es lo que soy. Además... —Mordisqueó el tembloroso labio inferior de Colton—.
Estaba pensando en chuparte el pene durante la mitad del trayecto.

Otro gemido, y Colton hundió sus dedos en el culo de Nick. —No voy a
durar mucho.

—Entonces te pondré duro otra vez. —Nick besó su camino por el pecho
de Colton, mordiendo su mandíbula, su clavícula y su ombligo antes de
arrodillarse entre los muslos abiertos de Colton.

Palabras audaces. Un temblor de inquietud lo recorrió cuando se encontró


cara a cara con la llorosa y dura longitud de Colton. Parpadeó. Extendió la
mano y la rodeó.

Colton se sacudió. —Nick...

Las palabras audaces requerían una acción audaz. Rodeó con sus labios la
cabeza de la furiosa erección de Colton y chupó.

Colton se agarró a la sábana y arañó el colchón. Una pierna tembló y la


otra se disparó. Gritaba el nombre de Nick, su voz pasaba de la conmoción a lo
que parecían sollozos ahogados mientras Nick chupaba más y más el eje de
Colton en su boca. No podía conseguir que todo Colton pasara por sus labios.
Diablos, ni siquiera pudo meter la mitad. Pero acarició a Colton por debajo del
límite de sus labios, zumbando mientras intentaba aumentar la succión.
¿Qué le gustaba, las pocas veces que le habían hecho una mamada? La
succión, el movimiento. La velocidad.

Aceleró, chupando más fuerte. Apretó la mano. Recordó eso, de la noche


anterior. Más fuerte. Aprieta. A Colton le gustaba que su pulgar pasara por la
cabeza. Chupó, pasó su lengua alrededor de la cabeza de Colton, luego chupó
de nuevo, con fuerza…

—¡Nick! —Colton se levantó de la cama, con el culo apretado, sólo sus


talones y sus hombros tocaban el colchón—. Estoy... —Su semen estalló en la
boca de Nick, chorros calientes mientras sus piernas se ponían duras como una
roca y su mano rebotaba del colchón al hombro de Nick y a su pelo, con los
dedos enroscándose y desenroscándose antes de golpear la cama como el golpe
de un luchador—. Nick, Nick —jadeó. Sus caderas empujaron la boca de Nick,
persiguiendo su orgasmo.

Nick tragó y volvió a tragar. Era su primera vez. Diferente a cuando una
mujer se corría contra sus labios. Tarareó mientras tragaba, mientras chupaba el
eje ablandado de Colton y lamía su orgasmo. Podría acostumbrarse a eso.
Podría acostumbrarse fácilmente a ello. Especialmente a la forma en que Colton
gemía su nombre. Había algo embriagador en hacer que alguien que te
importaba tuviera un orgasmo. Y le había gustado hacerlo. Tal vez no lo
suficiente como para intentar chupar a más chicos, pero le gustaba chupar el
pene de Colton.

Colton trató de agarrarlo y levantarlo. Su mano estaba floja, su brazo tan


fuerte como un espagueti hervido. Nick entrelazó sus dedos y luego besó cada
uno de los nudillos de Colton. Se llevó la mano a la bragueta y se desabrochó
los jeans, luego se los bajó junto con los bóxers por las caderas, sacándose los
pantalones mientras se arrastraba por el cuerpo de Colton.

Colton parecía haber estado en la zona cero de la explosión de una bomba.


Sus ojos estaban vidriosos y desenfocados, y su pecho se estremecía con cada
inhalación irregular. Su mirada se centró lentamente en Nick mientras éste se
balanceaba sobre él.

Balanceó sus caderas contra las de Colton, empujando su dura erección


contra el vientre de éste. Colton trató de deslizarse por el colchón.

—Pon tu mano sobre mí —susurró Nick—. Quiero besarte cuando me


corra. Y estoy cerca. —Colton asintió, y envolvió su áspera palma alrededor del
eje de Nick y lo acarició mientras Nick presionaba sus labios juntos. Colton
seguía respirando con dificultad, y su beso era de boca abierta y lento. Nick
envolvió la lengua de Colton y la chupó como acababa de chupar su pene. La
mano de Colton se cerró con más fuerza alrededor de Nick.

Él gimió en la boca de Colton.

Colton lo masturbó con más fuerza, con más brusquedad, con esos callos
que lo trabajaban, que lo destrozaban, hasta que le tocó cerrar los ojos, apretar
los dientes y gemir el nombre de Colton. Su orgasmo lo golpeó, el semen fluyó
entre ellos, sobre el puño de Colton y en el vientre de Colton.

Recuperó el aliento mientras bajaba la cabeza hacia el pecho de Colton,


dejando un rastro de besos desde el pecho de Colton hasta la correa de su
cabestrillo. También besó su cabestrillo, justo sobre su clavícula. Colton se
limpió la mano en las sábanas y luego puso la palma de la mano suavemente en
la parte baja de la espalda de Nick. Se quedaron así, con los latidos del corazón
ralentizados, las respiraciones apagadas, el sol recorriendo un grado completo
por el suelo de su habitación.

—Entonces —dijo finalmente Colton. Su voz era áspera—. ¿Cómo fue tu


experimento?

Colton estaba tratando de sonar valiente, y cuando Nick levantó la vista,


vio que Colton estaba tratando de parecer valiente, también. Había controlado
sus rasgos, había tratado de enmascarar las emociones en sus ojos. Pero un
hambre enmarañada brotaba de él y, más que eso, el miedo. Colton tragó saliva
cuando sus miradas se encontraron.

—Eres el único hombre con el que he estado —dijo Nick.

—Yo también. Nunca he hecho nada como esto antes. Ni siquiera lo he


pensado.

—No sé lo que estoy haciendo.

—Yo tampoco. —Colton se encogió de hombros—. Vi algo de porno gay.


Fue algo educativo. Ayudó a mis sueños, al menos.

Nick se rió. Besó la barbilla de Colton, la punta de su nariz.

—Tal vez yo podría ser el único tipo con el que estés. —Colton habló en
voz baja, casi un susurro.

—No puedo imaginarme estar en la cama con ningún otro hombre.


No podía imaginar estar en la cama con nadie más, en realidad. No lo
había hecho desde la separación, cuando se dio cuenta de que él y Cynthia
nunca volverían a hacer el amor. No podía pensar en ella de esa manera, no
después de que ella dijera lo que había dicho, de que se convirtiera en lo que se
había convertido. Y luego no había sido capaz de imaginar a nadie más en su
cama o en sus brazos.

Sin embargo, podía imaginarse a él y a Colton. Noches duras, calientes y


sudorosas, músculos tensos y labios enredados. Colton, sin aliento y mirándolo
como lo estaba haciendo ahora.

—¿Vamos a hacer esto? —Colton preguntó.

Las noches de calor eran una cosa. Vivir el día a día era otra. Vivir en el
mundo real, donde eran Colton y Nick, donde tenían trabajos, amigos... y
familias.

La cara de Justin volvió a golpear el corazón de Nick. Dios. ¿Qué pensaría


él de que Nick se acostara con Colton? No sólo con su amigo, sino con un
hombre de la misma edad de Justin.

Evitó ese pensamiento. Era demasiado crudo, hacía que se le erizara la piel
por dentro. Colton era más que su edad, pero eso sería todo lo que verían
algunas personas. Viejo sucio. Asaltacunas. Sin importar quién era Colton, en
quién se había convertido para Nick. Lo que eran juntos.

¿Justin vería algo de eso?

¿Qué diría Justin si Nick se acostara con un hombre? Nick, que nunca
había mostrado un impulso o inclinación homosexual. ¿Hubo algún momento
en el que debería haber hablado con Justin sobre esto? ¿Pedirle consejo a Justin
o decirle que se acercaba a una encrucijada importante en su vida y su
identidad? Al menos, decirle: "Oye, estoy pensando en tomar a Colton como mi
amante".

¿Cuándo habría sido eso? ¿En algún momento entre la medianoche y


ahora, cuando lo único en lo que podía pensar era en cómo mantenerse juntos y
evitar que el corazón de Colton se esfumara con el viento de Texas?

No se lo había dicho a Justin antes, así que tendría que decírselo después.

Si él y Colton iban a hacer esto.


¿Y si esto era sólo el verano y la sensación, Colton necesitando afecto y
cuidado mientras se enfrentaba a su propia encrucijada, y lo que Nick había
tratado de proporcionarle se torció y anudó de alguna manera y ahora estaban
aquí? ¿Qué pasaría si, en unas pocas semanas, Colton resolviera esto de su
sistema y volvieran a ser amigos? Amigos incómodos, tal vez, pero amigos.
¿Quién diablos era Nick, comparado con el fútbol y la NFL y el brillante futuro
de Colton?

Tal vez esto era una aventura. Algo que el mundo no necesitaba saber,
porque dañaría a Colton si lo supieran. ¿Debía Colton ser castigado por unas
semanas de sexo embriagador, si sólo eran momentos en su vida? ¿O debería
permanecer en secreto? ¿De todos?

Volvió a besar a Colton, sus labios se demoraron, y luego se


profundizaron, contra los de Colton. ¿Qué podría ser esto entre ellos? ¿Qué
quería que fuera?

¿Y si lo que él quería superaba lo que Colton quería?

—¿Podemos ir día a día? —preguntó suavemente.

Colton asintió y le apretó la mano con tanta fuerza que le dolió. Besó a
Nick, sonriendo, mientras la mano que sostenía la de Nick comenzaba a
temblar.

Le devolvió el beso a Colton y trató de apartar a Justin de su mente. Sólo


por un rato más. Sólo hasta que supiera qué hacer.
Se quedaron en la cama, tumbados uno al lado del otro, con los dedos
trazando lentos recorridos por los brazos, los hombros y los pectorales. El
cuerpo de Colton era tan diferente al de Cynthia, y la mente de Nick
automáticamente trazaba paralelismos y hacía comparaciones. Músculos duros
en lugar de pechos redondos. Piel firme donde él estaba acostumbrado a una
mayor flexibilidad. Colton tenía un vientre plano, sin llegar a ser una tabla de
lavar, pero lo suficientemente duro como para que Nick pudiera sentir el corte
de sus abdominales cuando pasaba la palma de la mano por el vientre de
Colton. Los huesos de las caderas eran prominentes y afilados, en lugar de las
cómodas curvas que Cynthia tenía desde que dio a luz a Justin.

Otras diferencias más evidentes. Rodeó con la mano la dura longitud de


Colton y lo acarició, sonriendo mientras Colton se estremecía, temblaba y se
mordía el labio. Se miraron fijamente a los ojos, sin parpadear, sin apartar la
mirada, mientras él masturbaba a Colton y aprendía lo que le gustaba. Presión,
un giro de muñeca de Nick. Su pulgar rodando sobre la cabeza, untando el pre-
semen de Colton sobre su corona.

Colton era joven, y Nick lo hizo correrse tres veces antes de que Colton
apartara sus manos e intentara acurrucarse en posición fetal.

—No más —suplicó—. Demasiado sensible.

Besó a Colton y sonrió. Enredó su pierna entre los muslos de Colton.


Deslizó sus dedos entre los de Colton.

—Soy un proveedor. —Acarició la mejilla de Colton—. Me gusta ver cómo


te corres. También me gusta oírte decir mi nombre cuando lo haces.

Colton volvió a estremecerse y abrió la boca para responder, pero el


estridente sonido de dos alarmas telefónicas rompió la quietud del dormitorio.
Se separaron, con los ojos muy abiertos.

—Mi teléfono —soltó Colton.

—El mío también.

Agarraron sus ropas del suelo y sacaron sus teléfonos de los bolsillos. Nick
silenció su alarma y maldijo cuando vio la notificación del calendario.
—Mierda. Tienes tu cita con el médico en treinta minutos.

¿Cómo pudo olvidarse? Esperaban que Colton se quitara el cabestrillo y


pasara a la tercera fase de su terapia física: el movimiento activo. Entrenamiento
de fuerza lento y constante. La rutina de volver a ser mariscal de campo. La cita
era la razón por la que habían visto a Kimbrough el jueves y vuelto el viernes en
lugar de quedarse el fin de semana y salir a Lubbock con Kimbrough en su jet
corporativo.

Bueno, había estado un poco distraído, supuso.

Pasaron volando por una ducha juntos, enjabonándose y lavándose el


pelo, pasando preciosos momentos tocándose de nuevo hasta que tuvieron que
correr de verdad. Colton corrió a la habitación de Justin en busca de ropa limpia
mientras Nick se ponía unos pantalones frescos y una camiseta. Bajaron al
garaje y luego cruzaron la ciudad a toda velocidad, llegando a la consulta del
médico con sólo cinco minutos de retraso.

—Hmm —dijo el médico cuando le quitó el cabestrillo y la camiseta a


Colton. Examinó el hombro de Colton, manipulándolo hacia arriba y hacia
abajo con cuidado. Colton apretó los dientes y sostuvo la mirada de Nick.

—¿Te has presionado, Colton? Hay algo de irritación donde antes no la


había. —El médico puso la mano sobre el hombro de Colton y la deslizó por la
clavícula, luego hacia el omóplato—. Definitivamente hay hinchazón en toda la
articulación.

Nick tragó saliva. Maldita sea, ¿por qué no había detenido a Colton
anoche? ¿Por qué no había sido más consciente? ¿Había pensado Colton que
necesitaba quitarse el cabestrillo para complacer a Nick?

—Yo, eh, accidentalmente dormí sin él. Creo que se movió.

—Colton. —El médico negó con la cabeza y suspiró—. Debes mantener tu


cabestrillo en la noche. Al menos durante la próxima semana, seguro.

—¿Y durante el día? ¿Y puedo seguir con la fisioterapia?

Las manos del médico seguían moviéndose sobre la articulación,


pinchando y moviendo el hombro de Colton de un lado a otro. Levantando
lateralmente, lentamente, y luego levantando hacia adelante. Le pidió a Colton
que describiera sus niveles de dolor con cada movimiento, le preguntó si había
algún enganche, algún bloqueo. Colton apretó los dientes, pero le dijo al médico
que el dolor no era insoportable.

—Muy bien —dijo el médico—, te daré el alta para la tercera fase de la


fisioterapia, aunque empezarás lentamente. Muy, muy despacio. Estiramientos.
Movimientos suaves. No quiero que levantes nada más pesado que una taza de
café por ahora.

—¿Y un balón de fútbol?

—Por ahora, sólo con lanzamientos por debajo de la mano.

—Lo tomaré. —Una pequeña sonrisa iluminó la cara de Colton—.


Aceptaré cualquier cosa que me permita volver a tocar el balón. ¿Y qué hay de
hacer ejercicio? ¿Puedo volver al gimnasio?

Lo máximo que se le había permitido hacer a Colton era caminar, lo que


habían hecho junto al lago Lady Bird tan a menudo como podían.

—Ejercicios ligeros —dijo el médico—. Nada que suponga un peso para tu


hombro. Tampoco nada que lo fuerce demasiado. No te lances a hacer
sentadillas y flexiones de piernas y a levantar la espalda y los hombros esta
semana. Eso no te ayudará.

—Lo tengo. Creo que me he portado bastante bien hasta ahora, doctor.
Quiero curarme bien. Quiero volver a salir ahí fuera.

La sonrisa de Nick se congeló cuando las palabras de Colton lo golpearon.


Eran las mismas cosas que había estado diciendo durante meses, y Nick
siempre había querido lo mismo para él: la curación completa, Colton de vuelta
en el campo lanzando pases de touchdown y ganando partidos. Colton de
vuelta en el camino del superestrellato. En su camino a la NFL.

Sin embargo, no había estado con Colton antes. No había tenido que
pensar en el futuro, imaginar a Colton jugando al fútbol y a él... ¿qué? ¿En las
gradas, inclinándose sobre la barandilla para un beso antes del partido como
Justin y Wes? ¿Él, un hombre que le dobla la edad a Colton? Colton
seguramente no querría a Nick allí de esa manera. No querría que las miradas
indiscretas del mundo estuvieran en su...

Todavía no sabía cómo llamarlo. ¿Qué era esto entre ellos? Estaban por
todas partes. Viviendo juntos como si estuvieran casados y luego compartiendo
los primeros y aterradores besos. Primeras mamadas y pajas y susurros de que
iban a resolver las cosas.

Antes de que se besaran, podía admitir que Colton Hall, de veintidós años,
era su mejor amigo. ¿Después del beso? Mejor amigo no era suficiente. Amante
era demasiado... bueno, eran más que amantes. Colton era más que un amante.

¿Pero qué eran? ¿Y en qué se iban a convertir? ¿Qué iban a descubrir?

¿Y qué combinación de acontecimientos llevaría a Colton a ser el


quarterback universitario número uno de la nación mientras iba a casa con Nick
Swanscott, de cuarenta y tres años, todas las noches?

¿Y después de la universidad?

Los quarterbacks profesionales de la NFL no tenían hombres mayores


como sus... mejores amigos. Amantes.

Día a día. Aferrarse a cada uno de ellos, porque eventualmente Colton


comenzaría a alejarse de él. Podía verlo como podía ver la trayectoria de un
pase cuando el balón de fútbol se lanzaba de la mano de Colton.

Disfruta. ¿Cuándo fue la última vez que te desearon así? ¿Cuándo fue la última
vez que alguien soñó contigo? Quizá tenga fecha de caducidad, pero puedes apreciarlo
mientras dure.

Algo crujió en su interior, pesado y vacío, como enormes campanas de


viento moviéndose en un viento polvoriento. Sus pensamientos eran
discordantes, desafinados. No encajaban bien dentro de él, iban a
contracorriente de las cosas que no podía cambiar en su interior.

Nunca había tenido una aventura. Antes de Cynthia, estaba su novia de la


escuela secundaria, la tonta pasión de un joven adolescente que creía que la
primera chica a la que había besado sería la mujer con la que pasaría toda la
vida. Luego se casó. Nunca había engañado. Ni una sola vez. Y luego... no
estaba casado.

Al mundo le gustaba decir a los hombres de su edad, después de


divorciarse, que se soltaran. Tener una aventura o veinte. Abrazar la vida de
soltero. Abrazar a las mujeres más jóvenes -o a los hombres- que los
encontraran atractivos. Ir por todas.
Siempre había llamado a ese tipo de comportamiento una crisis de la
mediana edad.

Bueno, ¿qué estaba haciendo él ahora? ¿No había dicho eso Justin, cuando
lo único que sabía era que Nick y Colton iban juntos a una bodega? Un día de
su verano y el de Colton.

—Cuídate, Colton —dijo el médico. La atención de Nick volvió a la cita.


Colton saltó de la mesa de exploración, con el brazo libre del cabestrillo y suelto
frente a él. Lo levantó lentamente, como había hecho el médico.

Miró a Nick con una sonrisa.

¿Qué podía hacer Nick, aparte de devolverle la sonrisa?

—Si se te cansa el hombro, ponte el cabestrillo. Duerme también con el


cabestrillo. Mantenlo protegido cuando no te dediques a estirar o fortalecer.

Colton casi vibró al salir de la oficina, y ni siquiera quiso detenerse a


almorzar antes de regresar al condominio y tomar su balón de fútbol. Tiró de
Nick hacia el parque Zilker, tocando el balón con la mano y lanzando grandes
sonrisas de reojo hacia Nick.

Empezaron despacio, con lanzamientos suaves, por debajo de la mano, a


un metro de distancia. Después del primer lanzamiento, los ojos de Colton se
abrieron de par en par, y se pasó la mano por encima del hombro un momento
antes de que Nick volviera a lanzar el balón.

—¿Estás bien?

—Sí. Es sólo que... se siente diferente.

Lanzaron la pelota durante media hora, pero incluso el suave ir y venir


desgastó el hombro de Colton. Se quitó la camiseta para limpiarse el sudor de la
frente, pero le seguía cayendo por la cara. Finalmente, se tomaron un descanso
y se sentaron en el césped, Colton ligeramente encorvado y protegiéndose el
brazo derecho. Nick le puso una mano tentativa en el hombro, frotando
suavemente los músculos temblorosos de la espalda.

—¿Está bien así?

—¿Estás bromeando? Por favor, no pares. —Colton gimió cuando Nick se


arrodilló detrás de él y hundió sus pulgares en la línea muscular que se
agarrotaba donde la columna vertebral de Colton se encontraba con el trapecio,
hasta la articulación del hombro y luego hasta su delicada clavícula. La cicatriz
de la operación tenía un borde irregular y lechoso, la piel curada pero aún
marcada.

Masajeó la espalda de Colton hasta que se le entumecieron las rodillas


contra el césped, hasta que le dolieron las muñecas y le temblaron los dedos.
Colton estaba flácido y gimiendo frente a él, balanceándose con cada empujón,
amasamiento y tirón.

—Ya está. —Nick se sentó sobre sus talones. Dejó una mano sobre el
hombro de Colton.

Colton inclinó la cabeza hacia atrás y sonrió de arriba abajo. —Gracias —


susurró—. Eso fue increíble.

—¿El masaje?

—Eso, sí. Lanzar el balón, también. Cuando esté mejor, me muero de


ganas de lanzar de verdad contigo. ¿Como solíamos hacer cuando nos
lanzábamos el uno al otro entre las gradas y el campo?

Asintió con la cabeza. Casi siempre que se presentaba a los


entrenamientos con Justin la temporada pasada, Colton le enviaba el balón.

Justin. Se le apretó el corazón.

Se concentró en Colton, en el hombre que tenía delante y en la sencilla


alegría que recorría su joven rostro. Quería inclinarse y apretar sus labios contra
los de Colton. Besarlo hasta que Colton se inclinara completamente hacia atrás
y apoyara su cabeza en el regazo de Nick. Quería pasar los dedos por el pelo
sudado de Colton y dejar que el sol pasara por encima, que la tarde se los
tragara enteros.

Tómatelo con calma. Colton tiene un futuro y su forma está en tus manos.

No empujes. No te pases de la raya. No cometas un error imperdonable, algo que


no pueda ser retirado. Algo con lo que Colton tendrá que vivir, mucho después de que te
hayas ido.

Los jugadores de la NFL no tienen hombres mayores como amantes.


Hacer la cena juntos era diferente, ahora que estaban, bueno, juntos. Y
ahora que Colton tenía dos manos en lugar de una.

En el camino de vuelta a casa recogieron filetes para asar, y Colton


preparó una ensalada César mientras Nick condimentaba las costillas de ternera
y las llevaba al balcón. Colton fue de un lado a otro con platos, tenedores y dos
copas de vino, y luego agarró una de las botellas de su bodega, poniendo la
mesita del patio donde habían comido juntos casi todas las noches.

Dos brazos rodearon la cintura de Nick mientras daba la vuelta a los


filetes. La barbilla de Colton se posó en su hombro.

—Huele muy bien. —Los labios de Colton le rozaron el cuello y la


mandíbula antes de chuparle el lóbulo de la oreja.

Capturó esos labios con los suyos. Se suponía que era un beso casto, dulce,
pero se volvió hambriento cuando Colton gimió y apretó las caderas de Nick.

—Cuidado. —Nick se apartó. No quería hacerlo—. Los filetes van a ser de


carbón si sigues distrayéndome.

—Siempre está DoorDash. —Colton enterró su cara en la nuca de Nick,


murmurando sobre su línea de cabello mientras sus manos se paseaban bajo la
camiseta de Nick.

Nick se rió, y por un momento, lo consideró. Apagar la parrilla. Tomar la


mano de Colton y guiarlo de vuelta a la cama, donde podrían resolver algunas
cosas más juntos. Tal vez debería ver algo de porno gay, también. Obtener
algunas ideas sobre qué hacer con su joven amante.

¿Sería capaz de seguir el ritmo de Colton? Ciertamente quería hacerlo.


Colton era inspirador. Nick ya había luchado contra el inicio de algunas
erecciones inconvenientes, en el coche, en el parque y caminando a casa.

—Quiero tomarme mi tiempo contigo esta noche —dijo finalmente,


inclinándose hacia los brazos de Colton mientras apoyaba su cabeza en el
hombro de éste.
Quería explorar el cuerpo de Colton. Conocerlo de pies a cabeza.
Aprender lo que le hacía temblar y jadear, lo que le hacía doblar los dedos de
los pies, lo que le hacía gritar el nombre de Nick. Lo que le dejaba sin aliento y
sin poder hablar.

Colton gimió. Nick sintió la erección de Colton, medio dura y en aumento,


pero Colton se apartó y se dirigió al sofá del patio, donde sirvió dos copas de
vino y se sentó, observando a Nick.

Antes, se habían sentado en la esquina con una distancia respetable entre


ellos mientras comían. Ahora, Colton había puesto sus platos uno al lado del
otro. Sus muslos se tocaban, las rodillas se rozaban, los brazos se deslizaban el
uno contra el otro mientras tomaban el vino y compartían sonrisas durante la
cena. Cuando terminaron los filetes, Nick se volvió hacia Colton y le tomó la
mano, y se miraron a los ojos mientras bebían el último sorbo de vino.

Colton parecía asombrado, sonriendo como cuando ganaron el


campeonato nacional. Pasó el pulgar por los nudillos de Nick mientras le
contaba historias sobre su infancia en Sugar Land, sobre la primera vez que
había sostenido un balón de fútbol. Su primer partido juvenil, a la edad de cinco
años, cuando estaba tan emocionado por tener el balón en sus manos que corrió
por todo el campo en la dirección equivocada y anotó un touchdown en su
propio equipo. Pero era un balón de la manada y nadie llevaba la cuenta.

—Esa fue la última vez que mi padre estuvo en un partido. —El pulgar de
Colton iba y venía—. Nunca fue a otro. Nunca más fue a nada, de hecho.

—Se perdió una vida increíble.

Colton intentó sonreír. Se desvaneció rápidamente. —Solía pensar que se


fue porque me equivoqué en el toque. Que lo defraudé, a los cinco años, y que
nunca me perdonó. —Se encogió de hombros—. Tal vez he estado tratando de
ganar desde entonces para ver si regresaba.

Nick apretó la mano de Colton con fuerza, tan fuerte que su propia mano
le dolía casi tanto como su corazón. El sol se había puesto y Colton estaba
iluminado por el resplandor de las luces del patio, pequeños globos solares que
parpadeaban al anochecer. La luz dorada acariciaba la mejilla de Colton y un
lado de su cuello, bailaba dentro y fuera de la dura línea de su bíceps y la
sombra de su codo. Tenía las extremidades sueltas y estaba encorvado en el
sofá, con el cuerpo inclinado hacia Nick, las rodillas y el pecho apuntando justo
al corazón de Nick, como si estuviera señalando su jugada y apuntando hacia
dónde iba a lanzar el balón.
Nick besó a Colton allí en el patio, deslizándose más cerca hasta que
estuvieron en el regazo del otro. Colton se derritió contra él, sus brazos
rodearon a Nick mientras sus labios se movían sobre los de Nick, y sus lenguas
bailaban mientras las estrellas se elevaban sobre la ciudad.

—Soñé con esto —susurró Colton cuando Nick lo empujó hacia el sofá y se
extendió sobre él—. Era difícil cenar aquí y no imaginarme besándote.

—Tendrás que decirme si lo real es tan bueno como lo que soñaste.

—Es mucho mejor. —Las manos de Colton se deslizaron por su pelo. Besó
a Nick lentamente, con reverencia—. Yo, um... —Su mirada se deslizó más allá
de Nick, con las pupilas dilatadas y trazadas con el oro de las luces del patio—.
Me hago las pruebas anualmente con el equipo —suspiró—. Y todo salió
negativo después de mi último examen físico.

Nick no entendió, no al principio. Frunció el ceño.

—Y no he estado con nadie desde entonces. Y, bueno, tú... —Colton dijo.

Oh. Jesús. Iba a tener que volver a pensar en esas cosas ahora que estaba
divorciado, ¿no? Pensó en el pasado, veinte años de exámenes físicos en un
borrón.

—Veinte años de resultados negativos para mí.

Colton se mordió el labio. —Supongo que tampoco tenemos que


preocuparnos por embarazarnos el uno del otro.

Nick se rió. —No, no tenemos. —Tomó la mano de Colton y lo guió a


través de la puerta del patio hasta su dormitorio.

Se desnudaron en la oscuridad, sólo las lucecitas del globo y la suave


medianoche de la ciudad proyectaban el más tenue resplandor parpadeante a
través de las paredes. Era lo suficiente para captar una chispa dentro de los ojos
de Colton, convertir sus pupilas en llamas mientras se dejaban caer en la cama.

Esta vez, fueron más despacio, saboreándose el uno al otro. Nick recorrió
con sus dedos cada centímetro del cuerpo de Colton. Trazó la línea de su
pantorrilla y donde su rodilla se unía a su muslo. Sintió el roce del vello de la
pierna de Colton contra su palma.
Descubrió que Colton sentía cosquillas detrás de las rodillas cuando le
pasaba el dedo corazón por la parte posterior de las piernas y que se estremecía
todo cuando Nick ponía los labios en la unión entre el muslo y la cadera, donde
su piel era de bebé. Recorrió con su lengua los huesos de la cadera de Colton
hasta encontrar el valle de la parte baja de su espalda. Su culo era tan firme y
redondo como un balón de baloncesto encima de sus largas piernas. Nick
siempre había sido un hombre de culos, y pasó un largo, largo tiempo
explorando el de Colton, poniendo ambas manos en la carne de sus mejillas
antes de morder la pálida piel de Colton y dejar un chupón en la curva más
jugosa. Colton era una ruina temblorosa y jadeante cuando Nick lo besó en cada
una de sus vértebras. Respiraba con dificultad, con un brazo enroscado bajo su
pecho y el otro apretando la base de su pene.

—Se supone que no debes tocarte —susurró en el oído de Colton—. Ese es


mi trabajo.

—Estoy intentando no correrme —gimió Colton—. Estoy tan jodidamente


cerca.

—Date la vuelta y córrete en mi boca.

Colton gimió, se puso de espaldas y empezó a correrse incluso antes de


que Nick pusiera sus labios alrededor de su eje. Nick chupó y tarareó mientras
Colton tenía espasmos y gritaba su nombre.

Entonces le tocó a Colton explorar, y Nick se olvidó de cómo respirar


mientras Colton se lanzaba sobre él como si estuviera en una misión personal
para descubrir zonas erógenas que Nick no sabía que tenía. ¿Cuándo se habían
conectado sus bíceps y su ombligo con su pene? ¿Por qué el roce de los dientes
de Colton sobre su pectoral hacía que su espalda se arquease y que las estrellas
bailasen detrás de sus párpados? ¿El juego con los pezones siempre le había
hecho jadear el nombre de su amante, o esa era una magia exclusiva de Colton?
Se vio reducido a balbucear cosas sin sentido mientras Colton le chupaba los
pezones hasta convertirlos en protuberancias de diamante, cantando el nombre
de Colton mientras su pene se convertía en granito.

Colton estaba duro de nuevo -ah, la juventud- y Nick rodeó la cintura de


Colton con las piernas y juntó sus caderas. Colton se empujó contra él,
maldiciendo, con su peso equilibrado sobre su tembloroso brazo izquierdo
mientras agarraba la mano de Nick con el derecho.

Veinte años de matrimonio, un hijo, una mujer que creía que era la
elegida. Todo el amor que él y Cynthia habían hecho, todo ello, palideció de
repente cuando Colton suspiró su nombre y le besó los nudillos, mientras
empujaba y su dolorida longitud chocaba contra la de Nick. Estaba atrapado en
los ojos brillantes de Colton y en el tacto de sus labios y en la sensación de su
cuerpo.

Se corrió gritando el nombre de Colton y tirando de él para besarlo.


Colton se desplomó sobre su pecho mientras sus labios se apretaban, y Colton
se corrió un segundo después, con su semen caliente y húmedo entre sus
vientres.

Se respiraron mutuamente cuando se negaron a separar sus labios, ni


siquiera para inhalar oxígeno.

Pasión. Había pensado que sabía lo que eso significaba.

Dios, no tenía ni idea.

¿Sería capaz de dejar pasar esto cuando llegara el momento?

No podía pensar en eso, no ahora. Rodeó la mandíbula de Colton con las


manos y le acunó la cara, profundizando el beso. Enganchó el tobillo detrás de
la rodilla de Colton para mantenerlo cerca. Por el momento, Colton parecía
satisfecho allí, con una sonrisa desbocada en su rostro mientras acomodaba su
peso encima de Nick.

Como si quisiera quedarse.

Si tan sólo la noche no se acabara nunca, y el verano pudiera durar una


eternidad, y él pudiera embotellar el tiempo en las palmas de sus manos.
Quedarse en este momento, con Colton besándolo así, tocándolo así. Mantener
el mundo a raya. Mantener oculto lo que estaban descubriendo entre ellos, y a
salvo, y juntos.

Si tan sólo.
Colton le entregó a Nick un gran vaso de Starbucks y se dejó caer junto a
él en la puerta. Dejó que su pierna se desviara hacia un lado y se apoyara en la
de Nick. La mirada de Nick se dirigió a él mientras tomaba un sorbo de su café.
Apoyó su rodilla contra la de Colton.

Colton sonrió en su macchiato de caramelo.

Habían salido de Austin antes del amanecer, y habían tomado el primer


transporte a Dallas antes de tomar un vuelo al amanecer a Lubbock. Ahora
estaban esperando que el helicóptero de Kimbrough los recogiera y los llevara a
la plataforma petrolífera.

Se había despertado en los brazos de Nick el sábado, el domingo y esa


mañana, y cada día, Nick era todo sonrisas. Las dos últimas mañanas Nick se
había despertado antes que Colton, tumbado en la cama y mirando a Colton
cuando éste abría los ojos. Había besado a Colton lentamente, y eso se convirtió
en un beso, que se convirtió en un empuje y molienda que terminó con besos
febriles y semen derramado en sus estómagos.

El sábado por la mañana, Colton había trasladado todas sus cosas al


dormitorio y al baño de Nick.

Después de un fin de semana que había pasado mayormente en la cama


de Nick -aparte de dos viajes al parque para jugar al fútbol bajo el sol del
atardecer-, era extraño volver a vestirse con camisa de botones y corbata.
También volver a ser el pasante de Nick.

Había algo un poco travieso en eso. Algo que hizo que Colton se mordiera
el labio y mirara de reojo a Nick. Nick se veía tan arreglado con su camisa de
vestir y su corbata perfectamente anudada. Estaba leyendo correos electrónicos
en su teléfono y tenía su taza de café en equilibrio sobre el muslo, y para el resto
del mundo, parecía el ejecutivo pulido que era.

Pero Colton vio a través del almidón, el algodón y el gel para el cabello y
vio a Nick como había estado la noche anterior: la espalda arqueada, los ojos
cerrados, gimiendo el nombre de Colton mientras sus dedos se clavaban en el
pelo de Colton. Colton había tratado de tragarse toda la longitud de Nick, de
hacerle una garganta profunda hasta tener la nariz enterrada en el pubis de
Nick. No pudo lograrlo, pero Nick pareció apreciar sus esfuerzos.
Ahora conocía otras facetas de Nick. El aspecto de Nick cuando se estaba
quedando dormido, pero aún no quería cerrar los ojos y seguía besando los
dedos de Colton para mantenerse despierto. El sonido de su voz cuando
hablaban con las luces apagadas, intercambiando historias, recuerdos y
momentos de antes de conocerse. Parecía una locura, recordar que había toda
una vida que él había tenido -y que Nick había tenido- antes de conocerse. A
veces tenía la sensación de que su vida no había empezado realmente hasta que
Nick lo había arrojado contra el vestíbulo de la casa de los deportistas,
inmovilizándolo contra la pared con esos ojos enojados.

Escuchó historias sobre Justin, por supuesto. Al principio, fue extraño


darse cuenta de que el niño en pañales que Nick describía corriendo por los
aspersores era Justin, pero eso se desvaneció a medida que Nick contaba más
historias, y la idea que Colton había tenido de que Nick era un gran padre se
convirtió en una convicción, una pieza fundamental del mosaico que era Nick.

Aprendió que Nick era una persona mañanera y que a veces tarareaba en
la ducha, y que podía ponerse tranquilo y contemplativo por la noche cuando
se sentaban juntos en el balcón. Se impacientaba con los programas de Netflix y
había empezado, pero no terminado, más de dos docenas. Cargaba su
lavavajillas por orden de colores y apilaba los vasos por altura. La mayoría de
las veces sonreía cuando Colton lo llamaba por su nombre, pero de vez en
cuando se perdía en sus pensamientos y a Colton le costaba un par de intentos
llamar su atención, y cuando lo hacía, Nick tenía una mirada lejana, casi
preocupada. Colton intentaba apartar esa mirada cada vez que la veía.

A Nick le gustaba tomar la mano de Colton, y le gustaba cuando Colton se


quedaba dormido con la cabeza sobre el pecho de Nick y los dedos de éste
enredados en el pelo de Colton. A Colton también le gustaba eso.

El domingo por la noche, le había preguntado a Nick si podía enviar por


mensaje de texto a los vaqueros una foto que había tomado mientras estaban en
el parque: Nick a punto de devolver el balón a Colton, de pie a cinco metros de
distancia. Desde donde había tomado la foto, era fácil ver la sonrisa sin esfuerzo
en la cara de Nick.

—Claro —había dicho Nick. Sin embargo, había dudado y, por eso, Colton
también había dudado antes de enviar la foto.

Trabajando en la fuerza del brazo, había dicho finalmente. ¡Libertad de


movimientos!
Justin envió un emoji de sonrisa y dijo: ¡Te ves bien, papá! Wes envió un
pulgar arriba a la foto y luego Colton recibió otro mensaje de Wes, enviado sólo
para él. ¿Saliste con Nick este verano?

Sí.

Esperó. Tal vez Wes estaba esperando que dijera algo más. Sí, ha sido de
gran ayuda, o Sí, lanzamos el fútbol los fines de semana, o Sí, la pasantía es realmente
genial.

O Sí, creo que me estoy enamorando de él.

Genial, Wes finalmente envió un mensaje de texto.

Sí. Genial.

—¿Sr. Swanscott?

Ambos parpadearon, sobresaltados cuando un hombre que parecía haber


salido del set de Top Gun se detuvo frente a ellos. Le tendió la mano a Nick.

—Soy José. Seré su piloto en la cuenca del Pérmico hoy.

Nick se puso de pie y le estrechó la mano, luego presentó a Colton.

—Colton Hall, mi... mi mano derecha.

El piloto, un hombre hispano de mediana edad con un bigote de los años


setenta, largas patillas y gafas de aviador brillantes, sonrió. Era uno de esos
tipos que nacieron siendo geniales, y lo sabía. —Encantado de conocerte,
hombre mano derecha.

Colton sacó una foto de Nick subiendo al elegante helicóptero ejecutivo de


Kimbrough, y luego hizo una selfie de ellos juntos con las gafas de sol y los
auriculares puestos. Grabó el despegue y el suave planeo fuera de Lubbock
antes de girar hacia las desoladas llanuras sembradas de polvo del centro de
Texas.

Kimbrough los esperaba en la plataforma de aterrizaje, todo sonrisas y


abrazos de lado. Seguía siendo amable con Colton, pero gritaba lo contento que
estaba de ver a Colton sin su cabestrillo. Les dio una vuelta por la plataforma y
el lugar, paciente cuando Colton empezó a hacer preguntas: ¿Por qué había
petróleo aquí? ¿Por qué tanto?
—Estamos sobre playas enterradas, Colton —dijo Kimbrough—. Hace
cientos de millones de años, la mayor parte de Texas estaba bajo el agua. Con el
tiempo, toda esa agua se trasladó a otros lugares, y entonces la tierra cambió y
creció, y ahora esas antiguas playas están enterradas bajo nuestros pies.
Algunas sólo tienen unos pocos miles de metros de profundidad. —Sonrió—.
Tan cerca que parece que puedes clavar el brazo en la tierra hasta el codo y
pasar los dedos por toda esa arena antigua. Otras playas, y otras partes del
antiguo fondo marino, están mucho más abajo. Decenas de miles de metros. Las
playas antiguas y los fondos marinos son los mejores lugares para empezar a
buscar las señales.

—¿Qué señales?

—Cosas muertas. Cosas descompuestas que pasaron hace muchos años.


En aquel entonces, todas esas cosas habrían estado enterradas en el fondo del
mar, y con el tiempo, el peso del mundo moviéndose encima de ellas creó una
maldita olla a presión. Todos esos hidrógenos y carbonos se reagruparon en
petróleo y gas, atrapados por la tierra, hasta que un día un hombre como yo
llegó y perforó el suelo, tratando de encontrar todos esos misterios secretos.
Sacar fósiles del Jurásico, agua de mar atrapada del Cretácico inferior. Y
petróleo. —Metió la mano en su chaqueta y sacó un tubo de ensayo sellado
lleno de una sustancia oscura y melosa, suave y viscosa. Se lo entregó a
Colton—. Esto es lo que he sacado de mis pozos aquí. Tienes en tus manos
millones de años de tiempo. —Sonrió.

Colton giró el frasco una y otra vez, observando cómo el aceite se


deslizaba y se fusionaba dentro del vidrio. —Esto es increíble. —Intentó
devolvérselo, pero Kimbrough le dijo que no, que era un regalo de él para los
dos.

—Ahora, vamos a encender esta red, para que no sea tan incómodo para
ustedes dos estar ahí con mi aceite en las manos y nada para mí. —Kimbrough
guiñó un ojo.

Era hora de ver si dieciocho meses de esfuerzo dedicado de Nick -y dos


meses de ayuda de Colton- iban a funcionar. Nick envió el código de inicio a las
torres, y luego los tres se cernieron sobre los teléfonos móviles de Kimbrough Oil
como los que Nick había enviado a las plataformas.

Se puso tan cerca de Nick que estaba dentro de su sombra. Los ojos de
Kimbrough se dirigieron a él y casi dio medio paso atrás, pero no. Se quedó lo
suficientemente cerca como para sentir el crujido de la camisa de Nick contra el
pecho de Colton. Lo suficientemente cerca como para sentir los nervios de Nick,
ver su pulso martilleando en la curva de su cuello.

—Funcionará —le había dicho a Nick en el helicóptero mientras llegaban y


veían a Kimbrough saludarlos con una gran mano sujetando su sombrero de
vaquero—. Funcionará perfectamente.

Contuvo la respiración y se quedó mirando el teléfono en la mano de Nick


-sin olvidar que él también tenía uno en la mano-, observando cómo el pequeño
icono de la torre de telefonía móvil bailaba y giraba, buscando, buscando,
buscando señal.

Y entonces se conectó. Kimbrough Oil Mobile parpadeó en la barra superior,


el nombre de la red celular más nueva del mundo.

Kimbrough lanzó un grito, le dio una palmada en la espalda a Nick y


llamó inmediatamente a su mujer. —¿Cariño? Maldita sea, ¿adivina con qué te
estoy llamando? Por mi propia red de telefonía móvil.

Nick tenía el portátil abierto y estaba rastreando el flujo de llamadas y


datos a través de la nueva red y de todas las torres de telefonía móvil que
habían instalado. Colton se cernía sobre su hombro, observando cómo pasaban
las líneas de código: llamadas que se iniciaban y terminaban, navegadores web
que se abrían. Paquetes de datos entrando y saliendo de la red. En la
plataforma, los chicos sonreían ante sus nuevos teléfonos, y oyó que uno de
ellos le decía a otro: —¡Hombre, hasta puedes ver porno en alta definición!

Quería besar a Nick, pero se conformó con poner su mano en la espalda de


Nick. —Lo hiciste —susurró—. Es perfecto.

Nick sonrió.

Kimbrough estaba extasiado, y la segunda llamada que hizo fue al 9-1-1


para probar la conexión. —No es una emergencia, querida —dijo a la
operadora—. Sólo estoy muy contento de que la conexión haya sido buena y
fuerte. —Hizo una llamada tras otra, desde su mujer hasta el resto de los
directivos de la empresa, pasando por cada uno de los miembros de su consejo
de administración.

Después, volvieron a subir al helicóptero con José, donde los esperaba una
botella de champagne fría en una cubitera y tres copas. Brindaron mientras el
helicóptero despegaba, bebiendo Dom Perignon mientras cruzaban la cuenca
del Pérmico.
Apretó disimuladamente la mano de Nick mientras Kimbrough miraba
por la ventanilla, señalando los anticlinales de la cuenca que significaban algo
para los geólogos petroleros y los exploradores de petróleo, pero que a Colton
le parecían simples colinas y praderas. Nick entrelazó sus dedos y los apretó, y
se aferraron tal vez un segundo de más, porque los ojos de Kimbrough se
dirigieron hacia donde sus muslos se apretaban y ocultaban su agarre antes de
que se lanzara a contar otra historia sobre la excavación de pozos y la búsqueda
de brotes de petróleo en las áridas tierras de Texas.

Pasaron la tarde volando a cada una de las plataformas para probar la


potencia de la señal y estrechar las manos. Los trabajadores ya estaban
transmitiendo música y descargando vídeos, y cuando Kimbrough le preguntó
a Nick cuál era el sitio web más visitado hasta el momento, éste tuvo que
aclararse la garganta antes de decir: —Ah, parece que Pornhub.

Kimbrough rugió. —Bueno, ciertamente vas a mejorar la moral por aquí,


Nick. Maldita sea, este es un buen trabajo.

Nick estaba radiante de sonrisas cuando dejaron a Kimbrough en la


primera plataforma, y luego volaron de vuelta a Lubbock, relajados y sueltos en
la parte trasera del helicóptero de Kimbrough. Colton esperó a que José
pareciera estar ocupado, entonces tomó la mejilla de Nick y lo acercó para darle
un rápido beso. Nick se agarró a su cintura y le devolvió el beso, fuerte y
rápido.

En el aeropuerto, tenían unas horas para matar antes de su vuelo de


regreso a Austin, y él invitó a Nick otra copa de champagne en El Único Bar del
aeropuerto de Lubbock. Se rieron del nombre mientras jugaban con los pies
bajo la cubierta del techo, mirándose por encima de sus copas de champagne.

El sol, una mañana temprana y dos copas de champagne antes del


estruendo y el zumbido de un vuelo fueron suficientes para adormecer a
Colton. Siempre le había resultado fácil dormir en los autobuses del equipo y en
los viajes largos por carretera, dejándose llevar por el rugido del motor y el
zumbido de la carretera. Los aviones eran aún más fáciles, y antes de alcanzar la
altitud de crucero, sus ojos se cerraron.

Se despertó con la sensación de ojos puestos en él. Inhaló, se removió en


su asiento, miró a su izquierda ...

Nick estaba allí, mirándolo fijamente, con una suave sonrisa en su rostro.
—Oye —dijo—. Vamos a aterrizar en unos veinte minutos.

Colton se estiró, con un brazo por encima de la cabeza y el otro por


delante. Todavía le dolía levantar demasiado el brazo derecho.

—¿Has dormido algo?

Nick negó con la cabeza. —Te estaba mirando.

Se sonrojó, sus entrañas se volvieron suaves y líquidas como el aceite


encontrado por Kimbrough. Miró a Nick por debajo de las pestañas,
mordiéndose el labio y tratando de contener la sonrisa. Sin embargo, su
felicidad se atenuó al mirar a Nick.

—¿Qué pasa?

—¿Cómo puedes saber que algo me está molestando?

—Te conozco. O intento conocerte.

Los ojos de Nick se cerraron y respiró lenta y profundamente. —Es bueno


que te conozcan.

Colton esperó. El tren de aterrizaje emitió ese chirrido agudo al entrar en


posición. —¿Hay algo que pueda hacer?

Los ojos de Nick se abrieron de golpe. —¿Qué ves en mí?

—¿Eh?

—¿Por qué diablos me quieres? —La voz de Nick era un susurro—. No


puedo entenderlo.

—¿Por qué no te querría? Nick, eres... —Tragó saliva—. Eres tan increíble
que es irreal. Eres tan inteligente. Mira lo que acabas de hacer. —Asintió detrás
de él, como si estuviera señalando a Lubbock—. Eres un tipo increíble. Eres
amable con todo el mundo. Siempre. Es una de las mejores cosas de ti. Fuiste
amable conmigo cuando no tenías que serlo. Mira todo lo que has hecho para
ayudarme. —Se sonrojó—. Quiero decir, ya sabes, antes.

Nick sonrió.
—Este parece ser el momento de preguntar qué ves tú en mí, pero me da
un poco de miedo. —¿Qué pasaría si Nick dijera algo como Tus músculos o Cómo
juegas de quarterback o incluso No sé, pero me besaste y hacía tiempo que nadie lo
había hecho? Trató de disipar sus nervios mientras golpeaba su zapato en la
alfombra.

—Eres genuino —suspiró Nick—. Eres exactamente quien eres. Te miro y


puedo ver todo tu corazón. —Inhaló, bruscamente—. Y en lo que veo, confío.

Grandes palabras, considerando lo que le había confesado a Colton en


Dallas. No sé cómo empezar a confiar en otra mujer. No sé cómo abrirme.

Pero, ¿no había dicho Colton que tal vez, a veces, sólo dos hombres podían
entenderse de esa forma tan profunda? Para él era cierto. Nunca había estado
tan cerca de ninguna chica como lo había estado con Nick. Incluso Wes, en
cierto modo, aunque eso era fraternal y Nick era... no.

Puedes quedarte con mi corazón. Quiso decirle, pero... Se contuvo,


mordiéndose el labio mientras sostenía la mirada de Nick.

La azafata se presentó en el intercomunicador y anunció su inminente


aterrizaje. Juguetearon con los respaldos de sus asientos, se enderezaron los
cinturones y, después de que la azafata pasara su última comprobación, Nick
deslizó su mano entre la de Colton en el espacio que había entre sus muslos.

Estaba oscuro cuando aterrizaron, y en cuanto encendieron sus teléfonos,


ambos vibraron con mensajes de sus vaqueros. Más fotos, y él y Nick se
inclinaron cerca mientras se desplazaban.

—¿Quieres enviarles algunas fotos de hoy? —Colton había tomado un


montón de Nick y Kimbrough y su vuelo con champagne. Los tres incluso se
habían apretujado para tomarse una selfie. El ala ancha del Stetson de
Kimbrough había colgado sobre su cabeza y la de Nick.

Nick dudó. —Nunca he compartido cosas así con Justin. Nunca le ha


interesado mi trabajo.

—Bueno, él se lo pierde. Lo que haces es realmente genial. Y es


importante.

—¿Llevar porno a las plataformas petrolíferas?

Colton se rió. —Es más que eso. Vas a salvar vidas con tu red.
Nick esperó a que el resto de los pasajeros pasara junto a ellos fuera del
avión. Había aparecido su línea de expresión, ese profundo surco vertical entre
las cejas.

—¿Crees que querrán saberlo?

Wes querría, seguro. Había pensado que Justin también lo haría, hasta que
Nick había dicho que no lo haría.

—Sí. Quiero decir, espero que lo hagan. Deberían estar orgullosos de ti.

—Orgullosos de nosotros. —Nick se apoyó en el hombro de Colton—. Has


ayudado mucho.

Sonrió, sus mejillas se calentaron mientras enviaba la foto de los tres en el


helicóptero, sosteniendo copas de champagne con una plataforma petrolera
fuera de la ventana. Hoy ha sido un gran éxito, escribió. Como, ¡touchdown
consecutivo!

Tanto Justin como Wes dejaron emojis de sorpresa en la foto. Amigo, Wes
envió un mensaje de texto. ¿Eso es un helicóptero privado? ¿Y una plataforma
petrolífera?

¿Qué clase de pasantía te hace volar en un helicóptero privado con Dom


Perignon? le envió Justin un mensaje de texto.

Colton frunció el ceño. Felicidades, Nick, envió un mensaje de texto,


escribiendo lo que ambos deberían haber dicho. Se metió el teléfono en el
bolsillo trasero e ignoró su repetido zumbido mientras sacaba la bolsa del
portátil de Nick del compartimento superior.

La expresión de Nick se contrajo mientras miraba su teléfono. —Los niños


te mantendrán humilde. —También guardó su móvil en el bolsillo.

Le costó mucho no besar a Nick allí mismo, delante del piloto y de la


azafata y de los últimos pasajeros que bajaban sus maletas. —Vamos a casa. Te
daré la celebración que te mereces.
Un golpe interrumpió la tercera ensoñación de Nick de la tarde.

Había estado recordando cómo Colton lo había mirado en la cama la


noche anterior, después de que regresaran del aeropuerto. Cómo los dedos de
Colton habían jugado con su pelo mientras besaba a Nick lentamente, cómo sus
caderas parecían moverse como una sola, erección chocando contra erección,
casi como si estuvieran haciendo el amor.

Se movió, intentando apartar de su mente a Colton y lo que estaban


haciendo. Necesitaba concentrarse. —¿Qué pasa?

Colton entró como si los pensamientos de Nick lo hubieran convocado.


Cerró la puerta tras de sí. —Hola.

—Hola. —No pudo evitarlo. Sonrió y atravesó su despacho para apretar la


cintura de Colton y dejar caer un beso en sus labios—. ¿Qué pasa?

—Nada. Sólo que te he echado de menos.

—Almorzamos hace una hora. —Volvió a besar a Colton—. Juntos.

Los ojos de Colton eran astutos, sus labios se torcían mientras luchaba por
una sonrisa. —Tuve una idea sobre algo, y quería consultarla contigo.

—¿Ah, sí?

—Sí. Ven a sentarte. —Colton lo condujo a su sofá y lo guió para que se


sentara en el centro. Pero en lugar de unirse a él, Colton se hundió de rodillas
frente a Nick. Puso sus manos en las rodillas de Nick y separó sus muslos.

—Colton…

—Shh. —Colton le desabrochó el cinturón y le bajó la cremallera—. Jim


está en su oficina, y Lizbeth está fuera de la puerta. No quieres que se enteren,
¿verdad?

Intentó reprimir su gemido cuando Colton le abrió la bragueta y le metió


las dos manos en los pantalones. Colton rodeó el eje de Nick con sus dedos y le
tocó las bolas. Nick se había ablandado hace menos de un minuto, pero la
presencia de Colton, su tacto, esa luz traviesa en sus ojos mientras miraba
fijamente a Nick fueron suficientes para marearlo, toda su sangre corriendo
hacia el sur. Su pene se puso duro, dolorosamente duro, sobresaliendo de su
entrepierna.

Colton enganchó la cintura de sus bóxers bajo sus bolas. —Mierda, sí —


suspiró. Su pulgar calloso rodó sobre la cabeza de la erección de Nick,
extendiendo una perla de líquido preseminal. Nick se sacudió y se mordió el
labio mientras se agarraba a los cojines del sofá. Colton arrastró sus manos por
debajo de la camisa de vestir de Nick, deslizando sus dedos sobre la piel de su
pecho. Amasó los pectorales de Nick y las yemas de los dedos rozaron los
pezones de Nick. Estaban tan sensibles como la primera vez que Colton los
había tocado con sus labios y su lengua, provocando en Nick un relámpago que
parecía atravesarlo y rodear la base de su pene.

Ahora, Colton arrastraba sus uñas sobre el pezón de Nick al mismo


tiempo que pasaba su lengua desde la raíz del tronco de Nick hasta su hinchada
cabeza.

Nick se obligó a soltar un gemido ahogado. Sus talones se clavaron en la


alfombra y el cuero del sofá chirrió en su agarre con los nudillos blancos. Se
quedó mirando a Colton, sin respirar, tratando de memorizar el momento.

Los labios de Colton se cerraron alrededor de su dureza.

Nick trató de respirar, pero sus pulmones sólo podían arrastrarse en


jadeos superficiales. El fuego ardía bajo su piel. Quería penetrar en la boca de
Colton. Quería hundir sus manos en el pelo de Colton. Colton era insaciable,
con su lengua codiciosa por todas partes, arremolinándose alrededor de la
cabeza del pene de Nick y luego deslizándose por el eje, presionando la dureza
acerada de Nick en la succión ascendente de Colton. Tarareó, y Nick se
estremeció y luego se puso eléctrico cuando Colton lo tomó hasta el fondo de su
garganta. Sus muslos temblaron mientras todo su interior se derretía. Su
longitud palpitaba, y podía sentir cómo el semen fluía de él, un río, llenando la
boca de Colton y haciendo que todo fuera imposiblemente más caliente.

Agarró la parte posterior de la cabeza de Colton y se introdujo en su


garganta. El sedoso cabello de Colton se deslizó entre sus dedos. Estaba
enterrado hasta las bolas en la boca de Colton. Colton tenía los ojos llorosos, la
cara roja y la saliva brotaba de sus labios, empapando la entrepierna de Nick y
sus bolas. Las pupilas de Colton se abrieron de par en par, tan borracho de sexo
como Nick lo había visto nunca. Sus párpados se cerraron y gimió alrededor del
pene de Nick.
El mundo se diluyó, como un globo a punto de estallar. Nick estaba al
borde, apenas sosteniéndose. Las manos de Colton seguían debajo de su
camisa, y agarró los dos pezones de Nick y los pellizcó, con fuerza.

Nada pudo detener su orgasmo después de eso. Echó la cabeza hacia


atrás, apretó los dientes y clavó los dedos en el cuero cabelludo de Colton
mientras sus bolas explotaban y se corría, y se corría, y se corría en la garganta
de Colton. Colton siguió tragando -Dios, tragando hasta la última gota-
mientras el orgasmo de Nick se prolongaba.

Gimió, cayendo hacia delante sobre Colton, cuyos labios y boca seguían
succionando la longitud reblandecida de Nick.

Finalmente, Colton succionó su camino fuera del pene gastado de Nick, la


boca saliendo de la cabeza con un pop. Se sentó y sonrió, respirando con
dificultad, sus manos se deslizaron por el cuerpo de Nick hasta apretar sus
muslos. Su lengua pasó por su labio inferior.

—Hace tiempo que quería hacer eso. —Jesús, su voz era ronca.
Enronquecida por la mamada.

Nick se abalanzó sobre él, besándolo desesperadamente mientras sus


rodillas caían al suelo frente a Colton. Podía saborearse a sí mismo dentro de la
boca de Colton, sentir la textura resbaladiza de su semen todavía en la lengua
de Colton.

Hizo girar a Colton y lo presionó boca abajo sobre la mesa de café frente a
su sofá. Colton se quedó sin aliento al caer sobre su vientre, con las caderas en
el borde del cristal y el culo perfectamente colocado frente a la cara de Nick.

En menos de un segundo, tenía el cinturón de Colton desabrochado, la


bragueta desabrochada, los pantalones y los bóxers bajados hasta los muslos.
Exponiendo ese perfecto y redondo culo. Una mejilla llenaba cada una de sus
palmas. Apretó, con fuerza. Los músculos y la carne se flexionaron bajo sus
dedos. Colton gimió.

Nick se lanzó hacia delante, con su cuerpo cubriendo el de Colton.

—Shh —suspiró contra la mejilla de Colton—. Tienes que estar callado.

—No sé si puedo.
—Entonces métete la corbata en la boca. —Volvió a apretar el culo de
Colton, dos puñados de glorioso y grueso quarterback—. Muerde cuando
grites.

Colton agarró su corbata y metió la seda verde azulada entre sus dientes.
Nick besó la esquina de su ojo con labios temblorosos.

—Mi turno —susurró—, para hacer algo que he estado soñando. —Colton
estaba abriendo puertas en su interior, pensamientos y sentimientos que había
enterrado en los espacios más profundos de su mente. Deseos. Hambrientos.
Siempre había sido un hombre de culo. Nunca había tenido un culo tan fino
delante de él.

Nick se deslizó hacia atrás, acomodándose entre los amplios muslos de


Colton. Oyó un gemido suave y apagado, sintió que el cuerpo de Colton
empezaba a temblar mientras su frente caía. Sus nalgas se apretaron y se
soltaron, los hoyuelos de cada una aparecieron y luego desaparecieron, jugando
al escondite con Nick.

Hundió sus dientes en la curva del culo de Colton, mordiéndolo como si


fuera un melocotón maduro de verano. Se aferró a la suave piel de Colton,
chupando hasta que Colton jadeó y una de sus manos voló hacia los lados,
tirando dos bolígrafos a la alfombra.

—¿Está bien? —susurró Nick, besando el chupón que había puesto en la


mejilla izquierda del culo de Colton.

Colton asintió. Un suave gemido salió de donde Colton había escondido


su cara contra el cristal de la mesa. Tenía los ojos apretados y la mano que había
tirado los bolígrafos se aferraba al borde de la mesa con tanta fuerza que sus
nudillos estaban blancos y azules.

Nick separó las nalgas de Colton lentamente, observando a Colton en


busca de alguna reacción. Un parpadeo de miedo, de vacilación. Esperó.

Colton lo miró por encima del hombro. La lujuria ardía en sus ojos,
golpeando a Nick.

Nick enterró su cara entre las mejillas de Colton y deslizó su lengua sobre
el caliente y apretado agujero de Colton.
Colton gimió dentro de la corbata mientras se sacudía con tanta fuerza que
la mesa se deslizó hacia adelante tres pulgadas. Nick siguió, con la cara metida
en el culo de Colton y la lengua revoloteando sobre el agujero de Colton y
trazando su piel fruncida. Su lengua se deslizó dentro y fuera de Colton,
saboreando la parte más íntima de su amante.

El éxtasis inundó a Nick junto con el sabor de Colton, su almizclada y


embriagadora masculinidad. Había fantaseado con el culo de Colton desde su
primer fin de semana, cuando sus ojos se habían abierto a lo que podían llegar a
ser. Colton era hermoso, la perfección física -al menos, para Nick- y en gran
parte se debía a su grueso culo. Sin embargo, no sabía si lo que quería iba
demasiado lejos. ¿Querría Colton dejar que Nick le pusiera la boca encima, en
su parte más privada? ¿Dejar que Nick empujara su lengua dentro del apretado
y doloroso calor de Colton?

Dios, sabía perfecto. Nick gimió y chupó el agujero de Colton.

La corbata de Colton amortiguaba sus gemidos. Sus brazos y sus hombros


temblaban. Sus muslos se abrieron más, y apretó el culo contra la cara de Nick,
follándose con su boca. Nick hundió los dedos en las mejillas de Colton y
deslizó su lengua hasta el interior de Colton.

Colton gimió, se estremeció y se echó hacia atrás mientras sus nalgas se


flexionaban con fuerza alrededor de la cara de Nick y su agujero se apretaba
contra la lengua de éste. Intentó decir algo, pero el sonido se perdió en su
mordaza. Un momento después, el semen salió disparado del pene de Colton,
salpicando la parte inferior de la mesa de cristal de Nick y la alfombra.

Nick lo acarició durante el final de su orgasmo, manteniendo los


temblores, las sacudidas y los gemidos agónicos de Colton hasta que estuvo
realmente agotado, sin fuerzas en la palma de la mano de Nick.

Sólo entonces retiró su lengua del agujero empapado de saliva de Colton.

Volvió a besar la mejilla del culo de Colton, en el chupón que había


dejado. Esta vez fue tierno, casi casto, si es que podía pensar en esa palabra
después de haber devorado el culo de Colton como si fuera una comida de
cuatro platos. Podía saborear el almizcle de Colton en sus labios y en lo más
profundo de su lengua. Sus manos aún sostenían las mejillas de Colton, aún lo
abrían, aún amasaban su carne firme. Y Colton seguía tumbado sobre su mesa
de café, con la corbata empapada de saliva medio metida en la boca. Los
pesados y duros jadeos que salían de su nariz empañaban el cristal en
constantes ecos de condensación.
—Colton... —La vergüenza creció dentro de Nick. Se limpió la cara con
ambas manos y luego pasó sus palmas temblorosas por los pantalones del traje.
Su ropa estaba arruinada. Olía a sexo. Se veía como el sexo—. Lo siento. —Dios,
sonaba como si acabara de tener sexo, también. Como si acabara de tener un
orgasmo masivo y luego tratara de dar uno igualmente masivo a su amante. La
mano de Nick recorrió la columna vertebral de Colton mientras éste se
deslizaba de la mesa de café—. ¿Fue eso... demasiado lejos? —El miedo se
apoderó de Nick, congelando la lujuria que casi lo había quemado vivo. Su
corazón se aceleró cuando Colton volvió a ponerse los bóxers y los pantalones
del traje y se desplomó junto a él en el suelo. Se quitó la corbata estropeada del
cuello y la envolvió en una de sus manos.

—No te disculpes. —La voz de Colton seguía siendo ronca, aún perdida
en las profundidades de la lujuria y de una verga destrozando su garganta—.
No te disculpes por eso. Demonios, Nick... me encantó. —El carmesí manchó las
mejillas de Colton.

—A mí también me encantó. —Se apoyó en el hombro de Colton. Dios,


todavía podía saborear a Colton. Se lamió los labios, persiguiendo el sabor de
su amante.

Colton se rió suavemente. Sus mejillas seguían siendo de un color burdeos


intenso. Desenrolló su corbata lentamente. Pasó los dedos por las cortezas de
los mordiscos en la tela sedosa.

—Fue una gran sorpresa. No creí que quisieras cosas así.

—Oye. —Nick tomó la barbilla de Colton en su mano. Esperó, y


finalmente, la mirada de Colton se levantó. Los ojos amplios e inseguros
parpadearon hacia él y luego se alejaron—. Quiero esto —susurró Nick—.
Quiero estar contigo. Sí, todo contigo es nuevo y diferente, pero no me disgusta
nada de eso. ¿No te das cuenta de lo mucho que me excitas?

—A todo el mundo le gustan las mamadas.

—Me gustas más tú que las mamadas. —Besó a Colton, y Colton se


derritió en él, gimiendo mientras devolvía el beso a Nick, dejando caer su
corbata, empujando sus manos en el pelo de Nick y acariciando su cuero
cabelludo. Colton se estremeció, con dulces y suaves gemidos cayendo de sus
labios.
Cuidado. Peligro. Seguramente esto era todo lo que Colton quería.
Momentos robados, calor elevado, jadeos estrangulados y tanto placer que se
arrastraba por sus venas, aún zumbaba bajo su piel. Los jugadores de la NFL no
tienen hombres mayores como amantes. Los quarterbacks universitarios no salen con el
padre de sus amigos.

Sin embargo, ¿podría evitar enamorarse de Colton?

Sus vidas se habían adaptado a una rutina constante a medida que el


verano empezaba a decaer. Colton pegó un calendario en la puerta de la nevera
de Nick con la fecha de inicio del campamento de fútbol marcada en un círculo
rojo, y marcó cada día que pasaba con una gran X. Corrían juntos en el
gimnasio antes del trabajo algunos días a la semana, y todas las tardes jugaban
a atrapar la pelota en el parque con el balón de Colton. A veces se sentaban en
el césped y veían cómo se ponía el sol y salían las estrellas, hablando en lugar
de lanzar el balón de fútbol durante unas horas más. Debajo del calendario de
la nevera había un programa de ejercicios, y Nick lo había examinado a detalle
una vez. Parecía mucho trabajo para un atleta en proceso de curación, y tanta
actividad que Colton tendría que estar en el gimnasio o en el campo lanzando el
balón de fútbol todo el día, sin tener en cuenta su pasantía. ¿Qué había dicho
Colton sobre sus veranos anteriores? Todo fútbol, todo el tiempo. Un verano
pasó semanas con Wes aprendiendo nuevos sistemas ofensivos. Otro verano
perfeccionando su precisión, lanzando balones desde todas las yardas del
estadio a objetivos fijos en la zona de anotación. Subidas a las escaleras del
estadio, kilómetros y kilómetros molidos bajo sus zapatillas de correr,
golpeando el pavimento por todo Austin. Levantó tantas pesas que empezó a
contar todo lo que hacía como si contara las repeticiones. Pasos en la tienda de
comestibles, o fregados con el jabón en la ducha.

Ahora no hacía nada de eso. En su lugar, estaba sonriendo a Nick con una
copa de vino. Riendo mientras comían en su balcón, compartiendo historias de
ida y vuelta. Tomando la mano de Nick o apoyando su cabeza en el muslo de
Nick mientras jugaban a la PlayStation o veían la televisión.

¿Era eso un problema? ¿Era Nick una distracción? ¿Cuántos entrenadores


a lo largo de los años, en equipos deportivos de todas las ligas, habían
advertido a los atletas de los peligros de la lujuria? La distracción, la falta de
concentración. Pensar con la cabeza equivocada.
Nick quería hacer más por Colton. Ser un mejor compañero de
entrenamiento. ¿Colton no estaba haciendo todo en el programa de
entrenamiento porque sabía que Nick no podía seguir su ritmo? Si no podía
seguir el ritmo en el gimnasio, al menos podría ser mejor en el parque. Pero
cada vez que se prometía a sí mismo que sería más disciplinado, se derretía
ante la sonrisa de Colton, se convertía en cada oportunidad de juntarse, dejar de
caer el balón, estar al lado de Colton. Estaba tan malditamente hambriento –tan
codicioso- de Colton, todo el tiempo.

Además, ¿cuánto tiempo más tendría la atención de Colton? El comienzo


de una nueva temporada de fútbol se avecinaba, el tiempo marcado en el
calendario de la puerta de su nevera. Un desfile de días, un verano que se
acortaba, cuyo fin seguramente significaba el fin de ellos.

Día a día. Céntrate en lo que tienes. No te adelantes a un futuro que no tienes


prisa por conocer.

Había demasiadas cosas que se avecinaban más allá del ocaso del verano.
La exuberancia de Colton por volver a estar en forma para jugar al fútbol era el
primer paso de un largo y doloroso camino hacia el adiós, y había una docena
de sinsabores formándose en el horizonte. Su pequeño mundo iba a ampliarse.
Colton volvería con su equipo y con sus amigos. De vuelta con Wes y…

Nick respiró entrecortadamente cuando el balón de fútbol se estrelló


contra sus palmas. Colton acababa de enviarle otro lanzamiento. Su precisión
estaba mejorando. Su alcance era limitado, al igual que su potencia, pero nunca
fallaba cuando enviaba el balón navegando hacia Nick por el césped del parque
Zilker. Nick le devolvió el balón, dándole un arco más alto que el de Colton
para que éste pudiera atraparlo en la canasta de sus brazos y no tuviera que
estirarse.

Sus pensamientos seguían dando vueltas, negándose a quedarse quietos.

Justin volvería a casa en unas pocas semanas.

¿Seguirían él y Colton juntos entonces?

No quería pensar demasiado en ello, pero tenía que ser pragmático sobre
cómo iban a ir las cosas. Seguramente Colton se mudaría pronto a la casa de los
deportistas. Los días que les quedaban compartiendo el piso de Nick eran
menos que los que ya habían pasado. Y una vez que Colton se fuera, ¿cuántas
veces volvería, cuando tuviera a sus amigos y a sus compañeros de equipo de
nuevo en su vida? ¿Por qué iba a venir a pasar el rato con Nick cuando tenía
fiestas a las que ir y amigos con los que estar, y fans que estaban deslumbrados
por él?

Los jugadores de la NFL -futuros jugadores de la NFL- no tenían a tipos mayores


como amantes.

No, Colton recogería su ropa, sus zapatos y su PlayStation y se iría. El


cepillo de dientes, el desodorante y la maquinilla de afeitar que había
trasladado del baño de Justin al de Nick desaparecerían. ¿Cuánto tardarían las
sábanas de Nick en dejar de oler a Colton? ¿Cuánto tardaría su segunda
almohada en perder el hueco redondo donde Colton apoyaba la cabeza por la
noche?

Nadie sabía de ellos. Puede que Colton le diera un beso a escondidas en


Lubbock, pero se había guardado las manos y los labios para sí mismo cuando
estaban en público. Colton tenía muchas razones para no decirle al mundo que
se acostaba con un hombre. Esto nunca iba a ser algo que Colton publicara.
Nunca iba a tomar la mano de Nick mientras caminaban por la calle.

Nunca iba a quedarse.

Cuando Colton se marchara y esta cosa entre ellos se desvaneciera y


muriera, nadie más iba a saber lo que habían sido. En qué se convirtieron bajo el
sol del verano y cómo quemaron la luna de julio.

Si nadie lo sabía y nadie lo iba a saber, y si su futuro era finito, el final se


alzaba ante él como una bruma de calor veraniego, entonces... ¿se lo diría
alguna vez a Justin?

La idea lo paralizó. Sus pulmones se negaban a funcionar y su corazón a


latir. El pánico lo recorría, la adrenalina pura corriendo caliente y movediza por
sus venas cuando se acercaba a la idea.

No tenía ni idea de cómo reaccionaría su hijo. Ni idea de lo que pensaría o


diría. Meses atrás, Nick se había dado una palmadita en la espalda y se había
felicitado por lo cerca que estaba de Justin. Lo mucho que había hecho para
reparar su relación y lo bien que conocía a Justin. Sabía el nombre de su
compañía de danza y sus ballets favoritos, conocía su horario de trabajo y los
nombres de sus compañeros. Conocía a Wes, había conocido a sus amigos y a
sus profesores. Conocía a su hijo. Había sido arrogante, tan seguro de cómo se
había abierto camino en la lista de buenos padres.
Nada de eso lo ayudó a intentar adivinar cómo se tomaría Justin la noticia
de que Nick se había metido en la cama con un chico. Con el mejor amigo de su
novio. Con su propio amigo.

¿Se disgustaría? Justin podía ser crítico, y mucho, con las cosas con las que
no estaba de acuerdo. ¿Qué pensaba de los padres que se acostaban con los
amigos de sus hijos? ¿Qué pensaba de una diferencia de edad de dos décadas?

¿Vería lo feliz que era Nick con Colton? ¿Cómo la sonrisa de Colton se
convertía en un remolino en el que estaba atrapado, pero que estaba más que
feliz de girar a su alrededor por el resto de sus días? O mientras se le permitiera
llamar a Colton suyo.

¿Se confundiría Justin? Nick no tenía respuestas al "por qué", "cómo" y


"qué carajo". Lo más cerca que estuvo fue el rudo razonamiento de Colton en el
coche después de aquella mañana en Houston: cuando sientes que te estás
enamorando de alguien, ¿importa si es un chico o una chica?

¿O el amigo de tu hijo?

¿Sería más amable con Colton mantener la boca cerrada? ¿Mantener este
secreto entre ellos y atesorar los recuerdos de estos momentos cuando viera los
titulares en el futuro? El quarterback de la NFL Colton Hall y su esposa dan la
bienvenida a su hija. Si cerraba los ojos, podía imaginar ese futuro con toda
claridad: Colton con una hermosa mujer del brazo. La miraría como miraba a
Nick ahora, sonriendo con esos enormes hoyuelos hacia arriba. Tendría tres o
cuatro hijos y sería un padre increíble. Estaba hecho para amar a otras personas.

Todos los días, Nick miraba las fotos que le enviaba su hijo -Justin feliz,
Justin enamorado, Justin divirtiéndose como nunca- y quería volverse del revés.
Creía que era valiente. Pensaba que sabía elegir el bien y el mal, Justin.

Pero si Colton se iba, entonces tal vez no se lo contara a Justin, porque si lo


hacía... Bueno, no estaba nada seguro de que Justin reaccionara bien. Tal vez se
disgustaría. Tal vez estaría furioso. Nick no lo sabía... y tenía miedo de
averiguarlo. Aterrado, también, de que fuera el fin de su cercanía con su hijo,
que su tierna nueva relación no pudiera sostenerse si confesaba que se había
acostado con Colton. El amigo de Justin, el mejor amigo de Wes. Podría perder
a Justin porque su corazón había huido con su mente.
En última instancia, iba a perder a Colton con el tiempo, porque no había
manera de que Colton se quedara con él. Colton no cambiaría todos sus sueños
sólo porque Nick le dijera que su sonrisa ahora vivía en su corazón.

Perder a Colton. Perder a Justin. ¿Perderlos a ambos?

No tenía idea de qué hacer. Estaba dividido entre lo que debía hacer y lo
que podía hacer, entre el hijo que amaba y el hombre que creía que podría.
Dividido, también, entre el tiempo y los secretos y tratando de averiguar lo que
era mejor para todos. ¿Le debía a Justin más de lo que le debía a Colton? En un
nivel, definitivamente. Pero... ¿debería Justin saber todo sobre su vida? Si se
había comprometido a ser abierto con su hijo, ¿qué significaba si le ocultaba
esto? ¿Podría Justin llegar a conocerlo de verdad si no supiera lo fuerte que latía
el corazón de Nick por Colton? ¿Dónde estaba la línea entre padres e hijos?
¿Qué diría Justin si Nick le mostrara su corazón a Justin y éste encontrara a
Colton allí?

Demasiados pensamientos chocando entre sí. Su mente lo pulverizaría si


se lo permitiera. Día a día, se repetía a sí mismo. Se lo decía a su reflejo en el
espejo del baño, y se lo decía cuando miraba por la ventana de su despacho, y
se lo decía cuando se aferraba a la conciencia, intentando aferrarse al día, y veía
a Colton soñar. No quería dormirse porque eso significaba que estaría un día
más cerca de que Colton se trasladara a su pasado y saliera de su futuro.

Día a día, día a día.

Volvió a enviar el balón a Colton justo cuando su teléfono empezó a sonar.


Lo sacó y comprobó el identificador de llamadas. La mayoría de las llamadas
las enviaba al buzón de voz. Casi nada interrumpía su tiempo con Colton. Tenía
que ser una emergencia, o alguien a quien no pudiera apartar, para ignorarlo.
Colton se había convertido en su prioridad de una forma en la que intentaba no
pensar demasiado.

Parpadeó ante la pantalla del teléfono. Riley Kimbrough estaba llamando.

Levantó la mano, indicando a Colton que detuviera su juego mientras


pasaba el dedo para contestar. A quince metros de distancia, Colton ladeó la
cabeza. Se dio la vuelta.

—¿Hola?

—Nick.
El tono de Kimbrough le golpeó como una bofetada. Su espalda se
enderezó.

—¿Riley? ¿Qué pasa?

—Ha pasado algo terrible, Nick. —Kimbrough suspiró.

Oyó a Colton trotar detrás de él, arrastrando las zapatillas por la hierba
hasta que se detuvo junto al hombro de Nick. Pasó el balón de un lado a otro en
sus manos mientras miraba el perfil de Nick.

—Hubo un accidente en una de las plataformas esta mañana. Un tipo se


lastimó mucho. No creo que lo sepas, pero todos mis hijos han trabajado en
estas plataformas, y ahora mis nietos están empezando sus años allí también. El
tipo que resultó herido esta mañana... Era uno de los mejores amigos de mi
nieto Luke.

Colton estaba lo suficientemente cerca como para escuchar cada palabra.


Sus enormes ojos se levantaron y se encontraron con los de Nick. Se miraron
fijamente.

—Lo siento. ¿Él... va a...? —La garganta de Nick se apretó.

—Bueno, por eso te llamo. Estaba malherido, muy mal. El tipo de lesión
donde cada segundo cuenta. Y gracias a ti y a tu red, mis chicos pudieron darle
la atención de emergencia adecuada tan rápido como pudieron. Así que va a
vivir. Va a ser un largo camino para él, pero va a vivir. Gracias a ustedes.

Los ojos de Nick se nublaron y sus pulmones se agarrotaron, y el único


sonido que salió de él fue una especie de jadeo estrangulado.

—Riley...

—Tienes que saber, Nick, qué tipo de impacto estás teniendo. Puede que
esté invirtiendo millones en tu empresa por esta red móvil privada, pero
cuando ocurren días como el de hoy, te daría diez veces más de lo que estoy
pagando. Cien veces. Tu red ha salvado la vida de un hombre hoy, y lo hará de
nuevo. Tienes que saberlo.

Sacudió la cabeza. No podía hablar.

—Tengo que irme. Estoy en el hospital. Hablaré contigo pronto. Saluda a


Colton de mi parte. —Kimbrough colgó antes de que Nick pudiera decir algo.
Nick dejó caer el teléfono a su lado y cerró los ojos. Colton acortó la
distancia entre ellos, estando tan cerca que Nick podía sentir los latidos del
corazón de Colton golpeando su bíceps, donde su piel presionaba el pecho de
Colton.

Estaban en público, maldita sea. Si no lo estuvieran, se volvería hacia su


amante, rodearía la cintura de Colton con los brazos y se hundiría contra su
pecho. También sentiría los brazos de Colton a su alrededor, porque necesitaba
sentir esos brazos ahora mismo y Colton siempre sabía lo que necesitaba. Sus
hombros temblaron. Maldita sea, tenía tantas ganas de alcanzar a Colton.

Colton le rodeó los hombros con un brazo y lo abrazó de lado. —Hoy has
salvado la vida de alguien.

—No. Sólo soy un vendedor. Sólo soy un técnico. Yo no...

Colton lo giró hasta que su frente se apoyó en el cuello de Colton. Sus


labios rozaron la clavícula de Colton, sobre el escote de su camiseta.

Había un centenar de personas en el parque y Colton lo rodeaba con un


brazo. Sus escalofríos se convirtieron en temblores, luego en sacudidas totales, y
enterró la cara en la carne del pecho de Colton mientras agarraba la camiseta de
éste con los dos puños, justo sobre su vientre, oculto entre sus cuerpos.

—¿No te dije que eras increíble? —susurró Colton.

Nick negó con la cabeza. —Los médicos le salvaron la vida. Sus amigos le
salvaron la vida.

—Tú fuiste el primer eslabón de esa cadena. —Los labios de Colton


empujaron contra su cabello, un beso de allí y luego se fue, más rápido que un
parpadeo—. Si tu red no estuviera allí...

Si alguien les miraba más de un segundo, su secreto, el secreto de Colton,


quedaría al descubierto. No podía dejar que eso sucediera. Sin embargo,
alejarse de Colton sería como arrancar una costra. Dejó las manos apretadas en
la camiseta de Colton durante demasiado tiempo, pero no podía soltarlas.

—¿Quieres ir a casa? —preguntó Colton.

Se suponía que iban a lanzar el balón durante una hora más o menos, pero
sí, quería irse a casa. Quería ir donde pudieran estar juntos. Donde Colton
pudiera abrazarlo, y pudiera escuchar los latidos del corazón de Colton, y
pudiera apretar su cara contra el pecho de Colton y olvidarse del mundo y de
las redes móviles y de lo que tenía que decirle a Justin o a cualquier otra
persona. Quería -necesitaba- a Colton.

Y ese era el problema, ¿no?

Pero...

—Sí. —Necesitaba a Colton, maldita sea. Necesitaba esa comprensión y la


forma en que miraba a Nick. Lo necesitaba.

—Entonces salgamos de aquí.


¿Tienes algún plan esta noche?

Nick estaba a una puerta cerrada cuando Colton le envió un mensaje de


texto. Nick había desaparecido en su oficina después del almuerzo, diciéndole a
Colton que necesitaba concentrarse y ver a Colton destrozaba su concentración.

Colton observó cómo los tres puntitos rebotaban y se detenían. Rebotaban


y se detenían. Mi vida social se centra por completo en ti. Una pregunta mejor
sería, ¿tú tienes planes para esta noche?

Colton se mordió el labio. Giró de izquierda a derecha en su silla,


intentando no sonreír. Me gustaría llevarte a una cita.

Silencio. Se metió el labio inferior en la boca y esperó. Encendió la pantalla


cuando empezó a oscurecerse. Esperó un poco más.

¿Qué tenías pensado? escribió Nick por fin.

No podía llevar a Nick a un restaurante que pudiera compararse con el


asador de Kimbrough. No quería llevar a Nick al cine y pasar dos horas sin
interactuar con él. Quería... algo que fuera de ellos. Algo que hiciera sonreír a
Nick. Algo que fuera divertido pero también sincero. Algo que tuviera
pequeños trozos de las cosas que le gustaban a Nick, traídos por Colton.

A dos condados de distancia, había descubierto que la escuela secundaria


local celebraba un partido de exhibición cerca del final de la feria del condado.
Los antiguos alumnos volvían para enfrentarse al equipo actual de estudiantes
de primer y segundo año. Era un partido de lucha, de fútbol americano con
banderas en lugar de placaje, con música emitida por los altavoces en un
estadio que era un ring de rodeo el resto del año. El recinto ferial rodeaba el
estadio, repleto de brillantes juegos de feria y relucientes atracciones, animales
4-H30, exposiciones de artesanía y comida de feria. Azúcar, neón, verano y
fútbol de secundaria de Texas bajo las luces de sodio.

Es una sorpresa. :) ¿Puedo recogerte a las cinco? ¿En la cocina de casa?

30
Las cuatro H (head, heart, hands and health) significan "cabeza, corazón, manos y salud" y, como
parte del compromiso de 4-H, los miembros prometen usar estas cuatro cosas para mejorar "mi club, mi
comunidad, mi país y mi mundo"
LOL. Claro. Será mi primera cita en veintiún años. ;)

Me aseguraré de que la espera merezca la pena.

Vio aparecer la burbuja de texto, vio esos tres puntitos rebotar y luego
desvanecerse. Esperó, pero Nick no le contestó. Tal vez estaba atendiendo una
llamada, o Jim le había llamado, o le había llegado un correo electrónico. Colton
dejó el teléfono y volvió a su trabajo.

Durante el resto del día no paró de canturrear mientras revisaba las


diapositivas y comprobaba el tráfico de la red Kimbrough Oil Mobile que salía
de la cuenca del Pérmico.

Nick había dicho que sí. Iban a tener una cita.

Exactamente a las cinco de la tarde, le tendió la mano a Nick sobre la isla


de la cocina. Habían salido temprano y se dirigieron a casa, y Nick se había
puesto unos jeans y una camiseta cuando Colton le había dicho que se vistiera
de manera informal.

—¿Listo?

—Espero que sí.

Colton lo acompañó a la calle, evitando el desvío al estacionamiento del


condominio y llevando a Nick a su camioneta. Esa tarde se había escapado a
tomar un café, había tomado un Uber para ir a la casa de los deportistas y
condujo su camioneta de vuelta a la ciudad. Llevar el Porsche esta noche habría
sido divertido, pero por cómo quería que fueran las cosas más adelante, quería
más espacio. A diferencia de Wes, él tenía la cabina extendida en su camioneta
y una segunda fila completa de asientos donde él y Nick podrían -con suerte-
estirarse.

Abrió la puerta del pasajero para Nick. Nick sonrió.

Hablaron durante el trayecto fuera de la ciudad, mientras Colton se dirigía


aparentemente a ninguna parte por una carretera de dos carriles que iba de la
granja al mercado. En cuanto llegaron al límite de la ciudad, cruzó el tablero y
tomó la mano de Nick. Se la llevó a los labios, luego entrelazó sus dedos y puso
sus manos sobre su muslo.

El sol de verano todavía estaba en lo alto cuando se salió de la autopista en


el recinto ferial del condado. El polvo rodeaba la camioneta y la tierra crujía
bajo los neumáticos cuando aparcó la camioneta bajo un roble, con una gruesa
rama sobre el parabrisas que le proporcionaba un poco de intimidad. Antes de
bajarse, Colton se inclinó sobre la consola y besó a Nick.

—Estamos aquí —susurró.

—¿Una feria?

—Un partido de fútbol. —Señaló las luces del estadio—. El Clásico Anual
de Alumnos de Verano de... —Olvidó el nombre de la esuela secundaria y se
encogió de hombros. Sonrió—. Nunca hemos visto un partido juntos.

—Todos los partidos a los que he ido este último año, los has jugado tú.

—Esta noche, podremos ver un partido juntos.

Sus hombros y brazos se rozaban mientras caminaban, los codos y los


antebrazos se balanceaban juntos y separados. Los juegos de carnaval sonaban,
repiqueteaban y giraban, los clings y clangs electrónicos y los platillos se
mezclaban con los riffs del piano digital y diapositivas de silbato. La luz de
neón chillona se mezclaba con las acuarelas pastel del atardecer. Una rueda de
la fortuna se alzaba sobre el campo de rodeo convertido en campo de fútbol, y
sus luces parpadeantes parecían estrellas fugaces en colores primarios. Uno de
esos imponentes columpios giraba delante de la rueda de la fortuna, arrojando
a los pasajeros en sillas por el medio de la pista. Las palomitas de maíz con
mantequilla y el azúcar hilado empapaban el aire y llenaban los pulmones. Los
niños corrían gritando de un juego de feria a otro hasta llegar a sus padres, con
los dedos pegajosos agarrando animales de peluche imposiblemente enormes.

Colton pagó por sus pulseras y, en el stand del rodeo, sus entradas para el
fútbol, y luego acompañó a Nick a las gradas. Se sentaron en las gradas sobre la
línea de cincuenta yardas, y llegaron lo suficientemente temprano como para
ver la actuación de las animadoras y del equipo de instrucción. Luego se rieron
con el resto del público mientras un payaso de rodeo hacía una rutina con un
dálmata disfrazado con cuernos del Longhorn de Texas31. Al final, el perro saltó

31
Raza de ganado vacuno de Texas.
a los brazos del payaso y le lamió la cara, manchando su maquillaje blanco y
rojo.

Durante el juego, Colton se echó hacia atrás y extendió los brazos sobre el
respaldo como si estuviera poniéndose cómodo. Lo estaba, pero una ventaja -o
quizá la verdadera razón- era que podía rodear a Nick con el brazo sin que
nadie se lo pensara dos veces. Dejó que su mano colgara y que sus dedos se
deslizaran por la curva del omóplato de Nick, fuera de la vista. Nick apretó su
rodilla contra la de Colton y la dejó allí durante la segunda mitad.

Ver un partido con Nick era diez veces más divertido de lo que había
pensado. Nick miraba el fútbol como lo hacían los jugadores: miraba la defensa,
no el balón, e intercambiaban comentarios a través de las jugadas, a veces
serias, a veces tontas, en el campo.

Los antiguos alumnos, un equipo de catorce hombres con edades


comprendidas entre los diecinueve y los sesenta y tres años, se recuperaron y
ganaron al equipo actual de la secundaria por una conversión de dos puntos.
Nick y todos los demás hombres de más de treinta años se pusieron en pie,
animando, rugiendo y gritando por "los viejos". Cuatro de los antiguos alumnos
habían jugado con sus sombreros de vaquero, y agitaron sus Stetsons a la
multitud mientras trotaban frente a las gradas. Colton estaba de pie junto a
Nick, animando y aplaudiendo, y luego ambos se doblaron de risa cuando el
dálmata entró corriendo en el campo y robó el balón.

Después del partido, compró algodón de azúcar para que lo compartieran


mientras paseaban por el parque infantil. Arrancaba largos hilos de azúcar y le
daba los extremos a Nick, a veces burlándose de él y haciéndole cosquillas en la
nariz en lugar de dejarle probar un bocado. Nick quiso probar suerte en los
dardos y acabó compitiendo contra una niña de cinco años. Lanzó una mirada
de desesperación a Colton y luego la dejó ganar. La niña saltó y gritó como una
banshee32, y luego volvió a gritar cuando el encargado del juego le regaló un oso
de peluche de metro y medio. Le dio a Nick un oso de peluche del tamaño de la
palma de la mano con un corazón rosa como premio de consolación.

Colton derribó nueve botellas de leche con bolsas de frijoles y eligió como
premio un longhorn de peluche con una rosa en la boca.

—¿Cambio? —Le tendió a Nick el longhorn.

32
Las banshees forman parte del folclore irlandés desde el siglo VIII. Son espíritus femeninos que, según
la leyenda, se aparecen a una persona para anunciar con sus fuertes llantos o gritos la muerte de un
pariente cercano.
—Eso no sería justo. El tuyo es más grande que el mío.

—Bueno... —Colton sonrió—. Quiero decir...

Nick le dio un codazo, luego tomó su longhorn y se quedó con su propio


oso también. Eso era todo lo que Colton había querido, de todos modos: que
Nick tuviera el animal de peluche que había ganado. También quería rodear los
hombros de Nick con su brazo. Sacar su anillo de clase y ponerlo en una cadena
y dejar que Nick lo llevara bajo su camiseta. Apostó a que a Nick le quedaría
bien su chaqueta deportiva.

Contemplaron el traqueteo de la montaña rusa de madera y el estruendo y


el chapoteo de los botes de choque, luego compraron entradas para la rueda de
la fortuna. Las risas les siguieron mientras montaban en el resplandor de neón
hacia la luna llena de agosto. Cuando se acercaban a la cima, Colton se deslizó
hacia Nick para acurrucarse. El brillo y la purpurina de la feria acariciaban las
mejillas de Nick, mientras que la luz de la luna hacía resaltar las motas de plata
que salpicaban sus sienes. La luz de las estrellas se deslizaba por las líneas de
expresión de sus ojos.

Era tan hermoso. Cada línea de su rostro era un momento de su vida, un


millón de historias que habían hecho de Nick el hombre del que Colton se había
enamorado.

—¿Te estás divirtiendo? —Rozó su nariz con la de Nick.

—Siempre lo hago contigo.

—Increíble —susurró, capturando los labios de Nick en un suave beso


mientras la rueda de la fortuna frenaba y se detenía.

Llevó a Nick de vuelta a su camioneta, tomando su mano cuando llegaron


al estacionamiento en la sombra. Cuando no había nadie alrededor, atrajo a
Nick hacia sus brazos y lo besó hasta que las risas de un grupo de adolescentes
que se dirigían a sus coches a unas pocas filas de distancia lo hicieron
retroceder.

Condujo a Nick por una carretera secundaria hasta llegar a un parque


lleno de robles y se detuvo en un mirador junto a un lago. Había otros dos
coches en el aparcamiento cuando apagó los faros y abrió las ventanillas, y puso
la radio a bajo volumen.

Nick se rió. —¿Me has traído al lugar de ligues de la ciudad?


—Si hay que creer a Reddit33, sí. O es el parque de fumadores de
marihuana del pueblo. De cualquier manera, no quiero acercarme demasiado a
nadie más.

—¿Crees que vas a llegar a la segunda base, listillo?

Colton miró su asiento trasero. —Bueno, hay una razón por la que conduje
la camioneta...

—Y yo que pensaba que estabas siendo un caballero.

—Podríamos simplemente tomarnos de la mano y hablar.

Nick sonrió. Se metió en el asiento trasero y palmeó el banco a su lado.

—O podríamos hacer otra cosa con nuestras manos y nuestras bocas.

Colton se apresuró a seguirle, y casi se quedó atascado entre los dos


asientos delanteros antes de conseguir arrastrarse junto a Nick. Nick lo empujó
hacia el cuero y se acostó sobre él, cubriéndolo desde los labios hasta los dedos
de los pies.

Perdió la noción del tiempo mientras se besaban, mientras subía y bajaba


las manos por la ancha espalda de Nick y deslizaba las palmas por debajo del
dobladillo de su camiseta. Se besaron como si estuvieran en la secundaria, con
los muslos deslizándose, las caderas rozando, las manos enredadas en el pelo y
sujetando las mejillas y la barbilla del otro. Sería tan fácil quitarle la camiseta a
Nick, meter las manos en sus pantalones, acariciarlo o incluso chupársela, pero
no era así como quería que fuera la noche. Al menos no todavía. Tenían una
cama en casa para eso, donde dos tipos de más de 1,80 metros podían meterse
de verdad el uno en el otro. No, quería que este momento fuera dulce, como el
algodón de azúcar que aún saboreaba en los labios de Nick y la mirada en los
ojos de Nick cuando tocó la rosa de peluche del pequeño longhorn que Colton
había ganado para él.

Casi se perdió en el momento, casi olvidó la única pregunta que había


estado esperando hacer. Acunó la cara de Nick entre sus manos. Esto era más
difícil de lo que había pensado, ahora que había llegado el momento. Todos los
días, las noches y los besos que habían compartido parpadeaban en su interior

33
Reddit es un sitio web de marcadores sociales y agregador de noticias donde los usuarios pueden
añadir textos, imágenes, videos o enlaces.
como luciérnagas, recuerdos que le decían que todo iría bien. Podía preguntar
esto. Podía pedir esto.

Nick parecía cada vez más confundido cuanto más tiempo lo miraba
Colton y no decía nada. Se apoyó en los codos y pasó los dedos por el pelo de
Colton. Su tacto hizo cosquillas en el cuero cabelludo de Colton, lo hizo
temblar.

—¿Qué pasa? —Nick susurró—. ¿En qué estás pensando?

—¿Me harías el amor? — Días de imaginar el momento, escribir un guión


de sus palabras, planificar las cosas perfectas para decir, y lo soltó como
siempre. Que sutileza. ¿Qué pasó con decirle lo mucho que significaba para ti la idea?

—¿No lo hacemos ya? —Nick frunció el ceño.

—Quiero decir, más. — Apretó las caderas contra las de Nick. Enganchó
sus tobillos alrededor de la parte posterior de los muslos de Nick y abrió las
piernas lo más que pudo. Vio cuando lo que quería decir, lo que estaba tratando
de pedir, golpeó a Nick.

Los ojos de Nick se abrieron de par en par. —Colton... ¿Estás seguro?

—Sí.

—Eso es... un gran paso. Algo así, significa mucho. ¿Estás seguro de que
quieres...? —susurró Nick.

—Quiero que me hagas el amor, Nick. Quiero... —¿Cómo explicaba que


quería sentir a Nick tan cerca de él como fuera posible? Que sí, que quería el
calor, y que quería la fricción, y que quería que lo alucinantemente perfecto que
ya era su sexo se elevara, si era posible, pero que lo que realmente quería era
más. Quería darle esto a Nick, porque esto era algo que nunca tendría con nadie
más—. Te deseo. —Tragó—. Si... si quieres. Si no quieres, lo entiendo. Quiero
decir, como dijiste, es algo grande, y tal vez no estás interesado en eso
conmigo…

Nick cortó su divagación con un fuerte beso. —Sí quiero eso, Colton. Pero
necesito algo de tiempo. ¿Está bien?

—Sí. Por supuesto. —No pudo evitar que la sonrisa se desplegara en su


rostro—. De todos modos, esto es un poco estrecho. —Había soñado con la
forma de hacer el amor, y ninguna de ellas incluía su camioneta.
—Te mereces algo más que un asiento trasero.

—Siempre me tratas tan bien —susurró—. Eres el mejor amante que he


tenido. En todos los sentidos. Ya sabes, el sexo y todo lo demás.

Nick besó la punta de la nariz de Colton. —Tú también has hecho volar
todo el sexo que he tenido. —Lo besó de nuevo, muy lentamente. Los dedos de
los pies de Colton se curvaron, e inclinó la cabeza hacia atrás cuando Nick
comenzó a besar un camino por su barbilla y garganta—. Eres muy especial
para mí —susurró Nick contra su pulso.

Ahora también podía decir la otra cosa que quería decir. Dos palabras que
nunca había dicho a nadie con quien saliera antes. No de esta manera, en la que
sólo con pensarlas, y no con decirlas en voz alta, significaba que pasar el resto
de su vida con alguien. Si me amas, me quedaré para siempre. Parecía un buen
momento.

Nick dejó un chupón en la piel debajo de su clavícula, y los dulces


pensamientos de Colton huyeron mientras el calor surgía. Agarró la cintura de
Nick y empujó, pasó sus manos por debajo de la camisa de Nick de nuevo.

—Deberíamos ir a casa —gimió—, antes de que no pueda seguir


conduciendo. No puedo girar el volante si mi erección está sobresaliendo.

La seducción de Nick terminó en un ataque de risa. Colton lo dejó reír, y le


besó la frente, pasando sus dedos por la parte baja de la espalda de Nick hasta
que éste se sentó de nuevo.

—Jesús, es más de la una de la madrugada —dijo Nick, revisando el


tablero mientras regresaba de nuevo al asiento del pasajero delantero.

—Uh-oh. Tengo que llevar a mi cita a casa. No quiero meterlo en


problemas si lo dejo fuera después del toque de queda.

Nick tomó su mano y besó su palma mientras arrancaba la camioneta.

—Creo que estarás bien. Esta vez. —Le guiñó un ojo y siguió sosteniendo
la mano de Colton, incluso cuando se quedó dormido a los pocos minutos de
empezar el viaje.

En el camino de vuelta a casa, Colton redujo la velocidad de la camioneta


hasta detenerse en medio de la carretera de la granja al mercado y comprobó los
espejos. No había nadie, y llevaba media hora solo en la carretera. Apagó los
faros y las luces interiores, y la luz perlada de la luna nadó de repente a través
de las olas de hierba de verano, convirtiendo la pradera hasta la cintura en un
mar de plata. La iridiscencia resplandecía en el asfalto y la luz de las estrellas
entraba y salía de las facciones de Nick, pintando sus labios y su frente y el
rocío de sus pestañas en las mejillas en tonos secretos de colores que Colton no
podía nombrar.

Te amo. Probó las palabras en su mente. —Te amo —susurró.

La luna no cayó, las hierbas no se marchitaron y Nick no se despertó. No


miró fijamente a Colton ni frunció el labio, ni se burló de él, ni exigió que lo
dejara salir de la camioneta.

—Te amo —volvió a susurrar, esta vez a la mano de Nick mientras besaba
la curva de su pulgar. Giró la mano de Nick con cuidado, luego plantó un beso
en el dedo anular de Nick. Algún día espero.

Sostuvo la mano de Nick y escuchó la respiración suave y constante de su


amante durante el resto del trayecto bañado por la luna.
Nick se detuvo en el cubículo de Colton el viernes por la tarde, apoyado
en el lateral del escritorio. La mirada de Colton se dirigió a su culo, acunado en
un pantalón ajustado, antes de deslizarse por el cuerpo de Nick.

—Oye, tú.

Los ojos de Nick se encontraron con los suyos y luego se apartaron. Sus
manos estaban en los bolsillos, sacudiéndose como si estuviera sacudiendo el
cambio o rebotando sus llaves.

—Me voy a casa temprano.

—¿Sí? —Colton frunció el ceño—. ¿Estás bien? ¿Te ha molestado algo en el


almuerzo?

—Estoy bien. —Nick sacudió la cabeza rápidamente. Sus ojos se dirigieron


a Colton, y luego se alejaron de nuevo—. Tengo algunas cosas que hacer en
casa.

—Oh, puedo ayudar. ¿Qué es lo que...?

—No. —Nick lo cortó—. No, lo que tengo que hacer es por ti. —
Finalmente, su mirada se posó en la de Colton y se quedó.

Los océanos hervían en los ojos oscuros de Nick, llenos de una intensidad
que Colton nunca había visto antes. El hambre brotó de él y sus ojos recorrieron
el cuerpo de Colton antes de volver a subir y detenerse en los labios separados
de Colton.

Nick tragó saliva. —¿Todavía quieres...?

Nick no había dicho ni una palabra sobre lo que Colton le había pedido en
el asiento trasero. Se habían acostado después de la feria, demasiado cansados
para hacer mucho más que besarse y abrazarse antes de quedarse dormidos en
los brazos del otro. Las noches siguientes, se habían ceñido a su rutina: fútbol
en el parque y luego cena en el balcón. Algo de Netflix y PlayStation. En la
cama, habían intercambiado mamadas y se habían besado. Una noche, Nick le
había comido el culo durante casi media hora, y Colton pensó que podría ser el
preludio de algo más, pero no. Lo máximo que había hecho Nick fue trazar su
dedo alrededor del borde de su agujero mientras se la chupaba a Colton.

Colton no había querido volver a sacar el tema. Ya fue bastante difícil


pedirlo la primera vez. Había dicho lo que quería y ahora Nick lo sabía.

Tal vez Nick había pensado en ello y había decidido que no quería eso con
Colton. O tal vez le había seguido la corriente a Colton esa noche. Tal vez fue
una de esas cosas que nunca se volvía a mencionar. Lo cual estaba bien. Estaría
bien si Nick no quería hacer el amor con él de esa manera. Tal vez un poco
vacío, de alguna manera, siempre anhelando más de Nick de lo que se le daba,
pero estaría bien.

Pero...

—Sí. Quiero.

Nick asintió. —Voy a ir, um... —Cerró los ojos y respiró profundamente—.
Te espero en casa.

Colton comprobó la hora. Poco después de las tres de la tarde. Dos horas,
si lograba quedarse en la oficina hasta las cinco.

—Bien. ¿Debo...?

Nick puso su mano en el pecho de Colton, tranquilizándolo. Colton se


congeló. No se tocaban en la oficina. Al menos, no fuera de la oficina de Nick.

—Dame una hora. Hay algunas cosas que quiero hacer. Para ti.

Asintió con la cabeza. No pudo decir una palabra.

Los dedos de Nick se enroscaron en su camisa, agarrando su polo como si


fuera a sacar a Colton de la silla. Respiró entrecortadamente, luego se inclinó y
dejó caer un beso en la parte superior de la cabeza de Colton, a la velocidad del
rayo. Si alguien pasara por el cubo de Colton, su secreto quedaría al
descubierto, pero estaban solos. El teclado de Lizbeth sonaba en la sala de
reuniones y Jim se había ido después del almuerzo, deseándoles a ambos un
buen fin de semana.

Rodeó los muslos de Nick con las manos y levantó la cara. Los labios de
Nick se encontraron con los suyos y se congelaron.
Podrían haber permanecido así durante un segundo o una hora, la
naturaleza muerta capturada en una sola presión de labios sobre labios. Colton
quiso profundizar el beso, pero se contuvo. No, todavía no. No puedes abrirte a
esto. Todavía no. Todavía no.

Algún día.

Nick se separó de él, saliendo a grandes zancadas del cubo de Colton y


cruzando a toda prisa la oficina hasta el ascensor. Dejó a Colton aferrado al aire
vacío que solía contener a su amante. Todavía podía oler a Nick, su Irish
Spring34 y su limpieza en seco y su piel de verano, bronceada por sus días en el
parque lanzando el balón. El olor de Nick, tan familiar para él ahora como el
suyo propio. Tan confortable como el olor de un balón de fútbol y de la hierba
recién cortada.

Se inclinó hacia delante y enterró la cara entre las manos. Cincuenta y


nueve, cincuenta y ocho, cincuenta y siete... Empezó a contar los segundos, contaría
los minutos, sesenta veces sesenta, hasta que pudiera seguir a Nick a casa.

Y luego...

Cincuenta y seis. Cincuenta y cinco. Cincuenta y cuatro.

Una hora y siete minutos de carrera desde la oficina después, Colton


introdujo su llave en la puerta principal y giró la cerradura. La abrió de un
empujón y entró en el apartamento.

La oscuridad lo envolvió. Nick había corrido las cortinas sobre las


ventanas del suelo al techo a lo largo de la pared trasera. Colton ni siquiera se
había dado cuenta de que había cortinas, pero aparentemente las había, y
encerraban el apartamento en una espesa quietud. Una música suave -un blues
instrumental, el segundo favorito de Nick- salía de sus altavoces inalámbricos.

Todas las superficies estaban cubiertas por racimos de velas. Velas de té,
de las que cabían seis en la palma de la mano de Colton. Contó una docena en
cada una de las mesas auxiliares y amontonadas en el suelo de cemento, otras
dos docenas más o menos repartidas por las encimeras de la cocina. Más en la

34
Irish Spring es una marca estadounidense de jabón desodorante.
isla, parpadeando salvajemente por la brisa de la apertura de la puerta
principal.

Nick lo esperaba en la cocina. Se había cambiado, cambiando sus


pantalones del trabajo y el polo por un par de jeans viejos -los más ajustados,
los que más le gustaban a Colton- y una camiseta interior. Tenía el pelo
húmedo. Se había duchado. Se había afeitado.

Deslizó un copa de vino tinto por la isla hacia Colton. —Bienvenido a casa.

—¿Todo esto es...?

—¿Para ti? Sí. —La nuez de Adán de Nick se balanceó. Se mordió el labio,
hizo rodar la carne entre los dientes. Sus pupilas captaron el baile de las llamas
mientras sus ojos recorrían el cuerpo de Colton.

Los dedos de Colton temblaron cuando se llevó la copa de vino a los


labios.

Tinto de verano. Su favorito de la bodega. Bebió un trago, demasiado. El


vino, la luz de las velas, Nick, todo se le subió a la cabeza. Parpadeó y el mundo
pareció ablandarse. Se desplazó ligeramente, como si estuviera pisando un
carrusel que empezaba a girar.

—¿Quieres tomar una ducha? —Nick preguntó.

—Sí. Sí, yo...

Nick lo siguió al dormitorio y luego al baño. Se apoyó en la encimera y


sostuvo la copa de vino de Colton mientras éste se desnudaba. Colton no creía
que fuera posible, pero el fuego en los ojos de Nick se volvió más caliente. Más
oscuro. Como una estrella colapsando en su interior.

Dejó a Colton en la ducha y desapareció en el dormitorio.

Colton trató de ser minucioso y rápido a la vez y terminó tanteando el


jabón como un receptor de primer año en el equipo de práctica. Le temblaban
las manos y se le nublaba la vista, y sólo podía pensar en Nick. Nick llegando a
casa y encendiendo cien velas para él. Nick planeando esto, imaginando esto,
preparando esto para los dos. Nick pensando en esto. Nick queriendo esto-él-
también.
Se secó y corrió al dormitorio, desnudo. Su pene ya estaba duro,
dolorosamente, llorando líquido preseminal que manchaba su vientre.

Su vino estaba en la mesita de noche, junto a la copa medio llena de Nick,


pero Nick estaba...

—Eres hermoso, Colton. A veces no puedo respirar cuando te miro.

Nick se apoyó en el marco de la puerta de la habitación, con la silueta de


su cuerpo a la luz de las velas de la cocina. También había velas en el
dormitorio, esparcidas por la cómoda, las mesitas de noche y agrupadas en el
suelo, en las esquinas. Sólo había luz suficiente para distinguir la forma en que
los jeans de Nick se pegaban a él como una segunda piel. La forma en que su
erección sobresalía de la bragueta -la bragueta desabrochada, desabrochada
como si no pudiera contenerse por más tiempo- y cómo su camiseta seguía las
apretadas líneas de sus hombros y su pecho.

La masculinidad oscura y pesada se desprendía de Nick en oleadas,


chocando contra Colton.

—Tú eres el más hermoso. —Sus manos revolotearon frente a su vientre,


repentinamente tímido como nunca antes lo había sido. Había estado
completamente desnudo frente a sus compañeros de equipo y entrenadores, y
Nick, pero esto, de alguna manera, era diferente. La mirada de Nick recorrió
cada plano, valle y grieta de su cuerpo, recorrió sus músculos y las líneas de sus
piernas. Su pene se puso más duro. Tan duro que dolía.

Nick cruzó el dormitorio en tres pasos, tirando de su camiseta por encima


de la cabeza mientras se movía. La arrojó detrás de él, lejos de las velas, y luego
se abrió la bragueta y se bajó los jeans. No llevaba bóxers y su gruesa longitud
salió disparada, tan dura como la de Colton. Se quitó completamente los jeans y
cerró los centímetros entre ellos para agarrar a Colton, envolviéndolo en sus
brazos y guiándolo hacia atrás hasta la cama.

Colton se desplomó sobre el colchón. Nick lo siguió, y Colton abrió las


piernas para que Nick se instalara entre sus muslos. Se agarró a la cintura de
Nick mientras éste se arrastraba sobre él, con la piel de su pecho haciéndole
cosquillas a Colton en el vientre, las costillas y los pectorales. Besó a Colton una,
dos veces. Suavemente. Casi castamente. Colton gimió y trató de profundizar el
beso.

Nick se apartó, deslizándose por el cuerpo de Colton. Sus manos


recorrieron los brazos de Colton, presionándolo contra el colchón e
inmovilizándolo cuando Colton intentó sentarse y seguirlo, perseguir el beso
que quería que durara para siempre. En cambio, los labios de Nick recorrieron
desde su barbilla hasta su cuello, pasando por su clavícula y luego bajando
hasta el valle entre sus pectorales. Cruzó hasta un pezón, luego el otro, antes de
morder el ombligo de Colton.

Colton arqueó la espalda y jadeó cuando Nick enterró su lengua en el


ombligo de Colton del mismo modo que le había comido el culo la noche
anterior. Como si le estuviera dando a Colton un adelanto de lo que iba a
suceder, de cómo iba a lamer, saborear, chupar y tomar. Colton se estremeció,
con las manos apretadas en las sábanas, gimiendo cuando Nick le pasó la
lengua por el ombligo.

Nick mordió la piel tensa debajo del ombligo de Colton, justo al lado de la
cabeza de su eje morado y dolorido. Volvió a mordisquear el pecho de Colton y
se detuvo para chupar un moretón de beso en el ángulo bajo y oculto donde se
encontraban su cuello y su hombro. Lo suficientemente bajo como para
ocultarlo bajo una camiseta, pero lo suficientemente cerca del cuello como para
ser escandaloso. Era posesivo, como si Nick lo estuviera reclamando, algo que
nunca había hecho antes.

La cama se movió cuando Nick volvió a estirarse encima de Colton,


arrastrando sus manos por los brazos de Colton, por encima de sus hombros y
luego por el pelo húmedo de Colton. Su erección, pesada y gruesa, empujaba
contra la de Colton. Se sentía más dura, parecía más grande que antes. La
cabeza de su pene palpitaba contra la de Colton, y sus bolas estaban pesadas
sobre las de Colton.

Instintivamente, los muslos de Colton se abrieron más.

La mirada de Nick capturó a Colton, sus ojos buscaban algo en lo más


profundo de Colton. Los labios de Colton se separaron y jadeó mientras abría
todo lo que era a Nick. Soy tuyo. Su mente estaba estática y gritaba, dos palabras
que se repetían en bucle. Pensaba tan fuerte que Nick tenía que escucharlo,
tenía que saber con qué vibraba todo su cuerpo. Te amo, te amo, te amo, te amo...

Los labios de Nick acariciaron los de Colton, su suavidad tan opuesta a la


oscura intensidad de Nick. Colton se derritió, gimiendo en el beso mientras
raspaba las uñas por la espalda de Nick, apretando los muslos alrededor de la
cintura de Nick. La lengua de Nick se deslizaba contra la suya, se introducía en
su boca, buscaba sus lugares ocultos.
Nick se movió, balanceando sus caderas hasta que su eje se deslizó entre
los muslos de Colton y detrás de sus bolas y en el calor apretado de sus nalgas
tensas. Profundizó el beso, gimiendo en la boca abierta de Colton, y empujó,
presionando su pene en el valle del culo de Colton.

Rompió el beso y agarró los muslos de Colton, empujando hacia arriba y


doblando a Colton por la mitad. Su lengua estuvo sobre Colton en un instante.

Colton jadeó mientras enganchaba las manos bajo sus rodillas. Se arqueó y
gimió, y se abalanzó hacia abajo, tratando de moler en los labios y la lengua de
Nick. Nick le agarró las mejillas y las separó, como si pudiera abrir más a
Colton, hacer que su boca fuera más profunda, que se metiera más adentro. Sí,
por favor, hasta el final. Te quiero tan jodidamente dentro de mí. Podía sentir que se
aflojaba, que su agujero se humedecía y se volvía resbaladizo y suelto mientras
Nick se lo comía. La saliva lo empapaba, goteaba por la hendidura de su culo.
Nick lo devoraba, y él también gemía, como si no tuviera suficiente.

Entonces Nick se fue, y Colton parpadeó ante la luz titilante de las velas
que jugaban a las escondidas con el techo. ¿Dónde? ¿Qué? Intentó
incorporarse...

Labios sobre los suyos, empapados, resbaladizos por la saliva y cubiertos


de su sabor. Agarró la nuca de Nick, tratando de mantenerlo allí mientras le
devolvía el beso.

Los dedos, húmedos y resbaladizos con algo más que saliva, se deslizaron
por la raja de su culo.

Rompió el beso y apoyó su frente en la de Nick mientras éste introducía


un dedo lubricado en su agujero.

—¿Esto está bien? —preguntó Nick. Su voz era oscuridad de testosterona,


lujuria y luz de velas, necesidad y anhelo.

Colton asintió. Te amo, te amo, te amo.

Nick le metió los dedos lentamente. Primero uno, todo el camino dentro y
fuera mientras su pulgar jugaba en el borde, acariciando y alrededor del borde
fruncido y resbaladizo. Luego dos, y Colton se estremeció, abriendo los muslos
como si él mismo pudiera abrirse para Nick. Levantó una pierna y la envolvió
alrededor de la cintura de Nick. Tanta presión. Tanto estiramiento. Sus ojos se
cruzaban, y su pecho se agitaba. El calor crecía en oleadas, fluyendo desde su
culo y empapándolo de alegría líquida.
Tres dedos se deslizaron dentro de él. Los dedos de sus pies se curvaron.
El placer se encendió en todas partes, todo a la vez, cuando Nick arrastró esos
dedos contra su interior, detrás de su pene, por encima de sus bolas. Gritó
mientras echaba la cabeza hacia atrás, apretando a Nick. Temblaba y no podía
parar.

Nick enterró su cara en el cuello de Colton.

—Colton —susurró Nick—. ¿Estás listo?

Te amo, te amo, te amo. —Sí. —Su espalda se inclinó cuando Nick acarició
ese punto de nuevo. Cada músculo se apretó y se mantuvo, como un balón de
fútbol navegando por el aire, colgando, colgando, sin bajar nunca—. Por favor...

Los dedos de Nick, empapados de lubricante, se retiraron del culo de


Colton mientras se alejaba, dejando a Colton vacío, deseando, y parpadeó,
estirando los brazos salvajemente para tirar a Nick de regreso...

Nick subió con las rodillas a la cama, separando más los muslos de Colton.
Una mano temblorosa se deslizó por la parte posterior de la pierna de Colton y
le ahuecó el culo. Lo apretó.

Algo caliente, grueso y duro empujó contra su agujero. El pene de Nick. Este
es su pene.

Carajo, se sentía enorme. Nick recorrió su longitud arriba y abajo de la


hendidura del culo de Colton, cada centímetro de él deslizándose sobre el
agujero empapado de Colton.

—Jesús, Colton. Estoy tan jodidamente cerca de correrme ya.

—Dentro de mí —suplicó Colton.

—Mierda —siseó Nick. Sus dedos se clavaron en el carnoso culo de


Colton, y su pene palpitó, saltando contra el agujero de Colton antes de que la
punta rozara su abertura—. Colton... —Se mordió el labio, como si se estuviera
impidiendo decir más.

Una presión. Un empujón. El deslizamiento de repente contra el


deslizamiento. La palpitante longitud de Nick se movió dentro de él más rápido
de lo que esperaba, tal vez más rápido de lo que Nick esperaba también. Ambos
se congelaron, Nick cayó hacia delante y clavó las manos en el colchón junto a
la cabeza de Colton mientras apretaba los dientes y cerraba los ojos. Colton
arañó los hombros de Nick y apretó sus muslos alrededor de la cintura de Nick,
con la cabeza echada hacia atrás mientras luchaba por respirar.

Estirándose. Pulsando. Nick dentro de él, pero no hasta el final. Todavía


no. —Más —jadeó Colton—. Nick, más.

Nick se estremeció y luego empujó lentamente, deslizando el resto de sí


mismo -todo él- dentro de Colton.

Colton gritó, pero no salió ningún sonido. Sus labios se movieron mientras
sus pulmones se agarrotaban, y trató de follarse a sí mismo contra Nick,
tratando de conseguir más de Nick dentro de él, codicioso, desesperado por
más. Entra en mí. Hasta el fondo. Clavó sus uñas en los músculos temblorosos a
ambos lados de la columna vertebral de Nick. Todo en él se apretó alrededor de
Nick. Como si alguien lo hubiera retorcido desde adentro.

Podía sentir cada centímetro de la longitud de Nick dentro de él. Tan


profundo dentro de él.

Se apretó contra Nick. Nick hizo un ruido animal, un gruñido o un


aullido, algo oscuro e instintivo cuando sus caderas comenzaron a responder.
Se echó hacia atrás y luego se relajó, con una lentitud agonizante, dentro de
Colton.

Colton jadeaba, sus pulmones arrastraban pequeñas bocanadas de aire


que eran expulsadas con cada movimiento de las caderas de Nick. El semen le
empapaba el estómago. El vientre de Nick se deslizaba contra él, untándolo
entre ellos mientras apretaba sus cuerpos juntos.

Los movimientos suaves dieron paso a caricias más largas. Cuando Nick
se retiró más, la cabeza de su pene se arrastró por el lugar que sus dedos habían
acariciado, disparando un placer crudo como una droga por todo el cuerpo de
Colton. Gritó de nuevo, agarrando la cabeza de Nick con ambas manos. Separó
los muslos y apoyó los pies en el colchón antes de levantarse y recibir todas las
embestidas de Nick.

Nick gimió, el sonido salió de lo más profundo de su ser. Se hundió dentro


de Colton, con fuerza y vigor, y luego salió completamente. Colton jadeó,
inclinándose hacia delante y tratando de perseguirlo, pero Nick lo inmovilizó,
sus dedos apretando sus pezones mientras bajaba la cabeza y se tragaba la
erección de Colton.
Sensación. Demasiada sensación. Succión. Calor. Vacío. Se agitó,
retorciéndose en la boca de Nick mientras éste chupaba una, dos, tres veces...

Nick se quitó de encima a Colton y lo hizo rodar, manipulándolo como si


tuviera la mitad de su tamaño. Volteó a Colton sobre su vientre y separó sus
muslos, luego tiró de sus caderas hacia arriba hasta que su columna vertebral se
arqueó como un salto de esquí. Colton se agarró al borde del colchón por
encima de su cabeza y enterró la cara en las sábanas.

La presión, de nuevo. El deslizamiento de Nick entrando en él. Aulló, el


sonido se amortiguó en la cama. Las manos temblorosas de Nick le apretaron
las caderas y luego se dirigieron a la parte baja de la espalda y a las nalgas,
agarrando la carne allí.

—Sí —gruñó Colton, girando la cara hacia un lado. Detrás de él, Nick
estaba pintado en las sombras y la luz de las velas—. Nick, sí.

—Colton... —Los ojos de Nick se cerraron. Volvió a apretar el culo de


Colton.

Fue, sin duda, la experiencia más intensa de su vida. El placer subía y


bajaba por su columna vertebral, se extendía como un incendio a lo largo de sus
nervios y venas. Se acumuló en su estómago y en sus muslos ardientes, y luego
se arremolinó alrededor de sus brazos y se extendió hasta sus dedos y sus pies.
Arrancó las sábanas de la esquina de la cama, enroscó los dedos de los pies en
la colcha arrugada. Gruñó con cada empuje del pene de Nick dentro de él. Cada
empujón tocaba algo enterrado en su interior, algo oscuro y misterioso y
necesitado, un lugar que deseaba a Nick con un hambre que le hacía lagrimear
los ojos y nublar la vista. La necesidad desvergonzada lo hizo gemir. Lo hizo
suplicar y susurrar el nombre de Nick.

Nick se retiró y volvió a rodear a Colton, cubriéndolo con su cuerpo y


besándolo desesperadamente, con su lengua introduciéndose en el interior de
Colton casi tan profundamente como lo había hecho su pene. Luego volvió a
estar entre las piernas de Colton, empujando sus muslos hacia arriba,
enganchando las rodillas de Colton sobre sus hombros.

—Quiero ver cómo te corres —suspiró Nick—. Necesito verte.

Colton asintió. No podía hablar, ya no. Sentía cada centímetro de Nick


mientras entraba y salía, más fuerte, más rápido que antes, a veces saliendo
completamente antes de volver a meterlo dentro de Colton. Se aferró a los
brazos de Nick, sus dedos dejaron diez moretones perfectos en abanico sobre
los bíceps de Nick. Las explosiones estallaron en su interior, fuegos artificiales
que empezaron en su vientre y se elevaron, consumiéndolo como si se estuviera
quemando vivo.

La piel empapada de sudor golpeaba contra la piel empapada de sudor,


las caderas de Nick contra las suyas, una y otra vez.

—Colton. —La voz de Nick era un gruñido urgente—. Colton, Colton...

Él gimió. Jadeó mientras el grueso eje de Nick golpeaba su culo, golpeaba


ese lugar, arrastrando mil noches de perfecto placer de él, como si cada segundo
fuera el momento en que habían ganado el campeonato. No, era mejor que eso.
Nada podría superar este momento, esta sensación de Nick y él. Nick dentro de
él.

Los ojos de Nick se abrieron de par en par, frenéticos, y miró fijamente a


Colton como si tratara de memorizar todo sobre él. Empujó, luego gritó que
empujaba su pene tan profundo como podía dentro de Colton.

Un calor líquido quemó el culo de Colton, una avalancha de semen de


Nick lo llenó.

Una luz blanca lo abrasó, como si estuviera viendo una explosión nuclear.
Arqueó la espalda y se lanzó sobre el pene de Nick, con su propio pene dando
espasmos mientras gritaba y todo su cuerpo parecía desgarrarse. Destrozarse y
luego reformarse, como una explosión que avanza y retrocede en el tiempo en
el momento de la detonación. Perfecto, puro placer, tanto que pensó que había
muerto.

Nick siguió adelante, empujando a Colton mientras se desplomaba sobre


él. Enterró su rostro sudoroso en el cuello de Colton y gimió, sus caderas y su
pene seguían intentando fundirse con Colton. El semen se aplastaba con cada
movimiento, un río empapando el culo de Colton y el colchón bajo él.

El hambre se suavizó, finalmente. Los labios de Nick trazaron un camino


desde el cuello de Colton hasta su mandíbula, y luego hasta su boca temblorosa.

Te amo, te amo, te amo...

—Colton —susurró Nick.


Colton acunó el rostro de Nick y lo besó mientras su visión se volvía
acuosa y las lágrimas ardientes comenzaban a deslizarse lentamente por sus
sienes.
—¿Intentaste llamar de nuevo?

—Sí. —Justin frunció el ceño ante su teléfono—. Papá no contesta. Eso es


muy raro.

—Bueno, es viernes por la noche. —Wes guiñó un ojo, mirando a Justin


antes de volver a prestar atención a la carretera. Por fin habían llegado a una
zona de la interestatal donde había señal de móvil, al menos durante los
próximos minutos—. Quizá haya salido.

—Él no sale. Es papá.

Wes se rió. —Estoy seguro de que está bien. Si hubiera algo malo, nos
habríamos enterado. Habríamos recibido un mensaje de texto o un buzón de
voz en cuanto tuviéramos cobertura. Nada de eso, ¿verdad?

—No. No ha respondido a mis mensajes. —Justin suspiró y se encorvó


contra el asiento. Sus labios se torcieron y miró la cinta de asfalto que rodaba
ante los faros de Wes.

—Va a ser una sorpresa un poco más grande para él de lo que


pensábamos, eso es todo. —Wes agarró la mano de Justin y la atrajo hacia su
regazo—. Estoy seguro de que tu padre está bien.

—Sí. —Justin deslizó su teléfono en el bolsillo de sus jeans y apretó la


mano de Wes—. Sin embargo, ¿no se ha sentido... raro para ti?

—¿Qué quieres decir?

—¿Como si papá hubiera estado un poco distante? —Justin se encogió de


hombros—. No sé, simplemente se ha sentido... diferente.

—Creo que eso es lo que pasa cuando estás lejos de alguien por un tiempo.
Veíamos a tu padre casi todos los días antes del verano. Luego no lo hicimos.
Creo que eso a veces puede cambiar las cosas. —Besó el dorso de la mano de
Justin—. Es por eso que no quiero pasar un día sin ti, nunca.
Justin se derritió, deslizándose de lado contra el asiento del banco y
apoyando su mejilla contra el hombro musculoso de Wes. Wes le apretó la
mano y luego lo rodeó con su brazo, acercándolo.

—Ahí estás, vaquero, diciéndome esas cosas dulces otra vez.

—Tengo que seguir diciendo cosas que te hagan sonreír. —Besó la parte
superior de la cabeza de Justin mientras conducía con una sola mano—.
Necesito tu sonrisa en mi vida todos los días.

—Oh, vaquero. Il n'y a que toi qui me fait sourire35.

—J'allais dire la même chose, mon amour36.

—¿Cuánto falta para que lleguemos?

—Salimos tarde, así que no llegaremos hasta la mitad de la noche.

—Al menos tengo una llave.

35
Solo eres tú quien me hace sonreír.
36
Iba a decir lo mismo, mi amor.
Él y Nick yacían acurrucados el uno hacia el otro con las manos
entrelazadas, los muslos enhebrados, los tobillos enganchados alrededor de las
pantorrillas del otro. Sus frentes, sus narices y sus labios se tocaban, e
intercambiaban besos entre respiraciones agitadas. Finalmente, los parpadeos
de Colton se hicieron más pesados y perdió su batalla contra el sueño. Sus ojos
se cerraron con sus labios acurrucados contra los de Nick.

Se despertaron después de la medianoche, con los cuerpos meciéndose, las


manos y los labios deslizándose el uno sobre el otro. Colton abrió las piernas y
recibió a Nick dentro de él, arqueando el cuello y gimiendo cuando Nick le
mordió la mandíbula. Nick sujetó las manos de Colton por encima de su cabeza
y lo besó lentamente mientras hacían el amor con lentos y suaves empujones y
rechinidos. Se derramó dentro de Colton con un susurro, el nombre de Colton
en sus labios como una oración.

En algún momento después de las cuatro de la madrugada, se despertaron


de nuevo, acercándose con suspiros y tiernas caricias. Colton se tumbó sobre su
vientre y Nick lo cubrió, empapelando su espalda, su cuello y sus hombros con
suaves besos mientras enlazaba sus manos con las de Colton y lo envolvía en
sus brazos.

—Nick —gimió Colton cuando Nick se corrió dentro de él por tercera


vez—. Yo... —Se mordió el labio. Apretó los ojos.

Nick lo besó, y siguió besándolo, hasta que el sueño se apoderó de él una


vez más.

Se despertó por la mañana, acurrucado en el pecho de Nick, con el


corazón de éste latiendo a un ritmo constante en su oído. Nick seguía roncando,
con suaves resoplidos e inhalaciones amortiguadas, los sonidos que hacía sólo
cuando dormía profundamente.

Colton apoyó su barbilla en sus brazos cruzados y observó a Nick


mientras dormía.

Los ojos de Nick se abrieron al poco tiempo. Tal vez la mirada de Colton
lo atrajo a despertar, o tal vez ahora estaban conectados de alguna manera
profunda y primitiva. Todavía podía sentir a Nick dentro de él, la forma de su
cuerpo donde Nick se había hecho un hueco. Y podía sentir la semilla de Nick,
todavía allí, entre sus nalgas. Eso tenía que significar algo, ¿no?

—Buenos días —suspiró Colton.

Nick sonrió, suave y lentamente. —Buenos días.

—Anoche fue... —No tenía idea de cómo describirlo.

—¿Asombroso? —Las cejas de Nick se arquearon—. ¿Maravilloso? ¿El


mejor sexo de la historia?

—Todo eso. —Sonrió.

—Fue perfecto —Nick tomó la barbilla de Colton en su suave agarre—.


Absolutamente perfecto.

—Eso también. —Se hundió en el beso de Nick, arrastrándose encima de


su amante hasta que volvieron a frotarse el uno contra el otro. Nick lo hacía
insaciable. Le dolía el pene, se había corrido tanto, pero no podía apartarse. Se
balanceó sobre sus codos, aprisionando a Nick entre sus brazos, y lo besó hasta
que ambos se corrieron con temblorosos jadeos.

Nick se estremeció después de su orgasmo, riéndose mientras calmaba las


caderas de Colton.

—Necesito un descanso. No tengo veintidós años. No sé si podré seguir tu


ritmo.

—Eso no es una cuestión de edad. Es una cosa de 'Mierda, hemos tenido


sexo cuatro veces en doce horas'. —Colton le besó la nariz—. Mis bolas me
están matando. Creo que necesito una bolsa de hielo.

Nick se rió. Derribó a Colton de lado, sus brazos envolviendo su cintura.

—Gracias a Dios.

—¡Oye!

Finalmente llegaron a la ducha, pero eso fue sólo otro lugar para besarse y
seguir sus manos sobre la piel del otro. Colton lavó cada centímetro del cuerpo
de Nick, le lavó el pelo con shampoo y luego lo envolvió por detrás y se quedó
en el chorro con la barbilla apoyada en el hombro de Nick. Nick le devolvió el
favor, pasando suavemente las manos por la espalda de Colton y por su culo,
con tanta delicadeza cuando pasó sus dedos enjabonados por dentro y entre sus
mejillas. Lavó el pelo de Colton y lo besó lentamente mientras guiaba a Colton
hacia el rociador, masajeando su cuero cabelludo mientras el agua eliminaba la
espuma.

—¿Qué quieres hacer hoy? —preguntó Colton cuando salieron. Se quedó


mirando a Nick mientras se secaba con la toalla, deseando ya volver a poner su
boca en el cuerpo de Nick. Tomar su mano, guiarlo de vuelta a la cama. Pasar
todo el día trabajando en hacer que sus bolas dolieran aún más.

—Como el campo de entrenamiento empieza la semana que viene, he


pensado que podríamos ir al parque y lanzar el balón un poco más y trabajar en
algunos de los ejercicios que vas a ver en tu primer día. —Nick se pasó la toalla
por el pelo y luego se la dejó caer sobre los hombros—. Quiero que te sientas
cómodo para volver.

Una punzada golpeó a Colton en el vientre, un apretón de dedos fríos. No


estaba donde debería estar ahora, pero no sabía si eso se debía a su lesión o a
que no había estado trabajando tan duro como debería. Había estado pasando
su tiempo con Nick, dedicando los minutos y horas que se suponía que debía
pasar bajo las luces del estadio a Nick en su lugar.

Se dijo a sí mismo que trabajaría más duro cuando comenzara el


campamento. Volvería a estar como antes. Lo haría.

—Claro —dijo—. Me encanta lanzar el balón contigo. —Y así era. Le


encantaba que él y Nick compartieran el amor por el fútbol. Le encantaba estar
con Nick más que lanzar balones de fútbol al larguero de los arcos. Lo cual, si se
paraba a pensarlo, era un concepto jodidamente monumental para él incluso.

—Y después de eso, pensé que podríamos volver aquí... —Nick lo agarró


por la cintura y lo atrajo hacia sí—. Y podría masajear tu... espalda.

—¿Sólo mi espalda?

—Tal vez tus piernas también, pero sólo si están adoloridas.

—¿Y si tengo algo más que me duele?

—No tengo mucha experiencia en masajes de manos, pero haré lo que


pueda.
—¿Y si es otra cosa? ¿Y si lo que me duele de verdad necesita un beso tuyo
para mejorar?

—¿Un beso? Eso suena a que alguien se está volviendo codicioso.


¿Recuerdas esa vieja historia, "Si le das una galleta a un ratón"37?

—Creo que ya me diste un poco de leche. Puede que sea demasiado tarde.

Nick se rió y volvió a besarlo. —Te besaré siempre —dijo—. En cualquier


momento y en cualquier lugar.

—¿Sí? —No pudo evitar la nota melancólica de su voz, y se estremeció tan


pronto como habló. Sonaba casi desesperado, queriendo escuchar esas palabras
de nuevo pero sabiendo que no eran una broma.

Nick presionó sus labios contra la sien de Colton.

—Sí —suspiró—. Lo haré. —Y luego arrinconó a Colton contra el lavabo y


lo besó como si estuviera prometiendo una eternidad, como si estuviera
diciendo las palabras que Colton también quería decir.

Finalmente, se retiraron. Era eso o que Colton se inclinara sobre el lavabo


del baño, pero la idea de otro orgasmo hizo que sus bolas sonaran la retirada.

—Iré a preparar el café.

—Saldré en un minuto.

—Oh Dios mío.

Wes acababa de abrir las cortinas y podían ver, a la luz del día, los restos
de la cita nocturna de su padre. Justin ocultó una risita detrás de su mano
mientras miraba las velas quemadas, esparcidas por el apartamento de su papá
y la botella de vino abierta en la encimera de la cocina.

37
Esta historia describe una serie de eventos que ocurren después de que un niño le da una galleta a un
ratón. Una vez que el ratón recibe la galleta, pide un vaso de leche, lo que acaba dando lugar a una serie
de solicitudes adicionales. Cada evento que ocurre hace que el ratón desee algo nuevo, creando un flujo
aparentemente interminable de demandas.
—¡Tenías razón! —Mantuvo la voz baja, casi un susurro—. ¡Me pareció oír
algo hace un rato!

Jesús, su padre estaba en la otra habitación con una mujer que había traído
a casa. ¿Quién era ella? ¿Su padre sacaba las velas y el vino tinto para todas sus
citas, o esta mujer era especial?

¿Su padre había conocido a alguien durante el verano? ¿Era por eso que
sentía que su padre se había distanciado lenta y sutilmente?

Wes se abrió paso entre las latas de velas de puntillas. Sus mejillas estaban
ruborizadas y se negaba a mirar la puerta de la habitación de Nick.

—¿Deberíamos volver a nuestra habitación y esperar a que se vaya?

—No. —Justin le guiñó un ojo—. Vamos a prepararles el desayuno.


Tenemos que conocerla en algún momento, ¿no? ¿Qué mejor momento que
ahora?

Wes seguía sonrojado mientras se dirigía a la nevera. —Creo que tu padre


también pensaba prepararle el desayuno. —Sacó una botella de champagne, un
paquete de bacon y un nuevo cartón de huevos—. ¿Desayuno en la cama?

—Más bien un brunch, a este paso. —Justin resopló. Agarró el bacon y los
huevos y tomó una sartén—. Deja el champagne en la encimera. Seguro que
querrá beberse toda la botella cuando vea que estamos aquí.

Wes tenía el color de las flores de ocotillo, las mejillas y el cuello tan rojos
como podían serlo. Se aclaró la garganta y dejó el champagne, luego comenzó a
recoger las velas de té quemadas en una enorme pila al final de la isla de la
cocina.

La puerta de la habitación de Nick se abrió. Los ojos de Wes se dirigieron


a Justin.

Con un cartón de huevos en la mano, Justin se inclinó hacia Wes. Arqueó


las cejas y trató de que no se le dibujara en la cara una sonrisa de comemierda.
Dios, iba a ser divertido burlarse de su padre por esto...

Colton salió de la habitación de su padre.

Había chupetones en su pecho.


Moretones en forma de dos manos -diez dedos- en sus caderas, que se
elevaban por encima de la cintura baja de sus bóxers. No, no eran sus bóxers.
Los bóxers del papá de Justin. Unos que recordaba que su padre había abierto la
mañana de Navidad, uno de esos regalos de broma que los padres recibían cada
año. Reconoció esos bóxers.

Pero Colton los llevaba puestos. ¿Por qué llevaba esos bóxers? ¿Por qué
estaba en la habitación del papá de Justin, especialmente después...?

—¿Colton? —La voz de Wes era delgada. Alta, apretada, estrangulada.

Justin miró de Colton -tiene chupetones en el pecho- a las velas dispersas y


luego de vuelta.

Dejó caer los huevos y gritó.


Nick salió corriendo de su dormitorio, persiguiendo el grito que había
atravesado su condominio. Colton. ¿Estaba bien? Aunque eso no había sonado
como la voz de Colton. Casi había sonado como...

Se detuvo de golpe. El tiempo se detuvo. El mundo se sacudió


bruscamente hacia la izquierda, y él tropezó.

Justin y Wes estaban frente a él y a Colton. Un cartón de huevos yacía


destrozado en el suelo de la cocina. Los ojos de Wes eran tan grandes como
platos y miraba fijamente a Colton, inmóvil.

Justin estaba casi hiperventilando.

Dios, se suponía que no tenía que pasar esto. Se suponía que Wes y Justin
llegarían a casa la próxima semana. Tenía días, había pensado, para pensar qué
hacer. Qué decir a Colton, a su hijo. Cuando vio a Colton dormir anoche, pensó
que ese fin de semana le diría a Colton lo mucho que significaba para Nick. En
qué se había convertido el verano para él, y cómo, aunque Colton siguiera
adelante cuando su vida real se reanudara, Nick atesoraría esos recuerdos
durante el resto de su vida. Los acunaría en su corazón para siempre.

Sin embargo, no podía ni quería pedirle a Colton que se quedara. No era


tan arrogante como para pensar que Colton lo elegiría a él antes que al fútbol y
a una vida de fama, y era demasiado cobarde como para escuchar a Colton
decírselo a la cara. Era mejor dejar que Colton se fuera tranquilamente, dejarlo
con los buenos recuerdos, que dejarlo con la imagen de Nick pidiendo algo que
Colton no podía dar.

Aunque juntos pudieran hacer temblar las estrellas, y aunque, cuando


Colton se quedaba dormido en sus brazos por la noche, Nick supiera que lo que
habían llegado a ser había ido mucho más allá de los límites que había
intentado garabatear alrededor de su corazón.

Fuera lo que fuera lo que iba a pasar con él y Colton, se suponía que
tendría una semana para averiguarlo. Una semana, cien horas, por lo menos.
Más momentos en los que Colton fuera suyo, en los que pudiera mirar a Colton
y pensar: lo quiero, y por ahora, él me quiere a mí.
Una semana hasta que tuviera que decidir qué decirle a Justin. Había
pospuesto esa decisión, esa conversación, esperando a que Colton se
desentendiera y pusiera fin a su relación. Si habían terminado, Justin no
necesitaba saberlo.

Pero no habían terminado, aún no, y Justin sí lo sabía. Ahora mismo.

—¿Ustedes...? —Wes habló primero. Sonaba como si se hubiera


atragantado. Sus enormes ojos rebotaron de Colton a Nick y luego de nuevo a
su mejor amigo—. ¿Han hecho un trío? —Hizo la pregunta como si estuviera
preguntando si Colton estaba embarazado. Como si fuera imposible, pero
también lo era lo que estaba viendo, así que tenía que preguntar—. ¿Hay una
chica aquí?

Nick respiró con fuerza...

—No, Wes —espetó Justin. Su voz era tan dura como un diamante, tan
frágil como el vidrio viejo. Y segura. Justin lo sabía. Dios, lo sabía—. Sé cómo se
ve cuando alguien es follado. —Señaló a Colton, a los moretones que Nick
había dejado en sus caderas.

—Justin —empezó Nick.

Justin se giró. Lo miró de frente.

El corazón de Nick se rompió.

Creía haber visto todas las emociones que los ojos de Justin podían
mostrar. Había cuidado a su hijo desde su etapa de niño pequeño hasta la
escuela primaria, pasando por los torturados años de la preadolescencia y los
silencios melancólicos de la adolescencia. Había visto a Justin feliz, triste,
enfadado, herido, irritado, frustrado y agotado, y todos los matices intermedios.
Lo había visto gritar a su madre y a él, morado e incandescente de rabia, y había
visto la alegría en sus ojos en sus cumpleaños y en las mañanas de Navidad
cuando abría los regalos que Nick había escogido con cariño para él año tras
año. Había visto a Justin más feliz que nunca el año pasado después de París y
luego había sido testigo de las nubes tormentosas cuando Wes le había dicho
adiós. Había sostenido a su hijo mientras lloraba en la cama del hospital de Wes
y casi se había desmoronado cuando Justin le dijo que sí, que quería que Nick
se mudara a Austin para estar con él, y que sí, que quería reparar su relación
después de tantos años rotos. Sí, lo amaba, y siempre lo había hecho, y siempre
lo haría, había dicho Justin. La mente de Nick había tomado una imagen de
Justin aquel día, sentado frente a él en aquel restaurante.
Nunca había visto las emociones en los ojos de Justin que veía ahora.

Horror. Repugnancia. Asco.

Traición.

Angustia. Tanta angustia que Nick no podía respirar. Se ahogaba en la


agonía de su hijo, en su devastación. En los porqués que le apuñalaban el
corazón.

Se suponía que su hijo nunca debía mirarlo así. Como si acabara de


desatar las cuatro esquinas de los cimientos de su mundo. Como si hubiera
destrozado su seguridad, su protección, todo aquello en lo que confiaba. Como
si hubieras tomado su felicidad y la hubiera envenenado, matándola delante de
ellos.

Justin no lo había mirado así cuando Nick le dijo que él y Cynthia se iban
a divorciar.

—Justin, por favor. —Dio un paso adelante y extendió las manos. Estaban
temblando—. No es lo que piensas...

—¿No es lo que pienso? —Justin dio un gran paso para alejarse de él—.
¿No se trata de mi papá follando con mi amigo? ¿A mis espaldas?

Colton se había convertido en una sombra, una coma de quietud en la


puerta de su dormitorio. Miraba al suelo, con la columna vertebral curvada
como si estuviera a punto de derrumbarse.

Los ojos de Justin brillaron. —Pero es más que eso, ¿no?

Sí, lo es, es mucho más. Colton, él es...

—¡Me reemplazaste! —Las palabras de Justin fueron feroces, dagas


volando al corazón de Nick—. Colton es el hijo perfecto para ti, ¿no es así,
papá? Un jugador de fútbol. Un hombre varonil. ¿Qué, me voy y te aferras al
tipo que desearías tener como hijo?

—¡No! Justin…

—Tú y Colton en el parque lanzando pelotas de fútbol. Tú y Colton yendo


de viaje de negocios —siseó Justin—. ¡Tú y Colton yendo a una maldita bodega!
—rugió—. ¡Podrías haberme llevado a una bodega contigo! ¡A mí, tu hijo! ¡No a
él! Ya ni siquiera finges quererme en tu vida.

—Lo intentó. —Colton apretó la mandíbula y lo miró con desprecio.


Agarró un codo delante de él, su voz desafiante pero su cuerpo gritando que
estaba a punto de desintegrarse—. Intenté mostrarte lo que Nick hizo con
Kimbrough Oil Mobile, hace semanas. Todo lo que hiciste fue reírte del
champagne y del helicóptero. ¡Ni siquiera te importó lo que hizo Nick! Sólo te
reíste de ello, como te ríes de todo.

La fusión fría ardió en el interior de Justin, y los ojos de calor nuclear


lanzaron destellos de asesinato a Colton. Lo clavaron en la pared. Justin dio un
paso hacia adelante, pero Wes lo detuvo.

—¿Nick? —escupió Justin—. Te refieres a mi papá.

—Sí, pero ¿quién estaba aquí con él? —replicó Colton.

Justin apretó los dientes y se giró hacia Nick. Las lágrimas corrían por sus
mejillas, y tragó tres respiraciones rápidas antes de gritar: —¡Tú me
reemplazaste!

—No, no lo hice...

—Pero aún mejor que un hijo, ¿eh? —Justin se secó las lágrimas como si lo
estuvieran traicionando—. Alguien a quien puedas follar, también. ¿Qué podría
ser mejor? ¿Fútbol y follar?

—Por Dios, Justin. —Fue el turno de Nick de gritar—. ¡Eso no es lo que


pasó!

—¡Colton te apartó de mí!

—¡No lo hizo! ¡Él no puede! Tú eres todo mi mundo, Justin! —Nick


extendió sus manos hacia su hijo—. Lo eres todo para mí. Desde el momento en
que naciste, fuiste el amor de mi vida. He pasado todos los días, cada uno de
ellos, queriendo nada más que lo mejor para ti. Cada elección que hice, todo, lo
hice por ti. Siempre. Eres mi vida, Justin.

—No elegiste esto por mí. —Una risa amarga salió de Justin. Lágrimas
frescas reemplazaron a las que había apartado con rabia—. Te follaste a mi
amigo a mis espaldas. ¿Ibas a contarme alguna vez, o iba a ser tu pequeño y
jodido secreto, cómo un verano te follaste al amigo de tu hijo antes de volver a
fingir que éramos cercanos?

Nick exhaló. Su mundo se volvió vacío.

—¿O esto no es nada nuevo? ¿Cuántas otras veces ha pasado esto? ¿A


cuántos otros amigos míos te has tirado? ¿Siempre te han gustado los chicos,
papá?

Colton era una estatua. Una estatua de los errores de Nick, cada uno de
ellos. ¿Por qué carajo había pensado que podría saborear la felicidad con
Colton? ¿Por qué había imaginado que podrían explorar lo que había surgido
entre ellos?

—Nunca. Nunca he estado con un chico antes. Esto... simplemente sucedió


—respiró Nick—. No lo planeé. Era sólo el verano... No iba a durar. Sólo fue...
Sólo sucedió. Y pensé...

Colton miró al suelo, a la colección de velas que Nick había encendido la


noche anterior.

Justin se limpió la nariz. Cerró los ojos. Agitó las manos delante de su cara
antes de que otra oleada de lágrimas cayera en cascada por sus mejillas.

—Pensé que me querías en tu vida. No a él. —Miró fijamente a Colton—.


Pensé que tenía un padre de nuevo.

—Justin...

—No puedo hacer esto. —Justin se separó de Wes. Tomó las llaves de la
camioneta de Wes del mostrador y se dirigió a la puerta.

—¡Espera, Justin, por favor! —Si Justin salía por esa puerta, podría no
volver nunca. Nick podría no volver a ver a su hijo.

Justin abrió la puerta de Nick de un tirón y huyó.

¿Qué otra cosa podía hacer? Nick salió tras él, dejando atrás a Colton y
Wes.
Colton exhaló lentamente.

¿Volvería a respirar?

¿Quería hacerlo?

Sus pulmones se llenaron obstinadamente, con unos jadeos superficiales


que lo dejaron mareado, hicieron que las paredes se derritieran y el mundo
diera vueltas.

¿De verdad Nick había dicho todo eso?

No iba a durar.

Era sólo el verano.

Su corazón había estallado como un globo de agua dentro de su pecho.


Podía sentir que partes de sí mismo se deslizaban y resbalaban, escapando de la
forma del hombre en el que había pensado que se estaba convirtiendo. Había
pensado que se estaba convirtiendo en alguien, especialmente para Nick.

Ahora no era más que piezas, el mismo rompecabezas roto que siempre
había sido, pateado y dispersado por otras personas. Piezas perdidas. Piezas
rotas. Piezas tiradas.

¿No sabías que esto iba a terminar así? Siempre termina así.

La gente se va cuando eres tú mismo.

Mierda, se había abierto del todo para Nick, le había dado a Nick todo lo
que era. Le mostró todas las partes y piezas que formaban su alma. Quería que
Nick lo conociera como nadie más lo había hecho, ni su madre, ni Wes, ni nadie.
Quería que a Nick le gustara, no, que lo amara. Que amara lo que vio cuando
Colton le mostró su corazón cuidadosamente escondido, acunado en las palmas
de sus manos.

Era sólo el verano.

Había soñado con una eternidad, había querido mañanas interminables y


mil noches con la cabeza apoyada en el pecho de Nick, escuchando los latidos
de su corazón. Había imaginado anillos en sus dedos, había susurrado a la luz
de la luna que amaba a Nick. Eso contaba, ¿verdad? Lo había dicho en voz alta,
incluso si Nick había estado durmiendo cuando lo hizo.

Había soñado con la eternidad, pero Nick había estado esperando su final.

Era tan estúpido. Debería haberlo visto venir. ¿Cómo carajo se suponía
que iban a durar? Nick tenía una reputación profesional. Asociaciones de
negocios. ¿Qué pensaría Kimbrough si supiera que Nick y Colton habían
tonteado en la oficina de Nick? ¿Que había besado a Nick en el helicóptero de
Kimbrough? Besar a Colton en público podría costarle millones a Nick.

Pero, maldita sea, había querido besar a Nick en el parque tantas veces.
Wes había demostrado que podías salir, estar fuera del armario, y seguir siendo
el mejor. Colton ya no era el mejor, ni siquiera cerca, y no era gay, pero si le
daban a elegir entre dejar ir a Nick o tomar su mano en el parque, Colton sabía
qué elegiría.

Solía pensar que no había nada en el mundo para él más que el fútbol. No
era bueno en nada más, y lo único que le gustaba a la gente era cómo lanzaba la
pelota. El fútbol fue su primer amor, su único amor, hasta que...

Hasta que Nick le mostró un futuro diferente. Uno en el que tal vez estaba
bien que su hombro hubiera sido destruido, y tal vez había una vida después de
ser un quarterback dañado. Tal vez había algo que quería más que el fútbol. El
fútbol fue su primer amor, pero había estado pensando que tal vez había
encontrado su segundo amor en algún momento entre ver a Nick jugar a la
PlayStation y haberse corrido más duro que nunca con el pene de Nick dentro
de él.

En algún universo, había un futuro en el que no jugaba al fútbol y en el


que se despertaba en los brazos de Nick todos los días. Tal vez trabajaba en una
oficina. Tal vez bebía vino y tomaba la mano de Nick todas las noches. Tal vez
tenía la tranquila confianza de que lo que hacía, aunque no atraía a millones de
espectadores en ESPN, tenía un impacto en la vida de alguien. Ese hombre está
vivo hoy gracias a ti, Nick.

Ese universo no era este universo.

Claramente.

Nick se había ido. La inquietante quietud de su condominio era como el


zumbido de una campana después de haberla tocado, las ondas sonoras
empapadas de ira intentaban ahogarlo. Wes no se movía, no respiraba,
congelado en medio de la cocina como si no supiera qué hacer.

Nick había ido tras Justin, dejando a Colton entre los restos de ellos. Con
los fantasmas de sus manos en la piel de Colton, sus besos aún persistentes en
los labios de Colton. Él también seguía dentro de Colton. Su forma. Su calor
húmedo. Su corrida.

Nick se había marchado como había planeado dejar a Colton al final del
verano, aparentemente.

¿Se sorprendió, sin embargo? Justin siempre estaría antes que Colton.
Nick era el padre de Justin, y eso no cambiaba sólo porque fuera un hecho
incómodo e inconveniente. Colton había tomado la decisión desde el principio
de ceder ante Nick sobre contarles a Justin y a Wes todas las pequeñas cosas.
Las pequeñas cosas que, al final, se sumaron a una cosa enorme, gigantesca.
Ellos. Juntos. ¿Cómo se suponía que iba a saber que eso significaba que estaba
firmando para que Nick los enfrentara a él y a Justin? ¿Ocultar la verdad a
ambos?

Aquí estaba, solo de nuevo, abandonado por el hombre que amaba.

La voz de Wes finalmente rompió el ciclón de sus pensamientos.

—¿Colton?

Sacudió la cabeza. Miró al suelo.

Se dio la vuelta y volvió a la habitación de Nick -no a su habitación, ya no-


y buscó en el fondo del armario de Nick la bolsa de viaje en la que había
trasladado todas sus cosas hacía unas semanas. Metió su ropa, aún en las
perchas, en la bolsa, y luego agarró sus artículos de aseo del mostrador del baño
de Nick.

—¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí? —La voz de Wes lo siguió hasta
el dormitorio.

Su teléfono estaba en la mesita de noche, junto con su cargador. Desvió la


mirada mientras se deslizaba por el dormitorio y desenchufaba el cable.

Habían hecho el amor en esa cama. Había dormido en los brazos de Nick
en esa cama. Había tallado su propio corazón en el pecho y lo había colocado en
la almohada de Nick para que lo conservara, si tan solo quisiera tomarlo. Se le
nublaron los ojos y parpadeó cuando sus pies se engancharon en el borde de la
sábana, que se había soltado en algún momento de la noche.

Dios, todavía olía a sexo ahí dentro. Podía ver las manchas de lubricante
en las sábanas. Otras manchas donde había derramado su semen, o donde el
semen de Nick se había deslizado fuera de él.

—¿Colton? —Wes de nuevo, rondando la puerta del dormitorio. No


miraba a Colton, no miraba la cama destruida por el sexo—. ¿Qué pasó?

Se encogió de hombros. Se obligó a moverse. Agarró su mochila y metió el


cargador y el teléfono dentro, luego pasó por delante de Wes y fue a la sala de
estar. —Lo que dijo Nick. Sólo... cosas. Esto sólo fue...

Ni siquiera pudo decirlo.

PlayStation desenchufada. Mandos desenchufados. Dejó el mando de una


mano que Nick le había comprado en el sofá. Agarró sus juegos y los puso
encima de la PlayStation en su mochila.

Su balón de fútbol yacía en uno de los cojines del sofá, tirado allí y
olvidado después de que Colton hubiera decidido que besar a Nick era mucho
más interesante que lanzarse el balón una noche. ¿Cuántas veces se habían
lanzado el balón de un lado a otro? Si lo recogía, ¿sería capaz de sentir el tacto
de Nick? ¿Sentir su caricia, como si las manos de Nick recorrieran su cuerpo y
sus curvas en lugar de las del balón?

Lo dejó donde estaba.

—No eres gay, Colton —respiró Wes.

—No. No lo soy. Sólo fue algo que pasó. —Repitió las palabras de Nick, la
forma y el sonido de las mismas lo rebanaban de adentro hacia afuera.

No podía decirle a Wes que se había enamorado. ¿Después de eso?


¿Después de que Nick dijera que era sólo el verano? ¿Que tenían un punto final
predeterminado que Nick había elegido, como si Colton y su corazón fueran
comida empaquetada que podía arrancar de la estantería?

No podía decirle a Wes que se había enamorado del padre de Justin.

—Sólo fui una aventura de una noche que nunca volvió a casa. —Cerró la
cremallera de su mochila. Se la colgó del hombro. Un poco patético, en realidad.
Podía irse con una sola bolsa. Como si nunca hubiera estado allí del todo—.
¿Qué puedo decir? Dos tipos solteros solos durante el verano... Nada que hacer
más que el uno al otro. —Se encogió de hombros.

—Eso no tiene sentido. Ese no eres tú.

—Bueno, tal vez ya no me conoces tan bien. ¿Cómo podrías hacerlo? Todo
lo que te ha importado durante el último año es Justin.

—Colton. —La voz de Wes era dura, aguda. Casi como la de Justin—. Eso
no es cierto.

—Sólo fue algo que pasó. —Pasó de un empujón junto a Wes y se dirigió a
la puerta—. Y como dijo Nick: se suponía que ustedes nunca debían saberlo.

Porque Nick siempre iba a terminar las cosas, y Colton iba a ser
abandonado, y él iba a terminar solo. De nuevo. Tal vez no hoy, según el
calendario de Nick, pero habría estado solo antes de que Wes y Justin llegaran a
casa.

Sólo le quedaban días con Nick, y ni siquiera lo había sabido.

Colton salió por la puerta principal de Nick -esto ya no es casa- y se dirigió


al ascensor.

Dejó atrás el balón de fútbol, el mando de una mano y su corazón roto.

—¡Justin! —gritó Nick, corriendo por el aparcamiento del condominio.


Una de sus vecinas, una mujer mayor de sesenta años, se quedó paralizada
mientras metía su esterilla de yoga en el maletero de su Mercedes. Sus ojos,
muy abiertos, se dirigieron a Justin, a sus manos temblorosas que trataban de
introducir la llave en la cerradura de la camioneta de Wes, y luego a Nick, en
bóxers y camiseta, con los pies descalzos golpeando el hormigón—. Justin —
dijo, alcanzando por fin a su hijo. Respiraba con dificultad, con el pecho agitado
y el corazón palpitante. Agarró a Justin por los hombros y trató de hacerlo girar.
—¡No! —rugió Justin. Se sacudió de encima a Nick, empujándolo hacia
atrás con tanta fuerza que se estrelló contra el Jeep aparcado junto a la
camioneta de Wes. Les había dado a Wes y a Justin la segunda plaza de
aparcamiento que venía con su condominio. Les había dicho que hicieran un
segundo hogar en su casa, que siempre serían bienvenidos allí. Que su vida era
de ellos.

Ahora Justin lo estaba alejando.

Los gritos resonaron en el cavernoso garaje, llenando los oscuros rincones


de hormigón y aferrándose a las tuberías expuestas. Justin se dobló, cayendo de
rodillas mientras se aferraba al pomo de la puerta de la camioneta por encima
de su cabeza. Hundió la cara en una abolladura de la puerta de Wes, con
violentos sollozos que lo sacudían.

—Justin... —¿Qué le había hecho a su hijo? ¿Qué clase de padre, qué clase
de hombre era?

—¡No! —Justin gritó—. ¡Jesús, papá, no!

—Por favor, sólo quiero hablar...

—¡No puedo ni mirarte! —Otro sollozo desgarró a Justin, y apartó la cara


de Nick mientras lloraba—. Todo lo que veo cuando te miro es a ti y a él.

Colton. Quería partirse en dos, una mitad quedándose con Justin mientras
la otra corría hacia Colton. Estaría de rodillas ante ambos hombres, suplicando
disculpas que no merecía.

—Durante años —se atragantó Justin—, años, papá, quería que me


amaras. —Unas cascadas recorrieron su rostro, gordas lágrimas que llovían de
su barbilla y su mandíbula y empapaban el pavimento—. Durante años, quise
que me amaras tal y como era. Quería que quisieras pasar tiempo conmigo.
Solía soñar despierto con que íbamos a Nueva York y veíamos el ballet.
Imaginaba que podría acompañarte en un viaje de negocios y que podríamos ir
a Broadway. Podríamos ir a los restaurantes de moda y mirar los escaparates de
la Quinta Avenida. Pensé que tal vez, de alguna manera, podría gustarte, papá.

—Me gustas. Te amo. Amo todo de ti...

—¡Pero hiciste todo eso con él! —El cuerpo de Justin se agitó con su llanto.
Nick trató de alcanzarlo, pero Justin se apartó, golpeando su mano en el aire
entre ellos. Nick retrocedió, impotente mientras su hijo se destrozaba ante él.
— Llevaste a Colton a todos esos lugares que a él y a ti te gustan porque
ustedes encajan mejor, ¿verdad? Esas fotos que tú y él enviaron... —Jadeó,
ahogándose en sus lágrimas—. Pensé que eran sólo momentos, pero no lo
fueron, ¿verdad? ¡Fue la relación que siempre quisiste con el hijo que no tuviste!

—No…

—Podríamos haber tenido momentos así —gimió Justin—. ¿Por qué no


quieres hacer cosas conmigo, papá? —Soltó el mango de la camioneta de Wes,
enterrando su cara en sus manos.

Nick comenzó a avanzar. Iba a envolver a su hijo en sus brazos y a decirle


que lo amaba mucho; que siempre lo amaría, para siempre, sin importar cuánto
luchara Justin contra él. Iba a repetirlo hasta que sus cuerdas vocales se
rompieran, hasta que su cuerpo se marchitara, hasta que sus huesos se
convirtieran en polvo. Iba a decirle a Justin todos los días que lo amaba, hasta
que Justin volviera a creerle.

Unas piernas envueltas en unos polvorientos Wranglers se interpusieron


entre él y Justin, bloqueando su camino. Unos brazos fuertes bajaron y
recogieron a Justin, ayudándolo a levantarse. Justin se derrumbó en el abrazo
de Wes y enterró la cara en su pecho.

—Nick —dijo Wes. Su voz era de granito. Miró a algún lugar más allá de
Nick, por encima del hombro de Nick—. Voy a llevar a Justin a casa. —No era
una pregunta. No estaba pidiendo permiso.

Cerró los ojos mientras Wes cargaba a Justin en su camioneta. Justin se


aferró a él, y Wes mantuvo un brazo alrededor de Justin como un escudo, como
si pudiera proteger a Justin de Nick.

Ni Wes ni Justin lo miraron mientras retrocedían y se alejaban.

Entumecido, atravesó a trompicones el garaje y subió las escaleras hasta su


apartamento. La puerta no estaba cerrada, gracias a Dios, y entró aturdido. Dio
dos pasos y luego se desplomó, sus piernas se doblaron mientras soltaba un
grito y se llevaba las manos al pelo.

El silencio resonó a su alrededor. El silencio y la quietud, el peso del vacío.


Su condominio no se había sentido así desde...

—¿Colton? —susurró.
Escuchó los latidos de su propio corazón, frenéticos, como un colibrí
desesperado. Escuchó el zumbido del aire acondicionado susurrando sobre su
piel. Escuchó un único goteo del grifo de su cocina.

No escuchó a Colton.

Miró su apartamento...

La PlayStation había desaparecido. Se había acostumbrado a la caja negra


en cuclillas en el suelo, con los cables serpenteando hacia la pared y a través del
sofá para cargar sus mandos. Pero ahora el suelo estaba vacío.

Se levantó de golpe y entró en el dormitorio. El olor a Colton y a sexo le


llegó de golpe. Habían hecho el amor hacía horas, aquí mismo, en esta
habitación. Había rodeado a Colton con los brazos y le había besado la nuca, y
había tratado de darle a Colton todo lo que era mientras empujaba dentro de él.
Quería que esa noche fuera tan buena para Colton, tan maravillosa que Colton
nunca lo olvidara. Que nunca se arrepintiera de ellos, incluso años después,
cuando todo lo que Nick fuera sea un recuerdo.

Sabía que Colton se iba a ir. Lo había sabido desde el principio. Pero no
pensó que sucedería así.

No debería sentirse como si hubiera recibido una bala en el pecho al ver la


puerta de su armario abierta y sin la ropa de Colton. O que su cepillo de
dientes, su maquinilla de afeitar y su desodorante desaparecieran del lavabo del
baño.

O el cargador de Colton desaparecido de su mesita de noche.

Quería más tiempo, quería una despedida más larga. Quería tener la
oportunidad de decirle a Colton...

Volvió a la sala de estar, tratando de escapar del vacío que suponía que
Colton fuera arrancado de su vida. Su pie descalzo esparció un grupo de latas
de té vacías por el frío cemento, las docenas de velas que había encendido con
manos temblorosas mientras se imaginaba haciendo el amor con Colton. Sus
ojos barrieron la habitación y luego se detuvieron en el sofá.

Colton no se había llevado todo cuando se fue.


Estaba el mando, el que Nick le había comprado, que seguía utilizando
incluso después de que su brazo fuera lo suficientemente fuerte como para
jugar con dos manos. Me gusta, había dicho. Lo compraste para mí. Y ya me he
acostumbrado a él.

Y su balón de fútbol, el que lanzaban todos los días. Abandonado,


desechado, como Nick había sido desechado. Ya no necesito estas cosas.

Se hundió con el culo contra la pared del fondo mientras enterraba la


cabeza entre los brazos cruzados. ¿Cómo podía salir una mañana tan mal?

¿Era la mañana, sin embargo? ¿O eran todas las decisiones que había
tomado, cada compromiso, cada racionalización, desde el momento en que los
labios de Colton habían rozado los suyos, hasta ahora?

Bastardo egoísta y codicioso.

Justin, se fue. Colton, se fue.

Finalmente, un ruido rasgó el silencio opresivo de su apartamento: el


sonido de su llanto.
Colton no tenía a dónde ir. No podía ir a la casa de los deportistas, no con
Wes y Justin de vuelta en la ciudad. Y el lugar que había considerado su hogar
durante las últimas seis semanas...

Nunca volvería a ir allí.

Estuvo a punto de armarse de valor y conducir hasta Sugar Land, casi


dirigiéndose a la casa de su infancia. Pero su madre estaría tan emocionada al
verlo aparecer en su puerta como Justin lo había estado al verlo salir de la
habitación de Nick.

Si una persona más lo miraba como si fuera una presencia apenas


tolerable, alguien a quien había que aguantar -era sólo el verano-, iba a
marchitarse y desaparecer. Ya se sentía desecado por dentro, como si todos esos
lugares que habían florecido bajo el afecto de Nick se hubieran convertido en
polvo, recubriendo los fragmentos de su corazón roto.

No a Sugar Land. No a la casa de los deportistas, y no sólo por Wes y


Justin. ¿Qué les diría a Orlando y a Art, a Josh y a Patrick? Cuando todos
llegaran a casa con sus historias del verano, de sus vacaciones o sus trabajos o
sus novias, y le preguntaran a Colton qué había hecho y cómo le había ido el
verano. ¿Se enganchó con alguien? ¿Encontró por fin una chica con la que salir?
¿Y qué tal la pasantía que hizo? Fue con el padre de Justin, ¿verdad?

Aplastó el sollozo que quería escaparse, golpeándolo por dentro hasta que
ya no pudo sentir el escozor de las lágrimas en sus ojos. En la carretera, a la
salida de la autopista del condado, vio un motel de mala muerte con un letrero
de "vacante". Era una estación de paso para camioneros, vagabundos y
personas sin hogar.

Ese era él, ahora.

Dirigió su camioneta hacia el aparcamiento y agarró su bolsa de viaje del


asiento delantero. El anciano del mostrador de facturación parecía tener
trescientos años, como si dirigir la recepción fuera su segundo trabajo después
de su primera carrera como espantapájaros. Miró a Colton mientras éste
garabateaba su nombre en la hoja de facturación y le pasaba su tarjeta de débito.
—¿Te han roto el corazón, hijo? —preguntó el anciano. Estaba encorvado
casi por la mitad, con la piel de las manos tan seca como sacos de papel. Colton
podía ver el lecho de sus venas serpenteando desde las muñecas bajo el
dobladillo de su camisa de franela.

Frunció el ceño.

El anciano hizo un gesto hacia su rostro y gruñó.

Las manos de Colton volaron a sus mejillas. Las lágrimas corrían


silenciosamente desde las esquinas de sus ojos. Se las limpió con rabia cuando
el hombre le dio la espalda.

—Estás en la habitación 223 —dijo el anciano. Le entregó a Colton una


llave de verdad, con un diamante de plástico granate colgando del llavero—.
Hay pago por visión38 si lo quieres. Hay reparto de pizzas en Sal's, pero tardan
una eternidad. Si vas otros ocho kilómetros por la carretera, hay una gasolinera
que vende unos burritos de microondas decentes y tiene una buena selección de
bebidas.

—Gracias.

—Es difícil vivir en este mundo, hijo —dijo el anciano—. Algunos días son
más duros que otros. Pero al final se equilibran. Con el tiempo.

Con el tiempo. Algún día, tal vez, no se sentiría así. Como si hubiera
pasado toda su vida esperando a una persona que lo amara, pero cuando pensó
que la había encontrado, lo sacaban y lo dejaban hueco y vacío como una vieja
cáscara de fruta.

Quizás algún día no se sentiría tan estúpido. Era sólo el verano.

Quizás algún día no se sentiría como si le hubieran arrancado algo


insustituible.

Pero hoy no.

Agarró la llave y su tarjeta de débito y buscó la habitación 223. Tiró su


bolsa en un rincón y se tumbó boca abajo en la cama.

38
El pago por visión (en inglés, pay per view, PPV), es una modalidad de televisión por suscripción, en la
que el abonado paga por los eventos individuales que desea ver.
Un minuto después, acercó una de las almohadas abultadas del motel a su
pecho y se acurrucó alrededor de ella.

—Nick... —Enterró la cara en la almohada cuando el sollozo que había


ahuyentado desde que salió del condominio de Nick -que ya no era su casa- se
desató. Gritó en la polvorienta funda de algodón de la almohada. Golpeó el
colchón, una, dos veces. Agarró la almohada de nuevo, como si pudiera agarrar
a Nick, sujetarlo con fuerza y no soltarlo nunca—. Te amo —gimió—. Te amo.

¿Por qué nadie lo amaba a él?

¿Por qué era tan fácil que la gente lo dejara? ¿Qué le pasaba para que
todos se alejaran, volvieran a sus propias vidas y lo dejaran atrás?

Era sólo el verano.

Eres todo mi mundo, Justin.

¿Por qué él no era el mundo de nadie?

Enterró su cara más profundamente en la almohada.

—¡Hey, Colton, mi hombre! —Orlando era todo sonrisas mientras corría


por el campo hacia Colton. Le tendió la mano para chocar los puños.

Colton envió otro balón de fútbol hacia el larguero de la zona de


anotación. Al igual que los veintiséis que ya había lanzado, se quedó corto. Muy
corto. Había llenado el campo desde la zona de anotación hasta la línea de
treinta yardas con balones de fútbol, pases que no tenían la potencia necesaria
para recorrer la distancia de un lanzamiento de calentamiento.

Antes de su lesión, podía lanzar balones desde casi cualquier parte del
campo y estrellarlos contra el larguero. Podía retirarse de la línea, arrancar
como si tratara de quitar los cordones del cuero, y aun así hacer rebotar ocho
centímetros hacia la derecha del montante de la barra como si estuviera
llamando al bolsillo en un juego de billar.

Hoy no había acertado ni una sola vez en los montantes.


Gruñó al soltar el siguiente balón, tratando de darle más potencia, más
fuerza. Su espiral se resintió, y el balón se tambaleó antes de volcarse y
enterrarse en la hierba justo antes de la línea de cinco yardas.

Olfateó y buscó otro balón.

El puño de Orlando cayó. Observó el vigésimo octavo lanzamiento fallido


de Colton.

—Te sigue molestando el hombro, ¿eh?

Colton tomó otro balón del montón que tenía a sus pies. No dijo nada.

Orlando se quedó mirando cómo otro balón se tambaleaba en el aire antes


de decir: —Llegaras ahí, hombre —y corrió hacia el resto del equipo que salía
de los vestuarios.

Si fuera a llegar, habría llegado a ese punto durante el verano. O debería


haberlo hecho, si hubiera sido diligente con los entrenamientos. Si hubiera
pasado las seis horas al día que debería haber pasado, estaría donde tenía que
estar. Estaría haciendo estos lanzamientos fáciles.

Había llegado antes del amanecer, para evitar al resto del equipo. Se
cambió en un vestuario vacío y luego agarró tres bolsas de balones y se dirigió
al campo. Llegó lo suficientemente temprano como para ver cómo se encendía
la luz del despacho del entrenador cuando estaba en la línea de treinta yardas.
Una hora más tarde, el coordinador ofensivo y el entrenador de mariscales de
campo salieron para verlo lanzar balones con toda la fuerza posible.

No dijeron nada. No era necesario.

El resto del equipo calentó en la otra mitad del campo mientras él corría
para recoger sus balones. Todos los demás hicieron carreras de calentamiento
entre las líneas de las yardas, poniéndose al día y volviendo a conectarse
mientras se sacudían las historias del verano. Colton se quedó en la esquina
sombreada de la zona de anotación, recogiendo sus balones para otra ronda de
fracasos.

Sus compañeros de equipo, sus amigos, intentaron hablar con él mientras


el entrenamiento se ponía en marcha. Todos, excepto Wes, que se mantenía
visiblemente alejado de él.
No había visto a Wes desde que lo había dejado en el apartamento de
Nick. Tampoco había visto a nadie más. Había estado dos días acurrucado en la
cama, observando la sombra del sol que se arqueaba contra la pared a través del
hueco de las cortinas manchadas de nicotina del motel.

Antes, habrían sido inseparables. Habrían lanzado el balón de fútbol entre


ellos mientras hablaban. Habrían corrido juntos por el campo, jugando a
persecuciones de mierda y poniendo a prueba la velocidad del otro para
intentar pillarse desprevenidos. Se habría sentado en la espalda de Wes
mientras éste hacía flexiones, y luego Wes se habría colocado frente a él como
un maldito gigante, tratando de rechazar sus lanzamientos mientras calentaba
contra la red. Habrían sido felices, juntos, como lo eran los mejores amigos.

Ahora, Wes le daba la espalda a Colton. Nunca miraba hacia él.

El equipo se dio cuenta. ¿Cómo no iban a notarlo? Sintió sus miradas.


Comenzó a escuchar los susurros, también, a medida que las horas se
alargaban. Las maldiciones murmuradas mientras sus lanzamientos
empeoraban, no mejoraban. Menos yardas. Menos altura. Ahora ni siquiera
podía llegar a la zona de anotación.

Para el almuerzo, su hombro lo estaba matando. Unas punzadas de dolor


le bajaban por el brazo y la columna vertebral, y sus músculos alternaban entre
el agarrotamiento y el entumecimiento. Intentó sacudirse entre cada
lanzamiento. Intentó aflojar el hombro cuando se puso tan mal que sus lágrimas
empañaron la viga transversal y no pudo ver nada cuando soltó la pelota.

Él y Nick nunca habían presionado tanto. Siempre lo habían mantenido


divertido. En lugar de pasar horas perfeccionando su forma, quería parar y
sentarse en la hierba con Nick. Mirarlo a los ojos. Sentir sus manos en el
hombro. Escucharlo hablar. Sobre el trabajo, sobre Kimbrough, sobre Justin.
Cualquier cosa, mientras pudiera escuchar la voz de Nick.

Debería haber estado más en el gimnasio, trabajando en el entrenamiento


de fuerza y en su rehabilitación, en lugar de estar tumbado con la cabeza en el
regazo de Nick mientras probaban su tercer programa de Netflix de la semana.
Se había reído en el muslo de Nick cuando éste suspiró con disgusto y apagó el
programa que acababan de empezar. Al ritmo que los programas lo aburrían, se
quedarían sin Netflix en un mes, bromeó..

¿Por qué había sacrificado su entrenamiento para pasar tiempo con Nick?
Su futuro era su brazo, pero había sido descuidado consigo mismo. ¿Por qué?
¿No quería lo que había pasado toda su vida persiguiendo? ¿No había
preparado toda su vida para entrar en la NFL? De niño, se había quedado
despierto por la noche mirando al techo mientras sostenía su balón de fútbol
americano y pensaba en un millón de aficionados gritando su nombre, con
miradas de adoración en los ojos mientras lo veían cada semana. No iba a ser
un don nadie, no iba a ser olvidado. Iba a ser Colton Hall, e iba a ser amado...

Su brazo se desplomó antes de completar el arco de su pase. El balón cayó,


golpeando el césped y rodando lejos. Huyendo, como todo y todos en su vida lo
habían hecho.

Él era Colton Hall, y nadie lo amaba.

Especialmente no el hombre al que amaba.

Nick, si me hubieras amado, no necesitaría a ninguno de ellos. Ni a los fans. Ni


la ESPN. Ni su nombre en neón. No necesitaría seis anillos de la Super Bowl.

Sólo querría un anillo.

Eres todo mi mundo, Justin.

Justin no tenía idea de lo amado que era. Lo afortunado que era. Nick lo
elegiría siempre. Por supuesto que lo haría. Justin era su hijo.

Sin embargo, los padres no siempre elegían a sus hijos. A veces se iban
cuando sus hijos corrían en dirección contraria la primera vez que tenían el
balón en sus manos, demasiado excitados y azucarados por las rodajas de
naranja en el descanso para saber qué dirección tomar.

Lo siento, papá. Ojalá hubiera corrido en la dirección correcta por ti.

Siento haberte besado, Nick. Debería haberme guardado esto para mí. No debería
haber querido más de lo que merecía, y no debería haberme interpuesto entre tú y Justin.

Maldita sea, Justin también era su amigo. Ya no, pero lo había sido.
Amaba a Justin de la forma en que amas a la persona que tu mejor amigo ama.
Justin era un buen tipo. No se merecía que lo apuñalaran por la espalda.

Debería haber sabido cómo terminaría esto.

Siempre había pensado que Nick colgaba las estrellas en el cielo,


probablemente una por una, y probablemente diseñadas específicamente para
la alegría personal de Justin. No había forma de parar lo mucho que se había
enamorado de Nick. Había estado cayendo desde que Nick lo lanzó contra esa
pared, irrumpiendo en su vida con la rabia incandescente de un padre que
amaba a su hijo y haría cualquier cosa por él.

—¡Hall!

Levantó la cabeza cuando el entrenador lo llamó por su nombre. Se había


perdido en la hierba, mirando los balones de fútbol que había tirado en la zona
roja. El entrenador parecía haber chupado un limón para desayunar, y miraba a
Colton mientras éste trotaba por el campo.

—¿Sí, entrenador?

—Ven conmigo.

Siguió al entrenador hasta el estadio y subió a la planta ejecutiva, al


despacho personal del entrenador. La última vez que había estado allí, había
firmado con Texas como estudiante de último año de secundaria. El entrenador
le había estrechado la mano sobre su gran escritorio y le había dicho que iba a
ser el próximo Tom Brady, y que también tenía un Gronk39 para él. Wes.

—Siéntate. —El entrenador suspiró. Colton se sentó, con sus almohadillas


chirriando—. Mira, lo siento, pero tengo que ser sincero contigo. Te hemos
estado observando toda la mañana, y Colton... —Extendió las manos—. No
estás donde tienes que estar en este momento. No estás recuperado de tu lesión,
y me temo que si te esfuerzas demasiado para tratar de ponerte al día, te vas a
hacer más daño. Tal vez incluso permanentemente.

Las palabras del entrenador resonaron en su interior, haciendo eco en


todos sus lugares vacíos.

—Tampoco estás donde el equipo necesita que estés.

Colton se estremeció. Miró hacia abajo.

—Ahora, tengo que tomar muchas decisiones difíciles como entrenador


principal aquí. Esta puede ser una de las más difíciles que he tenido que tomar.
Eres más que el quarterback de este equipo. Te he visto crecer, te he visto
desarrollarte. En cierto modo, eres como un hijo para mí. Pero me pagan para
ganar, no para ser el papá de ustedes.

39
El legendario quarterback Tom Brady y el ala cerrada Rob Gronkowski, de los Tampa Bay Buccaneers,
son considerados el dúo con más anotaciones en la historia de los playoffs.
Colton asintió.

—¿Conoces a Clarence Hobbs? ¿El quarterback de la Universidad de


Libertyville?

—Sí.

—¿Te has enterado de que la NCAA40 hizo estallar su programa este


verano? —Colton negó con la cabeza—. Era la tercera vez que pillaban al
personal de reclutamiento ofreciendo sobornos a chicos de secundaria para que
firmaran con el equipo. Coches para las familias de los chicos, apartamentos de
lujo con todos los gastos pagados para los nuevos jugadores. La NCAA no ve
con buenos ojos que los jugadores y los equipos se burlen de ellos. Sancionaron
al programa durante los próximos cinco años. Pero también dijeron a los
jugadores actuales que pueden transferirse a otra escuela y no perder un año de
elegibilidad. Los jugadores que se transfieran ahora pueden empezar la
próxima temporada.

Miró fijamente al entrenador. —Me estás reemplazando.

—Necesitamos un quarterback titular, y ahora mismo, tú no eres ese tipo.


—El entrenador suspiró, de nuevo—. Estábamos esperando a ver cómo te veías
cuando volvieras. Pero ya he visto suficiente. Hobbs está siendo cortejado por
una docena de universidades, pero dijo que firmaría con nosotros hoy mismo si
podíamos garantizar que fuera el titular.

—¿Me estás sacando del equipo?

—No, Colton. Y no vas a perder tu beca. No te la vamos a quitar. Lo que


quiero es que vuelvas más tarde esta temporada, después de que hayas tenido
más tiempo para recuperarte. Tal vez después de una rehabilitación enfocada.
Creo que también deberíamos llamar a un especialista. ¿Estabas entrenando con
el horario que te prepararon los entrenadores este verano?

Tragó saliva. Se movió. —No, entrenador. Lo siento.

Las cejas del entrenador se levantaron. —Esto es lo que va a pasar. Te voy


a trasladar, temporalmente, al cuerpo técnico. Vas a ayudar al entrenador de
quarterbacks. Quiero que trabajes con Clarence en las habilidades. Es un gran

40
Asociación Nacional de Atletismo Universitario, NCAA por sus siglas en inglés.
quarterback, pero no es un quarterback de Texas. Todavía no. Puedes ayudarle
a conseguirlo.

—¿Quieres que lo ayude a ocupar mi lugar?

—Colton... Lo siento, pero esto es por el bien del equipo, que es en lo que
tengo que pensar. Lo que es mejor para los cien chicos de ahí afuera,
hambrientos de otro título de campeonato nacional. Tú no lo has visto, porque
has estado echando balones al suelo, pero todo el equipo está nervioso ahora
mismo. Han vuelto del verano, y su quarterback estrella está haciendo agujeros
en la hierba con sus pases. Esa no es la base de un equipo campeón, Colton.
Ellos lo saben. Yo lo sé. Tú también lo sabes, en el fondo.

Miró por las gigantescas ventanas que bordean la oficina del entrenador y
observó al equipo haciendo ejercicios en el campo de abajo. Buscó el número 87.
Wes, Dios, te necesito ahora mismo.

—Clarence me recuerda a ti, cuando estabas en segundo año. Creo que


tiene tu potencial. Creo que puedes ayudarlo a convertirse en alguien grande, si
eso es lo que quieres hacer. La elección es tuya, Colton. Puedes volver mañana y
trabajar con los entrenadores, y con Clarence, en el campo. O puedes quedarte
en casa, y arreglaremos algo con el departamento de atletismo sobre tu lugar en
el equipo. Puedes retirarte médicamente. Nadie pensará mal de ti después de la
lesión que tuviste.

Los ojos de Colton se cerraron. Tomó aire. Aguantó. ¿Qué había pasado
con su vida? Era el mejor quarterback de la liga hace un año. Todo se había
establecido. Sus calles estaban pavimentadas en oro. Había tenido una pasarela
hacia la NFL. Diablos, había sido invitado al draft.

Un año para crecer, había pensado. Un año para convertirse en algo más.

Un año más con la gente que amaba.

Ahora no tenía a nadie ni nada. Ni al hombre que amaba ni a su mejor


amigo. Ni siquiera tenía ya sus sueños. Ni el frágil sueño de una vida con Nick,
ni su sueño de jugar al fútbol.

—Piénsalo. —La voz del entrenador era inusualmente suave. Casi


amable—. Tómate el resto del día y vete a casa. Sé que esto es difícil de
escuchar. Fue una decisión difícil de tomar. No miento cuando digo que quiero
verte de nuevo en el campo esta temporada. Creo que tú también puedes
conseguirlo. Sólo necesitas más tiempo.
Incluso si volviera al campo, ¿quién estaría en las gradas para verlo? Cien
mil aficionados llenaban su estadio, pero él sólo quería encontrar una cara. La
cara que nunca volvería a ver.

Se levantó lentamente. —Lo entiendo, entrenador. Y haré lo mejor para el


equipo. Estaré aquí mañana para ayudar a Hobbs.

—Gracias, Colton. —El entrenador se puso de pie y le tendió la mano. Fue


como hace cuatro años, cuando era un niño con los ojos abiertos y pensaba que
su vida finalmente comenzaba.

Ahora su vida estaba terminando.

Su teléfono vibró cuando volvió al motel, y refunfuñó al sacarlo mientras


abría la puerta con el hombro. De camino a casa, se había detenido a comprar
una bolsa de hielo y un frasco de Tylenol41, y pensaba tumbarse sobre la bolsa
de hielo, masticar cuatro Tylenol y mirar al techo hasta que le sangraran los
ojos. Los analgésicos no harían nada por su corazón roto, pero quizás su
hombro dejaría de sentirse como si un gato lo hubiera desgarrado por dentro.

No quería hablar con ninguno de sus compañeros de equipo. No quería


escuchar lo que nadie tenía que decir sobre sus lanzamientos de mierda o sobre
la entrada de Clarence Hobbs en el equipo.

Pero no era un mensaje de sus amigos. En su lugar, apareció un correo


electrónico del coordinador de pasantías de la escuela.

Por favor, vea la carta adjunta de su coordinador de pasantía. El crédito de sus


prácticas se evaluará después de la revisión de su terminación anticipada.

Se desplomó en el extremo de la cama y abrió la carta.

A quien corresponda:

41
Marca comercial del paracetamol, también conocido como acetaminofén, es un fármaco con
propiedades analgésicas y antipiréticas utilizado principalmente para tratar la fiebre y el dolor leve y
moderado.
Por favor, acepte esta carta como una notificación de terminación de la pasantía de
Colton Hall. Sin culpa del Sr. Hall, el puesto que ocupaba llegó a su fin, y las prácticas
del Sr. Hall concluyeron a partir de hoy. El Sr. Hall ha sido un becario ejemplar. Ha
superado con creces mis expectativas de rendimiento. Le recomiendo encarecidamente
que siga adelante con todas sus actividades y proyectos.

Sinceramente,
Nick Swanscott
Vicepresidente Ejecutivo

Dejó caer su teléfono y se hundió en el suelo.

Era Colton Hall, y no tenía nada. Nadie lo amaba. Ningún futuro le


esperaba. Estaba solo, en un motel de mierda, con el corazón roto y dos trabajos
perdidos.
Los aficionados estaban de pie, gritando, aplaudiendo y coreando. Los
tambores de cubo resonaban por todo el estadio. La música estaba tan alta que
Colton podía sentirla vibrar en sus muelas. Todo el mundo esperaba que el
equipo de Texas saliera corriendo del túnel y entrara en el campo, liderado por
su nuevo quarterback titular, Clarence Hobbs.

Hacía quince minutos que Colton había seguido a los entrenadores y a los
preparadores hasta la línea de banda, saltándose la gran entrada reservada a los
jugadores. En lugar de las protecciones y la camiseta, Colton llevaba un polo
tejano y unos pantalones caquis. Unos panalones caquis que había comprado
para su pasantía, para impresionar a Nick, hacía como cien años.

Nick se había impresionado cuando los vio, y, mucho más tarde, se


impresionó cuando se los quitó a Colton.

Maldita sea, habían pasado dos semanas, y Nick todavía estaba en todas
partes. En todos sus recuerdos. Persistiendo en sus pensamientos, cada cosa que
hacía se conectaba de alguna manera con un momento que habían compartido.
Los pantalones le trajeron a la memoria sus bromas sobre moda y la sensación
de las manos de Nick en sus muslos. Pedir una pizza lo hizo recordar la noche
en la que estaban tan hambrientos el uno del otro que se saltaron la cena y se
metieron en la cama, follando durante horas, hasta que finalmente pidieron una
pizza y comieron desnudos en medio de las sábanas estropeadas a medianoche
antes de caer en otra ronda de sexo que duró hasta las dos de la madrugada.

Intentó comprar en la gasolinera algo de comida que pudiera caber en la


ruidosa nevera del motel. Compró una caja de Froot Loops, un par de litros de
leche. Mantequilla de maní y galletas. Recorrió los pequeños pasillos, subiendo
por uno y bajando por el siguiente, hasta que llegó al pasillo de la cerveza y el
vino.

No podía pasar de las botellas de tinto de verano, un grupo de botellas


polvorientas de esa bodega, su bodega. Todavía tenía guardado en su teléfono
la selfie que se había hecho Nick y, como un idiota, seguía mirándolo, al igual
que todas las demás fotos que él le había hecho a Nick, siempre que estaba
solo.

Colton compró una botella de vino y se la bebió en la taza de café rota que
encontró junto al lavabo de la habitación del motel. La última vez que había
probado el vino dulce, había estado a punto de hacer el amor con Nick. Había
velas encendidas, y Nick estaba tan excitado que le temblaban las manos
cuando buscaba a Colton. El beso de Nick sabía a frambuesas y a azúcar dejada
al sol. Se había bebido el vino y había encendido las velas para Colton como si
esa noche fuera especial y se suponía que significaría algo para ambos.

Colton trató de dejar la mente en blanco mientras el locutor anunciaba la


llegada del equipo de Texas, y los jugadores salían del túnel y entraban en el
campo mientras el público se ponía en pie.

A la cabeza del equipo estaba Clarence Hobbs.

Durante toda la semana, ESPN había hablado del nuevo quarterback de


Texas. Su nombre estaba en boca de todos, junto con palabras como salvador y
grandes esperanzas y sustituto de última hora. Temporada salvada.

Clarence era un gran quarterback. Tenía el tamaño de Wes, 1,98 metros y


más de 110 kilos. Tenía un brazo que podía lanzar balones de una zona de
anotación a la otra. Era una potencia bruta, con un atletismo ardiente.

Pero no estaba pulido. Todavía no. Sus pases no siempre daban en el


blanco. Los receptores a veces tenían que ir hacia adelante o hacia atrás, de lado
a lado, para hacer la jugada. Colton vio, la primera vez que Clarence salió al
campo en los entrenamientos, dónde tenía que poner su atención. Llamó al
joven después de un ejercicio de pase para mostrarle sus notas.

—Mira, creo que deberíamos trabajar en ejercicios de precisión esta


tarde…

—Está bien, hombre. Tengo ejercicios preparados con los receptores.


Estamos practicando rutas.

—Genial. Ustedes necesitan tiempo para construir sus ritmos juntos. Pero
todavía quiero pasar algún tiempo enfocado uno a uno en la precisión.
Podemos hacer un par de horas cada día…

Clarence había sonreído. —No te preocupes, hombre.

—No estoy preocupado. Estoy tratando de ayudar...

—Mira, Colton —había dicho Clarence, inclinándose como si estuvieran


compartiendo un secreto—. Sé que el equipo te dio este puesto de asistente de
entrenador para que pudieras terminar tu carrera universitaria con dignidad.
Lo respeto, y respeto muchísimo tu trayectoria. Hiciste grandes cosas, cuando
podías jugar. Pero ahora tengo este equipo. Es genial.

No había sabido qué decir o cómo responder. Parpadeó cuando Clarence


le dio una palmada en el hombro, casi haciéndolo caer de lado, antes de correr
para unirse a los receptores, agrupados en los cuarenta y esperándolo. Eran
todo sonrisas para Clarence, listos para chocar los puños y chocar los cinco,
ansiosos por empezar a trabajar en las rutas de pase.

Como solían ser con Colton. Antes.

Y si los chicos tenían que tropezar un poco, empujar una o tres yardas
extra para hacer la captura, bueno...

Nadie dijo una palabra. Ni siquiera Wes, que nunca había dejado que
Colton lanzara un pase de mierda sin llamarle la atención y luego trabajar con
él en los ajustes hasta que estuvieran perfectamente sincronizados. Hasta que
pudo lanzar con los ojos cerrados y saber que Wes estaba al otro lado de su
pase, ya allí, ya atrapando el balón antes incluso de que saliera de los dedos de
Colton. Estaban conectados por el arco parabólico, el ángulo de subida del
cuero y los cordones que iba desde su corazón hasta el de Wes.

Colton observó desde la línea de banda cómo Wes saltaba para hacer un
pase demasiado largo, lanzándose al césped para hacer la captura con la punta
de los dedos. Rodó, enjaulando el balón, y se puso en pie de un salto,
comenzando a bajar al campo para terminar el ejercicio. Pero sus movimientos
eran rígidos, casi antinaturales. Wes no había tenido que hacer una captura de
buceo en... años.

¿Era cierto lo que había dicho Clarence? ¿Estaba allí sólo como un
escaparate? Una forma de que el entrenador se sintiera bien al mantenerlo a un
lado, para poder señalar a Colton y decir, no, no está fuera del equipo, está
ayudando. Como un aguador o una mascota.

Había visto los pases de Clarence navegar por el cielo aquella primera
tarde, contando todas las yardas lanzadas de más y de menos como arañazos
contra su alma. Si hubieras trabajado más, si hubieras pasado el verano practicando en
lugar de enamorarte como un idiota, tu equipo no estaría ahí afuera dando pasos
inseguros y lanzándose por el balón.

Wes todavía estaría hablando contigo.


Pero no lo hacía, y Colton tampoco lo había hecho, y lo único que podía
hacer ahora era intentar seguir adelante y salvar los restos de su vida.

Era una sombra de lo que era para el mundo, para el equipo, para sus
amigos. Se mantenía alejado de todo el mundo, incluso había abandonado la
casa de los deportistas, y no devolvía las llamadas ni los mensajes de texto, ni
siquiera saludaba a nadie cuando intentaban acercarse a él. Al cabo de unos
días, la gente había captado el mensaje. Todo el mundo se mantenía alejado.

El fracaso y el miedo lo rodeaban como un remolino. Nadie quería ser


absorbido.

También captó las miradas de reojo, el arrastre de ojos demasiado largo


entre él y Wes. Wes se mantenía tan alejado de él como podía, como si todo un
campo de fútbol entre ellos estuviera aún demasiado cerca para la comodidad
de Wes. Habían sido los mejores amigos, más cercanos que los hermanos, tan
cercanos que pensaban en la misma longitud de onda, ¿y ahora?

Una rabia palpable y virulenta latía en Wes. Su silencio no era apatía. No,
Wes estaba furioso con Colton, y todos lo veían. Todos lo sentían.

¿Se lo habían dicho Wes o Justin a los demás? ¿Le habían dicho al resto de
la casa lo que Colton había hecho? No lo creía. Wes estaba enfurecido, pero no
era cruel. Y Wes sabía muy bien lo que era que alguien revelara tu más frágil
secreto, o el nombre de quien amabas.

Maldita sea, tenía que concentrarse. Era el día del partido. Se puso los
auriculares mientras el equipo entraba en la línea de banda. Se alejó, contando
sus pasos hasta que se acabó el césped pintado.

Hizo su parte para el equipo cuando empezaron a calentar, y aplaudió


cuando Wes y Clarence, los capitanes del equipo, salieron a la línea de
cincuenta yardas. Ese solía ser yo. Apretó la mandíbula y se obligó a mirar,
incluso cuando el número de Wes entraba y salía de foco, el ocho y el siete
intercambiando lugares en la parte trasera de su camiseta.

Ganaron el lanzamiento de la moneda y eligieron recibir el saque de


honor. Los equipos especiales salieron al campo y, tras una decente carrera de
retorno, Clarence dirigió el ataque al campo.

A Colton se le revolvieron las entrañas. Agarró su portapapeles sobre el


pecho, bloqueando las rodillas y apretando cada músculo de su cuerpo con
tanta fuerza que no podía respirar.
Clarence había estado bien en los entrenamientos. Tenía sus problemas, sí,
y no era tan bueno como creía, pero se había integrado bien con el equipo y
parecía que el vestuario estaba animado. Pero había una diferencia -una gran
diferencia- entre hacer ejercicios con éxito y unos cuantos buenos simulacros, y
enfrentarse a un equipo de categoría nacional, lleno de energía y hambriento de
derribar a los actuales campeones nacionales.

Ser quarterback no era sólo tener un buen brazo. Eso era la mitad de la
batalla. La otra mitad, la más importante, era lo que más le gustaba a Colton. El
análisis profundo que le permitía leer la defensa sobre la marcha, esos cuartos
de segundo en los que escaneaba el campo y repasaba las opciones de juego. Ir
a la izquierda, ir a la derecha, subir por el centro. ¿Pasar o entregar? ¿ Inclinado
o en gancho? ¿Ir por el balón en profundidad, o mantenerlo cerca? ¿Cuánto
tiempo tendría en el bolsillo si la defensa mostrara un blitz de zona interior?
¿Quién sería su receptor número uno, número dos, número tres?

Esa rapidez de pensamiento, esa seguridad, vino de caminar hasta la línea


una y otra vez. De conseguir ese tiempo bajo el centro. Tomar las decisiones.
Dejarse caer hacia atrás y sentir que la defensa se te echa encima, una y otra vez.

Lo había amado. Vivía para ello. Jugaba a Madden en su tiempo libre y se


descargaba aplicaciones de fútbol para jugar en su teléfono y así poder ver más
jugadas defensivas, hacer esas repeticiones mentales cada vez que podía. Miles
de horas de práctica mental, que rivalizaban con la cantidad de tiempo que
dedicaba a la práctica física.

Clarence no tenía la misma experiencia. Clarence venía de una escuela


más pequeña, y no había jugado con el tipo de equipos con los que jugaba
Texas.

Florida lo atacó con fuerza y rapidez, presionando desde el principio.


Terminó pisándole los talones, con los ojos muy abiertos y revueltos, tratando
de protegerse a sí mismo y al balón en lugar de manejar la línea ofensiva y la
jugada. Wes consiguió arrastrar un primer down, pero luego fue tres y fuera, y
la defensa salió al campo.

Cada posesión se volvía más frenética, y el ataque se hacía eco de la


tensión de Clarence hasta que todo el mundo se puso a chasquear en la línea de
banda. Wes se mordía el protector bucal mientras permanecía hosco y solo en
un extremo del campo, y Colton acechaba un cuadrado de hierba de metro y
medio en el otro extremo, tomando notas mientras el control de Clarence se
perdía aún más y su tensión aumentaba gradualmente.
—Mira —dijo Colton, irrumpiendo en la red de radio de los entrenadores
por primera vez en ese partido—. Su defensa está presionando el blitz de
cobertura cero. Están enviando todo lo que tienen a Hobbs. —Lo estaban
golpeando en cada jugada, empujándolo por todo el campo—. Necesitas
alinearte en escopeta42, Hobbs. Pon a Orlando a tu lado. Toma el snap profundo
en tus manos, y luego dispara un pase corto en una de las rutas rápidas. No
retengas el balón. Sácalo del bolsillo tan rápido como puedas. Lleva a los
receptores a las yardas cortas y pon el balón en sus manos.

En el campo, vio a Hobbs con el ceño fruncido, mirando a la línea de


banda. Tenía una mano sobre el auricular de su casco. El entrenador entró en la
radio en el silencio que siguió, haciendo estallar las ondas mientras atacaba a
Hobbs.

—Escucha a Hall, Hobbs. Se ha enfrentado a más defensas que tú, y al


ritmo que vas, puede que nunca veas la carrera que él ha tenido. Hall, llama a la
jugada.

Fue un instinto. Conocía el libro de jugadas de punta a punta, había


ayudado a escribir grandes partes de él en los últimos dos años.

—Escopeta, casa llena, curl a la derecha.

El entrenador se hizo eco de su llamada. Hobbs miró a la línea de banda


durante otros tres segundos antes de volverse hacia el grupo y escupir la
jugada. Diez segundos más tarde, el equipo se alineó en la escopeta, Hobbs siete
yardas detrás de Art, Orlando en su lado derecho detrás del resto de la línea.

Si todo salía bien, los receptores volarían y superarían su cobertura


mientras los linieros frenaban el blitz que venía por Hobbs. Con un
parachoques de siete yardas, Hobbs debería tener tiempo para llevar el balón a
las manos de Dante o Wes. No sería una jugada sexy, pero podría ser exitosa, y
no perderían yardas o downs... de nuevo.

Snap. Movimiento. El aplastamiento de las almohadillas sobre las


almohadillas, los botines rasgando la hierba. Hobbs dio tres pasos atrás,
buscando un receptor. Wes y Dante estaban en sus rutas, curvándose hacia el
centro del campo y mirando hacia él, con las manos en alto. ¡Abierto, abierto!

42
La escopeta combina elementos de las formaciones de patada corta y de dispersión: "dispersión" en el
sentido de que tiene receptores dispersos ampliamente en lugar de cerca o detrás de los jugadores de la
línea interior. Se cree que el origen del término es que es como una "escopeta" para rociar receptores
por el campo.
Vamos, Hobbs, lánzala, lánzala.

Pero la defensa tenía el número de Hobbs, y mientras el blitz superaba la


línea de Texas, los enormes linebackers de Florida se centraron en Hobbs.
Incluso desde la línea de banda, Colton vio que los ojos de Hobbs se abrieron de
par en par sobre su máscara. Empezó a bailar como un gato en un terreno
inestable, su cabeza oscilaba de izquierda a derecha mientras buscaba cualquier
salida. Wes seguía en el centro del campo, con las manos levantadas,
desesperado por el pase.

Hobbs lanzó el balón a lo ancho, tal vez intentando tirarlo, y consiguió un


pase perfecto para el cornerback exterior de Florida. Intercepción.

Todo el estadio gimió mientras la banda de Florida estallaba. El


entrenador Young lanzó su radio al césped. El corner de Florida arrancó,
zigzagueando fácilmente a través de la destrozada línea de Texas antes de
bailar por la línea lateral y dar un floreciente salto hasta la zona de anotación.
Touchdown, Florida.

—¡Maldita sea! —gritó Clarence mientras salía del campo. Lanzó su casco
al suelo mientras observaba la línea de banda—. ¿Qué carajo ha sido eso? —
rugió, arremetiendo contra Colton cuando lo encontró en el borde del palco de
los jugadores—. ¿Qué clase de llamada fue esa? Lo primero que aportas en este
puto partido, ¿y es una llamada para una intercepción? —Clarence empujó sus
almohadillas contra el pecho de Colton. Con sus botines, era varios centímetros
más alto que Colton—. ¡No me extraña que seas un maldito fracasado!

—¡Sepárense! —El entrenador apareció entre ellos, agarrando a Clarence


por las almohadillas y empujándolo hacia atrás—. Sienta tu culo. Ni una
palabra más hasta que vuelvas a estar en el puto campo.

Clarence refunfuñó.

—¿Qué mierda ha sido eso? —El entrenador le espetó.

Clarence apretó los labios. Se apartó de Colton, sacudiendo la cabeza hasta


que se giró y tomó una botella de agua del carrito. Apretó la mitad de ella por
su cara antes de lanzarla contra la pared.

Todo el equipo, es decir, todo el estadio, lo había visto. Más allá de


Clarence, los compañeros de equipo de Colton -sus antiguos compañeros- lo
miraban fijamente. ¿Cuántos partidos habían disputado juntos, escuchando sus
órdenes de juego y luchando codo con codo por cada yarda, por cada
touchdown?

Sus ojos se posaron en Wes, que respiraba con dificultad al final del
banquillo de los jugadores, con la botella de agua temblando en su mano
enguantada. Todavía llevaba la pulsera arco iris que todo el equipo había
llevado en el último partido del año pasado y en los campeonatos nacionales.
Colton también llevaba la suya, aunque no llevaba las protecciones. Vio que
algunos otros llevaban las suyas: Art, Orlando, Josh, Patrick y Dante. Clarence
no tenía ninguna. Los nuevos jugadores tampoco. Si Colton siguiera siendo el
quarterback, habría recorrido el vestuario y repartido una pulsera a cada
jugador.

Wes cerró los ojos y se apartó de Colton. Miró hacia las gradas y
contempló la línea de las cincuenta yardas, donde Justin -y Nick- solían
sentarse.

Colton no pudo evitarlo. Su mirada siguió la de Wes.

Allí estaba Justin, pálido y delgado como si acabara de salir de un funeral.


Tenía los hombros encorvados y la espalda inclinada, y se aferraba a la
barandilla que tenía delante como si fuera lo único que lo sostenía.

Estaba solo.

Cada partido, buscando en las gradas la única cara que quería ver...

Colton se desplomó hacia el otro extremo de la línea de banda y se quedó


mirando el campo.

No vio nada durante el resto del partido.

Perdieron. Los jugadores de Florida se mostraron exuberantes en su


victoria, saltando en el campo mientras el reloj se agotaba. Habían llegado a la
casa de Texas y habían vencido a los actuales campeones nacionales en el
primer partido. Los aficionados de Texas se mostraron hoscos, y un flujo
constante de ellos ya había abandonado el estadio. La huída había comenzado
en el tercer cuarto, después de que Clarence y el equipo comenzaran su
posesión de la segunda parte con un balón suelto y una pérdida de trece yardas.

Los periodistas pululaban por el campo. La mayoría de los jugadores de


Texas se dirigieron a los vestuarios, sin detenerse a responder preguntas. Sin
embargo, Clarence se acercó a Michelle Favreau, una de las mejores reporteras
deportivas que había, una mujer que había deslumbrado a Colton durante años.
Solía soñar con ser entrevistado por ella, que le preguntara por su estrategia y
por cómo había gestionado el partido para llevar al equipo a la victoria.

—Qué decepción la de hoy, Clarence —dijo Michelle, interponiendo su


micrófono entre ellos—. Tu primer partido en Texas, y termina de la peor
forma. ¿En qué piensas ahora?

—Estoy pensando que el quarterback en el campo tiene que ser el que


hace las llamadas —dijo Clarence—. Tuvimos una llamada de juego desastrosa
en el segundo cuarto, y eso realmente dañó nuestro impulso.

—Te refieres a la intercepción que condujo al touchdown de Florida.

Clarence asintió. —No podemos tener jugadas como esa, no si vamos a


ganar.

—Dijiste que el quarterback en el campo tiene que ser el que hace las
llamadas. ¿Colton Hall hizo la jugada que llevó a la intercepción?

—Fue la única llamada que hizo en todo el partido.

—¿Cuál es el papel de Colton en el equipo ahora mismo?

—Es alguien a quien todos admiramos, sin duda, y es un tipo que ha


hecho mucho por este equipo y este juego, pero su lesión es grave, ¿sabes?
Tiene que aceptar eso y lo que significa.

—¿Crees que Colton Hall volverá a estar en el centro esta temporada?

Clarence se encogió de hombros. —Todo es posible. Quizá no sea


probable, pero todo es posible.

El entrenador finalmente trotó hacia el campo, interceptando la entrevista


mientras rodeaba con su brazo las hombreras de Clarence y apretaba hasta que
sus nudillos se pusieron blancos.
—Muy bien, gracias. Gracias, Michelle.

—¡Entrenador! —llamó mientras el entrenador maniataba a Clarence hacia


la línea de banda de Texas—. ¿Qué puede decirnos sobre Colton Hall?

El entrenador se despidió con una mano y sonrió por encima del hombro,
con un delgado rictus de frustración, mientras impulsaba a Clarence hacia el
túnel.

Colton lo vio todo -lo escuchó todo- mientras permanecía congelado en la


línea de banda junto al cubo de Gatorade.

—Vamos, hombre —le dijo entre dientes uno de los entrenadores


deportivos—. Sal de aquí antes de que la prensa llegue a la línea de banda. No
querrás responder preguntas después de eso.

No. No quería.

Corrió hacia el túnel de Texas, pero se alejó de los vestuarios y se dirigió al


aparcamiento de los entrenadores bajo el estadio. La camioneta del entrenador
Young estaba al frente y en el centro, seguida por la de los coordinadores
ofensivos y defensivos y la de los entrenadores asistentes. Los coches del
entrenador jefe y de sus ayudantes eran los siguientes. En el extremo más
alejado del lote, apretujado en una esquina, estaba la camioneta de Colton.

Los recuerdos de otra noche lo golpearon mientras subía al interior. ¿Me


has traído al lugar de ligues de la ciudad? Podríamos hacer algo más con nuestras bocas.

Quiero que me hagas el amor.

Agarró el volante mientras el recuerdo lo ahogaba. ¿Cuándo llegaría


finalmente y algún día? ¿Cuándo empezaría a menguar esta agonía? ¿Cuándo
empezaría a latir su corazón con normalidad? ¿Cuándo podría volver a
respirar?

Sacó el móvil del pantalón y se quedó mirando la pantalla.

¿Y si no tuviera que vivir en medio de todos esos recuerdos?

Encendió la pantalla, tecleó su PIN y se desplazó por su correo electrónico.


Le habían cortado el acceso a su cuenta de pasantía el día en que Nick lo
despidió, pero aún tenía viejos mensajes abarrotando su teléfono. Tenía que
eliminarlos, pero eso significaba borrar el icono del escritorio y el recordatorio
visual de lo que había tenido, de lo que habían sido.

Si tan solo pudiera cortar el dolor pero mantener la forma de la sonrisa de


Nick. Recordar, sin desmoronarse por dentro, lo que sentía al tomar la mano de
Nick en el coche. Escuchar la voz de Nick en su mente y no querer caer al suelo
y gritar.

Ahí estaba. Abrió el correo electrónico de Riley Kimbrough al que se le


había enviado una copia. Examinó el mensaje, con el acento de Kimbrough tan
fuerte en su memoria como en la vida real. Nos vemos pronto, había escrito
Kimbrough. Había firmado el correo electrónico como RK, pero debajo
aparecían su nombre, su cargo, su correo electrónico y su número de teléfono
móvil.

Colton tecleó un mensaje de texto antes de poder decirse a sí mismo que


era una idea horrible, que estaba molestando a un buen hombre, que ya no le
importaba a nadie y que quizá nunca le había importado a nadie. A Kimbrough
le había gustado la idea de él cuando era quarterback y campeón nacional. Eso
era todo.

Sr. Kimbrough, soy Colton Hall. Nos conocimos durante el verano. Hice
una pasantía para el Sr. Swanscott…

Le mataba escribir el nombre de Nick.

…y quería extender la mano y darle las gracias por todo. La experiencia


con usted y su empresa me cambió la vida. También me preguntaba si podría
pedirle unos minutos de su tiempo. Me gustaría pedirle su consejo. Gracias de
antemano, Sr. Kimbrough.

Leyó su mensaje. Asfixiantemente formal. Incómodo. Terrible. Debería


borrarlo.

Pulsó "Enviar".

Luego dejó caer el teléfono y echó la cabeza hacia atrás contra el asiento.
¿Qué estaba haciendo? ¿Agarrarse a cualquier cosa?

Bueno, ¿no era eso lo que hacían los hombres que se ahogaban?

Su teléfono sonó menos de un minuto después. Contuvo la respiración


mientras abría el mensaje.
Colton, me alegro de saber de ti. Estaré en Waco hasta mañana por la
mañana. Si puedes venir hasta aquí, estaré encantado de charlar contigo.

Waco. Puedo estar allí en dos horas.

Mándame un mensaje cuando llegues.

El tráfico a la salida de Austin añadió media hora al viaje, pero la carretera


se abrió al norte de Round Rock y pudo hacer buen tiempo desde allí hasta el
centro de Waco. Se detuvo en el estadio de Baylor para enviar un mensaje de
texto a Kimbrough y decirle que había llegado.

Kimbrough le dio la dirección de un restaurante de carnes al otro lado de


la ciudad. No era un restaurante de Kimbrough, pero no tenía precios en el
menú y en la página web decía "se requiere chaqueta". Estuvo a punto de
contestar, diciendo que no estaba vestido para un lugar así. Pero la
desesperación le hizo poner la camioneta en marcha y acelerar por las calles
laterales.

Cuando se detuvo, el aparcacoches sonrió mientras abría la puerta del


conductor de Colton. —El señor Kimbrough lo está esperando, señor Hall.

Kimbrough estaba en el bar, en un rincón separado de la sala principal por


un biombo de hierro forjado que sostenía docenas de velas de té. Malditas sean
las velas. Tragó saliva mientras se desplazaba por el mostrador y se hundía en el
asiento de cuero frente a Kimbrough. Había dos vasos sobre la mesa, junto con
una botella de whisky que Colton sólo había visto encerrada tras el cristal de las
tiendas de licores de lujo.

Kimbrough le sirvió tres dedos y deslizó el vaso por la mesa. La


condensación del hielo derretido siguió al cristal.

—Vaya juego —dijo Kimbrough—. Estaba en una reunión de la junta


directiva este fin de semana, o habría ido a verlo en persona. Tuve que verlo
desde la sede del club aquí.

—Me alegro de que no estuviera allí —murmuró Colton.


—¿Sinceramente? Yo también me alegro. —Kimbrough agitó su whisky—.
¿Quién es el nuevo tipo en tu puesto?

—Clarence Hobbs. Era el quarterback número cuatro la temporada


pasada. —Colton se encogió de hombros.

El silencio envolvió el lugar. Colton observó cómo la luz de las velas


parpadeaba en la pared detrás de Kimbrough.

—Dime por qué estás aquí —dijo finalmente Kimbrough—. Dime por qué
pareces una mierda recién horneada.

—Quiero un trabajo —soltó Colton—. Quiero ir a trabajar en una de sus


plataformas. Cualquier plataforma. En cualquier lugar. Sólo... muy lejos.
Necesito...

Su mandíbula se apretó. Su nuez de Adán se levantó y se fijó en su lugar.


Sacudió la cabeza y golpeó el vaso de un lado a otro de la mesa.

Kimbrough se sentó, arrastrando su whisky con él. Miró fijamente a


Colton, sus ojos afilados escarbando bajo la piel de Colton como si pudiera
excavar el corazón destrozado de Colton. Si tan sólo. Si Kimbrough pudiera
sacar todos esos pedazos rotos y tirarlos a la basura. Pero si lo hiciera, ¿quedaría
algo de Colton Hall después?

—¿Recuerdas cuántos hijos y nietos dije que tenía?

Colton parpadeó. —Seis hijos. Diecisiete nietos.

Kimbrough asintió. —¿Sabes lo que pasa cuando tienes tantos pequeños


Kimbroughs corriendo por ahí?

Que te quedas sin trabajo. No puedes regalar las cosas a cualquier joven que
venga a pedirlas. Negó con la cabeza. Se mordió el interior del labio.

—Te das cuenta de que uno o dos, o incluso tres de ellos son gays.

La mirada de Colton se disparó.

—Sé cómo se ve cuando un hombre se enamora perdidamente de otro. He


visto a uno de mis hijos y a dos de mis nietos enamorarse de otros hombres. Vi
la forma cuidadosa en que lo manejaron. Cómo trataron de mantener el mundo
a distancia.

—Yo... yo no...

—Sé lo que vi. Sé que te vi a ti y a Nick enamorados el uno del otro en la


cuenca.

Se estremeció. Movió la mandíbula de derecha a izquierda.

—No soy gay —susurró—. Sólo fue... —No pudo decir su nombre—. Él.
Sólo él.

—Conozco a Nick desde hace unos años. Hemos estado trabajando en mi


red durante dieciocho meses, y él pasó otros dieciocho meses antes de eso
tratando de convencerme de la idea. He visto mucho a Nick Swanscott, pero
nunca lo he visto como... —Los ojos de Kimbrough se entrecerraron—.
Cautivado —dijo finalmente—. Como lo estaba contigo.

¿Qué diablos podía decir a eso? Miró hacia otro lado, hacia las velas. No,
allí no. Los recuerdos bailaban en las llamas. Apretó los ojos.

—Supongo que la razón por la que has aparecido aquí con el aspecto que
tienes es porque ha pasado algo entre tú y Nick. Y ahora has perdido tu puesto
en el equipo, y tienes que ver cómo una mierdecilla inmadura ocupa tu lugar.
¿Es legítimo ese puesto de entrenador que te han puesto, o simplemente estás
parado en la banca para verte guapo?

—No lo sé. Clarence no me escucha. Intenté decirle dónde tenía que


mejorar, pero... —Se encogió de hombros.

Kimbrough se quedó callado un momento. —Sabes, mis plataformas están


llenas de hombres que huyen de algo. La mayoría de los tipos que están ahí
están tratando de esconderse de algunas verdades incómodas sobre ellos
mismos.

—Supongo que encajaré bien, entonces.

—No, Colton. No te daré uno de esos trabajos.

La vergüenza caliente lo inundó. Sus ojos se abrieron de par en par,


incluso mientras se tragaba sus otras reacciones. Quería acurrucarse hacia
adelante, enterrar la cabeza entre los brazos. Ocultar su rostro de Kimbrough y
del mundo.

—Envío a mis hijos y nietos a trabajar en mis plataformas porque quiero


que conozcan el valor del trabajo duro. Pero no es necesario que tú aprendas
esa lección. Ya sabes lo que significa el trabajo duro y lo que puedes conseguir
cuando te lo propones.

El sentimiento de culpa hizo que se le apretara el estómago. Trabajo duro,


como debería haber hecho todo el verano. En lugar de eso, había puesto toda su
atención en Nick. En enamorarse.

—Puedo trabajar duro para ti...

—Diablos, ya sé que puedes trabajar duro por mí. Pero no necesito eso de
ti, Colton. No necesito otro hombre destrozado que busca huir.

Colton agachó la cabeza. —Lo entiendo. Lo siento, estoy... aferrado. Siento


haberte hecho perder el tiempo esta noche.

—Esto es lo que sí quiero de ti. —La voz de Kimbrough era suave—.


Quiero que termines tu carrera. Te quedan diez meses. Dedica tu tiempo y
termina.

—Sólo soy un estudiante de ergonomía. ¿Qué se supone que voy a hacer


con eso después de la universidad?

—Yo sólo era un estudiante de filosofía. Quería perseguir a las chicas


guapas en el edificio de artes liberales. No era más que una fiesta de salchichas
en el departamento de geología, al menos en la Edad de Piedra, cuando fui a la
universidad. Todo lo que aprendí sobre ingeniería petrolera, lo aprendí después
de la universidad. Y si quieres, tú también puedes. Pero la cuestión es que
tienes que terminar tu carrera, por ti mismo.

Colton asintió.

—Dos, quiero que entrenes a ese bastardo que te ha quitado el puesto. ¿No
está escuchando? Enséñale que lo necesita. Después de su pequeño truco de
hoy, será mejor que empiece a trabajar en sí mismo, o no importará lo lejos que
pueda lanzar ese balón. Tiene que empezar a mostrar algo de liderazgo
personal, o va a perder a todos. El equipo, y la nación. Ese fue tu mayor éxito,
Colton. No tu brazo o tu trabajo duro, sino cómo te pusiste delante de ese
equipo y lideraste a esos hombres.
—No hice eso por mi cuenta.

—No, tú y Van de Hoek eran una pareja poderosa, pero una pareja se
compone de dos. Dos hombres destacados, uno de los cuales eras tú. Ahora,
este tipo tiene mucho que aprender, y puede aprender de ti, si le enseñas.

—No es tan preciso como necesita serlo. Sus habilidades no están donde él
cree que están.

—Otra cosa que puedes enseñarle. Puede aterrizar un balón de fútbol en el


culo de una mosca.

Colton apretó su vaso.

Kimbrough se inclinó hacia adelante. —Quiero que demuestres a todos


que nadie en este mundo te dice quién eres. No eres una especie de espectáculo
secundario. No eres una maldita mascota. Boo, mira a nuestro pequeño
quarterback lesionado sosteniendo un portapapeles. Eres Colton Hall, y te
defines a ti mismo.

Miró fijamente a los ojos oscuros de Kimbrough. —Ya no sé quién soy.

—Sí, lo sabes. Empieza por lo básico. Trabaja a partir de ahí.

Él era Colton Hall.

Amaba a Nick Swanscott.

Era una verdad de la que no podía escapar, huir o enterrar. No podía


esconderse de lo que sentía o de lo que quería o de quién quería. Y no
importaba si Nick no le correspondía. El corazón anhelaba lo que anhelaba, y él
amaba a Nick tanto si éste lo amaba como si lo odiaba o no quería saber nada de
él.

Todo lo demás estaba cambiando, pero él sabía-sabía-eso. El resto de lo


que era... bueno. Tendría que averiguarlo, como había planeado averiguarlo
antes de caer rendido ante Nick. Un año para crecer, había dicho. Un año para
convertirse en el hombre en el que se suponía que debía convertirse. Había
pensado que serían espirales más estrechas, mejor juego de pies. Mejor
quarterback.
En seis meses, había cambiado de manera obvia y oscura. Se había
enamorado de un hombre y se había abierto a los exquisitos estragos del amor.
Había descubierto rincones polvorientos de su psique, forzando la luz del sol en
grietas que se habían marchitado en silencio durante toda su vida.

—Haz esas cosas, Colton —dijo Kimbrough—, y luego vuelve a mí.


Estarás en camino de convertirte en el hombre que sé que hay dentro de ti. El
hombre que Nick vio cuando te miró con toda esa emoción en su mirada. Y
cuando lo hagas, te daré el trabajo que quieras. Sería un maldito tonto si no lo
hiciera. —Extendió su mano para que Colton la estrechara.

Colton lo hizo. —Gracias. —Su voz era ahogada, dura y agrietada como la
tierra de la cuenca del Pérmico—. Lo intentaré. Intentaré que estés orgulloso.

—Ya lo has hecho, hijo. —Kimbrough bebió el último trago de su whisky.


Dejó escapar una fuerte exhalación mientras dejaba el vaso, entrecerrando los
ojos en el cristal tallado que captaba la parpadeante luz de las velas—. No te
rindas, Colton. Nunca te rindas.

Era más fácil decirlo que hacerlo. Y fácil de decir para Kimbrough, de pie
en la cima de su imperio, con el amor de su vida en sus brazos y toda una vida
de éxitos en su haber.

Colton no tenía un trabajo. No tenía un equipo de fútbol. Ni siquiera tenía


ya un mejor amigo. Tenía el sabor del vino dulce de verano en los labios y los
recuerdos de la luz de las velas parpadeando en la piel de otra persona.

Él era Colton Hall y amaba a un hombre que no lo amaba a él.


Los ojos lo siguieron cuando entró en la sala de pesas. Sus compañeros de
equipo se quedaron quietos en medio de sus entrenamientos. Las máquinas de
pesas chirriaron. Las mancuernas golpearon el suelo.

Neil Wilson, el entrenador de fuerza, un perro calvo y robusto que había


pasado más de una década formando a jóvenes novatos para convertirlos en
marines en el Campamento Pendleton, se fijó en Colton desde el otro lado de la
sala.

—¡Apareciste! —gritó.

Colton tragó saliva.

Nominalmente, seguía siendo parte del equipo y eso significaba que debía
ir a los entrenamientos del equipo. De hecho, debía entrenar con Clarence todos
los días. Sin embargo, Clarence había dejado claro que no necesitaba a Colton, y
éste no había hecho el esfuerzo de ir a la sala de pesas. No lo necesitaba si no
iba a volver a salir al campo. Se imaginó que nadie lo extrañaba de todos
modos.

Pero hoy estaba aquí.

No te rindas. No te rindas nunca.

Quiero que demuestres a todos que nadie en este mundo te dice quién eres.

Wilson marchó hacia él, exactamente como debió de irrumpir en el cuartel


del Campamento Pendleton. La cara hacia adelante, los hombros apretados, la
espalda recta.

—Tú. —Señaló a la derecha de Colton, a un tipo en la esquina que hacía


repeticiones en la máquina de prensa de pecho—. Ven aquí.

Era Clarence, y gimió al bajar de la máquina.

—Párense delante de mí. Los dos. —Clarence se encorvó y se echó la toalla


por encima del hombro mientras miraba al techo. A Colton le dolía el hombro—
. Ambos piensan que son los quarterbacks, ¿eh? Supongo que ya veremos.
Wilson cruzó toda la sala de pesas para llevarlos a la prensa de piernas. El
equipo se ejercitaba en rotaciones a lo largo del día, pasando por pequeños
grupos para que Wilson pudiera prestarles a todos atención. Éstos eran los
titulares. Los amigos más cercanos de Colton, supuestamente. Todos lo miraban
fijamente, con los ojos muy abiertos y los rostros en blanco. Su corazón latía con
fuerza. No estableció contacto visual con nadie.

—Colton. Entra.

Se plegó en la máquina, sentándose en el asiento acolchado antes de


empujar sus pies contra la plataforma que sostenía las pesas. Wilson apiló las
pesas en las barras, cada una de las cuales hacía un ruido metálico cuando
añadía más, y luego más. Más de lo que Colton había presionado el año pasado,
cuando estaba en plena forma física. Antes.

Clarence se quedó a un lado, moviéndose de un pie a otro mientras


negaba con la cabeza como si tuviera cosas mucho mejores que hacer que estar
pegado a Colton durante su entrenamiento.

La mirada de Wilson se desvió hacia Clarence. —En el suelo. Posición de


flexión.

—¿Qué?

—Ya me has oído. —Wilson señaló el suelo—. Descanso inclinado hacia


adelante, ahora. —Esperó hasta que Clarence se bajó lentamente, y luego volvió
a dirigir sus ojos oscuros a Colton—. Diez repeticiones. Hobbs, mientras él
presiona, tú empujas. Vamos.

Clarence se quejó en voz baja mientras empezaba a hacer flexiones. Colton


comenzó a presionar, extendiendo las piernas y empujando el peso que Wilson
había cargado para él hasta que sus rodillas casi se bloquearon. Dobló las
rodillas y bajó el peso hasta que las rodillas le llegaron al pecho. Aspiró una
bocanada de aire. Repitió.

A la séptima repetición, las piernas le temblaban y cada fibra muscular


pedía clemencia. Era demasiado peso. Estaba demasiado fuera de forma. No
podía...

Nunca te rindas, Colton.

Tragó saliva y empujó. El fuego se disparó a través de sus cuádriceps, sus


isquiotibiales, sus pantorrillas, sus talones. En el suelo, Clarence contó en voz
alta sus repeticiones, como si tratara de poner un signo de exclamación a la
cantidad de flexiones que estaba haciendo frente a las míseras siete flexiones de
piernas de Colton.

Colton apretó los dientes. Se clavó las palmas de las manos en los muslos
agarrotados. Se esforzó con todo lo que tenía, cerrando los ojos mientras
forzaba otras tres repeticiones.

—Cambio —dijo Wilson.

—Por fin —murmuró Clarence. Puso los ojos en blanco mientras Colton
salía de la máquina y se arrastraba hasta la posición de descanso con inclinación
hacia delante. El sudor formaba charcos en el suelo debajo de él.

Los ojos de Wilson se fijaron en los de Colton. —Vamos.

Clarence hizo las primeras cinco repeticiones casi con pereza, como si las
prensas de piernas fueran una molestia que tenía que soportar. La vergüenza
ardió en la columna vertebral de Colton y bajó la mirada al suelo. ¿Estaba tan
fuera de forma? ¿Había sido un error? ¿Se estaba avergonzando delante de
todos?

Colton llevaba veinte flexiones cuando Clarence empezó a bajar el ritmo.


Se detuvo con las piernas hacia el pecho, respirando con dificultad.

—¿He dicho que te detengas? —Wilson le espetó a Clarence—. ¡Sigue


empujando!

Clarence lo fulminó con la mirada. Empujó.

El hombro de Colton se retorció. Treinta flexiones.

Clarence hizo una prensa de piernas más.

Cuarenta flexiones.

—¡Hombre, has puesto demasiado peso! —Clarence se quejó.

—Tres flexiones más.

Cincuenta flexiones. Colton trató de cambiar el peso a su otro hombro. Los


ojos de Wilson se dirigieron a él. —No te detengas, Colton.
Gruñendo, Clarence forzó otra prensa de piernas antes de echarse hacia
atrás y sacudir la cabeza.

—Ya he terminado.

—Dos más.

—¡Hombre, te lo dije! —Clarence gritó—. ¡Ya he terminado! Pusiste


demasiado peso, ¡y no voy a arriesgarme a una lesión por ti! —Intentó ponerse
de pie.

—¡Vuelve al puto asiento y termina! —Wilson rugió—. ¡No has terminado,


Hobbs!

—¡Vete a la mierda!

—Dos más. ¡Ahora!

Clarence se lanzó de nuevo a la máquina y realizó las dos últimas


pulsaciones. La rabia lo impulsó, lo hizo más fuerte de lo que había sido hace
un minuto. Empujó con facilidad, las pesas traquetearon por la fuerza de sus
extensiones. En el suelo, Colton pasó sesenta flexiones temblorosas.

—Descanso —dijo Wilson cuando Clarence terminó—. Tienen noventa


segundos. Luego, Colton, vuelves a la prensa.

Clarence maldijo durante todo el minuto y medio, tratando de caminar


sobre sus temblorosas pantorrillas. Colton se tumbó en el suelo, estirando los
brazos y las piernas todo lo que pudo mientras respiraba profunda y
lentamente.

Después de noventa segundos, volvió a doblarse en la prensa de piernas y


puso los pies en la plataforma. El murmullo y las maldiciones de Clarence en
voz baja ya no eran tan en voz baja, y Wilson lo miró fijamente mientras
Clarence adoptaba la posición de flexión.

—Vamos —dijo Wilson—. Cuéntalos esta vez.

Uno... dos... Colton se mordió el labio. Apretó el asiento y rugió. —¡Tres!

Clarence ya no estaba contando sus repeticiones. Todo lo que Colton


podía oír eran los gruñidos de Clarence, sus resoplidos mientras empujaba cada
vez más despacio.
—Cuatro —susurró, casi sin aliento para hablar. Aspiró oxígeno como si
estuviera aislado en el espacio. Vio las estrellas. Cerró los ojos. Inspiró de nuevo
y respiró con fuerza—. Cinco...

—¡Hombre, esto es demasiado! —gritó Clarence. Los ojos de Colton se


abrieron de golpe, y vio cómo Clarence se detenía y miraba a Wilson.

Wilson se puso frente a él. —¿Renuncias, Hobbs?

—¡No puedes destrozar mi brazo así! ¡Estás tratando de arruinar mi


lanzamiento! ¡El entrenador me va a volar la mierda!

—¿Quién crees que me dijo que te empujara? ¿Quién crees que te quiere
aquí, en el suelo, empujando la tierra como si tuvieras que hacerla girar?

Clarence gruñó mientras se ponía de pie de forma inestable. Colton


presionó otra repetición.

En lugar de gritar, Wilson habló con un silbido tranquilo y peligroso.

—No eres más que un desertor, y todo el cuerpo técnico lo ve. Hoy has
abandonado antes de acercarte a tu línea, igual que abandonaste el sábado en el
campo...

Clarence empujó a Wilson. Wilson ni siquiera se movió. —¡Vete a la


mierda! —rugió Clarence.

—No sabes aguantar. Le echas la culpa a todo menos a ti mismo, y quieres


que los demás te den todo de la manera fácil. Pero la verdad es que no tienes las
agallas para seguir adelante.

Hobbs lanzó un golpe, pero Wilson le agarró el puño con una mano,
deteniendo el golpe.

—¡Todos! —Bramó Wilson—. ¡Todos, dejen de ejercitarse! ¡Hobbs ha


terminado! ¡Eso significa que todos ustedes también están acabados! ¡Este
equipo no funciona sin un quarterback! ¡Cuando Hobbs termina, todos
terminan!

Las máquinas se detuvieron. Las mancuernas se estrellaron contra las


colchonetas. Las maldiciones resonaron contra las paredes.
Los hombros de Clarence se agitaron. —Vete al carajo —siseó—. No
tenemos que aguantar esto. —Se volvió hacia el equipo como si pudiera montar
un motín contra Wilson.

Colton hizo otra repetición en el silencio de la sala de pesas. Seis. El dolor


floreció como una flor en su interior.

—Hall, ¿qué mierda he dicho? —Wilson se espetó—. Dije que pares,


carajo. Hobbs está acabado. El equipo está acabado. Ni una maldita persona en
este equipo puede seguir adelante si el quarterback se rinde, y el tuyo acaba de
rendirse.

—No voy a parar —dijo Colton. Siete. Sus ojos se nublaron, la oscuridad
rodeó su visión. Había luchado contra cosas peores en el campo. Ya había
jugado perdiendo el conocimiento. Había jugado con dedos rotos y costillas
magulladas. Había caído en el césped pensando que no se levantaría una
docena de veces, pero siempre lo hacía. Él podía hacer esto.

La cabeza de Wilson dio un giro. Tres pasos lo llevaron al lado de la


máquina de Colton. —¿Qué has dicho?

Ocho. —No voy a renunciar.

—¿Pero no renunciaste ya al equipo este verano? No volviste listo para


jugar, ¿verdad?

Rugió a través de las dos últimas repeticiones y luego se levantó de la


máquina y se puso de pie con las piernas temblorosas para hacer frente a
Wilson. Enderezó los hombros y la columna vertebral.

—¿Qué es lo siguiente, entrenador?

Los ojos de Wilson brillaron. Miró a Colton de arriba abajo. Asintió con la
cabeza, tan minuciosamente que sólo Colton pudo verlo. Lo llevó hasta las
mancuernas y los pesos libres y le entregó una pesa de cien libras.

—Sujétala frente a tu pecho. Y ponte en cuclillas.

—¿Cuántas repeticiones?

—Hasta que yo diga que pares.


El sudor picaba los ojos de Colton y caía sobre sus labios agrietados. Sabía
a sal y al sabor de su propia sangre. A su alrededor, la sala de pesas estaba
quieta, con un silencio crepitante que crecía como una tormenta mientras sentía
que veinte pares de ojos le escudriñaban la piel.

Abrió las piernas y levantó la pesa. Inspiró, aspirando oxígeno a través de


sus ardientes pulmones.

Wilson se puso a su lado, con la mano sobre su espalda y los labios casi
pegados a la oreja de Colton cuando empezó a ponerse en cuclillas. Una parte
de Colton reconoció que Wilson estaba lo suficientemente cerca como para
agarrarlo a él y al peso si se desplomaba, pero ese conocimiento fue ahogado
por la voz de Wilson.

—¿Qué sentido tiene esto, Hall? ¿Qué sentido tiene esto? Deberías rendirte
mientras es fácil, como hizo Hobbs. Él es el quarterback del equipo ahora, de
todos modos. No tú. Perdiste el equipo porque renunciaste durante el verano, y
ahora tienen que seguirlo, y él ha decidido renunciar también.

—Tres —se atragantó Colton. Cerró los ojos al empujar hacia arriba.

—¿Por qué te has molestado en aparecer hoy? Ya te he tachado de mi lista.


Ni siquiera debería haberte dejado entrar aquí. No dejo entrar a los que
abandonan.

—Cuatro. —La voz de Wilson resonó en su interior, sus palabras se


enredaron con la voz de Justin, con las palabras que había dicho ese día. Con la
ira, la rabia y el dolor. Dios, Justin se había sentido tan herido por ellos. Por
Colton. Por lo que había hecho. Si no hubiera besado a Nick, nada de esto habría
sucedido.

—¿Qué te pasó, Hall? Solías no abandonarme nunca, pero aquí estás, un


fracasado. ¿Qué te hizo hacerlo? ¿Cuál fue el momento en que decidiste que
algo más iba a estar por encima de este equipo?

—Cinco. —Su cuerpo se movió casi automáticamente mientras su mente


se alejaba. Sintió que algo corría por su cara. ¿Sudor? ¿Lágrimas? No lo sabía.

Había puesto a Nick por encima del equipo. Lo había hecho, y sabía que lo
estaba haciendo. Había hecho la elección -Nick, no el fútbol- todos los días.
Había querido, y lo había perseguido, y había esperado un futuro construido a
partir de sueños inestables con un hombre que nunca había pensado que valía
más que unos pocos meses de follar.
—¿Fue un polvo? ¿Finalmente encontraste algún coño durante el verano?
Carajo, espero que fuera lo suficientemente buena como para cambiar todo este
equipo.

—Seis. —La visión de Colton se nubló. Vio la cara de Nick. Vio a Nick
frente a él como si estuviera realmente allí. Como todos esos sueños que había
tenido de Nick en las gradas y en el campo, justo ahí cuando Colton se giraba y
lo buscaba.

Pero él no estaba allí. Nadie lo estaba nunca. Un sollozo brotó de él,


convirtiéndose en un grito mientras apretaba los ojos.

—¿Qué te hace seguir adelante? ¿Por qué empujas, Hall? No tienes nada.
Ya no eres un quarterback. No tienes equipo. Ni siquiera tienes amigos,
¿verdad? Estás solo aquí. Esto ni siquiera tiene sentido.

Rugió al pasar la séptima repetición. Las lágrimas le llovían por la cara.


Podía saborearlas, sentirlas empapando sus manos mientras agarraba el peso.
La agonía lo desgarraba, más profunda que el dolor físico.

—¡Estás solo! —gritó Wilson.

Estaba solo. Estaba tan jodidamente solo. Todo lo que quería, en todo el
mundo, era que una persona lo amara. Nick.

—No. No lo está.

Los ojos de Colton se abrieron de golpe. Incluso levantar los párpados le


supuso un esfuerzo físico del que casi no pudo prescindir.

Wes tomó una mancuerna de cien libras del estante, el mismo peso que
Colton estaba levantando, y la sostuvo frente a su pecho mientras separaba los
pies en la posición de cuclillas.

—No está solo.

Wilson inclinó la cabeza hacia Wes. —¿No? —respiró.

—No. —Wes se puso en cuclillas, imitando los movimientos de Colton.


Sus ojos se encontraron y se mantuvieron.
El siguiente aliento de Colton salió como un sollozo crudo y roto. Sus
músculos estaban siendo desollados dentro de él, y no sabía si podría seguir
moviéndose, pero tener a Wes allí le hacía más fácil respirar. Como si una parte
de él pudiera apoyarse en Wes, aunque no fuera físicamente.

Wilson señaló con la barbilla a Colton. —¿Crees que vale la pena seguirlo
por un juego?

Wes miró fijamente a Colton. Sus fosas nasales se encendieron.

—Sí.

Los labios de Wilson se curvaron. En otra persona, podría haberse llamado


una sonrisa. —Entonces vamos a hacer los sesenta minutos de un juego
completo aquí. Veremos quién se rinde primero. —Se volvió hacia el resto de la
sala de pesas—. ¿Alguien más cree que vale la pena seguir a este hombre?

Orlando agarró un juego de mancuernas. También lo hizo Art. Josh y


Patrick fueron cada uno a la fila de ruedas monstruosas y se agarraron a la
banda de rodadura. Dante se agarró a la cuerda de escalada. Anton se sentó en
la máquina de remo.

Clarence maldijo. Empezó a ir hacia la prensa de pecho…

—¡Tú no! —gritó Wilson—. Tú no haces nada. Tú mira.

Durante sesenta minutos, Wilson dirigió al equipo -excepto a Clarence- en


un entrenamiento en circuito, apenas dándoles más de sesenta segundos de
descanso entre ejercicios. Sentadillas, estocadas, burpees. Filas, saltos, flexiones.
Orlando y Anton vomitaron. Colton tuvo que arrastrarse hasta la barra de
dominadas, y casi se cayó al suelo cuando le falló el hombro después de tres
dominadas. Cambió su agarre y enganchó un codo sobre la barra, recuperando
el aliento hasta que pudo bajar al suelo con una sola mano. Sin embargo, no se
soltó y se dejó caer.

Todo el tiempo, Wes se quedó con él. No sólo a su lado, sino frente a él,
ojo a ojo, inhalación a exhalación. A veces estaban frente a frente, gruñendo en
cuclillas y en filas mientras miraban el alma del otro. Probó la sal de Wes, el
aceite de su sudor. Estaba seguro de que Wes probó sus lágrimas.

Observó a Wes volverse hacia dentro cuando pasaron los cuarenta y cinco
minutos. Vio que la mirada de Wes se volvía larga y fina. Wilson les gritaba que
debían encontrar sus núcleos internos, el impulso que los hacía ser un equipo.
Encontrar el propósito que los unía e impulsaba a todos. Colton había
escuchado ese discurso antes. Antes. En aquel entonces, siempre había
superado el entrenamiento imaginando que el equipo se reunía en el último
cuarto. Se los imaginaba a todos perfeccionando una jugada tras otra, haciendo
el juego más duro que jamás habían tenido en el campo. Apoyándose los unos
en los otros mientras ganaban una yarda tras otra, hasta que juntos conseguían
el touchdown que ganaba el partido.

Ahora...

Vio a Nick en las gradas. Lo vio de pie junto a Justin como siempre lo
había hecho. Lo vio sonriendo, lo vio animando. Lo vio gritando el nombre de
Colton.

Lanzó un pase a la zona de anotación. En lugar de Wes, Nick estaba allí, y


atrapó el balón como había atrapado todos los lanzamientos de Colton en el
parque. Sonrió y lo lanzó hacia atrás. Colton extendió la mano para atraparlo...

Alcanzó a Nick, acunando su cara en la barra de Houston. Lo besó por


primera vez, saboreando la cerveza que Nick había bebido y sintiendo sus
labios secos deslizarse contra los suyos.

Se aferró a Nick mientras éste empujaba dentro de él, tan jodidamente


profundo que casi tocaba el corazón de Colton. Su mente gritaba mientras
respiraba el aliento de Nick, y miraba fijamente a sus ojos, tratando de decirle
que lo amaba…

—¡Tiempo! —Wilson bramó.

Colton se desplomó, cayendo sobre Wes. Wes dejó caer sus pesas y agarró
a Colton, yendo al suelo con él en una maraña de sudor y músculos
temblorosos. Todo el equipo cayó de rodillas y gimió de dolor, con la cara
pegada a las colchonetas. Pero lo habían hecho, sesenta minutos juntos. Con
Colton.

—Tú —gruñó Wilson, señalando a Clarence—. Tú vienes conmigo. —


Señaló la puerta que conducía al campo.

—Lo siento —Colton se ahogó contra el cuello de Wes—. Wes, lo siento


mucho.
— No es conmigo con quien debes disculparte —suspiró Wes. Sus brazos
rodearon la cintura de Colton—. El hombre que amo está sufriendo por tu
culpa.

El hombro de Colton estaba en llamas, y sus músculos se sentían como si


hubieran sido pelados fibra por fibra de sus huesos, como queso en tiras
triturado en los fragmentos más pequeños. Intentó ponerse de pie y no pudo.
Todavía no.

Wes levantó el brazo bueno de Colton por encima de su hombro y se puso


de pie con él. Incluso las piernas de Wes temblaban mientras salían de la sala de
pesas. Sin embargo, todos los que se cruzaban con ellos se esforzaban por
extender la mano y chocar el puño con Colton. Colton les devolvió el puño
tembloroso, hasta que ya no pudo sostener el brazo.

—Te voy a llevar a casa —murmuró Wes. Parecía que hablar era un
esfuerzo sobrehumano.

Colton estuvo a punto de decir: Ya no tengo casa. En cambio, gruñó: —El


entrenamiento no ha terminado...

—Olvídate de los entrenamientos. —Wes se estremeció—. No puedo


conducir. Tendremos que caminar.

A cien metros del estadio, Wes tropezó. Tiró de Colton hacia él mientras
caía, recibiendo el impacto y rodando con Colton hasta que chocaron contra los
neumáticos de un coche aparcado. Jadeaban a la sombra del sedán, con las
mejillas ardiendo contra el pavimento caliente, el sudor haciendo charcos en el
suelo como contornos de cadáveres.

Cinco minutos más tarde, Colton se puso en pie y ayudó a Wes a


levantarse, apoyándose en el coche. Wes trepó por su cuerpo, usando sus
muslos y sus caderas para levantarse.

Otros ciento cincuenta metros. Se apoyaron en un árbol y tragaron


oxígeno durante diez minutos, mirándose el uno al otro. Tuvo conversaciones
con Wes a través de sus ojos, vio cascadas de emociones desdibujarse a través
de él mientras se enterraban entre sí.

Salieron del aparcamiento a la calle y giraron hacia la casa de los


deportistas. ¿Cómo no se había dado cuenta Colton de que era una subida
desde el estadio? Él y Wes gruñeron con cada paso, con cada apretón
tembloroso de sus fibras musculares arruinadas. Cuando casi estaban allí, Wes
sacó su teléfono y marcó el número de Justin. Colton casi se derrumbó cuando
escuchó la voz de Justin.

—Hola, vaquero.

—Justin... —Wes se agitó.

—¿Qué está mal?

—Entrenamiento. —Wes aspiró un profundo aliento—. Colton y yo.


Entrenador de fuerza. Él...

—¿Están ustedes bien?

—Estamos heridos. ¿Han terminado el ensayo?

—Sí. Hay ensayo abierto durante unas horas, pero si...

—Te necesitamos.

—Dime cómo ayudar.

—Ven a casa. Trae hielo. Mucho hielo.

—Esté allí lo antes posible.

Wes colgó sin despedirse. Estaban en los escalones del porche delantero,
que bien podrían haber sido las Montañas Rocosas por toda la fuerza que le
quedaba a Colton. Los miró y quiso llorar.

Cada uno se tomó un minuto entero. Subieron un escalón, se apoyaron el


uno en el otro, y luego subieron el siguiente, hasta que cayeron contra la puerta
principal como elefantes derrumbados. Al cabo de otro minuto, Wes la abrió de
un empujón y atravesaron el vestíbulo hasta llegar a las escaleras, donde
empezaron a subir lentamente.

Ambos cayeron en el rellano, Wes de rodillas y Colton de pecho. Wes lo


agarró por la cintura y lo obligó a arrodillarse, luego se arrastró con Colton
hasta el polvoriento y abandonado dormitorio de éste.

No había entrado en esa habitación desde que se había mudado con...


Wes los arrastró a ambos hasta el baño adjunto. No era grande. Había sido
tallado en el dormitorio principal en algún momento después de que la
fontanería interior se convirtiera en la norma, y tenía un solo lavabo de
pedestal, un inodoro y una bañera y ducha combinadas. Colton oyó a Wes abrir
el agua de la bañera mientras se tumbaba boca abajo en la alfombra.

—Desnúdate —dijo Wes. Se quitó la camiseta, distendida por el sudor, y


luego se quitó los zapatos, los calcetines, los bóxers y el suspensorio, dejándose
el culo desnudo. Colton no podía moverse bien, y tanteó con sus zapatos, sus
calcetines. Wes lo ayudó como si fuera un niño, despojándole de sus prendas
hasta que él también quedó desnudo.

Se metieron en la bañera con las piernas temblorosas, ayudándose


mutuamente a sentarse en los extremos opuestos. Sus largas piernas se
enredaron en el centro, sus rodillas, montañas de pelo, se alzaban sobre el agua,
mientras se hundían con los ojos cerrados.

Así los encontró Justin, cinco minutos después.

Colton se había desnudado delante de tantos tipos, durante tantos años,


que no debía sentirse avergonzado. No le importaba estar desnudo y en la
bañera con Wes, pero se trataba de Justin. El hijo del hombre con el que se había
acostado. La vergüenza lo hizo temblar, le hizo arrastrar las piernas hacia arriba
hasta que se acurrucó en posición fetal y apoyó la frente contra la pared de
azulejos.

—¿Qué pasó? —susurró Justin.

—Entrenamiento del equipo. Clarence se rindió —dijo Wes—. Colton no


lo hizo.

Justin arrancó las cuatro bolsas de hielo que sostenía.

—Se va a poner frío —advirtió, justo antes de volcar las bolsas en la


bañera.

Wes gimió. Colton se sacudió. Sus dedos arañaron la lechada.

Horrorosamente, empezó a llorar. Lágrimas ardientes corrieron por sus


mejillas, primero gemidos suaves, luego gemidos entrecortados, seguidos de
sollozos ahogados. Su columna vertebral se curvó mientras temblaba, mientras
intentaba escapar de la mirada escrutadora de Justin y de la presencia cálida y
sólida de Wes. Quería escapar de su vida.
Todo salió, de repente, como si tuviera una hemorragia. Aspiró enormes
bocanadas de oxígeno mientras arañaba las paredes hasta que sus uñas se
rasgaron. Wes lo agarró de las muñecas, arrastrándolo hasta que tuvo que
enfrentarse de nuevo a los dos.

Colton bajó los ojos y se concentró en los cubos de hielo que se movían y
derretían alrededor de sus cuerpos humeantes. Sus lágrimas hacían ondas en el
agua de la bañera, anillos que corrían por sus estómagos y rodillas.

—Lo siento —forzó—. Justin, lo siento. Lo siento mucho.

Escuchó el lento y profundo suspiro de Justin, el único sonido aparte del


crujido del hielo y el chapoteo del agua.

—¿Cómo se interpuso mi padre entre nosotros?

—Hace tiempo que no somos realmente 'nosotros'. Ustedes chicos... han


estado en su propio mundo. Era como verlos a través de un cristal, o como si
estuvieran en una película: la historia de amor de Wes y Justin. No ha habido
espacio a su alrededor para nada, ni para nadie, más.

Justin siseó. Las manos de Wes apretaron las muñecas de Colton.

—Es difícil estar al margen de eso. Se volvió... solitario.

—¿Así que acudiste a mi papá?

—No. Quiero decir, eso no fue... —Se estremeció. Sus hombros cayeron
aún más. La culpa empujó su cara más cerca de la superficie del agua—. No
empezó así. No intentaba... Ni siquiera me lo imaginaba... —Sacudió la cabeza.
Observó cómo un cubito de hielo casi derretido se balanceaba hacia la rodilla de
Wes—. Nick fue maravilloso. Maravilloso para mí, especialmente cuando
estuve herido, pero antes de eso, también.

Silencio. Su pecho palpitaba.

—No quise enamorarme de él. —Cerró los ojos mientras su voz se


quebraba.

Una mano agarró su barbilla y la levantó. No era Wes. Wes todavía tenía
un agarre de hierro en sus muñecas.
—Colton —dijo Justin—, mírame.

Tragó saliva pero abrió los ojos. No quería hacerlo. Justin tenía la
mandíbula y los pómulos de Nick. Colton nunca lo había notado antes, pero era
lo único que veía ahora. Vio la sombra de Nick en la cara de Justin, pero los ojos
equivocados lo miraban. Quiso gritar.

La confusión se apoderó de Justin. —¿Amas a mi padre?

—Lo amo. No fue... no fue sólo sexo para mí. Me enamoré de él. Dios, me
enamoré tan jodidamente fuerte. Lo quería todo. Quería un futuro con él. —Se
rió, alto y apretado, antes de que otro torrente de lágrimas corriera desde sus
ojos hacia los dedos de Justin, todavía envueltos alrededor de su mandíbula—.
Fui tan estúpido.

—Pensé que ustedes habían dicho que fue una aventura. Algo que sólo
pasó durante el verano... —Justin negó con la cabeza.

—Eso es lo que dijo Nick. Y por eso soy tan jodidamente estúpido. No vi
lo que realmente él sentía por mí.

Justin se sentó sobre sus talones. Sus ojos se desviaron hacia Wes, y el
silencio llenó el baño. Colton volvió a dejarse caer contra la pared, el agua
chapoteando alrededor de él y de Wes mientras los cubitos de hielo se derretían
contra su piel.

—Nada de esto suena a mi padre —dijo finalmente Justin—. No tiene


ningún sentido. Nunca ha estado con un chico. Y no es... Nunca ha estado...
Frunció el ceño—. Él no piensa con su pene de esa forma.

Colton se encogió de hombros. —La culpa es mía. Nunca le dije lo que


sentía, pero debería haber sido obvio para mí cómo iba a ser. Y fui yo quien
empezó. Quiero decir, lo perseguí. Lo besé, y él estaba tan asustado... —Se
golpeó la sien contra el azulejo—. Pero luego me devolvió el beso, y...

—¿Por qué no se lo dijiste? —Wes preguntó.

—Estaba demasiado asustado. Lo quería todo, pero no sabía cómo


conseguirlo. Sólo esperaba que las cosas nunca terminaran si yo no quería. —Se
encogió de hombros.
Sus ojos se desviaron hacia Justin. —Yo también tenía miedo de ti.
Siempre estabas ahí. Siempre con nosotros. Es una de las cosas que amo de él, lo
increíblemente maravilloso que es como padre...

La mirada de Justin cayó al suelo.

—Pero yo nunca podría competir con eso. Pensé que tal vez, tal vez él
podría amarme en segundo lugar a lo mucho que te ama, pero...

—¿Han hablado desde aquella mañana? —Justin no levantó la vista


mientras hablaba.

—No. —Su voz tembló, y su visión nadó—. Íbamos a ir al parque, y


entonces... —Sus mejillas se sonrojaron. Raspó la lechada donde la bañera se
encontraba con el azulejo. Intentó contener el torrente de palabras, pero era
imparable—. Estábamos juntos todos los días. Me despertaba en sus brazos
cada mañana. Caminábamos a la oficina y nos enviábamos mensajes de texto
mientras estábamos allí. Almorzábamos y tomábamos café juntos, robábamos
momentos para estar juntos. Pasábamos las tardes en el parque y luego íbamos
a casa y cenábamos y veíamos Netflix o jugábamos a la PlayStation. Siempre
estábamos juntos, y ahora... —Arrastró un suspiro, reteniéndolo mientras sus
ojos se inundaban de nuevo—. Se ha ido. Se ha ido, y ha sucedido tan rápido,
y... —Esta vez sus sollozos fueron suaves y pequeños, escalofríos que lo dejaron
temblando mientras trazaba baldosas rotas con las yemas de sus dedos
arrugados.

Wes tomó su mano, sosteniéndola en el espacio que los separaba. Justin


ahuecó agua en su palma y la dejó caer sobre el hombro de Colton. Los restos
de un cubito de hielo recorrieron su cicatriz, sobre la piel donde Nick había
dejado el fantasma de su tacto y sus besos.

Gimió. —Nick solía masajearme el hombro cuando me dolía. —Los


recuerdos lo golpearon, de nuevo. Nunca se libraría de los momentos que
habían compartido—. Lo frotaba en el parque después de que lanzáramos el
balón. También cuando veíamos Netflix. O intentaba ver Netflix. Es tan
impaciente con la televisión.

Una pequeña sonrisa se curvó en una esquina de la boca de Justin.

—Siempre lo ha sido.
—Me enseñó sobre el vino, sobre los blancos y los tintos y qué iba con qué.
Probamos muchos tipos diferentes cuando fuimos a esa bodega. Compró dos
cajas del vino que más me gustaba.

Justin soltó un suspiro.

—Lo siento —sollozó Colton—. Lo siento, Justin. No era mi intención que


esto sucediera.

—No te disculpes por enamorarte —dijo Justin después de un largo


momento—. El amor sucede, lo quieras o no.

Los labios de Colton temblaron, y negó con la cabeza. —Desearía no


amarlo. Ojalá pudiera cerrar los ojos y olvidarme de él, como él se ha olvidado
de mí.

El silencio volvió a llenar el baño mientras se sentaban con el eco de las


palabras de Colton. Wes le apretó la mano mientras Justin regaba más agua por
la espalda de ambos, tratando de enfriar sus músculos sobrecalentados. Las
lágrimas de Colton disminuyeron lentamente y luego se secaron en sus mejillas
mientras su angustia se convertía en un doloroso y hueco entumecimiento.

Después de diez minutos, Justin les dijo que era hora de salir. Agarró las
toallas que Colton había dejado colgadas en la barra de la ducha hacía meses y
se las tendió, apartando los ojos cuando Colton se levantó y se secó.

Colton y Wes entraron cojeando en el dormitorio de Colton. Sus


compañeros de piso estaban llegando por fin a casa y él oyó gemidos,
maldiciones y fuertes pisadas en las escaleras. Justin cerró la puerta del
dormitorio antes de que alguien entrara y viera que Colton estaba allí. Colton y
Wes se acurrucaron en el colchón, uno frente al otro como si fueran hermanos
de cuatro años compartiendo la cama.

Justin se sentó a los pies, acariciando la pantorrilla de Wes. —¿Dónde has


estado durmiendo?

—En un motel. Pensé que no querrías verme. —Colton enterró la cara en


la almohada. ¿Era su imaginación, o podía oler el más leve rastro de Nick
enterrado en la funda de algodón de la almohada? ¿Cuánto tiempo había
pasado desde que Nick había estado en esta habitación? ¿Había impregnado el
aire, como había impregnado la vida de Colton?— Y es difícil estar de vuelta
aquí.
—¿Por el equipo? —preguntó Wes. Pasó un mechón de pelo húmedo
detrás de la oreja de Colton.

—Por eso. Pero también... Nick y yo pasamos el rato aquí. Empezamos a


acercarnos de verdad aquí, ¿sabes? Pasó mucho tiempo conmigo justo después
de que me hirieran.

Las fosas nasales de Justin se encendieron. Miró la ventana de Colton, las


ramas dobladas de un roble que se balanceaban frente al cristal.

—Lo siento. Dejaré de hablar de él. Intento dejar de pensar en él. Es tan
difícil.

—No es tu culpa. —Justin apretó la pantorrilla de Wes, luego agarró la


colcha de Colton y la tiró sobre ambos como si los estuviera arropando—.
Descansen un poco, ¿de acuerdo?

—¿A dónde vas? —preguntó Wes. Sus párpados ya estaban caídos.

La inconsciencia llamaba a Colton, los sueños llegaban y hundían sus


garras en él. El Nick de sus sueños de pie entre la multitud en el estadio,
saludando a Colton. Acudiendo a él después del partido y encontrándose con él
en el centro del campo. Se rindió, impotente ante la atracción hacia el hombre
que amaba. Cuando sus ojos se cerraron, corrió hacia Nick y lo estrechó entre
sus brazos. Te he extrañado tanto.

—Hay algo que tengo que hacer —dijo Justin en voz baja. Fue lo último
que escuchó Colton antes de que el Nick de sus sueños tomara las manos de
Colton entre las suyas y lo besara como si quisiera amar a Colton para siempre.
El vino tinto con el estómago vacío y la resaca de varios días casi habían
borrado el mundo de Nick. No estaba seguro de cuánto tiempo tardó en notar
el golpeteo a través de la neblina que se había instalado en él. Inspiró. Cerró los
ojos. Esperó a que los golpes desaparecieran.

No lo hizo. Golpeaba la puerta de Nick como su propia migraña.

Hace dos días, se había armado de valor para encender el partido de


Texas. Pensó que podría destriparse a sí mismo viendo cuatro cuartos de Colton
demostrando por qué estaba destinado a jugar en la NFL. Esperaba ver pases
perfectos y luego la mirada de la cámara siguiendo a Colton por la banda.
Había pensado que podría, tal vez, vislumbrar la sonrisa de Colton de nuevo.

Pensó que vería a Colton jugar.

Se bebió casi tres botellas de vino mientras miraba el partido, analizando


cada segundo con la esperanza de que la cámara se detuviera en Colton. ¿Por
qué no estaba en el campo? ¿Por qué no era titular? ¿Por qué no lideraba el
equipo?

Los fragmentos de los comentarios de los locutores se hundieron en él en


pedazos. Retirado de la línea de salida. No es lo suficientemente fuerte para liderar el
equipo.

Jesús, todo era culpa suya. Él había sido una distracción. Su coqueteo
había llevado a Colton a la ruina.

Hablaban de que Colton no volvería a ser titular en un partido.

¿Qué había hecho él? ¿No era suficiente con haber perdido a Colton y a
Justin? ¿Tenía que arrancar el corazón de su hijo y destrozar también los sueños
de su amante?

Se desmayó después de gritar contra la almohada durante horas, llorando


tanto que pensó que había llorado la sangre que bombeaba su corazón hasta
que no quedó nada.

Por desgracia, por la mañana, lo sintió todo.


Se quedó mirando la tercera botella sin terminar durante dos días antes de
rodear el cuello con los labios y dar un trago. El tinto de verano sabía a los
labios de Colton y a arrepentimiento, y se había derrumbado de nuevo por el
dolor.

Los largos días de silencio y quietud y de escuchar cómo sangraba su


corazón hasta caer en una inquieta inconsciencia le estaban pasando factura. Al
principio pensó que el dolor que lo consumía como un virus se aliviaría, pero
no fue así. Había hecho metástasis, volviéndolo de adentro hacia afuera hasta
que no quedó ningún rincón en el que pudiera esconderse.

El dolor de la pérdida de Justin le provocaba un malestar desgarrador y


violento, pero la agonía de la pérdida de Colton... Había una herida abierta en
su pecho, que emitía oleadas de angustia, arrepentimiento y vergüenza. Sentía
como si una parte de él estuviera supurando. Colapsando. Muriendo.

Se arrastró hasta la puerta principal cuando los golpes no cesaron.

Justin estaba de pie en el pasillo, con el puño en alto, listo para golpear de
nuevo. Sus ojos se entrecerraron y su mirada recorrió a Nick de pies a cabeza.

—¿Es esa la camiseta de Colton?

Nick cerró los ojos. Dos semanas de silencio y esas fueron las primeras
palabras de Justin. El horror y la rabia de Justin aquella mañana todavía
perseguían a Nick, de la misma manera que el recuerdo de la sonrisa de Colton
o el olor de su piel en las sábanas eran fantasmas con los que compartía el
condominio.

—¿Y es su balón de fútbol el que estás sosteniendo?

Lo era. No estaba orgulloso de sí mismo, pero ahora dormía con el maldito


balón, acurrucado alrededor de él como si fuera un oso de peluche. Al principio
no había sido capaz de tocar el balón, ni siquiera de mirarlo, pero a medida que
pasaban los días y el peso de todo lo que había perdido flotaba en el silencio, se
había aferrado a todo lo que le quedaba de Colton. No había mucho. Algo de
ropa sucia en el fondo de su cesto. La almohada en el lado de la cama de
Colton. El balón de fútbol.

Justin pasó por delante de él y entró en el apartamento. Se le arrugó la


nariz y y dio vueltas en círculo mientras asimilaba el fétido ambiente.
—Llamé a tu oficina. Lizbeth dijo que te habías ido de vacaciones hace dos
semanas y que nadie había tenido noticias tuyas desde entonces. ¿Has salido de
aquí, papá?

Negó con la cabeza.

—Jesús. —Justin se abrió paso entre las botellas de vino vacías que había
en el suelo del salón y abrió las cortinas del balcón. Nick las había cerrado
cuando los recuerdos fueron demasiado. No podía mirar el sofá del patio sin
ver a Colton sentado allí, esperando que Nick se uniera a él. Solían besarse
mientras el sol se ponía, sus manos en el pelo de Colton mientras el atardecer
pintaba acuarelas en las ventanas.

Sin el sol y la luna, el tiempo se había convertido en un borrón, una serie


de momentos vacíos en los que todo dolía, todo el tiempo, y lo único que sentía
era el corte afilado del fracaso.

El fracaso como padre. Otra vez. El fracaso como amante. Otra vez.

También la vergüenza. Había herido al hijo que adoraba y había perdido


al hombre que amaba, y el denominador común en esa ecuación era él. ¿Qué le
pasaba?

¿Por qué había hecho lo que había hecho? ¿Cómo se habían acumulado
todas sus decisiones, la superposición de acciones y consecuencias, hasta llegar
a tal desastre? ¿Cuándo fue el momento en que todo salió mal? ¿Cuando
devolvió el beso a Colton? ¿O cuando decidió ocultar su relación a Justin?

¿Habría cambiado algo el resultado de las cosas? ¿O estaba destinado a


estar solo, un padre fracasado y un amante fracasado, para siempre?

—Wes y yo nos comprometimos. —Justin miró por las ventanas hacia el


borde del atardecer. El caqui y el azul marino arrugaban el horizonte—. Por eso
hemos venido a casa antes. Quería decírtelo en persona. Quería que lo
celebráramos juntos.

—Felicidades. —Se tragó una amarga oleada de arrepentimiento—. Siento


haber arruinado tus planes.

Justin suspiró y negó con la cabeza. —Papá, tenemos que hablar.

Había rogado por este momento, había gritado a sus paredes para que
Justin y Colton volvieran. No quería presionar, así que les había dejado tomar la
iniciativa, y después de una semana de silencio entendió el mensaje, alto y
claro. Ninguno de ellos lo quería. Él estaba en su pasado. Lo correcto sería salir
de sus vidas con elegancia. Facilitarles las cosas al no ser una carga alrededor
del cuello, un recordatorio constante de alguien-algo-horrible que querían
olvidar. Había liberado a Colton de la pasantía para que éste pudiera marcharse
del todo, de la misma manera que había dejado la casa de Nick y había
intentado salir del corazón de éste.

Nick se hundió en el sofá, su cuerpo no estaba dispuesto a sostenerlo más.

Los recuerdos flotaban a su alrededor como una niebla. Una vez, Colton
había apoyado su cabeza en el regazo de Nick mientras jugaba al Red Dead.
Estaban sentados allí mismo, con las largas piernas de Colton estiradas y los
tobillos colgando sobre el extremo del sofá. El juego era divertido, pero lo mejor
era ver la luz en los ojos de Colton y la pequeña y vacilante sonrisa que bailaba
sobre su rostro. Casi podía sentir el pelo de Colton deslizándose entre sus
dedos.

Justin se tomó su tiempo para sentarse en el sofá. Esperó, observando a


Nick con ojos intensos y duros como piedras. Nick no podía leer a su hijo, no
podía saber qué sentía Justin. ¿Era distancia o rechazo? ¿Era una despedida?

—Papá, dijiste que soy todo tu mundo. ¿Es eso cierto?

La pregunta de Justin lo golpeó como un puñetazo. Tragó saliva. Agarró el


balón de Colton con ambas manos.

—Por supuesto que sí. Eres mi hijo. Te amo con todo lo que soy, y siempre
lo haré.

—¿Eso significa que no tienes espacio para amar a nadie más, entonces?

Parpadeó.

—¿Debería ser todo tu mundo? —La cara de Justin se torció en una mirada,
y se pasó una mano por el pelo mientras miraba hacia otro lado—. Necesitas
algo más que un hijo en tu vida, ¿verdad? ¿No quieres más que eso?

La mandíbula de Nick cayó.

—No eras feliz con mamá, lo sé, sobre todo al final. Quizá nunca te he
visto realmente feliz, no como podrías serlo. ¿Alguna vez te has sentido como
me siento yo con Wes? ¿Estabas...? —La barbilla de Justin se tambaleó, y la
mirada de granito que había llevado desde que irrumpió en la casa desapareció
por un momento, revelando destellos de dolor, confusión, arrepentimiento.
Luego volvió a la pared, los ojos de Justin oscuros y fríos mientras clavaba la
mirada en Nick—. ¿Eras feliz con Colton?

—Yo... — Una hendidura se abrió profundamente en su pecho, y luchó


por respirar. La mirada de Justin se congeló en él, la tensión construyendo telas
de araña entre ellos.

Había sido tan malditamente feliz con Colton que necesitaba inventar una
nueva palabra para ello. Feliz no era suficiente. Estar con Colton no era sólo un
momento de alegría o un sentimiento de satisfacción. Era una sensación de
calor, de encender las estrellas, de ver a Colton durmiendo en cada momento.
Felicidad, y mucho más. La forma en que Wes miraba a Justin y Justin miraba a
Wes, y más.

Algo, tal vez aquello a lo que se había aferrado durante dos semanas, se
rompió dentro de él. Apretó los dientes e intentó respirar. Mantuvo los ojos fijos
en su hijo.

—No importa lo feliz que yo haya sido —forzó—. No podía durar. Él se va


a la NFL... —Lo haría, maldita sea, lo haría. Nick quería arrancarse el corazón
cuando se permitió considerar que la carrera futbolística de Colton podría haber
quedado irremediablemente dañada por culpa de su verano. Por su culpa—. No
significo nada comparado con su futuro. Colton quiere...

—No creo que realmente sepas qué carajo quiere Colton.

Sintió que su corazón se detenía. Sintió el último bombeo, el último


apretón, y luego nada.

—A Colton le importaba lo que ustedes tenían mucho más de lo que dijiste


esa mañana.

—Eso no es cierto —susurró Nick—. Colton se fue. No ha enviado


mensajes de texto. No ha llamado. Me dejó, exactamente como sabía que lo
haría.

—Tal vez el que dijeras que lo que tuvieron era sólo una aventura de
verano tuvo algo que ver con eso.

—¿Cómo podríamos ser otra cosa? Su carrera. Sus sueños. Su futuro. Eso
es lo que le importa. Nunca lo ocultó. Siempre hablaba de volver al campo.
Había estado con Colton en cada cita médica, había escuchado como
Colton decía, una y otra vez, que iba a jugar de nuevo, a liderar el equipo de
nuevo. Y ahora... Dios, ¿qué había hecho? Gimiendo, Nick enterró su cara en
sus manos.

—He desbaratado su vida. ¿Crees que volverá a jugar?

Colton. Colton, Dios mío, lo siento mucho. Por todo. No debería haberte devuelto
el beso, aunque ese momento ha empatado con otro como lo mejor que me ha pasado. Ese
beso. El nacimiento de su hijo. Dos eventos monumentales que cambiaron mi vida.

—No lo sé —dijo Justin con cuidado—. Pero cuando lo vi antes no estaba


llorando porque fue reemplazado en el equipo. Era en ti en quien estaba
pensando. Lo que sea que hayan tenido, significó algo para él. —Justin dudó—.
¿Él fue realmente sólo una aventura para ti, papá?

Clavó los dedos en sus ojos cerrados. Recordó el estacionamiento junto a


un lago. Un paseo en la rueda de la fortuna y un longhorn de peluche con una
pequeña rosa roja. Campos petrolíferos polvorientos y manos entrelazadas en
secreto en helicópteros y aviones. Colton diciendo "te conozco" y
demostrándolo, una y otra vez. Una degustación de vinos y una foto de los dos,
con sus sonrisas tan enormes como el amanecer de Texas. Un largo viaje en
coche por una franja de autopista, el sabor del beso de Colton en sus labios.

Pánico, tanto entonces como ahora. Miedo profundo de que lo estuviera


arruinando todo. La esperanza desesperada de no estarlo.

—Él era mucho más —susurró—. Al menos para mí. Para mí, él era... todo.

Justin permaneció en silencio durante mucho, mucho tiempo. Nick


escuchó el tic-tac de su reloj, dejado atrás en su dormitorio. El zumbido de los
coches que cruzaban las calles de abajo.

—Me dolió más —dijo Justin—, pensar que estabas con alguien que no te
importaba tanto. Que hiciste todas esas cosas con Colton que podrías haber
hecho conmigo, y que él ni siquiera era alguien especial; sólo una aventura,
dijiste. Como si no quisieras ir a degustar vinos o salir conmigo, pero lo harías
con tu juguete.

—No era un juguete. Hay tantas malditas razones por las que no debería,
pero, maldita sea, me enamoré de él. Justin... —Nick gimió—. ¿Qué clase de
padre soy, que me enamoré de tu amigo?
—¿Qué clase de hijo soy, que soy gay?

Nick se echó hacia atrás. —¿Qué demonios? ¿Qué clase de pregunta es


esa?

—No puedo evitar ser quién soy o de quién me enamoro, papá, y tú


tampoco. Lo único que podemos hacer es luchar contra ello o aceptarlo.

—No creo que eso sea lo mismo en absoluto. Te hice daño con lo que hice.

—Me hiciste daño al mentirme sobre ello, y por cómo me enteré. —Se
mordió el labio—. ¿Fuiste feliz con Colton? ¿Estar con él te hizo feliz?

Miró a Justin por encima de las puntas de sus dedos. Al rojo vivo,
encendiendo las estrellas, viendo a Colton dormir para aferrarse a cada
momento. Sueños que no se permitía colorear, como si negarse a imaginarlos
impidiera que su corazón cayera mucho más.

—Más feliz de lo que nunca he sido. No sabía que podía sentir esto por
alguien. Especialmente por un hombre.

Justin intentó sonreír. Era débil, tensa. —Tal vez sacaste lo gay por parte
de tu hijo. —La broma cayó un poco plana—. Tal vez eres bi. O tal vez sólo
encontraste a la persona adecuada para ti. Tal vez él es el indicado.

—Puede que lo sea. No puedo imaginar sentirme así por nadie más,
nunca. Pensé que tu madre sería la indicada, pero esto... es mucho más.

—Entonces ve con él, papá. Habla con él. Han jodido mucho las cosas, y
ahora los dos son miserables. Pero no tienen que serlo. Creo que ambos quieren
lo mismo.

¿Era posible? Nunca se atrevió a imaginar que Colton querría quedarse


con él como Nick quería. Que quisiera tanto como Nick se atreviera a soñar.
Había demasiado en contra de ellos: La carrera de Colton, su posición al borde
del superestrellato. La edad de Nick. ¿Por qué Colton querría a alguien como
Nick cuando podía tener a quien quisiera?

Colton no era el único hombre que tenía que considerar, sin embargo.

—¿Qué hay de ti?


—¿Qué hay de mí? —Justin le dio otra sonrisa débil—. Me fui contra ti, y
contra él, y dije cosas poco amables. Lo siento, papá.

—Tenías todo el derecho a estar enfadado.

—Tal vez en algunos aspectos, pero no en otros. Ojalá me hubieras dicho


lo que pasaba. Ojalá no me hubiera enterado como lo hice. Pero cuando pienso
en que me hayas dicho en un mensaje de texto, o incluso en una llamada
telefónica, que tú y Colton se juntaron, no sé si me hubiera enojado menos al
enterarme de esa manera.

—No iba a decírtelo —admitió Nick en un susurro. Forzó una respiración


cuando la mirada de Justin se endureció—. Como estaba seguro de que Colton
y yo íbamos a terminar cuando comenzara el año escolar, pensé que seguiría
siendo su secreto. Nunca se lo diría a nadie, y él no tendría que estresarse
porque la gente supiera que habíamos estado juntos. Quería proteger su futuro.

—Como hombre gay, respeto tu discreción. Como tu hijo y amigo de


Colton, tenía derecho a saberlo. Dios, estaba tan enojado contigo que no podía
ni pensar. Pero no me ha cuadrado nada de esa mañana. Ni lo que dijiste de los
dos cuando también hiciste lo que hiciste con las velas y el vino.

—Quería que esa noche fuera especial. La mejor noche que tuviera Colton,
para que me recordara, con suerte, con una sonrisa, algún día.

—Jesús, papá... —Justin desvió la mirada. Suspiró—. Sé un poco de ti. No


tanto como Colton sabe, claramente. Pero sé lo suficiente para reconocer que
esto —hizo un gesto con la mano hacia los restos del condominio de Nick—, no
es por una aventura. No es eso lo que sientes.

Nick agachó la cabeza. —Sólo quería lo mejor para él y para ti. —Se
estremeció—. Traté de hacer lo correcto para ambos y terminé haciendo lo peor.

—No, lo peor que hiciste fue ignorar lo que sentías. Te pusiste en último
lugar, y entre que intentabas ser desinteresado y que Colton no sabía cómo
manejar lo que sentía, ambos lo arruinaron todo.

Nick miró al suelo, en silencio durante un largo momento. —Es como


antes, cuando intentaba hacer lo correcto entre tú y tu madre, y eso sólo
empeoró todo. Prolongó la tensión y la angustia durante años. Hasta que la dejé
por ti.
—Papá, dejaste a mamá por ti. No por mí. Yo estaba aquí, y fácilmente
podría no haber vuelto a esa mujer o a esa casa. La dejaste porque lo
necesitabas.

Era extraño, hablar de su divorcio con su hijo. —Me quedé demasiado


tiempo. Tomé la decisión equivocada entonces. Ahora lo he vuelto a hacer, ¿no?
Pero tenía demasiado miedo de perderte, y Colton se iría de todos modos, y yo
estaría solo. Mira lo bien que resultó eso.

—Deberías haber hablado con Colton. Y podrías haber hablado conmigo.


Pero eso es el pasado. No más tratar de poner a los demás primero. Olvídate de
tener miedo por mí. Estoy aquí, preguntándote: ¿qué necesitas ahora?

Las respuestas llegaron como estrellas fugaces.

—A ti —susurró—. Y a él. No puedo elegir, Justin. No puedo amar a uno


de ustedes más que al otro.

—¿Por qué crees que tienes que elegir? Colton tiene un amor contigo que
yo no conoceré, y lo mismo ocurre con nosotros. Amarlo a él no te quitará lo
que me amas a mí, ¿verdad?

—Pensaste que sí. Pensaste que te había reemplazado. —Se le revolvió el


estómago. Apretó la mandíbula. Clavó las uñas en las palmas de las manos—.
Justin, Dios...

—Y tú me dijiste que estaba equivocado. No te escuché ese día. Pero...


papá, sí me amas como siempre quise... o tal vez incluso más de lo que solía
soñar. No fuimos volando a Nueva York por un fin de semana. Pasamos todos
los días juntos. Estás aquí, conmigo. No fuimos a una bodega, pero vienes a mi
práctica de baile y me observas durante horas. Amas a Wes como si fuera tu
hijo. Si Colton es el indicado para ti, entonces... estoy bien con eso. Tú y Colton
juntos ya no me hacen daño. —Justin extendió su mano—. Me amas
incondicionalmente, y lo que trato de decir es que, papá, yo también te amo
incondicionalmente. Sé que necesito trabajar en algunas cosas. Incluso si actúo
como si fuera perfecto, sé que no lo soy. Pero quiero que estemos bien. Te
quiero en mi vida, papá.

Un apretón de manos no iba a ser suficiente. Nick agarró a Justin y lo


arrastró por el sofá, tirando de él en sus brazos mientras enterraba su cara en el
cuello de su hijo. Su pecho tembló mientras los sollozos se desprendían de él, y
se hundió en el abrazo de Justin.
—Te amo tanto, Justin. Tenía tanto miedo de perderte a ti también.

Justin presionó su cara contra el pecho de Nick por un momento, con los
dedos clavados en la espalda de Nick.

—No lo has hecho. Y no creo que hayas perdido a Colton. Ve con él. Habla
con él. —Lo olfateó—. Después de una ducha.
Algo zumbó en el colchón junto a la cabeza de Colton. Wes gimió como un
oso y se dio la vuelta, llevándose la mitad de la manta de Colton cuando lo
hizo.

Colton miró a Wes y luego a su teléfono. Estaba boca abajo junto a la


almohada, bailando sobre las sábanas como si le hubieran pagado. Le dio la
vuelta y entrecerró los ojos. La noche había caído, la oscuridad total cubría su
dormitorio, y el brillo de la pantalla era como un picahielo en su cerebro.

Cinco llamadas perdidas, todas del mismo número. Frunció el ceño. No


reconocía a la persona que llamaba.

El teléfono volvió a sonar en su mano, el mismo número. Pasó el dedo


para contestar y se acercó el teléfono a la oreja mientras Wes empezaba a
roncar.

—¿Hola?

—¿Eres Colton?

—Sí. ¿Quién es?

—¿Conoces a un Clarence Hobbs?

Carajo. Quería lanzar el teléfono al otro lado de la habitación, fingir que


nunca recibió la llamada.

—Sí...

La voz del otro lado sonaba enojada, lo cual era irónico, considerando que
estaba llamando a Colton justo después de la medianoche.

—Soy el gerente del bar del Broken Spur, y tengo a tu chico Clarence aquí
y dice que tengo que llamarte. No sé qué tan buenos amigos sean, pero si no vas
a venir a recogerlo, voy a llamar a la policía.

Colton se restregó la cara con una mano y gimió cuando el encargado del
bar dijo: —¿Vienes a buscarlo o qué?
—Sí —gruñó—. Mierda, bien, sí, allí estaré. ¿Dónde estás?

El gerente del bar dijo una dirección mientras Colton salía a trompicones
de la cama. Todavía estaba envuelto en la toalla que Justin le había dado
después de su baño de hielo y el de Wes. La hizo bola y la arrojó al bulto de
Wes bajo su manta antes de abrir los cajones y rebuscar la ropa. La mayoría de
las cosas que usaba habitualmente las había llevado a casa de Nick, y luego las
había sacado de allí y las había dejado en el motel. Encontró un par de bóxers
que pasaron la prueba del olfato, unos pantalones cortos deportivos y una
camiseta con las mangas cortadas.

No creo que pueda aceptar las críticas de moda de un tipo que lleva pantalones
cortos de baloncesto y camisetas rotas. ¿Te vistes así para ir a clase?

Por supuesto que no. También me pongo una gorra.

Sacudió la cabeza para despejar los recuerdos mientras agarraba su


teléfono, su billetera, sus llaves y salía de su dormitorio. El resto de la casa
estaba en silencio. Probablemente todos se habían metido en sus camas después
de aquel entrenamiento en grupo.

¿Mejorarían las cosas entre todos ellos? ¿Estarían bien? Bueno, eso
probablemente dependía de él. Él había sido el primero en alejarse. Había
abandonado esas amistades, como había abandonado la casa y el equipo.

Bajó las escaleras y salió por la puerta principal, luego recordó que su
camioneta estaba aparcada en el estadio. Gimiendo, se dirigió al centro de la
ciudad, cada paso tirando de los músculos de sus piernas doloridas. Maldita sea,
Clarence. ¿Qué demonios has hecho?

Oyó la conmoción antes de llegar al Broken Spur. Pudo oír la voz


retumbante de Clarence llamando a Colton, preguntando, repetidamente,
dónde estaba. Mierda. ¿Se estaría metiendo en una pelea? ¿Enfrentándose a un
Clarence muy borracho y enojado? No conocía al tipo lo suficiente como para
adivinar.

—¡Colton! —Clarence rugió cuando atravesó la puerta. Tres porteros, dos


camareros y el tipo que supuso que era el gerente del bar miraron a Colton.
Bueno, que se jodan también. Podría simplemente no haber contestado y
dejarles que se ocuparan ellos solos de la mierda de Clarence, de los policías y
de ese dolor de cabeza por su cuenta.
Clarence se acercó a él con pasos tambaleantes, con los brazos abiertos.
Tenía una sonrisa en la cara, pero sus ojos estaban fríos, tan amargos como el
hielo. Los porteros lo siguieron, llevándolo hacia Colton y la puerta. Colton
agarró a Clarence de la manga y lo arrastró hacia afuera, luego lo empujó por la
acera.

Llegaron a diez metros antes de que Clarence se volviera contra él.

—Tú —gruñó. Intentó apuntar con el dedo a la cara de Colton. Falló por
varios centímetros.

Colton metió las manos en la camisa de Clarence y lo empujó hacia el


callejón junto al bar, en la oscuridad y contra los ladrillos.

—¿Cuál es tu maldito problema? —siseó Colton—. ¡Iban a llamar a la


policía por ti! ¿Quieres que te metan en la cárcel por borracho y desordenado?
¿Sabes cómo el entrenador maneja ese tipo de mierda? Te echaría del equipo.

—¡Entonces que lo haga! —Gritó Clarence—. ¡No debería haber venido a


Texas de todos modos! El mayor error que cometí fue decirle que sí al
entrenador.

—¿El mayor error? —Colton volvió a empujar a Clarence contra los


ladrillos—. ¿Qué te pasa? Estás en el mejor equipo de la FBS43. ¿Sabes cuántos
chicos sueñan con tener la oportunidad de vestirse y entrar en ese campo?
¿Cuántos chicos se matan trabajando para tener esa oportunidad? Y a ti te
pidieron que vinieras aquí.

—Sí, ¿y sabes lo que pensé? —Empujó a Colton lejos de él. Señaló al


cielo—. El mejor equipo. —Se dio una palmada en el pecho—. Mejor jugador.
Pasarela fácil a la NFL, pavimentada en victorias. Se suponía que iba a ser una
estrella —rugió—. ¡Y se suponía que no ibas a estar en mi camino!

—¡No estoy en tu camino! Estás en tu propio camino, Clarence. No soy


una amenaza para ti. He terminado. Se acabó. Nunca voy a entrar en la NFL.

Clarence se quedó quieto. Se quedó mirando a Colton como si éste acabara


de decir que tenía un tumor inoperable y que sólo le quedaban días de vida.

43
Subdivisión de fútbol.
—Ya no soy el quarterback. Tú lo eres, o se supone que lo eres. Podrías
serlo. —Empujó el hombro de Clarence. Clarence se balanceó hacia atrás como
si no pesara nada.

—Entonces, ¿qué demonios fue toda esa mierda en la sala de pesas? ¿Por
qué te exhibiste así delante del equipo? ¿Cuál era el puto objetivo para ti:
hacerme quedar mal?

—No lo hice por el equipo. Lo hice por ti.

—¿Por mí?

—Sí, por ti. Tienes un puto gran problema, Clarence. Eres un maldito buen
jugador de fútbol, y eres un gran atleta, pero no eres nada más que eso. Crees
que eres un quarterback, pero no tienes idea de lo que eso significa realmente.
Crees que todo consiste en ser la estrella. —Colton negó con la cabeza—. No es
nada de eso.

El pecho de Clarence subía y bajaba. Se quedó mirando a Colton,


respirando con los labios entreabiertos.

—Cuando eres el quarterback -cuando realmente eres el quarterback- eres


el líder. Eres el tipo al que todos los jugadores miran, dentro y fuera del campo.
Diriges el equipo, y eso no sólo incluye la dirección de las jugadas y la gloria
cuando todo va bien. Diriges al equipo en el campo asumiendo los fracasos más
que los éxitos. ¿Fue un gran pase? Sí, tu receptor lo ha hecho muy bien. ¿Fue
una fantástica jugada de carrera con un buen traspaso? Maldita sea, tu corredor
es increíble. ¿La jugada se vino abajo? ¿La defensa se puso en marcha, presionó
con fuerza? Hombre, no los has leído bien y te han adelantado.

Los ojos de Clarence se entrecerraron.

—Y diriges el equipo fuera del campo amando a esos chicos. Te sacrificas


por ellos, una y otra vez. Eres el primero en el campo y siempre eres el que más
trabaja. Eres el que más sonríe. Eres el más feliz en los entrenamientos. Eres el
tipo en el que piensan cuando no quieren salir de la cama, cuando no quieren
vestirse. Y estás ahí para ellos cuando te levantas de la hierba y te pones de pie
de un salto y les demuestras que ese es el puto punto. Que te levantas de nuevo.
—Su garganta se cerró en torno a sus palabras, y se dio la vuelta, paseando por
el oscuro callejón mientras se pasaba las manos por el pelo. Maldita sea.

—¿Eso es lo que estabas haciendo hoy? ¿Trabajar duro para que el resto
del equipo también lo hiciera?
—Ya lo he hecho antes. —Se volvió hacia Clarence, suspirando—. Pero no,
hoy se trataba de ti. Intentaba mostrarte lo que es dar un paso adelante y ser un
hombre que no abandona a su equipo. No puedes renunciar a ellos. Nunca
puedes hacer eso.

—Si eres tan sabio, ¿por qué no eres el maldito quarterback ahora mismo?
—A pesar de su ceño fruncido, a Clarence le temblaba la voz. Miró hacia el
callejón, con los ojos tratando de prender fuego a un contenedor de basura.

—Porque he renunciado, y ya no merezco liderar el equipo.

La cabeza de Clarence se giró. Miró fijamente a Colton, lo miró de arriba


abajo. —Te lesionaste...

—Y luego no hice lo que debía hacer. No regresé hasta el final, como


debería haberlo hecho.

—¿Por qué? Si se supone que no debes renunciar al equipo, entonces ¿por


qué lo hiciste? ¿Me estás dando una charla que tú no pudiste cumplir?

—Porque encontré algo -alguien- que amaba más que el fútbol. Más que
ser un quarterback. Más de lo que amaba al equipo, incluso. O eso creía.

No esperaba ver simpatía en los ojos de Clarence. Esperaba lástima, o


desprecio. Ridículo. Pero Clarence negó con la cabeza mientras bajaba la
mirada.

—No puedo imaginarme encontrar algo que me guste más que este juego.
—Hizo rozar su zapato contra el pavimento agrietado—. Tiene que ser una gran
puta cosa.

—Yo pensaba que lo era. —Colton se encogió de hombros—. ¿Amas el


juego o amas ser una estrella? ¿Amas las multitudes, o amas a tu equipo?

Clarence negó con la cabeza. —Nunca nadie me había dicho este tipo de
cosas. Siempre fue 'Eres el más grande, Clarence', y 'Vas a llegar lejos, Clarence',
en el instituto.

—Eras el pez gordo en un estanque pequeño. El jugador local estrella.

Clarence asintió.
—Todo el mundo que juega a este juego en la universidad fue el jugador
estrella de su lugar de origen. Ya no eres especial por tu cuenta. ¿Ahora, aquí?
Eres especial cuando trabajas con el equipo y se convierten en algo más grande
juntos.

De nuevo, Clarence asintió. Se quedó mirando el suelo, pateando una


costura con la punta de su zapato. Pero se quedó callado, por primera vez, y
escuchó a Colton.

—La gente piensa que eres un gran jugador, y yo creo que tienes el
potencial para ser un gran quarterback. Pero tienes que quererlo, y si lo quieres,
tienes que empezar a hacer algunos cambios. Tienes que ser el líder que este
equipo merece. Si no lo quieres, ahórrales el dolor y vete ahora. Será mejor para
todos si haces una ruptura limpia. A veces las cosas no funcionan.

—¿Y si decido que sí lo quiero?

—Entonces tienes que empezar a escuchar más. Escuchar al equipo.


Escuchar al entrenador. Diablos, escúchame un poco a mí. La gente que te rodea
quiere ayudarte. Todo el mundo quiere ayudarte a subir de nivel y a ser más de
lo que eres ahora mismo, pero tú te lo tomas como una especie de insulto
personal. ¿Por qué no quieres mejorar? Si no sigues aprendiendo, dentro de
cinco años vas a ser exactamente el mismo jugador de balón que eres hoy. ¿Y
sabes dónde estarás? Jugando al fútbol americano en un aparcamiento y no en
la NFL.

Dejó que Clarence masticara sus palabras. Seguían enterrados en el


callejón, fuera de la vista de la calle principal. Los grupos pasaban junto a ellos,
las voces altas y las risas rebuznantes se filtraban por el estrecho pasillo.
Debería salir. Buscar un bar y encontrar una chica guapa con la que pasar la
noche. O, diablos, perder una hora con ella, alguien que lo mirara y sonriera y
pensara que él estaba bien durante sólo sesenta minutos.

No lo haría. La idea de tocar a otra persona, de ser tocado por otra


persona, se sentó como una nota musical rota dentro de él.

—Está bien —dijo finalmente Clarence—. De acuerdo. ¿Qué quieres que


haga?

Colton se apartó de la calle. —Ve a los entrenamientos mañana por la


tarde preparado para trabajar. Preséntate temprano. Reúnete conmigo en el
campo. Te enseñaré los ejercicios que más me han ayudado. Encontraremos un
paquete para que trabajes cada día. Y podemos hacerlo juntos.
Clarence se apartó de los ladrillos. Se había despejado un poco mientras
hablaban, y esta vez no tropezó tanto al acercarse a Colton. Extendió la mano,
esperando que Colton le chocara los cinco. Cuando lo hizo, Clarence lo atrajo
para darle un rápido abrazo con la espalda.

—Gracias —gruñó al oído de Colton—. Todavía los amas, ¿verdad?

—Siempre lo haré.

Simplemente amaba más a Nick. Y ahora que había sentido cómo era la
vida con esa persona especial, sabía que necesitaba eso. No las multitudes, no la
fama. No un millón de personas que no lo conocían.

Sólo que una persona lo ame.

Al parecer, Clarence terminó su encuentro, su pequeño momento, y apretó


el hombro de Colton y dijo: —Nos vemos mañana, entrenador —antes de salir
del callejón con las manos metidas en los bolsillos. Colton se desplomó contra
los ladrillos al verlo partir.

Había encontrado a alguien a quien amaba más que al fútbol.

Lo que les había dicho a Justin y a Wes con rabia y agonía le vino a la
mente. Desearía no amarlo. Ojalá pudiera cerrar los ojos y olvidarme de él, como él se
ha olvidado de mí.

Si pudiera retroceder en el tiempo y evitar besar a Nick... ¿lo haría?


¿Cambiaría cada momento que habían compartido por volver al campo? Si el
coste fuera perder lo que habían tenido, ¿renunciaría a todos sus días y noches
para volver a vestirse con las protecciones?

No.

Nunca cambiaría el sabor del beso de Nick, o la felicidad que había


encontrado con Nick, incluso si esa felicidad fuera sólo por este verano.

Siguió a Clarence fuera del callejón, pero se volvió hacia la casa de los
deportistas en lugar de dirigirse a un bar. La una de la madrugada lo
presionaba, la última hora de otra noche salvaje en una ciudad universitaria.
Podía oír la música en directo que salía de las puertas abiertas de los bares,
mezclada con risas, vítores y aplausos. La vida, y la felicidad de otras personas,
llenaban el aire. Siguió caminando.
Podría ir hasta el estadio y buscar su camioneta. Volver al motel.
Necesitaba tiempo a solas. Tiempo para contemplar la noche y perderse de
nuevo en sus recuerdos. Tiempo para meditar, lamentarse y desear que todo
siguiera ocurriendo. Que todavía tuviera a Nick en sus brazos.

Escuchó el rugido de un motor a unas calles de distancia. Le recordó el


gruñido gutural del Porsche de Nick, especialmente cuando lo abría en las
autopistas. Como cuando iban a Dallas o volvían de Houston. O cuando Colton
se puso al volante y llevó a Nick a la región del vino. Nick se había quedado
dormido en el asiento del copiloto, y si Colton hubiera sido más valiente
entonces, habría tomado la mano de Nick. Tal vez habrían pasado más tiempo
juntos si hubiera sido más valiente antes.

Los neumáticos chirriaron. Entrecerró los ojos cuando los faros bajos
subieron por la frondosa manzana del West Campus por la que caminaba.
¿Algunos universitarios, conduciendo a casa de forma un poco salvaje? Oyó el
fuerte golpe de los frenos mientras un motor dejaba la marcha y se ponía en
punto muerto. La goma quemada le picó en la nariz. El coche era bajo. Ruedas
anchas. Faros arqueados. Se dio la vuelta. Era demasiado parecido a...

—¡Colton!

Se congeló como si estuviera atrapado en la mirada de un león mientras


un hombre salía del coche y lo dejaba parado en medio de la carretera. Los
pasos golpearon el pavimento.

—Colton —volvió a llamar la voz, atrapada en el medio. Fracturándolo.

En sus sueños, él siempre corría hacia Nick. Corriendo por el campo, o


corriendo para alcanzarlo, o, recientemente, corriendo para perseguirlo
mientras se escapaba. Siempre, siempre él corriendo hacia Nick, pero a la una
de la madrugada, en medio de una calle oscura, Nick corrió hacia él.

Envolvió a Colton en sus brazos, aplastándolo contra su pecho -¿es esto


real, está sucediendo de verdad?-, sus labios bailando sobre la mandíbula de Colton
y sus párpados y la comisura de sus labios. Las manos de Nick estaban por
todas partes, recorriendo los brazos de Colton, bajando por su espalda, en las
manos de Colton mientras lo agarraba.

—Colton —Nick apretó sus frentes, su aliento tembloroso sobre los labios
separados de Colton.
Le zumbaban los oídos y la estática llenaba los bordes de su visión. El
mundo se redujo a un pinchazo. A Nick, de pie frente a él, abrazándolo y
susurrando su nombre, como había rogado y suplicado y llorado cada noche
que habían estado separados.

—Te amo —suspiró Nick—. Colton, te amo. —Le temblaban las manos y
se aferraba a Colton como si creyera que éste iba a desvanecerse. Sus ojos
estaban muy abiertos, llenos de pánico, todo él vibraba con un miedo que
Colton nunca había visto en él—. Me enamoré de ti con tanta fuerza que me
asusté. No creí que hubiera forma de que me correspondieras, no con todo lo
que tienes en tu vida. Así que intenté no permitirme soñar con cosas que nunca
ocurrirían. —Su voz se quebró—. Pero no puedo parar. No puedo dejar de
amarte. Probablemente sea imposible, pero tengo que decírtelo. No puedo pasar
otro día así. No puedo no decirte que te amo. Dios, Colton, te amo, y no quiero
que te vayas nunca. Quiero estar contigo, como sea. Lo que sea que eso parezca.
Haré lo que sea.

—Nick...

—Te he estado buscando. Justin dijo que estabas en la casa de los


deportistas, pero cuando llegué ahí, nadie sabía dónde estabas. Desperté a Wes,
y me dijo que te habías ido y que estabas en un motel en algún lugar. Conduje
por la autopista como si pudiera encontrar en cuál estabas, pero... —Sacudió la
cabeza—. Iba a volver al estadio para esperarte. Iba a esperar toda la noche,
todo el día. No me importaba el tiempo que tardara. Necesitaba verte de nuevo.
Necesitaba decirte la verdad: Te amo, Colton. Y te extraño muchísimo.

Podía sentir el corazón de Nick palpitando contra su propio pecho. Podía


ver el aleteo de su pulso en su cuello. Olió el Irish Spring y sintió la pequeña
cicatriz en el dedo índice izquierdo de Nick, algo que dijo que se había hecho
trabajando en el motor de su coche hace años. Los sueños de Colton eran
vívidos, pero nunca tan vívidos, y siempre se había despertado queriendo más,
anhelando la realidad que no tenía. ¿Qué mundo era éste, en el que Nick corría
hacia él y le susurraba todo lo que Colton quería oír?

—Tal vez llegué demasiado tarde. —La voz de Nick se quebró en un grito
estrangulado—. Lo entiendo. Entiendo si no soy tu elección, Colton. Nunca
imaginé que pudiera compararme con tu futuro. ¿Por qué ibas a quererme
cuando tienes el mundo entero al alcance de tu mano?

Colton negó con la cabeza. —No quería el resto del mundo, Nick. Sólo
quería nuestro mundo.
—Yo también quiero ese mundo. Quiero estar para siempre contigo. —
Nick rozó su nariz con la de Colton. Sus labios estaban tan cerca, tan
jodidamente cerca. Casi se estaban besando, allí mismo en la calle—. Te amo, y
nunca dejaré de amarte. Intenté no enamorarme de ti, y me enamoré más.
Intenté no amarte, y me arranqué el corazón alejándote. Intenté dejarte ir, y he
sentido como si hubiera muerto mil veces cada día desde que te fuiste...

Colton aplastó sus labios contra los de Nick mientras lo envolvía en sus
brazos. Nick se aferró a él, sus cuerpos se alinearon y encontraron todas las
formas en que encajaban perfectamente, como si estuvieran hechos el uno para
el otro: El cuerpo de Nick y el suyo, el corazón de Nick y el suyo, Nick llenando
los espacios vacíos de su alma como él había llenado los espacios vacíos de la de
Nick.

Algo invisible los unía, un lazo que iba de su corazón al de Nick y


viceversa. Ahora estaba maltratado y deshilachado, pero seguía ahí. Seguía
siendo fuerte.

—Nick —suspiró cuando sus labios se separaron. Apretó sus mejillas


juntas y hundió sus dedos en el pelo de la nuca de Nick—. Yo también te amo.

Besó a Nick en la acera, bajo el resplandor del estadio y las luces de la


ciudad, mientras el coche de Nick estaba parado en medio de la carretera, y el
tiempo seguía girando. La agonía de las últimas dos semanas se desvaneció, se
consumió mientras abrazaba al hombre que amaba y mientras era abrazado a
su vez.

Sólo quería ser amado, apreciado y necesitado por una persona en el


mundo.

Y lo era.
Las luces estaban bajas en el apartamento de Nick, pero no tan bajas como
para no ver el bulto en el sofá de Nick cuando entraron. Se quedó en la cocina
mientras Nick cruzaba la sala de estar.

—Oye —escuchó decir a Nick mientras se arrodillaba—. No sabía que


todavía estabas aquí.

Una mano se levantó, alcanzando a Nick, y Colton escuchó la voz


somnolienta de Justin.

—Quería estar aquí para ti por si no iba bien. —Un bostezo quebradizo
cortó cualquier otra cosa que Justin fuera a decir—. ¿Lo encontraste?

—Sí, lo encontré.

—¿Han hablado?

—Sí. Está aquí conmigo. —Colton vio la suave sonrisa de Nick curvarse a
la luz de la luna brillando a través de las ventanas del balcón—. No he visto tu
coche en el garaje. ¿Cómo llegaste aquí antes?

—Caminé. Necesitaba tiempo para pensar. —Otro bostezo—. ¿Debo irme?


Puedo llamar a un Uber. Wes se desmayó de nuevo, así que no puede
recogerme.

—No. —Nick puso la manta alrededor de los hombros de Justin—.


Quédate. Duerme. —Se inclinó hacia delante y besó la frente de Justin. Justin
hizo un ruido, algo entre un gruñido y un ronquido, y luego rodó hacia el
respaldo del sofá. Nick pasó la mano por la cabeza de Justin, con los dedos
recorriendo su pelo, antes de levantarse y volver a acercarse a Colton.

—Esa es una de las cosas que amo de ti. —Colton mantuvo la voz baja—.
Me encanta cómo eres con Justin. Amo el tipo de padre que eres.

Las mejillas de Nick se sonrojaron. Colocó con cuidado las llaves de su


coche sobre el mostrador.

—No creo que sea un buen padre a veces, o incluso un buen hombre. Te
he fallado a ti y también a él. Pensé que estaba haciendo lo mejor que podía
para cada uno de ustedes, pero todo lo que hice fue defraudaros a los dos. —
Extendió la mano y tomó los dedos de Colton entre los suyos. Besando cada
uno de sus nudillos—. Hice daño a Justin al ocultarle esto porque pensé que se
acabaría. Y te hice daño a ti al no decirte que no quería que acabara. Y me hice
daño a mí mismo porque enterré mis propios sentimientos. —Otro beso, esta
vez al dorso de su mano—. Me ocupé tanto de cuidar a otras personas que
olvidé que yo también podía querer, y necesitar, y anhelar. Y después de dejar a
Cynthia... no imaginé que me enamoraría de nuevo. Pero lo hice.

—Lo único que siempre quise más que el fútbol fue que alguien me amara.
—La voz de Colton era pequeña y suave. Su secreto más profundo, puesto al
descubierto para que Nick lo tenga y lo sostenga.

—Te amo, Colton. Siento no habértelo dicho antes. Todas las noches,
después de que te durmieras, me quedaba despierto y te miraba todo lo que
podía. No quería que el día terminara, porque no quería estar más cerca del día
en que te fueras. Tenía que decirme a mí mismo que lo nuestro era sólo el
verano y que sólo éramos una aventura, porque no podía enfrentarme a la idea
de amarte y perderte. Pero todas las mentiras que me dije no importaron. Me
enamoré de ti de todos modos.

—Debería haberte dicho lo que quería —murmuró Colton. Su mirada


recorrió las líneas de los antebrazos de Nick, su piel tocada por la luz de la
luna—. Todo cambió dentro de mí cuando estuve contigo. No sabía qué pensar
ni qué hacer cuando me enamoré de ti. Lo único que sabía con certeza era que te
amaba y que quería una vida contigo. Pero no sabía cómo hacerlo realidad.

Nick rodeó con sus manos la nuca de Colton. Sus dedos jugaron con los
cortos mechones de su pelo.

—Empecemos de nuevo, sin ocultarnos nada.

Colton asintió. Besó el interior de la muñeca de Nick, sobre sus venas y


delicados tendones.

Las manos de Nick ahuecaron sus mejillas. —¿Vienes a la cama? Está


demasiado vacía sin ti.

Colton conocía de memoria el camino a la cama de Nick y lo condujo hasta


allí, dejando a Justin y sus ronquidos en el salón. Se tiró al colchón con Nick sin
romper su beso, y luego se subió a la cama mientras Nick se sentaba a
horcajadas sobre él y empezaban a quitarse la ropa mutuamente.
—Llevas mi camiseta favorita —murmuró Nick—. Bueno, en realidad no
es una camiseta. Te falta la parte T de la camiseta44.

Colton sonrió mientras tiraba la camiseta cortada al suelo. —Quiero ver


cómo te la pones. —Sus manos se deslizaron por la espalda desnuda de Nick, y
dejó un chupón en el pectoral de Nick mientras éste luchaba por quitarse los
jeans, gimiendo y descoordinado, intentando sujetar a Colton hacia él y
desnudarse al mismo tiempo.

Entonces Nick lo empujó hacia atrás y descendió sobre Colton,


arrancándole los pantalones cortos deportivos por las piernas y llevándose su
pene a la boca. Colton gimió, con la columna vertebral arqueada, los muslos
temblando, las manos deslizándose en el pelo de Nick mientras empujaba en la
boca caliente de Nick hasta que su eje golpeó la parte posterior de la garganta
de Nick. Nick gimió y los pensamientos de Colton desaparecieron. Los labios y
la lengua de Nick se deslizaron alrededor de él, resbaladizos por la saliva, y
succionaron con fuerza alrededor de su longitud, siendo succionado un poco
más por la garganta de Nick con cada deslizamiento. Los dedos de Colton se
clavaron en el cuero cabelludo de Nick, tirando de su pelo mientras grababa a
fuego en su cerebro la visión de Nick con los labios envueltos alrededor de su
necesitada erección.

Nick empujó los muslos abiertos de Colton hacia arriba, doblándolo por la
mitad para que Nick pudiera sumergirse en su culo. Nick lo devoró, y la
columna vertebral de Colton se derritió mientras sus huesos ardían. Jadeaba,
con la cabeza revolviéndose en la almohada de Nick. Se mordió el labio,
tratando de contener sus gritos. Justin estaba cerca. Y sí, Justin parecía estar de
acuerdo con ellos ahora, pero había una diferencia entre estar de acuerdo con
algo y escuchar a tu padre follándose a tu amigo a través del colchón.

Había pensado que esa noche iba a ser el comienzo de mucho más para
ellos, y ahora que estaba de vuelta en los brazos de Nick, quería sentirlo tan
cerca como fuera posible. Rebuscó en la mesita de noche de Nick, tirando el
despertador y el reloj de Nick al suelo antes de encontrar el frasco de lubricante.
Lo arrojó sobre el colchón y lo puso al alcance de Nick.

Dos dedos resbaladizos se deslizaron dentro de él. Agarró su almohada -


arrugada, como si hubiera sido sostenida contra el pecho de Nick, como si Nick
hubiera hecho exactamente lo mismo que Colton- y se la puso sobre la cara,

44
En el original T-shirt (camiseta), que lleva la letra “T” por la forma de un cuerpo y mangas. Al
mencionar que le falta dicha T, hace referencia a la camiseta sin mangas de Colton.
gritando hacia el abajo. Los labios volvieron a envolver su pene mientras los
dedos de Nick se enroscaban hacia su próstata.

Un infierno se disparó por su columna vertebral, un fuego que intentaba


ahogarlo y consumirlo a la vez. Jadeó. Apartó la almohada y miró a Nick,
observándolo mientras movía sus dedos dentro de Colton. Sus ojos se
encontraron. Un tercer dedo se deslizó dentro. Nick chupó a Colton casi hasta el
pubis.

—Ahora —suplicó Colton—. Ahora, Nick, por favor.

Nick pasó la lengua alrededor de la cabeza antes de retirarse. Mantuvo sus


dedos dentro del culo de Colton mientras buscaba el lubricante, pero lo dejó
caer, su mano temblaba demasiado para lubricarse, y la botella rodó hacia
Colton.

Colton lo agarró. Se echó una pequeña mancha de aceite en la palma de la


mano, pero no existía tal cosa como demasiado lubricante. Se inclinó y pasó su
mano empapada sobre la longitud dura como una roca de Nick.

Nick gimió, respirando con dificultad, en breves jadeos como si tratara


desesperadamente de controlarse. Sus dedos se enroscaron de nuevo,
clavándose en la próstata de Colton hasta que el mundo de éste se volvió
blanco. Cayó de espaldas, con un grito insonoro saliendo de él mientras arañaba
el colchón.

Se quedó vacío por un momento, y luego Nick estaba allí, con su pene en
el culo de Colton mientras caía hacia delante y atrapaba a Colton entre sus
brazos. Sus frentes descansaban juntas, los ojos clavados en los del otro, los
labios rozándose con cada respiración agitada.

Y entonces Nick presionó dentro de él, facilitando todo el camino hacia


adelante. Como si estuviera volviendo a casa.

Se tragaron los gemidos del otro, su beso era tan profundo que Colton
respiraba el oxígeno que Nick exhalaba. Dios, estaba tan jodidamente lleno de
Nick, exactamente de la manera que deseaba. Nick encima de él, Nick dentro de
él en todos los sentidos. Rodeó el cuello de Nick con sus brazos y se estremeció.
Nick empujó suavemente en el culo de Colton. Maldijo al romper el beso,
cerrando los ojos mientras hundía su frente en la de Colton.

—Estoy tan cerca.


Colton iba a correrse en cualquier momento. Le dolía la erección, dura y
pesada contra su estómago. Sus bolas ya estaban enviando señales de
advertencia, y sentía el apretón de su orgasmo creciendo dentro de él. Iba a
correrse sin siquiera tocarse. Se iba a correr porque Nick le estaba haciendo el
amor.

Nick lo besó de nuevo, empujando con movimientos largos y profundos


que entraban hasta el fondo antes de deslizarse hasta casi el final. Colton inclinó
la cabeza hacia atrás, susurrando el nombre de Nick al cabecero mientras el
placer bailaba bajo su piel, desde los dedos de los pies hasta las yemas de los
dedos, y luego corría hacia su pene. Rodeando su vientre y cayendo en sus
bolas.

—Me voy a correr. Nick, me voy a correr...

Se arqueó, y se apretó, y comenzó a gritar, pero Nick capturó sus labios en


un beso mientras se deshacía en los brazos de Nick. Nick empujó a través del
orgasmo de Colton, y luego fue su turno de amortiguar un grito en su beso
mientras su calor húmedo se derramaba dentro de Colton.

—Colton —jadeó, rozando besos con la boca abierta por su frente, su


barbilla, su cuello. Los labios de Nick se posaron en su pulso palpitante—. Te
amo —susurró Nick—. Y debería habértelo dicho la primera vez que hicimos el
amor.

Colton rodeó a Nick con sus brazos y piernas. —Lo estuve pensando todo
el tiempo. Juro que pensé que estaba pensando tan alto que podías oírme como
si estuviera gritando.

—Ojalá lo hubiera hecho.

Besó a Nick, suavemente. Con ternura. —¿Me dirás que me amas todos los
días?

—Lo haré. Lo prometo.

Ya eran casi las tres de la madrugada, pero se quedaron hablando,


acostados de lado y uno frente al otro, con las manos acunando las mejillas y los
dedos deslizándose por el pelo del otro. Hablaron de su futuro, de cómo podría
ser cuando construyeran una vida juntos.

—Te seguiré a cualquier parte —susurró Nick—. A cualquier equipo de la


NFL. A cualquier lugar que vayas.

—No voy a entrar en la NFL. No voy a jugar al fútbol profesional.

—¿Estás seguro? Sé que puedes volver a donde estabas…

—Eso ya no es lo que quiero. Y no es por mi hombro. Sí, podría volver a


donde estaba, pero... no quiero. En cambio, quiero pasar ese tiempo contigo.
Una de las verdades secretas del juego es que no puedes tener otra vida que no
sea el fútbol. Nunca entendí por qué eso le molestaba a Wes. Hasta ahora.

Nick pasó sus dedos por la mejilla de Colton. —¿Qué quieres?

—Todavía no lo sé. Le pedí a Kimbrough un trabajo. Quería escapar y


pensé que podría ir a trabajar a una plataforma petrolífera. —Los ojos de Nick
se abrieron de par en par—. Me dijo que no. Dijo que no me quería en las
plataformas, pero que si superaba este año, me daría el trabajo que quisiera.

—Serías increíble con Kimbrough. Tú y él serían un equipo fantástico.

—Él, eh... sabe lo nuestro. Se lo imaginó. Dijo que nos mirábamos como si
estuviéramos enamorados.

Había pensado que a Nick le molestaría más que Kimbrough supiera que
estaba saliendo con Colton, pero lo único que hizo fue sonreír.

—Es un hombre extremadamente perceptivo. Vio exactamente cómo te


miraba.

—Yo también hablé con Clarence esta noche. Estaba caminando a casa
después de sacarlo de un posible arresto cuando me encontraste. Le dije
algunas verdades duras. Creo que va a tratar de escuchar a partir de ahora.
Puede que decida ser entrenable. —Acercó su muslo a Nick, deslizándolo entre
las piernas de éste—. Creo que podría gustarme entrenarlo.

—Podría verte como entrenador. —Nick besó a Colton y pasó la palma de


la mano por la cadera de Colton—. Podría verte haciendo lo que quieras y
teniendo éxito -no, sobresaliendo- porque ese es el tipo de persona que eres,
Colton.
Un año, había pensado. Un año para convertirse en el hombre que quería
ser.

Sonrió a Nick y se acercó, juntando sus cuerpos mientras acunaba la


mejilla de Nick y le devolvía el beso. Nick gimió y apretó sus caderas, su pene
cada vez más duro, contra la ya dura longitud de Colton. Colton se puso de
espaldas y tiró de Nick sobre él, sus manos se deslizaron por la columna
vertebral de Nick hasta sus caderas y luego hasta su culo. Apretó, meciéndose
dentro de Nick mientras profundizaba su beso.

Le gustaba el Colton Hall que había empezado a descubrir. El hombre en


el que se estaba convirtiendo. Quería conocer a ese Colton, saber más de él. Lo
que constituía su vida, su felicidad y sus sueños. Quería verlo en el espejo y
estar orgulloso de él, de las decisiones que había tomado y de la vida que estaba
viviendo.

Una vida que viviría con Nick.

Finalmente se agotaron, y él se quedó dormido con la cabeza sobre el


pecho de Nick, los latidos del corazón de éste golpeando bajo su oído y la mano
de Nick en su pelo. El día irrumpió en el dormitorio demasiado pronto. Colton
se apretó en el pecho de Nick para esconderse de los penetrantes rayos, y Nick
lo abrazó mientras sacaba otra hora de sueño de la mañana bañada por el sol.
Finalmente, después de besarse para despertarse, salieron de la cama y se
dirigieron a la cocina.

Justin ya se había levantado y estaba preparando café. Tenía tres tazas en


la encimera y estaba en proceso de llenarlas todas. Levantó los ojos y su mirada
se fijó en la de Colton durante un largo momento.

—Buenos días, Colton —dijo finalmente. Empujó una taza de café y el


azucarero por la encimera de la cocina.

—Buenos días, Justin. —Sonrió y tomó el café.

Justin luego le entregó una taza a Nick, y cuando lo hizo, Nick tomó la
otra mano de Justin y la apretó, sosteniendo a su hijo por un largo momento.
Algo pasó entre ellos, y Justin asintió con la cabeza a su padre, sonriendo
suavemente mientras entrelazaba sus dedos antes de soltarse. Se dejó caer
contra la nevera con la última taza.
—Así que, papá, Wes y yo vamos a empezar a planificar la boda. Vas a
ayudar, ¿verdad?

Colton se atragantó. Tosió, su café se fue por la tubería equivocada.

—¿Boda?

—Wes me propuso matrimonio. Esta vez de verdad. —Justin sonrió—.


Con algo más que un balón de fútbol.

Las miradas de ambos se dirigieron a las manos de Justin. Sus dedos


anulares estaban desnudos.

—Estamos guardando los anillos para la boda. Me pondré su anillo el día


que me case con él. —Sus ojos brillaron, algo profundo pasando por su mirada.

—Por supuesto, me encantaría ayudar —dijo Nick—. Ayudaré en todo lo


que quieras.

—Bueno, primero, tenemos que elegir un esquema de color. Estaba


pensando en marrón cacao y rosa ballet…

—¿Las bodas no son blancas?

—Papá. —Justin miró por encima del borde de su taza de café. Puso los
ojos en blanco hacia Colton—. Vas a tener que lidiar con esto, ¿sabes?

—¿Yo?

—¡Sí, tú! Te apuntaste a cargar con todo este paquete. —Justin hizo un
gesto con la mano hacia su padre al tiempo que decía todo. Sin embargo, sonrió,
suavizando sus palabras, y le guiñó un ojo a Nick—. También estaba pensando
en el caoba y el amarillo ranúnculo. Puede que me guste más que el rosa ballet.
—Se golpeó la barbilla con un dedo—. Decisiones, decisiones.

—Me gusta ese —dijo Colton—. Creo que un amarillo suave quedaría
bien.

—Colton. —Justin lo miró fijamente a los ojos—. Conoces a Wes. Sabes


que es incluso peor que mi padre. Si el color no viene de una caja de Crayola, ni
papá ni Wes saben que existe, así que tú y yo podríamos terminar planeando
toda esta boda juntos.
Sonrió. —Me apunto a eso.

Justin sonrió y puso su taza de café vacía en el fregadero. —Bueno, tengo


que ir a despertar a mi prometido de entre los muertos. Anoche durmió en tu
cama, Colton, y me temo que nunca podré sacarlo de ahí. Gastaste en ese
colchón como parte de tu programa de estudios, y Wes siempre ha estado
celoso.

—Pueden mudarse a mi habitación si quieren. Creo que me voy a quedar


aquí por un tiempo. —Volvió la cara hacia Nick, arqueando la ceja.

—Por favor, múdate de vuelta. —Nick entrelazó sus dedos sobre la


encimera—. No se sentía como un hogar hasta que tú estuviste aquí.

—Admítelo —bromeó—. En realidad sólo quieres recuperar la


PlayStation.

Nick lo besó. —Te quiero de vuelta. Aceptaré la PlayStation. Pero tenemos


que conseguir un soporte o algo para que no esté en el suelo. Los cables estaban
por todas partes.

—También tengo que traer mi reposapiés de carga. Seguro que te


encantará. Es ergonómico.

—Oooo-kay —dijo Justin. Su mirada pasó de sus manos unidas a sus


narices rozadas, sus sonrisas reflejadas—. Es hora de que me vaya. —Dejó caer
un beso en la mejilla de su padre y puso su mano sobre las suyas unidas,
apretando una vez, a la velocidad del rayo—. Tengo ensayo de baile esta tarde,
papá, pero estaré en el estadio para la última parte del entrenamiento. ¿Quieres
que nos veamos allí?

—¿Puedo ir a tu ensayo y luego podemos ir juntos al estadio?

Las mejillas de Justin se sonrojaron. Sus ojos se dirigieron a Colton, y


luego se alejaron. —¿Estás seguro?

—Sí. —Nick apretó la mano de Colton. Colton sonrió. Nick era a la vez el
padre de Justin y el amante de Colton, y funcionaba.

—Genial. —Justin se encogió de hombros, tratando de mantener la


despreocupación. Sin embargo, sus ojos brillaron y no pudo reprimir la sonrisa
que atravesaba su fría fachada. Con él, había mucho ruido, pero Colton había
aprendido que eran más los momentos de silencio, y lo que Justin hacía que lo
que decía, lo que hablaba de lo que realmente pensaba y sentía. Había hablado
mucho cuando se mudó a la casa de los deportistas, pero también se lanzó a
cocinar la cena y a unirse a las sesiones de estudio, convirtiéndose en uno de
ellos casi de la noche a la mañana.

También se había quedado para hacer café y darle los buenos días a
Colton.

—Suena bien, papá. Nos vemos luego.

Cuando Justin se fue, Colton se inclinó hacia Nick, apoyando su mejilla


sobre su corazón palpitante. Nick le besó la parte superior de la cabeza.

—¿Podemos ir a sacarte de ese motel hoy? Quiero que vuelvas a casa.

Acarició el cuello de Nick. Sonrió tan fuerte que le dolieron las mejillas.

—Sí. Volver a casa suena genial.


Smokings y manteles, de nuevo.

Esta vez, los candelabros de plata, algunos de hasta dos metros de altura,
se alzaban como centinelas sobre la sala de banquetes y la pista de baile. Un
colorante de seda crema caía en cascada desde el techo de tres pisos entre las
enormes ventanas arqueadas. La luz de la luna se mezclaba con la de las velas y
las brillantes lámparas de araña mientras las parejas se balanceaban al son de la
banda.

Él y Justin lo habían conseguido, con un poco de ayuda de Wes y Nick.


Habían logrado lo que Justin llamó "la boda de su vida" y lo que ESPN dijo que
era "la boda más importante de la NFL".

Habían elegido madera de roble, crema y amarillo ranúnculo. Justin había


abrazado el encanto de Texas, llenando la ceremonia y la recepción de rosas
amarillas. Rosas amarillas colocadas sobre viejas ramas de roble fueron los
centros de mesa, con velas de té dispersas que proyectaban un brillo dorado en
las caras de todos. Justin y Wes llevaban boutonnieres45 de rosas amarillas con
aliento de bebé, junto con, inexplicablemente para Colton, ramitas de lavanda.
Justin también había repartido ramos de lavanda por todo el salón de
recepciones, y el arco bajo el que se casaron estaba tejido con rosas blancas y
amarillas y toques de lavanda.

Como padrinos, Nick y Colton también habían llevado rosas amarillas.


Sus fajas eran amarillas. Las de Justin y Wes eran blancas. Nick bailó el baile de
padres e hijos con Justin antes de que Wes interviniera y tomara a Justin en sus
brazos para su primer baile juntos como marido y marido.

En realidad había dos bodas previstas. En dos meses, Justin y Wes iban a
celebrar su segunda boda, más pequeña, con la familia y los amigos más
cercanos, en el rancho del oeste de Texas. Iba a ser un acontecimiento de una
semana de duración, con sus seres queridos acudiendo a celebrar el comienzo
del resto de sus vidas. Celebrar también, para entonces, el nuevo equipo de la
NFL de Wes.

45
Justin quería una boda antes del draft, y ni él ni Wes querían invitar a
todos los peces gordos a la recepción íntima que querían en el rancho. En su
lugar, organizaron una gran fiesta en la ciudad e invitaron a todo el mundo. A
todo el mundo, incluso a gente que Justin y Wes no conocían ni les importaba
conocer, como el presidente de la universidad, el director de marketing y el jefe
del departamento de deportes. El jefe de ESPN y el comisionado de la NFL,
también. La primera boda de un jugador gay de la NFL tenía que ser
perfectamente atendida.

Hace dos años, si a Colton le hubieran puesto una pistola en la cabeza y le


hubieran preguntado cuál de los dos -él o Wes- iba a entrar en la NFL, habría
imaginado que las cosas saldrían exactamente al revés de como habían salido.

Wes había dejado claro que iba a entrar en el draft de la NFL al finalizar la
temporada de Texas. Él y Justin se lo dijeron primero a Nick y Colton. Al
parecer, el verano en el rancho había reavivado el amor de Wes por el oeste de
Texas y las tierras de su familia, y Justin -sorprendiendo a todos- también se
había enamorado de la vida en el rancho. Habían trazado un plan mientras
estaban sentados en la cima de una colina: unos años en la NFL para ahorrar, y
luego iban a comprar el rancho y a invertir en él todo el dinero que necesitara.
Construirían otra casa allí, cerca de la de Graham -la casa de la infancia de Wes-
y serían rancheros y, en el caso de Justin, también enfermero de urgencias a
tiempo parcial. Tenían sus vidas planificadas, años trazados hasta el futuro. Los
dos irradiaban una alegre seguridad en sus decisiones.

Colton estaba encantado por ellos. ¿Y él y Nick? Se habían dicho para


siempre y se habían dicho te amo, pero todavía tenían que navegar por el día a
día. Su corazón había ido a mil por hora la primera vez que tocó a Nick en
público como lo haría un novio.

No salieron tanto como... no se quedaron dentro. A Colton no le parecía


bien hacer una declaración y salir como algo que no sabía si era. No sabía si era
gay o si era bi, porque no había nadie más a quien quisiera o deseara. Era Nick-
sexual, bromeaba.

La verdad era que se había enamorado, y no le importaba que Nick fuera


un hombre.

Sus antiguas sesiones de cerveza de los jueves por la noche se convirtieron


en citas dobles dos veces por semana, y si Colton pensaba que iba a ser
incómodo tener una cita con Nick delante de su hijo... en realidad no lo era en
absoluto. Tenía que darle a Justin el crédito por eso. Colton había estado
nervioso, y Nick también, pero Justin actuó como si no pasara nada cuando
Nick puso su brazo sobre el respaldo de la silla de Colton o cuando Colton
tomó la mano de Nick encima de la mesa después de la cena.

La gente captó su relación en oleadas. Cuando guardó todas sus cosas en


una caja y se mudó completamente de la casa de los deportistas, sus amigos
quisieron saber por qué y a dónde iba, y él les dijo que se iba a vivir con Nick.

—¿Te refieres al padre de Justin? —había preguntado Art—. ¿Estás


alquilando una habitación con él?

—No. No me voy a mudar así.

Los ojos de Art se habían vuelto tan grandes como el sol, y su mandíbula
cayó mientras miraba a Colton durante un minuto completo.

—Yo... no sabía que tú...

—Yo tampoco. —Se encogió de hombros mientras terminaba de


empaquetar una caja y sellaba la tapa—. Fue una sorpresa para mí cuando
ocurrió.

—Apuesto a que fue una sorpresa para Justin, también. ¿Están bien?

—Sí, lo estamos ahora. Nos costó un minuto. Pero estamos bien.

—Bien. —Art había entrado en la habitación de Colton -la de Wes y Justin,


en cuanto sacó sus cosas- y extendió el puño para chocar—. Consíguelo, Sugar
Baby. Te has encontrado un Daddy, sí.

Se había reído, y Justin había aparecido en la puerta de la habitación justo


a tiempo para escuchar lo que dijo Art.

—Nunca, jamás, vuelvas a decir eso —había dicho, agarrándose el pecho


como si tratara de contener el vómito—. Mi papá. No es. Un Daddy.

—Quiero decir... —Art levantó las manos—. Él es, por definición, un


Daddy. Y sólo digo que a Colton aparentemente le gusta un poco de sal46 en su
amor...

—Oh, Dios. Necesito aire. —Justin había huido mientras Colton caía de
lado entre risas impotentes, y Art salió tras Justin para seguir burlándose de él.

46
Slang. En referencia a una persona muy mayor o alguien que ha vivido durante muchos años.
Había enlazado a Orlando en el camino, enganchando su brazo a través del
codo de Orlando y arrastrándolo hacia atrás hasta el antiguo dormitorio de Wes
y Justin. Colton oyó el "No jodas" de Orlando y el graznido indignado de Justin,
y luego el coro de "Father Figure47" hizo temblar las paredes.

Después de eso, todos en la casa lo supieron.

El equipo se enteró después del entrenamiento de septiembre, cuando


Colton saludó a Nick con un beso, allí mismo, en la banda, después de trabajar
con Clarence en ejercicios de pase. Sus amigos habían silbado mientras el resto
del equipo se quedaba mirando. Dos jugadores, que miraban a Colton en lugar
de a su ruta, chocaron entre sí. Sin embargo, todos se alegraron por él. Tan
contentos, que le pusieron el apodo de Sugar, por sugar baby. Muchas gracias,
Art.

Los medios de comunicación lo recogieron lentamente. Los titulares se


filtraron primero en los blogs más pequeños. "Ex quarterback Colton Hall visto en
un abrazo íntimo con un hombre mayor".

"El padre del novio de Wes Van de Hoek seduce al ex quarterback de Texas".

"¿Fue Wes Van de Hoek quien encubrió al verdadero jugador de fútbol tejano
gay?"

Más allá de los blogs, algunos foros de mensajes y las secciones de


comentarios de los artículos, a nadie en la industria del deporte parecía
importarle. Colton había dejado claro, a principios de la temporada, que no se
estaba recuperando de forma agresiva y que no pensaba presentarse al draft ni
intentar incorporarse a la NFL como agente libre. Su carrera futbolística había
terminado, y estaba colgando sus almohadillas. Y como no se dirigía al
estrellato... a nadie le importaba lo que hiciera con su vida. Nadie quería
grabarlos a él y a Nick después de los entrenamientos, como la universidad
seguía acosando a Wes y Justin. ESPN no querría enviar un camarógrafo para
grabar su boda.

Lo cual estaba bien para él.

Hizo girar a Nick y luego fue girado a su vez, y se juntaron mientras la


canción se elevaba hasta el final, el cantante aguantando la última nota mientras
el baterista se dedicaba a tocar los platillos y el bombo. Todo el mundo aplaudió
cuando el brazo de Nick se enrolló alrededor de su cintura.

47
Figura paterna: https://youtu.be/udE2vD1tMSI
—¡Nick!

Se giraron juntos y vieron a Kimbrough guiando a una escultural mujer


con un vestido plateado por la pista de baile hacia ellos. Kimbrough llevaba un
traje azul marino y se había puesto su mejor Stetson gris niebla, para hacer
juego con su mujer, según había dicho. Su esposa era la clásica tejana, recatada
y dominante a partes iguales, y tenía a Kimbrough entre sus dedos tachonados
de diamantes. Sonrió a Nick y a Colton cuando ella y Kimbrough se acercaron.

—Infierno de fiesta, Nick. —Kimbrough apretó la mano de Nick—. Una


boda preciosa. Casar a tu hijo siempre es un gran día. —Le guiñó un ojo a su
esposa—. El día de la boda de tu hija, en cambio...

—Silencio. —Su mujer le dio un manotazo en el brazo. Sin embargo,


sonrió ante algún recuerdo de las décadas de vida que habían compartido.

No puedo esperar a tener ese tipo de recuerdos con Nick.

—Entonces, ¿ustedes dos van a tener un hijo propio? —Kimbrough


sonrió—. ¿Van a ensamblar y formar una familia juntos?

Colton se quedó boquiabierto. Los ojos de Nick se abrieron de par en par.

—Uh... —Nick sonó como si le hubieran dado un golpe en el estómago.

—¡Eres joven, Nick! —Kimbrough le dio una palmada en el hombro a


Nick—. Tienes mucho tiempo para tener un hijo o dos con Colton.

—¡O dos!

—Estoy seguro de que a Justin le encantaría tener hermanos. —


Kimbrough guiñó un ojo—. Colton, ¿estás listo para venir a trabajar para mí?

Había mantenido un estrecho contacto con Kimbrough durante los


últimos ocho meses, desde que se encontraron en Waco. Kimbrough se había
puesto en contacto primero, preguntándole cómo se encontraba y felicitándole
por la victoria de Texas esa semana. Habló de lo fuerte que se veía Clarence
Hobbs, diciendo que ya podía ver la influencia de Colton en acción.

Colton le dijo que Clarence había dado un giro y estaba ansioso por
aprender todo lo que pudiera, como si fuera una esponja que pudiera absorber
los años de experiencia de Colton. Llegaba temprano a los entrenamientos,
incluso antes que Colton, y pasaba horas perfeccionando su forma. Sus cinco
pasos, sus siete pasos. Su ritmo. Su liberación. También su precisión, hasta que
pudo lanzar un balón con láser de un extremo a otro del campo y dar en el
blanco de un objetivo. Y después de su siguiente victoria, salió al campo y no
tuvo más que elogios para sus compañeros de equipo, destacando a miembros
del ataque y de la defensa por sus excepcionales jugadas.

Nada sucedió de la noche a la mañana, y Clarence no se convirtió


mágicamente en Colton en la tercera semana. Todavía se tambaleaba en los
partidos y todavía necesitaba más tiempo para reaccionar a las configuraciones
defensivas para no sucumbir al pánico cuando el juego se convertía en una
lucha. Pero Texas ganó la mayoría de sus partidos, y aunque no defendió el
título nacional, ganó su partido de la bowl y se clasificó entre los cinco primeros
de la liga. Cada uno de los seniors que querían tener temporadas destacadas
antes del draft de la NFL lo hicieron.

Colton jugó su último partido la última semana de la temporada. Por fin


se había recuperado, gracias a la combinación de un régimen de fisioterapia
lento y constante y su entrenamiento diario con Clarence, hasta el punto de que
tanto él como el entrenador consideraban que podía aguantar un partido
entero. Cuando lo anunciaron como titular, todo el equipo aplaudió, gritando y
vociferando en la sala de reuniones del equipo durante cinco minutos, hasta
que el entrenador les dijo que se callaran o correrían diez millas. Incluso
Clarence se alegró por él. Le echó el brazo al cuello a Colton y le dio un beso
desordenado en la mejilla. —Te mereces esto. Te mereces mucho más, también,
pero especialmente te mereces esto.

Había conducido a su equipo al campo de Texas frente a cien mil


aficionados que gritaban su nombre. Él y Wes se detuvieron en la línea de
cincuenta yardas, y él saludó y saludó y saludó a la multitud hasta que las
lágrimas rodaron por sus mejillas.

Fue como una magia, volver a salir al campo. La hierba recién cortada, el
balón de cuero calentado por el sol. El chirrido de las protecciones y el crujido
de los botines. Sus compañeros de equipo rodeándolo, apoyándose unos a otros
en cada jugada, en cada momento. Su sangre bombeaba, sus músculos
palpitaban. Esto era lo que había amado durante tantos años.

A finales del segundo cuarto, conectó con Wes en un pase inclinado que
condujo a una escapada, y Wes corrió treinta y seis yardas hasta la zona de
anotación. Los aficionados enloquecieron, y él corrió por el campo tras Wes
para saltar a sus brazos. Era su momento, y él aprovechó cada molécula que
pudo: La sensación de Wes y él juntos en la zona de anotación. El resto de su
equipo animándole, dándole palmadas en la espalda y en el casco, todos los
grandes levantándole en el aire. El rugido de la multitud y la sonrisa en la cara
del entrenador. La sensación en su pecho.

Y cuando él y Wes corrieron hacia la línea de banda, vio a Nick y Justin


juntos en las gradas, sonriendo hacia ellos. En su momento, su momento
perfecto, se había vuelto hacia las gradas y había encontrado al hombre que
amaba.

Su amor y su futuro se desplegaron entre ellos, para siempre y la felicidad


y todos sus sueños con Nick.

Era el último partido de él y Wes juntos, y eso acabó siendo también su


última anotación. Cuatro años juntos, compañeros de equipo y mejores amigos
y hermanos, desde que se conocieron como estudiantes de primer año en
aquella reunión de introdución del equipo hasta que pasaron horas en el
campo, antes y después de los entrenamientos, durante las vacaciones y el
descanso de verano y bajo la lluvia cegadora o el viento rugiente. A través de la
tristeza y la desesperación y las lesiones, la soledad y la angustia y el
reencuentro. A través de todo, juntos.

Él y Orlando conectaron en el tercero, y luego Dante atrapó un pase y


corrió el balón hacia atrás para el tercer touchdown de Texas. Ganaron el
partido, y cuando cayó el confeti, Colton se situó en el centro del campo y dejó
que lloviera sobre él.

Hasta que Nick cruzó el campo y tomó la mano de Colton, y el confeti


cayó sobre ambos. Todo el equipo estaba allí, con todos sus seres queridos, y él
y Nick eran sólo dos personas en un mar de humanidad.

—Te amo —había susurrado Colton, en medio del estadio, en medio del
campo.

—Yo también te amo —le había susurrado Nick.

Después del partido de la Copa, la vida se ralentizó. Él y Kimbrough


hablaron más. Kimbrough los invitó a él y a Nick a su fiesta de Año Nuevo en
su finca de las afueras de Houston. Nada con Kimbrough era pequeño o
modesto, y la fiesta acabó siendo la noche más glamorosa que había
experimentado, algo parecido a lo que se imaginaba que eran los Oscar en
Hollywood. Él y Nick fueron juntos, y fue su segunda salida pública como
pareja, después de la fiesta de empresa de Nick.
Al llegar la primavera, el entrenador lo llamó a su despacho y le hizo una
oferta: un puesto de ayudante de postgrado, un puesto a tiempo completo en el
cuerpo técnico como ayudante del entrenador de quarterbacks y una plaza en
uno de los codiciados programas de postgrado de dimensiones humanas que
comenzaban en otoño.

Nick se había emocionado por él, casi tanto como Kimbrough cuando se lo
dijo por teléfono. Había pensado que tal vez Kimbrough se irritaría, ya que
cada vez que hablaban le preguntaba a Colton cuándo iba a trabajar para él,
pero se había dado cuenta de que todo eso formaba parte del afecto de
Kimbrough: un diluvio de una manguera de bombeo de atenciones
grandilocuentes y burlas suaves, siempre a todo volumen.

Sacudió la cabeza mientras sostenía la mirada de Kimbrough.

—Todavía no he decidido el puesto de entrenador —dijo—. Todavía lo


estoy pensando.

Tenía elecciones, opciones, futuros frente a él. Nunca pensó que tendría
diferentes caminos para elegir, pero aquí estaba, planeando su futuro en
conjunto con Nick. Planeando una vida para nosotros, no para mí.

—Bueno, ¿qué demonios tienes que pensar? Sólo convertiste a ese tipo
Hobbs de un mal perdedor y un bastardo a uno de los mejores quarterbacks de
la liga. Dale dos años, y podría ser tan bueno como tú. Especialmente si puedes
seguir entrenándolo.

Seguir entrenando a Clarence tenía cierto atractivo. Tuvo que reírse al


pensar eso. Cómo habían cambiado las cosas.

Qué diferencia hacía un año.

—Sabes que siempre podrás llamarme. —Kimbrough le tendió la mano a


Colton y luego a Nick—. A los dos. Es un honor llamarlos amigos.

Colton no tenía ni idea de qué decir a eso, pero Kimbrough lo salvó de su


incómoda búsqueda de palabras.

—Si me disculpan, caballeros. —Se quitó el sombrero y guió a su mujer de


vuelta a la pista de baile mientras empezaba una canción lenta.

Nick le tendió la mano. —¿Bailas conmigo?


Se deslizaron hasta el centro de la pista, pasando por delante de
Kimbrough y su esposa. Ya se miraban a los ojos, como si fueran los recién
casados de la noche y no estuvieran trabajando en su cuarta década juntos.

Hablando de recién casados. Colton estiró el cuello y vio a Justin y Wes,


bailando juntos cerca de la banda en la parte delantera de la pista de baile.
Tenían los ojos cerrados y sus rostros estaban tan cerca que sus labios se
rozaban en un beso interminable. Justin sonrió y Wes también lo hizo, sus
cuerpos se movían en perfecta sincronía.

Nick entrelazó sus dedos y besó el dorso de su mano. Acercó a Colton, tan
cerca como Wes y Justin estaban bailando, y presionó sus labios contra el dedo
anular de Colton.

—Eso podríamos ser nosotros algún día —dijo Nick en voz baja.

El corazón de Colton tronó. Nick todavía le robaba el aliento, todavía


hacía que su mundo girara en mil direcciones diferentes. Todavía lo hacía
pellizcarse para asegurarse de que no estaba soñando.

—¿Quieres casarte de nuevo?

—¿Contigo? Sí, quiero.

Se quedó quieto, con la piel ardiendo, mientras miraba fijamente a Nick.

—Me estás pidiendo...

—No estoy tirando un Wes. —Nick sonrió y volvió a besar el dedo anular
de Colton—. Sin embargo, esto es un aviso. Quiero casarme contigo, Colton, y
realmente te lo voy a preguntar, pronto, si es lo que quieres.

—Yo...

—¿Dices que también quieres casarte conmigo?

Las luces parpadeaban, todos los cientos de velas que Justin y él habían
encendido antes de la ceremonia centelleaban en los candelabros y en los ojos
de Nick. El pulgar de Nick le acarició la espalda.

—Por supuesto que quiero casarme contigo. He soñado con casarme


contigo. Soñé con envejecer contigo...
—Ya soy viejo.

—No lo eres. —Besó la nariz de Nick—. Como dijo Kimbrough, eres lo


suficientemente joven para tener unos cuantos hijos más.

Nick lo miró de soslayo. —¿Es algo que quieres? Serías un gran padre.

Nunca lo había imaginado. Los niños parecían una distracción cuando


estaba concentrado en llegar a la NFL. Y había una parte de él que había
rechazado la idea hacía tiempo. ¿Qué sabía él de ser padre? Su padre se había
ido y su madre se había alejado, y él había sido criado por una serie de
entrenadores y profesores, un carrusel de hombres que cambiaban
constantemente, que eran reemplazados constantemente. No sabía nada de ser
un padre estable.

Excepto que... ahora lo sabía.

¿Cómo sería? ¿Él y Nick, con un hijo propio? Alguien con quien pudieran
jugar al fútbol infantil. Tumbarse en el suelo y construir creaciones de Lego con
bloques de colores esparcidos como purpurina sobre la alfombra. Enseñar a
lanzar una pelota de béisbol y acampar en el patio trasero. Hacer juntos los
disfraces de Halloween y salir a pedir caramelos en familia. Tal vez quieran
bailar como Justin. Tutús y zapatillas de ballet. Botines, balones de fútbol y
guantes de béisbol. Primeros días de colegio, primeros dientes perdidos. La
primera acampada, la primera obra de teatro del colegio. La primera cita, el
primer coche. El primer día de universidad. Toda una vida, toda una persona
que podrían crear.

—Podría —susurró—. Nunca lo quise antes. Pero contigo... podría querer


hacerlo. —Agarró a Nick, hundió sus dedos en la columna vertebral de Nick—.
¿Y tú? ¿Es algo que quieres?

—Podría enamorarme de la idea de tener un hijo contigo. —Nick lo besó,


suave y lentamente—. Podría enamorarme de esa idea fácilmente —dijo contra
los labios de Colton. Lo besó de nuevo, y luego otra vez. Apretó los brazos y
estrechó a Colton contra él—. ¿Quieres casarte conmigo?

—Creí que habías dicho que no me lo ibas a pedir todavía. —La pista de
baile, la sala de banquetes dorada, los cientos de invitados, se desvanecieron.
Sólo estaban él y Nick y el repiqueteo del platillo. La cascada del saxofón. Los
tonos bajos y estrepitosos del cantante, cantando sobre un amor eterno.
—He cambiado de opinión. No quiero esperar a escucharte decir que te
casarás conmigo o que vamos a tener una vida juntos —dijo Nick—. Cásate
conmigo, Colton. Así, o en una playa, o podemos escaparnos a Las Vegas, los
dos solos. O podemos volar a cualquier lugar que quieras. Quiero estar contigo
el resto de mi vida. Cásate conmigo. ¿Por favor?

No había nada que deseara más que consolidar su amor, grabarlo en


piedra y certificarlo para siempre.

—Por supuesto que me casaré contigo. —Acercó el rostro de Nick y se


inclinó hacia él, besándolo suavemente—. No me importa dónde —suspiró
contra los labios de Nick—. O cómo. Yo también quiero pasar el resto de mi
vida contigo.

—Las Vegas será, entonces. —Nick le guiñó un ojo—. Esta noche.

Soltó una carcajada mientras el mundo comenzaba a desvanecerse. Wes y


Justin, aún abrazados. Kimbrough y su mujer, todavía sonriéndose en uno al
otro. El resto de la pista de baile repleta de parejas, algunas que reconocía, otras
que no.

—No, lo planearemos juntos —dijo Nick—. Algo que sea nuestro.

—¿Qué tal una bodega?

Nick sonrió, tan grande y hermoso como había sonreído el día en que
Colton lo había sorprendido entrando en aquella bodega de Texas Hill Country.

—Eso es perfecto.

Colton se mordió el labio. —¿Así que ahora eres mi prometido?

—Y tú eres mi prometido. —Los brazos de Nick lo rodearon con fuerza.


Besó a Colton, en los labios y en la nariz y luego en los labios de nuevo.

—Voy a ser el padrastro de Justin —soltó Colton—. Y también el padrastro


de Wes.

Nick inclinó la cabeza hacia atrás y rugió. Las cabezas se volvieron hacia
ellos. Los ojos de Colton recorrieron el arco del cuello de Nick, las líneas de su
mandíbula. Los destellos en su sien, captando la luz de las velas de forma
perfecta. Sonrió a su amante-prometido mientras Justin y Wes se abrían paso
por la pista de baile cuando la canción terminó y la banda anunció que se
tomaría un breve descanso.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Justin. Se hundió en el lado de Wes,


con los brazos alrededor de la cintura del otro—. Quiero participar en la
diversión.

Nick miró a Colton. Tenía las mejillas sonrojadas, los ojos centelleantes y
los labios torcidos en una enorme sonrisa.

—Nick acaba de pedirme que me case con él.

Justin lanzó una mirada triunfal a Wes. —Te dije que iba a suceder esta
noche.

—Tenías razón.

—Siempre la tengo. —Justin le guiñó un ojo.

Wes besó la sien de Justin y sonrió. Tiró de Colton en un abrazo de oso,


aguantando tanto como lo habían hecho en la zona de anotación cuando habían
anotado su último touchdown juntos.

—Felicidades —dijo en el oído de Colton—. Me alegro de que finalmente


seas feliz.

Colton se aferró fuertemente a Wes. Su mejor amigo. Su hermano. —Lo


soy.

Un camarero pasó con una bandeja de champagne, fijándose en los nuevos


esposos y asegurándose de que no les faltara. Cada uno tomó una copa, y Justin
dirigió un brindis.

—Por mi papá, y por el amor de su vida, Colton: nunca he visto a mi


padre más feliz, y nunca he visto a una pareja tan enamorada. Aparte de
nosotros, por supuesto.

Nick sonrió, y a Colton se le apretó el pecho. Apretó la mano de Nick


mientras daba un sorbo a su champagne, tratando de decir "Gracias" de todas
las formas en que sostenía la mirada de Justin. Lo amo demasiado.
Era como si Justin pudiera leer su mente, leer la forma de sus
pensamientos. Tiró de Colton en su propio abrazo y apoyó sus labios en la
mejilla de Colton.

—Cuida de él, ¿de acuerdo?

—Lo haré. Siempre lo haré.

—Y él siempre cuidará de ti. Eres suyo para siempre, Colton. Todo el


mundo puede verlo.

Se apartaron, y entonces Justin y Nick se abrazaron y se susurraron al oído


mientras se sujetaban con fuerza, abrazándose como si nunca fueran a soltarse.
La mano de Wes se posó en la espalda de Colton, y éste se volvió hacia Wes,
sonriendo…

Y se dio cuenta: esta es la familia que siempre quise.

Amor incondicional. Aceptación. Brazos que lo envolvían y lo sostenían


con fuerza. Dos hermanos, uno que lo edificaba y otro que lo desafiaba, que se
quedaba despierto esperando a que llegara a casa con su papá y que les
preparaba café a los dos por la mañana. Quien nunca dijo te amo con palabras
pero que había escarbado en su interior y recreado todo su mundo para que
Nick y Colton pudieran construir una historia de amor juntos.

Dos hermanos que lo hacían ser un hombre mejor, y el hombre al que


amaba tanto que algunos días no podía respirar. Nunca se había imaginado así
de feliz. Incluso cuando soñaba con la NFL, le faltaba algo. Había pensado que
quería un equipo, y durante un tiempo, eso funcionó. Pero lo que realmente
quería, lo que realmente necesitaba, era una familia.

El amor de su vida. El único hombre al que había estado esperando toda


su vida. El hombre que reescribió su vida con todos los matices de felicidad que
existían. El hombre que amaba, y que lo amaba, para siempre.
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Tal Bauer escribe novelas románticas gay impresionantes, sentidas y a menudo


llenas de acción. Sus personajes están perdidamente enamorados el uno del otro
y luchan contra todo pronóstico por su final feliz. Nada se interpone en el
camino del amor. Tal es más conocido por sus novelas de suspense romántico,
como la serie Executive Office, The Night Of, The Jock, y las novelas de
suspense de Noah & Cole, como The Murder Between Us y The Grave Between
Us.

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