Calidad integrada
Para entender cómo incorporar calidad a nuestros productos desde el principio, debemos
entender por qué esto no sucede de forma natural. La manera más común de evitar que los
defectos lleguen a los clientes se reduce a introducir una gran cantidad de inspecciones
e innumerables KPI o métricas en el proceso.
El problema con este enfoque es que es reactivo y genera mucho [Link]
dentro del contexto de los flujos de valor, ni las inspecciones ni las métricas agregan valor
al cliente. En el mejor de los casos, te ayudan a encontrar y responder a los defectos ya
producidos. En el peor de los casos, predisponen ciertos resultados, es decir obtienes lo
que mides.
Ahora, no lo malinterpretes, tanto los KPI como las inspecciones son, sin duda,
herramientas de gestión de calidad útiles y necesarias. El problema es que estos no evitan
que ocurran defectos de calidad, así que simplemente depender de estos para producir
calidad no es suficiente. Al final, una gestión de calidad reactiva nos hace generar más
costos y obtener, aun así, muchos errores de código o defectos en nuestros productos.
Dicho esto, ¿cómo cambiamos a una gestión de calidad proactiva?
La forma en que Lean Management ve el problema de la calidad y los defectos es a través
del valor y la mejora continua. De hecho, la calidad incorporada es un resultado natural de
una adopción exitosa de la mentalidad de mejora continua y los principios Lean en toda la
empresa. La mejora continua se convierte en el pegamento que mantiene todo unido una
vez que un equipo desarrolla una mentalidad Lean. Cada principio de Lean management
se traduce en acción, influyendo en la forma en que la calidad es percibida a lo largo del
proceso de desarrollo del producto.
• La mentalidad centrada en el valor significa que todo lo que haces debe aportar
valor a tu cliente. Tu cliente es cualquier persona que reciba el resultado de tu
trabajo.
• El pensamiento enfocado en el desperdicio ayuda a eliminar todo lo que no
agrega o respalda el valor. Esto da como resultado menos métricas o pasos
redundantes en un proceso.
• El flujo continuo de trabajo promueve el trabajo en lotes más pequeños. Esto
reduce el riesgo de defectos más grandes, facilita las reparaciones y establece un
flujo de entrega sin problemas.
• Los cuellos de botella se eliminan o se contienen para el beneficio del flujo de
trabajo. El costo de la demora en una etapa de trabajo que agrega mucho valor
pero que toma demasiado tiempo, puede dejar sin importancia dicho valor.
• El flujo impulsado por el “pull” significa que los esfuerzos y los recursos no
deben invertirse en las cosas que son irrelevantes a las partes interesadas.
• El liderazgo ascendente empodera a la persona que está haciendo el trabajo para
hacer visibles los problemas, permitiéndote cortarlos desde la raíz.
• Análisis y mejora continua. Aplicar los principios Lean una sola vez no servirá.
Analiza continuamente tu trabajo, resultados, errores y construye con base en eso.
Pensar en tu trabajo en el contexto del flujo de valor y el flujo de trabajo de todo el equipo,
departamento o incluso la empresa, afecta la forma en que ves tu trabajo y priorizas las
tareas.
El proceso proactivo de mejora de la calidad empieza a funcionar cuando todos en el
equipo (incluidos los líderes) comienzan a pensar en su trabajo dentro del contexto de los
valores Lean. La cultura de mejora continua debe comenzar a influir en cada proceso de
trabajo, decisión y políticas que dan forma al flujo de trabajo y al sistema de control de
calidad. Este paradigma mental y principios pueden traducirse en políticas prácticas de flujo
de trabajo que crean calidad en cada etapa de trabajo de la siguiente manera:
• No aceptes/generes/envíes un defecto – los defectos no se deben generar
conscientemente, no se les debe permitir avanzar en el proceso ni ser entregados al
cliente. El objetivo es cero desperdicios en el proceso.
• Los defectos no pueden salir de la estación/equipo/persona – cualquier
problema de calidad se debe resolver en la misma etapa de trabajo donde se
creó/descubrió.
• Los equipos auto-organizados toman medidas de manera proactiva siempre
que sea necesario para solucionar un problema, redistribuir el trabajo o los recursos.
Si es necesario, el equipo o el individuo pueden hacer visible un problema y detener
el proceso en aras de una resolución eficiente.
• Procesos de trabajos y calidad estandarizados y políticas explícitas ofrecen
definiciones claras. El valor y la calidad se convierten en requisitos empresariales
fundamentales, que se comunican adecuadamente y que son de esperar en cada
etapa del flujo de trabajo.
• El liderazgo aprecia las sugerencias de mejora continua. Se fomenta el
planteamiento de problemas y la sugerencia de soluciones sin importar tu posición o
rango.
Por ejemplo, en la industria de desarrollo de software, una gran cantidad de errores que se
detectan en los procesos de aseguramiento de la calidad resultan ser extremadamente
pequeños y fáciles de prevenir. El hecho de que estos errores básicos se descubran en la
etapa de prueba muestra que los desarrolladores no realizaron un control de calidad
primario de su trabajo. Esto, a su vez, malgasta el tiempo de los testers y desarrolladores,
creando iteraciones innecesarias y robando la atención de los problemas más importantes.
La aplicación de principios proactivos de mejora continua de la calidad significa que todos
en los equipos de desarrollo comienzan a pensar en el valor a nivel de todo el flujo. Cada
vez que una tarea vuelve a ser iterada únicamente por negligencia se convierte en un
desperdicio. Algunos desperdicios son inevitables, pero cuando buscas de manera
proactiva oportunidades de mejora estás intentando minimizar dichos desperdicios. Así es
como las políticas y la cultura de calidad proactiva crean una diferencia que es alcanzable.
Las inspecciones o pruebas fallidas nos ayudan a encontrar problemas y a mostrar dónde
es necesario mejorar. Sin embargo, la mejora continua establece los pre-requisitos para el
éxito y los principios para proceder cuando las cosas no funcionan.