Como hacer un encuadre
terapéutico
La importancia del encuadre para conseguir buenos
resultados en la terapia.
En el día a día de la consulta nos podemos encontrar con dificultades para
avanzar en la terapia porque se activan los mecanismos psicológicos
defensivos del paciente o del terapeuta. Éstos mecanismos están diseñados
para mantenernos a salvo de peligros y por lo tanto, inicialmente su función es
protectora. El problema surge porque la gran mayoría se desarrollan en la
primera infancia y esto hace que estén hechos con los ojos del niño o la niña
que fuimos, y no del adulto que somos en la actualidad. A nivel interno siguen
acompañándonos aunque hayan pasado muchos años.
En definitiva, activamos los mecanismos de defensa para protegernos pero, en
realidad lo que lo que estamos haciendo es limitarnos e impidiendo que
podamos vivir plenamente.
Desde el modelo de psicoterapia que trabajamos en el Instituto Galene, la
Psicoterapia Humanista Integrativa, respetamos los mecanismos de defensa y
nuestro propósito no va a ser ir en contra de ellos sino poner los elementos
necesarios para permitir a nuestro paciente dejar de necesitarlos. Esto se
consigue con una relación terapéutica potente con la que la persona pueda ir
atreviéndose a mostrarse de una forma cada vez más auténtica.
Para nosotros, la terapia y su eficacia va a ir íntimamente ligadas a la
profundidad y confianza que establezcamos en la consulta, que a su vez
posibilitarán el proceso de curación emocional arcaico.
Qué es el encuadre de la terapia
El primer día de la terapia debemos explicar a nuestro paciente, cuál es nuestra
forma de trabajar y los diferentes elementos que estructurarán la relación
terapéutica para que puedan producirse los cambios internos que viene
buscando.
Lo que sostiene al paciente es el terapeuta a través de la relación terapéutica, y
ésta a su vez estará apoyada, por los diferentes elementos que conforman el
encuadre psicoterapéutico.
Como decimos, el encuadre aporta la estructura o el marco de referencia que
necesita la relación para que el paciente sane lo que necesite. Cuando en el
transcurso de la terapia surjan dificultades, el encuadre nos va a permitir
mantenernos orientados.
Características del encuadre terapéutico Humanista
Integrativo
Normas de obligado cumplimiento en el modelo Humanista Integrativo
Al inicio de la terapia exponemos al paciente las 4 reglas de obligado
cumplimiento con las que trabajamos desde la Psicoterapia Humanista
Integrativa. Esta pata del encuadre, a diferencia de las demás, no permite
ningún tipo de flexibilización en su cumplimiento porque de lo contrario
estaríamos poniendo en riesgo al paciente, su proceso terapéutico e incluso al
profesional.
La primera norma es la NO VIOLENCIA, que significa que el paciente no va a
hacer daño a nadie, ni a sí mismo, ni romperá nada que no haya sido creado
para ese fin. Para nosotros este punto diferencia una expresión emocional sana
de una conducta violenta.
La segunda es la NO SEXUALIZACIÓN, es decir, que no va a haber ningún
tipo de contacto sexual con cualquier persona que conozca en el Instituto
Galene. Esta norma permite poder relacionarnos desde la intimidad como lo
hacemos con familiares cercanos, algo que para nuestra forma de entender la
terapia permite la profundidad terapéutica que alcanzamos.
La tercera es la CONFIDENCIALIDAD. Nada de lo que nos cuente nuestro
paciente podremos contarlo fuera de sesión. Únicamente existen dos
excepciones:
Aquello que nos obligue la ley como, por ejemplo delitos graves.
En la Supervisión que todos los profesionales de la relación de ayuda
como psicoterapeutas, counsellors, psicólogos clínicos y terapeutas en
general debemos realizar. La Supervisión resulta indispensable si
queremos que el proceso de nuestros pacientes no se vea bloqueado o
perjudicado por nuestras propias heridas. Al compartir los casos con una
tercera persona, ajena al proceso, y con mayor recorrido, podamos
identificar conflictos inconscientes que estén dificultando el avance del
proceso de nuestro paciente.
Normalmente hablamos de doble confidencialidad porque los terapeutas, en
algunas ocasiones podemos realizar intervenciones contando vivencias de
nuestra propia historia, y pedimos que esa parte tampoco salga de la sesión.
Y por último, la cuarta norma es la de ACABAR LA SESIÓN Y LA
TERAPIA. Como el resto de las normas, tiene una función protectora ya que
permite al paciente sentirse contenido pase lo que pase. Cuando el paciente,
como dueño de su terapia que es, decide cerrarla y acabar así su proceso,
hacemos 2 sesiones desde que lo comunica con el fin de cerrar todos los
temas abiertos para que no se sienta en vacío al dejar de contar con el sostén
terapéutico.
Duración de la sesión
Como norma, nuestras sesiones tienen una duración de 50 minutos si bien es
cierto que podremos alargarla 5 minutos si la situación lo requiere. Algo menos
habitual es la realización de sesiones dobles de 100 minutos… En cualquiera
de los dos casos, lo importante es que ambas partes sepan en todo momento a
qué atenerse, ya que aporta contención, en este caso temporal, al proceso de
terapia.
Precio de la terapia
El pago de dinero por la terapia convierte a la relación terapéutica en una
relación profesional, algo esencial si queremos que se dé un proceso sano.
Con algunas personas es especialmente importante debido a que, al tratarse
de una relación en la que se comparte intimidad, pueden llegar a confundir a su
terapeuta con un amigo, y empezar a cuestionar el precio o directamente el
pago de la terapia.
Lugar donde se realiza la terapia
Es importante encuadrar el espacio en el que se atenderá al paciente. Los
encuentros entre terapeuta y paciente se van a dar dentro del centro de terapia,
en nuestro caso en cualquiera de las salas del Instituto. Al igual que el dinero,
encuadra la relación terapéutica en una relación profesional.
Frecuencia de las sesiones
Nuestras sesiones son semanales, lo que permite que se dé un proceso de
avance constante y que dicho proceso no se detenga en ningún momento.
Eventualmente puede haber alguna semana que por imposibilidad de alguna
de las dos partes no se tenga sesión y en la mayoría de las ocasiones no
ocurre nada porque el vínculo fuerte no permite que las defensas produzcan el
alejamiento del paciente. De hecho, uno de los problemas que pueden existir
es que, si ésto sucede con frecuencia, el vínculo terapéutico se debilite y el
paciente acabe cerrando su proceso de forma prematura.
Horario de atención
No existe un horario mejor que otro porque cada situación vital es diferente.
Pero sí creo que es importante tener claro lo que para cada profesional está
bien y respetarlo. Hay muchos compañeros terapeutas que atienden a sus
pacientes en horas a las que les gustaría no estar trabajando y bajo mi punto
de vista, hacerlo así es un error porque es probable que inconscientemente
estemos generando deuda emocional.
Contrato terapéutico
Para que las dos partes implicadas en el proceso de terapia, paciente y
terapeuta, tengan claro lo que pueden esperar, tanto del otro como del proceso
en sí, puede ser bueno dejar el encuadre reflejado en un contrato de terapia. Al
estar por escrito existe menor probabilidad de malos entendidos, lo que nos
evitará situaciones conflictivas a lo largo del proceso.
Nosotros, al menos, así lo hacemos.
Como ya hemos dicho, excepto las normas de obligado cumplimiento, que
como su nombre indica es obligatorio que el paciente acepte para poder iniciar
un proceso de terapia, las demás patas del encuadre deben ser sólidas y
estables aunque contamos con poder flexibilizarlas en caso que sea necesario.
Eso sí, ante cualquier cambio en el encuadre, ya sea por petición del paciente
o del terapeuta, deberemos tener claro por qué y para qué lo hacemos, y ante
la más mínima duda, es mejor mantener el encuadre original para evitar caer
en juegos psicológicos. Inicialmente es mejor dar por hecho que un cambio de
encuadre a mitad de una terapia es una mala idea…
Encuadre y reencuadre
A lo largo de la terapia de un paciente, puede suceder que tengamos la
sensación o directamente la comprobación de que está poniendo a prueba el
encuadre inicial. Como terapeutas, es posible que sintamos miedo por la
pérdida de parte de la estructura que protege el proceso de terapia. Sería un
miedo totalmente lógico.
Cuando suceda esta situación, habrá que reencuadrar al paciente, es decir,
volver a encuadrar de forma explícita la parte del contrato que sintamos que se
esté saltando.
Para hacerlo deberemos apoyarnos en el vínculo existente, procurando que la
vivencia de nuestro paciente sea protectora.
Como es fácil que sintamos miedo, también es fácil que tengamos la tentación
de esperar a reencuadrar más adelante, lo que supone un error terapéutico
claro. De hecho, ir procrastinando el reencuadre es lo que puede poner en
riesgo la terapia, ya sea porque el paciente no avance o porque directamente
decida concluirla al sentir la desprotección.
Como es fácil de entender, es un proceso que se dará en la parte inconsciente
de ambos participantes, y es por ello, que como profesionales resulta
imprescindible supervisar a nuestros pacientes.
Encuadre de un grupo terapéutico
Cuando hablamos de terapia grupal, hay algunas diferencias respecto a la
individual que, aunque pueden resultar obvias, es importante tenerlas en
cuenta al encuadrar tanto a cada paciente como al grupo en sí.
Por ejemplo, las Normas de obligado cumplimiento de las que hemos hablado
anteriormente, resultan imprescindibles para las interacciones de cada
participante del grupo. Si son importantes en terapia individual, cuando
incluimos a más personas, precisamos de ellas para que se produzca el
ambiente protector que necesitamos para trabajar a un nivel profundo.
El mantenimiento de la confidencialidad de TODO lo que sale en el espacio
grupal permitirá que los participantes no tengan que estar pendientes sobre lo
que cuentan o no. Cuando los integrantes del grupo dejan de protegerse del
juicio ajeno, el avance de sus procesos personales es enorme.
Lo mismo ocurre respecto al contacto físico y la Norma de no sexualización. En
el momento que está claro para todos, los vínculos entre los compañeros de
grupo se hacen fuertes y profundos, lo que permite que puedan apoyarse y
sentirse protegidos.