Delegación Arquidiocesana de Pastoral Litúrgica
RITUAL DE LA SAGRADA COMUNIÓN
Y DEL CULTO A LA EUCARISTÍA
FUERA DE LA MISA
ARQUIDIÓCESI LA COMUNIÓN Y EL VIÁTICO LLEVADOS
A LOS ENFERMOS POR UN MINISTRO
S DE EXTRAORDINARIO
VILLAVICENCI
O
DELEGACIÓN
ARQUIDIOCES
ANA DE
Delegación Arquidiocesana de Pastoral Litúrgica
RITO ORDINARIO DE LA COMUNIÓN DE LOS ENFERMOS
Se puede hacer un saludo del común: buenos días, buenas tarades, buenas noches.
El Señor este con todos nosotros
También pueden emplearse otras palabras de la Sagrada Escritura, con las que se acostumbra a saludar a los fieles.
El ministro invita al enfermo y a los circunstantes a hacer el acto penitencial:
Primera fórmula
El ministro invita a los fieles al arrepentimiento, diciendo:
Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración, comencemos por
reconocer nuestros pecados.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos juntos, hacen la confesión:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Dándose golpes de pecho añaden:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Y a continuación:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios,
nuestro Señor.
El ministro concluye:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos responden:
Amén.
Segunda fórmula
El ministro invita a los fieles al arrepentimiento:
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Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración,
comencemos por reconocer nuestros pecados.
Se hace una breve pausa en silencio.
Después el ministro dice:
V/. Señor, ten misericordia de nosotros.
R/. Porque hemos pecado contra ti.
V/. Muéstranos, Señor tu misericordia.
R/. Y danos tu salvación.
El ministro concluye:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos responden:
Amén.
Tercera fórmula
El ministro invita a los fieles al arrepentimiento:
Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración,
comencemos por reconocer nuestros pecados.
Se hace breve pausa en silencio.
Después el ministro, o uno de los asistentes, hace las siguientes u otras invocaciones con el Señor, ten piedad:
V/. Tú que por el misterio pascual
nos has obtenido la salvación:
Señor ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.
V/. Tú que por la comunión de tu Cuerpo
nos haces participar del sacrificio pascual:
Señor, ten piedad.
R/. Señor ten piedad.
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El ministro concluye:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos responden:
Amén.
Lectura breve a la Palabra de Dios
Entonces, si se juzga oportuno, uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la sagrada
Escritura
Sagrada comunión
El ministro introduce la oración dominical con estas o parecidas palabras:
Y ahora, todos juntos, invoquemos a Dios
con la oración que el mismo Cristo nos enseñó:
Y todos juntos prosiguen:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Entonces el ministro muestra el Santísimo Sacramento, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
El enfermo y los que van a comulgar dicen una sola vez:
Señor no soy digno de que entres en mi casa,
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pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El ministro se acerca al enfermo y, mostrándole el Sacramento, dice:
El Cuerpo de Cristo (o bien: La Sangre de Cristo).
El enfermo responde:
Amén.
Pueden seguir unos momentos de sagrado silencio.
A continuación, el ministro concluye con esta oración:
Oremos. Señor Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
te suplicamos con fe viva que el Cuerpo (la Sangre) de nuestro Señor
Jesucristo,
tu Hijo, que nuestro hermano (nuestra hermana) acaba de recibir,
le conceda la salud corporal y la salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Todos responden:
Amén.
Rito de conclusión
Después el ministro, invocando la bendición de Dios y santiguándose, dice:
El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
O bien:
El Señor omnipotente y misericordioso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, n
os bendiga y nos guarde.
Todos responden:
Amén.
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RITO MÁS BREVE DE LA COMUNIÓN DE LOS ENFERMOS
Este rito más breve se emplea cuando la sagrada comunión se ha de distribuir a varios enfermos repartidos en distintas
habitaciones de la misma casa, por ejemplo, de la misma enfermería, hospital, añadiendo, si lo piden las circunstancias,
algunos elementos tomados del rito ordinario.
El rito puede empezar en la iglesia, o en la capilla, o en la primera habitación, diciendo el ministro la antífona:
¡Oh sagrado banquete, en que Cristo es nuestra comida, se celebra el memorial
de su pasión, el alma se llena de gracia y se nos da la prenda de la gloria
futura!
Luego el ministro, acompañado, según la oportunidad, por alguna persona que porte un cirio, se acerca a los
enfermos y dice, una sola vez a todos los enfermos que están en la misma sala, o a cada uno en particular:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Cada uno de los comulgantes añade una sola vez:
Señor no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Y recibe la comunión del modo acostumbrado.
El rito concluye con la oración.
Oremos. Señor Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
te suplicamos con fe viva que el Cuerpo (la Sangre) de nuestro Señor
Jesucristo,
tu Hijo, que nuestro hermano (nuestra hermana) acaba de recibir,
le conceda la salud corporal y la salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
EL VIÁTICO
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Ritos iniciales
El ministro, vestido cual conviene al ministerio que va a realizar (cf. n. 20), llega a la habitación y saluda con
sencillez y afecto al enfermo y a los circunstantes. Puede decir, si le parece, este saludo:
La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí presentes.
También pueden emplearse otras palabras de la Sagrada Escritura, con las que se acostumbra a saludar a los
fieles.
Luego, con esta monición o con otra más adaptada a la situación del enfermo, se dirige a los presentes:
Queridos hermanos: Nuestro Señor Jesucristo, antes de pasar de este mundo al
Padre, nos legó el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, para que,
robustecidos con su Viático, prenda de resurrección, nos sintamos protegidos a
la hora de pasar también nosotros de esta vida a Dios. Unidos por la caridad
con nuestro hermano, oremos por él.
Y todos ruegan en silencio durante un momento
El ministro invita al enfermo y a los circunstantes a hacer el acto penitencial:
Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración,
comencemos por reconocer nuestros pecados.
Se hace una breve pausa en silencio.
Primera fórmula
Todos juntos hacen la confesión:
Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Dándose golpes de pecho añaden:
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Y a continuación:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios,
nuestro Señor.
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El ministro concluye:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos responden:
Amén.
Segunda fórmula
El ministro invita a los fieles al arrepentimiento:
Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración,
comencemos por reconocer nuestros pecados.
Se hace una breve pausa en silencio.
Después el ministro dice:
V/. Señor, ten misericordia de nosotros.
R/. Porque hemos pecado contra ti.
V/. Muéstranos, Señor tu misericordia.
R/. Y danos tu salvación.
El ministro concluye:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos responden:
Amén.
Tercera fórmula
El ministro invita a los fieles al arrepentimiento:
Hermanos: Para participar con fruto en esta celebración,
comencemos por reconocer nuestros pecados.
Se hace breve pausa en silencio.
Después el ministro, o uno de los asistentes, hace las siguientes u otras invocaciones con el Señor, ten piedad:
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V/. Tú que por el misterio pascual
nos has obtenido la salvación:
Señor ten piedad.
R/. Señor, ten piedad.
V/. Tú que por la comunión de tu Cuerpo
nos haces participar del sacrificio pascual:
Señor, ten piedad.
R/. Señor ten piedad.
El ministro concluye:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos responden:
Amén.
Es muy conveniente que uno de los presentes, o el mismo ministro, lea un breve texto de la Sagrada Escritura,
por ejemplo:
Jn 6, 54-55:
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en
el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
Jn 6, 54-58:
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en
el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el
que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo
comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.
Jn 14, 6:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
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Jn 14, 23:
El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y
haremos morada en él.
Jn 14, 27:
La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy yo como la da el mundo. Que no
tiemble vuestro corazón ni se acobarde.
Jn 15, 4:
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto
por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en
mí.
Jn 15, 5:
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en é1, ése
da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
1 Co 11, 26:
Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del
SeñoR hasta que vuelva.
1 Jn 4, 16:
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.
Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
Puede elegirse también algún otro texto adecuado entre los que se proponen en el Ritual de la Unción y de la
pastoral de enfermos.
Profesión de fe bautismal
Conviene también que, antes de recibir el Viático, el enfermo renueve la profesión de fe bautismal. Para ello,
el ministro, después de una breve introducción, hecha con las palabras adecuadas, preguntará al enfermo:
¿Crees en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?
R/. Sí, creo.
¿Crees en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de santa María
Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos y está sentado a la
derecha del Padre?
R/. Sí, creo.
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¿Crees en el Espíritu Santo, en la santa Iglesia católica, en la comunión de los
santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de la carne y en la vida
eterna?
R/. Sí, creo.
Súplicas por el enfermo
Luego, si las condiciones del enfermo lo permiten, se hacen unas breves súplicas con este o parecido
formulario, respondiendo al enfermo, si es posible, y todos los presentes:
Invoquemos, queridos hermanos, con un solo corazón a nuestro Señor
Jesucristo diciendo:
R/. Escúchanos, Señor.
A ti, Señor, que nos amaste hasta el extremo y te entregaste a la muerte
para darnos la vida, te rogamos por nuestro hermano. N.
R/. Escúchanos, Señor.
A ti, Señor que dijiste: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida
eterna", te rogamos por nuestro hermano. N.
R/. Escúchanos, Señor.
A ti, Señor, que nos invitas al banquete en que ya no habrá dolor; ni llanto,
ni tristeza, ni separación, te rogamos por nuestro hermano. N.
R/. Escúchanos, Señor.
Viático
El ministro introduce la oración dominical con estas o parecidas palabras:
Y ahora, todos juntos, invoquemos a Dios
con la oración que el mismo Cristo nos enseñó:
Y todos juntos prosiguen:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
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perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Entonces el ministro muestra el Santísimo Sacramento, diciendo:
Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
El enfermo, si puede, y los que van a comulgar dicen una sola vez:
Señor, no soy digno de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para sanarme.
El ministro se acerca el enfermo y, mostrándole el Sacramento, dice:
El Cuerpo de Cristo (o bien: La Sangre de Cristo).
El enfermo responde:
Amén.
Y ahora, o después de dar la comunión, añade el ministro:
Él mismo te guarde y te lleve a la vida eterna.
El enfermo responde:
Amén.
Los presentes que hayan de comulgar reciben el Sacramento del modo acostumbrado.
Pueden seguir unos momentos de sagrado silencio.
Rito de conclusión
A continuación, el ministro concluye con esta oración:
Oremos.
Dios todopoderoso,
cuyo Hijo es para nosotros
el camino, la verdad y la vida,
Delegación Arquidiocesana de Pastoral Litúrgica
mira con piedad a tu siervo N.
y concédele que, confiando en tus promesas,
y fortalecido con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
llegue en paz a tu reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Todos responden:
Amén.
Finalmente, el ministro dice:
El Señor esté siempre contigo,
te proteja con su poder
y te guarde en paz.