TEMA: LEYENDA
Una leyenda es un relato que se transmite por tradición oral, el cual combina elementos reales
con elementos imaginarios o maravillosos, enmarcados en un contexto geográfico e histórico
concreto.
Las leyendas están íntimamente relacionadas con la cultura y tradiciones locales, de allí que
suelen incluir elementos afines a una comunidad o localidad en particular. Esto hace que sean
aceptadas como historias verídicas, ya que el personaje, momento histórico o lugar
mencionado en la leyenda es conocido por todos.
Se transmiten de forma oral o escrita
Si bien las leyendas se difundieron originalmente con la tradición oral de una generación a
otra, también pueden difundirse de forma escrita. Hoy en día es posible encontrar
recopilaciones de leyendas en formato impreso o digital.
Tienen un componente de realidad
Las leyendas están basadas total o parcialmente en un hecho, momento o personaje real. Esta
característica permite ubicar lo narrado en un contexto específico.
Por ejemplo, las leyendas históricas sobre batallas reales, o las leyendas urbanas que
supuestamente ocurrieron en un lugar conocido.
Suelen tener un componente fantástico
Las leyendas cuentan con un elemento de carácter sobrenatural, mágico o fantástico, como un
lugar encantado o un personaje con poderes paranormales.
En la leyenda de La llorona, por ejemplo, la mujer de la historia suele desaparecer ante la
mirada de la víctima.
Sus personajes son representaciones de arquetipos
Los arquetipos son representaciones universales de patrones de comportamiento, como el
héroe, el villano o la mujer sabia.
Por ejemplo, las leyendas históricas suelen tener un héroe que salvó a un grupo de personas o
a un país, mientras que en muchas historias rurales está presente el arquetipo de la bruja
malvada.
Son creaciones anónimas
Las leyendas carecen de autor conocido. Por esta razón, los detalles se suelen ir modificando
con el paso del tiempo gracias al aporte colectivo, lo cual da origen a múltiples versiones de la
misma historia.
Por ejemplo, La materia de Bretaña es un conjunto de textos de la Edad Media escrito por
diversos autores franceses e ingleses. Cada uno aportó su versión sobre la leyenda del Rey
Arturo y los caballeros de la mesa redonda.
Hacen referencia a un lugar o momento histórico particular
En las leyendas el lugar, el año, el evento o el personaje es reconocible, por lo tanto, el
contexto es fácil de identificar por los lectores u oyentes de la historia.
Un ejemplo es la leyenda sobre el cerro de La Bufa, en México. Se trata de una formación
natural real, sobre la que se afirma que tiene una escalinata secreta que lleva a un palacio
subterráneo cubierto de oro.
Incluyen elementos del folclore local
Las leyendas incluyen elementos o símbolos propios del contexto cultural de la historia, como
brujas, duendes, fantasmas, santos, magos, lugares con propiedades mágicas, etc.
Por ejemplo, en las zonas rurales latinoamericanas la figura del duende forma parte del folclore
local, por lo que suele ser común encontrar leyendas asociadas a estos personajes.
Puedes leer más sobre este tópico en Características de una leyenda.
Elementos de una leyenda
Para narrar una leyenda se requieren personajes, un argumento que describa la situación de
forma general, la trama que indique el orden del argumento, un contexto o referencia espacio-
temporal y un narrador que nos cuente lo que sucede.
● Personajes: son quienes llevan a cabo las acciones dentro de la historia. Pueden ser héroes,
pero también pueden representar otro tipo de arquetipos, como la hechicera, los enamorados,
la madre, etc. Por ejemplo, en la leyenda de La Llorona, los personajes son la propia Llorona y
las personas (generalmente hombres) con los cuales se encuentra en lugares desolados.
● Argumento: son las acciones que tienen lugar en la historia, ordenadas cronológicamente. Por
ejemplo, el argumento de La Llorona es que se trata de una mujer que vaga en busca de sus
hijos y emite sonidos desgarradores.
● Trama: es el orden de las acciones planteadas en el argumento. En las leyendas, la trama
inicia con la introducción, continúa con el nudo o conflicto y termina con el desenlace o
resolución, coincidiendo con el orden del argumento. En otros textos narrativos, como la
novela, la trama puede comenzar con el desenlace.
● Contexto: son las referencias que sirven para ambientar la narración, como el lugar y el
tiempo. Por ejemplo, “En una calle oscura del centro de Caracas...”.
● Narrador: es quien cuenta la historia. En las leyendas, el narrador está en tercera persona, es
decir, es alguien que no participa en la historia. Un ejemplo sería “El taxista vio a la mujer
vestida de blanco, escuchó su llanto desconsolado y supo inmediatamente que se había
encontrado a La llorona".
Leyenda del Crespín
Cuentan que un día, estando el marido sumamente enfermo, doña Crespina salió en
busca de remedio. En el pueblo, luego de comprarlo y mientras volvía al rancho, unos
parientes la invitaron a una fiesta. Para evitar hacer un desprecio, ella accedió, pero con la
intención de quedarse poco tiempo. Entusiasmada en el alboroto del jolgorio, olvido la noción
de las horas. Alguien le avisó que su marido estaba muy grave, y ella pidió que le hicieran
llegar el remedio que tenía consigo. Excitada por el barullo y la música continuó danzando.
Mientras lo hacía llegó otro mensajero y le dijo que su marido se estaba muriendo y la llamaba
a su lado. Pero indiferente a la urgencia del momento, ella continuó divirtiéndose, suponiendo
que llegaría a tiempo. Hasta que llego alguien, vestido de luto, para darle el pésame, pues su
marido ya había muerto, e invitarla a regresar a su casa:
-Hay tiempo para llorar- había dicho doña Crespina, y siguió bailando.
La inapelable sentencia divina la condenó por ello a que eternamente llorara el
nombre de su esposo, convirtiéndola en un pájaro nocturno. Por eso, todas las noches, un
gemido quejumbroso expía esa culpa llamando a su hombre: ¡Crespín! ¡Crespín!
Como vemos, la mayoría de estas narraciones populares tiene una finalidad aleccionadora.
Hay entre líneas un manifiesto mensaje moral- religioso. Porque el Ser Supremo castiga a los
culpables, convirtiéndolos en feos pájaros nocturnos, que perturban el ánimo de sus
ocasionales oyentes con sus silbos lúgubres o su fea aparición, como es el caso del Yanarca o
“ataja caminos”. Al igual que el Crespín, ella corporiza también el arrepentimiento eterno, en lo
que recuerda lo que le paso al gaucho que no supo escuchar la voz de Dios. La yanarca – de
patas largas y de ojos grandes-vuela bajito, al ras del suelo, mientras aparece y desaparece de
la huella, acompañando al caminante.
COMENTARIO PERSONAL
Leyendas negras
El mal y su personificación suprema, el Diablo, también son protagonistas de muchas
historias y supersticiones populares.
El diablo santiagueño es Súpay, que puede adoptar diversas formas o aspectos: desde el
Duende Sombrerudo de las siestas infantiles, al joven bello y rico de las jóvenes casaderas,
pasando por el famoso “huaira múñoj”, turbulento remolino del Malo.
Su hábitat natural es el monte, y allí se encuentra su mas pavorosa corporización: el Toro-
Súpay. La imaginación santiagueña lo ve como un toro negro, de grandes fauces salvajes,
gruesos dientes y ojos que estallan en mil chispas de fuego. La mayoría de la gente no lo ha
visto, pero en la quietud de la noche sin luna, dicen haber oído el resonar vibrante de sus
pezuñas y el bufido tenebroso de sus fauces sedientas de sangre.
Es creencia popular que el Toro Supáy anda cuando ha pactado con algún campesino
del lugar. El desdichado llevado por la avaricia, accede a darle su alma y su cuerpo, a cambio
de nutrida hacienda y pródigas cosechas. Este secreto se evidencia a voces a la muerte del
avaro: no solo desaparece su cuerpo de la sepultura, sino también toda su hacienda mal
habida.
Las abuelas de las niñas casaderas nunca dejan de recordarles los males que el Súpay
les puede acarrear: Les cuentan que hace mucho tiempo, un joven y enamorado matrimonio
vivía en el monte. Era tan tierna y dulce la esposa como trabajador y afectuoso su hombre. Un
día, al ver Súpay la belleza de la mujer, la deseo para sí. Entonces transformado en un
hermoso mancebo tocado de ricas vestimentas, costoso apero y bello caballo negro, hasta ella.
La donosa al ver tan hermosa aparición quedó prendada de su belleza. Súpay le dio una cita:
esa misma noche una ave nocturna la guiaría hacía él. La pobre mujer, embelesada ante la
perspectiva de estar entre sus brazos, acudió presta. Antes de partir Súpay le dijo que irían
aun lugar donde sólo hallarían placer, pero que antes debía dejar sus bellos ojos en una ollita
mágica. No debía preocuparse - le dijo-, al volver lo hallaría más negros y brillantes. Y así, con
la cuenca de los ojos totalmente vacía, ella lo siguió.
A la mitad de la noche el marido despertó y al no encontrarla salió a buscarla al monte.
Andando, andando encontró la ollita mágica, y en ella los ojos que tanto amaba. Seguro ya de
la habían muerto fue hasta su casa, para esperar el día y salir en busca del malhechor.
Antes del amanecer regresó Súpay con la mujer, pero al no encontrar los ojos de la bella, huyó
cobardemente. La muchacha, ciega como estaba, anduvo a tientas por el bosque hasta que los
primeros rayos del sol le dieron muerte. U nos obrajeros que iban a trabajar encontraron su
cuerpo.
El marido, triste y dolorido, no tuvo paz sino hasta su muerte, pues al llegar el día y
mirar los ojos, de quien había amado tanto, pudo ver el frenesí de locura y placer al que se
había prestado quien fuera dueña de su alma.
Nadie se salva del Súpay, ni siquiera los niños. A los changuitos que no quieren dormir la
siesta y prefieren salir a hondear o a cazar pajaritos, el Duende los espanta y les pega con su
mano de plomo. Algunos lo llaman Ckaparilo (en quichua, gritón), pues imita perfectamente a
todos los animales silvestres, aunque no se lo pueda ver.
El Duende o Petiso suele ser muy “chinitero”. Le gusta merodear a las jóvenes,
obsequiándoles dulces a cambio de sus favores.
COMENTARIO PERSONAL
Leyenda flor del ceibo
En las orillas del Paraná vivía una indígena de rasgos toscos, nada agraciada,
llamada Anahí. En las tardes veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus
canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños... Pero llegaron
los conquistadores europeos de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las
tierras, los ídolos, y su libertad. Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó
muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a
su centinela, logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su
objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó a la selva. El grito del
moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que persiguieron a Anahí como si de una
cacería se tratara.
Consiguieron atraparla y, en venganza por matar al guardián, le impusieron
como castigo la muerte en la hoguera. La ataron a un árbol y prendieron el fuego. Y cuando las
llamas comenzaron a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol. Al siguiente amanecer, los
soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes y
flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía
y fortaleza ante el sufrimiento.