Noción
Evidencia (a favor)
1) Yuki Nagasato de Kanagawa en Japón, jugadora de 33 años. Tiene 132
internacionalidades con su selección, con la que fue campeona del mundo en
2011. "Mi sueño era jugar en un equipo masculino porque es un entorno muy
diferente. El aspecto técnico es similar entre hombres y mujeres en Japón,
las únicas diferencias son la velocidad y el físico. Está claro que es un
hándicap que debemos asumir, pero me veo capaz de jugar con ellos porque
puedo leer el juego a mayor velocidad y anticiparme a lo que puedan hacer.
En habilidad, conocimiento e inteligencia no me ganan". Nagasato ha jugado
durante su carrera en Alemania, Inglaterra, Australia y Estados Unidos,
países donde la futbolista está bien considerada.
2) La brasileña Marta Vieira da Silva "He jugado muchas veces con hombres y
algunos de ellos eran bastante más fuertes y altos que yo. Sé que podrían
intimidarme físicamente en el campo, pero eso lo compensaría con mi
cerebro".
En Alemania e Italia pueden jugar juntos hasta los 17 años; en Inglaterra
hasta los 18; en Países Bajos, Austria y Suiza hasta los 19; En España, la
RFEF (Real Federación Española de Fútbol) permite el fútbol mixto hasta los
14 años.
Se hace esto para que no se vulnere la ley de igualdad. Es lo que ocurrió
recientemente con la Federación Aragonesa, que limitó al 20% la presencia de
niñas en categorías entre pre Benjamín e infantil, algo que fue denunciado por el
Zaragoza CFF al Gobierno de Aragón, quien les ha dado la razón y obligará a su
territorial a modificar una reglamentación machista y discriminatoria.
Taty Ferrer, fundadora de 'Fútbol para la Igualdad' (Sus talleres están
destinados a niños y niñas entre 4 y 12 años), un proyecto que arrancó en 2017,
que promueve un cambio de mentalidad a favor de la figura femenina en el deporte.
"La idea surgió después de que un grupo de niños no quisieran jugar al fútbol con mi
hija de 11 años por ser niña y negra. Siempre he entendido que el deporte no debe
entender de raza ni de género y por eso en nuestro Foro no sólo realizamos
actividades deportivas, sino que enseñamos valores".
Vero Boquete, futbolista del Utah Royals, que lleva más de una década al frente
del campus que lleva su nombre. "El deporte es deporte y cuando somos pequeños
no hay diferencias. No hay mejor manera de educar en igualdad y respeto, que a
través del deporte mixto. Especialmente en el caso de las niñas, pues estar en un
ambiente competitivo es fundamental para su crecimiento. "A partir de los 14-15
años veo que las diferencias físicas son insalvables, pero si hubiera una mujer que
pudiera competir con hombres no me gustaría que una norma se lo prohibiera ".
“La FIFA esgrimió el argumento del principio de segregación de sexos para
prohibir a la mexicana Maribel Domínguez jugar en un equipo masculino de fútbol”.
. La idea de que haya equipos mixtos se entiende como una “invasión”. Y de muchas
maneras sí. Uno de los efectos del separatismo por género en los deportes, es que
muchas veces en las dinámicas de equipos solo masculinos se replican y celebran
comportamientos asociados a la masculinidad, que van desde dar tiros al aire (el
Tino Asprilla), pegarles a sus esposas (Pablo Armero) o cometer una violación en
grupo como hizo el Santafé en una celebración por ganar un partido en Bogotá.
Pero sobre esos rituales de la masculinidad volveremos más adelante.
La pregunta sobre por qué los equipos deportivos no pueden ser mixtos se
asume absurda por al menos tres argumentos:
1) Las mujeres ya tienen sus ligas femeninas, ¿para qué quieren más?
En Latinoamérica hay un gran tabú social que impide que las mujeres pensemos el
deporte como una opción profesional. Es más, cuando pensamos en “mujeres +
deporte” las primeras imágenes que llegan al google son de porristas o de chicas
voluptuosas que asisten al estadio con versiones pequeñísimas y apretadas de las
camisetas de su equipo. Por eso, aunque muchos de los equipos de fútbol femenino,
y la gran mayoría de ligas deportivas femeniles en Latinoamérica, son muy buenos,
no suelen recibir financiación ni patrocinios de la empresa privada y muy rara vez
llenan estadios con sus partidos. Por eso, en Latinoamérica, pocas niñas sueñan con
ser jugadoras de fútbol profesional y no les hacen caso a nuestras futbolistas
profesionales.
Las deportistas, para ser exitosas, se tienen que enfrentar a los prejuicios sociales
entre ser femenina y ser buena en los deportes, para luego descubrir que no tienen
financiación, que sus sueldos son absurdamente exiguos en comparación con sus
varones y que los patrocinios son tan escasos que a veces ellas mismas se tienen
que costear los viajes para jugar en otros países. Lo que esto muestra es que las
deportistas no tienen barreras físicas para practicar un deporte, sino que son
barreras sociales y culturales, que se acrecientan en deportes que se ven como
típicamente masculinos.
En Estados Unidos las mujeres no están excluidas de jugar fútbol en recreo, ni les
dicen “marimachas” en el colegio, como sí sucede en Latinoamérica. Por un azar
cultural: que el fútbol americano ya era entendido como el deporte “de los
machos”, el fútbol (o soccer como le dicen allá) se entendió desde el principio
como un deporte “más suave” y por eso lo ven como un “deporte de mujeres”. De
hecho, tienen jugadoras de fútbol hasta en la ficción y estas son encarnadas por
mujeres que se consideran hermosas como Keira Knightley en Bend it Like;
Beckham o Blake Lively en The Sisterhood of the Traveling Pants.
La selección de mujeres en Estados Unidos tiene un rendimiento mil veces mejor
que sus pares varones. La idea de que el fútbol es “cosa de mujeres” ayuda a que
haya mejores jugadoras. Y no solo eso, también las empodera. Por eso las jugadoras
profesionales estadounidenses se animaron a poner una demanda (presentada por
Alex Morgan, Carli Lloyd, Megan Rapinoe, Becky Sauerbrunn y Hope Solo) para
que les pagaran lo mismo que al equipo de hombres.
¿El argumento? Que el equipo de mujeres ha ganado 3 mundiales y 4 medallas
olímpicas consecutivas mientras que la selección de varones pierde el 60% de sus
partidos. Las estadounidenses ganaron el último mundial de fútbol femenino y el
equipo de varones de Estados Unidos ni siquiera pasó al mundial.
2) Una mujer “nunca” ha superado en marcas deportivas a un hombre.
Esto es falso. Esta, por ejemplo, la futbolista Marta Vieira Da Silva quien, en el
Mundial Femenino de Francia 2019, se convirtió con 17 goles en la máxima
goleadora de los mundiales de futbol, superando al Miroslav Klose.
Viira Da Silva ha sido elegida 6 veces como Mejor Jugadora del Mundo. Sin
embargo, serán pocos los casos en los que de verdad se puedan hacer estas
pruebas en igualdad de condiciones pues, como se dice arriba, hay problemas
estructurales y culturales que también afectan el desempeño de las mujeres en los
deportes.
¿Cuál es el obstáculo para que haya equipos mixtos? Que no se ha podido probar
que las mujeres tengan el mismo rendimiento que los hombres en un partido mixto.
¿Por qué no se ha podido probar? Porque a la gente le parece impensable que haya
equipos de fútbol mixtos. Esto es lo que se llama una “Falacia circular” ( se basa
en poner a prueba una proposición mediante un proceso de razonamiento
circular, el cual retoma a la misma afirmación expuesta, para finalmente
presentar este razonamiento como demostración de su veracidad).
3) Hay diferencias físicas infranqueables entre hombres y mujeres que les
impiden competir en igualdad.
Esta es la objeción más difícil de rebatir, porque está anclada en creencias
culturales que se toman por “anatomía” y porque en el deporte, como en ninguna
otra actividad, las “diferencias físicas” importan. Nuestra cultura nos ha enseñado
que de nuestros genitales se deriva que tengamos cuerpos fundamentalmente
diferentes, y que esto está demostrado, porque en promedio las mujeres tenemos
estatura más baja y pesamos menos que los hombres. ¡Esa es una de esas creencias
sociales que parecen una verdad tallada en piedra que está además respaldada por
la ciencia!
Pero resulta que los y las deportistas no son personas promedio. Son personas con
cuerpos extraordinarios que tienen particularidades que les permiten destacarse
en un determinado deporte. Cuando miramos los cuerpos de manera individual nos
damos cuenta de que puede haber hombres pequeñitos, como Messi, y mujeres
grandotas como la surcoreana Park Eun-sun, delantera con una altura de más de
1.80 metros.
El nadador Michael Phelps tiene ventajas extraordinarias en su cuerpo, por
ejemplo, así lo explica un artículo del 2008: “El fenómeno de la natación es distinto
en esto, ya que mide 1.96 cm y sus brazos abiertos alcanzan los 208 cm. Esto le
ofrece unas palancas perfectas para impulsarse en el agua. Sus piernas nos
permiten pronosticar una altura de 1.80 metros, pero en realidad su talla es
superior y esto se debe a su enorme torso que le ayuda a superar lo que otros
nadadores sufren, debido a que las piernas desaceleran el arrastre por el agua. A
pesar de su dieta de 12.000 calorías diarias, Phelps sólo posee un 4% de grasa
corporal, lo cual permite maximizar su esfuerzo y alcanzar mayor velocidad.
Además, todos los deportistas producen ácido láctico y éste en exceso es
responsable de fatiga. Pero Phelps tiene la mitad de cargas de ácido láctico de lo
que es normal, y eso le brinda la posibilidad de recuperarse mejor tras el
esfuerzo.”
A pesar de todas estas particularidades, que nada tienen que ver con su sexo, en
cambio, si eres una mujer cisgénero, pero alta y grande, caerá sobre ti la sospecha
de que “tienes mucha testosterona” y que eso te da una suerte de superpoderes
que te descalifican para competir.
Como, por ejemplo: Caster Semenya es una atleta sudafricana, corredora de media
distancia que ganó en 800 metros lisos en los campeonatos mundiales de 2009.
Pero ganar no le fue fácil, Semenya era tan buena que los organizadores
sospechaban que “era un hombre” entonces la sometieron a revisiones de sus
genitales para comprobar que sí era una mujer. Semenya también ganó el
campeonato mundial en 2017, y el oro en la misma categoría en los Juegos
Olímpicos de Río de Janeiro 2016, pero la sospecha sobre su sexo ha marcado toda
su carrera.
En 2019 Semenya perdió un caso contra la Asociación Intencionalidad de
Federaciones de Atletismo (IAAF), una nueva norma que “pone control sobre los
niveles de testosterona que pueden tener las atletas” y que habla de
“deportistas con diferencias de desarrollo sexual” (DSD). Según esta lógica, a
partir de x nivel de testosterona ya no puedes ser considerada una mujer. El fallo
es aún más preocupante porque afirma que ella y “otros atletas DSD deberán
tomar medicación para competer en los eventos de pista a partir de 400m
hasta 1600m”.
Esto volvió a pasar este año con las atletas namibias Christine Mboma y Beatrice
Masilingi, que habían logrando grandes marcas en las pruebas de 400 metros, y que
no pudieron participar los juegos olímpicos de Tokio 2021 por decisión de World
Athletics (WA). El Comité Olímpico de Namibia dijo que no competirían “al
superar los niveles de testosterona fijados para las pruebas entre los 400 y la
milla”.
Pero resulta además muy interesante que esta sospecha por “tener demasiada
testosterona” suele caer específicamente en atletas negras, convirtiéndose en una
forma de discriminación que mezcla la transfobia y el racismo. Pero a Phelps, que
es un hombre blanco, nadie le dice que es un “deportista con diferencias de
desarrollo”, aunque de hecho lo sea, y nadie le exige tomar medicamentos para
supuestamente morigerar sus ventajas físicas, a riesgo de ser descalificado.
Así mismo La FIFA tiene una vieja cláusula que hoy en día no puede leerse sino
como transfóbica: En el punto 4 del reglamento se exige una “verificación de
sexo”, un criterio arbitrario y veterinario, ¡si no se juega con los genitales! Estas
divisiones por género pueden ser desde ridículas hasta violentas. El 8 de junio de
2011 la FIFA anunció: “El sexo y la identidad sexual son resultado de un
proceso de desarrollo físico y psicológico complejo, hasta el punto de que la
diferenciación aparentemente clara entre hombres y mujeres puede resultar
difícil en ciertas situaciones. Por eso, la normativa define unos trámites de
gestión tipificados para la verificación de la identidad sexual de todos los
futbolistas, siempre que exista una duda bien fundada”.
Pero, ¿qué es lo que exactamente quieren decir con “una duda bien fundada”?
¿Que un jugador o jugadora no se ajuste en su apariencia a lo que se espera de su
juego? ¿Con base en qué criterios va a determinar el experto si él o la jugadora es
un hombre o una mujer? ¿Le van a inspeccionar los genitales? ¿No es eso una forma
de violación? ¿Le harán un análisis cromosómico? ¿Cuánta testosterona tienes que
tener para que te crean que eres un hombre y cuánta para que te crean que eres
una mujer?
Pero, si bien es evidente que la testosterona tiene un impacto en los cuerpos, sus
efectos no son tan sencillos. Cordelia Fine, filósofa de la ciencia australiana,
explica en su libro Testosterone Rex que “la cantidad de testosterona circulando
en el torrente sanguíneo es solo una parte de un sistema altamente complejo.
La testosterona es simplemente el factor más fácil de medir, los muchos otros
factores y cofactores del sistema (los niveles de estrógeno, el número de
receptores de andrógenos y estrógenos, dónde están localizados, qué tan
sensibles son) hacen que la medida de la testosterona en la sangre o en la
saliva”. Fine también cita un estudio que mostró que uno de cada seis atletas de
alto rendimiento, hombres, tiene niveles de testosterona por debajo del rango de
referencia.
En el Festival de Cartagena del 2014, Paul. B, opino; “claro que modifica la
percepción, pero no modifica tu modo de pensar. La testosterona es un compuesto
químico y produce un conjunto de variaciones endocrinológicas de temperatura, de
masa muscular, pero lo mismo podemos decir del LSD, del MDMA o de la insulina o
del Prozac. Es una sustancia que obviamente pasa por tu metabolismo, es una
tecnología de la subjetividad, pero no modifica tu postura ideológica. Sobre todo,
con esa relación construida e imaginada entre violencia y testosterona. Yo no soy
nada violento y la testosterona no me ha vuelto más violento en absoluto. Por
ejemplo, lo que sí me dio, fue un hambre tremenda. También excita sexualmente, o
la excitación sexual aumenta. En realidad, todos los cuerpos producen
testosterona, progesterona y estrógeno, y trazar el límite de dónde termina un
hombre y dónde comienza una mujer es muy”.
Entonces, para ser bueno o buena en un deporte, y más en un deporte de equipo
como el fútbol, no basta con ser el o la más fuerte o la más rápida. Hay variaciones
entre los cuerpos de los deportistas que conforman un mismo equipo, porque
usualmente cada posición necesita unas cualidades diferentes. En el fútbol, por
ejemplo, hay habilidades unisex que son claves para ser un buen jugador o
jugadora: controlar la pelota, tener conocimientos tácticos, ser capaz de trabajar
en equipo. Ninguna de estas habilidades tiene género.
Si no fuera por una barrera social y cultural (el machismo) todas las competencias
deportivas serían mixtas y, aunque tal vez estarían divididas en categorías para
asegurar que las competencias sean justas, los criterios serían otros: la altura, el
peso, o la rapidez, pero no la identidad sexo genérica.
Parece increíble que podamos imaginar e inventar todas estas cosas, pero no
seamos capaces de imaginar hombres y mujeres jugando un partido de fútbol
juntos como iguales.
Es hora de que empecemos a discutir la posibilidad de que los deportes sean mixtos
porque el criterio de segregación por sexo está mandado a recoger y está sujeto a
una gran ironía.