DESAFÍO A LA FIDELIDAD
La historia de un hombre que fue Fiel hasta la muerte
Cuando un patrón tiene un empleado honesto y honrado sabe que puede confiar en
él. Lo deja a cargo en cualquier momento sin preocuparse que lo vaya a defraudar, porque
es una persona en la que se puede confiar. Dios quiere que nosotros seamos personas dignas
de confianza, que hemos sido probadas en toda circunstancia y somos leales a Él. Fidelidad
es lealtad. Dios quiere que seamos leales a él. Uno así fue Daniel, hombre probado y digno
de confiar para cualquier tarea o para enfrentar cualquier circunstancia. Y también sus
amigos eran iguales que él. Estudiaremos tres circunstancias en la vida de estos hombres
que nos desafiarán a la fidelidad.
1. Fidelidad es obediencia a una sola Ley (1:8):
Cuando uno dispone ser fiel a Dios momentáneamente no tiene satisfacción o
beneficios inmediatos (por el momento pasa un mal rato), pero a largo plazo viene la
recompensa. Daniel tal vez no disfrutó su comida durante diez días, y todo el tiempo que se
alimentó con las legumbres, con tal de ser fiel a Dios; pero después vino la recompensa
porque su aspecto físico era mejor y Dios los dotó con conocimiento e inteligencia, y
estuvieron delante del rey. Eran diez veces mejores que los otros.
El pecado consiste en que elegimos el placer momentáneo y nos olvidamos de las
consecuencias que puedan venir al futuro porque lo único que queremos es satisfacer
nuestra necesidad momentánea. Esto es una actitud egoísta. El pecado es un acto egoísta en
el cuál uno quiere complacerse a sí mismo. El egoísmo es un acto de idolatría en el cuál
uno pone en primer lugar sus propios intereses y deja por un lado a Dios y a los demás.
Pero para ser un cristiano verdadero debemos amar primero a Dios con todo nuestro
corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente; y amar a nuestro prójimo como a
nosotros mismos (Mt. 22:37-38). Eso significa poner en primer lugar lo que Dios manda
que hagamos, eso nos hace verdaderos cristianos, porque hacemos lo que Él dice. No
fuimos creados para ser egoístas y complacernos a nosotros mismos, fuimos hechos para
depender de Dios. Lo dice la Biblia: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que
permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis
hacer” (Jn. 15:5). Sólo cuando hacemos la voluntad de Dios encontramos la plenitud y la
felicidad. Y en segundo lugar debemos procurar agradar al prójimo de igual forma que nos
complacemos a nosotros mismos. Esta es la regla de oro: amar al prójimo como a nosotros
mismos. Cuando pensamos en los demás antes de hacer algo en lugar de pensar en nosotros
mismos entonces conocemos el verdadero amor, un amor no egoísta. Hay una autoestima
equilibrada. Dios dijo: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también
haced vosotros con ellos” (Lc. 6:31).
Seguramente recordamos a Esaú, el cuál vendió su primogenitura por un plato de
lentejas. Tenía hambre, y con tal de satisfacer su hambre, no le importó lo que tuviera que
sufrir después. Muchas veces a nosotros nos pasa lo mismo que a Esaú, con tal de satisfacer
el deseo momentáneo nos olvidamos de nuestra familia y nuestro futuro espiritual. Un plato
de comida, una copa de vino, un cigarro de mariguana o una pastilla, una mala película,
etc… Con tal de satisfacer el placer momentáneo nos olvidamos de las consecuencias que
esa mala decisión pueda traer. Pero dice la Biblia que Daniel propuso en su corazón
2. Fidelidad es lealtad a una sola causa (3:16-18):
El rey Nabucodonosor construyó una gran estatua de oro. La medida de la estatua
sería de entre 28 y 34 metros de altura (porque un codo medía entre 45-56 cm). El rey
organizó una imponente ceremonia de inauguración, con la presencia de oficiales del
gobierno de todo el imperio (vv. 2-3). Se proveyó excelente música para añadir atractivo
auditivo a la contemplación de la imagen de oro resplandeciente con la luz del sol del
desierto. A la señal de la música, todos los congregados debían postrarse y adorar la imagen
(vv. 4-7). La orden claramente incluye a todos los “pueblos, naciones y lenguas” (v. 4), ya
que el dominio de Babilonia en ese tiempo era sobre todo el mundo conocido. Al parecer,
según el v. 14, la estatua era del dios de Nabucodonosor. Sin embargo, dentro de los
gobernados de Babilonia estaba la nación judía. Y dentro de la nación judía estaban Daniel
y sus amigos. En este capítulo no se menciona a Daniel, únicamente a sus tres amigos.
Ellos no se quisieron postrar ante este dios falso, porque para ellos había un solo Dios
verdadero. El Sal. 95:3 dice: “Porque Jehová es Dios grande, y Rey grande sobre todos los
dioses.” El Sal. 96:5 dice: “Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; pero Jehová
hizo los cielos.” Y el Sal. 115:4-8 dice: “Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de
manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen,
mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies,
mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y
cualquiera que confía en ellos.” Los amigos de Daniel sabían esto, y fueron fieles al Dios
verdadero para no postrarse ante una estatua falsa. Pero el rey los confrontó para que se
postraran ante su dios, los puso bajo amenaza de que si no se postraban serían echados al
horno de fuego ardiendo y que no había dios alguno que pudiera librarlos de sus manos.
Pero Nabucodonosor no conocía al Dios Poderoso de Israel.
La respuesta de estos jóvenes es impresionante. Le dijeron que no era necesario
responderle sobre el asunto. Que Dios podía librarlos del horno de fuego ardiendo y de las
manos del rey. Pero si no los libraba, de cualquier forma no estaban dispuestos a adorar la
estatua del dios falso (vv. 16-18). Ellos estaban dispuestos a ser fieles a su Dios, ya sea que
los librara o aunque tuvieran que morir, lo cuál sería un honor para ellos. La fidelidad es
lealtad, y Dios busca hombres leales a él. Hombres dispuestos a seguirle aun hasta la
muerte. Sin embargo, hoy en día hay creyentes que sólo están dispuestos a ser leales a Dios
si él les responde las cosas que ellos piden o si él les hace un milagro. Esa es una fe egoísta.
Pero Dios quiere gente como los amigos de Daniel. La mayoría de la gente hoy en día cree
en un Dios que siempre los sana de sus enfermedades, pero ese no es el Dios de la Biblia.
Muchas veces Dios no nos libra de nuestras adversidades, pero él quiere probar nuestra
lealtad. Su voluntad con Job fue diferente por mucho tiempo. Él veía un panorama sombrío.
Pero al sufrir pérdidas dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá.
Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21). Y en 2:10
declaró: “¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” Job mostró verdadera
lealtad a Dios. Otro ejemplo de lealtad fue Jesús. El tuvo que ser leal a Dios hasta la
muerte. No era la voluntad de Dios evitarle el sufrimiento a su Hijo. Tuvo que morir. Igual
con nosotros, a veces no es su voluntad evitarnos el sufrimiento. A veces nuestro ser
querido, joven o viejo, sano o enfermo, tiene que morir. Y nosotros debemos decirle: “Si
me respondes como quiero, te serviré; y si no, también te serviré.”
Los amigos de Daniel estuvieron dispuestos a morir antes de tener que postrarse
ante un Dios falso. Así nosotros, debemos estar dispuestos a las burlas, las críticas, el
rechazo, y aun la pérdida del trabajo o la vida pero no darle la espalda a Cristo. En cierta
ocasión estaban unos cristianos reunidos en un templo. De repente entraron unos hombres
encapuchados fuertemente armados. Los rodearon y les dijeron que el que negara a Cristo
podía salir con vida, pero el que no, moriría. La mayoría negó a Cristo por no estar
dispuesto a perder la vida…
3. Fidelidad es ser de una sola pieza (Dn. 6:4-5):
Había pasado mucho tiempo y habían pasado muchas cosas. Nabucodonosor ya
había muerto, después había reinado su hijo Belsasar. Ahora Babilonia había sido
conquistado por el imperio Medo – Persa, el rey era Darío. Este Rey había organizado su
reino de manera que gobernaran 120 sátrapas en todo el reino, pero sobre ellos habían 3
gobernadores y Daniel era uno de ellos. Sin embargo, Daniel era superior a todos los
sátrapas y a los gobernadores, y por esa razón el rey pensó en ponerlo sobre todo su reino.
Fue entonces que los gobernadores y los sátrapas se unieron para aborrecer y eliminar a
Daniel. Le buscaban alguna falta moral para acusarlo y quitarle ese puesto de privilegio que
tenía sobre ellos. Pero no hallaron falta alguna en lo relacionado al reino, y esto era así
porque era fiel y no tenía ningún vicio. Daniel era fiel a Dios, y por eso, aunque tuviera
oportunidad de corromperse moralmente no lo hacía porque temía a su Dios. Entonces sus
enemigos no le hallaron falta alguna, el único buen pretexto que tendrían para acusarlo
sería en lo relacionado a la Ley de su Dios. Porque Daniel oraba y adoraba a su Dios
diariamente y tres veces al día. Luego, astutamente los enemigos de Daniel le pidieron al
rey que hiciera un edicto en el que nadie podía demandar petición a ningún hombre o Dios
durante los próximos 30 días. El que así lo hiciera sería echado en el Foso de los Leones.
Cuando Daniel supo esto, intensificó su vida de oración porque sabía que vendrían
adversidades. Y obviamente, según ese edicto, el rey tuvo que cumplir su palabra.
Habiendo encontrado a Daniel orando lo acusaron inmediatamente ante el rey. Al rey Darío
le pesó mucho que Daniel estuviera en esa situación y quiso librarlo, pero no pudo. Tuvo
que cumplir su edicto y echarlo al foso de los leones. El rey ayunó y esperó que Dios lo
librara. Daniel fue librado por Dios y el rey ordenó que todos en su reino temieran al Dios
de Daniel. A los enemigos de Daniel los echó a los leones y Daniel fue prosperado porque
no fue hallada en él ninguna falta.
Daniel fue fiel a Dios desde que era muy joven, cuando no quiso contaminarse
ceremonialmente con la comida del rey. Y siguió siendo fiel hasta su vejez. Fue íntegro en
todo. Estaba de un solo lado. A diferencia de muchos, que conocen a Cristo pero al paso del
tiempo se alejan de él. Luego vuelven y después se alejan nuevamente. Son personas que
divagan entre los dos caminos. Dios quiere que estemos de un solo lado, que seamos de una
sola pieza. Así también hay quienes por un tiempo guardan la santidad, pero con las
presiones vuelven a sus viejos hábitos. Daniel permaneció fijo sin ceder a sus principios
morales. Hay también quienes sirven al Señor por un tiempo muy fervorosos, pero al paso
del tiempo se enfrían y dejan de servir. Evangelizan y enseñan a otros muy bien durante un
tiempo, pero al paso del tiempo dejan de hacerlo. Dios quiere que seamos de una sola pieza,
que mantengamos un solo ritmo hasta el final. Tal vez hasta aquí no has sido muy constante
y fiel como Cristiano, pero de aquí en adelante puedes tomar la decisión de hacerlo.
CONCLUSIÓN: La Venida de Cristo está cercana. Permanezcamos fieles al Señor hasta
que él venga por nosotros. Como un corredor que ha salido de la meta, cuando pasa el
tiempo se empieza a cansar, por momentos casi desmaya, pero sigue corriendo con el
corazón aunque sus músculos ya no le respondan permanece hasta el final para ganar el
premio. Así nosotros sigamos sin desmayar, si desmayamos probablemente no alcancemos
la meta. Mt. 24:45-51.
Recordemos que Jesús dijo: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la
vida” (Apoc.2:10).