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Volver A Casa

Este documento describe la experiencia de la autora al volver a Buenos Aires después de dos años de viajar por Sudamérica y Europa. Al principio no quería volver, pero después de un año de estar fuera empezó a extrañar su hogar, sus amigos y familia. Al llegar a Buenos Aires, se sintió contenta de reencontrarse con su vida allí, aunque también se planteó nuevos desafíos sobre su futuro. Ahora quiere tomarse un tiempo para dedicarse a actividades artísticas y culturales en su ciudad antes de pensar en viajar otra vez.

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Volver A Casa

Este documento describe la experiencia de la autora al volver a Buenos Aires después de dos años de viajar por Sudamérica y Europa. Al principio no quería volver, pero después de un año de estar fuera empezó a extrañar su hogar, sus amigos y familia. Al llegar a Buenos Aires, se sintió contenta de reencontrarse con su vida allí, aunque también se planteó nuevos desafíos sobre su futuro. Ahora quiere tomarse un tiempo para dedicarse a actividades artísticas y culturales en su ciudad antes de pensar en viajar otra vez.

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Volver a casa (https://viajandoporahi.

com/volver-a-casa/)

POR : ANIKO VILLALBA (HTTPS://WWW.ANIKOVILLALBA.COM) / EN : ARGENTINA


(HTTPS://VIAJANDOPORAHI.COM/VIAJES/AMERICA/ARGENTINA/) , VIAJE A LAS RAÍCES (HTTPS://VIAJANDOPORAHI.COM/OTROS-
VIAJES/VIAJE-A-LAS-RAICES/)
75 COMMENTS (HTTPS://VIAJANDOPORAHI.COM/VOLVER-A-CASA/#COMMENTS) / 01/09/2015

“It is very important to go home if you want your work to be whole. You don’t have to move in with your parents again,
but you must claim where you come from and look deep into it.
Come to honor and embrace it, or at the least, accept it.”

(Natalie Goldberg, Writing down the bones)


Fue en alguna esquina de Belgrado. Era de noche, pasamos caminando frente a un barcito que daba a una
calle empedrada y por unos segundos sentí que estaba en Buenos Aires. O quizá por un momento fui una
serbia que caminaba por la capital argentina en una dimensión paralela. Hay ciudades que no se parecen
físicamente pero comparten una esencia, tienen algo que no se puede reducir a un edificio del mismo estilo
o a platos de comida más o menos similares, es otra cosa, una atmósfera, algo intangible lo que las
hermana. Yo a Belgrado la sentí muy Buenos Aires. Son ciudades con historias y realidades distintas, están
separadas por miles de kilómetros y, si bien ambas tienen cierto aire antiguo, melancólico y amigable, no es
que sean gemelas. Tampoco llegan a mellizas, pero hay algo similar en la relación entre estas dos
ciudades y sus habitantes, una identificación muy fuerte entre las personas y el espacio, como esos
departamentos en los que a primera vista se nota mucho la personalidad del dueño. Yo entré a Belgrado y
la sentí muy habitada, con historias por todos los rincones, como Buenos Aires. También es cierto que uno
siempre ve lo que está buscando, y en ese viaje (https://viajandoporahi.com/series/desafio-serbia-croacia)
yo ya no pensaba en otra cosa que en volver a casa.
Algunas imágenes de Belgrado

Las esquinas de la capital serbia

Escaleras

De todos mis viajes largos, nunca volví con tantas ganas a Buenos Aires como ahora. Hasta conté los
días para que saliera el avión, y eso que volar no me gusta nada. “Vos decías que querías irte diez años y no
volver”, me recordó Lau. Sí, alguna vez lo dije, pero la gente cambia y tenemos que adaptarnos a nuestros
propios cambios. Ahora me doy cuenta, cada vez más, de que mi límite de tiempo sin volver a Buenos Aires
es un año, después de eso me agarra la nostalgia, el extrañamiento, y viajo con menos ganas. La primera vez
que me fui, volver me parecía el final indeseado de un estilo de vida que recién empezaba a descubrir. Volver
= se termina todo. Volver = el precipicio. Era como saltar al vacío. Ahora lo veo como una necesidad. Volver =
reencontrarme con mi gente, con mis espacios, conmigo. Cuando el avión aterrizó en Ezeiza, la gente aplaudió y
yo me reí emocionada. Fueron casi dos años lejos de casa, dos años con ganas de volver y a la vez sin
saber bien qué haría si volvía, dos años sin un grupo de amigos fijo, sin cenas familiares, sin ver las mismas
caras, sin recibir los abrazos de la gente que quiero.

Más detalles de Belgrado

Paso de zebra

Si a cada viaje le pusiera un título, diría que mi primer viaje por América Latina fue el de descubrimiento, la
iniciación en la vida viajera: durante nueve meses aprendí en qué consiste viajar, cómo es eso de tener una
rutina distinta todos los días, cómo es conocer gente nueva todo el tiempo. El de Asia fue la exploración:
culturas muy distintas a la mía, comidas nuevas, costumbres que no conocía. Y este último —Sudamérica y
Europa— fue la búsqueda: me pasé dos años tratando de encontrar el significado de la palabra home
para, una vez resuelto el enigma, poder volver a casa. Fue un viaje circular. Todavía no lo tengo muy
claro: ¿qué es el hogar? ¿Es el lugar donde nacimos o el que elegimos? ¿Es una persona? ¿Nuestra familia?
¿Es un estado de ánimo? ¿Un trabajo? ¿Mi hogar es la quietud o el movimiento? ¿Mi hogar es Buenos Aires o
fue Biarritz? ¿Mi hogar es un lugar que todavía no conozco? ¿Puedo sentirme en casa solo por estar
escribiendo? ¿Puedo sentirme en casa cada vez que abrazo a L.? ¿Mi hogar es donde me siento bien o donde
está la gente que quiero? Home is where the heart is? Home is wherever I’m with you? No sé si estas preguntas
tienen respuesta.

Buzones en Belgrado
Reales y pintados

Lo que sí siento es que volver a casa es volver a uno mismo, es un reencuentro entre la persona que
vino de viaje y la persona que (nunca) se fue. Viajera duplicada (https://viajandoporahi.com/viajera-
duplicada) a la potencia. Un viaje a las raíces de nuestro ser. Llegué a Buenos Aires y me llevó unos días
reconocer mis espacios, acordarme de las tazas que usaba para el té todas las mañanas, del huequito en el
sillón donde me gusta leer y dormir la siesta, de esa almohada roja blandita que tengo en la cama, de mi
osito de peluche blanco que me espera siempre, de la alfombra de colores donde me gusta estirarme, del
tupper donde guardo las galletitas, de las postales que dejé pegadas en la puerta, de los cajones llenos de
cosas que no necesité durante dos años, de todo lo que me gusta hacer cuando no viajo. Cierto que a mí me
gusta lavar los platos mientras miro por la ventana, que saco la basura descalza, que tengo una guitarra en la que
toco la única canción que me acuerdo y que dejé una biblioteca repleta de libros, cajas llenas de cuadernos escritos y
un balcón con mucha vista a ciudad. Cierto que también tengo vida cuando no viajo, que soy Aniko y vivo en Buenos
Aires y tengo amigos y familia y programas de radio y la verdulería de enfrente y los chinos cerca y el subte a pocas
cuadras.
Café en Belgrado

Puertas pintadas

Buenos Aires me recibió a su manera: con cortes de luz, falta de agua, el tráfico cortado, un tiroteo (?),
precios sumamente inflados y un calor impensado para ser invierno. Pero tal vez si no hubiese sido así, no
sería ella y yo no la hubiese extrañado tanto. También me recibió con cenas familiares, reencuentros,
almuerzos al aire libre, mazapán, tés con miel, caipirinhas, empanadas, casamientos con Fernet y carnaval
carioca, viajes en bondi, comentarios espontáneos en la calle, bebés recién llegados. Y con dilemas. Si bien
sé que los números no importan, haber cumplido treinta marcó un cambio en mi vida. Me encanta haber
llegado a esta edad porque siento que durante mis veinte hice todo lo que quise, pero ahora me es
imposible no plantearme otro tipo de preguntas.

Volví a Buenos Aires con ganas de quedarme acá durante varios meses. No quiero viajar por el
momento, estoy un poco cansada, necesito un tiempo de vida estática. A la vez tengo ganas de empezar
actividades nuevas, de dedicarme a otras cosas, de trabajar por fuera de la computadora, de construir
cosas con las manos, de tener un atelier donde crear. No sé crear qué, pero crear. Quiero aprender a
dibujar, hacer comics y cuadernos artesanales, quiero aprender a bailar rock, tomar clases de cocina, andar
en bicicleta, sacar fotos de lo cotidiano, ir a actividades culturales, hacer vida de ciudad. Los primeros días
me angustiaba: si a mi viajar y escribir me encanta, ¿por qué ahora no me sale? ¿Por qué no puedo? ¿Será que no es
lo mío? Lo sea o no, si hay algo que aprendí en este tiempo es a serle fiel a mi esencia, a respetar mis
impulsos y mis cambios, a hacer lo que me haga sentir bien. Y ahora, lo que necesito es estar acá, en mi
casa. Cuando sienta que quiero salir otra vez, lo haré.

Arte callejero en Belgrado

Hay palabras que no tienen traducción literal y que expresan muy bien un concepto: es el caso
de homesickness. Es la enfermedad del hogar, el extrañamiento del país natal, la nostalgia por lo propio. Al
parecer está comprobado que casi todos lo que viajamos lo sufrimos alguna vez en la vida. Hay quienes lo
sienten al principio de un viaje o mudanza a otro país, a mí me llega después de unos meses. Homesickness:
extrañar a la familia, a los amigos, la comida, las rutinas, los detalles cotidianos de nuestro día a día en ese
lugar que, por nacimiento o elección, consideramos nuestra casa. Yo agrego: extrañarse a uno mismo en su
ciudad. Supongo que cuando caminé por Belgrado estaba en mi punto álgido de extrañamiento. Ahora
escribo desde Buenos Aires y estoy contenta, sin depresión post-viaje y muy conectada a mi yo que no viaja.
Era lo que necesitaba. Y entiendo a Natalie Goldberg que me dice, desde uno de mis actuales libros de
cabecera (https://www.escribir.me/writing-down-the-bones-natalie-goldberg/): “But don’t go home so you can
stay there. You go home so you can be free; so you are not avoiding anything of who you are.”

*
Les regalo un párrafo del libro 'Las ciudades invisibles' (https://viajandoporahi.com/go/ciudades-
invisibles/) de Italo Calvino. Lo leí ayer mientras iba en el subte y casi me paso de estación.


«Los otros embajadores me informan sobre carestías, concusiones, conjuras, o bien me señalan minas
de turquesas recién descubiertas, precios ventajosos de las pieles de marta, propuestas de suministros
de sables damasquinos. ¿Y tú? —preguntó el Gran Kan a Polo—. Vuelves de comarcas tan lejanas y todo
lo que sabes decirme son los pensamientos que se le ocurren al que toma el fresco por la noche sentado
en el umbral de su casa. ¿De qué te sirve, entonces, viajar tanto?»

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ko-villalba)

Autora: Aniko Villalba

Soy Aniko (/aniko-villalba) y creé este blog en el 2010. Acávas a encontrar relatos y fotografías de
mis viajes por 50 países, así como información práctica, consejos e inspiración para que planees
los tuyos. Me gusta viajar lento, llenar cuadernos y disfrutar de los detalles cotidianos de cada lugar
que visito. Tengo varios libros (https://tienda.viajandoporahi.com) publicados y más en camino.
Estoy en Instagram (http://www.instagram.com/anikovillalba).

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