ENSAYO
Introducción
El presente trabajo se enmarca dentro del Plan de Estudio del Profesorado de
Educación Especial con Orientación en discapacidad intelectual del Instituto de
Educación Superior N° 6034 correspondiente a la cátedra de Comunicación y
Lenguaje a cargo de la profesora Figueroa Marisol , lo que se pretende hacer
como alumnas del primer año es la elaboración de un ensayo en donde se
trabajen los contenidos abordados en clase durante el primer cuatrimestre,
por un lado cuestiones sobre el lenguaje entendiéndolo como un método
exclusivamente humano , y no instintivo, de comunicar ideas, emociones y
deseos por medio de un sistema de símbolos producidos de manera voluntaria,
dentro de lo que es el lenguaje hemos podido recabar información logrando
tener un carácter objetivo respecto a los diferentes trastornos en el lenguaje
que se presentan como una alteración en el desarrollo manifestándose
mediante hablantes tardíos, el estudio sobre la adquisición de las habilidades
lectoras tiene relevancia también como paso previo al análisis de las
situaciones en las que se plantean dificultades en su aprendizaje, debido a esta
incógnita en el lenguaje me interesa tratar el tema del trastorno del lenguaje
escrito: la dislexia. Para lograr un aprendizaje correcto de la lectoescritura se
depende de la capacidad del individuo de decodificar, analizar las letras y las
palabras que ve para, transformarlas en un código, pero rara vez este código
llega a ser interpretado como lo espera la normativa por eso veo importante
como futura profesional poseer información concreta que me ayude a guiar mis
adecuaciones curriculares alrededor del alumno y el entorno institucional.
La finalidad del presente ensayo es la de brindar información de utilidad sobre
la dislexia, para lograr concientizar y llegar a la reflexión sobre las diferentes
problemáticas presentes en el ámbito escolar, dirigido a compañeras, docentes
y público en general.
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Implicancias de la dislexia en el ámbito escolar
La dislexia es un problema persistente en el lenguaje escrito, caracterizado por
una dificultad grave para identificar las palabras escritas que padecen algunas
personas, por lo demás normales. Puede aparecer cuando la persona ya ha
aprendido a leer y escribir, como consecuencia de un daño cerebral, o puede
manifestarse antes de que la persona, en este caso un niño, haya aprendido a
leer, causando grandes dificultades en el aprendizaje de la lectura y la
escritura, en ese caso su origen podría estar vinculado a deficiencias
genéticas. En el primer caso se habla de dislexia adquirida y en el segundo, de
dislexia evolutiva. Los niños disléxicos comienzan a tener problemas en cuanto
empieza la enseñanza sistemática de la lectura; su aprendizaje representa para
ellos una barrera en el desarrollo académico y personal y, por tanto, preocupa
a padres, a profesores y a los propios niños, conforme van creciendo y no
encontrando solución a sus problemas. Su ejecución en todas las materias
escolares en las que la lectura es necesaria se ve perjudicada; además, los
niños comienzan a rechazar la lectura y a dedicarse a otro tipo de tareas que
les reportan más satisfacciones, con lo que se produce un círculo vicioso
conocido como efecto Mateo (Stanovich, 1986). Su progreso académico queda
condicionado por estas dificultades y su elección profesional puede verse
determinada, en buena medida, por la misma razón. Los datos nos indican que
es fácil encontrar, al menos, un alumno que presente esta clase de dificultades
de tipo disléxico en cada aula, es por esto que considero central a la formación
profesional focalizada a trabajar estas problemáticas. Los datos nos brindan
información sobre el porcentaje de alumnos con dislexia, el promedio oscila
entre el 5-15 %, esto nos está indicando que nosotros en una clase de
Educación Primaria, con un promedio de 25 alumnos, probablemente nos
encontraremos al menos un alumno con dificultades de tipo disléxico. Para los
niños con dislexia el aprendizaje de la lectura supone una barrera en el
desarrollo académico y personal, de ahí la importancia de la prevención, la
detección temprana y la pronta intervención para mejorar sus problemas,
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poniendo énfasis en las características específicas que presenta cada uno de
los niños disléxicos y en los posibles factores causales. Considero importante
destacar la importancia de que la definición no se considere a la dislexia como
un tipo de disminución mental, no hay una relación directa entre este trastorno
del habla y el CI. Existe una gran cantidad de diferentes definiciones, esto es
debido a que así como hay distintos factores en la explicación de las causas de
la dislexia también existe relacionado una heterogeneidad dentro de la
población de los disléxicos, estos intentos de clasificar los distintos provienen
de trabajos que tratan de encontrar diferentes subtipos de dislexia. La
clasificación más utilizada de los problemas disléxicos distingue entre
disléxicos fonológicos y superficiales. Los disléxicos fonológicos solo pueden
leer por la ruta léxica, ya que está alterada la fonológica, y se caracterizan
porque leen bien palabras familiares pero no pueden leer pseudopalabras, ni
palabras desconocidas, debido a que no pueden utilizar el mecanismo de
conversión de grafema-fonema. Son sensibles al efecto de frecuencia, pero no
al de longitud de las palabras ni de regularidad. Cometen errores visuales en
las pseudopalabras que se parecen a palabras, con abundantes
lexicalizaciones (antiguo por artiguo; playa por blaya) y en la lectura de
palabras parecidas (firme, por forma). También comenten errores morfológicos
o derivativos: mantienen la raíz pero cambian el sufijo (andaba, por andar;
salíamos por salido) y tienen más errores en palabras función que en las de
contenido. Los disléxicos superficiales pueden leer por el procedimiento
fonológico pero no por el léxico, y por ello, normalmente son incapaces de
reconocer una palabra como un todo. Estas personas leen mejor las palabras
regulares, sean familiares o no, pueden leer pseudopalabras y sus errores más
frecuentes son de omisión, adición o sustitución de letras. Además se
caracterizan por la regularización de las palabras irregulares y la confusión de
homófonos, porque el acceso léxico está guiado por el sonido y no por la
ortografía de la palabra. También es posible encontrar un grupo de disléxicos
mixto, en el que se den déficit de los dos tipos. El lenguaje oral forma parte del
bagaje genético del ser humano por lo que se desarrolla con relativa facilidad y
rapidez a pesar de su complejidad. Sin embargo, con el lenguaje escrito las
cosas son muy diferentes ya que no forma parte de nuestro bagaje genético
por lo que nuestro cerebro todavía no está preprogramado para adquirirlo. En
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muchos casos sucede que los niños aprenden a hablar de forma natural y, sin
embargo, no es normal que aprendan a leer y escribir sin recibir una instrucción
más o menos formal, a través de la cual el cerebro va creando las redes
neuronales necesarias para sustentar estas habilidades. La habilidad lectora
tiene una distribución continua en la población por lo que la dislexia no es una
cuestión de todo o nada, el límite entre dislexia y no dislexia es de tipo
arbitrario o estadístico, pero no categórico (Artigas-Pallarés, 2009). Desde una
perspectiva conductual, los autores Aragón y Silva (2000), recalcan que un niño
“disléxico” no es aquel que no ha aprendido o que no posee la habilidad de leer
y escribir, sino que un niño “disléxico” es aquel que ha aprendido de manera
deficiente, cometiendo errores en su lectoescritura (confundiendo grafemas y
fonemas). Por tanto, ya no se hablaría de niños “disléxicos” sino de niños que
cometen errores de tipo disléxico en la lectoescritura, considerando estos
errores como el problema que hay que tratar y no como los síntomas de una
enfermedad subyacente. Los protocolos de detección de riesgo de dislexia
están más orientados a docentes. Es más factible que un maestro o profesor
detecte cualquier trastorno porque tiene una visión global del alumnado de la
clase, donde puede observar los ritmos diferentes de los alumnos, mientras
que para los padres es más difícil comparar. En la actualidad, si bien cada niño
tiene un ritmo diferente de aprendizaje, existen también diferentes protocolos
de detección. Las manifestaciones de la dislexia son diferentes según la edad y
no todas las personas muestran todos los síntomas. Como podemos imaginar,
las manifestaciones de la dislexia son muy variadas, ya que dependen no solo
de la edad del niño sino también de la intensidad con la que se manifiesta este
trastorno. Para ayudar a la detección temprana de este trastorno, los
profesores debemos prestar mucha atención y saber reaccionar ante los signos
más indicativos de dislexia para informar a los padres y tomar las medidas
docentes necesarias. Enseñar y dar clases a un alumno disléxico supone
participar en la mejora de su etapa escolar, de su comportamiento e interacción
con el resto de personas, de su autoestima y del medio académico en el que se
va a desarrollar. Es realmente una tragedia afirmar que no todos los profesores
entienden o están preparados para tratar con alumnos disléxicos. Como
consecuencia, nos encontramos con estudiantes con grandes lagunas de
conocimiento, unas bases mal adquiridas y dificultades para estudiar. Los
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disléxicos no son más tontos que el resto de alumnos ni muchísimo menos,
simplemente necesitan unas estrategias de aprendizaje diferentes que les
pueden llevar más tiempo y esfuerzo. Necesitan más tiempo para entender
conceptos nuevos, asimilarlos y confiar en ellos mismos. Los profesores
debemos recurrir a metodologías y técnicas pedagógicas esenciales para paliar
los problemas de estos estudiantes, personalmente creo que la clave reside en
actuar y comportarse de manera adecuada con estos alumnos. Los profesores,
además de ser pedagogos, debemos adoptar fórmulas correctas, utilizar un
tono de voz calmado, usar palabras positivas y hacer así que los alumnos con
dislexia ganen confianza en ellos mismos. También deben utilizar estructuras
(tanto en el ámbito oral como escrito) que sean sencillas, por lo menos hasta
que el alumno gane los recursos necesarios para utilizar otras más complejas y
rápidas. En abril del 2018, en nuestro país se sancionó la La ley de Dislexia,
(ley 27.306) la cual garantiza para los chicos con dislexia, el derecho a la
educación de las personas con Dificultades Específicas de Aprendizaje. Esta
reglamentación tan clave en Argentina, busca que cada chico cuente con el
abordaje integral e interdisciplinario necesario. Además, fue un gran avance
que el espectro se incluya en el Programa Médico Obligatorio, esto significa
que su tratamiento tiene que ser cubierto en su totalidad por los servicios de
salud. Los profesores también debemos saber cómo dirigirnos a los alumnos:
con tranquilidad, sin perder los nervios, con comprensión y empatía, de
principio a fin. Debemos saber también cómo hablar con los padres, así como
con el resto de profesores con el fin de que sean conscientes de los progresos
del alumno, para que conozcan los ejercicios que mejor les funcionan y que
sepan cuáles son tanto sus fortalezas como sus debilidades. Como docentes
debemos estar constantemente presentes en su aprendizaje para ayudarles en
su etapa académica con consejos, ejercicios, explicaciones, etc. Se trata de un
trabajo de forma, pero también de fondo, que permitirá a los alumnos disléxicos
a ganar confianza en ellos mismos, a mejorar su autoestima y a ir avanzando
paso a paso gracias al importante papel del docente. Por su parte, los
profesores que deban hacer frente a esta ardua tarea se sentirán eternamente
recompensados con los progresos y las mejoras de sus alumnos. No hay mejor
premio.
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Conclusiones
Como conclusiones finales considero importante resaltar que todos los alumnos
que tengan problemas de aprendizaje, necesitan un seguimiento por parte del
profesor. La dislexia evolutiva es un problema grave en el ámbito académico,
ya que afecta a una habilidad que es tanto herramienta como objetivo en el
proceso de enseñanza-aprendizaje. Por este motivo es una problemática a
trabajar en conjunto tanto en la comunidad escolar como en la vida familiar.
Respecto a las formas de intervenir, creo que habría que potenciar las
habilidades de automatización en los niños disléxicos, a la vez que no saturar
su capacidad de procesamiento con tareas irreelevantes e innecesarias que les
ocupan recursos necesarios para el resto de tareas. De la precisión e
inmediatez de la detección de las dificultades dependerá, en gran medida, su
evolución.